Sociedad e información en Venezuela

Derecho a la información. Políticas. Democracia social, formal y participativa. Democracia. América Latina. El Caribe

  • Enviado por: Ani Alejandra
  • Idioma: castellano
  • País: Venezuela Venezuela
  • 10 páginas
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Sociedad e información

La información, como representación del pensamiento y del conocimiento, nos lleva a considerar que la sociedad recibe y está expuesta a aquella proveniente tanto del lenguaje corriente de los medios masivos como de la generada por el lenguaje literario, científico y técnico de la literatura especializada. En ambos casos la sociedad produce la información y se genera un interés consciente e inconsciente de transmitirla, ya sea de manera individual o colectiva: puede ser información estratégica disponible sólo para un selecto grupo o de uso abierto a todos; puede ser solicitada, necesitada y utilizada por individuos o por grupos de poder como el Estado, los consorcios comerciales y los grupos políticos.

La participación de la sociedad es definitiva en el proceso de generación y aprovechamiento de la información; ella es la que asigna a ésta valor y función.

Todavía se tiene la idea de que la información se genera con tal facilidad que, por lo tanto, es parte del patrimonio natural de los pueblos como son los bosques, los ríos, el mar, etcétera; y, como diferentes grupos ecologistas reportan que este patrimonio natural está en riesgo, se adoptan medidas para evitar su pérdida y entonces se advierte lo que cuesta rescatarlo y mantenerlo. Igual pasa con la información, oral o impresa: siempre creemos que, por ser un ingrediente obligado en todas nuestras acciones, no cuesta ningún esfuerzo producirla, obtenerla, organizarla y difundirla; todo lo contrario: si en América Latina no actuamos y no ponemos ningún empeño en conseguir y ofrecer a nuestros pueblos la información que requiere el desarrollo, no habrá un uso real de ella y tal desarrollo será también cuestionado.

No es suficiente adquirir y organizar la información. También necesitamos que se encuentre disponible en el momento en que se demande; desde el punto de vista tecnológico se cuenta con todas las facilidades para que la información esté al alcance de la mano de cualquier usuario; sin embargo, obtenerla no es tan simple porque no podemos ignorar las restricciones políticas y económicas, las deficiencias normativas y las limitaciones impuestas por grupos de poder como la censura, la manipulación y los filtros e influencias que en cada etapa del proceso influyen en la información, que también puede enriquecerse o desvirtuarse debido a la interpretación de quien la selecciona, analiza o resume, quien le da descriptores y la busca en un catálogo o base de datos, ya por la naturaleza técnica de su trabajo, ya porque así conviene a sistemas políticos, grupos económicos o simples factores de mercadotecnia.

El Derecho a la Información

La información responde a la necesidad del ser humano de expresarse y de querer saber lo que los demás han expresado; responde a un requerimiento que en determinado momento se vuelve un derecho fundamental del hombre, pues como hombres en libertad debemos tener el derecho de expresarnos, de informar y de informarnos, y tal prerrogativa natural deberá estar garantizada por el Estado y ser defendida por la sociedad. Este derecho también se tiene que considerar de forma integral. No nada más hay que pensar en la creación de información, la manifestación de las ideas y del conocimiento, sino también en su circulación, su disponibilidad, su uso y su lectura.

En mayo de 1996, la UNESCO publicó un documento de orientación que ha titulado La Unesco y la Sociedad de Información para Todos, producto de los acuerdos de una reunión celebrada en noviembre de 1995, donde se manifiesta un proyecto educativo, científico y cultural vinculado con las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación. A partir de uno de los mandatos de la propia Asamblea General que compromete a la ONU a promover la libre circulación de las ideas por medio de la palabra y de la imagen, también hace suya la obligación de impulsar la cooperación internacional en el terreno de la comunicación, la información y la informática, con objeto de reducir la desigualdad imperante entre los países desarrollados y los que se hallan en vías de desarrollo; asimismo, en las estrategias a mediano plazo proyectadas para los años 1996-2001, se nota un especial acento en el empleo de tecnologías de la comunicación y de la información al servicio del desarrollo, de la democracia y de la paz.

Es con esta condición como la sociedad de la información podrá alcanzar su objetivo último: la autonomía de todos y cada uno de los ciudadanos mediante el acceso al saber, así como la aptitud de utilizarlo.

La "sociedad de la información para todos" es a la vez global y local, formada por individuos y grupos sociales que toman parte del todo informativo y que aportan su información local, su punto de vista y su idiosincrasia a ese todo informativo que nos rodea.

Las Políticas de información

Para convertir en una realidad el derecho a la información, debe haber una estrecha relación entre la sociedad y el Estado, tienen que interactuar una y otro, para que -de cara al futuro, ya muy próximo- se tomen en cuenta los nuevos comportamientos, actitudes y valores de la sociedad globalizada y se advierta el valor estratégico del conocimiento, la información y la lectura en el desarrollo y la democratización de las sociedades latinoamericanas.

Las políticas que establezcamos en información se hallarán en estrecho vínculo con las políticas generales de un país, con las políticas públicas sobre educación y cultura, y con las realidades históricas y sociales de la propia nación y de la región latinoamericana.

Los ejemplos de políticas de información con que contamos en América Latina no necesariamente son de tipo exhaustivo, ya que es posible ver esfuerzos parciales interrelacionados con las actividades y los productos que permiten a los habitantes de un país usar información y leer. Así, tenemos leyes, acuerdos o iniciativas de Estado correspondientes a la política que determinado país va estableciendo en el ámbito público y cultural, o en el de la información y la lectura; podemos encontrar regulaciones que permiten inferir políticas sobre las bibliotecas, el libro, el derecho de autor y los recursos y sistemas informáticos.

Venezuela

Gracias al trabajo realizado por instituciones y profesionales relacionado con el libro, las bibliotecas y la lectura, hacia 1976 se contó con lo necesario para que el 9 de septiembre de ese año se creara, por decreto, la Comisión Nacional para la Organización del Sistema Nacional de Servicios de Bibliotecas e Información Humanística, Científica y Tecnológica, que dependió directamente de la Presidencia de la República.10 Tal iniciativa consideró la información humanística, científica y tecnológica como un recurso indispensable para el desarrollo nacional integral y, por consiguiente, juzgó fundamental el uso rápido y eficaz de la información por la sociedad11.

Afortunadamente, la medida no sólo no se quedó en papel, sino que impulsó muchas acciones en beneficio de los usuarios de información (niños, estudiantes, investigadores, universitarios y población en general), con base en el liderazgo del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas, el Banco del Libro y los diferentes sistemas y redes de información, así como en la interacción con los proveedores de tecnología y otros insumos básicos que hoy en día hacen posible el uso adecuado de la información. En 1987, el gobierno de Venezuela, con el apoyo de la UNESCO, realizó en Caracas el Seminario sobre Política Nacional de Información, en el cual se discutieron las "Proposiciones para una política nacional de información y estrategia para su Implementación", trabajo donde se trató de definir políticas que vincularan la información con el desarrollo nacional, el acceso a la información, el estímulo a la producción nacional de información, la promoción del uso efectivo de la información, la tecnología de la información y el desarrollo de recursos humanos.

DEMOCRACIA SOCIAL, FORMAL Y PARTICIPATIVA

'Sociedad e información en Venezuela'

La democracia, como una propiedad (característica) de los sistemas sociales, avanzados puede concebirse en tres dimensiones:

1. La social, entendida como la calidad de vida material.
2. La formal, entendida como la existencia de determinadas reglas generales de poderes, derechos y obligaciones de las diversas instituciones y entidades que componen el sistema social.
3. La participativa, entendida como la decisión real de los asuntos públicos trascendentales por parte de las mayorías de la sociedad, con la debida protección de las minorías. En el lenguaje de las ciencias naturales podríamos entender a las tres dimensiones como magnitudes que caracterizan a la propiedad "democracia".



En la sociedad moderna, las tres dimensiones tienen un orden jerárquico, en el sentido de que la tercera supone la existencia de la segunda y la segunda la existencia de la primera. Sin embargo, la relación entre las tres dimensiones es dinámica e interactiva: cada estrato influye sobre los otros.

La tendencia de evolución histórica observable en este tipo de sistemas sociales es hacia la ampliación de: a) los grados de determinación ciudadana real sobre los asuntos públicos y b) los grados de autodeterminación de los elementos básicos del sistema, los seres humanos, en cada uno de los tres estratos. De hecho, es esa tendencia objetiva que impulsa la génesis del Nuevo Proyecto Histórico (NPH), mientras que la praxis del NPH, a su vez trata de avance aquélla de manera democrática y consciente.

El nivel de democracia alcanzado en cada momento histórico en una sociedad -un Sistema Dinámico Complejo Humano (SDCH)- puede medirse en términos cuantitativos en las tres dimensiones o magnitudes, hecho por el cual la discusión de "la democracia" deja el campo de la ciencia cualitativa y de la filosofía política, para que pueda abordar a la ciencia moderna.

La medición de los grados o magnitudes de democracia puede llevarse a cabo en las principales relaciones sociales del sujeto, es decir: a) Las económicas, políticas, culturales y militares; b) en las principales instituciones del SDCH, y c) en los niveles micro, meso y macro de la sociedad.

En este sentido, el grado de democracia de cualquier país puede investigarse con razonable exactitud, obteniendo una escala útil respectiva para todos los Estados de la sociedad global. Esta escala estaría formada en un extremo por la democracia (en el sentido expuesto) y en el otro, por la dictadura, dando lugar a una distribución de los SDCH existentes entre esos extremos. Es obvio que en la actualidad a ningún país pueda considerársele como una democracia real-participativa; en el rango de las democracias formales apenas habría alrededor de treinta Estados y en la democracia social el mismo número.

Sobre esta base de información empírica de democracia en cada país, puede determinarse también el grado de democracia realizable dentro de las condiciones objetivas de evolución del SDCH en un momento dado. Es decir, se puede calcular con razonables márgenes de error el grado de opresión o antidemocracia anacrónica ? fuera de su tiempo histórico ? en dichos sistemas.

LA DEMOCRACIA SOCIAL

En la medición de las tres dimensiones de la democracia, la social ?calidad de vida- es la más avanzada. El programa de la Organización de las Naciones Unidas para el desarrollo utiliza un conjunto de tres indicadores para tal fin: educación, ingreso per capita y esperanza de vida. El Banco Mundial emplea un conjunto de siete variables: aumento del consumo privado per capita, desnutrición infantil, mortalidad infantil, esperanza de vida, analfabetismo, población urbana y acceso a servicios sanitarios en áreas urbanas [The World Bank, 1999] . Pero el trabajo probablemente más profundo y crítico sobre el tema fue elaborado por el psicólogo Ernst F. Fuerntratt-Kloep en sus obras Equidad, justicia social y democracia, y Datos mundiales.

Fuerntratt-Kloep mide lo que llamamos la "democracia social" con un "índice de la calidad de vida material" que es el resultado de seis subíndices: 1. Nivel de vida material; 2. Salud pública; 3. Educación; 4. Situación de la mujer; 5. Equidad; 6. Progreso. Cada uno de estos subíndices está integrado, a su vez, por una serie de componentes y éstos, por variables. Por ejemplo, el subíndice Situación de la mujer está compuesto por cuatro componentes: 1. Equidad de género en la educación; 2. Derechos matrimoniales de las mujeres; 3. Derechos políticos de las mujeres; 4. Posición profesional de las mujeres. El componente "Derechos políticos" tiene los tres subcomponentes: 1. Mujeres en cargos municipales; 2. Mujeres en el parlamento, y 3. El derecho al aborto.

El subíndice nivel de vida material, tiene los componentes: 1. Alimentación básica; 2. Alimentación avanzada; 3. Cultura y transportes; 4. Consumo de bienes durables y de energía; 5. Comunicaciones y viajes; 6. Poder adquisitivo, y 7. Estabilidad económica.

El primer componente, "alimentación básica", se conforma por los subcomponentes: 1. Disponibilidad de calorías per capita; 2. Porcentaje de calorías disponibles con respecto al mínimo requerido; 3. Disponibilidad de proteínas per capital. El componente seis tiene dos subcomponentes: Producto Interno Bruto real per capita y gastos en recreación versus alimentación.

Avanzando las escalas de medición de la dimensión social de la democracia sobre el trabajo de Fuerntratt-Kloep resulta evidente que el conocimiento preciso de la situación real de la calidad de vida de los ciudadanos en los diferentes "barrios" de la aldea global, no enfrenta otro obstáculo que el de la falta de voluntad política de las actuales elites mundiales. Para el Nuevo Proyecto Histórico, tal diagnóstico será imprescindible a fin de emplear los recursos naturales y sociales del sistema global en un programa de rápida reducción de la abismal desigualdad en el nivel de vida material de los ciudadanos de las distintas regiones y países, debido a que se trata del sustrato material para el desarrollo de las otras dos dimensiones de la democracia real.

LA DEMOCRACIA FORMAL

El grado de democracia formal en un sistema social puede evaluarse en términos de la existencia y el funcionamiento efectivo de las siguientes instituciones, entendidas por el liberalismo político burgués como constitutivas de la democracia formal.

1. La división de los poderes políticos, descrita en la clásica obra de Montesquieu, el espíritu de las leyes.
2. La Constitución (Carta Magna), con una clara definición formal-democrática de los poderes, derechos y obligaciones de las entidades colectivas e individuales de la nación, el reconocimiento a la soberanía del pueblo como única fuente de legitimidad de las autoridades estatales y, por consiguiente, el derecho al tiranicidio.
3. Un sistema formal-democrático de elección de los representantes políticos de la nación, desde el nivel municipal hasta el federal.
4. El parlamento como representante de la soberanía del poder popular.
5. Una estructura federativa del Estado central.
6. La existencia de medios de información que no son propiedad del Estado.
7. El libre acceso y usufructo de la propiedad privada y la protección de la misma.
8. El Estado de derecho, incluida la protección de minorías, y
9. La dicotomía constitutiva entre la esfera privada y la esfera pública.

LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA

El concepto "democracia participativa" se refiere a la capacidad real de la mayoría de los ciudadanos de decidir sobre los principales asuntos públicos de la nación. En este sentido se trata de una ampliación cualitativa de la democracia formal, en la cual el único poder de decisión política reside en el sufragio periódico por partidos personajes políticos. En la democracia participativa, dicha capacidad no será coyuntural y exclusiva de la esfera política, sino que se hará permanente y extensiva a todas las esferas de la vida social, desde las fábricas y los cuarteles hasta las universidades y medios de información. Por primera vez en la historia, tenemos la tecnología y los conocimientos científicos para realizar esta democracia participativa, tal como se ilustra con algunos ejemplos en el ensayo "Teoría y Praxis del Nuevo Proyecto Histórico", más adelante.

La evaluación del grado de participación efectiva de las mayorías, en las decisiones trascendentales de la sociedad nacional, regional y global, puede realizarse mediante diferentes indicadores, tales como su grado de decisión sobre los presupuestos municipales, estatales, federales, etcétera.

Un concepto participativo de la Democracia
Este sitio aspira a promover los conceptos que sustentan la participación democrática y a ser un foro abierto de opinión en las gestiones destinadas a fomentar la democracia participativa como meta definitiva de la evolución democrática que conduce a un verdadero gobierno del pueblo. 

"La tragedia de las democracias modernas consiste en que ellas mismas no han logrado aún realizar la democracia",  afirmó Jacques Maritain hace más de medio siglo.  

Este sigue siendo el caso, pero es preciso reconocer que una de las principales virtudes de este mecanismo de gobierno es la de ser perfectible.  La democracia evoluciona hacia un grado cada vez mayor de participación en un clima de libertad y de respeto mutuo, que son sus pilares fundamentales.  Apunta a una meta que trasciende al parlamentarismo.  No obstante, la democracia participativa no ha pasado aún de su etapa teórica y en ningún país se han dado los pasos fundamentales que trasciendan los límites de las actuales democracias representativas.  

Este espacio cibernético puede convertirse en un vehículo de información, ideas y proyectos que propicien la apertura definitiva a sistemas de gobierno  con todos y para el bien de todos.

1.2. Evolución del significado del concepto "Democracia"

Clístenes (, año 508 a. de C.) es considerado como el iniciador de la democracia griega, aunque el término "democracia" se usara hasta más tarde con diferente significado. Fue Heródoto quien comenzó a emplear la palabra "democracia" para designar una forma de gobierno, en la que el poder residía en el pueblo, en todos los ciudadanos de la comunidad y no en un determinado sector.

Platón, en La República, hace un análisis de las formas de gobierno, de sus principios y también de las causas de los cambios. Al referirse a la democracia afirma que cuando se abusa de la libertad, pierde las bases sociales, degenera en corrupción y aparece la tiranía. Platón destaca la importancia de la virtud y la filosofía para los gobernantes; su gobierno es un gobierno de filósofos.

Aristóteles profundiza más en la organización y ejercicio del poder; planteó la célebre teoría de las seis formas de gobierno: la monarquía como gobierno unipersonal que atiende al interés general; la aristocracia como gobierno de unos pocos que se propone el bien común; la politeia como gobierno de la mayoría (excluyendo, eso sí, a los esclavos). Las degeneraciones de estas formas de gobierno son: la tiranía (orientada hacia el interés del monarca) de la monarquía, la oligarquía (centrada en el interés de los ricos y poderosos) de la aristocracia, y la democracia (centrada en el interés de los pobres) de la politeia. Pero ninguna de ellas atiende al provecho de toda la comunidad. (Aristóteles, Libro 3 No. 7).

El siguiente cuadro, basado en el que gobierna y en la forma de gobernar, esquematiza el planteamiento de Aristóteles:

QUIEN GOBIERNA?

Como Gobierno BUENO

Gobierno MALO

Uno solo

Monarquía

Tiranía

Pocas personas

Aristocracia

Oligarquía

Muchas

Politeia o Poliarquía, o Timocracia (basada en el consenso)

Democracia


Cicerón (106 - 43 a.C.), en su libro La República, hace una defensa entusiasta de la vida del hombre consagrado a la política. Para Cicerón, la óptima forma de gobierno es la que combina, en forma adecuada, justa y armoniosa, los mejores elementos de la monarquía, de la aristocracia y de la democracia.

Tanto Platón como Aristóteles, Cicerón y Séneca consideraban la democracia como la peor forma de gobierno. Sin embargo, los rasgos de la politeia aristotélica corresponden a las características de lo que más tarde se entendió por democracia.

En la Edad Media podemos destacar dos elementos básicos: la teocracia y la secularización política. La Teocracia con San Agustín y Santo Tomás; la secularización política con Guillermo de Occam.

San Agustín, siguiendo las teorías políticas teocráticas de la época, trata en La Ciudad de Dios el problema de la organización política en esta tierra y sus relaciones con la ciudad espiritual. En este contexto, los gobernantes deben ser servidores de los gobernados para lograr la Ciudad de Dios; el buen gobierno es aquel que se preocupa por la salvación de las personas.

Santo Tomás (1226-1274) parte del presupuesto de que el hombre es un ser social y político; y de que el gobierno tiene origen humano, pero debe depender de la divina providencia. Santo Tomás, aunque plantea la idea de soberanía y representatividad popular, destaca más la utilidad de un gobierno monárquico, ya que se acerca más a la idea de unidad.

Pero también plantea que, así como el gobierno del rey es el mejor, el del tirano es el peor. Con relación a la pregunta sobre si el pueblo tiene derecho a deponer al gobernante tirano o injusto, Santo Tomás dice que el pueblo, ante todo, debe evitar ofrecer al gobernante ocasión para tiranizar. Incluso afirma que, si la tiranía no es excesiva, es más útil tolerarla por algún tiempo que levantarse contra el tirano, a fin de evitar varios peligros que pueden ser más graves que la misma tiranía. Coloca un simpático caso de una anciana que, cuando todos en Siracusa estaban deseando la muerte del tirano Dionisio, solo ella rogaba por su salud. Cuando el tirano supo esto la mandó llamar para preguntarle el por qué; y la anciana le dijo: cuando yo estaba joven, teníamos un tirano muy molesto y yo le deseaba la muerte; y después de haber sido muerto, llegó un tirano peor que el primero y yo también le deseaba la muerte; después llegaste tú, el tercero y peor que ellos, y así entiendo que si te quitasen el gobierno, sucedería en tu lugar otro peor que tú.

Guillermo de Occam (1280 - 1350), escritor inglés, franciscano, defendió los derechos del poder temporal contra las pretensiones del Papado, ya que el imperio es anterior al papado.

En la Edad Moderna se pasa del absolutismo al liberalismo.

Varios de los escoláticos medievales como Santo Tomás de Aquino, Juan de París y Marsilio de Padua, avanzaron la soberanía y la representatividad popular, las cuales fueron reafirmadas por escolásticos y humanistas modernos como Vitoria, Suárez y Santo Tomás Moro; estos últimos iniciaron también la formulación y sistematización de los derechos humanos e internacionales.

Maquiavelo (1469-1527) defiende la autoridad del Príncipe con el fin de lograr la creación de un Estado-nacional para Italia; y plantea que el gobernante debe ser como el centauro Chirón, mitad hombre y mitad bestia, ya que debe usar ambas naturalezas. Debe ser zorro para conocer las trampas que le puedan colocar sus enemigos; y león para asustar a los lobos que quieren devorar el rebaño. Finalmente, coloca tres bases para un estado moderno: buenos gobernantes, buenas leyes y buenas armas.

Tomás Hobbes (1588 - 1679), en sus obras "Leviatán", "El Ciudadano" y "El Cuerpo Político" plantea la tesis de un Estado fuerte para la regulación y el orden social, ya que la naturaleza del ser humano es vivir en un estado de guerra permanente, como consecuencia del egoísmo.

John Locke (1632 - 1704), en su "Ensayo sobre el Gobierno Civil", propugna por un gobierno de hombres libres e iguales; a diferencia de los gobiernos absolutistas, habla de un gobierno civil, no para súbditos, sino para ciudadanos iguales y libres. En el contrato social está el origen del Estado y del gobierno por consenso, porque son los ciudadanos los que delegan al Estado para que les de protección y seguridad; pero, los ciudadanos siguen siendo titulares de sus derechos naturales (derecho a la vida, libertad...), de tal manera que si los gobernantes se apartan de su misión, pueden revocar su mandato y fundar un nuevo gobierno. Finalmente, Locke desarrolla la teoría de la organización tripartita del poder: ejecutivo para los asuntos internos; ejecutivo para los asuntos internacionales y legislativo como supremo poder del Estado.

Montesquieu (1689 - 1755), en la concepción tripartita de poderes, hablaba del poder ejecutivo, legislativo y judicial como forma de control entre los poderes; describe las tres formas habituales de gobierno (republicano, monárquico y aristocrático), y tipificó a la república democrática por la virtud de los ciudadanos, igualitarios, sencillos en costumbres y sacrificados por el bien común.

Alexis De Tocqueville (1805 - 1859) fue un entusiasta de la democracia norteamericana, pero también se preocupó por identificar los peligros que corría la libertad en las diversas formas de gobierno, incluida la democracia.

En la época contemporánea, se vivió el socialismo utópico con Tomás Moro (1478 - 1535), especialmente en su obra "Utopía"; con Tomás de Campanella en su obra "La ciudad del sol"; y el socialismo científico con Carlos Marx y Federico Engels.

De otra parte, surgió el neoliberalismo con John Keynes y Galbraith; e hicieron su aparición nuevas corrientes del marxismo con Marcuse, Althusser, Gramsci, y las corrientes políticas del fascismo y del nacional-socialismo.


1.3. La democracia en América Latina y el Caribe

A partir de la Independencia, la democracia pasó a ser el sistema político dominante en América Latina y el Caribe, no exento de grandes y graves problemas en su desarrollo. Siempre se ha mantenido en muchos de nuestros países un movimiento pendular entre democracia y autoritarismos de diversos signos.

En los últimos años, la convivencia democrática se ha venido deteriorando, entre otros factores por la corrupción administrativa, por los distanciamientos de los liderazgos partidistas con relación a los intereses de las bases y las reales necesidades de la comunidad, por los vacíos programáticos de los diversos partidos políticos, por el clientelismo político, por el populismo, por la poca participación de la ciudadanía. En definitiva, son gobiernos elegidos por el pueblo, pero no orientados eficazmente al bien común. (Cfr. SD 192)

Un fenómeno nuevo, la globalización, ha estimulado la expansión de la democracia y la promoción y defensa de los derechos humanos. "En el ámbito civil, pero con implicaciones morales inmediatas, debe señalarse entre los aspectos positivos de la América actual la creciente implantación en todo el Continente de sistemas políticos democráticos y la progresiva reducción de regímenes dictatoriales" (EAm, 19). La Conferencia Mundial de Derechos Humanos (Viena, 1993) exhorta a la comunidad internacional a "apoyar el fortalecimiento y la promoción de la democracia, el desarrollo y el respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales en el mundo entero" (No.8).

En el campo específico de los derechos humanos, la globalización ha ayudado a entender que éstos son universales, indivisibles e interdependientes. En la Declaración y Programa de Acción de Viena, con motivo de la Conferencia Mundial de Derechos Humanos en 1993, se dice explícitamente que "la comunidad internacional debe tratar los derechos humanos en forma global y de manera justa y equitativa, en pie de igualdad y dándoles a todos el mismo peso" (No.5).

Sin embargo, en otros aspectos, la globalización, como se está presentando en la actualidad, afecta la vida política de los pueblos. Tomemos como ejemplo, el papel del Estado que resulta gravemente afectado por la globalización de la mayor parte de las actividades económicas, culturales, comunicacionales e, incluso, por la globalización de la delincuencia (Castells, p. 272, 1998). El Estado-nación se enfrenta a tres grandes retos relacionados con la globalización: la globalización y el entrecruzamiento de la propiedad; la flexibilidad y penetración de la tecnología; y la autonomía y la diversidad de los medios de comunicación. (Castells, 1998, p. 282).