Revolución Industrial Española

Historia de España. Desigualdad social. Agricultura. Sindicatos obreros

  • Enviado por: Sergio Soria
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 3 páginas
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Tema 7: La revolución Industrial Española

7.1 Dificultades de modernización

7.1.1El atraso económico y las consecuencias.

La revolución industrial había comenzado en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII, pero en el resto de Europa se produjo más tarde, y en España en el siglo XX.

Las formas capitalistas introducidas generaban tensiones sociales, ya que la mayoría de la población eran campesinos, y esto proponía una mala distribución de la riqueza entre propietarios y trabajadores. Consecuencia de esto fue la aparición de asociaciones obreras, que reivindicaban su participación en la política, que hasta entonces había estado dominada por la oligarquía.

Desequilibrio entre el centro atrasado y poco poblado y una periferia rica e industrializada, que desembarcó en el enfrentamiento entre los proteccionistas y los librecambistas.

La debilidad no le permite luchar por el colonialismo, como las otras potencias.

Para la defensa de los intereses de las industrias pioneras en la industria se crean los nacionalismos que critican la pasividad del gobierno central (s XIX).

7.1.2 Evolución de conjunto y periodización.

Entre las causas que condicionaron el estancamiento español destacan:

  • Los efectos devastadores de la Guerra de la independencia y de la Guerra Carlista, que impidieron los comienzos de las fábricas textiles y metalúrgicas.

  • Escasa integración del mercado nacional por las pocas vías férreas, no había vías de comunicación entre las fábricas y las materias primas.

  • Todo está en manos del capital extranjero privado, debido a una escasez de fuentes de energía y a una dependencia directa de la tecnología.

7.3 El peso de la agricultura en una España rural.

7.3.1 El envejecimiento de la población y la movilidad espacial.

Las tasas de natalidad y mortalidad son muy elevadas, tanta en mortalidad bruta como en natalidad, y en consecuencia un ritmo de crecimiento menor, síntoma característico de una sociedad agraria, atacada por las enfermedades, que hicieron aumentar la mortalidad en gran número, los ejemplos más significativos son “el cólera” en 1885 y “la gripe” en 1818.

Es probable que las diferencias entre el norte y el sur de Europa se relacionen con la evolución de la agricultura. En los países húmedos surgen diferentes avances tecnológicos, como la rotación de cultivos, el desarrollo de la ganadería entabulada y la introducción de nuevos cultivos. Mientras, en los países mediterráneos se seguía utilizando la agricultura extensiva cerealista y los monocultivos arbóreos de secano.

España, en la línea de los países mediterráneos, aumentó la población de manera importante. El ritmo de crecimiento fue mayor en la primera mitad del siglo XIX, en la segunda disminuyó debido a la migración; las regiones en las que más se notó fueron Pontevedra, La Coruña, Asturias y Santander, en las que los terrenos cultivables eran difíciles y las explotaciones familiares mínimas..

La supresión progresiva de las leyes que dificultaban la salida y el avance de los barcos favorecieron el flujo migratorio de varias familias.

En la distribución de la población española continúa la pérdida de la población de las regiones a beneficio de las zonas de le periferia.

La creación del ferrocarril permitió cambiar la mentalidad tradicional, además del transporte de mercancías y el cambio de residencia.

El crecimiento de la población urbana fue similar y en algunos casos superior al crecimiento monográfico total en las ciudades del norte y el este.

7.3.2 El desequilibrio de la estructura de la propiedad y sus consecuencias.

En España la tierra estaba mal repartida desde épocas remotas. Gracias a la propiedad amortizada o vinculada los grandes dominios permanecieron inalterables.

Tierras como bosques, zonas de pasto, barbechos o yermos, que habían permanecido sin cultivar, comenzaron a ser sembradas, garantizando así el consumo alimentario con la producción nacional, aunque las sequías y las heladas estuvieran presentes siempre.

La creación del ferrocarril permitió conectar los centros donde se cultivaba el cereal, con las zonas de mayor consumo. Esto produjo una especialización de la agricultura en función de la demanda, fue el caso del vino y los cítricos.

En conclusión, más allá de los vaivenes y de las fluctuaciones de la agricultura respecto de una economía cada vez más condicionada por el exterior, la crisis de la agricultura española, común a otros países europeos, revela síntomas propios e inequívocos del atraso. La escasez de capitales en las grandes explotaciones debido a la falta de iniciativas de dueños y acostumbrados a vivir de rentas, favorecía el inmovilismo de la agricultura.

7.4 La creciente desigualdad entre clases.

7.4.1 La sociedad de la revolución industrial.

A medida que la legislación liberal se iba imponiendo y se creaban los primeros establecimientos fabriles se fue formando una sociedad moderna, la sociedad industrial de clases. Desaparecidos los privilegios estamentales, y con ellos los estamentos mismos, las divisiones sociales se hacían exclusivamente debido al nivel de riqueza. Las clases superiores, principales beneficiarias del régimen liberal, eran la aristocracia y la alta burguesía. A menudo, una importante parte de la tierra permanece sin cultivar, como coto de caza o como dehesa para el ganado de lidia. Con este grupo se identificó la burguesía agraria, que invirtió en las tierras desamortizadas a la Iglesia y a los Ayuntamientos.

En las ciudades residían las clases medias, propietarios de negocios de tipo familiar que empleaban a un reducido número de trabajadores. También se incluirían los funcionarios, maestros, miembros del ejército y periodistas. En conjunto formarán el grupo más activo de las juntas revolucionarias. Separados de la alta burguesía por dinero, mentalidad y derechos. Los gobiernos del liberalismo moderado eludieron el reconocimiento del derecho de reunión y asociación.

En un momento en que se desarrollaban grandes medios de producción, la consecuencia fue el alargamiento de jornadas, reducción de salarios, empleo a mujeres y niños, venidos del proletariado. Entre las mujeres, la mayor parte de empleadas trabajaban en el servicio doméstico, a cambio de un bajo jornal.

7.4.2 La formación de las asociaciones y organizaciones obreras: sindicatos y partidos.

La introducción de máquinas en la industria textil provocó protestas en las que fueron quemadas y destruidas las fábricas. Las primeras organizaciones obreras surgieron en Cataluña, se formaron sociedades de ayuda mutua que cubrían necesidades de los afiliados. A partir de 1843 las asociaciones obreras fueron disueltas. Cuando se volvieron a legalizar las asociaciones, la federación “Unión de Clases” reclamó una serie de derechos, pero los moderados hicieron que se volvieran a disolver.

En 1868 la A.I.T. se aprovechó de la atmósfera democrática. La revolución democrática restableció la libertad de asociación. El enfrentamiento entre anarquistas y socialistas se introdujo en España.

Durante la restauración se fundó el PSOE en 1902. En 1888 se formó la UGT. En 1883 la “mano negra” habría tramado un plan para exterminar a los terratenientes y se produjeron asesinatos y quema de cosechas.

La policía multiplicó las detenciones. El anarquismo rural fue desarticulado y pasó a funcionar clandestinamente.

La UGT formó parte del Instituto de Reformas Sociales, para influir positivamente en la adopción de medidas sociales y favorecieran a los trabajadores. En 1909 la protesta de los trabajadores en Barcelona derivó en una insurrección general, denominada Semana Trágica. Este suceso alcanzó resonancia internacional. En 1910 se fundó la CNT, que atrajo a los anarquistas. En 1916 llegaron a un acuerdo la CNT y la UGT impulsando la huelga general. Aunque tuvo éxito la situación no mejoró.

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