Sistema Nervioso

Anatomía. Embriología. Histología. Veterinaria. Cerebro. Médula. Estímulo. Respuesta. Ganglios. Aferentes. Morfología

  • Enviado por: Cadahía
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  • Introducción.

Todos los organismos vivios deben ser capaces de reaccionar apropiadamente a los cambios que se producen en su entorno si quieren sobrevivir. La regulación de estas reacciones es la responsabilidad del sistema nervioso, incomparablemente el más complicado de todos los sistemas del organismo.

Una aproximación puramente descriptiva, especialmente en el encéfalo, tiene un valor muy limitado; una aproximación que intente una explicación adecuada de la función encuentra ciertos problemas. Muchas de las estructuras y vías de las que se compone el sistema nervioso central no son ni concretas ni identificables por los métodos usuales de la anatomía; la mayoría de las “unidades funcionales” tienen conexiones multivariables y complejas con otras unidades; hay partes a las que es imposible adscribir etiquetas funcionales específicas, en algún caso porque su significado es desconocido, en otros porque tiene una multiplicidad de asociaciones.

El compromiso adoptado en este capítulo es la presentación de una descripción formal inicial seguida de disgresiones cortas y bastante elementales sobre el significado funcional de unas cuantas “ unidades” seleccionadas. Estas disgresiones tienen como propósito principal el asociar algún “significado” a las estructuras descritas previamente. Esto se hace así en el convencimiento de que los cursos ulteriores de fisiología o neurología aportarán análisis funcionales más completos.

  • Los elementos estructurales.

Un cambio ambiental apropiado avoca un asimilo que es reconocido por un órgano receptor; la reacción o respuesta ante ese estímulo es producida por un órgano efector. En los organismos multicelulares los órganos receptor y efector están separados y se conectan por medio de una cadena de neuronas, células altamente especializadas en las cuales las propiedades generales citoplasmáticas de irritabilidad y conductividad están desarrolladas en grados extremos. Cualquiera que sea el estímulo, la neurona receptora la traduce en forma de un potencial eléctrico, y el mensaje se transmite de manera codificada. El impulso viaja a lo largo de la neurona antes de transmitirse a la célula siguiente de la cadena; ésta puede ser otra neurona pero en definitiva, al final de la cadena, estará un efector, una célula muscular o glandular. De esta manera las neuronas constituyen las unidades básicas con las que se construyen el sistema nervioso.

La neurona es una célula elongada que consiste en un cuerpo celular, conocido como perikarion porque contiene al núcleo, y varias prolongaciones. Las prolongaciones, que varían considerablemente tanto en número como en longitud y formas, son de dos tipos que se distinguen, de una manera claramente útil, por la dirección en la que transmiten los impulsos. Una variedad, la dendrita, habitualmente es múltiple y transmite los impulsos hacia el perikarion; la otra, el axón, es siempre único en su origen (aunque puede dividirse a alguna distancia del perikarion) y conduce los impulsos alejándose de éste. Por lo tanto, la célula nerviosa está claramente polarizada. La disposición de las prolongaciones permite una clasificación morfológica simple de las neuronas. La mayoría son multipolares y poseen un número, generalmente muy grande, de dendritas arborizadas que se unen al perikarion en puntos dispersos. En un segundo tipo de, unipolar, el árbol dendrítico y el axón inicialmente se combinan en una extensión única del perikarion que ulteriormente se ramifica; tales neuronas se describen a veces como pseudounipolares, puesto que inicialmente se desarrollan como células bipolares. Las dendritas y los axones superficialmente se parecen, y ambos se describen comúnmente como fibras nerviosas. Con muchas excepciones, se considera como una regla general que las dendritas son relativamente cortas y los axones relativamente largos.

Los diferentes tipos de neuronas tienen distribuciones específicas que se relacionan con sus funciones particulares. Evidentemente, un árbol dendrítico multiarborizado capacita a la neurona para recibir impulsos desde muchos lugares. Por el contrario, un axón muy arborizado puede conectar, y por lo tanto, estimular con muchas células. En el primer caso se permite una convergencia de impulsos desde varios orígenes; el segundo produce una radiación o difusión de un mensaje. Las conexiones entre neuronas son conocidas como sinapsis, un término que puede hacerse extensivo también a las conexiones neuromusculares. Un axón puede establecer conexiones sinápticas con los cuerpos, las dendritas, o los axones de otras neuronas, recibiendo las denominaciones respectivas de sinapsis axosomática, axodendrítica, y axoaxónica. La mayoría de las neuronas establecen muchas sinapsis, algunas tienen varios miles de lugares sinápticos, aunque ello no supone, por supuesto, un número similar de células. Las sinapsis poseen una morfología variable que es siempre complicada, pero aquí será suficiente hacer una descripción elemental. Las células participantes no están en continuidad ni en contacto directo sino que siempre las separa una brecha muy estrecha. El impulso nervioso (potencial de acción) que llega a la parte presináptica de un axón no salta de célula en célula sino que causa la liberación de una sustancia transmisora química específica que difunde a través de la brecha. Cuando esta sustancia llega a la membrana plasmática postsináptica (de la célula siguiente) produce uno de dos efectos: despolariza la membrana, iniciando un nuevo impulso que entonces se propaga todo a lo largo de la célula postsináptica, o hiperpolariza la membrana causando un bloqueo o efecto inhibidor. La existencia de sinapsis excitantes e inhibidoras, a veces en una misma célula, provee un medio para que ocurra una gran diversidad de respuestas. Las sustancias químicas transmisoras más comunes comprenden glicina, acetilcolina y noradrenalina.

Las neuronas cuentan con el apoyo de otras células especializadas. El tejido de sostén del encéfalo y la médula espinal se conoce como neuroglia y comprende varios tipos celulares que no hemos de distinguir. Las células neurogliales no sólo sostienen a las neuronas sino que contribuyen a nutrirlas; además, las células neurogliales proveen a las fibras nerviosas del encéfalo y la médula espinal de envolturas citoplasmáticas que las aíslan de sus alrededores, impidiendo que los impulsos escapen. El material aislante, mielina, imparte un color blanco a las fibras nerviosas observadas a simple vista, Las fibras nerviosas de los troncos periféricos ( fuera del encéfalo y de la médula espinal) reciben una aislación similar de espesor muy variable merced a otro tipo de célula de sostén, la célula de Schwann (neurilemocito). Además, los troncos nerviosos periféricos también están protegidos, sostenidos y subdivididos por vainas y tabiques de tejido conectivo, pero el encéfalo y la médula espinal, aunque están incluidos dentro de una serie de revestimientos de tejidos conectivo (meninges), no son penetrados de esta manera por el tejido conectivo.

Los grupos de pericariones se distingue por su color más oscuro, en particular si se los contrasta con la blancura de los haces de fibras adyacentes; esto permite trazar la sencilla distinción en sustancia gris y blanca del encéfalo y médula espinal. Las aglomeraciones aisladas de neuronas dentro del encéfalo se suelen conocer como núcleos, pero algunas son tan pequeñas que no se distinguen a simple vista.

Los haces de fibras de origen, destino y función comunes tienden a congregarse dentro del encéfalo y la médula en fascículos o tractos, aunque normalmente los límites de éstos no son evidentes y sólo se pueden establecer con medios experimentales. La mayoría de estos tractos se designan por la combinación de su origen, que se emplea como prefijo, y su destino, que se emplea como sufijo; en consecuencia, inmediatamente se sabe el significado de nombres como tractos espinocerebeloso y cerebeloespinal.

Las aglomeraciones neuronales en nervios periféricos pueden formar engrosamientos visibles que también pueden distinguirse por su color y textura, porque son más oscuros y más firmes que los de los respectivos troncos nerviosos. Estas aglomeraciones se conocen universalmente con el nombre de ganglios.

  • Aparato estímulo-respuesta.

Habiendo establecido estos puntos fundamentados podemos retornar ahora para considerar el aparato estímulo-respuesta. En la forma más sencilla encontrada en los mamíferos, este aparato comprende cinco elementos dispuestos en serie: una región receptora adaptada para responder a un estímulo de una modalidad particular, una neurona aferente que transmite un impulso en dirección central hacia el encéfalo o médula espinal, una sinapsis, el resto de la neurona eferente que transmite un impulso desde el centro hacia la periferia y un efector, que puede ser un músculo, glándula o célula neurosecretoria. Esta secuencia constituye un arco reflejo primario, elemental o monosináptico.

En realidad el arco reflejo monosináptico es una disposición muy poco común, aunque provee la base de un ejemplo familiar, el reflejo patelar o rotuliano. Éste es un reflejo de estiramiento (miotáctico) que, como muchos lectores sabrán, puede obtenerse golpeando debidamente el ligamento patelar, continuación funcional del músculo cuadríceps. El golpe estira el músculo y estimula así los husos musculares y otros receptores que están en su vientre y su tendón; un impulso viaja por las fibras aferentes (motoras inferiores); los axones de estas neuronas retornan dentro del mismo nervio y el impulso se proyecta en las fibras constituyentes del músculo, estimulando su contracción para realizar la extensión brusca de la articulación.

En la mayoría de los reflejos una o más neuronas adicionales se interponen en la cadena comprendida entre las neuronas aferente y eferente. Estas neuronas tienen el conveniente nombre de interneuronas, aunque existen varios sinónimos. Todavía se podría decir que este sistema es simple si sólo interviniese una cadena neuronal no ramificada, pero la mayoría de los reflejos entrañan circuitos más complicados den los que se estimulan o inhiben neuronas adicionales. Las ramificaciones colaterales permiten que se ejerza un control más refinado y quizá la intrusión de la actividad en la conciencia.

Un buen ejemplo de respuesta integral es el miembro de un animal de pie sometido a un pinchazo u otro estímulo nocivo. El miembro se retira mediante la acción coordinada de los músculos flexores de varias articulaciones y estos movimientos son facilitados por la relajación de músculos extensores antagonistas que antes estaban en actividad. Las vías ramificadas que intervienen en la obtención de esta respuesta recorren varios segmentos de la médula para llegar y excitar o inhibir a las neuronas eferentes que inervan los diversos músculos. Al mismo tiempo, el animal debe ajustarse a la eliminación de uno de sus puntos de sostén redistribuyendo su peso en los otros miembros; las vías necesarias para realizar este ajuste más amplio se extienden a lo largo de considerables tramos de la médula y algunas cruzan al lado opuesto.

La coordinación de los cambios para que se mantenga el equilibrio entraña la participación de centros superiores del encéfalo, al cual el mensaje debe ascender, además de la integración dentro de la médula. Es improbable que este proceso pase inadvertido; como interviene la corteza cerebral, el animal estima la situación y considera si se requiere una respuesta más general, como escapar o hacer frente al agresor. Esta respuesta sopesada dista mucho de la sencilla respuesta monosináptica y monosegmentaria del reflejo rotuliano y entraña aparatos integrativos de diversos grados de complejidad propagados por toda la médula y el encéfalo, así como la recolección de datos de los centros superiores que conciernen a la memoria y el juicio.

  • Subdivisiones del sistema nervioso.

Aunque en realidad el sistema nervioso es un todo integrado y único, conviene y hasta es necesario para muchos fines dividirlo en partes. La división más fundamental puede ser topográfica, distinguiendo el sistema nervioso central (encéfalo y médula espinal o neuroeje) del sistema nervioso periférico (troncos nerviosos craneanos espinales y autónomos con sus respectivos ganglios). Esta división facilita la descripción, pero a costa de trazar una distinción artificial que llega a asignar partes diferentes de las mismas neuronas a las dos divisiones, como sucede con los pericariones y axones de las neuronas eferentes del arco reflejo rotuliano.

Una división alternativa que tendría más en cuenta la función de basa en la dirección en la cual viajan los impulsos y en la índole de la información que estos impulsos transmiten. Distingue, por lo tanto, los sistemas aferentes y eferentes. Los primeros conducen impulsos hacia la médula espinal y determinadas partes del encéfalo y los segundos desde ellas. Las vías aferentes de los nervios periféricos a menudo se denominan sensoriales; los impulsos van desde la periferia hacia el encéfalo o médula espinal. Dentro de la médula se los describe la mayoría de las veces como ascendentes; los impulsos viajan desde las partes “inferiores” (más caudales) hacia las “superiores” (más craneales). Las vías eferentes suelen conducir impulsos desde los niveles “superiores” hacia los “inferiores” dentro del encéfalo y la médula y desde éstos hacia la periferia; los nombres alternativos para describir estos sistemas son descendente y motor. La equivalencia de algunos de estos términos no resiste un análisis detenido, en particular en lo referente a los sistemas integradores dentro de la médula, porque muchos haces de fibras descendentes no son motores y muchos haces ascendentes no son sensoriales.

La índole de la información transmitida y de las actividades que rige permite trazar la distinción adicional entre los sistemas nerviosos somático y visceral. El sistema somático interviene en las funciones “animales” -locomoción y otras- que determinan la relación entre el organismo y el mundo exterior, mientras que el sistema visceral o autónomo concierne a las llamadas funciones viscerales que se relacionan con el ambiente interno, como regulación de la frecuencia cardíaca, control de los procesos digestivos, y otras. Como regla general, pero no siempre, existe mayor conciencia y mayor control voluntario de las funciones somáticas que de las viscerales. Por supuesto, los sistemas somático y visceral funcionan en íntima colaboración.

Puede hacerse una clasificación más intrincada. Los sistemas aferentes son inicialmente divisibles en somático y visceral y éstos, a su vez, en subdivisiones generales y especiales.

Las vías aferentes somáticas generales se originan en receptores que están en la piel y en los tejidos somáticos más profundos de la pared corporal y los miembros. Las vías originadas en los receptores de la piel conciernen a las sensaciones enteroceptivas, como tacto, temperatura y dolor, que responden a estímulos provenientes del exterior del organismo; los receptores de los tejidos más profundos comprenden la categoría adicional propioceptiva, que interviene en sensaciones “profundas” como las que informan sobre la angulación de las articulaciones y la tensión existente en los músculos y sobre cambios en estas condiciones. Todos los nervios espinales y ciertos nervios craneanos poseen fibras aferentes somáticas generales.

Las vías aferentes somáticas especiales tienen un origen más restringido en ciertos órganos de los sentidos especiales - retina del ojo y los componentes coclear y vestibular del oído interno- que conciernen a la visión, audición y equilibrio, respectivamente. Las fibras relacionadas con la visión y audición son enteroceptivas y las relacionadas con el equilibrio son propioceptivas. Sólo existen fibras aferentes somáticas especiales en dos nervios craneales, el óptico y el vestibulococlear.

'Sistema Nervioso'
. Las vías aferentes viscerales generales se originan en los receptores (enteroceptivos) de los vasos y vísceras de la cabeza y tronco, que en su mayoría responden a los estímulos del estiramiento y químicos. Las fibras de esta división están dentro de ciertos nervios craneanos y en todos los espinales.

Las vías aferentes viscerales especiales nacen en los órganos sensoriales especializados de la olfación y gustación. Las fibras que conducen información olfatoria sólo existen en el nervio olfativo y las que conducen información gustativa están en un pequeño grupo de nervios craneales.

Los sistemas eferentes se dividen de manera similar, aunque sólo se distingue un grupo “especial”.

Las vías eferentes somáticas generales van a los músculos estriados de origen somático, como los del globo ocular y la lengua en la cabeza y, salvo pocas excepciones, los músculos de los miembros y tronco.

Las vías eferentes viscerales generales van a la musculatura lisa de las vísceras y los vasos, músculo cardíaco y glándulas. La mayoría de estos órganos reciben una doble inervación por medio de las divisiones simpática y parasimpática del sistema nervioso autónomo, que muchas veces se describe como antagonista, aunque “equilibradora” sugeriría mejor su papel cooperativo. Las fibras eferentes viscerales de la división simpática salen del sistema nervioso central con los nervios espinales de las regiones toracolumbares de la médula espinal, en tanto que las de la división parasimpática se limitan a un pequeño grupo de nervios espinales. Sin embargo, muchas fibras eferentes viscerales se unen después a otros nervios, de modo que finalmente alcanzan una distribución periférica muy generalizada.

Las vías eferentes viscerales especiales van a los músculos estriados originados en los arcos viscerales (branquiméricos) que en teoría se asocian con actividades viscerales. Como estos músculos poseen los atributos usuales de la musculatura estriada y sus vías nerviosas motoras también son similares, algunos prefieren llamar a estas vías “somáticas especiales”, pero la mayoría piensa de distinta manera y las denomina “eferentes viscerales especiales”

Es lamentable que el apelativo neutro “branquiomotor” no haya tenido aceptación generalizada porque evita muy bien la dificultad reconociendo el origen especial y el estado equívoco de los músculos y, por ende, de su inervación.

  • Somatotopia.

Las fibras y los cuerpos celulares de muchos tractos y núcleos retransmisores, y de las áreas de la corteza cerebral y cerebelosa en las cuales pueden proyectarse, preservan una distribución punto por punto muy ordenada que refleja la topografía de las partes del cuerpo en las cuales se originan los impulsos aferentes o a las cuales se entregan los impulsos eferentes. Esta distribución no siempre, y ni siquiera generalmente, reproduce las verdaderas proporciones, sino que representa las partes del cuerpo en relación con las densidades de su inervación. Las representaciones toman la forma de caricaturas grotescas, a veces conocidas como homúnculos aunque en anatomía veterinaria sería mejor decir “animalúnculos” - en que las partes muy sensibles, como los labios y el hocico del caballo, olas capaces de movimientos muy refinados y exactos como los dedos del hombre o la cola prensil de un mono, tienen un tamaño exagerado. El concepto de la somatotopia es muy importante al considerar la significación de lesiones patológicas, en neurocirugía y en estimulación experimental.

MORFOLOGÍA Y EMBRIOLOGÍA GENERAL DEL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL

  • Estudio introductorio

El encéfalo se continúa con la médula espinal sin una demarcación clara. Es un órgano muy irregular cuya forma se adapta estrechamente a la de la cavidad craneana en lo cual se aloja, mientras que la médula espinal, delgada y alargada, tiene un aspecto más regular y uniforme.

El tamaño del encéfalo no guarda ninguna relación constante con el tamaño del animal al cual pertenece, pero es relativamente menor en las especies grandes y, por cierto, proporcionalmente mayor en los mamíferos más avanzados. El encéfalo del hombre, perro y caballo pesa 1200 a 1500 g., 70 a 150 g. y 400 a 700 g, respectivamente; estas cifras arrojan relaciones entre el peso del encéfalo y el peso corporal del orden de 1:48 (hombre), 1:100 a 400 (perro) y 1:800 (caballo). La gran variación en el peso relativo del encéfalo canino, aunque podría aticipársela por la variedad de razas, ofrece cierta noción de las dificultades para interpretar tales cifras. En cambio, el desarrollo relativo de determinadas partes del encéfalo tiene una significación más obvia porque existe una preponderancia relativa de las partes “más nuevas” (en un sentido filogenético) y particularmente del cerebro en los mamíferos en general y mamíferos “superiores” en especial, cuando se los compara con las formas inferiores. El gran tamaño y complejidad de los hemisferios cerebrales humanos es el ejemplo extremo de esta tendencia evolutiva.

Aunque un poco más adelante haremos descripciones más detalladas de las partes del sistema nervioso central, su apreciación se facilitará reseñando primero el encéfalo en conjunto y describiendo después su desarrollo. Hemos de aludir reiteradamente e las figuras para ubicar e identificar las estructuras que nombramos.

Vistos desde la superficie dorsal, los rasgos descollantes del encéfalo son los hemisferios cerebrales y el cerebelo; sólo se ve una pequeñez parte de la médula oblongada (bulbo raquídeo) en continuidad con la médula espinal. Los hemisferios cerebrales semiovoides están divididos entre sí por una profunda fisura longitudinal y del cerebelo por una fisura transversal; en el encéfalo in situ, ambas fisuras se hallan ocupadas por pliegues de una membrana dural resistente que reviste la cavidad craneana, Cada hemisferio está moldeado en una trama de crestas o circunvoluciones (gyri) y cisuras o surcos (sulci) dispuestas de manera que difieren mucho entre las diversas especies. El cerebelo presenta marcas superficiales más pronunciadas aún.

La cara ventral del encéfalo es más plana en general y revela las subdivisiones del encéfalo con mayor claridad. La parte caudal está dada por la médula oblonga, que se expande al seguirlo hacia delante hasta que termina detrás de una cresta transversa prominente, el puente, que se puede seguir sobre la cara lateral hasta su unión con el cerebelo. Delante de éste el mesencéfalo, oculto en la vista dorsal. Aparece como dos columnas divergentes, los pilares cerebrales (crura cerebri) y, que se continúan rostralmente para desaparecer en las profundidades de los hemisferios. Están separados por la fosa interpeduncular y más hacia delante se halla el prosencéfalo, cuyos rasgos medianos ventrales más destacados son el hipotálamo (al cual la hipófisis o glándula pituitaria está unida por medio de un tallo) y el entrecruzamiento o quiasma formado por los nervios ópticos. La parte más grande del prosencéfalo corresponde al par de hemisferios cerebrales, cuyos rasgos ventrales más prominentes son los lóbulos piriformes redondeados que flanquean los pilares cerebrales y los tractos olfativos que se originan en los bulbos olfativos que sobresalen en el extremo rostral. En la superficie ventral también se ven los orígenes superficiales de los nervios craneales, con excepción del nervio troclear.

Los hemisferios cerebrales y el cerebelo se desarrollan en el lado dorsal de las otras partes y al retirarlos todo lo que queda se conoce como tronco cerebral, que es una continuación directa, aunque muy modificada de la médula espinal.

  • Desarrollo

Siendo más fácil entender la anatomía del encéfalo refiriéndola a su desarrollo, convendrá que hagamos una descripción general de esto antes de continuar; más adelante mencionaremos otros detalles más.

El sistema nervioso hace su aparición muy temprano porque se pone en evidencia en la etapa del disco embrionario como un engrosamiento alargado del ectodermo que cubre la notocorda y el mesodermo paraaxil. Las partes laterales de este engrosamiento, placa neural, no tardan en elevarse por encima de la superficie circundante mediante el crecimiento del mesodermo subyacente, para formar en ambos lados los pliegues neurales que descienden hacia un surco axil, el surco neural. A medida que el proceso continúa, los bordes de los pliegues se destacan cada vez más y luego se doblan hacia adentro, el uno hacia el otro, hasta que se reúnen y se fusionan, convirtiendo el surco neural en un tubo neural. Este tubo, que es el primordio del encéfalo y la médula espinal, se hunde entonces debajo de la superficie, la cual se cierra simultáneamente sobre él mediante fusión del ectodermo no neural de cada lado. Al mismo tiempo, las células que están en los márgenes de los pliegues se separan para formar unos cordones continuos, las crestas neurales, que corren casi todo a lo largo del tubo en sus caras dorsolaterales. Las crestas neurales contribuyen a la formación de los ganglios periféricos somáticos y autónomos, de las partes medulares de las glándulas adrenales y de una variedad de tejidos conectivos craneofaciales.

Al principio el cierre del tubo neural se limita a la presunta región occipital, pero poco después se propaga en dirección rostral y caudal hasta que sólo quedan dos pequeñas aberturas (neuroporos) que comunican la luz del tubo con la cavidad amniótica en la superficie del embrión. Estas aberturas no persisten mucho; el neuroporo rostral se cierra primero, en tanto que el caudal permanece abierto uno o dos días más, mientras el tubo sigue elongándose en su extremo caudal mediante extensión y plegamiento ulterior de la placa neural hacia adentro. La persistencia anómala de estas aberturas produce defectos relativamente comunes en el encéfalo y médula espinal. En los cuales el tejido nervioso puede quedar expuesto a la superficie del cuerpo. La falta de cierre en el extremo rostral produce malformación del prosencéfalo y mesencéfalo, con las respectivas anomalías del cráneo; esto se conoce como anencefalia y, si bien este término sugiere ausencia total del desarrollo del encéfalo su severidad puede ser muy variable; sin embargo, la mayoría de las formas son incompatibles con la vida posnatal. La falla en el extremo caudal es más común y se conoce como espina bífida, que se asocia con un cierre defectuoso de los arcos vertebrales. Los niños y animales jóvenes que tienen esta malformación pueden vivir después de nacer, aunque con severos trastornos funcionales; no se suele permitir que los animales afectados sobrevivan.

La parte del tubo neural que forma el encéfalo es más ancha desde el principio y presenta unas expansiones locales ya antes de que el tubo se cierre del todo. Estas expansiones definen tres vesículas encefálicas primarias: prosencéfalo (cerebro anterior), mesencéfalo (cerebro medio) y rombencéfalo (cerebro posterior). La parte remanente del tubo, más uniforme, se convierte en médula espinal. Al principio la diferenciación de la pared es similar todo a lo largo del tubo, pero se modifica después en la parte que se convierte en encéfalo y en mayor medida hacia su extremo rostral. Convendrá considerar primero la diferenciación de la médula espinal.

El corte transversal del tubo en el momento de su formación revela tres capas concéntricas en su estructura. Estas capas están desarrolladas de manera desigual en torno de la circunferencia, de modo que se las puede dividir en unas partes laterales gruesas conectadas por unas placas más finas que les sirven de techo y piso. La capa más interna que linda con la luz consiste en una lámina simple de células neuroepiteliales que persiste como el epéndimo, que reviste el conducto central y el sistema ventricular de la médula espinal y encéfalo del adulto. Estas células proliferan rápidamente y, si bien algunas células hijas permanecen como revestimiento superficial, la mayoría migra hacia fuera hasta la capa media (manto), de la pared lateral. Estas células inmigrantes son neuroblastos, precursores de neuronas. El manto mismo se convierte en la sustancia gris en la cual están confinados los cuerpos de las neuronas. Las prolongaciones de las células de la capa del manto se extienden hacia fuera y forman la capa externa (marginal) consistente en dendritas y axones. La capa marginal se convierte en la sustancia blanca de la médula, donde las fibras descienden o ascienden hasta diversas distancias.

Ahora las células del manto se disponen en unas columnas dorsales y ventrales que se abultan dentro de la luz del tubo, donde están separadas por un surco limitante longitudinal. El abultamiento dorsal (placa alar) provee el asta o columna dorsal de sustancia gris de la médula; sus neuronas constituyentes pertenecen a los sistemas aferentes. El abultamiento ventral (placa basal) se convierte en el asta o columna ventral donde están las neuronas eferentes. Las neuronas que cumplen funciones somáticas se separan de las que cumplen funciones viscerales y entonces cuatro grupos de neuronas se disponen en una secuencia dorsoventral: aferente somática, aferente visceral, eferente visceral y eferente somática. Las placas del techo y piso proveen unas comisuras por las cuales las fibras pasan de un lado de la médula al otro.

El crecimiento adicional de las placas alares y basales hace que las partes laterales de la pared del tubo se expandan hacia fuera en todas direcciones, sumergiendo así las placas del techo y piso y creando el surco dorsal y la fisura ventral que dividen a la médula adulta en sus mitades derecha e izquierda. La aparición de las raíces de los nervios espinales crea una segmentación seriada. Las raíces dorsales provienen de neuronas que están dentro de los ganglios de las raíces dorsales, que son condensaciones locales de células de la cresta neural. Las prolongaciones axónicas de estas células corren en dirección medial para llegar a la capa marginal y penetrar en ella, donde se difunden por varios segmentos antes de entrar en la capa del manto para terminar en células de la columna dorsal; algunos, más largos, llegan a niveles más altos dentro del sistema nervioso central. Las raíces ventrales se forman mediante axones de neuronas eferentes de la columna ventral, que crecen a través de la capa marginal para emerger en la superficie de la médula espinal, donde convergen. La aparición de las raíces divide la sustancia blanca en los cordones (funiculi) dorsal, lateral y ventral.

Las tres vesículas encefálicas primarias son evidentes antes de que se cierre el tubo neural. En este momento el prosencéfalo ya ha extendido las evaginaciones que se convierten en las copas ópticas. El encéfalo crece con mayor rapidez que los tejidos que lo rodean y la restricción que esto impone lo obliga a remodelar su forma, de modo que aparecen flexuras en tres sitios. La flexura más caudal es más pronunciada en el hombre que en los cuadrúpedos. Dobla el encéfalo ventralmente en su unión con la médula espinal. Casi al mismo tiempo se produce una segunda flexura a nivel del mesencéfalo, que es lo suficientemente pronunciada como para que las superficies ventrales del prosencéfalo y romboencéfalo se sitúen cerca entre sí, esta relación se invierte más tarde cuando aparece la tercera flexura, que pliega el rombencéfalo dorsalmente sobre sí mismo. El plan de las partes principales se completa con la aparición de un par de evaginaciones laterales de las placas alares del prosencéfalo, directamente detrás del límite rostral de esta parte. Estos brotes, que son los futuros hemisferios cerebrales, constituyen el telencéfalo; la porción mediana impar del prosencéfalo, que en lo sucesivo se conoce como diencéfalo, se diferencia como tálamo y estructuras relacionadas con éste. Las vesículas telencefálicas se expanden en todas direcciones, pero principalmente en una curva que se extiende en dirección dorsal y caudal para superponerse al diencéfalo, con el cual establecen una fusión secundaria en las superficies adosadas.

El desarrollo del cerebelo comienza con unas formaciones bilaterales en las placas alares del metencéfalo que después se extienden para fusionarse en la línea media.

El origen de los componentes y cavidades principales del encéfalo puede resumirse convenientemente en forma tubulada.

Aunque no hemos de describir la histogénesis del sistema nervioso, hay que señalar dos puntos. La mayor parte del total de neuronas existe ya, en general, antes o poco después del nacimiento, sin embargo en algunas partes del encéfalo persiste una considerable actividad mitótica posnatal. La vida del adulto se caracteriza por una depleción gradual de su cantidad en un proceso que se acelera con el avance de la edad. Los distintos autores proveen estimaciones muy discrepantes de la pérdida neuronal en el hombre, en el cual este fenómeno reviste un interés más obvio. Una cifra que se cita a menudo es que un 20% del total neonatal se pierde al llegar a los 65 o 70 años. El segundo punto se relaciona con el proceso de mielinización de las fibras dentro del sistema nervioso central. Los distintos tractos del encéfalo y la médula espinal adquieren un aislamiento adecuado (esencial para su función) en distintas etapas del desarrollo. Este proceso exhibe diferencias importantes según las especies.

El tubo neural recibe un revestimiento directo inicial provisto por células mesodérmicas, con cierta suplementación, en la región del prosencéfalo, por células que migran desde las crestas neurales; forman dos láminas (piamadre y aracnoides) separadas por un espacio. Una cubierta externa (duramadre) se forma mediante condensación del mesodermo circundante; esta cubierta se encuentra separada de la aracnoides por un espacio mucho más estrecho.

ANATOMÍA DESCRIPTIVA DEL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL.

  • Médula espinal

La médula espinal es una estructura alargada más o menos cilíndrica es una estructura alargada más o menos cilíndrica pero con cierto aplanamiento dorsoventral y algunas variaciones regionales en cuanto a forma y dimensiones. Las más importantes de estas son los engrosamientos (intumescencias) de las partes que dan origen a los nervios que van a los miembros torácicos y pelvianos y el afinamiento caudal (cono medular). La médula espinal se halla dividida en segmentos que corresponden a los somitos por los orígenes seriados de las raíces de los pares de nervios espinales; se ha descrito el modo de origen de estos nervios. En otros capítulos se ha de considerar la relación entre estos segmentos y las vértebras.

Un corte transverso simple muestra una masa central de sustancia gris perforada en la línea media por un pequeño canal central, residuo de la luz del tubo neural embrionario. En la sustancia gris, que en cierto modo semeja una mariposa o letra H, se suelen describir unas astas o columnas dorsales y ventrales, aunque el término “ astas” no es correcto porque se extienden todo a lo largo de la médula. El grisado se debe, por supuesto, a que los pericariones están ahí concentrados. El asta dorsal corresponde a la placa alar y contiene neuronas aferentes somáticas en su parte dorsomedial y neuronas aferentes somáticas, que están en la parte ventral, y en neuronas eferentes viscerales, que forman un asta lateral adicional confinada a las regiones toracolumbar y sacra de la médula.

Las neuronas de cada asta están agrupadas de manera más específica de acuerdo con sus asociaciones funcionales y tópicas, pero esto no se discierne a simple vista.

La sustancia blanca que envuelve la sustancia gris se divide en tres cordones a cada lado. El cordón dorsal está contenido entre un surco dorsal poco profundo, prolongado hacia la profundidad por un tabique glial mediano, y la línea del origen de las raíces dorsales de los nervios espinales; el lateral está contenido entre la línea de las raíces dorsales y ventrales, mientras que el cordón ventral está contenido entre la línea de las raíces ventrales y una fisura ventral que penetra a gran profundidad en la sustancia blanca, aunque dejando una comisura considerable que conecta las mitades derecha e izquierda. Esta fisura ventral está ocupada por una masa de pía que aparece como un trazo brillante en la superficie de la médula espinal.

Los cordones consisten en fibras nerviosas ascendentes y descendentes, muchas agrupaciones en haces (fascículos y tractos) de orígenes, destinos y funciones comunes. Algunas de estas últimas se mencionarán más adelante.

  • Encéfalo posterior

El encéfalo posterior (romboncéfalo) comprende la médula oblongada (bulbo raquídeo), puente y cerebelo. Estas partes se diferencian a partir de la vesícula encefálica caudal poco después del cierre del tubo neural. La atenuación de la placa del techo debilita la estructura y hace que la vesícula se aplane a medida que se desarrolla la flexura póntica. El aplanamiento extiende las paredes laterales hacia fuera, de modo que las superficies luminales se orientan mirando dorsomedialmente y las placas alares quedan laterales a las placas basales. La parte caudal respecto de la flexura (mieloencéfalo) se convierte en la médula oblonga de la anatomía del adulto. La parte rostral se desarrolla y se convierte en metencéfalo, señalando en el exterior por el puente y el cerebelo. Las partes de la placa del techo caudal y rostral respecto del cerebelo se mantienen finas y constituyen los velos medulares que completan la envoltura de la luz, que se conoce como cuarto ventrículo.

  • Bulbo raquídeo y puente.

El bulbo raquídeo y el puente forman porciones sucesivas del tronco cerebral, correspondiendo el puente a la extensión de la gran barra transversal que encierra las caras ventrales y laterales y se continúa en el cerebelo como los pedúnculos cerebelosos medios. A pesar de la clara distinción externa, la continuidad de la organización hace que la división del puente respecto del bulbo raquídeo sea un concepto bastante artificial.

Aunque el bulbo raquídeo se continúa con la médula espinal directamente, se ensancha hacia su extremo rostral como consecuencia del aplanamiento ocurrido durante el desarrollo. Su superficie ventral presenta una fisura mediana que se continúa con la de la médula y está flanqueada por unas crestas longitudinales, las pirámides. Muchas fibras constituyentes de las pirámides se decusan en la transición entre la médula espinal y el bulbo raquídeo formando haces entrelazados dentro de la fisura. Una cresta transversa menor, el cuerpo trapezoide, cruza la superficie ventral del bulbo raquídeo directamente a caudal de la barra póntica más grande. Los otros rasgos notables de esta superficie son los orígenes superficiales de muchos nervios craneales. El nervio trigémino (V) aparece en la parte lateral de la lámina póntica transversa; el nervio abducens (VI) emerge en un sitio más caudal y medial, a través del cuerpo trapezoide a lateral de la pirámide; los nervios facial (VII) y vestibulococlear (VIII) aparentan continuar hacia lateral al cuerpo trapezoide; los nervios glosofaríngeo (IX), vago (X) y accesorio (XI) surgen de la cara lateral del bulbo raquídeo en rápida sucesión, en tanto que el nervio hipogloso (XII) adopta un origen más ventral en línea con el del nervio abduccens y las raíces ventrales de los nervios espinales.

Sería útil estudiar un corte mediano del encéfalo antes de examinar la cara dorsal del bulbo raquídeo y puente. Este corte muestra que el cuarto ventrículo es acercado a la superficie superior del tronco cerebral por una inclinación dorsal del canal central dentro de la parte caudal corta del bulbo raquídeo. El ventrículo está cubierto por un techo en tienda formado por el cerebelo y por los velos medulares caudal y rostral que van desde el cerebelo hasta la parte caudal cerrada del bulbo raquídeo y hasta el mesencéfalo, respectivamente. La exposición de la superficie dorsal del bulbo raquídeo y del puente obliga a eliminar el cerebelo mediante el corte transversal de sus pedúnculos, pero con esta operación es case inevitable que se destruyan los frágiles velos.

El cuarto ventrículo tiene una forma rómbica y de ahí que se lo denomine fosa romboidal; su parte más ancha está en la unión pontomedular. Los bordes de la fosa están dados por los tres pares de pedúnculos cerebelosos. El piso es bastante irregular y presenta un surco mediano y un par de surcos laterales (limitantes). La parte más rostral del velo rostral, que suele persistir después de eliminar el cerebelo, exhibe los orígenes superficiales de los nervios trocleares (IV), únicos que emergen de la cara dorsal del encéfalo.

La parte cerrada del bulbo raquídeo caudal al cuarto ventrículo, presenta unas eminencias poco evidentes, los núcleos grácil y cuneiforme, en la terminación de los fascículos de los mismos nombres, dentro del cordón dorsal de la médula espinal.

Los rasgos principales de la anatomía interna del bulbo raquídeo y puente son los núcleos de los nervios craneales, los núcleos olivares y pónticos y la formación reticular y ciertos tractos de fibras ascendentes y descendentes que conectan la médula espinal con niveles superiores del encéfalo. Las diversas categorías de estructuras se describirán sucesivamente, pero sin énfasis en tratar de establecer sus relaciones topográficas exactas.

  • Núcleos de los nervios craneales

Los núcleos de los nervios craneales representan la continuación de cuatro componentes funcionales -aferente somático, aferente visceral, eferente visceral y eferente somático- que componen la sustancia gris de la médula espinal, complementados por tres componentes más -aferente somático especial, aferente visceral especial y eferente visceral especial- que aparecen en el bulbo raquídeo en relación con la inervación de elementos de la cabeza que no tienen equivalentes en el tronco ni en los miembros. Los cuatro componentes “generales” están agrupados en la sustancia gris de la médula, pero diseminados y separados en columnas paralelas dentro del bulbo raquídeo. En parte esto es consecuencia del aplanamiento del bulbo raquídeo y del ensanchamiento y desviación dorsal de la posición de su luz. Ahora estos componentes exhiben una secuencia latermodial y no dorsoventral con la columna eferente somática a lateral y la columna eferente somática por medial. Algunas de estas columnas también se fragmentan en partes individuales (núcleos), mientras que en ciertos niveles las relaciones se ajustan todavía más para permitir la introducción de componentes adicionales. Como consecuencia de todo esto los nervios craneales que contienen más de un componente funcional nacen en más de un núcleo y ciertos núcleos pueden originar componentes similares de más de un nervio. La disposición general de los siete componentes se ilustra en forma esquemática en la figura, pero con suficiente exactitud para satisfacer muchas necesidades.

La columna eferente somática general sirve a músculos originados en somitos de la cabeza. Es la columna medial, que está fragmentada en un largo núcleo hipogloso y un núcleo del nervio abducens más pequeño en el piso del cuarto ventrículo (y los núcleos del troclar y del oculomotor dentro del tegmento del mesencéfalo). Las fibras procedentes de los núcleos del oculomotor, abducens e hipogloso siguen el curso previsto para emerger en la cara ventral del encéfalo, cerca de la línea media y alineados entre sí y con las raíces ventrales de los nervios espinales. Las que componen el nervio troclear emergen de la cara dorsal del encéfalo después de una decusación dentro del velo medular rostral en un curso aberrante que no halla explicación satisfactoria.

La columna eferente visceral especial inerva músculos estriados -masticatorios, de la mímica, laríngeos y faríngeos- originados en los arcos branquiales por medio de los nervios trigémino, facial, glosofaríngeo, vago y accesorio. Se desarrolla entre las columnas eferentes somática general y visceral general, como corresponde para su condición dudosa, pero después de hunde ventralmente. La columna está dividida en los núcleos motores de los nervios trigémino y facial y el llamado con propiedad núcleo ambiguo, compartido por los nervios glosofaríngeo, vago y accesorio. Las fibras emergen de la superficie ventrolateral del tronco cerebral pero no siempre siguen la trayectoria interna más directa para hacerlo.

La columna eferente visceral general aporta el componente motor autónomo (parasimpático) de ciertos nervios craneales. Es la más lateral de las columnas eferentes y se halla dividida en núcleo parasimpático del vago, el núcleo salival caudal del glosofaríngeo y el núcleo salival rostral del nervio facial, así como el núcleo parasimpático del nervio oculomotor en el mesencéfalo. La distribución de las fibras vagales de esta categoría se cumple en las vísceras cervicales, torácicas y abdominales (pero no pelvianas) y las de las fibras del glosofaríngeo y facial en las glándulas de la cabeza, en tanto que las del nervio oculomotor van a los músculos intrínsecos del globo ocular.

La columna aferente visceral en realidad es doble, y compartida por neuronas aferentes viscerales generales y especiales. Forma un solo núcleo muy largo (del tracto solitario) subdividido entre los respectivos nervios facial, glosofaríngeo y vago. Muchas neuronas intervienen en la sensibilidad visceral general en la parte caudal de la boca y las vísceras cervicales, torácicas y abdominales; el componente especial, que concierne a la gustación, está distribuido entre los tres nervios que se acaban de mencionar.

La columna aferente somática general se extiende desde la parte cervical de la médula espinal a través del bulbo raquídeo y el puente hasta el mesencéfalo. Se halla fraccionada en varios núcleos, uno -núcleo mesencefálico del nervio trigémino- concierne a la propiocepcion; presenta como rasgo singular la inclusión de los cuerpos celulares de neuronas aferentes primarias dentro del sistema nervioso central, excepción a la regla en otros sentidos inviolable de que los cuerpos celulares de las neuronas aferentes primarias están en los ganglios periféricos. Los dos núcleos exteroceptivos son el núcleo del tracto (espinal) descendente del nervio trigémino, que va desde el nivel de la entrada del nervio a la parte cervical de la médula espinal, y el núcleo sensorial principal del nervio trigémino en el puente. A pesar de los nombres asignados a estos tres núcleos, no son exclusivos del nervio trigémino sino que reciben aportes sensoriales de una amplia gama de nervios craneales, quizás XII, XI, X, VII, VI, y III, aunque muchos detalles son oscuros.

La columna aferente somática especial se asocia con los nervios óptico y vestibulococlear y, por ende, con los sentidos somáticos especiales de la visión (II), equilibrio (división vestibular del VIII) y audición (división coclear del VIII). Las vías aferentes de estos importantes sentidos se consideran en otra parte; por ahora nos proponemos localizar los núcleos relevantes en el tronco cerebral. Los cuatro núcleos vestibulares, íntimamente relacionados entre sí, están diseminados en parte del bulbo raquídeo y puente, a medial del pedúnculo cerebeloso caudal. Los dos núcleos cocleares (dorsal y ventral) están en la parte más rostral del bulbo raquídeo, cerca de la entrada del octavo nervio.

  • Otros rasgos internos

El complejo nuclear olivar ocupa una posición en la parte caudal del bulbo raquídeo, en un sitio dorsolateral respecto del tracto piramidal, donde a veces eleva suavemente la superficie. Consta de varias partes y su forma varía mucho de una especie a otra, siendo a menudo una lámina plegada sobre sí misma para formar un saco. Es un elemento importante del mecanismo regulador de retroalimentación motora. Varios otros núcleos motores del puente intervienen también en el control motor.

La formación reticular es un sistema difuso de núcleos y tractos de fibras y que va desde la médula espinal hasta el prosencéfalo y ocupa gran parte del centro del bulbo raquídeo y del puente. Los principales tractos de fibras que pasan por esta parte del tronco cerebral también se comentarán más adelante. El gran tracto descendente, que produce la pirámide por lateral, y el tracto ascendente, conocido como lemnisco medial, son prominentes en los cortes transversales. El lemnisco medial consiste en fibras provenientes de los núcleos grácil y cuneiforme que corren ventralmente como fibras arqueadas profundas (internas) y cruzan la línea media en la parte ventral del bulbo raquídeo caudal antes de virar en dirección rostral como el gran haz lemniscal medial. En esta área se encuentran también las fibras del tracto trigeminotalámico, provenientes del núcleo sensorial principal del nervio trigémino, y fibras del tracto cervicotalámico que vienen del núcleo cervical lateral. Otras aglomeraciones conspicuas de fibras componen los tres pedúnculos cerebelosos, cuya composición, origen y destino se consignarán más adelante.

  • Cerebelo

El cerebelo es una masa más o menos globulosa y muy fisurada que está encima del puente y el bulbo raquídeo, conectada con el tronco cerebral mediante tres pedúnculos a cada lado. Se halla separado de los hemisferios por la fisura transversa ocupada por la tienda membranosa del cerebelo cuando se observa el encéfalo in situ.

El cerebelo consiste en grandes hemisferios laterales y una estrecha cresta mediana llamada vermis por su semejanza con una lombriz de tierra. Una serie de fisuras transversas crea una división de mayor importancia funcional y filogenética. Las más profundas dividen un pequeño lóbulo floculonodular, caudal respecto de la masa más grande, que a su vez está dividida en los lóbulos caudal y rostral. Unas fisuras más pequeñas dividen los lóbulos en lobulillos y éstos en unas unidades más pequeñas todavía que se conocen como folios o laminillas. El lóbulo floculonodular es la parte más antigua (arquicerebelo) en cuanto a la filogenia, el lóbulo rostral (paleo cerebelo) no es tan antiguo y el lóbulo caudal (neocerebelo) es el más moderno. El lóbulo caudal está particularmente bien desarrollado en las llamadas especies superiores y especialmente en los primates. Los lobulillos poseen nombres individuales, pero ni sus nombres ni sus formas exactas tienen importancia.

La disposición de la sustancia gris y blanca contrasta mucho con la observada en la médula espinal y el bulbo raquídeo. En el cerebelo la mayor parte de la sustancia gris está dispuesta como una corteza externa que encierra la sustancia blanca o “médula”. La médula se origina en los pedúnculos y se irradia a través de los diversos lóbulos, lobulillos y folios formando una estructura ramificada que semejan en cierto modo un árbol. Por este aspecto y por la antigua creencia de que aquí se asienta el alma, a veces se la conoce como árbol de la vida. Un poco de sustancia gris adicional forma una serie de núcleos incluidos en la médula; los más importantes son los núcleos fastigiales próximo a la línea media, el núcleo cerebeloso lateral (dentado) lateralmente y los núcleos interpósitos.

El cerebelo está unido al tronco cerebral por medio de tres pedúnculos cerebelosos a cada lado y por los velos medulares caudal y rostral. El pedúnculo caudal está conectado con el bulbo raquídeo y consiste en su mayor parte en fibras aferentes, algunas de las cuales corren desde sus orígenes en la médula espinal y otras provienen de los núcleos vestibulares, el núcleo olivar y la formación reticular. El pedúnculo medio (brachium pontis) también consiste en fibras aferentes orifinadas en núcleos del puente. El pedúnculo rostral (brachim conjunctivum) va al mesencéfalo; consiste en su mayor parte en fibras eferentes emitidas hacia el núcleo rojo, formación reticular y tálamo, pero también incluye un componente aferente considerable que continúa el tracto espinocerebeloso ventral. Los tres pedúnculos se hallan íntimamente comprimidos entre sí en sus inserciones en el cerebelo.

Las funciones del cerebelo conciernen al equilibrio y a la coordinación de las actividades posturales y locomotoras. El control del equilibrio se encuentra en el lóbulo floculonodular. El lóbulo caudal se ocupa de regular la retroalimentación de la función motora y para este fin recibe un aporte directo de los núcleos del puente y olivares y un aporte indirecto de las otras partes del cerebelo. El lóbulo rostral recibe información propioceptiva. En la corteza cerebelosa existe una representación somatotópica del cuerpo.

  • Mesencéfalo

El cerebro medio o mesencéfalo es una porción corta y un tanto constreñida que preserva mejor la organización básica del tubo neural que las otras partes del tronco cerebelar.

El mesencéfalo está expuesto en la superficie ventral del encéfalo intacto, al cual contribuye con los pilares cerebrales divergentes, la fosa interpeduncular y el origen superficial de los nervios oculomotores (III). Se halla oculto en su lado dorsal por los hemisferios cerebrales y el cerebelo que lo cubre. Su luz, el acueducto, el un pasaje simple que une las cavidades mucho más grandes del tercero y cuarto ventrículos. El mesencéfalo posee una estructura estratificada que comprende el, tegmento y pedúnculo cerebral en secuencia dorsoventral. Formalmente todas las partes, excepto el techo, se incluyen dentro de los pedúnculos cerebrales, pero en la práctica a este último término se lo equipara con el pilar cerebral (cruz crebri), parte ventral respecto del tegmento.

El techo está dorsalmente al acueducto. Sus rasgos principales son cuatro engrosamientos superficiales redondeados. El par de engrosamientos caudales (colículos caudales) se halla ampliamente espaciado pero unido por una comisura sustancial. Son centros de integración para las vías auditivas. Existe una conexión con el cuerpo geniculado medial homolateral (que es un engrosamiento del tálamo) por medio de una cresta bien evidente (brachium: brazo). Los colículos rostrales están cerca entre sí, unidos con los cuerpos geniculados laterales por unos brazos similares pero menos notorios. Los colículos rostrales son puestos retransmisores de las vías visuales e intervienen en reflejos somáticos resultantes de estímulos visuales, como por ejemplo la reacción de sorpresa ante un destello. También son centros de integración espacial.

El tegmento comprende en centro del mesencéfalo y se continúa directamente con el correspondiente estrato de metencéfalo. Gran parte de él consiste en la formación reticular. Los núcleos mesencefálicos principales son los núcleos mesencefálicos de los nervios trigéminos (V), los núcleos trocleares (IV), los núcleos principales y parasimpáticos del oculomotor (III), los núcleos rojos (llamados así por su considerable irrigación) y el núcleo “gris periacueductal”, centro de sustancia gris que rodea el acueducto. La sustancia negra en una lámina prominente que se puede identificar en los cortes transversales por su color más oscuro, que se debe a la acumulación de pigmento dentro de las neuronas constituyentes. Al igual que el núcleo rojo, se asocia con los núcleos basales en el control de los movimientos voluntarios.

Los pilares cerebrales (cura cerebri) están en la superficie ventral del encéfalo y comprenden tractos de fibras que corren entre el telencéfalo y el tronco cerebral caudal y divergen en su parte rostral para desaparecer sumergiéndose en los hemisferios. Están separados por la fosa interpeduncular triangular. Aquí emergen los nervios oculomotores (III), en un sitio directamente rostral respecto del puente.

  • Cerebro anterior

El cerebro anterior comprende el diencéfalo mediano y el par de hemisferios cerebrales (telencéfalo). Los hemisferios se superponen a las caras dorsolaterales del diencéfalo, a las cuales se han fusionado mediante en crecimiento de tractos de fibras a través de las brechas.

  • Diencéfalo

El diencéfalo (no existe ningún otro nombre alternativo conveniente) forma la parte más rostral del tronco cerebral. Sólo su parte más ventral, el hipotálamo, se ve en la superficie externa del encéfalo intacto, pero aparece más extensamente en el corte mediano. Comprende tres partes; epitálamo, tálamo (incluso subtálamo) e hipotálamo, que se desarrollan en relación con el techo, paredes y piso del tercer ventrículo, respectivamente.

El epitálamo, la parte más dorsal, comprende la glándula pineal (epífisis cerebral), estrías habenulares, habénulas y comisura habenular. La glándula pineal es un pequeño cuerpo mediano que se proyecta dorsalmente desde el tronco cerebral detrás de una evaginación del techo del tercer ventrículo, que sólo consiste en pía y epéndimo. Aunque desde hace mucho se sospechaba que la glándula pineal cumplía alguna función en el desarrollo y la conducta sexual, recién ahora se están elucidando sus funciones; se cree que interviene en particular en la regulación estacional de la actividad ovárica como respuesta a los cambios de la duración del día. La estría habenular en un haz de fibras que, entre otros, conecta el área septal con los núcleos habenulares. Es una importante vía en el sistema límbico. Las habénulas son complejos nucleares de función enigmática que se desarrollan dentro de las partes más dorsales de las paredes ventriculares. Reciben fibras (estría habenular) del hipocampo y otras partes del telencéfalo y envían fibras a núcleos mesencefálicos. Los núcleos habenulares izquierdo y derecho se hallan conectados entre sí por la comisura habenular.

El tálamo es el componente más grande del diencéfalo. Se desarrolla dentro de las paredes laterales del tercer ventrículo pero en muchas especies, incluso domésticas, después se abulta hacia el ventrículo para formar un puente con su homólogo. Esto, la masa intermedia o adhesión intertalámica, se reduce el ventrículo a un espacio anular circundante. Las relaciones del tálamo son difíciles de representar por su posición profunda y por la falta de separación respecto de las estructuras vecinas. Se extiende hasta la lámina terminal gris en dirección rostral y hasta el mesencéfalo en dirección caudal; su superficie dorsal mira hacia el fórnix y el piso del ventrículo lateral, su superficie ventral descansa sobre el hipotálamo y su faz lateral está cubierta por la cápsula interna de fibras que ascienden hasta la corteza cerebral y descienden de ella.

El tálamo consiste en una cantidad muy grande de núcleos que se denominan de acuerdo con sus relaciones topográficas. Estos núcleos que se denominan de acuerdo con sus relaciones topográficas. Estos núcleos cumplen diversas funciones específicas y colectivamente son el centro retransmisor e integrados más importante del tronco cerebral porque reciben en el grupo ventral a la mayoría de los sistemas aferentes (pero excluyendo las vías que intervienen en la olfación) y también proveen en el grupo ventral sistemas de control de retroalimentación para las vías motoras.

El subtálamo contiene los núcleos subtalámico y endopeduncular y la zona incierta. El núcleo subtalámico actúa como puesto retransmisor en la vía motora extrapiramidal, mientras que los otros núcleos sirven de enlace entre el sistema límbico y los sistemas motores somático y visceral.

El metatálamo, parte caudolateral del tálamo, comprende los cuerpos geniculados medial y lateral cuya presencia y posición se mencionaron en la descripción del mesencéfalo. Al cuerpo geniculado lateral, aunque no es conspicuo de por sí, se le une el tracto óptico que corre en dirección caudodorsal hacia él, sobre la superficie del tálamo. El cuerpo geniculado medial es ventromedial respecto del lateral y recibe fibras acústicas por medio del colículo caudal. Los núcleos que están en estos engrosamientos retransmiten información visual y acústica a la corteza cerebral.

El hipotálamo constituye las partes más bajas de las paredes laterales del tercer ventrículo. Aparece en la superficie externa del encéfalo entre la región preóptica (rostral respecto del quiasma óptico) y los pedúnculos cerebrales y la fosa interpeduncular. Sus rasgos superficiales sobresalientes son la región conocida como tuber cinereum, que extiende el tallo o infundíbulo que suspende a la hipófisis debajo del encéfalo, y el cuerpo mamilar redondeado. En su interior contiene una cantidad de núcleos asociados con el sistemas nervioso visceral y la regulación hormonal.

La hipófisis es un cuerpo sólido oscuro situado dentro de un receso en el piso de la cavidad craneal y suele quedar al retirar el encéfalo porque el infundíbulo, ahuecado por un receso del tercer ventrículo, se desgarra con facilidad. Además el cuerpo hipofisario está sujeto en su sitio por una lámina de duramadre. Sus funciones se describen en otra parte.

  • Telencéfalo (cerebro)

El telencéfalo consiste en un par de hemisferios y en la lámina terminal gris, fina placa que forma la pared rostral del tercer ventrículo. Como los hemisferios de desarrollan como excrecencias del diencéfalo, sus paredes y sus luces (ventrículos laterales) se hallan en continuidad directa con los respectivos rasgos de esa parte. Los hemisferios del adulto son unas estructuras semiovoides que constituyen la parte más grande del encéfalo y su crecimiento hace que se extiendan en dirección caudal sobre el tronco cerebral hasta corta distancia del cerebelo. Este crecimiento los aproxima entre sí y sus superficies mediales aplanadas se miran la una a la otra a través de la estrecha fisura longitudinal en la cual encaja la hoz del cerebro cuando el encéfalo está in situ. El resto dela pared externa esta dividido entre las superficies dorsolateral convexa y la ventral (basal) aplanada.

Las paredes de los hemisferios se engruesan de manera despareja. Gran parte de la pared medial de cada hemisferio queda particularmente fina y en la vida fetal una parte se arrolla hacia adentro, invaginando a la piamadre y al revestimiento ependimario dentro del ventrículo, donde se concierte en el plexo coroideo asociado con esta cavidad. La parte ventrolateral (del estriado) de la pared se engruesa mucho cuando se desarrollan en su interior una cantidad de grandes núcleos -los núcleos basales-. La alternancia de estos núcleos con los conjuntos de fibras en los que están incluidos imparte a la región un aspecto estriado al exponerla mediante un corte, de modo que se la conoce como cuerpo estriado. El resto de la pared se conoce inicialmente como pallium, pero cuando adquiere una cubierta externa de sustancia gris, también mediante migración desde los epéndimos, se la denomina con mayor frecuencia corteza, aunque en sentido estricto este término sólo designa la sustancia gris externa.

Tres regiones del pallium (o corteza) se distinguen por su historia evolutiva, su estructura y su función. Una parte, el archipallium, tiene un origen muy antiguo y al principio sólo cumplía una función puramente olfativa; ha retenido esta asociación en los mamíferos altamente desarrollados. El paleopallium, siguiente parte que hizo su aparición, también estaba relacionado primariamente con la olfacción, pero, a diferencia del archipallium, ha perdido en gran medida esta asociación. La parte más reciente, el neopallium, hizo una aparición inicial muy modesta en la historia de los vertebrados pero ha experimentado un agrandamiento espectacular en los mamíferos, en los cuales es la parte más grande y funcionalmente dominante del telencéfalo. Ahora hemos de describir estas partes por separado, pero en distinto orden por razones de conveniencia. Primero será útil descartar el concepto de un rinencéfalo (“encéfalo olfativo”) que cumple una función olfatoria primaria. Aunque es cierto que el telencéfalo de los vertebrados inferiores se desarrolló específicamente en relación con este sentido, muchas partes han perdido desde entonces su función original y han adquirido otras nuevas. Por los tanto, el término rinencéfalo ya no describe las funciones de estas partes en absoluto y como en la actualidad se lo utiliza de muchas maneras contradictorias, tienen poco a favor de su retención.

  • Paleopallium

El paleopallium se confina a la parte basal del encéfalo y está separado del neopallium por el surco rinal en la superficie lateral y, aunque con menos claridad, del archipallium por medial. Su extremo rostral tiene un apéndice, el bulbo olfatorio, que encaja en un receso del hueso etmoideo. La superficie adosada al hueso aparece afelpada por la entrada de numerosos filetes que, en conjunto, forman el nervio olfativo (I); estos filetes nacen en receptores que están en la mucosa nasal y atraviesan las numerosas perforaciones en la lámina cribiforme del hueso etmoides. En el bulbo los estímulos olfatorios se transmiten a un segundo estadio de neuronas. El bulbo se continúa en dirección caudal con el tracto olfativo común que enseguida se divide en una porción medial y otra lateral separadas por un área triangular. El tracto medial corre hacia la cara medial del hemisferio (área precomisural) donde la información se transmite a un tercer estadio de neuronas. Algunas de las fibras que continúan terminan dentro de ciertas circunvoluciones corticales y otras pasan por la estrecha comisura anterior de la pared rostral del tercer ventrículo para llegar a la respectiva región del hemisferio contralateral. El tracto lateral sigue en dirección caudal para unirse al gran lóbulo piriforme, que es el rasgo más sobresaliente de la superficie basal del hemisferio; no todas las fibras de este tracto llegan al lóbulo piriforme sino que algunas se desprenden por el camino, principalmente para ir al cuerpo amigdaloideo.

  • Núcleos basales

Los grandes núcleos que se conocen con este título están a dorsal del paleopallium donde una cantidad de ellos se combinan con la sustancia blanca para formar el cuerpo estriado. Este complejo habría sido importante originariamente en relación con la olfacción, pero ahora ha adquirido funciones adicionales vinculadas con otros aportes sensoriales y con la regulación de la función motora. (Hay poco que justifique la inclusión de los núcleos basales en el concepto de un “rinencéfalo”.

Los núcleos que componen el complejo estriado se enumeran de diversas maneras, pero la mayoría de las veces de la siguiente manera: núcleo caudado, núcleo lenticular, amígdala y claustro. El núcleo caudado tiene la forma general de una coma con una gran cabeza que sobresale en el piso de la parte principal del ventrículo lateral, un cuerpo que sigue la incurvación caudal de la cavidad y una cola relacionada con el techo de su extensión ventral. El núcleo lenticular es más lateral y se encuentra dividido por una intersección de fibras en dos secciones, el globus pallidus que queda a medial y el putamen, que queda lateral. El núcleo lenticular está separado del núcleo caudado por la rama rostral de la masa de fibras que se conoce como cápsula interna y del tálamo por la rama caudal de la misma formación.

Los otros núcleos basales son las amígdalas más pequeñas, que están cerca de la cola del núcleo caudado, y el claustro, interpuesto entre el núcleo caudado, y el claustro, interpuesto entre el núcleo lenticular y el neopallium, pero separado de éstos por otras láminas de fibras que en su cara lateral se conocen como cápsula externa.

  • Neopallium

Esta estructura constituye la parte principal del telencéfalo: todo lo que se ve en la vista dorsal y la mayor parte de lo que se ve en las vistas lateral y medial. Las alusiones a la “corteza” e incluso al cerebro sin otras calificaciones, suelen significar neopallium. El neopallium está separado del paleopallium por el surco rinal en la cara lateral del hemisferio y del archipallium por el surco esplenial en la cara medial. En algunos mamíferos, por lo general los de tamaño más pequeño, su superficie externa es lisa, pero en los mamíferos más grandes, incluso las especies domésticas, exhibe una complicada disposición de crestas, llamadas circunvoluciones (gyri) y surcos (sulci) alternantes. Aunque es tentados considerar que el modelamiento más intrincado es una manifestación de mayor inteligencia y mayor capacidad para las respuestas complejas, la causa de fondo parece ser física. Las crestas, que en su mayoría son longitudinales, se producen por restricciones impuestas a la expansión de la vesícula telencefálica por los rígidos cuerpos estriado y calloso, en tanto que se requieren plegamientos adicionales para mantener la relación entre el volumen (que aumenta al cubo) y el área cortical (que aumenta al cuadrado) en los encéfalos grandes.

El patrón de las circunvoluciones es razonablemente constante en cada especie pero difiere entre las especies y no es acertado suponer que las semejanzas superficiales indican similitud funcional. Los rasgos más constantes comprenden el surco cruzado, que corre transversalmente en la parte rostro dorsal, unos pocos surcos y circunvoluciones que siguen el borde dorsomedial y el surco silviano en la parte lateral. Aunque otros rasgos proveen jalones útiles para el investigador que trata de establecer la significación funcional de determinadas áreas corticales, los nombres de la mayoría son poco importantes para el estudiante. Una división más sencilla y un tanto arbitraria de utilidad más general distingue cuatro regiones o lóbulos, designados de acuerdo con su proximidad con los huesos que las cubren; esta división reconoce los lóbulos frontal, parietal y occipital en secuencia rostrocaudal y un lóbulo temporal lateralmente de los dos últimos; únicamente el lóbulo frontal está delimitado con nitidez porque en su parte caudal termina en el surco cruzado.

La estructura del neopallium es más intrincada que la de otras áreas corticales y exhibe una notable uniformidad. Presenta seis estratos superpuestos densamente poblados por neuronas y separados por divisiones acelulares. A grandes rasgos, las neuronas son de dos tipos; algunas, más o menos esféricas (granulares) cuentan con prolongaciones de extensión muy limitada, y otras (piramidales) tienen prolongaciones que incursionan a mayor distancia dentro de la sustancia blanca subyacente. Las neuronas piramidales pueden clasificarse por sus conexiones. Las fibras de asociación conectan partes del neopallium del mismo hemisferio después de pasar directamente debajo de la corteza. Las fibras comisurales conectan los dos hemisferios, por lo general uniendo partes contralaterales equivalentes. Transitan sobre el techo del ventrículo lateral y en su mayoría cruzan dentro del cuerpo calloso, principal comisura telencefálica moldeada de modo que forma una rodilla (genu) rostral, un tronco intermedio y un esplenio caudal. Las fibras de proyección que descienden de la corteza conectan con partes inferiores del sistema nervioso central; la mayoría converge sobre la cápsula interna, aprisionada entre los núcleos basales y el tálamo. En su trayecto hacia, desde y dentro de la cápsula las fibras de proyección están ordenadas de acuerdo con sus asociaciones funcionales y sus relaciones somatotópicas.

  • Archipallium

Antiguamente esta parte de la corteza intervenía en la correlación de la información olfatoria con la sensorial de otros tipos, pero ha adquirido nuevas funciones en los mamíferos modernos. Forma parte del sistema límbico, el cual está compuesto por las circunvoluciones del cíngulo, supracallosa y de la rodilla (gyrus geniculi), la formación hopocápnica y la circunvolución dentada.

El archipallium ha dejado de ser un rasgo conspicuo del telencéfalo. La importancia relativamente reducida del sentido de la olfacción y el enorme desarrollo del neopallium han hecho que el archipallium se desplazase hacia la pared medial del hemisferio; reduce todavía más su prominencia el hecho de que una gran parte está arrollada hacia adentro para situarse sobre el piso del ventrículo lateral. El archipallium es dividido topográficamente por el cuerpo calloso en una parte dorsal que se mantiene en la superficie del hemisferio (formando las circunvoluciones del cíngulo y supracallosa entre el surco esplenial y el cuerpo calloso) y en una parte ventral constituida por la porción encorvada que se suele conocer como hipocampo. El archipallium es curvo de conformidad con la forma que adopta la vesícula telencefálica en expansión y concuerda don las caras dorsal, caudal y ventral del tálamo. Esta disposición es útil para postular que el archipallium está conectado entre el bulbo olfativo y el hipotálamo. Como conserva estas conexiones, la vía se ha doblado en un asa a modo de broche para cabello por la expansión del hemisferio; la rama proximal de concavidad ventral, se extiende en dirección caudal hacia el vértice del asa, donde una torsión en espiral coloca la rama distal en un curso de retorno paralelo.

La rama proximal está provista por las circunvoluciones de la superficie debajo de las cuales corren las fibras de asociación longitudinales procedentes del área septal (donde termina el tracto olfativo medial) que constituyen el cingulum. Las fibras de esta vía multisináptica entran en el extremo caudal del hipocampo y forman la cubierta de éste. Las fibras que salen del hipocampo corren rostralmente sobre la superficie de éste condensándose gradualmente en un grueso haz, el fórnix. El fórnix está directamente debajo del cuerpo calloso o en su comienzo, pero se desvía ventralmente a medida que corre hacia delante; se incurva en torno del extremo rostral del tálamo para entrar en el hipotálamo, donde termina dentro del cuerpo mamilar. Los hipocampos derecho e izquierdo están unidos por la comisura del fórnix de modo que existen tres comisuras telencefálicas; el cuerpo calloso neopallial, la comisura anterior paleopallial y la comisura del fórnix archipalleal (también conocida como comisura del hipocampo).

Cuando el fórnix se separa del cuerpo calloso, queda conectado con él por un fino tabique que se profundiza hacia su extremo rostral. Este tabique telencefálico (septum pellucidum) forma parte de la pared medial del ventrículo lateral. Es una estructura bilateral separada de su vecina por una hendidura estrecha y rodeada por completo y en su parte ventrorrostral contiene núcleos septales en los cuales terminan fibras provenientes del tracto olfativo medial.

MORFOLOGÍA FUNCIONAL DEL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL

A pesar de las pretensiones del encabezamiento, en este apartado sólo hemos de ocuparnos de ciertos temas fundamentales que, en su mayoría, sólo se relacionan con vías estructuradas relativamente bien delimitadas.

  • Vías aferentes somáticas generales

La designación “aferente somática general” rige para las vías de tractos de fibras y núcleos intercalados que transmiten información desde la amplia gama de receptores de diversos tipos que están diseminados por toda la piel y tejidos somáticos más profundos. Excluye las vías aferentes somáticas especiales procedentes del ojo y oído interno y por supuesto, las que vienen de los receptores viscerales.

El sistema aferente somático general concierne a una variedad de modalidades sensoriales: tacto, presión, sensibilidad vibratoria, sensibilidad térmica y las sensaciones quinestésicas relacionadas con las posiciones angulares de las articulaciones y la tensión muscular. Las neuronas primarias que intervienen en todos los sentidos están en los ganglios de las raíces dorsales de los nervios espinales (y el respectivo ganglio del nervio trigémino en lo referente a las estructuras de la cabeza), cuyos axones entran en el sistema nervioso central por las raíces dorsales de los nervios espinales (y la raíz aferente del nervio trigémino). Al entrar en el sistema nervioso central los axones se ramifican, de modo que algunas ramas terminan en interneuronas que están en la sustancia gris del segmento de entrada o de un segmento adyacente; a su vez estas neuronas se proyectan en células del asta ventral del mismo segmento o de otro vecino, completando así la cadena neuronal corta que provee la base anatómica de las respuestas reflejas locales. La interneurona se omite del arco reflejo más sencillo de todos, el del reflejo tendinoso. La neurona del asta ventral cuyo axón termina directamente en el efecto se llama neurona motora inferior.

Otras ramas de los axones primarios se conectan con los centros superiores directamente o por medio de interneuronas y proveen así vías que inician respuestas integradas más complejas. Las vías ascendentes relacionadas con la mayoría de las modalidades sensoriales (incluso una fracción de las relacionadas con el registro de la posición) llegan finalmente al área somatosensorial de la corteza cerebral y proveen el mecanismo para la percepción consciente. Ninguna de estas vías ascendentes está aislada del todo respecto de las otras partes del encéfalo y todas están conectadas de diversas maneras con otros centros por medio de ramas colaterales en distintos niveles.

  • Sistema lemniscal

Existen dos grandes vías ascendentes que entran en la conciencia. Una llamada aquí sistema lemniscal, aunque se utilizan otros nombres, es seguida por impulsos que proveen un alto grado de discriminación espacial del tacto para estimar con exactitud la intensidad de la presión, la sensación vibratoria repetitiva y parte de la propiocepción articular. Es eslabón inicial de esta vía está dado por las ramas principales de los axones de las neuronas sensoriales primarias que entran en la médula espinal. Estas ramas pasan inmediatamente al cordón dorsal de la médula, donde adoptan una disposición muy ordenada; las que entran con los nervios sacros ocupan posiciones más mediales y las que entran en niveles más craneales ocupan posiciones progresivamente más laterales. Un tabique glial que aparece dentro del cordón dorsal a nivel mediotorácico lo divide en dos partes; la división medial, que constituye el fascículo grácil, contiene fibras procedentes del miembro pelviano y la parte caudal del tronco, mientras que la división lateral, el fascículo cuneiforme, contiene fibras procedentes del miembro torácico, parte craneal del tronco y cuello. Ambos tractos terminan dentro de los núcleos de nombres similares de la parte dorsal del bulbo raquídeo, donde forman unas ligeras elevaciones en la superficie, los tubérculos grácil y cuneiforme, inmediatamente rostral a la terminación de la médula espinal. Los axones de las neuronas del segundo estadio abandonan las caras ventrales de los núcleos grácil y cuneiforme medial y se decusan inmediatamente hacia el lado opuesto antes de virar en dirección rostral como el gran tracto que se conoce como lemnisco medial. El lemnisco medial corre hacia delante dentro de la parte ventral del bulbo raquídeo, dorsalmente a la pirámide y cerca del plano mediano, para llegar a una parte específica del complejo nuclear caudoventral del tálamo. Después de entablar sinapsis dentro del tálamo, los axones de las neuronas del tercer estadio se proyectan a través de la radiación talámica en el área somatosensorial de la corteza cerebral (neopallium), principalmente en una región directamente caudal respecto del surco cruzado. En su curso por el tronco cerebral el lemnisco medial recibe fibras equivalentes del núcleo cervical lateral, núcleo del tracto descendente del nervio trigémino y del núcleo sensorial rostral (principal) del mismo nervio después de una decusación dentro del mesencéfalo.

La organización somatotópica de esta vía se preserva en toda su longitud, incluso el núcleo talámico y la corteza. La representación cortical corresponde a las partes contralaterales del cuerpo y refleja la abundancia de su inervación sensorial, no sus tamaños absolutos. También existe cierta segregación por modalidad.

  • Sistema extralemniscal

Este sistema transmite un segundo grupo de tipos de aferencias somáticas generales caracterizado por una propagación más lenta y una localización menos exacta de los estímulos que las originan. La información transmitida se relaciona con las formas más toscas de tacto y presión, con la temperatura y con el dolor. Los axones primarios de este sistema terminan en neuronas de las astas dorsales dentro de uno o dos segmentos desde la entrada inicial. La información es tratada por medio de varias interneuronas antes de salir del asta dorsal. Los axones de las neuronas del segundo estadio pasan entonces a la sustancia blanca de la médula espinal y ascienden hacia centros superiores encefálicos. La proyección de las señales dolorosas en particular, desde la médula espinal hacia el encéfalo, se hace por medio de varios sistemas ascendentes que pueden ser divididos en grupos medial y lateral de acuerdo con sus proyecciones y, tal vez, según sus presuntas funciones.

Los tractos del grupo medial se proyectan por el centro del neuroeje hacia el nivel del sistema límbico. Este grupo comprende: 1) el tracto paleoespinotalámico que se dirige a los núcleos talámicos mediales e intralaminares, 2) el tracto espinorreticular, compuesto por haces de fibras situadas bilateralmente en las zonas ventral y ventrolateral de la sustancia blanca espinal y que termina en la formación reticular del tronco cerebral llegando, hacia rostral, hasta el diencéfalo, y 3) un grupo poco organizado de vías propioespinales que se origina y termina en la sustancia gris espinal y que constituye un sistema de fibras ascendente multisimpático.

A diferencia del grupo lateral, el grupo medial presenta pocas variaciones entre los vertebrados. El grupo lateral comprende también tractos que se proyectan sobre la parte medial del núcleo caudoventral neoespinotalámico, 2) el sistema espinocervicotalámico y, 3) una vía de segundo orden en la columna dorsal.

  • Un tracto neoespinotalámico constituye el clásico tracto del dolor de los primates y del hombre. Es un tracto enteramente cruzado que asciende en la parte ventrolateral respecto del asta ventral hacia la parte medial del núcleo talámico caudoventral.

  • El sistema espinocervicotalámico está bien desarrollado en los mamíferos subprimates, en particular en los carnívoros. Los axones de segundo orden ascienden del mismo lado como tracto espinocervical, el cual ocupa el cuadrante dorsolateral de la sustancia blanca y termina en el núcleo cervical lateral, que está situado en la unión de la médula espinal y el tronco cerebral. Los axones que se originan en este núcleo cruzan la línea media y siguen el lemnisco medial para terminar en la parte medial del núcleo caudoventral del tálamo donde se superponen a la proyección del tracto neoespinotalámico.

  • El tercer sistema se ha encontrado en los gatos. Está compuesto por axones de segundo orden que, sorprendentemente, ascienden por las columnas dorsales, las que están constituidas principalmente por aferentes primarios que no son nociceptivos. Los axones postsinápticos que transmiten sensaciones dolorosas terminan en núcleos del mismo lado de la columna dorsal. Los axones de tercer orden cruzan la línea media y también van a la parte medial del núcleo talámico caudoventral.

  • Se han propuesto modelos tendientes a explicar los papeles que respectivamente cumplen los sistemas laterales y medial de transmisión de señales dolorosas en la generación de la sensación dolorosa y del comportamiento relacionado con ella. Los sistemas lateral y medial contribuirían en formar diferente a la dimensión psicológica de la experiencia dolorosa. El sistema lateral conduciría información relacionada con las dimensiones discriminativo-sensoriales del dolor, mientras que el medial estaría principalmente relacionado con la dimensión afectivo-motivadora por medio de la formación reticular, el tálamo medial y el sistema límbico. Otro modelo sugiere que el sistema lateral estaría implicado preferentemente con los estímulos nocivos de aparición súbita y por lo tanto relacionado con la modalidad de la amenaza de daño que implica dolor. Por su parte, el sistema medial tendría que ver con componentes persistentes del dolor. Por su parte, el sistema medial tendría que ver con componentes persistentes del dolor y estaría así mejor adaptado para mediar en las señales relacionadas con lesiones tisulares ya instaladas.

    • Otras vías ascendentes

    Estas vías transmiten una información procedente de receptores musculares y tendinosos que no llegan a la conciencia. La vía empieza de la manera usual con axones primarios que terminan en las células del asta dorsal dentro del segmento inicial y los adyacentes. Los axones de las neuronas del segundo estadio se asocian en los tractos espinocerebelosos dorsal y ventral que siguen recorridos aparte hasta sus proyecciones en la corteza cerebelosa. El tracto dorsal hace un recorrido homolateral directo que entra en el cerebelo por el pedúnculo caudal; la información que transmite proviene de la estimulación de los husos musculares. Por el contrario, el tracto espinocerebeloso ventral concierne principalmente a la transmisión de información proveniente de receptores tendinosos. Las fibras de este tracto se decusan dentro de la médula espinal cerca de sus orígenes y luego ascienden hasta el nivel del mesencéfalo antes de volver para entrar en el cerebelo por el pedúnculo rostral. Una segunda decusación dentro de la médula cerebelosa hace que las fibras retornen al lado en que se originó el estímulo, antes de terminar en la corteza cerebelosa. Ambos tractos proveen una representación somatotópica homolateral dentro de la corteza cerebelosa. Estos dos tractos sólo conciernen a la información proveniente del tronco y miembro pelviano; la representación equivalente del miembro torácico sigue otra vía que no hemos de describir.

    Una vía ascendente difusa adicional es la de la formación reticular, que comentaremos en el próximo apartado. Esta vía provee un medio para integrar la información conducida por las vías que describimos antes con la información conducida por las vías que describimos antes con la información proveniente de otros sistemas aferentes somáticos y viscerales, generales y especiales.

    • Formación reticular

    La formación reticular se extiende desde la médula espinal a través de todo el tronco cerebral como una disposición difusa de neuronas entremezcladas con tractos de fibras. Desde el punto de vista evolutivo es un sistema antiguo.

    A pesar de la impresión de difusión y falta de organización que se tiene al principio, un análisis más detenido permite reconocer numerosas aglomeraciones nucleares de diversos tamaños y caracteres arquitectónicos, algunos de ellos lo suficientemente distintivos como para identificar sus homólogos en distintas especies.

    La formación reticular está conectada con todos los sistemas de proyección del sistema nervioso central, sean aferentes o eferentes, y tiene conexiones recóprocas con los grandes centros integradores del encéfalo. Así, entre sus múltiples conexiones ascendentes, descendentes y transversas, existen tractos como los reticulocerebeloso y cerebelorreticular, reticulotalamocortical y coticorreticular. De esto es inevitable deducir que la formación reticular cumple una función importante en la modulación de las actividades de estos centros integradores.

    La formación reticular ocupa una gran parte del tronco cerebral; se propaga dentro del centro y cuando llega al tálamo aporta algunos de los grupos nucleares de esta compleja estructura.

    La formación puede dividirse en partes que se distinguen por su morfología. La parte medial, llamada gris periventricular está dispuesta en relación con el sistema ventricular del encéfalo. No se la ha podido analizar en forma detallada, pero parece que provee vías multisimpáticas compuestas por una cantidad indeterminable de neuronas con prolongaciones cortas y muy ramificadas.

    El segundo componente exhibe una organización más obvia, con los núcleos y tractos más fáciles de identificar. Se restringe al tronco cerebral y abarca desde el piso del bulbo raquídeo a través del mesencéfalo hasta llegar a los núcleos “reticulares” del tálamo. Los núcleos reticulares del tálamo reciben impulsos de las partes inferiores de la formación y se proyectan en forma difusa en todo el neopallium. El tracto espinorreticulotalámico, importante componente del sistema, puede proveer una vía alternativa o complementaria al sistema espinotalámico. El tracto espinorreticulotalámico empieza con la proyección de neuronas aferentes primarias en neuronas que están en el asta dorsal. Contiene axones que recorren largas distancias y conducen impulsos con mayor rapidez que los encontrados en el tracto espinotalámico.

    Una extensa vía ascendente que finalmente se proyecta más allá del tálamo en la corteza se conoce como sistema activador reticular ascendente, que recibe impulsos de las ramas colaterales de todos los sistemas sensoriales, sean exteroceptivos o enteroceptivos. Su activación despierta al animal y lo torna más consciente de sus circunstancias y ambiente circundante; la disminución de la actividad induce letargo o sueño. Se ha considerado que en el sistema activador reticular se asienta la conciencia, pero la mayoría de los neurólogos afirmarían que “no hay ningún sitio en particular donde mora la conciencia”.

    El sistema reticular también cumple una función esencial en el control motor por medio de una vía descendente que va desde el telencéfalo hasta destinos finales en las neuronas motoras inferiores del tronco cerebral y médula espinal. La proyección es difusa, multisináptica y está interrumpida por retransmisores en todas las partes del tronco cerebral. Más adelante se la considera con mayor detalle.

    Vías aferentes somáticas especiales

    • Vías visuales

    La información visual es conducida desde la retina por el nervio óptico. Después de entrar en la cavidad craneana por el agujero óptico, el nervio converge al encuentro de su homólogo en el quiasma óptico, que está aplicado sobre la superficie ventral del encéfalo. Aquí ocurre una decusación parcial de fibras, de modo que la proporción de fibras que cruzan al otro lado se relaciona con el grado de visión binocular de cada especie. En las aves, todas las fibras cruzan, por lo que su visión fue considerada como monocular; sin embargo, informaciones recientes indican que algunas aves tendrían una visión binocular aun mayor que la del hombre. En los ungulados el campo visual binocular es muy restringido, se cruzan del 85% al 90% de las fibras. La proporción termina dentro del núcleo geniculado lateral, que forma un abultamiento en el extremo superior del tacto, o en el núcleo pluvinar que está por medial de él. Aquí termina la vía óptica primaria. Las fibras de las neuronas del segundo estadio se proyectan, por medio de la radiación óptica de la cápsula interna, en la corteza visual, que está en el lóbulo occipital del cerebro, donde asienta la percepción visual consciente.

    Una cantidad menor de fibras se proyecta en diversos núcleos mesencefálicos, algunas después de una retransmisión preliminar en el núcleo geniculado lateral. Los más delanteros de estos centros y núcleos mesencefálicos, algunas después de una retransmisión preliminar en el núcleo geniculado lateral. Los más delanteros de estos centros y núcleos mesencefálicos de integración visual son los colículos rostrales. Desde los núcleos mesencefálicos ocurren retransmisiones a través de diversas cadenas neuronales por las cuales tienen lugar los reflejos ópticos que se relacionan con la dirección de la mirada, la acomodación y el diámetro de las pupilas.

    • Vías vestibulares

    Las fibras vestibulares entran en el tronco cerebral con el tronco común vestibulococlear que penetra en el trapezoide, para terminar entonces en neuronas de los núcleos vestibulares o emitir ramas colaterales para ellas. Las fibras que continúan intactas llegan al cerebelo por el pedúnculo caudal. Las fibras secundarias procedentes de los núcleos vestibulares se dividen entre las que también van al cerebelo por el pedúnculo caudal. Las fibras secundarias procedentes de los núcleos vestibulares se dividen entre las que también van al cerebelo y las que corren hacia la médula espinal por el tracto vestibuloespinal y el fascículo longitudinal medial y la formación reticular

    Las fibras que conducen la percepción consciente de los estímulos vestibulares pasan por el lemnisco lateral y los núcleos talámicos a una determinada región de la corteza cerebral del lóbulo temporal.

    • Vías auditivas

    Las fibras del componente coclear del nervio vestibulococlear también entran en el tronco cerebral por retransmisión en los núcleos cocleares dorsal y ventral que están situados en la superficie del tronco cerebral. Las fibras del segundo estadio procedentes del núcleo ventral van entonces a entablar sinapsis con un núcleo homolateral o contralateral del cuerpo trapezoide. Luego la vía continúa con fibras de neuronas del tercer estadio que corren dentro del lemnisco lateral. Una proporción de ellas hace sinapsis con el núcleo de este tracto, un segundo contingente va al colículo caudal y un tercero, que interviene en la percepción consciente del sonido, hace sinapsis con el núcleo geniculado medial antes de ir a la corteza auditiva que está dentro del lóbulo temporal.

    Las fibras que emergen de los núcleos cocleares dorsales se unen al lemnisco lateral homolateral o contralateral y en lo sucesivo siguen los mismos cursos que los que provienen de los núcleos cocleares ventrales.

    • Vías motoras somáticas

    La actividad motora somática es regulada en dos niveles del sistema nervioso central por grupos separados de células nerviosas, designadas convenientemente neuronas motoras inferiores y superiores.

    Las neuronas motoras inferiores están en la columna ventral de la sustancia gris de la médula espinal y dentro de los núcleos motores somáticos de los nervios craneanos que contienen componentes eferentes somáticos. Sus axones corren por los nervios espinales y los nervios craneanos que corresponden, hasta los músculos esqueléticos, donde cada uno termina en un grupo de fibras musculares. El tamaño del grupo de fibras musculares varía según la precisión que se requiere en el desempeño de cada músculo en particular. Las neuronas motoras inferiores proveen las ramas eferentes de los reflejos simples, pero en todas las otras circunstancias son dirigidas por neuronas motoras superiores.

    Las neuronas motoras superiores intervienen en reflejos más complicados y también inician movimientos voluntarios. Están dentro del neopallium, en parte en el área motora primaria pero también en otras regiones, tales como la formación reticular y el núcleo rojo. Las áreas corticales para las neuronas que controlan músculos de las distintas partes del cuerpo poseen una extensión variable según la importancia y complejidad de los movimientos de estas partes en las actividades habituales de la especie; así, la mano ocupa un área relativamente mucho más grande de la corteza humana que la correspondiente a todo el miembro en los ungulados. Las neuronas motoras superiores no se proyectan directamente en las fibras musculares, sino que ejercen su control excitando o inhibiendo las neuronas motoras inferiores.

    Las conexiones de las neuronas motoras superiores con las inferiores siguen diversas vías que varían considerablemente de una especie a otra en su desarrollo relativo y en los detalles de su organización. La distinción primaria se establece, entre los llamados sistemas piramidal y extrapiramidal, aunque ambos están coordinados y trabajan en estrecha colaboración. El sistema piramidal interviene principalmente en la realización de movimientos finamente ajustados, en tanto que el extrapiramidal se emplea en el control de movimientos más gruesos, en particular los patrones locomotores estereotipados. De esto se desprende que el sistema piramidal tiene que estar mejor desarrollado en los primates que en las especies domésticas, distinción ésta que explica las distintas consecuencias de las lesiones de la vía piramidal. El daño severo de la vía piramidal causa parálisis completa y permanente de la musculatura voluntaria contralateral en el hombre, en tanto que los efectos en las especies domésticas se limitan principalmente a una perturbación de las reacciones posturales contralaterales, pero a los pocos días se produce una recuperación parcial. Los sistemas piramidal y extrapiramidal cuentan con intrincados mecanismos de retroalimentación que permiten hacer el monitoreo y ajuste permanentes de la actividad motora.

    • Sistema piramidal

    El sistema piramidal se origina en neuronas de diversas regiones del neopallium, pero en particular en el área motora primaria. Los axones de estas neuronas convergen hacia su salida del telencéfalo y forman una fracción importante de la cápsula interna; en su pasaje preservan la disposición ordenada de la representación cortical. Luego continúan por la cara lateral del tálamo hasta entrar en el pilar cerebral en la superficie ventral del encéfalo; luego de haber recorrido la porción ventral del puente reaparecen en la superficie como las pirámides del bulbo raquídeo. En este sistema pueden distinguirse tres grupos de fibras: las fibras corticoespinales que continúan a través del bulbo raquídeo hasta la médula espinal, las fibras corticobulbares que se desprenden a niveles apropiados del tronco cerebral para llegar a diversos núcleos de nervios craneanos contralaterales y las fibras corticopónticas que van a diversos núcleos del puente.

    Ciertas fibras corticoespinales se decusan dentro del bulbo raquídeo, mientras que otras continúan directamente en la médula espinal y se decusan únicamente cuando están cerca de sus terminaciones. Las fibras con decusación medular forman un tracto corticoespinal lateral dentro del cordón lateral y las que continúan sin cruzarse constituyen un tracto corticoespinal ventral dentro del cordón ventral. Las fibras de ambos tractos finalmente se proyectan en las células de la columna ventral del lado contrario a su origen. En las especies domésticas, al igual que en la generalidad de los mamíferos, siempre se interpone una interneurona corta; esta interneurona falta en ciertas conexiones del sistema del primate.

    Existen otras diferencias entre las especies. En los primates y carnívoros las fibras piramidales llegan a todos los niveles de la médula espinal; en el perro, cerca del 50% termina en segmentos cervicales, un 30% en segmentos torácicos y un 20% en segmentos lumbosacrocaudales. En cambio, el sistema piramidal de los ungulados terminaría a nivel del origen del plexo braquial, aunque existen indicios de una continuación difusa hasta niveles inferiores dentro del cordón dorsal, vía que, dicho sea de paso, es favorecida por todo el sistema en los roedores. La proporción de fibras que se decusan en el bulbo raquídeo también varía, ya que el 50% lo hace en los ungulados, el 75% en los primates y todas o casi todas lo nacen en el perro y gato.

    El circuito de retroalimentación piramidal se cumple a través del puente, cerebelo y tálamo. Las fibras corticopónticas terminan en núcleos de la parte ventral del puente; luego los axones de las neuronas de segundo orden se decusan y pasan dentro de la lámina transversa del puente para entrar en el cerebelo por su pedúnculo medio. Otras sinapsis sucesivas adicionales ocurren dentro de la corteza y luego en los núcleos del cerebelo, desde donde el retorno a la corteza cerebral se completa mediante retransmisión en los núcleos talámicos ventrales.

    • Sistema extrapiramidal

    El sistema extrapiramidal es más complicado porque entraña diversas vías multisimpáticas que se retransmiten dentro de una serie de núcleos dispersos por todo el encéfalo, desde el telencéfalo hasta el bulbo raquídeo. Algunos de estos núcleos son estructuras grandes que se ven a simple vista; otras, en cambio, son pequeñas o difusas y constituyen un sistema reticular descendente dentro de la formación reticular del tronco cerebral.

    Este sistema extrapiramidal también se origina en diversas partes de la corteza, incluso en el área motora primaria, Las estaciones retransmisoras comprenden el núcleo caudado entre los núcleos basales, pequeños núcleos subtalámicos, la sustancia negra y el núcleo rojo del mesencéfalo, la formación reticular y la oliva del bulbo raquídeo. Sólo la formación reticular y el núcleo rojo contienen neuronas que se proyectan directamente (por medio de interneuronas) en las neuronas motoras inferiores del tronco cerebral y la médula espinal; los otros núcleos, y también algunas neuronas dentro del núcleo rojo, sólo se proyectan en células de núcleos inferiores de la serie.

    Las fibras procedentes del núcleo rojo se decusan inmediatamente antes de descender por la parte ventrolateral del bulbo raquídeo para constituir un tracto separado (rubro espinal) que bordea el tracto corticoespinal lateral dentro del cordón lateral de la médula. Este tracto llega a la parte más caudal de la médula proyectándose a lo largo de su trayecto en las células de la columna ventral (neuronas motoras inferiores) por medio de cortas interneuronas. Éste es un tracto importante en los carnívoros y es la mejor desarrollada de todas las vías motoras en los ungulados. Sirve como un modulador de los generadores de patrones que están ubicados en la propia médula espinal. Los tractos reticuloespinales dorsal y ventral están bien definidos en el cordón lateral. Hay un tracto reticuloespinal póntico situado en el cordón ventral.

    Las actividades de los diversos núcleos y tractos conectores del sistema extrapiramidal se encuentran íntimamente coordinados y tan finamente equilibrados que el daño de cualquiera de sus partes puede comprometer seriamente la aptitud para mantener la postura o ejecutar movimientos intencionales. Las distintas partes del sistema cumplen funciones diferentes, pues algunas son facilitadoras, otras inhibidoras y otras más son facilitadoras mediante la eliminación de otras influencias inhibidoras.

    Los numerosos circuitos de retroalimentación asociados con el sistema extrapiramidal mantienen el equilibrio necesario entre estas influencias facilitadoras e inhibidoras, pero todos los circuitos están subordinados al control global del cerebelo, en el cual todos los núcleos del sistema se proyectan mediante retransmisores que están en el complejo nuclear olivar. Este complejo, por medio del pedúnculo cerebeloso caudal, se proyecta en la corteza cerebelosa contralateral antes de regresar desde el cerebelo hasta los diversos núcleos. La rama de retorno más importante corre desde el cerebelo hasta los núcleos talámicos y de allí a la corteza motora y a los núcleos basales; otras vías siguen trayectorias más cortas para proyectarse en el núcleo rojo y en la formación reticular

    • Función cerebelosa

    Aunque de por sí el cerebelo no inicia movimientos, asegura que éstos se ejecuten de la manera correcta controlando los sistemas piramidal y extrapiramidal. Para este fin recibe una corriente incesante de información que circula desde los circuitos de retroalimentación piramidal y extrapiramidal hasta el lóbulo caudal, desde el aparato vestibular por los núcleos vestibulares hasta el lóbulo floculonodular y desde los propioceptores que envían sus impulsos al lóbulo rostral.

    Las instrucciones basadas en la integración de estos diversos aportes dentro de la corteza cerebelosa se retransmiten a través de los núcleos cerebelosos antes de seguir por los diversos pedúnculos hasta los núcleos rojo y talámico, la formación reticular y los núcleos vestibulares contralaterales (parra la coordinación de los reflejos vestibulares).

    SISTEMA NERVIOSO CENTRAL

    El sistema nervioso visceral o autónomo rige las funciones viscerales. Cumple muchas responsabilidades particulares que pueden definirse sucintamente como el mantenimiento del ambiente interno dentro de límites permisibles. La concentración común en las vías motoras periféricas (simpáticas y parasimpáticas) distrae la atención respecto de las estructuras de control centrales y las vías aferentes que proporcionan la información necesaria para obtener respuestas apropiadas.

    • Hipotálamo

    El hipotálamo es un importante centro integrador, cuya parte rostral está oculta y cuya parte caudal -ejemplificada por el tuber cinereum y los cuerpos mamilares- se halla expuesta en la superficie del encéfalo. El hipotálamo contiene muchas áreas de función y responsabilidad especializada. Un breve resumen de sus funciones debe incluir el control del apetito, equilibrio del agua (balance hídrico), temperatura corporal, desempeño cardiovascular, conducta y actividad sexual y emoción. Como casi todas las funciones corporales tienen que recibir y coordinar información procedente de la mayoría de las otras partes del sistema nervioso, incluso las que tienen una función somática ostensible. La información sobre las actividades somáticas se proyecta por intermedio de los núcleos basales, los retransmisores de las vías motoras extrapiramidales y los núcleos talámicos a los cuales van las vías aferentes somáticas. La información concerniente a la función visceral se recibe de núcleos mesencefálicos y de la formación reticular. Otra contribución muy importante proviene del telencéfalo, en especial el hipocampo, por la vía del fórnix. Este último permite relacionar los impulsos emocionales y coordinarlos con los restantes.

    El hipotálamo regula la actividad por mecanismos nerviosos y humorales, a veces en combinación. Las vías nerviosas llegan al tronco cerebral y la médula espinal por vías directas o mediante recorridos multisimpáticos dentro de la formación reticular en la que se lleva a cabo la integración final. Otras proyecciones proveen retroalimentación para el cerebro anterior por intermedio de los núcleos talámicos.

    La vía humoral opera por medio de células neurosecretorias cuyos productos pueden pasar al torrente sanguíneo directamente para su difusión general o ir específicamente a la hipófisis por medio del sistema de vasos portales.

    • Hipófisis

    La hipófisis (glandula pituitaria), suspendida debajo del hipotálamo por el infundíbulo, consta de dos partes. Una, la neurohipófisis (lóbulo posterior) es una prolongación del encéfalo; la otra, la adenohipófisis, se forma a partir del ectodermo oral y comprende los lóbulos anterior e intermedio; por el momento no interesan las diferencias entre las especies en las interrelaciones topográficas de los lóbulos.

    Los tres lóbulos producen o almacenan varias hormonas. Las hormonas del lóbulo posterior son producidas por células neurosecretorias de los núcleos supraópticos y paraventriculares del hipotálamo y son conducidas por los axones para su liberación directa en el lecho capilar neurohipofisario.

    • Vías aferentes viscerales

    Existen vías aferentes viscerales generales y especiales, estas últimas dedicadas a la gustación y la olfacción. Los receptores de la vía aferente visceral están en las vísceras y los vasos sanguíneos; la mayoría son mecanorreceptores que responden a la presión, al estiramiento y, con menor frecuencia, al flujo, en tanto que una minoría son quimiorreceptores que responden a estímulos como el contenido de dióxido de carbono de la sangre. Las fibras que trasmiten impulsos originados en estos receptores trascurren dentro de cualquier tronco nervioso situado de manera conveniente, utilizando los que tienen una composición a predominio somático, así como aquellos cuyos otros componentes son eferentes viscerales. Los cuerpos de las neuronas primarias están en los ganglios de las raíces dorsales de todos los nervios espinales (y los ganglios equivalentes de ciertos nervios craneanos); los axones se proyectan en interneuronas y neuronas de proyección que están en la columna aferente visceral de la médula espinal y tronco cerebral. Las cadenas cortas de interneuronas proveen reflejos viscerales simples que tienen sus últimos puestos retransmisores dentro de la columna eferente visceral y los ganglios autónomos periféricos. Las neuronas de proyección forman vías ascendentes que siguen los sistemas somáticos lemniscales y extralemniscales para ir a terminar, lo mismo que éstos, en los núcleos del tálamo ventrocaudal. Una última proyección a la corteza puede dar lugar a la percepción consciente, aunque la mayor parte de la actividad visceral pasa inadvertida. (La sensación de plenitud originada en los órganos digestivos o la vejiga figura entre las actividades viscerales cuya conciencia es más común). La contracción pronunciada y la sobredistensión importante de los órganos viscerales puede percibirse como dolor. El dolor de origen visceral puede estar “referido” a la superficie del cuerpo, tal vez como consecuencia de la convergencia de las vías aferentes somáticas cutáneas y viscerales en las mismas neuronas en algún punto de su trayecto.

    La vía aferente visceral especial que interviene en la gustación sigue una ruta similar a la de las modalidades sensoriales viscerales generales. El recorrido desde las papilas gustativas por los nervios facial, glosofaríngeo y vago termina en el núcleo del tracto solitario.

    Las vías olfativas, más complicadas, se describen en otra parte.

    • Vías eferentes viscerales

    A diferencia del componente aferente, el componente eferente del sistema nervioso visceral está dispuesto en las divisiones simpática y parasimpática, que se distinguen por su morfología, farmacología y fisiología. La vía de conducción final de ambas divisiones, a diferencia de la del sistema somático, comprende dos neuronas motoras sucesivas; la primera tiene su pericarion dentro del sistema nervioso central y la segunda se halla estacionada en un ganglio periférico. Ambas se distinguen con mayor frecuencia como neuronas pregangliolares y posgangliolares y juntas equivalen a la neurona motora inferior del sistema somático.

    Las neuronas preganglionares de la división simpática están en la columna lateral (eferente visceral) de la médula espinal, entre el primer segmento torácico y el lumbar medio (con algunas variaciones entre las especies). Las neuronas posgangliolares están en los prevertebrales de la cadena simpática o los ganglios subvertebrales de la aorta; ambos grupos se hallan relativamente cerca de la médula espinal.

    Las neuronas pregangliolares parasimpática se restringen a los núcleos de origen de los nervios oculomotor, facial, glosofaríngeo y vago dentro del tallo encefálico y las columnas laterales de ciertos segmentos sacros de la médula espinal. Las neuronas posgangliolares se ubican dentro de pequeños ganglios muy próximos a las paredes de los órganos a los cuales inervan o incorporadas dentro de ellas.

    La sustancia transmisora en la última sinapsis simpática es noradrenalina y en la división parasimpática acetilcolina. Por lo tanto, las dos divisiones reaccionan de distinta manera frente a las drogas estimulantes y depresoras del sistema autónomo.

    Los dos sistemas tienen una distribución similar a grandes rasgos y muchas veces se dice que son antagonistas porque uno de ellos inhibe y el otro estimula una determinada actividad, pero esta regla es menos absoluta de lo que antes se suponía y es mejor considerar que sus funciones son colaborativas. La anatomía más difusa de los nervios simpáticos periféricos (que describirá más adelante) y el uso de la noradrenalina como transmisor, señalan los efectos más generales que causa la actividad simpática, a diferencia de los de la actividad parasimpática, que a menudo son locales y cumplen funciones específicas individuales.

    El control central está a cargo de neuronas del hipotálamo; las que influyen sobre la división simpática suelen ser más caudales que las que controlan la división parasimpática. Las vías provenientes de ambos juegos siguen diversos recorridos, algunos directos y otros mediante cadenas multisinápticas dentro de la formación reticular. Algunas se conectan con “centros” bulbares, como el centro respiratorio, que controlan actividades viscerales específicas.

    • Sistema límbico

    Posee una compleja organización que consta de la corteza límbica y numerosos núcleos subcorticales. La parte cortical forma un anillo alrededor de la superficie medial del hemisferio cerebral incluyendo, entre otras estructuras, las circunvoluciones supracallosa y del cíngulo, el lóbulo periforme y el hipocampo. La parte subcortical está compuesta por el hipotálamo, área septal, núcleos talámicos anteriores, núcleos intratalámicos, núcleo caudado, putamen, amigdala, núcleos habenulares y parte dorsal del tegmento mesencefálico. Existe una considerable relación entre estas estructuras y otras regiones del encéfalo. A menudo se lo considera primariamente un encéfalo visceral debido a que sus principales funciones se expresan por una actividad motora visceral.

    Los impulsos olfativos pueden influir sobre muchas estructuras del sistema límbico por medio del lóbulo periforme. De todos los estímulos sensoriales, la olfacción muestra la influencia más profunda sobre las actividades motoras viscerales, las cuales están asociadas con comportamientos emocionales como la comida, la ira, la actividad sexual, el miedo y el beber.

    Las vías eferentes de las regiones corticales incluyen a casi todos los núcleos subcorticales del sistema. Una importante parte de las influencias de la corteza límbica se ejerce a través de los sistemas eferentes de los núcleos amigdaloideos. La estimulación eléctrica de la amigdala provoca una amplia variedad de respuestas viscerales y somáticas y muy diversos comportamientos. Los tipos de conducta más influidos por la amigdala son aquellos esenciales para la preservación del sujeto o de la especie.

    Probablemente el hipocampo juega un papel clave en la función de integración del sistema límbico en el control del comportamiento emocional. Su papel, en el tratamiento de la memoria reciente está bien documentado. La actividad de integración del sistema límbico ayuda en el control de la expresión de las emociones por medio de alteraciones de funciones autónomas, endocrinas y somáticas y juega un papel importante para establecer la permanencia de la memoria en el encéfalo. Hay una estrecha relación del sistema límbico con la formación reticular del tronco cerebral.

    TOPOGRAFÍA, AMBIENTE Y VASCULARIZACIÓN DEL ENCÉFALO Y MÉDULA ESPINAL

    • Topografía

    El encéfalo y la médula espinal están contenidos en un espacio continuo provisto por la cavidad craneana y el conducto formado por sucesivos anillos óseos y ligamentos que sujetan la columna vertebral.

    La cavidad craneana está directamente detrás de las cavidades nasales. Más pequeña de lo que se suele suponer, no es fácil prever su forma y extensión por la inspección externa porque los senos paranasales, los cuernos, las crestas musculares y otras salientes del cráneo, así como los músculos temporales, contribuyen mucho a la conformación de esta parte de la cabeza. La coincidencia más grande entre los contornos externos y la cavidad craneana ocurre en los neonatos de todas las especies; entre los adultos esta concordancia se conserva mejor en el gato y en los perros de razas braquicéfalas. Por fortuna es raro que la localización exacta del encéfalo tenga importancia práctica, salvo en las técnicas de faenamiento. Mientras tanto bastaría decir que el límite caudal del cráneo -engrosada por el seno frontal en los bovinos- mientras que el límite rostral exhibe considerable variación; termina a ras con el margen caudal de las apófisis zigomáticas de los huesos frontales en los perros y los gatos, con el nivel rostral de estas apófisis zigomáticas de los huesos frontales en los perros y los gatos, con el nivel rostral de estas apófisis en los caballos y los vacunos y llega hasta la mitad de la órbita en los cerdos y los pequeños rumiantes.

    El interior de la cavidad craneana concuerda mejor con los contornos del encéfalo, aunque se requiere considerable espacio intracraneano para las meninges y el espacio intermeníngeo, que rodean el encéfalo, y para los espaciosos senos venosos intracraneanos. Mientras que el techo (calvario) de la cavidad permanece en gran medida indiviso, la base se halla dividida en tres fosas que no hace falta detallar aquí ya que sus principales rasgos se representan en la figura. La fosa rostral está formada por los huesos esfenoides y etmoides y llega a nivel de los conductos ópticos, por donde salen los nervios ópticos. Contiene los bulbos olfativos dentro de recesos de la lámina cribiforme y las partes rostrales de los hemisferios cerebrales. La fosa media va desde los conductos ópticos hasta las aguzadas crestas petrosas que sobresalen hacia adentro desde los peñascos de los huesos temporales de las paredes laterales. El piso está formado por el hueso esfenoides, que presenta la fosa hipofisaria (silla truca), en la cual encaja la hipófisis; también presenta varios agujeros de salida -la fisura orbitaria y los agujeros redondo y oval- que se mencionaron en la descripción previa del cráneo. Esta parte, que es la más ancha de la cavidad craneana, contiene los lóbulos temporales y apriétales de los hemisferios cerebrales. La fosa caudal corre desde el límite caudal de la fosa hipofisaria hasta el agujero magno en la pared caudal. Sus rasgos principales son contribuciones hechas a sus paredes laterales por las partes petrosas de los temporales (cada una perforada por un meato acústico interno) y los agujeros yugulares y del hipogloso en el piso. La fosa caudal aloja el mesencéfalo, el puente y el bulbo raquídeo en su parte ventral y el cerebelo en su parte dorsal.

    Las paredes caudal, dorsal y laterales de toda la cavidad craneana están fusionadas entre sí. Su rasgo interno más prominente es la tienda ósea del cerebelo, gran saliente en la unión de las paredes dorsal y caudal y que forma la porción media de la tienda del cerebelo dentro de la fisura transversa del encéfalo. Presenta comunicaciones a través de las cuales emergen ramas emisarias de los senos venosos intracraneanos dorsales.

    El conducto vertebral es más ancho a nivel del atlas y se afina rápidamente en el sacro; en su porción intermedia está más expandido donde contiene los engrosamientos cervical y lumbar de la médula espinal, donde nacen los nervios que forman los plexos de los miembros. La topografía de la médula espinal reviste una importancia muy considerable en veterinaria porque a menudo se hacen inyecciones en el conducto, en particular de soluciones de anestésicos locales para bloquear determinados nervios espinales; además, en ocasiones hay que localizar lesiones nerviosas centrales en niveles vertebrales específicos, procedimiento que es posibilitado por la asociación de determinados déficit sensoriales y motores con determinados segmentos espinales.

    Incluso con sus envolturas meníngeas, la médula espinal es mucho más pequeña que el conducto vertebral y también es mucho más corta. Esto último se debe al crecimiento desigual de la médula espinal y de la columna vertebral, desigualdad que empieza mucho antes de nacer y continúa después. El desplazamiento relativo de su posición (ascenso medular) arrastra los segmentos de la médula en dirección craneal desde sus posiciones originales dentro de las vértebras de las mismas designaciones numéricas. El desplazamiento de los segmentos más caudales es más pronunciado y explica la disposición

    peculiar de los respectivos nervios espinales, ya que éstos siguen recorridos cada vez más largos dentro del conducto para llegar a sus agujeros de salida, fijos, formando un manojo conocido como cola de caballo por su semejanza superficial con ella, a cada lado del cono medular. El nivel donde termina la médula espinal varía para cada especie (y, al comienzo de la vida, de acuerdo con la edad); está en L5 o L6 en el cerdo, en L6 en los rumiantes, en L6 o L7 en el perro, en S2 en el caballo y en un sitio bastante variable entre L6 y S3 en el gato.

    • Meninges y ambiente líquido.

    El encéfalo y la médula espinal están rodeados por tres membranas continuas o meninges que exhiben ciertas diferencias topográficas importantes en sus posiciones craneana y vertebral.

    La fuerte membrana más externa, duramadre, está fusionada con el periostio interno de los huesos del cráneo, del cual se separa dentro del borde del agujero magno para formar un tubo libre separado de la pared del conducto vertebral por un espacio epidural ancho aunque variable. El espacio epidural está ocupado por una grasa que es más líquida en el animal vivo que en la pieza post mortem y por los plexos venosos vertebrales internos; la grasa y los vasos protegen la médula espinal y le permiten ajustarse a los movimientos del cuello y la espalda. El tubo dural se halla insertado en su extremo caudal, donde las varias meninges finalmente se combinan en una rienda fibrosa (filum terminale) que se fusiona con la superficie superior de las vértebras caudales.

    La fusión de la dura craneana con el periostio oblitera el espacio epidural dentro del cráneo, de modo que los diversos senos venosos craneanos quedan encasillados dentro del espesor de la membrana combinada. Además de tapizar la cavidad, la dura craneana forma ciertos pliegues que se proyectan hacia adentro y limitan los movimientos de trepidación del encéfalo; estos pliegues producen considerable dificultad para extraer el encéfalo intacto en la necropsia. Uno, la hoz del cerebro (falx cerebri) se extiende desde las paredes dorsal y rostral entre los dos hemisferios cerebrales y en su parte caudal se une con un segundo pliegue transverso, la tienda (tentorium) está osificada en su parte mediana. Una tercera especialización de la dura cubre la fosa hipofisaria donde asienta la hipófisis, formando un diafragma en torno del tallo infundibular.

    Un espacio capilar divide la dura de la aracnoides, primera de las dos membranas internas más delicadas. Normalmente este espacio subdural contiene una minúscula cantidad de un líquido claro parecido a la linfa, pero puede agrandarse por derrames traumáticos de sangre. La parte espinal del espacio subdural es atravesada por una serie bilateral de ligamentos triangulares (denticular) que alternan con los orígenes de los nervios espinales; unen las meninges internas con el tubo dural y sujetan así indirectamente la médula espinal. La parte externa de la aracnoides forma una membrana continua moldeada contra la envoltura dural. Su superficie interna está unida con la piamadre por numerosas trabéculas y filamentos comparables a una tela de araña (origen del nombre “aracnoides”). La piamadre se inserta directamente en el encéfalo y la médula espinal y sigue todos los cambios de su contorno. El espacio subaracnoideo, que contiene el líquido cerebroespinal acuoso, claro, es mucho más ancho que el espacio subdural pero menos uniforme, en particular en su parte craneana.

    Las partes más anchas (cisternas) del espacio subaracnoideo craneano están entre las partes más salientes de la superficie ventral del encéfalo y el ángulo comprendido entre el cerebelo y la cara dorsal del bulbo raquídeo. El ensanchamiento dorsal, la cisterna cerebelomedular, es especialmente grande y se puede tener acceso a él pasando una aguja en el animal vivo entre el atlas y el cráneo. La punción cisternal se hace en trabajos clínicos y experimentales para obtener muestras de líquido cerebroespinal. El espacio subaracnoideo espinal es más uniforme pero se ensancha en torno del cono medular, lo cual es afortunado porque el acceso al conducto vertebral es más fácil a través del spatium interarcuale lumbosacro.

    La piamadre está adherida con firmeza a la superficie externa del encéfalo y la médula espinal, y muchas ramas de arterias que transitan en la pía penetran en la sustancia del encéfalo y la médula. Al principio estos vasos están rodeados por manguitos piales, pero éstos no tardan en confundirse con las paredes vasculares. Un engrosamiento de la pía llena la fisura ventral de la médula espinal, donde aparece como una línea plateada brillante.

    Las tres meninges forman manguitos en torno de las raíces de origen de los nervios craneanos y espinales.

    El líquido cerebroespinal que está en el espacio subaracnoideo forma una envoltura hidráulica en la cual los blandos tejidos del encéfalo y médula espinal flotan y están protegidos. Este líquido se produce en gran medida en el revestimiento ependimario del sistema ventricular dentro del encéfalo, donde éste cubre los plexos coroideos, penachos vasculares que se invaginan en los ventrículos. Los vasos de la pía hacen una contribución adicional a la formación del líquido.

    Los ventrículos son modificaciones locales de la luz del tubo neural; sus formas son complicadas pero, como han sido ilustradas y puesto que los detalles revisten escasa significación en veterinaria, no hace falta describirlas. Más importante, en cambio es entender su relación con los plexos coroideos. Los plexos de los ventrículos laterales y tercero, que se fusionan en el agujero interventricular, se desarrollan por separado dentro de la pía sobre el velo medular caudal. En el curso del desarrollo estos plexos penetran dentro de la luz del cuarto ventrículo y después unas partes vuelven emerger en el espacio subaracnoideo herniándose a través de un par de aberturas laterales en el techo.

    El líquido cerebroespinal claro e incoloro se forma en gran medida a partir del plasma sanguíneo mediante ultrafiltración a través de la “barrera hematoencefaloespinal” constituida por células del endotelio vascular. El líquido tiene una concentración más grande de iones de potasio y calcio y, una concentración más escasa de sodio, magnesio y cloruro que el plasma; además es bastante deficiente en glucosa y lo más importante es que contiene poca proteína porque la barrera es impermeable para las moléculas grandes, entre las cuales, por supuesto, figuran muchos antibióticos y otras drogas.

    Además de su función mecánica, el líquido cerebroespinal protege el encéfalo mediante su capacidad como tampón químico, que le proporciona un medio bastante estable. También transporta principios nutritivos, retira productos de desecho y sirve de medio para la difusión de sustancias neuroendocrinas y neurotransmisoras.

    El líquido se produce incesantemente a razón de unos 30 ml por hora en el perro y primero circula por el sistema ventricular, propulsado por la presión de filtración y la actividad ciliar del revestimiento ependimario. Luego escapa del interior del encéfalo a través de las aberturas laterales del cuarto ventrículo (en algunas especies existe una tercera abertura mediana no relacionada con el plexo). El líquido baña el encéfalo y la médula espinal antes de regresar a la sangre, en su mayor parte por las granulaciones aracnoideas (vellosidades), que son prolongaciones del espacio aracnoideo y subaracnoideo que horadan la dura y entran en el seno venoso sagital dorsal del encéfalo; estas formaciones se tornan cada vez más prominentes con la edad. Una parte más pequeña del líquido se insinúa a lo largo de los manguitos meníngeos que rodean los nervios craneanos y espinales en sus orígenes y finalmente es absorbida por los vasos linfáticos perineurales; se cree que estas conexiones son probables vías para la propagación retrógrada (hacia las meninges y el tejido nervioso) de las infecciones.

    • Irrigación arterial.

    El aporte de sangre para el encéfalo proviene en particular del polígono arterial del cerebro (circulus arteriosus cerebri, antes conocido como polígono de Willis), que está sobre la cara ventral del hipotálamo, donde forma un anillo alrededor del tallo infundibular, aunque a cierta distancia de éste. El aspecto del polígono y el patrón de sus ramas principales son llamativamente constantes entre los mamíferos, aunque las fuentes que lo alimentan y las direcciones en las cuales circula la sangre en ciertos vasos varían. Por este motivo, la descripción inicial se basa en lo que sucede en el perro, animal en el cual al disposición de estos vasos no sólo es relativamente sencilla, sino del tipo más común.

    El polígono arterial del perro es alimentado por tres fuentes, el par de arterias carótidas internas por lateral y la arteria basilar por caudal. La arteria carótida interna es una rama terminal de la arteria carótida común, en la cual nace frente a la faringe. Luego corre hacia la base del cráneo, a través de la cual sigue una trayectoria bastante complicada antes de entrar en la cavidad craneana por el agujero carotídeo. La arteria penetra en las meninges externas antes de dividirse en ramas divergentes. La rama rostral se une con su homóloga para completar la mitad rostral del polígono, del cual parten las grandes arterias cerebrales rostral y media. La rama caudal se anastomosa con una rama de la arteria basilar (que llega al polígono a lo largo de la superficie medioventral del tronco cerebral) para completar el polígono. Las arterias cerebral caudal y cerebelosa rostral salen de la mitad caudal del polígono, en tanto que la quinta arteria importante del encéfalo, la cerebelosa caudal, nace en la arteria basilar directamente.

    La sangre que llega con la arteria basilar tiene un origen compuesto. La arteria parece ser la continuación directa de la pequeña arteria espinal ventral pero está muy reforzada por anastomosis con la arteria vertebral que llega al conducto vertebral recibe ramas anastomóticas de la arteria occipital (otra rama de la carótida común) antes de entrar en el conducto y, por lo tanto. Parece ser que este vaso (arteria occipital) también contribuye a irrigar el encéfalo. En cambio, la vertebral es el principal vaso nutricio, si no el único, de los lóbulos occipitales de los hemisferios cerebrales y otras partes caudales del encéfalo.

    La distribución es mucho más complicada en muchas otras especies. En ellas la carótida interna está conectada con otras arterias de la cabeza, en especial la maxilar, antes de desembocar en el polígono arterial. La anastomosis sería pequeña al principio, pero en muchas especies después se agranda y emite muchas ramas tortuosas que juntas sustituyen al vaso único original. Esta disposición, que puede tener un aspecto bastante enmarañado, se conoce como rete mirabile y su significado es enigmático, aunque se propusieron varias teorías, ninguna de ellas es convincente. En algunas especies la luz de la porción de la carótida interna proximal respecto de la rete se oblitera, a veces sólo mucho tiempo después de nacer; cuando sucede esto, la arteria emisaria de la rete entrega una sangre que proviene por entero de la carótida externa. Esto se observa en los ovinos y bovinos, aunque estas especies defieren en otros rasgos de la irrigación arterial del encéfalo.

    El encéfalo, en particular su sustancia su sustancia gris, tiene requerimientos metabólicos muy grandes y su irrigación arterial concuerda con esto, pues representa un 15 a 20% del volumen latido del corazón. A pesar de esto, los vasos que en realidad penetran en el encéfalo siempre son pequeños, rasgo éste que se relacionaría con la necesidad de evitar los grandes troncos pulsátiles dentro del delicado tejido encefálico. Además, en notable contraste con las amplias anastomosis entre los vasos nutricios, las anastomosis intracerebrales son estrechas y la mayoría se comunican con arterias terminales funcionales. Este hecho, sumado a la capacidad de regeneración muy limitada del tejido encefálico, explica porqué la oclusión o rotura de un pequeño vaso que puede ser la única fuente de irrigación efectiva de algún núcleo o tracto vital, puede acarrear consecuencias desastrosas. Son ejemplos notorios las pequeñas arterias del cuerpo estriado humano, donde la hemorragia muchas veces ocasiona “ictus” apoplético.

    La permeabilidad de los capilares sanguíneos del tejido nervioso es escasa y esto produce la “barrera hematoencefálica”. El componente estructural principal de esta barrera está dado por la continuidad entre las células endoteliales de estos capilares.

    La médula espinal es irrigada por tres arterias que corren en toda su longitud. La más grande, arteria espinal ventral, sigue la superficie de la fisura ventral de la médula, en tanto que el par de arterias espinales dorsolaterales transcurren cerca del surco en el cual nacen las raíces dorsales de los nervios espinales. Estas tres arterias son reforzadas periódicamente por ramas de arterias regionales: vertebrales en el cuello e intercostales, lumbares y sacras en el tronco. Estas arterias entran por los agujeros intervertebrales, muchas veces como estrechos vasos que acompañan a las raíces de los nervios espinales; luego forman plexos sobre la superficie de la médula, con los cuales se conectan las grandes arterias longitudinales. Este patrón teóricamente regular está sujeto a grandes variaciones por especies e individuales, en las cuales muchas arterias de refuerzo previstas faltan, el plexo está desarrollado en forma despareja y los tramos de los troncos longitudinales se hallan atenuados.

    Las ramas de la arteria espinal ventral nutren el “centro” de la médula, la sustancia gris, y la capa adyacente de sustancia blanca, a la cual llegan a través de la fisura ventral. La mayor parte de la sustancia blanca es irrigada por ramitos radiales que provienen de las arterias dorsolaterales y del plexo superficial. Las anastomosis internas entre los juegos de vasos, aunque comunes, son de dudosa eficiencia.

    • Drenaje venoso

    Un complicado sistema de senos venosos ubicado dentro de la cavidad craneana y el conducto vertebral se halla conectado a intervalos con las venas regionales expuestas. Los senos craneanos, encerrados dentro de la duramadre, están divididos en los sistemas dorsal y ventral, entre los cuales sólo existe una comunicación limitada. El sistema dorsal recoge sangre de las partes dorsales del encéfalo y del diploe de los huesos de la bóveda craneana. Comprende un seno sagital dorsal dentro de la hoz del cerebro. El seno sagital dorsal recibe numerosas venas tributarias directamente de los hemisferios cerebrales y hacia su extremo caudal se le suma el seno recto, que corre dentro de la parte ventral de la hoz y recibe sangre de una gran vena que drena las partes más profundas del encéfalo. El seno dorsal se divide de manera variable en un par de senos transversos bilaterales dentro de la tienda del cerebelo; con posteridad cada seno transverso se divide de modo que una rama sale del cráneo por un agujero y la otra se comunica con el sistema ventral.

    El sistema basilar o ventral drena la parte ventral del encéfalo (y otros elementos y paredes del cráneo) y también recibe un gran aporte de una vena que entra en la cavidad craneana desde la órbita luego de haber drenado gran parte de la cara, incluso la cavidad nasal. La parte rostral del tronco longitudinal del sistema ventral, el seno cavernoso, se comunica con su homólogo antes y detrás de la hipófisis. En su parte caudal se divide en el seno basilar, que se continúa a través del agujero magno como principal componente del plexo vertebral interno, y una rama que recibe una conexión del sistema dorsal antes de emerger a través de un agujero ventral para contribuir a la vena maxilar.

    El plexo venoso vertebral sería clínicamente más importante. Corre todo a lo largo de la columna vertebral y recibe sangre de las vértebras, musculatura adyacente y estructuras del interior del conducto vertebral. Da origen a venas segmentarias que salen del conducto por los agujeros intervertebrales para unirse con los principales conductos venosos del cuello y tronco, las venas vertebrales, cava craneal, ácigos y cava caudal. La parte principal del plexo consiste en pares de vasos que corren dentro del espacio epidural en el lado ventral de la médula espinal. Consisten en segmentos semilunares que corren entre agujeros intervertebrales sucesivos. La parte media agrandada de cada segmento se desvía hacia su vecino, en la parte media de la vértebra, con el cual suele unirse produciendo un patrón escalonado de vasos. Las conexiones con las venas segmentarias a través de los agujeros intervertebrales forman un plexo en torno de los nervios espinales emergentes y los protegen de los traumatismos.

    Las venas constituyentes del plexo presentan finas paredes y, como carecen de válvulas, pueden transportar sangre en cualquier dirección. Poseen mucha capacidad y su tamaño se ajusta para compensar las variaciones en el retorno venoso al corazón inducidas por los cambios de presión intratorácicos que acompañan a la respiración. Como este sistema provee vasos alternativos para las grandes venas sistémicas, podría mitigar los efectos de la obstrucción yugular (cuando se comprime el cuello) o de la obstrucción de la vena cava caudal (cuando sube la presión dentro del abdomen). La intermitencia del flujo causada por estos diversos factores facilita la propagación de enfermedades sépticas o neoplásicas a la columna vertebral, cuando en realidad deberían ir a los pulmones; la sangre desviada hacia el plexo vertebral, cuando en realidad deberían ir a los pulmones; la sangre desviada hacia el plexo vertebral cuando el flujo a través de otros vasos se obstaculiza puede estancarse temporariamente; permitiendo que las siembras tumorales o microbianas se radiquen dentro de las tributarias que emergen de los huesos.

    Otro punto de importancia clínica es el riesgo de hemorragia al hacer la punción epidural o subaracnoidea. Este riesgo es máximo en el espacio atlantoocipital, donde la mayoría de las veces las tributarias del plexo rodean el tubo dural.

    No existen vasos linfáticos en el sistema nervioso central.

    NERVIOS CRANEANOS

    El lector se habrá familiarizado ya con los nombres y la secuencia de los nervios craneanos. Aunque estos nervios carecen de la relativa uniformidad de conformación y distribución que tienen los nervios espinales, se los puede ordenar en tres grupos: los que están dedicados con exclusividad a los sentidos especiales (nervios olfativo, óptico y vestibulococlear), los que inervan músculos de la cabeza de origen somítico (oculomotor, troclear, abducens e hipogloso) y los que se relacionan primariamente con estructuras originadas en los arcos braquiales (nervios trigémino, facial, glosofaríngeo, vago y accesorio). Sin embargo, lo más conveniente será comentarlos en secuencia numérica, es decir, rostrocaudal.

    • Nervio olfativo (I).

    Las fibras que componen este nervio nacen como prolongaciones centrales de las células olfativas de la mucosa nasal. Se reúnen en una cantidad de haces (filamentosos) que atraviesan por separado la lámina cribiforme para unirse a la superficie adyacente del bulbo olfativo. Ya se describió el curso ulterior de las vías olfativas.

    El corto recorrido y la localización profunda protegen a estos nervios de los traumatismos causales y, si bien pueden afectarse por enfermedades infecciosas o neoplásicas, la interferencia con el sentido del olfato se debe con mayor frecuencia al bloqueo de los pasajes de aire que conducen a la mucosa olfatoria. Los filamentos se hallan rodeados por vainas meníngeas que encierran las extensiones del espacio subaracnoideo que podrían permitir la propagación de infecciones desde la nariz hasta la cavidad craneana.

    • Nervio óptico (II).

    El nervio óptico es el mediador de la sensibilidad visual y se lo considera con mayor exactitud como un tracto encefálico que conecta la retina con el diencéfalo (en el cual se origina). La parte intercraneana del nervio va desde el quiasma óptico, donde se decusan variables proporciones de fibras, hasta el agujero óptico en el vértice del cono orbitario; el trayecto intraorbitario se describe en otra parte. El nervio óptico también está rodeado por prolongaciones de las meninges y la dura se fusiona con la esclerótica en el sitio donde el nervio entra en el globo ocular. Obviamente, la sección del nervio produce ceguera en eso ojo.

    • Nervio oculomotor (III).

    El nervio oculomotor consiste en fibras eferentes somáticas provenientes del núcleo principal (motor) y fibras eferentes viscerales del núcleo parasimpático (de Edinger-Westphal), ambos dentro del tegmento del mesencéfalo. Las fibras de las dos categorías emergen juntas en el origen superficial desde la cara ventral del mesencéfalo, cerca de la línea media y en serie con otros nervios craneanos de composición a predominio eferente somático y con las raíces ventrales de los nervios espinales. En su recorrido intracraneano el oculomotor está en relación con los nervios troclear, abducens y oftálmico y con el seno cavernoso, y pasa acompañado por ellos por la fisura orbitaria. Dentro de la órbita se divide para inervar los músculos rectos dorsal, medial y ventral, oblicuo ventral y elevador del párpado superior (algunos autores incluyen también parte del M. Retractor bulbi). Las fibras parasimpáticas preganglionares hacen sinapsis con el pequeño ganglio ciliar aplicado sobre una de las ramas. Desde aquí las fibras posganglionares transcurren dentro de los nervios ciliares cortos para inervar los músculos intraoculares ciliar y constrictor de la pupila. No es común que ocurra una lesión aislada o compromiso en las enfermedades y los efectos se pueden deducir teniendo en cuenta las acciones de los músculos inervados.

    • Nervio troclear (IV).

    Este pequeño nervio es motor del músculo oblicuo dorsal. El núcleo de origen dentro del tegmento del mesencéfalo origina un haz de fibras que se decusa por dentro antes de emerger del velo medular rostral. Luego el nervio sigue el borde de la tienda del cerebelo hasta el piso de la cavidad craneana. En algunas especies entra por separado en la órbita, pero por lo general pasa a través de la fisura orbitaria. Su sección produce parálisis del músculo oblicuo dorsal.

    • Nervio trigémino (V).

    Este nervio, el más grande de los craneanos, es sensitivo para la piel y los tejidos más profundos de la cara y motor para los músculos originados en el primer arco branquial (mandibular). Las fibras propioceptivas (que comprenden muchas procedentes de músculos cuya inervación motora proviene de otros nervios craneanos) van al núcleo mesencefálico sensorial rostral, las otras fibras aferentes se encaminan hacia los núcleos póntico y espinal y las fibras eferentes se originan en el núcleo motor. El nervio periférico se forma mediante la fusión de las raíces sensorial y motora que están unidas con la cara ventrolateral del puente. La raíz sensorial, más grande, tiene el masivo ganglio del trigémino y justo más allá de éste se divide en las tres ramas primarias que dan nombre al tronco. La rama mandibular se une con la raíz motora para constituir el nervio mandibular mixto, en tanto que las divisiones oftálmica y maxilar se mantienen puramente sensoriales a este nivel, auque las conexiones periféricas con otros nervios craneanos introducen fibras eferentes somáticas y viscerales en ciertas ramas. El nervio mandibular emerge a través del agujero oval en el piso de la cavidad craneana. Los nervios oftálmico y maxilar avanzan en dirección rostral para emerger por la fisura orbitaria y el agujero redondo, respectivamente (en los rumiantes ambas aberturas están combinadas).

    Al principio cada una de las tres divisiones primarias está limitada a un proceso distinto de la cara embrionaria, lo cual explica los territorios muy bien definidos en el adulto (véanse los dermatomas del tronco). El nervio oftálmico inerva el proceso frontonasal, primordio de las regiones de la frente y la nariz; el nervio maxilar inerva el proceso maxilar, primordio de la mandíbula superior y partes asociadas, que comprenden los músculos masticatorios y otros del primer arco branquial.

    El nervio oftálmico, cuya notación conveniente el V-1m, se divide en tres ramas divergentes poco después de entrar en la órbita. El nervio lagrimal pasa a la parte lateral del perímetro orbitario y, después de enviar ramas para la glándula lagrimal y otras estructuras más profundas, emerge para inervar la piel de la región del ángulo lateral del ojo. El territorio más considerable del nervio frontal comprende gran parte del párpado superior, la frente y, por medio de ramas que penetran en el hueso, la mucosa del seno frontal.

    El nervio nasociliar corre hacia la pared medial de la órbita. Una rama, el nervio infratroclear, emerge en la cara después de haber inervado estructuras en el ángulo medial del ojo; inerva otra porción de la mucosa del seno frontal y en los rumiantes pequeños emite el nervio principal para el cuerno. Otras ramas del nervio nasociliar comprenden los nervios ciliares largos y etmoidal. Los nervios ciliares largos penetran en la parte posterior del globo ocular para inervar los tejidos sensibles, incluso la córnea; el nervio etmoidal primero vuelve a entrar en la cavidad craneana por el agujero etmoidal y después pasa a la cavidad nasal por la lámina cribiforme antes de dividirse en las ramas medial y lateral para la mucosa.

    El nervio maxilar (V-2) corre a través de la fosa pterigopalatina por el lado ventral de la órbita. Tiene el ganglio pterigopalatino o está cerca de él, pero la relación es puramente topográfica. Luego entra en el conducto infraorbitario por el agujero maxilar, donde pasa a llamarse nervio infraorbitario, anticipando su reaparición en la cara a nivel del agujero infraorbitario.

    Las ramas colaterales desprendidas dentro de la fosa pterigopalatina comprenden el nervio cigomático, que inerva el párpado inferior y la piel adyacente y es el origen del nervio principal del cuerno en los bovinos.

    La segunda rama, nervio pterigopalatino , origina el nervio palatino menor para el paladar blando; el nervio palatino mayor, que llega al paladar duro después de recorrer el conducto palatino e inerva la mucosa palatina y el piso del vestíbulo nasal, y el nervio nasal caudal, que pasa por el agujero pterigopalatino para inervar la mucosa de la parte ventral de la cavidad nasal, seno maxilar y paladar.

    Dentro del conducto infraorbitario el nervio infraorbitario emite cortos ramitos para los alvéolos de los dientes malares y la mucosa nasal y las ramas alveolares rostrales más largas que continúan dentro del hueso, más allá del agujero infraorbitario, hasta los alvéolos de los dientes canino e incisivos. Después de emerger en el agujero infraorbitario, el nervio infraorbitario desprende varias ramas labiales y nasales para las estructuras del hocico, incluso algunas que retornan sobre la nariz hasta el borde del territorio infratroclear. Aunque está cubierto por músculo en el sitio donde emerge, el nervio infraorbitario se puede palpar, estimular mediante presión o bloquear mediante inyección de solución de anestésico local.

    Al salir del cráneo el nervio mandibular (V-3) emite en rápida sucesión varios nervios que van a los músculos masetero, temporal, pterigoideos medial y lateral, tensor del velo del paladar y tensor del tímpano. Existen variantes menores en su distribución y a menudo los nervios para el masetero y el temporal están unidos primero en un corto nervio masticatorio. El nervio masetérico pasa a ese músculo entre las apófisis coroides y condílea de la mandíbula. Los nervios temporales profundos para el temporal corren en dirección dorsomedial. El ganglio ótico está cerca del origen de los nervios pterigoideos.

    La rama siguiente, nervio bucal (N. buccalis), es sensorial para los tejidos de la mejilla, a los cuales llega después de haber pasado primero entre el pterigoideo y el temporal y luego entre el tubérculo maxilar y la mandíbula. Después de su origen viene el nervio auriculotemporal que vira en torno del borde caudal de la mandíbula para entrar en la cara en un sitio un poco ventral respecto de la articulación temporomandibular. El sensitivo para la piel de la región temporal y gran parte del oído externo, incluso el revestimiento del conducto que conduce a la membrana timpánica. La continuación en la cara, rama facial transversa, inerva una lonja de piel que se extiende hasta la comisura de la boca.

    El nervio mandibular continúa entre los músculos pterigoideos medial y lateral antes de dividirse en sus ramas terminales, los nervios lingual y alveolar inferior.

    El nervio lingual emite ramitos para la mucosa orofaríngea antes de dividirse en una rama profunda que entra en la lengua y en una rama superficial, el nervio sublingual que corre por medial del milohioideo, debajo de la mucosa del piso de la boca a la cual inerva. La rama para la lengua recibe el cuerda del tímpano, rama del facial que introduce fibras eferentes viscerales para las glándulas salivales que hacen sinapsis en el ganglio mandibular adyacente y fibras gustativas (aferente visceral especial) procedentes de las yemas gustativas de los dos tercios rostrales de la lengua. Otras fibras sensoriales están a cargo de la sensibilidad general en la misma área de la mucosa lingual.

    El nervio alveolar inferior envía el nervio milohioideo al músculo milohioideo y al vientre rostral del di gástrico antes de entrar en el conducto mandibular en el agujero mandibular. El nervio alveolar inferior inerva los dientes malares inferiores antes de que una gran parte de él reaparezca en el agujero mentoniano como nervio mentoniano, que inerva los tejidos del labio inferior y mentón. En algunas especies varias ramas mentonianas salen por otros tantos orificios. Aunque también están cubiertos por músculo, el o los nervios mentonianos pueden palparse, comprimirse y bloquearse en los sitios donde emergen.

    Las lesiones o las enfermedades de las ramas del nervio trigémino producen déficit sensoriales en sus respectivos territorios y a veces se manifiestan con irritación facial crónica; algunas ramas se bloquean a menudo al nacer cirugía menor el la cabeza. Las lesiones destructivas del nervio mandibular producen parálisis de los músculos que elevan la mandíbula; si la lesión es unilateral, la atrofia resultante puede ser más obvia que toda incapacidad motora. En perros se describió parálisis bilateral idiopática temporaria de la musculatura trigeminal caracterizada por una caída de la mandíbula.

    • Nervio abducens (VI).

    Las fibras de este nervio se originan en el tallo encefálico caudal y hacen su emergencia prevista (para las fibras eferentes somáticas generales) cerca de la línea media. El trayecto intracraneal conduce a la fisura orbitaria (o al agujero orbitorredondo) y dentro de la órbita el nervio se ramifica para inervar el recto externo y la parte lateral del músculo retractor del globo ocular. Su lesión causa incapacidad para desviar el globo ocular hacia fuera.

    • Nervio facial (VII).

    Este nervio se conoce a veces como nervio intermediofacial por su índole compuesta. El componente intermedio es un nervio visceral que cumple funciones sensitivas, incluso gustativas, y motoras (parasimpáticas); el componente facial es el nervio del segundo arco branquial, cuyo territorio principal es la musculatura de la mímica.

    Los nervios facial y vestibulococlear nacen muy próximos entre si en el extremo lateral del cuerpo trapezoide y corren envueltos por membranas meníngeas comunes hasta el conducto auditivo interno del peñasco del hueso temporal, donde se separan y el nervio facial entra en un pasaje (conducto facial) dentro del hueso que, describiendo una pronunciada convexidad caudal (“genu”), va al agujero estilomastoideo, donde el nervio aparece en la superficie del cráneo. En el vértice de la incurvación el nervio facial tiene el ganglio geniculado. Con excepción de la pequeña rama para el músculo del estribo, las ramas emitidas dentro del hueso representan el componente intermediario y las emitidas después de salir del hueso son el componente facial.

    El nervio petroso mayor nace a nivel del ganglio y emerge a través de un agujero independiente. Al principio es parasimpático pero poco después se le suman fibras simpáticas forma un nervio autónomo compuesto; el llamado nervio del conducto pterigoideo transita por este fino pasaje para llegar al ganglio pterigopalatino que está en la fosa pterigopalatina. A este nervio se lo comenta con mayor detalle más adelante. El nervio del estribo, (n. stapedius) que nace a continuación, es motor del músculo del estribo del oído medio. La rama siguiente, cuerda del tímpano, cruza la cavidad timpánica para emerger en la fisura petrotimpánica, después de lo cual converge con la rama lingual del nervio mandibular y queda incorporado en el.

    Las primeras ramas de la porción libre del nervio facial son los nervios auriculares interno y caudal que inervan los músculos del oído externo y otras ramas para algunos músculos hioideos, incluso el vientre caudal del digástrico. El tronco principal entra en la cara rodeando la mandíbula, donde primero está contenido entre el masetero y la glándula parótida. Más o menos en este nivel -existen diferencias entre las especies- se dividen en tres ramas terminales.

    En algunas especies la rama bucal ventral sigue una trayectoria similar en un nivel un poco más ventral, pero en otras adopta un curso divergente, transitando primero dentro del espacio intermandibular para luego emerger en la cara junto con el conducto parotídeo y los vasos faciales, donde éstos cruzan la mandíbula delante del masetero. En conjunto las ramas bucales (rami buccales) inervan los músculos de la mejilla, labios y narinas. Sus ramas periféricas se unen con las del nervio trigémino en muchos niveles y muchos de los troncos más pequeños combinan fibras motoras (faciales) y sensoriales (trigeminales).

    Es evidente que los efectos de los traumatismos o enfermedades dependen del sitio de la lesión. Las lesiones más centrales, que tienden a ser de causas más graves, afectan todo el campo facial y acarrean la pérdida de la actividad secretoria de las glándulas lagrimales y salivales (excepto la parótida), además de la parálisis muscular. Las lesiones que toman el tronco principal cerca de su salida del hueso paralizan toda la musculatura de la mímica, en tanto que las lesiones más periféricas pueden respetar algunos grupos, según su sitio y sus variaciones específicas e individuales en el patrón de ramificación. Las confinadas al nervio auriculopalpebral producen caída del oído externo y estrechamiento de la fisura palpebral, con incapacidad para cerrar el ojo, en tanto que el daño de las ramas bucales puede paralizar los músculos de los labios y las mejillas permitiendo que se acumule un poco de alimento en el vestíbulo oral, pero también puede acarrear una deformación del hocico, que es desviado por la actividad no antagonizada de los músculos del lado sano. Esta asimetría no el llamativa siempre y el lado sano, hacia el cual se desvía el hocico, a veces de la impresión de estar más deformado.

    En ocasiones se bloquea el nervio auriculopalpebral para facilitar el examen del ojo.

    • Nervio vestibulococlear (VIII)

    El nervio vestibulococlear de divide dentro del meato acústico interno en sus porciones vestibular y coclear, que se introducen por separado en la parte petrosa del hueso temporal para inervar los componentes vestibular y coclear del laberinto membranoso del oído interno. Se los comenta más adelante con los órganos de los sentidos especiales del equilibrio y la audición.

    • Nervio glosofaríngeo (IX)

    El nervio glosofaríngeos posee una combinación de fibras que inervan elementos originados en el tercer arco branquial y tiene importantes componentes eferentes viscerales (parasimpáticos) y aferentes. Es un nervio motor para una parte de la musculatura palatofaríngea y para ciertas glándulas salivales, y sensitivo para la mucosa de la raíz de la lengua, paladar y faringe. Además existe una rama importante para el seno y cuerpo carotídeo.

    El nervio glosofaríngeo se origina en la parte ventrolateral del bulbo raquídeo, en las raicillas más rostrales de la serie lineal de la cual también surgen el vago y la parte medular del nervio accesorio. Acompaña a estos nervios hasta el agujero yugular y más o menos en este nivel presenta dos ganglios pequeños y un tanto indistintos. La primera rama, nervio timpánico, entra en la cavidad timpánica, donde participa con las ramas de los nervios facial y carotídeo interno (simpático) en la formación de un plexo del cual parte un nervio que va al ganglio ótico para inervar a la glándula parótida.

    El tronco principal se separa en un corto tramo de los nervios vago y accesorio y en este nivel desprende la rama para el seno carotídeo, que se encamina al seno carotídeo, donde termina en los barorreceptores que están en la pared del seno y en los quimiorreceptores del cuerpo carotídeo. Luego el nervio glosofaríngeo corre en dirección rostroventral paralelamente al estilohioideo, antes de dividirse en sus ramas faríngea y lingual. Las ramas faríngeas comprenden una para el estilofaríngeo caudal y las otras se difunden dentro del plexo faríngeo, al cual también contribuye el vago. Aunque la mayoría de las fibras son sensitivas para la mucosa, es probable que exista una contribución para la musculatura faríngea.

    La rama lingual, más grande, entra en la lengua paralelamente a la arteria lingual, a la rama lingual del nervio mandibular y al nervio hipogloso. Es sensitiva para la mucosa de la raíz de la lengua (incluso las yemas gustativas de esta área) y motora para el músculo elevador del velo del paladar y las glándulas del paladar blando. El daño de este nervio -más común en los caballos por inflamación de la bolsa gutural- puede acarrear dificultades de la deglución. Como también se puede afectar el vago, es difícil saber en qué medida la paresia del paladar y la faringe se debe a compromiso del glosofaríngeo. Estudios experimentales recientes indican que el papel del nervio glosofaríngeo es más importante de lo que algunos autores opinan.

    • Nervio vago (X)

    Éste es el nervio de los arcos branquiales cuarto y siguientes, pero también contiene las fibras parasimpáticas que inervan las vísceras cervicales, torácicas y abdominales. El segundo componente tiene, por mucho, la distribución generalizada más amplia de todos los nervios craneanos.

    El vago forma parte del haz de nervios que pasa por el agujero yugular. Tiene dos pequeños ganglios en el trayecto que está dentro y justo afuera del agujero y más allá corre en ínfima asociación con los nervios glosofaríngeo y accesorio. Una vez que el glosofaríngeo ha virado en dirección rostral, el vago sigue acompañado por el accesorio y después entabla relación con el ganglio cervical craneal para continuar, a lo largo del cuello en íntimo contacto con el tronco simpático, al cual está unido por una fascia que les forma una vaina común sobre el borde dorsal de la arteria carótida común y en relación con la tráquea. El tronco vagosimpático izquierdo entabla un contacto adicional con el esófago. Los nervios vago y simpático se separan a la entrada del tórax, después de los cual el vago continúa más o menos horizontalmente por el mediastino hasta que sobre el pericardio se divide en sus ramas dorsal y ventral. Estas ramas se combinan con la respectiva rama contralateral para formar los troncos vagales dorsal y ventral que entran en el abdomen siguiendo los correspondientes bordes del esófago. Dentro del abdomen ambos nervios se ramifican abundantemente participando con las fibras simpáticas en la formación de plexos que inervan las vísceras abdominales.

    La primera rama importante después de la emergencia del cráneo es la rama auricular, que participa en la inervación de la piel del oído externo. Siguen a ésta las ramas faríngeas que se combinan con las de los nervios glosofaríngeo, laríngeo craneal y simpático para formar el plexo faríngeo. Una prolongación de este plexo inerva el esófago cervical. El nervio laríngeo craneal va a la laringe, donde se divide en una rama externa para el músculo cricotiroideo y una rama interna para la mucosa laríngea desde la entrada, (aditus) hasta la glotis. Esta rama entabla conexiones con el nervio laríngeo recurrente. El nervio depresor del corazón está formado en parte por fibras procedentes del nervio vagal principal; es difícil seguirlo porque en la mayoría de los animales vuelve a unirse al tronco principal para continuar por el cuello y el tórax hasta el corazón.

    La porción torácica del vago desprende ramas cardíacas que forman un plexo mediastinal con fibras simpáticas que tienen el mismo destino. Dentro del tórax también emite en gran nervio laríngeo recurrente. El del lado derecho cambia de dirección rodeando una rama de la arteria subclavia mientras que el izquierdo hace lo mismo en torno de la aorta. El nervio laríngeo recurrente vuelve a ascender por el cuello aplicado sobre el parte ventral de la arteria carótida común en un recorrido que lo lleva de nuevo a la laringe, donde inerva la mayor parte de los músculos intrínsecos de este órgano (todos menos el criotiroideo) y la mucosa caudal respecto de la glotis. Unos pequeños filetes desprendidos por el camino van al plexo cardíaco y a la tráquea y el esófago. La distribución del tronco principal se completa como ramas pulmonares que se combinan en un plexo común con los nervios simpáticos.

    El daño del nervio vago y sus ramas puede manifestarse de diversas maneras, entre ellas trastornos de la deglución y disfunción del corazón y otras víscera. La degeneración del nervio laríngeo recurrente es muy común en los caballos, en los cuales causa el trastorno que se conoce como ronquido, esto también se produce en los perros.

    • Nervio accesorio (XI)

    El nervio accesorio presenta la particularidad de originarse en dos raíces. La raíz espinal proviene de filamentos que emergen a mitad de camino entre las raíces dorsales y ventrales de los primeros cinco nervios espinales (más o menos). Estos filamentos se combinan en un tronco que corre dentro del espacio subaracnoideo espinal para entrar en el cráneo por el agujero magno; luego se encamina a la raíz craneana, formada por los filetes más caudales de la serie del glosofaríngeo y vago. Sólo existe un breve contacto entre las dos raíces y si bien puede ser que se intercambien algunas fibras, luego la raíz craneana se amalgama con el vago, al cual la aportaría las fibras que llegan a la musculatura laríngea por medio del nervio laríngeo recurrente. La raíz espinal es la que forma el nervio accesorio de la anatomía descriptiva. Este nervio pasa a través del agujero yugular para dividirse dentro de la fosa atlántica en las ramas dorsal y ventral.

    La rama dorsal corre caudalmente sobre los músculos esplenio y serrato ventral antes de inervar los músculos braquiocefálico, omotransversario y trapecio, que la cubren. La rama ventral sólo inerva un músculo, el esternocefálico, entrando en éste cerca de su inserción craneal.

    No existe explicación convincente para la curiosa desviación que hacen las fibras espinales de este nervio.

    • Nervio hipogloso (XII)

    Este nervio es motor de los músculos intrínsecos y extrínsecos de la lengua que se originan en los miotomas de los somitos occipitales. Después de emerger de la cara ventral del bulbo raquídeo el nervio para por el conducto del hipogloso antes de cruzar los nervios del grupo del vago y continuar hacia la lengua, en la cual entra en un sitio más ventral que el nervio glosofaríngeo. Dentro de la sustancia lingual se ramifica para llegar a los diversos músculos.

    La lesión destructiva de este nervio paraliza los músculos homolaterales permitiendo que la lengua se desvíe hacia el lado sano. Finalmente sobreviene una pronunciada atrofia.

    NERVIOS ESPINALES

    Con anterioridad se hizo una descripción general de la formación y distribución de los nervios espinales. Allí se describía la formación de cada nervio mediante la unión de las raíces dorsal y ventral y su división ulterior en las ramas primarias dorsal y ventral que divergen al pasar por los agujeros intervertebrales. El modelo de distribución bastante constante de las ramas dorsales puede representarse con una sola descripción, mientras que los rasgos regionales de las ramas ventrales requieren atención aparte.

    • Ramas dorsales

    Como regla, las ramas dorsales son mucho más pequeñas que las ventrales y tienen una distribución más sencilla. Cada rama se divide en una rama medial que inerva la parte local de la musculatura epiaxil del cuello, tronco o cola y una rama lateral que se distribuye sobre la parte dorsal del segmento cutáneo (dermatomo) inervado por el respectivo nervio espinal. Estas áreas se extienden desde la línea media dorsal a distancia variable por el costado del animal. Los territorios de los primeros nervios cervicales llegan hasta la región de la nuca, además de inervar la piel del cuello, los nervios que están a cada lado de la unión cervicotorácica inervan la piel de la parte superior del hombro y los nervios de las regiones torácicas media y caudal y lumbar inervan territorios cada vez más grandes de piel de la pared torácica y flanco, pero los territorios de los nervios sacros vuelven a ser restringidos. Las conexiones inconspicuas entre los nervios vecinos forman un plexo continuo en el cual el intercambio de fibras desdibuja los límites entre los territorios inervados por los nervios individuales y hasta es probable que cada parte de la piel reciba fibras sensoriales de dos y quizás hasta tres nervios espinales.

    • Ramas ventrales

    Las ramas ventrales, más grandes, inervan los músculos hipoaxiles, incluso los de los miembros (salvo los de la cintura torácica, que son inervados por el undécimo nervio craneano y el músculo romboides, inervado en algunas especies por ramas dorsales) y el resto de la piel del cuello, tronco y miembros. Con excepción de la región torácica, donde existe una segmentación más exacta, las ramas ventrales también reciben filetes comunicantes de sus vecinas. Estas conexiones están muy exageradas en los niveles donde se originan los nervios de los miembros torácico y pelviano, donde constituyen los plexos braquial y lumbosacro, respectivamente.

    • Ramas ventrales cervicales

    La distribución cutánea de las dos primeras ramas ventrales cervicales llega hasta las regiones del oído externo y maseterina y de la garganta. Los componentes más caudales de la serie forman el nervio frénico y el plexo braquial, pero conservan sus responsabilidades locales.

    En las especies domésticas el nervio frénico suele formarse por los nervios cervicales quinto, sexto y séptimo. Estas contribuciones corren ventralmente sobre el músculo escaleno para unirse en un tronco que vira debajo del músculo y entra en el mediastino entre el primer par de costillas. El nervio frénico corre en dirección caudal dentro del mediastino y cruza la faz lateral del pericardio para llegar al diafragma; el nervio derecho utiliza el pliegue de la vena cava en la última parte de su recorrido. Los nervios frénicos se ramifican dentro del diafragma, del cual son la única inervación motora; sus fibras sensitivas son suplidas por otras que llegan con los nervios intercostales. Vale la pena destacar que los nervios frénicos son nervios musculares típicos y no se debe pensar que son autónomos por el hecho de que normalmente la respiración es involuntaria. Los experimentos realizados en varias especies revelan que la sección bilateral de los nervios frénicos surte un efecto escaso, aunque puede evidenciarse compromiso respiratorio al someter al animal a un estrés severo.

    • Plexo braquial

    El plexo braquial inerva casi todas las estructuras del miembro torácico, siendo las excepciones los músculos trapecio, omotransvesario, braquiocefálico y romboides, y la piel de la región superior del hombro.

    El plexo suele formarse mediante contribuciones de los tres últimos nervios cervicales y los dos primeros torácicos; a veces participa el quinto nervio cervical y en estos casos la contribución del segundo nervio torácico está disminuida o ausente. El plexo llega a la axila pasando entre las partes del escaleno y se divide rápidamente en ramas periféricas que divergen hacia sus respectivos destinos. Varias ramas de este plexo tienen una distribución local muy restringida y es suficiente mencionar sus nombres y sus destinos comprenden el nervio torácico largo para el serrato ventral, el nervio toracodorsal para el dorsal ancho, los nervios pectorales craneal y caudal para los músculos pectorales (incluso el subclavio), el nervio subescapular para el subescapular y el nervio torácico lateral para el cutáneo del tronco y la piel de la parte ventral del tórax y abdomen. Las otras ramas requieren una descripción más completa. Aunque algunas exhiben diferencias entre las especies, es raro que revistan importancia, salvo en la mano, pero incluso éstas pueden ignorarse en gran medida por ahora.

    El nervio supraecapular emerge de la parte craneal del plexo braquial (C6-7). Transcurre entre el supraespinoso y el subescapular para llegar al margen craneal del cuello de la escápula, en torno del cual vira hacia la cara lateral del hueso, donde se distribuye en los músculos supraespinoso e infraespinoso. Al igual que otros nervios que se hallan en relación directa con un hueso, puede lesionarse, en este caso por estiramiento contra la escápula al sobreabducir o retraer el miembro con violencia. La parálisis de los músculos laterales del hombro resultante no influye sobre la postura erecta pero puede causar un movimiento lateral evidente de la articulación del hombro durante la marcha. Esto ocurre con mayor frecuencia en los caballos, en los cuales también se conoce como “guadeño”; se manifiesta después de un tiempo con una consunción obvia de la musculatura cercana a la espina escapular.

    El nervio musculocutáneo también es de origen cervical (C7-8). Luego de un breve trayecto en la axila, este nervio se ramifica emitiendo la rama muscular proximal que inerva el coracobraquial y el bíceps en la parte superior del brazo. En el perro la continuación del nervio más allá de la rama muscular proximal se mantiene separada del nervio mediano hasta que en el tercio distal del brazo una rama comunicante corre en dirección distocaudal hasta el nervio mediano. El nervio continúa su trayectoria pasando debajo de la parte terminal del bíceps braquial, donde se divide en la rama muscular distal que inerva el braquial y en el nervio cutáneo medial del antebrazo que cruza la cara flexora del codo antes de ramificarse en la piel.

    En los ungulados, en general, el nervio musculocutáneo vira en torno de la arteria axilar para unirse con el nervio mediano, con el cual se confunde por un corto trayecto, pero después las fibras del musculocutáneo vuelven a separarse del nervio mediano en las partes superior e inferior del brazo, donde forman las ramas musculares proximal y distal del nervio musculocutáneo. En el caballo la rama cutánea llega más allá del carpo hasta el nudo.

    La sección del tronco principal del músculo cutáneo es una lesión improbable que paralizaría los flexores principales del codo, aunque posiblemente esto se compensaría con la actividad de los extensores carpianos y digitales.

    El nervio axilar (C8) corre detrás de la articulación del hombro para llegar a la cara lateral del miembro y en su recorrido inerva el redondo mayor, redondo menor, capsular y deltoides, que son los flexores verdaderos de la articulación del hombro. Además envía ramitos para la parte distal del braquiocefálico, el cual, como se recordará, proviene del deltoides. Una rama cutánea inerva la piel de la cara craneal del brazo y antebrazo.

    Las tres ramas remanentes del plexo tienen los recorridos más complicados y las distribuciones más extensas. El nervio radial nace en los dos últimos nervios cervicales y el primero torácico (C7-T1). Primero corre en dirección distal dentro del brazo, caudal a la arteria braquial antes de dividirse entre las cabezas larga y medial del tríceps para seguir el surco espiral del húmero que lo conduce a la cara craneolateral del miembro. Mientras está sepultado por el tríceps envía ramas para las diversas cabezas de este músculo y para el tensor de la fascia antebraquial y el ancóneo. En la parte inferior del brazo el nervio radial emite un grupo adicional de ramas musculares para todos los músculos extensores carpianos y digitales, incluso el ulnar lateral anómalo. Una rama cutánea, a menudo desdoblada, desciende sobre la cara craneolateral del antebrazo y carpo para llegar a la superficie dorsal de los dedos, salvo en el caballo, en el cual se extingue más o menos a nivel del carpo y parte de la inervación más distal está a cargo del nervio musculocutáneo.

    El daño del nervio radial puede acarrear tres consecuencias obvias: parálisis de los extensores del codo, parálisis de los extensores carpianos y digitales y anestesia del territorio cutáneo. La combinación de estos tres trastornos orienta hacia una lesión proximal respecto de la parte media del brazo, mientras que la combinación del segundo y tercero significa lesión en la parte distal del brazo y el déficit puramente sensorial sugiere una lesión más allá del origen de las ramas motoras distales. La lesión en el brazo es bastante común porque en algunos lugares sólo una fina capa de músculo separa el nervio del húmero, de modo que puede afectarse si este hueso se fractura o si se forma un tumor en el. El daño extenso del nervio radial por encima del origen de las ramas tricipitales es grave porque no permite fijar el codo y el miembro no puede sustentar el peso; el animal arrastra la pata con su superficie dorsal en el suelo. Las lesiones más distales son menos graves porque el codo se puede fijar y la mayoría de los animales aprenden a compensar la parálisis de los músculos del antebrazo avanzando rápidamente el miembro y plantando la mano en el suelo antes de que pierda ímpetu.

    El nervio mediano se origina principalmente en el último nervio cervical y primero torácico (C8-T1). Desciende por la superficie medial del brazo caudal a la arteria principal y entra en el antebrazo sobre el ligamento colateral medial de la articulación del codillo. Después se inclina en dirección caudal, pasa debajo del flexor radial del carpo y mantiene esta situación protegida hasta que llega al carpo. En la parte distal del antebrazo o en el canal carpiano se divide en dos o más ramas que descienden por el canal carpiano se divide en dos o más ramas que descienden por el canal carpiano para inervar la mayoría de los elementos de la parte palmar de la mano. El nervio mediano inerva la mayoría de los músculos flexores del carpo y de los dedos en un patrón que se superpone (aunque sin coincidir del todo) con la distribución del nervio ulnar. Por esta razón, el daño confinado al nervio mediano no suele manifestarse con ninguna anormalidad de la postura o la marcha.

    El nervio ulnar sale de la parte caudal del plexo (C8-T2). Desciende por el brazo junto con el nervio mediano y quizá (como en el perro) unido a él durante en trecho, antes de desviarse hacia el olécranon para cruzar la cara caudal de la articulación del codo. Dentro del brazo emite el nervio cutáneo caudal del antebrazo. El tronco principal queda muy reducido por el desprendimiento de las ramas para los músculos flexores carpianos y digitales en la parte superior del antebrazo y su delgada continuación corre hacia abajo por la parte caudal del antebrazo hasta que, por último, se divide a corta distancia por encima del hueso carpiano accesorio. La rama dorsal emerge entre los tendones del flexor ulnar del carpo y ulnar lateral y desciende sobre la cara lateral del hueso accesorio para inervar la piel de la superficie lateral del pie delantero. La rama palmar continúa por el canal carpiano y después inerva los interóseos y otros músculos pequeños de la mano. También envía ramas sensoriales para la piel y estructuras más profundas. La distribución en la mano se halla íntimamente complementada con el nervio mediano, en parte mediante troncos combinados. El daño confinado a este nervio difícilmente altera la locomoción y los déficit sensoriales arrojan considerable variación de una especie a otra.

    La inervación del pie delantero, tema de considerable importancia práctica en los equinos y bovinos, se considera por separado más adelante para las distintas especies.

    • Ramas ventrales torácicas

    Estas ramas exhiben una distribución segmentaria más estricta que las de otras regiones. Las dos primeras contribuyen al plexo braquial, pero las ramas ventrales torácicas suelen emitir los nervios intercostales que corren ventralmente en los espacios intercostales, sea directamente debajo de la pleura o entre las dos capas de músculos intercostales, pues la relación varía según la localización y la especie. Aparte de inervar los músculos intercostales, los nervios intercostales desprenden ramas cutáneas laterales que inervan una banda de piel de la cara lateral y ramas cutáneas ventrales que inervan la superficie ventral de la pared torácica; los miembros más caudales de la serie también intervienen en la inervación del piso del abdomen. Existen unas pocas conexiones menores con nervios del plexo braquial. En la cerda, la perra y la gata las ramas cutáneas laterales emiten filetes para las glándulas mamarias torácicas.

    La última rama ventral torácica (nervio costoabdominal) sigue un curso y tiene una distribución un tanto distintos porque pasa detrás de la última costilla. Colabora con las ramas ventrales lumbares en la inervación del flanco.

    • Ramas ventrales lumbares

    Las ramas ventrales lumbares y sacras forman un plexo continuo que está mejor desarrollado donde los tres o cuatro últimos nervios lumbares y los dos primeros sacros forman el plexo lumbosacro que inerva el miembro pelviano. Las ramas ventrales lumbares más craneales revisten una importancia considerable en los bovinos porque a menudo se las bloquea para hacer cirugía abdominal y reciben nombres individuales. En las especies con seis nervios lumbares la primera rama ventral se conoce como nervio iliohipogástrico, la segunda como ilioinguinal y la tercera y la cuarta se combinan para formar el nervio fenitofemoral. En las especies son siete nervios lumbares, las dos primeras ramas ventrales se distinguen como iliohipogástrico craneal y caudal y la tercera forma el iliolingual y también contribuye al nervio genitofemoral. El nervio genitofemoral se divide en una rama femoral que inerva la piel de la cara medial del muslo y una rama genital que inerva las fascias espermáticas, el escroto y el prepucio.

    La inclinación caudoventral de las ramas ventrales, que se torna cada vez más evidente en los nervios intercostales caudales, se acentúa todavía más en las ramas lumbares; los sitios donde se tiene acceso con mayor facilidad a estos nervios para inyectar una solución de anestésico local y las posiciones de sus dermatomas son mucho más caudales de lo que naturalmente se supondría. Los nervios atraviesan el transverso cerca de la punta de la punta de las apófisis transversas y después corren en la profundidad del oblicuo interno hacia el piso del abdomen. Además de inervar el flanco y el músculo recto, emiten ramas cutáneas laterales y ventrales; las primeras aparecen en el subcutáneo a niveles cada vez más dorsales a medida que se sigue la serie en dirección caudal.

    • Plexo lumbosacro

    El plexo lumbosacro, donde nacen los nervios del miembro pelviano (salvo excepciones menores para ciertas áreas cutáneas proximales), es una acentuación del plexo continuo. Suele empezar con la rama ventral del cuarto nervio lumbar y termina con la del segundo sacro (L4-S2), de modo que tiene una raíz adicional en las especies que poseen 7 nervios lumbares.

    El nervio femoral nace en la parte craneal (L4-6) del plexo y corre a través de los músculos psoas y para llegar a la brecha comprendida entre el ángulo dorsocaudal del flanco y el músculo psoasilíaco. Lo acompañan la arteria y vena iliaca externa y al entrar en el muslo transcurre en una posición protegida entre el sartorio y el pectíneo. Enseguida emite el nervio safeno y luego de un recorrido adicional muy breve se divide entre el recto femoral y el vasto medial para agotarse dentro de la masa del cuadríceps. El daño severo de este nervio, aunque es relativamente infrecuente, acarrea consecuencias graves porque la parálisis del cuadríceps no permite fijar la articulación de la rodilla y todo el miembro se torna incapaz de sostener peso. Este defecto no se puede compensar.

    El nervio safeno emite una rama para el sartorio antes de continuar para inervar la piel que cubre la cara medial del miembro desde la rodilla hasta el metatarso.

    El nervio obturador tiene a grandes rasgos el mismo origen (L4-6) que el nervio femoral. Sigue la cara medial del cuerpo del ilion para llegar a los músculos aductores del muslo, que comprenden el grácil, pectíneo, aductor y obturador externo, además del obturador interno en los rumiantes y en el cerdo. La relación con el hueso es peligrosa en potencia porque el nervio puede lacerarse en las fracturas y comprimirse durante el parto (el riesgo es menor en las especies cuya prole es pequeña en relación con la cavidad pelviana). Los efectos de la lesión varían según su extensión, pero son mayores en los animales más pesados y se exagera si deben caminar en suelo liso porque el miembro tiende a resbalar de costado.

    Las ramas remanentes del plexo se originan en un tronco lumbosacro común que está formado en gran medida por el último nervio lumbar. El tronco sale de la pelvis por el agujero ciático mayor y casi inmediatamente emite tres ramas.

    El nervio glúteo craneal es corto e inerva el tensor de la fascia lata y los músculos glúteos medio y profundo y, en algunas especies, parte del superficial, grupo que, contrariamente a lo esperable, comprende músculos flexores y extensores de la cadera.

    El nervio glúteo caudal inerva el músculo glúteo superficial y las cabezas vertebrales de origen de los músculos de la corva (bíceps femoral, semitendinoso y semimembranoso), que representarían una asimilación de elementos del glúteo superficial. En consecuencia, inerva músculos extensores de la cadera.

    El nervio cutáneo femoral caudal inerva la piel de la cara caudal del muslo.

    El nervio ciático (N. Ischiadicus) es la continuación distal del tronco lumbosacro y transcurre entre los músculos glúteos medio y profundo antes de virar dentro del muslo a caudal de la articulación de la cadera, donde está protegido por el trocánter mayor del fémur. Luego transita entre el bíceps femoral lateralmente y el semitendinoso medialmente, antes de dividirse en sus ramas terminales, los nervios peroneal común y tibial, en un nivel que varía según las especies. En la parte proximal de su recorrido emite filetes para los músculos poco importantes, obturador interno (salvo en los rumiantes y porcino), gemelos y cuadrado femoral; otras ramas musculares que pueden aparentar un nacimiento directo en el nervio ciático se considerarán por lo general como provenientes de sus divisiones peroneal común y tibial.

    El nervio peroneal común o peroneo común, que es la menor de sus ramas terminales, se origina en las raíces lumbares del tronco lumbosacro. Corre primero junto con el nervio tibial pero después se separa de éste para pasar sobre la cabeza lateral del gastrocnemio y entrar en la pierna. Emite una rama, el nervio cutáneo sural lateral, para la piel de la cara lateral de la pierna, antes de dividirse en las ramas superficial y profunda cuando llega cerca de la cabeza del peroné. Él nervio peroneal superficial inerva la piel de la cara dorsal de la pierna y todo el pie, con excepción del caballo en el que se termina a nivel del nudo. El nervio peroneal profundo inerva los músculos dorsolaterales de la pierna (flexores del corvejón y extensores de los dedos), y también es sensitivo para las estructuras del pie.

    El nervio tibal proviene de las raíces sacras del plexo lumbosacro. Desprende importantes ramas musculares proximales para las cabezas pelvianas de los músculos de la corva antes de separarse del tronco principal para entrar en la pierna entre las dos cabezas del gastrocemio. Más o menos en este nivel emite primero un nervio cutáneo sural caudal para la piel de esta cara de la pierna y después ramas musculares para el gastrocnemio, sóleo, poplíteo y crurales caudales. El nervio continúa como un tronco sensitivo casi con exclusividad (aunque también inerva los músculos digitales cortos) dentro de la lámina de fascia comprendida entre el tendón calcáneo común y los músculos crurales caudales; termina dividiéndose en los nervios plantares medial y lateral cuando llega a nivel de la punta del corvejón. Los nervios plantares continúan por la cara plantar del pie para impartir sensibilidad a los elementos plantares en particular, pero con cierta penetración dorsal que varía según las especies.

    La sección o daño severo del nervio tibial se manifiesta con hiperflexión del corvejón e hiperextensión de los dedos. El daño similar del tronco original combina los efectos de las lesiones de los nervios peroneal común y tibial de modo que el miembro prácticamente queda incapacitado, aunque la fijación de la articulación de la rodilla por el cuadríceps intacto puede permitir cierta sustentación.

    • Ramas ventrales sacras y caudales

    Las ramas ventrales sacras, caudales respeto de las raíces del plexo lumbosacro y superpuestas a ellas, dan nacimiento a otros importantes nervios individuales. Los nervios pelvianos, que aportan impulsos parasimpáticos, se consideran en el aparato siguiente.

    El nervio pudendo tiene un origen diverso (S1-3 en el perro, S2-4 en los rumiantes). Es sensitivo para el recto, los órganos internos y externos de la reproducción y la piel del periné. Reviste importancia fisiológica y aplicada, pero como es muy variable por ahora es suficiente decir que su curso lo lleva oblicuamente a través de la pelvis hacia la parte ventral de la salida pelviana. Provee los nervios perineales profundo y superficial, además de diversas ramas cutáneas, y finalmente se continúa como nervio dorsal del pené (o del clítoris). La rama perineal superficial inerva la piel del ano, vulva y región perineal ventral y es de localización perineal estricta.

    El nervio perineal profundo inerva la parte ventral de la musculatura estriada del periné, en particular la de los órganos de la procreación. El tronco principal también envía ramas para la piel del prepucio y escroto en el macho y de la parte caudal de la ubre en la hembra.

    Los nervios rectales caudales nacen en los nervios sacros más caudales, superponiéndose a veces al origen del nervio pudendo. Envían fibras sensitivas para el recto, ano y piel perianal y fibras motoras para la musculatura estriada dorsal del pirené, incluso el elevador del ano. La división entre los territorios de estos nervios y el pudendo es bastante variable.

    Las ramas ventrales de los nervios caudales inervan los músculos ventrales o depresores de la cola.

    SISTEMA NERVIOSO AUTÓNOMO

    PERIFÉRICO

    Aunque es indudable que la regulación apropiada de las actividades “viscerales” presupone la existencia de receptores en las vísceras y vasos, originariamente al sistema nervioso autónomo se lo definió como eferente con exclusividad. Esto ofrece cierta conveniencia porque en general las vías aferentes viscerales son indistinguibles respecto de sus equivalentes somáticas en cuanto a estructura y disposición. Las vías eferentes viscerales, en cambio, se distinguen con claridad, en particular por la localización de la última neurona de la cadena dentro de un ganglio periférico y por la restricción de las neuronas activadoras de estas células ganglionares en núcleos específicos del tronco cerebral y en determinadas regiones de la médula espinal. Por lo tanto, la vía eferente periférica consiste en una fibra pregangliolar (mielínica y, por ende, blanca) y una fibra posgangliolar (poco mielinizada y, por ende, gris). Además, ciertos rasgos anatómicos, fisiológicos y farmacológicos distinguen dos sistemas eferentes contrastantes -simpático y parasimpático- mientras que no se puede trazar una distinción similar para las fibras aferentes viscerales que presuntamente estarían incluidas en todos los nervios craneanos y espinales (aunque sólo sea por la distribución ubicua de los vasos sanguíneos). Ya se explicó que los mecanismos cerebroespinal (somático) y autónomo (visceral) no se pueden separar del todo porque la corteza cerebral dirige ambos tipos.

    Más adelante se resumen algunas acciones fisiológicas diferenciales de los dos sistemas, pero se puede decir ahora que en parte se basan en el uso de noradrenalina como sustancia mediadora en la última sinapsis de la vía simpática. La adrenalina se produce en la médula adrenal y cuando se distribuye por todo el organismo con el torrente sanguíneo suscita una respuesta simpática en masa. La acetilcolina, en cambio se libera y destruye localmente. Por lo tanto, las actividades del sistema parasimpático tienden a ser más específicas y aisladas que las del simpático. La localización más estrecha de las respuestas parasimpáticas también se debe a la presencia de ganglios parasimpáticos cerca del órgano efector e incluso dentro de él, mientras que los ganglios simpáticos están cerca del sistema nervioso central y las fibras posgangliolares se irradian con mayor amplitud.

    • Sistema parasimpático

    Las células pregangliolares del sistema parasimpático se restringen a una cantidad de núcleos individuales dentro del tronco cerebral y a la columna lateral de un corto tramo de la médula espinal, por lo general los segmentos sacros segundo, tercero y quizá cuatro. Los impulsos correctamente denominados craneosacros se confinan a los nervios oculomotor, facial, glosofaríngeo, vago y pelvianos.

    Las vías parasimpáticas craneanas tienen una independencia anatómica bastante limitada porque diversas partes de sus trayectos están incorporadas en nervios de composición a predominio somático. Sólo existen haces exclusivamente parasimpáticos cerca de los órganos efectores. Los principales rasgos visibles a simple vista de la inervación parasimpática craneana se describieron junto con los nervios respectivos y ahora habrá que combinar todos estos datos.

    El núcleo parasimpático más rostral, el núcleo oculomotor parasimpático, está en el mesencéfalo en asociación con el núcleo motor del tercer nervio craneano. Las fibras pregangliolares parasimpáticas emergen del tronco principal dentro de la órbita para constituir la raíz oculomotora (corta) del ganglio ciliar. Más allá de este ganglio las fibras posganglionares continúan como nervios ciliares cortos que también contienen fibras simpáticas y sensitivas; estos nervios penetran en la esclerótica para formar el plexo ciliar, desde el cual las fibras parasimpáticas se extienden a los músculos ciliar y esfínter pupilar.

    El componente parasimpático del nervio facial se origina en el núcleo parasimpático rostral (salival) del bulbo raquídeo. Las fibras pregangliolares se incorporan en el tronco principal del facial, pasan a través del ganglio geniculado somático sin interrumpirse y luego salen en la cuerda del tímpano y el nervio petroso mayor. La cuerda del tímpano introduce su complemento en el nervio lingual, desde el cual las fibras parasimpáticas emergen después para hacer sinapsis en el ganglio mandibular; las fibras posgangliolares inervan las glándulas salivales mandibular y sublinguales.

    Al nervio petroso mayor se le une el nervio petroso profundo (simpático) para constituir el nervio del conducto pterigopalatino. Las fibras posgangliolares se unen al nervio lagrimal (después de pasar por el nervio zigomático) en camino a la glándula lagrimal y por varias otras ramas del nervio maxilar hacia las glándulas que están en la mucosa nasal y palatina.

    El componente parasimpático del nervio glosofaríngeo se origina en el núcleo parasimpático medio del bulbo raquídeo. Las fibras preganglionares pasan a través del ganglio somático de este nervio antes de unirse al plexo timpánico y desde aquí continúan hasta el ganglio ótico. Las fibras posganglionares viajan por el nervio auriculotemporal hasta la glándula parótida.

    El componente parasimpático aporta la mayor parte del nervio vago y hasta su totalidad más allá del origen del nervio laríngeo recurrente. Las fibras preganglionares van a un sinnúmero de pequeños ganglios dispersos a lo largo de los plexos nerviosos que inervan los tejidos de los órganos efectores y a menudo están dentro de ellos. Los plexos comprenden el cardíaco y pulmonar dentro del tórax y los plexos gástrico, hepático, mesentérico, gonadal y renal formados por la confluencia de ramas de los troncos vagales con los nervios simpáticos dentro del abdomen. A grandes rasgos, el tronco vagal dorsal inerva los plexos hepático y gástrico y el tronco vagal ventral, más grande, los plexos celíaco, mesentérico, renal y gonadal. En otra parte se mencionan los rasgos particulares de la distribución en los rumiantes.

    La parte sacra del tracto de salida parasimpático constituye los nervios pelvianos, que emergen con las ramas ventrales de los respectivos nervios sacros y forman un plexo subperitoneal en el cual se entremezclan fibras simpáticas procedentes de los hipogástricos. Las fibras que componen las ramas comunicantes son pregangliolares; muchas hacen sinapsis en los ganglios del tronco, otras pasan por ellos hacia el nervio pelviano para hacer sinapsis en ganglios pelvianos o bien terminales. Estos están dentro de las paredes del colon descendente, recto, útero y vagina (o las glándulas genitales accesorias del macho), tejido eréctil genital y vejiga urinaria.

    • Sistema simpático

    Las fibras preganglionares del sistema simpático se originan en la columna lateral de la porción toracolumbar de la médula espinal y pasan a las raíces ventrales de los nervios torácicos y primeros lumbares. Luego continúan con los nervios espinales para emerger con las ramas ventrales constituyendo las ramas comunicantes blancas que se unen a los ganglios del tronco simpático. El tronco corre todo a lo largo del cuello y espalda. En esencia, posee una disposición segmentaria, aunque sólo en las regiones torácica y lumbar craneal se evidencia una concordancia estricta entre los ganglios y los nervios espinales.

    La parte cervical del tronco empieza en el gran ganglio cervical craneal, que es fusiforme y está cerca de la base del cráneo. El tronco se asocia con el vago dentro de la vaina carotídea, donde forma el tronco vagosimpático que desciende por el cuello. Ambos componentes se separan a la entrada del tórax, donde muchas veces el tronco simpático tiene un ganglio cervical medio junto a la primera costilla. Luego el tronco continúa en una localización subpleural sobre la línea de las articulaciones costovertebrales, antes de situarse a dorsal del diafragma para entrar en el abdomen. Su porción torácica exhibe una disposición regular de ganglios, aunque el primero o los dos primeros están fusionados con en elemento cervical caudal para formar el gran ganglio cervicotorácico en la profundidad de la cabeza de la primera costilla. La porción lumbar del tronco, que está entre la musculatura del psoas y los cuerpos vertebrales, al principio también tiene pues la disposición se torna más arbitraria, de modo que algunos ganglios lumbares caudales se dividen en dos o, con menos frecuencia, se fusionan con sus vecinos. La porción sacra es menos regular todavía y puede fusionarse, de modo temporal o definitivo, con su homóloga y penetrar en la cola, donde se extingue rápidamente.

    Como el tracto de salida simpático está restringido, se deduce que sólo los ganglios torácicos y lumbares craneales están unidos por las ramas comunicantes blancas, pero todos los nervios espinales y muchos craneanos reciben haces de fibras posgangliolares (ramas comunicantes grises) destinadas a los vasos, glandulares de la piel y otros elementos. Es importante destacar que la pared corporal y los miembros están inervados sólo por estas fibras simpáticas posganglionares. Las de la mayoría de los nervios cervicales se unen en un solo tronco, el nervio vertebral, que corre desde el ganglio cervicotorácico y atraviesa los agujeros de las apófisis transversas cervicales sucesivas. Las fibras simpáticas posganglionares para los dos primeros nervios cervicales y para los nervios craneanos parten del ganglio cervical craneal; muchas forman el nervio carotídeo interno que sigue a la arteria del mismo nombre.

    Las fibras pregangliolares que están en la cadena de ganglios simpáticos tienen varios destinos alternativos porque cada una se proyecta en muchas células ganglionares. Unas fibras entablan sinapsis inmediatamente dentro del ganglio locas, algunas corren en dirección craneal o caudal dentro del tronco para hacer sinapsis con ganglios más craneales o caudales de la serie, mientras que otras más corren sin interrupción por todo el tronco para llegar a un segundo conjunto de ganglios (prevertebrales) situados en torno del origen de las ramas viscerales de la aorta abdominal. Este último grupo constituye los nervios esplácnicos, cuya disposición es bastante variable; por lo general existe un nervio esplácnico mayor formado por fibras pregangliolares que salen del tronco desde cerca del sexto hasta el penúltimo ganglio torácico y unos nervios esplácnicos torácicos y lumbares menores que nacen en niveles más caudales.

    Las vísceras y los vasos de la cabeza reciben su inervación simpática por medio del ganglio cervical craneal. Las fibras posgangliolares que emergen de este ganglio se irradian en una cantidad de direcciones que las llevan a los territorios de los nervios craneanos y dos primeros cervicales. Aunque muchas pasan a través de los ganglios parasimpáticos, lo hacen sin interrumpirse, por supuesto. Los detalles revisten una importancia clínica bastante limitada (aunque son relevantes para los trabajos experimentales) y aquí sólo hemos de presentar algunos puntos.

    Un gran grupo de fibras sigue a la arteria carótida interna dentro de la cavidad craneana y allí envía filetes para los vasos intracraneanos y fascículos de fibras que se unen a diversos nervios, en especial el trigémino y los de los músculos extraoculares. Otro grupo de fibras pasa a través del ganglio ciliar hasta el globo ocular, donde finalmente se distribuye en el dilatador de la pupila. En un nivel más proximal el nervio carotídeo interno desprende el nervio petroso profundo, que se combina con el nervio petroso mayor en su pasaje por el conducto pterigoideo hasta el ganglio pterigopalatino. Finalmente estas fibras se dispersan con los diversos nervios que van a estructuras de la órbita, cavidad nasal, senos y paladar.

    Otras ramas colaboran con las fibras parasimpáticas en la formación de un plexo que está dentro de la cavidad timpánica y desde el cual se inerva la glándula parótida después de su pasaje más allá del ganglio ótico. Otros haces de fibras más se entremezclan alrededor de la arteria carótida externa y sus ramas.

    Los órganos torácicos -corazón, tráquea y pulmones- son inervados por fibras posgangliolares que forman los plexos cardíaco y pulmonar dentro del mediastino después de emerger de la porción torácica del tronco simpático. Estos plexos se combinan con el respectivo componente parasimpático.

    Los órganos abdominales y pelvianos reciben su inervación simpática por medio de los diversos nervios esplácnicos que van a los ganglios celíacos, mesentérico craneal, renales, aortorrenales, gonadales y mesentérico caudal dispuestos en la cara ventral de la aorta junto a los orígenes de las arterias viscerales. Las fibras preganglionares hacen sinapsis en estos ganglios y las fibras posgangliolares que emergen de éstos forman intrincados plexos (que combinan contribuciones vagales) que envuelven a las arterias viscerales y corren paralelamente a ellas y con cuyos nombres se conocen.

    Los órganos pelvianos reciben fibras posgangliolares que salen del ganglio mesentérico caudal como componentes del par de nervios hipogástricos. Estos nervios entran en la cavidad pelviana debajo del peritoneo para formar un plexo pelviano común con los nervios pelvianos parasimpáticos.

    Resumen de la inervación autónoma

    Algunos efectos del sistema nervioso autónomo se tabularon con fines ilustrativos, pero para ciertos temas como la inervación de la vejiga y la uretra, o para los que requieren una descripción más detallada, deben consultarse las modernas publicaciones sobre fisiología.