Santo Tomás de Aquino

Historia de la filosofía. Filosofía cristiana medieval. Edad Media. Siglo XIII. Iglesia Católica. Providencia divina. Ley antigua. Fe. Razón. Existencia de Dios

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COMENTARIO DE FILOSOFIA.

ST. TOMÁS DE AQUINO.

Creen algunos que no debe ser propuesto al hombre como de fe lo que la razón es incapaz de comprender, porque la divina sabiduría provee a cada uno según su naturaleza. Se ha de probar que también es necesaria al hombre la proposición por vía de fe de las verdades que superan la razón. En efecto, nadie tiende a algo por un deseo o inclinación, sin que le sea de antemano conocido. Y porque los hombres están ordenados por la Providencia divina a un bien más alto que el que la limitación humana puede gozar en esta vida -como estudiaremos más adelante-, es necesario presentar al alma un bien superior, que trascienda las posibilidades actuales de la razón, para que así aprenda a desear algo y tender diligentemente a lo que está totalmente sobre el estado de la presente vida. Y esto pertenece únicamente a la religión cristiana, que promete especialmente los bienes espirituales y eternos; por eso en ella se proponen verdades que superan a la investigación racional. La ley antigua, en cambio, que prometía bienes temporales, expuso muy pocas verdades no accesibles a la razón natural. En este sentido, se esforzaron los filósofos por conducir a los hombres de los deleites sensibles a la honestidad, por enseñar que hay bienes superiores a los sensibles, cuyo sabor, mucho más suave, únicamente lo gozan los que se entregan a la virtud en la vida activa y contemplativa.

1ª. Explique el significado que tienen en este texto de Santo Tomás las expresiones “Providencia divina” y “La ley antigua”.

Providencia divina: el autor se refiere con esta expresión a la protección encomendada por el Dios cristiano, el cual, según los cristianos después de la muerte hay otra vida mucho mejor en el paraíso “bien más alto que el de la limitación humana”. Lo que Tomás nos quiere decir con esto es que los cristianos aspiran en su vida a ascender al paraíso por encima de todo y ello conlleva comportarse lo mejor posible y no acometer contra los demás. Con ello Sto. Tomás intenta demostrar que la fe es superior a la razón.

La ley antigua: con esta expresión Tomás de Aquino se refiere a la religiones con las cuales se basaban en la antigüedad los griegos y los romanos. Estas religiones que tenían un fundamento racional “expuso muy pocas verdades no accesibles a la razón”. Lo que Aquino intenta decirnos es que las religiones antiguas estan construidas con pilares racionales dando a entender que la fe tiende a la razón donde se apoya para complementarse mutuamente.

2ª. Exponga la temática planteada en el texto y su justificación desde la posición filosófica del autor.

El tema principal del texto es epistemológico porque en él, Tomás de Aquino intenta darnos a conocer la realidad del mundo y ético como, tema secundario, ya que en el texto Tomás nos explica el comportamiento de las personas de su tiempo.

El texto comienza con la idea más relevante de Aquino la fe por encima de la razón “la fe lo que la razón es incapaz de comprender”. Para Tomás, hay una clara distinción entre razón y fe:

  • Por algunos de sus contenidos (aun cuando el objeto final de las dos sea Dios, hay un campo que es específico de la razón: las verdades del mundo natural, y uno específico de la fe: los artículos de fe)

  • Por el método de que se valen para acceder a los mencionados contenidos: la razón se vale de la abstracción, mientras que la fe se vale de la revelación. Aunque, ciertamente, hay cosas que se pueden conocer simultáneamente a través de la razón y de la fe.

  • Además de esta clara distinción, no hay contradicción entre ambas, para empezar, Dios es el autor de todo, del mundo natural accesible para la razón y del sobrenatural accesible para la fe; pero además Dios es el autor de la misma fe y de la misma razón. No tendría sentido, entonces, que, tal como sostenían los averroístas, a través de un órgano de conocimiento se nos condujese a un tipo de verdades, y a través de otros se nos condujese a otras contradictorias con las primeras. pero Sto. Tomás en el texto da a entender que la fe esta por encima de la razón “ es necesaria al hombre la proposición por vía de fe de las verdades que superan la razón”

    Sin embargo, a veces hay contradicciones entre fe y razón, en ese caso Tomás de Aquino sostiene que la contradicción sólo puede ser aparente y habrá que revisar la razón, debido a que la fe no puede engañarnos en ningún caso, puesto que es revelación divina (proviene directamente de Dios); y aunque la razón tampoco puede engañarnos, sí pueden engañarse los hombres al usarla (cuando elaboran juicios).Sumado a estas dos diferencias Tomás dice que hay una confluencia entre ambas. Él niega la doble verdad tal y como la entendía el averroísmo latino. Es decir, niega que la fe y la razón puedan conducir a dos tipos de verdades contradictorias entre sí. Ahora bien, Tomás admite que hay dos tipos de verdades independientes entre sí:

    1. Aquéllas a las que sólo se puede acceder a través de la fe (como en el texto expone “un bien más alto”: a este tipo de verdades le llama artículos de fe, y son verdades tales como que Dios es uno y trino.

    2. Aquéllas que son dominio exclusivo de la razón: las que tratan del mundo natural,”verdades accesibles a la razón natural

    Pero junto a estos dos tipos de verdades que son materia exclusiva de la fe o materia exclusiva de la razón, Tomás admite un tercer tipo de verdades a las que se puede acceder desde los dos ámbitos: a este tercer tipo de verdades les llama preámbulos de la fe, y son verdades tales como que Dios existe, que es uno, que es creador del mundo, etc. En este tercer tipo de verdades confluyen fe y razón.

    Junto a este tema Tomás incluye en el texto un poco sobre su ética. Para Santo Tomás, la meta última y natural del hombre es la felicidad. Por estar dotado de inteligencia, el hombre se orienta hacia el ser, hacia todo lo que es. Por ello, su fin último, su felicidad, no puede ser este o aquel bien, sino exclusivamente el bien universal “bienes espirituales y eternos”. El hombre es capaz de reconocer el bien como tal y, por tanto, desearlo. Y tal bien es Dios. Por tanto, el hombre está determinado en virtud de su esencia a Dios, en cuanto bien. En esta determinación descansa, a la vez, el fundamento de la libertad ante los bienes parciales del mundo. Esta libertad o libre albedrío de elección es, igualmente, fundamento de la responsabilidad moral humana. Misión de la razón será regular el comportamiento del hombre en su libertad. Y como toda ley exige una razón que la establezca, en este sentido, Dios es el legislador de la realidad entera. Su razón gobierna el universo todo, y la ley eterna (lex aeterna) "no es sino de la sabiduría divina que gobierna todos los actos y movimientos".

    Desde la ley eterna, Santo Tomás propone la ley natural (lex natura). Para él, la ley natural es "la participación de la criatura racional en la ley eterna”. Todo hombre posee la inclinación natural a actuar conforme a la razón merced al cumplimiento de las leyes de la naturaleza, acordes con la ley eterna, el hombre logrará alcanzar la felicidad en la contemplación del bien supremo que es Dios “únicamente lo gozan los que se entregan a la virtud en la vida activa y contemplativa”. En esta felicidad se da, pues, una primacía del entendimiento sobre la voluntad, del entendimiento sobre el amor. La postura tomista, según la visión aristotélica que tiene del hombre, se diferencia así de la postura agustiniano-franciscana en la que la primacía reside en amor.

    3ª. Describa el contexto histórico, cultural y filosófico del texto.

    Santo Tomás vivió en la Alta Edad Media, una época de cambios en el mundo y de fuertes reformas en la Iglesia Católica.

    No hubo en toda la civilización occidental, época más entregada a la lógica, más preocupada por el razonamiento, las discusiones, la clasificación y la abstracción, que el siglo XIII. Esa fiebre especulativa explica con qué intereses apasionados los pensadores cristianos habían acogido los tratados de Aristóteles, sucesivamente traducidos del árabe al latín en España. Estos tratados y otros pensamientos no Católicos llegaron a Europa debido al progreso de las comunicaciones, lo cual acortó las distancias e hizo mayor el contacto con la filosofía precristiana.

    A fines del siglo XIII se desarrollaron los órganos financieros eclesiásticos. La cúpula de la iglesia se había enriquecido gracias a lo que recaudaba en sus iglesias de las donaciones de los nobles más poderosos y a causa del dinero que provenía de las cruzadas. Esto produjo una centralización del poder de la iglesia que favoreció a la cohesión y a la unidad de ésta.

    En esta época se le reprochaba a la iglesia el estar demasiado bien establecida, demasiado vinculada a las riqueza. Esto iba en contra de los esfuerzos realizados desde mediados del siglo XI, desde el decisivo reconocimiento de la economía monetaria, para restaurar, contra la jerarquía, la pobreza evangélica. Además, las criticas, condenaron la estructura misma de la iglesia y especialmente la monarquía pontificia que al final del siglo XIII se habían hecho demasiado italiana, demasiado política y demasiado ávida de recursos.

    En esa época se popularizó la infidelidad (mantenimiento de una dama fuera del matrimonio cristiano) junto con un refinamiento de todos los placeres. Todo esto separó progresivamente a los miembros de la clase superior de los conceptos y de las obligaciones prescritas por la iglesia y aparejó una reversión de los valores morales. La iglesia también se veía amenazada con perder la dirección de las costumbres, el control del pensamiento, e incluso su misma función, el papel de intercesora entre el hombre y Dios, debido a las continuas influencias del pensamiento Aristotélico en Europa.

    La primera reacción de la iglesia contra la desviación de las costumbres, del pensamiento y de la practica religiosa fue violenta y represiva. Condenó los tratados más peligrosos del "nuevo Aristóteles"; en París, el comentario de la metafísica y de la física fue prohibido en 1228. El Papa invitó a los teólogos a no mezclar en sus demostraciones los principios de la filosofía pagana.

    Federico II elaboró la primera legislación coherente en este terreno que instituía en particular la pena de la hoguera para los herejes, luego instrumentada por los Papas que, a partir de 1231, tomaron la dirección de la persecución a los herejes mediante la "inquisición".

    Otro asunto urgente de la iglesia en esta época era integrar el poderoso movimiento a favor de la iglesia con las formas religiosas más accesibles a los humildes. Los Papas sobre todo favorecieron la formación y el desarrollo en el seno de la iglesia de dos equipos religiosos, animados por el espíritu nuevo: las ordenes mendicantes, dominicos y franciscanos. (Ver más adelante “Órdenes mendicantes”)

    En este período la iglesia también empezó a tomar parte en la educación avanzada con el propósito de combatir la herejía. Las universidades del norte de Italia (Bolonia, la más antigua y protegida por los emperadores y también Padua, Modena, Vicenza) se mantuvieron siempre rebeldes a la influencia pontificia; en cambio, de 1212 a 1246 el cuerpo de maestros y de estudiantes parisienses buscó el apoyo de la Santa sede contra el preboste del rey de Francia; el Papado creó en Italia las Universidades de Roma, Siena y Plasencia, protegió las escuelas de Montpellier, fundó enteramente en 1229 la universidad de Toulouse para difundir las doctrinas sanas en un medio muy contaminado por la herejía cátara, favoreció por ultimo el florecimiento de Oxford, donde maestros ingleses introdujeron con éxito los métodos de enseñanza de París.

    Los integrantes de la órdenes mendicantes, que eran desde su origen intelectuales preocupados de formarse en las mejores escuelas, extendieron, después de París y de Bolonia, su influencia por las grandes ciudades universitarias. Estos eran rigurosamente disciplinados y ofrecían, por lo tanto, todas las garantías de ortodoxia en la educación. Los Papas, que habían confiado a ellos la dirección de la Inquisición, los impulsaron a la enseñanza y se introdujeron así en las Universidades.

    Desde 1240, las nuevas congregaciones, en estrecha relación con la Santa Sede, tomaron la dirección de los estudios teológicos y se dedicaron al gran problema que planteaba desde hacía algunos años la difusión del pensamiento griego. Se esforzaron en conciliar la filosofía de Aristóteles (cuyos nuevos tratados: la política, la retórica, la económica, acababan de propagarse) y solucionar con ello el peligro creciente de ruptura entre la actividad intelectual y la disciplina de la iglesia. Dos dominicos, ambos de la Universidad de París, Alberto de Colonia y Tomás de Aquino, consiguieron adaptar lo esencial de la filosofía de Aristóteles al dogma cristiano.

    Las Universidades, sin embargo, no se habían sometido dócilmente a la disciplina intelectiva que quería imponerles Roma. En París, de 1233 a 1257, una crisis violenta había levantado contra la autoridad pontificia a los maestros seglares que querían reducir el numero de cátedras confiadas a los dominicos y franciscanos, dudando de su solidaridad y juzgándolos de demasiado sometidos a una disciplina extraña a la de la corporación.

    Al mismo tiempo, el "nuevo Aristóteles", se había difundido, en especial por mediación de la escuela de Salerno y el pensamiento de Averroes, que era musulmán. Tan peligrosa doctrina, comprometió, a partir de 1270, las tentativas Tomistas de conciliación entre la razón y la fe.

    Santo Tomás de Aquino nació en 1225 en el castillo de su familia en Roccasecca en la campaña romana. A los 6 años fue enviado al monasterio Benedictino de Monte Cassino donde recibió su primera educación. A los 9 años ingresa a la universidad de Nápoles para estudiar las 7 artes liberales (gramática, retórica, dialéctica, aritmética, música, geometría y astrología) . A los 14 años, todavía con los estudios incompletos y debido a la muerte de su padre, ingresa en la orden de los Dominicos. Su madre, como se oponía a que fuera sacerdote, lo encerró un año en el castillo de su familia para hacerlo desistir. Cuando quedó liberado, se dirigió a París a completar sus estudios de teología. Allí tuvo como profesor al filósofo alemán Alberto Magno. Ya en 1250 fue ordenado sacerdote. En unos años se pasó a la universidad de Coloña siguiendo a su profesor.

    Ya recibido de doctor en teología fue nombrado profesor de filosofía en la Universidad de París. Desde 1259 a 1269 sirvió como consejero y profesor en la Curia Papal en el Vaticano. Luego de esto regresó a París, donde siguió impartiendo clases.

    Santo Tomás dejó París en 1272 y fue a Nápoles, donde organizó una nueva escuela Dominica. Muere en 1274, mientras viajaba a Lyon, en el monasterio de Fosonova.

    Santo Tomás fue canonizado y proclamado Doctor de la iglesia en 1323 por el Papa Pío V. Hoy es el patrono de todas las escuelas católicas.

    Sus obras

    Suma Teológica (1265-1273): Obra que abarca desde reflexiones a cerca de la naturaleza hasta el tema de Dios, pasando por la Metafísica general, el hombre y la moral, donde podemos ver como Santo Tomás “proporciono a la iglesia un sistema doctrinal que la puso de acuerdo con el mundo natural”.

    Esta obra se dividió en tres partes: sobre Dios, la vida moral del hombre y Cristo, la última está inacabada.

    Santo Tomás dice que primero se estudia a Dios en sí mismo, luego como creador y gobernante y se termina considerándolo como fin supremo de todas las criaturas racionales.

    Summa contra Gentiles (1261-1264): Es un estudio razonado con la intención de persuadir a los intelectuales musulmanes de la verdad del cristianismo.

    Elaboró cuestiones sobre la potencia, el mal y la unión del Verbo encarnado.

    Santo Tomás dice que la Suma contra Gentiles viene de la fe, la gracia divina y las Escrituras.

    Aquino en esta obra se propuso demostrarle a alguien que no fuera cristiano

    la importancia del cristianismo y la existencia de Dios.

    Summa filosófica (1261-1264) Aquino trata de demostrar con argumentos filosóficos la verdad de la concepción cristiana del mundo.

    En estas dos obras Aquino establece el sistema cabal, que se convirtió en la filosofía de la iglesia.

    El núcleo del sistema es la diferencia entre la “teología natural” y la “teología revelada”.

    4ª. Relacione el tema del texto con otra posición filosófica y exponga, razonadamente, su visión personal del tema, valorando su actualidad.

    A la hora de comparar a Sto. Tomás nos fijaremos en dos autores bien distintos: por un lado nos fijaremos en la propuesta filosófica de Guillermo de Ockham para hablar de las diferencias, y, en segundo lugar, pondremos de manifiesto las similitudes que existen entre Aristóteles y Sto. Tomás.

    En cuando a las diferencias, y teniendo en cuenta el tema desarrollado en la pregunta anterior, cabe destacar que para Guillermo de Ockham la existencia de Dios no es demostrable. Dios no es accesible racionalmente y cualquier intento de demostrar su existencia está condenado al fracaso. Las vías tomistas no serían válidas para Guillermo de Ockham, pues van demasiado lejos en su aplicación del principio de casualidad, que no puede utilizarse legítimamente más allá de la experiencia.

    En realidad, la idea anterior está directamente relacionada con otra importante diferencia entre ambos filósofos medievales: las relaciones entre razón y fe. Para Sto. Tomás, razón fe son distintas, pero existe entre ambas una zona de confluencia: hay verdades a las que podemos acceder a través de la razón y a través de la fe. Una de estas verdades comunes es precisamente la existencia de Dios. Sin embargo, para Guillermo de Ockham razón y fe están completamente separadas y no existe ningún tipo de verdad común. Es por eso que la razón debe desistir en su intento de conocer verdades a las que sólo se puede llegar a través de la fe, cómo por ejemplo la existencia de Dios, que sería, a juicio de Ockham, una verdad indemostrable racionalmente.

    En esta misma línea, ambos están separados por el valor que otorgan a los sentidos: mientras que STo. Tomás admite la participación de la razón y la existencia de procesos abstractivos, Guillermo de Ockham defenderá la intuición directa y sensible como único modo válido de conocimiento. Cualquier tipo de abstracción debe ser rechazada a favor del contacto directo con las cosas. Evidentemente, esto les aleja también en el problema de los universales: al realismo moderado influenciado por Aristóteles que defiende Sto. Tomás se le opone el nominalismo de Ockham. Mientras Tomás de Aquino estaría dispuesto a admitir la existencia de una forma o esencia dentro de cada realidad, Guillermo de Ockham interpreta que dichas esencias no pueden existir pues limitarían el poder creador y omnipotente de Dios.

    En cuanto a los parecidos, podemos centrarnos, como hemos dicho, el Aristóteles. Partiendo del tema propuesto para la pregunta anterior, podríamos cuestionarnos si también el pensador griego admitiría la demostración tomista de la existencia de Dios. En efecto, en varios pasajes de la metafísica se refiere el estagirita a un “motor inmóvil” que sería responsable del inicio del movimiento. Mucho se ha discutido sobre la autenticidad de esos pasajes. Al margen de todo esto, parece difícil aceptar que Aristóteles esté pensando en el dios de Tomas de Aquino, y muchos menos en el dios cristiano, al utilizar esta expresión. Por ello es preferible dejar de lado la discusión teológica, para encontrar otras muchas similitudes entre ambos filósofos. En concreto, nos fijaremos en 3 ámbitos de su filosofía: la teoría del conocimiento, la metafísica y la ética.

    En teoría del conocimiento, ambos autores defienden un empirismo moderado y combinado con la capacidad del entendimiento y la razón. Se encuentran así a medio camino entre el racionalismo cartesiano o platónico, y el empirismo radical que aparece en autores como Ockham o David Hume. Tanto para Aristóteles como para Santo Tomás, los sentidos y la razón deben colaborar en la construcción del conocimiento.

    En segundo lugar, también su concepción metafísica está marcada por los puntos en común. Ya no se trata sólo de que Sto. Tomás utilice frecuentemente terminología claramente aristotélica (materia, forma, potencia, acto, sustancia…) sino que, además, viene a defender el mismo realismo con el que el discípulo de Platón atacara a su maestro. Esto se deja notar claramente en el problema de los universales, como hemos comentado antes: para Santo Tomás, el universal existe dentro de la cosa, y se podría identificar con la forma aristotélica.

    Por último, son también muchos los paralelismos entre las propuestas éticas de ambos autores: la del aquinate es también una ética teleológica, siendo la felicidad el fin último del ser humano. Igualmente, también aparece un enfoque aristotélico de conceptos centrales como la virtud (“hábitus operativus bonus” será la definición tomista), la prudencia o la justicia. La gran diferencia será que todas las ideas aristotélicas serán teñidas de trascendencia en su versión tomista. De este modo, la felicidad consistirá, por ejemplo, en la contemplación de Dios, o la ley ética natural aparecerá también fundamentada en la naturaleza divina. Se podría decir que la ética tomista es la ética aristotélica cristianizada.

    En conclusión, habría que resaltar la importancia del pensamiento de Sto. Tomás, no sólo por ser uno de los filósofos más importantes del medievo, sino también por la influencia que su pensamiento ha ejercido en toda la modernidad. Si bien la filosofía moderna implica una crítica a la religión y a muchas de las ideas medievales, es innegable la importancia de Sto. Tomás por haber sido capaz de sintetizar en su obra toda una forma de pensamiento centrada principalmente en la religión. Tanto es así, que si miramos muchos de los intentos actuales de demostrar la existencia de Dios podemos encontrar, de un modo u otro, algunas de las ideas de Sto. Tomás, cuya vigencia es innegable, al menos si tenemos en cuenta que abordó de cara muchas de las preguntas últimas propias de todo ser humano, que algunos filósofos después han rechazado por considerarlas imposibles de resolver de un modo racional. Una propuesta para encontrar seas soluciones es la filosofía tomista, y tarea nuestra el seguir discutiendo sus ideas.