Romance de la pena negra; Federico García Lorca

Literatura española contemporánea del siglo XX. Poesía y lírica de la generación del 27. Romancero gitano. Tema y métrica

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  • Idioma: castellano
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“ROMANCE DE LA PENA NEGRA” por F.G. Lorca.

El texto ante el que nos encontramos «Romance de la pena negra» pertenece a la obra de Federico García Lorca Romancero Gitano, donde el poeta del 27 realiza un canto fraternal a esa raza marginada y perseguida en todo el mundo, concretamente en España: la gitana. Podríamos decir que esta obra se ve directamente influida por el “andalucísmo” y la admiración de Lorca por su pueblo y su gente, es decir, que es una poesía compuesta a partir de un material muy popular.

En esta obra, que dará gran fama al poeta, se encuentra el poema del “Romance de la pena negra”, donde Soledad Montoya nos hace conscientes de la existencia dolorosa y solitaria del mundo gitano andaluz, que espera, como su gran destino, la inevitable muerte, que los acecha en esa vida de fustración y marginación en Andalucía.

El poema, como su propio nombre indica, es un romance que sigue la misma métrica que el romance tradicional, es decir, su rima en asonante en sus versos octosílabos pares.

“El Romance de la pena negra” podría ser dividido en cuatro partes. La primera, (Versos 1-8) en la que se nos presenta tanto la escena como la protagonista. Amanece, “los gallos cavan buscando la aurora”, se realiza una topografía del lugar por donde bajará nuestra gitana, Soledad Montoya, que llena de vida y a la vez portadora de muerte huele a sombra, a oscuridad, a pena negra. Vemos una metáfora en los versos 7 y 8 que, con el sonido de los martillazos sobre el yunque, nos deja oír el corazón de Soledad atrapado en su pecho de color gitano. Estos latidos de existencia gimen y suspiran guardando ese dolor constante, esa terrible pena.

En la siguiente parte del verso 9 al 38, el poema coge un toque un tanto más dramático, el que se produce un diálogo entre o con los protagonistas.

Esa voz que habla con Soledad, que podría ser una voz moderadora o limitadora de la libertad por las convenciones de la tradición y la costumbre, comienza desde un principio cuestionando a la gitana angustiada. Tras ese vocativo que observamos mucho a lo largo del poema(“Soledad,...), pregunta la voz a quien la muchacha a esas horas por esos parajes, y, como indica su nombre sola , “sin compañía”. La gitana simplemente anulada por su cultura, se limita a buscar su alegría y su persona, es decir, su pura realización personal.

La voz advierte, comparándola con un caballo desbocado, un caballo que si sigue dejándose llevar por sus pasiones verá su fin en el mar donde las olas se lo tragarán enseñándole la muerte.

A continuación, la misma Soledad, que relaciona el mar con esa pena negra que la come por dentro, pide a la voz cuestionante que no hable más.

En los versos 23 y 24 se vuelve a producir otra exclamación retórica, en la que se nos vuelve a repetir esa palabra tan nombrada en el poema: pena(“que pena tienes”,...pena tan lastimosa”.) La pena es tan profunda, tan dura que las lágrimas de Soledad se vuelven en una maravillosa metáfora “Zumo de limón agrio de espera y de boca”, son lágrimas sin esperanza, quizá por la larga espera pasional de nuestra gitana; así lo vemos en los versos 31 y 32 en los que Soledad Montoya nos asegura como una metáfora, que ya se está pudriendo su cuerpo, su ropa, que la muerte ya le acecha, la espera... su destino trágico la persigue. En la exclamación retórica versos 33-34, en la que encontramos una anáfora en ese suspiro inicial, vemos como la gitana ve podridos ya sus ropajes (“camisas de hilo”) y su físico donde sus muslos se vuelven rojo pasión como las amapolas.

Pero esta voz represora impone que la muchacha se deje de voluntades pasionales y “deje en paz su corazón”.

La tercera parte la encontramos, del verso 39 al 42. Aquí el momento dramático parece tranquilizarse un poco. Se nos describe así la naturaleza; el río corre reflejando en él el cielo y los árboles. Se nos vuelve a repetir en los versos 41 y 42 que amanece, aunque quizá aquí ya el sol haya salido del todo.

Seguidamente, en la cuarta parte del poema, con repetidas exclamaciones retóricas, Lorca nos vuelve a sugerir esta marginación de la pena de los gitanos, que a pesar de ser pura (limpia), está sola. Es una pena de un pueblo marginado (remoto, solo, oculto).

A lo largo del poema nos encontramos con un gran número de sustantivos llenos de grandes símbolos y significados. Por el contrario, no vemos tantos adjetivos, quizá porque los sustantivos se bastan de sí mismos para descubrirse.

También son abundantes los verbos a lo largo del poema, siendo estos en su totalidad en presente.

Aunque cabe destacar que en las últimas partes del poema, no vemos ni un solo verbo.

Para concluir, podríamos destacar la sencillez que se traza en el vocabularios de esta poesía, la sencillez y la simplicidad de la misma muerte.

Cabe destacar que a pesar de contar con un vocabulario sencillo el entendimiento de poema no es completo hasta haberlo leído un par de veces; esto se debe a las espléndidas figuras y metáforas que consigue Lorca con este vocabulario poco complicado.

Son visibles los elementos de la naturaleza que tanto se relacionan con el mundo gitano, como son ese “tierra de aceituna”. También este reflejo del mundo gitano andaluz, lo ponemos ver en el habla de Soledad Montoya, cuya forma de hablar confiesa su origen (“¿a ti que se te importa?”).

Como es característico de este libro, los colores juegan un papel importante. Se unen los colores oscuros, ahumados, sombríos del principio, con el amarillo, azul de mar y rojo amapola de la siguiente parte. Aunque siempre queda vigente esa pena negra y ese azabache de carne y ropa.

En definitiva, es admirable la síntesis de metáforas deslumbrantes y símbolos espectaculares como los colores, el caballo, el agua (mar) que nos muestran una gran sensación de muerte o de destino trágico, utilizadas por Federico García Lorca.

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