Sociedad y Medio Ambiente; Nicolás M. Sosa

Ética ecológica. Movimientos sociales. ONG (Organización no Gubernamental)

  • Enviado por: Beatriz
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 3 páginas
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Ética Ecológica y Movimientos Sociales

Este texto está básicamente encaminado por una parte a demostrar la necesidad, explicar en que consiste y mostrar la influencia y aportaciones de una nueva ética llamada ecológica; y por otra, a analizar los movimientos sociales que se ven regidos por dicha ética.

Esta lectura está extraída del libro de Ballesteros, J. y Pérez Adán, J. Titulado “Sociedad y Medio Ambiente” (1997), su autor es Nicolás M. Sosa, profesor del departamento de Sociología de la Universidad de Salamanca.

En el texto podemos apreciar claramente cuál es su visión personal acerca del carácter de la nueva ética ecológica de la cual realiza una amplia valoración considerándola en último término como el planteamiento mas radical del ecologismo como movimiento social. Esta reflexión va dirigida a la sociedad en su totalidad, intentando servir de recordatorio sobre la problemática ambiental, sobre el concepto distorsionado que se ha tenido sobre dicha problemática y sobre los movimientos sociales que están surgiendo en torno a esta disciplina, además de las medidas que se intentan llevar a cabo para paliar las deficiencias existentes en cuanto a materia medioambiental se refiere.

Desde la Conferencia de Estocolmo (1972) el papel de las ONG's ha ido en aumento, de forma notable sobre todo tras la edición del Informe Bruntland, en el que se proponían estrategias medioambientales que, a largo plazo, permitieran alcanzar un desarrollo sostenible. Éstas responden a la necesidad de un cambio fundamental tanto “en las actitudes” como “en la manera en que nuestras sociedades están organizadas”, ya que se reconoce que las causas de la destrucción de la naturaleza y el crecimiento de la pobreza, radican a grandes rasgos en el modo de vida occidental. Este planteamiento muestra el reconocimiento del fracaso de las políticas ambientales y el apoyo que se ofrece a las ONG's (cuya actuación se ve motivada por la solidaridad) por parte del informe.

La solución plantea en primer lugar una consideración más amplia del concepto de medio ambiente. Se debería entender como un medio global (medio natural y humano), y no sólo hablarse de la parte física.

La ampliación de este concepto nos lleva a entender la crisis medio ambiental como consecuencia de la crisis de un modelo de civilización y un tipo determinado de desarrollo.

Debido al estilo de vida occidental, básicamente consumista, que es asumido por los individuos en su propio proceso de socialización y educación, se generan unas necesidades que para ser satisfechas relegan a un segundo plano los intereses ambientales, lo cual supone una ruptura de límites y equilibrios en las relaciones ser humano y medio natural. Y es que, esta dinámica de consumo al hacer prevalecer los criterios economicistas sobre todo lo demás, se contradice a los principios que postulan los planes de desarrollo sostenible.

A partir de este punto hemos de valorar que los problemas resultantes del desarrollo civilizatorio (eminentemente regido por el desarrollo tecnológico) han de solucionarse a través de planos no sólo tecnológicos, sino también sociales y políticos. Para ello, como hemos indicado antes, es necesario reconocer la amplitud del problema, crear una conciencia global ecológica y una corriente de pensamiento respetuosa con el medio, que asegure la supervivencia del ser humano.

Para dar lugar a dicha corriente de pensamiento, la cual llamaremos ética ecológica, es necesario revisar las éticas tradicionales e insertar la problemática humana en el más amplio contexto del medio físico natural. Ésta nueva ética observa los problemas del medio natural y humano con una visión global, algo necesario en nuestra sociedad actual, desde un punto de vista medioambiental y moral.

Para buscar fundamentos para esta nueva ética, el autor se decanta por las éticas de base deontológica, las cuales establecen principios morales universales, sin caer en el error de hacer girar sus planteamientos en torno a ideas eminentemente antropogénicas, como ocurre con otras éticas. También señala las aportaciones de la ética dialógica, en cuanto a la voluntad de rebajar nuestro elevado antropocentrismo.

Definida en palabras del autor, la ética ecológica sería “...un planteamiento ético no utilitario y, por lo tanto, desinteresado y radical...”.

Las reacciones que surgen movidas por esta nueva conciencia ecológica son los llamados nuevos movimientos sociales (NMS), y representan un descontento ante las tendencias manipuladoras y destructoras del mundo y de la vida, que se desarrollan a la par que los procesos de modernización y crecimiento propios del capitalismo. Los NMS tratan de desarrollar una nueva cultura política, que amplíe el ámbito de responsabilidad ciudadana, devolviéndole al pueblo la preocupación por cuestiones que éste no puede eludir, como son las relacionadas con el medio ambiente.

Progresivamente, esta voluntad de cambio de percepción y replanteamiento moral de nuestro modelo de vida, va dando resultados. Actualmente el ciudadano occidental ya no observa con tanta reticencia e discurso ecologista, se ve implicado en los problemas que atañen a la degradación ambiental, introduce en su vida diaria hábitos respetuosos con el medio (como el reciclaje, por ejemplo), etc.

Dentro de los grupos que se mueven en la defensa del medio ambiente hemos de distinguir dos corrientes diferentes. Una de tendencias preservacionistas (regidas por el modelo de “conservacionismo a ultranza”) y otra que apunta sus acciones a la raíz del problema (el ecologismo radical). Ésta última no concibe un desarrollo sostenible en una sociedad como la actual, en la que todo está encaminado al desarrollo económico. Plantea como objeto de estudio, defensa y protección tanto el medio ambiente natural, como el cultural y social.

Como conclusión, el autor vuelve a señalar la necesidad de plantear una ética ecológica global, “que conciba al ser humano como integrado en un medio en el que comparte su vida con otras especies y con un sustrato físico que soporta y hace posible esa misma vida”. Una ética que nos haga reflexionar sobre nuestra escala de valores, para que podamos ver que la importancia que le concedemos al crecimiento económico (inducida como ya hemos visto, por nuestro estilo de vida) no hace mas que empeorar la situación global de los seres que habitan la tierra, y de los que la habitarán.