Sexenio democrático

Historia de España. Carlismo. República. Revolución la Gloriosa

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SEXENIO DEMOCRATICO

Septiembre 1868- Revolución “La gloriosa”

1868- 1870- Regencia de Serrano

1870- 1873- Reinado de Amadeo I

1873-74- I República

1874-75- Regencia 2ª de Serrano

El sexenio democrático fue iniciado con una revolución antidinástica en septiembre de 1868 conocida como la Gloriosa que pretendía (y consiguió) derrocar a la reina Isabel II e implantar un régimen demócrata- liberal como definitivo logro de la revolución burguesa.

En 1868, Prim, acompañado por varios conspiradores civiles viajó a Cádiz donde coincidió con el resto de los generales que habían sido alejados de Madrid por el Gobierno de González Bravo. El ejecutor del golpe fue el almirante Topete cuyos propósitos era el de tener una verdadera Monarquía constitucional.

Al mismo tiempo proliferaron Juntas locales con un carácter más radical que el de los sublevados militares.

Al conocer el pronunciamiento Isabel II trató de conseguir el apoyo de los militares para ello nombró como sucesor de González Bravo al general Concha. En ese mismo mes de septiembre un ejercito fiel a Isabel II y dirigido por el marques de Novaliches fue derrotado por Serrano quedando abierto el camino hacia Madrid para los sublevados, sin embargo, antes de que estos llegaran el pueblo de Madrid ya se había levantado contra Isabel II.

En estos momentos se planteó el grave problema de la dualidad de poderes entre los protagonistas del pronunciamiento y las Juntas.

El programa de estas Juntas era más radical y contenía varios principios que deberían acabar apareciendo en un texto constitucional. En todo caso, existían también similitudes en materias como sufragio universal, libertad de imprenta, descentralización, derecho de asociación, libertad de comercio e incluso reivindicaciones sociales.

En Madrid llegó a haber dos Juntas que a comienzos de octubre se fusionaron en una presidida por el demócrata Nicolás María Rivero. La primera gran medida de esta fue la proclamación de una declaración de derechos.

En este contexto los republicanos se separaron de los demócratas ya que discrepaban en muchas cuestiones políticas, entre las que destacó la cuestión del régimen,

Así pues, a principios de octubre se formó el gobierno provisional presidido por Serrano, que contaba con Prim en un segundo lugar. Este gobierno logró las autodisolución de las Juntas y comenzó a poner en marcha buena parte de su programa revolucionario democrático en diversos aspectos. .

Algunas de las primeras medidas tuvieron un carácter anticlerical como son la expulsión de los jesuitas o la extinción de los conventos.

La labor más importante fue la desarrollada por Laureano Gigueroa en materia económica:

  • Creó la peseta

  • Intentó una reforma fiscal, destinada a suprimir el impuesto de consumos, que resultó fallida.

  • Dictó una nueva legislación minera que permitió la inversión de capital en el extranjero

  • Creó un arancel que introdujo el librecambismo en España.

Mientras tanto se había iniciado una importante transformación de la vida política. Se trató de cambiar el sistema político pasado aunque se mantuvo la Monarquía. Se implantó el sufragio universal masculino con lo que se multiplicó el numero de electores, de forma que muy pronto se hizo patente la presencia de las masas en la vida pública, esto llevo a que aparecieran nuevas formas de acción política como la prensa popular, el mitin político o el folleto de propaganda ideológica.

El panorama político quedó organizado en torno a 4 grupos políticos fundamentales:

  • Los carlistas, los sectores católicos seguidores del marqués de Viluma, la coalición monárquica demócrata y los republicanos.

Las elecciones constituyentes se celebraron en 1869 mediante una Ley electoral con circunscripciones plurinominales, lo que hacía más difícil el control del resultado por el ministro de la Gobernación, que entonces era Sagasta. El resultado de estas fue 237 diputados gubernamentales, 85 republicanos y 20 carlistas.

La constitución de 1869 se elaboró con gran rapidez. A los 4 meses se aprobó un texto intermedio en extensión entre las constituciones de 1812 y 1837que ofrecía un diseño característico de una Monarquía constitucional y demócrata.

Su declaración de derechos es más precisa y amplia que las de ocasiones anteriores, al tiempo que contiene más garantías de que estos se cumplan. Se suman a ella varias nuevas libertades y una coletilla indicativa de que la “enumeración de derechos anterior no implica la prohibición” de cualquier otro derecho que no aparezca en esa relación.

La declaración de la soberanía nacional en esta constitución es más precisa que en las anteriores, mientras que el poder ejecutivo recae en el rey pero es ejercido a través de sus ministros, responsables ante las Cortes, limitándose el monarca a sancionar y promulgar las leyes. El rey tiene capacidad para suspender las Cortes, pero una sola vez por legislatura y éstas se deben reunir tras un plazo tasado.

El poder legislativo es bicameral; pero en este caso el Senado es, como el Congreso, de carácter electivo, introduciéndose cierta representación territorial, cuatro senadores por provincia con independencia de su población.

Novedades radicales de la constitución del 69 fueron la libertad de cultos, aunque el Estado se obligara a mantener el católico. La declaración del régimen como una monarquía, que triunfó por una gran diferencia de votos por vez primera fue cometida a discusión en las Cortes constituyentes.

Elaborada la Constitución quedó establecida una regencia temporal que recayó sobre el general Serrano. Serrano procedía del unionismo, pero en los meses de su regencia desempeño el papel de una persona que, por carecer de partido propio, podía dar la sensación de imparcialidad.

La responsabilidad política quedó en las manos del general Prim, quien fue presidente del gobierno y también asumió la cartera de Guerra con el objetivo de controlar al ejército y, conforme paso el tiempo se produjo un progresivo corrimiento de Prim hacia los demócratas, o, lo que es lo mismo hacia la izquierda. Su asesinato en 1870 demuestra la estabilidad que otorgaba al régimen, puesto que a partir de ese momento fue imposible seguir manteniendo la unidad en la coalición que ejercía el poder.

Durante los meses siguientes los políticos civiles fueron los principales protagonistas de la labor concreta de gobierno. Se llevó a cabo una profunda modificación de la legislación para adaptarla a la nueva realidad democrática que había diseñado la Constitución.

Se formularon nuevas disposiciones acerca del poder judicial, el código penal, el registro civil, el matrimonio civil y el orden público, en el que pese a todo siguieron realizándose prácticas ilegales.

La cuestión política más importante en estos momentos era encontrar un nuevo monarca. Tenía que ser católico y liberal y eso excluía a cualquier candidato de la rama carlista, pero también al propio don Alfonso, hijo de Isabel II, a quien Prim condenó con tres jamases por el comportamiento inconstitucional de su madre.

Los candidatos fueron varios, pero tuvieron inconvenientes que les llevaron a ser desechados.

  • Espartero traía el recuerdo de su propia regencia en el pasado y era ya un anciano.

  • El duque de Montpensier que contaba con el apoyo de una parte de los unionistas, era un Órleans, lo que motivó que Napoleón III se quejara, aparte del haber matado al infante don Enrique.

  • Don Fernando de Coburgo tenía la ventaja de que en él se podía llevar a cabo la unión ibérica que formó parte del programa de algunos grupos liberales, pero eso mismo era un inconveniente.

  • Leopoldo de Hohenzollern-Simmaringen, por su origen alemán, despertó las mismas reticencias al emperador francés.

  • Finalmente se optó por Amadeo de Saboya quien aparecía identificado por completo con el liberalismo, al mismo tiempo que su candidatura tenía un matiz anticlerical, por el conflicto de la Monarquía italiana con el Vaticano, que también caracterizó a la política española del período posterior a la revolución.

En octubre de 1870 se produjo en las cortes la elección del nuevo rey. La nueva monarquía se iniciaba con un apoyo político insuficiente además Prim fue asesinado lo que empeoró la situación al privar al rey del apoyo más firme que había tenido.

Amadeo I fue pronto aceptado por el resto de los Estados europeos salvo el Vaticano.

Lo esencial en el transcurso del reinado de Amadeo fue la descomposición acelerada de la coalición gobernante, cuestión en la que nada podía hacer el monarca. En poco más de dos años de reinado se sucedieron seis gobiernos y tres elecciones.

El primer gobierno del nuevo reinado estuvo presidido por Serrano.

Las elecciones significaron una parcial marcha atrás, en el sentido de que, sin modificar el sufragio universal que la constitución consagraba, se optó por un sistema de distritos uninominales que propendía a una opción más conservadora. La presencia en el Ministerio de la Gobernación de Sagasta y la de Romero Robledo, favoreció a los candidatos gubernamentales.

En la primavera de 1781 se produjo de forma casi inmediata la división en la coalición monárquica democrática quedando configurados dos partidos, los radicales de Zorrilla y los constitucionalistas de Sagasta.

Lo que más llama la atención en el enfrentamiento entre Sagasta y Zorrilla es la condición de excluyente que atribuían al adversario, el segundo, cuando era presidente del gobierno y el primero cuando ocupó la presidencia del Congreso, acabó por dimitir y no contento de eso, colaboró con los adversarios de la extrema derecha e izquierda durante las elecciones, quedando la oposición organizada por una coalición nacional.

A pesar de la utilización de los procedimientos habituales (compra de votos, etc.) para conseguir la mayoría, está duró muy poco, descomponiéndose de forma inmediata cuando el gobierno fue acusado de haber transferido parte de los fondos del Ministerio de Ultramar a Gobernación para propósitos electorales.

Después de las elecciones de 1872 se inició la que resultó ser la última fase de la Monarquía democrática. Ruiz de Zorrilla asumió el poder al mismo tiempo que el Ministerio de la Gobernación, prometiendo una especie de vuelta a los principios de 1869. Prometió suprimir las quintas, llegar a una solución para el problema de Cuba, la implantación del jurado y una política comercial librecambista.

Las elecciones, celebradas en agosto, fueron bastante limpias, pero gran parte de las fuerzas políticas, incluso aquéllas más identificadas con el régimen, se retrajeron de participar en la contienda electoral.

Los radicales lograron 274 escaños. Es significativo que entre los opositores al gobierno había ya 9 diputados que se denominaban alfonsinos y no moderados. Se planteaba una oposición con un rey diferente como alternativa. Amadeo no había logrado el apoyo de la alta nobleza española, ni el de muchos militares que habían estado vinculados con la Monarquía isabelina. Los sectores de la burguesía comercial e industrial estuvieron dispuestos a la colaboración con la Monarquía amadeísta, pero pronto vieron que en determinados programas, como los relativos a la abolición de la esclavitud, suponían un grave peligro para sus intereses.

Antonio Cánovas, organizador del partido alfonsino, conectó a Alfonso con los círculos antiabolicionistas con el resultado de incrementar su influencia.

El verdadero motivo de la crisis de la Monarquía de Amadeo I residió en su propia clase política. La obra de gobierno de Ruiz de Zorrilla no cesó de autolimitarse: frente al programa de abolición de las quintas, impuso obligado por la guerra contra los carlistas, un nuevo llamamiento de 40.000 soldados y la esclavitud sólo fue abolida en Puerto Rico.

Finalmente, una cuestión aparentemente insignificante acerca del cuerpo de la artillería provocó la abdicación del monarca.

LOS CONFLICTOS: CUBA, LOS FEDERALES, LOS CARLISTAS

CUBA

El mayor problema de la Monarquía Democrática fue el de Cuba. La alta burguesia española tuvo las grandes fortunas procedentes de cuba, así como el papel decisivo que jugaron los antiabolicionistas en el movimiento alfonsino. El marqués Manzanedo fue uno de los principales inspiradores del movimiento antiabolicionista.

Los problemas:

En primer lugar, derivaban del hecho de que entre la sociedad cubana y la española las diferencias eran crecientes. Los productores de azúcar y tabaco concedían cada vez más importancia a Estados Unidos como mercado natural, mientras que se agudizaban las tensiones entre los criollos y penínsulares.

Había una cuestión político-administrativa. El capitán general, autoridad suprema en Cuba, tenía unos poderes que equivalían a los de un monarca absoluto. La distancia y la inestabilidad política en la Península impedían que desde ésta se ejerciera el poder con decisión y coherencia. De hecho, el capitán general en el momento, Francisco Lersundi, adoptó una política de dura represión que fue ya irreversible al poco tiempo.

La sublevación aconteció muy poco después de la revolución tras el llamado gritó de Yara. Su foco principal se sitúo en el oeste de la isla y tenía como principales líderes a Maceo y Gomez. La “Guerra larga”, en realidad, no fue más que una interminable guerrilla que tardó diez años en ser erradicada. Una buena parte de los dirigentes republicanos y alguno de los intelectuales más conocidos formó parte de la sociedad abolicionista de la esclavitud, cuestión que estaba planteada en la política española en torno a 1872-1873.

EL FEDERALISMO

Los republicanos federales eran un sector del republicanismo que quedó dividido en dos líneas de actuación opuestas. Mientras que en un sector, los intelectuales y parlamentarios eran partidarios de una actuación legal mediante el voto y en las Cortes, otro sector, autodetermiando “intransigente”, practicaba la subversión.

La concepción ideológica de los federales era la necesidad de que las naciones se constituyeran mediante pactos libres y voluntarios entre individuos, siguiendo un proceso piramidal que debía producirse de forma espontánea.

En marzo de 1869, la insurrección quedó localizada tan sólo en torno a Jerez, pero un año después la revolución se extendió a partir de todo un proceso de pactos sucesivos. En Cataluña, Levante y Andalucía bética logró su máxima implantación a través de numerosas partidas contra las que se emplearon las fuerzas militares e incluso se llegaron a suspender las garantías constitucionales.

Dominada esta sublevación, los meses siguientes presentaron la identificación de los republicanos con las principales reivindicaciones sociales populares, como en Barcelona, allí los federales se identificaron con la protesta en contra de las quintas. En Andalucia y Extremadura la reivindicación popular se identificó con la ocupación de tierras y en toda la península se protestó en contra del impuesto de consumos.

El movimiento republicano había experimentado una división. Había republicanos sin más y federales, además entre estos últimos existía un doble talante: benevolos, partidarios de la acción legal y los intransigentes.

EL CARLISMO

Lo que llama la atención del carlismo durante la época de la Monarquía democrática no es que se sublevara, sino lo mucho que tardó en hacerlo ante un régimen que, debido a la libertad de cultos, chocaba frontalmente con sus planeamientos. Además, la desaparición de Isabel II creó nuevas esperanzas de que se volviera a la línea dinástica representada por Carlos María Isidro, salió como candidato el autodenominado Carlos VII.

La práctica del sufragio universal permitió a los Carlistas triunfar en las elecciones de 1869 en todo el Pais Vasco y Navarra, mientras que la liberttad de imprenta hizo posible la existencia de periódicos carlistas. Pronto los carlistas se dividieron en dos tendencias, unos querían la defensa de la actuación en la legalidad ( Cándido Nocedal y sus neocatólicos) y otros querían la sublevación militar.

En 1872 se produjo una sublevación general del carlismo pero don Carlos fue derrotado en seguida y durante algunos meses el carlismo quedó reducido a tan sólo unas cuantas partidas. A final de año se produjo una nueva sublevación, inicialmente de poca envergadura, pero que se fue extendiendo sobre todo a partir de la proclamación de la República.

En 1873 don Carlos volvió a España y tomó Estella.

LA REPUBLICA

UNA FRAGIL REPUBLICA

No existió en realidad una ruptura tan marcada entre la I República y la fase anterior del sexenio democrático. La clase política del periodo resultó en esencia la misma y si se llegó a la proclamación de la República fue porque la voluntaria renuncia del rey impusó el cambio del régimen como única solución viable.

El cambio de régimen fue el resultado de una colaboración entre dos grupos políticos muy distintos desde el punto de vista programático. Los republicanos y los radicales que constituían la mayoría parlamentaria por el momento y su propio jefe político, Ruiz Zorrilla, estuvo en contra de esa colaboración con antiguos adversarios.

La experiencia republicana se inició bajo los peores auspicios, el clima internacional no fue muy propicio a las nuevas instituciones. La República española solo fue reconocida por Suiza y Estados Unidos, ambos países federales. En Hispanoamérica sólo dos pequeños reconocieron al nuevo régimen

Una gran inestabilidad

La primera República española no constituyó una única fórmula sino varias sucesivas: indefinida al principio, luego fue federal pero de dos maneras distintas -desde arriba y desde los pactos realizados desde abajo-, tuvo también una significación social, adquirió la forma cantonal y, en fin, llegó a convertirse en una fórmula de orden, e incluso autoritaria, presidida no sólo por militares, sino también por personas que tenían título nobiliario, como fue el caso de Serrano, duque de la Torre.

Muy pronto quedó rota la unidad entre quienes habían proclamado las instituciones republicanas. El nuevo gobierno estuvo presidido en febrero de 1873 por Estanislao Figueras, un republicano no federal, y contó con tres ministros de esta significación, las figuras más destacadas de la clase dirigente republicana: Castelar, Pi I Margall y Salmerón, pero el resto eran antiguos radicales y además, un radical, Cristino Martos, ocupaba la presidencia del Congreso.

Este último intentó de golpe de Estado con ayuda de algunos militares a los pocos días de ser proclamada la República. La consecuencia fue el paso a un gobierno formado exclusivamente por republicanos, con la misma presidencia de Figueras. Ocupó entonces el Ministerio de la Gobernación Pi I Margall, pero todavía hubo dos radicales en las carteras de Guerra y de Marina. Hubo un intento más, en abril, de volver a una República controlada por los radicales pero, fracasado éste, se impuso como inevitable el camino hacia una República federal.

LA REPUBLICA FEDERAL

En las elecciones celebradas en mayo de 1873 la mayoría de los federales fue abrumadora.

Los republicanos pretendieron establecer el régimen federal desde arriba, es decir, siguiendo las decisiones del poder político. Pero desde un principio, se produjeron numerosos movimientos radicales que intentaron implantarlo desde abajo y que desestabilizaron el nuevo régimen.

En medios agrarios hubo desde el primer momento reclamaciones de reparto de tierras. Al mes siguiente hubo un intento de proclamar un Estado catalán en Barcelona.

La protesta se dirigió a otros dos motivos habituales de preocupación entre las clases populares: el ejército permanente y el impuesto de consumos. El proyecto de los republicanos fue siempre sustituir el ejército obligatorio por otro de carácter voluntario con un salario.

El ideario de Pi I Margall

Su ideario estuvo muy relacionado con el del francés Proudhon, un clásico del pensamiento socialista utópico. Las dos claves fundamentales del pensamiento de Pi son la solidaridad humana y la idea del contrato libre.

El programa político se combina con una voluntad de reforma social. Pi I Margall fue siempre un colaborador muy directo del asociacionismo obrero.

Ya en el poder, Pi I Margall intentó evitar que se produjera la sustitución de las autoridades provincilaes y municipales, pero cuando surgió el cantonalismo, es decir, esa erupción del federalismo desde abajo a arriba, no pudo dejar de considerarlo, de acuerdo con sus doctrinas, como “la esperanza de la República contra la reacción futura”

El proyecto constitucional federal

Llegado a la presidencia del gobierno Pi I Margall tenía que conseguir la aprobación de una nueva Constitución como primer paso. Su texto, elaborado apresuradamente por Castelar. Partía de una amplía declaración de derechos en parecidos términos a la constitución de 1869. Quedaba prohibido que sufragara el culto de cualquier confesión religiosa.

España quedaba organizada en 17 “estados”, uno de los cuales sería Cuba para así resolver el problema colonial. Cada uno de ellos tendría su propia Constitución y al presidente de la República le habría de corresponder ejercer un cuarto poder, el llamado “poder de relación”

Aparte de querer satisfacer el ansia rural mediante repartos de tierras, los federales en el poder previeron disposiciones destinadas a regular el trabajo de los menores, la jornada máxima e incluso a crear unos jurados mixtos de patronos y obreros.

EL MOVIMIENTO CANTONAL

Constituyó algo así como la conversión en realidad de la República federal desde abajo. Los cantones eran unos poderes locales fuertes y autónomos.

En Andalucia se produjo una floración de poderes políticos que se declaraban autónomos y que no reconocían el poder central. La sublevación federal fue protagonizada por estudiantes, intelectuales y políticos provincianos, pero también tomaron parte en ella artesanos, tenderos y asalariados de diversas especies. Muy a menudo los internacionalistas colaboraron con el cantonalismo. El punto de apoyo fundamental de esta sublevación fue Cartagena.

LA REPUBLICA DE ORDEN

A fines de julio de 1873, tras cinco meses de regimén republicano, la República inició una rectificación, más centralista y enfocada hacia el restablecimiento del orden público. Representó esta tendencia un nuevo presidente, Salmerón. El nuevo presidente no ocultó ssu deseo de lograr la colaboración de las clases conservadoras.

A lo largo del verano se sometieron sin excesivas dificultades los lugares en los que había triunfado la sublevación cantonal. Para lograrlo fueron empleados mandos militares. El rechazo de Salmerón a firmar penas de muerte tuvo como consecuencia su dimisión y el nombramiento como presidente de Castelar.

Castelar, presidente de la República

Esta elección marcó de forma definitiva el camino hacia el orden de las instituciones republicanas. El programa autoritario quedó definido de una manera más explicita, al expresar el nuevo presidente que “lo que necesitamos es orden, autoridad y gobierno”

Este programa quedó concretado en la petición y el logro de poderes extraordinarios y, sobre todo, en el creciente protagonismo del ejército, recurrió de nuevo a las quintas, durante los meses de presidencia de Castelar, la subversión militar fue extendida en toda la Península.

El problema más grave era el carlismo, que actuaba con libertad en el País Vasco y Cataluña y la tolerancia de las autoridades francesas permitía que los carlistas recibieran ayuda desde el exterior.

EL GOLPE DE ESTADO Y LA PRESIDENCIA DE SERRANO.

En diciembre una buena parte de los diputados estaba dispuesta a someter a censura la gestión de Castelar. Derrotado Castelar en las Cortes, el general Pavía dio un golpe de Estado, por medio de un manifiesto Pavía hizo público que el golpe de estado era en pro de la libertad, que él permanecería sin asumir responsabilidades políticas y que sería nombrado un nuevo gobierno que no sería ni cantonal ni carlista.

Serrano asumió la presidencia del poder ejecutivo, incluyendo la del gobierno, rodeado de gran parte de la clase política surgida en torno a la revolución del 68.

Durante la etapa de Serrano se tomaron medidas tendentes a ilegalizar, por ejemplo, la Internacional o perseguir a los federales más intransigentes. Paralelo a esto la fuerza del carlismo fue multiplicandose.

Mientras tanto la grave situación financiera obligó a privilegiar al Banco de España con el monopolio en la emisión del papel moneda. El progresivo deslizamiento de la clase política dirigente hacia la Monarquía se vio favorecido por el Manifiesto alfonsino de Sandhurst.