Revolución chilena de 1891

Historia de Chile siglo XIX. Gobierno de José Manuel Balmaceda. Causas políticas y económicas de la guerra. Toma de Pisagua. Combates. Consecuencias

  • Enviado por: Jorge Budge
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 17 páginas
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Prologo:

En el siguiente trabajo intentaremos respondernos la pregunta sobre si esta Revolución realmente fue necesaria para efectuar los cambios que en ese entonces se creían necesarios.

Para comenzar, explicaremos brevemente la “Revolución del 91”, para después adentrarnos y profundizar en el tema de una manera sobrecogedora.

La Revolución de 1891

El aumento del poder que poco a poco había ido adquiriendo el Parlamento y el choque con las facultades del Presidente hicieron crisis durante el gobierno de José Manuel Balmaceda(1886-1891).

Él manejó el poder con autoritarismo, sin aceptar someterse a las prácticas parlamentarias que limitaban su poder, posición que lo enfrentó a su propio partido, el liberal. Su gestión se vio entorpecida por la constante lucha partidista en el Congreso.

Balmaceda se interesaba por el desarrollo de la industria salitrera, principal fuente de recursos del país.

La oposición lo criticaba en los ámbitos económico y político.

La disputa entre el Ejecutivo y el Congreso hizo crisis a fines de 1890, cuando el Poder Legislativo se negó a aprobar la Ley de Presupuesto para 1891. Entonces, el presidente prorrogó la ley del año anterior, con lo que fue declarado fuera de la Constitución. De eso se valió el Congreso para deponerlo.

La guerra civil

Impulsada por varios parlamentarios, en Iquique se estableció una Junta de Gobierno cuya principal labor fue preparar un ejército para combatir a Balmaceda, quien contaba con el apoyo del ejército en el Centro y el Sur del país.

En la lucha, las fuerzas del Presidente fueron derrotadas y éste entregó el mando al general Manuel Baquedano. Se asiló en la legación argentina, donde se suicidó el mismo día que terminaba su mandato, el 19 de septiembre de 1891. Su muerte marcó el inicio del período llamado Parlamentarismo.

Introducción

Chile había logrado salir de la anarquía, que caracterizó a casi todos los países latinoamericanos durante el siglo XIX, estableciendo una Constitución Política (1833), cuya característica era la de privilegiar el poder Ejecutivo, por encima del Poder Legislativo.

En la evolución político-institucional, que luego se produce a lo largo de la segunda mitad del siglo, las diversas corrientes y partidos políticos habían ido coincidiendo en que este omnímodo poder Presidencial era la causa de una serie de defectos que padecía la República. En el caso del Presidente Domingo Santa María (1881-1886), se había instalado de hecho un gobierno al estilo de un autocrático zar. Como consecuencia de ello se había hecho costumbre la descarada intervención electoral por parte de los gobernantes de turno. Por otra parte, se había constituido en una norma el imponer, a través de subterfugios, la voluntad del Ejecutivo por sobre los acuerdos del Parlamento. La pugna entre el modelo de gobierno Presidencialista y el Parlamentario llevó a los partidos a mirar hacia el modelo de gobiernos Parlamentarios existentes en Europa y los EE.UU. y, finalmente, a culminar en uno de los hechos más dolorosos de la historia de Chile, que fue la Revolución del 91. En términos concretos, el Presidente Manuel Balmaceda (1886-1891), defensor de los poderes de un Ejecutivo fuerte se confrontará con los poderes de la oligarquía concentrados en el Parlamento. Estos últimos se negaron a aprobar la Ley de Presupuesto presentada por el Gobierno para 1891, obligando al Presidente a salirse de la Constitución al declarar vigente el presupuesto del año anterior. Fue la chispa de un conflicto largamente larvado. Los revolucionarios se legitimaron como Constitucionalistas, esto es, defensores del orden constitucional y liderados por la Marina se atrincheraron en el norte, donde comenzaron los preparativos para la confrontación. Los Balmaceditas contaban con el Ejército regular y desde el poder del gobierno realizaron frecuentes levas entre los campesinos para aumentar su contingente e imponer el orden en el país. Se produjo la Guerra civil, cuyo costo fue por lo menos de 6.000 muertos y 4.000 inhabilitados. La Iglesia chilena, a través de la iniciativa del Arzobispo Mons. Mariano Casanova, realizó una intensa mediación entre las partes para evitar el conflicto armado. Todo fue inútil. Al producirse la sublevación de la Armada y la toma de las salitreras en el norte, por parte de la Oposición, la autoridad eclesiástica aconsejó al clero la más absoluta prescindencia en esta lucha política.

Causas

Gobierno de la fusión

El primer mandatario fusionista fue Pérez. Inteligente y de buen sentido, su escepticismo le impedía tomar vuelo. Le tocó la desgraciada guerra con España, hizo avanzar la "frontera" araucana hasta Malleco y Toltén, y vio progresar los ferrocarriles (LlayLlay a Los Andes, San Fernando a Curicó) y el telégrafo (lo dejaría funcionando entre Copiapó y Concepción).

Pérez cerró su período en 1861. Sería el último "decenio". Se reformó la Constitución para que el presidente no pudiera ser reelegido, como una manera muy efectiva, por cierto de recortar su poder: fue ésta una de las muchas innovaciones constitucionales y legales de la misma finalidad, introducidas en la época posterior a 1861.

Sucedió a Pérez, en el primer "quinquenio" (1871 1876), Federico Errázuriz Zañartu, de aguda inteligencia, diestro y despótico manejador de los hombres, e inclinado a terribles pasiones políticas. Había sido elegido por la "fusión" como el liberal más cercano a los conservadores y a la Iglesia, pues era sobrino del arzobispo Valdivieso y medio hermano del brillante sacerdote Crescente Errázuriz, a su vez muy próximo a Valdivieso. Pero muy luego las llamadas "cuestiones doctrinarias" rompieron la "fusión", y alejaron irreparablemente a Errázuriz de los católicos. Éste se convirtió en el más ardoroso enemigo político de los conservadores y del clero, y ellos replicaron considerándolo un traidor y punto menos que un endemoniado.

Las "cuestiones doctrinarias" se referían, como dijimos. al papel de la Iglesia en la sociedad y la política. Dividieron profundamente a la aristocracia. Hasta desembocar durante el quinquenio Santa María. en las "guerras religiosas". Sólo dos cosas pudieron unificar momentáneamente a la aristocracia, como para que postergase sin olvidarla su honda división "doctrinaria".

Gobierno de Balmaceda

Existieron diversas causas por las cuales se llego a la Guerra, pero la mayoría se remontan a las falencias que hubo en el gobierno de Balmaceda, por lo que a continuación explicamos su política gubernamental y fundamentos.

El año 1886, José Manuel Balmaceda sucedió a Santa María. Tenía cuarenta y seis años y era hijo de ricos agricultores. Parte de sus estudios los realizo en el seminario de Santiago; incluso estuvo decidido a ser sacerdote. Después lo atrajeron los negocios y la política, y su fe religiosa se fue debilitando. Dedicado a la agricultura, consumió su fortuna, hasta arriesgar la quiebra, en una empresa de pionero: el canal de las Mercedes, que, entre varias propiedades, regó la Hacienda Miraflores del futuro Presidente. Quien demostró aquí su carácter audaz, arriesgado he inclinado a las obras visionarias y de gran aliento.

Mientras tanto, había tenido una brillante carrera política: diputado, diplomático y -siendo presidente Domingo Santa Maria -Ministro de Relaciones Exteriores y Ministro del interior. En verdad, Balmaceda fue él más cercano ayudante de Santa María.

Llegado el mismo al sillón de O'Higgins, don José Manuel se mostró de novedosas ideas económicas y un formidable realizador.

Sus ideas se referían al salitre, los ingresos fiscales provenientes de él y los bancos.

Respecto al salitre, proponía:

  • Nacionalizarlo, pero no en el sentido que el estado lo explotara, ni de que se prohibiera hacerlo a los empresarios extranjeros ya dedicados ha ese producto o que quisiesen abordarlo en el futuro. Por “nacionalizar” entendía Balmaceda favorecer la entrada de particulares chilenos al negocio del salitre, vendiéndoles preferencialmente las mejores reservas del mineral todavía en poder del estado.

  • Expropiar y estatizar los ferrocarriles que llevaban el salitre a los puertos de embarques. El mayor de todos era el de Tarapacá, pertenecientes al poderoso John Thomas North, un ingles apodado el Rey del Salitre. Los ferrocarriles en juego habían sido tendidos previa una concesión del estado peruano que les daba el carácter de monopolio. Este privilegio, heredado y respetado por Chile, les permitía cobrar tarifas abusivas, pus no tenían ni podían tener competencia. Mas, por otro lado, declarar simplemente la libertad de ferrocarriles -pensaba Balmaceda- hubiese sido benéfica a las salitreras cercanas a la costa y por lo tanto de fletes menores, y arruinar a las alejadas de ella..., Entre las cuales se contaban las reservas del estado. No sucedía lo mismo con el monopolio, que -a fin de no perder clientes - se preocupo de graduar sus tarifas en tal forma, que las oficinas pagaran un poco menos por kilómetro recorrido, y las próximas al mar, un poco más. ¿Dónde estaba la solución?. Según Balmaceda, en conservar el monopolio, pero traspasándolo al estado mediante la expropiación de los ferrocarriles salitreros. El estado era el único que, así, podría rebajar las tarifas desorbitadas, y al mismo tiempo conservar el sistema de graduarlas para proteger a los empresarios alejados de la costa.

  • Respecto a las rentas fiscales del salitre, la idea de Balmaceda era considerarlas extraordinarias y, por ende, emplearlas en un plan también extraordinario de obras publicas, y no para cubrir los gastos corrientes del estado.

    Por ultimo, respecto a los bancos, quería Balmaceda reglamentarlos con mayor estrictez y hasta propuso, durante la guerra civil, crear el Banco del Estado.

    Casi ninguna de esas ideas se materializo. Aun, Don José Manuel, en oportunidades importantes, actuaría de manera directamente contradictoria con su pensamiento teórico. Esto se debió, por lo general, las que hemos referido fueron concepciones de Balmaceda expresada durante los últimos meses de su mandato, cuando ya su capacidad de actuar estaba muy disminuida por la situación política.

    Pero Balmaceda cumplió, eso así, la idea de aplicar a las obras publicas la riqueza fiscal derivada del salitre. La lista de esas obras es impresionante. Incluye la iniciación de unos mil kilómetros de ferrocarriles, terminándose en el quinquenio mas de 600, con secciones tan hermosas, y técnicamente tan audaces e impactante, como el viaducto del Malleco, que aun hoy nos sorprende por su belleza y la osadía de sus líneas. Otras realizaciones del periodo fueron caminos, puentes, numerosas mejoras portuarias, variados edificios públicos - Ej. La Cárcel de Santiago -, la canalización del río Mapocho, y especialmente edificios destinados a la enseñanza. Estos comprendieron unos 70 liceos y escuelas - las famosas “Escuela de Balmaceda”, algunas todavía en servicio -, la Escuela de Arte y Oficios, la de Medicina, la Militar, la Normal de preceptores, el Internado de Santiago (actual Barros Arana), etc. La educación figura entre las preocupaciones dominantes del mandatario, y no solo el aspecto material: corriendo su quinquenio, se creo el Instituto Pedagógico, para formar científicamente a los profesores médicos, y se implanto el “sistema concéntrico” de enseñanza. Consistía en que los alumnos aprendiesen las materias cada vez con mayor profundidad, volviendo sobre ellas periódicamente a lo largo de sus años de estudio. Es, en lo fundamental el que se usa hoy.

    Causas Políticas y Económicas

    Las reformas económicas iniciadas por el Presidente José Manuel Balmaceda Fernández, para controlar más de cerca la producción de las salitreras, habían desatado una fuerte oposición de los intereses económicos, normalmente en manos extranjeras. Simultáneamente existía un gran encono de la oposición en contra del Presidente, debido al clima creado para las próximas elecciones y a que habiendo el Congreso emitido un voto de censura en contra del Ministro Enrique Salvador Sanfuentes Andonaegui, el Presidente no lo había destituido, manteniéndolo en el cargo. El 14 de junio de 1890 la Cámara de Diputados acordó aplazar la discusión de la Ley de Presupuesto de 1891, enviada por el Ejecutivo hasta que el Presidente nombrara un nuevo Ministro, lo que igualmente aprobó el Senado el 18 del mismo mes. Además, los Ministros se negaron a concurrir a las sesiones del Congreso cuando fueron citados por éste, lo que produjo un clima de franco enfrentamiento. El Presidente José Manuel Balmaceda Fernández, junto con reestructurar su Ministerio, el 15 de octubre de 1890, declaró clausuradas las sesiones extraordinarias del Congreso, citadas a contar del 1º del mismo mes, lo que constituía el cierre de éste. Como al 1º de enero no estuviera aprobada la Ley del Presupuesto de 1891, ni fijadas las fuerzas de mar y tierra, el Presidente de la República, don José Manuel Balmaceda lanzó un manifiesto dirigido a la Nación, en que justificaba su resolución de no convocar al Congreso y en el cual expresaba su propósito de seguir gobernando sin la aprobación de las leyes mencionadas, fundándose en que el Poder Legislativo no tenía derecho de dejar al Ejecutivo sin presupuestos, ni FF.AA. , asegurando que esa garantía estaba respaldada por la Constitución de 1833.

    Poco después, el 5 de enero, el Presidente dictó un Decreto en el que declaró en vigencia la Ley de Presupuesto y la Ley que fijaba las fuerzas de mar y tierra, aprobadas el año anterior, con el fin de no suspender los servicios públicos y no comprometer el orden interno y la seguridad exterior de la República. Sin embargo, el 1o. de enero de 1891 la mayoría de los parlamentarios del Congreso firmaron un Acta, en el cual declaraban que el Presidente de la República quedaba depuesto de su empleo, por vulnerar las garantías individuales, no cumplir con determinadas leyes y la Constitución Política del Estado. Esta controversia entre los dos poderes del Estado se encontraba en un callejón sin salida, pues ambos creían tener la razón. El parlamentario Enrique Valdés Vergara comisionado por el "Comité Revolucionario", que apoyaba al Congreso, tomó contacto con el Capitán de Navío don Jorge Montt Álvarez , quien se encontraba en situación de disponibilidad y que tenía gran ascendiente sobre oficiales y personal. Convencido de la inconstitucionalidad de la actuación del Presidente, se plegó al movimiento del Congreso poniendo como condición que los Presidentes de ambas Cámaras se embarcaran, para que desde a bordo tomaran las riendas del Gobierno interino del país.

    Desarrollo de la Guerra

    Luego de conocer todas las posibles rezones por las cuales sucedió este acontecimiento histórico, pasamos a describirlo en detalle.

    Las reformas económicas iniciadas por el Presidente José Manuel Balmaceda Fernández, para controlar más de cerca la producción de las salitreras, habían desatado una fuerte oposición de los intereses económicos, normalmente en manos extranjeras. Simultáneamente existía un gran encono de la oposición en contra del Presidente, debido al clima creado para las próximas elecciones y a que habiendo el Congreso emitido un voto de censura en contra del Ministro Enrique Salvador Sanfuentes Andonaegui, el Presidente no lo había destituido, manteniéndolo en el cargo. El 14 de junio de 1890 la Cámara de Diputados acordó aplazar la discusión de la Ley de Presupuesto de 1891, enviada por el Ejecutivo hasta que el Presidente nombrara un nuevo Ministro, lo que igualmente aprobó el Senado el 18 del mismo mes. Además, los Ministros se negaron a concurrir a las sesiones del Congreso cuando fueron citados por éste, lo que produjo un clima de franco enfrentamiento. El Presidente José Manuel Balmaceda Fernández, junto con reestructurar su Ministerio, el 15 de octubre de 1890, declaró clausuradas las sesiones extraordinarias del Congreso, citadas a contar del 1o. del mismo mes, lo que constituía el cierre de éste.

    Como al 1o. de enero no estuviera aprobada la Ley del Presupuesto de 1891, ni fijadas las fuerzas de mar y tierra, el Presidente de la República, don José Manuel Balmaceda lanzó un manifiesto dirigido a la Nación, en que justificaba su resolución de no convocar al Congreso y en el cual expresaba su propósito de seguir gobernando sin la aprobación de las leyes mencionadas, fundándose en que el Poder Legislativo no tenía derecho de dejar al Ejecutivo sin presupuestos, ni FF.AA., asegurando que esa garantía estaba respaldada por la Constitución de 1833. Poco después, el 5 de enero, el Presidente dictó un Decreto en el que declaró en vigencia la Ley de Presupuesto y la Ley que fijaba las fuerzas de mar y tierra, aprobadas el año anterior, con el fin de no suspender los servicios públicos y no comprometer el orden interno y la seguridad exterior de la República. Sin embargo, el 1o. de enero de 1891 la mayoría de los parlamentarios del Congreso firmaron un Acta, en el cual declaraban que el Presidente de la República quedaba depuesto de su empleo, por vulnerar las garantías individuales, no cumplir con determinadas leyes y la Constitución Política del Estado. Esta controversia entre los dos poderes del Estado se encontraba en un callejón sin salida, pues ambos creían tener la razón. El parlamentario Enrique Valdés Vergara comisionado por el "Comité Revolucionario", que apoyaba al Congreso, tomó contacto con el Capitán de Navío don Jorge Montt Alvarez, quien se encontraba en situación de disponibilidad y que tenía gran ascendiente sobre oficiales y personal. Convencido de la inconstitucionalidad de la actuación del Presidente, se plegó al movimiento del Congreso poniendo como condición que los Presidentes de ambas Cámaras se embarcaran, para que desde a bordo tomaran las riendas del Gobierno interino del país. Pronto logró la adhesión de la mayoría de los buques de la Escuadra, los que zarparon el 7 de enero hacia Quintero, donde se reunieron el blindado "Blanco", la corbeta "O'Higgins", el crucero "Esmeralda", el blindado "Cochrane" y la cañonera "Magallanes". El monitor "Huáscar" quedó en Valparaíso con sus máquinas desmontadas. Con fecha 6 de enero el Vicepresidente del Senado, don Waldo Silva, y el Presidente de la Cámara de Diputados, don Ramón Barros Luco, remitieron al Comandante Montt el Acta redactada el 1o. de enero y le comunicaban la organización de una división naval, que quedaba entregada a su mando, para restituir el derecho.

    FUERZAS NAVALES COMPARADAS

    Las fuerzas congresistas contaban con el blindado "Blanco", la corbeta "O'Higgins", el crucero "Esmeralda", el blindado "Cochrane", el monitor "Huáscar" y la cañonera "Magallanes". El Presidente José Manuel Balmaceda Fernández sólo contaba con las torpederas que estaban en sus varaderos, protegidas dentro del galpón de la Caleta de Las Torpederas. Otros buques como los cruceros "Presidente Errázuriz", "Presidente Pinto" y el acorazado "Capitán Prat" se encontraban en construcción en Europa. La corbeta "Abtao" regresaba de su viaje al Mediterráneo y el cazatorpedero "Almirante Condell" navegaba por el Atlántico.

    PRIMERAS OPERACIONES NAVALES (7 al 27 de enero de 1891)

    El día 7 de enero al atardecer, el blindado "Cochrane" arrió embarcaciones armadas y tomó al monitor "Huáscar", que tenía sus máquinas desmontadas y luego lo sacó a remolque de la bahía de Valparaíso, fondeándolo frente a Las Salinas, donde se procedió a ponerlo en servicio. El trabajo quedó terminado el 10 de enero y el buque se incorporó ese mismo día a las fuerzas congresistas. El 8, la Escuadra se apoderó del vapor "Aconcagua" de la Compañía SudAmericana de Vapores y lo armó en guerra. El mismo día se apoderó de 4.500 fusiles Mannlincher de 11 mm. desde el vapor alemán "Cleopatra", que venían destinados al ejército presidencial. El crucero "Esmeralda" fue despachado a Talcahuano en busca de personal, armas y dinero. En la isla Quiriquina se embarcó el General Gregorio Urrutia y en Talcahuano lo hizo todo el personal de la Escuela de Grumetes. En Valparaíso, la Escuadra incautó una lancha cargada con carbón y la envió a Quintero. El día 10 el blindado "Cochrane" captura el vapor "Amazonas", que en un descuido escapó. Sin embargo, fue recapturado por el blindado "Blanco" el día 11. El vapor "Bío Bío" fue capturado en Valparaíso junto a todos los faluchos disponibles, llevándolos a Quintero. También se capturan los vapores "Itata" , "Cachapoal", "Copiapó", "Limarí", "Maule" y "Trumao" y las chatas "Huanay" y "Loa", todos de la Compañía SudAmericana de Vapores. Asimismo se capturan los carboneros "Isidora Cousiño" y "Carlos Roberto" de la Compañía Carbonífera de Lota, que llenos de carbón constituyeron la base para los movimientos de la Escuadra. Otros buques capturados fueron el vapor "Ditsmarschen", "Cachapoalito", el vapor "Bismarck", la barca "Miraflores" y el remolcador "Minero". El Presidente José Manuel Balmaceda Fernández a su vez requisó los vapores "Imperial" y "Maipo" de la Compañía Sud Americana de Vapores. Asimismo arrendó el vapor "Luis Cousiño" a la Compañía Carbonífera de Lota. El "Maipo" posteriormente se entregó a la Escuadra. El 27 de enero el blindado "Blanco" trata de apoderarse del vapor "Imperial" en Valparaíso, lo que fracasa.

    ACTIVIDADES EN EL NORTE (8 al 23 de enero de 1891)

    El 8 de enero el blindado "Cochrane", llevando a bordo al Presidente de la Cámara de Diputados, don Ramón Barros Luco, y la cañonera "Magallanes" zarparon a Iquique, donde notificaron a las autoridades de Gobierno el bloqueo de ese puerto y Pisagua. El 10 de enero se dirigieron a Coquimbo, la corbeta "O'Higgins" y el transporte "Amazonas", donde se apoderaron del puerto y recogieron armas para los regimientos en formación. Después se apoderaron de La Serena y Ovalle. Además apresaron al vapor de ruedas "Toltén". Las fuerzas balmacedistas contraatacaron y obligaron a los congresistas a reembarcarse y abandonar Coquimbo el 27 de enero. El 23 de enero el monitor "Huáscar" y el "Amazonas" se apoderan de Tal Tal y obtienen la adhesión de la ciudad.

    OTRAS ACTIVIDADES (13 de enero al 21 de marzo de 1891)

    El 13 de enero la Escuadra recibió el acuerdo de la Corte de Cuentas (similar a la Contraloría de la República) en el que se rechazaba el Decreto por el cual el Ejecutivo ordenaba, que mientras se dictara las Leyes de Presupuesto de 1891, regirían las aprobadas para el año 1890. El 16 de enero, estando el blindado "Blanco" acoderado a las boyas de la Armada en Valparaíso sin tomar ninguna medida de seguridad, fue bombardeado por los fuertes de la ciudad, averiándolo. Entonces el Capitán de Navío Jorge Montt Alvarez notificó el bloqueo inmediato del puerto. La cañonera "Pilcomayo" y el cazatorpedero "Almirante Lynch" se encontraban en Punta Arenas y habían recibido la orden del Presidente José Manuel Balmaceda Fernández de dirigirse a Ancud. Sin embargo sus tripulantes decidieron unirse a la flota del Congreso. El Gobernador de Magallanes aprovechó el retraso en el zarpe y se apoderó de ambos buques antes de su defección, y los envió a Montevideo. En su trayecto interceptaron al cazatorpedero "Almirante Condell" y juntos se dirigieron a Buenos Aires, donde la cañonera "Pilcomayo" quedó internada. Los cazatorpederos se dirigieron a Valparaíso donde recalaron el 21 de marzo.

    TOMA DE PISAGUA(6 de febrero de 1891)

    El 4 de febrero de 1891 al encontrarse reunida casi toda la Escuadra bloqueando Iquique y habiendo recibido nuevos contingentes de tropas llevados por el " Cachapoal ", el Alto Mando congresista decidió ocupar Pisagua que estaba débilmente defendida. Gran parte de la tropa gobiernista que la había ocupado el 27 de enero había vuelto a Iquique a reforzar la guarnición de ese puerto. A las 23.00 horas del día 5 de febrero, zarpó la escuadrilla compuesta por el blindado "Cochrane", la corbeta "O'Higgins" y los transportes "Amazonas" y "Cachapoal", recalando a Pisagua en la madrugada del día 6, lugar en que mantenía el bloqueo la cañonera " Magallanes ". Por un aviso recibido desde tierra, se supo la distribución de las fuerzas gobiernistas. El Teniente Coronel Valenzuela, Comandante de la Plaza, había hecho ocupar la posición dominante de El Alto Hospicio por 2 piezas de artillería, 40 infantes y un piquete de granaderos a caballo. El resto de la guarnición, compuesto por 250 infantes y 40 artilleros, estaban acantonados en el puerto. A las 06.00 horas se rompió el fuego sobre las posiciones gobiernistas de Pisagua y se desembarcaron 290 hombres por Caleta Playa Blanca, que incluía una compañía de marinería, y tres compañías en Punta Pichalo, tropas que dirigidas por el Capitán de Corbeta Vicente Merino Jarpa avanzó concéntricamente hasta Alto Hospicio. Mientras tanto, en el puerto de Iquique, los buques bloqueadores interceptaban los refuerzos que recibía la guarnición del puerto por la vía terrestre y bombardeaban el vulnerable ferrocarril. La " Magallanes " y la " O'Higgins " efectuaron el fuego de apoyo naval, bombardeando las posiciones defensivas gobiernistas. El Comandante Valenzuela abrió fuego sobre la columna congresista del sur y envió parte de sus tropas para detener la columna del norte. La primera continuó su marcha, apoyada por la artillería de la " Magallanes " y de la " O'Higgins ", cayendo sobre el destacamento que defendía El Alto Hospicio y tomando posesión de un tren que el Comandante de la Plaza tenía preparado para efectuar su retirada, en caso de que fuese necesario. La segunda columna, la del norte, rechazó a las tropas enviadas por Valenzuela y avanzó en profundidad. Este movimiento envolvente puso fin a toda resistencia, cayendo prisioneros 5 oficiales, 22 soldados y capturando dos piezas de artillería con su parque de municiones. El Comandante Valenzuela trató de desplegar su tropa sobre las pendientes que conducen a El Alto Hospicio, pero el fuego de la Escuadra le creó una situación insostenible. Después de una media hora de tregua, las dos columnas victoriosas descendieron rápidamente y mientras los buques suspendían sus fuegos, cayeron sobre el pueblo a pesar de la vigorosa defensa de la guarnición gobiernista. Toda la guarnición fue hecha prisionera, mientras la caballería transportada por la Escuadra se lanzaba en persecución de los granaderos fugitivos. Con esta acción, Pisagua quedó definitivamente en poder de los congresistas y sirvió de base al Ejército que operó sobre Iquique y las oficinas salitreras.

    COMBATES DE SAN FRANCISCO Y HUARA (15 y 17 de febrero de 1891)

    Después de la toma de Pisagua las fuerzas congresistas se concentraron en Alto Hospicio y estaban constituidas de tres batallones, el Constitución N 1, el Navales N 2 de Valparaíso y el Navales N 3 de Pisagua, y de una batería de desembarco de la Escuadra al mando del Teniente 1 de la Armada Juan Williams, acompañada de una columna de marineros, una batería organizada después de la toma de Pisagua y el escuadrón de caballería Libertad N 1. El 15 de febrero de 1891 dichas fuerzas al mando del Coronel Estanislao del Canto Arteaga, salieron a primeras horas en tren desde Alto Hospicio. El Coronel Eulogio Robles, que había llegado con 300 hombres en el " Imperial “, se constituyó como "de las fuerzas de Tarapacá del gobierno. El Coronel Robles, a pesar de su experiencia militar, cometió un grave error estratégico al dividir sus fuerzas, con el propósito de cubrir toda la provincia. Al tener noticias que tropas enemigas avanzaban a su encuentro desde Pisagua, dispuso que el resto de 4º de Línea, dos compañías del batallón Quillota y lo disponible del 10º de Línea, avanzaran hacia El Molle. El Coronel Robles a la cabeza de sus tropas efectuó algunos reconocimientos y el día 14 de febrero de 1891 acampó en Santa Catalina. Reunidas informaciones sobre las tropas congresistas, dispuso que 339 soldados de infantería ocuparan el cerro Dolores, en la localidad de San Francisco de Dolores, el mismo lugar donde se produjo la batalla de Dolores el 9 de noviembre de 1879. Las tropas congresistas ocuparon las cimas y la estación de Dolores, aprovechando el terreno lleno de grietas de las calicheras, como trincheras. El combate se inició a las 15.00 hrs del día 15 y concluyó a las 18.00 con la completa derrota de las fuerzas gobiernistas, a pesar que una compañía del batallón Quillota se pasó a las filas del gobierno, las que a la cabeza de su jefe sólo pudieron salvar apenas 108 hombres, perdiendo el resto entre muertos, heridos y prisioneros. Cuando las fuerzas de gobierno se retiraban por la Estación de Negreiros, recibieron del Intendente de Tarapacá, don Manuel Salinas, el refuerzo de toda la guarnición de Iquique compuesta de 600 hombres, al mando del Jefe de Estado Mayor del Coronel Robles, el Coronel José María Soto. La tropa se dirigió a Pozo Almonte y luego a Huara, tomando allí un posición defensiva. Las fuerzas del Congreso también se habían dirigido a la oficina del Rosario de Huara. Mientras esto sucedía, en Iquique el Comandante Luis Alberto Goñi Simpson del blindado "Blanco" intimó la rendición de la plaza, aprovechando que se encontraba desguarnecida, ocupándola con tropa de marinería y nombrando el 17 de febrero como Comandante General de Armas al Capitán de Corbeta Vicente Merino Jarpa. Al disponer revisar las antiguas posiciones de las tropas gobiernistas, se encontraron escondidos 40.000 tiros de rifle. Mientras tanto, el coronel Soto con sus 600 hombres se acercó a la Estación de Santa Rosa, donde se unió a las tropas que el Coronel Robles había salvado desde San Francisco. El 17 de febrero a las 15.30 hrs. se inició el combate, cuando las fuerzas congresistas iniciaron la ofensiva al mando del General Gregorio Urrutia, jefe del Coronel del Canto, con más de 1.200 hombres. El oportuno ataque de la caballería del gobierno sobre uno de los flancos del enemigo y la habilidad del Coronel Soto de lanzar dos locomotoras a todo vapor sobre los convoyes de tropas congresistas que venían por la vía férrea, amagó las posiciones congresistas teniendo que retirarse desordenadamente del combate en un convoy de tren, dejando en el campo 240 muertos, casi todos marinos.

    OCUPACION DE LOS PUERTOS DEL NORTE (7 de marzo de 1891)

    El vapor " Imperial " desembarcó el 13 de febrero de 1891 a las tropas de la División del Coronel gobiernista Emilio Gana, Jefe de Estado Mayor del Coronel Eulogio Robles, en Sama, lugar que queda a 80 kilómetros al norte de Tacna, a la sazón en poder de Chile después de la Guerra del Pacífico. El mismo día a las 17.00 hrs. las tropas se pusieron en marcha a Yalata, río Sama, adonde arribaron a las 15.00 hrs. del día siguiente, después de una marcha de 63 kilómetros por el desierto. El 16 se marchó a Tacna, adonde éstas arribaron el día 17 a las 14.00 hrs. El 19 se dirigieron a Zapiga llegando el día 25, logrando reunirse con el Coronel Eulogio Robles, quien contaba sólo con el 5º de Línea compuesto de 560 hombres, ya que había dejado el batallón Quillota en Arica para reforzar la guarnición. A su vez, la División del Coronel Miguel Arrate Larraín compuesta de 400 soldados, desembarcó el 10 de febrero en Sama, adonde había sido transportada por el vapor " Luis Cousiño", dirigiéndose el mismo día a Yalata, para continuar al día siguiente a Tacna. Descansó en esta ciudad dos días, para salir el 15 hacia Arica, Chacas, Camarones, Chizas, Tana, llegando a Primitiva y Negreiros el día 20. El 25 de febrero se produjo la reunión de las fuerzas de los Coroneles Robles, Arrate y Gana. Sin embargo, el Coronel Robles pidió más refuerzos al gobierno. Como consecuencia de lo anterior, se organizó en Antofagasta una División al mando del Coronel Hermógenes Camus, con parte de las tropas desembarcadas en este puerto el 23 de febrero, compuesta de los batallones Buin, Linares y Andes. Este refuerzo fue enviado por ferrocarril hasta Calama. De allí se inició el 3 de marzo la marcha por el desierto, recorriendo las localidades de San Salvador, Miscanti y El Toco. El mismo 25 de febrero, las tropas del Coronel Robles emprendieron la marcha a Pozo Almonte, estableciendo su Cuartel General en ese punto. Después del combate de Huara, los congresistas se habían replegado a Pisagua, para embarcarse y dirigirse a Iquique. Desde ese puerto enviaron patrullas de reconocimiento por el desierto. Una de ellas llegó hasta la Estación San Juan donde fue avistada por una patrulla gobiernista, que avisó al Coronel Robles de su presencia, quien apreció que su enemigo se aprestaba para atacar, por lo que concentró sus tropas en Pozo Almonte. Dividió sus tropas en tres divisiones: La 1ª División a cargo del Coronel Arrate con 413 hombres, que tomó posición en el ala derecha y tenía la artillería, la 2ª División al mando del Teniente Coronel Manuel Ruminot con 389 hombres, que cubrió el centro y el ala izquierda y la 3ª División al mando del Teniente Coronel Virgilio Méndez con 379 hombres, que constituía la reserva. Además contaba con una locomotora armada. El 27 de febrero las fuerzas congresistas se dirigieron a la localidad de El Molle, constituidas por los batallones Constitución Nº 1, Valparaíso Nº 2, Pisagua Nº 3, Taltal Nº 4, Chañaral Nº 5, Escuadrón Libertad Nº 1, una columna de franco tiradores, un destacamento de desembarco al mando del Teniente 1º de Marina Juan 2º Williams, compuesto de 2 ametralladoras Gatling, una columna de marinería y un cañon Armstrong de 70 mm al mando del Guardiamarina Gajardo; además un tren blindado y armado con dos ametralladoras al mando del Guardiamarina Felipe de la Fuente. El tren blindado sirvió como medio de reconocimiento y como resultado, el 3 de marzo se tuvo conocimiento que el enemigo ocupaba posiciones defensivas en las lomas situadas al sur de Pozo Almonte. El 6 de marzo el ejército congresista se trasladó a ese lugar y se situó en posición de apresto y a tiro de cañón de las fuerzas gobiernistas. El Coronel Estanislao del Canto, acompañado de su Jefe de Estado Mayor, Coronel Adolfo Holley, practicó un minucioso reconocimiento de las posiciones gobiernistas y decidió atacar su flanco izquierdo. Al amanecer del día 7 de marzo, la artillería congresista rompió el fuego sobre las posiciones del coronel Robles y sus fuerzas avanzaron para flanquear el ala izquierda del ejército balmacedista, lo cual indujo al jefe gobiernista a hacer descender de sus posiciones al batallón Angol, con lo que se comprometieron tropas de ambos bandos, incluso prematuramente la reserva del Comandante Méndez. El ala derecha gobiernista al mando del Coronel Arrate trató de flanquear a los atacantes, pero fue contenida y rechazada, especialmente por las ametralladoras de la Escuadra. Alrededor de las 10.00 hrs. hizo crisis la falta de munición en las tropas del gobierno, las que tuvieron que replegarse. Las tropas congresistas, mayor en número y atacando con el tren blindado con las ametralladoras del Guardiamarina dela Fuente, terminaron por poner en retirada el resto del ejército del Coronel Robles, quien murió heroicamente en la batalla. Los 250 hombres sobrevivientes se reunieron en Pachica con el 5º de Línea, sumando en total 500 hombres, los que se dirigieron a Arica recorriendo 630 kilómetros por el desierto. El 11 de marzo la División Camus llegaba a Quillagua, donde recibió la orden de regresar a Calama. A consecuencias de este enfrentamiento se produjo la caída de las provincias de Tacna, Arica, Tarapacá, Antofagasta y Atacama y la retirada de las tropas gobiernistas en diferentes direcciones, dejando para el Congreso un territorio incondicional a sus pretensiones. Además, durante la medianoche del 7 al 8 de marzo, la tripulación del transporte "Maipo", perteneciente a la Compañía SudAmericana de Vapores, se amotinó y se plegó al bando del Congreso, mientras embarcaba material de guerra en Valparaíso. Luego de embarcar oficiales de ejército que se unieron al bando congresista, se dirigió a Iquique. Este refuerzo permitió ocupar Antofagasta y Calama.

    LA JUNTA DE GOBIERNO Y SUS PRIMERAS MEDIDAS (12 de abril de 1891)

    El 12 de abril de 1891, se reunieron en Iquique, las autoridades que hasta ese momento ejercían las facultades estrictamente necesarias para sostener la lucha armada en contra del Presidente José Manuel Balmaceda. Se acordó formar una Junta de Gobierno, compuesta por el Capitán de Navío Jorge Montt Alvarez, que la presidiría, Waldo Silva, Vicepresidente del Senado y Ramón Barros Luco, Presidente de la Cámara de Diputados como vocales, la que actuaría como Poder Ejecutivo, en reemplazo del Presidente de la República. Se crearon cuatro ministerios: Interior y Obras Públicas, que se reservó para don Manuel A. Matta; Relaciones Exteriores y Justicia, Culto e Instrucción Pública, a cargo de don Isidoro Errázuriz; Hacienda, a cargo de Joaquín Walker Martínez. ; Guerra y Marina, a cargo del Coronel Adolfo Holley. Se entablaron negociaciones para obtener reconocimiento de los gobiernos extranjeros y proceder a la adquisición de armamentos, como así entorpecer las negociaciones del gobierno. Además, con el concurso e influencias de los señores Ross y Matte que se encontraban en Europa se entorpecieron las negociaciones que hacía el Gobierno del Presidente José Manuel Balmaceda, para la entrega de los cruceros "Presidente Pinto" y "Presidente Errázuriz" y el acorazado "Capitán Prat", que se encontraban en construcción en ese continente, logrando que su entrega recién sucediera el 9 de julio, cuando ya la guerra estaba decidida y esos buques no alcanzaban a llegar y tomar parte en la contienda. Además, cuando estuvieron listos se logró impedir que completaran sus tripulaciones. Se adquirieron rifles y municiones en Estados Unidos de América y se comisionó al vapor " Itata " y crucero " Esmeralda " para traerlos al país.

    SITUACION POLITICA DEL PRESIDENTE BALMACEDA

    El 6 de febrero de 1891, el Presidente José Manuel Balmaceda Fernández nombró Ministro del Interior a Domingo Godoy Cruz, quien tomó drásticas medidas en contra de los opositores, vulnerando las garantías constitucionales y cometiendo innumerables abusos, especialmente en contra de familias pudientes.

    El abuso de poder ejercido por el Ministro Godoy, rápidamente incrementó el descontento de la opinión pública y el número de personas que se oponían al Gobierno del Presidente José Manuel Balmaceda, por lo que a medida que pasaba el tiempo, el apoyo al Gobierno era cada vez menor. El Ministro Godoy hizo más daño al Gobierno de Balmaceda que las acciones de la oposición.

    ADQUISICION FRUSTRADA

    Ocupadas las provincias nortinas, la Junta de Gobierno se halló incapacitada para aumentar su ejército por falta de armas. El agente Ricardo Trumbull compró en EE.UU. de N.A. cinco mil fusiles Remington y dos millones de tiros, que debían embarcarse en la goleta "Robert and Minnie " para que en isla San Clemente, frente a las costas de California, se transbordaran al transporte "Itata". El 30 de abril de 1891 zarpó el transporte, desde Arica, escoltado por el crucero "Esmeralda" , dirigiéndose a islas Galápagos, donde efectuaron faena de carbón. Luego el crucero se dirigió a Acapulco donde rellenaría carbón y esperaría al " Itata ", para escoltarlo en el viaje de regreso. El transporte " Itata ", antes de recibir el cargamento de armas, recaló a San Diego, California, el 3 de mayo de 1891 para embarcar carbón y víveres para su buque y el crucero " Esmeralda ", que permitiera el regreso a Chile. De esta manera se impediría que el gobierno norteamericano, que estaba a favor del Presidente Balmaceda, incautara las armas, invocando neutralidad. Los agentes de Balmaceda convencieron a las autoridades norteamericanas de impedir el zarpe del " Itata ", para lo cual, embarcaron un comisario para vigilar el buque. Como éste había sido recibido conforme por las autoridades marítimas, no se impidió el carguío de carbón y víveres. Cuando el buque pidió los documentos de despacho para poder zarpar, esto le fue negado reiteradamente. Su Comandante, Capitán de Fragata Alberto Silva Palma decidió entonces zarpar sin los documentos de despacho ni de sanidad, lo cual efectuó el día 6 de mayo, desembarcando al comisario en una lancha de prácticos en la boca del puerto. Luego se dirigió a encontrarse a la brevedad con la goleta " Robert and Minnie ", que era buscada por buques de la Armada norteamericana para confiscar su cargamento. Cuando esta operación estaba en ejecución, el gobierno norteamericano ordenó al Almirante Mac-Cann, Jefe de la Flota del Pacífico, la captura del transporte "Itata" y en caso de no alcanzarlo en la mar, exigiera su devolución a su recalada en Iquique. El transporte "Itata" logró recibir el embarque y eludir a sus perseguidores, recalando en Iquique el 3 de junio de 1891. El crucero "Esmeralda" debió regresar independientemente debido a no poder conseguir oportunamente carbón en Acapulco. Sin embargo, las presiones del gobierno norteamericano llevaron a la Junta de Gobierno a entregar el buque al crucero "Charleston" el 13 de junio, que lo hizo regresar con su cargamento, escoltado a EE.UU. de N.A.. Posteriormente la Corte de Justicia de EE.UU. de N.A. dictaminó que la retención del transporte "Itata" había sido una arbitrariedad del gobierno norteamericano y un atentado en contra sus propias leyes. El buque y su cargamento fueron dejados en libertad el 30 de septiembre de 1891, cuando la Guerra Civil había terminado.

    LA BATALLA DE CONCON (21 de agosto de 1981)

    A las 07.00 horas del día 21 de agosto se inició la batalla en Concón Bajo, con duelo de artillería. A las 09.30 horas las tropas gobiernistas que vigilaban el vado de Verdejo abandonaron sus posiciones, permitiendo el cruce del río Aconcagua a parte de las tropas congresistas, mientras el resto atacaba frontalmente para permitir el vadeo. La corbeta O'Higgins y el crucero Esmeralda se aproximaron a la playa y abrieron fuego sobre las tropas gobiernistas, lo que produjo el desbande de parte de ellas. La batalla tuvo diferentes alternativas que pudo dar la victoria a cualquiera de los dos bandos, pero la alta moral de las tropas congresistas, se sobrepuso a las dificultades propias de una contienda bélica, y a las 16.00 horas las tropas gobiernistas huían en desbandada hacia Viña del Mar, Quilpué y Quillota. De los ocho mil hombres de las tropas gobiernistas quedaron en el campo de batalla más de 2.200 entre muertos y heridos y 2.000 prisioneros. Cayeron en poder de los vencedores toda la artillería, municiones, parque y miles de fusiles. Los congresistas tuvieron 400 muertos, 600 heridos y 122 desaparecidos, que corresponden a los muertos y ahogados en el cruce del río.

    VIÑA DEL MAR (23 de agosto de 1891)

    Después de la derrota de Concón, el día 22 entre las 19.30 horas y las 01.00 horas del día 23, las fuerzas gobiernistas, que se habían reforzado con tropas traídas de Concepción y de Santiago, tomaron posición en los cerros en forma de semicírculo, que corren en la ribera sur del estero Marga Marga y cierran el camino a Valparaíso. El ala izquierda quedó apoyada en el fuerte Callao (hoy Palacio Presidencial del cerro Castillo) y la derecha a la altura del actual barrio Chorrillos y El Salto. A pesar de los 8.000 hombres que había reunido el Gobierno, que podían representar un valor militar apreciable, sin embargo por su moral quebrantada después de la derrota de Concón y la falta de municiones, no constituían una barrera apreciable, que se opusiera a las fuerzas congresistas para la ocupación de Valparaíso. Los planes congresistas tenían previsto iniciar el ataque a las 02.30 horas del día 23, pero debido a la distancia de 800 metros a campo descubierto que existía entre las posiciones gobiernistas y la línea de inicio del ataque congresista (aproximadamente lo que es la avenida 15 Norte, bajada de Santa Inés), se decidió suspenderlo. A pesar de lo anterior, se produjo un cañoneo entre la artillería gobiernista y la de los congresistas. Se sumaron a este cañoneo el blindado Cochrane, el crucero Esmeralda, Aconcagua y Cachapoal, que dispararon sobre el flanco izquierda de las fuerzas balmacedistas y el fuerte Callao, sin mayores consecuencias.

    BATALLA DE PLACILLA (28 de agosto de 1891)

    Las vacilaciones de los jefes del ejército gobiernista, hicieron retirar las tropas, envíandolas por un lado a reforzar Quillota y por otro lado a establecer una barrera defensiva en las alturas de Placilla, para impedir el paso de las tropas congresistas a Santiago. El ejército del Congreso envió fuerzas a Quilpué, para operar sobre Limache. Con otras fuerzas cortó la línea férrea en el puente Las Cucharas, entre Quilpué y Viña del Mar. Al mismo tiempo varios regimientos balmacedistas se pasaron al bando del Congreso. Aunque las ventajas estaban todas de parte de las fuerzas congresistas, sus jefes vacilaban en atacar a las fuerzas ubicadas en Placilla. La férrea voluntad del Capitán de Navío Jorge Montt Alvarez fue necesaria para imponer la orden de ataque a los jefes de su ejército. Las fuerzas balmacedistas habían logrado reunir 9.500 hombres, 40 cañones y abundantes municiones. Las fuerzas congresistas reunían 11.000 hombres, abundante artillería y municiones. Esta batalla fue la más sangrienta de la Guerra Civil, en la cual murieron heroicos jefes, oficiales y soldados que se habían distinguido por su valentía durante la Guerra del Pacífico, como asimismo destacados personajes de la vida pública de la nación. La victoria de las fuerzas congresistas fue aplastante y decisiva. La derrota fue completa y definitiva. El ejército vencido tuvo 1.115 muertos y 2.500 heridos, lo que equivale a más del 30 por ciento de fuerzas efectivas. El ejército vencedor tuvo 2.070 bajas entre muertos y heridos, lo que equivale al 20 por ciento de sus fuerzas efectivas. Las puertas de Santiago quedaron abiertas y el Presidente José Manuel Balmaceda Fernández dimitió y se asiló en la Legación argentina, suicidándose el 19 de septiembre de 1891. El Capitán de Navío Jorge Montt Alvarez fue ascendido a Almirante y con fecha 6 de enero el Vicepresidente del Senado, don Waldo Silva, y el Presidente de la Cámara de Diputados, don Ramón Barros Luco, remitieron al Comandante Montt el Acta redactada el 1o. de enero y le comunicaban la organización de una división naval, que quedaba entregada a su mando, para restituir el derecho Gobernó un período de 5 años, en el cual trató de reconciliar a los chilenos, dictando varias leyes de amnistía que permitieron a muchos marinos y militares, que habían combatido en las fuerzas balmacedistas, poder reincorporarse al Ejército y a la Marina.

    Consecuencias de la guerra civil de 1891

    El triunfo del congreso prolonga por veintinueve años la vida corporal del régimen portaliano

    Alberto Edwards solo dio forma a un convenio que surge con el rigor de un teorema de la génesis de la revolución de 1891, al decir: “Balmaceda vencedor no habría detenido el curso de la historia, como no lo detuvo don Manuel Montt después de cerro grande”.

    Pero si el triunfo de Balmaceda no habría podido restablecer el régimen de 1830, tampoco podía conducir a la implantación del de 1892 - 1920. Con las reservas que impone lo previsto; o sea, el afloramiento de otra de las posibilidades implícitas en todo momento histórico, casi seguramente se habría seguido un periodo de anarquía, pasajera o prolongada, y de dictaduras templadas o sanguinarias.

    La vida de una forma política que tiene en contra el setenta y cinco por ciento de la opinión consciente de un país, es sencillamente imposible. El gobierno, apoyándolo solo en los elementos que quedaron del lado de Balmaceda, a pesar de los veinte o treinta hombres de talento y de valer moral que figuraban en ellos, en 1892 se habría derrumbado sin necesidad de los empellones de las tres cuartas partes restantes de la opinión.

    Se han visto que el propósito del presidente electo, Claudio Vicuña, era entenderse con la aristocracia revolucionaria; y que este era también el pensamiento de la mayoría de los hombres sensatos y de valer que acompañaron a Balmaceda hasta el desenlace de La Placilla. Es posible que estemos en un gran error, pero los documentos que se conservan de Balmaceda y las informaciones de los hombres más sagaces, entre los que estuvieron en su intimidad hasta el final, nos han dejado el convencimiento de que, vencida la revolución y eliminados del congreso los caudillos políticos que odiaba y los desertores del partido liberal de gobierno, antes de dejar el poder, habría iniciado una política de apaciguamiento de las pasiones y de vuelta a la normalidad, durante el régimen de la nueva constitución.

    Mas para el propósito de Vicuña y la política de apaciguamiento de Balmaceda, hubiesen sido viables, se necesitaba de un nuevo fíat. Ni la benevolencia ni los halagos podían quebrantar el impetu de los, postulados de la revolución vencida, cuya vitalidad iba en ascenso, fortalecidos por la idealización aneja al fracaso material. Ni al grueso de los vencedores habrían alargado mansamente el pescuezo para ser degollados como corderos, ni el ejercito, movilizado para fines políticos desde julio de 1890, ensombrecido por la victoria y con la conciencia de ser el único apoyo de un gobierno sin base de opinión activa, se habría mantenido en la obediencia pasiva mas allá de las idas de gobierno que quedaban a Balmaceda.

    El triunfo del ejercito congresista en Concon y La Placilla prolongo por veintinueve años la vida material del régimen portaliano.

    Balance económico de la revolución

    En cuanto al aspecto económico, la guerra civil de 1891 coincidió con la nueva declinación del lugar que Chile ocupaba en las Américas españolas; y esta coincidencia ha dado pie a las pasiones políticas y a la miopía sicología para convertirla en comodín que explica las ventajas que nos han tomado el Brasil y la República Argentina y que pronto nos tomaran otros pueblos hermanos.

    Dado el habito, inveterado en chile, de ocultar las bajas y los datos contradictorios de los partes oficiales de los jefes de ambos bandos, es imposible precisar el numero de muertos en el conflicto armado. Pero se le puede estimar, con la confianza de no errar mucho, en unos 6000, incluyendo los fusilamientos y los heridos que fallecieron en los hospitales. Más incierto aun es el calculo de los heridos inutilizados para la actividad productora. Para redondear cifras, se les ha estimado en 400. Una perdida de 10000 hombres casi no cuenta en un pueblo de 3000000 de personas.

    Según la memoria de Hacienda, los gastos del ejercicio financiero de 1891 ascendieron a $104.628.402,38, distribuidos así:

    Junta de Gobierno $15.220.254.72

    Gobierno Dictatorial $61.626.732.97

    Gobierno Provisorio $27.781.414.69

    Total $104.628.402.69

    A esta cantidad habría que agregar $5.000.000 valor de las cuentas de ambos gobiernos pendientes al cerrar el ejercicio financiero de 1981. Así es que el gasto total seria de $109.069.808.97.

    El presupuesto de paz para 1891 era el mismo de 1890; o sea, $67.069.808.97

    El costo de la revolución habría sido, pues en números redondos de $42.500.000 de 16 a 22 peniques.

    Las entradas ordinarias ascendieron a $55.723.310.45, pero como al iniciarse el año financiero había en caja $15.619.779.66, la revolución solo aumento la deuda, en números redondos, en $38.000.000, y distrajo para gastos militares parte de los fondos destinados a las obras publicas en construcción.

    Mas pesaron los quebrantos materiales de la economía nacional, pero no habiendo alcanzado a cumplirse la orden de destruir las salitreras, sus efectos se limitaron a agravar la gran crisis económica que empezó en 1893.

    Es aventurado comparar las consecuencias económicas de trastornos de índole tan diversa y tan distantes en el tiempo como las revoluciones de 1851 y 1859 y la guerra con España y la lucha civil de 1891: pero si se recuerda que las primeras nos costaron la perdida de nuestra marina mercante, una intensa crisis económica que se prolongo, con cortas reacciones hasta 1879, y que pesaron decisivamente en la perdida de la Patagonia, quizás no se exageraba afirmando que los quebrantamientos originados por esta ultima fueron menos trascendentales, atendida la vitalidad económica del pueblo chileno en el segundo tercio del siglo XIX y al finalizar el mismo siglo.

    La menor celebridad del ritmo del desarrollo económico, a partir del ultimo cuarto del siglo XIX, y la rapidez con que fue sobrepasado por el de otras secciones de América, se deshizo a causas sociológicas que emana de la naturaleza de los elementos físicos y de la posición geográfica.

    Exageración de las consecuencias económicas políticas y sociológicas de la crisis de 1891

    Por la ilusión muy explicable, se han atribuido a la crisis de 1891 las consecuencias de tres procesos históricos trascendental que venían desde antes, pero que solo afloraron después de esa fecha: la crisis moral (1896 - 1900), el predomino político del elemento andaluz (1920) y las repercusiones de la desintegración espiritual de la civilización occidental (1900 - 1951)

    La crisis moral, o sea el eclipse del optimismo y de la confianza en sus destinos, características de todo un pueblo joven, sano, sociológicamente bien constituido, volcó a su turno, un frasco de tinta sobre la visión del periodo 1892 - 1920, y engendro una idealización exagerada del de 1830 - 1891.

    Por otro lado, Chile nuevo, o sea, el advenimiento al poder del elemento meridional en 1920, por necesidad de su afianzamiento y duración, necesitaba desprestigiar al régimen que suplantó.

    Si apartamos estas lentes de refracción, no tardamos en advertir que los grandes procesos sociológicos que se desarrollaron en el periodo de 1892 - 192, son totalmente extraños a la revolución de 1891, salvo el fracaso de las ilusiones cifradas en la libertad electoral, la autonomía de los partidos y el régimen parlamentario, que se cuenta en el complejo de factores que gestaron la crisis moral. Pronto advertiremos también que la distancia entre el periodo 1830 - 1891 y el de 1892 - 1920 es muy corta, comparada con ale media entre este ultimo periodo y de 1920 - 1951.

    Consecuencias de la Revolución

    Uno de los efectos mas importante fue en cambio de régimen

    El régimen parlamentario: Una nueva forma de gobierno

    La república parlamentaria chilena (1891-1925), adquirió su fisonomía definitiva después de la Revolución de 1891.

    La victoria de los congresistas significó la instauración del régimen parlamentario, en que el Congreso tiene supremacía política sobre la autoridad del Presidente de la República.

    Otro estilo de vida

    Las circunstancias económicas del período, hacían que este sistema fuera favorable para que la clase pudiente ejerciera un control superior o equivalente al estatal, en las actividades políticas, económicas y sociales.

    Así, esta elite social - relativamente pequeña, pero homogénea y con sentido de clase- monopolizaba el poder de la sociedad chilena de comienzos de siglo.

    La clase alta se había formado por la fusión de dos grupos. Uno de ellos era el de la aristocracia tradicional, que venía desde la Colonia, y que tenía en la posesión de la tierra su principal fuente de ingresos. El otro, estaba compuesto por comerciantes, mineros e industriales -enriquecidos durante el siglo XIX- y por sus descendientes.

    Ambos tenían una tradición de vida burguesa y urbana. Se habían unido, dando lugar a un tipo humano y un estilo de vida nuevo. Las costumbres cambiaron con rapidez. Lo europeo, y en especial lo francés, empezó a dominar sin contrapeso en el acontecer diario de los santiaguinos de la clase dirigente.

    Aislamiento

    Este nuevo estilo de vida aisló al sector dirigente chileno del resto del cuerpo social. Muchos autores de comienzo de siglo denunciaron la relajación moral de la oligarquía, considerada como una de las causas más importantes de la crisis nacional.

    De este modo, entre 1900 y 1920, se planteaba la decadencia de la clase alta, en cuanto grupo dirigente de la sociedad, mientras se presentaba el surgimiento de nuevos sectores sociales. Como estos no tenían cabida en el sistema ni en el estilo predominante, muy pronto aspiraron a cambiarlo.

    El Congreso

    Reconocido el papel del Congreso en el ejercicio del poder, en él se hicieron frecuentes ciertas prácticas. Diputados y senadores hacían valer sus fuerzas cuando tenían que aprobar las llamadas leyes periódicas-de presupuesto, contribuciones y Fuerzas Armadas-. Los parlamentarios imprimían al despacho de dichas normas, el ritmo que la conveniencia política les aconsejaba.

    El Congreso ejerció, también, en forma exagerada, la facultad que tenía para interpelar o censurar al gabinete presidencial.

    De este modo, obligaba a los ministros a comparecer ante el Parlamento para justificar sus acciones, o a renunciar, llegando a establecer una intensa rotativa ministerial, que entorpecía la labor del Ejecutivo.

    Bibliografía:

    • Enciclopedia Temática de Chile, Tomo 16, Págs. 95-113. Editorial Ercilla.

    • Colección Practica del Estudiante COLE, Tomo 18, Págs. 153-191. Editorial Antártica.

    • Texto Breve Historia de Chile, de Sergio Villalobos, Págs. 159-161, Editorial Universitaria.

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