Reservoir Dogs; Quentin Tarantino

Análisis de la violencia. Cinematografía. Moral. Escenas violentas: crítica. Filtro objetivo y conductista. Argumento. Justificación

  • Enviado por: Juanjo Gar
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 2 páginas
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Uno de los temas candentes que conmocionó a la opinión pública con el estreno de la película fue el uso supuestamente gratuito de la violencia.Supongo que a estas alturas, la polémica sobre si es moral o no el uso de una violencia tan desaforada en el cine estará ya superada, así que no me detendré en delirios pseudo-didácticos. Lo importante es ver como la violencia de RESERVOIR DOGS se diferencia en exceso de la violencia que vemos en el resto de las películas de Tarantino, y por supuesto, de la que vemos últimamente en el cine como elemento macabro pero con “notas de humor” al fin y al cabo (DOBERMANN, BRAINDEAD, VERY BAD THINGS, etc. ...). Y es que en la década de los noventa, sobre todo entre la juventud, se ha popularizado una concepción humorística de la violencia (que la gente ha identificado erróneamente como "cine gore"). Y se ha popularizado hasta tal punto que la gente ya va a ver películas violentas pensando en echarse unas risas. Esta concepción valdría para PULP FICTION, ABIERTO HASTA EL AMANECER, y obras ajenas como DOBERMANN o VERY BAD THINGS, pero no para RESERVOIR DOGS. En el caso que nos ocupa, la violencia es infinitamente más perturbadora, casi enfermiza. La violencia de RESERVOIR DOGS, lejos de divertir como la de PULP FICTION, impacta e incomoda. Mucha gente que ha conseguido ver RESERVOIR DOGS tras descubrir PULP FICTION se ha sentido decepcionada, precisamente porque la violencia no era tan hilarante como esperaban. No obstante, quienes la vimos en la fecha de su estreno, no recordamos el metraje del film como un cúmulo de carcajadas precisamente, sino como una transmisión de sensaciones inquietantes.

La violencia de RESERVOIR DOGS da miedo porque es real, y además porque está captada con un filtro objetivo y conductista. Exceptuando la escena de la tortura del policía (donde el personaje del Sr. Rubio se regodea con cada detalle violento), la violencia del film aparece para los personajes como algo cotidiano, que ni les afecta ni les sorprende. Los personajes son capaces de conversar fríamente sobre el atraco mientras a metro y medio el Sr. Naranja agoniza en medio de un charco de sangre. Cuando el Sr. Rosa o el Sr. Blanco disparan contra los policías no sienten la más mínima emoción, y cuando Eddie dispara contra el policía torturado y lo mata, tampoco parece que nadie se inmute. Cuando personajes conocidos como el Sr. Marrón o el Sr. Azul mueren, ni les preocupa, y cuando Eddie, Blanco y Rosa llegan al almacén y encuentran muerto al Sr. Rubio parecen conmocionarse menos de lo que deberían. Paralelamente, los policías, supuestos defensores de la justicia, tampoco vacilan ni un instante a la hora de masacrar literalmente a quien se les ponga por delante, e incluso los civiles de a pie, como la señora a la que Blanco y Naranja toman prestado el coche, reaccionan ante una injusticia con violencia (disparando al Sr. Naranja en el estómago, en este caso). El propio Lawrence Bender, productor de la película, estaba de acuerdo en que "en esta película no sienta bien que maten a nadie. Cuando alguien muere, duele. Y el espectador siente ese dolor, al contrario de lo que sucede en las grandes películas de acción como ARMA LETAL, donde se muere un montón de gente y no pasa nada".

Otra de las razones por las que la violencia de RESERVOIR DOGS es más sobrecogedora que la de otros films, es el hecho de sugerir una violencia excesiva en off, fuera de cuadro. Si nos fijamos, la violencia gráfica que verdaderamente vemos en pantalla no es tanta ni tan bestia. Quitando el charco de sangre sobre el que muere el Sr. Naranja, no hay violencia demasiado explícita en RESERVOIR DOGS, y de hecho, las secuencias más violentas de la historia se ocultan, no se muestran (el corte de la oreja, el sanguinario tiroteo en la joyería, la huida del Sr. Rubio con masacre incluida...). Aquí se demuestra una vez más la vieja máxima: que lo que no vemos da más miedo que lo que vemos; para el espectador de cine, ver es conocer, y como diría cierto genio de Providence, no hay mayor temor que el temor a lo desconocido. Un caso similar sería el film LA MATANZA DE TEXAS, donde la violencia que se ve en pantalla no es mucha realmente, a pesar de que la película se recuerde como una de las más violentas jamás contempladas (en parte por la demencial y enrarecida atmósfera del film de Tobe Hooper).

Cuando RESERVOIR DOGS fue presentada en sociedad se le acusó de violencia excesiva y gratuita, e incluso sujetos de tan dudoso curriculum como Wes Craven tuvieron que salirse de la proyección al no soportarla. Sin embargo, la violencia en RESERVOIR DOGS es mucho menos gratuita y más justificada que la de las películas de acción estadounidenses (léase las de Rambo, Chuck Norris y similares). En la cinta de Tarantino, cada personaje que muere o sufre un asalto violento despierta una sensación emocional en el público. La violencia, si bien no es políticamente correcta, si que es mucho más significativa que en otros films, en los que los personajes mueren instantáneamente de un disparo como si fueran malos de videojuego. En RESERVOIR DOGS, el Sr. Naranja recibe un disparo en el vientre y se pasa el resto de la película desangrándose en el suelo, con la cámara captando su agonía, su terror, sus alaridos. Alguien le echó en cara a Tarantino que en ese tipo de secuencias daba la impresión de que se divertía contemplando la violencia, como en la escena de la tortura del poli. Por su parte, Michael Madsen declaraba que "cualquiera a quien hayan puesto una multa alguna vez disfruta con esa escena" (y recordemos que Tarantino estuvo en prisión por impago de multas de aparcamiento). Tarantino también opinaba al respecto: "Creo que yo le saco partido a la violencia en mis películas, y me divierto

En general, puede decirse que es otro caso de los omnipresentes en el mundo del cine. Los guardianes de la moral condenando a un cine como impulsor de la violencia, sólo porque la presencia de ésta no parece justificar ningún mensaje moral contra ella. Pero claro que este tipo de condenas las hemos oído ya demasiadas veces como para hacerles siquiera el más mínimo caso.