Sandro Botticelli. Nacimiento de Venus

Arte renacentista del siglo XV. Renacimiento. Quattrocento. Pintura italiana. Mitología. Belleza clásica

  • Enviado por: Jesús de Córdoba
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 3 páginas

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El Mito

Se le llama Afrodita Urania por ser hija o por descender de Urano. Urano era el dios de los cielos, hijo de Gea, la Tierra. Este se unió con su madre y tuvo muchos hijos, entre ellos los Titanes y Titánidas. Un oráculo, que pronostica el futuro, anunció que un hijo de Urano lo destronaría para proclamarse rey del universo. El dios, lo primero que hizo fue ocultar en una cueva de tierra sin poder ver la luz, a cada hijo suyo que naciese, o sea introducirlos otra vez en su madre. La Tierra, harta de ver lo que hacía con sus hijos, les propuso que se vengasen y solo el más pequeño, Cronos, se vio en coraje de hacerlo. La Tierra le dio una hoz de oro y el menor de los Titanes castró a su padre cuando se iba a acostar con su madre. Cronos cogió los genitales y los tiró al mar. De la espuma del mar y las gotas de sangre de los genitales de Urano nació Afrodita. La diosa ha nacido sin madre al igual que su padre Urano que nació sin padre.


PINTURA

En este apartado hablaremos de Afroditas uranias como diosas marinas, sobre todo Anadyomenes, ya que es el epíteto o el mito que más arraigó en los autores de las diferentes épocas o estilos. Empezaremos por una de las obras pictóricas más conocidas del mundo:


El nacimiento de Venus de Sandro Botticelli (Italia 1446-1510):

El nacimiento de Venus (Fig. 4) es uno de los cuadros más representativos de la línea y la expresión de Sandro Botticelli. Es una composición donde aparecen cuatro personajes mitológicos: Céfiro, su mujer Cloris o Fauna, y la diosa Venus. Céfiro y Cloris eran divinidades del viento y en esta obra representan la unión de la materia y del espíritu que acercan a la diosa a la orilla de Cítera. Allí, la Primavera, una de las tres Horas las cuales representaban las tres estaciones que tenia un año griego y que eran divinidades griegas, hijas de Zeus y Temis, la espera con un manto para vestir su desnudez. El manto lleno de flores que sostiene la Hora deja ver claramente que se trata de la Primavera, la estación más ligada con la Diosa y que simboliza el renacer, palabra muy propia para el título del cuadro.

Una de las mayores importancias de este obra es que desde la época clásica, es la primera que representa a la diosa del amor desnuda y de tan grandes dimensiones ya que Botticelli es uno de los primeros autores renacentistas, y huye de su época anterior, la edad medieval en donde prácticamente solo se pintaban vírgenes totalmente vestidas, para volver en cierta manera a los ideales clásicos. Botticelli describió en su cuadro el nacimiento de Venus según Ovidio. Venus representa un ideal de belleza clásica del Renacimiento que se acentúa con la deformación del cuello y del hombro pero que Boticelli suaviza cubriendo el cuerpo de la diosa con sus largos cabellos. Esta, aparte de ser una Venus Anadyomene ya que sale del agua, es una Venus púdica ya que oculta sus partes sensuales, aquí con sus flotantes cabellos.
Por el paisaje, aparecen gran cantidad de rosas, la flor sagrada y asociada a su culto, que representan, al igual que Venus, la belleza y que simbolizan el amor: la felicidad en los pétalos y en su fragancia, y el dolor en las espinas: El amor al igual que las rosas, es muy bonito pero duele.
La Hora también lleva en la cintura un ceñidor de rosas y en los hombros una guirnalda de mirlo, símbolo del amor eterno.
Los arboles que aparecen son naranjos y tienen partes doradas para acentuar el toque divino de la obra. Según algunos estudiosos, aparte de ser Venus símbolo de la sensualidad afirman que también representa la inteligencia.

Podemos ver una obra de Sandro Botticelli que nos resulta muy familiar, la misma Venus, o muy parecida a la que aparece en su Nacimiento de Venus. Ésta data aproximadamente del año 1485, siendo una réplica de taller de la del nacimiento. Se supone que algún admirador de la original, le pidió una copia sin nada más. En ésta, el pelo no es tan voluminoso como en la primera y además lleva trenzas y un adorno en la mitad frontal de la cabeza. Para darle más sensualidad, lleva añadido un velo transparente y el cuello aún está más destacado al torcerle más la cabeza. El resto podríamos decir que es una copia exacta.

En El Nacimiento de Venus, se nos presenta, sintéticamente, la acción animadora, vivificadora, creativa, del elemento Fuego sobre los otros tres: el Aire, la Tierra y el Agua. El Fuego, representado por la mujer desnuda, de pie, de la concha, Venus-Afrodita, nacida del mar, es un Estado que existe sin más, esperando la acción de los demás desde el fondo de su esencia, diseminando su poder vitalizador, patente en la forma de la concha: los radios del molusco se extienden circularmente, como se expande el fuego, creciendo desde su foco, o surge el gas de una válvula. La desnudez de Venus indica la posición esencial, original, del fuego, dador del calor sin el que no podemos existir; la abundante cabellera rubia parece predicar ese carácter ígneo. Venus, el Fuego, está situada sobre el Agua, su elemento contradictorio, señalando su aspecto conciliador. Las Aguas señalan el carácter opuesto, en su horizontalidad, al Fuego que es vertical. Por otra parte las Aguas expresan, en sí mismas, la superación de una contradicción: vemos como se unen las aguas marinas, saladas, tan amplias y tranquilas, con las aguas dulces que corren, serpenteantes y terrestres, del curso fluvial que vemos en la parte inferior derecha del cuadro. El Aire está representado por la unión de dos factores también contradictorios del elemento: por una parte está el Huracán, Eolo, el viento fuerte y frío, vestido de azul, de aspecto masculino, que sopla sobre el Fuego con fuerza, por otra el Huracán se une a su contrario, el suave Céfiro, la brisa, de aspecto delicado, cubierto por un paño marrón, que sopla con menor vigor. La Tierra está representada en el Manto que ha de cubrir al Fuego para aprovecharse de su calor y que lleva el personaje femenino de la derecha; la representación de la Tierra, como la de las Aguas o el Aire, también es dualista: el verdor vegetal es horizontal, inmóvil y pasivo (manto) pero las especies vegetales son activas y brotan verticalmente, expresando la portadora del Manto, en su movilidad, ese carácter contradictorio. Los tres elementos se unen entre sí: el Agua dulce atraviesa la Tierra antes de llegar a la salada del mar; el Mar y la Tierra entran el uno en el espacio de la otra mediante los pequeños golfos que se forman; también el Aire riza, con el viento, formando olas, las Aguas del mar; finalmente el Aire infla el manto de la Tierra y ésta envía flores a aquel. Así pues vemos a tres Estados de la Materia, contradictoriamente, en sus características originales, en torno al Cuarto Elemento, el Fuego, aquel que permite la Vida de los otros, presentado como mero Estado, esencia y motor, permitiendo que los otros participen de esa esencia y la transformen en Actividad. El Fuego es femenino por su carácter maternal, dador de Vida, significándose su carácter primigénio en su desnudez, ya que la Tierra no desea cubrirla por pudor sino para aprovechar su calor.

Botticelli nos presenta a los cuatro elementos en su Nacimiento de Venus y los diversos estados de vida (natural, humano y divino) en La Primavera; ambas obras están organizadas según un esquema centralizado y dialéctico, comportando la combinación de elementos opuestos (sexos, colores, pulsiones...); los diversos autores que se han acercado a estas obras coinciden en afirmar que esta pauta fue sugerida al pintor por el círculo intelectual del que formaba parte su cliente, Lorenzo de Pierfrancesco de Medici, para quien, según se cree, fue creado el conjunto hacia el 1480, decorando, en origen, su villa Castello, cerca de Florencia.

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