Socialismo obrero

Ciencias sociales. Clases. Marx. Antecedentes. Estalinismo. Ideología. Anarquimo. Sindictos. Huelgas

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TESIS

El movimiento obrero comienza a principios del S. XIX con la intención de superar la mala condición laboral y la miseria en la que se encontraba la mayor parte de la sociedad ubicada en los suburbios después de la revolución industrial. La situación no era lamentable solo en ese aspecto si no que también las zonas agrícolas sufrían las consecuencias, lo que llevo a la creación de asociaciones de campesinos con la intención de acabar con la situación en la que se encontraban.

Para salir de esta situación los ilustrados crearon varias ideologías: el socialismo científico, el socialismo utópico y el anarquismo.

Yo me pondré en el lado del socialismo para mejora del estado de los trabajadores y para mejora también de la situación de la sociedad, llevándola a una transformación.

El creador del socialismo fue Karl Marx, Marx parte de la lucha de clases, expresión de las relaciones de producción e intercambio que van desarrollando la historia hasta la última etapa, en donde el proletariado toma el poder, suprime las clases sociales y se inicia una sociedad sin divisiones ni antagonismos, en razón de que los medios de producción son de propiedad colectiva. Con la supresión de las clases sociales.

Marx comenzó a practicar sus ideas mediante el comunismo, para conseguir sus metas en lo referente a algunos países europeos y más concretamente a España; sin embargo el comunismo ruso fue la causa del resultado de una dictadura por parte del gobierno que no dio libertad de vida a las personas mientras que también obtuvo mejoras en la sociedad.

Mi postura es a favor del socialismo ese socialismo que se adapta, que pretende la mejora de la sociedad y que no niega los cambios que se hacen a medida que pasan los años.

Este socialismo se implantó en los países europeos, este ha ido convirtiéndose a la vez que se producían cambios en la sociedad llegando al poder político de la misma e intentando la mejora de esta lo antes posible.

El socialismo científico al mismo tiempo no critica la revolución industrial ya que cree que de ese modo cada vez se trabajará menos en la agricultura y más en la industria.

SITUACIÓN DE LOS OBREROS EN EL SIGLO XIX:

Los salarios de los jornaleros eran de 2 reales y los de los especialistas de 10 reales. Las mujeres debían cobrar la mitad del salario de los hombres y al mismo tiempo, los niños la mitad que el de las mujeres.

Las jornadas laborales tenían horarios entre 12 y 16 horas y tan solo descansaban los lunes. Los jornaleros trabajaban por temporadas y cobraban únicamente las jornadas que trabajaban.

Los locales donde trabajaban tenían poca ventilación, carecían de higiene y mantenían temperaturas insoportables.

La maquinaria no tenía medidas de seguridad y las más conocidas eran las selfactinas importadas de Gran Bretaña, estas maquinas tenían mala fama ya que se consideraban demasiado peligrosas para realizar los trabajos.

La gran cantidad de mano de obra provocaba paro y despido libre. Un abundante índice de desempleados llegó a formar parte de las filas de los llamados “miserables”.

Las familias gastaban diariamente una cantidad en torno a los 8 reales. Más de la mitad de los gastos iban dirigidos a la alimentación y el resto a la vivienda y otras necesidades más secundarias como por ejemplo las comidas, el pan suponía el gasto de la mitad de sus salarios.

Los obreros se mantenían casi de un modo marginal en los suburbios. Los servicios eran comunes por lo que se generaban epidemias y se contagiaban muchas enfermedades.

IDEOLOGÍAS DEL MOVIMIENTO OBRERO:

El socialismo utópico: El socialismo utópico (nombre puesto por Marx) es una ideología política que intenta mejorar las condiciones de vida de los obreros contando con la buena voluntad de los empresarios.

Se caracterizan por su carácter teórico y por la abundancia de proyectos. Los socialistas utópicos consideraron que la igualdad política resultaría alcanzable mediante el logro de la económica. Partían de que el hombre en estado natural era bueno, y que la propiedad era la vida individual y la economía y que todos los hombres colaborarían libre y voluntariamente.

Destacan Joaquín Abreu en Cádiz, Pi i Margall y Narcís Monturiol en Barcelona y Fernando Garrido en Cataluña

Anarquismo: Aparece con el sexenio revolucionario, antes que el marxismo; ideología rival con la que va a tener numerosos enfrentamientos. Su ideología se basa en la importancia de la libertad, la negación de cualquier tipo de jerarquía, la importancia de la educación y la consecución de la sociedad libertaria.

Aunque como el marxismo persigue la mejora de las condiciones de vida de los obreros, se diferencia de él en su mayor heterogeneidad, su negación a participar en la vida política y la autoridad, su rechazo de la colectivización y existencia del estado.

El anarquismo supone un rechazo en bloque al proceso industrial y parece mirar con nostalgia hacia el pasado, hacia el mundo agrario, de pequeños grupos humanos: se trata de un movimiento con escasa coherencia doctrinal. Sus planteamientos de actuación se acercan hacia lo sindical en su estado más puro. Se trata de una doctrina de gran importancia en algunos países europeos en los que el movimiento obrero se alejó de posturas políticas.

En el seno de la Primera Internacional chocó con el marxismo (mucho más estructurado dogmáticamente hablando) hasta producir la escisión.

Entre los pensadores anarquistas cabe mencionar a Godwin, Prouhdon, Bakunin y Kropotkin; si bien la influencia de Proudhon es grande Bakunin es la figura que mayor papel jugó en los movimientos sociales del XIX.

Marxismo(socialismo científico): Introducido en España, durante el sexenio revolucionario, va a ser la ideología más importante del movimiento obrero.

Sus principios ideológicos se basan en la destrucción del capitalismo y su sustitución del comunismo para conseguir la igualdad, no sólo política sino también social y económica.

Sobre presupuestos filosóficos y postulados de economía política Marx analiza la sociedad industrial y, a partir de ello, sienta las bases de una ciencia general del desarrollo humano.

Prácticamente todos los campos del saber modifican sus fundamentos tras las aportaciones de Marx, que desde una interpretación materialista de la historia buscó una explicación a los fenómenos sociales en las relaciones de producción entre los hombres: Llegó a la conclusión de que los hechos históricos son relaciones, no anécdotas, y el primer hecho en la vida del hombre es la satisfacción de las necesidades materiales.

El ser social determina la conciencia social. No son las grandes ideas ni los héroes los que cambian el mundo, es lo material y colectivo (las condiciones materiales. "No es la conciencia del hombre lo que determina su ser, sino el ser social lo que determina su conciencia”

Correspondencia entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Al cambiar las fuerzas cambian las relaciones de producción. "El molino de mano crea la sociedad de los señores feudales, el molino de vapor la sociedad de los capitalistas industriales".

Relación dialéctica entre la base económica (infraestructura) y la ideología jurídico-política (superestructura). Ambas nacen en un determinado momento histórico y marcan una época. Cuando la infraestructura es sustituida se produce una sustitución de la superestructura y el nacimiento de una nueva época: a lo largo de los siglos una base económica determinada es sustituida por otra y con ella desaparece la vieja superestructura ideológica, engendrándose otra.

Lucha de clases. Los acontecimientos históricos vienen marcados por los grupos sociales: si bien un individuo puede ser desinteresado, el colectivo (lo social, la suma de individuos) nunca lo es. El papel de la Historia no lo juega el individuo, sino el grupo, que lucha por sobrevivir. Desde el mundo primitivo ha habido una organización de los individuos ateniendo a su posicionamiento en la estructura positiva (clase social) y siempre ha habido una hostilidad entre los grupos basada en la explotación que unos grupos han ejercido sobre otros. Esta lucha, cree Marx, es positiva ya que será factor de progreso, de cambio (revolucionaria). Será la vía de liberación del proletariado. Los tipos de lucha de clase son tres:

Lucha económica En busca de reformas parciales( salarios, viviendas…)

Lucha política. Tiene como objetivo conseguir el control en la sociedad y por tanto el poder y desde él rediseñar las relaciones sociales. En esta lucha podrían utilizarse "armas ilegales " (insurrección, huelga) o bien "armas legales" (elecciones parlamentarias, leyes..)

Lucha ideológica. La lucha se hace consciente cuando el proletariado alcanza la conciencia de clase.

La lucha de clases no constituye un ideal, es más: llegará un momento en que desaparezca, y ese futuro será el siguiente:

  • Sociedad sin clases. El comunismo implicaría la desaparición de las clases ya que en una situación de autogobierno desaparecerían las tensiones sociales al desaparecer las relaciones desiguales de los individuos con los medios de producción.

  • Dictadura del proletariado. (Una de las ideas más polémicas ya que nace de un análisis posterior de los marxistas sobre una idea tal vez no muy elaborada por Marx) Partiendo de la base de que el Estado es la más importante superestructura de una sociedad, y de que el Estado burgués es, por tanto, la imposición de los valores y principios de la burguesía (dictadura de la burguesía), una vez creada la conciencia de clase, y usadas las armas de acceso al poder, la dictadura del proletariado sería la palanca para transformar la sociedad y llegar a insertar en ella los valores de una sociedad sin clases.

  • Plusvalía. (Constituye uno de los aspectos esenciales de "Das Kapital" ampliado y matizado en obras posteriores).Toda mercancía exige un gasto de energía por parte del trabajador. Marx rechaza identificar valor del producto con demanda y defiende que el valor depende del trabajo realizado para su producción. Pero al trabajo del trabajador se le viene comprando a un precio (el salario) y es usado más allá del precio pagado. La diferencia entre el precio a que el capitalista compra el trabajo y el precio a que vende la mercancía producida con ese trabajo es a lo que Marx llama plusvalía. Denuncia Marx que, si el obrero cobrara por lo que de verdad produce, no habría capitalismo. Esta plusvalía, por acumulación histórica, ha generado el capitalismo y los capitales. A esta plusvalía absoluta, añade Marx, la sucede la Plusvalía relativa: en el mundo industrial la mecanización permite comprar menos mano de obra y aumentar la rentabilidad mediante la mecanización.

EVOLUCIÓN DEL SOCIALISMO A NIVEL MUNDIAL:

El socialismo llamado científico se inicia con Carlos Marx y Federico Engels, los dos de nacionalidad alemana. Carlos Marx, nacido en el seno de una familia de la clase media, es educado en la filosofia de la izquierda hegeliana, en sus escritos cita los problemas sociales, económicos y políticos derivados de la revolución industrial, desde un punto de vista filosófico, histórico y económico; establece un riguroso análisis crítico de la estructura de la sociedad burguesa y capitalista y propone su supresión por otras soluciones alternativas, en las que el proletariado industrial desempeñaría un papel decisivo. Iniciada la colaboración con Federico Engels desde los años de exilio en Bruselas en 1845 y continuada durante el resto de su vida, publican conjuntamente, poco antes de la revolución de 1848, el Manifiesto Comunista. La aparición de este Manifiesto señala la línea divisoria entre el socialismo utópico y el llamado científico. Con este último se establece un análisis filosófico-económico e historicista de las fuerzas que operan en la sociedad capitalista y burguesa que en ese momento se estaba viviendo. Se aclara la idea de que la vía para transformar la organización de la sociedad está ligada a la conquista del poder político. Marx y Engels afirmaban que el proletariado sería la única fuerza revolucionaria capaz de dar vida a un orden social nuevo en sustitución de la sociedad burguesa que, a su vez, había abatido la sociedad feudal; que para la consecución de este objetivo final la lucha proletaria debía producir el mismo carácter internacional que tenía el capitalismo. Lucha que no debía limitarse a la elaboración de programas como lo habían hecho los socialistas utópicos, sino orientarse a la conquista del poder, para lo cual se requería una organización partidista, centralizada y bien cohesionada.

Posteriormente, Carlos Marx se entrega de lleno a la tarea de madurar los fundamentos doctrinales del marxismo: la concepción materialista de la historia y la teoría del valor, que quedan plasmados en su obra fundamental, El Capital, cuyo primer volumen apareció en 1867. Sus formulaciones teóricas parten de la idea de la evolución dialéctica de la Humanidad, de clara procedencia hegeliana, que a él le sirve para justificar una actitud revolucionaria contra el presente y el pasado. Por otro lado, frente al idealismo de Hegel, que ponía en la idea divina el motor de la dialéctica histórica, Marx contrapone una concepción materialista: el trabajo del hombre, motor de la historia; es decir, las condiciones económicas determinan el curso de la historia y de todas las relaciones sociales, instituciones, costumbres y creencias. Sus teorías suponen una notable aportación al análisis histórico con el estudio del factor económico operativo en los acontecimientos humanos. Ofrece, pues, una interpretación unilateral de la historia al reducirlo todo a factores económicos. Lo mismo ocurre con su crítica de la sociedad burguesa, a la que reconoce una labor positiva, como renovadora de los sistemas de producción frente al estancamiento de la economía de tipo feudal, pero a la que fustiga duramente y a la que vaticina un próximo final a causa de sus mismas contradicciones internas, que han generado un antagonista, el proletariado, la clase revolucionaria por excelencia, llamada a crear una sociedad sin clases.

Sus teorías económico-filosóficas y sus programas de acción sirvieron de base ideológica a la acción política del socialismo en la segunda mitad del siglo XIX y a la mayoría de los movimientos obreros. Su importancia histórica estriba en que su pensamiento ha condicionado buena parte de la historia social y política de la Edad Contemporánea y ha impulsado cambios fundamentales en las estructuras económicas y sociales.

EVOLUCIÓN DEL SOCIALISMO ESPAÑOL:

Tras la proclamación del nuevo régimen republicano tanto el PSOE como su central sindical, la UGT, vieron multiplicar su afiliación. Así el primero alcanzaría pronto los 75.000 militantes mientras que la segunda llegaría en los meses siguientes hasta casi los 655.000 afiliados, convirtiéndose el socialismo en el mayor movimiento de masas. Celebradas las elecciones a Cortes Constituyentes en el mes de junio obtuvieron casi dos millones de votos que se tradujo para el PSOE en ser la fuerza más votada y obtener un total de 123 diputados. En las elecciones municipales habían obtenido 347 alcaldes, 889 tenientes de alcalde y 4.244 concejales. Todo ello convertía al PSOE en la primera fuerza de la República .

Aunque no procedieron a presidir el nuevo gobierno ni los inmediatos, cuyas jefaturas recayeron en los republicanos -primero Niceto Alcalá Zamora y desde octubre de 1931 Manuel Azaña Díaz- los socialistas prestaron su apoyo y pasaron a formar parte del mismo, ocupando algunas de las carteras de mayor sensibilidad para ellos como por ejemplo las de Instrucción Pública, Hacienda, Justicia, Obras Públicas y Trabajo. Desde dichos ministerios se acometieron numerosos proyectos y reformas sin excesivos problemas dada la mayoría de la coalición republicano-socialista si bien los radicales de Alejandro Lerroux García -el partido republicano más votado- no tardaron en plantear problemas desde el interior y los anarquistas desde el exterior gubernamental, tanto en el ámbito laboral industrial como en el rural con un campesinado que esperaba ver los efectos de la anhelada reforma agraria.

Precisamente sería en el mundo rural donde se dieron los trágicos y ya abordados sucesos de Casas Viejas de enero de 1933 que contribuyeron a desestabilizar el gobierno de coalición presidido por Azaña, quien por dos veces le fue retirada la confianza por el presidente de la República Alcalá Zamora -la última en el mes de septiembre- y dio paso al efímero gabinete presidido por Lerroux en el que no contó con los socialistas, lo cual terminó por provocar la ruptura de la coalición y consiguiente convocatoria de elecciones generales para el 19 de noviembre de ese mismo año . Curiosamente mientras las derechas alfonsinas cargaban la responsabilidad de lo acontecido en la aldea gaditana sobre el propio Azaña, anarquistas y comunistas -que nunca admitieron la coalición- acusaron directamente de ello a los socialistas.

El resultado electoral fue favorable a las derechas -la CEDA con 115 diputados- gracias a la abstención propugnada desde las filas anarquistas -segundo movimiento de masas del país- como castigo por los sucesos de Casas Viejas. Aquellas formaron coalición gubernamental con el Partido Radical del incombustible Lerroux -que había subido hasta los 102 diputados-, dando comienzo al bienio radical-cedista o a lo que las izquierdas denominaron "Bienio Negro".

Por el contrario el PSOE vio reducido su número de diputados hasta 58. En su interior se abrió un profundo debate donde se enfrentaron los diferentes sectores -especialmente los liderados por Francisco Largo Caballero y Julián Besteiro- que pugnaron por imponer su visión de la situación, las causas de lo sucedido y cual debía ser el camino a seguir. De dicha confrontación salió vencedor Largo Caballero que inició su periodo de máximo poder al frente del socialismo español ya que llegó a aglutinar la presidencia del PSOE, la secretaría general de la UGT y un indiscutible liderazgo sobre las Juventudes Socialistas, que comenzaban a llamarle el "Lenin español" .

El camino a seguir fue el revolucionario ante el convencimiento que tenían del peligro que existía para la República del aumento y posición adoptada por la derecha alfonsina que se había declarado enemiga del nuevo régimen en numerosas ocasiones. Para ello se constituyó previamente bajo la presidencia del propio Largo Caballero un comité específico formado por representantes del PSOE, de la UGT y de las JJ. SS., así como de ir recabando apoyos entre otros partidos y sindicatos obreros para cuando llegara el momento decisivo. En julio de 1934 Azaña mostró el interés de los partidos republicanos por participar en un acontecimiento de tal naturaleza con vistas a formar posteriormente una nueva coalición gubernamental socialista- republicana, sin que en principio se le hiciera mucho caso ya que los socialistas consideraban viciado al actual régimen y opinaban que aquello era una cuestión exclusiva del proletariado donde la burguesía aunque fuera de izquierdas poco tenía que ver ni hacer. Se establecieron enlaces con comunistas y se acordó -excepcionalmente- una alianza entre la UGT y la CNT en Asturias.

La entrada en el poder con varios ministros de la CEDA en el ejecutivo a principios de octubre de ese mismo año desencadenó todo el operativo revolucionario dispuesto y se declaró la huelga revolucionaria por todo el país que desembocó en violentos enfrentamientos armados contra las fuerzas de orden público, si bien su incidencia y gravedad fue muy diferente según la zona geográfica afectada. La de Asturias, precisamente debido a la alianza de los dos sindicatos obreros mayoritarios fue la más virulenta y sangrienta, extendiéndose durante dos semanas y siendo necesario para reprimirla el envío de fuerzas del Ejército, incluidas las expresamente enviadas desde el norte de Africa, llevándose a cabo seguidamente una durísima represión. En Cataluña la Generalitat proclamó el Estado catalán dentro de una República federal española pero fue rápidamente reducida ante una CNT mayoritaria y de gran peso específico que no quiso involucrarse al considerar que los objetivos que se perseguían eran más políticos que sociales.

Tras todo ello llegó la persecución gubernamental en forma de detenciones masivas, clausuras de locales sindicales y casas del pueblo, disoluciones de organizaciones obreras, etc., que constituyeron un magnífico caldo de cultivo para que los comunistas -cambiando de estrategia por mandato de la Comintern- comenzaran a realizar su campaña de captaciones entre aquellos millares de obreros desorientados por la situación actual. Sería en dicho marco donde terminaría por producirse el ingreso de la sindical comunista CTGU en la UGT así como de la fusión de las juventudes socialistas y comunistas. Largo Caballero fue precisamente quien impulsó ese acuerdo global, político y sindical con los comunistas, algo que no fue del agrado de los republicanos pero que finalmente tuvieron que aceptar.

No obstante en diciembre de 1935 surgiría una nota discordante al romperse la tradicional vinculación orgánica entre la dirección de la UGT y del PSOE, con la dimisión de Largo Caballero -siempre enfrentado a las posiciones de Indalecio Prieto- y sus seguidores de corriente de los órganos de dirección del partido. Durante los dos años que permanecería esta situación, dicho dirigente intentaría sin demasiado éxito convertir a la central sindical en un instrumento político .

Las disensiones y problemas que surgieron en la coalición radical-cedista terminaron por provocar su ruptura y se convocaron nuevas elecciones generales para el 16 de febrero de 1936. Sin embargo esta vez las izquierdas presentarían un frente común, el Frente Popular, donde los socialistas ocupaban una importante posición.

El resultado electoral fue favorable en esta ocasión para las izquierdas que no se vieron castigadas con la abstención anarquista. Obtuvieron un total de 263 diputados -88 eran del PSOE- frente a los 210 de los partidos de centro y de derechas. Los republicanos comenzaron a gobernar en solitario, ya que los socialistas desde septiembre de 1933 no estaban dispuestos a participar en más coaliciones gubernamentales, deseando hacerlo cuando llegara el momento -por vía constitucional- en exclusividad. Conforme a la aspiración de Largo Caballero, la intención era alcanzar un gobierno exclusivamente obrero, sin presencia republicana burguesa alguna, lo cual significaría un avance hacia el socialismo dentro de la legalidad. Si la derecha reaccionaria intentaba invadir el poder la clase obrera reaccionaría y el resultado final sería el mismo, pues el poder sería entregado al PSOE. Dentro de esa estrategia largocaballerista tenía cabida la progresiva fusión con los comunistas -si bien es cierto que cada uno reclamaba la hegemonía para si- que en el ámbito de Cataluña dio lugar a la creación del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) -que se adhirió de inmediato a la Internacional Comunista- como consecuencia de la fusión del la Federación Catalana del PSOE, de la Unión Socialista de Cataluña, del Partido Catalán Proletario y del Partido Comunista de Cataluña .

EVOLUCIÓN DEL ANARQUISMO ESPAÑOL:

En junio de 1931 la CNT -que se había reorganizado y aumentado en gran número su militancia como consecuencia del régimen de libertades que trajo la República y haber abandonado la forzada clandestinidad de la etapa anterior- celebró en Madrid un congreso al que asistieron 418 delegados en representación de 511 sindicatos que englobaban a 535.565 afiliados y en el que se organizaron las federaciones nacionales de industria, se reconocieron los derechos a los estatutos regionales -conforme a los principios federalistas consustanciales con la esencia del anarquismo-, se planteó la puesta en práctica de una muy anhelada reforma agraria que expropiara los latifundios a los grandes terratenientes y concediera su usufructo a los campesinos y, se debatió la postura a adoptar respecto al nuevo parlamento republicano.

Los partidarios de su reconocimiento consideraban que "las Cortes Constituyentes son un producto de un hecho revolucionario, hecho que directa o indirectamente tuvo nuestra intervención", mientras que los detractores denunciaban dicha postura como colaboracionista y contraria a los principios puristas del anarquismo que tampoco concebía a los regímenes republicanos. Realmente volvían a reproducirse las divisiones entre los "posibilistas" y los "puristas", éstos últimos ya orientados por la FAI, que a pesar de su escasez numérica, tenía gran influencia doctrinal en amplios sectores de la Confederación. Aunque finalmente impusieron sus tesis los primeros si bien reconociendo que desde ese momento "estamos frente a las Cortes Constituyentes como estamos frente a todo poder que nos oprima", la confrontación alcanzada abrió una profunda crisis interna, formándose entre sus cuadros dirigentes dos grupos divergentes que terminaron por provocar la escisión.

El primero estaba constituido por la treintena de firmantes de un público manifiesto encabezado el 30 agosto de 1931 desde Barcelona por figuras tan significativas de la CNT como Sebastián Clará, Juan López Sánchez, Juan Peiró Belis y Angel Pestaña Núñez, entre otros . Básicamente defendían la idea de que la revolución no podía ser obra de una minoría, sino de las masas sindicales. Su criterio es diametralmente opuesto al representado por el sector de los faístas ya que "no fía la revolución exclusivamente a las minorías más o menos audaces, sino que quiere que sea un movimiento arrollador de masa, de la clase trabajadora caminando hacia su liberación definitiva" y condenaban expresamente "la violencia por la violencia". Poco más de un mes antes se había llevado a cabo la huelga de la Telefónica -incluso frente a la postura del propio ejecutivo republicano- que se había saldado con 30 muertos, 200 heridos y más de 2.000 huelguistas detenidos .

Los anarquistas fueron demostrando con sus actos que no estaban dispuestos tampoco a acatar el nuevo régimen republicano y éste para defenderse de las agresiones de todo signo e ideología, dictó el 20 de octubre de 1931 la Ley de Defensa de la República, que "Solidaridad Obrera" -órgano de expresión anarcosindicalista- se encargó de denunciar como "el pretexto para intensificar la persecución contra la CNT e imposibilitar el regular funcionamiento de los sindicatos" .

La reacción de los puristas y doctrinarios de la FAI y de los dirigentes más radicales de la CNT, entre los que destacaban Felipe Alaiz de Pablo, Buenaventura Durruti Domingo, Juan García Oliver y Federica Montseny Mañé, fue resolutivamente dura pues excluyeron, tras el Pleno Regional celebrado en la localidad catalana de Sabadell en abril del año siguiente, a los firmantes de los puestos de dirección y responsabilidad en la Confederación, además de causar la salida de la misma de diversas federaciones catalanas y levantinas.

Los firmantes a su vez formaron posteriormente -frente a los excesos faístas que se habían hecho con el control de la CNT- los denominados Sindicatos de Oposición, la Federación Sindicalista Libertaria y el Partido Sindicalista, con arraigo principalmente en las regiones catalana y valenciana así como en las provincias de Cádiz y Huelva.

El Partido Sindicalista fue planteado por su fundador, Angel Pestaña Núñez, partiendo de la premisa de que debía ser la expresión política de la fuerza sindical de la CNT, algo que realmente ni consiguió ni se le reconoció desde la propia Confederación y que curiosamente si atraería más tarde la atención de José Antonio Primo de Rivera Sáenz de Heredia y Ramiro Ledesma Ramos, fundadores respectivamente de Falange Española (FE) y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas (JONS).

Si bien la CNT se encontraba entre las organizaciones con mayor capacidad de acción y movilización de masas de la Segunda República -se llegó a estimar que ya entonces contaba con un millón de afiliados- la realidad era que su capacidad de alcance y éxito en cuanto a los objetivos revolucionarios planteados dejaba bastante que desear. Todo ello como consecuencia de su propia idiosincrasia ideológica, de la falta de una dirección o jefatura única, de su profunda descoordinación, del constante enfrentamiento entre posibilistas y faístas así como consecuentemente de la ausencia de una estricta disciplina interna entre su militancia, virtudes que en cambio constituirían los puntales básicos del entonces todavía incipiente Partido Comunista.

La violencia revolucionaria anarquista - la denominada "acción directa" e impulsada por los faístas- continuó haciendo acto de presencia en la vida social y política republicana a través de las huelgas, sabotajes y constantes conflictos de orden público. En este primer periodo hay que resaltar también la aprobación de la Ley de Jurados Mixtos de 27 de noviembre de 1931, que fue considerada por los anarcosindicalistas como una verdadera agresión, ya que en ella se establecía la formula del arbitraje para intentar solucionar los problemas, lo cual se oponía radicalmente a la preconizada "acción directa" de los faístas.

La primera intentona insurreccional anarquista se produjo el 18 de enero de 1932 y días siguientes en la cuenca minera del Alto Llobregat y del Cardoner, con una efímera proclamación del "comunismo libertario" que fue inmediatamente reprimida siendo deportados a nuestros territorios coloniales de Guinea Ecuatorial más de un centenar de militantes de la CNT Mención especial merece ese mismo año la creación de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL) que si bien supuso savia nueva respecto a sus "hermanos mayores" de la CNT y de la FAI, terminaría por seguir sus pasos.

Sin embargo los sucesos que más impacto, trascendencia y consecuencias registraron, fueron los acontecidos en la pequeña localidad gaditana de Casas Viejas los días 11 y 12 de enero de 1933. La lenta ejecución de la Ley de Reforma Agraria -aprobada el 15 de septiembre de 1932- y que perseguía principalmente dotar de tierras a los campesinos sin propiedad- debido a la falta de fondos para indemnizar a los latifundistas además de las reticencias de éstos, unido a las constantes proclamas revolucionarias libertarias de los faístas, terminaron por provocar que tres días antes, se iniciaran una serie de violentas acciones revolucionarias en diferentes puntos del campo español que tuvieron su trágica eclosión en Casas Viejas . La proclamación del comunismo libertario y el ataque a la casa-cuartel de la Guardia Civil terminó saldándose con una brutal represión ejecutada por fuerzas de la Guardia de Asalto procedentes de Madrid en la que resultaron muertos más de una veintena de campesinos, además de tres agentes del orden.

El escándalo político que surgió como consecuencia de ello -hábilmente explotado en las Cortes y en la prensa por las derechas- contribuyó a hacer caer pocos meses después al gabinete republicano-socialista presidido por Manuel Azaña Díaz. Este sufriría además en las Elecciones Generales del 19 de noviembre de 1933 un duro castigo al preconizarse la abstención anarquista -"frente a las urnas, la revolución social"- que propició significativamente el triunfo electoral a las derechas que a su vez pactaron con los radicales para formar nuevo gobierno.

Durante el denominado "Bienio negro" derechista la situación de constante confrontación política y social desde las filas anarquistas, comunistas y socialistas contra el gobierno fue agravándose cada vez más. La coalicción radical-cedista fue debilitándose progresivamente y el 1 de octubre de 1934 se incluyó por primera vez una terna de tres ministros de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) en el nuevo gabinete encabezado por Alejandro Lerroux García al objeto de hacerse cargo de los puntos más débiles e importantes de sus socios radicales: Trabajo, Justicia y Agricultura. Tres carteras por cierto de alta sensibilidad izquierdista y libertaria.

Nada más convocarse el nuevo gobierno se declaró una huelga general revolucionaria que paralizó a numerosas capitales de provincia de casi todo el país, llegando a ser extremadamente violenta en la zona de Asturias, donde los anarquistas se sumaron incondicionalmente al intento revolucionario promovido por los socialistas como consecuencia de los numerosos contactos que se venían realizando con anterioridad entre la CNT y la Unión General de Trabajadores (UGT).

La denominada "Revolución de Octubre" apenas duró dos semanas, iniciándose en Cataluña con la proclamación de una independencia inmediatamente abortada y en Asturias con el ataque y asalto de los centros oficiales y acuartelamientos de la Guardia Civil y de la Guardia de Asalto, causando numerosas bajas entre las mismas y que serían multiplicadas posteriormente entre los revolucionarios como consecuencia de la fuerte represión ejercida en los días siguientes por las fuerzas del Ejército -incluidas unidades procedentes del norte de África- que se enviaron para sofocar la rebelión. Los anarquistas al igual que el resto de las organizaciones y partidos participantes en aquella intentona fueron objeto de persecución institucional practicándose numerosas detenciones entre sus militantes si bien es cierto que desde sectores comunistas y socialistas se les acusara de no haberse entregado activamente y muy especialmente en Cataluña donde eran la fuerza más poderosa.

Tras los sucesivos escándalos protagonizados por el Partido Radical -el estraperlo y el expediente Tayá o caso Nombela- además del empeño del ministro liberal de Hacienda Joaquín Chapaprieta Torregrosa, en sacar adelante su plan general, en contra del criterio derechista, junto a otras cuestiones, terminaron por llevar a su quiebra a la coalicción gubernativa radical-cedista.

Tras rechazar el presidente de la República Nicelo Alcalá Zamora la propuesta de José María Gil Robles para ser el siguiente presidente del gobierno y nombrar en su lugar al radical Manuel Portela Valladares, lo cual terminó resultando una vez más un profundo fracaso, se procedió a la disolución del Parlamento y convocatoria a Elecciones Generales para el 16 de febrero de 1936, existiendo en esta ocasión, y al contrario que en las de noviembre de 1933 un frente de izquierdas unido y muy dispuesto a ocupar el poder: el Frente Popular. Esta vez si contaría con el trascendental apoyo anarquista al no solicitarse expresamente a sus militantes la abstención, tal y como había ocurrido en las anteriores. En cambio la derecha como siempre, fue incapaz por culpa de personalismos y otras cuestiones, de presentar un frente unido y coherente.

LOS SINDICATOS OBREROS EN ESPAÑA HASTA 1936:

  • FTRE: En 1881, la FRE, de tendencia Bacuninista, cambió su nombre por el de Federación de Trabajadores de la Región Española. El cambio se debió a la necesidad de adaptarse a la nueva legalidad, que prohibía las organizaciones de carácter internacional y dirigidas desde el extranjero. La nueva organización, que tenía su mayor implantación en Andalucía y Cataluña, aumentó el número de sus afiliados y desarrolló una acción sindical de carácter reivindicativo. Los desacuerdos dentro de esta organización y la constante represión sobre el movimiento obrero favorecieron que una parte del movimiento anarquista optara por la “ acción directa” y organizara grupos autónomos revolucionarios con el objeto de atentar contra los pilares básicos del capitalismo: el Estado, la burguesía y la iglesia.

Durante la etapa 1893-97 se produjeron los actos más destacados de violencia social: atentados contra personajes claves de la vida política de la Restauración (Canovas o Martínez Campos ), bomba en el Liceo de Barcelona, entidad representativa de sociedad burguesa, o contra la procesión del Hábeas, símbolo de la liturgia popular eclesiástica. Los atentados fueron seguidos de una gran represión, muchas veces indiscriminada contra el anarquismo, y provocaron una espiral de violencia basada en una dinámica de acción/ represión/ acción. El momento clave de esa espiral fueron los procesos de Montjuic, celebrados en 1897 en Barcelona en los que fueron condenados y ejecutados cinco anarquistas.

La proliferación de atentados ahondó la división del anarquismo entre los

partidarios de continuar con la acción directa y aquellos que propugnaban una

acción de masas. Estos últimos, con más fuerza en Cataluña, creían que era

imposible llevar a cabo la revolución a partir de pequeños grupos de activistas;

por ello, planteaban la revolución social como un objetivo a medio plazo y

daban prioridad a la fundación de organizaciones de carácter sindical. Esta

nueva tendencia, de clara orientación anarco-sindicalista, comenzó a dar sus

frutos a principios de siglo XX con la creación de Solidaridad Obrera (1907)

y de la CNT (1910).

  • CNT: El impulso del anarquismo resultó muy importante en Cataluña, y sobre todo en Barcelona, donde sociedades obreras y sindicatos autónomos de inspiración anarquista crearon, en 1907, Solidaridad Obrera, una federación de asociaciones obreras de carácter apolítico, reivindicativo y favorable a la lucha revolucionaria.

Solidaridad Obrera contó con prensa propia, Tierra y Libertad y Solidaridad Obrera, y, en 1910, impulsó a la fundación de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). El nuevo sindicato nació con el objetivo de extenderse por toda España y consiguió consolidarse como hegemónico en Cataluña, logrando también una fuerte implantación en Andalucía y Valencia.

La CNT se definía como revolucionaria y presentaba una ideología basada en tres presupuestos básicos: La independencia del proletariado respecto a la burguesía y a sus instituciones ( el Estado), por lo que se declaraba totalmente apolítico; la necesidad de la unidad sindical de los trabajadores, y la voluntad de derribar al capitalismo, a través de la expropiación de los capitalistas. La acción revolucionaria debería llevarse a cabo mediante huelgas y boicots hasta proceder a la huelga general revolucionaria. La evolución de la CNT sufrió notables altibajos; a un periodo expansivo le seguía otro de represión y clandestinidad, como sucedió en 1911, cuando, después de la huelga general de septiembre, el sindicato estuvo prohibido hasta 1914.

  • Sindicato Socialista (UGT): El sindicalismo de base socialista, representado por la UGT, tuvo un crecimiento estable y su afiliación aumentó de 33.000 miembros, en 1902, a 119.000 en 1914, y a 240.000, en 1921. Ello fue debido fundamentalmente a la ausencia de una adscripción ideológica rígida, motivada por la intención de atraerse a los trabajadores que, sin ser militantes socialistas, rechazasen el anarquismo, y su radical actitud en la lucha sindical. Su incidencia era mayor en Madrid y en el norte de España.

El nuevo siglo comenzó con un intenso ciclo de agitaciones obreras, que tuvieron una fase de ascenso hasta 1911 y, a continuación, un moderado descenso hasta 1917. La mayor incidencia del movimiento huelguístico tuvo lugar en Cataluña, seguida de Valencia, Andalucía, Asturias, Castilla, el País Vasco y Madrid. En 1902 tuvo lugar una huelga general en Barcelona, que se extendió a las comarcas industriales de Cataluña. En 1903 hubo huelgas en las zonas mineras de Vizcaya Riotinto, que se repitieron en 1906 en Asturias y Bilbao.

En 1911 tuvo lugar un intento de huelga general revolucionaria en muchos puntos de España. La mayoría de estos conflictos tenían en común la voluntad de oponerse a la pérdida de capacidad adquisitiva de los obreros y al deterioro de las condiciones de trabajo. También se reclamaban la jornada laboral de ocho horas y el reconocimiento de los sindicatos y de su capacidad de negociación colectiva.

  • Sindicato Católico: A finales del XIX el padre Vicent creó unos círculos católicos. En 1893 celebraron su primera asamblea. Los sindicatos defienden la cooperación frente a las huelgas y acciones reivindicativas.

En torno a 1900 tenía 75.000 afiliados, sobre todo en León, Castilla, Navarra, Aragón y Levante. Este movimiento cristiano dentro del mundo del trabajo estuvo influido por la encíclica Redun - Novarum de León XIII.

El sindicalismo cristiano se vio favorecido por la aprobación en 1906 de la ley de sindicato agrícola que agrupó a miles de pequeños campesinos de estas zonas, que más tarde se agruparon formando la confederación nacional católico agrario.

ACTUACIONES DE LOS OBREROS

Actuaciones luddistas

Consistieron en la quema y destrucción total de las máquinas que quitaban mano de obra, es decir, llevaban al paro a muchos trabajadores. Recibieron este nombre porque el promotor de estas actuaciones fue un obrero llamado Ludd. Es una de las primeras actuaciones del movimiento obrero.

En España el primer caso en Alcoy, 1821, donde queman telares y máquinas de hilar. En 1923, en Camprodón destruyen máquinas de cardar e hilar; o en la Tabacalera (máquinas de liar). En 1835 incendiaron la primera fábrica accionada a vapor, llamada “El Vapor”, de la familia Bonaplata, en Barcelona... En 1848 ocurrió la quema de la fábrica de la Igualada en Cataluña. Y por último en 1854 se Boicoteó en Barcelona las selfactinas, nuevas máquinas automáticas de hilar. El “ludismo” es una respuesta airada a la pérdida de puestos de trabajo. Acciones reprimidas por el ejército.

Huelgas

Huelga es un paro organizado de la producción, en el marco de las relaciones laborales, llevado a efecto por un grupo de trabajadores con el fin de obligar al empresario a acceder a sus demandas salariales o de mejora de las condiciones laborales. A veces se emprende una huelga por motivos puramente políticos y no laborales. Por regla general, la huelga la convoca un sindicato. También se puede convocar una huelga para solidarizarse con los trabajadores de otro sector industrial.

Los trabajadores pueden convocar una huelga o llevar a cabo otro tipo de acción sindical con el fin de obtener mejoras en las condiciones laborales, como incrementos salariales o reducción de la jornada laboral, o para evitar un cambio desfavorable de las condiciones laborales, como una disminución de salarios. También se puede convocar una huelga para impedir que el empresario adopte medidas que los trabajadores consideran perniciosas y contrarias a sus intereses, como el despido injustificado de un trabajador. Las huelgas sólo se convocan en situaciones extremas, cuando se han agotado las vías de dialogo, o cuando el empresario se niega a aceptar una sentencia dictada por la magistratura de trabajo. Por otra parte, las huelgas de tipo político se suelen convocar para forzar al gobierno a aceptar determinadas demandas de los trabajadores, o como arma para derrocar a un gobierno durante una revolución.

El principal objetivo táctico de una huelga consiste en interrumpir toda la producción de la empresa o la industria en cuestión. El medio más utilizado para conseguirlo, tras haber interrumpido el trabajo y haber abandonado el centro de trabajo, consiste en destinar piquetes de huelguistas ante la fábrica, para impedir que el empresario traiga trabajadores de otras explotaciones. A veces, los sindicatos tienen fondos reservados para apoyar las huelgas, de forma que pueden dar ayuda financiera a los huelguistas. En otros casos, los sindicatos en huelga piden ayuda a otros sindicatos o al resto de los trabajadores para que les apoyen en el plano económico.

Los huelguistas se consideran trabajadores de la empresa, aunque durante la huelga no trabajen, por lo que reaccionan con energía cuando el empresario intenta contratar a otros trabajadores para reemplazarles. Esta práctica ha llegado a provocar violentos enfrentamientos entre huelguistas y trabajadores que no apoyan la huelga.

Otra técnica consiste en realizar una sentada: los trabajadores se sientan en el puesto de trabajo y se niegan a moverse hasta que no se resuelvan sus reivindicaciones. Esta técnica apareció en Estados Unidos durante la década de 1930 pero, al constituir una invasión de la propiedad privada del empresario, es considerada ilegal. No obstante es una técnica que se ha mostrado muy eficiente en múltiples ocasiones.

Las huelgas más destacadas son las siguientes:

En 1842 Huelga en Barcelona debido a la implantación de una ley que permitía la entrada de algodón manufacturado (ya elaborado). Esto implicaba la necesidad de menos obreros.

De 1846 a 1855 Huelgas en Valencia, en Sabadell, en Málaga... por la introducción de nuevas máquinas.

Asociaciones

Asociación de Tejedores de Barcelona:

En la que socorrió a 700 trabajadores, pero trabajando en ella 200 obreros en una especie de sociedad obrera de producción y sociedad de socorro mutuos. Era una especie de cooperativa al estilo que Louis Blanc las propugnaba con la colaboración de la Administración. La Real Orden de 28 de febrero de 1839 autorizó la constitución de las sociedades de socorros mu­tuos; a primeros de 1840 circuló en Barcelona un proyecto de asociación que trataba de reunir a los teje­dores de algodón; los empresarios y las autoridades se preocuparon, y el Gobierno Civil denegó la autori­zación para asociarse, alegando que no era una de las permitidas por la ley. Con todo, la Sociedad de tejedores del algodón logró funcionar a partir del 1840. Legalmente, fue una «Sociedad de mutua protección», pero en sus Estatutos se establecía que si un patrono quería reducir el precio del trabajo, los trabajadores inmediatamente le conminarían con la amenaza de huelga, que tendrían efectividad si la reducción se mantenía; el obrero que no secundase el paro sería expulsado de la sociedad. En 1844 dejó de existir la compañía.

Asociación de obreros textiles

Socorros Mutuos de Tejedores de Béjar (Salamanca)

ACTUACIONES DE LOS GOBIERNOS:

Para la primera actuación se centraron en el luddismo, para solucionar esto hicieron que los cabecillas que promovían la quema de las máquinas cumplieran la pena de muerte. Obligaron también a los obreros a cubrir toda la maquinaria con cajas protectoras de modo que los ludistas no pudiesen estropearlas tan fácilmente.

Ante las huelgas tomaron otras medidas. Fueron igual de estrictos y consiguieron reprimir las huelgas de modo que no volviesen a aparecer. También se tomaron algunas medidas de mejora para que los ánimos se calmasen y no hubiese necesidad de recurrir a las huelgas.

Ante la creación de asociaciones los gobiernos moderas las prohíben sin ningún tipo de escrúpulo. Sin embargo los gobiernos progresistas siendo algo más objetivos las permiten siempre que se cumpliesen las siguientes conciciones.

-Tendrían que ser de carácter local.

-No deberían tener funciones políticas

-Únicamente podrían tener funciones de ayuda mutua.

CONCLUSIÓN:

El entorno que rodeaba a Europa en fines del siglo XVIII y primera mitad del siglo de XIX (que es el periodo de estudio de este trabajo) estaba cambiando, y esos cambios provocaban trastornos y una transformación de las sociedades hacia una mayor complejidad. Los cambios no se daban por igual, ya que Inglaterra llevaba la delantera con respecto al continente. Dichos cambios eran múltiples, y abarcaban lo tecnológico, lo social, lo político, lo económico.

Los autores socialistas compenetrados con la realidad de su época, captaron las calamidades que sufrían ciertos estratos de la población, debido al cambiante entorno, e intentaron explicarlo y proponer soluciones a dichos problemas. Pero la visión de los autores socialistas chocaron contra las doctrinas clásicas preocupadas por el crecimiento y la eficiencia. Además el distanciamiento geográfico que se reflejaba en el distanciamiento intelectual entre Inglaterra y el continente, hizo que la doctrina socialista y clásica se distanciaran aun más (aunque hubo puntos en común entre ambas, como la noción de plusvalía o surplus), ya que mientras en el continente profesaban el colectivismo, el racionalismo, el estatismo y las ideas de Condorcet y otros sobre la historia, en Inglaterra predominaba el liberalismo, el control del gobierno para impedir la restricción sobre la libertad individual, el empirismo. Así se observa como la disciplina de la historia influyo en todos los socialistas utópicos analizados en este trabajo, el papel importante del estado para los autores propiamente socialista (recordar que a los autores socialistas y anarquistas se lo engloba bajo la denominación de autores socialista en general, o tan solo autores socialistas), pero no para los anarquistas que lo identificaban como opresor, y el colectivismo que influyo en todos los autores socialistas y anarquistas del continente (rechazando de paso al individualismo).

Luego podemos suponer que la percepción de la realidad difiere de un estrato de la población a otro; ya sea por hábitos, creencias y experiencias diferentes, como la distinta posibilidad de una educación adecuada y distintas condiciones para una elaboración intelectual. Teniendo en cuenta este supuesto, se puede concluir que las ideas y propuestas de Owen, tan diferentes a las que imperaban en su época y lugar, es decir en Inglaterra de principios del siglo XIX, se debe a que Owen nació y creció en un estrato de la población diferente de la que surgían dichas ideas y doctrinas, por lo que se marca así otra causa que influyo a dar forma al pensamiento socialista y de la diferencia entre esta con la doctrina clásica.

Con todo lo anterior se intento explicar que el pensamiento socialista en general fue fruto de la época en que surgió y que las causas de las diferencias con la doctrina clásica fueron por las distintas características que rodearon a los autores de ambas doctrinas. Sin embargo ambos intentaron explicar aspectos de una misma realidad, cada vez más compleja y amplia, proponiendo líneas determinadas de acción para modificarla.

El pensamiento socialista analizado en este trabajo sigue siendo actual, ya que fue la piedra inicial sobre la que se construyo el socialismo actual (como la corriente marxista y la corriente de la socialdemocracia), y de ella se derivan diferentes maneras de ver al mundo y formas de hacer política.

CONCLUSIÓN DEL SOCIALISMO:

El movimiento socialista, representado por el PSOE y la UGT, llegó a representar la mayor fuerza política y sindical de la Segunda República, siendo de los tres movimientos tratados en el presente trabajo el que tenía más posibilidades de haber alcanzado el poder por vía constitucional de 1931 así como de haber tenido los cuadros dirigentes necesarios y preparados para asumir las responsabilidades correspondientes.

A pesar de haber obtenido mayorías electorales que le hubieran facilitado liderar coaliciones de gobierno con otros partidos rehusó tal posibilidad, primero por qué prefirió asumir el papel de apoyar en vez de el de encabezar, y después, tras la frustrante experiencia de la coalición republicano-socialista del periodo 1931-1933, se fijó el firme propósito de que el día que gobernara lo haría en solitario.

Como todos los movimientos políticos y sindicales de la época estuvo sometido a sucesivas disensiones internas debidas, como siempre, en muchas ocasiones a personalismos que explotaban en beneficio propio los matices ideológicos.

En su línea de actuación intentó ser lo más coherente posible, conforme a su ideología y la situación socio-política del momento, pero sin embargo la actuación derivada de los violentos sucesos revolucionarios de octubre de 1934, le hicieron perder credibilidad tanto dentro como fuera del país, incluida en la II Internacional, que no aprobó la situación creada.

El poder le llegó por fin a los socialistas en el peor momento, es decir, cuando nadie lo quería ni podía desempeñar. España estaba sumida en el caos de una incipiente Guerra Civil que sería muy larga y dura, debiendo además afrontarla con una amalgama de socios dispares y enfrentados entre si como demostraron por ejemplo los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona.

CONCLUSIÓN DEL ANARQUISMO:

El movimiento anarquista fue uno de los grandes perdedores de la Guerra Civil, incluso dentro del propio bando en el que se integraron. Desde la clandestinidad que les impuso la Dictadura de Primo de Rivera contribuyeron a la caída de la Monarquía y a que la Segunda República fuera proclamada pero cuando llegó el momento de que ésta pudiera ser una estable realidad la combatieron mientras crecía en fuerza y militancia mediante constantes conflictos laborales y de orden público, que con frecuencia degeneraron en violentos sucesos, sin tener en cuenta la naturaleza del gobierno de turno, todo ello conforme a sus principios ideológicos revolucionarios que buscaban por encima de todo la abolición del Estado.

Cuando se produjo la sublevación militar de 1936 los anarquistas fueron los primeros en reaccionar con eficacia contra la misma dada su gran capacidad de movilización de masas y experiencia callejera constituyendo una de las principales fuerzas que sostuvieron a la República en los primeros meses. Sin embargo aquella no era su anhelada revolución social y lo sacrificaron todo por intentar alcanzar una victoria que nunca llegó. Al prolongarse la contienda salieron a flote todos los defectos propios de un movimiento dividido, no cohesionado y que no entendía de disciplina o jerarquía. No estaban capacitados para hacer frente a la situación del momento ni para las responsabilidades de gobierno que contra sus propios principios aceptaron.

Sus principales adversarios políticos fueron progresivamente desacreditándoles y desprestigiándoles a la vez que provocaron de una u otra forma su salida de aquellas instituciones y organismos que los libertarios controlaban o de los que formaban parte. Cuando los anarquistas quisieron reaccionar adecuadamente y recuperar las posiciones perdidas ya era tarde, tanto por la posición de control y fuerza detentada por los comunistas como por la falta de apoyo e interés por parte del resto de partidos antifascistas a lo que había que unir la situación cada vez más deteriorada del bando republicano en el teatro de operaciones.

Al finalizar la contienda eran una organización desmoralizada y dividida que a pesar de haber llegado a contar con cerca de dos millones de miembros, repartidos entre las unidades del frente y las industrias de la retaguardia no tenía asumida ninguna responsabilidad en la dirección de la guerra. El camino del exilio fue el final de su existencia como movimiento de masas. Ya para entonces nadie creía en España en aquella revolución social que anhelaban los anarquistas de 1936.

BIBLIOGRAFÍA:

  • Historia de España contemporánea, Javier Tusell, Santillana

  • Introducción al socialismo, Angel Merino, Sedmay

  • Diccionario del socialismo, Enrique Mugica, Dopesa

  • Diccionario del anarquismo, José Peirats, Dopesa