Revolución liberal

Historia española contemporánea del siglo XIX. Antiguo Régimen. Absolutismo. Guerra de la Independencia. Constitución de 1812. Fernando VII. Riego. Guerras carlistas. Bienio Progresista

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TEMA 6: LA REVOLUCIÓN LIBERAL

La Guerra de la Independencia y la constitución de 1812

  • La Guerra contra la República Francesa (1793-1795)

La ejecución en la guillotina del rey francés Luis XVI (1973) transformó la desconfianza de los gobernantes españoles en una abierta hostilidad frente a los sucesos revolucionarios y Carlos IV declaró la guerra a la República Francesa. El conflicto entre España y Francia (guerra de Convención) se localizó en territorio catalán, navarro y vasco.

El clero español ofreció apoyo a la monarquía con donativos para el ejército. Las zonas fronterizas se llenaron de emigrados franceses realistas: mayormente clérigos y religiosos que se habían negado al juramento civil de la Convención Francesa.

El ejército español, dirigido por el general Ricardos, obtuvo algunas victorias y ocupó varias plazas en el actual Rosellón francés. Pero el signo de la guerra cambió en 1794: el ejército enviado por Manuel Godoy (primer ministro del Carlos IV) fue derrotado y las tropas republicanas francesas tomaron territorio.

Esta situación aceleró los intentos de llegar a la Paz, que se firmó en Basilea (1795). Esto dio paso a trece años de acuerdo entre la Francia Revolucionaria y la España Absolutista, y se unieron en diferentes alianzas para luchar contra Portugal y Gran Bretaña.

  • El Inicio de la Guerra de la Independencia

Uno de los acuerdos entre Francia y España fue el Tratado de Fontainebleau (1807), firmado por Godoy y Napoleón; el objetivo, repartirse Portugal y sus extensas posesiones de ultramar. Pero, en realidad, Napoleón no pretendía sólo ocupar Portugal, sino toda la Península Ibérica, con el fin de establecer un reino independiente del que su hermano José Bonaparte sería el monarca.

Centró su actuación en lograr el control en cuatro puntos estratégicos: Madrid, Barcelona, Cádiz y Lisboa. Pero muy pronto quedaron de manifiesto sus intenciones, por lo que Godoy convenció a la familia real que se trasladara a Sevilla por si fuera necesario huir a los territorios españoles de América.

El plan del primer ministro fue considerado ofensivo por una parte de la Corte, que lo consideraba una rendición de Godoy. El príncipe de Asturias, Fernando, y los sectores de la corte contrarios a Godoy instigaron un motín popular (Montín de Aranjuez, marzo de 1808) y que se saldó con la ocupación violenta del palacete de Godoy (provocando su caída), y obligó a Carlos IV a abdicar en del príncipe; el 19 de marzo de 1808 éste asumió el trono con el nombre de Fernado VII, con el consentimiento de Napoleón: padre e hijo se disputaban el poder y recurrían al arbitraje de Napoleón

Napoleón aceleró sus planes para España. Convocó a Carlos IV y a Fernando VII en la ciudad de Bayona, donde los forzó a abdicar a favor de su hermano José Bonaparte . La asamblea de notables españoles aprobó la constitución entregada por Napoleón que proclamaba a su hermano rey legítimo de España.

Cortesanos de ideas ilustradas se ofrecieron su colaboración; eran Ilustrados que vieron en la nueva situación política la oportunidad para sacar al país del vacío de poder. Creyeron que deberían llevar a la práctica reformas ilustradas y liberales en la sociedad y en su organización política. Estos colaboradores de José I recibieron el nombre de Afrancesados y fueron su principal apoyo durante los seis años que reinó (1808-1812)

Sin embargo, la nueva situación política no se llegó a consolidar: el 2 de mayo de 1808 se produjo un alzamiento popular en Madrid que se extendió por otras ciudades españolas. Los sublevados no aceptaban al nuevo rey y, ante ausencia de poder legítimo, se constituyeron Juntas Provinciales de Defensa por personas de municipios o de instituciones. Una de sus misiones: organizar el levantamiento popular militar contra las tropas francesas.

  • El Desarrollo de la Guerra

Los generales franceses, sorprendidos por el levantamiento de cuerpos de ejército y guerrilleros, establecieron un plan para acabar con la resistencia; tuvieron que someter a ciudades que:

    • se habían hecho fuertes

    • habían proclamado su independencia

    • se oponían al reinado de José I

En Andalucía, un ejército comandado por el General Castaños venció a las tropas francesas junto a la ciudad de Bailén (julio de 1808), lo que obligó a José I abandonar Madrid. Napoleón acudió personalmente a la Península con un ejército de 25.000 hombres y venció a las tropas españolas, recuperando el control de Madrid (noviembre de 1808). Mientras los guerrilleros de Castilla, Andalucía, Cataluña, Valencia y otros lugares tenían en jaque a las unidades militares: asestaban golpes en transportes de recursos o a guarniciones de pocos efectivos. Durante tres años, el ejército francés sufrió una guerra de desgaste.

Las tropas de Napoleón consiguieron controlar las principales ciudades, excepto Cádiz. En 1812 un ejército británico, dirigido por el general Wellington, desembarcó en Portugal e inició la guerra contra las tropas francesas, en la que venció en Arapiles. Persiguió las unidades que protegían la huida de José I y las derrotó (1813). La participación de los británicos fue decisiva para acabar con las potentes y organizadas unidades del ejército napoleónico.

Por lo tanto: las derrotas ante el ejército de Wellington junto con el hostigamiento de las guerrillas acabaron con la supremacía francesa

Las Restauraciones Absolutistas y el Trienio Liberal

  • La Primera Restauración Absolutista (1814-1820)

Cuando, en 1814, el imperio de Napoleón fue derrotado en Europa, Fernando VII regresó a España (marzo de 1814). Tanto liberales como absolutistas esperaban el retorno del monarca, conocido como “El Deseado”. Un grupo de diputados (69) de las Cortes de Cádiz de ideología absolutista le entregaron un documento (El Manifiesto de los Persas) que solicitaba la restauración de la monarquía absoluta y la abolición de la Constitución de 1812. El 4 de mayo de 1814, Fernando VII aceptó la propuesta de los absolutistas y promulgó un decreto por el que anulaban a la Constitución (primera reacción absolutista contra la incipiente revolución liberal)

Fernando VII, rodeado de antiliberales y con el apoyo del Ejército, anuló la obra legislativa de las Cortes y promovió la dura represión contra los constitucionalistas (por lo que tuvieron que exiliarse).

Comenzaba un período de seis años de gobierno en el que iban a dominar los sectores más reaccionarios de la sociedad:

    • La Iglesia encabezó una cruzada contra las ideas de libertad y democracia, y defendió a los partidarios del antiguo régimen; se restableció el Tribunal del Santo Oficio (la Inquisición), que se suprimió en las Cortes de Cádiz

    • Se suprime libertad de expresión y de asociación, donde muchas universidades expulsaron a profesores más abiertos a las ciencias e ideas liberales.

  • El Trienio Liberal (1820-1823)

A pesar de la persecución que sufrieron los liberales (1814-1819) se sucedieron alzamientos armados por sectores militares partidarios a la Constitución de 1812, que siempre terminaron en fracaso. Pero en 1820 triunfó un pronunciamiento encabezado por Rafael Riego: el 1 de enero en el pueblo andaluz de Las Cabezas de San Juan, Riego proclamó la Constitución de 1812, y algunas ciudades como A. Coruña y Barcelona se adhirieron.

Los tres años que duró el régimen liberal fueron el primer ensayo de gobierno constitucional:

  • Se puso en práctica la política moderada y se intentaron llevar a cabo los principios que recogía la Constitución de 1812: libertad de prensa, derechos individuales.

  • La Iglesia, defensora del absolutismo, fue apartada de los órganos de poder del Estado

  • Los jesuitas fuero expulsados y las órdenes monásticas fueron disueltas, expropiándose parte de sus posesiones territoriales.

  • Los liberales en el gobierno se dividieron en dos grupos:

          • Liberales Moderados proponían llegar a un pacto con los absolutistas y crear un sistema en el que, a cambio de restringir algunos principios liberales, se aceptasen un sistema constitucional.

          • Liberales Exaltados creían que los absolutistas nunca aceptarían una constitución y eran partidarios de radicalizar las medidas liberales con:

    Ampliación del sufragio universal masculino, Reduciendo el poder de la Iglesia y de la nobleza (enemigos del liberalismo)

    Creando un Estado más centralizado.

    Los absolutistas conspiraron desde el primer momento para hacer fracasar el régimen. Fernando VII apoyó a agentes que organizaba grupos armados golpistas y enviaban emisarios para solicitar ayuda militar a los gobiernos antiliberales de Europa con el fin de acabar con su propio gobierno y anular la Constitución que había jurado.

    En 1822 habían zona de Cataluña, País Vasco, Galicia, Navarra y Valencia en las que algunos nobles y clérigos tenían organizadas partidas militares que acosaban a las tropas constitucionalistas. Se unió la intervención de potencias europeas, que se concretó en la entrada de los Cien Mil Hijos de San Luis

    • La Segunda Restauración Absolutista (1823-1833)

    A partir del golpe de Estado dirigido por Fernando VII, se produjo un 2ª restauración absolutista, que duró hasta la muerte del rey (1833). La vuelta del absolutismo trajo consigo una ola de represión, especialmente en Andalucía y la abolición de todo tipo de libertades política.

    La Iglesia se convirtió de nuevo en el principal aliado de Fernando VII. Justificó la sangrienta represión y algunos de sus miembros denunciaron ante el gobierno absolutista a aquellos ciudadanos que mostraban alguna inclinación a las ideas liberales.

    No obstante, la Década Absolutista incorporó algunos cambios en la organización del Estado y cierta Modernización de la Administración. Se instituyó el consejo de ministro como gobierno de la Corona y se reorganizo el sistema de Hacienda Pública (tomando como modelo a otros países europeos).

    La economía española, después de dos décadas de inestabilidad y guerras (independencia y emancipación de colonias americanas), comenzó a despegar.

    El discurrir político no fue pacífico:

      • Permanecían las resistencias liberales en el interior (en sociedades secretas) y en el exterior (acción internacional de grupos exiliados).

      • Los absolutistas más reaccionarios respondieron ante las reformas solicitando más inmovilismo y represión.

    El Régimen Liberal: Progresistas y Moderados (1833-1868)

    Fernando VII tubo un hija, Isabel (1830). Según la Ley Sálica (1713) las mujeres no podían acceder al trono por lo que el sucesor de la corona debía ser el hermano del Rey Carlos María Isidro. Pero Fernando VII cambió la ley poco antes de morir (pragmática sanción) y nombró heredera del trono a su hija; su viuda, María Cristina, se encargó de la regencia de Isabel II hasta la mayoría de edad.

    Pero los partidarios de Carlos Maria Isidro no aceptaron el testamento de Fernando VII y se alzaron en armas contra la regente, que se vio obligada a buscar apoyo en lo liberales.

    Así comienza la larga guerra entre los carlistas y los isabelinos o liberales que finalizará en 1840.

    • Los Liberales en el Poder: La Dos Regencias (1833-1843)

    Los tres primeros años de regencia sirvieron para que los liberales moderados (algunos de ellos retornados de exilio) fueran afianzándose en la política. El instrumento político fue una carta preconstitucional: El Estatuto Real, que supuso el inicio de un progresiva implantación de libertades políticas (aparición de partidarios). En este estatuto el poder seguía centrado en la figura del monarca.

    La guerra civil y la desastrosa situación económica provocaron sublevaciones de las milicias urbanas, que:

    * exigían ampliación de libertades políticas y del sufragio.

    * reclamaban la entrega de poder a políticos progresista (Calatrava y Mendizábal)

    En 1836 una revuelta contra la regente la obligó a aceptar la puesta en vigor de la Constitución de 1812, aunque se redactó una nueva carta magna (Constitución de 1837) con cambios respecto de la de 1812 que la hacía más moderada.

    Con este marco constitucional se pudieron promulgar algunas leyes revolucionarias.

    Finalizada la guerra carlista, un gobierno dirigido por el moderado Pérez de Castro intentó nuevamente limitar las reformas en la participación de las clases medias urbanas promulgando una Ley de Ayuntamiento (supresión del derecho de los ciudadanos de elegir alcaldes). Hubo sublevaciones populares y María Cristina se obligó a renunciar a la regencia.

    Entonces las Cortes eligieron como regente al general Espartero, que contaba con el apoyo de los liberales progresista en nombre de la libertad; gobernó hasta 1843 de manera dictatorial, reprimiendo a los moderados y sin someter nunca al parlamente. Se ganó el rechazo de todos.

    Algunos sectores liberal-progresistas (demócratas), que lo apoyaron inicialmente, se enfrentaron a él pues no aceptaban las reformas autoritarias y represivas, aunque se hiciese en nombre del liberalismo. En 1843 se inició una revuelta militar encabezada por Narváez. Espartero huyó, se exilió en Londres y no regresó a España hasta 1849.

    • Las Guerras Carlistas

    Fueron un Guerra Civil entre dos bandos:

    Carlistas: absolutistas intransigentes y partidarios de los derechos hereditarios de Carlos María Isidro (o Carlos V) se enfrentaron a la regente María Cristina.

    Isabelinos: liberales y absolutistas moderados que aceptaron a Isabel II como heredera.

    Las guerras carlistas fueron tres:

    PRIMERA GUERRA(1833-1840) los carlitas se hicieron fuertes en el norte de la península. El General Ramón Cabrera llegó en una zona de expedición desde Maestrazgo hasta Madrid. El coronel Tomás Zumalacárregui consiguió organizar el ejercito rebelde y consolidó el poder carlista del País Vasco. Su muerte (junio de 1835) puso fin a la tendencia ascendente del carlismo en la región Vasco-Navarra, donde cosechó victorias contra las tropas Isabelinas. A partir de 1835, obligó a Carlos María Isidro a huir a Francia.

    En 1839, el General Isabelino Baldomero Fernández Espartero y el general carlista Rafael Maroto mantuvieron conversaciones que culminaron en el convenio de Bergara: El acuerdo garantizaba la conservación de algunos derechos forales y reconocía los empleos y grados del ejercito carlista.

    SEGUNDA GUERRA (1846-1849) tuvo lugar fundamentalmente en Cataluña. La iniciaron los partidarios del hijo del pretendiente, ya que Carlos Maria Isidro (Carlos V) había abdicado en 1845 a favor de su hijo Carlos Luis de Borbón y de Braganza, que trató sin éxito contraer matrimonio con su prima Isabel II. Las partidas carlista de Ramón Cabrera y Benito Tristany llegaron hasta Barcelona, donde fueron derrotadas por las tropas de Manuel Gutiérrez de la Concha. Sin embargo, hasta 1860 perduraron algunos focos carlistas en las zonas rurales y montañosa de Navarra, País Vasco y Cataluña, que se rehacían después de cada derrota gracias al apoyo popular del campesinado y del clero rural.

    TERCERA GUERRA (1872-1876) Partidarios del pretendiente carlista, Carlos VII, atacaron al ejercito liberal tras el acceso de Amadeo I al trono español. Las consecuencias más destacadas de la guerra fueron:

  • Derrota del tradicionalismo carlista: que proponía el retorno de los fueros de los antiguos reinos, en contra de la idea liberal de uniformizar y centralizar.

  • Prestigio de los militares liberales: facilitó su intervención en su política del estado (Espartero y Narváez).

  • Pesado lastre económico ocasionado por las guerras: era costoso mantener un ejercito en permanente estado de alerta.

    • La Década Moderada (1844-1854)

    El general Ramón María Narváez puso fin a la regencia de Espartero. Proclamaba mayor de edad a los 13 años, Isabel II a sumió el trono de España (1843) y encargo la formación del gobierno al partido moderado, liderado por Narváez.

    Con el apoyo de burgueses conservadores, el partido moderado gobernó durante 10 años con mano dura. Anuló la constitución de 1837 y redactó otra nueva en 1845: otorgaba poderes a la Corona y al Gobierno y recortaba los del Parlamento. El Sistema Legislativo era bicameral (Senado y Congreso de los Diputados) y se mantenía en sufragio sensitario.

    Por lo tanto, solo podían ejercer el derecho a voto y ser elegidas las personas procedentes de los sectores sociales que tenían propiedades o se distinguían por su profesión. A esta etapa se realizaron algunas reformas Político-Administrativa importantes: Ley Fiscal, Código Civil y Penal, Ley de Sociedades por acciones.

    Los políticos moderados intentaron un acercamiento a la Iglesia, enemistada con el régimen liberal desde la desamortización de 1836; se firmó un concordato o convenio de colaboración con el Vaticano por el que la Iglesia recuperaba muchos de sus privilegios y era autorizada para intervenir en la enseñanza.

    En 1844 se creó la Guardia Civil, cuerpo policial de carácter militar destinado a mantener el orden en las zonas rurales y que, en la práctica, aseguraba el derecho a la propiedad de los terratenientes en el campo.

    Los gobiernos favorecieron los negocios financieros en los que participaban políticos y personajes relacionados con el poder y miembros de la familia real. La corrupción y el autoritarismo de los gobiernos hizo que las clases populares dieran su apoyo a un alzamiento liberal de carácter progresista (1854).

    • El Bienio Progresista (1854-1856)

    Se inició con una pronunciamiento militar, “La Vicalvarada”. Su instigador fue el general Leopoldo O´Donnell, líder del partido Unión Liberal. Este alzamiento, de carácter revolucionario, no pretendía destronar a la reina Isabel II (enemiga del constitucionalismo) sino forzarla a admitir las reformas democráticas interrumpidas en 1844. Comenzó una nueva etapa política que duró dos años, en la que comenzó a elaborar una nueva carta constitucional, que finalmente no fue puesta en práctica : non-nata”

    Isabel II pidió al general progresista Espartero que formara gobierno, con lo que volvieron a adoptarse las medidas radicales que habían caracterizado la etapa de la regencia de Espartero (como expulsión de los jesuitas y la ampliación de una segunda desamortización (1855) que supuso el embargo de bienes comunales de los municipios)

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