Rinconete y Cortadillo; Miguel de Cervantes y Saavedra

Literatura del Siglo de Oro español. Siglo XVI. Renacimiento. Novelas ejemplares y picaresca. Biografía. Argumento. Tema. Análisis. Personajes

  • Enviado por: Alejandra
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Miguel de Cervantes

Miguel de Cervantes Saavedra, novelista, poeta y dramaturgo español. Nació el 29 de septiembre de 1547 y murió el 22 de abril de 1616 en Madrid (fue enterrado el 23 de abril y popularmente se conoce esta fecha como la de su muerte). Es considerado la máxima figura de la literatura española. Es universalmente conocido, sobre todo por haber escrito El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, que muchos críticos describen como la primera novela moderna y una de las mejores obras de la literatura universal. Se le ha dado el sobrenombre de Príncipe de los Ingenios.

Vida

Infancia y juventud

Si bien sabemos, desde mediados del siglo XVIII, cuál fue la patria de Cervantes -Alcalá de Henares-, así como el día en que fue bautizado -el 9 de octubre de 1547-, la fecha exacta de su nacimiento no se ha podido averiguar. Tan sólo se supone que podría haber sido el 29 de septiembre, día de San Miguel. Más llamativo resulta, el hecho de que ocurriese en una fecha clave: ese año, en efecto, desaparecen Francisco I en Francia y Enrique VIII en Inglaterra, mientras que el emperador Carlos V, vencedor en Mühlberg de los príncipes protestantes alemanes, se encuentra en la cumbre de su poder, y en tanto que se inicia una profunda reforma de la Iglesia Católica, al inaugurarse los trabajos del Concilio de Trento. En el ámbito propiamente peninsular cabe señalar, en ese mismo año, dos decisiones premonitorias de las actitudes características de la España filipina: la promulgación del primer Índice inquisitorial prohibiendo los libros sediciosos, y, votada por el cabildo de la catedral de Toledo, la adopción de los primeros Estatutos de limpieza de sangre.

Aunque se le tenga por cristiano viejo en el informe preparado a instancias suyas a su regreso de Argel, nunca presentó la prueba tangible de su limpieza de sangre. Es cierto que su abuelo paterno, el licenciado Juan de Cervantes, fue abogado y familiar de la Inquisición, pero la mujer de éste, Leonor de Torreblanca, pertenecía a una familia de médicos cordobeses y, como tal, bien pudo tener alguna «raza» de confeso. En cuanto a Rodrigo, el padre de Miguel, se casa hacia 1542 con Leonor de Cortinas, perteneciente a una familia de campesinos oriundos de Castilla la Vieja; pero su modesto oficio de cirujano itinerante, así como sus constantes vagabundeos por la península, durante los años de infancia de sus hijos, no han dejado de suscitar sospechas.

Nacido después de dos hermanas mayores, Andrea y Luisa, Miguel es el tercero de los cinco hijos que tuvo el cirujano. Un hermano menor, Rodrigo, que compartiría su cautiverio en Argel, así como una hermana, Magdalena, vendrán luego a completar el cuadro. De los veinte primeros años de su vida y, más especialmente, de su formación académica, no se sabe nada seguro. Tampoco se puede asegurar que compartiera las estancias sucesivas de su padre, primero en Córdoba y luego en Sevilla.

En cambio, se encuentra instalado con su familia en Madrid en 1566, en un momento en que Felipe II acaba de establecer allí su Corte.

Tres años después, Cervantes inicia su carrera de escritor con cuatro composiciones poéticas incluidas por su maestro, el humanista Juan de López de Hoyos, rector del Estudio de la Villa, en la Relación oficial que se publica con motivo de la muerte de la reina Isabel de Valois. En ella el editor le llama «caro y amado discípulo», sin que esta breve mención nos permita apreciar el grado de estudios alcanzado por un muchacho que no llegó a matricularse en ninguna Universidad, recibiendo, en el siglo XVIII, el calificativo de «ingenio lego».

Huida a Italia y la batalla de Lepanto

El mismo año en que esta relación sale de las prensas, Cervantes se va a Roma: partida repentina, ocasionada tal vez, por un duelo en el que resultó herido Antonio de Sigura, un maestro de obras que pasaría más tarde a ocupar el cargo de intendente de las construcciones reales. A juzgar por el contenido del documento, el culpable -un tal Miguel de Cervantes, estudiante- había huido a Sevilla y era condenado en rebeldía a que le cortaran públicamente la mano derecha y a ser desterrado del reino por diez años. Miguel, quizá recomendado por uno de sus parientes lejanos, pasa unos meses en Roma, al servicio del joven cardenal Acquaviva.

Pero pronto abraza la carrera de las armas, en una fecha incierta, aunque parece situarse en el verano de 1571, alistándose en la compañía de Diego de Urbina, en la que ya militaba su hermano Rodrigo. Esta determinación, tomada en el momento en que la Armada de la Santa Liga, a las órdenes de don Juan de Austria, va a hacer frente a la amenaza turca, acrecentada por la conquista de Chipre, le lleva a embarcarse en la galera Marquesa, llegando a combatir en la batalla de Lepanto. En el puesto de combate que se le asigna -el lugar del esquife-, situado en la popa del navío y particularmente peligroso, recibe dos disparos en el pecho, un tercero le hace perder el uso de la mano izquierda; de ahí el sobrenombre que le daría la posteridad: «El manco de Lepanto».

Una vez recuperado de sus heridas en Mesina, Cervantes toma parte en las acciones militares llevadas con desigual fortuna, en 1572 y 1573, por don Juan de Austria. Profundamente marcado por sus años de Italia, donde transcurre parte de la acción de varias de sus novelas (Curioso impertinente, Licenciado Vidriera, Persiles y Segismunda, etc.), parece haber conservado especial recuerdo de los meses pasados en Nápoles: allí se le supone introducido en varios círculos literarios.

Finalmente, decide regresar a España para conseguir el premio de sus servicios, con cartas de recomendación de don Juan y del duque de Sessa. El 26 de septiembre de 1575, la galera El Sol, en la que había embarcado tres semanas antes, cae en manos del corsario Arnaut Mamí, a la altura de las costas catalanas.

Cautiverio

Llevado a Argel como esclavo, Cervantes padece un cautiverio de cinco años que dejará profunda huella en su obra, y muy especialmente en sus comedias de ambiente argelino -Los tratos de Argel y Los baños de Argel- así como en el cuento del Cautivo. Este cautiverio corresponde a un período que conocemos gracias a las declaraciones reunidas en las dos informaciones que, en 1578 y 1580, se hicieron a petición de Cervantes; gracias también a las pruebas que se conservan de las gestiones emprendidas por la familia de Miguel para obtener su rescate y el de su hermano; gracias, por último, a los datos que nos facilita la Topographía e historia general de Argel.

Entre estas hazañas cabe destacar sus cuatro intentos frustrados de evasión, dos por tierra, y dos por mar, en las cuales siempre quiso asumir la responsabilidad exclusiva de las acciones. La última vez, en noviembre de 1579, es denunciado por un dominico oriundo de Extremadura, el doctor Juan Blanco de Paz, y comparece ante Hazán Bajá, rey de Argel, que tenía fama de vengativo y cruel. Sin embargo, no se le castiga con muerte. La razón que se nos da -«porque hubo buenos terceros»- tal vez remita a una posible colaboración en los contactos de paz que los turcos intentaron establecer entonces con Felipe II, por medio de un renegado esclavón, llamado Agi Morato, incorporado más tarde por el escritor a sus ficciones.

Finalmente, es rescatado el 19 de septiembre de 1580, al precio de 500 ducados, por los padres trinitarios.

Retorno a las letras

A pesar de presentar información de sus servicios, Cervantes no consigue la recompensa esperada.

Al volver a Madrid, inicia una vida marcada por varios episodios íntimos: unos presuntos amores con una tal Ana Franca de Rojas, esposa de un tabernero, que le dará una hija natural, Isabel, nacida en otoño de 1584; y, en diciembre del mismo año, su unión por legítimo matrimonio con Catalina de Salazar, hija de un hidalgo recién fallecido de Esquivias. Este casamiento le lleva a afincarse en el pueblo de su mujer, sin perder por ello contacto con los medios literarios de la Corte.

Durante estos años, en efecto, se sientan las bases de una auténtica industria del espectáculo, promovida por las cofradías de beneficencia que, gracias al producto de las representaciones, sagradas y profanas, que comanditan, subvienen en cada ciudad al mantenimiento de hospicios y hospitales. Este impulso, en el que colaboran las compañías itinerantes de actores, favorece la construcción en cada ciudad importante de salas permanentes, los llamados «corrales de comedias».

Cervantes participa en este esfuerzo que no dio los resultados esperados, con varias piezas, de entre las cuales dos nos han llegado en copias manuscritas: El trato de Argel, inspirado en los recuerdos del cautiverio argelino, y la Numancia. Pero mal se puede apreciar, por falta de testimonios, la acogida que recibieron del público. Por otra parte, se ignora el paradero de las veinte o treinta comedias que Cervantes declara haber compuesto por aquellos años, limitándose a darnos el título de diez de estas obras. Pero, sea de ello lo que fuere, el hecho es que él mismo evocaría, no sin nostalgia y decepción, aquellos tiempos en el prólogo a Ocho comedias y ocho entremeses, ya en 1615.

De modo simultáneo, redacta la Primera parte de la Galatea, dividida en seis libros y que, en marzo de 1585, sale de las prensas al cuidado del librero Blas de Robles: un hito significativo en la trayectoria de la narrativa pastoril, inaugurada a mediados del siglo XVI por La Diana de Montemayor. Cervantes, años más tarde, recordará con ironía los tópicos del género en El Coloquio de los perros -ambiente bucólico, eterna primavera, quejas del amante que se enfrenta con la indiferencia de la amada.

No obstante, La Galatea es más que una obra de mero principiante: expresa en una mezcla de prosa y versos intercalados, a través de la búsqueda de una imposible armonía de almas y cuerpos, el sueño de la «Edad de Oro».

Comisiones andaluzas

A principios de junio de 1587, se encuentra Cervantes en Sevilla, tal vez frustrado en sus aspiraciones literarias, y poco dispuesto a dedicar el resto de su vida al cuidado de los olivos y viñedos de su suegra, tal vez atraído por ocupaciones más acordes con su deseo de independencia, aprovecha los preparativos de la expedición naval contra Inglaterra, decretada por Felipe II, para conseguir un empleo de comisario, encargado del suministro de trigo y aceite a la flota, bajo las órdenes del comisario general Antonio de Guevara.

Proveído con este cargo, recorre los caminos de Andalucía para proceder a las requisas que le corresponde cumplir. Deseoso de conseguir un oficio en el Nuevo Mundo, presenta el 21 de mayo de 1590, acompañada con su hoja de servicios, una demanda al Presidente del Consejo de Indias, destinada al Rey. En ella menciona, entre «los tres o cuatro que al presente están vaccos», «la contaduría del nuevo reyno de Granada», la «gobernación de la provincia de Soconusco en Guatimala», el de «contador de la galeras de Cartagena» y el de «corregidor de la ciudad de la Paz». El 6 de junio, el doctor Núñez Morquecho, relator del Consejo, inserta al margen del documento una negativa expresada en los siguientes términos: «Busque por acá en que se le haga merced».

Mientras tanto, a los procedimientos dilatorios que le oponen sus proveedores, especialmente en Écija y Teba, a la excomunión fulminada contra él, a petición de algún canónigo reacio, por el vicario general de Sevilla, al encarcelamiento que le impone, en 1592, el corregidor de Castro del Río, por venta ilegal de trigo, se suman las acusaciones de sus adversarios y los abusos de sus ayudantes, hasta abril de 1594, momento en que se pone fin al complejo sistema de comisiones iniciado siete años antes.

La fascinación que ejerce Sevilla sobre Cervantes contribuye a explicar sus prolongadas estancias a orillas del Guadalquivir, lejos de Esquivias y de su esposa: aprovechado por él en la elaboración de sus obras de ambiente sevillano, como la comedia de El Rufián dichoso o, entre las Novelas ejemplares, El Celoso extremeño, Rinconete y Cortadillo y El coloquio de los perros.

Encarcelamiento

En agosto de 1594 se ofrece a Miguel de Cervantes Saavedra que ostenta desde hace cuatro años un segundo apellido, tomado sin duda de uno de sus parientes lejanos una nueva comisión que lo lleva a recorrer el reino de Granada, con el fin de recaudar dos millones y medio de maravedís de atrasos de cuentas. Al cabo de sucesivas etapas en Guadix, Baza, Motril, Ronda y Vélez-Málaga, finaliza su gira y regresa a Sevilla. Es entonces cuando la bancarrota del negociante Simón Freire, en cuya casa había depositado las cantidades recaudadas, incita a su fiador, a pedir su comparecencia. Pero el juez Vallejo, encargado de notificar esta orden al comisario, lo envía a la cárcel real de Sevilla, cometiendo, un auténtico abuso de poder.

Esta cárcel que, durante varios meses, le dio ocasión de un trato prolongado con el mundo variopinto del hampa, verdadera sociedad paralela con su jerarquía, sus reglas y su jerga, parece ser la misma donde se engendró el Quijote.

No conocemos la fecha exacta en que Cervantes recobró la libertad. Pero se despide definitivamente de Sevilla en el verano de 1600, en el momento en que baja a Andalucía la terrible peste negra que, un año antes, había diezmado Castilla.

Entretanto, el 13 de septiembre de 1598, había muerto el Rey Prudente, acontecimiento que va a inspirar a nuestro escritor el famoso soneto al túmulo del rey Felipe II en Sevilla. Un soneto que consideraba como el mejor de sus escritos y que los muchachos españoles, en tiempos no muy remotos, aprendían de memoria en el colegio.

El ingenioso hidalgo

Como queda dicho, se ignora casi todo de la vida de Cervantes durante aquellos años decisivos en que se desarrolla el proceso de redacción de la Primera parte del Quijote. En agosto de 1600 está atestiguada su presencia en Toledo. En enero de 1602 asiste en Esquivias al bautismo de una hija de un matrimonio amigo, pocos meses antes de publicarse el último retoño de los libros de caballerías que tanta acogida tuvieron en la centuria anterior: el Policisne de Boecia, cuya huella se observa en una de las historias interpoladas.

En el verano de 1604 se traslada con su mujer a Valladolid, elegida por Felipe III como nueva sede del reino, donde se reúne con sus hermanas y su hija Isabel, residentes hasta entonces en Madrid. Allí es donde encuentra a un editor en la persona de Francisco de Robles. Mientras consigue, el 26 de septiembre, el privilegio real que necesitaba, se difunde la noticia de la próxima publicación de su nuevo libro. En los últimos días de diciembre de 1604, sale el Quijote de las prensas madrileñas de Juan de la Cuesta, y muy pronto se observan los primeros indicios de su éxito: en marzo del año siguiente, en el momento en que Cervantes obtiene un nuevo privilegio, que extiende a Portugal y Aragón el que se le había concedido para Castilla. Por las mismas fechas, don Quijote y Sancho aparecen por todas partes en los cortejos, bailes y mascaradas cuyo pretexto proporciona la actualidad.

Pocos días después, a finales de junio, ocurre un extraño suceso en el que aparece mezclado nuestro autor: la muerte violenta de un caballero de Santiago, Gaspar de Ezpeleta. Herido a consecuencia de un duelo nocturno, ocurrido donde vivía el escritor con su familia, es recogido por éste en su casa y fallece dos días después sin haber confesado el nombre de su agresor. Se produce el encarcelamiento, durante un par de días, del autor del Quijote, a raíz de las insinuaciones de una vecina.

En la villa y corte

Tras el regreso de la Corte a Madrid, Cervantes se establece con su familia en el barrio de Atocha. En los primeros meses de 1612, se traslada a una casa próxima, detrás del cementerio de San Sebastián, en la calle de las Huertas. Por fin, en el otoño de 1615, abandona esta morada por otra, situada en la esquina de la calle de Francos y de la calle de León.

Durante aquellos ocho años que le quedan de vida, la única circunstancia en la que su destino estuvo a punto de tomar otro rumbo fue, en la primavera de 1610, el nombramiento del conde de Lemos, protector suyo, como virrey de Nápoles. Pero no consiguió del secretario del virrey, el poeta Lupercio Leonardo de Argensola, ni tampoco de su hermano Bartolomé, la confirmación de sus promesas.    

Varios acontecimientos de índole familiar marcan la vida del escritor durante esos años: en primer lugar, sus desavenencias con su hija Isabel y sus dos yernos sucesivos, por asuntos de dinero y por la posesión de una casa situada en la calle de la Montera; luego, una sucesión de muertes: la de su hermana mayor, Andrea, ocurrida súbitamente en octubre de 1609, la de su nieta Isabel Sanz, seis meses más tarde, y la de Magdalena, su hermana menor, en enero de 1610.

Tal vez deban relacionarse estos sucesos con un acercamiento cada vez mayor del escritor a la vida de devoción: en abril de 1609, se afilia a la Congregación de los Esclavos del Santísimo Sacramento, sin que sepamos si llegó a acatar las estrictas reglas que ésta imponía a sus miembros, en julio de 1613, se le admite como novicio de la Orden Tercera de San Francisco, a semejanza de su mujer y de sus hermanas; el 2 de abril de 1616, poco antes de morir, pronuncia sus votos definitivos.

A primera vista, esta gravitación no concuerda con las pullas irónicas y las alusiones impertinentes a las cosas de la Iglesia que recorren los textos cervantinos; parece contradecir su crítica de ciertas prácticas supersticiosas. En realidad, en este desacuerdo con el tono medio de su época se trasluce a veces el influjo de determinadas corrientes de pensamiento: pudo proceder ocasionalmente de la lectura de Erasmo, pero el humanismo de Cervantes, se fraguó en gran parte en la escuela de la vida y de la adversidad. El fervor que pregona al final de su vida no ha de interpretarse como una mera precaución frente a los guardianes de la ortodoxia o una concesión dispensada a sus hermanas. Pero las formas que reviste su compromiso se nos aparecen ante todo como el fruto de una decisión meditada, la de un hombre que trató de unir la fe y las obras en el crepúsculo de su vida.

El taller cervantino

Ahora bien, lo que más llama nuestra atención, durante estos años, es el retorno definitivo del escritor a las letras.

Cervantes acaba de componer las doce obras que van a formar la colección de las Novelas ejemplares: algunas, con toda probabilidad, fueron escritas en el período de sus comisiones andaluzas, como Rinconete y Cortadillo y El celoso extremeño; otras parecen contemporáneas de su estancia en Valladolid; otras, como La Gitanilla o El coloquio de los Perros, resultan a todas luces más tardías, a juzgar por las alusiones que encierran al retorno de la Corte a Madrid o a la hostilidad creciente de la opinión contra los moriscos, cuya expulsión fue decretada en 1609, pero sin que la cronología de estas obras pueda establecerse de modo certero. Conseguida la aprobación oficial en julio de 1612, el volumen sale de las prensas de Juan de la Cuesta en julio del año siguiente.

Nada más salir de la imprenta, las novelas cervantinas van a conocer un éxito fulgurante: mientras se publican en España cuatro ediciones en diez meses, a las que seguirán veintitrés más al hilo del siglo, los lectores franceses le rinden un auténtico culto: traducidas en 1615 por Rosset y D'Audiguier, reeditadas en ocho ocasiones durante el siglo XVII, las Novelas ejemplares, abiertamente preferidas al Quijote, serán el libro de cabecera de todos los que presumen de practicar el español.

Contemporáneo de las Novelas es el Viaje del Parnaso, compuesto que no será publicado hasta noviembre de 1614. La odisea imaginaria que nos cuenta Cervantes, lo lleva desde Madrid hasta Grecia, tras haber embarcado en Cartagena y costeado Italia. Allí presta ayuda a Apolo para desbaratar un ejército de veinte mil poetastros, antes de volver a Nápoles y encontrarse finalmente en Madrid, donde descubre que todo fue un sueño. En cambio, resalta lo que nos dice el autor de sus propios escritos, así como lo que nos deja entrever de sus ideas y preferencias literarias, al hilo de una peregrinación a las fuentes cargada con el recuerdo de sus aventuras pasadas. En este espacio remodelado por la memoria emerge poco a poco un hombre que, más allá de la comprobación lúcida de sus desilusiones, construye e impone su propio yo a través de sus contradicciones mismas, en la unión de lo vivido y de lo imaginario.

Tras la reapertura de los corrales, cerrados durante varios meses tras la muerte de Felipe II, el retorno de la Corte a Madrid había creado las condiciones para el nuevo impulso que poetas y comediantes. Respaldado por una cohorte de discípulos, Lope de Vega, con su fecundidad y su invención, se ha convertido en el ídolo del vulgo y de los discretos. En 1605, Miguel le había reprochado sus complacencias y su facilidad, dedicando unas frases agridulces a «un felicísimo ingenio de estos reinos, cuyas comedias, por querer acomodarse al gusto de los representantes, no han llegado todas, como han llegado algunas, al punto de la perfección que requieren».

Las reticencias de Cervantes ante la comedia lopesca nos permiten entender el rechazo que, desde su regreso a Madrid, recibió de los profesionales del gremio, que se negaron a incorporar a su repertorio las obras que había compuesto al volver a su «antigua ociosidad». Según vimos más arriba, queda patente su desilusión, tal como la confiesa con acento conmovedor en lo que será el prólogo a sus Ocho comedias. Así se nos explica su decisión de prescindir de los comediantes. El 22 de julio de 1614, en la Adjunta al Parnaso, había revelado su nuevo designio: en vez de hacer representar sus piezas, darlas a la imprenta, ofreciéndolas a un público de lectores adictos, «para que se vea de espacio lo que pasa apriesa, y se disimula, o no se entiende, cuando las representan», de modo significativo, Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, nunca representados.

Avellaneda

En el prólogo a las Novelas ejemplares, redactado en 1612 y publicado, como ya vimos, en el verano de 1613, Cervantes informaba a su lector que pronto iba a ver, «y con brevedad dilatadas, las hazañas de don Quijote y donaires de Sancho Panza». Un año más tarde, pone fecha del 20 de julio de 1614 a una carta de Sancho a su mujer Teresa, incluida a medio camino, en el capítulo 36. Durante el verano, en poco más de dos meses, no redacta menos de 23 capítulos. Es entonces cuando aparece en Tarragona, al cuidado del librero Felipe Roberto, el Segundo tomo de las aventuras del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha, compuesto por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de Tordesillas.

No era la primera vez que un libro de éxito suscitaba émulos: La Celestina, el Lazarillo de Tormes, la Diana de Montemayor habían inspirado, en el siglo XVI, continuaciones más o menos fieles al original. El nombre de Avellaneda no era más que una máscara, detrás de la cual se escondía un desconocido que, hasta la fecha no se ha podido identificar.

No obstante, cualquiera que sea la identificación propuesta, el prólogo de Avellaneda, atribuido por algunos a Lope de Vega, hirió profundamente a Cervantes, al invitarle a bajar los humos y mostrar mayor modestia, además de burlarse de su edad y acusarle, sobre todo, de tener «más lengua que manos», concluyendo con la siguiente advertencia: «Conténtese con su Galatea y comedias en prosa, que eso son las más de sus Novelas: no nos canse».

Nuestro escritor prefirió buscar otro camino: primero, reivindica en el prólogo su manquedad, nacida, según adelantamos, «en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros»; luego, en la misma narración, hace que don Quijote llegue a hojear el libro de Avellaneda, al coincidir en una venta con dos de sus lectores, decepcionados por las necedades que acaban de leer; por fin, incorpora a la trama del suyo a don Álvaro Tarfe, uno de los personajes inventados por el plagiario, dándole oportunidad para conocer al verdadero don Quijote y comprender que el héroe de Avellaneda se hizo pasar por otro que él.

En enero de 1615, quedan concluidos los últimos capítulos del libro. A finales de octubre, están redactados el prólogo y la dedicatoria al conde de Lemos. En los últimos días de noviembre sale a luz la Segunda Parte del Ingenioso Caballero Don Quixote de la Mancha. Por Miguel de Cervantes, autor de su primera parte.

Agonía y muerte

Durante los últimos meses de su vida, Cervantes dedica las pocas fuerzas que le quedan a concluir otra empresa iniciada hace tiempo, suspendida durante años, y que quiere ahora llevar a su término: Los trabajos de Persiles y Sigismunda.

Tras prometer el Persiles, año tras año, en el prólogo de las Novelas ejemplares, el Viaje del Parnaso y la dedicatoria de la Segunda parte del Quijote, Cervantes concluye su redacción cuatro días antes de su muerte. Será su viuda la que entregue el manuscrito a Villarroel, quien lo publicará póstumo, en enero de 1617.

Algunas de las anécdotas relativas a sus últimos momentos deben ser examinadas con precaución. Se sabe, que la conmovedora carta del 26 de marzo de 1616, dirigida al cardenal Sandoval y Rojas, es una falsificación. Por lo que se refiere al viaje de Esquivias a Toledo, referido por Cervantes en el prólogo del Persiles, así como el encuentro con un estudiante admirador de su persona, es más bien efecto de una fantasía literaria si nos atenemos a las circunstancias precisas en que se supone que tuvo lugar. El 18 de abril, fecha en que recibe los últimos sacramentos, nuestro escritor se sabe condenado.

El viernes 22 de abril, Miguel de Cervantes rinde el último suspiro. Al día siguiente, en los registros de San Sebastián, su parroquia, se consigna que su muerte ha ocurrido el sábado 23, de acuerdo con la costumbre de la época, que sólo se quedaba con la fecha del entierro: como se sabe, es ésta última la que se conoce hoy en día, y en que se celebra cada año en España el Día del Libro. Cervantes fue enterrado en el convento de las Trinitarias, según la regla de la Orden Tercera. Pero sus restos fueron dispersados a finales del siglo XVII, durante la reconstrucción del convento. En cuanto a su testamento, se perdió. Quedan las obras del «raro inventor», como él mismo se llama en el Viaje del Parnaso, a quien el Quijote le valió entrar en la leyenda.

Rinconete y Cortadillo

Picaresca y literatura

La literatura picaresca surge en una situación histórica y social concreta como es la que se da en la España de los siglos XVI y XVII. Literariamente el pícaro es un producto de esta época, puesto que, como elemento social lo podemos encontrar en otras sociedades y otros tiempos. La novedad está en que en esos siglos se produce una proliferación de tales personajes por la confluencia de factores económicos, sociales, políticos y espirituales. Es cierto que la decadencia económica y moral que afectaba a España en aquellos momentos, sobre todo cuando la riqueza que seguía recibiendo España no repercutía en las clases bajas, ni tampoco en la prosperidad general del país, al contrario que en otros estados europeos. De ella solo se beneficiaba una clase social cuya ostentación y lujo producían un fuerte contraste con la miseria de los bajos estratos sociales. Consecuencia directa de la crisis económica fue la aparición de multitud de pícaros, ladrones y aprovechados.

España quedó rezagada del resto de naciones europeas en las que se fue imponiendo el avance técnico y la vida burguesa. El desinterés de España hacia estos modelos fue producto de los ideales del Imperio (religión, patriotismo, valor y honor), reforzados por la reacción contrarreformista. Este desprecio se manifiesta fundamentalmente en dos formas: la espiritualista, producto de la cual será la literatura mística, y la picaresca, que supone el rechazo de la vida burguesa. Efectivamente, al pícaro le gusta la aventura y es básicamente "nómada", pues no es amigo de permanecer demasiado tiempo en un mismo lugar. Ejemplo de ello encontramos en Rinconete y Cortadillo, pues ambos pícaros escapan de sus casas, uno de ellos -Cortado- porque le aburre la aldea. En el pícaro se manifiesta también el amor al dinero, ese dinero que en grandes cantidades circulaba por España, pero del que se beneficiaban muy pocos. En este personaje se da también un deseo de libertad e independencia que refleja, en cierto modo, el ideal individualista de la época

Literariamente es el pícaro, hombre que, sin ser verdaderamente criminal, pertenece a la mafia; tiene pocos o ningunos escrúpulos, particularmente en proporcionarse medios de mantenimiento; es humano, buen creyente, aunque pecador; no está habituado en modo alguno al trabajo regular y constante, sino que es perezoso y holgazán; su ocupación normal es la de servir a otro; hurta pero no roba, es astuto, ingenioso e imprevisor y simpático".

La correlación entre decadencia y literatura picaresca queda demostrada al comprobar que el auge de ésta coincide con aquélla. En este sentido hay autores que consideran El Lazarillo de Tormes una anticipación de la novela picaresca. Lo cierto es que el pícaro es un personaje real en la vida, que cobra interés literario con el Lazarillo y tiene su auge en el siglo XVII con obras de la importancia de Guzmán de Alfarache, seguida de otras como pueden ser El Buscón o Estebanillo González entre un largo etcétera.

La Sevilla de Rinconete y Cortadillo

Sevilla era en esta época el principal puerto de España. Los galeones reales llegaban a esta ciudad procedentes de América con cargamentos de oro y otras riquezas. El comercio exterior estaba también centralizado en el puerto sevillano, donde se encontraba la Inspección Central de Impuestos. Allí se hallaban establecidos comerciantes de muchos países. Debido a todo ello, esta ciudad andaluza era posiblemente en ese momento la más rica de España, de ahí que resultara sumamente apropiada para la mafia. El hervidero de gente que debía ser Sevilla ofrecía muchas posibilidades al pícaro, lo que la convertía en una ciudad atractiva. A este respecto es curioso observar como Rincón y Cortado se dirigen a Sevilla.

Sevilla era una ciudad cosmopolita por su carácter comercial y caótica en cierto modo. En ella la mafia se podía mover con cierta facilidad. El Compás era el lugar de reunión de la mafia sevillana de la época. Otro aspecto de esta Sevilla era la religiosidad, a la que también se alude en la novela que nos ocupa. La doctrina de la Inmaculada Concepción fue acogida en ella con mucho fervor. Así, sabemos que Pedro de Castro, Arzobispo de Sevilla, afectado de este fervor y adoración mariana, ordenaba en 1610 el cierre de los burdeles sevillanos en los días consagrados a la Virgen, al tiempo que recomendaba a las muchachas llamadas María que no trabajasen en ellos. Si bien es cierto que esto ocurría años después de la composición de Rinconete y Cortadillo, no es menos cierto que el ambiente fervoroso ya existía allí, y así lo demuestra un diálogo entre los truhanes en el que uno de ellos manifiesta que "...ni tenemos conversación con mujer que se llame María el día del sábado". Por otra parte hay testimonios de la existencia en Sevilla, ya en aquel tiempo, de cofradías que realizaban procesiones o sacaban pasos con motivo de festividades religiosas. Este fervor sevillano por la Virgen y las procesiones ha sido tan fuerte que se ha prolongado hasta nuestros días.

La detallada ilustración acerca del ambiente sevillano de la época que realiza Cervantes, es probable que se deba a las observaciones llevadas a cabo durante sus repetidas estancias en la ciudad hispalense. No hay que rechazar el que nuestro autor mantuviera relaciones con gentes de la mafia, lo que explicaría el conocimiento minucioso que demuestra con respecto a sus formas de actuación.

Los personajes y la sociedad

En cuanto a los personajes y comenzando por los dos centrales, Rinconete y Cortadillo, hay que señalar que no son sino una repetición del mismo tipo. Ambos han salido de su casa por amor al dinero, pero también vagan con ansias de libertad e independencia. Éstas parecen ser las causas de que abandonen el hogar, en el que, a excepción de Cortadillo, no hay muchos problemas. La miseria, pues, no aparece aquí como la causa de su vagar.

El resto de personajes se muestra más difuso y sólo en Monipodio pueden advertirse rasgos paternalistas. Monipodio es como un padre y como tal se desenvuelve en esta comunidad; es temido, admirado y querido; tiene prestigio y fuerza para resolver las querellas, así como para asumir la representación de toda la cofradía a fin de defenderla y administrarla. En realidad esta "comunidad" tiene la forma de un gremio. Efectivamente, la organización gremial era cerrada y solidaria; en ella se daban el reparto proporcional del trabajo y el auxilio a los enfermos y desvalidos. Y se encontraba bajo la advocación de un santo. Ello no es sino un vivo retrato de la "cofradía" de Monipodio.

No se descarta la existencia de auténticas cofradías del hampa en aquella época; una especie de "mafia" del siglo XVII. En cualquier caso, es patente que se cometían robos, asesinatos y venganzas por encargo y, muy posiblemente, ello fuera producto de ese amor al dinero característico del momento. El hampa estaba organizada, y tenía hasta su propio lenguaje: las jerga utilizada por los rufianes de aquel tiempo.

Cabe destacar el fuerte espíritu religioso de la época del que, no sabemos si con ironía, Cervantes hace partícipes a sus personajes. Tal espíritu se da también en los personajes del hampa de la obra; así, vemos como éstos cumplen "piadosamente" con los preceptos religiosos: rezan el rosario, no roban los viernes, sienten devoción por las imágenes, dan misas por los difuntos ... Esta piedad que muestran los pillos puede que no sea sino un recurso utilizado por Cervantes para satirizar a la alta sociedad, muy preocupada por su imagen exterior pero, en realidad, carente de escrúpulos; un mundo dónde tiene más valor la apariencia que la propia realidad. Posiblemente nos encontremos ante una crítica del autor a las fórmulas y ceremonias vacías que con tanta profusión se daba en aquel tiempo, tal vez como consecuencia de las influencias erasmistas que pueden advertirse en Cervantes.

La sociedad que forman los malhechores es una imagen deformada de la sociedad "respetable"; tiene sus leyes, su código de honor, etc., lo que viene a confirmar que sólo se vivía de acuerdo con la forma externa, si tenemos en cuenta que son las clases más elevadas las que encargan al hampa los trabajos sucios. Valga como ejemplo el caballero que paga a la cofradía por una puñalada de "catorce puntos" a dar a la persona por él señalada. No menos significativo para demostrar la degeneración y corrupción de la época es el caso del alguacil, funcionario de la justicia que a cambio de dinero hace la vista gorda a las actividades de los delincuentes.

En conclusión, podemos afirmar que el pícaro es un personaje que encuentra un caldo de cultivo muy apropiado para su proliferación en la España de fines del siglo XVI y todo el XVII, en los que la decadencia moral y económica, unida al espíritu contrarreformista, producen una sociedad muy preocupada por la forma exterior y el espiritualismo pero que en la práctica muestra un crudo materialismo.

El relato pertenece a la novela picaresca por:

1. El protagonista es un pícaro, de muy bajo rango social y descendiente de padres sin honra o delincuentes. Su aspiración es mejorar de condición social, pero para ello recurre a su astucia y a procedimientos como el engaño y la estafa. Vive al margen de los códigos de honra propios de las clases altas de la sociedad de su época y su libertad es su gran bien, pero también tiene mala conciencia.

2. Estructura de falsa autobiografía. La novela picaresca está narrada en primera persona como si el protagonista narrara sus propias aventuras. El pícaro aparece en la novela desde una doble perspectiva: como autor y como actor. Pero este relato es contado en tercera persona por un narrador omnisciente. La principal diferencia estructural con la picaresca está precisamente en la no utilización del modo autobiográfico y en el protagonismo dual de la novela.

3. Determinismo: aunque el pícaro intenta mejorar de condición social, fracasa siempre. Por eso la estructura de la novela picaresca es siempre abierta. Las aventuras que se narran podrían continuarse indefinidamente, porque no hay evolución posible que cambie la historia.

4. Ideología moralizante y pesimista. Cada novela picaresca vendría a ser un gran "ejemplo" de conducta extraviada que resulta castigada. La picaresca está basada en muchos casos, en la predicación de "ejemplos", en los que se narra la conducta descarriada de un individuo que, finalmente, es castigado o se arrepiente.

5. Intención satírica y estructura itinerante. La sociedad es criticada en todas sus capas, a través de las cuales deambula el protagonista en una estructura itinerante en la que se pone al servicio cada vez de un elemento representativo de cada una. De ese modo el pícaro asiste como espectador privilegiado a la hipocresía que representa cada uno de sus poderosos dueños, a los que critica desde su condición de desheredado porque no dan ejemplo de lo que deben ser.

6. Realismo, incluso naturalismo al describir algunos de los aspectos más desagradables de la realidad, que nunca se presentará como idealizada sino como burla o desengaño.

Otra cosa que no encaja con la novela picaresca es que Rinconete y Cortadillo no son criados de ningún amo; actúan por cuenta propia.

Análisis del contenido

Resumen

En esta novela Cervantes nos narra la historia de dos jóvenes de unos quince años de edad, Rinconete y Cortadillo, que se conocen cuando ambos escapan de sus casas.

Sobreviven robando y estafando hasta que llegan a Sevilla, donde comienzan a trabajar de esportilleros, poco después dan a parar con Monipodio hermano mayor de una cofradía de malhechores, ladrones, asesinos, matones, etc., la mafia sevillana. Este les da un sitio en la ciudad donde buscarse la vida como ellos bien saben, timando.

Tema principal de la novela

Trata las aventuras de dos pícaros que acaban metidos en la mafia sevillana. Y de la decadencia, pobreza de esa época y la falsa moral de la gente de esa época.

Intención del autor

Cervantes intenta reflejar la realidad de la época ya que como estuvo preso en la cárcel de Sevilla pudo conocer la mafia nombrada en la novela.

También está intentando denunciar la Sevilla del siglo XVI, de la religiosidad superficial de la gente, de las reglas absurdas “no hablar con las mujeres llamadas Maria el sábado”, de las jerarquías, del etc.

Podemos ver que la mayor parte de las cosas que estos muchachos han hecho no están correctas, sin embargo, estas cosas eran diarias en la sociedad española del siglo XVI.

Rinconete y Cortadillo es un novela por completo de la ironía, de que critican a sociedad; nuestra sociedad.

Análisis de la estructura

Externa o interna

La estructura general del libro es lineal porque narra los acontecimientos mientras que están sucediendo. Sin embargo, la estructura da vuelta a un tramo retórico porque los protagonistas nos dicen los acontecimientos del pasado que se podría considerar como retrocesos.

La estructura externa de “Rinconete y Cortadillo” nos presenta un texto sin piezas, sin capítulos. Sin embargo, a lo largo de la novela, podemos ver que ha organizado en tres porciones que corresponden a las tres etapas en la vida de Rinconete y de Cortadillo. La primera parte comienza con la reunión de los dos muchachos y finales con su primer trabajo como portadores de la mercancía; la segunda parte es de la reunión de Ganchuelo casi al extremo de la novela; y finalmente la tercera parte es muy corta e introduce solamente los pensamientos y las reflexiones de Rinconete.

El narrador es un personaje externo, posiblemente el autor, el cual es desconocido para el lector y los protagonistas.

El narrador solo nos cuenta lo que se podría ver a simple vista, no nos comenta nada de donde proceden los personajes, como se llaman, que hacen allí, etc. Por esto se podría tratar de un narrador externo.

Análisis del lenguaje literario

Respecto a las figuras literarias se pueden destacar bastantes anáforas debidas a un lenguaje vulgar y algunas comparaciones ( Y descubriendo la canasta, se manifestó una bota a modo de cuero, con hasta dos arrobas de vino y corcho que podría caber sosegadamente y sin apremio hasta un azumbre, y llenándole la Escalanta...)

Cabe señalar los errores en el léxico debido a la incultura, pero también parece haber un reducido número de ellas que parecen ser fruto de la lengua de la época. Algunos ejemplos:

-Camuza: Gamuza

-Voacedes: Vuestras mercedes.

-Vaguído: Vahído, desvanecimiento.

-Lición: Lección.

-Ansí: así

-Notomía: anatomía

-Bajón: Ratero.

-Albayalde: Polvo blanco.

-Adversario: Aniversario.

También hay muchas palabras de la germanía:

-Entrevar: entender

-Murciar: robar

-Guro: alguacil

-Trena: cárcel

-Sorna: noche

La prosa es dinámica porque los sucesos transcurren rápidamente y es una obra corta. Hay descripciones de casi todos los personajes que aparecen en la novela.

El estilo es indirecto cuando los personajes principales se describen ellos mismos y cuando describe a los personajes.

El vocabulario es castellano antiguo, de su época.

1 º Bachillerato

Lengua y literatura