Sectores productivos en Andalucía

Economía. Empresas andaluzas. Sector primario, secundario, terciario, cuaternario y quinario. Agricultura ecológica. Ganadería. Explotación forestal. Minería. Pesca. Acuicultura. Industria agroalimentaria. Construcción. Servicios. Comercio. Turismo

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Sectores Productivos en Andalucía

'Sectores productivos en Andaluca'
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Alumno:


Introducción:

Actualmente los sectores productivos, se pueden dividir, en cinco grupos, el sector primario, el sector secundario, y el terciario, han sido los que tradicionalmente han compuesto los sectores, y en los últimos años, se han incorporado los dos últimos que son el cuaternario y el quinario.

-El sector primario comprende las actividades de extracción directa y sin transformaciones de bienes de la naturaleza. Normalmente, se entiende que forma parte del sector primario la agricultura, la ganadería, la silvicultura (subsector forestal) y la pesca (subsector pesquero y piscícola).

-El sector secundario comprende actividades que implican transformación de materias primas a través de varios procesos productivos. Está formado por la industria alimenticia, manufacturera, la construcción, la minería y las actividades vinculadas a la producción de energía eléctrica, gas, agua y productos petrolíferos.

-El sector terciario o servicios incluye todas aquellas actividades que no producen un bien tangible, pero que son necesarias para el funcionamiento de la economía. Está integrado por una extensa y variada gama de actividades dedicadas a prestar servicios de apoyo a la actividad productiva, al cuidado personal y de los hogares, así como al esparcimiento y a la cultura de la población.

-El sector cuaternario es un sector de reciente concepción que complementa a los tres sectores tradicionales, con actividades relacionadas con el valor intangible de la información, abarcando la gestión y la distribución de dicha información. Dentro de este sector se engloban actividades especializadas de investigación, desarrollo, innovación e información. Este nuevo enfoque surge del concepto de sociedad de la información o sociedad del conocimiento, cuyos antecedentes se remontan al concepto de sociedad postindustrial, acuñado por Daniel Bell.

-El sector quinario, relativo a las actividades relacionadas con la cultura, la educación, el arte y el entretenimiento. Sin embargo, las actividades incluidas en este sector varían de unos autores a otros, incluyendo en ocasiones actividades relacionadas con la sanidad.


El Sector Primario

El siglo XX, fue testigo de transformaciones económicas y sociales, que modificaron las estructuras productivas y la propia naturaleza de las sociedades contemporáneas. Los cambios afectaron, sobremanera, al sector agrario, que perdió relevancia económica, y al ámbito rural, que redujo población y mudó costumbres y comportamientos de sólida y vieja tradición. Tales hechos se produjeron a escala planetaria, aunque algunos países los habían experimentado en siglos anteriores. No fue el caso de España ni tampoco el de Andalucía, que, a comienzos del siglo XX, salvo algunos territorios, se caracterizaban por ser unos espacios esencialmente rurales, en los que la evolución y estructuras agrarias definían la coyuntura económica y la propia trayectoria de la sociedad. Es más, en el caso andaluz, podemos afirmar que el sector primario conformó, en buena medida, los principales hechos y acontecimientos, que jalonaron el largo periodo secular. Muchos coinciden en señalar que la agricultura ha sido, hasta hace algunas décadas, el principal marcador de la especialización productiva regional y las "cosas del campo" un claro indicador de su identidad como pueblo. Tal vez por ello, los problemas generados por la propiedad de la tierra, la distribución del excedente y la propia evolución agraria han suscitado el interés, primero, de los contemporáneos y, después, de los historiadores con el objetivo de establecer algunas claves de la historia contemporánea de Andalucía.

El relevante papel desempeñado por las cuestiones agrarias en el pasado reciente de nuestra región no debe ocultar, sin embargo, los profundos cambios acaecidos en la agricultura y sociedad andaluzas de la segunda mitad del siglo XX. Tales transformaciones han modernizado la agricultura, han convertido al sector primario en una actividad productiva casi marginal, han despoblado numerosos espacios territoriales y han urbanizado a un porcentaje elevado de población. Con ellas, Andalucía se ha hecho más urbana y ha perdido su tradicional carácter agrario que le definiera en épocas pasadas. Aún así, nuestra región, en relación con el promedio español, es más agraria a finales que a mediados o principios del siglo XX.

Agricultura

La agricultura es la actividad agraria predominante en Andalucía, seguida a bastante distancia de la ganadería y de la expltación forestal, como se desprende de la distribución de la superficie agraria andaluza: tierras de cultivo 43,41%, prados y pastizales 12,15%, terreno forestal 28,50% y otras superficies, 15,94% en 2002.

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La actividad agrícola en los regadíos litorales y prelitorales se basa en cultivos hortofrutícolas y subtropicales. El arroz se cultiva en las tierras bajas y encharcadas como las marismas del Guadalquivir y en Cádiz. El secano está denominado por los cereales y el olivar y, en menor medida, por el viñedo, el almendro y los cultivos industriales.

Los paisajes agrarios de Andalucía lo forman tres grandes grupos, la agricultura de regadío, la agricultura de secano, y las dehesas.

La agricultura de regadío se puede localizar en dos espacios, las vegas interiores, que suelen usar sistemas tradicionales de riego “a manta” y se dedican a cultivos mixtos, en un espacio muy parcelado y con mano de obra familiar y por otro lado los regadíos litorales y prelitorales, se basan en sistemas como el regadío por goteo sobre suelos artificiales, los cultivos bajo plástico o invernaderos, cultivos subtropicales, monocultivo de fresón y la horticultura y el cultivo de flores

La agricultura de secano ocupa las mayores extensiones cultivadas en Andalucía, y actualmente, los secanos lo componen los cereales, el olivar, el viñedo, almendro y los cultivos industriales

Las dehesas proceden de encinares y alcornocales aclarados y despojados de matorral.

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-La agricultura ecológica:

La agricultura ecológica generó más de 7.000 millones de pesetas de beneficio en Andalucía durante el año 2000, y sus productos aumentaron hasta en un 60% la renta de los agricultores, según anuncia el Comité Andaluz de Agricultura Ecológica. 42.000 hectáreas de la región se utilizan para la agricultura ecológica, mientras que cerca de 30.000 están en fase de alcanzar esta clasificación.

Este tipo de agricultura permite la conservación del medio natural y mejorar la renta agraria, y posibilita a los agricultores a seguir trabajando la tierra. El olivar es el cultivo ecológico más importante de la región, con la existencia de más de 21.000 hectáreas, situadas principalmente en Córdoba, con 14.499.

El número de productores que se dedican a esta actividad ha pasado de los 193 existentes en 1992 a los 2.749 que se contabilizaron a finales de 2000. Respecto a la campaña para la conservación de setos, la Junta de Andalucía y el Comité Andaluz de Agricultura Ecológica recuperarán este año en torno a un millón de ejemplares en ocho comarcas andaluzas, debido a que desde la década de los setenta se han destruido unos 6.500 kilómetros cuadrados de este vegetal.

Ganadería

La ganadería es una actividad con una larga tradición en Andalucía. Sin embargo, desde el siglo XVIII, entra en un grave letargo del que aún no se ha despertado. La nueva configuración de los espacios económicos relegan a la ganadería de la campiña para expulsarla a las zonas adehesadas de las zonas montañosas, mucho más deprimidas y con menor presión en los distintos usos del suelo. Así, la ganadería ocupa un lugar semimarginal en la economía andaluza, aportando menos del 10% de la producción ganadera nacional, mientras que el sector agrícola aporta un 30%. Por lo tanto, el nivel de autoabastecimiento regional es insuficiente y tan sólo un 70% de las necesidades de carne y leche se abastecen desde sus fronteras. Las condiciones climáticas andaluzas tienen mucho que decir en esta situación, sin embargo, no es menos cierto que existen explicaciones históricas que mantienen al sector ganadero en esta situación marginal.

-El ganado bovino para carne y lidia se concentra en el valle medio del Guadalquivir, generalmente semiestabulado. El ganado bravo se cría en las dehesas de Cádiz y en la zona de las marismas del Guadalquivir.

-El ganado ovino tiene una distribución más aleatoria, aunque se concentra en las comarcas de sierra, pastando en zonas donde apenas puede haber otro aprovechamiento más rentable, como los jarales de Sierra Morena o los tomillares de las cordilleras Béticas, y en ciertas zonas de Córdoba, Granada y Huelva. El ganado caprino se localiza en Almería, Málaga y Granada.

-El ganado equino se centra en las llanuras pastables de Sevilla, Málaga, Huelva y Cádiz. Destaca el caballo cartujano.

-El ganado porcino predomina en Málaga, en las áreas de encinas y alcornoques de Sierra Morena, y en los valles de la Penibética. El de raza “ibérica”, se destina a la producción de jamones y embutidos.

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Explotación Forestal

La explotación forestal tiene bastante importancia económica, y se dedica a ella cerca de un 50% de la superficie de la región. El bosque autóctono ha sufrido importantes ataques antrópicos, por lo que las principales especies forestales son los pinos de repoblación y los eucaliptos (Huelva), y los chopos en las riveras de los ríos. La encina y el roble, con aprovechamiento forestal, son escasos. La mayoría de la superficie forman parte de dehesas. La mayoría de los bosques son de propiedad privada, y su gestión responde a criterios de rentabilidad empresarial. Los bosques andaluces producen ante todo, madera para muebles y papel, corcho y leña, pero también es muy importante la caza. La provincia más madereda es Huelva, con casi el 60% de la producción. Los bosques andaluces también son muy apreciados para su uso recreativo.

Minería

A pesar de la baja rentabilidad y crisis generalizada en el sector, la minería aún tiene cierta importancia. Si comparamos el valor de las extracciones con el resto de España, se puede constatar que, en cuanto a las extracciones metálicas, Andalucía aporta el 59% del valor total nacional, destacando especialmente las piritas y el hierro. Para los metales preciosos (oro y plata) el porcentaje aumenta hasta el 98%, mientras que las extracciones de estroncio suponen el 100%, las de atapulgita el 84% y la bentonita volcánica el 77%. El valor del mármol, los yesos, la sal marina, las dolomías y la barita, también tienen una importancia relativa con respecto al total nacional, del que participa en más de un 20%.

En lo que se refiere a la distribución provincial, destaca en primer lugar la provincia de Huelva, donde se genera el 40 por ciento del valor total de las extracciones, merced fundamentalmente a las explotaciones de la franja pirítica y, en menor medida, las provincias de Córdoba (carbón de la cuenca del Guadiato), Sevilla (polimetálicos de Aznalcóllar) y Granada (hierro de Alquife). En el caso de las rocas industriales (calizas, arcillas y otros materiales utilizados en la construcción) presentan una distribución muy repartida por todo el territorio andaluz.

La pesca

En el litoral de Andalucía existen múltiples y ricos caladeros que además gozan de una gran capacidad de regeneración de las especies. Sin embargo, en la actualidad, sus stocks pesqueros se hallan por debajo de sus máximos sostenibles.

Las pesquerías andaluzas aportan al empleo regional más de un 50% de lo que el sector aporta al empleo español. Sin embargo, la caída del empleo pesquero regional durante los últimos quince años, ha supuesto la reducción de casi un tercio de la significación del empleo pesquero en el conjunto del empleo andaluz. La actividad pesquera adquiere mayor relevancia en el contexto de la economía andaluza como sector “refugio” de empleo, que como sector generador de valor añadido. La productividad aparente de la pesca, pese a ser baja, en Andalucía presenta valores considerablemente más elevados que los del sector pesquero español. La actividad pesquera está poco integrada en el conjunto de la economía regional y, por tanto, tiene escasa capacidad de arrastre.

Hay dos tipos de pesca, la pesca de altura y la pesca de bajura, según se realicen lejos o cerca de la costa:

  • La pesca de altura: la cual se realiza lejos de nuestro litoral. Los bancos pesqueros en los que faenan la flota de gran altura andaluza, son los situados a lo largo de la costa del Continente Africano, especialmente importantes son los caladeros de Mauritania, Senegal y Angola. Con la pesca de altura se captura al atún, la merluza y el calamar. En este tipo de pesca los barcos están varios días en alta mar.

  • La pesca de bajura: se practica cerca de todo el litoral andaluz, capturándose boquerones, sardinas y mariscos. En la pesca de bajura los barcos, a diferencia que la pesca de altura, suelen regresar al puerto cada día.

Los principales puertos pesqueros son los de Huelva y Cádiz en el Atlántico y los de Algeciras, Málaga y Almería en el Mediterráneo.

Los Problemas de la pesca

Conocer y apoyar los intereses del sector pesquero andaluz, a partir de su participación en la formulación del Plan de Modernización, ha sido crucial para comprender la naturaleza de los problemas y las acciones que son precisas. Es por ello que se ha llevado a cabo un proceso de participación y consulta con el propio sector y con sus principales agentes sociales y económicos en las provincias de Almería, Cádiz, Granada, Huelva y Málaga (Cofradías de Pescadores, Asociaciones de armadores, Organizaciones de Productores, responsables de lonjas, industriales conserveros, empresarios acuícolas, etc.).

Como resultado de estas consultas se han delimitado las preocupaciones del sector, que son las siguientes:

  • La creciente pesca ilegal, en todas sus diferentes variantes y situaciones, que amenaza la regeneración de los caladeros del litoral andaluz, supone una competencia desleal para las embarcaciones legales y un grave riesgo para el consumidor.

  • El riesgo real de deterioro de los caladeros propios, dada la proliferación de embarcaciones ilegales, la ausencia de conciencia de conservación de los recursos en el sector y el escaso cumplimiento de la normativa de protección de recursos, tanto por los barcos ilegales como por los legales. La dependencia excesiva del caladero marroquí también se percibe como un problema fundamental.

  • Las deficiencias tecnológicas de la flota y su escasa rentabilidad, debido a sus altos costes de mantenimiento y de explotación y a sus problemas legales (de flota, fiscales y de seguridad social), que dificultan el acceso a apoyos financieros ante la falta de recursos propios. Se perciben marcadas deficiencias en lo relativo a infraestructura portuaria, generalmente de bajo nivel tecnológico y con carencias importantes de suelo industrial e instalaciones de transformación, conservación, congelación y refrigeración.

  • La falta de organización en el sector productor para asumir actividades de comercialización y gestión. No funcionan adecuadamente las O.P.P. y es nula la incidencia del productor en el proceso de transformación y comercialización. Existe descoordinación en lo relativo a competencias, gestión e intercambio de información entre las asociaciones representativas del sector.

  • Los mercados son poco transparentes, y el proceso de comercialización no está tecnificado, lo que redunda en la elevada incidencia de intermediarios no vinculados al sector extractivo (exportadores, vendedurías, etc.). No existe coordinación con sectores conexos, ni estrategias comerciales para incorporar mayor valor añadido a los productos de calidad.

  • La excesiva dependencia de la dinámica social de la tutoría de la administración, la escasa formación empresarial y la falta de información y formación del sector para asumir tareas de comercialización que, por otra parte, se ve influida por la estacionalidad de los productos de mayor calidad y rentabilidad y el deficiente nivel de formación empresarial, la escasa formación no reglada y la deficiente formación básica. Además, falta motivación para formarse en sectores alternativos al sector extractivo.

  • En el terreno de la investigación la debilidad económica del sector le limita para financiar proyectos de investigación aplicada. Se desconocen las eventuales aplicaciones de la I+D que se realiza en los centros públicos de investigación. Es escaso el conocimiento en el sector de las posibilidades de diversificación de sectores conexos y alternativos.

  • Falta agilidad en la tramitación de las ayudas (lo que incide muy negativamente en la capacidad financiera), cuya normativa, por otra parte, está poco adaptada a la realidad del sector pesquero en Andalucía; no existen créditos de campaña específicos para la reactivación de la actividad después de una parada biológica y es elevada la incertidumbre respecto a los acuerdos con Marruecos, lo que desincentiva las inversiones empresariales en la modernización de la flota de un sector ya muy descapitalizado.

La acuicultura

La acuicultura marina ha alcanzado importancia debido a las buenas condiciones ecológicas que ofrece el litoral. La acuicultura extensiva se basa en la ceba de peces aprovechando estructuras preexistentes (salinas del noroeste gaditano) o en la fijación de colonias de moluscos en arrecifes artificiales (SanLucar de Barrameda, el Rompido y Conil de la Frontera). La acuicultura intensiva se ve favorecida por las líneas de investigación y desarrollo de la administración estatal y autonómica y de la Unión Europea

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EL SECTOR SECUNDARIO

La riqueza minera de Andalucía, conocida y explotada desde la Prehistoria, contrasta con su pobreza en recursos energéticos. La actividad industrial tiene poco peso en Andalucía (en 2004 ocupaba al 11,0% de la población activa), y su aportación al PIB regional es escasa (13,76%;10,50% sin incluir la energía en 2004); en ambos casos las cifras son inferiores a la media nacional (18,1% y 25,9% respectivamente)

En Andalucía el inicio de la industria moderna tuvo lugar en la primera mitad del siglo XX, con el nacimiento de la industria siderúrgica, basada en la existencia de mineral de hierro que se instaló en Marbella (Málaga), El Pedroso (Sevilla) y la Garrucha (Almería), y llegó a producir el 85% del hierro colado español. Sin embargo, esta iniciativa fracasó debido a la inexistencia de carbón mineral para los altos hornos, que obligaba a importar hulla británica, a una demanda interior insuficiente y a la competencia de la industria del norte peninsular. También se instaló industria textil en Sevilla, Cádiz, Málaga y Antequera. Pero estos establecimientos cerraron pocas décadas después debido a la competencia de la industria textil catalana. Tuvieron más éxito las industrias agroalimentarias de vinos en Jerez y de aceite en Córdoba, Sevilla y Jaén.

En el siglo XX, desde el Plan de Estabilización de 1959 las actuaciones más destacadas fueron las siguientes.

La creación de polos de promoción en Huelva, Sevilla, Granada y Córdoba, a los que se añadió la Zona de Preferente Localización Industrial de Andalucía de 1977. Sus acciones de promoción incidieron sobre actividades agrarias, de servicios y, sobre todo, industriales.

La creación de polígonos industriales por el INUR (Instituto Nacional de Urbanización), sobre todo en Andalucía occidental. Su fallo principal fue la marginación de las pymes, las empresas mayoritarias en la región.

Los resultados fueron escasos: los polos no ejercieron el previsto efecto dinamizador sobre las áreas deprimidas del entorno y se intensificó la concentración demográfica y económica en Andalucía occidental, agravando las diferencias en el interior de las provincias afectadas.

La crisis económica de 1975 afectó a todos los sectores industriales, especialmente a los maduros, y obligó a tomar medidas de reconversión y reindustrialización (como la creación de la ZUR de la bahía de Cádiz).

La recuperación de mediados de la década de 1980, relacionada con una coyuntura internacional favorable, resultó claramente apreciable. Pero en los últimos años el índice de producción industrial ha vuelto a decaer.

Distribución del valor añadido bruto a precios básicos de la industria andaluza según rama de actividad. Año 2003

Dentro del sector secundario, las industrias más importantes son agroalimentarias, textiles, químicas, de la construcción y de papel.

Industria agroalimentaria

La industria agroalimentaria andaluza, con más de 6.000 establecimientos y unas 55.000 personas ocupadas genera una producción bruta de 1,42 billones de ptas. (18% del total de la industria) y un consumo de materias primas de 0,68 billones de ptas., según datos de la Encuesta Industrial de Empresas de 1993. Los datos anteriores representan el 27% de las personas ocupadas en el total de la industria de la comunidad, así como el 43% de las ventas de productos industriales. Si comparamos los datos andaluces con los nacionales, estos indicadores suponen el 15,3% de las personas ocupadas, el 18% de las ventas de producto y el 20% del consumo de materias primas de la Industria Agroalimentaria nacional, lo que sitúa al sector andaluz en el segundo lugar después de Cataluña.

Dentro de la estructura económica de Andalucía, el sector agroalimentario es de singular importancia por su aportación al valor añadido, a la ocupación industrial y a las exportaciones regionales; además de ser el principal mercado intermedio para el sector agrario y desempeñar un papel importante en el equilibrio territorial.

Los establecimientos de este sector se encuentran dispersos por toda la región, reflejando la propia distribución de la actividad agraria, y manifiestan una diversidad de tamaños, desde empresas familiares de muy reducida dimensión hasta otras que se cuentan entre las mayores de la región, de las cuales algunas son actualmente propiedad de compañías multinacionales. Estas industrias están diseminadas por las ocho provincias, aunque sobresale la mayor presencia de industrias aceiteras en Jaén, Córdoba y Sevilla, y de industrias vinícolas en Jerez y el Puerto de Santa María (Cádiz), el Condado (Huelva) y en Montilla (Córdoba). El sector agroalimentario ha sido uno de los principales destinos de la inversión extranjera en los últimos años, conduciéndose con la reestructuración de algunos subsectores en los que han entrado empresas foráneas: elaboración de cerveza, refino de azúcar o refino de aceite, entre otros. El subsector vinícola, especialmente el productor de vinos de Jerez, ha sido objeto también de una importante reestructuración competitiva en los últimos años.

La naturaleza de las diversas actividades conduce a diferentes estructuras de mercado, pero en general puede distinguirse entre un conjunto de grandes compañías que atienden a mercados nacionales e internacionales en algunas producciones, y una gran cantidad de pequeñas empresas que atienden a los mercados locales o a especialidades tradicionales. A ello se suman las plantas de algunas multinacionales de bebidas gaseosas y de panadería y bollería industrial, cuya presencia obedece a razones logísticas. Cabe señalar que la presencia del sector público ha sido tradicionalmente escasa, con la excepción del monopolio de la industria del tabaco.

Una importante desventaja competitiva de las empresas agroalimentarias andaluzas radica en su tamaño, respecto al de las empresas foráneas que se han ido implantando progresivamente en el mercado nacional. Esa dimensión limita también la capacidad de desarrollo de nuevos productos y reduce considerablemente el poder de negociación frente a las empresas de distribución; sector en el que se ha producido una intensa concentración en los últimos años.

Entre los principales rasgos que caracterizan a la industria agroalimentaria andaluza, destacan los siguientes:

Coexistencia de grandes empresas muy competitivas en importantes sectores agroindustriales junto a Pyme con problemas de competitividad, lo que determina una cierta estructura de carácter dual.

Grado de diversificaciones relativamente escaso, al estar concentrada la producción en ciertas actividades tales como: aceite y grasas, azúcar y bebidas alcohólicas.

Escasa presencia relativa de la industria de segunda transformación, que viene derivada de la especialización productiva en actividades muy ligadas al sector agrario y en las que se producen bienes con bajo grado de elaboración.

Coexistencia de actividades tecnológicamente avanzadas con otras que utilizan sistemas tradicionales de producción.

Desarrollo comercial desigual, con una presencia heterogénea en los mercados internacionales; asimismo, y debido al proceso de globalización y homogeneización del consumo se ha perdido cuota de mercado interna en este subsector.

Insuficiente integración intersectorial entre la industria agroalimentaria y las actividades primarias, que se refleja en la fuerte orientación de la producción agraria a la demanda final de consumo y exportaciones.

Progresiva generalización de procesos adecuados de gestión de residuos y vertidos generados por la actividad agroindustrial, aunque todavía insuficientes.

En este orden de cosas, hay que resaltar las dificultades intrínsecas de estas empresas para mejorar su competitividad; ya que una de las especificidades del sector agroalimentario respecto al resto de las actividades productivas es la de requerir altas necesidades de capital circulante. El carácter biológico de las producciones agrícolas y ganaderas determina que se produzca en momentos muy determinados del año, lo que conduce a que la industria deba comprar sus materias primas cuando se producen (aceites, hortalizas, frutas) para transformarlas y almacenar el producto, mientras que se va abasteciendo el mercado. En otros casos, los procesos de producción son muy largos (vinos, quesos, chacinas) lo que obliga a realizar las inversiones en inputs y esperar a que, varios meses después, se obtenga el producto final y pueda venderse.

Por otra parte, la naturaleza de las materias primas requiere que los procesos productivos de primera transformación, y la fase posterior de envase y embalaje, exijan fuertes inversiones muy difíciles de amortizar por las empresas de pequeña y mediana dimensión. Finalmente, los escasos volúmenes de producción obtenidos por las empresas son insuficientes para negociar con proveedores y distribuidores, lo que no favorece una adecuada posición en los mercados.

Esta situación explica el grado de industrialización andaluza en comparación con el alto potencial de estos productos, que admite un mayor nivel de industrialización, así como la creación de empresas con actividades de segundas transformaciones. Este alto potencial agrario, en relación con las demandas actuales, facilitaría el lanzamiento de nuevos productos, tanto alimentarios como no alimentarios. Por otro lado, la existencia de Entidades Asociativas Agrarias con fuerte implantación en las zonas de producción permite disponer de producciones de calidad con posibilidades de mercado y de volúmenes de comercialización adecuados, no sólo para el mercado nacional, sino también para los mercados internacionales. En esta línea hay que mencionar también el gran esfuerzo llevado a cabo en los últimos años, tanto por la Administración, como por el sector privado, en la mejora de la industrialización, comercialización y promoción de productos agroalimentarios andaluces de calidad.

La racionalización del sector precisa de canales de financiación adecuados para hacer frente a la renovación tecnológica y a las mayores exigencias de capital circulante en cada campaña productiva, pero a su vez, obtener una financiación favorable obliga a las empresas a acelerar los procesos de concentración (fusión/absorción, cooperativas), y los de cooperación interempresarial en distintas fases de la cadena productiva y comercial.

En la evolución futura de la industria agroalimentaria hay que prever la acentuación de las siguientes tendencias:

En primer lugar, la nueva configuración de las coordenadas de competitividad intrasectorial de la industria agroalimentaria surgida, tanto de los acuerdos del GATT —que establecen un período transitorio durante el cual habrán de armonizarse los intereses en materia de productos agroalimentarios de los distintos países signatarios—, como del intenso proceso de desregulación a nivel mundial en favor de espacios económicos más amplios. Sin duda, esto va a influir de una manera decisiva en las estrategias empresariales de los diferentes agentes y grupos económicos que operan en el sector.

En consecuencia, las grandes firmas agroindustriales de empresas de segunda transformación y de distribución instaladas en Andalucía tenderán a relocalizar sus actividades de abastecimiento de materias primas, elaboración de bienes y distribución de productos finales con criterios espaciales bastante diferentes a los que regían en mercados más aislados y regulados, debido a que puede resultarles más rentable aprovisionarse de materias primas y productos procedentes del exterior de la región.

En segundo lugar, es preciso evaluar las perspectivas futuras de los factores de competitividad de las empresas agroalimentarias, fundamentalmente los relacionados con la innovación tecnológica en procesos y productos y con las tecnologías de la información aplicadas a la gestión y a la organización (informática y telemática, fundamentalmente), con el objeto de adecuar los productos a la tendencia hacia una mayor calidad y la diferenciación que exigen los mercados.

Otra faceta de las actividades de I+D son las actuales y futuras innovaciones en materia de ingeniería genética y de biotecnología —la comercialización de los productos modificados genéticamente empieza a ser una realidad—, por cuanto pueden provocar una auténtica ruptura tecnológica en el complejo agroalimentario de la actual forma de vinculación de la producción primaria con las etapas de transformación.

En tercer lugar, las empresas agroalimentarias habrán de incorporar su estrategia comercial a la relación que se está estableciendo entre las fases de transformación y distribución alimentaria. El rápido avance hacia la fuerte concentración empresarial por parte del sector de distribución alimentaria, puesto de manifiesto en la región por el crecimiento de la inversión extranjera en las grandes superficies de venta, está originando un desequilibrio en las relaciones a lo largo de la cadena alimentaria en favor de la gran distribución, tanto en la fijación de los precios como en las especificaciones técnicas.

Como consecuencia de lo anterior, se está produciendo una mayor dualidad en la situación de las empresas agroindustriales, donde aquellas con mejor posición en los mercados adquieren una capacidad negociadora más equilibrada frente a la gran distribución.

De otra parte, las nuevas exigencias medioambientales van a repercutir sobre el sector, ya que la actividad agroalimentaria es originaria de una importante producción de residuos. En esa dirección, la legislación comunitaria se orienta hacia el establecimiento de normativas que obliguen a las empresas a desarrollar una política de recogida selectiva y reciclado de residuos, así como a disminuir el peso de los envases y embalajes y a utilizar materiales reciclables.

El futuro del marco normativo para estas actividades supondrá para las Pyme un importante esfuerzo para adaptarse a los requerimientos de calidad, marca, protección medioambiental, normativa técnico-sanitaria, etc., pero a su vez representará una garantía de calidad que supondrá una mayor competitividad frente a productos de terceros países.


Construcción

En cuanto al sector de la construcción ha vivido uno de sus momentos más dulces en nuestra comunidad autónoma, causa de la fuerte inversión realizada en obras públicas y vivienda. En el capítulo de empleo, el nivel máximo se alcanza en 1990, con 45.000 ocupados más que en 1995. La construcción es el sector más dinámico de la economía andaluza en esta etapa, cumpliendo una doble función de motor del crecimiento y de creación de condiciones favorables para que este crecimiento sea autosostenido a través de la creación de infraestructuras básicas para el desarrollo económico.

Las inversiones se comportaron muy dinámicamente durante los años 1986-1989, con un fuerte componente en nuevas instalaciones, aunque a partir de esa fecha se dirigieron preferentemente hacia ajustes de la capacidad instalada. El consumo de cemento sigue un comportamiento similar aunque se puede observar una fuerte concentración del consumo en las provincias de Málaga y Sevilla, donde principalmente incidieron las obras realizadas para la Expo´92. Se puede afirmar que el incremento del consumo de cemento en España se debe principalmente al crecimiento del mismo en Andalucía.

Por lo que se refiere a las obras de infraestructura, éstas se realizaron con tres objetivos fundamentales:

Conectar Andalucía con el resto de España de forma efectiva. Esto se realiza a través de infraestructura viaria, como la autovía entre Madrid y Sevilla, ferroviaria, como la línea de alta velocidad, y aeroportuaria, como las ampliaciones de los aeropuertos de Málaga, Sevilla y, más recientemente, de Granada.

Articular las comunicaciones en la región para así favorecer un desarrollo equilibrado del que Andalucía carece hasta el momento. En ello, inciden la Autovía del 92 y la Autopista del V Centenario, así como las anteriormente mencionadas.

Modernizar los núcleos urbanos, con las mejoras de los accesos y las rondas de circunvalación de las grandes ciudades.

Pese a que estas iniciativas se consideran muy positivas para mejorar las condiciones para un desarrollo sostenido de la comunidad autónoma, y para dotar a la región de unas infraestructuras modernas de las que carecía, hay que destacar varios puntos negativos.

El crecimiento del sector de la construcción debido a las grandes inversiones en infraestructura no se puede considerar de carácter permanente, y no debemos caer en el engaño de esperar a grandes acontecimientos para dotar a Andalucía de los elementos necesarios para mejorar sus perspectivas de desarrollo. Esto es, sin considerar que nuevos proyectos como las Olimpiadas no sean interesantes para el conjunto de la comunidad autónoma, no podemos permitirnos depender de éstas para acometer aquellas obras que sean necesarias.

En el mismo sentido, se perdió una gran oportunidad a finales de los ochenta para dar un paso definitivo en la mejora de las infraestructuras de comunicaciones, enlazando líneas de alta velocidad hasta las provincias de Málaga y Cádiz

Así mismo, la permanencia del sistema de peaje en una vía de comunicación de alta velocidad como es la autopista Sevilla-Cádiz no contribuye excesivamente al desarrollo económico de la provincia con mayor índice de desempleo en España.

Hemos de destacar la importancia que han tenido las ayudas concedidas por la Unión Europea a través de los Fondos Estructurales para la generación de estas obras. Podemos concentrar la inversión en el sector de la construcción como la realizada dentro del eje de Integración y Articulación Territorial del Marco de Apoyo Comunitario, donde se realizan inversiones FEDER por valor de 181.206,5 millones de pesetas entre 1989 y 1993, un 65,5% del total, como se desprende de las cifras señaladas.

También es importante la construcción de viviendas, el gran impulso recibido por el sector viene de la mano de la construcción de viviendas en régimen libre, que se ve frenada a partir de 1993 debido a la fuerte recesión que desanima a los consumidores. Las viviendas de Protección Oficial disminuyen su participación sobre el total de forma acusada desde 1986 y sólo reaparecen con el respaldo de los planes de vivienda del Estado hacia 1993.

PRODUCCIÓN POR SECTORES AÑO 2000

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La política industrial andaluza

El escaso éxito de la política industrial del pasado y el desarrollo de las competencias autonómicas, han dado lugar a una política industrial para corregir los problemas del sector. Esta política pretende fomentar la cooperación y las redes empresariales; apoyar las actividades de I+D, la participación en programas europeos y la creación de empresas innovadoras (Parque Tecnológico de Andalucía en Málaga y proyecto Cartuja 96 en Sevila).

Esta política intenta también corregir los desequilibrios territoriales, fomentando la industrialización endógena. Con este fin se han creado Sociedades de Desarrollo Industrial y el Instituto de Fomento Andaluz (IFA). En cuanto a los problemas medioambientales causados por la industria, se han creado varios planes correctores.

Sector terciario

El sector terciario o servicios, tanto en términos de producción como de empleo, en los últimas décadas ha experimentado un crecimiento muy significativo en su participación en la economía. Ha pasado de ser un sector minoritario a ser ampliamente mayoritario en la mayor parte de las economías occidentales.

Este proceso se ha denominado terciarización de la economía y se ha manifestado, de forma peculiar, en la economía andaluza. De esta forma en 1975 el sector servicios producía un 51,1% del VAB andaluz y daba empleo a un 40,8%, mientras que en el año 2007, producía el 67,9% del VAB y el 66,43% de los empleos. Sin embargo este crecimiento del sector terciario se produjo antes que en otras economías desarrolladas y fue independiente del sector industrial.

En Andalucía el desarrollo anacrónico del terciario obedece a dos razones principales: 1. el capital andaluz ante la imposibilidad de competir con la industria de las regiones desarrolladas se ve obligado a emprender actividades de más fácil acceso. 2. La ausencia de un sector industrial que pueda absorber el excedente de mano de obra de la agricultura y el que se crea por la desaparición de una parte del artesanado conduce a la proliferación de cierto tipo de servicios con una productividad muy baja. Es, por tanto, el papel que la economía andaluza desempeña, dentro del proceso de desarrollo desigual, el que produce como resultado un terciario hipertrofiado e improductivo, que contribuye a reproducir las condiciones del subdesarrollo, obstaculizando la acumulación de capital.

Comercio

Las actividades comerciales representan un 13,6% del VAB regional y un 13% del empleo. Estos datos dan cuenta de la importancia del sector en el conjunto de la economía andaluza.

La característica básica que define el sistema de distribución comercial de Andalucía es su carácter dual, determinado por la coexistencia de un comercio tradicional con una presencia significativa en el sector, con un comercio moderno y que, con un menor número de establecimientos, empieza a conseguir cada vez mayores cuotas de mercado.

El sector de la distribución comercial está sometido a un intenso proceso de transformación, como consecuencia de los cambios en los hábitos de los consumidores, la aparición de nuevas tecnologías aplicables al comercio, la incorporación de nuevas formas comerciales y la entrada en vigor del Mercado único europeo. Este proceso es previsible que continúe e, incluso, se intensifique en el futuro.

De entre los factores señalados, es preciso referirse, especialmente, a la entrada en vigor del Mercado único, que ha provocado una aceleración en el ritmo de evolución del sector comercial español en su conjunto, debido, fundamentalmente, a las condiciones de funcionamiento del mismo, orientado por los principios de libertad de circulación de mercancías y capitales. Esto implica, en definitiva, que la distribución comercial tiende a globalizarse en la Unión Europea.

De hecho, y a pesar de las diferencias que existen entre los sistemas comerciales de los países miembros, el proceso evolutivo en todos ellos viene marcado por una serie de rasgos comunes, como son: la tendencia a la concentración, la expansión de las grandes superficies, el desarrollo de la innovación tecnológica, la internacionalización y la modificación de las relaciones de intercambio con productores y clientes o consumidores.

En definitiva, el sector de distribución comercial se haya sometido a rápidas transformaciones tecnológicas y organizativas que están modificando la naturaleza del servicio que prestan y su papel dentro del esquema de interrelaciones productivas regionales, y cuyas consecuencias son importantes no sólo para el propio sector sino también para el conjunto de sectores productivos de la economía andaluza.

Con la aprobación de la Ley 1/1996, de 10 de enero, de Comercio Interior de Andalucía, se establece un marco jurídico acorde con la realidad del sector, de forma que le facilite el desempeño de sus funciones dentro del sistema económico regional. Asimismo, esta Ley establece la obligación de que se apruebe un Plan Integral del Comercio Interior de Andalucía. Este Plan, consensuado con los agentes económicos y sociales, es el complemento necesario para profundizar en la modernización del comercio andaluz y en especial de las Pyme, a través del asociacionismo comercial, la incorporación de nuevas tecnologías, la formación de sus recursos humanos y el aprovechamiento de sus ventajas competitivas.

Según el Censo de Establecimientos Comerciales de Andalucía, el sector comercial andaluz contaba en 1990 con 98.689 establecimientos activos, de los cuales 88.363 (es decir, el 89,5%) eran minoristas y empleaban a 168.679 personas, ocupando una superficie de venta de 5.676.214 m 2 ; y 10.326 (el 10,5%) eran mayoristas, empleando a 72.486 personas, en una superficie de venta de 2.799.321 m 2 .

La densidad comercial de establecimientos minoristas en Andalucía era, según la misma fuente, de 14,3 establecimientos por cada 1000 habitantes, siendo las provincias de Almería y Málaga las de mayor densidad con un ratio de 16,4. La provincia con menor densidad comercial minorista era Cádiz con 12,7 establecimientos por cada 1000 habitantes. Esta densidad comercial es bastante similar a la de otras Comunidades Autónomas, tales como la de Madrid (14,6 en 1986), País Vasco (15,5 en 1987) y Valencia (17,7 en 1985).

Las principales características estructurales del sector comercial andaluz son las siguientes:

  • El sector comercial ha acrecentado su importancia productiva en términos de aportación al VAB regional y al empleo. El aumento del gasto en bienes y servicios, así como la reducción del autoconsumo en ámbitos rurales y la mayor demanda de consumo de bienes motivado por el turismo en Andalucía, son algunas de las causas de esta mayor participación del sector en el conjunto de la economía.

  • Se observa una creciente internacionalización de la distribución comercial con la incorporación de grandes grupos europeos. Este fenómeno no sólo está afectando a los pequeños y medianos comercios del sector, sino también a las propias empresas productoras locales, que ven dificultado su acceso a estas grandes superficies comercializadoras.

  • La evolución del empleo en el comercio presenta rasgos cualitativos importantes. El fenómeno más destacable es el crecimiento del empleo asalariado, que fundamentalmente está teniendo lugar en el comercio minorista, a costa del empleo autónomo. Asimismo, debe mencionarse el importante peso del componente femenino en el empleo. Asimismo, se ha producido un incremento en la temporalidad, especialmente en el colectivo femenino, en detrimento del empleo fijo, no de trabajo a tiempo parcial. Por otro lado es destacable el relativo rejuvenecimiento del sector.

  • Se está produciendo un aumento de la dualidad del sector comercial regional, como consecuencia de una mayor presencia de empresas, que utilizan modernas técnicas de gestión y avanzadas tecnologías, junto a empresas locales con métodos tradicionales de gestión. Esta situación genera un notable desequilibrio competitivo, que se ve acentuado por la incorporación de pequeñas empresas que se constituyen con parte de los excedentes laborales de otros sectores, caracterizadas por la escasa eficiencia y capacidad competitiva.

  • La utilización de nuevas tecnologías se está extendiendo rápidamente por el sector, lo que demanda una mayor formación de los recursos humanos.

Estas características estructurales están inmersas en un proceso de continua transformación. Las tendencias del sector a medio plazo se pueden sintetizar en:

  • La continuidad del proceso de internacionalización y concentración de los grandes grupos de distribución, aunque a un ritmo menor que en los últimos años.

  • La ralentización del ritmo de crecimiento de las grandes superficies no especializadas y el fuerte crecimiento de las grandes empresas comerciales con medianas y pequeñas superficies, en especial con formato de descuento.

  • El aumento de la especialización y de la concentración espacial del pequeño comercio.

  • Absorción de funciones que tradicionalmente eran ajenas al sistema comercial.

  • La creciente importancia de las nuevas tecnologías, tanto para aumentar la productividad como para acceder a nuevas fórmulas de venta: televenta, venta a través de ordenador, etc.

  • En relación con los consumidores, se observa un mayor peso de los servicios de ocio y otros nuevos servicios en la oferta comercial, así como un cambio en los hábitos de consumo, cada vez más estandarizados a nivel europeo.

El sector comercial muestra importantes potencialidades de desarrollo a medio plazo en Andalucía. Por una parte, las pequeñas y medianas empresas comerciales, que son mayoritarias en la región, cuentan con unas ventajas comparativas en términos de capacidad de adaptación a las exigencias de los clientes: proximidad del servicio, personalización de la relación, etcétera, que deben ser aprovechadas. Además, las condiciones climáticas son especialmente aptas para ofrecer servicios concentrados en entornos abiertos que, junto a ofertas adicionales de servicios de ocio, puede ofrecer alternativas viables frente a otros patrones de oferta comercial.

Por otro lado, existen importantes ventajas y economías de escala no aprovechadas para el establecimiento de centrales de compras y servicios mediante la asociación de pequeñas y medianas empresas autóctonas. Este asociacionismo podría jugar un importante papel en el aprovechamiento de dichos canales de distribución para comercializar productos regionales.

El diagnóstico efectuado pone de manifiesto que estamos ante un sector muy dinámico y competitivo, caracterizado por la aparición continua de nuevas formas comerciales, donde la profesionalidad de los pequeños y medianos comerciantes será determinante para la coexistencia de los distintos modelos de oferta comercial, de forma que entre todos se ofrezca a la sociedad un sistema de distribución eficiente. La necesidad de mejorar la eficiencia del sistema viene derivada de los siguientes motivos:

  • La necesidad de generar y mantener el empleo y la actividad del sector.

  • Para que los consumidores reciban el mejor servicio al menor precio, aumentando su bienestar y que no genere tensiones inflacionistas.

  • El comercio de una región es, sin duda, el mejor escaparate de su producción y su primer destino. En Andalucía, según el Censo de 1990, el 49% de los aprovisionamientos de los mayoristas proceden de empresas andaluzas y un 6% de fabricación propia.

  • La existencia de canales de distribución de ámbito local, provincial o regional constituyen la mejor, y en ocasiones la única, salida posible a la producción de numerosas pequeñas y medianas empresas, las cuales carecen de dimensión e infraestructuras para atender los requerimientos de los grandes grupos de distribución. Hay que tener en cuenta, a estos efectos, que en Andalucía el 99% de las empresas comerciales son Pyme.

  • La existencia de empresas andaluzas de distribución comercial, con implantación suprarregional y supranacional, puede beneficiar a la producción regional.

Turismo

A lo largo de las cuatro últimas décadas el turismo ha experimentado un proceso de expansión mucho más acusado que cualquier otra actividad productiva; el número de viajes turísticos internacional a aumentado un 77% en el período comprendido entre 1986 y 1996. Por su parte, las personas que eligieron a España como destino aumentaron en un 93% durante esos mismos años. Este crecimiento ha seguido, sin embargo, unos patrones espaciales considerablemente rígidos en lo que se refiere a preferencias en materia de destinos. El 80,5% de los viajes turísticos al extranjero durante 1980 se concentraron en un total de 25 países, mientras que en 1994 los 25 países más visitados capturaron el 80% del total de los viajes. Desde el punto de vista de la procedencia de los turistas, se advierte una lenta, pero sistemática diversificación de los mercados emisores, de manera que si en 1980 el 65,5% de los turistas procedían de un total de 19 países, el porcentaje se reduce, para el mismo número de países, hasta el 57% en 1994.

La evolución reciente del sector turístico en Andalucía, pone de manifiesto la existencia de dos etapas claramente diferenciadas. A finales de la década de los ochenta y principios de los noventa se produce una inflexión a la baja de los principales indicadores turísticos: el número de pernoctaciones se reduce, al igual que el grado de ocupación hotelera, respecto a las cifras correspondientes a mediados de la década. Los principales factores que explican esta evolución son la fuerte apreciación de la peseta, la competencia de otros destinos y del turismo interior de los países clientes, el inicio de la fase recesiva del ciclo, y un cierto agotamiento del modelo de turismo masivo basado en ventajas comparativas y precios reducidos.

La segunda etapa, que se inicia a partir de 1993, está marcada por el carácter expansivo de la actividad. Los datos disponibles para el período 1990-95 (cuadro 6.19) indican un aumento sostenido de la ocupación hotelera, un incremento en el número de visitantes extranjeros y en los nacionales, y un crecimiento del consumo de no residentes. Las sucesivas devaluaciones de la peseta, la contención del ritmo de crecimiento de los precios interiores, los acontecimientos políticos y bélicos en el Mediterráneo, la mejora en la calidad experimentada por el turismo andaluz y el inicio de la fase expansiva del ciclo económico en los principales países clientes, configuran los factores explicativos del crecimiento de la actividad. Se observa también una mayor desestacionalización, con un aumento del turismo en los meses tradicionalmente considerado de temporada baja, debido sobre todo a la recuperación del turismo nacional.

Los elementos de rigidez que han caracterizado la evolución del mercado turístico, en lo que se refiere a preferencias de los turistas, no han impedido profundas transformaciones en el funcionamiento de la actividad. Andalucía, a pesar de ello, ha sido tradicionalmente —y se mantiene— como un destino privilegiado, donde el turismo se ha consolidado como una actividad productiva de alto valor estratégico (cuadro 6.20). En la actualidad contribuye en más del 10% a la formación del PIB andaluz, elevándose a un 14,6% si se consideran los efectos indirectos, mantiene más de 100.000 empleos en actividades que producen servicios para los turistas y, sobre todo, ha acentuado su condición de industria conectada a otros ámbitos durante los últimos quince años. Esto se manifiesta tanto en su especial sensibilidad a la orientación de otras políticas (medio ambiente, obras públicas, urbanismo, etc.), como por su capacidad para reforzar otros objetivos de políticas económicas y sociales (equilibrio territorial, balanza corriente, diversificación de la base productiva, etc.). Todo ello se refleja en un crecimiento de más del 80% de la oferta de alojamientos en Andalucía entre 1980 y 1996, frente al 59% en el conjunto de España durante el mismo período.

 El turismo es, por lo tanto, una actividad consolidada en Andalucía que, sin embargo, no puede ocultar la existencia de cuestiones que exigen un posicionamiento decidido por parte de la administración.

Por un lado, la necesidad de un permanente esfuerzo de adaptación a las tendencias que, cada vez con mayor claridad, son perceptibles en la demanda de los turistas. Por otro, la modernización de los métodos de gestión y comercialización en un entorno cada vez más competitivo e innovador. Por último, el todavía insuficiente aprovechamiento de las oportunidades existentes en ciertas modalidades de turismos y en espacios concretos con importantes potencialidades, pero que se encuentran, en bastantes casos, en fase embrionaria o alejadas de su techo de desarrollo.

Pero, además, de su consolidación y de la evidencia de oportunidades de futuro todavía por explotar, conviene reconocer dos circunstancias que han influido decisivamente en la evolución reciente del sector y que presumiblemente lo seguirán haciendo en el futuro inmediato. En primer lugar, el compromiso de los agentes del sector para coordinar sus esfuerzos en torno al proyecto de futuro que supuso el Plan Integral del Turismo de Andalucía (Plan DIA). En segundo lugar, el entorno de competencia global en que actualmente se desarrollan las relaciones económicas internacionales y que, por sus singulares características, afectan de manera especial a una actividad de tanta extroversión como el turismo.

Es preciso reconocer que en los años transcurridos desde la constitución de la Comunidad Autónoma de Andalucía se ha recorrido un largo y fructífero camino en la racionalización de la actividad administrativa y en la propia vertebración del sector. La introducción de la planificación, a través del Plan DIA, como instrumento de coordinación del conjunto de la política turística, ha supuesto un avance considerable en la eficacia y transparencia de la actuación del sector público. Ello ha contribuido a la creación de un clima ejemplar de diálogo y concertación con los agentes económicos y sociales. Desde su aprobación, no obstante, se han producido modificaciones trascendentales en el escenario de referencia del Plan que aconsejan abrir un proceso de revisión que permita un nuevo impulso a una actividad que ha reforzado en los últimos años su condición de estratégica para la economía andaluza. Es por tanto necesario plantear un nuevo modelo que, tras un análisis previo, refuerce la participación y el consenso y dé respuesta a los retos y necesidades futuras para un mejor y más adecuado desarrollo del sector turístico en Andalucía en el siglo XXI. Este nuevo modelo debe contemplar un nuevo marco de concertación de forma la planificación del turismo se realice en estrecha colaboración con las organizaciones empresariales y sindicales dado que el turismo es una actividad fundamentalmente privada cuyo ejercicio, sin embargo, está decisivamente influido por la orientación del conjunto de las políticas públicas.

El nuevo marco de concertación en materia de turismo con los agentes económicos y sociales queda establecido en el Pacto Andaluz por el Turismo, suscrito el 23 de febrero de 1998 por la Consejería de Turismo y Deporte, Confederación de Empresarios de Andalucía, UGT de Andalucía y CC.OO. de Andalucía. Es bajo esta nueva perspectiva que debe impulsarse el diseño y elaboración de un nuevo Plan de Desarrollo Turístico de Andalucía que deberá sentar las bases de la actividad turística en nuestra Comunidad Autónoma y analizar los retos y las necesidades futuras del sector turístico en Andalucía y recogerá, entre otras, las actuaciones que ya fueron consensuadas en el Pacto por el Empleo y Desarrollo Económico de Andalucía. Desde esa perspectiva, los objetivos y estrategias que se contemplan en este documento constituyen las líneas generales que se desarrollarán en el próximo Plan de desarrollo Turístico de Andalucía.

Superado el período de finales de los 80 y comienzos de los 90 que sirve de referencia para la elaboración del Plan DIA, el turismo andaluz asiste en los últimos años a un cambio de tendencia, cuyo elemento más característico es la estabilidad de los mercados y los indicios de ventajas competitivas conseguidas. No sólo se han alcanzado registros de visitantes superiores a los de cualquier otra etapa anterior, sino que, además, Andalucía ha sido la Comunidad Autónoma que más cuota de mercado ha ganado en el conjunto de España. A esta situación han contribuido algunos factores externos, como la estabilidad cambiaria de la peseta, la normalización de los mercados financieros y la recuperación de las economías europeas tras la crisis de los 90, pero sobre todo el hecho de que la respuesta de la iniciativa privada a este cambio de tendencia ha sido más acusada que en el resto de España.

El fenómeno de la globalización de las relaciones económicas hace referencia a un hecho concreto: los distintos mercados han adoptado en los últimos años formas de funcionamiento en las que predominan los elementos comunes sobre los diferenciadores. Desde la perspectiva del turismo, esto se traduce en cuestiones tan evidentes como que en la actualidad las estrategias de comercialización para destinos tan alejados en la distancia y en sus contenidos como los litorales españoles y el sudeste asiático en los mercados europeos, se nutren de mecanismos similares, cuando no idénticos. Por otro lado, también se manifiesta en una creciente estandarización de los productos (sustitutivos, pero no idénticos) como consecuencia de la homogeneización de las preferencias de los consumidores a nivel internacional.

El efecto más perceptible de esta tendencia es el aumento de la competencia y la aparición de estrategias empresariales, y sobre todo de comercialización, dirigidas a la consolidación de un poder de mercado basado en la diferenciación de sus productos mediante marcas de prestigio y oferta de calidad. La riqueza del patrimonio turístico andaluz constituye un sólido argumento para apostar por una estrategia de futuro que contemple la diversidad interna de Andalucía y la calidad como elemento de diferenciación para la puesta en valor del producto turístico de Andalucía en los mercados.

Andalucía tiene que hacer frente al reto de la competencia global en el turismo produciendo con costes reducidos para mantener y cualificar su presencia en mercados donde los precios son también reducidos. Hay que evitar, sin embargo, que el precio sea el principal argumento de comercialización lo que exige una estrategia de valorización y cualificación de los recursos y productos turísticos mediante la permanente adaptación y renovación de los componentes tecnológicos de la producción, la formación de capital humano y la modernización de los procedimientos de gestión y comercialización.

Pero junto a los parámetros de consenso y competencia que se han descrito, el conjunto de la política turística tiene que tener en cuenta que se dirige a un sector que se encuentra inmerso en un proceso de renovación permanente, del que da testimonio la vitalidad con que determinados segmentos turísticos (golf, puertos deportivos y deportes náuticos en general, turismo interior, turismo rural, etc.) se han incorporado en los últimos años a la ya variada oferta con que cuenta Andalucía. Permanecen, sin embargo, diferentes tipos de cuestiones que, a pesar de formar parte de reivindicaciones ya tradicionales en el sector, no han encontrado hasta el momento la respuesta más adecuada por parte de la administración o que exigen una renovación en sus planteamientos para adaptarse a las nuevas formas con que se manifiestan. Entre ellas hay que destacar las cuatro siguientes.

En primer lugar, una más eficiente coordinación de las políticas sectoriales que afectan a los intereses específicos del turismo. La creación de la Consejería de Turismo y Deporte responde específicamente a este planteamiento en un intento de elevar el rango de interlocución en la defensa de los intereses del turismo dentro de los órganos de la administración. Un paso adelante en materia de coordinación ha sido la creación del Consejo de Coordinación Interdepartamental en Materia de Turismo, decreto 1/1998 de 7 de Enero, que tiene como objetivo coordinar las actuaciones del conjunto de órganos de la Administración de la Junta de Andalucía con competencias que puedan tener incidencias en relación con el turismo.

En segundo lugar, la articulación de una política turística integrada en el contexto de la planificación, pero lo suficientemente flexible como para reconocer la versatilidad que se deriva de su condición de actividad productiva y de su repercusión social.

En tercer lugar, la Administración Regional tiene, también, que cumplir un papel incentivador de los procesos de comercialización que permita afrontar el reto de la competencia internacional. Sólo la cualificación de los productos, de sus recursos humanos y la adecuada comercialización de sus productos permitirán ganar cuotas de mercado entre los consumidores y una adaptación eficiente a las tendencias que imponen los mercados.

Por último, la necesidad de renovar los planteamientos en relación con algunos problemas tradicionales (por ejemplo, el intrusismo en el sector), de actualizar los instrumentos a disposición de la administración en relación con las nuevas formas de turismo y su adaptación a las innovaciones financieras y mercantiles que experimenta la actividad (por ejemplo, el turismo a tiempo compartido) o la clarificación de la dispersa y, en buena medida, obsoleta normativa sobre el sector. La Ley del Turismo de Andalucía, como se recoge en el Pacto Andaluz por el Turismo, constituirá la respuesta a esta necesidad, será abordada con la intención de reforzar los mecanismos de tutela, coordinación y cooperación con el sector privado.


Bibliografía

-Geografía Bachillerato Anaya. 2º Curso

-Wikipedia

-Instituto Estadística de Andalucía

-Junta de Andalucía

-www.rincondelvago.com