Romancero

Literatura española y castellana de la Edad Media. Poesía épica y lírica medieval de Castilla. Romances Viejos y Nuevos. Temas. Métrica

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DEPARTAMENTO DE LENGUA

TEMA Pág.

1.- Definición de Romance 2

Origen sociopolítico del Romancero 2

El Romance como idioma 4

El romance como expresión literaria 4

2.- Diferencias entre romances viejos y romances

nuevos. 5

3.- Los juglares y su papel en la transmisión de

los romances. 6

4.-Teoría tradicionalista y teoría individualista

del nacimiento de los romances ____________________ 7

5.-Métrica del romance 8

6.- Características del romance:

6.1.-Arcaísmo. 9

6.2.- El estilo directo 9

6.3.- El hipérbaton. 10

6.4.- La -e paragógica. 10

6.5.- El estilo formulístico. 11

6.6.-Paralelismos y repeticiones. 11

6.7.- Indicios in media res 12

7.-Clasificación de los romances. 12

8.- Comentario de texto 14

Octubre 2001

DEPARTAMENTO DE LENGUA

Guión para el estudio del Romancero

1.-Definición de Romance

Los romances son composiciones generalmente breves, de carácter épico o épico-lírico, que en un principio habían sido compuestas para ser recitadas o cantadas con el acompañamiento de un instrumento musical. Estas composiciones están formadas por un número indefinido de versos octosílabos, rimando en asonante los pares y quedando libres los impares. En su mayoría, los romances son obra de poetas anónimos y constituyen una de las más genuinas manifestaciones del genio popular español. Una de las características más destacables del romance es la extrema sencillez de la forma. En estas composiciones se elimina todo lo narrativo inesencial. Con esta sencillez, los romances alcanzan una gran elevación y agilidad. Los autores, resueltamente vueltos hacia el público, presentan o intentan hacer presentes unas situaciones concretas que cada lector (u oyente) pueden ajustar a su propia experiencia, o a sus propios sueños o recuerdos, a sus aspiraciones y a sus últimas pasiones. Los personajes arquetípicos sugieren al lector (u oyente) conductas ajustadas a su comportamiento paradigmático. El autor, en su papel de aedo, prepara la tarea del rapsoda que debe representar la fábula y ofrecer al público su representación multiplica pues los elementos tomados del género dramático y sus convenciones: la salida exabrupto, el diálogo, el suspense. Multiplica también los elementos tomados del género lírico: motivaciones efectivas (amor, celos, envidia ambición, rebeldía), la indignación ante la riqueza, la fuerza y raramente ante lo sobrenatural. las nuevas relaciones de la época entre autor, rapsoda, personaje, y oyente (o lector) condicionan ciertamente el poema. Por esta razón los romances populares y tradicionales tienen una estrecha relación con la historia y la sociología de la cultura. Los romances de 1600 tienen su valor en cuanto a la habilidad y a la invención verbal personal de cada uno de los autores. Solo el vicio romancero, el recopilado hacia 1550, ha conservado durante siglos su actualidad. su eficacia estética y su poder de encantamiento sobre el público más diverso. Sus cualidades intrínsecas lo han convertido en uno de los monumentos más prestigiosos de la literatura europea.

La palabra romance (derivada del adverbio latino romanice, en románico) indica una serie indefinida de versos octosílabos con rima asonante en los pares y con los impares sueltos.

Es un conjunto de romances: poemas épicos, líricos o épico-líricos con un número indeterminado de versos octosílabos con rima asonante en los pares: -a-a-a-a... Se trata de una poesía de tipo tradicional, acogida por el pueblo y transmitida de padres a hijos durante muchas generaciones.

Origen sociopolítico del Romancero: Sólo en la Baja Edad Media, a partir del siglo XIV, parece existir una sensibilidad adecuada al contenido y a las formas expresivas del romance. Las palabras claves del feudalismo anterior y, por supuesto del peculiar feudalismo hispánico adaptado a la tarea de la Reconquista, habían sido guerra, inseguridad; una situación de continuo peligro que hizo necesaria aquella relación de vasallaje y protección entre el noble y el pechero (el que pagaba los pechos, los impuestos de protección. Ahora, la palabra clave de la nueva sociedad es paz, producción. Los peligros remiten, la Reconquista está consolidada. Aumenta la seguridad, los campos producen más con mayor número de trabajadores; la economía de subsistencia anterior -producir sólo lo necesario y comerciar intercambiando productos- se transforma poco a poco en una economía de mercado con excedentes de producción. La moneda se impone como instrumento de relación comercial. Aparece el sentido de propiedad y el de libertad. El hombre libre inicia su protagonismo en la historia, mientras el papel del noble declina. El noble, con la paz, se queda sin la fuente de su predominio social y de sus ingresos económicos. Se encuentra, además, obligado a permanecer en unos castillos inhóspitos que hasta ahora sólo habían tenido funciones defensivas. Ha de acondicionarlos. Necesita para ello de una serie de productos suntuarios que la nueva economía está poniendo en el mercado, y para adquirirlos ya no le sirven los productos agrícolas y artesanales con que sus colonos pagaban los impuestos. Ahora requiere dinero. Esta situación beneficia a los colonos, porque la constante inflación económica hace que el dinero «valga» cada día menos, y, por contra, los productos agrícolas alcancen mayor rentabilidad, lo que hará aumentar las disponibilidades económicas de los colonos. Éstos cubren las crecientes necesidades nobiliarias invirtiendo sus ahorros en rescatar su libertad y la de su familia. Se liberan de los lazos de servidumbre señorial y se organizan en «villas rea- les», bajo la protección directa del rey. Llega un momento, a mediados del siglo xiv, en que la monarquía consigue poder político y militar suficiente como para prescindir de la nobleza, destruir la Pirámide feudal y organizar el absolutismo como forma de gobierno. Planteada esta situación histórica, debiera haberse desembocado en una etapa nueva, al estilo de la sociedad isabelina inglesa, en la que la burguesía, la producción agrícola e industrial y la acumulación consiguiente de capitales, habrían planteado las bases de la Próxima revolución industrial. No ocurre esto en España. La nobleza y el Alto Clero se negaban a Prescindir de unos Privilegios y unos comportamientos belicistas que habían mantenido a largo de cinco siglos. Por ello inician una serie de enfrentamientos contra la alianza realeza-burguesía, la que terminan imponiéndose. Pero esta victoria significó una vuelta a las antiguas concepciones ideales de la Alta Edad Media. La situación es diferente. Nobles y burgueses se muestran ya como hombres libres con conciencia y dominio sobre su persona y hacienda. estas actitudes nace el Romancero, que mantiene casi las mismas funciones de los cantares de gesta y Poemas narrativas anteriores: divertir, alimentar, sentimiento Popular transmitir las noticias según el vehículo oral tradicional y perpetuar en la memoria cultural de los pueblos los acontecimientos trascendentales del pasado y del presente nacional. Que la parte mejor conservada de este Romancero refleje dominantemente los ideales nobiliarios no quiere decir que no existiera otro Romancero de inspiración burguesa, de corte más naturalista y satírico.

El Romance como idioma: El nacimiento del idioma romance coincide con la desintegración del Imperio Romano Occidental en el siglo V. En los siglos anteriores, las ciudades se habían hecho inhabitables por la inseguridad creciente. Como consecuencia de ello la población se desplaza al campo, donde rompe poco a poco con los lazos que le conectaban al centralismo económico y cultural. Tan sólo en los monasterios encuentra refugio la cultura clásica romana y en ellos permanecerá a lo largo de toda la Edad Media. El latín que se habla fuera de los monasterios se va desgastando por el uso y acaba generando los diferentes idiomas romances. Romance hicieron los rumanos, los italianos, los romanches, los picardos, los bretones, los mozárabes, los castellanos, etc. El romance acompaña la vida cotidiana de labriegos y guerreros, del hombre de la calle, apartándose del latín eclesiástico, cada vez más depauperado.

El romance como expresión literaria: Roto el poder central de Roma, los pueblos del Imperio inician su desarrollo histórico particular. En el extremo occidental del Imperio, al que pertenece la península Ibérica, la aceleración cultural que produjeron los comerciantes y los soldados mercenarios de la invasión romana, es mucho más débil y descompuesta que en el resto del Imperio. Por si esto fuera insuficiente, la temprana invasión musulmana viene a crear una situación totalmente única. Frente a la dispersa evolución histórica general, los hispanos -cada uno en su reino o región- se unen en un objetivo común, la supervivencia frente al Islam. Se conforma entonces la actitud compacta y comprometida de los cantares de gesta, de la lírica popular y del Mester de Clerecía, que va a desembocar en el Romancero. No hay fisuras sociales ante el problema común. Castilla es la heredera en el siglo X de todo este esfuerzo cultural y sociopolítico. Ella recoge el relevo en ambos terrenos. Impulsa y amplía la Reconquista hasta su consumación y conforma el idioma nacional recogiéndolo desde la calle y desde el campo de batalla. La historia no transcurre en vano y cualquier proceso deja su huella. Frente a la notable diferencia que en idiomas como el francés o el inglés se produce entre la expresión escrita y la oral, el castellano manifiesta una tendencia contraria. Ello se explica por la cercanía que en la sociedad española del momento existía entre todos los sectores. No hay una ruptura notable entre los que escriben el idioma, los cultos, y los plebeyos que tan sólo lo hablan. En la literatura observamos un caso parecido. El realismo y la historicidad de la epopeya y el Romancero hispánicos contrastan claramente con el anovelamiento de los cantares de gesta europeos. ¿A qué puede deberse esto? Sin duda, el fenómeno de la Reconquista es el motivo fundamental. Es un hecho problemático que implica e interesa a todos. En Europa no existe esta experiencia integradora. Sus problemas feudales afectan a grupos sociales reducidos. No hay un interés vital en ellos, pronto se desvirtúan los hechos y se convierten en temas de entretenimiento.

2.-Diferencias entre romances viejos y romances nuevos.

Los romances viejos son poemas anónimos, épicos o épico-líricos, de versos octosílabos y con asonancia en los versos pares. Muchos de estos romances han llegado a nosotros por la tradición oral, pero también nos han llegado en cancioneros manuscritos o impresos, recopilados a partir del siglo XV, y fueron publicados en los siglos XVI y XVII en pliegos que se vendían a muy bajo precio. El romancero viejo son el conjunto de romances que se cantaban por los juglares y por el pueblo desde mediados o finales del siglo XIV.

El rasgo característico de los romances viejos es haber sido elaborados y difundidos oralmente. Se los suele clasificar en tres grupos: históricos, épicos y literarios, novelescos o de aventuras. Cualquiera de ellos obedece a una estructura entre lírica y narrativa, originalmente con versos de dieciséis sílabas de rima continua y después divididos en dos hemistiquios octosilábicos con rima asonante en los pares y, por lo general, con los impares sueltos.

Los romances históricos, como su nombre indica, se refieren a un hecho contemporáneo, por lo que son los únicos que permiten datar su origen con cierta precisión: el más antiguo narra la rebelión del prior Fernán Rodríguez en 1328. Según Menéndez Pidal, que los llama “noticieros”, existen ya en el siglo XIII. Los romances fronterizos, un tipo especial de los históricos, tratan, por lo común, hechos correspondientes al siglo XV, aunque uno de ellos habla del sitio de Baeza (1368).

Los romances épicos desarrollan temas propios de las canciones de gesta o de otras fuentes literarias y motivos específicos, como el conflicto rey-vasallo, la caída en desgracia de los monarcas, los triunfos del protagonista heroico: El Cid, los infantes de Lara, Fernán González, entre otros. Los novelescos o de aventuras se insertan en una tradición más amplia de leyendas y motivos sentimentales comunes a otros países europeos; cabe citar entre ellos el Romance de la infantina encantada.

Menéndez Pidal, uno de los grandes investigadores del romancero español junto con Jacob Grimm (1816), Agustín Durán (1848), Milà y Fontanals (1853 y 1882), señala cuatro caracteres propios del estilo del romancero: esencialidad e intensidad; naturalidad; intuición, liricidad, dramatismo; e intemporalidad. Son recursos que confirman esos caracteres la utilización del diálogo; el desarrollo de un único evento, con variedad de incidentes, más que una sucesión extensa de hechos; la tendencia a actualizar lo que se narra a través de la invocación al lector y al uso del verbo ver; la fragmentación; la repetición; el paso progresivo de una narración próxima al tema de la realidad elegido al gusto por lo misterioso, inmotivado y fantástico.

Rafael Lapesa ha insistido en la teatralidad (“histrionismo y vivificación”) en los cantares de gesta y en el romancero viejo, analizando la mezcla de los tiempos verbales: pasado y presente (“¿Qué castillos son aquellos / ¡Altos son y relucían!”); el pasado mostrado como futuro (“Allí fabló el conde Arnaldos / bien oiréis lo que dirá”); el imperfecto por el condicional, y así otros. Lapesa concluye que “los juglares hacían con la situación y desarrollo temporales de los hechos lo que los operadores de cine hacen hoy con imágenes y espacios mediante el juego de primeros planos”.

Los romances nuevos están constituidos por romances escritos por los poetas cultos de los siglos XVI y XVII (Cervantes, Lope de Vega, Góngora, Quevedo...), que movidos por la belleza de los romances viejos, adoptan tal tipo de estrofa y enriquecen los temas y los recursos formales. No son ni anónimos ni folclóricos.

El interés de los poetas cultos por el romancero favorece la aparición, en la segunda mitad del siglo XV, de romances escritos. El romance más antiguo recogido por escrito es Gentil dona, gentil dona, del catalán Jaume de Olesa, en 1421. Con la difusión de las técnicas de impresión y después de la imprenta los romances se divulgan a través de pliegos sueltos y, más adelante, en cancioneros: el Cancionero musical y el Cancionero General, en 1511. La elaboración culta y el gusto de los literatos por una mayor brevedad y concisión, además de las mudanzas en la moda musical, hizo que muchos romances aparecieran abreviados y, en gran medida, enriquecidos por una mayor voluntad literaria. Llegó a sustituirse la rima asonante por la consonante, aunque en el Romancero General de 1600 se vuelve a la asonancia del romance tradicional. Por otra parte, fue desde el siglo XV cuando los romances comenzaron a escribirse en líneas de ocho sílabas, pero en el siglo siguiente los músicos Narváez y Salinas recomendaban volver a la disposición original en versos de dieciséis. El fenómeno de difusión de los romances mediante la lengua escrita dará origen al llamado “romancero nuevo”. A finales del siglo XVI coexisten, aunque con desarrollos paralelos, el romance oral y el romance escrito, y así seguirá ocurriendo hasta nuestros días.

Los romances tienen un gran apogeo durante el siglo de oro. Desde principios del siglo XVI, con el Diálogo del Nascimiento de Torres Naharro, el romance se inserta en el teatro como un intermedio cantado. Ligado a la evolución de la comedia, el romance aparece de manera abundante en las obras de Lope de Vega, quien cultiva sobre todo el de carácter épico. Pero deben tenerse en cuenta, además, los de tema amoroso, pastoril, satírico, caballeresco, villanesco, picaresco, religioso, y otros. Góngora, Quevedo y la mayor parte de los autores del siglo de oro cultivan el romance. Cervantes, en el capítulo LVII de la segunda parte del Quijote, introduce un nuevo tipo de romance, el personal, en el que domina lo individual y autobiográfico. Con la Ilustración, el romance cae en desgracia, considerado forma poética de poco valor, pero el romanticismo lo recupera y, en nuestro siglo, los poetas de la generación del 27 (García Lorca y el Romancero gitano, Jorge Guillén y su Cántico, entre otros) postulan y práctican una síntesis entre las formas cultas y los géneros líricos o lírico-narrativos populares.

3.- Los juglares y su papel en la transmisión de los romances.

Hasta ser recogidos en Romanceros o en pliegos sueltos, los romances se transmiten oralmente por los juglares. Las historias se van acortando y se quedan en lo más esencial (desaparece con frecuencia la exposición y a veces el desenlace). Es lo que se llama truncamiento. El pueblo conoce la historia al completo, pero muestra predilección por ciertas partes que se van contando de forma independiente. Es normal que los romances sólo nos cuenten el nudo o conflicto de una historia, sin decirnos nada del inicio o del final. Por ello suelen tener un halo de misterio muy característico.

Los romances nacidos en la Baja Edad Media y propagados en las épocas posteriores, no suponen ninguna originalidad sustancial. Por el contrario, recogen hábitos expresivos y formas métricas que tienen varios siglos de antigüedad. Sus orígenes están en la epopeya y ésta, a su vez, en la acción común de clérigos y juglares ante la Reconquista. Ahora bien, esa herencia es considerablemente reformada por los juglares de la Baja Edad Media. Éstos, estudiando las reacciones del auditorio, van adaptando el género narrativo a los gustos del momento. De este modo, público y juglar se convierten en verdaderos coautores del Romancero, que vive en continuo proceso de remodelación. Público y juglar van haciendo desaparecer los pasajes grandilocuentes y heroicos de la epopeya en favor de los episódicos y sentimentales. En este mismo tono, y teniendo buen cuidado de no herir a la nobleza cortesana, recogen los juglares los acontecimientos contemporáneos, dando lugar al Romancero noticiero y fronterizo.

La imprenta, que nace a mediados del siglo XV, significa la iniciación en España de una cultura basada en textos escritos, la cual no consigue generalizarse hasta nuestros días. Los impresores fueron desde el principio muy sensibles a la gran demanda popular de romances. Durante el siglo XVI se hicieron masivas y baratas reproducciones de romances, que se denominaron de pliegos de cordel o de caña, porque así se presentaban a la venta en los portales y tiendas. Con ello, el oficio del juglar medieval perdió sus características de exclusividad profesional y se generalizó. Ciegos, venteros, representantes teatrales, cómicos, dramaturgos, religiosos.... en suma, todos los que de algún modo tenían que atraer y mantener la atención del público, encontraron en el romance conocido o en el que acababan de componer un medio muy adecuado. En la Corte renacentista de los Reyes Católicos aparece la figura del poeta culto -el trovador- interesado por las formas expresivas populares. No es la primera vez que esto ocurre. Recordemos que las jarchas, allá en el siglo VIII, fueron recogidas por poetas árabes cultos, y lo mismo ocurrió con las cantigas gallego-portuguesas en los siglos XI y XIl y con las castellanas en el xv. Del mismo modo son recuperados los antiguos cantares épicos y fijados por escrito en poemas más o menos cultos y en crónicas. El trovador, igualmente, interviene en la reelaboración de los temas épicos del Romancero y utiliza el romance para expresar sus intereses artísticos, corte- ,sanos o humanísticos. Con él se da origen al Romancero novelesco y sentimental y a otros como el mitológico y el bíblico o religioso.

4.-Teoría tradicionalista y teoría individualista del nacimiento de los romances.

Sobre el origen de los romances hay dos teorías:

a)Teoría tradicionalista: Los romances proceden de los cantares de gesta. Los juglares repetirían las partes favoritas del público aislándolas del Cantar; el verso romance procede de la división por dos del verso épico.

b)Teoría individualista: Los romances son compuestos por autores anónimos, como cualquier otra obra poética. A favor de esta tesis está el que los romances más antiguos no son de temática épica (por tanto, no pueden proceder de Cantares de Gesta).

Los romances eran en un principio cantares de gesta, que se dividían en sus dos hemistiquios y se cantaban como versos independientes (en los versos largos del cantar), pero según la otra, la tesis individualista, los romances no aparecieron a partir de los cantares de gesta, sino que fueron creados como un género independiente desde el primer momento. Estas dos teorías son válidas puesto que algunos romances tratan temas épicos, así que seguramente provienen de cantares de gesta, pero los que tratan temas líricos o novelescos no pueden provenir de cantares de gesta ya que en estos se trataba el género épico.

5.-Métrica del romance

El Romancero es el conjunto de composiciones literarias que tratan temas de actualidad social o personal, mezclando lo narrativo con lo sentimental. Utilizan para ello unos recursos lingüísticos y métricos sencillos acuñados por la tradición.

Forma estrófica: La organización métrica del romance en series de versos octosilábicos deriva de una sencilla reducción fonética de las formas narrativas anteriores. Cualquier experimento sobre la cantidad de sílabas que componen la melodía sonora de un discurso poco elaborado muestra la existencia de un promedio de ocho sílabas en cada unidad melódica, es decir, entre cada pausa necesaria para respirar. Son bloques fonéticos peculiares de la densidad sonora del castellano que vienen a determinar incluso su organización morfosintáctica y semántica. Los zéjeles, las cantigas, los villancicos, las dos formas narrativas ya citadas, toda la creación poética popular anterior al Romancero tiene una base melódica aproximada de, ocho notas o sílabas rítmicas. Es normal, pues, que el romance, creación en un principio sin otras pretensiones que la utilidad, reproduzca esta base rítmica ya elaborada. Los versos extensos, 14-16 sílabas del Mester de Clerecía y Juglaría, quedaron reescritos, aislando sus dos mitades y eligiendo la medida de ocho sílabas como la más frecuente.

Función mnemotécnica :La rima asonante -y a veces consonante- en los versos pares de la serie indefinida de¡ romance es herencia también de los «mesteres» y apenas tiene función artística. Como en ellos, y como en toda la poesía narrativa popular, su valor reside en ser un recurso mnemotécnico, es decir, facilitar la memorización a través de las reiteraciones fonéticas finales y de otros elementos morfosintácticos internos. Esta potenciación de las posibilidades retentivas de- la memoria es de máxima necesidad y eficacia en una situación de analfabetismo como la existente hasta épocas recientes.

Es un conjunto de romances: poemas épicos, líricos o épico-líricos con un número indeterminado de versos octosílabos con rima asonante en los pares: -a-a-a-a... Se trata de una poesía de tipo tradicional, acogida por el pueblo y transmitida de padres a hijos durante muchas generaciones

6.- Características del romance:

6.1.-Arcaísmo.

Palabra, giro o dicción que, empleados en un período de una lengua, se usan en tiempo Posterior, a pesar de su prescripción. Semejantes a organismos animados, las lenguas viven y pasan por una serie de evoluciones, que, a través del caudal de su contenido, presentan fases de vida, que se alimentan de las antiguas palabras con forma nueva, la que reclama el gusto de la época, y de voces tomadas de otros idiomas. Estas constituyen los neologismos. Las antiguas palabras o formas resucitadas son los arcaísmos. Condición precisa para merecer este nombre es que en el tiempo de verso usados por un escritor estén la palabra ó giro proscritos del uso. El refugio último de las voces es el habla del vulgo, eminentemente conservador, así como es el elemento erudito el introductor de los neologismos. Un escritor emplea el arcaísmo por ignorancia o por gusto deliberado. En este caso, pueden llegar á ser los arcaísmos gala de la locución, como se ve en Horacio y en Virgilio.

6.2.- El estilo directo

El narrador explica el romance como si le hubiera pasado a el.

EL DESAFIO

CON LOS INFANTES DE CARRIÓN

Yo me estando en Valencia,

en Valencia la mayor',

buen rey, vi yo vuestra seña

y vuestro honrado pendón.

Saliera yo a recibirle

como vasallo a señor.

Enviástesme una carta

con un vuestro embajador:

que yo diese las mis hijas

a los condes de Carrión.

No quería Jimena Gómez,

la madre que las parió [...].

6.3.- El hipérbaton.

Es la alteración del orden habitual de los elementos de una frase.

EL PLANTO ROMANCEADO

DE GONZALO GUSTIOZ

Pártese el moro Alicante

víspera de sant Cebriane;

ocho cabezas llevaba,

todas de hombres de alta sangre;

sábelo el rey Almanzor,

a recibírselo sale:

aunque perdió muchos moros,

piensa en esto bien ganar.

Manda hacer un tablado

para mejor las mirar:

mandó traer un cristiano

que estaba en cautividad.

Como ante sí lo trajeron

empezóle de hablar;[...].

6.4.- La -e paragógica.

A algunas palabras se le añaden al final una e, pero eso no cambia nada el significado de la misma.

Por ejemplo Feliz-Felize

6.5.- El estilo formulístico.

En algunos romances, para empezar se dirige a alguien con una frase para dirigirse a esta persona directamente.

MUERTE DEL ADELANTADO

DE ANDALUCÍA,

DON DIEGO GONZÁLEZ DE RIBERA,

EN MAYO DE 1434,

A LAS PUERTAS DE ALORA

Alora, la bien cercada,

tú que estás en par del río,

cercóte el Adelantado

una mañana en domingo,

de peones y hombres de armas

el campo bien guarnecido;

con la gran artillería

hecho te había un portillo. [...]

6.6.-Paralelismos y repeticiones.

Es la repetición de estructuras gramaticales y de significados o de características con alguna variación. Sirve para conseguir una mayor intensidad emocional y rítmica. También se utilizan con mucha frecuencia las formas deícticas, apostróficas y exclamativas para conseguir mayor emotividad y recabar la atención del oyente.

EL JUICIO DE PARIS

[...]

en las tierras del soldán

y las del gran can Suría;

mil y quinientos molinos

que dél muelen noche y día,

quinientos muelen canela

y quinientos perla fina,

y quinientos muelen trigo

para sustentar la vida.

Todos eran del gran rey

que a los reyes precedía,

padre del buen caballero,

orden de caballería,

del esforzado don Héctor

que a los griegos destruía.

[...]

6.7.- Indicios in media res

El romance empieza por el nudo y no como se hace normalmente, por la introducción.

GERINELDO

Y LA INFANTA

Levantóse Gerineldo,

que al rey dejara dormido;

fuese para la infanta

donde estaba en el castillo.

-Abráisme --dijo-, señora;

abráisme, cuerpo garrido.

-¿Quién sois vos, el caballero

que llamáis a mi postigo?

-Gerineldo soy, señora;

vuestro tan querido amigo. [...]

6.8.- Fragmentarismo

El romance se centra en un momento determinado de la acción. Los antecedentes no aparecen porque son conocidos o no interesan, y se entra directamente en el asunto. Además, con mucha frecuencia, la narración se rompe bruscamente sin que se conozca el desarrollo final.

REBELDÍA DE BERNARDO

DEL CARPIO

Las cartas y mensajeros

del rey a Bernardo van:

que vaya luego a las cortes

para con él negociar.

No quiso ir allá Bernaldo,

que mal recelado se ha;

las cartas echó en el fuego,

los suyos manda juntar;

desque los tuvo juntados,

comenzóles de hablar: [...]

7.-Clasificación de los romances.

De tema épico nacional. Proceden de los cantares de gesta: Ciclo de los Siete Infantes de Lara; ciclo Cidiano...

(ciclo de los Siete Infantes de Lara)

EL PLANTO ROMANCEADO

DE GONZALO GUSTIOZ

Pártese el moro Alicante

víspera de sant Cebriane;

ocho cabezas llevaba,

todas de hombres de alta sangre;

sábelo el rey Almanzor,

a recibírselo sale:

aunque perdió muchos moros,

piensa en esto bien ganar.

Manda hacer un tablado

para mejor las mirar:

mandó traer un cristiano

que estaba en cautividad.

Como ante sí lo trajeron

empezóle de hablar;[...].

Romances fronterizos. Narraban sucesos ocurridos en la frontera entre cristianos y moros. Eran contemporáneos y, a veces, cumplían una función informativa. Destaca el romance de "Alora, la bien cercada".

MUERTE DEL ADELANTADO

DE ANDALUCÍA,

DON DIEGO GONZÁLEZ DE RIBERA,

EN MAYO DE 1434,

A LAS PUERTAS DE ALORA

Alora, la bien cercada,

tú que estás en par del río,

cercóte el Adelantado

una mañana en domingo,

de peones y hombres de armas

el campo bien guarnecido;

con la gran artillería

hecho te había un portillo. [...]

Romances novelescos y líricos. Son de temática inventada; se funde lo novelesco (lo inventado) y lo lírico. El truncamiento toma especial relevancia. Destacan el romance del prisionero y el del Infante Arnaldos.

EL PRISIONERO

(Primera versión)

Que por mayo era, por mayo,

cuando los grandes calores,

cuando los enamorados

van servir a sus amores,

sino yo, triste mezquino,

que yago en estas prisiones,

que ni sé cuándo es de día,

ni menos cuándo es de noche,

sino por una avecilla

que me cantaba al albor;

matómela un ballestero;

¡déle Dios mal galardón!

8.- Comentario de texto

argumento:

Esta obra contiene un conjunto de romances agrupados según su temática en cuatro capítulos distintos. Estos capítulos no ofrecen una relación argumental propia entre ellos puesto que su demarcación responde a su temática.

Su relación es fundamentalmente formal porque todos presentan la misma estructura aunque sus temas también tienen relación y según ésta aparecen en uno u otro capítulo como hemos señalado.

Los romances seleccionados forman parte de todo un grupo de temas que suponían las principales preocupaciones de la sociedad caballeresca de la edad media. Su disposición cronológica está ordenada en el tiempo pero debemos hacer constar la dificultad de datar el principio y el fin de esta colección al tratarse de una literatura de transmisión oral.

Tanto el principio como el desenlace de los romances es bastante previsible puesto que normalmente nos resulta que para los mismos problemas se ofrecen las mismas soluciones, pero aún así nos es muy difícil comprender la línea argumental al tratarse de temas que no conseguimos captar con la precisión debida.

En los romances predomina la acción, porque están dirigidos al entretenimiento del público que los oye, y en ellos suelen aparecer un cierto aire dramático sobre todo en las soluciones ofrecidas a los problemas.

personajes:

Debido a la escritura del libro que debemos de analizar no podemos realizar una valoración de los personajes que aparecen en todo el Romancero. Cada romance cuenta con uno o varios personajes principales mientras que la aparición de personajes secundarios es bastante limitada debido a su brevedad. Casi todos los romances están dedicados a uno dos personajes que serían personas consideradas como un ejemplo de la sociedad medieval. Es decir los personajes en su mayoría no responden a un nombre determinado sino que en su piel podríamos colocar varias personas que estuvieran en su misma situación.

En la primera parte (Romance novelescos y de aventura) Cada romance está dedicado a un personaje principal el cual está definido y descrito mucho más por sus sentimientos que por su aspecto físico. En esta primera parte destacan la figura del prisionero, el enamorado y la muerte y toda una serie de personajes femeninos que de una u otra forma aparecen relacionadas con el tema del amor (infidelidad, amor no correspondido, desesperación, soledad…….) También destaca en esta primera parte la existencia de personajes en su mayoría nobles (Conde Arnaldos, la infantina, la gentil dama, Don Manuel de León…) Son personajes cortados por el mismo talante y que presentan las mismas características esenciales.

En la segunda parte, que corresponde a los romances épicos y literarios. Aparecen personajes con un valor fundamentalmente histórico y de nueva mente es la figura del noble y el caballero la que cuenta toda la extensión del romancero en este episodio. Estos personajes están muy influidos por las "normas" existentes en la sociedad medieval( honor, amor, lealtad, destino….)

En esta tercera parte (Romances históricos) Destaca la figura del cristiano frente al moro en cuanto a un problema fronterizo y religioso. La figura del moro aunque negativa por pecadora también presenta en la narración destacadas virtudes que son alabadas en esta parte del Romancero. Tras los romances históricos, fronterizos llegamos a los noticieros donde parece el personaje del rey la de la reina y la persona que tenía que darle hijos al mismo. Después aparecen los romances de la antigüedad clásica que caracterizan a emperadores romanos, o figuras que para nosotros son mucho más cercanas en su conocimiento.

Por último en los romances de tradición de la tradición moderna, destacamos dos personajes fundamentales, uno que es la mujer que disfrazada de hombre aprende una actitud típica de un valiente varón y por otro lado el de una mujer de similares características en la que afloran los sentimientos cuando el marido vuelve de la guerra tras mucho tiempo sin haberse visto. Finalmente destacamos que en el último romance aparecen personajes de la naturaleza que no abundan en la totalidad de Romancero.

tema y ambiente:

El primer capítulo son los romances novelescos y de aventuras: cuestiones de amor y honor.

El segundo capítulo son los romances épicos y literarios: de señores feudales y caballeros que andan luchando y defendiendo las fronteras.

El tercer capítulo son los romances históricos: trasmiten noticias hechos importantes hechos en las fronteras.

El cuarto y último romances de tradición oral o moderna: tratan sobre temas más contemporáneos a su aparición y que son de un carácter menos trascendente.

El lugar y la época de los romances es de difícil datación por su manera de transmisión, pero sin duda responden a hechos reales que se convierten el leyendas para el deleite del público.

Presentan una serie de datos y costumbres que nos sirven para conocer algunos aspectos de la vida en la edad media. Están escritos en un tono optimista en su mayoría i cada uno responde a un tipo distinto dependiendo de la temática que plantea.

técnica y lenguaje:

Los romances son cantados por un juglar que esta fuera de aquello que relata, pero que lo conoce todo lo que sucede en ellos. Normalmente están escritos en tercera persona, no suelen estar divididos en partes y su desarrollo suele ser bastante rápido, utilizando un tipo de relato lineal.

En los romances predomina la narración aunque también cuenta con partes descriptivas o dialogadas. El narrador seguramente manifestaría sus opiniones acerca de lo contado pero estas no aparecen reflejadas en aquello que se conserva por escrito.

Dependiendo del tema que se trate en el romance contaremos con un tipo de lenguaje distinto aunque en su mayoría el estilo es culto pero comprensible y su carácter simbólico es muy importante puesto que en ocasiones servían de ejemplo para el modo de actuar de la época.

conclusión y crítica personal:

El libro está escrito en un lenguaje antiguo y difícil de entender, si a esto añadimos la escritura en verso y una temática repetitiva en torno a cuatro temas, resulta en mi opinión difícil su lectura.

Me ha supuesto una lectura de una literatura nueva diferente a la novela, que me ha dado a conocer personajes y ambientes sociales de la época en que se escribió.

El libro es bueno y puede resultar interesante por su contenido histórico, pero a mí personalmente no me ha gustado porque este tipo de lectura no está dentro de mis intereses, pues prefiero temas actuales, de intriga, aventura...

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