Sociedad venezolana

Historia contemporánea de Venezuela. Estructura social. Clases sociales. Latifundios. Comercio. Dictatura. Caudillismo

  • Enviado por: Alvaro Jardin
  • Idioma: castellano
  • País: Venezuela Venezuela
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LA ESTRUCTURA SOCIAL VENEZOLANA EN LAS ULTIMAS DÉCADAS DEL SIGLO XX

.'. ."En promedio, en 1873,1881 y 1891, menos de 1% de la población útil y de tra­bajo concentraba en sus manos la riqueza territorial agraria. La tendencia que se im­ponía era que, mientras aumentaba relati­vamente la población, descendía cualitati­vamente el número de propietarios con fuerza económica, y la población que po­dría considerarse como económicamente activa se distribuía fundamentalmente en sectores de la producción agropecuaria, en profesiones y oficios conectados dependien­tes de estas labores. Los asalariados y peo­nes que alquilaban su fuerza-trabajo en los talleres manufactureros, en los centros mineros y en la construcción de vías fé­rreas, no integraban todavía una clase so­cial diferenciada, estructuralmente configurada pero puede considerárseles como un antecedente histórico de la formación del proletariado venezolano. Las relaciones de producción expresadas en el salario coe­xistían —en un mismo centro de activida­des laborales— con modalidades de traba­jo precapitalista: a) Instrumentos de traba­jo propiedad de los asalariados; b) Subsis­tencia de categorías entre los trabajadores, condicionadas por el escaso desarrollo tec­nológico: maestros, oficiales, aprendices, y c) Combinación del salario en metálico con el sistema de salario en especie y en ficha.

La categoría social más importante en las ciudades continuó siendo, como en el período anterior, la burguesía comercial usuaria ligada al monopolio comercial y al intercambio en dinero y en valores. Era una clase social rapaz y agiotista, incluyen­do sectores de las clases dominantes. Su poder económico era tan importante que, a fines del siglo pasado, la Administración Pública dependía de los préstamos que su­ministraba la burguesía comercial. La con­dición de los indígenas, como grupo social­mente explotado y culturalmente discrimi­nado, no sufrió alteración significativa, con excepción de la desaparición de las comu­nidades más cercanas a los centros pobla­dos por racionales. La eliminación de la esclavitud debido a las condiciones en que ocurrió y como consecuencia de un lento proceso de desintegración en el cuadro de una estructura económico social latifundista, no favoreció la integración de grupos proletariados, sino de categorías sometidas a condiciones de servidumbre.

CLASES SOCIALES VENEZOLANAS (1830-1935)

I. TERRATENIENTES (CIVILES Y MILITARES

Clase social dominante del siglo XIX.

Monopolizadora de los medios de pro­ducción: tierra, mano de obra, esclava y campesinado enfeudado.

Eran generalmente jefes políticos y militares tanto locales como nacionales.

Eran los caudillos que contaban con la fuerza humana del peonaje para levan­tar ejércitos y desarrollar la guerra y tam­bién para incrementar sus posesiones te­rritoriales (latifundios).

II. BURGUESÍA COMERCIAL Y USURARIA:

Es la clase que monopoliza el comercio 'de importación y exportación.

Estaba relacionada y controlada por las Casas Comerciales extranjeras.

Actuaba como grupo de presión a tra­vés del control financiero (créditos, préstamos a interés), que les permitía el con­trol económico de los productos y de la producción.

Esta clase compartía el poder político, económico y social con los terratenientes.

De este grupo salía la mayoría de los ministros y funcionarios civiles y militares.

III. CLASES DOMINADAS QUE HABITABAN EN LA CIUDAD:

1. Artesanos: Trabajadores de los cen­tros urbanos, pequeños producto­res, por lo general dueños de su propio trabajo (talleres), en el cual no hay gran inversión de capital. Ejemplo: zapateros, talabarteros, albañiles, etc.

2. Pequeños Comerciantes: Clase so­cial reducida que tiene en sus ma­nos el pequeño comercio y sufre las presiones de la Burguesía Comer­cial. Ejem. los pulperos.

3. Empleados públicos: Clase minori­taria, con cierta preparación, que ocupa cargos públicos y junto con los pocos profesionales formarán la clase media

4. Desempleados, mendigos: Grupos sociales que debido a la poca prepa­ración y a la escasez de ofertas de trabajo, no están ocupadas.

5. Esclavos: Grupo social heredado de la colonia a los cuales se les seguirá considerando como una cosa, de la cual se podrá disponer libremente. Se ocupaban de los quehaceres do­mésticos y de las faenas agrícolas, actividades en las que el único in­centivo era el mal trato y los casti­gos. Permanencen como esclavos hasta el año de 1854 cuando se lleva a cabo la abolición de la esclavitud.

IV. CLASES DOMINADAS QUE HABITABAN EN EL CAMPO

1. Campesinado Enfeudado: Clase so­cial que va apareciendo durante la guerra de independencia al darle li­bertad a los esclavos y también con las diferentes leyes de manumisión, pero se hace verdaderamente fuer­te a raíz de la abolición de la escla­vitud.

2. Medianero: Es el campesino que ha­ce un contrato con el propietario de la tierra, mediante el cual éste en­trega al campesino un lote de ella, con la condición de que al llegar al estado de producción, se dividan la cosecha en partes Iguales. Por lo general el campesino siempre ven­día al terrateniente la mitad que le correspondía.

3. Aparcero: Es el campesino que re­cibe tierras con la condición que al producirse la cosecha, entregan al terrateniente la 1/2, l/3, o 1/4 de ésta. Por lo general el aparcero cultiva le­gumbres, hortalizas y tubérculos para el mercado interno.

4. Pisatario: Es el campesino que tie­ne que pagar al terrateniente un de­recho de piso o de tierra, por la parcela que-le ha dado para que trabaje.

5. Arrendatario: Es el campesino que trabaja una tierra que no es de su propiedad, es del terrateniente, y por lo cual tiene que pagar una ren­ta, que puede ser en dinero o es­pecies.

6. Peón Agrícola: Es el campesino que vende su fuerza de trabajo por un salario.

PENETRACIÓN DEL CAPITAL EXTRANJERO

"Venezuela políticamente independien­te heredaba el orden de relaciones de la es­tructura económica y social de la Colonia. Entre tales, destacábase la vigencia del sis­tema de tenencia de la tierra en sus for­mas y relaciones latifundarias que repre­sentaban intereses conjuntos de viejos y nuevos propietarios. Los latifundios des­poblados construían riquezas yacente. Otro rasgo o fragmento desprendido de la es­tructura colonial fue la permanencia de la esclavitud — cuya extinción formal fue de­cretada a mediados del siglo XIX— como relación de explotación que, erigía sobre el trato bestial era negada económicamen­te en los frutos de su rendimiento. El de-cho üe propiedad sobre la mano de obra esclava no fue infringido sino constitucio­nalmente reconocido y también indemni­zado cuando, más por razones políticas que sociales.

A estas sobrevivencias coloniales se añadían nuevos elementos que impedían el desarrollo y desembargaban la sobera­nía económica del país. El comercio y otras actividades terciarias comenzaban a desenvolverse bajo el impulso del capital extranjero. El capital llegaba procelosa­mente del viejo continente, pero no para dar forma nacional a los recursos propios de esta tierra, sino para extraer réditos y beneficios que luego transferían a Europa en cantidades cada vez mayores. Así se es­tablecieron en Venezuela casas y agencias comerciales (Boulton, Biohm, etc.) vincu­lados a intereses europeos y dedicadas a actividades financieras, crediticias y de co­rretaje. A través de las citadas casas ocu­rría un proceso de traslación de plusvalía territoriales hacia Inglaterra, Alemania y Francia. A esta situación se agregaba la vigencia de la Ley del 10 de abril de 1834. Aquella Ley favorecía, con la no fijación del tipo de interés de capital, el auge de actividades especulativas que realizaban predominantemente comerciantes y pres­tamistas extranjeros.

Iniciada ya la segunda mitad del siglo XIX la economía venezolana se encontra­ba en situación de franco estancamiento. Las guerras civiles, con sus borrascas y desvastaciones, acumulaban pobreza mien­tras las masas desposeídas ni siquiera te­nían la seguridad de su pobreza. País importador de bienes manufacturados y ex­portador de productos primarios de orden agrícola, padecía con frecuencia los efec­tos de una balanza comercial desfavorable. En medio de aquella situación, estalla en 1859, la Guerra Federal o Guerra Larga:

cinco años de lucha armada. Contienda prolongada que, entre triunfos y derrotas compartidos, agregaba mayores calami­dades a la vida económica y social del país. El movimiento federalista, alzado en ar­mas contra el gobierno de Julián Castro y los intereses de la oligarquía por él repre­sentados fue una explosión popular que le imprimía un contenido social a la guerra con la incorporación de masas campesinas que luchaban por el reparto de tierras y la eliminación de la clase de grandes ya pro­pietarios rurales.

Era aquel en esencia, un movimiento agrario —con conciencia no cabalmente organizada— que perseguía cambios revo­lucionarios en las relaciones y formas de tenencia de la tierra. Las masas campesi­nas casi ignoraban todo, pero bien sabían que su miseria derivaba de sus explotado­res. Su caudillo, Ezequiel Zamora, proclamaba la igualdad social, el reparto de las tierras entre los hombres del campo, la abolición de los privilegios de clase. El zamorismo, en tanto que conciencia o reac­ción social contra el orden tradicional, enarbolaba la bandera de la cuestión agra­ria en la lucha por la liquidación del latifundismo y la transformación del régimen de propiedad territorial existente. Tras el derrumbamiento del régimen oligárquico surgió la Federación. Pero ésta carecía de fuerza para integrar sus postulados fun­damentales en un cuadro de realizaciones orgánicas.

A la herencia colonial se añadía la ma­la administración de la etapa republicana. Esta había transcurrido entre gobiernos que, por inestabilidad y desorganización administrativa, se alternaban entre la ti­ranía, el nepotismo, las irrupciones fre­cuentes de violencia armada, el falso cons­titucionalismo. La estructura económico-social del país, ya culminada la Guerra Federal, permanecía igual, sin alteraciones sustantivas: subsistía el predominio de las relaciones latifundistas de producción y sus formas señoriales de dominación que trataban el desarrollo de las fuerzas pro­ductivas; persistía el mismo orden de di­ferenciación social. En cierto modo había -aumentado la población rural en condicio­nes serviles de explotación.

La situación política que siguió a la Guerra Federal se caracterizó por la in­fluencia determinante de los caudillos mi­litares. Antonio Guzmán Blanco, llamado el autócrata civilizador, redujo la violencia sacrificando la libertad, organizó la admi­nistración pública sin suprimir los privile­gios, pretendió romper los vínculos con el pasado sin transformar el régimen de propiedad territorial vigente. Su política económica estuvo orientada a estimular tanto las inversiones extranjeras —espe­cialmente inglesas y alemanas— en la cons­trucción de obras de infraestructura (fe­rrocarriles, caminos, puertos), como las actividades productivas fundamentalmen­te destinadas al comercio exterior (mate­rias primas de origen agrícola y animal).

Con el gobierno de Guzmán, particu­larmente, se iniciaba el desarrollo "hacia afuera" de la economía venezolana. Avan­zada la segunda mitad del siglo XIX, Ve­nezuela era ya —no obstante su estanca­miento relativo— un país con movimiento comercial inscrito entre las fronteras de la expansión económica de Europa. La economía nacional se orientaba entonces hacia las actividades de producción esti­muladas desde afuera por las exigencias de la expansión capitalista europea. Venezue­la debía concentrar los recursos disponi­bles —inversiones extranjeras y naciona­les— en la producción de materias primas requeridas como insumes básicos en los centros capitalistas industriales. Como país de economía, tradicional, Venezuela no podía sino dirigir sus energías produc­tivas hacia el desarrollo del sector prima­rio de exportación —fundamentalmente actividades agropecuarias— y obtener bie­nes industriales con los ingresos del inter­cambio exterior.

A fines del siglo XIX, Venezuela man­tenía inalterable su condición de país importador de bienes industriales y exporta­dor de productos primarios de origen agrícola (café, cacao). A partir de 1875 las in­versiones extranjeras se concentraban pre­dominantemente en obras infraestructura-les. El financiamiento de las obras públicas (como la construcción del ferrocarril Ca­racas-Valencia) sólo pudo garantizarse me­diante la contratación de empréstitos in­ternacionales que aumentaron gravosa­mente el endeudamiento externo del país.

Al finalizar el siglo pasado, el país se encontraba abrumado. La legislación vi­gente no establecía límites a los excesos del capital extranjero como tampoco con­sagraba defensa contra los abusos de la clase explotadora. Al abatimiento social se sumaban las querellas políticas, las am­biciones de poder, los desenfrenos de la fuerza. Fue por esto que Cipriano Castro, tras rápidas victorias sobre los ejércitos gubernamentales, pudo asumir la Presiden­cia del país a fines de 1899.

Cipriano Castro poco había hecho por impulsar el desarrollo de las fuerzas pro­ductivas y librar al país del marasmo en que se encontraba a raíz de la última gue­rra de usurpación. Consorcios petroleros extranjeros realizaban sus primeras inver­siones en actividades de exploración y prospección. Antes de culminar la prime­ra década de este siglo, Juan Gómez ya ha­bía sucedido en la Presidencia de la Repú­blica a Cipriano Castro: continuaba con aquél la danza de las concesiones petrole­ras. El imperialismo yanqui, con estrate­gia de moderna conquista, adquirió luego con Gómez los privilegios y las ventajas económicas que no obtuvo con Cipriano Castro.

El país no había dejado de ser colonial y ya comenzaba a ser moderno. El capital extranjero orientado hacia las actividades extractivas solicitaba, además de nuevas y mayores concesiones petroleras, un orden sin hostilidades y un régimen de orden. Pero Gómez no entendía el orden sin la

abolición de las libertades democráticas. Desde el ascenso de Gómez al poder hasta 1916, la economía venezolana mantuvo una balanza comercial discretamente fa­vorable.

En 1917 los consorcios extranjeros —ingleses y norteamericanos— iniciaron la explotación comercial de los hidrocar­buros en Venezuela. En aquel mismo año, casi al término de la Primera Guerra Mun­dial, la mitad de la producción petrolera fue destinada a la exportación. Comenzaba entonces la era del petróleo con su carga de conflictos y perturbaciones. Las reper­cusiones de la explotación petrolera fueron inmediatas y sensibles. El primer rasgo de transformación de la estructura económi­ca del país localizábase en la composición del comercio exterior: el petróleo pasó a constituir la mayor parte de las exporta­ciones mientras el café y el cacao decli­naban paulatinamente su participación en las mismas: mientras el valor de las expor­taciones petroleras aumentó de Bs. 2 millo­nes en 1917 a Bs. 649 millones en 1935, el valor conjunto de las exportaciones de ca­fé y cacao disminuyó de Bs. 67, millones en aquel año a Bs. 37,6 millones en este otro. En veinte años el país había cambia­do los parámetros naturales de su econo­mía: de país rural o esencialmente agra­rio se había convertido en país fundamen­talmente petrolero. Pero la explotación del petróleo por consorcios extranjeros pro­dujo, a cambio de un desarrollo aparente o ficticio, una dependencia mayor, una mediatización más profunda del país.

Mientras más avanzaba la penetra­ción extranjera y más aumentaba la explo­tación de la riqueza subyacente, mayor era la concentración del poder político en la persona del déspota. Mientras más poder político centralizaba Gómez, más aumenta­ba la concentración de la propiedad terri­torial agraria en Venezuela. Parte de los ingresos derivados de la explotación pe­trolera fluía al Fisco Nacional como pago de impuestos regulares y ocasionales. Con el aumento de la. producción de hidrocar­buros aumentaba la capacidad fiscal del Estado venezolano. Pero ésta no se tradu­jo en inversiones que transformase la es­tructura de la economía conforme a obje­tivos preciosos de desarrollo, sino princi­palmente en gastos burocráticos y contrac­tuales que más enriquecían a los usufruc­tuarios políticos del régimen.

La demanda de fuerza de trabajo en la industria petrolera y en la construcción de obras públicas realizadas por el Esta­do, determinó un desplazamiento de la ma­no de obra campesina hacia los centros petroleros y urbanos. No se detuvo en aquellos años el éxodo rural que redujo la fuerza de trabajo en el campo cuando pre­cisamente la producción agropecuaria, se encontraba en situación difícil y precaria.

A raíz de la muerte de Juan Vicente Gómez en 1935, la estructura económica de Venezuela se había tomado interior­mente más diferenciada: habían aumenta­do considerablemente la producción y las inversiones foráneas en el sector petrole­ro: se había dilatado la miseria en el cam­po mientras crecía el latifundismo. El tor­bellino del petróleo había enriquecido a la clase opulenta al mismo tiempo que em­pobrecido al hombre de la Venezuela rural. El ritmo de la explotación del petróleo re­sultó desde entonces incontenible, a la vez que las actividades agropecuarias se man­tuvieron en relativo estancamiento".

DICTADURA DEL GENERAL JUAN VICENTE 1908-1935

1908: — El 19 de diciembre de 1908 se pro­duce el golpe de Estado de Juan Vicente Gómez contra Cipriano Castro.

El 20 de diciembre asume el Po­der, y entre otras cosas expuestas en su Manifiesto se encuentra lo siguiente:

".. .He constituido nuevo Gabine­te, en el cual estuvo representada la opinión pública de Venezuela, Con tales colaboradores pretendo dar a mi gobierno el carácter na­cional que reviste, hacer efectiva las garantías constitucionales, practicar la libertad en el seno del orden, respetar la soberanía de los Estados, amparar las indus­trias contra odiosas confabulacio­nes, buscar una decorosa y pacífica solución para todas las con­tiendas internacionales, vivir vi­da de paz. y de armonía y dejar que sólo la ley impere con su in­discutible soberanía."'

1909: — Se sanciona la Constitución de 1909, la cual crea un Consejo de Gobierno, divide al país en 20 Es­tados.

1910: — Juan Vicente Gómez es electo Pre­sidente Constitucional para el pe­ríodo 1910-1914, por el Congreso. — Arregló los problemas de las re­clamaciones norteamericanas.

1911: — Presidió los festejos conmemora­tivos del Primer Centenario de la Independencia Nacional. Y se de­positaron en una arca especial en el Salón Elíptico del Palacio Federal, las actas originales del Pri­mer Congreso Constituyente.

1913: — El general Gómez, presionado por la creciente oposición y disturbios estudiantiles clausura la universi­dad Central, suspende las garan­tías constitucionales y sale al fren­te del ejército a oponerse a una supuesta expedición. El Dr. José Gil Fortoul se encarga de la Presi­dencia.

— Por decreto, dispone que la Bi­blioteca Nacional ofrezca servi­cios de préstamos de libros a do­micilio, comenzando así la prime­ra biblioteca circulante que hubo en el país.

1914: — El 19 de abril se reúne en Caracas un Congreso de Plenipotenciarios nombrados por el Ejecutivo, que aprueba un Estatuto Constitucio­nal Provisorio que crea la Presi­dencia Provisional y el Cargo de Comandante en Jefe del Ejército.

— En junio, el Congreso Plenipoten­ciario aprueba la enmienda cons­titucional que eleva a siete años la duración del período presiden­cial, suprime el Consejo de Gobiemo y permite la reelección.

1915: — El Congreso reelige a Juan Vicente Gómez presidente para un perío­do de siete años.

1916: — Se promulga la llamada Ley de Tareas, por la cual se obliga a los presos políticos y comunes a tra­bajar en obras públicas, sin pago alguno.

— Se firma el Pacto de Bogotá entre Venezuela y Colombia, por el cual ambos países nombran al Presi­dente de Suiza como arbitro en la disputa sobre delimitación de fronteras. El nuevo laudo dictado por el Consejo Federal suizo fue adverso a Venezuela en su mayor parte.

1918: — Se crea por ley la moneda patrón bolívar oro.

— Por disposición del Ministerio de Instrucción Pública se decreta la obligatoriedad del estudio del idioma inglés en las escuelas pú­blicas de la nación.

1919: — Se inaugura el Nuevo Circo de Caracas.

1920: — Se reabre la Universidad Central de Venezuela.

  • Se crea la-Escuela de Aviación.

— Se decreta la Primera Ley de Hi­drocarburos.

1921: — El Congreso decreta una segunda Ley de Hidrocarburos.

1922: — El Congreso reelige a Gómez co­mo Presidente Constitucional.

— En mayo asume la Presidencia pa­ra el período 1922-1929.

— El Congreso sanciona una tercera Ley de Hidrocarburos.

— El Congreso reforma la Constitu­ción y crea los cargos de primer y segundo Vicepresidente y elimi­na el cargo de Comandante en Jefe.

1925: — Se reforma la Constitución, eli­minando una de las Vicepresidencías.

  • Los trabajadores petroleros del área del Lago de Maracaibo van a la huelga en protesta contra el aumento del costo de la vida. Lo­grando un aumento del 20% de sus jornales fijados en un dólar por día.

1928: — Se crea el Banco Obrero.

— Se crea el Banco Agrícola y Pe". cuarto.

— El Congreso reforma la Consti­tución, elimina el cargo de Vice­presidente y establece que las ausencias presidenciales las supla un Ministro del Gabinete.

— En febrero los estudiantes cele­bran la Semana del Estudiante. Pío Tamayo escribe poemas lite­rarios y Jóvito Villalba y Rómulo Betancourt pronuncian discursos contra la Dictadura en el Panteón Nacional. Caracas se declara en huelga de 6 días en apoyo del mo­vimiento estudiantil. Detienen a Villalba, Betancourt, Tamayo, Guillermo Prince Lara y Arévaío González. 220 estudiantes se en­tregan voluntariamente a la poli­cía en protesta. Clausuran la Uni­versidad y el Colegio de Aboga­dos. Gómez pone en libertad a los estudiantes.

  • Se decreta la primera Ley del Trabajo, la cual no se llega a aplicar.

1929: — El Congreso reforma la Constitu­ción y separa el cargo de Coman­dante en Jefe del de Presidente de la República.

En 1929 Gómez rechazó la reelec­ción que le proponía el Congreso y señaló a Juan Bautista Pérez co­mo su candidato a Presidente, es­te hecho lo hizo avisorando la crisis que vivía el mundo capita­lista en 1929 y que amenazaban y la economía en Venezuela.

1930: — Se establece la Compañía Anóni­ma Nacional Teléfonos de Vene-

— Se crea el Ministerio de Salubridad. Agricultura y Cría, que más adelante se dividirán sus funciones en dos carteras: la de Sani­dad y Asistencia Social y la de Agricultura y Cria.

— Se celebra el primer centenario de la muerte del Libertador.

— Se inauguró el Monumento a Carabobo.

1931: — Gómez asume la Presidencia de la República por última vez.

1935: — El 17 de diciembre muere en la ciudad de Maracay el dictador Juan Vicente Gómez. El general Eleazar López Contreras termina el período de gobierno de Gómez.

EL CAUDILLISMO

Al estudiar los aspectos económicos de la Venezuela colonial hasta las primeras dé­cadas del siglo XX, nos damos cuenta como surgieron los grandes caudillos: quienes se erigieron en dirigentes políticos sobre la base económica que venían detentando co­mo dueños de los grandes latifundios.

... "El caudillismo venezolano se hace visible propiamente en el siglo XIX cuando, abatido por el cataclismo bélico, desaparece el dique de contención que era el poder del soberano. La guerra encarnizada y larga, abre paso al caudillo a través de dos efec­tos: primero, resucitando la escala axiológica de la fase inicial —Descubrimiento y conquista—, la cual sitúa en el punto más alto a los valores de la fuerza, la rusticidad y vehemencia... De nuevo se imponen los hombres "valientes", los "guapos", la gen­te de "garra y coraje". En segundo término la destrucción general ocasiona una nota­ble pérdida de la población, incluida en ésta sectores directivos; la necesidad de llenar el "vacio" facilita al caudillo ocupar el liderazgo que resulta vacante".

. ."El caudillo es el nuevo dirigente; es una potencia incuestionable, síntesis huma­na de poder material —físico, económico, social—, aureolado con la magia del "pres­tigio" de su inefable proyección carismática. Autoritario/elemental y arbitrario, de cualidades positivas y negativas confundi­das, es capaz de obrar prodigios en la vida social... Existe una copiosa literatura en torno a las raíces del caudillismo... Con mucha frecuencia se ha insistido en un determinismo que presentaría el caudillo co­mo derivación forzosa de los componentes raciales del pueblo venezolano; sucesor a la vez del cacique aborigen, del conquista­dor hispano y del régulo africano. Se le ha visto igualmente como una telúrica expre­sión "tropical" y como una calamidad que se debe únicamente a un estado social de ignorancia e inmadurez. También, dentro de un rígido materialismo, se le ha estimado sólo como exponente de una concreta moti­vación económica, consecuencia inexorable de un sistema de producción "feudal" que se conservó intacto en el paso de la Repú­blica. . . Respecto a la labor del caudillo, mayormente negativa, se advierten en ella dos acentuadas fallas: una ética y otra inte­lectual. La primera, es la crisis de verda­dero patriotismo y el empeño en sustituir a éste,., . por el más burdo egoísmo; defi­ciencia moral es su nunca satisfecha rapa­cidad y la inclinación irresistible al autocratismo arbitrario y corruptor... En cuanto a las luces, el caudillismo acusa evidente penuria mental cuando se niega a percibir la Patria grande, obnubilado por la aldea y también cuando desprecia, por impropia de "macho" y de "jefes", a la cultura como calidad del espíritu... Cerca del caudillo nuestro, hay casi siempre un consejero o una camarilla de civiles, escritores, prestos a traducir a la prosa jurídica los caprichos del Jefe y hasta inspirarle ciertas fórmulas políticas... Tan avasallador será el caudillo que su "concepción" política orientará a los Congresos y cuerpos legislativos, los cuales no se atreverían a contradecirlo y, por el contrario, ajustarán su desempeño a la men­talidad y a las conveniencias utilitarias y de vanagloria de aquél... Del caudillo al autó­crata, el camino en paralelo al que antes fue del señor feudal al soberano absoluto. El más fuerte, fiero y hábil se impone a los otros, los subordina y deviene dueño de la República. Su estilo y su método pueblerino o parroquial serán su estilo y su método de gobernante "nacional", él no conoce otros, ni está dispuesto a aprender... El poder caudillista descansa sobre un tripoide retador: económico, social y político. Al convertirse en sucesor de conquistadores, repartidores y encomenderos se afianza so­bre las -tierras, la muestra más concreta y común de la riqueza. De este modo... ci­mienta sus fuerzas sobre el latifundio y so­bre la explotación a la usanza tradicio­nal ..., de las masas desposeídas de siem­pre. Estas constituyen la base social del po­der caudillista, asi en las haciendas como productoras, en las ciudades como consu­midoras de sus monopolios. . . Políticamen­te, el poder del caudillo reposa en su con­junción íntima con el militarismo, con el cual se identifica y se confunde. Si llega al mando, la tropa será la garantía de la per­petuación y razón contundente por su ejer­cicio tiránico o liberal... Al debate político lo sustituye la querella de los hechos san­grientos; los pretextos, siempre, renovados aunque siempre los mismos, sirven igual pa­ra el cambio que para el no cambio; jamás el soldado humilde alcanza a ver de cerca las banderas por las cuales da su vida; por no ser nunca resueltas, sus aspiraciones son mantenidas siempre refrescadas pero lejanas en el horizonte de las ilusiones populares. El caudillismo hace del jefe guerrero e capataz o dueño de la República. Bien clara y contraria es la enseñanza del Libertador:

"El soldado no es el arbitro de las leyes ni del: gobierno; es el defensor de su libertad. Sus glorias deben confundirse con las de la República y su ambición debe quedar satis­fecha al hacer la felicidad de su país. El sol­dado no debe deliberar y desgraciado el pue­blo cuando el hombre armado delibera".

.. ."Páez, el más típico, bosqueja la si­lueta caudillesca describiéndose a sí mismo, dice de sus llaneros: "Yo logré atraérme­los; conseguí que sufrieran, contentos y su­misos, todas las miserias, molestias y es­caseces de la guerra. Me obedecían gusto­sos y me querían como a padre". Páez des­cribe su milagro "¿Quién creyó jamás que aquellos hombres, por algunos escritores calificados de salvajes, acostumbrados a ve­nerar el nombre del rey como el de una di­vinidad, pudieran jamás decidirse a abando­nar la causa que llamaban santa para seguir la de la patria nombre que para ellos no te­nía significación alguna? ¿Quién creyó, en­tonces, que fuera posible hacer comprender a hombres que despreciaban a los que no podían competir con ellos en la tuerza bru­ta, que había otra superior a ésta, a la cual era preciso someterse?" El caudillo se atri­buye haber inspirado a los llaneros, "al mismo tiempo amor a la gloria, respeto a las vidas y propiedades y veneración al nombre de la patria"... "No tenía mucha fe en el patriotismo de aquellos hombres que sólo me acompañaban y habían tomado servicio por simpatía hacia mí". La distor­sión de las perspectivas, por exagerado des­pliegue de sus tendencias autoafirmativas, es una característica caudillista; su egocen­trismo hace olvidar a Páez; en la adhesión de los llaneros cuenta mucho la promesa de tierras y bienes que les hizo, punto tan importante que, en su oportunidad, la rati­ficación de esa oferta es la única condición que él pone a Bolívar para acatar su auto­ridad.

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