Roma

Historia antigua romana. Península Itálica. Patricios. Plebeyos. Conquista. Guerras Púnicas. Mediterráneo oriental y occidental. Galia. Hispania

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1.- Dualismo patricios y plebeyos

1.1. El conflicto entre patricios y plebeyos

Este conflicto es uno de los más problemáticos históricamente, ya que los historiadores romanos que le trataron son de épocas posteriores y no pueden explicar con claridad este acontecimiento.

Según las fuentes greco-romanas, los patricios eran descendientes de los primeros senadores elegidos por Rómulo. Los patricios fueron un conjunto de familias senatoriales con ciertos privilegios hereditarios, como el derecho a un puesto en el Senado.

El Senado estaba compuesto de dos grupos, los padres y los conscriptos (patres et conscripto), de los cuales sólo los primeros eran patricios. Si los padres patricios fueron senadores hereditarios, los conscriptos fueron posiblemente el equivalente a los pares medievales. Los senadores patricios tuvieron ciertas prerrogativas durante la república, por ejemplo, eran ellos quienes elegían al interés (que era patricio), siempre que fuese necesario, además monopolizaban los sacerdocios, tenían el derecho exclusivo a recibir auspicios y poseían auctoritas, por la cual, eran aprobadas las decisiones de los comitia. De esto se deduce, que el estatus patricio se basaba en la posesión hereditaria de ciertos privilegios religiosos, probablemente otorgado durante la monarquía a un grupo de familias.

Sin embargo la clase gobernante romana no fue desde el principio exclusivamente patricia, ya que cuatro reyes y algún cónsul fueron plebeyos o llevaban nombres que quizá más tarde se considerasen plebeyos.

Se cree que las familias sacerdotales de los patricios participaron de forma destacada en el establecimiento de la república ampliando de esta forma sus influencias. A partir del 486 antes de Cristo, el 77% de los cónsules fueron patricios, aumentándose hasta el 90% entre los años 485 y 445, además con la ejecución de Espurio Casio (cónsul plebeyo) se acabó cerrando al patriciado el consulado.

En 450 llegó el final de esta división, se prohibieron los matrimonios entre los diferentes órdenes.

El ascenso de la plebs tuvo un desarrollo paralelo, pero sus orígenes son aún más oscuros. El término plebs se emplea en ocasiones para designar a todos los ciudadanos romanos que no eran patricios, pero seguramente no fue ése el significado original, ya que, puede significar “el pueblo llano” como en plebs urbana. Por eso se cree, que la plebs fue un grupo sin privilegios, un conjunto heterogéneo de hombres pobres de diversos orígenes y antecedentes, incluyendo probablemente a campesinos, artesanos, tenderos, comerciantes, etc…

Entraron en la historia, durante los primeros años de la república, surgiendo como un movimiento organizado. En el 494 antes de Cristo, los plebeyos agobiados por deudas y por la opresión ocuparon el Monte Sacro, se organizaron como un estado independiente, creando asambleas, el concilium plebis, eligieron a sus representantes (los tribunos). Al principio tenían sólo a dos tribunos aunque más tarde aumentó a diez. El tribunado comenzó a existir a través de la lex sacrata, que fue una resolución colectiva acompañada por un juramento de los que tomaban parte, jurando proteger a sus tribunos convirtiéndose así en sacrosantos.

La lex sacrata es un rasgo distintivo de la primitiva organización militar de los pueblos itálicos. Los patricios eran una minoría dentro de lA población total de la ciudad, y fueron capaces de controlar el Estado sólo gracias al apoyo de sus clientes, que tomaron una posición acomodada gracias a los patronos de los que dependían, podían costearse armas y estaban incluidos en la clase sierva, que seguramente dominaron. Esto es lo que explica, por qué los patricios ostentaron sus posiciones durante más de doscientos años.

La organización de la plebs fue un gran potencial para el cambio, su fuerza provenía de la solidaridad colectiva y no de ninguna autorización legal aunque más tarde reconocieron las instituciones plebeyas a través de distintos decretos.

El arma fundamental de la plebs fue la “secesión”, una forma de desobediencia civil extrema a la que se recurrió entre el 494 y el 287 antes de Cristo. En el 493 antes de Cristo el cónsul Espurio dedicó un templo a Ceres, convirtiéndose en un centro de culto plebeyo, usado además como tesorería y archivo. Mientras la plebs creó dos cargos (los ediles), cuyo trabajo era la administración y mantenimiento del templo.

Los tribunos llegaron a ser sumamente importantes aunque no eran magistrados poseían un poder efectivo (potestas) que les permitía actuar como si fueran magistrados, podían imponer su voluntad por coacción, establecer multas, encarcelar inviolabilidad personal, los tribunos podían proteger a los individuos plebeyos contra los malos tratos de los cónsules dándoles asistencia, también estaban capacitados para interceder en los procedimientos legislativos, deliberativos y ejecutivos de los órganos oficiales del Estado y, paralizar sus asuntos.

Los principales objetivos de la agitación plebeya en los primeros años fueron conseguir un alivio a las deudas y una distribución más equitativa de las riquezas, especialmente de la tierra. En materia de deudas, los plebeyos se sentían preocupados por una forma de esclavitud por deudas llamada nexum, esta práctica era un contrato por el que el hombre libre ofrecía sus servicios como fianza de su préstamo, en caso de faltar a la obligación de devolver su préstamo podía ser obligado a trabajar como pago a la deuda, pero esto permitía que aunque no dejaban de ser ciudadanos y seguían teniendo sus derechos legales estaban sujetos a todo tipo de abusos encontrándose con que era casi imposible liberarse de este trabajo forzoso. La agitación plebeya contra el nexum continuó hasta que fue abolido por una ley del 326 o 313 antes de Cristo, la lex Poetilia.

Otra de las quejas de la plebs fue el apetito de tierras, según la tradición, los lotes de tierra que los campesinos poseían en la Roma primitiva eran sumamente pequeños, se dice que Rómulo entregó a cada uno de sus seguidores una parcela de tierra de dos yugadas (0,25 hectáreas) como propiedad hereditaria, aunque otras fuentes hablan de siete yugadas.

Por esto se cree que los campesinos contaban con acceso a las tierras públicas, que era perteneciente al Estado, originalmente adquirida por conquista y que podía ser ocupada y utilizada como pasto para los granjeros, pero en época temprana la tierra publica pasó a manos de los ricos patricios, quienes la anexionaron a sus propiedades y redujeron a los pobres a la dependencia, obligándoles a pagar una parte del producto de disfrute de las tierras. La agitación para la repartición de tierras se ve documentada durante parte del siglo V antes de Cristo.

La plebs pidió también que la ley fuera codificada y publicada, esto condujo en el 451 ala suspensión de la Constitución y al nombramiento de diez legisladores (decenviros) que estuvieron en el poder durante dos años, en los que publicaron doce tablas de leyes, pero en el 450 empezaron a abusar de su posición y fueron destituidos, los cónsules L. Valerio y M. Horacio en 449 aprobaron unas leyes que reafirmaron los derechos de los ciudadanos y reconocieron las instituciones plebeyas.

Las Doce Tablas fueron la base de la ley romana, el texto íntegro no se ha conservado, pero puede reconstruirse en su mayor parte. Escritas en lengua arcaica las citas por las que se ha reconstruido toman entredichos y prohibiciones. Los principales temas tratados son la familia, el matrimonio, y el divorcio, la herencia, la posesión y transferencia de la propiedad; agravios y delitos, deudas, esclavitud y nexum, omitiendo todo lo referido a leyes públicas.

Las Dice Tablas son una mezcla de codificación e innovación, una de las principales innovaciones fue la prohibición de matrimonios entre patricios y plebeyos, que provocó una oleada de protestas y pronto fue revocado por el tribuno C. Canuleyo, aparte de esa cláusula las Tablas dieron igualdad de derechos a todos los ciudadanos libres, que era lo que reclaman los plebeyos. Pero en estas leyes no estaban codificadas las sentencias, que siguieron siendo un misterio para la mayoría de los romanos, lo que obligaba a los ciudadanos más débiles a encontrar poca protección en la ley y seguir dependiendo de la protección de ricos y poderosos.

1.2. Generalidades

Grande fue siempre la importancia del patriciado en Roma. Desde la fundación del gobierno de la República hasta su caída, es decir, desde el año 509 al 45 a. C. el patriciado no admitió anexión ninguna, pero al influjo de Julio César y de los emperadores se abrió, como durante la monarquía, a nuevas familias nobles. Yerra Tácito cuando atribuye a Bruto y a los primeros cónsules la admisión de las gentes minores al patriciado. Tradición que desmiente Tito Livio demostrando que pertenecían ya desde hacía mucho tiempo al patriciado. Si se habla de la gente Claudia, en vez de hacerla contemporánea a la guerra de los sabinos, según Suetonio, se remontaba hasta el tiempo de Rómulo. E igualmente si se habla de la entrada en el patriciado de la gente Domicia en el tiempo de Augusto, la listas consulares antes de Augusto dan un colega patricio a todo cónsul que llevaba el nombre de Domicio. Entre los cónsules encontramos:

Cn. Domitius Caluinus, cónsul en 332 a. C.

Cn. Domitius Ahenobarbus, cónsul en 192 a. C.

Cn. Domitius Ahenobarbus, cónsul en 123 a. C. L. Domitius Ahenobarbus, cónsul en 54 a. C.

Cn. Domitius Caluinus, cónsul en 53 a. C.

Sucedía con frecuencia que se reclutaban por la vía indirecta de la adopción. Teníase por regla genérica que el adoptante hiciera suyo al adoptivo, ya que sucediera que le fuese entregado a título de hijo por su propio padre natural, adopción, o que, siendo dueño de su persona, se entregase él mismo como hijo mediante la adrogación, a un jefe de familias. Si podía adoptarse a un emancipado, e incluso a un esclavo, con más razón debía ser lícito a un patricio adoptar por hijo a un ciudadano de la plebe. Cicerón alude a este derecho cuando dice: “(Fibreno), como si hubiera entrado en una familia patricia, perdió su nombre más humilde”. Así por ejemplo Lucio Manlio Acidino Fulviano fue cónsul patricio hacia el año 179 a. C. era hijo de un tal Fulvio y por tanto plebeyo, antes de ser adoptado. El plebeyo M. Emilio Lépido fue también cónsul patricio en el año 77 a. C. antes de la ley Ogulnia(300 a. C. ) que dispuso cuatro plebeyos en el colegio de los pontífices, no puede citarse ninguna adopción plebeya hecha por el patriciado. La misma posibilidad había que un patricio fuera adoptado por un plebeyo:”adoptatum patricium a plebeio”. Era el caso de los patricios que se entregaban al poder de un plebeyo, es decir, se hacían pebleyos, para poder desempeñar el cargo de tribuno de la plebe, como Clodio, y alguno más.

1.3. Desempeño de las dignidades entre patricios y plebeyos

Veamos como se distribuían las dignidades y las funciones entre patricios y plebeyos, y advertiremos la influencia política que ejercían.

1. El rex sacrorum o sacrifuculus fue siempre patricio.

2. E igualmente deben ser patricios los tres Flamines mayores, el de Júpiter, el de Marte y el de Qurino.

3. Sobre los Salios, los Arvales y las Vestales hay que hacer ciertas distinciones:

  • Los Salios del Palatino y de la Colonia eran patricios, según atestigua Cicerón.

  • Posiblemente sucedía lo mismo respecto a los hermanos Arvales, pero no tenemos pruebas fehacientes en ningún sentido.

  • En el catálogo de las Vestales se encuentran nombres patricios y plebeyos.

  • 4. Los colegios de los Pontífices y de los Augures estuvieron cerrados a los plebeyos hasta las leyes Ogulnia y Licinias (año 365 a. C.), año en que se empezó a reservar la mitad de sus puestos para los plebeyos.

    5. Los epulones en un principio eran todos plebeyos. Desde el año 545 a. C. entra algún patricio.

    6. Hablemos ahora de las dignidades y funciones civiles:

    El princeps senatus fue siempre patricio.

    7. Patricios eran siempre los cónsules, antes de las leyes Licinias; a partir del año 367 también los plebeyos. Al principio el uno solo. Más tarde los dos podían ser plebeyos.

    Los funcionarios con potestad consular, decenviros o tribunos militares, pudieron elegirse siempre indistintamente de una o de otra categoría.

    8. El interrex sabemos que fue siempre patricio, incluso en tiempo de Cicerón.

    9. El dictador y el jefe de caballería (magister equitum) pudieron ser plebeyos, el primero desde el 356 a. C. y el segundo desde el 368 a.C. Pero la ley no quiere que ambos pertenezcan al mismo orden, y por ello ocurrió esto muy pocas veces.

    10. Los censores al principio eran patricios; en el año 352 a. C. aparece el nombre del primer censor plebeyo C. Macio Rutulo. En el año 339 establece que uno de los censores sea elegido de la plebe, aunque se ha llegado a conseguir que pudieran serlo ambos.

    11. La pretura fue magistratura cerrada a los plebeyos hasta el año 337 a. C., fecha desde la cual eran elegidos igualmente los de una y otra categoría, siendo muy frecuentes los nombramientos plebeyos.

    12. Los tribunos del pueblo y los ediles plebeyos han permanecido siempre al segundo orden.

    13. Los ediles curules. En un principio se elegían de entre los patricios. Desde el año 366 a. C. indistintamente, patricios y plebeyos, por fin dos de cada orden social. Por el mero hecho de ser elegidos ediles curules los plebeyos, ingresaban en el estamento de los patricios.

    14. La Cuestura data seguramente del tiempo de los reyes, para la cual elegían a ciudadanos patricios; pero desde el año 40, pudieron elegirse también plebeyos.

    2.- La conquista de la Península Itálica

    La conquista de la península itálica comienza en el periodo monárquico durante la época pre-etrusca, depurando los datos legendarios la historia ve que en la expansión territorial de los reyes pre-etruscos consiste en atribuir a Roma (entonces el Septimontio) lo que fue labor de las aldeas latinas con las cuales debió colaborar el Septimontio, el territorio romano en la época del Septimontio debió tener un radio de seis a ocho kilómetros como máximo. Es en esta época, cuando Roma recibe su nombre, llamándola así por ser la ciudad del río Rumón de donde deriva su nombre.

    La época etrusca no se inició de forma tan legal y pacíficamente como transmite la leyenda, sino por la fuerza de las armas: la tradición etrusca habla de un tal Mastarna, identificado con Servio Tulio romano, quien se apoderó del Celio capitaneando a un puñado de aventureros. Posiblemente los etruscos aprovecharon la anarquía que se produjo en el Lacio al ser destruida la ciudad de Alba, que es lo que ejercía cierta hegemonía sobre las aldeas latinas del Lacio.

    Los etruscos, aparte de organizar a Roma como ciudad, hicieron que Roma adquiriera la hegemonía sobre el Lacio, la dominación etrusca duró siglo y medio, en la expulsión de los etruscos no fue la aristocracia quien tomó la iniciativa, como da a entender la leyenda sino que los etruscos, dueños de Campania, menos de las ciudades de Nápoles y Cumas que eran colonias griegas, quisieron dominar Cumas, el golpe fue fallido y los cumanos iniciaron una contraofensiva, esta situación fue aprovechada por el Lacio para sacudirse el yugo de los reyes etruscos de Roma, los griegos de Cumas ayudaron al Lacio en esta sublevación. Más tarde la aristocracia romana se sumó ala sublevación, expulsando a los reyes e iniciando el periodo de la República.

    Desde el 509 al 350 se desarrolla la primera etapa de supervivencia y supremacía sobre el Lacio.

    Tras proclamar la República Roma sufrió varias embestidas de etruscos que trataron de recuperar la situación de dominio perdida. Porsenna fue el etrusco que dirigió las operaciones contra Roma, la leyenda romana nos habla de algunos héroes romanos de estas campañas, así como el fracaso de Porsenna que se vio obligado a firmar una paz honrosa con los romanos, históricamente, deducido de las excavaciones de 1907, se afirma que los etruscos tomaron Roma nuevamente aunque por un breve periodo de tiempo.

    Roma por su parte trató de continuar con la hegemonía sobre las ciudades latinas, que había tenido durante el período etrusco, pero la mayoría de las ciudades latinas formaron una liga que no quiso reconocer la hegemonía romana, Roma venció a la liga en la batalla de Regilo en el 499 o 496 antes de Cristo, pero a pesar de esta victoria no consiguió la hegemonía. Roma una vez liberada del peligro etrusco y del peligro latino comprendió una serie de luchas contra una serie de pueblos situados alrededor del Lacio (Sabina, ecua, volsca y etrusca de Veyes), además al mismo tiempo que luchaba contra estos pueblos realizó alianzas con otros (los latinos, los hérnicos y con la ciudad de Cere, rival de Veyes), estas alianzas constituyeron un arma diplomática que hábilmente utilizada por Roma fortaleció su situación para cercar y controlar sus adversarios.

    Estas guerras de los romanos son llamadas “defensivas”, aunque a veces la iniciativa partía de los romanos, fueron guerras en las que estuvo en juego la supervivencia de Roma, o por lo menos estuvo puesto en juego el destino histórico de Roma, estas guerras tuvieron un carácter periódico: cada año, e la primavera, se movilizaban los ejércitos y se iniciaban las campañas, unas veces en un frente, otras veces en otro o incluso en varios frentes simultáneamente. A la llegada de la mala estación se procedía a la interrupción de la campaña militar y se licenciaba el ejército.

    La situación no siempre fue favorable para los romanos: los sabinos lograron ocupar el Capitolio en el año 460 antes de Cristo, los ecuos llegaron a las puertas de Roma en 467 antes de Cristo, los volscos, dirigidos por el romano desterrado Coriclano, pusieron en grave peligro a Roma; los etruscos de Veyes, después de aniquilar a la “gens Fabia” llegaron a ocupar el Janículo.

    A partir de 449 cesó la lucha contra los sabinos, quizás a consecuencia de un tratado; los ecuos quedaron sometidos a partir de 392, habiéndose hecho célebre en las campañas contra ellos el dictador Cincinato; los volscos quedaron aplastados a principios del siglo IV antes de Cristo, Veyes, después de un asedio de diez años, fue tomada en 396 por el célebre Camilo: la caída de Veyes produjo el sometimiento a los romanos de la Etruria meridional, así al cabo de cien años de lucha Roma consigue dominar a sus rivales y controlar un territorio de unos 2.200 kilómetros cuadrados.

    En el 390 se produce la invasión de los Galos Senones lo que amenazó la supervivencia de Roma. El conflicto comenzó por el cerco que los Galos realizaron en torno a la ciudad etrusca de Clusio, ciudad situada en el área de la influencia de Roma, razón por la cual Roma intervino diplomáticamente para disuadir a los Galos, los embajadores romanos violaron la neutralidad diplomática e intervinieron a mano armado contra los Galos, al negarse Roma a darla reparación exigida por los Galos, estos marcharon contra Roma, logrando vencer a los romanos e invadir la ciudad, saquearla e incendiarla, menos la ciudadela del Capitolio. Los Galos asediaron la ciudadela durante unos siete meses, pero no lograron reducirla y fracasaron en un asalto nocturno, debido a los graznidos de los gansos sagrados de Juno y a la actuación del romano Manlio. Los romanos, vencidos por el hambre, capitularon ofreciendo a los Galos 1.000 libras de oro (vae victis), sufriendo los Galos en su retirada algunas derrotas.

    La terrible derrota de Roma por parte de los Galos, fue aprovechada por los etruscos, hérnicos y ecuos, volscos y latinos para librarse de la dominación romana. El frente etrusco es vencido y Roma se anexiona definitivamente el sur de Etruria en el año 387 tras una serie de victorias, los volscos son aplastados victoriosamente a pesar de que habían recibido ayuda de las ciudades latinas de Preneste y Velitres, en el 358 el territorio volsco pasa a manos romanas, los latinos ven como Roma consigue imponer a las ciudades latinas una federación pero no a nivel de igualdad, como el foedus aequum de Spurio Casio, sino que Roma se reservó un puesto de hegemonía en la nueva federación, mientras le frente hérnico desees de varias derrotadas capitula, por último los galos después de su primera incursión triunfal en el corazón de Roma, realizaron nuevas incursiones aproximándose a Roma, los generales romanos Tito Manlio y Torcuato y M. Valerio Corvo, consiguieron derrotarlos.

    Roma ya era la potencia más importante de Italia central, esta fue la razón por la que Capua, viéndose en peligro acudió a pedir socorro a Roma, viéndose envuelta en las luchas contra el Samnio con quien había firmado un tratado en 354.

    En el 343, los sicilianos, amenazados por los samnitas, pidieron ayuda a sus vecinos de Campania, estos fueron vencidos por los samnitas y se refugiaron en Capua, donde la situación llegó a ser desesperada, teniendo que pedir ayuda a Roma. Después de una primera negativa del Senado romano y como consecuencia de que Campania se entrega a Roma, el senado consiente en hacer una alianza con Campania e insta a los samnitas a que abandonen el territorio de Campania pues ya es romano. Así comienza la primera guerra samnita entre Roma y Samnio, los samnitas fueron derrotados en el Monte Gauro y en Suesula por el ejército romano dirigido por M. Valerio Corvo, los samnitas no considerándose preparados para continuar la lucha hicieron un tratado de paz con los romanos en 341 cediendo Capua y Campania.

    Los romanos habían sido ayudados en esta campaña contra los samnitas por los latinos, quienes al final de ella exigieron a los romanos que se les concediera el ius honorum, el senado se negó rotundamente a acceder a tales pretensiones, Tibur y Preneste eran las ciudades que dirigían el movimiento reivindicativo, Roma liquidó esta cuestión imponiéndose mediante las armas en las batallas de Suesa Aurunca, de los campos Fenectarios, en la región de Pedum y del río Astura, los ejércitos romanos fueron dirigidos por los cónsules T. Manlio Torcuato y F. Decio Mus. En lo sucesivo la federación latina dejó de existir, Roma convirtió en la capital del Lacio y dio tratos diferentes a las ciudades latinas.

    En el 327 estallaron nuevamente las hostilidades entre los samnitas y los romanos, el motivo de la lucha era el dominio de la Campania, país de extraordinaria riqueza agrícola, los romanos para asegurar su posición realizaron una alianza con Nápoles. Seguros en Campania, los romanos llevaron la guerra directamente contra el Samnio, país montañoso, siendo sus habitantes denominados “los suizos de la Italia Central”. En los cinco primeros años de esta segunda fase de la guerra samnita, predominaron las razzias y los ataques por sorpresa, los resultados no fueron decisivos en ningún sentido, por lo que los romanos cambiaron de táctica e iniciaron un plan para envolver el Samnio, atacándole simultáneamente desde Campania y desde Abulia. El ejército que actuó desde Abulia iba irigido por Q. Fabio Luliano y obtuvo la victoria de Lucerios; por el contrario el ejército que atacó desde Campania dirigido por los cónsules T. Veturio Calvino y Esp. Fortunio, fue obligado a rendirse por le general samnita C. Poncio en las gargantas de Caodio, el ejército romano fue desarmado y sometido a la humillación de pasar bajo las Horcas Caudinas (arco formado por tres lanzas), fueron obligaos a capitular y, perdonado, fue enviado a Roma cubierto de oprobio.

    El senado romano no aceptó la capitulación, reanudó la lucha nuevamente en los dos frentes abiertos, esta vez el ejército romano, dirigido por L. Publio y Q. Papido Cursor se alzó la victoria en los dos frentes.

    Los samnitas después de dos años de tregua (del 318 al 316) desencadenaron un ataque con el que recuperaron Lucerias, vencieron en Lantulas y sitiaron Terracita, Roma organizó una contraofensiva y lograron reconquistar Campania, tomar nuevamente Lucerias y levantar el asedio de Terracita, viéndose los samnitas obligados a firmar la paz en el 312.

    Tras acabar la segunda guerra samnita, Roma aparece a la faz de los demás pueblos de Italia como una gran potencia y es vista con recelo por su clara tendencia expansionista. Esto fue aprovechado por los samnitas que se sentían impotentes ante los romanos y necesitaban comprometer a los demás pueblos en la lucha contra Roma, así se formaron dos coaliciones, la primera sobre el 312-304, estuvo integrada por los samnitas, umbros, etruscos y hérnicos, la segunda sobre el 300-295, estuvo formada por samnitas, umbros, etruscos, lucanios, sabinos y galos.

    Roma ante situación tan amenazante tomó determinadas medidas de carácter militar y financiero para hacerla frente: reorganizaron la caballería, hicieron innovaciones en el armamento y la táctica e iniciaron la flota. En el aspecto financiero fue muy importante la reforma llevada a cabo por Apio Claudio, consistente en considerar como base para el impuesto y consecuentemente par a división del populus en clases, no sólo riqueza inmobiliaria, sino también la mobiliaria.

    Cuando se formó la primera coalición, los romanos formaron dos ejércitos, uno enviado al norte bajo ordenes de Q. Fabio Luliano, y el otro lo enviaron al sur bajo ordenes de L. Papido Cursor.

    El ejército del norte venció a los etruscos en Sutri y realizó la hazaña de penetrar en el temible bosque Cimino, lo que favoreció para ganar las dos importantes batallas de Perusa y del lago Vadimón, a consecuencia de las cuales se sometió a los romanos la Etruria Central en el 310.

    El ejército del sur, dirigido primero por L. Papido Cursor y luego por Fabio, derrotó a los samnitas en Alita y devastó su territorio durante cuatro años hasta que los samnitas pidieron la paz en el 305.

    Para hacer frente a la segunda coalición formada en el 300, los romanos formaron también dos ejércitos, uno que enviaron al norte a las órdenes del cónsul I. Cornelio Escisión y otro bajo las órdenes de Fabio y Decio Mus.

    El ejército del norte obtuvo en el 298 la victoria de Volaterras, consiguiendo contener a la Etruria, también el ejército del sur en el mismo año venció a los samnitas e invadió su país.

    La batalla decisiva se trabó en el 295 en Sentino (región de Umbría), la coalición trató de coordinar mejor sus efectivos, así pensaron que los samnitas y galos atacarían juntos al ejército romano y mientras tanto los etruscos y los umbros se lanzarían contra el campamento romano, pero los romanos lograron dividir la coalición con una hábil maniobra: dos cuerpos de ejército que habían sido dejados como reservas en Roma fueron enviados por Fabio a Etruria para asolar la región de Clusio. Los etruscos y los umbros acudieron a defender esa región y mientras tanto Fabio y Decio Mus se dieron prisa en trabar la batalla con los galos y samnitas.

    Fue una batalla dura que los romanos hubieran perdido con poco refuerzo que hubieran recibido los galos y samnitas, comenzaron perdiendo los romanos, lo que motivó que el cónsul Decio Mus se consagrase a los dioses arrojándose deliberadamente, para que fuera matado, a lo más espeso de las filas enemigas, este acto de heroísmo enardeció al ejército romano quien consiguió alzarse con la victoria. Veinticinco mil galos y samnitas murieron en el campo de batalla y ocho mil fueron hechos prisioneros, en la batalla de Sentino, verdadera batalla de las “naciones”, dejó de existir la Italia prerromana.

    Los samnitas hicieron todavía un supremo esfuerzo para hacer frente a los romanos, en Aquilonia, reunieron un ejército de cuarenta mil hombres selectos, cuyo valor y disciplina, se trató de asegurar mediante un juramento realizado en medio de una impresionante ceremonia místicorreligiosa, a pesar de todo, este último ejército samnita fue derrotado en Aquilonia miso por el cónsul L.Papirio Cursor, hijo del dictador. Los restos de las tropas samnitas tuvieron que someterse en el 290, al ser acosadas por Q. Fabio Luliano y H. Curio Dentado. Esto fue ya el fin: el Samnio dejó de ser definitivamente independiente pasando a ser un territorio aliado de Roma.

    El mismo año H. Curio Dentado anexionó a Roma la mayor parte del territorio de los Sabinos. Sin contar ya con el Sonio, llegó a hacerse una tercera coalición de pueblos italianos contra Roma. Esta tercera coalición estuvo formada por galos y etruscos al norte y por Lucanios al sur. Los galos y etruscos ganaron primeramente a los romanos en Arrecio (284), pero los romanos terminaron aplastándoles en la segunda batalla del lago Vadimón (en el 283); dirigía a los romanos el cónsul P. Cornelio Dolabella. En este año, los romanos se anexionaron el territorio de los Senones, al año siguiente, el 282, C. Fabricio Luscinio, obligó a los lucanios a una total sumisión.

    Pero aún Roma no tenía en su poder toda la península Itálica, entre los años 286 y 282, la colonia griega de Turios, al verse amenazada por los Lucanios pidió protección a Roma y entró en la federación itálica, a continuación, Locres, Trotona Y Regio, importantes ciudades griegas de Italia del Sur aceptaron guarniciones romanas para defensa.

    El conflicto se produjo entre Tarento y Roma. Los paso del conflicto fueron los siguientes: en el año 303, durante las guerras samnitas, los romanos habían hecho un tratado con la ciudad de Tarento, e una cuyas cláusulas los romanos se comprometieron a no rebasar con su flota en dirección al este del promontorio Lacinio, situado en las proximidades de Trotona. Roma, liberada de las guerras samnitas, trató de liberarse unilateralmente de esa cláusula y para ello envió una flota de diez navíos de guerra que rebasarán en dirección este el promontorio Lacinio. La flota tarentina intervino y apresó cuatro navíos romanos y puso en fuga a los restantes.

    Este roce hizo temer a Tarento sobre las intenciones futuros de Roma y no dudó en llamar como protector a Pirro, rey de Epiro, que era un gran estratega, de forma que Aníbal le consideraba como el mejor de su tiempo. Su ejército, formado según las técnicas de la escuela macedónica, también estaba considerado como el mejor de su tiempo.

    Pirro aceptó la proposición de Tarento, pues tenía el proyecto de fundar un imperio en occidente, construido con el sur de Italia, Sicilia, el norte de África y naturalmente de Epiro, un imperio que comprendiese las dos orillas del Adriático.

    Así pues, Pirro desembarcó en Tarento en el 280 con veinte mil hombres de infantería, tres mil de caballería y algunos elefantes. Pirro confiaba no solamente en su ejército sino también en provocar en Italia un movimiento de sublevación en los pueblos dominados a la fuerza por Roma.

    Tan pronto Pirro desembarcó en Italia, Roma le declaró la guerra, los romanos prepararon cuatro ejércitos: uno lo dejaron en Roma como reserva, a dos les encomendaron vigilar a los etruscos, samnitas y al curto, a las órdenes de P. Laverio Levita lo enviaron al sur para salir al encuentro de Pirro. El encuentro tuvo lugar en Heraclea. Los romanos fueron vencidos por la superioridad de Pirro y también por l desconcierto que les causaron los elefantes, pero los romanos causaron unas cuatro mil bajas entre los mejores soldados de Pirro.

    Como consecuencia de esta victoria, se separaron de los romanos los griegos del sur, los brucianos, los lucanios, los samnitas del sur y los mesapios.

    Pirro avanzó hacia Roma hasta Anagni o Preneste, a unos cuarenta kilómetros de la ciudad, no con la intención de atacar ésta, sino con la de provocar con su presencia el movimiento secesionista de los pueblos del centro y del norte; pero tal movimiento no se produjo y Pirro tuvo que replegarse a Tarento a finales del 280.

    En el 279 reanudó la ofensiva, subiendo hacia el centro por la costa Adriática, los romanos le salen al paso y consigue su segunda victoria en Ausculo, pero perdió a unos tres mil de sus mejores soldados. Este resultados hicieron que la moradle Pirro decayese, por eso mismo intentó conseguir por vía diplomática que los romanos se comprometieran a respetar la independencia de la Magna Grecia; pero el senado romano, después de un momento de vacilación, se inclinó al parecer de Claudio Apio, el Ciego, de no negociar con Pirro mientras estuviera en Italia.

    Pirro acabó abandonando Italia para acudir a las llamadas de socorro de Siracusa que se veía amenazada por los cartagineses, esta ausencia fue aprovechada por los romanos para reconquistar los territorios del Sur de Italia. Tarento, viéndose nuevamente en peligro, volvió a llamar a Pirro quien volvió, pero esta vez fue derrotado en Benevento, en la Campania, por el general romano M: Curio Dentado. Los romanos supieron hacer frente a los elefantes haciendo caer sobre ellos una lluvia de flechas: los elefantes causaron un autentico desorden en el ejército de Pirro, habían dejado una guarnición en Tarento al frente de Milón, lugarteniente suyo, se marcha con el pretexto de buscar refuerzos, pero no volverá nunca más. Pirro murió tres años más tarde en el 272 en un combate en Argos.

    Roma fue sometiendo sucesivamente las ciudades griegas. Tarento pidió ayuda a Cartago, la cual envió una flota en su socorro, pero Milón decidió entregarse los romanos en el 272.

    En el año 272, Roma consigue hacerse la sueña de Italia, la cual consiguió por primera vez en su historia ese año la unidad. Los límites de esta Italia unida y conquistada por Roma en el 272 estaban constituidos en el norte por los ríos Aesis (vertiente adriática) y Macra (Liguria). En el año 59, el límite del río Aesis se desplazó un poco más al norte, hasta el río Rubicón. La Galia Cisalpina, aunque conquistada desde el 191 y organizada como provincia por Sila en el 81, no fue incorporada a Italia hasta 42 antes de Cristo. A partir de este momento los límites del norte de Italia están constituidos por los Alpes, desde el río Var en Liguria, hasta la región de Pola en Istria.

    3.- Roma y su lucha por la hegemonía del Mediterráneo

    1. Introducción

    Si la historia de Roma desde sus orígenes hasta la primera guerra púnica está indisolublemente unida a Italia, y por ello, su conocimiento pasa por el de la historia de la propia península, el período que comienza cuando se ha completado la anexión de Italia bajo la hegemonía romana, contempla la proyección de Roma hacia el Mediterráneo, en el que a partir de ahora se cumplirá todo su destino. Es por ello necesario ofrecer un panorama general de la situación del Mediterráneo en la época en la cual Roma trata de insertarse en él.

    Fueron los fenicios primero, pero más profundamente los griegos quienes por obra de sus respectivas colonizaciones dieron al Mediterráneo una unidad, sino política, si en gran medida, cultural. Pero la propia distribución geográfica mediterránea, con una extensión de este a oeste triple que de norte a sur, hace que sólo Roma- y no totalmente- supera la división oriental y occidental.

    Con la guerra contra Cartago (246-241 a.C.) comienza el período de las grandes conquistas de la historia romana. Cartago, la gran potencia del occidente mediterráneo, con la que Roma luchó durante más de dos siglos, era al principio un pequeña colonia fenicia de Tiro, fundada según la tradición, en el 814 a.C. Situada al noroeste de la actual ciudad de Túnez, y ubicada sobre las principales vías marítimas que unían el oriente mediterráneo con el occidente, la convierte en el más importante de los establecimientos fenicios en el Mediterráneo. El tráfico de mercancías será su principal recurso económico, llegando a convertirse en una potencia comercial.

    Cuando decayó el poder fenicio de Tiro, se erigió en metrópoli de las colonias púnicas en el Mediterráneo occidental. En defensa de este imperio, Cartago luchó reiteradas veces contra los griegos, sobre todo en Sicilia, donde tenían establecidas colonias. Al instalarse Roma en el litoral sur de Italia, ambicionó aquella isla, dando origen a un enfrentamiento entre ambas potencias.

    2. Guerras Púnicas

    2.1. La Primera Guerra Púnica

    2.1.1. Los estados campanos de Sicilia. Los mamertinos de Messina.

    No hay duda que el pretexto del primer enfrentamiento ente Roma y Cartago, o primera guerra púnica, fue el asunto de los mamertinos de Mesina. Éstos eran una banda de mercenarios de la Italia meridional bajo el común nombre de campanos que se habían apoderado de Mesina y habían extendido su control sobre todo el territorio del estrecho, cuya importancia estratégica era enorme.

    Los mamertinos atacados por Herión, rey de Siracusa permiten desembarcar en Mesina una división de cartagineses, cuya flota estaba atravesando el estrecho, consiguiendo que Herión se retirase. Mientras tanto en Mesina habían surgido dos tendencias: la primera quería una sumisión formal a Cartago sobre la base del reconocimiento de la autonomía, la otra estaba por la alianza con Roma. Esta última se impuso y se envió una embajada al Senado romano. Roma decidió realizar la alianza con los mamertinos y prestarles ayuda, ya que la ocupación de Mesina a por parte de los cartagineses habría reforzado las posiciones de Cartago en Sicilia del tal modo que la sumisión de Siracusa y de toda la isla hubiera sido mera cuestión de tiempo, y eso Roma no podía permitirlo. La operación de Mesina fue confiada al cónsul Apio Claudio, quién envió delante uno de los tribunos militares con una pequeña división que entró en Mesina provocando la huida de los cartagineses. Los cartagineses sin embargo no se resignaron a la pérdida de la ciudad, y decidieron conquistarla de nuevo a cualquier precio, y se aliaron con Siracusa.

    2.1.2. Alianza con Herión y conquista de Agriento.

    Los romanos por su parte al mando de Apio Claudio llegaron a las puertas de Siracusa, pero terminando el período en el cargo de este cónsul, regresaron a Roma dejando en Sicilia una fuerte guarnición, Los cónsules que siguieron a Apio se presentaron en Sicilia con grandes fuerzas, entonces Herión cambió el tratado de alianza uniéndose a los romanos, con lo que él conservaba el poder sobre Siracusa y un territorio adyacente y a cambio restituía los prisioneros romanos y pagaba un tributo.

    Los cartagineses mientras tanto habían hecho un centro fortificado en la ciudad de Agriento con numerosas tropas. Los cónsules del año siguiente pusieron sitio a dicha ciudad que presentaba grandes dificultades de conquista. Entablada la batalla, los cartagineses son derrotados y huyen, cayendo la ciudad en manos de los romanos.

    2.1.3. Construcción de la flota y expedición a África.

    Para poder continuar la guerra, el ejército romano se vio en la necesidad de construir grandes naves de batalla y adiestrar al personal para manejarlas. En el 260, después de algunos pequeños encuentros, la flota romana, al mando de Cayo Dulio, se enfrentó a la cartaginesa. Los cartagineses fueron derrotados y huyeron.

    Entusiasmados por esta victoria, los romanos decidieron llevar la guerra a África, con el ataque a la misma Cartago. Enfrentadas ambas potencias en el año 256, con gran número de naves y de soldados, los cartagineses son de nuevo derrotados. Los supervivientes se retiran a las costas de África para coopera en la defensa de Cartago. Los romanos desembarcaron en los alrededores de Clípea, logran entrar en la ciudad, la saquean y capturan gran número de prisioneros. En ese momento (al creer que en África no había tropas suficientes para la conquista de Cartago) llegó la orden de Roma de que uno de los cónsules quedara en África con tropas suficientes y el otro regresara a Roma con la flota, los prisioneros y la mayor parte del ejército.

    El cónsul que permaneció en África fue derrotado y una escuadra que salió en su auxilio fue destrozada por una tormenta, terminando de este modo la expedición África con una terrible catástrofe.

    2.2. La Segunda Guerra Púnica.

    2.2.1. Rebelión de los mercenarios de Cartago.

    Al evacuar a los mercenarios cartagineses de Sicilia y en previsión de que no provocasen disturbios, su jefe, Giscón, decidió trasladarles en pequeños grupos para que el Gobierno cartaginés abonase sus salarios y encaminarles inmediatamente a sus respectivas patrias. Pero esto no se llevó a cabo, sino que el Gobierno reunió a todos en Cartago para intentar convencerles de que renunciaran no sólo a los premios prometidos por Amílcar, sino también a una parte del sueldo que les correspondía.

    Al reunirse un gran número de mercenarios empezaron a producirse desordenes y actos de pillaje. Entonces el Gobierno los trasladó a la fortaleza de Sicca donde intentó convencerles de que renunciaran a una parte de sus haberes. Esto provocó una rebelión que fue apoyada por parte de la población sometida a fuetes gravámenes. Entablada una dura contienda que duró tres años, y unificadas las fuerzas cartaginesas en las personas de sus jefes Hanón y Amílcar, fueron derrotados los mercenarios.

    2.2.2. Cartago pierde Córcega y Cerdeña.

    En el 238 los revoltosos sardos (habitantes de Cerdeña) proponen entregar la isla a los romanos y si bien anteriormente éstos no lo habían aceptado, esta vez el Senado aceptó y empezó a preparar una expedición para ocupar la isla. Los cartagineses agotados por la guerra anterior, renunciaron a Córcega y Cerdeña.

    2.2.3. La empresa ibérica de los Barca.

    2.2.3.1. Amílcar Barca.

    El comportamiento de Roma en la cuestión sarda suscitó en Cartago una nueva explosión de odio. La autoridad del partido militar y de su jefe Amílcar Barca aumentó aún más. Dicho partido elaboró un plan de grandes conquistas en España para compensar la pérdida de las islas y crear una base sólida de operaciones para una nueva guerra con Roma. España, donde existían algunas colonias griegas y fenicias, era apetecida por las provincias vecinas por su posición estratégica, a sus recursos naturales, y al posible aprovisionamiento de tropas mercenarias.

    En el 237 Amílcar se dirigió a España con un pequeño ejército. La flota estaba mandada por su yerno Asdrúbal. Amílcar también llevó a España a su hijo Aníbal de nueve años, después de haberle hecho jurar ante un altar odio eterno a los romanos. Amílcar desembarca en Cádiz e inicia una larga conquista. Después de ocho o nueve años en España había logrado ensanchar considerablemente la faja costera bajo el control de Cartago.

    Los romanos seguían con atención todo lo que ocurría en España. En el 231 enviaron a Amílcar una embajada exigiéndole explicaciones de la razón de sus conquistas, Los cartagineses contestaron que eran para pagar los impuestos romanos.

    2.2.3.2. Asdrúbal

    En el invierno del 229-228 Amílcar se ahogó en un río, mientras dirigía operaciones militares contra una de las tribus ibéricas. Le sucedió su yerno Asdrúbal, quien extendió más el dominio sobre España llegando hasta el río Ebro y fundó la fortaleza-ciudad de nueva Cartago (Cartagena). Los romanos alarmados por los brillantes éxitos de Asdrúbal enviaron en el 226 una nueva embajada exigiendo que los cartagineses no pasaran armados el río Ebro, exigencia que aceptó Asdrúbal, pues reconocía sus conquistas. Los romanos aceptan estas conquistas y a que no querían más problemas, pues amenazaba otro frente contra los galos.

    2.2.3.3. Aníbal en España.

    Aníbal era un hombre de grandes dotes militares, que había adquirido un maravilloso aprendizaje guiado primero por su padre y luego por su cuñado. Aníbal después de penetrar en la España central, se lanzó a la conquista de la costa oriental. Al sur del Ebro sólo quedaba un pequeño centro independiente aún de Cartago, Sagunto. Su posición era muy importante para Aníbal desde el punto de vista estratégico. Pero según parece los romanos habían concretado una alianza con Sagunto, hecho que hicieron saber a Aníbal por medio de una embajada para que no la atacase. Aníbal rechaza las exigencias romanas y en la primavera del 219 pone sitio a Sagunto. La ciudad se defendió valerosamente durante ocho meses, esperando la ayuda de Roma, hasta que fue tomada por Aníbal.

    2.2.4. Aníbal en Italia.

    Rechazas las exigencias romanas que pedían la entrega de Aníbal o declaraban la guerra, ambas potencias prepararon un plan. El senado romano preveía dos golpes simultáneos: uno en África y otro en España, pero no conocían las intenciones de Aníbal.

    Asegurada la defensa de África y España con un contingente suficiente de tropas, Aníbal ve que la posibilidad de éxito es realizar una guerra ofensiva. Su plan consistía en invadir Italia a través de los Alpes, contando previamente con el apoyo de los galos de la Italia septentrional. En la primavera del 218, Aníbal sale de Nueva Cartago con un poderoso ejército, pasa el Ebro y somete a Cataluña. Para mantener conquistada dicha zona deja en ella un contingente de tropas. Después pasa los Pirineos, llega al curso inferior del Ródano y lo cruza, una vez vencidos o convencidos cuantos enemigos se oponían a su paso. Los romanos informados en todo momento con tardanza de las acciones de Aníbal, cuando llegan al Ródano en su persecución, los cartagineses habían abandonado el campamento. Atravesados lo Alpes en quince días, llegan al valle de Po al cabo de cinco meses desde que salieron de Nueva Cartago, con un ejército cansado y muy mermado.

    2.2.4.1. Tesino y Trebia

    La idea de Aníbal era conquistar el valle del Po antes que los romanos y obligar de este modo a los galos aun indecisos a que se pasaran a su bando, Después de someter a las tribus hostiles, Aníbal obtuvo de los galos una gran cantidad de hombres y caballos que infundieron una nueva vida a su ejército.

    Mientras tenían lugar estos acontecimientos, las legiones romana al mando de Plubio Cornelio Escipión habían llegado al Po y superado el Tesino (afluente de Po). Una vez erigido el campamento sobre la derecha del río, el mismo cónsul había salido a hacer un reconocimiento, con infantería y caballería ligera. Pero se había encontrado con la caballería de Aníbal también en misión de reconocimiento y se había producido una encarnizada batalla, en la que los romanos se llevaron la peor parte. El mismo Escipión, herido, había podido salvarse gracias al valor de su hijo, de diecisiete años, que acudió en su ayuda. Sólo la caída de la noche había impedido que los romanos sufrieran una derrota total.

    Después de esto Escipión se retiro al margen derecho del Trebia, desde donde esperó un segundo ejército de refuerzo, al mando de Sempronio. Éste, en contra del parecer de Escipión, aun convaleciente, decidió librar la batalla lo antes posible y atravesando el Trebia en condiciones de frío y hambre para los soldados, se dispuso para la batalla en la llanura. El encuentro fue desastroso para los romanos que perdieron gran parte de su ejército. La victoria de Aníbal hizo que se pusieran definitivamente de su parte muchas de las tribus galas aun indecisas.

    2.2.4.2. El lago Trasimeno

    A comienzos de la primavera de 217, Aníbal deja el valle del Po y se dirige a la Italia central, eligiendo un camino que nadie sospechaba y que sorprendió al cónsul Flaminio, jefe del ejército romano.

    Éste abandona el campo fortificado de Arezzo y se dirige a un valle que existía a lo largo de la costa septentrional del lago Trasimeno. Desde el oeste se llegaba al valle a través de una estrecha garganta. Este fue el lugar que eligió Aníbal. Envueltos los romanos en una tremenda emboscada, la batalla se convirtió en una espantosa carnicería, llegando a morir el mismo Flaminio. El cónsul Servilio acudió en ayuda de Flaminio, pero como su ejército marchaba demasiado lento, mando adelante una división de caballería. Entrando en combate la mitad fue derrotada y la otra mitad hecha prisionera por Aníbal.

    2.2.4.3. La dictadura de Fabio Máximo

    Después de su brillante victoria Aníbal se dirige hacia el sur, no encontrando en su camino una resistencia abierta y atravesó los Apeninos. En Roma mientras tanto, el Senado decidió recurrir al antiguo sistema de nombrar un dictador en momentos de peligro mortal. Para el cargo se nombró al senador Fabio, quién de momento no quiso entrar en una batalla general contra Aníbal. Ante esta impasividad se dieron poderes extraordinarios a Minucio similares a los de Fabio, quedando el ejército dividido en dos. Minucio atacó y fue derrotado. Después de esto el ejército se volvió a unificar. A los seis meses de poderes dictatoriales Fabio entregó el mando a los antiguos cónsules.

    2.2.4.4. Cannas

    A los cónsules del año 216 les correspondía la tarea de terminar con Aníbal, quién en la primavera de dicho año había ocupado la ciudad de Cannas. Esta ciudad era el depósito de víveres más importante de los romanos y su pérdida ponía al ejército en una difícil situación. Los dos cónsules (Pulo Emilio y Terencio) tenían diferentes opiniones sobre como atacar y este desacuerdo fue muy perjudicial, hasta que Terencio en un día que le tocaba el mando decidió librar la batalla. La misma tubo lugar en una llanura cercana a Cannas. La estrategia de Aníbal fue perfecta, ya que los romanos cayeron en una especie de tenaza en la que eran muy vulnerables. La mayor parte del ejército romano murió en el combate, sufriendo una gran derrota, sin embargo las pérdidas de Aníbal fueron pocas.

    2.2.4.5. Después de Cannas

    Después de Cannas Aníbal inició una campaña para a Roma de sus aliados itálicos, consiguiendo que muchas ciudades lo hicieran, como Capua, la ciudad más importante después de Roma. A finales del 216 dos legiones al mando de un pretor fueron destruidas en la Galia Casalpina y toda esa región quedó indefensa. La pérdida más importante para Roma durante la campaña ítala del 215-213 fue la conquista de Tarento por parte de Aníbal. A esto hay que añadir la alianza que este realizó con Siracusa y con Macedonia.

    2.2.4.6. Cambio de rumbo de los acontecimientos

    2.2.4.6.1. Sicilia

    En Sicilia, por su parte, el sucesor de Herión de Siracusa, en el 215, rompió su alianza con los romanos y se unió a los cartagineses. Siracusa estaba bien fortificada y poseía máquinas bélicas de gran poder diseñadas por el matemático y física Arquímides, que vivía allí y que murió en el asalto romano que se prolongó entre los años 213-211. La caída de Siracusa y a continuación de Sicilia rompe los planes de Aníbal que se basaba en la creación alrededor de Roma de una cadena de estados enemigos no itálicos: Sicilia debía ser el eslabón más fuerte de esa cadena, y estaba destrozado.

    2.2.4.6.2. Los hermanos Escipiones en España

    Cneo Escipión había desembarcado en España por Ampurias en el 218 y había logrado dominar toda la región al norte de Ebro. Más tarde su hermano Plubio Cornelio Escipión (el vencido en Trebia), llega a España con refuerzos, y los dos juntos logran pasar por el Ebro y extenderse hacia el sur hasta Sagunto.

    En España había quedado al mando de las tropas cartaginesas el hermano de Aníbal, Asdrúbal, quién ante tal situación recibe refuerzos de Cartago en el 215. A pesar de ello, los cartagineses son derrotados por los romanos. Ahora ya no sólo no se podía pensar más en enviar refuerzos a Aníbal desde España, sino que las mismas posesiones cartaginesas de la península estaban en peligro.

    En concreto, la amenaza de la pérdida de España obligó al cartaginés a cambiar el plan inicial y enviar a Magón con fuertes refuerzos, ya no a Italia, sino a España. Para colmo de males en África, Sifax, rey de Numidia occidental, en parte influido por los Escipiones, rompió las relaciones de vasallaje que le unían a Cartago dando origen a una guerra de tres años (214-211). Asdrúbal abandona España para someter a Sifax. Mientras tanto los hermanos Escipiones obtienen nuevos triunfos importantes, conquistando Sagunto y otras ciudades. Después de someter a Sifax, Asdrúbal regresa a España y en el 211 junto a su hermano Magón, presenta batalla a los hermanos Escipiones, a los que vence, llegando a morir estos dos. Los romanos se retiran más allá de Ebro y España se convierte de nuevo en una amenaza para Italia.

    2.2.4.6.3. Publio Cornelio Escipión (hijo), El Africano

    El frente español era vital para Roma, y por eso envía a España, primero al pretor Claudio Nerón con dos legiones y al no ser suficiente envía a quién el pueblo consideraba la única esperanza de Roma, al hijo de Publio Cornelio Escipión, llamado igual que su padre, a quién salvará de la muerte en la batalla de Tesino cuando sólo tenia diecisiete años. El joven Escipión (que más tarde recibiría el sobrenombre de Africano, por sus éxitos en África) acababa de cumplir entonces veinticinco años.

    En el 210, Escipión llega a España y en el 209, en un ataque combinado del ejército de tierra con la flota, tomó Nueva Cartago. Escipión promete a los rehenes la libertad sí sus compatriotas se pasan al lado de Roma, lo que consigue de algunas de las tribus. La toma de la capital de los Barca desalienta a los cartagineses, y anima a los romanos. Mientras en España los cartagineses operaban con tres ejércitos diseminados: el de Asdrúbal, el de Magón y el del hijo de Giscón, llamado también Asdrúbal. Las fuerzas romanas operaban unificadas en un ejército, lo que les daba superioridad. En 208, Escipión marchaba hacia la cuenca del Betis y Aníbal, rehuye entrar en combate por inferioridad numérica.

    2.2.4.6.4. Expedición de Asdrúbal a Italia. Metauro.

    Asdrúbal marcha a Italia para llevar tropas de refuerzo a su hermano Aníbal, pasando los Alpes en la primavera del 207. Al enviarle mensajeros a éste para comunicarle su llegada, son interceptados por los romanos, y alertados preparan un fuerte ejército para atacar a Asdrúbal e impedir que se reúna con su hermano. Cuando Asdrúbal se dio cuenta de que tenia frente a él fuerzas enemigas superiores trató de evitar la batalla. Pero no lo logró. En las proximidades del río Metauro se entabló batalla, siendo derrotados los cartagineses y llegando a morir el mismo Asdrúbal. Quedarían entonces, para siempre, enterradas las esperanzas de Aníbal de revitalizar el frente italiano.

    2.2.4.6.5. Fin de la guerra en España

    Después de la muerte de Asdrúbal, la suerte de España había quedado decidida. Cerca de Ilipa, sobre el curso inferior del Betis, Escipión obtuvo en el 207 una brillante victoria sobre los ejércitos reunidos de Magón y de Adrúbal, hijo de Giscón. Esta batalla marcó el fin de la dominación cartaginesa en España. En el 206, los cartagineses fueron expulsados de España.

    Terminada la guerra en España, el propósito de Escisión era llevar la guerra a África y acabar con el enemigo. Magón, para evitar esto, hizo una última tentativa desesperada para acudir en ayuda de su hermano. Desde las Baleares desembarcó en Génova, de la que se apoderó. Pero antes de enlazar con su hermano fue derrotado en el 203 cayendo gravemente herido.

    2.2.4.6.6. Escipión en África. Batalla de Zama

    En el verano del 204, Escipión zarpó de Lilibeo (en Sicilia) con rumbo a África. El desembarco se produjo sin obstáculos en las cercanías de Utica. Los romanos establecieron un campamento cerca de la ciudad.

    El éxito de la guerra en África dependía en gran medida de la posición que hubieran tomado los jefes de las tribus numidas. Sifax, antiguo aliado de los Escipiones, había traicionado en esos años a los romanos, haciéndose amigo de los cartagineses. En cambio Escipión había encontrado un aliado en Masinisa, príncipe numida y enemigo de Sifax.

    En un primer encuentro, los cartagineses, ayudados por Sifax sufren una primera derrota en manos de los romanos y su aliado Masinisa, y mientras Sifax cae prisionero, Escipión queda en territorio cartaginés intentando someter algunas ciudades. Después de estos fracasos, al gobierno cartaginés no le quedaba otro remedio que pedir la paz 203.Por el tratado, Aníbal Magón tenían que abandonar Italia y Cartago, perdía todas sus posesiones fuera de África. Pero la llegada a África de Aníbal y las tropas de Magón (quién murió en el regreso) hicieron renacer las esperanzas de Cartago y se rompió el armisticio. Entonces Escipión marchó a África para enfrentarse a Aníbal. Los dos ejércitos se enfrentaron cerca de la ciudad de Zama. Los cartagineses fueron derrotados, y sufrieron grandes pérdidas. Aníbal, que pudo escapar con vida, sufría así su primera derrota.

    Después de esto se firma la paz en el 207 en condiciones peores al anterior tratado. Cartago, seguía siendo independiente, pero además de perder sus posesiones no africanas, no podía declarar ninguna guerra sin permiso romano y tenia que pagar fuertes tributos. Al finalizar la segunda guerra púnica, Roma ya no tenia rival en toda la zona del Mediterráneo, y a Escipión se le comenzó a llamar el Africano.

    2.3. La Tercera Guerra Púnica

    En el 153, Catón, que había pasado un tiempo en África y había visto el florecimiento de Cartago, llegó a la conclusión de que "ceterum censeo Carthaginem esse delendam"(por otra parte, pienso que Cartago debe ser destruida).

    Para declarar la guerra a Cartago había que encontrar un pretexto. Éste lo encontraron en el enfrentamiento entre Masinisa y Cartago, y aunque el ejército cartaginés había sido derrotado por éste, Cartago había violado el tratado del 201 por haber iniciado operaciones de guerra sin autorización de Roma.

    Ante estos hechos los romanos se preparan para la guerra y Cartago, temerosa, envía una embajada para justificar lo sucedido culpabilizando a Asdrúbal, disculpas que Roma no acepta y declaran la guerra. Ante la rendición de los cartagineses, Roma impone unas condiciones, como la entrega de un número de rehenes que Cartago acepta. Pero cuando Roma impone que Cartago sea abandonada y después destruida, los cartagineses deciden fortificar su ciudad y se aprovisionan de armas y alimentos. Los romanos ponen sitio a la ciudad, que se prolonga durante algunos años. En el año 147 se pone al mando de la guerra contra Cartago a Publio Cornelio Escipión Emiliano, hijo adoptivo de Escipión el Africano, quién rodeó la ciudad por mar y por tierra.

    En el 146, cuando el hambre y las enfermedades habían causado estragos en la ciudad, Escipión da el ataque definitivo, toma la ciudad y la somete a saqueo. Después siguiendo el criterio del Senado, la destruye al nivel del suelo, y en el lugar donde se alzaba hizo trazar surcos con el arado.

    . 2.4. Conquista del Mediterráneo occidental

    2.4.1. Las islas de Sicilia, Córcega y Cerdeña, Hispania y África

    Con el dominio sobre las islas de Sicilia(conseguido tras la primera guerra púnica) y de Córcega y Cerdeña, en el intervalo entre la primera y segunda guerra púnica, la expulsión de los cartagineses de España, con la toma de Cádiz en el 206, Roma había afianzado fuertemente su dominio en el Mediterráneo occidental. En África las posesiones de Cartago, a excepción de una parte que obtuvieron los herederos de Masinisa, constituyeron la nueva provincia de África.

    2.4.2. La Galia

    Los romanos habían dividido la Galia (con anterioridad al 42. Después tendrá otra división) en dos parte: a) Galia Casalpina, región al norte de Italia, que se encuentra entre los Apeninos y los Alpes, y b) Galia Transalpina. La Galia Casalpina había quedado anexionada a Roma después de la batalla de Clastidium, mediante la que se conquistó la capital gala Mediolanum (Milán), en el 222. El motivo que había infundado esta guerra había sido el reparto entre los colonos de las tierras galas. Este territorio se había perdido de nuevo en su mayor parte por la invasión de Aníbal del 218 y recuperado de nuevo en el 190.La Galia Transalpina es el área que corresponde con la actual Francia.

    2.5. Conquista del Mediterráneo Oriental

    2.5.1. Iliria

    Iliria (la actual Albania) era una región de la península balcánica, al este del mar Adriático, fronteriza con Macedonia y el Epiro. Iliria había llegado a su máximo esplendor entre el 240 y 230, con el reinado de Agrón y de su viuda Teuta.

    El pillaje de los piratas ilíricos provoca la intervención de roma contra Iliria que termina con la paz del 228. Por esta paz la reina Teuta acepta la restricción de sus barcos a navegar por determinadas zonas y devuelve los territorios conquistados, que Roma cede en parte al griego Demetrio de Faros, jefe de la guarnición iliria que se había pasado al bando romano.

    En el 220, Demetrio de faros, que gobernaba una parte de Iliria, violó el tratado del 228. Roma intervino en la llamada segunda guerra ilírica, y después de vencer a Demetrio, sus posesiones ilíricas pasaron al protectorado de Roma. De esta forma el mar Adriático quedaba libre de peligro. Demetrio huyó para ponerse al lado de Filipo.

    2.5.2. Grecia

    2.5.2.1. Primera Guerra Macedónica

    En el 215, Filipo de Macedonia firma con Aníbal un tratado por el que Macedonia, se comprometía a hacer la guerra contra Roma en alianza con Cartago, previo reconocimiento por parte de los cartagineses, de los derechos de Filipo sobre las costas ilíricas, Corcira, Apolonia, Epidauro otras ciudades. Pero la ratificación por parte del rey de Macedonia y del senado cartaginés, se retrasó notablemente, debido a la captura por parte de los romanos de los embajadores macedonios que regresaban del campamento cartaginés, lo que obligó a Filipo a enviar ante Aníbal una nueva embajada. Luego el Senado romano tomó conocimiento del tratado y envió un ejército para controlar el Adriático, de forma que cuando en el 214, Filipo intentó poner sitio a Apolonia, los romanos preparados le atacaron y le derrotaron.

    Otro de los problemas que tenía Macedonia, eran sus malas relaciones con Grecia, pero a pesar de todo en el 213 la situación de Iliria cambió nuevamente a favor de los macedonios que obligaron a los romanos a reducirse a una estrecha faja costera. Pero Roma negoció con los etolios y la coalición antimacedónica se extendió rapidamente, viéndose Filipo rodeado de enemigos pasando serias dificultades.

    En el 207, la situación cambió a favor de Filipo, ya que Asdrúbal había penetrado en Italia y, Roma, tuvo que reunir allí sus ejércitos. Filipo pasó a la ofensiva cruzando los límites de Etolia.

    En el 205, se firma la paz de Fenice, por la que los romanos conservaron sus posesiones ilíricas más importantes y las ciudades griegas cedieron a Filipo parte de las tierras del continente.

    2.5.2.2. Segunda Guerra Macedónica

    En el 201, habían llegada a Roma embajadores de diversas nacionalidades solicitando su ayuda ante Macedonia. Roma acababa de terminar la Segunda Guerra Púnica y era difícil iniciar una nueva guerra, ya que el pueblo, agotado, no la deseaba. Sin embargo, el Senado se decide a ello por el peligro que representaban para Roma, Filipo y Antíoco.

    Roma antes de iniciar la guerra en el 200, intenta negociar con diferentes pueblos, incluso con Antíoco para aislar a Macedonia. El cónsul, Tito Quincio Flaminio, después de lograr el aislamiento de Filipo, incluso de viejos amigos de éste, fuerza a Filipo a una batalla definitiva que tiene lugar en el 197 en Tesalia sobre las colinas llamadas Cinoscéfalas (cabezas de perro). Filipo fue derrotado y perdió la mitad de sus tropas. Firmada la paz, se realizó en condiciones poco duras para Filipo, ya que Roma no quería tenerle como enemigo en caso de guerra contra Antíoco. Entre estas condiciones estaba la liberación de Grecia.

    2.5.2.3. La Guerra contra Antíoco III. Posesión de Asia Menor.

    Antíoco, rey de Siria, había ampliado sus dominios apoderándose de posesiones egipcias de Asia Menor, ocupando Éfeso y Abido y se había apoderado de las ciudades marítimas de Tracia, en un intento de restaurar la monarquía de los Seleúcidas.

    Los romanos exigían a Antíoco que abandonase Europa, exigencias que Antíoco no acepta, con lo que la guerra se hacía inevitable. Aníbal se había entrevistado con el rey sirio con la idea de formar un frente único antirromano en unión con Filipo, plan que no fue aceptado, erróneamente por Antíoco. Éste convencido por los etolios inició en el 192 la guerra contra los romanos. A pesar de que varias ciudades se pusieron a su lado, sus fuerzas eran inferiores a las romanas que ahora contaban con el apoyo de Filipo. En el 191, Antíoco era derrotado en las Termópilas. Antíoco huyó con los restos de su ejército a Éfeso. Después, en el mismo año. La flota romana derrotó a la de Antíoco en el cabo Córico, frente a Quíos.

    En el 190 se nombra a Escipión el Africano, para dirigir la guerra contra Antíoco en Asia. Escipión, después de emprender conversaciones de paz con los etolios, con quienes estaban en guerra se dirige con todas sus fuerzas y al apoyo de los aqueos y macedonios hacia Asia Menor. Antíoco contaba con el apoyo de una escuadra naval al mando de Aníbnal que fue derrotada por las naves rodias. Otra flota enviada por el propio Antíoco, fue derrotada por los romanos.

    Mientras tanto, Antíoco había reunido en Asia Menor grandes fuerzas terrestres de todos los puntos de su reino. Pero después de un cierto número de encuentros, perdió la fe en sí mismo y propuso a los romanos entablar deliberaciones de paz. Las conversaciones no llegaron a nada y fueron suspendidas.

    La batalla decisiva tuvo lugar en el 189 en la batalla de Magnesia. A pesar de la superioridad numérica del ejército de Antíoco , vencieron los romanos.

    El tratado de paz fue aceptado en el 188 por Antíoco de Apamea. Éste renunciaba a todas sus posesiones europeas y a Asia Menor, así como pagar tributos de guerra. Una de las condiciones de la paz, era la entrega de Aníbal, pero éste consigue huir a Bitinia junto al rey de Prusias, y en el 184 al ver que se le tendía una trampa murió ingiriendo veneno.

    Los aliados de Roma y Eumenes de Pérgamo en particular, fueron generosamente premiados a costa de los territorios tomados a Antíoco. En el 133, con la muerte de un sucesor de Eumenes, Atalo III, los dominios de Pérgamo pasaron a Roma, convirtiéndose en la provincia romana de Asia Menor.

    2.5.2.4. La Tercera Guerra Macedónica.

    Después de la conquista sobre Antíoco, el Senado empezó a preocuparse por el problema macedónico. Durante la guerra con Antíoco, Filipo había prestado grandes servicios a Roma y el hecho de que los romanos le hubieran permitido fortalecerse a costa de la liga etólica no era más que simple gratitud. Pero Filipo no se había limitado a esto. Se había apoderado de Demetría y de gran número de ciudades tesálicas. Este fortalecimiento de Macedonia era una amenaza contra la hegemonía romana en Grecia. Por eso el Senado decidió adoptar contramedidas. En el 189, concertó la paz con los etolios en condiciones relativamente blandas, con el propósito de mantener la liga etólica en contrapeso del poderío macedónico. Seis años después, aprovechando las quejas de Eumenes y de otros enemigos griegos de Filipo, los romanos le obligaron a evacuar las ciudades de Tracia y algunas zonas de Grecia.

    En el 179, cuando Filipo preparaba un plan para internarse en Grecia, muere. Su hijo Perseo procuró buscarse aliados. Abandona la actitud de enfrentamiento de su padre respecto a los griegos y se alía a un sector de ellos contra Roma.

    Eumenes, que había ido a Roma en el 172 a quejarse contra la política de Perseo, muere a la vuelta, víctima de un atentado que se le atribuye a Perseo. Esto colmó el vaso de la paciencia de los romanos. En el 171, Roma inicia nlas operaciones militares contra Macedonia, asegurándose primero atraer los aliados de Perseo hacia Roma.

    En el primer combate, Perseo vence a las tropas romanas en Tesalia. Después de dos años, en que la guerra no se decidía en ningún sentido, Roma decide poner fin a la misma a cualquier precio. En el 168, fue enviado a Macedonia, el cónsul Lucio Emilio Paulo, quien vence a Perseo en la ciudad de Pidna, poniendo fin a la monarquía macedonia.

    Macedonia no fue transformada en provincia, pero quedó dividida en cuatro repúblicas aisladas y al mando de ellas se puso a una aristocracia fiel a Roma. Después de haber destruido Macedonia, no quedaba en Grecia ningún poder temeroso para Roma.

    En el año 148, el pretor Quinto Cecilio Metelo, aplastó un último intento de reunificación de Macedonia en Tracia y la transformó en provincia romana.

    En el 146, la liga aquea intenta librarse de la odiada tutela de Roma y la declara la guerra. El cónsul Cecilio Metelo en primer lugar y Lucio Munio en segundo, vencieron sucesivamente a los aqueos. Una gran parte de Grecia fue unida a la provincia de Macedonia. Los otros griegos que no se habían unido a la rebelión mantuvieron con Roma las anteriores relaciones de alianza, con una independencia muy reducida. Grecia fue transformada en provincia en el 27, en tiempos de Augusto, con el nombre de Acaya.

    2.5.2.5. Conquista de Egipto

    en el año 51, mientras en defensa de la causa romana, César aplastaba el último movimiento de resistencia galo, en Egipto, moría el rey Tolomeo XII Auteles, quien dejaba como sucesores en el reino a su hija Cleopatra VII, con su hermano Tolomeo XIII, con quien estaba casada, sólo a efectos legales (según la costumbre de los Tolomeos, no podía gobernar sola).

    En el año 48, Cleopatra fue expulsada por el partido de su hermano, aunque repuesta en el trono por Julio César que se hallaba en Egipto, persiguiendo a Pompeyo. Cuando Tolomeo XIII perdió la vida en la guerra que siguió, la Guerra Alejandrina, Cleopatra se casó con otro hermano menor aún, Tolomeo XIV, aunque de hecho ella gobernó en solitario. La reina y César se hicieron amantes y en el año 47 dio a luz un hijo, Cesarión, pregonando a los cuatro vientos que César era el padre. En el 46 siguió a César a Roma, volviendo a Egipto después de su muerte. Cuando Tolomeo XIV murió poco después, posiblemente envenenado por ella, nombró a su hijo corregente.

    En el 41, entró en contacto con Marco Antonio, que se enamora de ella.

    Mientras tanto en Roma, para evitar una guerra entre los componentes del segundo triunvirato, llegan, en el 40, a un acuerdo en Bríndisi, para repartirse el gobierno. A Marco Antonio se le adjudica el Oriente, a Octavio el Occidente y a Lépido solamente África.

    Marco Antonio se instaló en Egipto y se unió a Cleopatra con quien tuvo descendencia. Es difícil establecer hasta dónde llegaban los objetivos políticos y los sentimientos personales de ambos. Antonio necesitaba su alianza con la reina para su lucha con los partos y Octavio, y la reina, quería contar con Antonio para restaurar el reino de los Tolomeos.

    Producida la ruptura entre Antonio y Octavio, éste se dedicó a desacreditar a Marco Antonio ante el Senado, presentándole como enemigo de Roma.

    Los hechos conducen finalmente a guerra entre Roma y Cleopatra. Ésta participa en la batalla del año 31, en el mar, frente al promontorio de Accio, a la salida del golfo de Ambracia, apoyada por Marco Antonio, donde es derrotada. Marco Antonio y Cleopatra logran huir, pero pocos meses después, ante la infructuosa resistencia de Antonio, y la caída de Egipto en manos de Octavio, ambos suicidan.

    Egipto es anexionado a Roma.

    2.6. La conquista de la Galia

    Cuando hemos hablado de la conquista del Mediterráneo occidental en el apartado de la Galia, hemos hecho referencia al nombre de Galia Cisalpina y Galia Transalpina, entendiendo esta última como la actual Francia.

    El principal interés de Roma en la Galia (Transalpina) resultaba de la necesidad de asegurar las comunicaciones con su aliada comercial Saguntum (Sagunto) en Hispania. La comunicación estaba normalmente asegurada por Masilia, pero cuando en el s. II dicha ciudad fue amenazada, primero por invasores ligures y luego por lasa tribus celtas de alóbroges y avernos, los romanos lucharon contra éstos y finalmente los vencieron.

    Estas campañas dieron a Roma la posesión del territorio galo entre los Alpes y el Ródano hasta el norte de Génova. En el 121, formaba parte de una provincia, al principio llamada simplemente Provincia (actual Provenza). Este territorio con posterioridad se extendió hacia el oeste, cuando en el 118 se fundó la colonia romana de Narbo (Narbonne), y la provincia pasó a llamarse Galia Narbonense; de este modo los romanos dominaron el camino a Hispanis a través de los Pirineos orientales. Narbona llegó a ser una rival comercial de la Massilia griega, que permanecía nominalmente independiente.

    La siguiente amenaza provino de incursiones escandinavas, cimbrias y teutonas, que provocaron una terrible devastación en la Galia a finales del s. II a. C. Mario logró aniquilarlos definitivamente en 101, después de lo cual no hubo mucho movimiento de poblaciones hasta el 58. En estos años Julio César, tras finalizar su consulado en el 59, consiguió la Galia Cisalpina y Narbonense para su provincia, en una época en que la Galia Transalpina había sufrido una invasión de pueblos germánicos bajo Ariovisto y la amenazaba una invasión por parte de los helvecios.

    Los enemigos de César veían con agrado el nombramiento de César como gobernador de la Galia Transalpina, ya que alejaba de Roma y posiblemente por mucho tiempo dada la situación de la zona. Sin embargo, el cargo de gobernador de Galia correspondía plenamente a los planes secretos de César, ya que la región era el trampolín indicado para la conquista del poder.

    En esa época Galia estaba dividida en tres partes: región sur-occidental, situada entre los Pirineos y el Garona, poblada por los aquitanos; región central o galia propiamente dicha, limitada al norte por los ríos Sena y Mosela, ocupada por los galos; y la tercera región septentrional entre el Saona y el Rin, habitada por los belgas, que eran los menos civilizados.

    La Galia no sometida era un mosaico de tribus independientes, rivales unas con otras. Cuando césar llegó en el 58 a la Provincia, en la Galia propiamente dicha hacía tiempo que tres tribus luchaban por la supremacía , los eduos, los secuanos y los avernos. Los eduos se consideraban aliados de Roma, los secuanos y los avernos se inclinaban por los germanos del otro lado del Rin. A petición de los secuanos, el jefe de la tribu germana de los suevos, Ariovisto, cruzó el Rin con una gran tropa y después de una larga lucha venció a los eduos.

    El ataque de los germanos provocó el desplazamiento de los helvecios, que empujados a la búsqueda de tierras libres, tenían intención de descender de la actual Suiza hasta el Garona, atravesando territorio romano, hecho que fue impedido por César. Entonces los helvecios eligieron otro camino y marcharon a través de los secuanos y los eduos. César los atacó y derrotó obligando a los supervivientes a que volvieran atrás y establecieran alianzas con Roma.

    El paso siguiente que proyectaba César era eliminar la influencia de los germanos. Con el objeto de presentar la lucha contra Ariovisto como una guerra nacional de toda la Galia, en el verano del 58, bajo presión de los romanos, se convocó una reunión de representantes de las tribus galas, que decidieron pedir a César que les defendiera de los germanos. Luego Ariovisto rechazó las condiciones romanas, por lo que César le declaró la guerra. En el otoño del 58, en Alsacia, no lejos del Rin, Ariovisto fue derrotado y perseguido hasta el mismo río. Sólo unos pocos germanos, con sus jefes, lograron pasar a la orilla derecha. Así fue como los romanos llegaron por primera vez al Rin, que desde ese momento se convirtió en el confín oriental de sus dominios en Galia.

    En el 57, César, que ya era dueño prácticamente de toda Galia central, marcha contra las tribus belgas, hasta lograr someter una tras otra a todas ellas, a pesar de las grandes dificultades que pusieron algunas de ellas, como la tribu de los nervios. A continuación, se encaminó a aplastar las revueltas de los britanios y normandos franceses en la costa entre el Loira y el Rin, lo que consiguió con habilidad. De este modo, toda la Galia fue sometida y declarada provincia romana.

    Sin embargo, hubo que sofocar diversas rebeliones, entre ellas la más importante, la del 52, en un intento de rebelión de toda la Galia, encabezada por los avernos al mando de Vercingetorix, a quien los rebeldes proclamaron rey de los avernos y jefe de toda la Galia.

    La situación para César se puso muy complicada, ya que sus fuerzas eran inferiores a las de Vercingetorix y podía verse aislado. En el primer intento fracasó, pero después de atacar y de obligar a Vercingetorix a retirarse a la ciudad de Alesia, puso sitio a la misma, hasta que el hambre obligó a rendirse a los rebeldes.

    Seis años después, el jefe de los galos, cargado de cadenas desfilaba en roma ante el carro triunfal de César y luego era condenado a muerte.

    2.7. La conquista de Hispania

    Antes de que los romanos llegaran a la Península, convivían en ella una diversidad de pueblos y culturas procedentes de diferentes lugares de Oriente y Occidente. No tenían entre sí lazos comunes, ni se apreciaba ningún intento de unificación.

    El Sur y el Levante, estaban poblados por una serie de pequeños reinos entre los que sobresalía Tartessos, enriquecidos por el comercio de metales y la agricultura floreciente. El Centro y el Norte lo ocupaban tribus de ganaderos y agricultores, que en ocasiones acuciados por la miseria llevaban a cabo incursiones sobre los vecinos más afortunados. A todo ello hay que añadir las factorías griegas, fenicias y cartaginesas asentadas en el litoral.

    Este es el panorama con que se encuentran las tropas romanas al arribar a España en pos de los cartagineses. Sus miras, en principio, no fueron la colonización o dominio de la Península, sino arrebatar a su enemiga Cartago la fuente de aprovisionamiento de plata y hombres.

    A lo largo del tema ya hemos hecho referencia en varias ocasiones a Hispania, como lugar de apoya para diversas empresas militares. En primer lugar, vimos como Almílcar desembarca en Cádiz en el 237 en un intento de compensar la pérdida de Córcega y Cerdeña, con grandes conquistas en España: en el 219, la toma de Sagunto por Aníbal; en el 215, la derrota de los cartagineses por los hermanos Escipiones; en el 211, la vuelta de Aníbal y la derrota de los romanos; en el 209, la toma por Escipión de Nueva Cartago; y finalmente, la toma de Cádiz por los romanos y la evacuación definitiva de la Península por parte de los cartaginenses.

    Después de la Segunda Guerra Púnica, los romanos mantenían su dominio en las regiones orientales y meridionales de la Península. Las zonas restantes eran casi completamente independientes. A comienzos del s.II, las posesiones romanas se organizaron definitivamente en dos provincias: Hispania Citerior e Hispania Ulterior. En la primera, estaban comprendidas la regiones bañadas por los cursos medio e inferior del Ebro y una estrecha faja que se extendía hasta Nueva Cartago inclusive. La Hispania Ulterior comprendía el territorio al sur de Sierra Morena. Las dos provincias eran gobernadas por dos pretores con amplios poderes, nombrados normalmente por dos años.

    Si la población de las ciudades de ambas provincias soportaba bastante pacientemente el dominio romano (entre estas ciudades había ligadas a Roma por vínculos de alianza como, por ejemplo, Tarragona, Sagunto, Cádiz y otras) las tribus guerreras del territorio restante, por el contrario, causaban grandes molestias a los romanos. No sólo se oponían a cualquier tentativa de sumisión, sino que frecuentemente agredían el territorio de las provincias, llamando a la rebelión también a las poblaciones pacíficas.

    La actitud de Roma en España fue diversa: mientras en el 195, Catón reprime con energía una revuelta; en el 180, Graco, conjuga la severidad de la diplomacia, dialoga con la nobleza celtíbera y se hace popular entre las tribus españolas.

    En el 154, estalló una rebelión en el país de los lusitanos (parte de la actual Portugal) y se difundió entre los celtíberos de España central y otras tribus. Después del 150, al mando de los lusitanos estaba Viriato. Los romanos fueron derrotados varias veces: durante ocho años Viriato luchó con éxito contra Roma. Sólo gracias a una traición fue posible librarse del peligroso enemigo. En el 139, mientras se realizaban conversaciones de paz, los romanos, con empresas de amnistía y recompensas de dinero, lograron corromper a algunas personas cercanas a Viriato y éstas le mataron de noche, mientras dormía en su tienda. Después de la muerte de Viriato, la Lusitania fue sometida.

    Otro foco de rebelión, era la España septentrional. El cónsul Cecilio Metelo había logrado dominarla casi por completo en el 142. Sólo algunas ciudades celtíberas, entre ellas Numancia, continuaban resistiendo. Después de repetidos fracasos por parte de los romanos, el Senado decidió enviar a España en el 133 al héroe de Cartago (Publio Cornelio Escipión Emiliano), quien organizó el ejército y rodeó a Numancia con una doble línea de fortificaciones. Bien pronto el hambre obligó a los sitiados a rendirse pidiendo clemencia al vencedor. Los restos de la población fueron reducidos a esclavitud y la ciudad destruida.

    Después del 133 reinó en Hispania una relativa calma por un largo tiempo.

    En el 83, las Guerras Civiles de Roma repercuten en Hispania, al ser nombrado primero y depuesto después, Sertorio gobernador de Hispania Citerior. No sólo no acepta su sustitución, sino que encabeza una rebelión contra Roma, llegando a ocupar la mayor parte de la Hispania romana. Las tropas de Metelo y Pompeyo recuperan paulatinamente terreno y en el 72, Sertorio es asesinado en un complot por su general Perpenna, quien toma el mando, y en el 71, éste es derrotado finalmente por Pompeyo y Metelo.

    Con las Guerras Sertorianas la Península se vio de nuevo invadida por los ejecitos romanos. Invasión que se continuó con las luchas entre César y Pompeyo. El último episodio bélico desarrollado en la Península fue la conquista de Cántabros, Astures y Galaicos, que tuvieron lugar del 29 al 19. En ella intervienen diversos mandos romanos, incluyendo al mismo Augusto. En el 19, es sofocado el último foco de rebelión, el de los Cántabros, por el yerno de Augusto, Marco Agripa. Con esta campaña, concluyen 200 años de guerras sangrientas e Hispania queda definitivamente pacificada convirtiéndose en una provincia del Imperio Romano a la que Augusto dividió, para su más fácil administración en tres provincias: Tarraconense, Lusitania y Bética.

    2.8. Su repercusión en la historia de Occidente

    Uno de los más representativos del futuro histórico surgido de la obra de Roma a partir de Augusto fue el carácter unitario que desde esos momentos va a imprimir Roma al mosaico de pueblos que integraban el Imperio en su región occidental y sobre todo a las diversas nacionalidades que surgirán de él. Y no es que con esta acción romanizadora desaparezca toda diferencia, pero la administración y la civilización romana imprimirá a este mosaico de pueblos, elementos comunes en formas de vida, desarrollo económico y asimilación cultural de todo tipo: lengua (unificación de la lengua en el latín), religiosidad (unificación religiosa, primero los cultos romanos y luego el cristianismo), derecho, organización municipal, régimen de vida y hasta gustos artísticos.

    La presencia de Roma en la región occidental de su Imperio, va a significar en la mayoría de los pueblos de su ámbito, un cambio en la estructura política, social y económica tradicional gentilicia, por la estructura económica y social urbana, de propiedad privada, en la que la familia pasa a ser la unidad básica frente al Estado, en sustitución de los vínculos de sangre gentilicios. Una de las principales innovaciones del Imperio instaurado por Augusto fue la concentración en su persona del mando de los ejércitos y de la administración de las provincias. Con ello, además de asegurar la paz y la seguridad de los viajes y de los transportes, los provincianos obtuvieron grandes beneficios y sobre todo, consiguieron que se fijasen de forma definitiva sus obligaciones tributarias. Gran parte de estos tributos se reinvertían en obras públicas (carreteras, puentes, acueductos, murallas, templos, teatros, anfiteatros, termas, etc...), en nuevos métodos de cultivo, nuevas factorías industriales y pesqueras, nuevos centros mineros abiertos, en cultura y ciencias, etc.

    Los romanos no impusieron inmediata ni despóticamente, en los países que subyugaron, su civilización ni su derecho, ni su religión, etc., sino que respetaron las costumbres jurídicas, las constituciones, las leyes, la religión, etc., de los distintos pueblos, que poco a poco fueron asimilando las romanas. La política romana consistía en elevar gradualmente a los pueblos conquistados al mismo nivel del conquistador, confiriéndole poco a poco todos los derechos, privilegios y obligaciones de que gozaba un ciudadano en el sentido exacto de la palabra. La concesión del jus latii y la ciudadaníacoronaba la romanización. Los pueblos romanizados recibían el título de togati. Una red de vías romanas unía a las provincias con la capital del Imperio. Se produce un extraordinario desarrollo de la vida urbana y las ciudades adoptan la organización municipal romana.

    Al mismo tiempo que la romanización administrativa se produjo la cultural. El acervo cultural grecorromano se transmitía a todas las provincias del Imperio, que heredarán un enorme sumario de conocimientos científicos de toda índole (astronomía, física, geografía, antropología, zoología, botánica, agronomía, medicina, metalurgia, arquitectura, etc.) además de filisofía, literatura, gramática, derecho, teatro, pintura, escultura,etc., que junto al restoi de los fenómenos lingüísticos, religiosos, organizativos, de infraestructura,etc., a que ya hemos hecho referencia, configurarán la repercusión de Roma en la historia de Occidente.

    'Roma'