Revolución industrial. Individualismo y Laisser-Faire

Historia universal. Compañías. Asociaciones. Adam Smith. Malthus

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LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

"INDIVIDUALISMO Y LAISSER-FAIRE"

Durante el siglo XVIII, el instrumento más característico, en cuanto a propósitos sociales, es el club, que se iniciaba en las populacheras asociaciones de taberna hasta llegar a las peñas literarias. En verdad, todos los intereses, tradiciones o aspiraciones se expresaron en forma corporativa y la idea de que en una u otra forma los hombres se habían convertido en seres egocentristas, avaros y antisociales, es la más singular de las leyendas que han oscurecido la Revolución Industrial. Hubiera sido muy notable que dentro de una comunidad tan llena de asociaciones, el industrial hubiese permanecido aislado de sus colaboradores.

Las compañías no eran por lo general negocios individuales, sino más bien consorcios. Los socios de una compañía se encontraban en contacto frecuente, y hasta diario con los componentes de otras sociedades. Muchos estaban adheridos a una u otra de las agrupaciones que trataban de extender a las provincias las actividades que en Londres realizaban la Sociedad del Arte o el Club Sheatonian, pero no debemos suponer que sus actividades sociales se dirigieran siempre hacia fines benéficos, ya Adam Smith hacia notar que las gentes de un mismo oficio rara vez se reúnen, pero cuando lo hacen su conversación termina bajo la forma de una conspiración contra el público, o bien en estratagemas para aumentar los precios. Y, bajo exterior inocente es probable que se hayan escondido asociaciones comerciales, cuyos fines tendían a evitar la competencia y a reglamentar la producción, los precios, salarios y crédito en una rama cualquiera de la industria.

Estas combinaciones alcanzaron su mayor auge en las industrias mineras y metalúrgicas. Las pequeñas unidades, productoras de mineral, tenían menor poderío económico. Debido al desarrollo de las minas en Anglesez, la situación de los habitantes de Cornwall degeneró mucho y se vieron forzados a constituir una alianza defensiva: La Compañía Metalúrgica de Cornwall, que al final quebró dando áreas de depresión con exceso de capacidad productiva, obreros sin trabajo y menguantes niveles de vida.

En la industria del hierro los materiales provenían de fuentes abundantes y dispersas, y a los mineros no les era posible controlar el mercado. No obstante desde principios del siglo XVIII los propietarios de los altos hornos en Lancashire y Gales del Sur tenían, siempre, la costumbre de fijar los precios tanto al carbón que compraban como al hierro que vendían. Al desarrollarse el procedimiento de la fundición con coque, los Darbys y los Wilkinsons convinieron en los precios a cobrar por fabricar piezas de máquinas de vapor y antes de 1.777 los grandes herreros de las zonas centrales celebraban reuniones periódicas, a fin de establecer los precios de las piezas fundidas. En 1.799 los fundidores y vaciadores de Yorkshire y Derbyshire establecieron una organización semejante que fue la avanzada de otras en Escocia y Gales del Sur.

Ni una sola de las ramas de la industria semidoméstica con base en las fabricaciones metalúrgicas, dejaba de estar tocada de esta tendencia hacia la asociación.

En aquellas industrias grandes y con mucha variedad de productos la realización de un control cualquiera era bien difícil.

Se da la existencia de listas de precios en años como 1.770, 1.796 y 1.814.

Los alfareros y algodoneros se dirigieron más bien al rompimiento de los privilegios que a la constitución de otros nuevos. Ya en 1.784 ambos grupos se unieron con los productores de acero de Birmingham a fin de protestar contra un proyecto de impuesto sobre el consumo de pana, el carbón y el uso de transportes.

Pitt hace público el proyecto de admitir a Irlanda en el comercio colonial y exterior de la Gran Bretaña y los grupos organizan la oposición y encabezan la formación de la Cámara General de Manufactureros que pretendían ejercer presión sobre el Consejo Supremo de la Nación pero mostró poca unidad entre industriales.

En 1.786 - 1.787 aparece la escisión fundamental entre los delegados de las antiguas industrias con sede en Londres y los de las nuevas que venían de las provincias. Una vez que se firmo el Tratado los debates en la Cámara tomaron un carácter tan enconado que la disolución de dicho organismo fue solo cuestión de tiempo.

Sociedades comerciales manifestaron frecuentemente su opinión sobre los obstáculos que impedían el desarrollo del comercio, las cámaras de comercio desempeñaron un papel importante en la abrogación de las leyes de Granos y el establecimiento del Comercio Libre.

El sentido corporativo de la fuerza trabajadora tuvo formas muy variadas de expresión. La situación dentro de la cual se encontraban los trabajadores domésticos no hacia fácil combinación alguna, en la primera mitad del siglo XVIII existió un fuerte movimiento a favor de los clubes, estos tomaron un disfraz y disimularon sus verdaderos propósitos bajo títulos que implicaban amistosas actividades, se encontraban más cerca del gremio antiguo que del moderno sindicato.

Las actividades unionistas procuraban por entonces controlar los ingresos de nuevos industriales, suprimir trabajadores "falsos" y apelar ante la autoridad a fin de que se aplicasen las leyes dictadas por la reina Isabel sobre salarios.

Con el transcurso del tiempo los trabajadores ya organizados, empezaron a hablar en tono más alto y a partir de 1.760 las regiones carboníferas, los puestos y los poblados textiles fueron testigos frecuentemente de escenas violentas. Las industrias especializadas, en particular la de los fabricantes de molinos, donde las uniones obreras parecen haber gozado de una existencia casi constante.

A fines de siglo hubo un vigoroso crecimiento de las sociedades amistosas, muchas tuvieron como base una agrupación por oficios. El sentimiento de un interés común impregnaba a las asociaciones regionales impulsándolas a federarse. Se puede decir que a fines de siglo el unionismo no era algo esporádico sino que se caracterizaba como un verdadero movimiento.

Más de 200 años antes el Estado reglamentó el trabajo, los estatutos establecidos entonces no eran materia de frecuente aplicación durante la Revolución Industrial aunque se sostenía que un aumento de jornales no solicitado por medio de una petición a los tribunales constituía un delito. Mientras una unión permanecía inactiva nadie la importunaba, más, en cuanto se iniciaba una disputa, los patronos hacían uso de la influencia para obtener una ley que impidiese la asociación en esa particular rama de la industria.

Las clases dirigentes temían que las uniones sirviesen como disfraz a sociedades secretas o revolucionarias, la proposición que hizo Wilberforce de extender a todas las ramas de la industria la ley pedida por los fabricantes de molinos, tuvo muy poca oposición. Esta ley estableció que cualquier persona que se asociara con otra u otras con el fin de obtener un incremento de salario o una reducción de sus horas de trabajo podía ser sometida a los tribunales y ser condenada hasta 3 meses de prisión, el juez podía ser el mismo patrón o sino tomar una actitud decisiva dentro de la controversia. Las protestas fueron muchas y la ley se derogó sustituyéndola por otra. La ley de Asociaciones de 1.800 se aplicó raramente, en casi todos los casos donde los obreros fueron acusados de haberse asociado la persecución se hizo contra una conspiración, prohibida por la Common Law, o bien contra una violación a una disposición aplicable a una industria en lo particular. El aparato de la persecución penal era de poco efecto, no obstante sus apariencias, la mejor prueba de la verdad de esta afirmación la proporciona el hecho de que en el primer cuarto del siglo XIX se constituyeron incontables uniones, muchas de ellas públicamente sin que acción alguna se siguiese en su contra. La ley de Asociaciones se aplicaba por igual a los patronos. Hubo muy pocos procesos por conspiraciones hechas con el fin de disminuir los salarios.

El Sastre de Charing Croos con ayuda de Joseph Hume logro en 1.824 que fuesen derogadas las leyes que impedían las asociaciones obreras. Todas estas reacciones provocaron otras combinaciones políticas, una nueva ley aprobada en 1.825 confirmó la legalidad de las asociaciones pero impuso penas para aquellos obreros declarados culpables de intimidar, molestar u obstruir las actividades de otros, y los tribunales durante largos años se vieron obligados a determinar el sentido de estos ambiguos términos.

No todos los "pobres diligentes" pudieron organizar sus defensas, el mejoramiento social era materia de asociaciones voluntarias y no ocupación del Estados o de los individuos. La ayuda pública se completaba con la impartida por cuerpos como la Sociedad para el Mejoramiento de los Pobres, la Sociedad Filantrópica... etc. Muchas de estas sociedades se contentaron con actuar dentro de la metrópoli, pero muchas otras crecieron en las provincias donde hubieron de enfrentarse al problema industrial de las nuevas ciudades.

En la época de la Revolución Industrial imperó el Laisser-faire que fue el símbolo del progreso.

Una serie de economistas y publicistas atacaron las bases del sistema. En 1.776 Adam Smith dirigió sus baterías contra una tambaleante estructura, y fue gracias a su influencia sobre Pitt y otros por lo que se abrieron las primeras brechas. "La riqueza de las naciones" expresó en forma inmejorable las ideas que los acontecimientos habían impuesto a las mentes de entonces dándoles cohesión y solidez. En lugar de admitir como principio fundamental los deseos estatales señalo como tal uno consistente en decisiones y acciones espontáneas del hombre. La idea de que los individuos, cada uno siguiendo sus intereses crea leyes tan impersonales como las de las Ciencias Naturales, era en extremo atrayente y el corolario que dichas leyes deben ser benéficas para la sociedad aumentó el aspecto de optimismo característico en la Revolución Industrial.

La máxima Laisser-faire se extendió del campo económico a toda la sociedad, los extremistas se vieron fortalecidos por las enseñanzas de Thomas Malthuse, cuyo ensayo sobre la población apareció cuando la Revolución Industrial estaba en auge, una mala interpretación de sus ideas llevó a sus discípulos a afirmar que si la población tendía siempre a crecer en número proporcional a los medios de subsistencia, nunca podría elevarse el nivel de vida de las clases bajas, por lo que la caridad era inútil.

Si la Revolución Industrial no fue capaz de llevar la totalidad de sus frutos al común de la gente se debió a los defectos de administración y en forma alguna al proceso económico.

16/07/ 1 EL INDIVIDUALISMO Y EL "LAISSER -FAIRE"