Saíd, la aventura de un inmigrante; Josep Lorman

Literatura juvenil contemoránea. Inmigración y emigración. Drama. Personajes. Argumento

  • Enviado por: Desirée
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 26 páginas
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  • Título: Saíd, la aventura de un inmigrante

  • Autor: Josep Lorman

  • Editorial S.M.

  • Colección: Alerta Roja

  • Año de publicación: Octubre de 1996

  • Número de páginas:

  • Género: Dramático.

  • Valoración personal: La historia del libro nos habla de un tema de actualidad, la inmigración. Me interesó mucho porque trata de una situación que se produce en una excesiva cantidad tanto en el lugar en dónde vivo, cómo en otros muchos lugares del mundo. Gracias a la lectura y el trabajo realizado de este libro, entiendo más su situación.

  • Personajes:

    • Principal:

    • Saíd: es un chico marroquí de unos diecinueve o veinte años aproximadamente, que se abarca en la aventura de la inmigración.

    • Secundarios:

    • Hussein: Es un joven marroquí amigo de Saíd, que viajó hasta Barcelona para alejarse del barrio tan pobre en el que vivía.

    • Ahmed: Es otro chico marroquí que vive con Hussein en Barcelona y forma parte de un grupo musical llamado “Baraka”.

    • Ana: Es una chica de veinte años que estudia la carrera universitaria de periodismo y que conoce a Saíd porque tenía que hacer un reportaje sobre la cultura de su país.

    • Jamila: Es una chica que vive en el barrio dónde se crió Saíd. Su belleza fue capaz de cautivarlo.

    • Taíb: Es un joven componente del grupo “Baraka” que alquiló a Saíd una habitación en su casa, porque andaba muy justo de dinero para mantener a su novia y a él mismo.

    • Fátima: Es una chica que ayudó a Saíd a llegar a la casa que compartió con Hussein.

  • Argumento:

1.-Harrag:

El patrón paró la patera y se dirigió a otros cinco chicos que había en el bote. Les dijo que deberían saltar y llegar a la playa nadando pero ellos se quejaron. Uno lo hizo diciendo que no se veía la costa y el patrón le señaló las lucecillas que había en el horizonte. Entonces, ellos dijeron que les deberían haber dejado en la playa y no en mitad de la nada. El patrón, indignado por aquel comentario llamó a Sherif para que tirara a todos al agua. En ese momento Abdeslam se abalanzó sobre Sherif y este le tiró al agua. Dos de los chicos aprovecharon este momento para intentar tirar a Sherif al agua pero no pudieron, entonces el barco se agitó violentamente e hizo caer a Sherif y los dos chicos al agua. Después de esto patrón, cogió un remo decidido a tirar a Saíd y al otro chico que estaba a su lado. Inesperadamente, aquel chico se tiró por la borda y quedaron Saíd y el patrón solos. Instintivamente, Saíd cogió el otro remo y le pegó en la cara y el patrón cayó al mar. Este le imploraba a Saíd que le subiera, pero él no tenía la intención de hacerlo. Luego, Saíd cerró los ojos y comenzó a decir los noventa y nueve nombres de Alá, decían que el que supiera todos sus nombres iría el paraíso hiciese lo que hiciese.

De repente, un recuerdo asoló su mente:

Said acababa de ver a Hussein entrar en la panadería en al que trabajaba. Fue hacia él y le abrazó. Estuvieron un ratito hablando hasta que la desagradable voz de Mahmut interrumpió la conversación, Saíd se despidió de Hussein y quedaron para verse luego.

Hussein se había marchado de Xauen hacía tres años. Este le había dicho a Saíd que no podía aguantar más en ese mísero barrio y que se iba a ir al extranjero a buscar un trabajo digno. Desde entonces, Hussein se había instalado en Barcelona.

Ya en la plaza, Hussein llevó a Saíd a la Avenida Hassan II. Saíd, conmocionado, vio que Hussein abría la puerta de un coche y este le dijo que subiera. Hussein le habló a Saíd sobre que el también debía de abandonar el barrio e irse al extranjero y luego le comentó que si lo hacía, podría instalarse con él en Barcelona.

2.- A la deriva:

Saíd volvió en sí, estaba solo. Él había intentado poner en marcha el motor de la patera pero no sabía como. Sentado en un rincón esperaba su muerte.

Pasadas las horas, Saíd asimiló aquella situación y decidió organizarse. Buscó en la embarcación algo de comida pero se lo habían comido todo en el trayecto de ida. Saíd pensó si los demás chicos que habían en el barco ya estarían en la playa. Rebuscó de nuevo en el barco a ver si encontraba algo, por fortuna, encontró un sedal con un anzuelo y se puso a pescar.

A pesar de su perseverancia, no pescó nada. Luego, pensó que si movía el anzuelo parecería un ser vivo y lograría coger un pez.

Pasados unos minutos, contento, sacó un pez del agua y le destripó. Más tarde, se echó un trozo a la boca y lo escupió del asco que le daba y después se durmió.

Al día siguiente le despertó un ruido, se levantó y miró. A lo lejos se veía una barca que iba directamente hacia él. Desesperado, se puso a gritar y a mover las manos, pero la barca no paraba. Cuando la barca estuvo cerca de la patera se escuchó una voz y paró, pero esta chocó con la patera e hizo que Saíd se fuese rodando hasta los asiento de la embarcación. Luego un hombre le recogió y le llevó a la barca.

Todos los pescadores llegaron a un acuerdo, dejarle en la playa.

3.- Mojácar:

Ya en la patera, los pescadores se la pusieron en marcha a Saíd. Una vez que llegó a la playa este se puso a andar. Los pescadores habían sido muy amables con él y uno de ellos que hablaba bereber le dejó dinero para que pudiera sobrevivir.

Pasadas las ocho de la mañana llegó a un pueblo llamado Carboneras. Más tarde, llegó a la plaza y entró en una cafetería. Pidió un café y preguntó por una pensión. La pensión que le habían recomendado estaba en la misma plaza. Preguntó por una habitación libre y le dijeron que no quedaban pero le dejaron la dirección de otra pensión cerca de la playa. Nada más salir de la cafetería vio a dos hombres vestidos de verde que, como Saíd supuso, eran civiles. Rápidamente fue a ocultarse entre las camisetas que habían en un puesto cercano, la dueña se dio cuenta y se puso a hablar con él como si fuera un comprador. Luego, los civiles pasaron por delante y entraron en la cafetería en la que había estado Saíd hace cinco minutos. Después de esto, la vendedora habló con Saíd y le dijo que si no tenía papeles y este le respondió que sí. Ella le comentó después si conocía a alguien en el pueblo y el negó con la cabeza. La vendedora le dijo a la chica de al lado que le vigilara el puesto y luego se llegó a Saíd a una calle llena de coches. Llegaron hasta un Renault 4-L de color amarillo en el que un chico sacaba unas cajas de la parte de atrás, se llamaba Carl.

La chica le habló de la situación de Saíd y este dijo que se metiera en el coche y no sería visto por los guardias. Cuando Saíd estuvo en el coche, la chica le dijo que vivía con Carl en Mojácar, a unos 30 Km. de allí, pero que le costaría dinero quedarse con ellos. Saíd, al ver aquella inesperada hospitalidad, les preguntó si ellos le podían llevar a Barcelona y dijeron que sí, pero tendría que esperar hasta el final del verano porque ellos solo iban a Barcelona en invierno.

4.- Barcelona:

Saíd se encontraba en Barcelona, en el coche de María y Carl. Saíd se bajó del coche y se despidió de ellos. Saíd se sentía extraño en aquella gran ciudad, se sentía insignificante.

Cuando llegó al edificio donde vivía Hussein, tuvo dificultades para poder entrar, había una placa metálica con botones pero no se atrevió a tocarlos y decidió esperar a que alguien saliese o entrase del edificio.

A los quince minutos llegaron dos chicas. Saíd les explicó que hacía allí y que venía por su amigo Hussein. Entonces, la más joven cogió el papel que tenía Saíd con la dirección de Hussein y presionó uno de los botones de la placa metálica. De repente se oyó una voz, Saíd la reconoció, era la de su amigo. La chica que pulsó el botón le indicó que hablara. Pero el asombro hizo que se quedara sin habla. La chica al, ver la imposibilidad de Saíd, contestó por él y la puerta se abrió.

Mientras él subía por la escalera pensaba con la posibilidad de volver a ver a aquella preciosa chica. Hussein bajó por la escalera hasta donde estaba él para ayudarle con las bolsas. Un chico, con el que vivía Hussein, le saludó en la puerta y Hussein se lo presentó. Se llamaba Hassan. Saíd entró en el piso, era pequeño y oscuro, y divisó un laúd y unos tambores y preguntó quién era músico, Hussein le respondió que Ahmed, que, en ese momento, estaba trabajando.

Esa noche, en honor a Saíd, hicieron una tajine de pollo y bebieron cerveza. Después de comer, Ahmed se puso a tocar su laúd y Saíd se animó y tocó los tambores. De repente, Hussein dijo que tenía que salir y Saíd, curioso, le preguntó si iba a trabajar y le respondió que algo parecido. Luego, Ahmed le dijo a Saíd, para que este no siguiera preguntándoles sobre el trabajo de Hussein, que le gustaba mucho como tocaba los tambores y le preguntó si querría entrar en un grupo formado por él y unos cuantos amigos suyos. A Saíd le halagó la proposición y terminó aceptando. El grupo ensayaba los jueves en la trastienda del restaurante de un amigo de Ahmed.

Aquella noche Saíd pensó en Jamila, su gran amor y el motivo de su salida de Xauen. Cuando el volviera con dinero y una buena posición le pediría que se casara con él. Por primera vez desde el comienzo de su viaje, se sintió confiado y optimista.

Las primeras semanas de Saíd en Barcelona fueron decepcionantes. Todos le rechazaban. Saíd descubrió a lo que se dedicaba Hussein: era un chulo.

5.- El acoso del palomo:

Hoy, el grupo de Ahmed: Baraka, tenía una actuación en la Asociación de Vecinos del Raval.

Después de la actuación, Fátima, la chica que le ayudó a entrar en el edificio donde vivía Hussein, vino a felicitar a Saíd por la actuación. Hussein, al ver esto, se acercó a ellos e interrumpió la conversación. Fátima, incómoda por la intrusión de Hussein se inventó una excusa y se marchó. Saíd, molesto, le dijo a Hussein que no se acercara nunca más a Fátima, pero este se enfrentó a Saíd, que se quedó muy sorprendido por su tono de voz. Ahmed vio todo lo que sucedía y se acercó a ellos a ver que pasaba. Hussein, enfadado se apartó de ellos y se fue.

Al salir del local, un chico de la asociación paró a Saíd y a Ahmed y les presentó a una chica rubia de unos veinte años llamada Ana, que estudiaba periodismo y estaba haciendo un trabajo sobre los inmigrantes. Ella quería saber si les podía hacer unas preguntas y ellos aceptaron.

Los tres fueron a un bar cercano y comenzaron la entrevista. Empezaron hablando con precaución, pero poco a poco hablaron con más indiferencia y se creo un clima agradable.

Cuando terminaron, Ahmed invitó a Ana a subir al piso para cenar y de paso ya veía que comían los marroquíes y esta aceptó. Antes de entrar en el edificio, Ahmed se quedó en la calle hablando con un amigo y les dijo a Saíd y a Ana que subieran. Cuando Saíd entró en el piso se encontró con Hussein, que había bebido mucho. Este hizo un comentario que molestó mucho a Saíd y él le dijo que era una periodista. Hussein se acercó a ella y le preguntó a Ana si era periodista, pero ella no entendía lo que decía porque hablaba en bereber. Saíd se giró y le dijo a ella que se fuese pero Hussein le agarró del brazo e impidió que saliera. Saíd, furioso, se abalanzó sobre él. Hussein esquivó la embestida y tiró a Saíd contra unas sillas. Ana, aprovechando la confusión, salió escaleras abajo y se encontró a Ahmed y le dijo lo que sucedía. Cuanto este llegó, Hussein golpeaba la cabeza de Saíd contra las patas de la mesa y le detuvo. Hussein, fuera de sí, se marchó. Ana estaba blanca viendo la escena desde el rellano. Ahmed se percató de que Saíd tenía la nariz muy hinchada y le sangraba mucho. Ana dijo que tenían que llevarle al hospital, pero Ahmed se negó y dijo que no podía porque le pedirían los papeles y no los tenía. Ana pensó, luego les dijo que su padre era médico y le podría atender.

Después de examinarle le llevaron a la clínica. Tenía el tabique de la nariz roto, tres o cuatro puntos en el labio y un vendaje compresivo en el pecho. El padre de Ana no permitió que él se fuera en esas condiciones y le instaló en su casa.

Al día siguiente, Ahmed fue a buscarle, pero Saíd le dijo que no podía volver al piso y se acordó de María y Carl. Los dos fueron a la calle en donde estaba el piso, pero Saíd no quiso subir porque Hussein estaría allí y le esperó en la plaza del Pedró hasta que le trajese las bolsas.

Saíd vio, cuando Ahmed le trajo las bolsas, a Hussein. Cuando este llegó a Saíd se deshizo en disculpas. Saíd le perdonó y se fueron todos al piso.

6.- La agresión:

Cuando Saíd se recuperó, fue a casa de María y Carl. Mientras llamaba a la puerta la vecina de enfrente salió y le dijo que se habían ido a Alemania y que no volverían hasta después de las Navidades.

Esa noche, Saíd le comentó a Ahmed que necesitaba un sitio a donde trasladarse y este le dijo que Taíb, uno de los componentes del grupo, puede que le alquilase una habitación.

Taíb aceptó, porque andaba muy justo de dinero, y Saíd se trasladó el viernes.

Gracias a Taíb, Saíd se puso a trabajar de bracero en una finca de Vilassar del Mar donde cultivaban papas y hortalizas.

Cuando los días de trabajo se alargaban, Saíd y sus compañeros de trabajo, se quedaban a dormir en una casa que se caía a cachos y estaba en muy malas condiciones. No había una semana en que Saíd no se quedase en Vilassar pero siempre se iba los jueves. Cada vez, el grupo, tenía más actuaciones.

Ana le había dicho a Saíd que el jueves iría al ensayo para terminar su trabajo.

Ese jueves, el ensayo acabó tarde y se entretuvieron hablando. Cuando salieron del restaurante eran casi las doce. Después de despedirse de los demás, Saíd, Ana y Ahmed se echaron a andar.

Ya llevaban un rato oyendo unos pasos tras ellos, Saíd giró la cabeza y vio a seis chicos. Llevaban vaqueros y cazadoras, calzaban botas militares y tenían el pelo rapado. Ana les dijo que eran skins. Estos decían que por qué iban dos moros y una rubia juntos y se pusieron de acuerdo en que iban a violarla. En ese momento, Saíd, Ana y Ahmed empezaron a correr. Al poco rato, Ahmed se quedó atrás y Saíd le dijo que soltara el laúd, pero no quiso. En ese momento, sin soltar a Ana, Saíd paró a un taxista. Ana se soltó y entró en él. Al segundo, dos skins cogieron a Saíd y le tiraron al suelo. Ana le dijo al taxista, que estaba atónito, que les embistiera con el taxi. Aprovechando que los skins se habían echado hacia atrás. Ana subió al taxi a Saíd y Ahmed, este último estaba muy mal y le llevaron al hospital.

Ya en el hospital, Saíd cogió otro taxi para ir a la casa de Taíb, ya que la policía intervendría, para no tener problemas y Ana se quedó con Ahmed.

Aparte de las contusiones tenía un traumatismo craneoencefálico debido a las patadas que había recibido en la cabeza.

Más tarde, mientras el taxista se despedía de Ana, llegó Saíd preocupado por su amigo. De madrugada, les dijeron que Ahmed tenía lesiones graves en el cerebro y tendrían que ingresarlo. Como no podían hacer nada más, Saíd se fue a trabajar y Ana a su casa.

7,. Skins:

Al domingo siguiente del incidente, el suplemento del El País les dedicó un amplio reportaje. Pero habían declaraciones de varios skins, que se enorgullecían de esas acciones. Tenían que estar enfermos de mente. Ana, indignada por aquellas declaraciones, llamó a un amigo abogado y este le dijo que se pusiera en contacto con la asociación S.O.S. Racismo que, seguramente, llevarían a cabo algún tipo de acción.

Lo que hizo el S.O.S. Racismo fue presentar una denuncia criminal en el Juzgado de Guardia por intento de asesinato.

Por desgracia, la policía descubrió que Ahmed tenía el permiso de turista caducado y que podían mandarle a Marruecos cuando se recuperase. Pero gracias a la intervención de S.O.S. Racismo y del CITE, Ahmed logró lo que no pudo en tres años: el permiso de residencia.

Sin Ahmed el grupo Baraka, este decidió disolverse pero cuando Ahmed se recuperara volverían.

Al final de la última actuación, Hussein fue corriendo hasta Saíd y hablaron. Hussein le dijo que quería que fuese por su casa para comentarle una cosa y Saíd aceptó.

El dueño del restaurante donde trabajaba Ahmed le ofreció a Saíd el trabajo de su amigo mientras este no pudiera hacerlo. Saíd se alegró, en este trabajo no le pagaban mucho más que recogiendo papas, pero al menos no tenía que estar doce o catorce horas haciéndolo y ahora iba a clases de catalán que organizaba el CITE.

El jueves, Saíd fue a visitar a Hussein. Este le propuso una cosa: formar un grupo de acción capaz de enfrentarse a quienes apaleen a unos de los suyos haciendo lo mismo con ellos. Saíd se quedó pensativo, la propuesta de Hussein sería muy arriesgada. La gente que desconfía de ellos lo harán más y les darán argumentos a su actitud de rechazo. Saíd le dijo que no sería la solución a sus problemas, sino que los incrementaría. Hussein estaba decepcionado. Los dos se levantaron y se despidieron. Cuando Saíd estuvo en la calle, pensó si debería informar al S.O.S. Racismo de las intenciones de Hussein. Sería conveniente que lo supieran.

8.- La detención:

La recuperación de Ahmed era lenta. Poco a poco había recuperado la memoria, pero todavía tenía espacios en blanco. Lo que más le preocupaba a él era la imposibilidad de tocar el laúd debido a los tres dedos rotos de la mano derecha. Ana iba muchas veces a visitarle y le animaba para que no se sintiera triste.

También Saíd iba con frecuencia, pero procuraba no coincidir conAna. Cada vez le gustaba más y quería evitarle. Sin embargo, ella era ignorante de esto y hacia lo contrario.

Un día, los dos coincidieron en el hospital y Ana le preguntó por qué le evitaba. Él le respondió que estaba muy ocupado, entre el trabajo, las clases de catalán y, además, se había apuntado al equipo de fútbol sala. Finalmente, Ana dijo que deberían verse más y le preguntó que se querría quedar con él el jueves y este, sorprendido por la pregunta, aceptó.

Tal como acordaron, Ana y Saíd salieron juntos. Saíd tenía pensado llevarle a cenar y se lo preguntó a esta que aceptó y fueron a un restaurante paquistaní.

Ana no sabía que elegir de aquella carta tan exótica y le pidió consejo al camarero. Después de tantas dudas, decidieron que iban a comer.

Al salir del restaurante, Ana cogió la mano de Saíd y caminaron en silencio hasta la Rambla. De repente se oyó una voz tras ellos. Eran dos individuos que le estaban pidiendo los papeles a Saíd. Este, indignado, les preguntó por qué. Ellos dijeron porque eran policías y ya está. Saíd les dijo que no tenían derecho y que él no había hecho nada. Entonces, los presuntos policías, sacaron unas esposas y se las pusieron a Saíd. Ana, indignada ante aquella acción, empezó a insultarles para que le llevaran a ella también a comisaría.

Una vez en la comisaría , Ana llamó a su padre y le explicó todo. El hombre fue inmediatamente y, tras hablar con un inspector, consiguió que soltasen a Ana, pero no pudo hacer lo mismo con Said. No tenía documentación y le retuvieron.

Al día siguiente, Ana fue a la oficina de S.O.S. Racismo para denunciar lo ocurrido y, de paso, ver si podían hacer algo con Saíd. Nuria, una amiga de Ana y afiliada al S.O.S. Racismo, le dijo que en esta situación no podían hacer nada. Luego, dijo que, seguramente, le expulsarían del país, pero que ya no querían gastarse dinero en repatriarles y que le mandarían un par de días en el centro de internamiento de la Verneda y le soltarían.

Saíd estuvo un mes retenido en el centro de internamiento. Pero las cosas habían cambiado cuando salió. El dueño del restaurante se había buscado otro camarero y no quiso readmitirlo y tuvo que volver a trabajar recogiendo verduras. Esto significaba abandonar las clases de catalán y los partidos de fútbol sala con los amigos del barrio. Solo la compañía de Ana le alegraba en su infortunio.

9.- Amenazas:

Tres meses después de poner la denuncia criminal, la policía llamó a Ana para una rueda de identificación porque habían cogido a unos skins.

Ana fue a la comisaría de la Vía Laietana acompañada por Nuria y Elena, la abogada de S.O.S. Racismo. Luego, entraron en una sala que en una de sus paredes había un cristal y vieron entrar a seis skins. El inspector le dijo que les mirara bien por si reconocía alguno. Tres de los seis los reconocía, pero a los demás no sabía muy bien, tenía dudas. Finalmente, identificó a dos y figuró en el acta.

A los pocos días de la rueda de identificación, Ana recibió una amenaza telefónica. Ana habló con Elena y esta puso una denuncia por amenazas y pidió protección policial para ella. El inspector Vázquez dijo que no podía ser porque no había suficientes agentes para protegerle uno o dos años hasta que se celebrara el juicio. Elena, intuyéndose algo, le preguntó si hacía eso porque no podía o no quería. El Inspector Vázquez dijo que si estaba insinuando que alguien de la policía les había dado a los skins su número de teléfono y del taxista. Finalmente, el Inspector Vázquez le puso vigilancia a Ana, pero si no pasaba nada en un par de semanas lo dejaba.

Pasaron las semanas y no ocurrió nada. El teléfono de Ana estuvo intervenido pero no hubo ninguna llamada. Pero empezaron a producirse cuando el teléfono ya no lo estuvo.

Unos días antes de la última llamada, un grupo de marroquíes le dieron una paliza a un portero de una discoteca que no les dejaba entrar por ser de distinto color de piel.

Algunos vecinos de los barrios donde había más inmigración, se manifestaron para que se incrementaran el número de policías y hubiera más seguridad.

Esto convenció a Saíd a hablar con Nuria y contarle la propuesta que le había hecho Hussein.

Esa tarde, tres miembros de la organización antirracista visitaron a Hussein para convencerle de que no siguiera adelante con su grupo o, sino, le denunciarían. Finalmente Hussein tuvo su característico ataque de ira y les echó.

Un día, Ana cogió el coche. Eran casi las tres de la tarde. Cogió los libros del asiento de atrás y se bajó. Entonces, salió, detrás de un pilar del aparcamiento, un skin que le cortó el paso, luego, se abalanzó sobre ella y le tapó la boca. Le dijo, que mañana fuera a donde sea y retirara las declaraciones que había hecho. El skin tenía la cara muy cerca de la de Ana y, cada vez que decía algo, soltaba unas vaharadas con olor a cebolla. Luego, el skin cogió el ascensor y se fue. Ana se quedó en el suelo, conmocionada. Cuando pudo levantarse, le empezaron a temblar las piernas y, en aquel deplorable estado, le encontró un vecino y le llevó a su casa.

Su padre le dio un tranquilizante y Ana le contó lo ocurrido. Una hora más tarde, mientras Ana dormía por el efecto del sedante, su padre, Elena y el Inspector Vázquez analizaban lo ocurrido. Al final, quedaron de acuerdo en que Ana recibiría protección policial hasta que ella terminase el curso y luego se iría de la ciudad con sus padres.

10.- Doble vigilancia:

Cuando Saíd supo por Nuria lo que le había ocurrido a Ana, llamó a su casa. Estaba confusa. En un momento de la conversación, Saíd le dijo que quería verle pero no podía, los policías seguían a Ana. Said quería ayudarle de alguna forma pero no sabía como.

Saíd fue en busca de Hussein y le encontró en la calle del Hospital en compañía de Fátima. Saíd le pidió que entrara con él en un bar para hablar y Fátima se fue a su casa.

Saíd le planteó la posibilidad de que su grupo vigilara a Ana un par de meses hasta que se fuera de Barcelona. Hussein le preguntó por qué y Saíd le contó todo de las amenazas de los skins. Finalmente, Hussein aceptó y le dio a Saíd un número de teléfono para que Ana estuviese en contacto con él.

Cuando Saíd pudo hablar con ella, esta se negó. Pero después de comentarle las ventajas que eso suponía, Ana aceptó.

Un día, le pasaron al Inspector Vázquez un aviso de los dos agentes que vigilaban a Ana habían tenido una avería en el coche y lo habían llevado a un taller.

Luego, cuando Ana llegó en el coche para ir a clase, Hussein se extrañó porque ella no iba acompañada por su escolta.

Hussein vio que un Opel negro se dirigía hacia Ana y adelantó a esta. Se abrieron las puertas traseras y salieron dos skins. Uno de ellos se abalanzó sobre Ana y Hussein le detuvo, luego, el mismo skin, le tiró contra un Peugeot rojo y le clavó una navaja en el estómago. Después se la sacó y se lo clavó en el pecho, justo en el corazón. Todos los estudiantes se quedaron pasmados pero algunos de ellos corrieron a cortarle el paso porque habían puesto en marcha el coche. Pero el coche no paró y tuvieron que apartarse para no ser arrollados.

El Inspector Vázquez se dio cuenta de que aquello no era una casualidad.

Poco antes de la vista de Ahmed, el Inspector Vázquez descubrió que un miembro del cuerpo de policía, un tal Rambo, era el que había pasado el número de Ana y la matrícula del coche del taxista a un grupo neonazi. El mismo era el que conducía el Opel negro.

11.- El juicio:

Ya en la vista de Ahmed, el abogado que defendía a los dos skins no se lo ponían fácil. Hacía preguntas que provocaban dudas en la fiabilidad de la identificación de Ana. Todo le iba bastante bien a los dos acusados hasta que Elena pidió que se aplazara la vista para poder presentar a un testigo nuevo: Saíd.

Dos días después, el juicio se reanudó. Elena llamó a Saíd como testigo y esta comenzó a cuestionarle.

Saíd le contestó a todas sus preguntas. Elena le preguntó si había en la sala algún skin que hubiera participado en la agresión y le respondió que cuatro. Dos de ellos eran los acusados y los otros dos estaban sentados en el fondo de la sala y estos, enfadados por la acusación, se levantaron y empezaron a insultar a Saíd.

El juez les llamó pero estos se negaron a ir al estrado y fueron hacia ellos tres policías que les llevaron.

Finalmente, Ana ganó el caso y llevaron a la cárcel a los cuatro skins acusados.

Unos meses después, Saíd se encontraba en una guagua que le llevaría al puerto en donde subiría al barco para ser repatriado a Marruecos.

Este pensaba en Ana. Con ella había pasado sus mejores momentos desde que había llegado a Barcelona y le echaría mucho de menos.

Ahora tendría que volver al barrio en donde se había criado, un lugar donde rezumaba pobreza y muy bajos salarios con los que cualquiera no podría mantenerse a sí mismo y, menos, a su familia.

Ficha del libro

Curso: 2ºA E.S.O.