Sistema político posrevolucionario

Historía política mexicana contemporánea del siglo XX. Ciencias sociales. Poliarquía. Desarrollo histórico mexicano. Teoría dahltiana

  • Enviado por: Jose Daniel Mandujano
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 9 páginas

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SISTEMA POLITICO POSREVOLUCIONARIO

En el presente trabajo tratarte de explicar en base algunos autores que si bien no estoy satisfecho con su participación tratare de explicar aunque sea un poco el sistema posrevolucionario, si bien todos los estudios y los que han visto al sistema posrevolucionario han de en tender que ese caso en particular y en ello tiene una importancia importante el origen del PRI, que en esta ocasión no haré mucho en explicar sobre este partido, puesto que de sus orígenes y por todos los cambios sufridos al nombre del partido tienen características un poco diferentes poro culminan con el revolucionario institucional.

El sistema político posrevolucionario que durante décadas resultara funcional para muy amplios sectores de la sociedad, se fue convirtiendo progresivamente en un obstáculo para la organización política y social de los mexicanos. Su régimen político, organizado en torno a un partido de Estado, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), ejerció el poder basado en el autoritarismo, el corporativismo, la arbitrariedad y la corrupción. Este régimen encontró sus propios límites en 1968, cuando irrumpieron en el escenario nacional fuerzas políticas que reclamaban democratización.

La poliarquía se ha visto como una teoría aplicable a las realidades políticas de los países en transiciones democráticas. Robert Dahl, autor de dicha teoría, se ha encargado de teorizar con respecto a todos aquellos conceptos y categorías que son utilizados por aquellos cientístas políticos que todo miden y que, muchas veces; poco explican.

En el libro Siglo de caudillos y Biografía, de Enrique Krauze creo que es importante tomar en cuenta los objetivos planteados en un principio; retomar aquellos partidos y procedimientos electorales que se han dado desde la formación del Estado mexicano posrevolucionario. En la visión de Enrique Krauze, todos esos sucesos tenían un fin especifico; la consolidación de una democracia mexicana. La idea de Krauze es muy debatible debido a sus carencias. Aquí lo único que se intentara es hacer un breve recuento de aquellos sucesos importantes que han marcado el desarrollo histórico del sistema político mexicano (teniendo siempre en cuenta los procesos electorales). Aquí es muy necesario retomar un poco la conceptulización de dicho desarrollo, claro; de acuerdo al libro en cuestión:

Hay, sin embargo, razones de más peso para que esta sección no sea histórica sino testimonial. Sabemos cómo se construyó el sistema, cómo prosperó hasta el límite y cómo entró en crisis con el movimiento del 68. Lo que no sabemos es cómo y cuándo terminará esa crisis. Esa incertidumbre, esa condición inacabada y abierta, es la prueba de que no contamos con la suficiente perspectiva histórica para juzgar lo que ha pasado desde 1970 hasta la fecha. El futuro modifica el pasado, lo aclara, lo configura; pero el futuro, en este caso, no ha llegado. Parece claro que la institución mexicana de la presidencia imperial está cercada por un movimiento democrático que crece día a día; pero nadie puede prever lo que ocurrirá, porque la historia se mueve siguiendo trayectorias y estructuras, voluntades humanas y actos de libertad. Y, como bien sabían los antiguos, está gobernada también por un dios inescrutable; el del azar.

Obviamente la visión anterior tiene como objetivo idealizar la formación de un modelo presidencialista autoritario que al entrar en crisis se ve obligado a reestructurase en vías de una democratización. La consolidación de ese sistema primeramente autoritario Krauze la atribuye a Lázaro Cárdenas. Según el autor de La presidencia imperial; fue el general Cárdenas quién se encargaría de consolidar un sistema político en donde la figura presidencial se convertiría en el elemento principal, de ahí que su poder sea comparado con el de un imperio. Obviamente, en un sistema así la democracia sería algo innecesario. De ese punto de partida Krauze hace su relato. Haciendo de ese modo una delimitación muy clara del inicio del análisis, representada por la frase del autor que indica -en relación a la ya mencionada estructuración del sistema posrevolucionario-que “a partir de 1940 volvería a oscilar, esta vez hacia la llamada impostergable del futuro”.

Ahora bien, en 1940 se tenía que dar otra coyuntura de traspaso del poder presidencial. Con el libro de Ayer en México se pudo ver como antes Cárdenas; Obregón y Calles dieron al sistema político mexicano una característica especial; transferencias de poder presidencial realmente violentas. Dentro de nuestro análisis eso es muy importante; se debe tomar en cuenta un aspecto primordial en los procesos históricos electorales del país; el tema de la sucesión. De ahí es como el famoso tapado y su destape se convirtieron en un elemento importante para el sistema. Las postulaciones anticipadas y las imposiciones no son nada nuevo, tienen su origen desde la formación el régimen que el libro de Krauze relata. Y precisamente ese momento le llegó a Cárdenas, su elegido fue Manuel Ávila Camacho, llamado por Krauze “El presidente caballero”. Una designación que desde un principio causo polémica; enrique Krauze recalca la opinión que Cosío Villegas tenía al respecto:

Mi decepción llegó, no en el periodo de Cárdenas, sino en a sucesión de Cárdenas. Cuando me di cuenta de que Cárdenas apoyaba a Ávila Camacho, que era indiscutiblemente de temperamento y de tendencia conservadora, supe que la Revolución mexicana iba a dar la vuela... Cárdenas podía haber inventado a un hombre que hubiera perseguido su obra, no frenado. Pero el giro hacia Ávila Camacho representaría un cambio d e rumbo.

Aparte de las críticas que llovían sobre el presidente caballero de la gran papada era también muy evidente la presencia de su hermano Maximino, un hombre fuerte y con ambiciones políticas tan grandes que lo llevaron hasta la tumba. Maximino siempre argumentó ser el primogénito y por tanto tener una jerarquía más alta que la de su hermano dentro de la familia revolucionaria. Las cosas nunca se le dieron a Maximino como él quería; su hermano Manuel fue el elegido y le toco hacer, entre otras cosas, por ejemplo; entrar a la segunda guerra mundial; aunque con una participación casi insignificante pero participación al fin y al cabo. Lo rescatable aquí sería reconocer que los hermanos incómodos tampoco vienen de la época de Salinas, vienen desde más atrás.

No sólo nulificar el ardor de su hermano fue la única tarea de Ávila Camacho; el presidente caballero también tuvo que formar una unidad nacional para cohesionar las opiniones nacionales encontradas en cuanto a la segunda guerra mundial. Igualmente durante su régimen se comenzaron a dar mayores apoyos a las instituciones, es decir; se fue allanando el camino para que en el futuro los civiles y no los militares ocupasen los cargos públicos, entre ellos, obvio; la presidencia de la república. Un aspecto muy importante a rescatar aquí es que se comenzó a dar una mayor prioridad de la razón sobre las armas. Aunque, claro, como Krauze también señala, los cacicazgos y cotos de poder de las clases dominantes siempre se conservaron. Esto último hace necesario recordar lo que Krauze llama “ganado político” , es decir; aquél aprovechamiento de cooptación tanto de los caciques como de los campesinos, esto con el apoyo y preservación de ambos con políticas donde, se puede decir, todos salían ganado; aunque postergando, como siempre, la interminable reforma agraria.

La poliarquía se ha visto como una teoría aplicable a las realidades políticas de los países en transiciones democráticas. Robert Dahl, autor de dicha teoría, se ha encargado de teorizar con respecto a todos aquellos conceptos y categorías que son utilizados por aquellos cientístas políticos que todo miden y que, muchas veces; poco explican. En éste trabajo se intentará dar la muestra del choque que las teorías empírico conductistas tienen con la realidad. Es decir, se tratará de presentar explicaciones en primacía de las mediciones.

El ejercicio teórico aquí presentado es un esfuerzo intelectual que intenta alejarse de las simplificaciones. Si bien el trabajo se encuentra supeditado a las categorías dahltianas, al tratarse de un estudio comparativo; también hay que tomar en cuenta que esto no es precisamente un estudio de caso.

Se partirá primeramente de la descripción de aquellos conceptos que Dahl ha puesto a debate. Conceptos y también categorías que pueden ser muy cuestionables, aunque, en esa primera parte; el análisis se limitará solamente a la descripción de la teoría hecha por Dahl. Obviamente, sería imposible abundar en el tratamiento de todo el entramado metodológico del autor, en cambio; sí es posible dar una breve recapitulación de los elementos teóricos suficientes que nos ayuden, al menos, a contestar una pregunta: ¿Qué es la poliarquía?

Una vez que ya estemos consientes del significado y los alcances de un régimen poliárquico, se pude dar una descripción del desarrollo histórico del régimen mexicano. Aún no se intentará demostrar la inaplicabilidad o inexistencia de la poliarquía en el caso mexicano pero sí se dará un breve recorrido descriptivo por la formación y reestructuración del sistema político mexicano. Se esbozará la formación de una hegemonía cerrada y su posterior apretura o transición, aparentemente del tipo democrático.

El análisis primigenio de describir la teoría dahltiana así como la formación y cambio del sistema en México darán paso a la, tal vez, parte más analítica del trabajo. La última etapa del análisis es aquella en donde se confrontará el desarrollo histórico del cambio político en México y la teoría de la poliarquía. Demostrando de tal forma que, el terreno de lo real muchas veces, o tal vez la mayoría de ellas; es muy diferente al terreno de lo ideal.

La teoría de la poliarquía de Dahl así como la formación del autoritarismo mexicano y su posterior transformación hacia una democracia de corte liberal; en ésta tercera parte se hará un intento por explicar la aplicabilidad o inaplicabilidad de la teoría dahltiana al caso mexicano.

Cuando Dahl reconoce la inexistencia del ideal democrático pone sobre la mesa el término de la poliarquía como, supuestamente, un concepto mayormente acorde a la realidad política de las transiciones de sistemas políticos cerrados a sistemas políticos abiertos(siempre en los límites que el mismo sistema imponga) De ahí que la transición mexicana pueda verse como la búsqueda de una poliarquía, el abandono de un régimen de partido hegemónico para pasar a otro donde la élite gobernante se traslade a otro sitio, aunque siempre con el discurso de legitimación que indique el poder de un pueblo libre de elegir a sus representantes. De ahí que varios autores, entre ellos José Antonio Crespo, reconozcan que en el caso Mexicano el juego electoral de un sistema de partidos competitivo así como la rendición de cuentas mediante elecciones periódicas son mecanismos de preservación de una nueva élite política que reside en las instituciones de ese mismo sistema; las más fuertes de esas instituciones son los partidos políticos. Es por eso que la tesis de ésta tercera parte es muy clara; la caracterización de la transición democrática en México vista como una poliarquía trunca en donde el sistema político retiene buena parte de su poder en una élite política que utiliza el voto ciudadano como el medio ideal de preservación del dominio clasista.

La poliarquía vista como un gobierno de grupos podría tornarse, en el caso mexicano, en el gobierno de los grupos de poder. Esto último puede sustentarse retomando las propias condiciones que Dahl pone para la existencia de un gobierno enmarcado en la poliarquía. De acuerdo con el autor de La Poliarquía, los individuos que habiten un sistema político poliárquico deberán tener la oportunidad de formular y manifestar sus preferencias políticas así como de recibir un trato igualitario por parte del gobierno en turno con respecto a dichas preferencias. Esto último se dará debido a una serie de garantías que el autor expone; las cuales deben ser analizadas en la realidad política mexicana para medir su grado de efectividad, y en algunos casos; de existencia.

En México se podría interpretar aquella libertad de asociación de la que habla Dahl, como la conformación de grupos afines al modelo político imperante. La poliarquía en México se ve representada por los partidos políticos como los medios de organización más efectivos para alcanzar el poder y tener una verdadera influencia en las decisiones de incumbencia colectiva. Con relación a lo anterior, Víctor Manuel Muños señala que “el papel electoral de los partidos políticos y su influencia sobre los poderes públicos son dos aspectos fundamentales en la vida democrática”. Es por eso que una asociación que realmente pretenda influir en el sistema político debe estar inmersa en él; de ahí que muchos jóvenes vean en la incursión a un partido político la verdadera vía de influencia y cambio; olvidando con esto último las viejas formas de lucha antisistémica. La poliarquía en México está incompleta en cuanto a esa capacidad de organización plural; los medios de organización realmente influyentes dentro del sistema se encuentran monopolizados por los organismos institucionalizados más fuertes; los partidos políticos. Aunque también se pudiera reconocer a las ONG's como instituciones alternas de participación, pero éstas se encuentran inmersas dentro del mismo sistema político; le dan legitimidad. La configuración que Dahl hace en cuanto a las libertades necesarias para lograr una poliarquía no precisamente habla de organismos elitistas que se sustentan con votos de ciudadanos no inmersos en la élite donde se toman las decisiones. La democracia en México se acerca más a la partidocracia que a la poliarquía.

Recordando que Dahl señala que para llegar a una poliarquía es necesario contar con elevados niveles de participación política que ayuden a conformar un debate público efectivo, no se podría decir, del todo; que el abandono de la hegemonía cerrada en México sea precisamente un transito a un sistema totalmente poliárquico. El sistema político mexicano que abandonó el autoritarismo y la hegemonía de un partido de Estado no ha logrado tener mecanismos de participación que permitan una verdadera libertad de expresión de las preferencias ciudadanas. Aquí también hay que recordar que la libertad de manifestar las preferencias de los ciudadanos es un requerimiento indispensable, según Dahl, para llegar a la poliarquía. Si bien también es importante contar con la libertad del voto para expresar las preferencias, en el caso mexicano ese ha sido el medio predominante de participación sobre cualquier otra forma alternativa. De hecho, autores como Gregorio Urías han llegado a decir que el cambio político en México ha sido “la democratización por la vía pacífica”, partiendo siempre del voto ciudadano como la forma dominante de participación democrática. De tal forma que se tiene a los procesos electorales periódicos como la única forma real de influencia sistémica; consolidando de tal manera el dominio de los partidos políticos sin necesidad de recurrir a la fuerza física. Por tanto, el mayor poder que pudiese tener el ciudadano común dentro de un sistema como el mexicano sería su simple libertad de voto:

En el complejo sistema de partidos y electoral de las democracias, la participación de los electores es fundamental. Aunque el voto del que dispone cada elector en lo individual represente un fragmento pequeñísimo de poder, al ejercerlo de acuerdo a lo que considere sus intereses individuales, de gremio, de clase social o de etnia, según sea el caso, contribuye a poner en marcha una maquinaria que podrá premiar o castigar el desempeño y la honestidad -o falta de ella- de cada uno de los partidos contendientes en la justa electoral.

La transición a una posible poliarquía en México se ve como algo difícil, aunque también se cumplan conciertos requerimientos. Ya se ha expresado la existencia del voto ciudadano pero también se ha hecho énfasis en sus limitantes. En cambio, la condición de tener una libertad por parte de los líderes políticos para contender por los cargos de elección pública de la que habla Dahl sí es algo presente en el sistema mexicano; ya se mencionó, también, que la propia élite política representada por los partidos políticos es la que aprovecha los votos ciudadanos para preservar su dominio.

Krauze, Enrique, La presidencia imperial. Ascenso y caída del sistema político mexicano (1940-1996), Tusquets, 7ma edición, México, 2003 p.17.

Krauze, Enrique, Op. Cit., p.33.

Ibídem., p.35.

Ibíd.., p.37.

Ibíd., p.69.

Aunque negar la existencia de la democracia ideal no precisamente significa apartarse de algunos de sus objetivos vistos desde la perfectibilidad de un sistema optimo. Esto se puede ejemplificar muy bien si se recuerda lo dicho por Rousseau: “Si tomamos el término en su más rigurosa acepción, ni ha existido ni existirá jamás verdadera Democracia. Es antinatural que la mayoría gobierne y la minoría sea gobernada” Rousseau, J, J, El contrato social, Alba, Madrid, 2000,p. 89. La mayoría de los analistas políticos estarán de acuerdo en reconocer a Rousseau como uno de los autores retomados por aquellos creyentes en la democracia que intentan buscar autores clásicos como medio de legitimación teórica de su modelo político ideal. De ahí la analogía con la conceptualización hecha por Dahl cuando éste dice no creer en una Democracia que parta del modelo ideal, pero al mismo tiempo presenta una alternativa que parte desde ese mismo modelo, nunca se aparta.

Ver: “Alternativa y juego electoral” y “La elitización de la política” en: Crespo, José Antonio, Fundamentos políticos de la rendición de cuentas, ASF, México, 2001.

Muñoz Patraca, Víctor Manuel, Del autoritarismo a la democracia. Dos decenios de cambio político en México, UNAM, siglo XX1 editores, México, 2001,p.43.

Ver: “Presencia numérica de los jóvenes en la élite política” en: Fernández Poncela, Anna M, Cultura política y jóvenes en el umbral del nuevo milenio, IFE-SEP, México, 2003.

Ver: Aguilar Villanueva, Luis F, “Participación ciudadana y vida municipal”. en: Acosta Cázares, et al., El Municipio en México, Archivo General de la Nación, Centro Nacional de Desarrollo Municipal, Secretaría de Gobernación, México 1996. Autores como Luis F Aguilar han insistido en colocar a las organizaciones no gubernamentales (ONG) como mecanismos de participación ciudadana ,sin desconocer que dichas formas de asociación siguen siendo parte de un mismo sistema democrático liberal. Las ONG's no parten del desconocimiento del sistema, al contrario; se adaptan a él.

Autores como Patrice Gueniffey han reconocido que los partidos políticos son las élites de poder más influyentes dentro de las democracias liberales, como la mexicana. Éste autor habla, tomando el caso de la revolución francesa; de la formación de una nueva clase política posterior a la caída del autoritarismo. Esa nueva clase política es representada por los partidos políticos que sustentan un discurso ideológico de inclusión social cuando en realidad se conforman como una aristocracia conservada gracias a los votos ciudadanos. Al respecto, ver: ¿Una aristocracia invisible” en: Patrice, Gueniffey, La revolución francesa y las elecciones. Democracia y representación a fines del siglo XVIII, IFE-FCE, México, 2001.

Urías Germán, Gregorio, La democracia en México después de la alternancia: retos y posibilidades, Miguel Ángel Porrúa, México, 2003, p.91

Hay autores como Héctor Tejera o Manuel Ignacio Martínez que también perciben a la ejecución de un simple voto como la forma elemental de participación dentro del nuevo régimen político en México. Mientras Tejera señala que los procesos electorales forman parte de una cultura de participación ciudadana; Martínez señala que dicha participación es la más relevante en un sistema como el de México para lograr una convivencia entre la ciudadanía y las elites que la gobiernan, electas popularmente, claro. Ver: Martínez Espinosa, Manuel Ignacio., et., al, Ensayos, IEDF, México, 2001.En relación a esa legitimación de la élite constituida por los partidos mediante el voto ciudadano es importante rescatar la opinión de Muñoz Patraca: “La cualidad dinámica del sistema hace posible la alternancia de los partidos, y de las élites que los componen, en una manifestación de movimiento. La competencia política es provechosa para los ciudadanos, que se benefician de la exigencia que su voto comunica a los elegidos”. Muñoz Patraca, Víctor Manuel, Op., Cit., p.24.

Crespo, José Antonio, Op.,Cit, p.49.