Revolución mexicana. Revolución cubana

Historia de América contemporánea. México. Siglo XX. Porfirismo. Porfirio Díaz. Victoriano Huerta. Reforma agraria. Cuba. Dictadura. Batista. Fidel Castro. Bahía de Cochinos. Che Guevara. Crisis de los misiles

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-La Revolución mexicana-

-México después de su Independencia. El Porfiriato

El primer medio siglo de vida independiente no había traído a México la prosperidad prevista por los padres de la independencia. Guerras civiles, crisis económica, inestabilidad política, malestar social, deudas, intervenciones extranjeras habían Estado presentes en casi todo momento a lo largo de más de cincuenta años.

El triunfo, en 1867, sobre el imperio de Maximiliano supuso la definitiva implantación del Estado liberal y, la llegada al poder de un líder indiscutido, Benito Juarez, hacia presagiar un periodo de estabilidad política que llevara consigo la pacificación del país y la necesaria obra de reconstrucción económica. La muerte de Juarez y las divisiones entre sus partidarios favorecieron la dispersión del poder, paralizando la obra emprendida.

La falta de visión nacional fomentaba la aparición de rebeliones regionales. La que lleva al poder en 1876 al coronel Porfirio Diaz, que apoyó a Juarez tanto en el movimiento de reforma como en la lucha contra Maximiliano, tiene esta impronta.

Despiadado aunque eficiente, gobernó en el más puro estilo dictatorial con su camarilla, nombrada a dedo, impidiendo cualquier oposición mediante la recién creada policía rural. Una vez instalado en el poder, Diaz continúa en parte de la obra de los liberales. Pero, entre el orden y la libertad, opta por aquel y modifica la constitución, que consagraba el principio de no reelección, para mantenerse al frente del país como dictador desde 1884.

El orden público y el progreso económico serán las metas de su labor, basado en la atracción de inversiones extranjeras y en el desarrollo de las exportaciones agrícolas y mineras. La formula da resultados: el país crece.

México se vincula estrechamente al mercado mundial y las crisis del mismo van a repercutir en el país intensamente. Junto a esta fragilidad ante la crisis, se observa de 1895 a 1910 una merma de un 17 por 100 en los salarios reales y una disminución de 20.000 puestos de trabajo en el sector textil. Además, a partir de 1900 se produce una subida de los alimentos en un 20 por 100 y un descenso de la producción agrícola en algunos Estados norteños como Sonora, Sinafoa y Chihuahua de hasta un 40 por 100.

Esta crisis de coyuntura explica el papel de estos Estados en la revolución. Los desequilibrios llevan consigo grandes costes sociales y un deterioro del nivel de vida de los grupos medios, obreros y campesinos; categorías que consideramos que conviene explicar:

-Los grupos medios situados entre las masas y la minoría adinerada de grandes propietarios, banqueros, comerciantes y financieros, ven agravadas sus dificultades. Numéricamente representa la mitad de la población urbana, más de dos millones de personas atrapadas entre la crisis económica y la incapacidad del sistema para generar empleo. Para los 15.000 abogados, 5.000 médicos e ingenieros, 4.000 agrónomos, desempleados, y los 12.000 maestros mal pagados, la revolución era más que una esperanza y va a ser en este colectivo donde reclute a sus dirigentes.

-El número de proletariados es insignificante frente a los once millones de campesinos, dirigidos por extranjeros y de ideología anarquista. Muchos de ellos son empleados de empresas extranjeras y se encuentran agrupados en los principales centros industriales: México, Monterrey, Puebla o Veracruz. Desde 1905, el descenso de sus salarios reales ocasionó huelgas e incidentes como el de los mineros del cobre de Cananea en 1906. A pesar de todo su debilidad numérica e ideológica, conlleva a que acepten la tutela del Estado y deciden someterse a su arbitraje antes de lanzarse por la vía revolucionaria, como los miles de rancheros, pequeños propietarios y aparceros.

Estos grupos, en expansión numérica en 1910, ven reducido su acceso al agua causa del crecimiento de las haciendas. Pueblos enteros fueron barridos para extender las plantaciones , y los indios cayeron una vez más en la esclavitud, abrumados por las deudas hacia sus patronos e incapaces de escapar debido a los métodos de las fuerzas de seguridad internas. La lucha entre campesinos libres y la hacienda en expansión se encarnizó en Estados como Morelos, cuna del movimiento Zapatista, donde las comunidades ofrecieron una feroz resistencia para no perder sus derechos al agua y pastos y no acabar convertidos en fuerza de trabajo para la gran agricultura de exportación.

El malestar del campesinado confluyó con el de las clases medias y con los grupos regionales, a los que la camarilla que rodeaba Diaz, conocida como ¨los científicos¨, relegó a la condición de segundones en sus propios Estados, por obra y gracia del control del sistema bancario y de su posición privilegiada junto al dictador. La ausencia de actividad parlamentaria, fruto de la dictadura que impedía a los grupos regionales hacer oír su voz al poder central a través de sus representantes en el parlamento, les convenció de la urgente necesidad de una vuelta al sistema constitucional de 1857. La misma idea prende de los sectores medios urbanos. Anquilosados por el Estado porfirista, veían en la vuelta al sistema constitucional la única salida posible.

Estas dos corrientes de descontento, la formada por los pequeños y medianos propietarios, los comuneros, acosados por el latifundio capitalista y la de las clases medias, que ven la salida a sus problemas en una reivindicación política, hasta sectores hasta ahora claramente beneficiados por el porfirismo confluyen en 1910 en la lucha contra la dictadura.

-La Revolución mexicana. 1910-1920

Al frente de este movimiento antidictatorial de retorno a la legalidad constitucional estaba Francisco I. Madero, miembro de una familia adinerada de Cohahuila lo que le posibilitó ser educado en Francia y en Estados Unidos. Su carrera política se inició en 1904, como miembro de una candidatura en elecciones municipales. Fundó el Club Democrático Benito Juarez y empezó a desempeñar pronto un papel principal en la organización de la oposición al régimen. En 1909 publicó el libro ¨la sucesión presidencial¨ que, a pesar de la mediocridad de las ideas que él expresaba, ejerció gran influencia.

Tras crear el Centro Antireeleccionista de México con un grupo de hombres como Filomeno Mata, José Vasconcelos o Luis Cabrera lanzó un manifiesto con su pensamiento político en el que se atribuían a la dictadura los males del país, la corrupción en la administración de justicia, la situación de inferioridad de los mexicanos frente a los extranjeros y la destrucción del espíritu público.

En las elecciones primarias - o de electores- del 27 de Junio de 1910 quedó virtualmente reelecto el Presidente Porfirio Díaz comenzando así con su séptimo mandato. La oposición clamó al cielo, y con razón, por la forma en que habían sido manipuladas las elecciones. El Presidente Díaz, que había anunciado su retirada el año anterior, decidió presentarse al ver el impacto popular de Francisco Madero, candidato del partido antirreeleccionista.

Así, acusado por instigación a la rebelión en San Luis Potosí y como medida preventiva, Madero es detenido. Poco después, consigue escapar y se refugia en San Antonio (Tejas). Es allí, en 1910 donde hace público su plan de San Luis, manifiesto político en el que declara nulas las elecciones, se ratifica el principio de No reelección y tiende una mano a los sectores agrarios descontentos con el régimen porfirista, al declarar sujetas a revisión las disposiciones abusivas sobre terrenos baldíos, que serían restituidos a los campesinos despojados de modo arbitrario.

El plan fijaba fecha para que, de las seis de la tarde del 18 de noviembre en adelante, todas las poblaciones de la república se levantasen en armas. Se practicaron redadas de maderistas, pero el campo se levantó contra el dictador. Tanto los campesinos, como los pequeños propietarios y los comerciantes rurales respondieron a la llamada.

Grupos de campesinos en Chihuahua, acaudillados por Pascual Orozco, Pancho Villa y Abraham González entre otros emprendieron la guerra contra la dictadura. En Sonora, el líder fue José María Maytorena; Eulalio y Luis Gutiérrez en Coahuila; en Baja California Luis Leyva; en Guerrero los Figeroa; en Zacatecas el liberal Luis Moya y en Morelos, Emiliano Zapata. Todos reconocían como jefe a francisco Madero, ausente en su exilio tejano, excepto el partido liberal de los hermanos Magón.

Entre noviembre de 1910 y mayo de 1911, apenas en medio año, se desplomó un régimen que había durado treinta y cuatro. La solidez de la dictadura se había ido erosionando con el paso del tiempo, presa del envejecimiento de sus hombres y de las querellas internas entre el general Bernardo Reyes y sus partidarios, con los ¨científicos¨.

El poderoso ejercito, dirigido desde el palacio nacional por Porfirio Diaz (nominalmente 31.000 hombres, en realidad poco más de 14.000 incluidos los rurales), mandado por generales viejos e ineptos en los puntos de mayor responsabilidad, fue víctima de las emboscadas de las guerrillas de Orozco, Villa...en el Norte y de Zapata y sus lugartenientes en el Sur. La revolución se extendía por Coahuila, Aguascalientes, Tlaxcala y Yucatan aunque seguían siendo Chihuahua y el Norte de Durango los focos más importantes, ante la impotencia del ejercito federal y de los rurales.

La inminencia de un estallido revolucionario que difícilmente podría se contenido por el ejercito, causó una considerable alarma a las autoridades de los Estados Unidos. Así el 7 de Marzo de 1911, 30.000 soldados del ejercito de los Estados Unidos fueron trasladados a la frontera con México, por orden del Presidente Taftquien, que había manifestado su voluntad de intervenir en el caso de que por muerte o derrocamiento, estallase la revolución. Pero el movimiento revolucionario ya estaba en marcha desde noviembre. La incapacidad del Gobierno para someter a los insurrectos hizo perder el temor a los sectores populares. Peones y obreros engrosaban las filas revolucionarias y las poblaciones les daban apoyo e información. La toma de la ciudad Juarez por las tropas de Orozco y Villa permitió a Madero establecer en ella su Gobierno provisional dando un renovado impulso al movimiento. El avance del ejercito del Sur hacia la capital y las violentas manifestaciones que allí se sucedieron, obligaron al dictador a firmar, el 21 de mayo de 1911, el tratado de ciudad Juarez. Dos semanas antes, el 7 de mayo, Díaz había anunciado que se retiraría "pero no en estos momentos difíciles" sino cuando "mi conciencia me diga que, al retirarme, no entregaré el país a la anarquía", palabras textuales del dictador Porfirio Díaz.

El tratado suponía la renuncia y exilio de Díaz, pero también la dimisión de Madero, la formación de un Gobierno provisional y la celebración de elecciones ya que, el dirigente revolucionario quería acceder al poder por vía democrática y no deber la magistratura ni a sus jefes militares, ni a los Estados Unidos, cuyas fricciones con Porfirio Díaz dieron libertad de acción a los revolucionarios y presionaron a este con la amenaza de intervención si no abandonaba el poder.

La presidencia interina, encargada de pacificar el país y convocar elecciones generales, la asumió el ministro de relaciones Francisco León de la Barra que debía aplicar amnistía por delitos de sedición y licenciar a las fuerzas revolucionarias, lo que significaba dejar en manos del Gobierno derrotado el aparato estatal y suspender las reformas sociales, políticas y económicas del Plan San Luis. El descontento general crecía, las tropas revolucionarias se negaban a licenciarse, las huelgas e invasiones de tierras proliferaban. Zapata y los suyos presionaban al Gobierno para que llevara a cabo el plan de restitución de tierra prevista en el Plan de San Luis; en caso contrario no entregarían las armas, como no lo hicieron, a pesar del arbitraje de Madero.

Los conflictos entre revolucionarios obligaron a adelantar las elecciones, a las que concurrió Madero encabezando la lista del recién creado Partido Constitucional Progresista, acompañado por José María Pino Suarez como candidato a la presidencia. Las elecciones del 1 y 15 de octubre de 1911 les dieron la victoria rotunda. Madero se proclamaba Presidente de la república y Porfirio Díaz marchó exiliado hacia Europa junto con el vicepresidente Corral.

El Gobierno de Madero no tardó en desmoronarse. Las alianzas entre las clases medias y el campesinado y entre sectores urbanos y rurales, comenzaron a quebrarse, mientras pervivía el entramado porfirista; los grupos radicales dentro del maderismo, como el Bloque Renovador, de Luis Cabrera actuaban con indisciplina y la oposición, que destruía proyectos constructivos propagando rumores catastrofistas. Con todo ello, Madero debía realizar un plan político que dejara satisfecho tanto a los grupos reaccionarios, que pretendían volver al régimen anterior como a los revolucionarios, que exigían tierras, justicia y salarios más elevados.

El Plan de San Luis preveía la restitución de la tierra a los despojados ilegalmente de ella y el fomento de la pequeña propiedad. Pero también se arbitraron otras medidas como la asignación de tierras estatales o baldías y la compra a particulares para dotar a los pueblos de tierras comunales.

Estas medidas recuperaron 21 millones de hectáreas de terrenos nacionales, pero no dejaron satisfechos por completo a los diputados revolucionarios que presentaron varios proyectos de ley de un carácter más radical. Así, los planes de Luis Cabrera proponían expropiar las tierras necesarias para la dotación y la reconstrucción de ejidos a los pueblos y favorecer la dotación de latifundios mediante una política fiscal equitativa.

La proliferación de huelgas, sobre todo en los sectores minero y textil, paralizaron, en este ultimo, al 80 por 100 de las empresas. El Gobierno creó una oficina de trabajo que, en menos de un año, había mediado con éxito en 70 conflictos. La jornada de trabajo quedaba reducida a diez horas (anteriormente eran doce) dictándose una ley sobre accidentes de trabajo que, junto a los aumentos de sueldo, la ampliación de hospitales gratuitos y los comedores escolares, entre otros adelantos, fueron aportaciones del Gobierno de Madero al bienestar social, en un contexto económico no excesivamente deteriorado, con un superávit en la balanza comercial de cien millones de pesos, una mejora en la recaudación y un aumento de los impuestos sobre artículos de lujo o no de primera necesidad.

Desafortunadamente, Madero no pudo hacer mucho más, todos los grupos revolucionarios reclamaban sus derechos por haber participado en la revolución. Zapata y los suyos fueron los primeros en levantarse contra Madero exigiéndole, como condiciones para deponer las armas y disolver sus fuerzas, la promulgación de la ley agraria, el retiro de las tropas, el indulto general para todos los insurrectos y la destitución del gobernador del Estado.

Al no aceptar el Presidente estas condiciones se proclamó la rebeldía formal el 25 de noviembre de 1911, en el llamado ¨Plan de Ayala¨ en el que se desconocía a Madero y se nombraba jefe de la revolución a Pascual Orozco y, en su defecto, a Emiliano Zapata. Bajo el lema de ¨Tierra , Libertad, Justicia y Paz¨ el plan, obra del maestro de primaria Otilio Montañon ya que Zapata, aunque muy inteligente, era analfabeto, trata de resolver el problema agrario por medio de restitución, dotación y nacionalización de tierras, montes y aguas.

La restitución se haría a los pueblos y ciudadanos que tuvieran títulos de propiedad; para la dotación se expropiaría, previa indemnización, la tercera parte a los monopolizadores y se nacionalizarían las propiedades de los enemigos del Plan, destinando dos terceras partes a indemnizaciones de guerra, pensiones a viudas y a huérfanos e la revolución. Pero la mayor importancia del plan radica en su capacidad de canalizar las aspiraciones campesinas, no sólo del Estado de Morelos, centro del poder zapatista, sino también en San Luis Potosí, con los hermanos Cedillo y hasta en el lejano Chihuahua.

El enfrentamiento armado comenzó inmediatamente y se extendió desde Morelos a los Estados vecinos de Guerrero, Tlaxcala, Puebla, México e incluso a el Distrito Federal. Las tropas del Gobierno no lograron dominar la insurrección y fracasaron, tanto al aplicar la dureza represiva, llevada a cabo por el general Huerta, como al intentar establecer una política conciliadora, caso del general Felipe Argeles. Los campesinos siguieron luchando por conquistar sus derechos.

En la misma línea de obligar al Gobierno a cumplir los compromisos firmados en el Plan de San Luis, se insertó el levantamiento de Pascual Orozco, jefe del ejercito de Chihuahua, dotado de una enorme popularidad ya que meses antes había conseguido reducir las sublevaciones del General Reyes y la de los hermanos Vazquez Gómez.

Orozco, a quien Zapata había ofrecido la jefatura en el Plan de Ayala, se encontraba dividido entre sus sentimientos revolucionarios y su obediencia al Presidente. Finalmente, eligió el camino de la rebelión el 25 de Mayo de 1912 con objetivos socialmente revolucionarios, pero financiado, debido a la necesidad, por las familias más destacadas de la oligarquía porfirista de Chihuahua, que pensaban utilizar su triunfo para sus propios fines.

El plan orozquista proclamaba, entre otras cosas, la jornada laboral de diez horas, restricciones al trabajo infantil, mayores salarios, reforma agraria, nacionalización del ferrocarril y el empleo de trabajadores mexicanos, hasta entonces discriminados en favor de los norteamericanos.

Con un gran ejercito, Pascual Orozco se dirigió hacia la capital venciendo al ministro de la guerra de Madero, José González Palas, que se suicidó al ver a su ejercito profesional derrotado por las improvisadas tropas de Orozco. El mando del ejercito federal pasó al general Huertas, cuyo talento militar y la falta de munición de los orozquistas le dieron la victoria.

Al hallarse el régimen debilitado por las constantes rebeliones y la oposición política, un amplio sector de porfiristas creyó encontrar la ocasión política para apoyar la quinta rebelión sería contra el Presidente Madero. Su caudillo fue esta vez el sobrino de Porfirio Díaz, Félix Díaz, que se levantó en Veracruz el 16 de octubre de 1912.

El movimiento ¨felicista¨, como así se hacían denominar, de orientación claramente contrarrevolucionaria, aglutinaba el descontento de los distintos grupos de partidarios del dictador y constituyó una seria amenaza para el Gobierno al apoderarse del puerto de Veracruz, sobre el golfo de Campeche con el apoyo de dos regimientos.

El motivo aducido para la insurrección fue la acusación de haber humillado el Presidente el honor del ejercito al dar el mando de las guarniciones más importantes a generales revolucionarios autodidactas, por delante de mandatarios de carrera. El levantamiento no fue secundado más que por las tropas de guarnición en Veracruz; el resto del ejército permaneció leal.

No le fue fácil a Félix Díaz resistir en esas condiciones; se rindió a fines de octubre (el 23 concretamente) y poco después pasó ante el tribunal militar que le condenó a muerte. Madero, presionado por el elemento conservador, conmutó la pena por la de prisión que cumplió en la penitenciaria del Distrito federal.

El fracaso de Félix Díaz se sumaba al del general Bernardo Reyes, la otra figura de prestigio entre los porfiristas. Reyes, que había proclamado el Plan de Soledad el 16 de septiembre de 1911, preparó su rebelión desde Tejas, donde fue acusado y detenido por violentar las leyes norteamericanas sobre neutralidad. Su movimiento no fue seguido. Se rindió el 25 de diciembre de 1911 y fue llevado a la capital prisionero.

Tras su derrota, los dos generales se dedicaron a conspirar contra el Gobierno que les había perdonado la vida, mientras el Estado era acusado cada vez más por sus enemigos ideológicos en la prensa y en el Congreso.

Dificultades con Estados Unidos

Durante el periodo que nos ocupa, Estados Unidos ejerció una fuerte influencia sobre México. Actuando siempre de acuerdo a sus intereses, la política Estadounidense en torno a su relación con México condicionó, sin lugar a duda, el desarrollo de toda la revolución.

Las relaciones de Porfirio Díaz con el poderoso vecino del Norte se habían desarrollado siempre apoyadas en dos premisas: la búsqueda de un buen entendimiento y la imperiosa necesidad de equilibrar su influencia con la de las potencias europeas (Inglaterra, Francia Alemania) y asiáticas como Japón.

Esto explica que aunque las inversiones norteamericanas representan casi el 40 por ciento de las inversiones extranjeras, ciertos sectores claves, como el petróleo o algunos ferrocarriles como el de Tehuantepec, fuesen concedidos a compañías europeas, lo que no dejaba de causar roces entre el Gobierno mexicano y el de los Estados Unidos de Norteamérica.

Si añadimos a esto dos categorías más de problemas, los derivados de contenciosos en la frontera y los producidos por los intereses de ciudadanos norteamericanos en México, y tendremos la explicación de casi todos los conflictos que en este periodo enfrentaron a ambos Gobiernos.

La política de Porfirio Díaz de evitar una invasión monopolística de las compañías amenazadas en México se vio condicionada por el cambio de actitud que después de ola guerra hispano-norteamericana de 1898 toma el Gobierno norteamericano frente a la América Central y del Caribe.

La política del "Gran garrote" y las intervenciones norteamericanas en Cuba, Panamá, Puerto Rico y Haití mostraban unas intenciones agresivas que obligaban al Gobierno de México a protegerse frente a ellas. Hay que añadir a esto la transformación operada en la naturaleza de las compañías norteamericanas, que no eran ya las medias empresas de fin del siglo XIX, sino grandes trusts que, en el avanzar de Estados Unidos, iban fijándose también objetivos en México.

El temor del dictador era compartido por su camarilla de científicos, que, en un esfuerzo de garantizar la independencia económica del país, se volvieron hacia Gran Bretaña, Francia, Alemania y Japón. De todas estas potencias, la única que podía combatir el potencial económico de los Estados Unidos era Inglaterra, que, de principal inversionista y socio comercial de México durante la mayor parte del siglo XIX, se había visto desplazada por los Estados Unidos cuando se construyeron los ferrocarriles que enlazaban los dos países.

El auge del petróleo mexicano reavivó el interés de Inglaterra por ese país. En 1910, una compañía inglesa, el Aguila Oil Company, del Pearson Trust, controlaba el 58 por cien de la producción petrolera mexicana y Díaz decidió convertirla en instrumento para debilitar la influencia norteamericana. Con la creación de Ferrocarriles Nacionales de México, los norteamericanos perdieron el control sobre gran parte de las líneas férreas, pasando este a México, que privilegió al Pearson Trust (El Aguila Oil Company) con concesiones de terrenos petroleros frente a la norteamericana Standard Oil.

Los grupos norteamericanos no estaban dispuestos a perder la influencia sobre un país que, en 1911, era ya el tercer productor de petróleo del mundo. Pronto todos ellos estuvieron de acuerdo en que la única salida era un cambio de Gobierno en México. Esto explica los apoyos que Madero recibió en su lucha contra Díaz, probablemente apoyada por la Standard Oil, así como las constantes trabas, advertencias y amenazas que tuvo que sufrir el dictador por parte de los Estados Unidos como castigo a sus preferencias por los europeos.

El régimen de Madero tuvo en sus relaciones con los norteamericanos dos fases claramente diferenciadas. La primera, en los momentos iniciales, fue de simpatía, tanto por parte del Gobierno como de las compañías norteamericanas. A partir de 1912, las relaciones se van enfriando hasta convertirse en hostiles en 1913.

Las razones de este cambio no están en que Madero tomara medidas antinorteamericanas en su política financiera o exterior, aunque la burguesía industrial y la clase media, que estaban en el poder con Madero, como anteriormente los "científicos" no se disponían a conceder una limitada hegemonía a los Estados Unidos, sino en su política interior. La libertad sindical de huelga y de expresión atemorizaron a las compañías norteamericanas, pues se expresaron ideas contrarias a sus intereses y se llevaron a cabo numerosas huelgas. Esto tuvo como consecuencia una campaña de prensa en la que se describía a Madero como incapaz de controlar la anarquía imperante en México y una nueva búsqueda del hombre capaz de enderezar tal Estado de cosas.

La antipatía hacia Madero del embajador norteamericano Henry Lane Wilson llevó a este a apoyar intentos de golpes de Estado como el que en febrero de 1913, tras la intentona de Félix Díaz, derrocó al Presidente. La animadversión de los sectores conservadores y la hostilidad de los Estados Unidos supuso el fin del régimen. El 9 de febrero, el general Mondragón, porfirista acérrimo, apoyado por varios regimientos de artillería y cadetes del Ejército, liberó de la prisión a los generales Reyes y Félix Díaz, con la idea de derrocar posteriormente al Gobierno.

En las primeras escaramuzas cayó el general Reyes y tomó el mando Félix Díaz, que se encerró con sus tropas en el arsenal militar de Ciudadela. Para someter a los rebeldes, Madero cometió la torpeza de designar al general Victoriano Huerta. Este, de acuerdo con el embajador de los Estados Unidos, Wilson, llevo a cabo crueles bombardeos, pero no sobre los rebeldes, sino en las casas de lo alrededores, causando una enorme destrucción y un gran número de víctimas, que sirvieron de pretexto a los embajadores extranjeros, capitaneados por el norteamericano, para presionar de esta forma al Gobierno mexicano.

Diez días, conocidos como la decena trágica duró el bombardeo, hasta que Huerta decidió ponerse abiertamente en contra del Gobierno e hizo detener al Presidente Madero , al vicepresidente Pino Suarez así como al hermano de Madero y a parte del Gabinete. El apoyo de Huerta a los rebeldes se negoció en la propia embajada norteamericana, donde surgió un acuerdo entre Huerta y Félix Díaz por el que el primero asumiría la presidencia provisional, con la bendición de los Estados Unidos, para organizar la elección del segundo.

Tras el pacto y la detención de Madero se obligó a éste y al vicepresidente a renunciar a su cargo, con la promesa de que salvarían sus vidas. El Congreso designó como Presidente, según las normas, al siguiente de acuerdo a la jerarquía establecida, el secretario de Relaciones exteriores. Pedro Lascuain, tras jurar el cargo nombró a Huerta secretario de interior renunció a su cargo. El congreso, tras la ausencia de Presidente, vicepresidente y secretario de Relaciones Exteriores, se vio obligado a designar para el cargo al ministro de más jerarquía que no era otro que el ministro del Interior, el general Huerta. Tomaba así la jugada un giro legal.

El Presidente, su hermano y el vicepresidente Pino Suarez, fueron asesinados el 22 de febrero de 1913 cuando eran trasladados a Veracruz. Estas muertes lanzaron de nuevo a la lucha contra la usurpación huertista a todos los grupos revolucionarios, dando un nuevo giro al proceso de la revolución.

La dictadura de Victoriano Huerta

La subida al poder del general Huerta fue recibida con alborozo por los grupos conservadores; pero su régimen no fue un calco del de Porfirio Díaz. La camarilla financiera que rodeaba a Díaz fue militar en el caso de Huerta con algunos políticos porfiristas. Este contó, en principio, con los partidarios de Félix Díaz, a los que hizo abandonar del Gobierno en el momento que decidió no respetar el compromiso de convocar elecciones para que Díaz accediese a la presidencia. A Félix Díaz, le envió de embajador extraordinario al Japón.

El regreso a la situación imperante no fue difícil. Madero no había llevado a cabo ninguna transformación social profunda en la tenencia de la tierra y sólo en lo tocante a las libertades públicas se había producido una ruptura con el porfirismo. Huerta suprimió la libertad de prensa, asesinó a revolucionarios significativos, como Abraham González y aunque comenzó tolerando el movimiento obrero organizado en la Casa del Obrero Mundial, la ideología anarcosindicalista la declaró ilegal en 1914.

La oposición al régimen hizo que fuera disuelta la cámara, se detuvieran a 84 diputados y se convocaran nuevas elecciones que contaron con una abstención muy alta y con un notable fraude en el recuento. De este modo, Huerta fue elegido, aunque desde fines de 1913, tenía que enfrentarse a una insurrección que dominaba la mitad del país.

Los centros principales eran las zonas que desempeñaron el mismo papel en la revolución maderista: en los Estados norteños de Chihuahua, Cohuila, Sonora, Tamaulipas y Sinaloa operaban las fuerzas de Venustiano Carranza y Pancho Villa, mientras que en la región de Morelos, Emiliano Zapata dirigía su ejercito del Sur.

Se enfrentaba el Gobierno a una situación de guerra enormemente costosa, sin disponer de recursos monetarios para ello, ya que las levas habían privado a la economía de fuerza de trabajo y la guerra había dejado en manos del enemigo zonas económicamente importantes. La primera medida adoptada, no sólo por el Gobierno, sino por las facciones rivales fue la de emitir papel moneda sin respaldo para ello. Así, los billetes se depreciaban, apenas salían a la calle, creando un caos financiero y monetario. Los alimentos y productos de primer necesidad escaseaban y en las grandes ciudades crecía el mercado negro.

La ruina económica se agravaba por la hostilidad del nuevo Presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson hacia Huerta. El 24 de agosto de 1913 Wilson hizo público el boicot económico a México. Además, argumentando razones morales y de respeto a los principios democráticos, el Presidente Wilson se negó a reconocer el régimen y presionó a Argentina, Chile, Brasil y Cuba para que actuaran del mismo modo como así hicieron. A medida que la lucha avanzaba, más claro le resultaba al Presidente Wilson la necesidad de derrocar al Gobierno de México, al que las compañías norteamericanas se negaban a pagar impuestos, alegando que no había sido reconocido por los Estados Unidos.

Las vías para llevar a cabo esta empresa eran dos; intervenir directamente o apoyar a los revolucionarios del Norte: Carranza y Villa. El apoyo se materializó en el embargo de armas con destino al Gobierno, en el permiso para los rebeldes de aprovisionarse en territorio americano y en créditos a los revolucionarios.

Huerta, abandonado por los norteamericanos y rechazado por los británicos, se volvió hacía Alemania, que le prometió ayuda. Wilson, en busca de un subterfugio para declararle la guerra, aprovechó un incidente con marinos norteamericanos, en el puerto de Tampico. El 9 de Abril de 1914, un oficial y nueve marinos de la tripulación del Dolphin, entraron sin permiso en una zona vedada, mientras estaba la ciudad en Estado de sitio. Detenidos y en seguida liberados, informaron al jefe del escuadrón, contralmirante Mayo, quien entendió que aquello era un "insulto para la bandera americana" y exigió que la izaran y saludaran con una salva de 21 cañonazos. Huerta exigió un trato similar con la bandera mexicana, y como por supuesto no hubo acuerdo, Wilson pidió autorización para emplear las tropas de la marina. El 21 de Abril, 23.000 soldados americanos desembarcaron en Veracruz, que además de asegurar el control de la zona petrolera, privaba al Gobierno del puerto de entrada el material alemán y de los recursos de las aduanas.

Sin aprovisionamiento de armas y municiones, Huerta quedaba en manos de sus enemigos, mientras Estados Unidos aceptaba de la llamada mediación de ABC (Argentina, Brasil y Chile) para resolver el problema de la ocupación de Veracruz.

A mediados de julio de 1914, Huerta abandonaba el país, y un mes más tarde, el 16 de agosto, el general constitucionalista Alvaro Obregón respondiendo a las directivas del Primer Jefe de la revolución, Venustiano Carranza, entraba en la capital. Comenzaba así la lucha por el poder entre las facciones revolucionarias.

El precario equilibrio obtenido en la lucha contra el enemigo común no pudo ser mantenido tras la derrota de este. Varios movimientos se enfrentaban, entre los que destacaban los acaudillados por Zapata, Carranza y Pancho Villa. Sus objetivos era idénticos: la restitución de las tierras arrebatadas por los hacendados a las comunidades campesinas y la expropiación de parte de los latifundios.

El movimiento zapatista estaba formado en su mayoría por campesinos libres (el 80 por cien de la población del Estado) y por peones de hacienda que se habían ido sumando a él. Al tener como base regional el Estado de Morelos, donde no había ni industria ni minería, había pocos obreros en sus filas, y tampoco clases medias, apéndices de los terratenientes en las sociedades campesinas tradicionales. En la dirección del movimiento si apreciamos obreros, como Felipe Neri, y algunos intelectuales, como el maestro de escuela Otilio Montaño. Los principales ideológicos del grupo eran el abogado Antonio Díaz Soto y el organizador, Gildardo Magaña, miembros ambos del partido liberal durante el porfiriato.

La fuerza del zapatismo radicaba en su unidad, su coherencia y su capacidad de supervivencia, manifestadas, respectivamente, en la ausencia de oposición, en la regularidad en el reparto de tierras y en su absoluto control del campo de Morelos.

Su debilidad, según Vicente González Loscertales, se aprecia en sus estrechos intereses, exclusivamente agrarios, y en la inmovilidad de su ejército, perceptible en la dificultad con que se extendió el movimiento en los Estados vecinos entre 1913 y 1915. Para una mentalidad campesina, carecía de interés lo que sucediera fuera de su propio terreno. Por otra parte, fuera de él, eran muy poco efectivos, ya que si bien podían resistir los ataques en su propio territorio, no era capaces de llevar una guerra ofensiva, por falta de medios y de dinero, obtenido en cierta medida mediante ataques a las haciendas o a las tropas enemigas.

Los ejércitos, a los que dieron origen los movimientos revolucionarios del Norte, diferenciaban mucho de los del Sur. Estaban más cercanos a la profesionalidad, pues su base humana tenía menos arraigo; al no ser campesinos sino jornaleros o mineros, se acercaban más al concepto de mercenario; permanecían leales si se les pagaba, lo que podían hacer sus jefes a través de los impuestos a las compañías extranjeras y hacendados o vendiendo algodón o ganado de contrabando en los Estados Unidos.

Carranza, su jefe, era un hacendado coahuilense, de ideas marcadamente conservadoras, aunque no vacilaba en prometer reformas sociales. Sus compañeros, los hombres de Sonora, Alvaro Obregón, Plutarco Elías, Benjamin Hill, Adolfo de la Huerta, Salvador Alvarado, etcétera, tenían mayor sentido social. Hombres de temple más radical, habían hecho promesa de reforma agraria que no pensaban cumplir junto a otras de carácter obrero que si cumplían.

El movimiento contó con generales como Pablo González de origen obrero, algunos tenían experiencia política antes de la revolución. Los civiles que apoyaban a Carranza eran intelectuales, surgían del ala más radical del movimiento maderista. La ausencia de campesinos era casi total entre los generales carrancistas, aunque después de 1915 se le incorporaron algunos como Domingo Arenas o Severiano Ceniceros (ex zapatista el primero y ex villista el segundo).

La base social del carrancismo es la clase media, lo demuestra la elevada proporción de ésta en los cuadros dirigentes del movimiento y el sentido nacionalista con que se intenta ganar el apoyo de las masas, ya que, al no desear grandes cambios sociales ni restablecer la democracia parlamentaria, es el sentimiento nacionalista el único móvil capaz de captar las simpatías.

El movimiento villista es el segundo gran movimiento revolucionario del norte de México, oficialmente bajo la dirección de Carranza, aunque en la práctica dispusiera de una gran autonomía. Su líder Pancho Villa, se había dedicado durante más de veinte años al bandolerismo (robos, asaltos, saqueos, cuyos productos distribuía entre los pobres). Esto le valdría el sobrenombre de Amigo de los pobres. Al iniciarse la revolución se alió con Madero, con quien entró en la capital. Tras la muerte de Madero, Pancho Villa reunió a 3.000 hombres con los que expulsó a los federales de Chihuahua y se proclamó gobernador militar del Estado restableciendo el comercio, fundando numerosas escuelas, confiscando la tierra de los ricos... Su base de operaciones era el Estado de Chihuahua, diferenciándose del carrancismo en una mayor base popular al no contar entre sus dirigentes con hacendados, como fue el caso de Cohauila o Sonora.

Los jefes de las tropas que se le unieron eran, dirigentes agrarios significados durante el porfiriato, bandidos como Tomás Urbina, o ferrocarrileros como el cruel Rodolfo fiero. Los intelectuales eran más escasos en el ejercito de Villa que en el de Carranza, aunque algunos, como Silvestre Terrazas o Federio González se preocuparon de dar al villismo un contenido político. Al extenderse el villismo a otros Estados, se hace más conservadora su dirección, a diferencia de Carranza, al que le sucede lo contrario. La incorporación de hombres como el general Felipe Angeles, notable artillero, o el gobernador de sonora, Maytorena, dio un carácter más moderado al villismo.

Villa llevó a cabo una expropiación sin indemnización de las propiedades de la oligarquía mexicana y expulsó a muchos españoles de los Estados controlados por él. Se distinguió radicalmente de Carranza en la cuestión agraria, y también de Zapata, pues en vez de distribuir, como éste, la tierra entre los campesinos, la dejaba bajo control del Gobierno, para mantener con sus ingresos la revolución.

En una guerra ofensiva como la de Pancho Villa, el repartir bienes hubiera supuesto la pérdida de posibles soldados, que se hubieran afincado en sus parcela. En la región chihuahuense, la hacienda predominante era la ganadera y resultaba difícil distribuirla entre campesinos individuales, puesto que la gran extensión de tierra necesaria para el ganado no hubiera sido rentable parcelarla. La reforma agraria la dejaba Villa para después de la guerra, cuando sus soldados pudieran regresar a sus pueblos.

Esta forma de proceder de Villa chocaba con la de su jefe, Carranza, provocando tensiones cada vez mayores entre ellos. Carranza era partidario de la devolución de las tierras a sus dueños y de la administración de las haciendas hasta ese momento a cargo de las autoridades locales. Villa, sin embargo, prefería administrarlas directamente, pues con esos ingresos financiaba su ejército. Estas diferencias crearon un gran resentimiento y la desconfianza entre ambos caudillos se convirtió pronto en guerra abierta.

Tras la derrota de Huerta, los tres grandes grupos de la revolución se miraban con desconfianza. Los zapatistas veían en los carrancistas al enemigo tradicional y optaron por aliarse con Villa quien, a su vez, como hemos señalado, no estaba dispuesto a reconocer a Carranza como jefe supremo de la revolución.

El problema de la jefatura revolucionaria se iba a dirimir en una convención celebrada en la ciudad de Aguascalientes, en la que se hallaban representadas todas las facciones revolucionarias. La asamblea chocó con la obstinación de Carranza y la hostilidad de Villa. Carranza se negó a aceptar las conclusiones de la Asamblea que eligió como Presidente Eulalio Gutiérrez. Alvaro Obregón que había jurado apoyar al nuevo Presidente cambió de idea y se sumó a él. Villa por su parte, tras un breve plazo de apoyo a Gutiérrez, pronto le dejó solo consumándose el fracaso de la Convención.

La guerra era la única salida y, de Enero a julio de 1915 enfrentó a Carranza, apoyado por el talento militar de Obregón, contra Villa y Zapata aliados. Las batallas más importantes se dieron en el México central entre Villa y Obregón, apoyados por los norteamericanos decididos ya en apoyar a los carrancistas. Las Batallas de Celaya y Aguascalientes dieron el triunfo y el control del México central a los partidarios de Carranza, pues Villa, falto de municiones y alejado de su zona tradicional de combate no pudo resistir, y Zapata sin apoyo se retiró a Morelos, donde continuó haciendo guerra de guerrillas sin ser capturado, hasta que, traicionado en 1919 fue asesinado.

Pancho Villa recreó un ejercito en Chihuahua, pero fue derrotado en Agua Prieta, al permitir los Estados Unidos que los carrancistas atravesaran el territorio norteamericano con tropas de refuerzo. A partir de este momento, su odio hacia los norteamericanos le llevó a asesinar a todos los que caían en su poder, incluso atacar la ciudad norteamericana de Columbus, lo que llevo como respuesta la expedición punitiva del general Perhing en territorio mexicano.

A finales de 1915, el ejército de Villa se había convertido en una serie de grupos bandidos que asolaron poblaciones durante más de cinco años, en una dura lucha por la supervivencia, como debió hacer Zapata en el Sur. Carranza era ya el dueño del poder. Había llegado el momento de institucionalizar el régimen y legitimarlo a través de la convocatoria de un Congreso que redactaría y aprobaría la nueva Constitución.

El fracaso de la Convención de Aguascalientes había enseñado a Carranza a no dar participación en él a las facciones enemigas; ni huertista ni villistas ni zapatistas estarían representados en él, sólo las tendencias del constitucinalismo. Tampoco estaría dominado, como la Convención, por los militares, que sólo suponían un 30% se los congresistas más de la mitad de los cuales eran universitarios y profesionales, jóvenes de clase media, a los que el porfiriato había cerrado el paso a la política.

El 12 de octubre de 1915, en la conferencia interamericana celebrada en Washington, los Estados Unidos de Norteamérica reconocieron a Carranza como Presidente de México puesto que era el único que cumplía los requisitos para ser reconocido Gobierno de "facto". Meses antes, el 5 de febrero había anunciado que asumía los poderes militar y civil, dadas las circunstancias en que vivía el país.

Finalizaba así la llamada etapa destructiva de la revolución mexicana. aún seguían luchando los restos del zapatismo y del villismo, aunque más por la mera supervivencia que por el afán de triunfo. Aún así, el 13 de noviembre de 1916, con gran sorpresa para el Gobierno de México, Pancho Villa tomó Chihuahua donde pudo obtener pertrechos y la liberación de presos políticos. El general Treviño pudo poco después recuperar la plaza.

La sucesión de revueltas concluye en 1917. En febrero de este año se reúne la asamblea constituyente de Querétano dominada por hombres de clases medias.

La Constitución inspirada en la liberal de 1857 es un fiel reflejo del Plan de San Luis, conservaba la intervención del Estado en amplios sectores de la vida económica y social y reflejaba en anticlericalismo de gran parte de los sectores medios que la redactaron.

La cuestión agraria se planteaba en el articulo 27 como restitución a los pueblos y comunidades de las tierras injustamente expropiadas por los hacendados, así como la dotación de ejidos a aquellos pueblos que no los tuvieran. En este sentido, el artículo es continuación de la política adoptada por Carranza, desde 1915, de restitución de tierras a los pueblos. Además, la propiedad privada se encontraba supeditada al interés público.

En la cuestión obrera se intentaba encontrar un equilibrio entre obreros y empresarios. El artículo 123 decretaba una jornada laboral de ocho horas durante seis días semanales, fijaban un salario mínimo y el principio de igual remuneración a igual trabajo, sin discriminación a causa de sexo o nacionalidad. se daba a obreros y patronos el derecho a organizarse para defender sus intereses respectivos, el de la negociación colectiva y el derecho a huelga.

La constitución suponía el fin del "laissez faire" del liberalismo decimonónico, pues era más reformista que revolucionaria, como lo era también el grupo que la impulso y llevó a cabo. Carranza la acogió con desconfianza, pero le resultaba imprescindible para pasar de primer jefe de la revolución, cargo que había ocupado durante cuatro años, a Presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

Las reformas sociales se ponían lentamente en práctica, siguiendo el vaiven de las presiones agrarias y obreras y de las necesidades de apoyo al nuevo régimen. Este, en buena medida, suponía un continuismo con el porfiriato, pero adaptado a los cambios producidos en la sociedad y en la economía.

Ante la inminencia de un cambio de Gobierno, Carranza mantuvo una continuidad a su obra y eligió sucesor a una persona de confianza, Obregón. Pero Carranza se arrepintió. Quería perpetuar su mandato así que se volvió contra su antiguo comandante y la mando arrestar. Obregón escapó, y al regresar depuso a Carranza, quedando Obregón como nuevo Presidente. Carranza murió asesinado en una choza del pueblo de Tlaxcalantongo por el general Rodolfo Herrero cuando trataba de huir (mayo de 1920).

Del resto de revolucionarios, Emiliano Zapata fue asesinado en 1919, en una emboscada tramada por un coronel del ejército federal que pretendía, junto con sus tropas, unirse a Zapata y desertar. Como muestra de confianza, masacraron a un grupo de seguidores de las tropas del Estado. Zapata sin sospechar nada, acudió a su encuentro y fue asesinado.

Pancho Villa se calmó con la edad y Obregón le regaló una hacienda de 200,000 acres para mantenerlo tranquilo. A Obregón le preocupaba su seguridad personal y Pancho Villa era el terror del Norte. En Julio de 1923 cuando salía en automóvil de la ciudad de Parral para dirigirse a su hacienda en Canutillo, más de cien disparos acribillaron a Villa y sus acompañantes.

La revolución institucionalizada

Durante los años veinte se fueron incorporando a la arena política los sectores medios de la sociedad nacional, que presentaron la exigencia de institucionalizar su dominio del sistema, y se comprobaron las dificultades para incorporar al campesinado al mismo, pese a la claridad del mandato revolucionario acerca de la revolución agraria. Controlar la economía del país y devolver a los mexicanos su petróleo y su minería se presentó realmente complicado.

El asesinato de Carranza en Mayo de 1920 no había supuesto estancamiento alguno de la avalancha revolucionaria, porque, el movimiento de "Agua Prieta", con el consiguiente levantamiento militar que condujo a la presidencia al general Alvaro Obregón mantuvo encendida la llama de la lucha de facciones por tomar la capital y el sillón presidencial. Pero con Obregón llegó a la capital el general Calles. Ambos, plantearon urgentemente la necesidad de un sistema de transmisión del poder que no conmocionara periódicamente a México; se trataba al tiempo de establecer una posición hegemónica de su grupo frente a otros líderes revolucionarios y con ello lograr una institucionalización de la vida política, que acabara con levantamientos militares como los de Huerta, Serrano, Escobar o Gómez, sufridos por ellos mismos.

La vía factible para limitar a los caudillos locales pareció ser la de integrar a campesinos y obreros en el sistema, controlando así tales grupos desde arriba y estableciendo un patrón autoritario del ejercicio del poder que impidiera la oposición efectiva al Gobierno.

Las dificultades para perfilar un sistema así, impidieron al tandem Obregón-Calles propiciar el desarrollo económico quebrado desde la caída de Porfirio Díaz y las guerras revolucionarias. Hasta 1940 no se halló consolidado el sistema político que desarrollara la revolución en sí. Obregón y Calles, entre 1920 y 1934 pusieron en marcha una progresiva centralización del poder destinado sobre todo a provocar la decadencia de los jefes militares y los líderes locales.

La sucesión de Obregón puso a prueba el experimento; la designación de calles a finales de 1923 levantó inmediatamente voces disconformes entre sectores civiles. Igual que en tiempos de Carranza, el conflicto surgió con motivo de la elección presidencial. El 7 de diciembre estalló la insurrección en Veracruz, extendiéndose luego por todo el territorio de la nación. Los insurrectos acusaban a Obregón de haber utilizado fondos públicos para imponer a su candidato, Plutarco Elias Calles. También se le acusaba de violar el sufragio electivo de 1922 y de traicionar el espíritu de las reformas sociales.

La victoria de Obregón sobre los diconformes acentuó el proceso de centralización efectiva antes de que Calles se hiciera cargo del poder en diciembre de 1924 . Se aceleró también la integración de la Conferencia regional Obrera Mexicana (CROM) y la búsqueda de una mayor presencia del Estado en las cuestiones económicas por medio del Banco de México, el Banco nacional de Crédito Agrícola y Ganadero y el estímulo a la construcción de nuevos caminos, canales y obras de mejora en la infraestructura.

Desde 1926, Calles desembocó el enfrentamiento directo con la iglesia católica. Calles, tenía el propósito de nacionalizar efectivamente todas las propiedades de la Iglesia Católica que se estimaban en unos 500 millones de dólares. Además, el Gobierno se propuso tomar medidas drásticas. De este modo, el convento de México y el Convento-colegio de Coyoacan fueron clausurados y también fueron deportados 14 sacerdotes en base a la puesta en vigor de un artículo constitucional , en el que se establece que todos han de ser de nacionalidad mexicana y la aplicación del artículo 130 de la constitución mexicana por el cual los sacerdotes tienen prohibido criticar las leyes y el Gobierno. Estas disputas desembocaron en la llamada "Guerra Cristera" en enero de 1927. El Presidente reconoció que se produjeron graves enfrentamientos de violencia en seis Estados, al enfrentarse elementos católicos con tropas gubernamentales. Esta guerra adquirió un cariz político al brindar De la Huerta su apoyo a los rebeldes.

Entretanto, Obregón preparó el camino y las reformas constitucionales necesarias para volver a la presidencia en 1928. Las protestas por tal forzada maniobra no fueron mal vistas por el propio Presidente Calles, pero si por parte del general Gómez y los candidatos antiobregonistas de la oposición que, en octubre de 1927 originaron una insurrección centrada en el puerto de Veracruz. La revuelta fue reprimida por las tropas gubernamentales. En junio de 1928 la reelección fue una realidad. Pero, un mes después Obregón cayó asesinado por un fanático católico, lo que impuso la presidencia provisional de Portes Gil. El escrupuloso respeto a la constitución en todos y cada uno de sus artículos, en especial los más controvertidos, referentes a explotaciones petrolíferas y leyes agrarias fue era su intención más destacada.

Las revueltas prosiguieron. El plan de Hermosillo proclamado por los insurrectos el 2 de marzo de 1929 desconoció en primer lugar la autoridad del Presidente provisional Portes Gil. En realidad, la rebelión escobarista, llamada así por el nombre de su jefe, el general Escobar , se produjo contra la convención de Queretano, que solo dos días más tarde, el 4 de marzo, anunciaría la constitución del Partido nacionalista Revolucionario (PNR) y la designación del general Pascual Ortíz Rubio como candidato a la presidencia e la república. parecía evidente la imposición de calles que situaba en el camino de la presidencia a uno de sus hombres.

Casi simultáneamente la revolución se inició en los Estados de Veracruz, Sonora, Sinaloa, Durango, Chihuahua, Morelos y Jalisco. Al día siguiente, los sublevados se apoderaban de la ciudad de Monterrey. El 6 de marzo eran ya dueños de seis Estados. El 9 toman Ciudad Juarez. Pero a partir del 12, cuando los Estados Unidos brindan su apoyo al Gobierno, los federales pasan a la ofensiva. Son fusilados cinco generales rebeldes, y en pocos días, la revolución parece estar controlada. Precisamente la sofocación de la revuelta sirvió a Calles para consolidar la tendencia centralizadora utilizando para ella al PNR y proclamando a la vez el fin del caudillismo, Y como había acabado con los tales caudillos, se dejo nombrar a si mismo "jefe máximo de la revolución.

El maximiato venía a culminar una etapa en la que la multiplicidad de jefes y líderes aupados por la revolución, estuvo a punto de frustar el desarrollo político de la misma. Obregón, desde 1920, había tenido que repartir un parco botín, heredado entre un número crecido de alianzas inevitables; había sido el precio para poder organizar minimamente el ejército y el aparato estatal. También para intentar reorganizar la economía mexicana en base de aceptar inversiones extranjeras y pactar con la CROM como únicas vías para estimular la producción.

El problema de la sucesión presidencial y el consiguiente cambio de grupo de presión instalado en el aparato estatal parecía resolverse, dejando en 'herencia" al Presidente entrante un grupo de fieles a su predecesor. Pese a ello, el problema no acabó de resolverse por completo. Ejemplo de ésto es el tiroteo que sufrió Pascual Ortíz Rubio, en febrero de 1930, a los pocos minutos de haber recibido el mandato presidencial, por un presunto fanático religioso.

El sistema evidentemente se consolidó con el maximiato, aunque Calles no logrará disfrutar de él por culpa de Cárdenas, elegido Presidente en Julio de 1934 por abrumadora mayoría. Había llegado al palacio presidencial la generación de 1915.

Esta generación la conformaban una élite integrada por mexicanos y algunos foráneos. Nombrada como generación epirrevolucionaria o agrarista, acogió a un selecto grupo de intelectuales jóvenes, nacidos entre 1891 y 1905, que después del levantamiento de Agua Prieta se incorporó decididamente a la política nacional.

La mayoría de los de 1915, como también se les conoce vivieron la revolución en las escuelas capitalistas y apenas la quinta parte se enroló en las acciones de guerra. En 1916 Carranza convocó el primer congreso infantil que facilitó las primeras incorporaciones de aquellos jóvenes a las tareas políticas hacia 1917-18, pero sólo del 20 en adelante su desembarco fue definitivo.

Cárdenas fue, sin lugar a dudas, el personaje político por excelencia de los del 15. Asesinado Carranza en Mayo de 1920, el Presidente provisional, Adolfo de la Huerta hizo al joven Cárdenas general brigadier y comandante militar de Michoacan, su Estado natal, en premio por haber detenido al asesino del Presidente muerto. Tras sus primeras actuaciones políticas, siendo gobernador interno de Michoacán, Cárdenas cumplió destinos militares en Tehuantapec y en Bajío hasta mayo del 23. Combatió con los delahuertistas en Michoacan, fue herido, hecho preso y repuesto posteriormente al vencer los obregonistas. Ascendió a general de brigada y, enviado por el Presidente Calles como jefe de operaciones en Huasteca, donde fundó la primera escuela "Hijos del Ejército" y llevó a cabo los primeros repartos de tierra a campesinos.

Aquellos años claves en la carrera política de Cárdenas, entre 1924 y 1927, encajan casi a la perfección con la tendencia de los eporrevolucionarios a distinguirse como agraristas.

Después de algunas maniobras a favor de la continuidad de Calles en la presidencia, de una poco exitosa campaña contra los cristeros y de combatir en el noroeste la sublevación de Escobar y Manzo, Cárdenas se reintegró al Gobierno de Michoacán para entrar en la década de los treinta con ánimos renovados de poner en marcha sus "experimentos" políticos.

Cárdenas encontró su gran aliada en la Confederación Revolucionaria Michoacana del Trabajo, a la que apoyó sin reservas; distribuyó tierras entre ejidarios, peleó contra el capital extranjero para recuperar los recursos de su Estado natal, amplió y renovó la enseñanza, inició presas y caminos nuevos, contuvo en lo posible a la obra reaccionaria del clero y combatió, como pudo, los focos perniciosos de bares y cervecerías fiel a los principios del grupo de Sonora.

La constitución del 17 abogaba por una democracia liberal de corte occidentalista cuyo esquema formal se había mostrado inviable en la práctica. Los más de mil partidos, casi todos locales, existentes en 1929 eran, sobre todo, instrumentos en manos de caudillos y líderes locales cuyas victorias políticas, sin embargo, debían menos a las urnas que a las simpatías del poder central. El proceso electoral en sí no había alcanzado importancia significativa para los miembros de la élite revolucionaria.

La lucha política era básicamente un enfrentamiento entre personalidades. Obregón había sido el gran gestor de esa situación desde 1916 cuando alentó a los agraristas de Portes Gil contra el Partido Liberal Constitucional que le hacía sombra; caído el PLC, Obregón apoyó a los Cooperativistas.

El PNR fundado por Calles significó la muerte funcional del multipartidismo. Como coalición de sectores revolucionarios y confederación de los principales líderes y partidos adscritos a la Revolución, trataba de integrar también a las bases obreras y campesinas con un sistema de doble militancia; en el partido regional y en el nacional. La dirección de Calles en los primeros años se basó en la actuación arbitral en los conflictos entre el PNR y los Gobiernos locales o el Presidente mismo. Desde 1935, con la desaparición de Don Plutarco, el Presidente de la nación también lo fue efectivamente del partido, con lo que los conflictos practicamente desaparecieron.

En 1929 el PNR se destinó a satisfacer básicamente las necesidades del grupo en el poder. Se ponía énfasis en la conciliación nacional y el papel vital en este sentido del Estado; se favorecía a ajidarios y jornaleros en busca de su apoyo, al tiempo que los grandes empresarios agrícolas eran mimados por los gobernantes.

Los posibles movimientos de oposición de origen local o nacionalista se controlaban bajo el epígrafe de enemigos de la Revolución, que facilitaba los mensajes de la élite. Y las reglas democráticas arrojadas contra tales enemigos de un México nuevo en realidad acabaron por operar en sentido contrario, consolidando una situación estructural en que la élite rectora manejaba la lucha de clases como instrumento defensivo de sus posiciones.

En 1933 el jefe máximo se hallaba enfermo, cuando Emilio Portes Gil, a quien Calles había querido eliminar del plano político en 1929, lanzó la candidatura presidencial del general Cárdenas. Contó para ello con los veracruzanos enfrentados a la política agraria del maximato, con el Presidente de la república, Abelardo Rodriguez, que esperaba consolidar así su posición en el partido, y con los generales Cedillo y Almazán, que en tiempos del Presidente Ortíz Rubio habían formado el grupo más influyente junto al propio Cárdenas y Amaro, este último ahora distanciado de la operación.

Al previsible disgusto de Calles por tan autónoma iniciativa , Cárdenas respondió primero con un estratégico mohín de desacuerdo dubitativo, para más tarde consultar al "maximo" la oportunidad de hacerse eco del clamor que le empujaba a aceptar la candidatura. A su vez, Calles propuso una terma de candidatos para dejar a salvo su imagen todopoderosa: Riva Palacio, colaborador cercano a su persona; Perez Treviño que era entonces Presidente del PNR y el propio Lázaro Cárdenas.

Los tres eran militares, pero esta condición no produjo conflicto alguno, porque Riva Palacio y Pérez Treviño, prefirieron retirarse a tiempo de la lucha por la designación para poder pasar a controlar el partido antes de que Cárdenas ocupara el sillón presidencial.

Aún así, el camino de Cardenas hacia la presidencia no fue fácil. Tuvo que vencer los intereses más inmovilistas del PNR, puesto que asumió como programa electoral el radical Plan Sexenal de Quétaro que propugnaba un modelo estatalista en lo económico, un afianzamiento de la reforma agraria (donde se contemplaba la compartimentación y reparto de la gran propiedad), y una activa política educativa y sanitaria. Con el apoyo de liberales radicales, comunistas y sindicalistas logró vencer, por abrumadora mayoría, en los comicios presidenciales de julio de 1934.

Con la llegada del Presidente Lázaro Cárdenas (1934-1940), México entró por fin en un periodo de prosperidad evidente y de paz social. Las injusticias sociales se resolvieron en parte con una redistribución de la tierra a los campesinos que, bajo el sistema de ejidos (tierras comunales), devolvió la tierra al pueblo. Ser indio se convirtió en un orgullo, reconocido en los murales de Rivera, Orozco y Siqueiros, que ensalzaron plasticamente el mundo indígena. El recién nacido Movimiento de Union se fortaleció, y el partido gobernante pasó de ser una herramienta de poder personal a ser una organización corporativa.

En 1938 Cardenas coronó su proceso democrático nacionalizando todas las empresas petrolíferas y mineras extranjeras, una estrategia que frenó el crecimiento económico al alejar la inversión extranjera, pero que contribuyó a afianzar la confianza nacional. Con el comienzo de la II Guerra Mundial México resultó beneficiado. La demanda mundial de sus recursos naturales, combinada con la sustitución de mercancias importadas por los nacionles, dió a la economia un impulso sin precedentes.

Con Cárdenas, México asistió a una necesaria renovación democrática del país dentro de las normás constitucionales. Desde entonces, México ha sido uno de los pocos países hispanoamericanos donde se han respetado las normás democráticas, celebrándose regularmente elecciones presidenciales cada seis años. Las nuevas estructuras aplicadas por los sucesores de Cárdenas han dotado a México de la legislación social más avanzada de Hispanoamérica. La rápida expansión de las infraestructuras y la industria trajo consigo una nueva estrategia política, la de los industrialistas. '

-La Revolución retórica. Desde 1940 hasta nuestros días

La vida política posterior a 1940 ha consistido en el inmovilismo radical y en el agotamiento de las medidas sociales de corte radical iniciados por Manuel Camacho Avila, Presidente hasta 1946, que preconizaba el encauzamiento del sangriento proceso revolucionario por los exclusivos caminos de la ley y el reestablecimiento del poder civil, al margen de ocasionales caudillismos y pronunciamientos militares.

En 1946 entró a gobernar Miguel Alemán Valdés (1946-1952), primer Presidente civil en México desde Madero. México sufrió el creciente aumento de la corrupción que se enraizó en el marco económico de las compañias enraizadas. Entre sus actos, Alemán cambió el nombre del partido por el contradictorio Partido Revolucionario Institucional (PRI); que continua hoy día; promovió la inversión extranjera, mejoró el sistema de comunicaciones; modernizó el sistema de ferrocarriles; unió el país por medio de carreteras y promovió el turismo. Uno de sus logros más importantes fue la construcción de la ciudad universitaria.

Desde 1952 hasta 1958 Alfredo Ruiz Cortines consolidó los logros alcanzados por Aleman concediendo el derecho a voto de las mujeres y continuó favoreciendo la inversión extranjera.

Adolfo López Mateos (1958-1964) distribuyó 12 millones de hectareas de tierra a los desvalidos, nacionalizó la industria eléctrica, impulsó la industria, atrajo inversiones americanas y canadienses, creó programás para ancianos e impulsó la construción pública. Las palabras más famosas de López Mateo hablan por si mismás "Estoy en la izquierda pero dentro de la constitución".

La tensión aumentó a finales de los 60, cuando la inflación se agravó y la legitimidad del sistema político empezó a ser cuestionada, causando crecientes disensiones. Gustavo Díaz (1964-1970), fue el Presidente durante este periodo de problemás y tensiones. Los acontecimientos se precipítaron en octubre de1968 con la celebración de los Juegos Olímpicos en Ciudad de México: los estudiantes universitarios se manifestaron en la plaza de las tres cuturas de Tlatelolco para protestar contra las injusticias del régimen de Díaz Ordaz (elecciones amañadas, represión de los liberales y corrupción). En una sangrienta represalia las tropas el Gobierno mataron a cientos de estudiantes, mujeres y niños. Sin duda alguna el momento más negro de la historia mexicana post-revolucionaria.

En los años 70, continuó la inestabilidad destacando el levantamiento armado de 1974 en Guerrero. Luis Echeverría Alvarez (1970-1976) fue el primer Presidente mexicano que se lanzó al campo internacional. México reactivó sus relaciones con Cuba y apoyó el Gobierno de Salvador Allende en Chile. Además redujo la edad para votar a 18 años, creó un impuesto sobre los objetos de lujo, al valor agregado (IVA) y puso especial énfasis en la necesidad de ayudar a las comunidades rurales. Pero los problemás no terminaron: la población continuó creciendo y la inflación llegó al 20% anual. Estados Unidos intervino en el turismo fronterizo para obligar a México a fortalecer su campaña contra el tráfico de drogas. En Sonora los campesinos se apoderaron de tierras privadas y Echeverría declaró legal este hécho.

Durante el mandato de José López Portillo (1976-1982), la aportación internacional de México disminuyó notablemete, por lo que López Portillo se concentró en establecer medidas en su administración para tratar de controlar la pobreza, el desempleo y la inflación. En septiembre de 1976, por primera vez en 22 años, el peso fue devaluado en relación al dolar: de 12.50 pesos a 20 pesos (un 60%) y posteriormente a 22 pesos (un 40%).

En los años de su mandato se descubrió una gran reserva de petroleo: el 40% de la producción petrolífera se destinó a la exportación creciendo la economía en casi un 8% en1979 y en un 7.5% en 1980. La industria extranjera aumentó, y se creó una nueva zona industrial de manufactura en la frontera con Estados Unidos, "las maquilladoras". Pero la deuda comercial subió a 3.5 billones de dolares, el país gastaba más en importaciones y en el pago de la deuda exterior de lo que ganaba con las exportaciones. López Portillo nacionalizó la banca para tratar de frenar la fuga de capitales.

En 1982 tomo la presidencia Miguel de la Madrid. Esta, se caracterizó por una constante reestructuración económica por el incremento continuo de la deuda exterior y la inflación. A su vez, el precio del petroleo mundial y la demanda bajó. México acudió al Fondo Monetario Internacional para obtener un prestamo e impusieron estrictas medidas fiscales. El peso se devaluó y los subsidios del Gobierno se redujeron. Debido a toda esta crisis económica, el descontento popular aumentó, pero paulativamente las medidas que se tomaron ayudaron a controlar la inflación.

En 1988 Carlos Salinas de Gortari tomo el mando del Estado. En su mandato concentró todos sus esfuerzos en una proyección económica. Así, impulso la privatización de empresas estatales y reconoció la deuda externa con la banca internacional. La industria manufacturera aumentó, y con ella las exportaciones, pero el precio del petróleo registró un fuerte descenso. Carlos Salinas de Gortari pasará a la historia como el Presidente que negoció y firmó en diciembre de 1993 el Tratado de Libre Comercio con Estados y Canadá.

Sin embargo, meses después, el rumbo de la historia de México cambió dolorosamente. El candidato presidencial del PRI (Luis Donaldo Colossio), designado por Luis Salinas Gortari en diciembre de 1993 fue asesinado a sangre fría por una persona (o varias, siguiendo un complot) en la ciudad de Tijuana, a solo cinco meses de las elecciones. El nuevo Presidente propuesto por el PRI fue Ernesto Zedillo, actual Presidente de México.

A raiz de las elecciones legislativas de 1994, la lucha armada volvió a México. Las primeras revueltas comenzaron en Chiapas, el Estado más al Sur y más pobre de la republica mexicana. En Chiapas, la revolución de 1910 sólo fue efectiva en cuanto al reparto de tierras en el sexenio de Lázaro Cárdenas (1934-40). A partir de este momento, este Estado se ha ido empobreciendo hasta su situación actual. El alzamiento de Chiapas, protagonizado por la guerrilla Chapatista, o EZLN (Ejercito Zapatista de Liberación Nacional) dirigida por el subcomandante Mateos, reivindica a el mundo el derecho a ser pueblo vivo en su tierra; reivindica la solidaridad entre los pueblos para acabar con la explotación del hombre; el derecho a ser mexicano en igualdad con otros mexicanos y la necesidad de convivir conla naturaleza con amor, justicia y paz. El EZLN se califica como una organización armada y clandestina, que declaró la guerra al Gobierno federal. Insisten en el hecho que están en diálogo con el mismo, es decir que sean las palabras y no las armás las que resuelvan sus demandas. Así que se consideran amparados en el decreto de ley del 6 de Marzo de 1995. Admiten que su "lucha es política", pero que para ellos, "solución política es sinonimo de paz con justicia y dignidad". Ahora bien, no esperan del Gobierno esta solución política.

Junto a este grupo guerrillero han aparecido otros, como el Ejército Popular Revolucionario (EPR), que desde su alzaminto el pasado 28 de Junio ha causado alrededor de 30 muertos entre policias y soldados y el recién creado Ejército Revolucionario de Insurgencia Popular (ERIP), grupo armado formado por "campesinos, indigenas, trabajadores y pequeños empresarios" explotados por el Gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que propugna el derrocamiento del Presidente Ernesto Zedillo y la formación de un nuevo congreso constituyente. Además el ERIP asegura que perseguirá , "para que enfrente su responsabilidad por traición a la patria" al ex-Presidente Carlos Salinas de Gortari.

En estos últimos meses, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), en el poder desde hace 67 años, tiembla ante el importante avance de los partidos opositores. La derrota en las elecciones municipales de finales de año hizo saltar la alarma en el Gobierno de Ernesto Zedillo lo que le llevo a destituir al jefe priista, su aliado Santiago Oñate, en aras de la estabilidad del partido. Estos resultados confirman la tendencia que se ha ido manifestando en los comicios celebrados desde 1994: una mayor diversidad política y, sobre todo el crecimiento imparable del PAN (Partido de Acción Nacional), que desde cuatro Gobiernos estatales y numerosas alcaldías gobierna ya a una tercera parte de los 93 millones de mexicanos.

La elecciones legislativas están al caer. El bienestar de México se dirimirá en estos próximos comicios. Cualquiera que sea el resultado, México y los mexicanos seguirán teniendo fé en un alto mañana.

-La Revolución cubana-

-Cuba: de Machado a Fidel

Cuba, Puerto Rico y Filipinas fueron las dos útimas colonias españolas cuya pérdida, tras la rápida guerra de 1898, sumió a la metrópoli en una célebre meditación sobre su identidad. Después de tres años de ocupación militar norteamericana- quizás una de las Administraciones imperialistas mas rentables-, Cuba accedió a la independencia de 1902.

Pero Cuba independiente fue algo muy parecido a un protectorado de Estados Unidos, aunque todos sus Presidentes, de 1902 a 1933, hubieran luchado como soldados en la cruel guerra de independencia de 1895 a 1898, sumió a la metropoli en una celebre meditación sobre su identidad. Despues de tres años de ocupación militar norteamericana, Cuba accedió a la independencia en 1902.

Lentamente penetraron las empresas norteamericanas en la isla. Siendo el azúcar la principal riqueza de Cuba, estas empresas consiguieron copar un creciente porcentaje de la misma. Y al igual que en otros países sudamericanos, se apropiaron de los servicios públicos. Los jóvenes cubanos estudiaban en universidades norteamericanas. El embajador de Estados Unidos era, por lo general, la personalidad política influyente de la isla, más importante a veces que el Presidente. En 1905 y 1917, la intervención de los marines libró al país de una guerra civil tras unas reñidas elecciones.

La cultura norteamericana se impuso y prevaleció en la vida intelectual cubana. En un país cada año más rico, había cada vez menos sitio para las necesidades del espíritu. Por sus características y por sus ministros, la iglesia era española. También estaba en manos de españoles el comercio de la Habana. Y, anualmente, emigrantes gallegos incrementaban la colonia española, cosa natural en un país en expansión, más próspero que el sur de Europa.

Norteamérica proporcionaba la imprescindible protección estratégica. Con ello parecía asegurado el equilibrio, en política y en negocios, de anglosajones y latinos. Sólo unos pocos profesores esgrimían el nacionalismo pero no entorpecían la avanzada marcha de las riquezas.

En muchos aspectos hubiera sido lógico que Cuba se anexionara a Estados Unidos a principios de siglo. Texas, California, Luisiana y Florida eran fronteras latinas cuya población se absorbiá felizmente en la Unión. Elevó así su nivel de vida y conservó mucho de su vieja cultura. Mas las dos guerras de independencia de los sesenta y noventa encendieron una discordia difícil de apagar.

El nacionalismo cubano era débil, pero existía. Una concesión se obtuvo en 1898, cuando el Senado norteamericano impidió la tentación de anexión. Mas, con ello, las relaciones entre Norteamérica y Cuba quedaron hondamente deterioradas: estaban tan lejos de la independencia como de la absorción, con lo que la perturbación era posible.

La presencia de Gerardo Machado la hizo inevitable. Se trataba de un hábil hombre de negocios que, al igual que sus antecesores, había sido general en la guerra de la independencia. Limpiamente elegido en 1924, tomó posesión de su cargo en mayo de 1925.

Su Gobierno no era más corrupto que el de sus predecesores. Machado aunque tenía un pasado poco claro, fue un Presidente enérgico y decidido. Su capacidad ejecutiva supuso un sensible avance respecto a la del doctor Zayas. Sin embargo, Machado no pudo atajar la crisis progresiva que siguió a 1925. Ese año, la producción de azúcar en Cuba alcanzó su máxima cota hasta la revolución de Castro. Pero la caída de la demanda provocó la consiguiente merma de ingresos y la baja en el nivel de vida de un país que había llegado a depender casi por completo del azúcar para su economía.

Las diferentes rebeliones estudiantiles que se sucedieron en la Universidad de la Habana, en clara imitación a las producidas en Argentina, tuvieron gran importancia. Y junto a ellas, el auge de las pequeñas organizaciones socialistas, anarquistas y comunistas que habían cobrado forma en los años veinte en complejos azucareros, factorías tabacaleras y muelles. Ambos movimientos de protesta se combinaron durante la depresión. Machado se permitió la indulgencia de creerse indispensable y en la amañada convención constitucional, en 1928, abolió la vicepresidencia y se otorgó otro periodo de mandato, sin reelección, por seis años.

Tan ilegal maniobra era un flagrante incentivo a la protesta, y a la violencia de parte de la oposición, estudiantes y obreros, se sumó la posibilidad de actuación de oficiales disconformes, de los que había en Cuba amplio muestrario. El empeoramiento de la situación económica agravó la crisis. Siguieron cuatro años de disturbios. Durante un tiempo, Cuba pareció al borde de la guerra civil. Esta crisis política de 1928-1933 marcó realmente el inicio del descontento.

Para la generación comprendida entre la independencia y Machado, Cuba era, indudablemente, el más próspero de los países sudamericanos, y sus relaciones con Estados Unidos, aunque a menudo imprevisibles, resultaban básicamente fáciles. Muchos cubanos confesaban que la independencia de su país se debía en gran parte a Norteamérica y que esta potencia había proporcionado capitales para desarrollar la economía cubana.

Pero la usurpación de Machado de otros cinco años de mandato quebró esa amistad. Las empresas y la Administración norteamericanas apoyaron a Machado, con lo que el Gobierno Hoover se vio implicado en el sostenimiento de un régimen progresivamente indefendible. No sería la última vez que algo semejante sucedía en la historia diplomática de este siglo.

Característica significativa de la lucha contra Machado fue la formación de una oposición de clase media dispuesta a matar y lanzar bombas. Era la sociedad secreta ABC, dividida en subgrupos y secciones y, en los últimos años, demasiado familiar. También los grupos comunistas se mostraban activos. La policía, entre tanto, se convertía en una banda de criminales. Además, hacia 1932, la depresión dejaba prácticamente estancada la industria azucarera. Escaramuzas y ejecuciones se sucedían sobre un escenario de hambre y miseria. En el verano de 1933, la abdicación de Machado fue asegurada por Summer Welles, enviado especial del Presidente norteamericano. Pero, al provocarse un vacío, se hacía mucho más difícil llenarlo.

Al inevitable Gobierno de hombres buenos de rectas intenciones, lo derrocó una coalición de sargentos y estudiantes. Aquellos, al mando del sargento Batista, un mulato hijo de campesinos en Oriente; éstos, dirigidos por un profesor radical inspirado por el doctor Grau San Martín.

Nunca se había dado en Cuba tal alianza y no la recibió con agrado Summer Welles. El desorden continuó porque bandas armadas con etiquetas políticas campaban por sus respetos.

Batista se deshizo antes de los oficiales del antiguo ejército. Luego, del doctor Grau San Martín. Hacia 1934, el desconocido sargento tenía todo el poder. Pero sería capaz de conceder apariencia legal a una cadena de Presidentes títeres.

Resulta difícil valorar, a la luz de un material monográfico pobre, el Gobierno de Cuba en el periodo 1934-1940.

Batista y sus marionetas alumbraron un sistema político que pudo haber echo ilustrada y próspera a Cuba. El periodo concluyó con el establecimiento de una Constitución moderna, con sufragio universal, por el que se eligió Presidente a Batista en 1940. Este autorizó a los comunistas a constituir una organización laboral que rápidamente se implantó en industrias azucareras y muelles.

Una serie de leyes limitaron la participación extranjera en la economía cubana. En particular, se retiró la muy odiada enmienda Platt, introducida por el Senado norteamericano en 1902, que facultaba a Estados Unidos a intervenir militarmente en determinadas circunstancias.

El Gobierno abordó medidas de diversificación agrícola. Batista había establecido en Cuba, sin pretenderlo, un Estado corporativo con capacidad de autorregularse a través de la Constitución de 1940.

Pero en este Gobierno había un fallo sustancial: las bandas armadas con etiqueta política de los últimos días de Machado seguían operando, con nuevos jefes o distintos rótulos, en un país donde el campo nunca estuvo libre de bandidos con connotaciones políticas desde las guerras de independencia.

Esas bandas armadas se relacionaron ahora con la policía y en la Universidad. Parecían incontrolables y el Gobierno optó por aplacarlas o infiltrarse en ellas.

Otro fallo de este Gobierno fue que prosperó la corrupción en la Administración a despecho del fervor con que se la atacaba.

Batista gobernó como Presidente democrático de 1940 a 1944 y se retiró democráticamente cuando llegó su hora. Su mandato coincidió con la Segunda Guerra Mundial, en que Cuba, aliado fiel de Estados Unidos, proporcionó a éste sus reservas de níquel.

Durante la alianza ruso-norteamericana posterior a 1941, los comunistas, que siempre sostuvieron indirectamente a Batista, entraron en el Gobierno. Fueron ministros el doctor Carlos Rafael Rodríguez y el doctor Juan Marinello. El movimiento sindical apoyó sin resistencias al Gobierno y una gran demanda de azúcar incrementó la prosperidad.

El candidato de Batista para sucederle en 1944 fue derrotado. El nuevo Presidente era el doctor Grau San Martín, el mismo compañero de Batista durante unos pocos meses de 1933.

Grau había formado un partido que, sobre el papel, parecía un movimiento político: los auténticos (Partido Revolucionario Auténtico). Participaban en él muchos de aquellos estudiantes que habían intervenido en la caída de Machado y lo sostenía una floreciente clase media.

El doctor Grau, una distante y misteriosa personalidad, había mantenido una reputación de austero y progresista. Parecía como si su elección abriera una etapa de limpieza.

No sería así, definitivamente. Aumentaron el gangsterismo político y la corrupción. La paz mundial trajo grandes oportunidades de enriquecimiento.

Probablemente, el Gobierno estaba fortalecido por una hábil escisión practicada en los sindicatos para privar de influencia a los comunistas en el movimiento obrero. Ejercida por el doctor Carlos Prío y el antiguo líder sindical comunista Eusebio Mujal, tenía, indudablemente, el apoyo norteamericano. Pero esta acción quedó debilitada por la rebelión dentro del partido del demagógico, aunque atractivo, doctor Eduardo Chibas.

Chibas había fundado un movimiento aparte, los ortodoxos (Movimiento Revolucionario Ortodoxo) y en una serie de charlas radiofónicas, oídas por cientos de miles de personas, denunció a Grau y Prío (que había sucedido a Grau en 1948).

A principios de los años cincuenta existía en Cuba una amplia demanda de cambios políticos, concentrados en el fin del gangsterismo y de la corrupción y en nuevas y más solidas medidas de diversificación agrícola. Había también un generalizado sentimiento de incomodidad hacia el dominio norteamericano en la vida económica y cultural del país. Canalizar estos deseos era misión de los ortodoxos. Desgraciadamente, el doctor Chibas, aunque inteligente, era un histérico y se suicidó en una emisora de radio después de haber pronunciado un discurso particularmente violento. Si fue azar o premeditado, nunca estuvo claro.

Su sucesor en el partido y candidato ortodoxo en las elecciones de 1952 fue una persona sin gancho, Roberto Agramatz, aunque no cabía duda que, de ser elegido, habría en Cuba una gigantesca limpieza.

Tampoco fue así. En las elecciones contendía un trío: Agramatz, el candidato gubernamental doctor Hevia y el Presidente Batista. Este último no lo estaba haciendo bien en la campaña electoral. Parecía persuadido por alguno de sus viejos amigos militares de que su obligación era tomar el poder en un golpe de Estado y desempeñar el papel de cirujano de hierro que la nación deseaba. El 10 de Marzo, con el único proposito de restablecer la ley tanto para el capital como para el trabajo, el general Batista, contando con el benplacito de Washington, dió un golpe de estado que le llevó nuevamente al poder de la república de Cuba.

El amenazado Presidente Prío huyó y con gran facilidad se paralizó la Administración constitucional. Facilidad que era una señal inequívoca de que no muchas personas confiaban en el sistema.

El nuevo régimen de Batista duró aproximadamente siete años: de marzo de 1952 a diciembre de 1958. Batista enredó a Cuba en una alianza entre el servicio civil, los sindicatos y el Ejército, aunque éste estaba dividido. Fue un perído de creciente prosperidad y también de esporádicas inquietudes.

Una vez más, la Embajada y la Administración norteamericanas se situaron en una posición ambigua. Por una parte, confiaban en Batista por haber sido su aliado en la Segunda Guerra Mundial y porque conocían su habilidad para deshacerse de los comunistas. Pero por otra, no dejaban de escandalizarse por los métodos de su policía, la debilidad de su ejército y su deshonestidad administrativa.

En seguida comenzó la oposición a Batista. Jóvenes desencantados asistieron a las campañas de terrorismo y propaganda que caracterizaron al ABC de la era Machado. Apareció en la Habana un movimiento de protesta conducido por un antiguo candidato ortodoxo al Congreso en 1952, el joven abogado Fidel Castro, que subió a la montaña en 1957, después de haber fracasado en su ataque a un cuartel en 1953.

Un audaz intento de asesinar a Batista en el Palacio Presidencial, en marzo del1957, provocó la extinción del movimiento estudiantil de protesta. Unos 50 miembros del Directorio, consiguieron entrar en el palacio, pero pronto la mitad fue abatida por la guardia y efectivos del ejército. Tras el asalto a Radio Reloj, donde fue transmitido un llamamiento a la insurreción, murió también el jefe del directorio y de la Federación Estudiantil Universitaria, Jose Antonio Echevarría. El fracaso se debió ,en parte, a la ausencia de un grupo de apoyo.

Una ola de terror se desató en Cuba tras el frustado intento de asalto al palacio presidencial. Por orden de Batista, la policia y el ejercito emprendieron una oposición indiscriminada de las fuerzas opositoras, aún siendo totalmente ajenas al directorio revolucionario. Pero la policía de Batista era asombrosamente eficaz matando o neutralizando a los que se oponían en las ciudades.

Los altercados se sucedieron. En septiembre de 1957, más de 600 personas murieron, en la ciudad de Cienfuegos, como consecuencia de la represión desatada por las fuerzas gubernamentales tras el alzamiento de 200 marinos a los que se le unieron miembros del movimiento del 26 de Julio y numerosos simpatizantes. En febrero del 1958, miembros del movimiento del 26 de Julio, capturaron al automovilista argentino Fangio, campeón mundial de formula1 como modo de protesta coontra el régimen de Batista y como medio eficaz de dar a conocer a todo el mundo que el hecho de que un grupo guerrillero, al mando de Fidel Castro, operaba desde hacía meses en Sierra Leona. A las 28 horas, Fangio fue liberado.

Quienes sobrevivieron a estas actividades huyeron a la montaña a unirse con Castro, que con doscientos o trescientos hombres, hacia mediados de 1958, se sostenía con muchas menos dificultades de las previstas gracias a las asperezas del terreno y la incompetencia del ejército

Durante un tiempo, una hábil campaña de relaciones públicas realizada por los amigos de Castro en la Habana, y aún más, en Estados Unidos, dibujó a Castro en las mentes de muchos como una especie de moderno Robin Hood que quería llevar a cabo el programa ortodoxo de 1952, reformista ciertamente y socialista en algunos puntos, pero básicamente democrático y liberal.

Las consecuencias de esta campaña de relaciones públicas y de la divulgación de las brutalidades de la policía fueron notables. La Administración norteamericana se apartó de los que, pese a todo, apostaban por Batista para favorecer a los partidarios de que Castro encarnaba una nueva era.

El 1 de Abril, la "Radio Rebelde", la emisora revolucionaria cubana, difundió la declaración de guerra total, por parte de la Comandancia del ejército Rebelde y la Dirección nacional del movimiento del 26 de Julio, al régimen de Batista

A principios de 1958, el Presidente Eisenhower suspendió la venta de armas a Batista con el argumento de que se habían empleado contra la oposición interna en vez de contra un enemigo exterior.

Esto fue un serio golpe propagandistico para Batista. Otro fue el fracaso de la campaña veraniega de 1958 para sitiar el pequeño grupo guerrillero castrista. Y el tercero la evidencia creciente de que la oposición a Batista se estaba uniendo en torno a la ya figura mítica de Fidel Castro.

Batista trató desbaratar esta oposición sacando a escena unos comicios que le permitieran retirarse noblemente en favor de un candidato de su elección. Pero esas elecciones, boicoteadas por numerosos miembros de la oposición resultaron un claro fraude.

La ruptura, tan lejana como el problemático éxito de la rebelión, llegó a fines de 1958 cuando pequeños grupos de partidarios de Castro llevaron su campaña contra el Gobierno a provincias, desde donde se mostraban extraordinariamente activos.

En este panorama intervino Estados Unidos. Emisarios secretos llegaron a la Habana para persuadir a Batista de que cediera sus poderes a un Gobierno democrático de centro.

Batista dió largas y luego, bastante inconsecuente, huyó sin avisar de sus intenciones a los norteamericanos. Dejaba un vacío en el país que Castro, para su sorpresa, sería capaz de llenar después de haber ocupado simplemente una delgada franja del este de Cuba y sin un programa político perfilado.

La guerra concluía al tiempo que se iniciaban las represalias contra la policia de Batista y sus amigos. La guerra había costado a Cuba alrededor quizá de mil quinientas muertes. Una vez más giraba la rueda y una clase distinta de emigrantes huía a Estados Unidos. Comenzaba el reinado de la utopía.

En la madrugada del 1 de enero de 1959 la noticia corrió como un reguero de pólvora, Batista había huido. Aislado y sin fuerza que oponer al arrollador avance de los castristas, el dictador había tenido que rendirse a la evidencia. Aprovechó la tradicional fiesta de nochevieja en el Campamento Columbia para reunir por última vea A los miembros de su Gobierno, A sus jefes militares y a sus amigos mas íntimos. Alli les comunicó su decisón, dimitio oficialmente y, acompañado por un séquito de cuarenta personas , se dirigió al aeropuerto militar, donde tomó un avión con destino a la república Dominicana.

La muchedumbre se lanzó a la calle, invadió los caminos y comenzaron los saqueos....cuando el juez Piedra (el magistrado mas antiguo del Tribunal Supremo, designado Presidente provisional por Batista antes de su marcha) hacía pública en el palacio presidencial una orden de alto el fuego dirigida al ejército, y solicitaba a Fidel Castro que hiciera lo mismo.

Fidel que se alojaba en el Central Palma, cerca de Santiago no perdió el tiempo. Decidió la toma de la ciudad, símbolo de la resistencia para los castristas, y ordenó a Che Guevara y a Camilo Cienfuegos marchar sobre La Habana.

Una columna del ejército rebelde dirigida por Che Guevara se dirigió rápidamente hacia La Habana y a su paso recibe la rendición de centenares de oficiales del ejército de Batista. En su lucha contra el corrupto régimen del dictador los guerrilleros -que se distinguen por sus uniformes verde oliva y sus profusas barbas- consiguieron el apoyo de los campesinos en Sierra Maestra, mientras en las ciudades operaba el Movimiento Revolucionario 26 de Julio, creado por Fidel Castro en 1955.

Por su parte, Radio Rebelde, que transmitía machaconamente consignas al movimiento clandestino y a los miembros del 26 de Julio para que mantuvieran el orden y evitaran venganzas al tiempo que se ocupaban cuateles, comisarías de policia y edificios administrativos, dió instrucciones para que todas las emisoras de radio de la isla se pusieran en su sintonía: Castro iba a hablar. En su primera alocución, el comandante pidió que nadie se tomase la justicia por su mano y ratificó la orden de huelga general para el día siguiente.

Fidel Castro, su hermano Raul, Che Guevara y Camilo Cienfuegos son aclamados como héroes por las masa cubanas. Durante la noche del 1 al 2 de enero se consuma el triunfo rebelde. Tras una entrada apoteósica en Santiago, el baluarte de la libertad, Fidel, se dirigió a la multitud en un vibrante discurso: Esta vez, la revolución que no se hizo, se hará. Y anunció que el juez Urrutia era el nuevo Presidente provisional de Cuba. En La Habana, mientras tanto, Guevara tomaba el cuartel de La Cabaña, Cienfuegos el campamento Columbia y los comandantes Cubele y Chomón ocupaban el palacio presidencial.

A la mañana siguiente, la ciudad, paralizada por la huelga, se pobló de gente armada. Comenzaba una larga semana de tensa espera. en La Habana, todo el mundo aguardaba a Fidel, el comandante en jefe del ejército, heroe de la revolución, y este parecía no tener prisa. Lentamente, aclamado por gentes enfervorizadas recorrió su camino desde Santiago a La Habana. Cuando al fin, el día 8 de enero, la columna motorizada de Castro entró en la ciudad, la multitud hipnotizada corroboró su rotundo triunfo.

El programa de Gobierno de los revolucionarios ponía, en primer plano, la realización de una reforma agraria profunda, la democratización del país y una política basada en la justicia social. Hasta abril de 1961, Castro no llamó a sus ciudadanos en defensa de la revolución socialista levantando, de este modo, por primera vez la máscara que ocultaba su ideología.

-La Revolución institucionalizada

En marzo de 1959 la CIA- menos de tres meses después del cambio de régimen- la CIA se desengaña. Piensa organizar una operación militar contra Cuba. Durante los meses siguientes, un duro reto enfrenta al pequeño con el gran país y, paradógicamente, por sus reacciones negativas los norteamericanos parecen acelerar la evolución política que temen. Los nuevos dirigentes cubanos se enfrentan sin complejo al desafío norteamericano.

En las relaciones americo-cubanas se sitúan dos graves acontecimientos, intrínsecamente ligados entre sí: el intento de vuelta de los anticastristas y la crisis de los misiles.

El 17 de abril de 1961, después de un bombardeo intenso de los aeropuertos cubanos, mil quinientos anticastristas intentan desembarcar en playa Girón. En este acontecimiento, llamado de la bahía de Cochinos, más de un centenar de invasores murieron y los cubanos capturaron a otros 1200, junto con importante material bélico. Después de tres dias de encarnizados combates, la invasión se convirtió en un completo fracaso y en un grave tropiezo diplomático para Estados Unidos, cuya intervención en los hechos resultaba manifiesta. La fuerza invasora estaba compuesta por exiliados cubanos opuestos al régimen de Fidel Castro, y contó con el apoyo de la CIA; obligado por el curso de los hechos§ el Presidente norteamericano John Kennedy, terminó por aprobar a regañadientes la operación, en cuyo éxito no confiaba. El cuerpo invasor fue entrenado por la CIA, que proporcionó también el armamento y el apoyo aéreo y convenció a los exiliados cubanos que desembarcaran en la isla, se produciría un levantamiento popular contra el dictador y se les uniría parte del ejército. Dos días antes de que se produjera la invasión, aviones de la central de inteligencia bombardearon distintas instalaciones militares en la isla; esto obligó a Castro a decretar la movilización general, de manera que cuando los exiliados desembarcaron en Playa Girón y Playa Larga se encontraron con un ejército en pie de guerra, que desde el primer momento ofreció un durísima resistencia.

La Unión Soviética censuró en la ONU el apoyo norteamericano a los invasores y amenazó con una intervención directa en Cuba. Se abría así un conflicto que amenazaba tener incalculables consecuencias internacionales. Numerosos Gobiernos del bloque occidental criticaron a Washington.

A partir de entonces, los castristas padecen el complejo de cerco y buscarán por todos los medios reforzar su sistema defensivo. Aceptan la propuestas de la URSS para instalar en Cuba misiles soviéticos controlados por el Estado Mayor cubano y apuntando hacia Estados Unidos. Aviones de reconocimiento americanos toman fotografías de silos militares y el representante de Washington las expone en octubre de 1962, ante el consejo de seguridad de la ONU, para mayor confusión del embajador ruso, que en un principio lo había negado rotundamente. En las fotos aparecía un considerable arsenal militar, en el cual se destacan las rampas lanzadoras de cohetes.

El 14 de octubre de 1962, un U2 de la fuerza aerea norteamericana sobrevoló territorio cubano con autorización expresa del Presidente Kennedy. El avión espía consiguió su objetivo: las fotografías mostraban como en el área de San Cristóbal, una zona montañosa entre Pinar del Rio y La Habana, se estaban preparando unas instalaciones capaces de albergar cohetes balísticos de alcance medio (1.000 millas) y misiles IRBM (2.000 millas). Se confirmaban así las informaciones de Mc Cone, el director de la CIA, que llevaba dos meses insistiendo sobre la existencia de proyectiles soviéticos en Cuba.

La reacción de la Casa Blanca no se hizo esperar. El 22 de octubre en un discurso la inaceptable conducta agresiva de Cuba, que con la instalación de los IRBM, alteraba el equilibrio internacional de poder, y se declaró a emprender, si fuera preciso una guerra nuclear. Para evitar más desembarcos de material ofensivo, disponía la cuarentena o bloque naval de la isla, y padía a Kruchev la retirada de los bombardeos y cohetes, así como el desmantelamiento de las bases. La crisis de los misiles estaba servida.

Al día siguiente, Castro decretó la movilización general mientras rechazaba publicamente las acusaciones norteamericanas oponiendose al bloqueo. La obsesión colectiva de los cubanos durante los últimos meses cobraba visos de realidad, la amenaza de una invasión norteamericana, tantas veces esgrimida desde el fallido desembarco de Bahía Cochinos, estaba más cerca que nunca.

Pero la crisis escapaba, con mucho, la capacidad de maniobra de Castro. Moscú reaccionó violentamente a traves de la prensa y, mediante una nota oficial reiteró el carácter maramente defensivo de las armas en Cuba, al tiempo que atacaba la cuarentena como un acto de piratería.

La perla del Caribe acababa de enfrentar a las dos grandes potencias. La opinión pública mundial asistía expectante al desarrollo de los acontecimientos.

El 25 de octubre, el bloqueo era ya efectivo; doce buques soviéticos se habían detenido, y tan solo se había autorizado el paso de un buque cisterna y un barco de pasajeros. Ante la inminencia de un choque, el Secretario General de la ONU, U. Thant propuso que fueran fuerzas de 45 estados no alineados las que se interpusieran entre las naves soviéticas y norteamericanas. El diario Pravda publicaba la primera respuesta de compromiso: la URSS retiraría los cohetes de Cuba, bajo la supervisión de la ONU, si USA se comprometía a no invadir la isla. El día 27, la propuesta ya era otra: ahora se trataba de establecer el canje por las bases en Turquía.

La tensión creció en las horas siguientes. Un U2 que sobrevolaba Cuba fue derribado, lo mismo que otro que espiaba sobre la URSS. Por un momento, pareció que nada podría detener el conflicto. Todas las fuerzas de Estados Unidos fueron puestas en estado de alerta y en Florida, comenzó a concentrarse un ejército para invadir Cuba, que el lunes 29 debería ser desbastada por los bombardeos previos a la invasión.

Kennedy realizó la última tentativa: contesto afirmativamente a la propuesta del día 26: no invadir Cuba a cambio de la retirada de los cohetes. Robert Kennedy llevó personalmente la carta al embajador soviético: si USA no recibía garantia en 24 horas emprendería la invasión

En la noche del sabdo 27 al domingo 28, Kruschev debería decidir y así lo hizo: las bases serían desmanteladas y repatriados los cohetes si Estados Unidos cumplía su parte del acuerdo. El mundo entero suspiró con alivio.

Una revolución no consiste solo en la toma del poder, sino que debe abocar a uno cambios en profundidad. El primer decenio que sigue al derrocamiento de la dictadura fue rico en episodios contradictorios, en esperanzas no cumplidas y en realizaciones prometedoras e incluso ambiguas. Así de 1962 a 1968, Fidel Castro pretendió distanciarse de la URSS, que había desmantelado las bases de misiles sin dejarle participar directamente en las negociaciones con Kennedy. en dos ocasiones, 1962 y 1967. El líder máximo mandó encarcelar a una fracción prosoviética del viejo partido comunista cubano con el que ya se había entablado el acercamiento institucional, pero que parecía amenazar a Fidel Castro en el poder. Es la época en que, buscando su camino, Castro pareció entablar un flirteo con la China de Mao, defendiendo la tesis de los estimulos morales sobre las ventajas materiales. Incluso pretende elaborar las vías cubanas hacia el socialismo y el comunismo.

En agosto de 1964, Cuba fue sometida a un bloqueo por parte de la OEA (Organización de Estados Americanos). La acusación se basaba en el descubrimiento de un alijo de armas de origen cubano, prueba, según los miembros, de un complot tramado por el régimen de Castro. La OEA resolvió finalmente prohibir las relaciones diplomáticas con el Gobierno cubano; suspender todo comercio con Cuba, exceptuando alimentos y suministro sanitario, y todo tráfico maritimo, salvo que mediaran razones humanitarias. A excepción de México, todos los países latinoamericanos acataron la sanción.

En la precipitación y la incompetencia la revolución acumuló errores romanticos y burocráticos: diversificación salvaje de la producción agrícola, industrialización a marchas forzadas, superespecialización en el azucar. El mayor revés se perfiló en 1970 cuando Cuba se lanzó a la gran zafra de diez millones de toneladas de azúcar. A pesar de la militarización de los trabajadores, a pesar de la propaganda constante, la gigantesca apuesta azucarera se perdió y el conjunto de la economía resultó totalmente desorganizado. Sin embargo, el precio político de este colosal error no fue exorbitante: después de una autocrítica, los principales responables del desastre pudieron mantenerse en el poder.

Crecientemente desilusionado de los soviéticos, que entretanto se habían convertido en el principal apoyo de Castro, el "Che" Guevara renunció atodos sus cargos en la administración y despareció de la escena cubana en 1965. Se sabe que combatió contra las fuerzas colonialistas en el Congo, antes de dedicarse a su gran proyecto: realizar la revolución en Bolivia y desde allí estenderla, a traves de los Andes, a todo el continente. La muerte del Che Guevara, capturado y asesinado por las tropas gubernamentales bolivianas en octubre de 1967, causó una gran impresión.

A partir de 1968, la progresiva identificación del régimen con el modelo soviético se ha llevado hasta el mimetismo. Creado oficialmente en 1965, el nuevo Partido Comunista cubano, que integraba a todos los componentes revolucionarios, incluso al viejo partido comunista, se proclamaba la vanguardia organizada marxista-leninista de la clase obrera y la fuerza directora de la sociedad y del Estado.

La Constitución de 1976 instaura un Estado socialista de obreros y campesinos, practica el centralismo democrático y encierra al pueblo en la maquinaria del poder popular. Los Comités de Defensa de la Revolución ejercitan la vigilancia revolucionaria y quieren convertirse en el lugar de socialización por autonomasia, en un sistema que excluye el pluralismo político o sindical y la libertad de prensa. En nuevo texto constitucional prevee la creación de una Asamblea Nacional del Poder Popular, que será el órgano supremo de poder del Estado. Queda establecido también el cáracter socialista de la República y se aspiración a constituir una sociedad comunista.

Desde principios de los años setenta, el régimen renunció a las utopías izquierdistas y el periódico oficial, Granma, se convirtió en la caja de resonancia de las preocupaciones del partido, obsesionado por la construcción de las bases materiales del socialismo. Esta batalla económica se llevó con buen ritmo, a la manera sovietica, reduciendo a los trabajadores a la categoría de soldados rasos, privados de iniciativa y de conciencia socialista.

El modelo soviético se transluce en la organización común de los países del Este. Cuba renunció a la industrialización para convertirse en país productor de azúcar de los países hermanos. En esta lógica de la división internacional del trabajo socialista, la dependencia de la URSS fue progresivamente agravandose. Atrás quedan las idas y venidas incesantes de barcos soviéticos en el puerto de La Habana, que constituyeron una condición vital para la supervivencia y el progreso. Los rusos vendían a los cubanos petróleo a un precio bajo mientras compraban azúcar a cotizaciones netamente superiores a las mundiales.

Se produjeron importantes progresos sociales en la isla: poca mendicidad, sanidad gratuita y de buen nivel. Merced a la prevención y al diagnóstico precoz de las principales enfermedades, la esperanza de vida alcanza en Cuba los 72 años y así Cuba exporta médicos y educadores a America Latina y Africa. A pesar de estos aparentes avances, para alimentarse y vestirse, el cubano medio tiene que utilizar unos carnets de razonamiento que le permiten comprar cada mes, a precio razonable, un kilo de azúcar, medio kilo de café, un kilo de carne de vacuno y medio kilo de pollo. Para obtener suplementos, hay que recurrir al mercado negro, o si se consiguen dólares clandestinamente, comprar en tiendas, ampliamente abastecidas, donde se paga en divisas.

Una rigidez burocrática amenaza el cuerpo: mala gestión, corrupción, penuria de abastos en los sectores claves de producción, merma de la productividad, absentismo. Se deplora también la indiferencia de cierto sector de la juventud, nacida despues de 1959, que no se adhiere ya a la magia revolucionaria. Decididamente la fase épica de la revolución parece ya olvidada. Muertos, exiliados, encarcelados o entregados a la producción, aquellas decenas de jovenes apasionados por un ideal que fueron los compañeros de Castro en el Moncada o en Sierra Maestra. Bajo la presión internacional, el número de presos políticos disminuyó sensiblemente, pero aún quedan en las carceles castristas hombres que expían penas interminables por delitos de opinión, presentados como crímenes contra el Estado.

El ejército rebelde, convertido en popular quiere ser el brazo armado del internacionalismo proletario. Cuba invierte el 6 por 100 de sus ingresos nacionales en defensa, interviene, desde hace unos 20 años en los asuntos africanos. Se ha podido decir que Fidel Castro, dueño de un pequeño país, realizaba una política exterior de gran potencia. Desde la primera conferencia tricontinental, celebrada en La Habana en 1966, el comandante en jefe supo conciliarse la simpatía de cierto número de países de Africa, Asia y América, con el lema común del "no compromiso activo" (en octubre de 1979 Fidel Castro se convirtió en Presidente de los países no alineados).

Hasta 1968 siguió expresandose sin pelos en la lengua sobre la URSS. Cuando la primavera de Praga (1968) admitió que los rusos habían violado el derecho internacional derrocando al reformista Alexandre Dubceck, pero en nombre del comunismo amenazado (y también para volver a contar con la totalidad de la ayuda soviética, mermada tras la crisis de los misiles) Fidel Castro aprobó la intervención de los carros rusos en Praga.

En cuanto a la presencia cubana en Africa, parece fruto de una iniciativa castrista , en nombre de la solidaridad cultural y tercermundista. En 1975, la operación Carlota, apoyada por logística rusa, permitió que 15.000 soldados cubanos intervinieran en Angola, al lado del MPLA de Angostinho Neto, por el triunfo de la causa marxista sobre las tropas sudafricanas y las fuerzas imperialistas. Castro, además, mandó a sus técnicos militares en 1974 para ayudar a la Etiopía marxista a derribar las reivindicaciones nacionalistas de Somalia y Eritrea -intervención todavía más difícil de explicar para el pueblo cubano, puesto que hasta el cambio de régimen en Etiopía, Fidel Castro había apoyado a los etiopes de Eritrea, progresistas e incluso marxistas leninistas, contra el Negus.

En America latina, los fracasos de las guerrillas castro-guevaristas durante los años setenta, y mas recientemente el de la Granada socializante no fueron sino parcialmente compensados por la unificación táctica de los sandinistas y de las guerrillas salvadoreñas. La voz de Fidel Castro sigue sonando alto y claro cuando se trata de pedir moratoriaspara las deudas del tercer mundo, lo que le permite encontrar cierta audiencia dentro de la Organización de Estados Americanos.

En la cúpula del Estado, Fidel Castro eclipsa ampliamente a los números dos y tres del régimen, su hermano Raúl, vicePresidente del Consejo de Estado y ministro de los ejércitos, y Carlos Rafael Rodríguez vicePresidente del Consejo de Ministros. Castro puede revelarse como un gran manipulador político y un admirable orador, capaz de mantener hechizados a cientos de miles de oyentes, porque posee el don común de la comunicación calida, asociada a un incorregible talento docente, preocupado en explicar, a su manera, todos los poblemas de la revolución con una mezcla de fogosidad, de furor, real o simulado, y de ironía mordaz. Pero al mismo tiempo puede mostrar una temible frialdad, abandonando los flojos, los indecisos o los perdedores.

Hoy día, el romanticismo del Che y el progresismo de Castro parecen estereotipos, casi contraverdades, en relación con el socialismo real de Cuba. En el origen de esta mutación hay un rebelde, que niega la idea de derrota y se radicaliza utilizando el marxismo para asegurar una verdadera independencia a su país, hasta el punto de provocar una completa ruptura con el poderoso vecino del Norte, pero con el riesgo de caer en otra forma de vasallaje. Fidel Castro ha logrado ese imposible que consiste en mantener una amplia popularidad en su país, al tiempo que se convertía en el amo de Cuba: Presidente de la república, Presidente del partido y jefe de los Ejércitos, condenado a ejercer de por vida un poder absoluto y a envejcer en la soledad de este poder.

-Cuba. La Revolución continua

La década de los ochenta terminó dramaticamente para la isla. Tan dramaticamente como había comenzado: la salida de 120.000 cubanos del puerto de Mariel, situado a unos pocos kilometros al oeste de La Habana, que encaramados en barquitos de madera y cualquier cosa que flotara, llegaron a la para ellos tierra prometida de Florida, Estados Unidos.

Para muchos, aquella estampida fue un aviso para el régimen: "si Fidel abre la puerta, la isla se vacía", decían. Para Castro y sus seguidores, los llamados marielitos fueron los cobardes que no saben aguantar los tiempos difíciles y abandonan el barco.

Para los que se quedaron, el régimen abrió un poco la mano al inicio de la década. Algunos artículos alimenticios fueron sacados de la cartilla de racionamiento y comenzaron a venderse en las llamadas "tiendas libres". Por la libre, como popularmente se les conocía, se podía comprar pollo o carne, aunque, eso si, a precios astronómicos y después de aguantar una larga cola. Más importante aún, se autorizó al campesino a vender en el mercado libre el excedente de la producción. Aunque una de las primeras medidas que tomó el Gobierno fue la reforma agraria, unos 70.000 campesinos cubanos siguieron siendo propietarios de pequelos terrenos, ya que no alcanzaban el máximo de casi 400 hectáreas permitidas en la nueva legislación.

El campesino tenía la obligación con el Estado de venderle una cuota fijada de antemano, pero todo lo que excediera de esa cantidad lo podía vender por su cuenta donde y al precio que pudiera obtener. Es lo que se llamó el mercado libre campesino, que para algunos fue un respiro en el siempre grave problema de alimentar la isla. Había más abundancia de alimentos, pollo, carne, huevos, hortalizas.

También se autorizó a los particulares la venta libre de sus casas, sin intervención del Estado. Para algunos cubanos y estudiosos del castrismo, parecía que el régimen se abría poco a poco a una especie de perestroika a la cubana, o una castroiska.

Se equivocaban, tres años después comienzan las primeras críticas a los mercados libres campesinos. Dos años más tarde, les llega la condena definitiva. En el mes de Febrero de 1986, Fidel Castro denuncia ante los delegados al III Congreso del Partido Comunista el enriquecimiento de algunos campesinos, y sobre todo de una nueva casta, los intermediarios, a costa del pueblo cubano. Antes de que acabara el Congreso, los mercados libres habían desaparecido, la venta libre de casa prohibida y los intermediarios jubilados. Las licencias para trabajo individual, trabajadores por cuenta propia, como electricistas, fontaneros etc., se restringen al mínimo. Comienza lo que oficialmente se llama el Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas, proceso que Castro ha identificado en ocasiones como una perestroika anticipada.

Para el maximo lider cubano, la revolución había atravesdo dos etapas: una primera idealista, en la que se quiso marchar demasiado rápido saltando etapas, y después, cuando se estaba superando eso, se aplicó un sistema de dirección y planificación de la economía que, en buena parte, recogía experiencias de otros países socialistas. Los asesores soviéticos, que habían trasplantado su sistema de dirección empresarial y contable a la isla, había producido unos eefectos catastróficos en la isla. Centenares de normas fijaban lo que había de producir y en cuanto tiempo. Si los trabajadores superaban esas normas, recibían incentivos materiales. De este modo, empezaron a producirse tendencias de mercantilismo en la isla y algunos administradores comenzaron a actuar con una mentalidad capitalista, incentivados por toda esa teoría de la renta, la ganancia, los premios....

Por ello, los incentivos materiales fueron sustituidos por los morales, en la mejor tradición del pensamiento guevarista. "El hombre nuevo de la revolución trabaja por amor, no por un pedazo de pan extra". Fidel reconocía, dos años despues de iniciado el proceso de rectificación de errores que habían vuelto a reverdecer los laureles del espiritu solidario. Cuba inicia así una experiencia nueva: el trabajo a ritmo de contingente. Docenas de obreros se suman a este nuevo modelo de producción. Grupos superentrenados de trabajadores que laboran hasta doce y catorce horas diarias. Comen y duermen a pie de obra y, si bien es cierto que cobran algo más que un trabajador común y corriente, producen bastante más. Son, sin duda alguna, el bastión del verdadero trabajo socialista.

Son un par de años de relativa calma, aunque la presión internacional sobre Cuba es cada vez mayor. Las reformas que Gorbachov estaba llevando a cabo hacen temer la propia estabilidad de la isla. La visita del lider soviético a la isla en marzo de 1989 dejó claro las dos formas distintas de entender los nuevos rumbos del socialismo marxista. Aunque, a trancas y barrancas, el petróleo soviético y los granos seguían llegando, se produjeron retrasos y recortes en las cantidades previstas, lo que hacía temer lo peor.

El derrumbamiento de los países del Este europeo situaba a la isla ante una crisis de incalculables consecuencias. Castro se vio obligado a tomar una drástica medida: a fines de 1990, el país entra en lo que llaman Período Especial en Tiempo de Paz, un plan que el Gobierno tenía trazado (Plan Especial en Tiempo de Guerra) ante la siempre previsible agresión del vecino del norte, los Estados Unidos.

El plan supone, en primer lugar, una drástica reducción en la venta de gasolina tanto a los particulares como a vehiculos oficiales.; se elimina totalmente la ¨libre¨, pequeñas tiendecitas donde se encuentran algunos alimentos fuera de la cartilla de racionamiento; se detiene el trabajo de las microbrigadas, (grupos de trabajadores que abandonaban temporalmente su puesto de trabajo para dedicarse a la construcción de viviendas, con la esperanza de que alguna sea para ellos); la Habana de repente se llena de bicicletas, que no consumen gasolina, y Fidel anuncia que 200.000 bueyes serán reeducados para trabajar como animales de transporte y tiro; se paralizan tractores y se ensalza el arado. La revolución seguiría adelante.

Para ello, Castro trazó las lineas sobre el que iba a ser el futuro de Cuba: autosuficiencia alimentaria, a través del Plan Alimentario; captación de divisas, al precio que sea, para que el Estado se vuelque en el sector turístico buscando socios para construir hoteles y desarrollo de una incipiente industria farmacéutica que proporcione notables ingresos. Y aunque el capitalismo es condenable, no lo es hacer negocios con los capitalistas. Una vieja ley de1982, que autoriza a las compañias extranjeras como empresas mixtas con el Estado cubano al cincuenta por cien del capital, que no había sido puesta hasta entonces, es puesta en vigor, y Cuba se vuelca a la búsqueda de socios en el exterior para lo que sea, no sólo para el turismo.

Hoy hace ya mas de un año del incidente que sirvió de detonante a los Estados Unidos para intensificar el bloqueo a la isla. El 24 de febrero de 1996, fueron derribadas dos avionetas, con un grupo de exiliados cubanos con residencia en Miami, por parte de las fuerzas aéreas cubanas. Para los norteamericanos este acto resultaba incomprensible. ¿Como podía Cuba, cuyas relaciones con los EEUU entraban en un periodo de distensión cometer un acto tan hostil ante aviones desarmados?.

Castro se sintió provocado por un grupo del exilio que le había estado desafiando y reaccionó como el lider intratable, fieramente independiente ferozmente orgulloso que ha sido siempre. Aquel incidente hizo que, por ejemplo, el Presidente de la federación cubano-americana, principal asociación del exilio, declarara que constituyó un acto de guerra contra Estados Unidos. Se convocó el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y el Gobierno de Washington anunció nuevas sanciones contra el Gobierno de La Habana, que culminaría con la ley Helms-Burton.

Casi un año despues, Fidel Castro se revolvía de nuevo contra EEUU a raiz de la divulgación, por parte de la Casa Blanca de un documento en que se detallaba la ayuda económica de miles de millones de dolares que Cuba puede esperar por parte de Estados Unidos y las instituciones internacionales si se inicia en la isla una transición hacia la democracia.

Pero Cuba ya no es lo mismo que era cuando Casto llegó al poder. Hoy día se esta recuperando ligeramente del periodo desastroso que siguió a la caída de la Unión Soviética. En los años que siguieron a 1990, Cuba se vió obligada a regresar a épocas anteriores, mientras que el prolongado boicot de los Estados Unidos y la mala administración de Castro sólo consiguieron empeorar las condiciones de vida de la mayoría de los cubanos. Las terribles condiciones económicas y las limitaciones de la libertad personal en este estado totalitario han dado como resultado una nueva oleada de refugiados que trata de escapar de la isla.

Pero hoy en día, el país sobrevive con una libertad de empresa mayor que la que jamas había existido desde que Fidel Castro llegó al poder. El legendario espíritu cubano parece ser invencible y lo mas importante, el hombre que es Cuba sigue en su sitio apoyado aún con fuerza por la mayor parte de su pueblo. Parece increíble que haya aguantado tanto, mientras en el mundo entero han surgido y derrumbado tantos lideres. Pero para los norteamericanos Castro sigue siendo un símbolo del comunismo y del desafío a sus principios, a pesar de que haya sobrevivido a ocho de sus Presidentes.

La polémica Ley Helms-Burton, que sanciona a las empresas extranjeras que se beneficien de bienes norteamericanos expropiados por Castro, ha ocasionado un reguero de criticas a la administración norteamericana. Mientras el Gobierno estadounidense advierte que es una medida para favorecer la democratización de Cuba, la ley es condenada por violar las normas de las Naciones Unidas de la Organización Mundial de Comercio y porque es contraria al espiritu de cooperación y amistad, que debe caracterizar las relaciones de todos los miembros de la comunidad internacional. Las criticas han llegado por todas partes. Así, en la VI Cumbre Iberoamericana, del pasado mes de noviembre, los 23 jefes de Estado y de Gobierno condenaron la ley Helms-Burton por considerarla un atentado a la convivencia internacional.

En los periódicos del pasado sábado, 13 de Abril de 1997, se publicó la noticia del principio de acuerdo entre Estados Unidos y la UE acerca del litigio que los enfrenta por la ley Helms-Burton. La propuesta que la UE debatirá en esta semana, comprometería a Washington a enmendar partes de la ley y a congelar otras, a cambio de que Bruselas suspenda el proceso iniciado contra Estados Unidos en la Organización Mundial del Comercio, aunque varios países europeos han mostrado ya sus recelos sobre este acuerdo.

Días despues de las conversaciones que mantuvieron Fidel Castro y Jose María Aznar en la VI Cumbre Iberoamericana, el Gobierno español lanzaba una propuesta para endurecer las relaciones de la Unión Europea con Cuba. Las medidas propuestas por el Gobierno español, calcaban las reivindicaciones que el enviado especial norteamericano Stuart Eizenstat formuló durante su gira "anticubana" por las capitales europeas (ver página siguiente).

Las medidas sugeridas por Aznar fueron suavizadas por el Comité Político de la Unión Europea (UE) días después. El objetivo de la UE es, simplemente, estimular el proceso de transición a una democracia pluralista y el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales en Cuba, así como la mejora del nivel de vida de los ciudadanos.

Hasta 1993 la cooperación de la UE con la isla fue nula. Desde entonces se ha creado un programa de ayuda alimenticia y se ha estimulado la apertura de Cuba al exterior mediante medidas puntuales y una discreta incitación a la economía de mercado. En este sentido, el Consejo Europeo de 1995 en Madrid pidió que se preparase una propuesta de cooperación económica UE-Cuba a negociar en el plazo de seis meses, La posición de Cuba llevó al Consejo Europeo de Florencia de Mayo de 1996 a renunciar a dicha negociación insistiendo, sin embargo, en la necesidad de continuar el diálogo y en abrir la negociación en cuanto la actitud del Gobierno cubano lo permitiera. A partir del triunfo del PP el Gobierno español endureció considerablemente su posición frente al régimen castrista constituyendo a España en el gran antagonista de la Cuba actual. La respuesta cubana retirando el placet al embajador ha fijado las posiciones de los contendientes.

La UE no ha querido alinearse con la posición española y ha dejado las cosas: presión para el cambio, si; acoso al régimen castrista, no. La propuesta de España para que las embajadas establecieran contactos regulares con la oposición ha desaparecido por completo de la "posición común" que se aprobo en el Consejo de Ministros de Economía de Diciembre de 1996. Es más, el que se haya elegido ese marco para tomar la decisión, y no del Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores, prueba una vez más el tratamiento funcionalista, económico y no político, gradualista y no abrupto, que la UE ha reservado a esta cuestión. No podía ser de otra manera.

Superado este incidente, el problema sigue en pie. ¿Conviene a los intereses de España la beligerancia contra el régimen cubano?. Depende de como se entiendan estos intereses. Desde el punto de vista económico, otros países, México a la cabeza, parece que se aprestan a ocupar el posible vacío que deja España. Alemania ha firmado ultimamente un acuerdo con Cuba para garantizar sus inversiones. Desde el punto de vista político Castro sigue despertando en los países del Sur una corriente de simpatía que le viene de su función de David frente al Goliat norteamericano, que la ley Helms-Burton ha reactivado en el último año. Y Goliat no ha sido nunca buen compañero.

-Bibliografía

-"Enciclopedia Monitor"

Ed SALVAT 1965

Manuel Salvat, Salvador Silva e Ismael Sanchez entre otros.

-"Crónica del siglo XX"

Ed Plaza&Janes 1986

Bodo Harengber, Luis Ogg, Rafael Abella,....

-"La revolución méxicana"

Cuadernos Historia 16 1991

Vicente González Loscertales

-"La revolución cubana¨

Cuadernos Historia 16 1991

Hugh Thomas, P. Vayssiére y R. Orozco

-"La guía del trotamundos. México"

Ed Gaesa Marilú Suarez 1994

-"Descubre México¨

Ed EVEREST Fiona Dunlop 1995

-"Tierra y Libertad"

Boletin informativo del col.lectiu de solidariat amb la rebel-lió zapatista Número 1 Julio 1995

-"Festival Solidario con Chiapas". Tríptico informativo.

Beriain, 21 de Octubre de 1995

-"Historia del Mundo Contemporaneo"

Ed. TEMPO. Julio Montero Díaz 1996

-"DEIA". 30 de noviembre de 1997

-"El País". -Noticias: 12 de noviembre de 1996,

13 de noviembre de 1996,

15 de noviembre de 1996,

16 de noviembre de 1996,

17 de noviembre de 1996 (ilustración),

20 de noviembre de 1996,

24 de noviembre de 1996,

26 de noviembre de 1996,

29 de noviembre de 1996,

3 de diciembre de 1996,

11 de diciembrede 1996,

24 de diciembre de 1996,

12 de abril de 1997,

13 de abril de 1996

-Articulos: 20 de noviembre de 1996

22 de noviembre de 1996

24 de noviembre de 1996

15 de diciembre de 1996

23 de enero de 1997

3 de diciembre de 1997

-"El Mundo". Noticia: 24 de noviembre de 1996.

-Documental "Fidel Castro, el Comandante"

Documentos TV. TVE2

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