Literatura


Romancero castellano


Tema 1. El romancero

  • El romancero viejo.

  • Llamamos Romancero viejo al inmenso conjunto de romances que se cantaban por los juglares y por el pueblo desde mediados o fines del siglo XIV, y a lo largo de todo el siglo XV. Es una poesía de tradición oral y de carácter narrativo, regida por las dos fuerzas que rigen la poesía popular: la conservación y la renovación.

  • La conservación permite que un texto perdure en la memoria colectiva durante años (y aun siglos), pasando de boca en boca sin cambios fundamentales.

  • Al mismo tiempo, existe también un deseo de renovar y mejorar lo que se posee, y esto da lugar a las variaciones que van remodelando los textos y cambiándolos poco o mucho. Los llamamos “versiones del mismo romance”.

  • Conservación de los romances. La atención que, a partir del siglo XV, merece a los humanistas renacentistas la poesía popular ha hecho que se conserven numerosos romances. Éstos nos han llegado por varios caminos:

  • cancioneros manuscritos, como el famoso Cancionero musical de Palacio (finales del s. XV), que conserva las canciones de la corte de los Reyes Católicos; contiene 38 romances.

  • antologías impresas, como el Cancionero general recopilado por Hernando del Castillo y publicado en 1511; entre sus muchos poemas, hay 48 romances.

  • romanceros, es decir, volúmenes formados exclusivamente por romances, como el famosísimo Cancionero de romances, publicado por el tipógrafo Martín Nucio, en Amberes, hacia 1547 que contiene 150 romances; fueron también muchos los romanceros que se publicaron después: El cancionero de 1550 (editado por el mismo Martín Nucio); la Silva de Zaragoza (1551). Según Di Stefano, “La difusión impresa del romancero antiguo en el siglo XVI” está constituida por 54 cancioneros y romanceros con un total de 104 ediciones. Sin embargo, El Romancero nuevo desplaza al viejo en el gusto del público e invade libros y pliegos. El gran auge del Romancero viejo, en lo que se refiere a su publicación masiva, termina hacia 1580.

  • pliegos sueltos; eran cuadernillos de ocho, dieciséis y hasta treinta y dos  hojas, que se vendían por ferias y ciudades, a muy bajo precio; por su fragilidad, se han perdido en su mayor parte: hoy se conservan sólo unos doscientos cincuenta del siglo XVI, en diversas bibliotecas del mundo, que los guardan como objetos preciadísimos.

  • la tradición oral moderna; en efecto, el pueblo continuaba hasta hace poco aún cantando romances; se han recogido en la península, en Canarias, en Hispanoamérica, entre los judíos sefardíes repartidos a lo largo del Mediterráneo y entre los hispanos en Estados Unidos.

  • Origen de los romances. Los romances fueron originariamente fragmentos de un cantar de gesta que el público hacía repetir al juglar, porque le gustaban especialmente, y que luego eran cantados como poemillas autónomos. Los versos del cantar que se fijaron en 16 sílabas rimando todos con una sola rima, se dividieron en versos de 8 sílabas y, por tanto, con rima en los pares quedando sueltos los impares.

  • Más tarde, esos fragmentos constituyeron un género aparte y los poetas compusieron centenares de romances inventados como tales, es decir, ya no desgajados de un cantar de gesta.

  • Los temas se ampliaron e hicieron su entrada en el género, junto con los temas de las gestas antiguas (es decir, de los siglos XII, XIII y XIV) otros temas: hechos actuales de la Reconquista, asuntos novelescos, peripecias de los personajes épicos franceses y hasta asuntos puramente líricos, bíblicos, religiosos, etc.

  • Tal es la tesis tradicionalista, sustentada por Ramón Menéndez Pidal y su escuela; según dicha tesis, habría continuidad entre los cantares y los romances; de aquéllos se habría pasado a éstos, como eslabones de una misma cadena.

  • Frente a la tesis tradicionalista se ha alzado la tesis individualista. Sostiene que los romances fueron creados desde un principio como género independiente de los cantares de gesta. Parece que los romances a los que cabe atribuir fecha más antigua son líricos o novelescos, no épicos. El género surgió por un acto de invención de algún poeta, que obtuvo un éxito fulminante.

  • Definición de romance: serie indefinida de versos octosílabos que riman en asonante los pares. Si los versos son de seis sílabas, recibe el nombre de romancillo.

  • Función del romance:

  • El entretenimiento. La primera y más importante función del romance es narrar una historia interesante de una manera atractiva y fácilmente comprensiva para la comunidad. Para que esta historia sea apreciada tiene que ser verosímil y estar basada en la realidad; también tiene que tratar temas del dominio público (incesto, adulterio, venganza, etc) o tratar de personajes o hechos conocidos (el Cid, las guerras de frontera, la muerte del hijo del rey, etc. Pero el juglar también inventa y mucho desde personajes a hechos. El juglar, poeta al fin, reelabora sobre la base de la historia, mezcla ficción y realidad, falsea, quita, añade…

  • La función principal de los romances es el entretenimiento pero sirven también para acompañar las tareas del campo o del trabajo en grupo, en las romerías, en las peticiones de aguinaldo, en fiestas religiosas, como distracción durante las faenas domésticas, para entretener a los niños e incluso para arrullarlos.

  • Clases de romances:

  • Históricos o noticieros: se refieren a hechos contemporáneos, generalmente tratan de sucesos correspondientes al siglo XV, aunque los hay anteriores. Una variedad de éstos son los fronterizos, que abordan historias de la frontera entre los reinos musulmanes y cristianos.

  • Épicos: desarrollan temas propios de las canciones de gesta. Sus protagonistas pueden ser el Cid, los infantes de Lara, Fernán González… Una variedad son los carolingios que tienen como eje los personajes del ciclo de Carlomagno y Roldán.

  • Líricos o novelescos: suelen contar historias de amor, y en ellos tienen las mujeres un protago-nismo fundamental. Recogen historias de leyendas medievales francesas y tienen gran calidad literaria.

  • Características del estilo de los romances:

  • Esencialidad e intensidad: se elimina todo lo secundario o superfluo para obtener la máxima expresividad.

  • Naturalidad: lenguaje sencillo y claro, que busca la comunicación con los oyentes.

  • Dramatismo: en muchos se utiliza el diálogo, que se mezcla con la narración,  lo que les da gran viveza.

  • Intemporalidad: el uso de los tiempos verbales (especialmente el uso del pretérito imperfecto, los hace propios de cualquier tiempo histórico, y le añade una nota de irrealidad.

  • Lenguaje de los romances:

  • Locuciones arcaicas que provienen de la tradición épica.

  • Lenguaje formular (propio de la composición oral):

  • Allí hablo Don Rodrigo, bien oiréis lo que dirá”.

  • Manténgate Dios, Maestre, Maestre, bien seáis llegado.

  • Sálveos, doña Isabel, /caballeros, bien vengades

  • Recurso de la repetición sintáctica ( “Si lo haces como bueno/serás de ellas muy honrado,/si lo haces como malo/serás de ellas ultrajado”) y semántica. En este caso puede referirse a simples palabras (”Abenámar, Abenámar…”; “Mercedes, el rey, mercedes“. Repeticiones no textuales son aquellas en que se utilizan palabras semejantes, palabras de conceptos análogos que expresan una misma idea, como “llorando y gimiendo”; “miedo y pavoría”; “niño y muchacho”.

  • Paralelismos en sus dos fórmulas principales: variado por sinonimia o variado por inversión:

  • ¿De qué vos reís, señora?/¿de qué vos reís, mi vida?

  • ¿Qué hacéis, Virgilios? / ¿Virgilios, aquí que hacéis?

  • Uso de la antítesis o contraposición:

  • Todos se visten de verde/el obispo de azul y blanco.

  • Vega abajo, vega arriba

  • Como menguaba y crecía

  • La enumeración. Hay pocos romances que no la utilicen en sus varias modalidades:

  • Tres hijuelos había el rey…/el uno se tornó ciervo,/el otro, se tornó can,/el otro se tornó moro,/ pasó las aguas del mar.

  • ¿Qué castillos son aquéllos?/ ¡Altos son y relucían!/El Alhambra era, señor,/y la otra la Mezquita/ los otros los Alixares, /labrados a maravilla… /El otro es Generalife, /huerta que par no tenía/ el otro Torres Bermejas,/ castillo de gran valía.

  • Sobriedad e impersonalidad de tono que se manifiesta en el uso parco de los adjetivos y en la preferencia por la acción frente a la descripción.

  • La mayor parte de los romances empiezan “in media res” sin alusión a sus antecedentes o entorno, y muchos de ellos concluyen antes de que la acción haya sido llevada al término. Esto es lo que se ha llamado “saber callar a tiempo” propio de finales repentinos (o truncados).

  • Mezcla de partes narrativas con partes dialogadas lo que le da un intenso dramatismo y viveza.

  • Romance de las quejas de doña Lambra

    Yo me estaba en Barbadillo,
    en esa mi heredad;
    mal me quieren en Castilla
    los que me habían de aguardar;
    los hijos de doña Sancha
    mal amenazado me han,
    que me cortarían las faldas
    por vergonzoso lugar,
    y cebarían sus halcones
    dentro de mi palomar,
    y me forzarían mis damas,
    casadas y por casar;
    matáronme un cocinero
    so faldas del mi brial.
    Si desto no me vengáis,
    yo mora me iré a tornar.
    Allí habló don Rodrigo,
    bien oiredes lo que dirá:
    -Calledes, la mi señora,
    vos no digades a tal,
    de los Infantes de Salas
    yo vos pienso de vengar;
    telilla les tengo ordida
    bien ge la cuido tramar,
    que nascidos y por nascer,
    dello tengan que contar.

    Romance del llanto de Gonzalo Gustioz

    Pártese el moro Alicante  
    víspera de Sant Cebrián;
    ocho cabezas llevaba,  
    todas de hombres de alta sangre.
    Sábelo el rey Almanzor,  
    a recebírselo sale;
    aunque perdió muchos moros,  
    piensa en esto bien ganar.
    Manda hacer un tablado  
    para mejor las mirar,
    mandó traer un cristiano  
    que estaba en captividad.
    Como ante sí lo trujeron  
    empezóle de hablar,
    díjole: —Gonzalo Gustos,  
    mira quién conocerás;
    que lidiaron mis poderes  
    en el campo de Almenar:
    sacaron ocho cabezas,  
    todas son de gran linaje.
    Respondió Gonzalo Gustos: 
     —Presto os diré la verdad.
    Y limpiándoles la sangre,  
    asaz se fuera a turbar;
    dijo llorando agramente:  
    —¡Conóscolas por mi mal!
    la una es de mi carillo,  
    ¡las otras me duelen más!
    de los Infantes de Lara  
    son, mis hijos naturales.
    Así razona con ellos  
    como si vivos hablasen:
    —¡Dios os salve, el mi compadre,  
    el mi amigo leal!,
    ¿Adónde son los mis hijos  
    que yo os quise encomendar?
    Muerto sois como buen hombre,  
    como hombre de fiar.
    Tomara otra cabeza  
    del hijo mayor de edad:
    —Sálveos Dios, Diego González,  
    hombre de muy gran bondad,
    del conde Femán González  
    alférez el principal:
    a vos amaba yo mucho,  
    que me habíades de heredar.
    Alimpiándola con lágrimas  
    volviérala a su lugar,
    y toma la del segundo,  
    Martín Gómez que llamaban:
    —Dios os perdone, el mi hijo,  
    hijo que mucho preciaba;
    jugador era de tablas  
    el mejor de toda España,
    mesurado caballero,  
    muy buen hablador en plaza.
    Y dejándola llorando,  
    la del tercero tomaba:
    —Hijo Suero Gustos,  
    todo el mundo os estimaba;
    el rey os tuviera en mucho,  
    sólo para la su caza:
    gran caballero esforzado,  
    muy buen bracero a ventaja.
    ¡Ruy Gómez vuestro tío  
    estas bodas ordenara!
    Y tomando la del cuarto,  
    lasamente la miraba:
    —¡Oh hijo Fernán González, 
    (nombre del mejor de España,
    del buen conde de Castilla,  
    aquel que vos baptizara)
    matador de puerco espín,  
    amigo de gran compaña!
    nunca con gente de poco  
    os vieran en alianza.
    Tomó la de Ruy Gómez,
    - de corazón la abrazaba:
    —¡Hijo mío, hijo mío!  
    ¿quién como vos se hallara?
    nunca le oyeron mentira,  
    nunca por oro ni plata;
    animoso, buen guerrero,  
    muy gran feridor de espada,
    que a quien dábades de lleno  
    tullido o muerto quedaba.
    Tomando la del menor  
    el dolor se le doblara:
    —¡Hijo Gonzalo González!  
    ¡Los ojos de doña Sancha!
    ¡Qué nuevas irán a ella  
    que a vos más que a todos ama!
    Tan apuesto de persona,  
    decidor bueno entre damas,
    repartidor en su haber,  
    aventajado en la lanza.
    ¡Mejor fuera la mi muerte  
    que ver tan triste jornada!
    Al duelo que el viejo hace,  
    toda Córdoba lloraba.
    El rey Almanzor cuidoso  
    consigo se lo llevaba,
    y mandó a una morica  
    lo sirviese muy de gana.
    Esta le torna en prisiones,  
    y con hambre le curaba;
    Hermana era del rey,  
    doncella moza y lozana;
    con ésta Gonzalo Gustos  
    vino a perder su saña,
    que de ella le nació un hijo  
    que a los hermanos vengara.

    Romance de la traición de Bellido Dolfos

    Rey Don Sancho, Rey Don Sancho,
    no digas que no te aviso,
    que del cerco de Zamora
    un traidor había salido;
    Bellido D'Olfos se llama,
    hijo de D'Olfos Bellido,
    a quien él mismo matara
    y después echó en el río.

    Si te engaña, Rey Don Sancho,
    no digas que no lo digo.

    Oídolo ha el traidor,
    gran enojo ha recibido;
    fuese donde estaba el Rey,
    de aquesta suerte le ha dicho:
    - Bien conoscedes, señor,
    el mal querer y homecillo
    qu'el malo de Arias Gonzalo
    y sus hijos han conmigo;
    en fin, has tu real
    agora me ha perseguido:
    esto porque le rieptaba
    que estorbaban su partido
    que otorgase Doña Urraca
    a Zamora en tu servicio.

    Agora que han bien mirado
    como está bien entendido
    que tú prendas a Zamora
    por el postigo salido,
    trabajan buscar tu daño
    dañando el crédito mío.

    Si me quieres por vasallo
    serviréte sin partido. -
    El buen Rey, siendo contento,
    díjole: - Muéstrame, amigo,
    por donde tome a Zamora,
    qu'en ella serás tenido
    mucho más que Arias Gonzalo,
    que la manda con desvío. -
    Besóle el traidor la mano
    y en gran poridad le dijo:
    - Vámonos tú y yo, Señor,
    solos, por no hacer bullicio,
    verás lo que me demandas,
    y ordenarás tu partido
    donde se faga una cava,
    y lo que manda mi aviso,
    después con ciento de a pie
    matar los guardias me obligo,
    y se entrarán tus banderas
    guardándoles el postigo. -

    Otro día de mañana
    cabalgan Sancho y Bellido,
    el buen Rey en su caballo
    y Bellido en su rocino:
    juntos van a ver la cerca,
    solos a ver el postigo.
    Desque el Rey lo ha rodeado
    saliérase cabe el río,
    do se hubo de apear
    por necesidad que ha habido.
    Encomendóle un venablo
    a ese malo de Bellido:
    dorado era y pequeño,
    qu'el Rey lo traía consigo;
    arrojóselo el traidor,
    malamente lo ha ferido;
    pasóle por las espaldas,
    con la tierra lo ha cosido:
    vuelve riendas al caballo
    a más correr el postigo.

    La causa de la corrida
    le pregunta Don Rodrigo
    el cual dicen a Vivar;
    el malo no ha respondido.
    El Cid apriesa cabalga,
    sin espuelas le ha seguido:
    nunca le pudo alcanzar,
    que en la ciudad se ha metido.
    Que le metan en prisión
    Doña Urraca ha proveído,
    guardándole Arias Gonzalo
    para cuando sea pedido.

    Tornose el Cid con coraje,
    como no prendió a Bellido,
    maldiciendo al caballero
    que sin espuelas ha ido.

    No sospecha tal desastre,
    cuida ser otro delito
    que si lo que era creyera
    bien defendiera el postigo
    hasta vengar bien la muerte
    del rey Don Sancho el querido.

    Romance de la jura de Santa Gadea

    En Santa Águeda de Burgos,   
    do juran los hijosdalgo,   
    le tomaban jura a Alfonso   
    por la muerte de su hermano.   
    Tomábasela el buen Cid,    
    ese buen Cid castellano,   
    sobre un cerrojo de fierro   
    y una ballesta de palo,   
    y con unos evangelios   
    y un crucifijo en la mano.    
    Las palabras son tan fuertes,   
    que al buen rey ponen espanto:   
    -Villanos te maten, Alfonso,   
    villanos, que no hidalgos,   
    de las Asturias de Oviedo,    
    que no sean castellanos;   
    mátente con aguijadas,   
    no con lanzas ni con dardos;   
    con cuchillos cachicuernos,   
    no con puñales dorados;    
    abarcas traigan calzadas,   
    que no zapatos con lazo;   
    capas traigan aguaderas,   
    no de contray ni frisado;   
    con camisones de estopa,    
    no de holanda, ni labrados;   
    cabalguen en sendas burras,   
    que no en mulas ni en caballos;   
    frenos traigan de cordel,   
    que no cueros fogueados.    
    Mátente por las aradas,   
    que no en villas ni en poblado;   
    sáquente el corazón   
    por el siniestro costado,   
    si no dices la verdad    
    de lo que eres preguntado,   
    sobre si fuiste o no   
    en la muerte de tu hermano.   
    Las juras eran tan fuertes   
    que el rey no las ha otorgado.    
    Allí habló un caballero   
    que del rey es más privado:   
    -Haced la jura, buen rey,   
    no tengáis de eso cuidado,   
    que nunca fue rey traidor,    
    ni papa descomulgado.   
    Jurado había el buen rey   
    que en tal nunca fue hallado;   
    pero también dijo presto,   
    malamente y enojado:    
    -¡Muy mal me conjuras, Cid!   
    ¡Cid, muy mal me has conjurado!   
    Porque hoy le tomas la jura,   
    a quien has de besar la mano.   
    Vete de mis tierras, Cid,    
    mal caballero probado,   
    y no vengas más a ellas   
    dende este día en un año.   
    -Pláceme, dijo el buen Cid,   
    pláceme, dijo, de grado,    
    por ser la primera cosa   
    que mandas en tu reinado.   
    Por un año me destierras,   
    yo me destierro por cuatro.   
    Ya se partía el buen Cid,    
    a su destierro de grado   
    con trescientos caballeros,   
    todos eran hijosdalgo;   
    todos son hombres mancebos,   
    ninguno no había cano;    
    todos llevan lanza en puño   
    con el fierro acicalado,   
    y llevan sendas adargas   
    con borlas de colorado.   
    Mas no le faltó al buen Cid    
    adonde asentar su campo.   

    Romance de Diego Laínez y Rodrigo ante el rey

    Cabalga Diego Laínez
    al buen rey besar la mano,
    consigo se los llevaba
    los trescientos hijosdalgo;
    entre ellos iba Rodrigo,
    el soberbio castellano.
    Todos cabalgan a mula,
    sólo Rodrigo a caballo;
    todos visten oro y seda,
    Rodrigo va bien armado;
    todos guantes olorosos,
    Rodrigo guante mallado;
    todos con sendas varicas,
    Rodrigo estoque dorado;
    todos sombreros muy ricos,
    Rodrigo casco afinado,
    y encima del casco lleva
    un bonete colorado.
    Andando por su camino,
    unos con otros hablando,
    allegados son a Burgos,
    con el rey han encontrado.
       Los que vienen con el rey
    entre sí van razonando;
    unos lo dicen de quedo,
    otros lo van publicando:
    —Aquí viene entre esta gente
    quien mató al conde Lozano.
    Como lo oyera Rodrigo,
    en hito los ha mirado:
    —Si hay alguno entre vosotros,
    su pariente o adeudado,
    que le pese de su muerte,
    salga luego a demandallo;
    yo se lo defenderé,
    quiera a pie, quiera a caballo.
    Todos dicen para sí:
    “Que te lo demande el diablo”.
       Se apean los de Vivar
    para al rey besar la mano;
    Rodrigo se quedó solo
    encima de su caballo.
    Entonces habló su padre,
    bien oiréis lo que le ha hablado:
    —Apeaos vos, mi hijo,
    besaréis al rey la mano,
    porque él es vuestro señor,
    vos, hijo, sois su vasallo.
    —Si otro me dijera eso,
    ya me lo hubiera pagado,
    mas por mandarlo vos, padre,
    lo haré, aunque no de buen grado.
       Ya se apeaba Rodrigo
    para al rey besar la mano;
    al hincar de la rodilla
    el estoque se ha arrancado.
    Espantóse de esto el rey
    y dijo como turbado:
    —¡Quítate, Rodrigo, allá,
    quita, quítate allá, diablo,
    que el gesto tienes de hombre
    los hechos de león bravo!
    Como Rodrigo esto oyó,
    apriesa pide el caballo;
    con una voz alterada,
    contra el rey así ha hablado:
    —Por besar mano de rey
    no me tengo por honrado;
    porque la besó mi padre
    me tengo por afrentado.
       En diciendo estas palabras,
    salido se ha del palacio;
    consigo se los tornaba
    los trescientos hijosdalgo.
    Si bien vinieron vestidos,
    volvieron mejor armados,
    y si vinieron en mulas,
    todos vuelven a caballo. 

    Romance del rey Rodrigo y la pérdida de España

    Los vientos eran contrarios,  
     la luna estaba crecida,   
     los peces daban gemidos   
     por el mal tiempo que hacía,   
     cuando el buen rey don Rodrigo    
     junto a la Cava dormía,   
     dentro de una rica tienda   
     de oro bien guarnecida.   
     Trescientas cuerdas de plata   
     que la tienda sostenían;    
     dentro había cien doncellas   
     vestidas a maravilla:   
     las cincuenta están tañendo   
     con muy extraña armonía.   
     las cincuenta están cantando  
     con muy dulce melodía.   
     Allí habló una doncella   
     que Fortuna se decía:   
     -Si duermes, rey don Rodrigo,   
     despierta por cortesía.  
     y verás tus malos hados,   
     tu peor postrimería,   
     y verás tus gentes muertas,   
     y tu batalla rompida,   
     y tus villas y ciudades  
     destruidas en un día,   
     tus castillos fortalezas   
     otro señor los regía.   
     Si me pides quién lo ha hecho,   
     yo muy bien te lo diría:  
     ese conde don Julián   
     por amores de su hija,   
     porque se la deshonraste   
     y más de ella no tenía   
     juramento viene echando  
     que te ha de costar la vida.   
     Despertó muy congojado   
     con aquella voz que oía;   
     con cara triste y penosa   
     de esta suerte respondía:  
     -Mercedes a ti, Fortuna,   
     de esta tu mensajería.   
     Estando en esto ha llegado   
     uno que nueva traía   
     cómo el conde don Julián 
     las tierras le destruía. 

    Romance del sueño de doña Alda

    En París está doña Alda,   
     la esposa de don Roldán.   
     trescientas damas con ella   
     para la acompañar:   
     todas visten un vestido, 
     todas calzan un calzar,   
     todas comen a una mesa,   
     todas comían de un pan,   
     si no era sola doña Alda   
     que era la mayoral;  
     las ciento hilaban oro,   
     las ciento tejen cendal,   
     las ciento instrumentos tañen   
     para doña Alda holgar.   
     Al son de los instrumentos  
     doña Alda adormido se ha,   
     ensoñado había un sueño,   
     un sueño de gran pesar.   
     Recordó despavorida   
     y con un pavor muy grande,  
     los gritos daba tan grandes   
     que se oían en la ciudad.   
     Allí hablaron sus doncellas,   
     bien oiréis lo que dirán:   
     -¿Qué es aquesto, mi señora?  
     ¿quién es el que os hizo mal?   
     -Un sueño soñé, doncellas,   
     que me ha dado gran pesar:   
     que me veía en un monte   
     en un desierto lugar;  
     bajo los montes muy altos   
     un azor vide volar;   
     tras dél viene una aguililla   
     que lo afincaba muy mal.   
     El azor, con grande cuita,   
     metióse so mi brial,   
     el aguililla, con grande ira,   
     de allí lo iba a sacar;   
     con las uñas lo despluma,   
     con el pico lo deshace.    
     Allí habló su camarera,   
     bien oiréis lo que dirá:   
     -Aquese sueño, señora,   
     bien os lo entiendo soltar:   
     el azor es vuestro esposo  
     que viene de allende el mar,   
     el águila sedes vos,   
     con la cual ha de casar,   
     y aquel monte es la iglesia   
     donde os han de velar.   
     -Si así es, mi camarera,   
     bien te lo entiendo pagar.   
     Otro día de mañana   
     cartas de fuera le traen;   
     tintas venían de dentro,   
     de fuera escritas con sangre,   
     que su Roldán era muerto   
     en la caza de Roncesvalles.   
     


     Romance de Melisenda insomne

    Todas las gentes dormían   
    en las que Dios tiene parte, 
    mas no duerme Melisenda   
    la hija del emperante; 
    que amores del conde Ayruelo   
    no la dejan reposar. 
    Salto diera de la cama   
    como la parió su madre, 
    vistiérase una alcandora   
    no hallando su brial; 
    vase para los palacios   
    donde sus damas están; 
    dando palmadas en ellas   
    las empezó de llamar: 
    -Si dormís, las mis doncellas,   
    si dormides, recordad; 
    las que sabedes de amores  
    consejo me queráis dar; 
    las que de amor non sabedes   
    tengádesme poridad: 
    amores del conde Ayruelo   
    no me dejan reposar.- 
    Allí hablara una vieja,   
    vieja es de antigua edad: 
    -Agora es tiempo, señora,   
    de los placeres tomar, 
    que si esperáis a vejez   
    no vos querrá un rapaz.- 
    Desque esto oyó Melisenda   
    no quiso más esperar 
    y vase a buscar al conde   
    a los palacios do está. 
    Topara con Hernandillo   
    un alguacil de su padre. 
    -¿Que es aquesto, Melisenda?   
    ¿Esto qué podía estar? 
    ¡0 vos tenéis mal de amores,   
    o os queréis loca tornar!- 
    -Que no tengo mal de amores,   
    ni tengo por quien penar; 
    mas cuando fue pequeña   
    tuve una enfermedad. 
    Prometí tener novenas   
    allá en San Juan de Letrán; 
    las dueñas iban de día,   
    doncellas agora van.- 
    Desque esto oyera Hernando   
    puso fin a su hablar; 
    la infanta mal enojada   
    queriendo d` él se vengar: 
    -Prestásesme-, dijo a Hernando,   
    -prestásesme tu puñal, 
    que miedo me tengo, miedo   
    de los perros de la calle.- 
    Tomó el puñal por la punta,   
    los cabos le fue a dar; 
    diérale tal puñalada   
    que en el suelo muerto cae. 
    Y vase para el palacio   
    a do el conde Ayruelo está; 
    las puertas halló cerradas,   
    no sabe por do entrar; 
    con arte de encantamento   
    las abrió de par en par. 
    Al estruendo el conde Ayruelo   
    empezara de llamar: 
    -Socorred, mis caballeros,   
    socorred sin más tardar; 
    creo son mis enemigos,   
    que me vienen a matar.- 
    La Melisenda discreta   
    le empezara de hablar: 
    -No te congojes, señor,   
    no quieras pavor tomar, 
    que yo soy una morica   
    venida de allende el mar.- 
    Desque esto oyera el conde   
    luego conocido la ha; 
    fuése el conde para ella,   
    las manos le fue a tomar, 
    y a la sombra de un laurel   
    de Venus es su jugar

    Romance de Montesinos

    Cata Francia, Montesinos,   
     cata París, la ciudad,   
     cata las aguas de Duero   
     do van a dar en la mar;   
     cata palacios del rey,  
     cata los de don Beltrán,   
     y aquella que ves más alta   
     y que está en mejor lugar,   
     es la casa de Tomillas,   
     mi enemigo mortal;  
     por su lengua difamada   
     me mandó el rey desterrar   
     y he pasado a causa de esto   
     mucha sed, calor y hambre,   
     trayendo los pies descalzos,  
     las uñas corriendo sangre.   
     A la triste madre tuya   
     por testigo puedo dar,   
     que te parió en una fuente,   
     sin tener en qué te echar;    
     yo, triste, quité mi sayo   
     para haber de cobijarte;   
     ella me dijo llorando   
     por te ver tan mal pasar:   
     -Tomes este niño, conde,    
     y lléveslo a cristianar,   
     llamédesle Montesinos,   
     Montesinos le llamad.   
     Montesinos, que lo oyera,   
     los ojos volvió a su padre;   
     las rodillas por el suelo   
     empezóle de rogar:   
     le quisiese dar licencia   
     que en París quiere pasar   
     y tomar sueldo del rey,   
     si se lo quisiere dar,   
     por vengarse de Tomillas,   
     su enemigo mortal,   
     que si sueldo del rey toma,   
     todo se puede vengar.   
     Ya que despedirse quieren   
     a su padre fue a rogar   
     que a la triste de su madre   
     él la quiera consolar   
     y de su parte le diga   
     que a Tomillas va buscar.   
     -Pláceme, dijera el conde,   
     hijo por te contentare.   
     Ya se parte Montesinos   
     para en París entrare,   
     y en entrando por las puertas   
     luego quiso preguntar   
     por los palacios del rey   
     que se los quieran mostrar.   
     Los que se lo oían decir   
     de él se empiezan a burlar,   
     viéndolo tan mal vestido   
     piensan que es loco o truhán;   
     en fin, muéstranle el palacio,   
     entró en la sala real,    
     halló que comía el rey,   
     don Tomillas a la par.   
     Mucha gente está en la sala,   
     por él no quieren mirar.   
     Desque hubieron ya comido   
     al'jedrez van a jugar,   
     solos el rey y Tomillas   
     sin nadie a ellos hablar,   
     si no fuera Montesinos   
     que llegó a los mirar;   
     mas el falso don Tomillas,   
     en quien nunca hubo verdad,   
     jugará una treta falsa,   
     donde no pudo callar   
     el noble de Montesinos,   
     y publica su maldad.   
     Don Tomillas que esto oyera,   
     con muy gran riguridad,   
     levantando la su mano,   
     un bofetón le fue a dar.  
     Montesinos con el brazo   
     el golpe le fue a tomar,   
     y echando mano al tablero   
     a don tomillas fue a dar   
     un tal golpe en la cabeza,    
     que le hubo de matar.   
     Murió el perverso dañado,   
     sin valerle la maldad.   
     Alborótanse los grandes   
     cuantos en la sala están;    
     prendieron a Montesinos   
     y queríanlo matar,   
     sino que el rey mandó a todos   
     que no le hiciesen mal,   
     porque él quería saber   
     quién le dio tan grande osar;   
     que no sin algún misterio   
     él no osaría tal obrar.   
     Cuando el rey le interrogara   
     él dijera la verdad:    
     -Sepa tu real Alteza   
     soy tu nieto natural;   
     hijo soy de vuestra hija,   
     la que hicisteis desterrar   
     con el conde don Grimaltos,   
     vuestro servidor leal,   
     y por falsa acusación   
     le quisiste maltratar.   
     Mas agora vuestra Alteza   
     puédese de ello informar,    
     que el falso don Tomillas   
     sepan si dijo verdad,   
     y si pena yo merezco,   
     buen rey, mándemela dar,   
     y también si no la tengo   
     mándesme de soltar,   
     y la buen conde y la condesa   
     los mandéis ir a buscar,   
     y los tornéis a sus tierras   
     como solían estar.   
     Cuando el rey aquesto oyera   
     no quiso más escuchar.   
     Aunque veía ser su nieto   
     quiso saber la verdad,   
     y supo que don Tomillas   
     ordenó aquella maldad   
     por envidia que les tuvo   
     al ver su prosperidad.   
     Cuando el rey la verdad supo   
     al buen conde hizo llamar,  
     gente de a pie y de a caballo   
     iban por le acompañar,   
     y damas por la condesa   
     como solía llevar.   
     Llegado junto a París    
     dentro no quería entrar,   
     porque cuando de él salieron   
     los dos fueron a jurar   
     que las puertas de París   
     nunca las vieran pasar.    
     Cuando el rey aquello supo   
     luego mandó derribar   
     un pedazo de la cerca   
     por do pudiesen pasar   
     sin quebrar el juramento  
     que ellos fueron a jurar.   
     Llévanlos a los palacios   
     con mucha solemnidad,   
     y hácenlos muy ricas fiestas   
     cuantos en la corte están.    
     Caballeros, dueñas, damas   
     les vienen a visitar,   
     y el rey delante de todos   
     por mayor honra les dar,   
     les dijo que había sabido    
     como era todo maldad,   
     lo que dijo don Tomillas   
     cuando lo hizo desterrar.   
     Y porque sea más creído   
     allí les tornó a firmar  
     todo lo que antes tenían   
     y el gobierno general,   
     y que después de sus días   
     el reino haya de heredar   
     el noble de Montesinos   
     y así lo mandó firmar.  

    Romance de Abenámar

     -¡Abenámar, Abenámar,   
     moro de la morería,   
     el día que tú naciste   
     grandes señales había!   
     Estaba la mar en calma,  
     la luna estaba crecida:   
     moro que en tal signo nace:   
     no debe decir mentira.   
     Allí respondiera el moro,   
     bien oiréis lo que decía:    
     -Yo te la diré, señor,   
     aunque me cueste la vida,   
     porque soy hijo de un moro   
     y una cristiana cautiva;   
     siendo yo niño y muchacho   
     mi madre me lo decía:   
     que mentira no dijese,   
     que era grande villanía;   
     por tanto pregunta, rey,   
     que la verdad te diría.   
     -Yo te agradezco, Abenámar,   
     aquesa tu cortesía.   
     ¿Qué castillos son aquéllos?   
     ¡Altos son y relucían!   
     -El Alhambra era, señor,    
     y la otra la mezquita,   
     los otros los Alixares,   
     labrados a maravilla.   
     El moro que los labraba   
     cien doblas ganaba al día,   
     y el día que no los labra,   
     otras tantas se perdía.   
     El otro es Generalife,   
     huerta que par no tenía.   
     El otro Torres Bermejas, 
     castillo de gran valía.   
     Allí habló el rey don Juan,   
     bien oiréis lo que decía:   
     -Si tú quisieses, Granada,   
     contigo me casaría;   40 
     darete en arras y dote   
     a Córdoba y a Sevilla.   
     -Casada soy, rey don Juan,   
     casada soy, que no viuda;   
     el moro que a mí me tiene    
     muy grande bien me quería. 

    Romance del conde Arnaldos

    ¡Quién hubiera tal ventura
    sobre las aguas del mar,
    como hubo el infante Arnaldos
    la mañana de San Juan!

    Andando a buscar la caza
    para su falcón cebar,
    vio venir una galera
    que a tierra quiere llegar;
    las velas trae de seda,
    la ejarcia de oro torzal,
    tablas de fino coral.
     Marinero que la guía
    diciendo viene un cantar
    que la mar ponía en calma,
    los vientos hace amainar;
    los peces que andan al hondo,
    arriba los hace andar,
    las aves que van volando,
    al mástil vienen posar.

    Allí habló el infante Arnaldos,
    bien oiréis lo que dirá:
    -”Por tu vida el marinero
    dígasme ora ese cantar.”
    Respondióle el marinero,
    tal respuesta le fue a dar:
    -”Yo no digo mi canción
    sino a quien conmigo va.”

    Romance del prisionero.

    Que por mayo era, por mayo,
    cuando hace la calor,
    cuando los trigos encañan
    y están los campos en flor,
    cuando canta la calandria
    y responde el ruiseñor,
    cuando los enamorados
    van a servir al amor,
    sino yo, triste, cuitado,
    que vivo en esta prisión,
    que ni sé cuándo es de día,
    ni cuándo las noches son,
    sino por una avecilla
    que me cantaba al albor.
    Matómela un ballestero;
    déle Dios mal galardón.

    Romance de la gentil dama y el rústico pastor.

    Estase la gentil dama   
     paseando en su vergel,   
     los pies tenía descalzos,   
     que era maravilla ver;   
     desde lejos me llamara,   
     no le quise responder.   
     Respondile con gran saña:   
     -¿Qué mandáis, gentil mujer?   
     Con una voz amorosa   
     comenzó de responder:  
     -Ven acá, el pastorcico,   
     si quieres tomar placer;   
     siesta es del mediodía,   
     que ya es hora de comer,   
     si querrás tomar posada    
     todo es a tu placer.   
     -Que no era tiempo, señora,   
     que me haya de detener,   
     que tengo mujer y hijos,   
     y casa de mantener,  
     y mi ganado en la sierra,   
     que se me iba a perder,   
     y aquellos que me lo guardan   
     no tenían qué comer.   
     -Vete con Dios, pastorcillo,   
     no te sabes entender,   
     hermosuras de mi cuerpo   
     yo te las hiciera ver:   
     delgadica en la cintura,   
     blanca soy como el papel,  
     la color tengo mezclada   
     como rosa en el rosel,   
     el cuello tengo de garza,   
     los ojos de un esparver,   
     las teticas agudicas,  
     que el brial quieren romper,   
     pues lo que tengo encubierto   
     maravilla es de lo ver.   
     -Ni aunque más tengáis, señora,   
     no me puedo detener.   
      

    Romance de Fonte Frida.

    Fontefrida, Fontefrida,   
     Fontefrida y con amor,   
     do todas las avecicas   
     van tomar consolación,   
     sino es la tortolica  
     que está viuda y con dolor.   
     Por allí fuera a pasar   
     el traidor del ruiseñor,   
     las palabras que le dice   
     llenas son de traición:   
     -Si tú quisieses, señora,   
     yo sería tu servidor.   
     -Vete de ahí, enemigo,   
     malo, falso, engañador,   
     que ni poso en ramo verde,   
     ni en prado que tenga flor,   
     que si el agua hallo clara,   
     turbia la bebía yo;   
     que no quiero haber marido,   
     porque hijos no haya, no;    
     no quiero placer con ellos,   
     ni menos consolación.   
     ¡Déjame, triste enemigo,   
     malo, falso, mal traidor,   
     que no quiero ser tu amiga    
     ni casar contigo, no!

    Romance de Nerón y el incendio de Roma

    Mira Nero de Tarpeya
    a Roma cómo se ardía;
    gritos dan niños y viejos,
    y él de nada se dolía.
    El grito de las matronas
    sobre los cielos subía;
    como ovejas sin pastor,
    unas a otras corrían;
    perdidas, descarriadas,
    a las torres se acogían.
    Los siete montes romanos
    lloro y fuego los hundía;
    en el grande Capitolio
    suena muy gran vocería;
    por el collado Aventino
    gran gentío discurría;
    van en caballo rotundo,
    la gente apenas cabía;
    por el rico Coliseo,
    gran número se subía.
    Lloraban los ditadores
    y los cónsules a porfía;
    daban voces los tribunos,
    los magistrados plañían,
    los cuestores se mataban,
    los senadores gemían.
    Llora la orden ecuestre,
    toda la caballería,
    por la crueldad de Nero,
    que lo ve y toma alegría.
    Siete días con sus noches,
    la ciudad toda se ardía;
    por tierra yacen las casas,
    los templos de tallería;
    los palacios muy antiguos,
    de alabastro y sillería,
    por tierra van en ceniza
    sus lazos y pedrería.
    Las moradas de los dioses
    han triste postrimería:
    el templo Capitolino
    do Júpiter se servía,
    el grande templo de Apolo
    y el que de Mars se decía,
    sus tesoros y riquezas
    el fuego los derritía.
    Por los carneros y osarios,
    la gente se defendía.
    De la torre de Mecenas,
    mirábala todavía
    el ahijado de Claudio,
    que a su padre parecía;
    el que a Séneca dio muerte,
    el que matara a su tía;
    el que, antes de nueve meses
    que Tiberio se moría,
    con prodigios y señales
    en este mundo nacía;
    el que siguió los cristianos,
    el padre de tiranía.
    De ver abrasar a Roma
    gran deleite recebía,
    vestido en sénico traje
    decantaba en porfía.
    Todos le ruegan que amanse
    su crueldad y porfía:
    Doriporo se lo ruega,
    Esporo la combatía;
    a sus pies Rubia se lanza
    acepte lo que pedía.
    Claudí Augusta se lo ruega;
    ruégalelo Mesalina.
    Ni lo hace por Popea
    ni por su madre Agripina;
    no hace caso de Antonia,
    que la mayor se decía;
    ni de padre tío Claudio
    ni de Lípida, su tía.
    Aulo Plauco se lo habla,
    Rufino se lo pedía;
    por Britanico ni Trusco
    ninguna cuenta hacía.
    Los ayos se lo rogaban,
    el Tonsor y el que tenía;
    a sus pies se tiende Otavia;
    esa queja no quería.
    Cuanto más todos le ruegan,
    él de nadie se dolía.

    Clasificación de los romances de la antología

    • Épicos o heroicos

    Las quejas de doña Lambra (Ciclo de los siete infantes de Lara)
    El llanto de Gonzalo Gustioz (Ciclo de los siete infantes de Lara) http://cvc.cervantes.es/actcult/camino_santiago/cuarta_etapa/san_millan/leyenda.htm

    http://es.wikipedia.org/wiki/Los_siete_infantes_de_Lara


    La traición de Vellido Dolfos (Ciclo del Cid Campeador)
    La jura de Santa Gadea (Ciclo del Cid Campeador)
    Diego Laínez y Rodrigo ante el rey (Ciclo del Cid Campeador) http://es.wikipedia.org/wiki/Cid_Campeador (Sobre el personaje de El Cid)

    http://www.cervantesvirtual.com/bib_obra/Cid/ (Sobre el Cantar de Mío Cid)

    http://es.wikipedia.org/wiki/Bellido_Dolfos (Sobre Vellido Dolfos)


    El sueño de doña Alda (Ciclo carolingio-Épica francesa).
    Melisenda insomne (Ciclo carolingio-Épica francesa)
    Romance de Montesinos (Ciclo carolingio-Épica francesa)

    http://es.wikipedia.org/wiki/Carlomagno (Sobre la figura de Carlomagno, emperador de los francos)

    Históricos

    El rey don Rodrigo y la pérdida de España (Ciclo del rey don Rodrigo)

    http://faculty.washington.edu/petersen/591rom/rodrley.htm

    • Fronterizos

    Abenámar, Abenámar

    • Novelescos o líricos

    El conde Arnaldos
    El prisionero
    La gentil dama y el rústico pastor
    Fonte frida, fonte frida

    Actividades

  • Lectura de los romances

  • Situar correctamente los personajes de los romances históricos.

  • Identifica en El Romance de Montesinos las características formales de los Romances.

  • Como se trata de poesía narrativa los juglares contaban historias en verso y con acompañamiento musical para recordarlas mejor. Escribe en prosa resúmenes de las historias que cuentan los romances.

  • Investigación. Busca en internet información sobre los siguientes aspectos:

    • ¿Cuál es la causa del destierro del Cid? ¿Tiene algo que ver su destierro con los hechos que ocurren en Santa Agueda de Burgos?

    • ¿En qué monasterio deja el Cid a sus hijas? Sitúalo en un mapa de la zona y busca información visual sobre sus características.

    • ¿Quién es Roldán con respecto a Carlomagno y porqué tiene importancia como tema literario?

    • Busca en la música actual un ejemplo de canción que pudieras comparar con lo que eran los romances. Piensa qué son y luego intenta buscar un paralelismo. Ten en cuenta sobre todo la importancia de la letra.

    • Itinerario del destierro del Cid. Busca un mapa o una web que lo explique y recomiéndala.

    • Investiga sobre las distintas teorías sobre la autoría del Cantar de Mío Cid.

    • La música en la Edad Media. ¿Cómo debía sonar el acompañamiento musical de un romance?

    • Hay un poema de Manuel Machado que hace referencia al destierro del Cid; encuéntralo y compáralo con el inicio del Cantar.

    • Las armas en la Edad Media.

    • Evolución del proceso de reconquista.

    • Comentario de texto de los romances

      • El llanto de Gonzalo Gustioz

      • La jura de Santa Gadea

      • El sueño de doña Alda

      • Abenámar, Abenámar

      • El prisionero

      • 1




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    Enviado por:Nicki
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