Saber literario

Sociología. Literatura. Enseñanza. Aprendizaje. Novelas. Cuentos. Poesía

  • Enviado por: Carlos Andrés Gómez Salazar
  • Idioma: castellano
  • País: Colombia Colombia
  • 3 páginas
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EL SABER LITERARIO ¿SE ENSEÑA O SE APRENDE?

Por:

No encuentro una mejor forma para comenzar a profundidad con este pequeño artículo, que ir directo al grano: hablar de literatura en cualquier contexto y especialmente en un aula de clases, resulta un poco ambigua y a la vez tergiversada por parte de los alumnos, ya que ésta a su vez es muy polisémica, pero, que a su vez no reclama una definición exacta de lo que es, sino más bien un análisis y una posible discusión en torno a ella.

El abordaje que se le ha venido dando a la literatura en el aula de clases, en este caso, refiriéndome al método tradicional, resulta muchas, sino todas las veces la misma y repetitiva cosa, el trato que se le esta dando a la literatura, donde siempre se desarrolla la misma metodología (personajes, argumentos, tiempo, ambiente, espacio, etal ) no conllevan a ninguna parte al estudiante, ya que le están coartando la imaginación y la creatividad. En todo este proceso de abordaje literario, también juegan un papel importante el docente, ya que este debe reflejar un gusto por la literatura y un constante motivador y guía en el alumno, es decir, la forma como el docente trasmita la literatura decidirá de muchas formas en su vida, en este caso el aspecto literario de la persona en cuestión, entendiendo esta como: “un acto de habla o un suceso textual que suscita ciertos tipos de atención” (Culler).

Como se ha evidenciado en el párrafo anterior tanto profesor como alumno juegan un papel importante, ya que si el profesor no trasmite un gusto por ella, estaría jugando un papel pésimo, conllevando a una posible desarticulación del alumno con la literatura, por esta razón ambos son determinantes, ya que si el alumno tampoco tiene un deseo por esta o tan si quiera un pequeño contacto, no se estaría llegando a ningún lado.

En consecuencia, este abordaje que se ha venido llevando, nos conduce a un espacio fantástico y creativo en cuanto a la vida cotidiana, potencializándo la forma de pensar de los estudiantes en las aulas de clases, ya sea por medio de lecturas de imágenes, libros, colores, formas, arte, etc. o también desde los esquemas, es decir, los conocimientos previos, el contexto de la obra o desde lo que quiera esta misma.

Realmente no divagare mas en este postulado, porque no es el objetivo del presente escrito, retomare entonces la problemática que ha sido establecida acerca de la “enseñabilidad de la literatura” porque reitero nuevamente, desde la experiencia que he vivido y desde la perspectiva en que me fue mostrada, no considero que la misma se pueda enseñar.

Veo que es posible entonces mostrar un panorama y con ello, mediante algunas estrategias ideadas por el profesor, convocar desde y para la misma; y no es que yo lo sienta o mejor dicho lo vivencie de una forma muy cómoda, pero, para mi es sencilla su sustentación porque sin nos remitimos a los inicios de la misma nos sorprenderíamos al darnos cuenta de que las obras de las cuales podemos disfrutar -en nuestro caso- en el recorrido de cada uno de los cursos que la licenciatura nos ofrece, cursos como literatura colombiana, latinoamericana, española, europea, contemporánea, etc. Anteriormente sólo eran considerados como ejemplos “excelsos” de sólo un uso posible, en el amplio campo de la utilización del lenguaje y más aun de la retórica, vemos pues que los mismos no tomaban la concepción que conocemos, concepción que la modernidad nos ha ido implantando de ser estos (los libros), contenedores de conocimiento, al cual sólo poden llegar los grandes sabios, los eruditos, o todo hombre que se encuentre en un grado superior de conocimiento.

Sigo entonces insistiendo en que la literatura y su hecho práctico (la lectura) como tal, antes de ser un hecho doloroso para algunos o tormentoso para otros, gracias a las linealidades que se le han otorgado por cada uno de esos profesores que mediante su desespero por hacer que sus estudiantes aprendan literatura tergiversan, es pues un acto que debe convocar y conllevar al disfrute de esa exquisitez encontrada en historias, novelas, cuentos, poemas y demás.

Me permito en este punto tomar las palabras de alguien a quien admiro mucho, alguien a quien su talento le permitió abrirse camino en un medio hostil que cada día restringe mas su entrada exigiendo millares de requisitos para su práctica.

“Hay quienes lo hacen, pero porque estos no piden a los libros lo que pueden dar, pues se acercan con mentalidad confusa y parcial, y piden a la novela que sea verdad, a la poesía que sea falsa, o a la biografía que sea halagadora”. Virginia Woolf.

Claramente la autora esta hablando de quienes al pasar al pie de -podríamos decir un estante cargado de libros o simplemente un libro- salen corriendo como si estos fueran a golpearlo, a encarcelarlo o fueran a hacerle quien sabe que cosas; gracias a que como yo lo mencionara en algunas líneas atrás, el pobrísimo acercamiento que con la literatura y la didáctica de la literatura han tenido debido a como se las enseñaron a concebirlas han hecho que tristemente sea de esta forma.

Ahora, pienso que cuando nos sentimos atraídos por un libro en especial, encontramos realmente el sentido de la vida, pues con la lectura podemos emprender largos viajes aún estando inmóviles, podemos mantener viva nuestra curiosidad, alimentar ese yo deseante que habita en lo más profundo de nuestro ser, ser que jamás se sacia y se mantiene en constante movimiento y porque no, crear un placer sensual como lo dice Aura López.

En este punto cabe agregar algo y es que los libros contienen ese toque mágico de poder trascender el tiempo y poder después de mucho tiempo, regalarnos cosas nuevas e inimaginables porque como lo menciona Steiner y lo representa el filósofo leyendo de Chardin, “la vida del lector se cuenta en horas, pero la del libro en milenios.” Haciendo ello que la literatura sea compleja pero no imposible.

Creo más bien que la literatura se vuelve imposible cuando recurrimos a uno de los vicios más viejos de la enseñaza de la misma y es cuando hacemos la pregunta: ¿Qué nos quiere decir el autor? Porque como lo menciona Hubert Poppel, si yo no conozco al autor de determinada obra y el no me conoce a mi “¿Cómo voy a llegar a saber lo que él quiso decirme cuando escribió una novela? De pronto llegamos a obtener una idea de lo que dijo con ella, pero su voluntad intima permanecerá en su secreto, incluso en los casos en los cuales él, después de escribirla, publicara explicaciones sobre lo que supuestamente antes había pensado.”

También me encuentro de acuerdo con Hubert Poppel cuando postula que: ¿Cómo podrá decir algo específicamente a alguien en una situación particular un autor?, ya que si nos imagináramos una novela dirigida por el autor directamente a alguien, no estaría asegurado que ese alguien se dejara decir algo por ese autor; de ahí que insista personalmente en que no se puede enseñar la literatura por la posiciones en las que se encuentran unos y otros al momento de generar el acercamiento a la misma en un contexto académico.

Quedan simplemente las preguntas generadas, que se son preguntas a favor para unos o en contra para otros como sucede en todo momento en la vida y más aún en este campo cosmopolita de la literatura. Pero quedo conforme porque se que esta es la intención del curso “la pregunta y la discusión permanente”, sólo entonces quiero finalizar con un planteamiento de Umberto Eco que reza:

“Alguien ha dicho que al jugar con mecanismos hipertextuales eludimos dos formas de represión: la obediencia a peripecias decididas por otro y la condena a la decisión social entre los que escriben y los que leen. Pero estos juegos no sustituyen la verdadera función de la literatura, función que no se reduce a la transmisión de ideas morales, ya sean buenas o malas, o a la formación del sentido de la belleza.”

En fin, como se a tratado de decir al lo largo de este artículo, la literatura no se enseña, como decía Jorge Luís Borges, se trasmite un amor o un deseo por esta, además tanto alumno como profesor son determinantes en este saber literario, ya que por medio de este mundo, el conocimiento se nos expande en diferentes campos desarrollando una imaginación bastante amplia y una percepción más extensa de lo que ocurre a nuestra alrededor, ya sea en el campo que nos queramos desenvolver, en el educativo o en el social, todo esto en post de un bien individual y por consiguiente todos los integrantes de este orden individual, tengan una mejor sociedad, aspecto que es de gran vitalidad para los seres humanos para poder vivir íntegramente con todo nuestro alrededor.

POPPEL, Hubert. “Enseñar Literatura” en: literatura y educación. Comfama. Medellín, pp. 130. 2004