Satarsa; Julio Cortázar

Literatura hispanoamericana contemporánea del siglo XX. Narrativa argentina. Cuentos. Ideologemo. Teoría de Voloshinov y de Saussurre

  • Enviado por: Nora Dabove
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 4 páginas
publicidad
publicidad

ANÁLISIS DEL DISCURSO

TRABAJO PRÁCTICO Nº 1

CONSIGNAS:

  • Señalar la ideología o el ideologemo del cuento “SATARSA” de Julio Cortázar.

  • Identificar en qué palabra se concentra el ideologemo y cómo va cambiando de sentido de acuerdo al contexto a lo largo del cuento.

  • Comparar el sentido de esta palabra desde el punto de vista de la teoría de Voloshinov con el valor que tendría en la teoría de Saussurre. Fundamente en la teoría.

  • RESPUESTAS:

  • La ideología del cuento es el sentir de los perseguidos por la dictadura militar, del oprimido y marginado.

  • Sgún Bajtín “un ideologemo es la representación que tiene un sujeto de una práctica, una experiencia, un sentimiento. Son representaciones elaboradas en las conciencias individuales a través de discursos y las evaluaciones. Son un patrimonio compartido por los distintos grupos ( en este caso por los personajes del cuento que comparten la misma ideología, por eso están juntos, buscando una salida a la libertad de la sociedad)La ideología es la función estructurante del cuento y está íntimamente ligada a la experiencia personal vivida por el autor, Cortázar, quien fue testigo y perseguido durante la dictadura militar.

  • La palabra clave es RATA (en un principio dudé si era rata o SATARSA, creo que la última va adquiriendo ideología al final del relato, están muy ligadas entre sí), que va adquiriendo diferentes significados a lo largo del relato.

  • Rata es una palabra llena de contenido y de significación ideologógica

    En Satarsa, las ratas son un símbolo complejo. La metáfora envuelve a hombres y animales y no aporta una imagen definida: la rata es Satarsa, pero al final, los personajes son las ratas para los militares. Satarsa, a su vez, puede ser la rata (animal), o el militar que ordena, o el ejército en sí. En el transcurso del relato, las diferentes imágenes se turnan para ocupar el lugar de la metáfora `ratas'. A veces, es fácil saber quién es el referente y a veces no. Cuando Lozano habla de que sólo se puede atar a la ratas metafóricamente.

  • Para Voloshinov, la palabra (en este caso rata) aparece llena de un contenido y de una significación ideológica. Rata, sería un signo que se comprende y adquiere sentido (como en Satarsa) por su contexto.

  • Existen tantos significados de una palabra como contextos hay en uso (rata primero es el animal, luego los capturados y los capturadotes)

    Sin embargo la palabra rata, no pierde su unidad ni se desintegra; vemos en el relato como dice Voloshinov, que los contextos de uso de una palabra a menudo se contraponen mutualmente, rata son ellos, somos nosotros.

    Continuando con Voloshinov, rata produce sentido, se reconoce como signo, representa al referente y lo evalúa, es variable y polisémica. “Todo producto ideológico posee una significación, aparece como un signo: representa, reproduce, sustituye algo que se encuentra fuera de él.

    Donde no hay signo no hay ideología. Cualquier objeto de la naturaleza puede convertirse en signo, como es aquí la palabra rata, cuyo significado va más allá de su particularidad específica.

    Tomando a Saussurre, la palabra rata tendría un significado fijo e inmutable. Dentro de esta teoría racionalista y mecanicista, rata no podría adquirir los diferentes significados que hallamos en el cuento.

    Saussurre estudia el mecanismo del signo en el individuo y no va más allá de la ejecución individual, sin alcanzar al signo que es social por naturaleza.

     OBSERVACIÓN:

    Agrego esta observación para hacer una interpretación más amplia. Hay dos bandos opuestos, los cazadores versus las ratas gigantes de Calagasta, víctimas y predadores; términos que a su vez se desdoblan en la alusión respectiva a guerrilleros y militares; se efectúan dos cacerías en el texto; dos contendientes, Satarsa y Lozano; referencias bíblicas a Caín y Abel; la doble circulación propuesta por los palíndromas, y otras.

    Este cuento entabla una relación de intertextualidad (esto es de diálogo, y también otra manifestación del dos) aquí las alimañas también son otra cosa, son uno y lo otro al mismo tiempo. La acechanza siniestra de los ojos rojizos de Satarsa deviene imagen figurada de la dictadura militar que dejara un saldo de 30.000 desaparecidos en la Argentina (1976-1982), contundencia del horror inenarrable que identifica ratas con milicos asomando metafóricamente sus hocicos detrás del palíndroma que miente y dice la verdad como todo espejo, con un relato que utiliza mecanismos de ficción para el asedio de una encrucijada histórica.

    Frente a textualidades cómplices (y aquí funciona el concepto de ideología como velo que oculta o disfraza) que terminan encubriendo las depredaciones sociales con sus devaneos teóricos y sus coquetos retruécanos, la praxis significativa (la variación) de Lozano descubre al responsable (Satarsa) agazapado detrás de la segregación capicúa, ya que atar a las ratas te da Satarsa la rata. Es un nombre -dice Lozano-, pero todos los nombres aíslan y definen . Evidenciar a la rata (que es empezar a enlazarla) es la función que asume el texto, eso nuevo que se produce a partir de los jueguitos de Lozano con el lenguaje y que también es el cuento "Satarsa" y, por extensión, la literatura toda.

    Dos bandos sí, pero los cazadores de ratas terminarán cazados como ratas y por ratas. La inversión acecha en cada término como sugiriendo que la ingenuidad no es posible, que ninguna representación del mundo es inocente. Rata como objeto del verbo que plantea neutralizarla, atarla, puede darse vuelta (como animal acorralado contra la puntuación) convertida en atacante, el objeto deviene amenaza verbal. Represores y ratas constituyen dos órdenes paralelos cuyas correspondencias resultan precipitadas, saturadas por el palíndroma Se planea vehiculizar la libertad con un camión que transporta jaulas (prisiones) repletas de ratas (para ser vendidas a laboratorios europeos) hacia la costa: cambiar ratas por libertad se lamenta Yarará -como síntesis del exiliado durante la dictadura-, y Lozano le responde duramente sobre la condición lamentable de quienes se han quedado (o no pudieron salir): -Peor son ellos que cambian la libertad por ratas .. Si la dicotomía implica ser uno o lo otro, esto que se postula como lo uno y lo otro al unísono, no puede ser entendido bajo la lógica de la binariedad.

    Hurgando bajo la falsa tersura de los palíndromas, Lozano aprende que para terminar con ese estático vaivén, con la pesadilla de las ratas, sólo las variaciones (los cambios) muestran un camino, y agrega: a lo mejor es la única manera de acabar con ellas. Matar a la rata, arrancarla de su cueva, erradicarla de la sociedad, de uno mismo. Matar a la rata se plantea como el compromiso asumido por Lozano desde el primer balazo contra los ojos rojizos en la cueva, un desafío: -Salí vos, Satarsa, salí rey de las ratas, vos y yo solos, vos y yo y Laurita, hijo de puta. Desafío que recupera los códigos viriles de la gauchesca, incluyendo a la hija mutilada por las ratas para denunciar la cobardía de los torturadores que se ensañaron sobre prisioneros indefensos, mujeres y niños, para después rendirse con las botas lustrosas en la guerra de Malvinas o cambiar su identificación de oficiales con los conscriptos, por miedo a las represalias de los ingleses. En esta perspectiva, la figura de Laurita cobra dimensión de futuro lacerado, enarbolando su muñón, inventando su tamborcito, su silencioso juego, con esa seriedad que ponen los niños cuando juegan.

    El ansia de venganza trae a Laurita, es cierto, pero también puede ser leído con la tramposa especularidad del palíndroma: al disparo de Lozano en la cueva responderán las ráfagas de ametralladora de los milicos que los están esperando. Laurita está en la cueva de las ratas (vos y yo y Laurita) porque en realidad se encuentra (junto a su madre en el rancho) entre las garras del milico Satarsa, porque ahora sí son las ratas.

    Las reglas del juego se alteran con la entrada de un nuevo jugador. Lo que hasta ahora nos parecía bien delimitado, las ratas (animales) como un símbolo de los militares, rompe su equilibrio: “Todos queremos vengarnos, unos de los milicos y otros de las ratas.”. Este enunciado encierra gran ambigüedad, ¿los milicos eran o no las ratas desde el inicio?, ¿cuáles son las ratas que “desplegaban nuevas estrategias”?. Si se tratara de la diferencia evidente milicos/ratas, ¿a qué se refería entonces la regla de Lozano al decir que sólo se puede atar a la rata metafóricamente? ¿Quién es el nuevo jugador? A esta confusión de identidades podemos agregar la frase de Laura cuando dice: “que las ratas seamos nosotros para ellos”.

    Tal vez no sea exactamente ese enunciado el que comienza a crear una serie de preguntas que el lector se hace y que el texto se resiste a contestar. Lo cierto es que los niveles de significación se hacen más complejos para que el lector los descifre o quede atrapado en ellos. Tendremos que seguir el desarrollo y esperar el final del juego.

    A medida que avanza el relato resulta más evidente la tensión del mismo.

    En Satarsa, la tensión se agudiza con el nacimiento de Satarsa y se acelera a partir de la noticia de dicho nacimiento. La cacería se adelanta. Lozano, perseguidor, toma la iniciativa y va en busca de Satarsa (animal).

    El perseguidor es ahora el perseguido. El cambio definitivo de tiempo y espacio se confirma por el primer tiro que les “parece casi en broma, débil y aislado” El juego se invierte y aceptan haber violado la regla del juego: “no se puede atar a las ratas, piensa Illa, tenías razón mi jefe, me cago en tus jueguitos pero tenías razón, puta que te parió con tu Satarsa”. Satarsa nació de una transgresión a la regla y ha cobrado mayor fuerza por otra violación.