San Manuel Bueno, mártir; Miguel de Unamuno

Literatura española contemporánea. Generación del 98. Personajes. Temas: duda existencial y la verdad

  • Enviado por: Gabraz
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 5 páginas
publicidad
publicidad

SAN MANUEL BUENO, MÁRTIR

MIGUEL DE UNAMUNO

Esta obra es considerada por muchos como una de las mejores del autor, en la que quedan patentes más claramente sus angustias y miedos. Tal vez sea por eso que la narración transmite perfectamente la sensación de angustia, y las dudas y preguntas están tan exactamente formuladas.

Para mí la cuestión en principal en torno a la cual se construye la novela es el valor que se le ha de dar a la verdad; Si hay que mantenerla por encima de todo y contra todo aún a riesgo de que la mentira sea más cómoda o incluso mejor para todos, o si de lo contrario la importancia de la verdad depende del bien o mal que se pueda obtener de ella ¿Merece la pena engañar a alguien si la mentira redunda en su propio beneficio?

Por supuesto, aunque la anterior sea la principal pregunta que el libro nos plantea, no es la única. Vamos descubriendo en sus páginas las dudas teológicas de D. Manuel, que a la vez nosotros mismos vamos considerando. La existencia de Dios, la vida eterna...

La novela está narrada por una muchacha del pueblo, Ángela Carballino, que escribe esta “memoria” en el ocaso de su vida, ya muertos D. Manuel, su hermano Lázaro y su madre. Pienso que el autor utilizó este recurso para poder comentar la historia desde fuera (el dice que el libro escrito por Ángela cayó fortuitamente en sus manos). Tanto los personajes como el entorno son muy importantes para el desarrollo del argumento.

Creo que el personaje de D. Manuel es para Unamuno una especie de “héroe”, capaz de renunciar a su propia felicidad a cambio de otorgársela a los otros: “Lo mío es consolarme en consolar a los demás, aunque el consuelo que les doy no es el mío” Además el sacerdote es un vehículo de expresión para las serias dudas que el autor albergaba con respecto a la religión, la vida eterna y otra serie de dogmas.

D. Manuel era precisamente como su sobrenombre indica, bueno, la bondad en sí misma. El libro cuenta como se desvivía por el pueblo, como ayudaba en todas las tareas, no sólo en las que implicaba su sacerdocio, sino en todo aquello que pudiera ser útil: “¡Y cómo quería a los suyos! Su vida era arreglar matrimonios desavenidos, reducir a sus padres hijos indómitos o reducir los padres a sus hijos, y sobre todo consolar a los amargados y atediados y ayudar a todos a bien morir” “Trabajaba también manualmente, ayudando con sus brazos a ciertas labores del pueblo. En la época de la trilla íbase a la era a trillar y aventar...” sin embargo, entre las causas de tan activa vida pesaba mucho el no tener tiempo para pensar acerca de las dudas que lo atormentaban.

El pueblo realmente adora a su párroco, que es un nexo de unión entre todos ellos. El tiene un sentimiento de responsabilidad con respecto al pueblo, por ello siempre vela por su felicidad y finge creer en todo lo que dice, probablemente porque sabe que no le creerían o no le entenderían, y que aunque así fuera, eso les haría tremendamente infelices. Viven alegres en su ignorancia, y la creencia de la vida eterna les tranquiliza y da motivos para seguir viviendo: “La verdad, Lázaro, es acaso algo terrible, algo intolerable, algo mortal, la gente no podría vivir con ella” “No hay más vida eterna que ésta... que la sueñen eterna... eterna de unos pocos años” “Opio... opio... opio, si. Démosle opio, y que duerma y que sueñe.” Se puede encontrar cierto paralelismo con la figura de Jesucristo, aparte del nombre mismo (Emmanuel = Dios con nosotros): “Señor, señor, ¿Por qué me has abandonado?” “Mi alma está triste hasta la muerte” “Oíd: cuidad de estas pobres ovejas”

Gracias a su emigración a América, Lázaro, tiene unas ideas bastante más avanzadas que las de la gente normal de Valverde de Lucerna. Por ello es en teoría la persona más predispuesta para tener conflictos con D. Manuel merced a su condición de Sacerdote, colectivo no muy afín a la ideología de Lázaro. Sin embargo casi desde el principio se hacen grandes amigos y ambos dedican mucho tiempo a conversar juntos paseando. No se sabe bien por qué pero el párroco confiesa a Lázaro su gran secreto, que no cree en lo que predica. “Y quiero creer que se acongojaba porque no podía engañarse para engañarme” Sus razones para mentir al pueblo por su propio bien convencen a Lázaro que entonces decida convertirse. La noche después de su comunión, confiesa a su hermana Ángela el secreto de D. Manuel y el suyo propio.

Ángela es la narradora de los sucesos. Por indicación de su hermano Lázaro cuando aún estaba en América, que no quería que el ambiente de Valverde la embruteciera, se marchó fuera del pueblo a estudiar cuando contaba diez años y D. Manuel treinta y siete . Cuando regresó la leyenda alrededor del santo en vida ya era inmensa, y aunque ya sabía por las cartas de su madre la evolución de los acontecimientos, quedó profundamente conmocionada a su vuelta con la figura de el párroco, en especial cuando realizó su primera confesión con él: “Cuando me fui a confesar con él, mi turbación era tanta que no acertaba a articular palabra(...) Salí de mi primera confesión con el santo hombre profundamente consolada”

Ella profesa casi idolatría hacia el Sacerdote. Por eso queda gravemente impresionada cuando Lázaro le cuenta la verdad y el mismo santo se lo confirma en una confesión en la que no se sabe muy bien quien confiesa a quien. Se diría que lamenta más la muerte de D. Manuel que la de su madre o la de su hermano. La novela es contada por ella y por lo tanto siempre bajo su punto de vista.

El último personaje que me gustaría comentar es el de Blasillo el bobo. Un deficiente mental que vivía en el pueblo y al que D. Manuel tenía un cariño especial, que el pobre bobo le devolvía con una admiración desmedida que le llevaba a que su mayor ilusión fuera imitar al sacerdote lo mejor posible, y que muere de congoja por su muerte, agarrado a su mano por la. Es un ejemplo del paralelismo con Cristo anteriormente nombrado: “ Dejadle que se me acerque, ven Blasillo dame la mano” = ”Dejad que los niños se acerquen a mí”

También es interesante ver el papel que juegan las metáforas con el lago y la montaña.. Constantemente se alude a ellas, incluso con las tentativas de arrojarse al lago que tiene de cuando en cuando D. Manuel. Pero principalmente creo que su sentido es el siguiente: La montaña es algo inamovible, como habría de ser la fe, sin embargo el lago es algo más difuso, donde la nieve se derrite, donde todo no se ve tan claro: “¿Has visto, Lázaro, misterio mayor que el de la nieve cayendo el lago y muriendo en el mientras que cubre con su toca la montaña”

Personalmente opino que es una novela estupenda y bastante fácil de leer. El trato de los personajes es tan bueno, que ni siquiera hace falta que te sitúen perfectamente en el lugar de los acontecimientos describiéndotelo a fondo, ya que las propias personas crean el ambiente para el relato. Tiene la virtud (yo creo que eso es una virtud) de hacerte pensar, de trasladar las preguntas que se hacen los personajes a ti mismo, así que la novela no acaba en la última página sino que continúa en ti. Es difícil creer en alguien con una personalidad tan atrayente como S. Manuel bueno, pero todos conocemos personas excepcionales, y sus dudas y amor por sus feligreses ayudan a hacerle mucho más humano.

Desde luego según mi opinión es que S. Manuel bueno sería realmente un santo por todo el bien que hizo a los demás, porque a fin de cuentas, que importa lo que suceda en tu fuero interno mientras haces felices a los otros y alimentas su esperanza, ya que no crees que vayan a tener vida eterna, prométesela si con ello les haces más agradable su vida intelectual. E indiscutiblemente es un mártir, tal vez no como los que mueren en las guerras o sufren torturas, pero su labor no tiene menos mérito, debe de ser terrible emplear tu vida en una causa que crees pérdida, desperdiciar tu tiempo hablando de cosas en las que no crees, y mentir, mentir, mentir...