Sociedad postmoderna

Sociología. Nuevo orden internacional. Economía. Capitalismo. Postmodernismo. Neoliberalismo. Revolución tecnológica

  • Enviado por: Orieta Llano
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 6 páginas
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La Sociedad Post moderna

Resumen:

“Poder sin sociedad tiende a engendrar sociedad sin poder” (André Gorz: “Del Estado social al Estado de capital”, material de Análisis de la Sociedad Argentina, cátedra Sidicaro.)

Vivimos en una Sociedad postmoderna, es decir, en un “no lugar”, en donde se deja que el capitalismo limite y reglamente el poder de la sociedad de disponer de este. No existe base social ni constitución política, solo se enuncia el derecho del capital globalizado.

A continuación abarcaremos este tema, abandonando de cierta forma el punto de vista tomado en la nota introductoria. Trataremos tres puntos específicamente; primero, la relación entre los términos postmodernismo y postmodernidad, en donde se aprovecha de definirlos antes de relacionarlos. Luego, se plantea una disyuntiva: si la postmodernidad nace de la muerte de la modernidad o si tan solo es parte de ella. Y por último se la relacionará con el neoliberalismo, en donde se hace un análisis más bien crítico.

La forma de abarcar este tema, se basará en interrogantes, es decir, se desarrollará respondiendo dos preguntas, las que ponen en contraposición al postmodernismo con la modernidad y luego con el neoliberalismo.

Los resultados serán la aclaración aproximada de que el postmodernismo es un “sentir” y la postmodernidad una “época” y la conclusión de que la modernidad es la fuente o el punto de partida, y el neoliberalismo mero demandante de fundamentos.

Surgimiento

La sociedad postmoderna -categoría creada por la nueva intelectualidad globalizadora- surge como consecuencia del Nuevo Orden Internacional (NOI) y la economía basada en el capitalismo más radical de la historia. Destaca como nunca antes la necesidad de producir y consumir conocimientos.

El término postmoderno fue utilizado a fines de la década del 60, con la publicación de La condición postmoderna, de Jean-Francois Lyotard en 1979. Otros factores que contribuyeron a definir la nueva época fue la caída del muro de Berlín, la Guerra del Golfo, el agotamiento de los parámetros ideológicos precedentes y el fin de la polaridad Este-Oeste.

Postmodernismo y postmodernidad

Se entiende por “postmodernismo” a un conjunto de proposiciones, valores o actitudes que, independientemente del grado de su validez teórica, no puede negarse que existen y funcionan ideológicamente como parte de la cultura, la sensibilidad o la situación espiritual de nuestro tiempo. El rechazo a la totalidad y a los “grandes relatos”, el culto al fragmento y a la diferencia, los usos del desorden, la ironía, el relativismo, la actitud lúdica, el desánimo, son rasgos de esta sensibilidad. ¿A qué se debe la existencia y difusión de esta situación espiritual? Para algunos, el postmodernismo se corresponde con la existencia de una nueva época, la postmodernidad, por la que entienden a un período histórico distinto a la modernidad en el sentido de que los nuevos tiempos se sustraen a la lógica de desarrollo que imperaba en aquella época; Se multiplican las relaciones e intercambios. Crece prodigiosamente la información y la oferta consumista. El yo es bombardeado e invadido por la propaganda, hasta sucumbir en un estado de saturación.

¿Muerte de la Modernidad?

Para poder determinar si realmente la existencia del postmodernismo como fenómeno cultural implica la muerte de la modernidad y la existencia de la postmodernidad, es preciso aclarar el concepto de modernidad, siendo el más adecuado uno que arranca con Hegel y se continuó con Marx, y más recientemente con pensadores como Karl Polanyi, Anthony Giddens y Alain Touraine, y en la que se entiende a la modernidad tomando como punto de partida su ambivalencia y su tensionalidad interna. La “modernidad” es entendida como la época histórica que se abre con el desarrollo del modo de producción capitalista y que tiene como su acta de nacimiento a la Ilustración y a la Revolución Industrial. La lógica de la explotación capitalista impone el carácter dual de la modernidad: por un lado impone la racionalización y por el otro provoca el desarrollo de la subjetividad.

En el plano ideológico y cultural, la postmodernidad se origina en el momento en que se manifiesta una crisis como una pérdida de credibilidad en las ideas o metarrelatos de la modernidad, o como un desencanto con esta, que para algunos es la muestra de que estamos frente a una nueva época. Sin embargo Giddens, entre otros, no cree lo mismo. Ya que si bien hay un espíritu distinto, se respira en el ambiente algo nuevo y estamos frente a muchas cosas nuevas, esto es parte de la radicalización de la modernidad, que se da, justamente, por el dinamismo que la caracteriza.

“En vez de estar entrando en un período de postmodernidad, nos estamos trasladando a uno en que las consecuencias de la modernidad se están radicalizando y universalizando como nunca. Afirmaré que más allá de la modernidad, podemos percibir los contornos de un orden nuevo y diferente que es ´postmoderno´; pero esto es muy distinto de lo que en este momento algunos han dado en llamar ´postmodernidad´”.

La Postmodernidad nunca ha podido definirse por lo que es sino por lo que no es, o mejor dicho por lo que ha dejado de ser. Por ello es que Giddens prefiere adoptar una denominación alternativa, no para diferenciarse desde el mero aspecto gramatical sino para establecer una distinción conceptual. Llama a la postmodernidad “Modernidad Radicalizada”, como posibles transformaciones que van “más allá” de las instituciones de la modernidad pero que no por ello modifican la naturaleza fuertemente competitiva y expansiva de la empresa capitalista, que estimula el desarrollo tecnológico, en que la esfera económica no solo se distancia de la esfera política sino que influye considerablemente sobre ella y también en una dimensión institucional: el control de los medios de la violencia, herramienta de los Estados Nacionales e incluso de las dictaduras. Otro punto importante es el carácter globalizador del capitalismo que ya se observa en el período del imperialismo de fines del siglo XIX hasta mediados del XX. Es evidente que, como argumenta Giddens, no vivimos el fin de la modernidad, sino la agudización de sus características y contradicciones. Es interesante apuntar que el máximo difusor del concepto de postmodernidad, el francés J. F. Lyotard, ha destacado siempre que entiende la postmodernidad no como una época histórica posterior y diferente a la modernidad, sino como un fenómeno cultural dentro de la modernidad.

Sin embargo las teorías de la postmodernidad rechazan a la modernidad (y en ocasiones proclaman su fin) debido al fracaso de su proyecto de liberación de la humanidad mediante el alcance de la autonomía racional. El concepto de sujeto, punto central de ese proyecto, es también vértice en el que concentran sus ataques. Las ideologías de la modernización cifraron en el despliegue de la capacidad cognoscitiva y productiva del sujeto la garantía del advenimiento de una sociedad mejor. Pero ocurrió todo lo contrario: el desarrollo de la ciencia y la técnica no trajeron la felicidad, sino la destrucción y la alienación del individuo. Las teorías postmodernas se consideraron legitimadas a proceder a la demolición de todas aquellas nociones mayestáticas (tales como las de Verdad, Sujeto, Fundamento) que han protegido siempre los flancos de los discursos y las prácticas totalitarias. Al rechazar estas ideologías, procedieron a impugnar lo que consideraban los fundamentos conceptuales de la represión, olvidando que estas figuras conceptuales, tratadas y entendidas de otro modo, constituían también los pilares teóricos de cualquier proyecto liberador. Sánchez Vázquez ha señalado que el carácter de las teorías de las postmodernidad se capta sobre todo a través de aquello que rechazan, y hace un recuento de sus negaciones fundamentales: ellas niegan el proyecto de emancipación, a los que califican de “metarrelatos carente de legitimación”; niegan el concepto mismo de fundamento, planteando la imposibilidad de fundamentar racionalmente cualquier proyecto de reconstrucción de lo social; por último, descalifican la acción, con lo que niegan al sujeto, pues el sujeto es acción (y viceversa) y proclaman la muerte del sujeto. Como afirma Zygmunt Bauman, ... la condición postmoderna puede ser descrita, de una parte, como una modernidad emancipada de la falsa conciencia, y de la otra, como una nueva clase de condición social marcada por la institucionalización de los rasgos que la modernidad - en sus diseños y prácticas directivas - ha tratado de eliminar y, al no poder lograrlo, ha pretendido ocultar. Ven en la desintegración de todas las formas hasta ahora existentes de cohesión (familia, patria, identidad étnica, etc.) la posibilidad de un despliegue de las peculiaridades individuales, que han sido reprimidas por aquellas formas tradicionales de identidad. Ven en la destrucción de los lazos sociales humanos hasta ahora existentes, la posibilidad de expansión de la libertad del individuo. Por lo tanto podemos concluir que las características que suelen atribuirse al postmodernismo no son más que las que constituyen a la Modernidad.

Postmodernismo & Neoliberalismo

Los postmodernos defienden la pluralidad, los puntos de vista distintos sobre la realidad, el relativismo, la diversidad,…verán las posibilidades de emancipación del ser humano en el relativo caos que caracteriza a la sociedad postmoderna; una sociedad mucho más compleja y cuya complejidad está determinada en gran parte por el papel que ejercen en ella los mass media y la revolución tecnológica. En cuanto a justicia y libertad, los postmodernos no aportan mucho, particularmente porque la exacerbación del individualismo privatista, el consumo, el hedonismo y el placer desbordados, en un ambiente postmoderno, dejan pocas posibilidades para las apuestas colectivas y para la política. Porque como señala Lechner, como consecuencia de su rechazo a las nociones de totalidad y progreso, la postmodernidad no se preocupa de la institucionalización de lo colectivo. Y el desencanto postmoderno suele expresarse como una pérdida de fe en el Estado. El Estado es percibido, más que todo, como un aparato de dominación, siempre sospechoso de buscar un control totalitario. En su rechazo a la posición estatista, la cultura postmoderna suele descartar la cuestión misma del Estado. Finalmente, baste agregar que el discurso postmoderno denuncia el progreso futuro como una ilusión y consagra el presente como un imperativo. Vivir aquí y ahora bien puede ser la consigna postmoderna, pero lo importante es cómo se viva ese aquí y ahora. Si es una vida entregada al consumo desenfrenado y al placer sin límites que lleva, por qué no, al repliegue del individuo y su indiferencia para con el medio y la realidad inmediata que habita, o un aquí y ahora sin más límites que los que impone el respeto por la libertad del otro y una responsabilidad ética personal y social con el entorno, porque de lo contrario, esas vivencias en plenitud se tornarían, como de hecho hemos visto que está ocurriendo, en una inevitable pérdida de sentido. La entrada del pensamiento neoliberal decía que el pensamiento postmoderno empieza a publicitarse hacia finales de los sesenta y si recordamos el movimiento contracultural de los setenta podríamos decir que este espíritu postmoderno empieza a sentirse en el ambiente y en la cotidianidad, desde esa época, llegando a expandirse en la década del noventa. Lo perverso es que los neoliberales encuentran en estas ideas la oportunidad para hacer su discurso más atractivo y permeable. Por lo que no es difícil ver que existe una relación entre la posición postmodernista que hace del caos y de la fragmentación el estado normal de la sociedad, y la ceguera del mercado libre. Si para el neoliberalismo las fallas en la sociedad son consecuencia de que el mercado no se ha dejado actuar libremente, para los postmodernos es la realidad la que es caótica y, por tanto, impide el funcionamiento del mercado. El postmodernismo se presenta como una teoría que rechaza los análisis causales y que denuncia los grandes relatos como totalitarios. Una teoría así facilita el despliegue del pensamiento neoliberal como el de Frederich Von Hayek. Y es que el neoliberalismo, como proyecto de sociedad, denuncia y arremete contra las utopías y los totalitarismos que representaba el socialismo. El pensamiento neoliberal no podía encontrar mejor teoría afín que un pensamiento postmoderno, pues al igual que él rechaza no sólo las grandes promesas sino también la perspectiva de un proyecto de emancipación, y la idea de una historia que puede ser asumida conscientemente por los seres humanos. Por otra parte, el postmodernismo, al difundir un tipo especial de pesimismo político, abona también el camino para que las ideas neoliberales que critican al Estado, la política y el sector público, calen en los discursos de políticos, académicos y empresarios. Porque el postmodernismo no va a decir nada de los horrores del sistema capitalista y de la economía de mercado; para ellos, ésta sólo se podrá juzgar desde los beneficios que el capitalismo tardío produce para una minoría, pero no desde las grandes mayorías que sufren los costos. Ahora es posible señalar que si la postmodernidad es el mundo de los simulacros, de las imágenes y de los significantes que han dejado de tener un contenido o significado real, este mundo es el que mejor le va a un proyecto económico como el derivado del pensamiento neoliberal, en el cual el mercado pretende erigirse como institución social, o mejor como constructor de sociedad. Y si es el mercado el que construye el orden social, ¿qué papel le queda al sujeto en este proyecto? Y en especial, ¿a los seres humanos pobres que no están en condiciones de participar en él? En el filo de una modernidad tardía y radical, nos encontramos pues con un movimiento expansivo que pretende abarcarlo todo. Un proyecto de modernización neoliberal que va en contravía del ideario moderno de libertad, igualdad (justicia) y fraternidad (solidaridad). Como se pudo ver, hay muchas señas de identidad y rasgos comunes entre uno y otro discurso que nos pueden llevar a afirmar su parentesco, e incluso a confirmar que el postmodernismo se ha transformado en la lógica filosófica del neoliberalismo, así como el neoliberalismo se ha convertido en la lógica económica de la modernidad tardía. Se concluye que la Sociedad Postmoderna es solo el modo de vida del imperio para sus acólitos, pero nunca para los luchadores por la justicia, la igualdad y la emancipación de los pueblos.

Bibliografía:

Albrecht Wellmer, “La dialéctica de la modernidad y la postmodernidad”, en: Modernidad y Postmodernidad, compilación de Josep Picó, Alianza Editorial, Madrid, l992; en especial de la p. 116 a la 131.

Adolfo Sánchez Vázquez, “Posmodernidad, posmodernismo y socialismo”, en: Revista Casa de las Américas, año 30, nr. 175, julio-agosto 1989, p. 137.

Karl Marx: El Manifiesto Comunista y los Grundrisse;

Karl Polanyi, La Gran Transformación;

Alain Touraine, Crítica de la Modernidad;

Marshall Berman, Todo lo sólido se desvanece en el aire.

GIDDENS, Anthony. Consecuencias de la Modernidad. Alianza Editorial, Madrid

1994

LECHNER, Norbert. Un desencanto llamado posmodernismo. En: Debates sobre

modernidad y posmodernidad. Editores Unidos Nariz del Diablo, 5ª edición, Quito,

noviembre de 1991

LYOTARD, Jean Francoise. La Posmodernidad (explicada a los niños). Gedisa

editorial, 5ª edición, octubre de 1995 (a), Barcelona.

LYOTARD, Jean Francoise. La Condición Postmoderna, Cátedra, Madrid, 1995