Revolución china

Partido Comunista chino. Kuomitang. República Popular. Transformación cultural. Mao Tse-Tung. Gobierno maoísta

  • Enviado por: Carmen Gloria Y Bruno Espinace
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 52 páginas
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Revolución china

Introducción

China siempre ha sido un país destacado en el acontecer mundial, ya que, cuenta con prácticamente un cuarto de la población mundial. A través de los años, el creciente imperialismo ejercido por las grandes potencias mundiales como Rusia (ex U.R.S.S.), Estados Unidos y Japón, entre otros, no ha podido derrocar a esta gran nación, debido a su eficiente organización y a la milenaria cultura que esta posee. Cuna de una de las religiones más místicas existentes en la actualidad, el Budismo, China cuenta con una historia que se remonta más allá del 2500 a.C.(según nuestra calendarizacíon occidental).

Sin duda, si nos referimos a la geografía de este país, no podemos dejar de lado a la gran Muralla China, construida en el año 221 a 207 A.C, la que sirvió a esta nación para protegerse de los ataques de los Bárbaros que la asechaban. Hoy en día, esta muralla esta casi en su totalidad, la que cuenta con un largo total de 620 kilómetros. Como dato anecdótico, esta es la única construcción creada por el hombre que se puede observar desde afuera de la Tierra.

Debido a la sobre-población existente, China es el único país que cuenta con el sistema de control de familia, dónde cada una de ellas no puede tener mas de un hijo. Al tener más de uno, la familia deberá pagar un impuesto por hacer caso omiso a esta norma.

Pero a la vez, esta gran nación cuenta con una muy dificultosa e interesante historia. China pasó de ser un imperio a una semi-colonia, para terminar en lo que conocemos hoy en día como la República Popular de China, llevándose a cabo todo este proceso a costa de numerosas revoluciones, manifestaciones y guerras.. Esta meticulosa transición a tenido a variados y distintos protagonistas, siendo el más conocido Mao Tse-Tung, por haber fundado el partido que aún rige a esta nación; el Partido Comunista Chino y por haber liderado a este oriental país por más de 20 años, ya sea directa o indirectamente. Todo país medianamente desarrollado e independiente ha tenido a su haber un largo historial de numerosas revueltas y batallas para lograr la tan anhelada estabilidad política y el control interno, pero semejante historia como la que posee China es casi imposible encontrar en otra nación, por la gran connotación mundial que tuvo, la cantidad de campesionos chinos que dieron la vida por esta causa, y por que tuvo también como protagonistas a potencias mundiales extranjeras.

Y es así como en este trabajo explicaremos en extenso toda la historia por la que tuvo que atravesar China para llegar a ser la república que es actualmente, para lo cual viajeremos desde el año 1840 hasta nuestros días, puesto que sólo así es posible comprender los acontecimientos a cabalidad. También mencionaremos los antecedentes que rodearon la caída de la Dinastía Manchú, la formación de los partidos que lideraron el país, el pensamiento comunista chino desde la boca de su fundador, y en fin todos los pormenores de la llamada Revolución China. Además, para una mejor compresión de los hechos, hemos escrito pequeñas biografías sobre los hechos y protagonistas más importantes , y una reseña en especial dedicada a la más importante figura de esta revuelta, Mao Tse-Tung.

Antecedentes, transcurso y desarrollo de la Revolución China(*)

Guerras y tratados comerciales desiguales a partir de 1840

La primera guerra del Opio terminó en 1842 con la firma del Tratado de Nanjing. China había sido vencida y los términos del tratado garantizaban a Gran Bretaña las prioridades comerciales que buscaba. Durante los dos años siguientes, tanto Francia como Estados Unidos obtuvieron tratados similares. China vio estos tratados como desagradables pues eran concesiones dictadas por bárbaros ingobernables; sin embargo, su sumisión a las cláusulas comerciales respecto a la expansión del comercio estaban muy por debajo de las expectativas de las potencias occidentales. Tanto Gran Bretaña como Francia encontraron pronto ocasión para renovar las hostilidades y durante la segunda guerra del Opio (1856-1860), aplicaron la presión militar a la capital de la región en el norte de China. Se firmaron nuevos tratados en Tianjin en 1858, que extendieron las ventajas occidentales. Cuando el gobierno de Pekín se negó a ratificarlos, se reabrieron las hostilidades. Una fuerza expedicionaria franco-británica penetró hasta Pekín. Después de que el palacio de Verano fuera incendiado como venganza por las atrocidades chinas infligidas a los prisioneros occidentales, se firmaron las Convenciones de Pekín, en las que se ratificaban los términos de los tratados anteriores.

Estos tratados, conocidos en su conjunto en China como los `tratados desiguales', determinaron las relaciones chinas con Occidente hasta 1943, cambiaron el curso del desarrollo social y económico chino y obstaculizaron de manera permanente la política de la dinastía Manchú. De acuerdo con sus disposiciones, los puertos chinos se volvieron a abrir al comercio internacional, se permitió la instalación de colonias de residentes extranjeros, y se cedieron de forma permanente a Gran Bretaña los territorios de Hong Kong y Kowloon. Además se garantizó a los súbditos de los Estados firmantes de los tratados la extraterritorialidad, de modo que casi todos los extranjeros en China quedaban bajo la única jurisdicción de sus consulados y sólo estaban sujetos a las leyes de sus países de origen. Todos los tratados presentaban una cláusula de nación más favorecida, bajo la cual cualquier privilegio que extendía China a una nación era automáticamente extendida a todos los demás Estados signatarios de los tratados. Con el tiempo se fraguó el control extranjero sobre toda la economía china. Los tratados marcaron los aranceles sobre los bienes importados por China en un máximo de un 5% de su valor; esta disposición hizo que China fuera incapaz de recaudar suficientes impuestos sobre las importaciones, lo que impidió proteger a las industrias nacionales y promover la modernización económica.

La rebelión Taiping

Durante la década de 1850 se agitaron los cimientos del imperio por la rebelión Taiping, una revolución popular de origen religioso, social y económico. Su dirigente, Hong Xiuquan se llegó a considerar a sí mismo hermano pequeño de Jesucristo, al que por mandato divino se le había ordenado deshacerse del mandato manchú de China y establecer una dinastía cristiana. La rebelión surgió en la provincia de Guangxi en 1851; hacia 1853 los Taiping se habían desplazado hacia el norte y establecido su capital en Nanjing. Aunque no fueron capaces de ocupar Pekín, hacia 1860 estaban firmemente atrincherados en el valle del Yangzi Jiang y amenazaban Shanghai.

La dinastía manchú, enfrentada a la realidad de tener que mantener relaciones con los más poderosos Estados occidentales y destrozada por una rebelión interna de proporciones sin precedentes, pretendió reformar su política para garantizar la supervivencia del imperio. Desde 1860 a 1895 se hicieron intentos para restaurar el gobierno siguiendo principios confucianos con el fin de solucionar los problemas internos, sociales y económicos, y permitir la introducción de tecnología occidental que reforzara el poder del Estado. Los manchúes eran incapaces de proporcionar las directrices para tales programas, por lo que los reformistas se dirigieron hacia los oficiales chinos de las provincias. Gracias al poder imperial que les había concedido una mayor autoridad financiera, administrativa y militar, algunos de estos oficiales chinos habían tenido importantes éxitos al llevar a cabo sus programas. Durante las décadas de 1860 y 1870, en gran medida a través de los esfuerzos de los gobernadores Tseng Kuo-Fan y Li Hongzhang, se sofocó la rebelión Taiping, se restauró la paz interna, se establecieron arsenales y astilleros, y se abrieron varias minas. Sin embargo, los objetivos de mantener un gobierno confuciano y desarrollar un poder militar moderno eran básicamente incompatibles. La dirección de este programa de modernizaciones fue desempeñada por los burócratas neoconfucianos, graduados siguiendo el sistema de exámenes para funcionarios públicos. Sin embargo, estos hombres estaban pobremente equipados o estaban encargados de llevar a cabo programas parciales de modernización cuyo objetivo era aumentar el poder estatal; en consecuencia, los esfuerzos de China por fortalecerse desde 1860 a 1895 fueron inútiles.

Esferas de influencia extranjeras

En principio, los Estados occidentales tendían a consolidar sus beneficios bajo la firma de tratados desiguales más que a buscar privilegios adicionales. Sin embargo, en 1875 Occidente y Japón comenzaron a desmantelar el sistema chino de estados tributarios, mantenidos en el sureste de Asia. Desde 1875 las islas Ryukyu cayeron bajo el control japonés. La Guerra Chino-francesa de 1884 y 1885 puso Tonkín bajo el imperio colonial francés y al año siguiente Gran Bretaña ocupó Birmania. En 1860 Rusia obtuvo las provincias marítimas del norte de Manchuria y los territorios al norte del río Amur. En 1894 los esfuerzos japoneses por anexionarse Corea originaron la Guerra Chino-japonesa. China sufrió una derrota decisiva en 1895 y se vio forzada a reconocer la pérdida de Corea, pagar una enorme indemnización de guerra y ceder a Japón la isla de Taiwan y la península de Liaodong, en el sur de Manchuria.

Rusia, Francia y Alemania reaccionaron de inmediato ante la cesión de la península de Liaodong, pues suponía otorgar a Japón una posición prioritaria en la región más rica de China. Estos tres Estados intervinieron demandando que Japón devolviera Liaodong a cambio de una mayor indemnización económica. Una vez que consiguieron esto, las tres potencias europeas le presentaron a China nuevas demandas. Hacia 1898, sin poder negarse a las demandas extranjeras, China había sido dividida en esferas de influencia económica. Se le concedió a Rusia el derecho a construir el ferrocarril Transiberiano, la posesión del ferrocarril chino oriental, que a través de Manchuria llegaba hasta Vladivostok, y el ferrocarril del sur de Manchuria atravesando el extremo meridional de la península de Liaodong, así como derechos económicos adicionales exclusivos en toda Manchuria. Otros derechos de exclusividad para el desarrollo de ferrocarriles y la explotación de minas se concedieron a Alemania en la provincia de Shandong, a Francia en las provincias meridionales, a Gran Bretaña en las provincias ribereñas del Yangzi Jiang y a Japón en las provincias costeras del sureste. Como resultado de la Guerra Ruso-japonesa (1904-1905), la mayor parte del ferrocarril del sur de Manchuria y los derechos rusos de esta zona fueron transferidos a Japón. Estados Unidos, en un intento de mantener sus derechos en China sin competir por el territorio, inició la política de puertas abiertas en 1899 y 1900. Esa política, consentida por las restantes potencias, estipulaba que sus nuevos privilegios en China no cambiaban en ninguna manera la posición igualitaria de todos los Estados acogidos a las cláusulas de nación más favorecida. Estados Unidos acometió la garantía de la integridad territorial y administrativa de China, aunque permaneció hasta 1941 sin respaldarla por la fuerza.

Movimientos de reforma y la rebelión de los Bóxer

Hacia 1898 un grupo de reformadores ilustrados adquirieron gran influencia sobre el joven y abierto emperador Guangxu. En el verano de ese año, incitados por la urgencia de la situación creada por el aumento de las nuevas esferas de influencia extranjera, aplicaron un profundo programa de reformas diseñado para convertir a China en una monarquía constitucional y modernizar su economía y sistema educativo. Este programa enfrentó a la oposición de la camarilla de oficiales manchúes elegidos por la emperatriz Cixi, que se había retirado poco tiempo antes. Cixi y los oficiales manchúes secuestraron al emperador y con la ayuda de jefes militares leales sofocaron el movimiento reformista. Se extendió por todo el país una reacción violenta, que alcanzó su punto álgido en 1900 con un levantamiento xenófobo de la sociedad secreta de los Bóxer, un grupo que gozaba del apoyo de la emperatriz viuda y de numerosos oficiales manchúes, cuyo principal objetivo era expulsar a todos los extranjeros de China. Después de que una fuerza expedicionaria occidental hubiera aplastado la rebelión Bóxer en Pekín, el gobierno manchú se dio cuenta de la inutilidad de su política. En 1902 adoptó su propio programa de reformas e hizo planes para establecer un gobierno constitucional limitado, según el modelo japonés. En 1905 se abandonó el antiguo sistema de exámenes para los funcionarios.

Era tarde para los manchúes. Poco después de la Guerra Chino-japonesa, Sun Yat-sen, formado según el modelo occidental, había iniciado un movimiento revolucionario dedicado a establecer un gobierno republicano. Durante la primera década del siglo XX, los revolucionarios atrajeron a estudiantes, comerciantes chinos con el extranjero y grupos nacionales poco satisfechos con el gobierno manchú. A mediados de 1911 tuvieron lugar levantamientos como protesta contra el programa de nacionalización del ferrocarril Qing y en octubre de ese año estalló la rebelión en Hankou, en China central, extendiéndose la rebelión a otras provincias, mientras Sun tomaba el control de la revuelta. Los ejércitos manchúes, reorganizados por el general Yuan Shikai, eran claramente superiores a las fuerzas rebeldes, pero Yuan sólo aplicó una presión militar limitada y negoció con los dirigentes rebeldes ser designado presidente de un nuevo gobierno republicano. El 12 de febrero de 1912 Sun Yat-sen cedió su puesto de presidente provisional en favor de Yuan y sumisamente los manchúes se retiraron del poder. El 14 de febrero de 1912 una asamblea revolucionaria reunida en Nanjing eligió a Yuan primer presidente de la República de China.

La República de China

La República de China mantuvo una frágil existencia desde 1912 hasta 1949. Aunque se adoptó una Constitución y se estableció un Parlamento en 1912, Yuan Shikai nunca permitió que estas instituciones limitaran su control personal del gobierno. Cuando el recién fundado Partido Nacionalista, o Kuomitang, encabezado por Sun Yat-sen, intentó reducir el poder de Yuan, primero mediante tácticas parlamentarias y luego con la fracasada revolución de 1913, Yuan respondió con la disolución del Parlamento, la ilegalidad del Kuomitang y el gobierno a través de sus conexiones personales con los dirigentes militares provinciales. Sun Yat-sen se refugió en Japón. Yuan, sin embargo, se vio forzado por la oposición popular a abandonar sus planes de restaurar el imperio y convertirse en emperador. Murió en 1916, y el poder político fue ejercido por los jefes militares provinciales. El gobierno central mantuvo hasta 1927 una existencia precaria y casi ficticia.

Durante la I Guerra Mundial (1914-1918), Japón buscó obtener una posición de supremacía incuestionable en China. En 1915 presentó a China las denominadas “Veintiuna Demandas”, cuyos términos habrían reducido China a un virtual protectorado japonés. China, flexible ante una versión modificada de las demandas, accedió, entre otras concesiones, a transferir las posesiones alemanas en Shandong a Japón. La tardía entrada de China en la guerra en 1917 estaba destinada a conseguir participar en el futuro tratado de paz para revisar las ambiciosas peticiones japonesas. China esperaba que Estados Unidos, de acuerdo con su política de puertas abiertas, le ofreciera su apoyo. Sin embargo, en Versalles, el presidente estadounidense Woodrow Wilson retiró el apoyo de su país a China en el tema de Shandong, cuando Japón retiró sus demandas de una cláusula de igualdad racial en el Pacto de la Sociedad de Naciones, una disposición a la que se oponían duramente en Estados Unidos a causa de la posibilidad de que hubiera una afluencia ilimitada de mano de obra desde oriente. La delegación china, indignada, se negó a firmar el Tratado de Versalles. Sin embargo, China obtuvo posteriormente su admisión en la Sociedad de Naciones a partir de la firma de un tratado de paz por separado con Austria.

Los jóvenes e intelectuales chinos, que en la década precedente habían vuelto sus ojos cada vez más hacia Occidente, en busca de modelos e ideales para la reforma de China, se sintieron traicionados por Wilson en Versalles. Cuando estas noticias llegaron, se inició en la Universidad de Pekín una manifestación masiva de protesta en contra de los japoneses, el llamado `Movimiento del Cuatro de Mayo', que se extendió por todo el país en 1919.

El Kuomitang (Guomindang) y el ascenso del Partido Comunista

Tras ser sofocado, siguió un periodo de examen y reajuste, desde el cual surgieron dos objetivos claros: deshacerse del imperialismo que se cernía sobre China y restablecer la unidad nacional. Los chinos estaban desilusionados por el cínico interés de los poderes imperialistas occidentales y se fueron acercando progresivamente al pensamiento marxista-leninista y a la Unión Soviética. El Partido Comunista chino se fundó en Shanghai en 1921, contando entre sus primeros miembros con Mao Tse Tung (Mao Zedong). En 1923 Sun Yat-sen aceptó el consejo soviético para reorganizar un Kuomitang en proceso de desintegración, y fortalecer sus débiles fuerzas militares. Al mismo tiempo aceptó el ingreso de comunistas en el. Kuomitang Los principios ideológicos de Sun (nacionalismo, democracia y socialismo) estaban íntimamente relacionados con un espíritu antiimperialista y la defensa de la unificación nacional. A pesar de la muerte de Sun en 1925, el rejuvenecido Kuomitang, bajo el mandato del joven general Chiang Kai-shek (Jiang Jieshi), lanzó una expedición militar en 1926 desde su base de Cantón. Chiang buscaba reunificar China bajo el mandato del Kuomitang y liberar al país del imperialismo y de la fuerza de los jefes militares provinciales (los llamados señores de la guerra). No obstante, antes de que el Kuomitang completara la reunificación territorial de China ya en 1928, Chiang llevó a cabo una cruenta purga de los miembros comunistas del partido, y desde entonces confió en el apoyo de las clases propietarias y de las potencias extranjeras.

Los problemas de Chiang

El nuevo gobierno nacional que el Kuomitang estableció en Nanjing en 1928 se encontró con tres problemas de gran magnitud. Primero, Chiang en realidad sólo tenía bajo su control cinco provincias, pues el resto del país aún estaba gobernado por jefes militares locales. Segundo, hacia comienzos de la década de 1930 se encontró con una rebelión interna comunista. Los comunistas chinos, después la purga del Kuomitang en 1927 se dividieron en dos facciones y pasaron a la clandestinidad. Uno de los dos grupos intentó fomentar los levantamientos urbanos; el otro, dirigido por Mao Tse Tung, tomó la zona rural de la China central, donde movilizó a los campesinos, formó un ejército con ellos y estableció algunas comunas siguiendo el modelo soviético. La primera facción se unió finalmente a Mao en la China central. El tercer problema del nuevo gobierno Chiang fue la agresión japonesa en Manchuria y el norte de China.

Durante la década de 1920 Japón había moderado su política respecto a China. En la Conferencia Naval de Washington de 1922, había aceptado devolver las antiguas posesiones alemanas en Shandong. Desde 1928, sin embargo, el nacionalismo militante del Kuomitang chocó con los intereses imperialistas japoneses interesados en el control del ferrocarril del sur de Manchuria. El 18 de septiembre de 1931, los japoneses se valieron de un presunto bombardeo nacionalista del ferrocarril para extender su control militar sobre toda Manchuria. La primavera siguiente los japoneses transformaron las tres provincias de Manchuria en el nuevo Estado de Manchukuo y posteriormente convirtieron a Puyi, el último gobernante de la dinastía manchú, en su emperador. A comienzos de 1933 la zona oriental de Mongolia Interior fue incorporada al Manchukuo. Hacia mediados de 1933, Japón había conseguido de China un acuerdo para la desmilitarización del noreste de Hebei.

El incidente Sian

Mientras se ocupaba de estos tres problemas durante la década de 1930, Chiang Kai-shek negoció con los jefes militares locales y contemporizó con los japoneses, dando prioridad a la supresión de la rebelión comunista. A finales de 1934, consiguió desalojar al Ejército Rojo de su base de China central, pero los comunistas se desplazaron hacia el oeste y después al norte en la denominada Larga Marcha, que terminó en Yan'an, en la provincia de Shaanxi; hacia 1936 habían establecido una nueva base en el noroeste. Mientras se intensificaba la agresión de los japoneses, aumentó la presión popular para que los chinos pusieran fin a las luchas internas y se unieran contra Japón. Sin embargo, Chiang resistió hasta finales de 1936, en que fue secuestrado por uno de sus propios generales. Durante su periodo de cautiverio en Chiang fue visitado por el propio dirigente comunista, con quien acordó la adopción de una política común contra Japón. Cuando fue liberado moderó su postura anticomunista y en 1937 se formó un frente unido del Kuomitang y los comunistas contra los japoneses.

La II Guerra Mundial

En 1937 Japón y China comenzaron una guerra a gran escala como resultado de una escaramuza en el puente de Marco Polo, cerca de Pekín. Hacia 1938 Japón controlaba la mayor parte del noreste de China, interior del valle del Yang-tsê hasta Hankou, y la zona alrededor de Cantón en la costa sureste. El Kuomitang cambió su capital y desplazó la mayor parte de su fuerza militar al interior a Chongqing en la provincia suroccidental de Sichuan.

Durante la II Guerra Mundial (1939-1945), el gobierno del Kuomitang en Chonqing sufrió un importante debilitamiento militar y financiero mientras los comunistas, con su cuartel general en Yan'an, expandían de manera significativa sus bases territoriales y sus fuerzas militares gracias al aumento de la militancia en el partido. Después de haber sufrido importantes pérdidas humanas y materiales durante la batalla por la China oriental en 1937 y 1938, los mandos del ejército del Kuomitang se reabastecieron con reclutas mal entrenados; además, el reequipamiento de estos ejércitos hubo de posponerse hasta 1945, año en que llegaron al gobierno nacionalista los primeros envíos a gran escala de material militar estadounidense. No sólo estaban muy debilitadas las fuerzas militares del gobierno del Kuomitang después de 1938 sino que también la jefatura estaba desgarrada por las múltiples disidencias en su seno. Estos problemas se complicaron con unas condiciones de inflación creciente que comenzó en 1939, cuando el gobierno se desligó de su mayor fuente de ingresos en la China oriental ocupada por los japoneses. A pesar de la importante ayuda financiera estadounidense, la tendencia inflacionista empeoró con el posterior crecimiento de la corrupción oficial, pérdida de la moral entre las tropas y entre la población civil.

Por otro lado, los comunistas se habían dispersado desde Yan'an, ocupando una gran parte del norte de China y se habían infiltrado en muchas de las regiones rurales por la retaguardia de las líneas japonesas. Allí organizaron hábilmente a los campesinos para que ingresaran en las filas del Partido Comunista y del Ejército Rojo. La unidad y la disciplina organizativa se mantuvieron a través de una fuerte campaña de propaganda ideológica. Las fuerzas soviéticas, que ocuparon Manchuria tras la declaración de guerra a Japón el 8 de agosto de 1945, entregaron a los comunistas gran cantidad de armas capturadas a los japoneses. Como resultado de ello, los comunistas salieron de la II Guerra Mundial con una fuerza más fuerte, disciplinada y equipada que antes.

La lucha por la supremacía entre el Kuomitang y el Partido Comunista

En 1945, poco después de que Japón capitulara, estalló la lucha entre los comunistas y las tropas del Kuomitang por el control de Manchuria. Se alcanzó una tregua temporal en 1946 a través de la mediación del general estadounidense George C. Marshall. Aunque de inmediato se reanudó la lucha, Marshall continuó sus esfuerzos para unir a las dos partes. En agosto de 1946, Estados Unidos intentó reforzar el papel de Marshall como mediador imparcial al suspender su ayuda militar al gobierno nacionalista. No obstante, las hostilidades continuaron y en enero de 1947, convencidos de la inutilidad de proseguir la mediación, Marshall abandonó China. Muy pronto el conflicto estalló en una guerra civil a gran escala y desaparecieron todas las esperanzas de un acercamiento político. En mayo de 1947, se reanudó la ayuda estadounidense a los nacionalistas. Sin embargo, las fuerzas gubernamentales estaban agotadas tras dos décadas de un estado de guerra casi continuo, el mando estaba dividido por la desunión interna y la economía estaba paralizada por una espiral inflacionista; además, los campesinos recelaban de una prometida reforma agraria que no llegaba nunca, mientras que los liberales en el gobierno eran sometidos por los sectores más conservadores. En 1947 la iniciativa militar pasó a los comunistas cuyo Ejército de Liberación Popular (nombre oficial) dirigido por Lin Biao derrotó a los nacionalistas en Manchuria y en el verano de 1949, la resistencia nacionalista se derrumbó. El gobierno, con las fuerzas que pudo recuperar, buscó refugio en la isla de Taiwan.

En septiembre de 1949 los comunistas reunieron la Conferencia Consultiva Popular Política China, un cuerpo constituyente de 662 miembros, que adoptó un grupo de principios y directrices políticas y una ley orgánica para gobernar el país. La conferencia eligió al Consejo de Gobierno Central Popular, que iba a servir de órgano supremo político. Mao Tse Tung, nombrado presidente de este organismo, era de hecho el jefe del Estado. De acuerdo con los poderes que había delegado en él la conferencia, el Consejo de Gobierno Central Popular instituyó los diferentes órganos de gobierno central y local. En el plano nacional, el Consejo Administrativo de Gobierno, encabezado por Zhou Enlai, llevó a cabo funciones de gobierno tanto legislativas como ejecutivas. Subordinados al Consejo se encontraban más de 30 comisiones y ministerios encargados de tratar diferentes aspectos de los asuntos estatales. La República Popular China fue oficialmente proclamada el 1 de octubre de 1949.

La República Popular

En 1953 después de que el control comunista se hubiera establecido con firmeza en la mayoría de las poblaciones, el Consejo de Gobierno Central Popular inició la elección de los congresos populares locales, que a su vez, eligieron los congresos del ámbito administrativo inmediatamente superior. En 1954 se completó la red de congresos electos, con la elección del Congreso Nacional Popular, que aprobó el borrador de la Constitución que se envió al Comité Central del Partido Comunista Chino.

La Constitución de 1954, que reemplazó a la Ley Orgánica de 1949 como la ley fundamental del país, confirmó la hegemonía del Partido Comunista Chino e introdujo cambios destinados a centralizar el control del gobierno.

La transformación de la sociedad

La política básica del régimen comunista fue transformar China en una sociedad socialista. Para alcanzar este fin se utilizaron ampliamente la educación en los principios del marxismo-leninismo y la propaganda política, en especial hacia los jóvenes. Se aseguró a las mujeres una posición de igualdad mediante las nuevas leyes de matrimonio, que pusieron fin a la práctica del concubinato, la poligamia, la venta de niños y la interferencia en los nuevos matrimonios de las viudas, y aseguraban derechos iguales respecto al empleo, propiedad de los bienes y divorcio. Se controló estrictamente la religión; se obligó a los misioneros extranjeros a salir del país y se colocó a clérigos chinos dispuestos a cooperar con los comunistas, al mando de las iglesias cristianas. Los intelectuales se vieron sujetos al control gubernativo dirigido a la erradicación de las ideas anticomunistas.

En los primeros años de la República Popular, el gobierno también recurrió al terror en sus esfuerzos por eliminar a toda la oposición y a los enemigos potenciales; en 1951, las autoridades de Pekín afirmaron que entre octubre de 1949 y octubre de 1950, se ejecutó a más de un millón de los denominados elementos contrarrevolucionarios. Algunas autoridades extranjeras estimaron que esos datos podrían haberse incrementado a finales de 1951 a dos millones.

Política económica

La primera acción de los comunistas fue reconstruir la economía, que se había visto afectada por las consecuencias de las décadas de guerra continua. Inmediatamente instituyeron medidas severas para controlar la inflación, restaurar las comunicaciones y restablecer el orden interno necesario para el desarrollo económico. Su política económica potenció la colectivización agrícola para poder promocionar el ahorro necesario para el establecimiento de la industria pesada. La industria privada pasó gradualmente a estar bajo propiedad mixta estatal y privada. El control del Estado fue ejercido mediante una serie de programas que implicaban la incautación de los considerados sectores económicos básicos y la paulatina desaparición de algunos propietarios mediante pagos compensatorios fijos. La reforma agraria se inició en 1950 y fue seguida de la creación de equipos de ayuda mutua, cooperativas y granjas colectivas. El primer plan quinquenal, que se inició en 1953 y se llevó a cabo con ayuda soviética, potenció la industria pesada a costa de los bienes de consumo. La ayuda económica y el consejo técnico soviético contribuyeron en gran manera al éxito inmediato del programa.

Política exterior

La política exterior china reflejaba la unidad existente en el movimiento comunista internacional en la década de 1950. China y la Unión Soviética firmaron un tratado de amistad y alianza en 1950 y varios acuerdos complementarios, que concluyeron en 1952 y 1954, por los que la Unión Soviética hizo grandes concesiones a China, como la desaparición de la presencia soviética en Manchuria. China también pretendió estrechar relaciones con sus vecinos comunistas. Durante la guerra de Corea las tropas chinas ayudaron al régimen comunista de Corea del Norte contra las fuerzas de Naciones Unidas, enfrentándose directamente a las tropas de Estados Unidos. Cuando este conflicto finalizó en 1953, los chinos aceleraron el flujo de la ayuda militar a los insurgentes comunistas que luchaban contra los franceses en Indochina. Zhou Enlai desempeñó un importante papel en las negociaciones de los Acuerdos de Ginebra de 1954, que terminaron momentáneamente con las hostilidades en esta región.

Con su llegada al poder, el régimen comunista también intentó recuperar los territorios que consideraba dentro de las fronteras históricas de China. En 1950, las tropas chinas invadieron Tíbet y obligaron al país a aceptar el mandato chino. En agosto de 1954, Zhou Enlai declaró oficialmente que la liberación de Taiwan era uno de sus principales objetivos, mientras que desde el campo nacionalista se insistía también en volver a unificar el país. Los comunistas comenzaron a bombardear a principios de septiembre la isla de Quemoy, que se encontraba en manos de los nacionalistas, y posteriormente atacaron otras islas más allá de la costa de la China continental, entre las que se contaban Matsu y las Tachens. Los nacionalistas respondieron con ataques aéreos y navales contra el continente. Cuando en 1955 los comunistas intensificaron su ofensiva contra las islas, los nacionalistas, con la ayuda de la VII Flota de Estados Unidos, evacuaron las Tachens. Desde 1958 se ha mantenido de manera general por ambas partes un alto el fuego en los estrechos, aunque el régimen comunista nunca ha renunciado a utilizar la fuerza para conquistar Taiwan.

El Gran Salto adelante

La prudencia y planificación que supuso el primer plan quinquenal fueron abandonadas en gran medida en el segundo, que comenzó en 1958. Se impusieron controles más rígidos sobre la economía para incrementar la producción agrícola, restringir el consumo y acelerar la industrialización; se trataba en definitiva de realizar un “gran salto adelante”, como lo llamó la propaganda oficial. Sin embargo, a causa de una mala dirección e inadecuada planificación, el programa fracasó: la economía se desorganizó y la producción industrial descendió entre 1959 y 1962 hasta un 50 por ciento.

Creciente aislamiento

La situación empeoró en 1960 con la retirada de la ayuda económica y el consejo técnico de los soviéticos. Mientras la Unión Soviética avanzaba hacia una coexistencia pacífica con Occidente, surgieron diferencias ideológicas entre las dos potencias comunistas hegemónicas. Su alianza se fue deteriorando con rapidez a comienzos de la década de 1960 y en 1962 China condenó abiertamente a la URSS por retirar sus misiles de Cuba ante las presiones de Estados Unidos, manteniendo que la revolución era el único medio para poder lograr el objetivo máximo del comunismo: poner fin al capitalismo. En particular, los chinos acusaron al dirigente soviético Nikita S. Jruschov de revisionismo moderno y de traicionar la ideología marxista-leninista. Como resultado de ello, la URSS cortó totalmente su financiación al desarrollo económico de China. Los chinos comenzaron a competir abiertamente con la Unión Soviética por la jefatura del bloque comunista y por la influencia entre los nuevos Estados surgidos de la descolonización; con este fin Zhou Enlai viajó a Asia y África en 1963 para obtener el apoyo a China.

Sin embargo, el irredentismo chino y las tácticas subversivas impidieron los esfuerzos diplomáticos para obtener este fin. En 1959, tropas chinas penetraron y ocuparon unos 31.000 km2 de territorio que reclamaba la India. Las negociaciones entre los dos países no fueron concluyentes y de nuevo en 1962 se iniciaron fuertes enfrentamientos, cuando las tropas chinas avanzaron a lo largo de las fronteras reclamadas por la India. Aunque posteriormente los chinos retiraron sus tropas a las posiciones de 1959, la agresión hizo disminuir el prestigio de China entre los Estados neutrales de Asia y África. En el Sureste Asiático, China prestó su apoyo moral así como ayuda técnica y material a los movimientos comunistas de Laos y Vietnam. Además, en Indonesia, los numerosos oficiales chinos colaboraron activamente en el fomento de la fracasada revolución comunista que provocó su expulsión en 1965, después del triunfo del golpe de Estado militar que colocó en el poder al general Suharto, y en la que sufrieron enormes pérdidas de vidas y propiedades. Birmania y Camboya, aunque mantenían relaciones de amistad con China, se encontraban más vinculadas con la Unión Soviética. Tan sólo Albania se mantuvo como un aliado incondicional de China.

La Revolución Cultural

Mientras los comunistas luchaban por construir la sociedad china, aparecieron diferencias entre Mao, que favorecía una ideología comunista pura y los intelectuales, profesionales y burócratas, que querían un acercamiento más racional y moderado que animara la eficacia y productividad del país. En mayo de 1956, los dirigentes del partido preocupados por las críticas de los moderados, más pragmáticos, lanzaron una campaña animando a los chinos a “dejar florecer cien flores, dejar luchar a cien escuelas de pensamiento.” Los intelectuales fueron instados a exponer sus quejas al sistema para que los problemas pudieran ser identificados y solucionados. A comienzos de 1957 Mao amplió la campaña de las “cien flores”, invitando a la libre crítica de la política gubernamental. Se asumió, por supuesto, que tales críticas se encontrarían dentro del marco del comunismo. Sin embargo en junio de 1957 se volvieron a imponer estrictos controles sobre la libertad de expresión, que pusieron fin a la denominada “primavera de Pekín”.

Ampliación de la división

La escisión entre Mao y los moderados se amplió. En 1959 abandonó la presidencia de la República y le sucedió el moderado Liu Shaoqi; sin embargo, retuvo parte de su poder. La influencia de Mao se vio disminuida posteriormente por el fracaso económico que supuso el Gran salto adelante. La escisión se convirtió en un conflicto público en 1966, cuando Mao y sus seguidores lanzaron la Revolución Cultural proletaria para erradicar lo que perdurara de las ideas y costumbres burguesas y para recuperar el celo revolucionario del primitivo comunismo chino. Mao también quería debilitar la burocracia del partido, ahora atrincherada en los privilegios y modernizar el sistema educativo para beneficiar a los trabajadores rurales y manuales.

Estudiantes autoproclamados guardias rojos, a los que se unieron grupos de trabajadores, campesinos y soldados desmovilizados, tomaron las calles para manifestarse a favor de Mao, a veces violentamente, convirtiendo a los intelectuales, funcionarios estatales y del partido y trabajadores urbanos en sus principales objetivos. Se desmontó la estructura central del partido ya que se destituyó a los numerosos altos dignatarios, entre los que se encontraba el jefe de Estado, Liu, y se los expulsó del partido. Se cerraron las escuelas y la economía quedó paralizada.

Tensión internacional

Durante 1967 y 1968 los enfrentamientos entre maoístas y antimaoístas, así como entre diferentes facciones de la Guardia Roja, costaron miles de vidas. En algunas zonas la rebelión condujo a la anarquía. Al final, se tuvo que recurrir al ejército, dirigido por el ayudante de Mao, Lin Biao, para restaurar el orden.

La Revolución Cultural tuvo un efecto adverso sobre las relaciones exteriores. La actitud de la Guardia Roja inspiró comportamientos similares en Hong Kong que dieron lugar a un caos económico y social. La propaganda a favor de la Guardia Roja y la agitación de los chinos residentes en el extranjero dificultaron las relaciones con muchos Estados, especialmente con la URSS, y la prueba positiva de una bomba de hidrógeno china en 1967 no hizo sino agravar la preocupación soviética. La tensión entre las dos potencias fue aumentando mientras los chinos acusaban a los dirigentes soviéticos de imperialismo después de que en 1968 la URSS invadiera Checoslovaquia. En 1969 los crecientes ataques chinos sobre la policía soviética en el río Ussuri en Manchuria, crearon una situación explosiva.

Los últimos años de Mao

Mao emergió victorioso de la Revolución Cultural y su presencia en la vida diaria china fue absoluta. El IX Congreso del Partido Comunista Chino celebrado en abril de 1969 intentó restablecer su organización central. Mao fue reelegido presidente señalándose que su pensamiento inspiraría al partido y a toda la nación; el ministro de defensa Lin Biao, fue nombrado su sucesor eventual, una elección personal de Mao. Sin embargo, las figuras más destacadas no fueron los maoístas sino los moderados: altos oficiales militares seguidores de Lin Biao y personalidades caracterizadas por su pragmatismo como el primer ministro, Zhou Enlai.

En 1971 la desaparición de Lin Biao (que oficialmente falleció en un accidente de aviación) y a quien se acusó posteriormente de planear el asesinato de Mao, supuso la hegemonía en el partido de Zhou. El X Congreso del Partido, que tuvo lugar en agosto de 1973, eliminó la supuesta herencia de Lin como sucesor de Mao y se reafirmaron las posiciones de Mao y Zhou. El compromiso de Mao para la movilización de las masas y su arraigada desconfianza en la burocracia fueron expresadas en 1973 y 1974 en una nueva campaña de reforma ideológica que atacaba tanto al confucionismo como a Lin Biao. El pensamiento radical de Mao se reflejó en una nueva Constitución que, muy simplificada, fue adoptada por el IV Congreso Nacional Popular en enero de 1975; pero el moderado Deng Xiaoping, una víctima rehabilitada de la Revolución Cultural, fue nombrado primer viceprimerministro y vicepresidente del Partido.

Durante este periodo las relaciones exteriores de China mejoraron en gran manera, en especial con Estados Unidos, que en 1971 retiró su veto a la incorporación de la República Popular China en las Naciones Unidas, tras lo cual fue admitida en sustitución de la República de China (Taiwan). En 1972 el presidente estadounidense Richard M. Nixon realizó una visita oficial a China, durante la cual se planteó la necesidad de establecer contactos diplomáticos entre ambos países como paso previo para una eventual retirada de las tropas de Estados Unidos de Taiwan. Con este fin, se crearon oficinas de enlace en Pekín y Washington en 1973; anteriormente, en 1972 se establecieron relaciones diplomáticas con Japón.

Los sucesores de Mao

Tanto el primer ministro Zhou como el presidente Mao murieron en 1976, dejando un vacío de poder. La muerte de Zhou precipitó la lucha por el mismo entre los dirigentes radicales y los moderados. Los radicales obtuvieron su primera victoria al impedir que Deng Xioaoping fuera elegido primer ministro y al lograr que fuera expulsado de sus cargos en el gobierno y en el partido. Como solución de compromiso, Hua Guofeng, un administrador sin lazos cercanos con ninguna de las facciones enfrentadas, se convirtió en primer ministro. Bajo su gobierno se impusieron las políticas moderadas. Para consolidar su posición hizo arrestar y acusó de varios crímenes a la Banda de los Cuatro —nombre dado por los moderados a la viuda de Mao Jiang Qing y otros tres dirigentes radicales—. En ese tiempo fue nombrado sucesor de Mao como presidente del Partido Comunista Chino.

Hua se centró en desarrollar una política de estabilización, en ayudas para superar los efectos de los terremotos que habían devastado Tangshan y otras regiones del norte en julio de 1976 y en favorecer el desarrollo económico. Para llevar a cabo su programa nombró a dirigentes moderados para ocupar altos cargos. En 1977 se reinstauró a Deng como primer sustituto del primer ministro y también en los otros cargos de los que había sido expulsado, mientras seguidores de la Banda de los Cuatro fueron depurados. El XXI Congreso del Partido Comunista Chino, celebrado en agosto de 1977, estuvo dominado por el presidente Huan, el vicepresidente Deng y Ye Jianying. Nuevamente la dirección fue ocupada por los militares y oficiales veteranos del partido.

El énfasis puesto en la moderación política y en la modernización económica del gobierno se reflejó en el V Congreso Nacional Popular, que se reunió en febrero y marzo de 1978. Hua fue reelegido como primer ministro, con Deng como sustituto del primer ministro. Ye fue nombrado presidente del Comité Permanente del Congreso Nacional, un cargo que, según la nueva Constitución, equivalía a la jefatura del Estado.

Relaciones internacionales

Mientras se realizaban estos reajustes internos, las relaciones con Vietnam empezaron a ser tensas. Para disgusto de China, la influencia soviética en Vietnam iba en aumento y la minoría china se veía obligada a cerrar sus negocios privados en el sur recién conquistado. El resultado fue un éxodo de chinos que se establecieron en el sur de China, colapsando la situación interna de esas regiones; hacia julio de 1978 China cerró sus fronteras. Cuando más adelante Vietnam invadió Camboya y en enero 1979 derrocó al gobierno de ese país, que estaba respaldado por los chinos, China tomó represalias y un mes después envió tropas a Vietnam.

Por miedo a quedar rodeados por los soviéticos y los vietnamitas, China aumentó sus contactos exteriores. En enero de 1979 se establecieron relaciones diplomáticas con Estados Unidos y en julio se realizó un acuerdo comercial. También se estrecharon los lazos con Japón y Europa occidental.

La peculiar `vía china al capitalismo'

Deng Xiaoping fue la figura dominante en China a lo largo de la década de 1980 y los primeros años de la de 1990, manteniendo su influencia de forma oculta incluso cuando cedía sus títulos públicos. Favoreció una política que permitía el desarrollo comercial e industrial, atrayendo inversiones extranjeras. Deng y la envejecida cúpula dirigente de China tenían una posición mucho menos dogmática sobre la política económica que sobre los temas políticos.

En 1980, Hua Guofeng renunció a ser primer ministro y le sucedió Zhao Ziyang, un seguidor de Deng. A comienzos de 1981, fueron declarados culpables los miembros de la Banda de los Cuatro e ingresaron en prisión. En junio, otro de los aliados de Deng, Hu Yaobang, sustituyó a Hua como dirigente del partido. En 1982 se adoptaron una nueva Constitución y una nueva reorganización del Partido Comunista Chino. La primera restableció el cargo, en gran manera representativo, de presidente de la República (anteriormente presidente de Estado), que en 1968 había sido abolido por Mao.

La política desarrollada por Deng generó un rápido desarrollo económico, pero también desencadenó una crisis social considerable (las grandes urbes crecieron a un ritmo mayor que el resto del país, lo que originó graves desequilibrios entre el campo y la ciudad, así como dentro de las ciudades) y aspiraciones políticas entre los grupos sociales más beneficiados por la apertura de consecuencias imprevisibles, pues enseguida se puso de manifiesto que los máximos dirigentes del país no tenían la menor intención de comprometer el poder absoluto del Partido Comunista.

En enero de 1987, Zhao Ziyang fue nombrado secretario general del Partido Comunista y Hu Yaobang fue obligado a dimitir, en tanto que Li Peng fue nombrado primer ministro. Los cambios en la jefatura llegaron tras una ola de manifestaciones estudiantiles que reclamaban una mayor democratización y libertad de expresión. La muerte de Hu en abril de 1989 inició una nueva ola de manifestaciones a favor de la democracia, que aumentaron en mayo cuando el dirigente soviético Mijail Gorbachov visitó Pekín para poner fin a las desavenencias entre la URSS y China, que ya duraban treinta años. Los manifestantes ocuparon la plaza de Tiananmen en Pekín hasta la mañana del 4 de junio, en que las tropas armadas tomaron al asalto el centro de la ciudad, matando al menos a cuatrocientos civiles. Gran parte de la comunidad internacional criticó la forma violenta en que se resolvió el conflicto y la posterior vulneración de los derechos humanos que tuvo lugar contra aquéllos que participaron en la protesta. En el posterior periodo de represión política, Zhao Ziyang fue despojado de sus cargos en el partido y Jiang Zemin se convirtió en secretario general. La VIII reunión de la Asamblea Nacional Popular eligió en marzo de 1993 a Jiang como presidente de China y reeligió a Li Peng como jefe de gobierno.

Jiang Zemin tuvo que enfrentarse, como máximo dirigente del país, a graves problemas: pérdida de influencia del Partido Comunista, incremento de la inflación y del déficit comercial, aumento de las diferencias económicas entre las distintas regiones (lo que lleva aparejado diferencias sociales), corrupción generalizada entre los empleados públicos y empeoramiento de las relaciones con algunos países occidentales, debido fundamentalmente al quebrantamiento de los derechos humanos. En este sentido, la entrega o devolución (según el punto de vista) de Hong Kong a China es un posible elemento de tensión entre las potencias occidentales y el `gigante asiático'.

Jiang desarrolló grandes esfuerzos para resolver estos asuntos, realizando una gestión en la que la eficacia fue el principio básico de actuación. En abril de 1995 consiguió que el Comité Central destituyera por el cargo de corrupción al poderoso alcalde de Pekín, Chen Xitong. La inflación se redujo del 22% en 1994 a menos del 15% en 1995, gracias a la aplicación de medidas tales como el control de precios y el incremento de la producción agrícola. Jiang fortaleció su base de apoyo nombrando aliados en Shanghai, si bien el respaldo hacia su figura dentro del estamento militar fue considerado menos firme.

Aunque Jiang ha seguido la línea ideológica marcada por Deng (que podría resumirse en el principio de `apertura económica sin cambio político'), ha procurado, no obstante, dejar su impronta en la acción de gobierno y reafirmarse como líder por derecho propio. Así, en el campo económico, favoreció la liberalización en la línea establecida por Deng, pero a un ritmo más moderado, prestando mayor atención a las consecuencias negativas que el desarrollo económico puede tener entre la población.

Con la muerte de Deng Xiaoping el 19 de febrero de 1997, Jiang Zemin, en su condición de presidente de la República y jefe de las Fuerzas Armadas, se convirtió en la figura indiscutible de la escena política china.

(*) Nota: En este documento quisimos considerar los acontecimientos históricos transcurridos en China dedse el año 1840 en adelante, por que nos parece que sólo así es posible entender los hechos a cabalidad. Los títulos que aparecen en negrita son un exelente forma de ordenar los hechos y permiten entender más rápidamente la lectura.

PENSAMIENTO COMUNISTA CHINO (*):

LA REVOLUCION CHINA Y EL PARTIDO COMUNISTA DE CHINA

Texto escrito por el líder chino Mao Tse Tung en Diciembre de 1939



LA SOCIEDAD CHINA

  • LA NACION CHINA

  • China, mi patria, es uno de los mayores países del mundo: su territorio casi equivale a la superficie de toda Europa. En este vasto territorio hay amplias extensiones de tierras fértiles, de las que obtenemos nuestros alimentos y vestidos; grandes y pequeñas cordilleras, con dilatados bosques y ricos yacimientos minerales, atraviesan el país a lo largo y a lo ancho; innumerables ríos y lagos favorecen la navegación y el riego; un extenso litoral nos facilita la comunicación con las naciones de ultramar. Desde tiempos inmemoriales, nuestros antepasados han trabajado, han vivido y se han multiplicado en este inmenso territorio.

    En la actualidad, China limita al Nordeste y al Noroeste y parte del Oeste, con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas; al Norte, con la República Popular de Mongolia; al Sudoeste y parte del Oeste, con Afganistán, la India, Bután y Nepal; al Sur, con Birmania y Vietnam; al Este, con Corea, y queda próxima al Japón y a las Filipinas. Esta ubicación geográfica ofrece, en el plano exterior, tanto ventajas como desventajas a la revolución del pueblo chino. Lo ventajoso es: la contigüidad con la Unión Soviética, la relativa lejanía de los principales países imperialistas de Europa y Norteamérica, y el hecho de que muchos de los países circundantes sean colonias o semicolonias. Lo desventajoso consiste en que el imperialismo japonés, aprovechándose de su proximidad geográfica, amenaza constantemente la existencia misma de las diversas nacionalidades de China y la revolución de nuestro pueblo.

    China cuenta actualmente con 450 millones de habitantes: casi la cuarta parte de la población mundial. Más de las nueve décimas partes de su población pertenecen a la nacionalidad jan. El resto lo forman varias decenas de minorías nacionales, entre ellas, las nacionalidades mongola, jui, tibetana, uigur, miao, yi, chuang, chungchia y coreana; aunque sus civilizaciones se encuentran en distintos niveles de desarrollo, todas poseen una larga historia. China es un país multinacional con una enorme población.

    En el curso de su desarrollo, la nación china (aquí nos referimos principalmente a los jan), lo mismo que otras muchas naciones del mundo, vivió durante decenas de milenios en el régimen de la comunidad primitiva sin clases. Desde la desintegración de este régimen y su transformación en sociedad de clases hasta el presente, han transcurrido aproximadamente cuatro mil años, durante los cuales la nación china ha atravesado por las sociedades esclavista y feudal. En el curso de la historia de su civilización, la nación china ha creado una agricultura y una artesanía famosas por su alto grado de desarrollo; ha dado origen a muchos grandes pensadores, científicos, inventores, estadistas, estrategas, hombres de letras y artistas, y ha acumulado un rico acervo cultural. La brújula fue descubierta en China ya en tiempos muy remotos. El arte de fabricar papel fue inventado hace 1.800 años. La imprenta con bloques de madera, hace 1.300 años, y la imprenta de tipos móviles, hace 800. El empleo de la pólvora data en China de antes que en Europa. Así, pues, la civilización china es una de las más antiguas del mundo, y China tiene una historia escrita de casi 4.000 años.

    La nación china, célebre en el mundo por su capacidad de resistencia y su laboriosidad, es, al mismo tiempo, una nación amante de la libertad y rica en tradiciones revolucionarias. La historia de los jan, por ejemplo, demuestra que el pueblo chino jamás ha tolerado la dominación de las fuerzas tenebrosas y siempre ha hecho uso de medios revolucionarios con el propósito de derrocarla y cambiarla. En los milenios de existencia de los jan, han ocurrido centenares de levantamientos campesinos, grandes y pequeños, contra la tenebrosa dominación de los terratenientes y la nobleza. En la mayoría de los casos, los cambios de dinastía se debieron a estos levantamientos campesinos. Las nacionalidades de China siempre han combatido la opresión foránea y recurrido a la rebelión para liberarse de ella. Están por la unión basada en la igualdad, y contra la opresión de una nacionalidad por otra. En la milenaria historia de la nación china, han surgido muchos héroes nacionales y líderes revolucionarios. Así, pues, la nación china tiene gloriosas tradiciones revolucionarias y un espléndido patrimonio histórico.


    2. LA ANTIGUA SOCIEDAD FEUDAL

    Aunque China es una gran nación, con un vasto territorio, numerosa población, historia milenaria, ricas tradiciones revolucionarias y espléndido patrimonio histórico, su desarrollo económico, político y cultural fue por largo tiempo muy lento, después de su paso de la sociedad esclavista a la feudal. De las dinastías Chou y Chin en adelante, la sociedad feudal se ha prolongado por unos tres mil años.

    Las principales características del sistema económico y político de la era feudal de China son las siguientes:

    1) Predominio de la economía natural. Los campesinos producían no sólo los productos agrícolas que consumían, sino también la mayor parte de los artículos artesanales que necesitaban. Lo que los terratenientes y la nobleza arrancaban a los campesinos en forma de arriendo de la tierra también estaba destinado principalmente al consumo y no al intercambio. Si bien en aquel tiempo había intercambio, no desempeñaba un papel decisivo en el conjunto de la economía.

    2) La clase dominante feudal -- terratenientes, nobleza y emperador -- poseía la mayor parte de la tierra, en tanto que los campesinos tenían muy poca o ninguna. Estos cultivaban con sus propios aperos la tierra de los terratenientes, la nobleza y la familia imperial, a los que tenían que entregar, para su consumo, el 40, el 50, el 60, el 70 e incluso el 80 o más por ciento de la cosecha. Los campesinos eran en realidad siervos.

    3) No sólo los terratenientes, la nobleza y la familia imperial vivían de la explotación de los campesinos por medio del arriendo de la tierra, sino que, además, el Estado de la clase terrateniente obligaba a estos a pagar impuestos y tributos y les imponía prestaciones personales para mantener una horda de funcionarios y un ejército destinado principalmente a reprimirlos.

    4) El aparato del Poder que protegía este sistema de explotación feudal era el Estado feudal de la clase terrateniente. Si, en el período anterior a la dinastía Chin, el Estado feudal estaba dividido en principados rivales, más tarde, al ser unificado el país por el primer emperador de la dinastía Chin, se convirtió en un Estado absolutista con un poder centralizado, aunque siguió subsistiendo hasta cierto punto el fraccionamiento feudal. En el Estado feudal, el emperador era todopoderoso. Nombraba a los Funcionarios que en las diversas partes del país se encargaban de los asuntos militares y judiciales, de las finanzas y de los graneros estatales, y se apoyaba en los terratenientes y los shenshi, pilares de todo el régimen feudal.

    Bajo la explotación económica y la opresión política feudales, los campesinos chinos vivían de generación en generación como esclavos, en medio de la miseria y los sufrimientos. Atados al yugo del feudalismo, carecían de libertades personales. Los terratenientes tenían derecho a insultar, golpear e incluso matar a su antojo a los campesinos, quienes estaban privados de todo derecho político. La extremada miseria y atraso de los campesinos, consecuencia de la despiadada explotación y opresión a que los sometía la clase terrateniente, constituye la causa fundamental del estancamiento económico y social de la sociedad china durante miles de años.

    En la sociedad feudal, la contradicción principal era la existente entre el campesinado y la clase terrateniente.

    En esa sociedad, sólo los campesinos y los artesanos constituían las clases fundamentales que creaban la riqueza y la cultura.

    La despiadada explotación económica y opresión política de los campesinos por la clase terrateniente, los forzó a alzarse en numerosas rebeliones contra la dominación de ésta. Hubo centenares de levantamientos, grandes y pequeños; todos ellos fueron acciones de rebeldía de los campesinos, guerras revolucionarias campesinas, por ejemplo, los levantamientos de Chen Sheng y Wu Kuang y de Siang Yu y Liu Pang (líderes del primer gran levantamiento campesino en la historia de China) , en la dinastía Chin; los de Sinshi, Pinglin, Chimei, Tungm y Juangchin, en la dinastía Jan; los de Li Mi y de Tou Chien-te, en la dinastía Sui; los de Wang Sien-chi y Juang Chao, en la dinastía Tang; los de Sung Chiang y de Fang La, en la dinastía Sung; el de Chu Yuan-chang, en la dinastía Yuan; el de Li Tsi-cheng, en la dinastía Ming, y el del Reino Celestial Taiping, en la dinastía Ching. La envergadura de los levantamientos campesinos y guerras campesinas de la historia china no tiene paralelo en el mundo. Las luchas de clase del campesinado, sus levantamientos y guerras, fueron la única fuerza motriz real del desarrollo histórico en la sociedad feudal china. Cada uno de los levantamientos campesinos y guerras campesinas relativamente importantes fue un golpe para el régimen feudal de la época y, por consiguiente, impulsó en mayor o menor grado el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad. No obstante, como en aquellos tiempos no existían nuevas fuerzas productivas y nuevas relaciones de producción, ni nuevas fuerzas de clase, ni partidos políticos avanzados, estos levantamientos campesinos y guerras campesinas no contaron con una dirección justa, como la que ejercen hoy el proletariado y el Partido Comunista; de este modo, las revoluciones campesinas terminaron siempre en el fracaso y fueron invariablemente utilizadas, durante su curso o después, por los terratenientes y la nobleza como instrumento para realizar cambios dinásticos. Así, aunque con cada gran lucha revolucionaria campesina se lograba cierto progreso social, las relaciones económicas feudales y el sistema político feudal quedaban en lo fundamental inalterados.

    Sólo en los últimos cien años se ha producido un cambio en la situación.


  • LA SOCIEDAD COLONIAL, SEMICOLONIAL Y SEMIFEUDAL DE NUESTROS DIAS

  • La sociedad china, como hemos explicado arriba, fue feudal durante tres mil años. Pero, ¿sigue siendo hoy completamente feudal? No, China ha cambiado. A partir de la Guerra del Opio de 1840, China se ha transformado paso a paso en un país semicolonial y semifeudal. Y, más aún, después del Incidente del 18 de Septiembre de 1931, cuando el imperialismo japonés inició la invasión armada de China, ésta se ha convertido en un país colonial, semicolonial y semifeudal. Explicaremos ahora el proceso de este cambio.

    Como ya hemos dicho en la sección z, la sociedad feudal china duró alrededor de tres mil años. Fue sólo a mediados del siglo XIX cuando, con la penetración del capitalismo extranjero, se produjo en ella un importante cambio.

    Dado que la economía mercantil que se desarrollaba en la sociedad feudal china llevaba ya en su seno los gérmenes del capitalismo, la sociedad china se habría transformado lentamente en capitalista, aun sin mediar la acción del capitalismo extranjero. La penetración de éste aceleró tal transformación. El capitalismo extranjero ha desempeñado un papel muy importante en la desintegración del régimen económico-social de China: por un lado, ha socavado los cimientos de la economía natural y arruinado la industria artesana de las ciudades y la artesanía doméstica de los campesinos; por el otro, ha acelerado el desarrollo de la economía mercantil en la ciudad y el campo.

    Todo esto no sólo ha conducido a la desintegración de los cimientos de la economía feudal china, sino que, al mismo tiempo, ha creado ciertas condiciones y posibilidades objetivas para el desarrollo de la producción capitalista, porque la destrucción de la economía natural ha abierto al capitalismo un mercado para sus productos, y la ruina de gran número de campesinos y artesanos le ha proporcionado un mercado de mano de obra.

    En efecto, hace ya sesenta años, en la segunda mitad del siglo XIX, al influjo estimulante del capitalismo extranjero y debido a cierto resquebrajamiento de la estructura económica feudal, algunos comerciantes, terratenientes y burócratas comenzaron a hacer inversiones en la industria moderna. Hace cuarenta años, a finales del siglo pasado y comienzos del presente, el capitalismo nacional de China dio los primeros pasos en su desarrollo. Más tarde, hace veinte años, durante la Primera Guerra Mundial imperialista, debido a que los países imperialistas de Europa y Norteamérica, ocupados en la guerra, relajaron temporalmente su opresión sobre nuestro país, la industria nacional china, principalmente la textil y la harinera, cobró un nuevo desarrollo.

    El proceso del surgimiento y desarrollo del capitalismo nacional chino es al mismo tiempo el del surgimiento y desarrollo de la burguesía y del proletariado. Si los precursores de la burguesía china fueron una parte de los comerciantes, terratenientes y burócratas, los del proletariado chino fueron una parte de los campesinos y artesanos. Como clases sociales con características propias, la burguesía y el proletariado de China son clases recién nacidas, que nunca antes habían existido en la historia de nuestro país. Se han constituido en nuevas clases sociales surgiendo de las entrañas de la sociedad feudal. Son dos clases interrelacionadas y, a la vez, antagónicas, gemelas nacidas de la vieja sociedad (la sociedad feudal) de China. Sin embargo, el proletariado chino ha surgido y se ha desarrollado de modo simultáneo no sólo con la burguesía nacional china, sino también con las empresas directamente explotadas por el imperialismo en China. Así, resulta que una gran parte del proletariado chino es más antiguo y tiene mayor experiencia que la burguesía china, y por ello su fuerza social es mayor, y su base social, más amplia.

    Sin embargo, el nuevo fenómeno del que hemos hablado, el surgimiento y desarrollo del capitalismo, constituye sólo un aspecto del cambio operado a raíz de la penetración del imperialismo en China. Hay otro aspecto que es concomitante con el primero y que, a la vez, lo obstaculiza: la colusión del imperialismo con las fuerzas feudales chinas para impedir el desarrollo del capitalismo chino.

    Al penetrar en nuestro país, las potencias imperialistas de ningún modo se proponían transformar a la China feudal en una China capitalista. Su objetivo era todo lo contrario: hacer de ella una semicolonia o colonia.

    Para ello, las potencias imperialistas han utilizado y siguen utilizando todos los medios de opresión militar, política, económica y cultural, lo que les ha permitido convertir gradualmente a China en una semicolonia y colonia. Esos medios son los siguientes:

    1) Han desencadenado numerosas guerras de agresión contra China, como por ejemplo la Guerra del Opio desatada en 1840 por Inglaterra, la guerra lanzada en 1857 por las fuerzas aliadas anglo-francesas, la Guerra Chino-Francesa de 1884, la Guerra Chino-Japonesa de 1894 y la guerra emprendida en 1900 por las fuerzas aliadas de las Ocho Potencias. Derrotando a China por la fuerza de las armas, las potencias imperialistas se apoderaron de países vecinos que se encontraban bajo la protección de China; además, arrebataron o tomaron "en arriendo" parte del territorio chino, por ejemplo, el Japón ocupó Taiwán y las islas Pengju, y tomó "en arriendo" Lüshun, Inglaterra se apoderó de Hongkong, y Francia tomó "en arriendo" Kuangchouwan. Aparte de anexarse territorios, impusieron cuantiosas indemnizaciones. De este modo, el inmenso imperio feudal chino recibió golpes extraordinariamente duros.

    2) Han forzado a China a concluir numerosos tratados desiguales, mediante los cuales se han arrogado el derecho a acantonar en ella fuerzas de mar y tierra y a ejercer la jurisdicción consular(juzgar a un extranjero, ante delitos cometidos en China, en su tierra natal y no en el lugar del crimen), y se han repartido el país en esferas de influencia. ( por parte de Inglaterra, Alemania, Japón, Francia y Rusia).

    3) Mediante los tratados desiguales, se han asegurado el control de todos los puertos comerciales importantes de China y han establecido "concesiones"(ejercer control ecónomico y político sobre el régimen de la clase feudal y la compradora china) bajo su administración directa en muchos de ellos. Han implantado su control sobre las aduanas, el comercio exterior y las comunicaciones (marítimas, terrestres, fluviales y aéreas). De esta manera, han podido inundar China con sus mercancías, convertirla en un mercado para sus productos industriales y, al mismo tiempo, subordinar la producción agrícola china a sus necesidades imperialistas.

    4) Han establecido en China numerosas empresas de industria ligera y pesada, a fin de utilizar sobre el terreno las materias primas y la mano de obra barata, y por este medio ejercen presión económica directa sobre la industria nacional de China y frenan directamente el desarrollo de sus fuerzas productivas.

    5) Por medio de la concesión de empréstitos a los gobiernos chinos y del establecimiento de bancos, han monopolizado la banca y las finanzas del país. De esta forma, no sólo han abrumado al capitalismo nacional chino en la competencia mercantil, sino que además tienen atenazada a China en la esfera bancaria y financiera.

    6) A fin de explotar más fácilmente a las masas campesinas y otras capas de la población, han creado en China una red de explotación formada por compradores y comerciantes-usureros, que se extiende desde los grandes puertos de comercio hasta los rincones más remotos; así han creado una clase compradora y comerciante-usurera a su servicio.

    7) Han hecho de la clase terrateniente feudal de China, al igual que de la burguesía compradora, el pilar de su dominación en China. El imperialismo se alía en primer término con las capas dominantes del régimen social precedente -- los señores feudales y la burguesía comercial-usurera --, contra la mayoría del pueblo. En todas partes, el imperialismo intenta preservar y perpetuar todas aquellas formas de explotación precapitalistas (particularmente en el campo), que son la base de la existencia de sus aliados reaccionarios. el imperialismo, con todo el poderío financiero y militar que tiene en China, es la fuerza que apoya, alienta, cultiva y conserva las supervivencias feudales, con toda su superestructura burocrático-militarista.

    8) Han proporcionado a los gobiernos reaccionarios de China considerable cantidad de armas y municiones y puesto a su disposición gran número de consejeros militares, a fin de suscitar guerras intrincadas entre los caudillos militares y reprimir al pueblo.

    9) Además, nunca han relajado sus esfuerzos por adormecer el espíritu del pueblo chino. Esta es su política de agresión cultural, que ponen en práctica a través de las actividades de los misioneros, el establecimiento de hospitales y escuelas, la publicación de periódicos y el reclutamiento de estudiantes chinos para cursar en sus países. Su objetivo consiste en formar intelectuales a su servicio y embaucar a las grandes masas del pueblo chino.

    10) Desde el Incidente del 18 de Septiembre de 1931, el imperialismo japonés, con su invasión en vasta escala, ha convertido gran parte del territorio de China, que era ya semicolonial, en una colonia japonesa.

    Estos hechos constituyen el otro aspecto del cambio operado a partir de la penetración imperialista en China: el sangriento cuadro de la transformación de la China feudal en un país semifeudal, semicolonial y colonial.

    Así se ve claramente que, con su agresión contra China, las potencias imperialistas, por una parte, han acelerado la desintegración de la sociedad feudal china y el crecimiento de elementos de capitalismo, convirtiendo así la sociedad feudal en semifeudal, y, por la otra, han impuesto sobre China su cruel dominación, transformándola de país independiente en país semicolonial y colonial.

    Resumiendo los dos aspectos, se puede decir que nuestra sociedad colonial, semicolonial y semifeudal posee las siguientes características:

    1) Han sido destruidos los cimientos de la economía natural de la era feudal, pero la explotación del campesinado por la clase terrateniente, base del sistema de explotación feudal, no sólo permanece intacta, sino que, ligada con la explotación ejercida por el capital comprador y el usurario, predomina manifiestamente en la vida económica y social de China.

    2) El capitalismo nacional se ha desarrollado hasta cierto punto y desempeña un papel considerable en la vida política y cultural de China. Sin embargo, no ha llegado a convertirse en la forma principal dentro de su régimen económico-social; es muy débil, y en su mayor parte está o menos asociado con el imperialismo extranjero y el feudalismo interno.

    3) El Poder autocrático del emperador y la nobleza ha sido derrocado y en su lugar ha surgido, primero, la dominación de los caudillos militares y burócratas pertenecientes a la clase terrateniente, y, luego, la dictadura de la alianza entre la clase terrateniente y la gran burguesía. En las zonas ocupadas, detentan el Poder el imperialismo japonés y sus títeres.

    4) Los imperialistas controlan no sólo las palancas de la vida financiera y económica de China, sino también sus fuerzas políticas y militares. En las zonas ocupadas, todo lo monopoliza el imperialismo japonés.

    5) El desarrollo económico, político y cultural de China es extremadamente desigual porque ésta se halla bajo la dominación total o parcial de muchas potencias imperialistas, porque, en realidad, no está unificada desde hace largo tiempo, y porque su territorio es inmenso.

    6) Bajo el doble yugo del imperialismo y el feudalismo, y en especial como resultado de la invasión en vasta escala del imperialismo japonés, las grandes masas populares de China, particularmente los campesinos, se empobrecen cada día más e incluso se arruinan en gran número; viven en medio del hambre y el frío y privadas de todo derecho político. Raros son los lugares del mundo donde se observa tanta miseria y falta de libertad como las que conoce el pueblo chino.

    Tales son las características de la sociedad china colonial, semicolonial y semifeudal.

    Esta situación está determinada principalmente por las fuerzas imperialistas del Japón y otras potencias, y es el resultado de la colusión entre el imperialismo extranjero y el feudalismo interno.

    La contradicción entre el imperialismo y la nación china y la contradicción entre el feudalismo y las grandes masas populares, son las contradicciones fundamentales de la sociedad china moderna. Naturalmente, existen otras, tales como la contradicción entre la burguesía y el proletariado y las contradicciones en el seno de las clases dominantes reaccionarias. Pero, de todas ellas, la contradicción entre el imperialismo y la nación china es la principal. Estas contradicciones y su agudización engendran inevitablemente movimientos revolucionarios cada vez más amplios. Las grandes revoluciones de la China moderna y contemporánea han surgido y se han desarrollado sobre la base de estas contradicciones fundamentales.


    LA REVOLUCIÓN CHINA

    1. LOS MOVIMIENTOS REVOLUCIONARIOS DE LOS ÚLTIMOS CIEN AÑOS

    La historia de la transformación de China en una semicolonia y colonia por el imperialismo confabulado con el feudalismo chino, es, a la vez, la historia de la lucha del pueblo chino contra el imperialismo y sus lacayos. La Guerra del Opio, el Movimiento del Reino Celestial Taiping, la Guerra Chino-Francesa, la Guerra Chino-Japonesa, el Movimiento Reformista de 1898, el Movimiento Yijetuan, la Revolución de 1911, el Movimiento del 4 de Mayo, el Movimiento del 30 de Mayo, la Expedición al Norte, la Guerra Revolucionaria Agraria y la presente Guerra de Resistencia contra el Japón constituyen todos ellos testimonios del indomable espíritu de resistencia del pueblo chino, que rechaza someterse al imperialismo y sus lacayos.

    Gracias a la inflexible, tenaz y heroica lucha del pueblo chino durante los últimos cien años, el imperialismo no ha podido hasta el presente subyugar a China, ni lo conseguirá jamás.

    Aunque el imperialismo japonés extrema actualmente sus esfuerzos en la ofensiva en vasta escala contra China, aunque muchos terratenientes y elementos de la gran burguesía, los Wang Ching-wei declarados y ocultos, han capitulado ante el enemigo o se preparan para hacerlo, el valeroso pueblo chino continuará su combate. Y no lo detendrá hasta expulsar de China al imperialismo japonés y conseguir la completa liberación del país.

    La lucha revolucionaria nacional del pueblo chino tiene cien años cabales de historia, a contar de la Guerra del Opio de 1840, y treinta, a contar de la Revolución de 1911. Se halla todavía en curso, y hasta ahora no ha obtenido éxitos notables en el cumplimiento de sus tareas; el pueblo chino, y en primer lugar el Partido Comunista de China, tienen la responsabilidad de proseguir la lucha con resolución. ¿Cuáles son los blancos de esta revolución? ¿Cuáles sus tareas? ¿Cuáles sus fuerzas motrices? ¿Cuál su carácter? ¿Cuáles sus perspectivas? De estas cuestiones trataremos a continuación.


  • LOS BLANCOS DE LA REVOLUCION CHINA

  • El análisis hecho en la sección; del capítulo I nos muestra que la presente sociedad china es, por su naturaleza, colonial, semicolonial y semifeudal. Sólo teniendo una noción precisa de la naturaleza de la sociedad china, podemos comprender claramente cuáles son los blancos de la revolución china, cuáles sus tareas, sus fuerzas motrices, su carácter, sus perspectivas y su futura transformación. Por consiguiente, una clara comprensión de la naturaleza de la sociedad china, o sea, de la índole del país, es la clave para entender todos los problemas de la revolución.

    Puesto que la sociedad china de hoy es, por su naturaleza, colonial, semicolonial y semifeudal, ¿cuáles son los blancos o enemigos principales de la revolución china en la etapa actual?

    No son otros sino el imperialismo y el feudalismo, es decir, la burguesía de los países imperialistas y la clase terrateniente de nuestro país. Porque, en la etapa actual, son justamente ellos los principales opresores en la sociedad china y los principales obstáculos para su desarrollo. Ambos se confabulan para oprimir al pueblo chino, pero, como la opresión nacional ejercida por el imperialismo es la más grande, éste es el enemigo número uno, el peor enemigo del pueblo chino.

    Desde la invasión armada de China por el Japón, han pasado a ser los principales enemigos de la revolución china el imperialismo japonés y todos los que con él se coluden, o sea, los colaboracionistas y reaccionarios chinos que han capitulado abiertamente o se preparan para hacerlo.

    La burguesía china sufre también la opresión imperialista; ha dirigido luchas revolucionarias, ha desempeñado en ellas el papel dirigente, principal, como sucedió en la Revolución de 1911; ha tomado parte en luchas revolucionarias, como en la Expedición al Norte, y participa en la actual Guerra de Resistencia contra el Japón. Pero, durante el largo período de 1927 a 1937, el pueblo revolucionario y el partido revolucionario (el Partido Comunista) no podían sino considerar como uno de los blancos de la revolución a la capa superior de la burguesía, representada por la reaccionaria camarilla del Kuomintang, dado que esta capa social se había confabulado con el imperialismo, había concluido una alianza reaccionaria con la clase terrateniente y traicionado a los amigos que la habían ayudado -- el Partido Comunista, el proletariado y el campesinado y demás sectores de la pequeña burguesía --; dado que había traicionado y hecho fracasar a la revolución china. En la Guerra de Resistencia contra el Japón, un sector de los grandes terratenientes y de la gran burguesía, representado por Wang Ching-wei, ya ha traicionado convirtiéndose en colaboracionista. Por consiguiente, El pueblo que lucha contra el Japón no puede sino considerar como uno de los blancos de la revolución a estos elementos de la gran burguesía, que han traicionado los intereses nacionales.

    De esto se desprende que los enemigos de la revolución china son extremadamente fuertes. Entre ellos se cuentan no sólo el poderoso imperialismo, sino también las poderosas fuerzas feudales y, en ciertos períodos, hasta los reaccionarios de la burguesía, que, confabulados con el imperialismo y las fuerzas feudales, luchan contra el pueblo. Por eso, es incorrecto subestimar la fuerza de los enemigos del pueblo revolucionario chino.

    Frente a tales enemigos, la revolución china tiene forzosamente que ser prolongada y encarnizada. El extraordinario poderío de los enemigos exige que se dedique largo tiempo a acumular y templar fuerzas revolucionarias capaces de vencerlos definitivamente. El excepcional encarnizamiento con que los enemigos reprimen la revolución china, hace indispensable que las fuerzas revolucionarias se templen y pongan en pleno juego su tenacidad para poder mantener firmemente sus posiciones y tomar las del enemigo. Por ello, es incorrecto pensar que en China las fuerzas revolucionarias pueden formarse en un abrir y cerrar de ojos y que la lucha revolucionaria china puede triunfar de la noche a la mañana.

    Frente a tales enemigos, el método principal de la revolución china, su forma principal, no puede ser la lucha pacífica, sino que tiene que ser la lucha armada, ya que ellos, al privar al pueblo chino de toda libertad y derecho político, le hacen imposible toda actuación pacífica. Stalin dice: "En China, la revolución armada combate a la contrarrevolución armada. Tal es una de las peculiaridades y una de las ventajas de la revolución china." Esta formulación es del todo justa. Por eso, es incorrecto menospreciar la lucha armada, la guerra revolucionaria, la guerra de guerrillas y el trabajo en el ejército.

    Frente a tales enemigos, surge la cuestión de la base de apoyo revolucionaria. En vista de que los poderosos imperialistas y sus reaccionarios aliados chinos se hallan desde hace mucho atrincherados en las principales ciudades de nuestro país, los destacamentos revolucionarios, si se niegan a transigir con el imperialismo y sus lacayos y quieren perseverar en la lucha, si quieren acumular fuerzas, templarse y evitar, mientras no dispongan de suficiente poderío, una batalla decisiva con el poderoso enemigo, tienen que convertir las atrasadas zonas rurales en avanzadas y sólidas bases de apoyo, en grandes baluartes militares, políticos, económicos y culturales de la revolución desde donde luchar contra el fiero enemigo, que ataca las zonas rurales utilizando las ciudades, y llevar paso a paso la revolución a la victoria completa a través de una lucha prolongada. En estas circunstancias, la desigualdad del desarrollo económico de China (ausencia de una economía capitalista unificada), la inmensidad de su territorio (que proporciona a las fuerzas revolucionarias espacio para maniobrar), la desunión del campo contrarrevolucionario y las contradicciones de todo género que en él abundan, y el hecho de que la lucha de los campesinos, contingente principal de la revolución china, esté dirigida por el partido del proletariado, el Partido Comunista, todo esto, por un lado, hace posible que la revolución china triunfe primero en las zonas rurales, y, por el otro, determina la desigualdad del desarrollo de la revolución y hace necesaria una lucha prolongada y ardua para lograr la victoria total. De este modo, resulta claro que la larga lucha revolucionaria sostenida desde dichas bases de apoyo revolucionarias constituye, en lo fundamental, una guerra de guerrillas de los campesinos dirigida por el Partido Comunista de China. Por eso, es erróneo desatender la utilización de las zonas rurales como bases de apoyo revolucionarias, el trabajo arduo entre los campesinos y la guerra de guerrillas.

    Sin embargo, hacer hincapié en la lucha armada no significa renunciar a las otras formas de lucha; por el contrario, la lucha armada no podría triunfar si no se coordinasen con ella estas otras formas. Hacer hincapié en el trabajo en las bases de apoyo rurales no significa renunciar al trabajo en las ciudades y en las extensas zonas rurales que todavía se encuentran bajo la dominación enemiga; por el contrario, sin el trabajo en las ciudades y en dichas zonas, nuestras bases de apoyo rurales quedarían aisladas y la revolución fracasaría. Además, el objetivo final de la revolución es tomar las ciudades, bases principales del enemigo, y este objetivo no puede conseguirse sin suficiente trabajo en ellas.

    De ahí se deduce que para que la revolución triunfe tanto en las ciudades como en el campo, es indispensable destruir al ejército del enemigo, principal instrumento en su lucha contra el pueblo. Por lo tanto, aparte de aniquilar a las tropas enemigas en el campo de batalla, es importante el trabajo de desintegrar al ejército enemigo.

    De ahí se deduce también que, en el trabajo de propaganda y de organización en las ciudades y zonas rurales ocupadas durante largo tiempo por el enemigo y sumidas en las tinieblas de la reacción, el Partido Comunista no debe seguir una precipitada política aventurera, sino adoptar la política de mantener clandestina la organización del Partido y hacerla compacta, selecta y eficaz, acumular fuerzas y esperar el momento propicio. Al dirigir al pueblo en la lucha contra el enemigo, el Partido debe adoptar la táctica de avanzar paso a paso y de combatir sobre un terreno seguro, siguiendo el principio de luchar con razón, con ventaja y sin sobrepasarse, y utilizando toda posibilidad de actividad abierta que permitan las leyes y decretos y las costumbres sociales; el griterío vacuo y las embestidas ciegas jamás podrán conducir al éxito.


  • LAS TAREAS DL LA REVOLUCIÓN CHINA

  • Puesto que los principales enemigos de la revolución china en la presente etapa son el imperialismo y la clase terrateniente feudal, ¿cuáles son las tareas de la revolución en dicha etapa?

    Incuestionablemente, las tareas principales consisten en golpear a estos dos enemigos, o sea, en realizar una revolución nacional para acabar con la opresión extranjera del imperialismo y una revolución democrática para terminar con la opresión interior de los terratenientes feudales; de estas tareas, la primordial es la revolución nacional para derrocar al imperialismo.

    Las dos grandes tareas de la revolución china están interrelacionadas. Sin derrocar la dominación del imperialismo es imposible acabar con la de la clase terrateniente feudal, ya que el imperialismo es el sostén principal de ésta. Y viceversa, no se podrá formar poderosos destacamentos revolucionarios para poner fin a la dominación imperialista sin ayudar a los campesinos a derrocar a la clase terrateniente feudal, porque es ésta la principal base social de la dominación imperialista en China, y el campesinado, el contingente principal de la revolución china. Así, pues, las dos tareas fundamentales, la revolución nacional y la revolución democrática, son distintas y, a la vez, constituyen una unidad.

    Puesto que hoy la tarea principal de la revolución nacional de China reside en combatir al imperialismo japonés, invasor de nuestro territorio, y que, para ganar la guerra, es indispensable cumplir la tarea de la revolución democrática, resulta que estas dos tareas revolucionarias ya están ligadas entre sí. Es incorrecto considerar la revolución nacional y la revolución democrática como dos etapas de la revolución tajantemente diferenciadas.


    4. LAS FUERZAS MOTRICES DE LA REVOLUCION CHINA

    Analizados y definidos la naturaleza de la sociedad china y los blancos y las tareas de la revolución china en la etapa actual, ¿cuáles son las fuerzas motrices de esta revolución?

    Dado que la sociedad china es colonial, semicolonial y semifeudal, que la revolución china está dirigida principalmente contra la dominación del imperialismo extranjero y el feudalismo interior, y que sus tareas consisten en derrocar a estos dos opresores, ¿cuáles son, entre las diversas clases y capas de la sociedad china, las fuerzas capaces de luchar contra el imperialismo y el feudalismo? Este es el problema de establecer cuáles son las fuerzas motrices de la revolución china en la presente etapa. Sólo teniendo claridad a este respecto se puede solucionar correctamente la cuestión de la táctica básica de la revolución china.

    ¿Qué clases existen en la actual sociedad china? Existen la clase terrateniente y la burguesía; la primera y la capa superior de la segunda son las clases dominantes en la sociedad china. Existen también el proletariado y el campesinado y demás sectores de la pequeña burguesía; éstas son las clases dominadas en la mayor parte de China.

    La actitud y la posición que cada una de estas clases toma con respecto a la revolución china están enteramente determinadas por su condición económico-social. Por consiguiente, la naturaleza del régimen económico-social determina no sólo los blancos y las tareas de la revolución, sino también sus fuerzas motrices.

    Analicemos ahora las diferentes clases de la sociedad china.

    1. La clase terrateniente

    La clase terrateniente es la principal base social de la dominación imperialista en China, una clase que, por medio del sistema feudal, explota y oprime a los campesinos, una clase que obstaculiza el desarrollo político, económico y cultural de la sociedad china y que no tiene ningún papel progresista.

    Por eso, los terratenientes, como clase, constituyen un blanco, y no una fuerza motriz, de la revolución.

    En la Guerra de Resistencia contra el Japón, una parte de los grandes terratenientes, junto con un sector de la gran burguesía (los capituladores), se han entregado al invasor japonés convirtiéndose en colaboracionistas, y la otra parte, junto con el otro sector de la gran burguesía (los recalcitrantes), se muestran extremadamente vacilantes, aunque todavía permanecen en el campo de la Resistencia. No obstante, un buen número de shenshi sensatos pertenecientes a la capa de los terratenientes medios y pequeños, es decir, aquellos terratenientes con tinte capitalista, manifiestan cierto entusiasmo por la Resistencia, y con ellos debemos unirnos en la lucha común contra el invasor japonés.

  • La burguesía

  • La burguesía se divide en gran burguesía compradora y burguesía nacional.

    La gran burguesía compradora es una clase al servicio directo de los capitalistas de los países imperialistas y sustentada por ellos; está ligada por miles de lazos con las fuerzas feudales del campo. Por eso, en la historia de la revolución china, ha sido siempre un blanco, y nunca una fuerza motriz, de la revolución.

    Sin embargo, como los diferentes grupos de la gran burguesía compradora china dependen de distintas potencias imperialistas, cuando las contradicciones entre éstas se hacen muy agudas, y cuando la revolución se dirige principalmente contra una de ellas, es posible que los grupos de la burguesía compradora dependientes de otras potencias imperialistas participen, hasta cierto punto y en determinados períodos, en el frente antiimperialista que se forme. Pero apenas sus amos se ponen a combatir a la revolución china, ellos hacen lo mismo.

    En la Guerra de Resistencia, el sector projaponés de la gran burguesía (los capituladores) se ha entregado o se apresta a hacerlo.

    El sector proeuropeo y pronorteamericano (los recalcitrantes), aunque todavía permanece en el campo de la Resistencia, se muestra extremadamente vacilante; hace un doble juego: resiste al invasor japonés y, a la vez, se opone al Partido Comunista. Nuestra política para con los capituladores de la gran burguesía es tratarlos como a enemigos y derribarlos resueltamente. Respecto a los recalcitrantes, adoptamos una doble política revolucionaria: por un lado, nos aliamos con ellos, pues siguen resistiendo al Japón y debemos aprovechar sus contradicciones con el imperialismo japonés, y por el otro, luchamos resueltamente contra ellos, porque aplican una política de represión anticomunista y antipopular, que socava la resistencia al Japón y la unidad, las cuales saldrían perjudicadas si no sostuviéramos esa lucha.

    La burguesía nacional es una clase de doble carácter.

    Por una parte, es oprimida por el imperialismo y constreñida por el feudalismo, y de ahí su contradicción con ambos. En este sentido, constituye una fuerza revolucionaria. En la historia de la revolución china ha mostrado cierto entusiasmo en la lucha contra el imperialismo y el gobierno de los burócratas y caudillos militares.

    Pero, por otra parte, como es débil económica y políticamente y no ha roto por completo sus lazos económicos con el imperialismo y el feudalismo, le falta valor para llevar hasta el fin la lucha antiimperialista y antifeudal. Esto se manifiesta con particular claridad cuando las fuerzas revolucionarias populares se tornan poderosas.

    Este doble carácter hace que la burguesía nacional, en determinados períodos y hasta cierto punto, pueda tomar parte en la revolución contra el imperialismo y el gobierno de los burócratas y caudillos militares y llegar a ser una fuerza revolucionaria, y que, en otros períodos, surja el peligro de que vaya a remolque de la gran burguesía compradora y sirva de ayudante a la contrarrevolución. En China, la burguesía nacional es principalmente la burguesía media. Aunque, a la cola de la clase de los grandes terratenientes y la gran burguesía, se opuso a la revolución en el período de 1927 a 1931 (antes del Incidente del 18 de Septiembre), prácticamente nunca ha tenido en sus manos el Poder, sino que se ha visto limitada por la política reaccionaria de dichas dos clases en el Poder. En la Guerra de Resistencia contra el Japón se diferencia no sólo de los capituladores de la clase de los grandes terratenientes y de la gran burguesía, sino también de los recalcitrantes de la gran burguesía, y, hasta la fecha, sigue siendo un aliado nuestro relativamente bueno. Por eso, es de todo punto necesario adoptar con respecto a ella una política prudente.

  • Los diversos sectores de la pequeña burguesía,aparte del campesinado

  • La pequeña burguesía, aparte de los campesinos, comprende la gran masa de los intelectuales, los pequeños comerciantes, los artesanos y los profesionales.

    La condición de estos sectores es más o menos similar a la de los campesinos medios; todos ellos sufren la opresión del imperialismo, el feudalismo y la gran burguesía, y se acercan cada día más a la ruina o la indigencia.

    Estos sectores pequeñoburgueses constituyen, por consiguiente, una de las fuerzas motrices de la revolución y un aliado confiable del proletariado. Y sólo bajo la dirección de éste podrán conseguir su liberación.

    A continuación los analizaremos.

    Primero, los intelectuales y los jóvenes estudiantes. No constituyen una clase o capa social independiente. Pero, en la China de hoy, a juzgar por su origen familiar, sus condiciones de vida y su posición política, en su mayor parte pueden ser catalogados dentro de la pequeña burguesía. Su número ha crecido considerablemente en los últimos decenios. A excepción de aquellos intelectuales próximos al imperialismo y a la gran burguesía y que sirven a éstos contra el pueblo, los intelectuales y los jóvenes estudiantes sufren, en general, la opresión del imperialismo, el feudalismo y la gran burguesía, y viven bajo la amenaza de verse sin trabajo u obligados a dejar sus estudios. En consecuencia, sus tendencias revolucionarias son muy fuertes. Están dotados, en mayor o menor grado, de conocimientos científicos capitalistas, poseen una aguda sensibilidad política y, en la presente etapa de la revolución china, desempeñan con frecuencia un papel de vanguardia o sirven de puente con las masas. Pruebas fehacientes de ello son el movimiento de los estudiantes chinos en el extranjero antes de la Revolución de 1911, el Movimiento del 4 de Mayo de 1919, el Movimiento del 30 de Mayo de 1925 y el Movimiento del 9 de Diciembre de 1935. En particular, la gran masa de los intelectuales relativamente pobres pueden unirse con los obreros y campesinos para participar en la revolución o apoyarla. En China, también fue entre los intelectuales y los jóvenes estudiantes donde primero se difundió ampliamente y se aceptó la ideología marxista-leninista. Sin la participación de los intelectuales revolucionarios, es imposible tener éxito en la organización de las fuerzas revolucionarias y en la labor revolucionaria. Pero, mientras no se han incorporado de todo corazón a las luchas revolucionarias de las masas y no se deciden a servir a los intereses de las masas y a integrarse con ellas, los intelectuales, a menudo, tienden al subjetivismo y al individualismo, y se muestran poco prácticos en su pensamiento y vacilantes en su acción. Por consiguiente, aunque la gran masa de intelectuales revolucionarios de China desempeñan un papel de vanguardia y sirven de puente con las masas, no todos continúan siendo revolucionarios hasta el fin. En los momentos críticos, una parte de ellos abandonan las filas revolucionarias y se hunden en la pasividad, y un pequeño número incluso se convierten en enemigos de la revolución. Los intelectuales sólo pueden superar estos defectos participando por largo tiempo en la lucha de las masas.

    Segundo, los pequeños comerciantes. Por regla general, poseen pequeñas tiendas y contratan pocos dependientes o ninguno. Víctimas de la explotación del imperialismo, la gran burguesía y los usureros, viven bajo la amenaza de la bancarrota.

    Tercero, los artesanos. Son muy numerosos. Disponen de sus propios medios de producción y no contratan obreros, o sólo tienen uno o dos aprendices o ayudantes. Su condición es similar a la de los campesinos medios.

    Cuarto, los profesionales. Esta categoría comprende gente de diversas profesiones, por ejemplo los médicos. No explotan a otros o sólo lo hacen en pequeña medida. Su condición es semejante a la de los artesanos.

    Los sectores de la pequeña burguesía arriba mencionados constituyen una inmensa multitud a la que debemos ganarnos y cuyos intereses debemos proteger, porque, en general, pueden sumarse a la revolución o apoyarla, y son muy buenos aliados. Su debilidad reside en que algunos se dejan influir fácilmente por la burguesía; por eso, tenemos que preocuparnos de efectuar entre ellos una labor revolucionaria de propaganda y de organización.

    4. El campesinado

    El campesinado, que constituye aproximadamente el 80 por ciento de la población total de China, es hoy la fuerza principal de su economía nacional.

    Dentro del campesinado se está produciendo un intenso proceso de diferenciación.

    Primero, los campesinos ricos. Representan alrededor del 5 por ciento de la población rural (ellos y los terratenientes representan juntos alrededor del 10 por ciento), y se los denomina burguesía rural. Los campesinos ricos de China, en su gran mayoría, dan en arriendo una parte de sus tierras, practican la usura y explotan sin piedad a los asalariados agrícolas; por lo tanto, tienen un carácter semifeudal. Pero, por lo común, participan en el trabajo físico, y en este sentido forman parte del campesinado. La forma de producción que representan continuará siendo útil durante cierto período. Hablando en términos generales, pueden contribuir en algo a la lucha antiimperialista de las masas campesinas y mantenerse neutrales en la lucha revolucionaria agraria contra los terratenientes. De ahí que no debamos identificarlos con los terratenientes, ni adoptar prematuramente la política de eliminarlos.

    Segundo, los campesinos medios. Representan alrededor del 20 por ciento de la población rural. Por lo general, no explotan a otros y se autoabastecen económicamente (pueden tener algún excedente en los años de buena cosecha, y, ocasionalmente, emplear asalariados o prestar pequeñas sumas a interés); sufren la explotación del imperialismo, la clase terrateniente y la burguesía. Están privados de derechos políticos. Algunos no tienen suficientes tierras, y sólo una parte (los campesinos medios acomodados) disponen de un pequeño excedente de tierras. No sólo pueden incorporarse a la revolución antiimperialista y la revolución agraria, sino también aceptar el socialismo. Por eso, los campesinos medios en su totalidad pueden ser un aliado confiable del proletariado y una parte importante de las fuerzas motrices de la revolución. Su actitud en pro o en contra de la revolución es uno de los factores decisivos para la victoria o derrota de ésta, lo que es particularmente cierto cuando, en virtud de la revolución agraria, pasan a constituir la mayoría de la población rural.

    Tercero, los campesinos pobres. Ellos y los asalariados agrícolas representan juntos alrededor del 70 por ciento de la población rural. Los campesinos pobres son las vastas masas campesinas sin tierra o con muy poca tierra, el semiproletariado rural, la mayor fuerza motriz de la revolución china, el aliado natural y más confiable del proletariado y el contingente principal en las filas de la revolución china. Los campesinos pobres y los medios no pueden conseguir su liberación sino bajo la dirección del proletariado, y éste, a su vez, sólo formando una sólida alianza con ellos puede conducir la revolución a la victoria; de otra manera, la victoria no será posible. El término "campesinado" se refiere principalmente a los campesinos pobres y los medios.

    5. El proletariado

    Dentro del proletariado chino hay de dos y medio a tres millones de obreros de la industria moderna, y unos doce millones de trabajadores asalariados de las pequeñas industrias, la industria artesana y el comercio en las ciudades; además, constituyen una gran multitud el proletariado rural (asalariados agrícolas) y los demás proletarios de la ciudad y el campo.

    Aparte de las cualidades fundamentales que caracterizan al proletariado en general -- ligazón con la forma de economía más avanzada, fuerte sentido de organización y de disciplina, y carencia de medios de producción privados --, el proletariado chino posee otras muchas cualidades destacadas.

    ¿Cuáles son?

    Primera, el proletariado chino es más resuelto y consecuente en la lucha revolucionaria que ninguna otra clase, porque sufre una triple opresión (la del imperialismo, la burguesía y las fuerzas feudales), cuya intensidad y crueldad raramente se observa en otras naciones del mundo. Dado que en la China colonial y semicolonial no existe, como en Europa, base económica para el socialreformismo, el proletariado en su conjunto, salvo unos pocos vendeobreros, es la clase más revolucionaria.

    Segunda, desde su aparición en el escenario de la revolución, el proletariado chino ha sido dirigido por su propio partido revolucionario, el Partido Comunista de China, y ha llegado a ser la clase políticamente más consciente de la sociedad china.

    Tercera, como el proletariado chino, por su origen, está formado en su mayoría por campesinos arruinados, tiene vínculos naturales con las grandes masas campesinas, lo cual le facilita formar una estrecha alianza con ellas.

    Por lo tanto, a pesar de ciertas debilidades inevitables, como por ejemplo su número relativamente pequeño (en comparación con el campesinado), su relativa juventud (en comparación con el proletariado de los países capitalistas) y su nivel educacional relativamente bajo (en comparación con la burguesía), el proletariado chino ha Llegado a ser la fuerza motriz más fundamental de la revolución china. Sin su dirección, la revolución china de ningún modo podría triunfar. Para tomar un ejemplo del pasado, la Revolución de 1911 abortó porque el proletariado no participó en ella de manera consciente y porque aún no existía el Partido Comunista. Un ejemplo reciente es la revolución de 1924-1927. Durante un tiempo, ésta obtuvo grandes victorias gracias a la participación y a la dirección conscientes del proletariado, así como a la existencia del Partido Comunista; pero terminó en el fracaso debido a que la gran burguesía traicionó su alianza con el proletariado y el programa revolucionario común, y a que el proletariado chino y su partido no tenían aún una rica experiencia revolucionaria. Un ejemplo actual es la Guerra de Resistencia contra el Japón. Debido a que el proletariado y el Partido Comunista han ejercido desde el comienzo la dirección sobre el frente único nacional antijaponés, toda la nación se ha unido y la gran Guerra de Resistencia ha sido emprendida y llevada adelante con resolución.

    El proletariado chino debe comprender que, aun siendo la clase con la más alta conciencia política y el mayor sentido de organización, no puede triunfar si se apoya sólo en su propia fuerza. Para alcanzar la victoria, tiene que organizar un frente único revolucionario uniéndose, según las distintas circunstancias, con todas las clases y capas que puedan participar en la revolución. De todas las clases de la sociedad china, el campesinado es el firme aliado de la clase obrera, la pequeña burguesía urbana, un aliado confiable, y la burguesía nacional, un aliado en determinados períodos y hasta cierto punto. Esta es una de las leyes fundamentales comprobadas por la historia de la revolución de la China contemporánea.

    6. El lumpemproletariado

    La condición colonial y semicolonial de China ha hecho aparecer en el campo y la ciudad una multitud de desempleados. Sin ningún medio decente para ganarse la vida, muchos de ellos se ven obligados a recurrir a medios deshonestos; de ahí los bandoleros, gángsters, mendigos y prostitutas y los numerosos profesionales de la superstición. Esta capa social es vacilante; algunos de ellos se dejan comprar fácilmente por las fuerzas reaccionarias, en tanto que otros pueden unirse a la revolución. Carecen de espíritu constructivo, son más proclives a la destrucción que a la construcción, y aquellos que se incorporan a la revolución se convierten en una fuente de la mentalidad de "insurrectos errantes" y del anarquismo en nuestras filas. Por eso, tenemos que saber reeducarlos a la vez que precavernos de su tendencia a la destrucción.

    Hasta aquí mi análisis de las fuerzas motrices de la revolución china.


    5. EL CARACTER DE LA REVOLUCION CHINA

    Ahora ya comprendernos la naturaleza de la sociedad china, es decir, la índole especial de China; tenemos así el requisito esencial para solucionar todos los problemas concernientes a la revolución china. También sabemos ya cuáles son los blancos, las tareas y las fuerzas motrices de la revolución china, cuestiones básicas de la revolución china en la presente etapa, que dimanan de la naturaleza particular de la sociedad china, de la índole especial del país. Habiendo comprendido todo esto, podemos ahora entender otra cuestión básica: el carácter de la revolución china.

    ¿Cuál es, pues, el carácter de la revolución china en la presente etapa? ¿Es una revolución democrático-burguesa o una revolución socialista proletaria? Desde luego, es la primera y no la segunda.

    Puesto que la sociedad china es colonial, semicolonial y semifeudal, que los enemigos principales de la revolución china son el imperialismo y las fuerzas feudales, que las tareas de la revolución china consisten en derrocar a estos dos enemigos principales por medio de una revolución nacional y democrática, que en esta revolución también la burguesía toma parte en ciertos períodos, y que, incluso cuando la gran burguesía traiciona a la revolución pasando a ser enemiga suya, el filo de la revolución sigue dirigido contra el imperialismo y el feudalismo y no contra el capitalismo y la propiedad privada capitalista en general, dado todo esto, la revolución china en la presente etapa no es, por su carácter, socialista proletaria, sino democrático-burguesa.

    No obstante, la revolución democrático-burguesa en la China de hoy ya no es del tipo viejo, corriente, ya anticuado, sino de un tipo nuevo, particular. Este es el tipo de revolución que se desarrolla actualmente en China y en todas las colonias y semicolonias, y lo denominamos revolución de nueva democracia. La revolución de nueva democracia forma parte de la revolución socialista proletaria mundial, pues se opone resueltamente al imperialismo o capitalismo internacional. En lo político, se propone implantar la dictadura conjunta de las diversas clases revolucionarias contra los imperialistas, los colaboracionistas y los reaccionarios, y se opone a la transformación de la sociedad china en una sociedad de dictadura burguesa. En lo económico, tiene como propósito nacionalizar el gran capital y las grandes empresas de los imperialistas, los colaboracionistas y los reaccionarios, y distribuir la tierra de la clase terrateniente entre los campesinos; junto con ello, conservará las empresas capitalistas privadas en general y no eliminará la economía de campesino rico. Así, esta revolución democrática de nuevo tipo, aunque por un lado desbroza el camino para el capitalismo, por el otro crea las premisas para el socialismo. La presente etapa de la revolución china es una etapa de transición cuyo objetivo consiste en poner fin a la sociedad colonial, semicolonial y semifeudal y preparar las condiciones para la edificación de la sociedad socialista, o sea, es el proceso de una revolución de nueva democracia. Este proceso empezó sólo después de la Primera Guerra Mundial y de la Revolución de Octubre en Rusia, y, en China, comenzó con el Movimiento del 4 de Mayo de 1919. Por revolución de nueva democracia se entiende una revolución antiimperialista y antifeudal de las grandes masas populares bajo la dirección del proletariado. Sólo a través de una revolución semejante puede la sociedad china avanzar hasta el socialismo; no hay otro camino.

    La revolución de nueva democracia es muy diferente de las revoluciones democráticas que tuvieron lugar en los países de Europa y Norteamérica; no conduce a la dictadura de la burguesía, sino a la dictadura de frente único de las diversas clases revolucionarias bajo la dirección del proletariado. En la Guerra de Resistencia contra el Japón, el Poder democrático antijaponés establecido en las bases de apoyo, dirigidas por el Partido Comunista de China, es el Poder de frente único nacional antijaponés; no es ni la dictadura de la burguesía sola ni la del proletariado solo, sino una dictadura conjunta de las diversas clases revolucionarias bajo la dirección del proletariado. Todos los que estén en favor de la resistencia al Japón y de la democracia tienen derecho a participar en este Poder, sean cuales fueren los partidos o grupos a que pertenezcan.

    La revolución de nueva democracia también difiere de la revolución socialista; sólo procura derrocar la dominación de los imperialistas, los colaboracionistas y los reaccionarios en China, pero no elimina a ningún sector del capitalismo que pueda contribuir a la lucha antiimperialista y antifeudal.

    La revolución de nueva democracia coincide en lo esencial con la revolución preconizada en 1924 por Sun Yat-sen con sus Tres Principios

    del Pueblo. En el "Manifiesto del I Congreso Nacional del Kuomintang", publicado en aquel año, Sun Yat-sen declaraba:

    "En los Estados modernos, el llamado sistema democrático está en general monopolizado por la burguesía y se ha convertido simplemente en un instrumento de opresión contra la gente sencilla. En cambio, según el Principio de la Democracia sostenido por el Kuomintang, el sistema democrático es un bien común de toda la gente sencilla y no se permite que sea propiedad exclusiva de unos pocos."

    Y añadía:

    "Todas las empresas, pertenecientes a chinos o extranjeros, que fueren de carácter monopolista o demasiado grandes para la administración privada, tales como bancos, ferrocarriles y líneas aéreas, serán administradas por el Estado, con el fin de que el capital privado no pueda dominar la vida material del pueblo; éste es el sentido fundamental de la limitación del capital."

    Y, por último, en su Testamento, Sun Yat-sen enunciaba así el principio básico para la política interior y la exterior: "[. . .] debemos despertar a las masas populares y unirnos en una lucha común con las naciones del mundo que nos traten en pie de igualdad." Así, los Tres Principios del Pueblo de vieja democracia, acordes con la vieja situación internacional e interior, fueron transformados en los Tres Principios del Pueblo de nueva democracia, acordes con la nueva situación internacional e interior. El Partido Comunista de China se refería justamente a estos últimos Tres Principios del Pueblo, y no a otros, cuando declaró, en su manifiesto del 22 de septiembre de 1937, que "siendo los Tres Principios del Pueblo [. . .] lo que China necesita hoy, nuestro Partido está dispuesto a luchar por su completa realización". Estos son los Tres Principios del Pueblo de Sun Yat-sen, que entrañan las Tres Grandes Políticas: alianza con Rusia, alianza con el Partido Comunista y ayuda a los campesinos y obreros. En las nuevas condiciones internacionales e interiores, cualquier tipo de Tres Principios del Pueblo que se separen de las Tres Grandes Políticas no son revolucionarios. (Aquí no vamos a referirnos al hecho de que el comunismo y los Tres Principios del Pueblo coinciden tan sólo en el programa político básico para la revolución democrática y difieren en todos los demás aspectos.)

    De esta manera, en la revolución democrático-burguesa de China no se puede ignorar el papel del proletariado y del campesinado y demás sectores de la pequeña burguesía, ni al formar el frente de lucha (el frente único) ni al organizar el Poder estatal. Quienes tratan de dejarlos al margen no podrán resolver el problema del destino de la nación china ni ningún otro problema del país. La república democrática que ha de crearse en la presente etapa de la revolución debe ser tal que los obreros y los campesinos y demás sectores de la pequeña burguesía tengan en ella la posición y el papel que les corresponden. En otras palabras, debe ser una república democrática basada sobre la alianza revolucionaria de la clase obrera, el campesinado, la pequeña burguesía urbana y otros elementos antiimperialistas y antifeudales. Sólo con la dirección del proletariado es posible establecer cabalmente una república de esta índole.


    6. LAS PERSPECTIVAS DE LA REVOLUCION CHINA

    Aclaradas las cuestiones básicas -- naturaleza de la sociedad china, y blancos, tareas, fuerzas motrices y carácter de la revolución china en la presente etapa --, resulta fácil comprender el problema de las perspectivas de la revolución china, es decir, el problema de la relación entre la revolución democrático-burguesa y la revolución socialista proletaria, la relación entre las etapas presente y futura de la revolución.

    Dado que la revolución democrático-burguesa de China en la etapa actual no es del tipo viejo, corriente, sino que es una revolución democrática de tipo nuevo, particular, una revolución de nueva democracia, y que la revolución china se desarrolla en la nueva situación internacional de los años 30 y 40 del siglo XX, caracterizada por el ascenso del socialismo y la declinación del capitalismo, en la época de la Segunda Guerra Mundial y en un período de revoluciones, no cabe duda de que la perspectiva Final de la revolución china no es el capitalismo, sino el socialismo y el comunismo.

    Dado que en la presente etapa de la revolución china nos proponemos terminar con la condición colonial, semicolonial y semifeudal de la sociedad actual, o sea, luchar por la realización completa de la revolución de nueva democracia, es de suponer, y nada tiene de sorprendente, que la economía capitalista se desarrolle en cierta medida en la sociedad china después de la victoria de la revolución, porque ésta habrá barrido los obstáculos para el desarrollo del capitalismo. Un resultado inevitable de la victoria de la revolución democrática en China, país económicamente atrasado, será cierto desarrollo del capitalismo. Sin embargo, éste constituirá sólo uno de los resultados de la revolución china, y no todos. En suma, sus resultados serán el desarrollo tanto de elementos de capitalismo como de elementos de socialismo. ¿Cuáles son estos últimos? El creciente peso específico del proletariado y del Partido Comunista entre las fuerzas políticas del país, la hegemonía del proletariado y del Partido Comunista reconocida o susceptible de ser reconocida por el campesinado, la intelectualidad y la pequeña burguesía urbana, y el sector estatal en la economía de la república democrática y el sector cooperativo perteneciente al pueblo trabajador. Todos éstos son elementos de socialismo. Como, además, la situación internacional es favorable, muy probablemente la revolución democrático-burguesa china evitará finalmente el camino capitalista y desembocará en el socialismo.


    7. LA DOBLE TAREA DE LA REVOLUCION CHINA Y EL PARTIDO COMUNISTA DE CHINA

    Resumiendo las anteriores secciones del presente capítulo, podemos ver que la revolución china, considerada en su conjunto, tiene una doble tarea. Dicho de otra manera, comprende una revolución democrático-burguesa (la revolución de nueva democracia) y una revolución socialista proletaria, la revolución de la presente etapa y la de la etapa futura. En el cumplimiento de esta doble tarea revolucionaria, la dirección incumbe al Partido Comunista de China, partido del proletariado chino; sin su dirección ninguna revolución puede triunfar.

    Dar cima a la revolución democrático-burguesa (la revolución de nueva democracia) y, cuando estén dadas todas las condiciones necesarias, transformarla en una revolución socialista, he aquí en su totalidad la grande y gloriosa tarea revolucionaria del Partido Comunista de China. Todos los miembros del Partido deben luchar por su cumplimiento y en ningún caso dejarla a medio camino. Algunos militantes políticamente inmaduros piensan que nuestra tarea se limita a la actual revolución democrática y no incluye la futura revolución socialista, o creen que la presente revolución o la revolución agraria son ya la revolución socialista. Hay que subrayar que estos puntos de vista son erróneos. Todo comunista tiene que saber que, tomado en su conjunto, el movimiento revolucionario chino dirigido por el Partido Comunista de China abarca dos etapas: la revolución democrática y la socialista. Se trata de dos procesos revolucionarios cualitativamente distintos, y sólo después de consumado el primero se puede pasar al cumplimiento del segundo. La revolución democrática es la preparación necesaria para la revolución socialista, y la revolución socialista es la dirección inevitable para el desarrollo de la revolución democrática. El objetivo final por el cual luchan todos los comunistas es la instauración definitiva de la sociedad socialista y de la comunista. Sólo comprendiendo tanto las diferencias como las interconexiones entre la revolución democrática y la revolución socialista, podremos dirigir correctamente la revolución china.

    Fuera del Partido Comunista de China, ningún otro partido (burgués o pequeñoburgués) está a la altura de la tarea de dirigir hasta su consumación las dos grandes revoluciones de China, la democrática y la socialista. Desde el mismo día en que nació, el Partido Comunista de China ha tomado sobre sí esta doble tarea, y durante dieciocho años cabales ha venido luchando arduamente por su cumplimiento.

    Esta es una tarea gloriosísima, pero al mismo tiempo muy dura. Será imposible cumplirla sin un Partido Comunista de China bolchevizado que abarque todo el país, tenga un amplio carácter de masas y esté plenamente consolidado en los terrenos ideológico, político y organizativo. Por lo tanto, es deber de cada comunista tomar parte activa en la construcción de un Partido así.

    (*) Nota:. Se debe tener en claro que este documento fue escrito hace 60 años, por lo que muchas de las anotaciones que aquí aparecen ya no son vigentes o han cambiado. Con este documento se pretende mostrar y explicar la base del pensamiento comunista chino, además creemos que este documento, a pesar de su extensión, es fácil de entender y de leer.

    Vida y obra Mao Tse Tsung

    Mao Zedong o Mao Tse-Tung nace un 26 de Noviembre de 1893. Su familia era campesina y sus abuelos tenían un gran terreno al sur de China, por lo que poseían una situación medianamente acomodada.

    Mao y sus hermanos eran más cercanos a su madre que a su padre. Empezó a trabajar a los 6 años. A los 13 años trabajaba a tiempo completo en el campo de su familia. Tenía una gran pasión por la lectura. Nunca aceptó el casamiento que su padre le impuso, y es debido a la mala relación que tenía con este último que decide dejar su casa a los 17 años.

    Se inscribe en un colegio para capacitación de educadores. Rompiendo las tradiciones chinas, se corta la típica cola que tienen en el pelo. En 1918, a la edad de 24, se graduó de profesor y muere su madre.

    Llega a vivir a Beijing donde empieza a trabajar en una universidad, donde no se acostumbra muy bien al ambiente. Pero es ahí donde empieza a escuchar sobre la revolución

    Junto a otras personas, forma el Partido Comunista. En un viaje a su ciudad natal conoce a su 1ª esposa. En este tiempo, China era liderada por Chang Kai-Chek.

    Debido al auge del partido, Mao huye al sur de China. A la edad de 40 años, la cabeza de Mao Tse-Tung valía ¼ de millón de dólares de plata. Al tiempo después, Mao y los demás militantes del partido se van a Jianxi, unas montañas al Este de China. Es aquí donde forma un ejército con los campesinos.

    En 1930, Chang Kai-Chek ataca a Mao, donde resulta muerta su esposa. 6 meses después se casa de nuevo.

    En 1934, Mao se encontraba rodeado por ejércitos del gobierno. Abandonan Jianxi y son interceptados y de las 100 mil personas que acompañaban, sobreviven 20 mil.

    En 1936, llegan al norte, a la ciudad de Yenan, ciudad abandonada por le gobierno. Empieza a construir un nuevo ejército. Mao deja a su esposa por una recluta. Era conocido por ser un gran mujeriego. Ya terminada la 2ª Guerra Mundial, Mao vuelve a reagrupar sus tropas y, para así llegar a Pekín, donde toma definitivamente el poder. Se forma la Nueva República Popular de China un 1º de Octubre de 1949.

    Busca el apoyo de Rusia pero Stalin lo rechaza. Anuncia la reforma agraria, por lo que reparte a los campesinos la tierra de los latifundistas. En 1956 hace una consulta sobre su gobierno, junto con la campaña de “ Las 100 Flores”. Se publican afiches con criticas al Partido Comunista. Mao toma una posición de no aceptar las críticas, por lo que ocurre una “depuración” de derechistas, que fueron enviados a trabajar la tierra.

    En 1958, Mao sale a recorrer el país para no perder el contacto de la gente, donde se impresiona del gigantesco ejército de trabajadores con el que este contaba. Como una nueva estrategia económica, Mao decide obligar a estos 900 millones de campesinos a trabajar en la siderurgia. Al año siguiente, se da cuenta que fue un gran error el haber dejado de lado la agricultura. En el otoño de 1959, faltaba comida para el pueblo porque el acero que se hacía era de mala calidad; 40 millones de personas mueren por esta situación entre 1959 y 1961, pero esto era escondido.

    Mao deja el cargo a Yung Chang-Chi, para quedar en 2º plano y planear durante 5 años su regreso.

    En 1966, a los 73 años, lanza su campaña para volver al poder, nadando semidesnudo en un lago de Pekín, lo cual significaba un renacer de Mao. Los jovenes lo adoraban.

    Mao regresa al poder en 1969.

    Tenía una gran pasión por las mujeres jóvenes, para las cuales era un privilegio estar con Mao

    Mao decide romper con el aislamiento de China con el mundo, para lo cual invita a Richard Nixon, presidente de EE.UU. al país, para entablar comunicaciones con dicho país.

    Empeora su salud y muere el 18 de Noviembre de 1976 a la edad de 83 años, lo que devastó a China.

    A continuación, citas textuales de Mao Tse-Tung

    Un jefe militar no puede pretender ganar la guerra traspasando los limites impuestos por las condiciones materiales, pero si puede y debe esforzarse par vencer dentro de tales límites. El escenario de acción para un jefe militar está construido sobre las condiciones materiales objetivas, pero en este escenario puede dirigir magnificas acciones de épica grandiosidad.

    El objetivo de la guerra no es otro que conservar las fuerzas propias y destruir las enemigas (destruir las fuerzas enemigas significa desarmarlas o privarlas de su capacidad para resistir, y no significa aniquilarlas todas físicamente). La defensa tiene como objetivo inmediato conservar las fuerzas propias, pero al mismo tiempo es un media de complementar el ataque o prepararse para pasar al ataque. La retirada pertenece a la categoría de la defensa y es una continuación de ésta, en tanto que la persecución es una continuación del ataque. Hay que señalar que la destrucción de las fuerzas enemigas es el objetivo primario de la guerra y la conservación de las fuerzas propias, el secundario, porque sólo se puede conservar eficazmente las fuerzas propias destruyendo las enemigas en gran número. Por lo tanto, el ataque, como media principal para destruir las fuerzas del enemigo, es lo primario, en tanto que la defensa, como media auxiliar para destruir las fuerzas enemigas y como uno de los medios para conservar las fuerzas propias, es lo secundario. Es cierto que en la práctica de la guerra, la defensa desempeña el papel principal en muchas ocasiones, mientras que en las demás lo desempeña el ataque, pero si la guerra se considera en su conjunto, el ataque sigue siendo lo primario.

    Sobre la guerra prolongada (mayo de 1938), Obras Escogidas, t. II.

    He aquí nuestros principios militares:

    1. Asestar golpes primero a las fuerzas enemigas dispersas y aisladas, y luego a las fuerzas enemigas concentradas y poderosas.

    2. Tomar primero las ciudades pequeñas y medianas y las vastas zonas rurales, y luego las grandes ciudades.

    3. Tener por objetivo principal el aniquilamiento de la fuerza viva del enemigo y no el mantenimiento o conquista de ciudades o territorios. El mantenimiento o conquista de una ciudad o un territorio es el resultado del aniquilamiento de la fuerza viva del enemigo, y, a menudo, una ciudad o territorio puede ser mantenido o conquistado en definitiva sólo después de cambiar de manos repetidas veces.

    4. En cada batalla, concentrar fuerzas absolutamente superiores (dos, tres, cuatro y en ocasiones hasta cinco o seis veces las fuerzas del enemigo), cercar totalmente las fuerzas enemigas y procurar aniquilarlas por completo, sin dejar que nadie se escape de la red. En circunstancias especiales, usar el método de asestar golpes demoledores al enemigo, esto es, concentrar todas nuestras fuerzas para hacer un ataque frontal y un ataque sobre uno o ambos flancos del enemigo, con el propósito de aniquilar una parte de sus tropas y desbaratar la otra, de modo que nuestro ejército pueda trasladar rápidamente sus fuerzas para aplastar otras tropas enemigas. Hacer lo posible par evitar las batallas de desgaste, en las que lo ganado no compensa lo perdido o sólo resulta equivalente. De este modo, aunque somos inferiores en el conjunto (hablando en términos numéricos), somos absolutamente superiores en cada caso y en cada batalla concreta, y esto nos asegura la victoria en las batallas. Con el tiempo, llegaremos a ser superiores en el conjunto y finalmente liquidaremos a todas las fuerzas enemigas.

    5. No dar ninguna batalla sin preparación, ni dar ninguna batalla sin tener la seguridad de ganarla; hacer todos los esfuerzos para estar bien preparados para cada batalla, hacer todo lo posible para que la correlación existente entre las condiciones del enemigo y las nuestras nos asegure la victoria.

    6. Poner en pleno juego nuestro estilo de lucha: valentía en el combate, espíritu de sacrificio, desprecio a la fatiga y tenacidad en los combates continuos (es decir, entablar combates sucesivos en un corto lapso y sin tomar repose).

    7. Esforzarse por aniquilar al enemigo en la guerra de maniobras. Al mismo tiempo, dar importancia a la táctica de ataque a posiciones con el propósito de apoderarse de los puntos fortificados y ciudades en manos del enemigo.

    8. Con respecto a la toma de las ciudades, apoderarse resueltamente de todos los puntos fortificados y ciudades débilmente defendidas por el enemigo. Apoderarse, en el momento conveniente y si las circunstancias lo permiten, de todos los puntos fortificados y ciudades que el enemigo defienda con medianas fuerzas. En cuanto a los puntos fortificados y ciudades poderosamente defendidos por el enemigo, tomarlos cuando las condiciones para ello hayan madurado.

    9. Reforzar nuestro ejército con todas las armas y la mayor parte de los hombres capturados al enemigo. La fuente principal de los recursos humanos y materiales para nuestro ejército está en el frente.

    10. Aprovechar bien el intervalo entre dos campañas para que nuestras tropas descansen, se adiestren y consoliden. Los períodos de descanso, adiestramiento y consolidación no deben, en general, ser muy prolongados para no dar, hasta donde sea posible, ningún respiro al enemigo.

    Estos son los principales métodos que emplea el Ejército Popular de Liberación para derrotar a Chiang Kai-shek. Han sido forjados por el Ejército Popular de Liberación en largos años de lucha contra los enemigos nacionales y extranjeros, y corresponden completamente a nuestra situación actual. (...) Nuestra estrategia y táctica se basan en la guerra popular y ningún ejército antipopular puede utilizarlas.

    La situación actual y nuestras tareas. (25 de diciembre de 1947), Obras Escogidas, t. IV.

    Sin preparación, la superioridad de fuerzas no es superioridad real ni puede haber tampoco iniciativa. Sabiendo esta verdad, una fuerza inferior pero bien preparada, a menudo puede derrotar a una fuerza enemiga superior mediante ataques por sorpresa.

    Sobre la guerra prolongada. (mayo de 1938), Obras Escogidas, t. II.

    La guerra es la continuación de la política. En este sentido, la guerra es política, y es en sí misma una acción política. No ha habido jamás, desde los tiempos antiguos, ninguna guerra que no tuviese un carácter político. (...)

    Pero la guerra tiene sus características peculiares, y en este sentido, no es igual a la política en general. La guerra es la continuación de la política por otros medios. Cuando la política llega a cierta etapa de su desarrollo, más allá de la cual no puede proseguir por los medios habituales, estalla la guerra para barrer el obstáculo del camino. (...) Cuando sea eliminado el obstáculo y conseguido nuestro objetivo político, terminará la guerra. Mientras no se elimine por completo el obstáculo, la guerra tendrá que continuar hasta que se logre totalmente el objetivo. (...) Se puede decir entonces que la política es guerra sin derramamiento de sangre, en tanto que la guerra es política con derramamiento de sangre.

    Sobre la guerra prolongada (mayo de 1938), Obras Escogidas, t. II.

    Todos los comunistas tienen que comprender esta verdad: El Poder nace del fusil.

    Problemas de la guerra y de la estrategia (6 de noviembre de 1938), Obras Escogidas, tomo II.

    Luchar, fracasar, volver a luchar, fracasar de nuevo volver otra vez a luchar, y así hasta la victoria

    Desechar las ilusiones, prepararse para la lucha (14 de agosto de 1949), Obras Escogidas, t. IV.

    La victoria de ningún modo debe hacernos relajar la vigilancia. Quienquiera que relaje la vigilancia quedará desarmado políticamente y se verá reducido a una posición pasiva.

    Discurso pronunciado en la Reunión Preparatoria de la Nueva Conferencia Consultiva Política (15 de junio de 1949), Obras Escogidas, t. IV.

    Los mandos y combatientes de ningún modo deben relajar ni en lo más mínimo su voluntad de combate; toda idea que tienda a relajar la voluntad de combate o a subestimar al enemigo, es errónea.

    Informe ante la II Sesión Plenaria del Comité Central elegido en el VII Congreso Nacional del Partido Comunista de China (5 de enero de 1949), Obras Escogidas, t. IV.

    Biografías de la Revolución

    Yuan Shikai nace en 1859 y muere en 1916. Fue un importante político y militar chino, figura destacada durante los últimos años del Imperio y los primeros del periodo republicano Al estallar la revolución en 1911, Yuan se puso al mando de las tropas imperiales en China del norte. Negoció la abdicación del último emperador, Puyi, y en virtud del último edicto imperial del régimen manchú (dinastía Qing), promulgado el 12 de febrero de 1912, fue nombrado primer ministro y autorizado para formar un gobierno republicano. Posteriormente, el líder revolucionario Sun Yat-sen dimitió como presidente provisional de la República China en favor de Yuan, que fue elegido presidente en octubre de 1913. En un año, Yuan proscribió a Sun y a su partido, el Guomindang, disolvió el Parlamento y asumió el control dictatorial de China. A finales de 1915, sus partidarios se aseguraron la aprobación provincial de un plan para restaurar la monarquía, y entonces Yuan se autoproclamó emperador. Sin embargo, las rebeliones y protestas populares en las provincias del sur le obligaron a renunciar al poder en abril de 1916. Murió dos meses más tarde.

    Guomindang o Kuomintang, (en chino, 'Partido Nacional del Pueblo'), partido político de China formado durante la revolución de 1911, por la que fue derrocada la dinastía Manchú y se estableció un gobierno republicano en China. El Guomindang fue fundado por el líder revolucionario nacionalista Sun Yat-sen, cuya elección en 1911 como presidente provisional de la república convirtió al Guomindang en el principal partido del nuevo gobierno.

    Chiang Kai-Shek nace en 1887 y muere en 1975 político y líder militar chino, que fue una figura fundamental en la historia de la moderna China. Cuando surgió el levantamiento de 1911 en China, Chiang regresó a Shanghai, donde participó en el derrocamiento del gobierno imperial y en la fundación de la República de China (1912). También participó en la siguiente segunda revolución (1913) y en la campaña (1915-1916) contra el jefe militar Yuan Shikai. En 1926 se embarcó en la expedición al Norte para aplastar a los jefes militares del norte. Después de unificar China bajo su propio liderazgo, Chiang lanzó una serie de campañas a principios de la década de 1930 contra los comunistas dirigidos por Mao Zedong (Mao Tsé-tung) y Zhou Enlai (Chou En-lai), mientras también ofrecía resistencia a los japoneses, que habían invadido Manchuria en 1931. Fue elegido líder del Guomindang en 1938. Durante esta fase de la II Guerra Mundial (1937-1945), Chiang surgió como líder nacional y mundial. Después de que los comunistas consiguieran rápidamente el control de todo el país, Chiang fue obligado a trasladarse a la isla de Taiwan.

    En Taiwan, con ayuda militar y económica de Estados Unidos, Chiang pudo estabilizar la situación y realizar un ambicioso programa de desarrollo económico. Al morir nombra como sucesor a su hijo Jiang Jingguo.

    La Rebelión de Taiping fue un movimiento revolucionario de carácter religioso y político que tuvo lugar en China y supuso el levantamiento popular contra el gobierno imperial de la dinastía Qing (también denominada Manchú) entre 1850 y 1864. La rebelión la lideró el profesor cantonés Hong Xiuquan. Este levantamiento, que costó la vida a unos veinte millones de personas, debilitó de forma grave a la dinastía manchú de los Qing y contribuyó de forma muy indirecta a que en 1912 se produjera su caída definitiva.

    Puyi nace en 1906 y muere en 1967. Fue el último emperador de China (1908-1911) de la dinastía Qing o Manchú. La revolución de 1911-1912, encabezada por Sun Yat-sen, le obligó a abdicar cuando tenía seis años y dio lugar a la República de China. Al final de la II Guerra Mundial, en 1945, Puyi fue capturado por una unidad del ejército soviético. Pasó los últimos ocho años de su vida trabajando como jardinero y bibliotecario en Pekín.

    Zhou Enlai o Chu En-lai nació en 1898 y muere en 1976. Fue primer jefe de gobierno (1949-1976) de la República Popular de China y uno de los más importantes dirigentes del movimiento comunista chino. Tras su regreso a China en 1924, se adhirió a la alianza entre el Guomindang (Kuomintang, KMT o Partido Nacionalista) y el PCCh, liderada por Sun Yat-sen .Junto a Mao Zedong (Mao Tsé-tung) y otros dirigentes, Zhou realizó, entre 1934 y 1935, la histórica Larga Marcha desde China central hasta Yanan en el noroeste. Como destacado dirigente chino, finalizada la larga guerra civil, Zhou intentó restaurar el orden y adoptó un ambicioso programa de reconstrucción económica.

    Larga Marcha fue un recorrido de unos 9.600 kms. emprendido por los comunistas chinos en 1934, después de que la campaña del líder del Guomindang (Kuomintang) Jiang Jieshi (Chiang Kai-shek) los expulsara de sus bases en la provincia de Jiangxi. La marcha comenzó en octubre de 1934 con unos 100.000 soldados, oficiales y seguidores y terminó cuando un grupo de 8.000 hombres llegó a Shaanxi en octubre de 1935 y estableció su cuartel general en Yan'an. Entre los participantes en la Larga Marcha se encontraban, además de Mao, Lin Biao, Zhu De, Zhou Enlai y Deng Xiaoping.

    Lin Biao, quién también era conocido como Lin Piao, aunque su nombre verdadero era Lin Yu-yung (c. 1907-1971),fue un revolucionario y político chino. Graduado por la Academia Militar de Whampoa en 1926, se unió al Guomindang (Kuomintang) en 1924, y al Partido Comunista Chino un año más tarde. Lin fue nombrado vicepresidente del Consejo de Estado en 1954, vicepresidente del Partido Comunista en 1958, ministro de Guerra en 1959 y proclamado segundo miembro en el escalafón del Partido en el año 1966. Murió en un accidente de avión cuando intentaba escapar de China, por haber planeado un fallido golpe de estado con Mao.

    Liu Shaoqi o Lieu Shao-shi nació en 1898. Fue líder comunista chino y la víctima más destacada de la Revolución Cultural. En 1921 se afilió al Partido Comunista Chino y trabajó como organizador en el movimiento sindical. En 1959 sucedió a Mao en la presidencia de la república. En agosto de 1967 él y su esposa fueron confinados y torturados por la Guardia Roja. Más tarde fue expulsado del Partido y murió en prisión en 1969.

    Deng Xiaoping, también Teng Hsiao-Ping nació en 1904 y fue un líder comunista chino que, tras sobrevivir a dos purgas (expulsión o eliminación de miembros de una organización decretada por motivos políticos), pasó a ser el principal gobernante de China después de Mao Zedong. Estudió en Francia a comienzos de la década de 1920 y después regresó a China para trabajar en el Partido Comunista en distintos puestos, uniéndose a Mao Zedong en Jiangxi hacia 1930 y participando en la Larga Marcha en 1934-1935.Tras el colapso del régimen nacionalista y la creación del gobierno comunista en 1949, Deng rápidamente se trasladó a la jerarquía comunista bajo el patronazgo de Mao, desempeñando el cargo de ministro de Finanzas (1953-1954) y secretario general del partido (1956-1966). Expulsado de su cargo en 1967, desapareció hasta que Zhou Enlai le nombró viceprimer ministro en 1973. Expulsó a Hua Guofeng del poder, colocó a sus protegidos Zhao Ziyang y Hu Yaobang en las esferas superiores e inició su campaña para el nuevo desarrollo de China. Las reformas de Deng fueron en general económicas y sociales, dirigidas a fomentar la iniciativa y el crecimiento alcanzados a través de la persuasión y el consenso. El 19 de febrero de 1997 murió en Pekín, dejando como verdadero `hombre fuerte' al presidente de la República y jefe de las Fuerzas Armadas Jiang Zemin.

    Hua Guofeng, también Hua Kuo-feng nació en 1920 y fue un político chino, que sucedió a Zhou Enlai (Chou En-lai) como primer ministro de China (1976-1980) y a Mao Zedong (Mao Tsé-tung) como presidente del Partido Comunista Chino (1976-1981). Desde 1958 hasta 1967 Hua fue nombrado vicegobernador de Hunan, y en 1970 se convirtió en primer secretario del partido en Hunan, cargo en el que continuó durante el periodo de la Revolución Cultural. En 1975 entró a formar parte del gobierno del primer ministro Zhou Enlai como viceprimer ministro y ministro de Seguridad Pública. En 1977 Hua llevó a Deng Xiaoping, que había sido cesado el año anterior, de nuevo al gobierno. Sin embargo, fue eclipsado por la personalidad más dinámica de Deng y, por tanto, su influencia disminuyó. Dimitió como primer ministro en favor de Zhao Ziyang en 1980, y en 1981 como presidente del partido.

    Jiang Qing o Chiang Ching nació en 1914. Fue una actriz y política china, tercera esposa de Mao Zedong (Mao Tsé-tung) y dirigente de la denominada Banda de los Cuatro. En 1937 se unió al grupo comunista en Yan'an, donde conoció a Mao Zedong, con el que contrajo matrimonio en 1939. Tras la muerte de Mao en 1976, ella y tres de sus socios, fueron arrestados y acusados de una serie de delitos, incluida la traición, siendo juzgados a finales de 1980. Oficialmente se dijo que el 14 de mayo de 1991 se había suicidado.

    Los Sucesos de Tiananmen fueron la culminación de una serie de manifestaciones de estudiantes y trabajadores en favor de la democracia en China, que tuvo lugar, en la plaza de Tiananmen (Pekín), durante la primavera de 1989 y que finalizó con miles de muertos y heridos tras la represión gubernamental.

    Conclusión

    Al realizar este trabajo hemos podido percatarnos de la dificultosa, laboriosa y esforzada lucha por la que tuvo que atravezar China para poder llegar a ser la républica estable que es hoy en día; Fue a costa de numerosas revoluciones y revueltas de todo índole, en la cuales, millones de chinos perdieron la vida.

    Un punto que llamó nuestra atención, fue el que China haya sido considerada desde un principio por las potencias mundiales como un territorio al cuál colonizar, llegando a rebajarlo, en una ocasión Japón, como un simple “protectorado” japonés. China cuenta con una cultura que se remonta más allá del 2500 a.C. (en nuestras fechas occidentales), en los cuales, dicho sea de paso, numerosas dinastías dominaron el país. Es por eso que no sorprende, el hecho de que cuando el pueblo chino estaba cansada del sistema imperial, y clamaba a gritos por un cambio, aparecen las grandes potencias mundiales con su inmenso afán imperialista y con las intenciones de conquistar esos territorios. A estas potencias no le importó los riquisimos valores con los que esta nación contaba, sino lo fundamental para ellos era apoderarze de esas tierras y colonizarlas. Creemos, que estas líneas demuestran sólo un pequeño ejemplo de una de las tantas luchas que ha tenido que soportar el pueblo chino, y nos llena de admiración la voluntad y el coraje con el que han atravesado cada uno de los problemas que se las han presentado a lo largo de la historia.

    Durante el transcurso de éste siglo, China ha atravesado por profundos cambios, hasta apróximadamente 1915 se gobernaba un régiman imperialista; luego hasta 1940 gobierna el Kuomitang, tratando de unificar al país y de hacerlo surgir; a partir de 1940 gobierna el partido comunista creado por Mao y todo gira en torno a él. Cabe destacar que la tarea de Mao no fue fácil, tuvo altos y bajos y tuvieron lugar diversos cambios. De todas formas, no nos consideramos capaces de dar un a opinión al respecto de la labor realizada por el partido comunista chino. No creemos que nuestra opinión sea objetiva, puesto que toda la información encontrada fue escrita por autores comunistas que de una manera u otra sesgan la opinión de la cultura occidental. Quizás el tiempo se encargue de evalura la situación, por ahora sólo nos queda esperar.

    Es imposible tratar de adivinar que hubiese pasado con China si gobernara actualmente el Kuomitang, es un hecho que la historia no se puede adivinar, pero nos entretiene la idea de imaginar que hubiese pasado si Mao no hubiese liderado a sus tropas de la forma en que lo hizo y si no hubiese contado con la ayuda de la U.R.S.S..

    Creemos que la labor de esta república fue fundamental en la asentación del Patido Comunista Chino en el poder.

    Mao es un hombre que no deja de sorprendernos, es un hombre que demuestra claramente que con tezón y esfuerzo todo se logra. Naciendo en una humlide cuna campesina, logró transformarse en presidente de su república y en una de las personas (si es que no es la más) más influyente de China. Y fue gracias a este gran carisma e imponente liderazgo que fue capaz de movilizar a grandes masas de campesinos en pro de su ideal comunista de convertir a China en una républica estable.

    Es lógico que los nombres de muchos hombres mencionados en este trabajo no quedarán por mucho tiempo en nuestras mentes, pero sabemos que jamás olvidaremos lo sucesos acurridos en China durante el siglo que acabams de dejar atrás.

    Nos agrada la idea de saber que conocemos más datos de una cultura un tanto desconocida por nosotros, ya sea por la lejanía, por las diferentes lenguas o por el simple hecho de concentrarnos solamente en la cultura occidental y en lo que pasa sólo en esta mitad del globo. Esperamos que esta conocimiento crezca día día, para realmente poder comprobar que nos interesamos por el resto y que lo que sucede en el este lugar llamado Tierra nos repercute a todos.

    Bibliografía

    • Enciclopedia interactiva Encarta 98

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