San Manuel Bueno, mártir; Miguel de Unamuno

Literatura española contemporánea siglo XX. Generación del 98. Agnosticismo y existencialismo unamuniano

  • Enviado por: Arístide Torchia
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 12 páginas
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Unamuno y San Manuel Bueno, mártir.

Índice

Una pequeña biografía.........................................................................................Pág. 3

Unamuno: filosofía y religión..............................................................................Pág. 4

¿Qué es el agnosticismo?.....................................................................................Pág. 4

¿Qué es el existencialismo?.................................................................................Pág. 5

¿Don Manuel: agnóstico o existencialista?.........................................................Pág. 5

Epílogo.................................................................................................................Pág. 9

Bibliografía........................................................................................................Pág. 12

Una pequeña biografía.

Miguel de Unamuno y Jugo nació en Bilbao en 1864, hijo de un comerciante indiano. Después de cursar el bachillerato en su ciudad natal, se trasladó a Madrid en 1880 para estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras, donde obtuvo el doctorado con una tesis sobre el pueblo vasco. De regreso a Bilbao, se dedica a dar clases particulares, hasta que, en 1891, obtiene la cátedra de Griego en Salamanca, ciudad en la que vivirá el resto de su vida, salvo los períodos de exilio y deportación que tuvo que sufrir por sus ideas políticas. Ese mismo año contrae matrimonio con Concepción Lizárraga. En un principio, Unamuno se muestra partidario de las ideas positivistas, pero después se inclina hacia el socialismo, y se afilia al Partido Socialista el año 1894. Hacia 1897 experimenta una honda crisis personal que agudiza sus preocupaciones de carácter religioso, como queda reflejado en su Diario íntimo. El año 1900 es nombrado Rector de la Universidad de Salamanca, cargo del que es desposeído en 1914, por declararse partidario de los aliados. Seis años más tarde, Unamuno es procesado por escribir un artículo injurioso contra el rey Alfonso XIII. Deportado a la isla de Fuerteventura en 1924, posteriormente se exilia en Hendaya y luego en París. En 1931 regresa a Salamanca y vuelve a ser nombrado Rector de la Universidad, pero nuevamente es desposeído del mismo, esta vez por el Gobierno de la República, por haberse adherido al levantamiento del General Franco. Muy poco después tendría un grave enfrentamiento con el General Millán Astray. Ese mismo año muere en Salamanca, el día 31 de diciembre. Unamuno fue un hombre de una personalidad original y desbordante, muy polémica y, a veces, contradictoria, tanto en su pensamiento como en su actividad política. No es un pensador sistemático: sus ideas están esparcidas en ensayos, poemas, novelas y dramas. Entre los ensayos merecen destacarse los siguientes: ­ Vida de Don Quijote y Sancho (1905). ­ Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1913). ­ La agonía del Cristianismo (1926-1931). Además, escribió novelas interesantes, como Niebla (1914), Abel Sánchez (1917) o San Manuel Bueno, Mártir (1933), y poemas de gran calidad y hondo sentimiento, como El Cristo de Velázquez (1920).

Unamuno: filosofía y religión.

Unamuno, así como toda su obra, están impregnados de filosofía, pero con la particularidad de que Don Miguel no quería ser encasillado en ninguna tendencia en particular, lo cual queda demostrado, leyendo su biografía, con las continuas crisis y cambios de doctrinas. Su pensamiento filosófico principal es el sentido de la vida. Lo único que desea el hombre es vivir, porque lo único que tiene es su existencia. La otra gran obsesión del hombre es la inmortalidad, porque no quiere perder lo único que tiene, su existencia. La vida eterna no existe y el hombre, al saberlo, siente tristeza metafísica, se plantea el sentido de la vida ya que no va a continuar, se frustra. Unamuno piensa que lo único que salva al hombre de toda esta tristeza es la lucha.

Unamuno se va a un sistema irracionalista. Esto se basa en que el hombre necesita saber que hay una vida eterna. Si sabe que se va a morir, quiere hacerlo, pero no puede porque lo único valioso que tiene es la vida. Entonces llega a la conclusión de que queda la duda de si la vida eterna existe, ya que tampoco se puede demostrar que no existe porque queda la esperanza o la duda. La presencia de Dios es necesaria porque es la única persona que conocemos que sea inmortal. El hombre creó a Dios para que este lo creara, le garantizara la inmortalidad y le diese el Paraíso. Esto aparece reflejado en lo que Unamuno llamó nivolas, que son novelas en las que el personaje se da cuenta que es un personaje y que es creado por un autor. Pero, sobre todo en San Manuel Bueno, Mártir es donde se ve toda esta filosofía resumida, ya que esta preocupación por el sentido de la vida es el tema central, junto con la fe, de dicha novela.

¿Qué es el agnosticismo?

Ser agnóstico no es ser ateo. La gran diferencia entre ambas ideologías se basa, no en la no creencia de Dios, sino, precisamente en la creencia del mismo. Cuando se dice que es ateo se dice que no se quiere que exista Dios. Cuando se dice que se es agnóstico, no se echa de menos a Dios. El agnóstico no entiende la necesidad de una realidad trascendente, de un ente superior, mientras que el ateo lo niega por completo. En palabras de Enrique Tierno Galván: “el agnóstico deja de serlo si admite lo inefable que expresa la trascendencia, ya que el agnóstico no “niega” a Dios, pero no admite que haya de su existencia nada real más que la hipótesis. Esto es ser agnóstico, admitir que Dios es una hipótesis sin admitir la existencia del contenido de la hipótesis por la falta de la posibilidad de una verificación convincente”.

¿Qué es el existencialismo?

Por su parte, el existencialismo es una corriente filosófica cuya significación originaria y fundamental, según Kierkegaard, es simple y obvia: “el existencialismo es un rechazar todo pensamiento puramente abstracto, un repudiar la filosofía puramente lógica o científica; es, en resumen, el negarse a admitir el absolutismo de la razón. Hace, en cambio, hincapié en que la filosofía debe conectar con la vida y la experiencia propias de cada individuo, con la situación histórica en que él se encuentre. El filósofo existencialista insiste en que cuanto yo conozco, en realidad no es el mundo externo, sino mi propia experiencia, mi única realidad es la que me rodea, ese es mi único mundo, mi existencia.”.

¿Don Manuel: agnóstico o existencialista?

Habiendo servido todo lo anterior de introducción, es esta pregunta la que nos ocupa toda la atención del comentario de texto. Don Manuel es el personaje central de toda la obra, junto con Ángela y Lázaro Carballino. Pero Don Manuel, sacerdote y párroco de su pueblo, esconde un terrible secreto: no cree en su sacerdocio. En palabras de Carlos Blanco Aguinaga, “don Manuel es un párroco que no cree en la inmortalidad, un sacerdote incapaz de pasar en un acto de fe de la realidad de Cristo a la idea de la existencia de Dios”.Una lectura atenta puede ir descubriendo este secreto poco a poco, pues la narradora es Ángela, y va dejando diseminados a lo largo de la narración unos pulsos de intriga. Tenemos el primero en la primera página: “quiero dejar aquí consignado [...] todo lo que sé y recuerdo...” El siguiente no aparece hasta la línea 155 en la secuencia 4- “la voz de don Manuel se zambullía, como en un lago, en la del pueblo todo, y era que él se callaba”- pero la que sigue lo hace apenas diez líneas más abajo, cuando en boca de Ángela se lee: “Después, al llegar a conocer el secreto de nuestro santo...”. Es este secreto el centro de la obra, el cual se desvelará en la secuencia trece, de mano de Lázaro:

  • Mira, Angelita, ha llegado la hora de decirte la verdad, toda la verdad [...].

Y entonces me contó una historia que me sumergió en un lago de tristeza. . Cómo don Manuel había venido trabajando, sobre todo en aquellos paseos a las ruinas de la vieja abadía cisterciense, para que no escandalizase, para que diese buen ejemplo [...]para que ocultase sus ideas al respecto, mas sin intentar siquiera catequizarle, convertirle de otra manera.

  • ¿Pero es posible?- exclamé, consternada.

  • ¡Y tan posible, hermana, y tan posible! Y cuando yo le decía: “pero ¿es usted, el sacerdote, el que aconseja que finja?”, él, balbuciente: “¿Fingir?””¡Fingir no!, ¡eso no es fingir! Toma agua bendita que dijo alguien, y acabarás creyendo”. U como yo, mirándole a los ojos, le dijese: “¿Y usted celebrando misa ha acabado por creer?”, él bajó la mirada al lago y se le llenaron los ojos de lágrimas. Y así es como le arranqué su secreto.

Es así como Unamuno relata, a través de Lázaro, el secreto de don Manuel, un sacerdote que no cree en Dios, pero que continúa ejerciendo para mantener al pueblo en la ignorancia, pues si conociese la verdad de don Manuel sufriría tanto como él. Ante Lázaro se hace dolorosamente explícita la actitud de don Manuel, cuando dice en una conversación que al pueblo hay que darle opio. El objeto del comentario es esclarecer que corriente filosófica sigue don Manuel. Esa tarea se antoja harto difícil, puesto que en ningún momento aparecen datos explícitos. De hecho, al comenzar la secuencia catorce, Angelina trata de sondear a don Manuel con preguntas:

- Pero usted, padre, ¿cree usted?

Vació un momento y, reponiéndose, me dijo:

- ¡Creo!

- ¿Pero en qué, padre, en qué? [...]

El pobre santo sollozaba.

- ¡Mira hija, dejemos eso!

Así pues, el método a seguir ha sido una lectura detallada del texto, con el consiguiente subrayado a color de los rasgos que nos desvelen la respuesta de la citada pregunta. Mi primera decepción surge cuando no hallo ninguna frase subrayada en verde, que es el color escogido para los rasgos de agnosticismo. Esto, en un principio este descubrimiento puede responder la pregunta, puesto que esta se compone de dos partes, una de las cuales ya hemos visto que no aparece. Por lo tanto, don Manuel es existencialista. La prueba de esto la hayamos en frases como “La mía (religión) es consolarme en consolar a los demás, aunque el consuelo que les doy no sea el mío”, o en la muy repetida frase “hay que vivir, y hay que dar vida”, bastante representativa. Un poco más grande es el flash back que hace don Manuel al empezar la secuencia quince, en el que cuenta de cómo su padre tenía la misma congoja que él tiene, y que la cree heredada. Por último, encontramos uno de los rasgos más característicos del existencialismo cuando don Manuel, en palabras de un Lázaro recordando, dice “he podido mirar, allí, a la cabecera de su lecho de muerte, toda la negrura de la sima del tedio de vivir”.

Por otra parte, y creyendo ya acabado mi trabajo (pues, como se ha dicho, ante la imposibilidad de un don Manuel agnóstico) descubro que mi ejemplar de San Manuel Bueno, Mártir es un mar de azul, color utilizado para subrayar los rasgos de ateismo, pues es esta la corriente que el que escribe cree que sigue don Manuel. Por un lado encontramos rasgos reales, y por otro metafóricos. El primero que encontramos es metafórico:

Y cuando en el sermón de Viernes Santo clamaba aquello de:”¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?”, pasaba por el pueblo todo un temblor hondo como por sobre las aguas del lago en días de cierzo de hostigo. Y era como si oyesen a Nuestro Señor Jesucristo mismo, como si la voz brotara de aquel viejo crucifijo a cuyos pies tantas generaciones de madres habían depositado sus congojas.

Es aquí donde Unamuno pone en boca de don Manuel las palabras de nuestro señor Jesucristo, pero las hace suya, es decir, que es don Manuel el que clama a Dios que por qué le ha abandonado, a él, a don Manuel, a “nuestro Jesucristo aquí en la tierra”, que lo llamaría Ángela. Y es tanta la honradez de este santo párroco, que es incapaz de decir lo de creo en la vida eterna, puesto que no es verdad:

Y al llegar a lo de “creo en la resurrección de la carne y la vida perdurable” la voz de don Manuel se zambullía, como en un lago, en la del pueblo todo, y era que él se callaba.

Una imagen muy bonita es la metáfora que hace Unamuno con el nogal en el que don Manuel jugaba cuando niño. Este viene a significar la fe, y cuando se seca, don Manuel deja de creer, pero, en un por-si-acaso, tala el nogal y se hace seis tablas para que construyan su ataúd. Aunque el gran dato que nos revela la no creencia de don Manuel en Dios viene dada en la página 133:

Me retiré, pensando, no sé por qué, que nuestro don Manuel, tan afamado curandero de endemoniados, no creía en el Demonio.

Por simplísimas reglas de tres podemos deducir de esta frase que don Manuel no cree: sabemos que no cree en el demonio, por lo que tampoco cree en el infierno. Y como no puede haber mal sin bien, no cree por consiguiente en el cielo, donde está Dios, el cual, por lógica, no existe, al no haber cielo que lo cobije. Más adelante, en una conversación con Lázaro, confiesa que las religiones son todas verdaderas en tanto en cuanto “hacen vivir espiritualmente a los pueblos que las profesan”.

Por último, encontramos dos frases que confirman mi teoría del ateismo de don Manuel. Por un lado tenemos una metáfora: “¿Has visto, Lázaro, misterio mayor que el de la nieve cayendo en el lago y muriendo en él mientras cubre con su toca a la montaña?”. No podemos olvidar la simbología de estos elementos. La montaña es la fe y el lago es la duda, y la nieve, que es la creencia en la vida eterna, y por tanto la creencia en Dios, permanece en la montaña, pero se derrite en el lago. Por otro lado nos encontramos con la confirmación real y auténtica del ateismo de don Manuel de su propia boca:

Oíd: cuidad de estas pobres ovejas, que se consuelen de vivir, que crean lo que yo no he podido creer.

Esta sola frase resume todo el secreto de don Manuel, toda su filosofía. Por lo tanto, respondiendo a la pregunta de si don Manuel es agnóstico o existencialista, diremos que ni lo uno ni lo otro, que es ateo, pero que, como se a expresado con anterioridad, tiene algunos rasgos existencialistas.

Epílogo.

Jn 5, 3-4

En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua. Porque el ángel del señor bajaba de tiempo en tiempo a la piscina y agitaba el agua; y el primero que se metía después de la agitación del agua, quedaba curado de cualquier mal que tuviera.

Mt 24, 46

Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así.

Jn 19, 25

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, y la hermana de su madre, María, la mujer de Clopás, y María Magdalena.

Mt 7, 1

No juzguéis, para que no seáis juzgados.

Lc 20, 25

Pues bien, lo del césar devolvédselo al césar, y lo de Dios a Dios.

Mt 8, 1-10

Cuando bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se postró ante él, diciendo: “Señor, si quieres puedes limpiarme”. Él extendió la mano y dijo: “Quiero, queda limpio”. Y al instante quedó limpio de su lepra. Y Jesús le dice: “Mira, no se lo digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio”. Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: “Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos”. Dícele Jesús:”Yo iré a curarle”. Replicó el centurión: “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo, basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes y digo a este “vete”, y va, y a otro “ven”, y viene, y a mi siervo “haz esto”, y lo hace”. Al oír esto, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: “Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe como esta.

Dt 1, 37

Por culpa vuestra Yahvé se irritó también contra mi y me dijo: “Tampoco tu entrarás allí.

Jn 1, 1-5

Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: “no tienen vino”. Jesús le responde: “¿qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora”. Dice su madre a los sirvientes: “haced lo que él os diga”.

Mt 27, 51

En esto, el velo del santuario se rasgó en dos, de arriba abajo, tembló la tierra y las rocas se hendieron.

Lc 23, 46

Y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: “Padre, en tus manos pongo mi espíritu”. Y dicho esto expiró.

Jn 11, 35

Jesús se echó a llorar.

Mt 26, 33-34

Pedro intervino y le dijo: “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré”. Jesús le dijo: “Yo te aseguro: esta misma noche, antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces”.

Jn 26, 75

Inmediatamente cantó un gallo. Y Pedro se acordó de aquello que le había dicho Jesús. Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.

Mt 5, 3

Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos.

Jn 18, 36

Respondió Jesús: “mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos. Pero mi reino no es de aquí.”

Mc 14, 34

Y les dice: “Mi alma está triste hasta el punto de morir. Quedaos aquí y velad”

Mt 6, 9- 13

Vosotros, pues, orad así: “Padre nuestro, que estás en los cielos. Santificado sea tu nombre. Venga tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. Y no nos deje caer en la tentación, mas líbranos del mal.”

Dt 34, 4

Y Yahvé le dijo: “Esta es la tierra que bajo juramento prometí a Abraham, Isaac y Jacob, diciendo “A tu descendencia te la daré”. Te dejo verla con tus ojos, pero no pasarás a ella.

Dt 3, 28

Da tus órdenes a Josué, dale ánimos y fortalécele, porque él pasará al frente de este pueblo: él le pondrá en posesión de esa tierra que ves.

Ex 33, 20

Y añadió: “Pero mi rostro no podrás verlo, porque no puede verme el hombre y seguir viviendo.

Mt 19, 14

Mas Jesús les dijo: “Dejad que los niños vengan a mi, y no se lo impidáis, porque de los que son como estos es el reino de los cielos.

Bibliografía

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Extraída de http://www.geocities.com/tragicounamuno/

TIERNO GALVÁN, Enrique; ¿Qué es ser agnóstico?; Tecnos, Madrid, 1992.

ROUBICZEK, Paul; El existencialismo; Labor, Barcelona,1970.

Este apartado se centra en la tendencia filosófico- religiosa de la obra. Pero así como en muchos estudios sobre la materia (ya sobre Unamuno, ya sobre San Manuel Bueno, mártir) se cuestiona la dualidad Unamuno- don Manuel, en nuestro caso nos centraremos tan solo en el caso de don Manuel, en qué cree y por qué.

BLANCO AGUINAGA, Carlos; “Sobre la complejidad de San Manuel Bueno, Mártir, novela” en Nueva Revista de Filología Hispánica, XV (1961), pp. 569-588.

Todas las citas y la numeración en líneas están sacadas de la edición de San Manuel Bueno, Mártir de Cátedra (Ed.- de Mario Valdés, Madrid, 1999).

Página 143 (edición cátedra), líneas 226-227, secuencia 13.

Página 146, líneas 31-33 y 50, secuencia 14.

Página 148, líneas 35-37, secuencia 15.

Página 121, líneas 101-109, secuencia 3.

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