Segunda República

Historia española del siglo XX. Primo de Rivera. Alfonso XIII. Bienio reformista. Bienio radical cedista. Frente popular. General Francisco Franco. Guerra Civil

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LA PROCLAMACIÓN

Desde 1923 España se encontraba bajo el gobierno dictatorial de Miguel Primo de Rivera, quien tras romper su promesa de que sólo gobernaría el tiempo necesario para solucionar los problemas del país, se encontraba a la cabeza de la nación junto con la figura efímera de Alfonso XIII. En el año 1930 la oposición al General Primo de Rivera era cada vez mayor. Intelectuales de la talla de Unamuno o Valle-Inclán, sindicalistas, estudiantes e incluso militares proferían duras críticas al régimen. Sumado a esta situación Primo de Rivera vio como iba perdiendo sus apoyos más cercanos por lo que el 28 de Enero de 1930 presenta antes Alfonso XIII su dimisión. Primo de Rivera abandona la política tras siete años de dictadura dejando tras de sí serios problemas de índole nacionalista, obreros, económicos, pero quizás lo más relevante fue que tras su dimisión sembró el sentimiento de si realmente la monarquía era útil.

En esta nueva España que despertaba de un largo periodo de totalitarismo comenzaban a emanar sentimientos muy cercanos al retorno de los caminos democráticos por donde el país caminaba antes del golpe de estado. Alfonso XIII era muy consciente de estos deseos por lo que decidió reestablecer el viejo sistema parlamentario. En los meses siguientes se sucedieron dos gobiernos: el de Berenguer y el del Almirante Aznar pero ninguno de los dos consiguió sacar adelante un modelo político que hasta los propios monárquicos rechazaban

Al margen de este sistema, los partidos de la oposición se reunieron en el llamado Pacto de San Sebastián (17 de agosto de 1930). En este pacto tomaron parte los republicanos, autonomistas gallegos y catalanes, socialistas y anarquistas. Sus objetivos eran instaurar la república española por medio de un alzamiento militar secundado por la población civil, además de estudiar un estatuto para Cataluña.

Pero la caída de la monarquía no fue provocada por ninguno de los dos intentos fallidos que hubo de levantamientos militares sino por la acción de las urnas. El 12 de Abril de 1931 se celebraron las elecciones municipales que pasó de ser un simple relevo municipal a un autentico referéndum sobre la continuidad de la Corona. El resultado fue determinante: en los ambientes urbanos (donde el caciquismo apenas tenía presencia) triunfó aplastantemente la Conjunción Republicano-Socialista, es decir, solo en 9 de las 50 capitales de provincia los monárquicos obtuvieron la victoria. Estos resultados fueron decisivos para la decisión que tomo el rey Alfonso XIII de abandonar el país rumbo a Francia. Dos días después de las elecciones, en el 14 de abril, se proclamaba oficialmente la Segunda República española formándose además un gobierno provisional.

LOS PRIMEROS PASOS

La proclamación de la república fue una autentica fiesta popular. Amplios sectores de la población celebraban por primera vez, desde hacía mucho tiempo, un cambio político que venía acompañado de ilusiones y esperanzas.

El primer paso en la nueva España republicana fue el de formar un gobierno provisional. El cargo de presidente fue asignado a Niceto Alcalá Zamora que lideraría un gobierno formado por un abanico de políticos de toda índole. Dentro del gabinete se podían encontrar desde miembros de la derecha republicana hasta los socialistas pasando por los republicanos de izquierdas y autonomistas gallegos. Lo primero que hizo este gobierno fue fijar una fecha para la celebración de unas elecciones que por primera vez en mucho tiempo serían auténticamente democráticas. En estas elecciones saldrían los diputados que más tarde elaborarían la constitución del 31

Problemas iniciales

Sin embargo y a pesar de las buenas perspectivas que el gobierno de Alcalá Zamora tenía del futuro de España aparecieron ciertos grupos sociales que se declararon enemigos de la república. El mismo día que se proclamó la Segunda República (14 de abril) en Barcelona, el líder de Esquerra Republicana de Cataluña, Francesc Macià proclamaba la constitución de la República catalana independiente que según sus deseos formaría parte en un futuro a corto plazo de la Confederación de Pueblos Ibéricos. Los nacionalistas catalanes veían en la Segunda República su oportunidad definitiva para su independencia tras los largos años de la represión de Primo de Rivera. Pero en este momento los independentistas catalanes obraron imprudentemente debido a que la Republica apenas acababa de formarse y no tenía aun autoridad para controlar un ejército que se posicionaba en contra de los separatismos. Al final la actitud del gobierno provisional fue un tanto permisiva como inteligente ya que prometió a Macià una solución inmediata para Cataluña a cambio de poner fin al conflicto

Otro aspecto problemático era el que representaba el clero español. Por todos era conocido la abierta simpatía que profería la Iglesia española hacia la monarquía. En contraposición los republicanos se habían ido acercándose cada vez más hacia posiciones anticlericales. La primera desavenencia de importancia con la República estuvo protagonizada por el cardenal Segura, arzobispo de Toledo y una de las máximas autoridades de la Iglesia en nuestro país. En su pastoral del 1 de mayo Segura atacaba duramente a la República y exaltaba a su vez la figura de Alfonso XIII. Días más tarde un nuevo incidente ocurrió en las filas del clero. El obispo de Vitoria comenzó una campaña propagandística que criticaba abiertamente al nuevo sistema político. El ministro de Gobernación pidió al obispo de Vitoria que abandonase España y al cardenal Segura que dimitieses, pero los altos cargos de la Iglesia se posicionaron con ambos impidiendo que esto se realizase. A partir de estos conflictos la convivencia entre Iglesia y República en lo sucesivo estuvo llena de dificultades

El último problema al que se tuvo que enfrentar el gobierno en sus primeros momentos fue el del vandalismo anticlerical. El 10 de mayo de este mismo año un grupo de pro monárquicos se reunió en un piso de Madrid donde, tras orientar un gramófono hacia el exterior, reproducieron la Marcha Real. Este gesto de clara provocación originó una cadena de inesperados acontecimientos. En un primer momento únicamente se produjo un enfrentamiento verbal entre los ocupantes del piso y varios ciudadanos resentidos pero más tarde el conflicto aumentó sus proporciones ya que se atacaron los talleres del diario ABC y durante los tres días posteriores se sucedieron ataques, en Madrid y otras ciudades, a conventos y órdenes religiosas. El gobierno no tenía nada que ver en estos sucesos pero la verdad es que tampoco hizo nada por impedirlos, en gran parte para no ganarse la enemistad de una gran parte de la población que odiaba visceralmente a la Iglesia a la que consideraban estrechamente relacionada a los ricos y poderosos.

EL BIENO REFORMISTA (1931-1933)

Pero a pesar de todas las oposiciones que se encontró la Republica el gobierno provisional de Alcalá Zamora fechó las elecciones generales para junio de 1931. Por tanto el 28 de ese mes se celebraron los comicios de los cuales salió como vencedora la Izquierda con los socialistas del PSOE, seguidos en importancia por el centro representado por el Partido Radical de Lerroux. Pero para elaborar las cortes se tendría que esperar a la elaboración de una nueva constitución

La constitución del 31

Por tanto se pasó inmediatamente a la elaboración de una nueva constitución que concordara con las reglas de juego que se habían impuesto en España. Durante los siguientes cinco meses se trabajó duramente para redactar un texto que rigiera la vida de los españolas. El resultado fue una constitución descaradamente de izquierdas en donde se intentó hacer una simbiosis de progresismo y consenso pero lo que verdaderamente se consiguió fue ajustar la constitución a los ideales más radicales de los partidos políticos aprovechando la coyuntura social de odio y rechazo a la monarquía y a la Iglesia. De ese modo el 6 de diciembre se aprobó una constitución que definía a España como “una república democrática y de trabajadores de toda clase que se organiza en régimen de libertad y justicia”, en ella se reconocían más derechos y libertades que las constituciones más progresistas del siglo pasado. Fue el primer documento que dejaba abierta la posibilidad de autonomías regionales. Se aproximo al comunismo al añadir que la propiedad privada de los medios de producción quedaba subordinada a los intereses de la economía nacional, dejando a entender la posible nacionalización de empresas o incluso sectores económicos. Pero sobre sin duda el aspecto que más polémica creo fue la declaración de España como un estado laico en el que se reconocía la libertad de culto pero prohibía a la Iglesia la práctica de actividades industriales comerciales y educativas. La influencia socialista en esta constitución no dejó indiferente a la derecha quien se posicionó en contra de los aspectos referentes a las autonomías y al papel de la religión pero el caso es que este texto fue el vigente durante toda la Segunda República

La reforma eclesiástica

Días después se formó el primer gobierno constitucional, presidido por Manuel Azaña (de Acción Republicana) e integrado principalmente por republicanos de izquierdas y socialistas. Estos últimos ocupaban los ministerios más importantes como Trabajo o Instrucción Pública y fueron responsables de los cambios más significativos de éste periodo. En un gesto conciliador se cedió la presidencia de la República a Alcalá Zamora, el hasta entonces presidente del gobierno provisional

El nuevo gobierno tenía un objetivo bien definido: realizar una profunda transformación de la realidad española. De este modo se intentaba satisfacer las amplias expectativas sociales. Uno de los primeros cambios efectuados fue la ejecución de una serie de medidas legales orientadas hacia la iglesia aprovechando el amplio campo de actuación legal que les ofrecía la constitución. Estas medidas rompieron aun más si cabe las ya de por sí debilitadas relaciones Iglesia-Estado. Se suprimió el presupuesto de clero y culto, se disolvió la Compañía de Jesús confiscando todos sus bienes e inmuebles, se prohibió a las órdenes religiosas ejercer la enseñanza y se reconoció el matrimonio civil y el divorcio. Estas polémicas actuaciones fueron tomadas por el clero como una provocación directa de un gobierno que además actuaba con pasividad ante el vandalismo anticlerical (esta relación de enemistad será una de las claves más delante de la caída de la República)

La política cultural y educativa

Otro de los campos que el gobierno consideraba prioritarios era la enseñanza. Se quería reformar la política educativa para intentar sacar a España de su ya habitual retraso, pero la sustitución de la enseñanza por parte de las órdenes religiosas por una enseñanza laica, obligatoria y gratuita fue un grave error. Al impedir a la Iglesia impartir clases la oferta de plazas disminuyó considerablemente y en tiempos difíciles era complicado construir escuelas y formar maestros. Pero el estado haciendo un copioso esfuerzo aumentó el presupuesto llegando a construir cerca de 10.000 nuevas escuelas a los que se incorporaron 7.000 nuevos maestros. Otro de los temas que se modificó fue la libertad religiosa, es decir, la asignatura de religión pasaba de ser obligatoria a optativa. Por último se crearon Misiones Pedagógicas para intentar erradicar el analfabetismo en el mundo rural. Estas misiones estaban compuestas por artistas, intelectuales, maestros e incluso estudiantes universitarios. Su labor fue tremenda. En pocos meses se crearon bibliotecas, museos, se ofrecían lecturas, sesiones de cine etc.

La cuestión de Cataluña

En otro orden de cosas, tras la aprobación del reconocimiento de las autonomías en la constitución los nacionalistas catalanes no dudaron en elaborar un proyecto de Estatuto que fue redactado por Esquerra Republicana. Tras algunas modificaciones los aspectos más importantes que recogía era: la creación de un gobierno autónomo (la Generalitat) cuyas competencias se limitaban a cultura, obras públicas y orden público. Por otra parte en el País Vasco, el PNV junto con los carlistas elaboraron un proyecto de Estatuto tan tradicionalista y poco democrático que fue rechazado por la mayoría de izquierdas en el parlamento.

La reforma de ejército

Otro de los temas clave en este bienio fue la reforma del ejército. El gobierno de Azaña sabía perfectamente que la gran mayoría de este sector era abiertamente monárquico por lo que se consideraba de extrema importancia su fidelidad al régimen para poder garantizar la permanencia de la República. Para ello Azaña se encargó personalmente asumiendo el ministerio de guerra. Su política fue tan brillante como gracias a una serie de medidas como: se colocó al frente de las capitanías generales a militares de confianza política, se permitió a todos los oficiales pasarse a la reserva sin disminución de sueldo (con esta medida se pretendió alejar a militares monárquicos de las armas). Se creó además la Guardia de Asalto como cuerpo encargado de orden público afín a la República. Aunque la labor de Azaña fue bien valorada por la opinión pública no consiguió ganarse la confianza de todos los oficiales del ejercito

La política agraria

Por último la reforma de la ley agraria era sin lugar a duda el proyecto económico y social de mayor magnitud hasta el momento. Su reforma era un asunto de emergencia debido a que España era un país eminentemente agraria en el cual los campesinos representaban el 50% de la población activa. Además las tierras al sur del tajo se caracterizaban por ser latifundistas en las que trabajaban obreros en situación de miseria y hambre por lo que era frecuente los altercados violentos y las ocupaciones ilegales. Por ello tanto el gobierno provisional como posteriormente el gobierno constitucional llevaron a cabo algunas medidas urgentes con el fin de proteger a arrendatarios y jornales en tanto que se no pretendía un reforma en profundidad: se impidió a los propietarios de las tierras en arrendamiento que, mediante la cancelación del contrato, expulsaran de ellas a los campesinos, se rebajó la jornada laboral a ocho horas, se obligó a contratar a jornaleros del mismo término municipal que las tierras y por último se solicitó a los dueños de las tierras que cultivaran según los usos y costumbres de la zona. Con el fin de erradicar el latifundismo el gobierno elaboró una ley que fue aprobada en septiembre de 1932. La ley de Reforma Agraria no resultó un fracaso estrepitoso, pero sí es cierto que dejó insatisfechos a muchos trabajadores del campo debido a la tardanza en su aprobación, la burocratización de las actividades del Instituto de Reforma Agraria (órgano encargado de la supervisión de esta ley) y sobre todo por el lento procedimiento de expropiación por parte del Estado en el caso de que los dueños de las tierras incumplieran la ley. El resultado fue insatisfactorio ya que a finales de 1933 el número de tierras expropiadas y repartidas era escaso lo que originó un inevitable descontento popular sumado al recelo de los latifundistas

LA OPOSICIÓN AL GOBIERNO

Una de las claves para entender las dificultades que encontró el gobierno republicano-socialista para llevar a cabo el intento de reformar las estructuras sociales de la sociedad española fue la resistencia que presentó la oposición a la izquierda. Tanto la derecha conservadora, junto con la iglesia y un sector del ejército, como la radicalización popular, representada en casi todas las ocasiones por los anarquistas, contribuyeron profundamente a obstaculizar la labor del gobierno

Los anarquistas

Los anarquistas españoles declararon a la República, como a cualquier otra forma de Estado, enemiga de la clase obrera. En el marco de altercados anarquistas que ocurrieron en la España Republicana el acaecido en Casas Viejas (Cádiz) en 1933 fue, sin duda, el de mayor importancia. El 11 de enero de este año un grupo de anarquistas afiliados a la CNT en un afán por llevar a cabo su propia revolución intentaron implantar en esta localidad un régimen de comunismo libertario. Para ello destituyeron al alcalde e intentaron tomar el cuartel de la Guardia Civil asesinando a un sargento y a guardia pero sin llegar a conseguir sus propósitos. Al enterarse de estos altercados el gobierno mandó a efectivos de la Guardia de Asalto para resolver la situación. Lo que ocurrió a partir de entonces fue tan trágico como inesperado. Atrincherado uno de los dirigentes de la insurrección en su casa junto con sus hijos y nietos se procedió, por parte de las autoridades a la quema del inmueble y al ametrallamiento de sus moradores dejando únicamente a dos supervivientes. Mas tardes doce hombres sospechosos y maniatados fueron perseguidos por todo el pueblo acabando asesinados uno a uno. Esta brutal represión de desproporcionadas magnitudes fue un verdadero escándalo periodístico y parlamentario que hirió profundamente a la opinión pública que está considerada como una de las causas de la caída del gobierno de Azaña

El ejercito

En aquellos años el ejército español se encontraba profundamente dividido entre partidarios y detractores en la república aunque incluso en los que la apoyaban había muchos militares que recelaban de los autonomismos. Las conspiraciones militares fueron continúas pero las sanciones del gobierno eran relativamente suaves en temor a posibles actuaciones del ejército. De todos estos levantamientos el que llegó más lejos fue el del general Sanjurjo en Sevilla durante el verano de 1932. Sanjurjo, director general de la Guardia Civil, lidero un intento de golpe de estado que debido a su precipitación y escasa coordinación se sofocó con facilidad. La represión del gobierno consistió en la clausura de algunos periódicos de derechas (entre los que figuraba el ABC), la supresión de la Dirección General de la Guardia Civil, la disolución del tercio de guardias civiles sublevados, la expropiación de tierras a los miembros de la aristocracia que habían secundado el golpe y la condena a muerte al general Sanjurjo, pena que se rebajó más tarde a cadena perpetua

La Iglesia

Como ya he citado anteriormente, la política anticlerical que estaba llevando a cabo el gobierno republicano-socialista, amparado por una constitución que velaba por el laicismo provocó un profundo malestar en el seno de la Iglesia como se pudo comprobar en el obispo de Vitoria o en el arzobispo de Toledo el cardenal Segura, quien fue detenido y expulsado. Además la identificación que hacía el pueblo de la Iglesia con la nobleza y la aristocracia ayudó a que existiera una hostilidad popular hacia el clero

Los partidos de derechas

Estos partidos políticos se diferenciaban en dos grandes grupos: los posibilitas, que creían en el poder de las urnas para derrotar a la República de izquierdas y los monárquicos y antirrepublicanos cuyas armas eran las conspiraciones militares

De los partidos que formaban la derecha posibilita, el más importante era la Confederación Española de Derechas Autónomas o CEDA que estaba presidida por José María Gil Robles. Este partido contaba con el apoyo del clero y sectores cristianos de la alta burguesía, terratenientes y pequeños y medianos campesinos.

La derecha monárquica presentaba dos partidos de similar relevancia. El Partido Carlista de Manuel Fal Conde que mantenía la tradición del carlismo del siglo anterior y Renovación Española un partido con José Calvo Sotelo a la cabeza y cuyos principios eran el retorno inmediato a una monarquía totalitaria.

En el apartado de partidos antirrepublicanos se encuentra la Falange Española. Este partido se creó en 1933 bajo la inspiración de los grandes totalitarismos que estaban arraigándose en Europa como el nazismo de Hitler o el fascismo de Benito Mussolini. El fundador de la Falange es José Antonio Primo de Rivera, primogénito del general dictador. La falange tiene el deshonroso mérito de ser el partido más activo de todos ya que sus “pistoleros” atentaron contra miembros de sindicatos y partidos de derechas.

EL BIENIO RADICAL-CEDISTA (1933-1936)

En septiembre de 1933 un cúmulo de circunstancias puso fin a los dos años de gobierno de Azaña. Entre los motivos de la destitución del presidente del gobierno encontramos la intensa campaña de desprestigio que llevó a cabo el Partido Radical de Lerroux. Pero tampoco hay que olvidar que la pérdida de prestigio del presidente a raíz de incidentes como el de Casas Viejas o la poca popularidad que tenía entre sectores como la burguesía, aristocracia terrateniente, Iglesia o una parte del ejercito eran hechos consumados. Por tanto el presidente Alcalá Zamora disolvió las cortes y fechó las nuevas elecciones en noviembre de ese mismo año.

En los comicios hubo un claro vencedor: la derecha. Varios son los factores que explican este cambio radical de tendencia política. Por un lado está el ineludible hecho de la mala imagen que tenía la izquierda en España, pero también hay otros muchos aspectos que influyeron el resultado como la agrupación de la derecha para acaparar más votos, la abstención de los anarquista que resto votos a la izquierda o el acontecimiento histórico de que en estas elecciones las mujeres tuvieron derecho a voto por primera vez en España, por lo que se duplicó el censo electoral. En este punto hay que hacer un breve inciso para efectuar una deliberada interpretación: ¿fue este resultado una victoria aplastante de la derecha o un castigo popular para la izquierda? Entre las fuentes que he consultado no existe un verdadero consenso sobre una respuesta u otra, pero tras analizar los antecedentes y los distintos puntos de vista de los libros y manuales que he consultado he llegado a la opinión subjetiva de que la izquierda republicano-socialista fue víctima de una condena social de la que los mayores vencedores fueron los partidos de derechas.

Por tanto el partido más votado fue la CEDA de Gil Robles seguido en escaños por el Partido Radical de Lerroux, dejando en tercer lugar al PSOE que vio como sus escaños se reducían a la mitad. Estos resultados provocaran la reacción de los grupos anarquistas durante el mes de diciembre en puntos de la península como Aragón, Logroño, Barcelona, Badajoz o Córdoba entre otros. Las consecuencias fueron un tanto relevantes ya que la CEDA en vista de los acontecimientos que había generado su triunfo en los comicios decidió no ocupar los ministerios hasta 1934, por lo que los primeros meses de este bienio fue el Partido Radical quien dirigiera el país.

La labor restauradora

Pero con independencia de que partido estuviese al mando se llevó a cabo durante esta etapa una política intensamente restauradora o, como afirmaron estos dos partidos, “una política reparadora de los excesos del gobierno anterior que provocó la radicalización de la izquierda popular”. Pero fuera cual fuese el punto de vista correcto el caso es que se volvió metafóricamente al año 1931 ya que se suprimieron los cambios realizados por los socialistas para incorporar otros totalmente antagónicos

Uno de estos cambios de lo ya cambiado fue la conocida como contrarreforma agraria, es decir, la implantación de medidas para sustituir la Ley de Reforma Agraria por la situación que existía antes de ésta.

Se aprobó también la ley de Amnistía en un gesto claro de desprestigiamiento del anterior gobierno ya que con esta nueva ley todos los procesados por el Levantamiento de Sanjurjo quedaban libres.

Por último y quizás más importante fue el proyecto de reforma constitucional de 1935 que alivió aquellas medidas que tanto daño hicieron a los sectores más conservadores de nuestro país. Los temas que se trataron fueron los relacionados con la religión, la enseñanza, el matrimonio civil, las autonomías o la propiedad privada. Sin embargo el estallido de la Guerra Civil española no pudo hacer que estas reformas se culminasen.

La revolución de Asturias

Fue uno de los acontecimientos más funestos pero también más trascendentales de los cinco años que duró íntegramente la Segunda República Española. Tras la victoria electoral de la CEDA, y por lo tanto de la derecha, se empezó a especular con la posibilidad de una revolución popular que, salvo en Asturias, no sería secundada por los anarquistas.

Antes de comenzar a relatar los acontecimientos hay que hacer un análisis crítico de lo que estaba ocurriendo en otros países europeos. De nuevo hay que referirse a la política totalitaria de los dictadores Hitler y Mussolini o al la situación que estaba viviendo Austria al prohibirse los partidos políticos bajo orden de su presidente totalitario Engelbert Dolfuss. No era extraño el miedo de la sociedad a que Gil Robles siguiera esta línea de actuación política. En un principio se fijó la revolución para septiembre aunque fue pospuesta para octubre. Cuando se creía que tal revolución no se iba a llevar a la práctica ocurrió que el 4 de octubre de 1934 se formó un gobierno aun más reaccionario que el del Partido Radical por lo que la Unión General de Trabajadores (UGT), el sindicato del PSOE convocó una huelga general para el día siguiente. La sublevación fue un fracaso en casi todo el país porque el gobierno consiguió sofocar a los huelguistas. Solamente alcanzó cierta importancia en Madrid, Vizcaya, Barcelona y Asturias. Fue en esta última comunidad donde la insurrección triunfo verdaderamente. Fue gracias al pacto que se había firmado entre Alianza Obrera y los socialistas, anarquistas y comunistas con el fin de “socializar los medios de producción” en un movimiento revolucionario conjunto. Los acontecimientos que se sucedieron fueron bastante intensos. Los obreros consiguieron ocupar toda Asturias con la ayuda de las armas proclamando la Revolución Socialista de los Consejos Obreros. El gobierno no tardó en actuar. Mando tropas procedentes de Marruecos bajo el mando del general Francisco Franco quien el 18 de octubre ya había conseguido acabar con la revuelta. Tras sí dejó un balance de miles de muertos y en torno a 30.000 detenidos, muchos de ellos fueron posteriormente condenados a muerte aunque algunos de los máximos responsables obtuvieron el indulto. La consecuencia mas directa que generó la Revolución de Asturias fue un cambio de política aun más si cabe hacia el conservadurismo.

De menor importancia fue la insurrección Cataluña donde se proclamó el mismo 6 de octubre el Estado Catalán, un Estado que no duró ni un solo día porque el ejército consiguió hacerse con la situación. El balance fue la suspensión de la autonomía catalana así como todas sus competencias.

La polarización política

La Revolución de Asturias originó una fuerte polarización política, es decir, la radicalización de posiciones tanto de la izquierda como de la derecha. Un ejemplo de ello es la fundación del Bloque Nacional por parte de Calvo Sotelo. Este nuevo partido pretendía acabar con la república con la ayuda del ejército para instaurar una monarquía de naturaleza tradicional. Otro enemigo declarado de la república fue la Unión Militar Española, un partido creado dentro del ejército y con el general Sanjurjo como uno de sus líderes.

Por parte de la izquierda, la represión que siguió a la revolución de octubre impulsó una concentración de fuerzas que desembocó en la creación del Frente Popular.

El fin del bienio

A finales de 1935 una serie de sucesos provocaron una profunda crisis en el gobierno cuya única solución que se vislumbraba era la disolución de las cortes y la celebración de nuevas elecciones. La principal causa de esta crisis fue el hundimiento del Partido Radical de Lerroux debido inicialmente al escándalo del estraperlo y posteriormente a las acusaciones de corrupción política que significaron la muerte política de Alejandro Lerroux y la de su partido y aunque Lerroux consiguiese salir impune su partido ya nunca volvería a recuperarse

EL TRIUNFO DEL FRENTE POPULAR

Por tanto ante la situación de crisis y escándalos que estaba viviendo el gobierno se hacia cada vez más necesarias las convocatoria de unas elecciones para que fuera el pueblo el que de nuevo eligiera la mayoría parlamentaria. Con la experiencia que del Bienio Conservador, la izquierda consideraba primordial unir sus fuerzas para lograr desbancar a una ya de por si debilitada derecha del poder. En consecuencia se formó el Frente Popular que reunía a toda la izquierda, desde los republicanos de Azaña hasta los comunistas contando con el apoyo de los anarquistas. La derecha también se presentó unida por medio de la CEDA. Aunque este partido ideó una campaña basada en inculcar el temor a otra posible revolución, las urnas dieron el resultado al Frente Popular quien a pesar de tener menos votos que la derecha y el centro juntos obtuvo mayor número de escaños en el reparto con una mayoría absoluta del 59%. Sin embargo el gobierno que se formó estaba compuesto exclusivamente por republicanos ya que no se contó con la participación de los socialistas ni de los comunistas

Primeras actuaciones

La primera decisión del nuevo gobierno de 1936 fue la de amnistiar a todos los presos de la Revolución de Asturias, aunque muchos de ellos ya habían sido liberado por los ciudadanos de las ciudades al conocer la victoria del Frente Popular. Otra contrarreforma que llevó a cabo el Estado fue la de restaurar plenamente el Estatuto de Autonomía catalán, el ex presidente de la Generalitat LLuis Companys fue liberado de prisión y restaurado en su cargo. Se restauró también la ley para la Reforma Agraria e incluso se cuadriplicó el reparto de tierras efectuado entre 1932 y 1934. Otra actuación realmente polémica fue la destitución del hasta el momento presidente de la República Niceto Alcalá Zamora y en su lugar se designó a la figura más emblemática de las huestes republicanas: Manuel Azaña. Azaña pretendía que el nuevo gobierno lo liderara Indalecio Prieto que pertenecía al sector de los socialistas moderados pero un amplio sector del parlamento formado por socialistas se opuso a ello. La solución final que tomo el presidente de la República fue la de formar un gobierno sólo constituido por republicanos.

Durante la primavera de 1936 la situación en las cortes era bastante tensa debido a los cada vez más frecuentes enfrentamientos entre los grupos parlamentarios sobre todo entre la derecha y la izquierda. Muestra de ello fue la fuerte campaña que llevó a cabo Francisco Largo Caballero, líder del PSOE, para intentar convencer a la cámara de que una revolución socialista era la salida a tantas disputas. Este clima de discordia sería el resultado del trágico desenlace que viviría la República ese mismo año.

EL PRINCIPIO DEL FIN

Ya al concluir la Revolución de 1934 el general Franco (convertido en jefe del Estado Mayor) solicitó al presidente Gil Robles la declaración del estado de guerra, pero sus solicitudes fueron en vano. Este es sin duda el primer antecedente de lo que dos años después se convertiría en una cruda realidad: la Guerra Civil.

Desde la victoria del Frente Popular en las elecciones del 36 la pérdida de consenso entre las distintas vertientes políticas era más acusada que nunca. No era extraño pensar por aquel entonces que a corto plazo la bomba de relojería que inconscientemente los políticos estaban encendiendo tardaría poco en estallar. Pero sin duda fue antes de lo previsto.

En Europa los totalitarismos habían triunfado rotundamente. En países como Italia o Alemania las políticas dictatoriales contaban con el beneplácito del pueblo al que regían. En España gran parte de los sectores sociales incluyendo a una gran porción representativa del pueblo llano se sentía profundamente atraída hacía este sistema de gobierno. Muestra de ello fueron las acciones terroristas de los pistoleros de la Falange que, imitando a los fascistas italianos, asesinaron a varios líderes izquierdistas. En la otra cara de la moneda y acorde con la fuerte bipolarización política que existía en España existían grupos radicales de izquierdas que cometieron acciones violentas como huelgas, ocupaciones de tierras etc. Nos encontramos por tanto ante una sociedad dividida y radicalizada fuertemente influenciada por los acontecimientos exteriores al país, una sociedad que cada vez se aferraba más a unos ideales bien definidos. Mientras esto ocurría en pueblos y ciudades, en las Cortes, los políticos parecían poner más empeño en agrandar la profunda brecha social que se estaba produciendo. Todo esto sumado a una continua atmósfera de desigualdad económica, de amplía división entre ricos y pobres mezclados con nacionalismos y extremismos que crearon el clima idóneo para que tuviera lugar el ya mencionado conflicto.

La sublevación militar

La Guerra Civil se originó en el seno del ejército. Un grupo de generales monárquicos con el apoyo de falangistas, monárquicos y carlistas, así como de contactos extranjeros preparaban desde el triunfo del Frente Militar un conspiración militar para acabar con la República.

El día 12 de julio de 1936 apareció asesinado el teniente Del Castillo, republicano y perteneciente a la Guardia de Asalto. Al día siguiente un grupo de este mismo cuerpo, actuando independientemente, detuvo y ejecutó al diputado derechista Calvo Sotelo. Este asesinato fue el pretexto para la ya planificada insurrección militar.

El coordinador de la conspiración fue el general Emilio Mola. El alzamiento se inició el 17 de julio en Ceuta y Melilla bajo la dirección del general Francisco Franco. Al día siguiente la sublevación se extendía al resto del territorio peninsular.

LA REPÚBLICA DURANTE LA GUERRA

La sublevación militar desató dentro del Frente Popular todas las divergencias y tensiones contenidas hasta el momento. Los primero días del alzamiento estuvieron caracterizados por un gran desconcierto dentro del gobierno. Inmediatamente los sindicatos y organizaciones obreras pidieron armas al Estado para defender la República, pero el presidente del gobierno en aquellos días Santiago Casares Quiroga se negó en rotundo porque significaría traspasar el poder que tenía el gobierno a los líderes sindicales y presidentes de los partidos obreros. La decisión de Casares Quiroga fue tan valiente como equivocada ya tras el paso de la policía y la Guardia Civil al bando rebelde la República había perdido una parte importante de su fuerza.

El 19 de julio Casares Quiroga fue sucedido en el cargo por José Giral quien sí ordenó la distribución de armas entre los obreros. Como el anterior presidente vaticinó el gobierno republicano perdió el poco poder que le quedaba tras la sublevación militar. Excepto en el País Vasco en donde el PNV tomó las riendas del poder, el resto de las zonas republicanas estaban bajo el mando de las organizaciones obreras.

La reorganización

La prolongación de la guerra y las numerosas victorias que estaban sufriendo los soldados republicanos evidenciaron la necesidad de reorganizar y fortalecer el Estado con la intención de obtener la disciplina y autoridad necesarias para hacer frente a un enemigo al que cada vez resultaba más difícil de vencer. Por tanto en septiembre de 1936 se formó un nuevo gobierno presidido por el socialista Largo Caballero. El presidente contaba en su gobierno con socialistas, republicanos, comunistas (que por primera vez tenían verdadero protagonismo político) e incluso anarquista. Esta composición del gobierno deja claro la excepcionalidad de la situación que estaba viviendo la Republica española. Largo caballero tenía en mente dos objetivos claros: la creación de un ejército con mando unificado y el reestablecimiento del poder del estado.

El 6 de noviembre del mismo año, y ante la cercanía de las tropas franquistas a Madrid se trasladó el gobierno a la ciudad de Valencia, dejando la capital al cargo del general Miaja. La tercera medida que tomo el presidente fue la de acabar con los focos revolucionarios de Aragón y Cataluña. En esta última comunidad la carencia de control del gobierno era tal que los ciudadanos de este territorio se encontraban gobernados por la Generlitat a cargo de Companys y por el Comité Central de Milicias Antifascistas formado por miembros de la CNT y de la FAI. Con referencia a Cataluña en mayo del 1937 ocurriría un hecho que causaría la dimisión del mismo Largo Caballero. La Generalitat intentó reestablecer el poder en Cataluña eliminando el poder paralelo que ejercían las Milicias Antifascistas. Esto provocó la insurrección de los anarquistas y del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). Gracias a la mediación de los altos dirigentes de la CNT se consiguió paliar la insurrección. Sin embargo los problemas no acabaron allí ya que ante la negativa de ilegalizar el POUM, Largo Caballero debido a la acción de los comunistas se vio obligado a dimitir

El fin de una era

A Largo Caballero le sucedió el último de los cuatro presidentes que lideraron la República en tiempos de guerra. Juan Negrín doctor en medicina y socialista se hará cargo del gobierno efectuando además un giro inesperado en la estrategia política. Negrín consideraba la guerra como la única prioridad por tanto se hacía necesario que todas las decisiones al respecto fueran tomadas por el Estado. En una actitud totalmente distinta a la de su predecesor el presidente Negrín buscó sus principales apoyos en los comunistas para así garantizar el envió de armamento por parte de la Unión Soviética.

En el año 1938 el desarrollo de la guerra no dejaba muchas esperanzas a la victoria republicana. Apareció entonces una escisión dentro del debilitado gobierno de lo que quedaba de República. Por una parte Negrín, con el apoyo incondicional de los comunistas, optaba por la resistencia a la espera de que estallase un conflicto Europeo entre democracias y totalitarismos para que así la España republicana pudiera recibir ayuda extranjera para derrotar a Franco. Por otra parte el ministro de guerra Indalecio Precio pretendía negociar una paz aceptable con el enemigo en vista de la precaria situación militar de la Republica.

La tesis de Negrín y los comunistas se impuso lo que originó el abandono del gobierno por parte de Prieto en abril de 1938. Sin embargo la guerra cada vez parecía más decantada hacia los nacionales y tras la batalla del Ebro y la pérdida de Cataluña el fin de la República se vislumbraba cada vez más cercano. Las pocas esperanzas que quedaban recaían sobre la posible guerra entre naciones europeas pero la Conferencia de Munich en septiembre de 1938 entre Alemania, Italia, Francia e Inglaterra alejaba por el momento cualquier posibilidad de conflicto europeo.

Los últimos meses de la República fue un verdadero agonizamiento durante el cual general Franco tenía muy claro que no aceptaría ningún tipo de paz. Negrín y parte de su gobierno huyó en el exilio a Francia y finalmente el 1 de abril de 1939 tras la toma de Madrid se declaraba oficialmente finalizada la guerra y extraoficialmente el fin de una era política que se grabó a fuego en la memoria histórica de España

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