Sistemas de lógica; John Stuart Mill

Filosofía. Economía. Pensamiento científico moderno. Argumento. Sensación. Emoción. Normas sociales

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LIBRO PRIMERO:

DE LOS NOMBRES Y DE LAS PROPOSICIONES.

Capítulo primero. De la necesidad de comenzar con un análisis del lenguaje.

En el primer capítulo de la obra, Mill, justifica el hecho de que su tratado de lógica comience con un análisis del lenguaje “La lógica es una parte del arte de pensar; el lenguaje es (...) uno de los principales instrumentos o útiles del pensamiento”(pp.25); y de que en particular comience con un análisis de los términos: “es preciso indispensablemente conocer el valor de éstas -las palabras- para conocer el valor de las proposiciones. Ahora bien: la proposición es el primer objeto que se presenta en el dintel mismo de la ciencia lógica”.(pp.26)

Lo que subyace a estas afirmaciones es la concepción de Mill de la proposición. Por un lado, dentro del ámbito del pensamiento, el objeto de toda creencia o no creencia posible puede expresarse en una proposición; de ahí su carácter de instrumento del pensar. Por otro lado, la proposición se constituye, según Mill, por la reunión de dos nombres, más una cópula que expresa la afirmación o negación, de modo que es preciso conocer los constituyentes, las palabras, si queremos conocer lo constituido.

Mill suministra ya en éste primer capítulo la definición de proposición: Una proposición es, a nivel de lo significado, “un discurso en el cual una cosa es afirmada de otra”, y a nivel lingüístico, se puede afirmar que es un discurso que “consta de tres partes: el sujeto, el predicado (atributo) y la cópula. El predicado es el nombre que designa lo que es afirmado o negado. El sujeto es el nombre que designa la persona o la cosa de la cual algo es afirmado o negado. La cópula es el signo que indica que hay afirmación o negación.”(pp.27)

De ésto se sigue el que todo acto de creencia comprenda al menos dos cosas nombrables, lo cual es una razón de más para empezar la investigación de los nombres y sus relaciones semánticas.

Capítulo II. De los nombres.

Definición de nombre: Mill recoge la definición de nombre de Hobbes: “Un nombre es una palabra tomada voluntariamente como una marca que puede suscitar en nuestro espíritu un pensamiento semejante a algún otro pensamiento que tuvimos antes y que, siendo formulado ante los demás hombres, es para ellos un signo del pensamiento que tenía en el espíritu el interlocutor antes de hablar”.(pp.30,31). Seguidamente rechaza la concepción de “algunos metafísicos”, que afirman que los nombres nombran ideas de cosas y acepta la concepción que se emcuentra en el uso común: los nombres refieren a las cosas

Distinción gramatical entre nombres y partes de nombres. Son partes de nombres “las partículas de, a, verdaderamente , con frecuencia; las inflexiones de nombres sustantivos, como yo, él, y aún de los adjetivos, como grande, pesado.”(pp.32) La excepción a esta “norma” es el caso en que, usando terminología actual, esas palabras son mencionadas. En ese caso sí son nombres.

Los adjetivos pueden ser predicados e incluso sujetos, pero porque se da una elipsis gramatical. Por ejemplo se dice que “La nieve es blanca” en lugar de “La nieve es un objeto blanco”. Mill propone tomar en estos casos los adjetivos por nombres porque ello no causa ningún problema. Además los adverbios no pueden figurar nunca como términos de una proposición.

Distinciones semánticas de los nombres.

  • Distinción entre nombres individuales o singulares y nombres generales.

  • “Un nombre general es, en su definición ordinaria, un nombre susceptible de ser aplicado con verdad y en el mismo sentido a una cualquiera de un número indefinido de cosas. El nombre individual o singular es un nombre que no puede ser afirmado con verdad en el mismo sentido más que de una sola cosa.”(pp.34)

    No se deben confundir los nombres generales y los nombres colectivos. Un nombre colectivo, como bosque, se aplica a un conjunto de individuos, pero no a cada uno en particular sino en su totalidad.

  • Distinción entre nombres concretos y nombres abstractos.

  • “Un nombre concreto es el nombre de una cosa; nombre abstracto es el nombre del atributo de una cosa.”(pp.36)

    Se podría decir que los adjetivos también designan atributos. La diferencia estriba en que los adjetivos designan atributos en cuanto atribuidos a cosas, mientras que los nombres abstractos designan atributos en sí.

  • Distinción entre nombres connotativos y nombres no-connotativos.

  • “Un término no-connotativo es aquel que significa un sujeto solamente o un atributo solamente. El término connotativo es aquel que designa un sujeto e implica un atributo.”(pp.38)

    Nombres no-connotativos son, por ejemplo “Juan”, que sólo designa un sujeto o “blancura”, que sólo designa un atributo.

    Un ejemplo de nombre connotativo sería “blanco”, “que designa todas las cosas blancas, la nieve, el papel, la espuma del mar, etc., e implica o, como decían los escolásticos, connota el atributo Blancura. La palabra blanco no es afirmada del atributo, sino del sujeto, nieve, etc.; pero cuando lo afirmamos de estos sujetos, implicamos o connotamos que el atributo blancura les pertenece.”(pp.39)

    Los nombres concretos generales son connotativos. Algunos nombres abstractos pueden serlo, en los casos en que son atributos de atributos, como “defecto”, que es equivalente a “mala cualidad”.

    Dentro de los nombres concretos individuales hay que hacer una distinción: Los nombres propios, al ser meras marcas ligadas a los objetos que nombran, no porque tengan tal o cual atributo, son no-connotativos. Pero hay otro tipo de nombres individuales, a los que actualmente se conoce por descripciones definidas, como “el asesino de Enrique IV”, que aún aplicándose a un único individuo, connotan ciertos atributos del sujeto.

    Tras precisar totalmente esta distinción, Mill afirma una de sus tesis semánticas más importantes, si no la más importante, sobre los nombres: “que cuando los nombres suministran propiamente una significación, esta significación no esté en lo que denotan, sino en lo que connotan. Los únicos nombres que no connotan nada son los nombres propios, y éstos no tienen, estrictamente hablando, ninguna significación.”(pp.43)

    Mill identifica significado con connotación. Los nombres propios son meras marcas que sólo sirven para distinguir a lo que lo lleva de las demás cosas.

  • Distinción entre nombres positivos y negativos.

  • Mill no define estos tipos de nombres pero da ejemplos que permiten al lector reconocer la diferencia: Ejemplos de nombres positivos son “hombre”, “bueno”. Ejemplos de nombres negativos son “no-hombre”, “no-bueno”.

    La siguiente descripción es lo más cercano a una definición de los nombres negativos que da Mill: “Estos nombres negativos son empleados cuando se tiene que hablar colectivamente de todas las cosas que no son una cosa determinada. Cuando el nombre positivo es connotativo, el nombre negativo correspondiente lo es igualmente, pero de una manera particular, connotando no la presencia, sino la ausencia de un atributo.”(pp.49)

    Hay algunos nombres en forma positiva que en realidad son negativos, siempre que connoten negación de atributos. Tal es el caso de “ocioso”.

    Hay un tipo de nombres, los llamados privativos, que son nombres “de una clase que ha poseído cierto atributo, o se habría podido suponer que le tiene, pero que no lo tiene”(pp.50) Un ejemplo es “ciego”.

  • Distinción entre nombres relativos y no relativos.

  • Los nombres relativos se distinguen por “ir siempre emparejados. Todo nombre relativo atribuido a un objeto supone siempre otro objeto al cual se puede atribuir ya este mismo nombre, ya otro nombre relativo que sea correlativo al primero.”(pp.51) Un ejemplo de nombre relativo es “padre”, cuyo correlativo es “hijo”. Esta definición, aún cuando pueda ser eficaz, no explica nada sobre la naturaleza de los nombres relativos. Los nombres que son relativos lo son en tanto que el atributo que connotan es una relación. Es por esto por lo que suponen siempre otro objeto además del que denotan y connotan ambos el mismo atributo, que es la relación.

    Así queda de paso definida la relación, como atributo de un objeto que no puede ser concebido sin contradicción sin la existencia de otro objeto que también posea ese atributo. Esta definición es sumamente oscura. Y parece que es la terminología de Mill, específicamente su necesidad de usar el término atributo, le impide expresar con claridad la noción de relación, que, sin duda, sí concebía con claridad. Al menos esto explicaría el hecho de que tras afirmar que la noción de relación, que siempre ha sido considerada como algo misterioso, a él no le parece más oscura que cualquier otro atributo, dé cuatro definiciones distintas de nombre relativo.

  • Distinción entre nombres unívocos y equívocos.

  • “Un nombre es unívoco, o está empleado unívocamente con relación a todas las cosas de que puede ser afirmado en el mismo sentido; es equívoco, o está empleado equívocamente, en cuanto a las cosas de las que es afirmado en sentidos diferentes.”(pp.54) Los nombres equívocos son los nombres homónimos. Son distintos de los nombres usados analógicamente, los cuales son usados en distintos sentidos, pero en los cuales unos derivan de otros, por ejemplo “una luz brillante” y “una idea brillante”, en las cuales el segundo sentido de brillante deriva del primero.

    Capítulo III. De las cosas designadas por los nombres.

    Mill comienza el capítulo, como es habitual, situando el tema de que hablará dentro del sistema general: “Debe haber dos cosas implicadas en todo acto de creencia. Pero, ¿cuáles son estas cosas? Son evidentemente las cosas designadas por los dos nombres, que unidos conjuntamente por una cópula, constituyen la proposición.”(55)

    Acto seguido realiza una advertencia sobre la ambigüedad de todos los términos que denotan todo aquello que existe. Me parece interesante, más por su relevancia para la filosofía en general que para la obra, resumir su análisis de éstos términos.

  • “Cosa” u “objeto”. Cuando hablamos de ellos siempre suponemos que hablamos de una sustancia, dejando como no existentes los sentimientos y los atributos.

  • “Ser”, aunque sea, en una de sus acepciones, sinónimo de existir, “es tomado habitualmente como exactamente sinónimo de sustancia, y se aplica indiferentemente tanto a la materia como al espíritu.”(pp.58) Con lo que se vuelve a poner como no existentes a los atributos y sentimientos o se los asimila a la categoría de sustancia.

  • “Entidad” y “esencia”, fueron en un primer momento establecidos como abstractos de “ser”, pero al fin acabaron significando “cosas bastante concretas para ser encerradas en una botella”.(pp.58)

  • Resultaría realmente espeluznante que lo que afirma aquí Mill (al menos en a) y en b)) fuese correcto. Porque resultaría que todo filósofo que haya hecho uso de estos términos (prácticamente todo filósofo moderno importante anterior a Mill) habría hecho una filosofía miope, encerrada en estas significaciones pervertidas de existencia, y, por tanto, inevitablemente incorrecta. Me parece que es Mill el que se confunde, al tratar de equiparar “ser” con la mera existencia. Ser siempre ha sido entendido como ser necesario, mientras que la existencia se ha aplicado también a lo contingente. De ahí que “ser” sea habitualmente aplicado únicamente a la sustancia, ya definida por Descartes como lo que existe sin necesidad de otra cosa para existir. Espero que esta escueta reflexión baste para señalar la dirección que debería tomar la necesaria crítica a este pasaje. Seguir profundizando nos llevaría demasiado lejos, teniendo en cuenta las modestas intenciones de este trabajo.

    Al fin Mill advierte que usará estos términos, pero con el sentido que ha dado a entender que deberían tener.

    Las cosas designadas por los nombres.

    En esta clasificación se observa una gran influencia del empirismo inglés, como veremos más adelante.

    I-Sentimientos o estados de conciencia

    Los sentimientos o estados de conciencia son “Todo aquello de que el espíritu tiene conciencia, todo lo que siente, o, en otros términos, lo que forma parte de su existencia sensitiva”.(pp.60)

    Tipos de sentimientos:

  • Pensamiento: Pensamiento es “Todo aquello de que tenemos conciencia cuando decimos que pensamos.”(pp.61) Hay que distinguir los pensamientos de los objetos del pensamiento. Ésta es la distinción entre las ideas de los objetos y los objetos. Mill no distingue entre estados mentales y el contenido de esos estados: son pensamientos tanto la imagen mental del Sol como la creencia en la existencia del Sol. En este último ejemplo se observa una clara influencia del empirismo, corriente en la cual toda aseveración sobre la existencia, estaba fundada en una creencia. Y parece que se debe a ello el que Mill no distinga entre estados mentales, por ejemplo el estado de creencia, y su contenido, que tomando el ejemplo sería la existencia del Sol. Por ello puede afirmar que el objeto de la creencia es la existencia del Sol. Ya le sería más complicado decir, por ejemplo, cuál es el objeto de un deseo sin distinguir entre el estado de desear y su contenido; y, aún cuando pudiese responder a ello, podemos por lo menos alegar que la definición de pensamiento y la distinción entre pensamientos y sus objetos en este pasaje es incompleta.

  • Sensación: Aquí se refiere a las sensaciones sensibles. Han de ser distinguidas de lo que las causa, un objeto o un atributo. Mill afirma que en muchos casos esta distinción no resulta clara a causa del propio lenguaje, o más bien de ciertas lenguas, en que el mismo nombre denomina tanto el objeto como la sensación.

  • También hay que distinguir las sensaciones, que se dan en el espíritu, del mecanismo físico por el cual se originan.

  • Volición: Mill define las voliciones a partir de los nombres que se le

  • dan y de la definición de acción: “Cuando nosotros aplicamos a seres que sienten, nombres relativos, la connotación del nombre se refiere en gran parte a las acciones de esos seres.”(pp.65) Y una acción es “el estado de espíritu llamado volición y el efecto que le sigue”.(pp.65) La volición no queda explicada, pero sí distinguida del resto de sentimientos, por ser la única que es parte de una acción. Mill dice que tipo de nombres las connotan.

  • Emoción: Según Mill, está claro que tipo de sentimientos forman parte

  • de esta categoría y se abstiene de explicar nada al respecto.

    Tras esta clasificación del primer tipo de cosas nombrables, Mill pasa “a las dos clases de cosas nombrables que nos quedan por examinar: la de las cosas que existen fuera del espíritu, todas las cuales pueden ser consideradas sustancias y atributos.

    II- Las substancias

    Mill comienza rechazando las concepciones de los “Lógicos” (los lógicos antiguos y medievales) de substancia y atributo, y admitiendo que recogerá las de los metafísicos (metafísicos modernos).

    Distinción de las substancias en cuerpos y espíritus:

    1) “Un cuerpo, según la doctrina de los metafísicos modernos, puede ser definido, como la causa exterior a la cual atribuimos nuestras sensaciones.”(pp.67) Mill pasa revista a las diversas concepciones de cuerpo de las filosofías que considera vigentes, esto es, el empirismo y el idealismo trascendental kantiano. Como en este tratado no le corresponde tomar parte de ninguna de las dos, recoge lo común de ambas corrientes: “Que todo lo que nosotros conocemos del objeto, consiste en las sensaciones que nos da y en el orden en que estas sensaciones se producen. Kant mismo es en este punto tan explícito como Berkeley o Locke.”(pp.70) Así pues, cuerpo queda definido como “la causa exterior desconocida, a la cual referimos nuestras sensaciones.”(pp.72,73)

    2) “Nuestra concepción de espíritu es la de un recipiente desconocido de sensaciones; y no solamente de sensaciones, sino de todos los demás sentimientos.”(pp.73)

    III- De los atributos y primeramente de las cualidades

    La concepción moderna del mundo que Mill ha descrito en sus rasgos relevantes para la semántica, tiene como evidente consecuencia que “la distinción que hacemos verbalmente de las propiedades de las cosas y de las sensaciones que causa en su razón en la comodidad del discurso, más bien que en la naturaleza de lo que es significado por los términos”(pp.75) Podemos expresar lo que Mill afirma aquí con una terminología más actual: Es inherente a la propia forma del lenguaje la concepción ingenua del conocimiento. Mill tratará de actualizar la semántica, en el sentido de sustituir lo que los nombres que denotan o connotan atributos pretenden denotar o connotar, por lo que connotan desde lo que él considera la concepción moderna del mundo y del conocimiento (lo cual ya ha hecho con los nombres de substancias).

    La cualidad: Hay dos modos de concebir la cualidad: Como una sensación o como “algo existente en el objeto mismo, un poder inherente a él, alguna cosa en virtud de la cual el objeto produce la sensación.”(pp.75) Como la elección de una u otra concepción se sale del campo de la semántica, Mill adopta “para las necesidades de la Lógica, un lenguaje compatible con la una y la otra de estas dos teorías de la naturaleza de las cualidades. “Diré, lo que es innegable, que la blancura atribuida al objeto nieve está fundada en que ella excita en nosotros la sensación de lo blanco, y adoptando el lenguaje empleado por los lógicos de la escuela con respecto a los atributos llamados relaciones, llamaré a la sensación de lo blanco el fundamento de la cualidad de la blancura.”(pp.77) Lo cierto es que no comprendo esta aseveración, y creo que se debe a que no conozco el significado de “fundamento” en el lenguaje de los lógicos respecto a los atributos llamados relaciones y no he podido encontrarlo en ningún manual.

    IV- De las relaciones

    Estudiando los distintos casos en que nombres correlativos se aplican a dos objetos y observando qué tienen en común, Mill decide que lo común a toda relación (prescindiendo de la de semejanza, que examinará más adelante) es que los objetos relativos entren como partes de un todo.

    Ahora bien, de acuerdo con la metafísica moderna “un atributo fundado en un hecho en el cual un objeto figura conjuntamente con otro objeto, es una relación entre esos dos objetos. Pero (...) el hecho está formado con las dos clases de elementos, a saber: estados de conciencia.”(pp.78) “Dadas las sensaciones o demás sentimientos, la sucesión o simultaneidad son dos condiciones cuya alternativa está impuesta por la naturaleza de nuestras facultades, y nadie, sobre este punto, ha podido nunca, ni puede pretender llevar más lejos el análisis.”(pp.79)

    La semejanza, la desemejanza, el antecedente, la consecuencia y la simultaneidad, son relaciones con un fundamento diferente: Se nos dan dos o más sensaciones y un sentimiento, que funda la relación entre las sensaciones. Por eso dice Mill: “Son atributos fundados sobre hechos, es decir, sobre estados de conciencia, pero sobre estados particulares, irreductibles e inexplicables.”(pp.80)

    V- Cantidad

    Mill indica en que consiste la relación de cantidad mediante el siguiente ejemplo, como “aquello en que el galón de agua y el galón de vino son semejantes, y el galón y los diez galones de agua son desemejantes”.(pp.83) Lo que a Mill le interesa afirmar de esta relación, que al fin y al cabo es intuitivamente bien conocida por todos, “es mostrar que cuando nosotros decimos que dos cosas difieren en cantidad, nuestra afirmación está siempre fundada absolutamente, como cuando hablamos de cualidad, sobre una diferencia en las sensaciones.”(pp.83)

    VI- Conclusión sobre los atributos

    Mill resume los resultados generales a que ha llegado en lo que concierne a los atributos y lo más importante, afirma que aunque “En lo que precede hemos considerado solamente, para simplificar, los cuerpos dejando los espíritus (...) todo lo que hemos dicho de los primeros se aplica mutatis mutandis a los últimos”(pp.85)

    VII- Resultados generales

    En este punto resume Mill los resultados de toda la investigación precedente sobre la significación de las proposiciones, que más le interesa destacar: “El resultado, pues, de nuestro análisis nos da la enumeración y la clasificación siguientes de todas las cosas nombrables:

    1.º Los sentimientos o estados de conciencia.

    2.º Los espíritus que experimentan estos sentimientos.

    3º Los cuerpos u objetos exteriores que excitan algunos de estos sentimientos y las fuerzas o propiedades por medio de los cuales los excitan. Estas fuerzas o propiedades no son, por lo demás, indicadas aquí sino por condescendencia con la opinión común y porque su existencia es considerada como comprobada en el lenguaje común del cual creo prudente no separarme y sin admitir por esto que su existencia como cosas reales esté garantida en buena filosofía.”(pp.87)

    Esta concesión al lenguaje común, esta muestra de buena fe, oculta, a mi parecer, uno de los problemas fundamentales de la filosofía moderna o filosofía de la conciencia, y aún de un modo más acusado, del empirismo. Este problema, velado muy hábilmente por Mill, intencionada o no intencionadamente, es el de la comunicación de las conciencias. En este punto Mill acepta sin remilgos que todo lo nombrable está en la conciencia, o lo que es lo mismo para un empirista como él, en conciencias individuales. Ahora bien, ¿cómo explicar la comunicación si cuando uno habla sólo hace referencia, al fin y al cabo, a estados de conciencia propios, inaccesibles al que lo escucha, que, a su vez, sólo puede entender los nombres como referidos a sus propios estados de conciencia? Si los nombres refiriesen a una realidad igual para todos, como afirma la semántica aristotélica, es decir, si el lenguaje común funcionase como pretende funcionar, este problema no se plantearía, pero Mill rechaza abiertamente esta opinión, concediéndole cabida en su investigación por pura condescendencia.

    Capítulo IV. De las proposiciones.

    “Una proposición (...) es un discurso en el cual un predicado es afirmado o negado de un sujeto.”(pp.89) Que la intención del hablante es afirmar o negar el sujeto del predicado se indica mediante la inflexión del verbo en ciertos casos, pero generalmente se indica mediante la cópula, “es, cuando se quiere afirmar; no es, cuando se quiere negar.”(pp.89)

    Antes de comenzar con la clasificación de los distintos tipos de proposiciones, Mill señala una dificultad en el análisis de proposiciones: La ambigüedad de la cópula. La cópula no es sólo un indicador de predicación, sino que también significa existencia. Sin embargo, en ciertas proposiciones como “El centauro es una ficción de los poetas”, la cópula no significa existencia, por lo que Mill decide que basta con notar que la expresión “es” tiene dos significaciones y no confundirlas.

    Distinciones semánticas de proposiciones.

    Distinción entre proposiciones afirmativas y negativas.

    “Una proposición afirmativa es aquella en que el predicado es afirmado del sujeto, como: César murió. La negativa es aquella en que el predicado es negado del sujeto, como: César no murió. La cópula en esta última consiste en las palabras no o no es, que son el signo de la negación; es es el signo de la afirmación.”(pp.90)

    Mill rechaza seguidamente la opinión de que la negación es la afirmación de un nombre negativo.

    Distinción entre proposiciones simples y complejas.

    “Una proposición simple es aquella en que un solo predicado es afirmado o negado de un solo sujeto; la proposición compleja es aquella en la cual hay más de un sujeto o más de un predicado, o a la vez varios sujetos o varios predicados.”(pp.93)

    A continuación analiza diversos tipos de proposiciones complejas:

    En primer lugar las que se forman por conjunción. Éstas no son más que una abreviatura de varias proposiciones en una, por lo que, si la proposición compleja es verdadera, las proposiciones en que se desglosa también lo son y viceversa. Por ejemplo “César y Bruto viven” es una abreviatura de “César vive” y “Bruto vive”.

    En segundo lugar muestra un tipo de proposiciones, las hipotéticas, que aún siendo complejas contienen una única afirmación. Son las proposiciones condicionales y las disyuntivas. De estas últimas Mill afirma que son reductibles a las primeras. En este tipo de proposiciones la verdad de la proposición completa no implica la verdad de todas las proposiciones que la componen, ya que “Lo que se enuncia no es la verdad de estas proposiciones, sino la posibilidad de inferencia de la una a la otra.”(pp.95)

    Las proposiciones en que la verdad no depende de una condición son llamadas por los lógicos categóricas. Mill muestra que en realidad la única diferencia entre estos dos tipos de proposiciones es que en las hipotéticas el sujeto de la aserción no es un nombre sino una aserción. Por ejemplo, en la proposición “Si el Corán viene de Dios, Mahoma es el profeta de Dios”, “El sujeto real de predicación es la proposición entera: “Mahoma es el profeta de Dios”, y la afirmación es que esta es una inferencia legítima de la proposición: “El Corán viene de Dios”.”(pp.95)

    Distinción entre proposiciones universales, particulares, indefinidas y singulares.

    Singular: “La proposición es singular cuando el sujeto es un nombre individual.”(pp.96) Por ejemplo “Julio César es mortal”.

    Universal: Una proposición es universal cuado el sujeto es un nombre general y se afirma o niega el predicado “de todas las cosas que el sujeto denota”.(pp.96) Por ejemplo “Todos los hombres son mortales”.

    Particular: Una proposición es particular si el sujeto es un nombre general y se afirma o niega el predicado solamente de algunas de las cosas que el sujeto denota. Por ejemplo “Algunos hombres son mortales”

    Indefinida: Una oración es indefinida “Cuando la forma de expresión no muestra claramente si el nombre general sujeto de la proposición debe entenderse de todos los individuos o solamente de algunos.”(pp.97) Por ejemplo “El hombre es mortal”.

    Para concluir, Mill hace la siguiente apreciación: “Cuando un nombre general vale por todos y cada uno de los individuos de los cuales él es el nombre (...) los lógicos dicen que es distribuido (...) Esta terminología, muy útil para la exposición y demostración de las reglas del silogismo, nos coloca en situación de definir concisamente las proposiciones universales y particulares. La universal es aquella cuyo sujeto está distribuido; la particular es aquella cuyo sujeto no está distribuido.”(pp.98)

    Capítulo V. De la significación de las proposiciones.

    Mill comienza este capítulo haciendo una crítica a las concepciones sobre la significación de las proposiciones sostenidas por los autores modernos anteriores a él.

    En primer lugar critica a los idealistas, que no son exactamente los autores del Idealismo alemán, sino todo aquel que sostiene que los juicios, y, por tanto, las proposiciones, consisten en la unión de dos representaciones mentales. Mill afirma que “las proposiciones, salvo en el caso de que el espíritu mismo sea el sujeto, no son aserciones relativas a nuestras ideas de las cosas, sino aserciones relativas a las cosas mismas.” (pp.100) Para poder juzgar hemos de tener presentes las cosas, por eso nos las representamos y unimos así las representaciones, pero el juicio siempre apunta a las cosas mismas. Las ideas son sólo un medio y no el objeto de la aserción. “Creer es un acto que tiene por objeto los hechos mismos, aunque la condición indispensable sea una concepción previa de estos hechos”(pp.101)

    Una vez realizada esta aserción, puede Mill afirmar que la lógica solamente se ocupa de la forma del discurso, la proposición y lo expresado por ésta, independientemente de actos psicológicos como el de creencia, y el objetivo del capítulo queda establecido como la respuesta a la siguiente pregunta: “¿Qué es, en fin, lo que se expresa por la forma del discurso llamada proposición, y cuya conformidad con el hecho constituye la verdad de la aserción?”(pp.102) Hobbes responde: “En toda proposición (...) lo que es significado es la creencia del que habla, de que el predicado es un nombre de la cosa de la que el sujeto es también un nombre; y cuando lo es realmente, la proposición es verdadera”(pp.102) Mill critica a continuación el nominalismo, expresado aquí por boca de Hobbes. Según Mill, esta definición de la verdad sólo sería correcta si todos los nombres fuesen nombres propios (meras marcas de objetos), pero se ha visto que ello no es así. Me explico: Los nombres connotan ciertos atributos (a excepción de los nombres propios y los nombres abstractos no connotativos) y denotan a los objetos que poseen esos atributos De este modo, “si un atributo se encuentra siempre en conjunción con otro atributo, los nombres concretos que responden a estos atributos serán, sin duda, aplicables a los mismos sujetos, y se podrá decir en el lenguaje de Hobbes, aquí completamente exacto, que son dos nombres de la misma cosa”(pp.106) De este modo es posible atrapar el dinamismo natural del mundo mediante el lenguaje; p.ej.: “Sócrates es sabio”, “sabio” tiene significado antes de ser nombre de Sócrates, pero por su connotación, puede ser nombre del evento particular Sócrates)

    Por último critica Mill otra teoría sobre la significación de la proposición vigente en su tiempo, según la cual la atribución “consiste en referir una cosa a una clase, es decir, colocar a un individuo bajo una clase o una clase bajo otra clase. No hay, salvo en el lenguaje, ninguna diferencia entre esta teoría y la de Hobbes, pues una clase no es absolutamente nada más que un nombre indefinido de individuos denotados por un nombre general” (pp,106) Así, la atribución consistiría, según esta teoría, en colocar a un individuo en una clase, definida por los individuos que la componen, lo que es lo mismo que no decir nada.

    Al fin establece Mill que “el sentido de una proposición es que la cosa individual denotada por el sujeto posee el atributo connotado por el predicado.” (pp.111) Si el sujeto es, a su vez, un nombre connotativo, el sentido de la proposición es que los individuos que posean los atributos connotados por el sujeto poseen también los connotados por el predicado. Y “si recordamos que todo atributo está fundado sobre un hecho o fenómeno de los sentidos o de la conciencia, y que poseer un atributo es cosa distinta que ser la causa o formar parte del hecho o fenómeno sobre el cual se funda el atributo, el análisis puede dar un paso más. La aserción de que un atributo acompaña siempre a otro atributo no dice en realidad más que esto: que un fenómeno va siempre acompañado de otro fenómeno.”(pp.112)

    Para concluir el capítulo, Mill clasifica en cinco clases todo lo que puede ser enunciado por una proposición (excepto las proposiciones puramente verbales, de que tratará en el próximo capítulo.) Las proposiciones pueden enunciar: Existencia, coexistencia, sucesión, causación y semejanza. “Hemos pasado revista a las diversas especies de proposiciones y hemos encontrado que todas (...) enuncian cinco especies de hechos, a saber: La existencia, el orden en el tiempo y en el lugar, la causación y la semejanza, y que en toda proposición, una de estas cinco cosas es o afirmada o negada de algún hecho o fenómeno, o de algún objeto que es causa desconocida del hecho o fenómeno.”(pp.122)

    Me gustaría hacer un inciso para comparar la parte que considero fundamental de la concepción de la significación de la proposición en Mill, y el razonamiento realizado por Fregue al inicio de “Sobre sentido y referencia” 1.

    Mill: “En toda proposición (...) lo que es significado es la creencia del que habla, de que el predicado es un nombre de la cosa de la que el sujeto es también nombre; y cuando lo es realmente, la proposición es verdadera.”(pp.102)

    “La teoría de Hobbes -expuesta en el entrecomillado anterior- (...) hace a la verdad y a la falsedad completamente arbitrarias, no dándoles otra medida que la voluntad de los hombres (...) Nadie, después de todo ha imaginado nunca que la verdad no sea más que una propiedad de palabras.”(pp.109)

    De ello concluye Mill que el sentido de la aserción es que lo connotado por el sujeto siempre acompaña a lo connotado por el predicado, y lo que connotan son atributos de los objetos que denotan. La enmienda que hace Mill a la teoría de la atribución de Hobbes es la distinción de dos niveles de significación de los nombres, ya que si sólo hubiese el nivel de la denotación, la verdad sería algo arbitrario.

    Puede resultar extraño el que otorgue tan gran importancia a estos pasajes, que se encuentran como perdidos en mitad del quinto capítulo del libro. Creo que ello se explica por el carácter absolutamente sistemático de la obra, en la que no tiene cabida la explicación de la génesis profunda de algunas tesis particulares más que de pasada y a costa del estilo de la propia obra. Me parece pues, que es la insatisfacción del problema de la verdad por las teorías semánticas anteriores uno de los problemas de fondo, quizás el más importante, que trata de resolver Mill con su teoría semántica

    Fregue: “Parece que -si a y b son meros nombres, como marcas de objetos- lo que se quiere decir con a=b es que los signos o nombres “a” y “b” se refieren a lo mismo, y por lo tanto en la igualdad se trataría precisamente de estos signos; se afirmaría una relación entre ellos. Pero esta relación existiría entre los nombres o signos únicamente en la medida en que estos designan o denominan -denotan- algo. Sería una relación inducida

    1La idea de realizar esta comparación surgió a partir de la lectura del apartado dedicado a Mill en la obra Principios de filosofía del lenguaje de Hierro Sánchez Pescador, pero no coincide en absoluto con su contenido.

    por la conexión de cada uno de los dos signos con la misma cosa designada. Esta

    conexión es arbitraria(...) Con ello, el enunciado a=b no se referiría entonces ya a la cosa misma, sino tan sólo a nuestro modo de designación; con ella no expresamos verdadero conocimiento.”(Fregue, 1892)

    De aquí concluye Fregue que los nombres designan su referencia y expresan un sentido, un modo de darse la referencia. En una relación de igualdad (nótese la similitud de la concepción de la atribución de Mill con la relación de igualdad), el conocimiento expresado es que un mismo referente se da de dos modos, porque las expresiones tienen el mismo referente pero diferente sentido.

    Me parece que la cuestión no necesita de más explicaciones y dejo de la mano del lector observar las similitudes (y disimilitudes) entre connotación y sentido, y denotación y referencia, a la vista de los problemas que hacen surgir su distinción.

    Capítulo VI. De las proposiciones puramente verbales.

    En el capítulo precedente Mill se ocupó de establecer la significación de las proposiciones en general y clasificó en cinco tipos la significación de una de las dos clases en que divide las proposiciones, aquellas que significan hechos, tal como entiende Mill “hecho”.

    En este capítulo estudia la otra clase de proposiciones, las proposiciones puramente verbales, aquellas “que no se refieren a ningún hecho propiamente dicho, sino a la simple significación de los nombres.” (pp.122)

    La distinción de las proposiciones en estas dos clases ha sido aceptada a lo largo de toda la historia de la filosofía hasta tiempos muy recientes, aunque se ha concebido de modos muy distintos, según el enfoque metafísico subyacente. También se han dado diferentes nombres a ambas clases de proposiciones.

    La distinción es, por lo menos, tan antigua como Aristóteles y su distinción de propiedades esenciales y propiedades accidentales. Por ejemplo, para Aristóteles en la proposición “El hombre es racional” se atribuye al hombre una propiedad esencial, la de ser racional. Para Mill, esta proposición no haría más que explicitar la significación de “hombre”, señalando que ser racional es un atributo connotado por dicho nombre. La distinción aristotélica fue recogida por los escolásticos: proposiciones esenciales y proposiciones accidentales.

    La distinción perduró durante la Modernidad, pero bajo un nuevo enfoque. Ya no dependía de las cosas mismas, de que lo atribuido al sujeto fuese o no una propiedad esencial de lo designado con el sujeto, sino del valor del conocimiento expresado por ambos tipos de proposiciones. Ello se observa en las corrientes racionalista y empirista: “Leibniz había dividido las verdades en verdades de hecho y verdades de razón. Hume había distinguido entre hechos y relaciones de ideas. Para Leibniz, las verdades de hecho son contingentes y las de razón necesarias y eternas; aquéllas son empíricas y éstas (o algunas de ellas por lo menos) son innatas. Para Hume, las proposiciones concernientes a hechos son como las verdades de hecho leibnizianas, empíricas. En cambio, las relaciones de ideas, como lo son las proposiciones lógicas o matemáticas, si bien no son empíricas, no son, en el sentido de Leibniz, verdades necesarias, eternas e innatas: son tautologías y se hallan desprovistas de contenido, por ser puramente formales.”(Ferrater Mora 2002) Kant también recogió la distinción, en la dicotomía “juicios analíticos”- “juicios sintéticos”. Los primeros son, en su expresión lingüística, equivalentes a la proposiciones puramente verbales de Mill, ya que los define como aquellos juicios en que el significado del predicado está contenido en significado del sujeto.

    Para concluir este breve recorrido histórico hay que mencionar que la distinción perduró hasta 1951, año en que Quine, en su artículo “Dos dogmas del empirismo”, realizó una devastadora crítica de ella, reduciendo la radical separación a una diferencia de grado.

    Tras este recorrido histórico se observa claramente que, dejando de lado su valor estilístico, no hay casi nada que salientar en este capítulo, ya que es mera repetición de doctrinas anteriores. Este hecho no resulta obvio porque Mill presenta sus tesis como novedosas, en tanto que culminación de la crítica de Locke a las esencias. Supongo que, a no ser que haya tras ello una oscura intención de Mill, que ello se debe a su desconocimiento de la obra de Hume y a su imcomprensión de la obra de Kant, que sí concluyeron la crítica.

    La concepción de Mill de las proposiciones puramente verbales es acorde con la de las relaciones de ideas de Hume y la de los juicios analíticos de Kant, con una novedad muy consecuente con la posición nominalista de su admirado Hobbes: “Puesto que los nombres y su significación son enteramente arbitrarios, estas clases de proposiciones no son, hablando rigurosamente, susceptibles de verdad o de falsedad, sino solamente de conformidad o de no conformidad con el uso o convención.”(pp.122) Parece que Mill, al decir que estas proposiciones sólo son susceptibles de conformidad con el uso o convención, avanza, por este lado de la distinción, la propia destrucción de ésta, ya que al negarles la universalidad a este tipo de proposiciones, sólo hace falta un giro hacia el pragmatismo en la concepción de las proposiciones referentes a hechos para que la distinción desaparezca.

    Capítulo VII. De la naturaleza de la clasificación y de los cinco predicables.

    En este capítulo Mill establece la naturaleza de la clasificación y presenta una nueva concepción de los cinco predicables conforme a ella.

    Como se ha visto en capítulos precedentes, Mill rechaza la idea de que la los nombres generales tengan por significación una clase, sin embargo “nosotros no podríamos, sin mutilar y dejar informe la teoría de los nombres generales, abstraernos de tratar de la clasificación en cuanto resulta del empleo de los nombres generales y en él está implicada.”(pp.134) Cada nombre general crea la clase de aquellos objetos que poseen los atributos por él connotados.

    Establecida la naturaleza de la clase en relación a los nombres, pasa Mill a exponer su nueva noción de los cinco predicables, tras explicar en qué consisten según la doctrina aristotélica.

    “Los predicables son una quíntuple división de los nombres generales, la cual no está fundada, como de ordinario, en una diferencia de su significación, es decir, en el atributo que connotan, sino en una diferencia de la clase que denotan.”(pp.134)

    Los cinco predicables son: género, especie, diferencia, propio y accidente.

    Género y especie son clases relativas la una a la otra: Una clase es un género en relación a las clases que contiene, que en relación a él son especies. Una clase que no contiene ninguna otra clase es la especie ínfima. Además, el género y la especie lo han de ser de la esencia del sujeto de que se predican. Dividían así las clases en dos tipos, que informalmente podemos llamar clases esenciales y clases no esenciales.

    Mill es consciente de la validez de esta distinción, salta a la vista la diferencia entre lo significado por las proposiciones “Sócrates es chato” y “Sócrates es hombre”. Sin embargo, no es correcto recurrir a la esencia para dar cuenta de estas diferencias. La solución de Mill es la siguiente: “Cada clase constitutiva de un verdadero género, esto es, que se distingue de todas las demás clases por una indeterminada multitud de propiedades que no se pueden derivar de otra, es o un género o una especie.”(pp.142)

    La diferencia es “el atributo que distingue a una determinada especie de todas las demás especies del mismo género”.(pp.142) Este atributo debe formar parte de la esencia. De nuevo debe dar cuenta Mill de esta noción sin usar la noción de esencia. Su explicación es la siguiente: El género o, para ser más precisos aún que Mill, el nombre general cuya connotación genera una clase que tiene las propiedades exigidas para ser género, connota una serie de atributos. Las especies que contiene connotan esos atributos y algunos más. “Este exceso de connotación, que la especie connota sobre y además de la connotación del género, es la diferencia.”(pp.144)

    Además, con esta concepción de la clasificación ligada a la significación de los nombres, puede dar cuenta Mill de la ambigüedad de los nombres sin perder por ello el mínimo de exactitud en su significación: “Para no encerrar la noción de diferencia dentro de límites demasiado estrechos, es necesario notar que una especie, aún referida al mismo género, no siempre tendrá la misma diferencia, sino cada vez una distinta, en consonancia con el principio y propósito que preside a la clasificación de que se trate.”(pp.145)

    “El propio y el accidente (...) no forman parte de la esencia, sino que son predicados de la especie sólo accidentalmente.”(pp.148)

    “El propio puede ser definido como un atributo que pertenece a todos los individuos comprendidos en la especie, y que, aunque no connotado por el nombre específico (...) dimana, sin embargo, de algún atributo que el nombre connota, ya ordinaria, ya especialmente (...) Puede dimanar como una conclusión de sus premisas, o como un efecto de su causa.”(pp.148-149)

    Los accidentes son “todos los atributos de una cosa que ni van implicados en la significación del nombre (...) ni tienen, en cuanto nos es dable saber, ninguna conexión necesaria con los atributos implicados en dicha significación.”(pp.149)

    Capítulo VIII. De la definición.

    Aunque en este capítulo se expresen tesis interesantes, no le dedicaré mucho espacio. Ello se debe a que no se encuentra en él ninguna propuesta novedosa, sino que se limita a utilizar los resultados de la investigación anterior y aplicarlos al tema de la definición.

    Las definiciones son una clase de las proposiciones puramente verbales. Más concretamente, la clase de las proposiciones declaratorias “de la significación de un nombre, especialmente, o la que el orador o escritor entiende darla para los fines especiales de su discurso.”(pp.151) Definida la definición de este, según la teoría semántica de Mill, resulta que “todo nombre, ya sea concreto o abstracto, admite definición siempre que podamos analizar, esto es, distinguir en partes el atributo o serie de atributos que constituye la significación de ambos, del nombre concreto y de su correspondiente abstracto: si una serie de atributos, por su enumeración; si un atributo singular, por el análisis del hecho o fenómeno de percepción o de conciencia interior, que constituye el fundamento del atributo. Pero hay más: aún cuando el hecho sea uno de nuestros sentimientos o estados de conciencia simples, y, por consiguiente, no susceptible de análisis, ambos nombres, el del objeto y el del atributo, son también susceptibles de definición, o, mejor, lo podrían ser si todos nuestros sentimientos tuvieran nombres.”(pp.154)

    Bibliografía:

    “Sobre sentido y referencia”, Gottlob Fregue. En Estudios sobre semántica, Ed. Folio, 2002.

    Diccionario de filosofía, Ferrater Mora. Ed. Círculo de lectores, 2002.

    J. S. MILL

    SISTEMA

    DE

    LÓGICA