Romanticismo. Realismo

Literatura española del siglo XIX. Narrativa, lírica y poesía romántica y realista. Novela y autores románticos y realistas

  • Enviado por: Carlos Redondo
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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Romanticismo y realismo

La revolución romántica

En el primer tercio del siglo XIX, la palabra romántico pasó a denominar toda la nueva literatura alejada de la perceptiva neoclásica.

El marco histórico del Romanticismo

Los acontecimientos que van desde 1789 hasta 1815 pueden considerarse determinantes del nacimiento del espíritu romántico en Europa. Una corriente de amor a la libertad individual y de exaltación del pueblo se abrió paso en toda Europa a raíz de la Revolución Francesa, en 1789.

La reacción nacionalista contra Napoleón fue otro de los factores que favorecieron el nacimiento del Romanticismo: lo francés pasó a representar lo impuesto; y lo nacional o propio, aunque fuera arcaico, se identificó como la libertad.

La derrota de Napoleón en Waterloo dio paso al Congreso de Viena (1815), que pretendió en vano que Europa volviera al estado anterior a la Revolución. Las ideas liberales de la Revolución habían cuajado ya de manera irreversible en los clubes, sociedades secretas, ateneos, partidos, etc. Así pues, el Congreso de Viena y sus consecuencias siguieron preparando el escenario que hizo posible la explosión romántica.

España y el Romanticismo

La historia de España del primer tercio del siglo XIX estuvo marcada por acontecimientos importantes:

  • Durante el final del reinado de Carlos IV, por los esfuerzos de las autoridades para que no encontraran entradas las ideas de la Revolución Francesa.

  • En los años del esplendor napoleónico, por una guerra cruel y desigual que los españoles sintieron como Guerra de la Independencia.

  • Durante el reinado de Fernando VII, por la derogación de la Constitución liberal de 1812 y la represión absolutista del monarca, que llevó al exilio a muchos escritores.

El sentimiento antifrancés fue la causa de que cualquier ideología modernizadora fuera sospechosa de afrancesamiento, y en consecuencia, rechazada. El Romanticismo, por todas estas circunstancias, nació en España con un peso de nacionalismo superior al de otros países europeos.

España, país romántico

Los escritores ingleses y de otros países pusieron la vista en España como país que colmaba sus aspiraciones estéticas: valoraba la libertad, ofrecía un paisaje arcaicamente natural y lleno de vestigios del pasado, tenía una histórica heroica que se reflejaba en una literatura riquísima y, sobre todo, estaba rodeada de un halo de misterio, favorecido por el aislamiento y la mezcla de culturas.

La visión historicista de los románticos europeos encontró en nuestra literatura medieval y de los siglos de oro una vena inagotable de inspiración: descubrieron la riqueza del Romancero; encontraron en El Quijote un ejemplo vivo de lucha que mantiene el espíritu individual contra la colectividad; estudiaron y valoraron el teatro de Lope y Calderón; etc.

Penetración del Romanticismo en España

La vuelta de Fernando VII a España, que había despertado tantas esperanzas, fue nefasta para los politos y escritores liberales. Como consecuencia de la represión absolutista inspirada por el monarca, mucho escritores se vieron obligados a exiliarse.

El Trienio Liberal (1820-1823) fue un periodo demasiado breve para que las ideas liberal-románticas pudieran arraigar en España; sin embargo, al final del Trienio apuntaban ya síntomas de lo que podía haber sido la implantación del Romanticismo, como la impresión de la primera novela histórica original, Ramiro, conde de Lucena, o la aparición de la revista El Europeo (1823-1824), que encarnaba los ideales del liberalismo.

Durante la Década Ominosa absolutista (1824-1833), mientras los políticos y escritores liberales estaban en el exilio, en España se ejercitó la censura férrea sobre cualquier impreso o representación teatral. Sin embargo, en tertulias y reuniones como la de “El Parnasillo”, a la que acudían Mesonero Romanos, Larra y Espronceda, se preparaba ya la llegada irremediable de la estética romántica.

El estreno de Don Álvaro o la fuerza del sino (1835) es considerado como el acontecimiento que marca el triunfo definitivo del Romanticismo.

Los caracteres de la literatura romántica

Aunque el romanticismo propiamente dicho comprende a los autores que escriben sus obras fundamentales entre 1830 y 1850, hay que extender el concepto de generación romántica a muchos escritores nacidos entre 1805 y 1865.

Los temas

Los temas que eligieron los románticos españoles para sus obras fueron los mismos que en el resto de las literaturas europeas:

  • Historia nacional. Los románticos encuentran sus temas en personajes españoles histórico-legendarios, sobre todo en aquellos que presentaban un lado misterioso en su historia: el rey godo Rodrigo, Pedro el Cruel, Boabdil, Felipe II y su hijo don Carlos, etc.

  • La exaltación de los sentimientos. Los temas en torno a los sentimientos, eternos en la literatura, adquirieron en el Romanticismo notas muy personales.

    • El amor es tratado como sentimiento incontrolable que o bien produce a la melancolía y a un estado de tristeza íntima, o bien es pasión irrefrenable que conduce a la desesperación y a la muerte. Ejemplo pueden ser el drama Los amantes de Teruel, de Hartzenbusckh, o los versos de las Rimas de Bécquer.

    • El sentimiento religioso se hace insincero e incluso rebelde ante Dios. La literatura reivindica la figura del diablo o se hace eco del anticlericalismo creciente de la sociedad. Pero también exalta el sentimiento religioso tradicional, adscrito a ciertos templos o imágenes.

    • Los románticos contemplan la vida como un mal ante la cual el artista se siente atormentado y triste porque no puede alcanzar un ideal que no sabe muy bien cómo definir. Este desprecio por la vida se refleja en el héroe literario que busca la aventura y el peligro para llenar el vacío de su existencia.

  • La actualidad social y política. En el Romanticismo asistimos al nacimiento del oficio del escritor como profesión liberal. La consecuencia social más importante es el acercamiento del escritor a la sociedad, que le hace asumir muchas veces una misión de portavoz de sus preocupaciones.

La nueva estética

Las características típicas de la obra literaria romántica en general son:

  • El lenguaje expresivo. El buen gusto neoclásico se sustituye por la libertad del escritor: todos los registros son posibles con tal que sean expresivos. El énfasis llena las páginas románticas de exclamaciones, interrogaciones, apóstrofes, anáforas, etc.

  • La creación del espacio literario. El escritor romántico cuida con detalle la descripción del lugar, prefiriendo la naturaleza abrupta, las noches, el paisaje en primavera u otoño, las ciudades antiguas, los castillos y ermitas abandonados.

  • La fantasía. La realidad concreta no basta como motivo de inspiración y hay que buscar temas en las visiones, en los milagros, en los sueños, en lo irracional.

La poesía romántica

Para entender adecuadamente el cambio que se produjo en los gustos poéticos en el primer tercio del siglo XIX, hay que tener en cuenta los nuevos modelos inspiradores del discurso poético.

  • La expresión subjetiva del sentimiento y la primacía del individuo frente a la sociedad corruptora, fueron ideas que Jacques Rousseau habían llevado a la literatura en “La Nueva Eloísa y el Emilio”

  • El poeta inglés Lord Byron fue una mezcla abigarrada de sentimientos y pensamientos más o menos sinceros: pesimismo existencial, satanismo, escepticismo ante la vida, sensualidad, aspiración de vagos ideales...

  • El escritor escocés James Macpherson había jugado a descubrir a Ossián. Publicó unas “Obras de Ossián” con las que logró engañar a media Europa. Había nacido el ossianismo, que impregnó la poesía del heroísmo primitivo.

José de Espronceda

La vida de un romántico

El prototipo de poeta romántico coincide con la personalidad y la obra literaria de José de Espronceda. Su propia vida fue una novela romántica. Sufrió procesos, cárceles y destierros por su oposición al absolutismo. Luchó en las barricadas revolucionarias francesas en 1830. Vivió un amor apasionado con Teresa Mancha, que terminó abandonándole por su jactancia de conquistador de mujeres. Participó en la política como diputado. Murió a lo treinta y cuatro años, admirado y reconocido como gran poeta por sus contemporáneos.

La poesía

Su poesía recorrió el camino que cabía de esperar en un poeta de su tiempo: desde el neoclasicismo cercano a Menéndez Valdés y Quintana, en el que destacan los temas patrióticos y políticos, pasando por la moda “ossiánica” y medievalista, hasta el romanticismo pleno.

El regreso de Espronceda a Madrid fue el comienzo de la época de mayor relieve en su poesía. “Canción del pirata”, un canto a la libertad; “El reo de muerte” y “El Verdugo”, donde muestra su preocupación social.

Su libro “Poesías” (1840) incluía el poema narrativo extenso “El estudiante de Salamanca”. En 1840, en plena carrera de éxito, publicó por entregas su otro poema extenso, “El diablo del mundo”, que nunca terminó. Se trata de un poema filosófico dividido en seis cantos, en el que Espronceda pretendía simbolizar la vida del hombre, movido por el deseo de amar, enriquecerse y conseguir la gloria. En el canto segundo, titulado “Canto a Teresa”, está el resumen lírico de su relación borrascosa con Teresa Mancha.

Gustavo Adolfo Bécquer

La lírica romántica encontró en la poesía de Bécquer su expresión más genuina. Está enmarcada entre dos líneas: la sencillez de la poesía popular y la “estética del sentimiento”: lírica intimista, supresión de lo descriptivo y narrativo, preferencia de la rima asonante, sonoridad musical... Las “Rimas” han sido una lección de poesía reconocida por grandes autores posteriores.

La obra en prosa de Bécquer está compuesta por veinte “Leyendas” en las que reina la imaginación, como Maese Pérez el organista, El miserere y El rayo de luna.

Durante la revolución de 1868 se perdió el manuscrito de sus poemas que había entregado a su protector. Procuró reconstruirlos en un cuaderno, “El libro de los gorriones”, que utilizaron los amigos para la edición póstuma de “Rimas”.

Rosalía de Castro

La escritora Rosalía de Castro es, para la literatura y la cultura gallegas, el símbolo del `Rexurdimento'. Su infancia dejó en ella impregnando el amor a su tierra y a su lengua. Más tarde, en Santiago, al contacto con los jóvenes románticos, comenzó su profundo galleguismo. En Madrid conoció a Bécquer y entró en contacto con los jóvenes revolucionarios del 68.

Su primer libro de poesías, “La Flor”, todavía estaba muy condicionado por el estilo de Espronceda. Pero son los dos libros escritos en gallego, “Cantares gallegos” y “Follas novas” los que le abren las puertas de la fama. Los temas, sobre todo en el primero de los dos, denotan el galleguismo de la autora.

En castellano compuso “En las orillas del Sar”, donde los temas de sus obras en gallego transcienden en otros más universales que representan vivencias esenciales del ser humano: el amor, la soledad, el pesimismo y la muerte.

Enrique Gil y Carrasco

La personalidad de Enrique Gil y Carrasco encaja también, como la de Espronceda, en el estereotipo de poeta romántico. Murió en Berlín, donde desempeñaba un cargo diplomático, a los treinta y un años.

“El señor de Bembibre” fue una obra ya admirada en su tiempo. El argumento es una historia de amor sobre un fondo histórico: don Álvaro, señor de Bembibre, y doña Beatriz viven un amor desgraciado, con la caída de la orden militar de los templarios como escenario histórico.

El triunfo del drama romántico: “Don Álvaro”, del duque de Rivas

También en el teatro del Duque de Rivas se pueden distinguir, además de los dramas románticos, obras neoclásicas, sobre todo tragedias y comedias costumbristas.

Su drama por excelencia, Don Álvaro o la fuerza del sino (1835), es en realidad una tragedia.

Todas las reglas del teatro neoclásico quedaron rotas:

  • Unidad de lugar, porque los cinco actos de desarrollan en escenarios diferentes.

  • Unidad de acción, dado que cuatro actos comienzan con una escena costumbrista que sirve para introducir anecdóticamente la acción.

  • Unidad de tiempo, porque los acontecimientos de la trama duran cinco años.

La revelación del un autor: García Gutiérrez

Antonio García Gutiérrez recibió el apoyo de Espronceda para que pudiera estrenar su obra “El trovador”, que ningún actor quería interpretar. Cuando lo consiguieron, la obra conmovió de tal manera al público que por primera vez en la historia del teatro los aplausos exigieron la presencia del autor en el escenario. Había sido consagrado con su primer estreno el autor romántico que más obras estrenó en vida: más de 50, entre dramas, comedias, melodramas y zarzuelas.

La trama de “El trovador” se localiza en Zaragoza en el siglo XV: la gitana Azucena se venga de la muerte en la hoguera de su madre bruja raptando a un hijo de la familia Artal, a la que considera responsable. Otras obras posteriores también trataron el tema romántico de la venganza, como Venganza catalana, Samuel y El tesorero del rey.

El romanticismo erudito: Hartzenbusch

La confiscación de los bienes familiares por motivos políticos le obligó a compaginar el trabajo con los estudios superiores. Después del éxito de “Los amantes de Teruel”, inició una vida de funcionario que hizo compatible con el ejercicio de las letras y de la crítica.

Fue el crítico literario más importante de su época y un estudioso de los clásicos, como demostró en la labor de edición de las obras de Tirso de Molina, Calderón, Ruiz de Alarcón, Lope de Vega, etc.

Su teatro se caracteriza por un minucioso cuidado formal y de estructura en la composición. Se divide en los siguientes géneros:

  • Dramas históricos y bíblicos. Los amantes de Teruel, Alfonso el Casto, La jura en Santa Gadea.

  • Comedias de carácter o de magia. Primero yo, Los polvos de la madre Celestina.

  • Zarzuelas. La alcaldesa de Zamarramala.

  • Loas. Derechos póstumos.

Pero su drama más famoso, Los amantes de Teruel, tomó la historia legendaria de los amores de Isabel y Marsilla, y la convirtió en un mito para la posteridad.

El éxito popular: Zorrilla

Las casi treinta obras de teatro que compuso José Zorrilla son de carácter histórico, sobre asunto medieval o de los Siglos de Oro.

Pero Don Juan Tenorio fue su obra maestra. Zorrilla reconoció la deuda de su argumento con El Burlador de Sevilla, de Tirso de Molina: Don Juan es un seductor de mujeres de toda condición, y el caballero que reta a los muertos. Pero en el drama de Zorrilla, el amor de doña Inés salvará del fuego del infierno en el último momento a Don Juan, convirtiéndolo así en el personaje romántico por excelencia.

Mariano José Larra: Fígaro

Consagró el artículo periodístico definitivamente como género literario. Perteneciente a una familia bonapartista, pasó parte de su infancia en Francia.

Se abrió camino muy pronto en el periodismo profesional (El café) Su desgraciado matrimonio en 1829 con Josefina Wetoret se reflejó en el artículo Casarse pronto y mal. En los años siguientes los periódicos se disputaban sus colaboraciones. La intervención desafortunada en la política y el pesimismo creciente le dictaron algunos artículos de contenido desesperanzado y tono sarcástico (El día de difuntos de 1836, Horas de Invierno).

Utiliza la crítica de manera despiadada y comprometida, siguiendo el principio que él mismo había enunciado en uno de sus artículos: La palabra es a un hablador lo que el fusil al soldado.

El estilo de la prosa de Larra presenta algunas notas muy originales:

  • Los juegos de palabras y expresiones, de clara intención humorística.

  • La utilización de anécdotas intrascendentes reales o inventadas, que finge ser personales, sobre las cuales monta la tesis del artículo.

  • La utilización de la forma más sencilla de presentar una imagen.

  • El retrato caricaturesco rápido, a base de seleccionar los rasgos imprescindibles.

  • La adjetivación de tonos oscuros, acorde con sus negros pensamientos.

  • La enumeración caótica, como elemento descriptivo-narrativo que le permite presentar acciones en muy corto espacio.

Realismo en la literatura

Las características generales de la literatura del Realismo son:

  • El cambio de perspectiva en las formas de elocución: descripción más objetiva, narración más lógica racional y diálogo más natural.

  • La transformación del protagonista, que ya no es forzosamente un ser humano excepcional, sino un hombre o una mujer corrientes.

  • La intención social, sumada a la intención de producir arte útil.

  • Los temas extraídos de la realidad.

  • El cambio en el lenguaje literario, que abandona los recursos de expresividad exagerada.

  • El cambio de gustos del público hacia los géneros: menor atención al drama y la poesía, y mayor afición a la lectura de narrativa y artículos literarios.

La literatura realista derivó en su última etapa hacia el Naturalismo, que aplicó a la novela teorías científicas y sociales que eran novedad en el pensamiento europeo: el determinismo, el experimentalismo y el socialismo.

Ramón de Campoamor

Este poeta deriva hacia un humorismo y sentimentalismo intranscendentes. Los poemas de Doloras, Pequeños poemas y Humoradas aportaron un nuevo lenguaje poético caracterizado por el realismo en la expresión dialogada, el humor a veces demoledor y la ironía como actitud vital.

La novela realista

La novela del Realismo presenta en su conjunto varias direcciones que a veces se superponen y no deben ser interpretadas como fases de una evolución de estilo. Un mismo autor puede ser presentado como narrador costumbrista, como cultivador de la novela regional y como naturalista.

Fernán Caballero

Publicó sus primeras novelas bajo el formato de folletín: La gaviota, La familia de Alvareda, Elia y Lágrimas. En ellas no aparecen los dos temas principales de las novelas románticas que se publican por las mismas fechas: el histórico y el social.

Pedro Antonio de Alarcón

Gozó en vida de una enorme popularidad, debido sobre todo a la publicación de su experiencia como soldado voluntario en Marruecos en el Diario de un testigo de la guerra de África. En sus novelas fue dejando testimonio de sus ideas: la novela breve El sombrero de tres picos es una defensa de la fidelidad en el matrimonio, y El escándalo es una defensa del catolicismo.

José María de Pereda

Pereda ha dejado algunos relatos inolvidables de ambiente rural santanderino, como El sabor de la tierruca, Sotileza y Peñas arriba. En otras novelas abordó temas morales o políticos, como El buey suelto y De tal palo, tal astilla; o Los hombres de pro y Don Gonzalo González de la Gonzalera, sobre la rápida ascensión de la burguesía de origen rural.

Juan Valera

Entre sus novelas destaca Pepita Jiménez, que trata de la lenta y sutil transformación que sufre su protagonista. Fueron otras las novelas que publicó en los años siguientes: Las ilusiones del doctor Faustino, El comendador Mendoza, Doña Luz, Juanita la larga y Morsamor.

Benito Pérez Galdós

La aparición de este autor en el panorama de la narrativa española marca el momento de esplendor de la novela realista. Este canario alternó sus estudios de Derecho con una formación muy variada. Entró en contacto con los círculos krausistas, frecuentó las tertulias literarias, leyó a los clásicos infatigablemente, comenzó a colaborar en periódicos, escribió algunas piezas para el teatro.

Su obra narrativa puede clasificarse de la siguiente manera:

  • Novelas de la primera época, algunas de ellas todavía muy influenciadas por la estética romántica y costumbrista, como La fontana de oro, y otras que pueden considerase novelas de tesis, en las que se atacan el antiguo régimen y el conservadurismo, como Doña Perfecta, Gloria, Marianela y La familia de León Roch.

  • Episodios nacionales. Se trata de cinco series de relatos históricos que repasan la historia de España desde el reinado de Carlos IV hasta la época de la Restauración, es decir, hasta los tiempos del presente de Galdós. Se caracterizan por el tono realista del relato y por su punto de vista popular. Entre las dos primeras series y la tercera transcurrieron veinte años. Algunos títulos destacados son: Trafalgar, Bailén, El equipaje del Rey José, La segunda casaca, La estafeta romántica, La revolución de julio, La de los tristes destinos, España sin rey y La Primera República.

  • Novelas españolas contemporáneas, en las que Galdós aparece como un maestro de la narrativa, ensayando nuevas técnicas, como el monólogo interior para la explotación de la intimidad, la utilización del narrador-personaje, el estilo indirecto libre y el perspectivismo. Algunos títulos importantes son: El amigo manso, El doctor Centeno, Fortunata y Jacinta, Ángel Guerra y Misericordia.

Galdós ensayó el teatro con éxito variable. Dramatizó algunas de sus novelas, como Doña Perfecta, pero le llegó el éxito clamoroso con el estreno de Electra, que se convirtió en un acto de polémica debido a su carga de anticlericalismo.

Leopoldo Alas “Clarín”

Su obra narrativa cuenta con una obra magistral, La Regenta, en la que hace una revisión minuciosa de la sociedad de la Restauración a través de la observación de cuanto acontece durante tres años en Vetusta, una ciudad inventada que enseguida los lectores identificaron con Oviedo.

Otros títulos de Clarín son menos conocidos, como Pipá, Su único hijo o Doña Berta. Pero entre los sesenta cuentos que compuso, alguno, como ¡Adiós, Cordera!, está considerado como una de las cumbres del relato breve.

Armando Palacio Valdés

Escribió un ensayo en colaboración con Clarín, La literatura en 1881. Su abundantísima producción novelística se caracteriza por la contemplación de la realidad como un motivo poético, sobre el que debe actuar la imaginación con dos instrumentos: la esperanza y el humor.

Las obras que le dieron más fama fueron La hermana de San Supicio, La alegría del capitán Ribot y La aldea perdida.

Vicente Blasco Ibáñez

Fue el último naturalista destacado de la novela española. Escritor, periodista, agitador político y aventurero.

Interesa destacar sus novelas regionalistas de ambiente valenciano: Arroz y tartana, Flor de mayo, La barraca, Entre naranjos y Cañas de barro. Las novelas de Blasco presentan conflictos entre las clases sociales en la ciudad, la huerta y la albufera, que actúan como escenario, observando todo ello con la minuciosidad y objetividad que exige la estética naturalista, a menudo exhibidora de crudeza.

Una parte de la producción narrativa de Blasco entronca ya con ciertos escritores de principios del siglo XX, testigos atentos de las injusticias y creadores de la novela social.

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