Revolución Rusa

Historia universal. Soviet de Petrogrado. Tratado de Brest Litovsk. Lenin. Rasputin. Kerensky

  • Enviado por: Sebastian Caballero
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LA REVOLUCION RUSA

Con una población de más de 160 millones de personas a su mando, el zar Nicolás II tuvo poca dificultad para organizar un ejército de más de 12 millones con el que enfrentarse a alemanes y austríacos en la Primera Guerra Mundial, a la que Rusia se unió en 1914, pero transportar tales masas humanas, organizarlas en unidades eficaces de combate, armarlas y avitullarlas con la escasa industria del país, así como alimentarlas, eran problemas mucho más complejos para el Zar y sus incompetentes consejeros. Rusia podía esperar poca ayuda de sus aliados, Gran Bretaña y Francia, duramente castigados en el oeste. A los pocos meses de declararse la guerra, las tropas rusas se encontraban ya a la defensiva. Con el tiempo los ejércitos rusos lanzarían desesperados ataques, pero serían rechazados por un adversario atrincherado cuya superioridad de táctica superaba con creces su inferioridad numérica. A principios de 1917 las tropas enemigas habían ocupado la mayoría de las provincias occidentales del Zar y penetrada profundamente en Rusia. Más de 9 millones de Rusos habían muerto, resultado heridos o capturados.

El Zar Nicolás, hombre de débil voluntad y reacciones lentas, estaba dominado por su esposa Alejandra. La Zarina, de porte regio y profundamente religiosa, poseía una irrefrenable ambición: transmitir el dominio total del Imperio a su hijo hemofílico el Zarevitz. Con este propósito se había dejado aconsejar de Grigori Rasputín, el "monje loco", campesino elocuente aunque de escasa educación, borracho, sucio y libertino, que se autoproclamaba santo, pero poseía una misteriosa habilidad para aliviar los padecimientos del Zarevitz durante sus crisis hemorrágicas. En la época en que comenzó la guerra, la influencia de Rasputín sobre la Zarina, y a través de ella sobre el Zar era casi absoluta. El 17 de diciembre de 1916, Rasputín moría asesinado por unos aristócratas.

Unos dos meses antes de su asesinato, Rasputín había profetizado la Revolución y la Guerra Civil Rusa. El cataclismo se inició por un pequeño incidente. Durante todo el invierno los indigentes de Petrogrado habían padecido una creciente escasez de víveres. El 23 de febrero de 1917, cuando las mujeres comprobaron que los panaderos habían aumentado el precio del pan, comenzaron a manifestarse contra el régimen. Centenares de trabajadores ferroviarios y fabriles, portando banderas rojas, marcharon con las mujeres por las calles de la ciudad, demandando socorros y el final de la guerra.

La caballería cosaca, tropa de choque del Zar, se enfrentó a la multitud empuñando garrotes y látigos para dispersar a los manifestantes. Más para los observadores experimentados su sanguinaria fama parecía haberse extinguido. Al día siguiente, 24 de febrero, 200,000 trabajadores se lanzaron a las calles, y los cosacos resentidos por la matanza de sus camaradas en el frente y por el sufrimiento de la población civil no intentaron siquiera un simulacro de represión. Cuando, el día 26, se encontró por fin un pequeño destacamento de tropas leales dispuestas a abrir fuego contra la alborotada muchedumbre, en todos los cuarteles se amotinaron soldados que se unieron a las multitudes, y los oficiales que intentaron oponerse fueron muertos por sus propios hombres. El Zar ordenó la disolución de la Duma, pero sus miembros, habitualmente dóciles, rehusaron dispersarse y formaron un comité ejecutivo provisional que exigió poderes para restaurar el orden. El mismo día, el Soviet de Petrogrado se amplió para representar a los soldados, a los marinos y a los trabajadores fabriles. Este soviet pronto rivalizaría con el comité de la Duma en la lucha por el poder y sería el agente que llegaría a destituir el naciente gobierno parlamentario.

Para el Zar Nicolás, que se hallaba en el frente, los acontecimientos de Petrogrado parecían remotos y sin importancia. Pero muy pronto se vería obligado a reaccionar. El 1 de marzo, al saber que Moscú se había unido a Petrogrado en la revolución, despachó una tropa escogida para apaciguar la ciudad. Pero una vez más los soldados desertaron y se unieron al pueblo al que tenían que someter.

El 2 de marzo de 1917, abandonado por sus tropas, enfrentado a las demandas de abdicación y agotado en cuerpo y alma, Nicolás II, el Zar de todas las Rusias, abdicó en favor de su hermano, quien rechazó la sucesión al trono al día siguiente. La centenaria dinastía Romanov se hundía en las tinieblas de la historia para resurgir brevemente en julio de 1918, cuando la cautiva familia real fue exterminada por un escuadrón del grupo bolchevique.

La abdicación del Zar favoreció la formación de un gobierno tradicional en Rusia, integrado por dirigentes de la Duma. Nominalmente encabezado por el príncipe Lvov, noble políticamente moderado, el régimen estaba en realidad en manos de su miembro más dinámico, el socialista moderado Aleksander Kerenski. Su popularidad entre los trabajadores y su pertenencia al Soviet de Petrogrado le otorgaban una autoridad irrecusable, al menos temporalmente. Pero su proyecto de establecer una democracia de estilo parlamentario fracasó: se trataba de una endeble imitación de las formas occidentales trasladada al descompuesto estado ruso y sus miembros se veían enredados en una compleja ficción, en la que la apariencia de poder reemplazaba al poder autentico que estaba pasando a manos de los soviets.

Vladimir Ilych Ulianov, conocido por sus camaradas bolcheviques y por la posteridad como V.I. Lenin, era un intelectual de ojos acerados perteneciente a la izquierda revolucionaria, quien dedicaba sus esfuerzos a la destrucción del zarismo y la creación de una sociedad socialista, detenido dos veces y otras dos veces exiliado, una vez en Siberia y otra vez en Suiza, por actividades revolucionarias, abandonó Rusia en 1900, pero regresó en 1905 a Petrogrado donde permaneció durante dos años consecutivos.

A principios de 1900, el nombre de Lenin era respetado y temido en los círculos radicales. Su intransigencia había escindido en 1903 al partido socialdemócrata ruso, reunido en Londres, en dos facciones. Eterno militante, Lenin era un elitista que exigía que el Partido se organizase según lineas conspiratorias y limitaba su participación a auténticos revolucionarios dispuestos a obedecer ciegamente las ordenes. Los que estuvieron de acuerdo con él pasaron a llamarse Bolcheviques (de la palabra rusa mayoría). Sus oponentes, que propugnaban un movimiento revolucionario de masas íntimamente ligado a los sindicatos y siguiendo un programa abierto de reforma, se denominarían Mencheviques (minoría), y se grangearían pronto el desprecio de Lenin.

La Primera Guerra Mundial sorprendió a Lenin en la neutral Suiza. Allí escribió violentos artículos para periódicos revolucionarios, incitando a los trabajadores a derrocar al Zar. Cuando, para sorpresa de Lenin cayó el Zar, los pensamientos del lider Bolchevique se orientaron a el problema aparentemente insoluble de atravesar Alemania y el territorio ocupado que lo separaba de Petrogrado. Entonces ocurrió lo imprevisto: el gobierno imperial alemán, pensando que Lenin podría dirigir un movimiento que forzase a Rusia a abandonar la guerra, le permitió regresar por Alemania.

Lenin llegó a la estación Finlandia de Petrogrado el 3 de abril de 1917 y fue recibido por las aclamaciones de sus seguidores. Con voz ardiente incitó a la multitud a una "revolución socialista mundial". Al día siguiente calificó al gobierno provisional de Kerenski de "imperialista de pies a cabeza" y exigió su derrocamiento en favor de "una república de los Soviets".

Con su lema "Paz, Pan y Tierra" Lenin prometía lo que el gobierno provisional no podía cumplir, ligado como estaba a los aliados occidentales (que ya incluían a los Estados Unidos) por compromisos de tratados, prestamos masivos, y vínculos de honor.

En las ciudades y en el campo ocurría igual que en el ejército. En Petrogrado y Moscú la galopante inflación, la creciente escasez de harina y las dificultades del transporte encarecían el pan al precio del oro. En los latifundios donde campesinos asalariados rotulaban el campo, la palabra, revolución equivalía a reforma agraria. Aunque el gobierno había prometido una redistribución legal de la tierra, renunció a adoptar medidas definitivas.

Los campesinos, espolados por agitadores revolucionarios, pasaron a la acción quemando granjas, ahuyentando o asesinando a cuantos nobles pudieron encontrar y apropiándose de sus tierras. En atmósfera de caos, el minúsculo partido bolchevique de Lenin encontró enseguida apoyo para un nuevo levantamiento. Y pronto encontraría a su más poderoso propagandista.

Nacido en la Rusia meridional en 1876. Hijo de un próspero agricultor judío era todavía un adolecente cuando promovió una huelga entre los asalariados de su padre. Como Lenin, fue dos veces detenido y encarcelado por la policía zarista. Entre sus períodos de reclusión llegó ha ser bien reconocido en los círculos radicales. Cuando le llegaron noticias de la revolución de febrero, Troski dirigía un periódico para emigrados rusos en Nueva York. El 4 de mayo de 1917 regresó a Petrogrado y actuó desde el principio en estrecha unión con los bolcheviques.

El gobierno de Kerenski vio en las manifestaciones una excusa para detener a Troski y a otros cabecillas bolcheviques. Suspendió el periódico Bolchevique Pravda (verdad) y declaró a Lenin, que huyó a Finlandia, agente alemán, enemigo público y fugitivo de la justicia.

Cuando el 8 de julio Kerenski fue nombrado oficialmente primer ministro, actuó con diligencia para lograr una coalición de partidos socialistas radicales y moderados. Para aplacar a la derecha, ordenó poner fin a las expropiaciones ilegales de tierras. Esperando debilitar al Soviet de Petrogrado alejándolo, trasladó su sede al Instituto Smoly, que se hallaba en el extremo oriental de la ciudad.

Entonces sobrevino una reacción de la derecha de la que Kerenski jamás se recuperó. El 28 de agosto, el general Lavr Kornilov, jefe de los ejércitos rusos, promovió un golpe de estado en Petrogrado. Contra esta amenaza, Kerenski actuó torpemente y entregó armas a los trabajadores para que se enfrentaran a las tropas de Klornilov. El golpe falló pues las tropas de Kornilov subvertidas por agentes del Soviet de Petrogrtado desertaron. Circularon rumores de que el propio Kerenski había participado en la conjuración y los bolcheviques aprovecharon los rumores para soliviantar a los trabajadores recién armados y a los soldados gravemente descontentos.

Un repentino cambio sacudió la ciudad. En septiembre era elegida una mayoría bolchevique en el soviet de Petrogrado. Kerenski, maniobrando con celeridad desesperado, proclamaba la república el 14 de septiembre

Desde su exilio en Finlandia, Lenin seguía estos acontecimientos con creciente optimismo y el 7 de octubre regresaba a Petrogrado. Cuando dos días más tarde Kerenski ordenó a muchos destacamentos radicales que se retiraran de la ciudad, se propagó el rumor de que el gobierno proyectaba rendir la ciudad a los alemanes para impedir un golpe bolchevique. Como réplica el Soviet de Petrogrado autorizó la creación de un Comité Militar Revolucionario (CMR) para hacerse cargo de las guarniciones y armó a los obreros de las fábricas constituyéndolos en unidades de la Guardia Roja. Para entonces, los bolcheviques convocaban abiertamente a la rebelión, en desacato total al gobierno de Kerenski. Troski corrió de fábrica en fábrica, de cuartel en cuartel, exhortando a los trabajadores y soldados a prepararse para la lucha, que no iba a ser solamente política sino también armada.

El 23 de octubre, sin un solo disparo, un destacamento de la Guardia Roja se apoderó de la Antigua Fortaleza de Pedro y Pablo en Petrogrado. Con este suceso (aunque pocos lo advertían entonces) se iniciaba la Revolución Bolchevique.

A las 11 pm del 24 de octubre, Lenin abandonó su escondrijo y se trasladó al Instituto Smolny. Insatisfecho con la marcha de la rebelión e inseguro de su mayoría en el Soviet, había dirigido un llamamiento a la población insitándola a la revolución.

Para el 29 de octubre los Guardias Rojos bombardearon el Kremlin. Cuatro días más tarde asaltaban la antigua ciudadela y aniquilaban el último reducto de oposición a los izquierdistas.

El futuro de la nación residía en la inmensa campiña. Solo asegurándose la lealtad de los campesinos podrían mantenerse en el poder los bolcheviques. Su primera medida fue cumplir la promesa de paz; en marzo de 1918 enfrentado a una dura oposición, Lenin obligo al gobierno a aceptar las gravosas demandas alemanas contenidas en el Tratado de Brest - Litovsk. Rusia perdió la provincia finlandesa, la Ucrania rica en trigo, sus territorios polacos y Estonia , Letonia y Lituania. Perdía un 34% de su población, el 90% de sus minas de carbón y el 32% de sus tierras cultivables. (Posteriormente Rusia recuperaría la mayor parte de estas perdidas)

Mientras la nación se sumía en una catastrófica guerra civil. Desencadenó el conflicto un ejército blanco (no comunista) de cosacos en mayo de 1918. Otros ejércitos blancos pronto se unirían a la contienda. Las potencias que habían sido aliadas de la Rusia zarista, temerosas del contagio revolucionario, establecieron lo que se llamó "el cordón sanitario" antibolchevique, es decir un poderoso bloqueo marítimo, y enviaron armas y pertrechos a los ejércitos blancos para terminar apoyándolos con tropas. En el este, Japón envió un ejército para ocupar puestos estratégicos en Siberia, donde se vieron también tropas estadounidenses. Los ingleses desembarcaron en el norte y los franceses en el sur. En el oeste el nuevo estado independiente de Polonia, ayudado por Francia, lanzó un ataque contra el ejército rojo. Durante más de tres años, León Troski, entonces secretario de guerra se vio obligado a movilizar el ejército con rapidez y precisión para conjurar cada nueva amenaza. Uno tras otro a un costo incalculable el ejército rojo derrotó a sus enemigos, lo cual demostraba que la fuerza de los bolcheviques se componía de una férrea voluntad.