Santo Tomás

Filosofía religiosa. Aristotelismo cristiano. Pensamiento medieval. Fe y razón. Dios. Dualismo

  • Enviado por: Antonio Ruiz Ortín
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 4 páginas
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STO. TOMÁS

Sto. Tomás, en el texto, no hace teología religiosa, sino filosófica. Distingue entre verdades filosóficas, que son objeto de la razón, y verdades religiosas, que son objeto de la fe. Así, entiende que afirmaciones como “Dios es Uno y Trino”, “Dios se encarnó hombre”, “Dios murió y resucitó”, etc., no pueden ser sabidas y demostradas por la razón natural del hombre (esto suprimiría el mérito de la fe), sino que tienen que ser creídas, por lo que resultan objeto de la fe. Ahora bien, siguiendo a Aristóteles, Sto. Tomás sostiene que afirmaciones como “Dios existe”, y otras relativas a la esencia y atributos de Dios, si son susceptibles de prueba o demostración racional. De ahí la posibilidad de una teología natural, que sirve como introducción a otra teología sobrenatural. La diferencia entre una y otra teología no reside en el objeto, que es el mismo para ambas -Dios- sino en el punto de vista desde el que se aborda el objeto -la razón o la fe-.

En el segundo texto, Sto. Tomás plantea la cuestión de si Dios existe, y responde proponiendo hasta cinco vías o caminos para demostrar racionalmente la existencia de Dios.

Estructura de las vías:

- Se parte del mundo, de un hecho de experiencia del mundo (la existencia de movimiento, de procesos causales, de seres que nacen y mueren, de grados de perfección en las cosas, de un orden final en la naturaleza).

- Se aplica a ese hecho de experiencia un principio general (el principio de causalidad, según el cual el hecho en cuestión no se explica por sí mismo, sino por otra cosa.

- Se niega la posibilidad de explicar unas cosas por otras de manera infinita.

- Se comprende la necesidad de identificar un término como primero para poder explicar una serie de términos intermedios o segundos (un primer motor, la causa primera, el ser necesario, un ser perfectísimo, una inteligencia ordenadora).

- Ese término primero se identifica con Dios.

Las vías afirman la insuficiencia de interna y dependencia de los hechos que se toman como punto de partida.

Sto. Tomás considera la relación causa-efecto como algo objetivo y efectivamente real. Naturalmente si se niega el principio de causalidad o se restringe su aplicación al campo de la experiencia sensible las vías no resultan concluyentes.

Por otra parte, la multiplicación -finita o infinita- de eslabones en la cadena causal no resuelve el problema, sino que lo complica y desplaza, porque los nuevos términos requieren también de explicación.

En su demostración de Dios, Sto. Tomás contempla el encadenamiento de causas, desde una perspectiva vertical. Dios no es el principio de un orden temporal de causas que se extienden hacia el pasado, sino lo primero o supremo de una jerarquía actual. Porque el miembro de una sucesión de causas, una vez que existe, no depende de la actividad de los miembros precedentes.

Sto. Tomás acaba cada demostración identificando el término de la vía con Dios. Pero no es evidente de inmediato. De hecho, no está claro para todos los hombres que los conceptos de causa primera, de primer motor y de ser necesario signifiquen lo mismo que la palabra “Dios”. Por esto, Sto. Tomás, consciente de la dificultad, justificará más adelante tal identificación, cuando examine la esencia y los atributos de Dios.

Exposición de las vías:

1) Se basa en el movimiento, y depende de Aristóteles. Esta vía parte de la premisa “todo lo que se mueve es movido por otro”, y lleva hasta Dios como Primer Motor, fundamento de todo cambio. Sto. Tomás distingue dos dimensiones en toda realidad: el acto, principio activo o energético en virtud del cual cada realidad es lo que es, y potencia, dimensión de inercia, pasividad, posibilidad o relativo no-ser, en virtud de la cual esa realidad puede cambiar, llegando a ser otra cosa. Acto y potencia son nociones relativas: así toda cosa está en acto respecto de si misma, y en potencia respecto a otra. Y el movimiento no es sino el paso de la potencia al acto, que exige un motor. Dios aparece entonces, más allá de la serie de actos y motores intermedios, como el Acto Puro o Primer Motor inmóvil.

Sto. Tomás, igual que Aristóteles, no entiende el movimiento en sentido físico, como movimiento local, o cambio de posición de un cuerpo en el espacio, sino en sentido filosófico, o muy amplio, es decir, como devenir general. “”Movimiento”, pues, es el cambio de lugar; pero también el cambio de cantidad, de cualidad, e incluso, de ser. Se trata de todos los cambios que ocurren en la naturaleza, tanto a nivel físico como biológico. “Motor del movimiento del mundo” significa, por tanto, fuente de la vida y de la actividad del Universo.

2) La segunda vía se basa en la causalidad, y también depende de Aristóteles. Esta vía parte de la premisa “nada puede ser causa de si mismo”, y lleva hasta Dios como Causa Primera, fundamento de todo efecto.

Ninguna cosa puede darse el ser a si misma, porque, en tal caso, obraría antes de ser, o resultaría anterior a si misma, lo cual es absurdo.

El sentido de la prueba es que, si el influjo de la Causa Primera, el conjunto de las causas segundas quedaría privado de cualquier actividad y sería inoperante. La Naturaleza y toda causa segunda son, pues, “instrumentos” de Dios.

Sto. Tomás le dará un sentido nuevo y más fuerte al concepto aristotélico de causa. La causa motora se convertirá, en causa creadora.

3) La tercera vía se basa en la contingencia de los seres, y depende de la filosofía árabe. Esta vía parte de la premisa “aquello que puede no ser, alguna vez llega a no ser”, y lleva hasta Dios como Ser Necesario, fundamento de toda contingencia.

En filosofía se llaman seres contingentes aquellos que existen después de no haber existido, y que pueden dejar de existir después de haber existido. El ser contingente se opone al ser necesario, que no solo es, sino que no puede no ser, es decir, que tiene que ser.

  • Si sólo hubiera lo contingente, entonces no habría nada.

  • Pero existe algo, el mundo.

  • Luego es preciso que exista un ser necesario, Dios, como razón de ser (creadora y conservadora) de los seres contingentes.

En efecto: el hecho de que las cosas nazcan y mueran demuestra que su existencia no es necesaria, sino contingente; pero si no hubiera nada necesario, ¿en qué se apoyarían esos seres, que, teniendo la posibilidad de no ser, no pueden existir siempre, y habrían vuelto ya a la nada, al realizarse en algún momento tal posibilidad? Dios, pues, es esa causa necesaria que mantiene a los seres contingentes en el ser. Esa posibilidad de no ser, que las realidades contingentes tienen, se habría cumplido hace mucho tiempo, si no hubiera una existencia necesaria que la sostuviera en el ser; pero como hay algo, un mundo, y no la nada, entonces cabe concluir que existe Dios, como el ser necesario que impide que los seres contingentes, abandonados a sí mismos, terminen hundiéndose en el no ser

4) La cuarta vía se basa en los grados de perfección, y depende de Platón. Parte de la premisa “los distintos grados de perfección de las cosas presuponen un grado mayor, que es causa de otros más pequeños”, y lleva hasta Dios como Ser Perfectísimo, fundamento de toda perfección.

Una perfección finita o limitada no puede existir por sí misma; debe existir, pues, en virtud de un ser que la posea en plenitud y al que ella se aproxime más o menos.

La dificultad de la prueba radica en que tiene que demostrar dos cosas: que hay un máximo de perfección, y que ese máximo es causa de los grados inferiores. La demostración parte de la premisa “hay seres por participación -que tienen el ser, pero no son el ser-” y lleva hasta Dios como Ser por esencia.

Una vez demostrada la existencia de Dios, Sto. Tomás pensará platónicamente el mundo como una jerarquía de grados de perfección, en la cual cada ser imita a Dios, o participa de la perfección divina en función de su esencia.

5) La quinta vía se basa en el orden armonioso del mundo, y depende de Platón. Esta vía parte del orden final, inteligente, que cabe observar en el Universo, y lleva hasta Dios como Ser Inteligente, que ordena las cosas naturales a un fin.

El orden del Universo siempre ha sido objeto de dos interpretaciones: la finalista y la mecanicista. Para los filósofos finalistas resulta muy improbable que la naturaleza tenga un carácter puramente fortuito o casual. Aquí, por el contrario están realizados el plan o cálculo, la previsión o intencionalidad propios de una inteligencia sobrehumana. El mecanicista señala otros muchos fenómenos que parecen desmentir la “sabiduría de la Naturaleza. De manera que él no encuentra dificultad en explicar, por el azar, aquellos hechos que tanto admiraba el finalista. “Azar” significa determinismo carente de cualquier sentido o finalidad. Según el mecanicismo los “medios y soluciones” que la Naturaleza emplea son tan extraños que, si hubiera que hablar de inteligencia, habría que atribuirle una inferior a la humana.

Valoración de las vías:

Estas pruebas no son nuevas u originales; todas ellas aparecen en filósofos anteriores. Pero es mérito de Sto. Tomás haberlas organizado y desarrollado en un todo coherente.

Según algunos comentaristas de Sto. Tomás, este habría agotado, con sus cinco vías, las posibilidades de demostración de la existencia de Dios, de modo que no puede haber una sexta vía. Según otros, las cinco vías no excluyen la posibilidad de otras pruebas de la existencia de Dios.

Entre los filósofos tomistas, unos dan validez, por separado, a cada una de esas pruebas; otros piensan que hay que tomarlas todas en bloque, porque se apoyan unas en otras; y otros prefieren solo una vía como más válida que las demás.

Fuera del tomismo, hay posturas que prefieren al argumento ontológico de San Anselmo, y otros que tiran por tierra las demostraciones teóricas y apoyan una simple prueba moral.

Los ateos y los agnósticos rechazan las vías de Sto. Tomás. El ateísmo niega la existencia de Dios; y el agnosticismo rechaza las demostraciones teóricas de la existencia de Dios.

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