René Descartes

Filosofía moderna. Filósofos franceses. Racionalismo. Método cartesiano. Razón. Sustancias

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TEMA V: EL RACIONALISMO DE RENÉ DESCARTES

1.- Introducción

Con René Descartes y su racionalismo, se abre definitivamente la vía moderna de la ciencia y el pensamiento, la vía moderna del vivir. René Descartes y su racionalismo, sin embargo, son sólo la primera piedra, el primer cimiento del edificio moderno de la ciencia y el pensamiento, conformado, asimismo por el empirismo, y, posteriormente, por Kant, Hegel, Fitche, Marx…

Básicamente el racionalismo se opone a la manera de hacer ciencia y pensamiento de la época medieval, renunciando a todos los conocimientos que se asentaron en dicha época y revisándolos en profundidad, al considerarlos nada fiables, por provenir toda su certeza únicamente del argumento de autoridad. Efectivamente, todo el conocimiento que se asentaba en la época medieval, siempre se refería a la autoridad del maestro de quien provenía la formulación argumentativa. Como todo hombre moderno, Descartes, desechó la utilización del principio de autoridad, porque consideraba que negaba la fuerza de la razón y su trabajo, dejando todo a la fuerza de un nombre reconocible.

Por eso, todo el trabajo que se impone Descartes para la ciencia consistirá en llegar a formular una argumentación que garantice la unidad y la fiabilidad absoluta del conocimiento humano. Esta argumentación se conforma con tres pilares: la importancia y preeminencia de la razón, el método como camino de encauzamiento de la razón y del logro de su certeza, y el hombre como elemento sustancial y sustantivo de todo el proceso.

Estos tres temas son los que vamos a desarrollar en los próximos puntos.

2.- La importancia y la preeminencia de la razón.

La época medieval, controvertida porque supuso la imposición de una visión cristiana del mundo, consistía básicamente en la contemplación del mundo para hacer aparecer a Dios, fundamento de la naturaleza y el hombre. Éste no tiene que esforzarse racionalmente para encontrar la esencia divina, ya que esta se manifiesta en la propia naturaleza y con la fé de los individuos.

La época moderna se inicia cuando el científico ya no sólo quiere contemplar la naturaleza sino dominarla. Entenderla, explicarla y utilizarla, son las tres acciones que la ciencia moderna le exige al hombre que quiere conocer la naturaleza, y que se resumen en la acción dominar, supeditarla a la propia acción humana de vivir.

Esta exigencia de dominación ya no le pide al hombre exclusivamente una acción pasiva, una mera recepción de los datos de la naturaleza en conjunción con la esencia divina, tomada por la fé, sino el trabajo intelectual de la razón, que es lo que le compete al hombre. Por eso, a partir de este momento, el hombre es un ser activo, fundamento incuestionable de la reflexión acerca del mundo.

Por ello, lo primero que ha de hacer Descartes es definir qué entiende por razón, esencia propia del hombre, y lo va a hacer, verbi gratia, en la primera parte del Discurso del Método: “la facultad de juzgar y distinguir lo verdadero de lo falso”. ¿Qué es juzgar? Realizar un juicio mediante el cual clasificamos, calificamos, dictaminamos, opinamos, condenamos, amamos, en definitiva, decir un predicado de un sujeto. Y se supone que lo que decimos en ese juicio es verdadero y lo distinguimos de todo lo que es falso. Y es verdadero todo aquellos que no precisa de nada para ser conocido, independiente, y, a la vez, es evidente, transparente y nítido.

Esta razón tiene dos características: la primera es que la razón permite distinguir al hombre de los demás animales, la razón es lo que hace al hombre, hombre, es su esencia. En segundo lugar, la razón no es partible o hay más en un lugar que en otro, la razón es íntegra, una sola, “está entera en cada uno de nosotros”. En tercer lugar, no basta tener está capacidad de juzgar y distinguir, que llamamos razón, es necesario dirigirla bien, por los derroteros adecuados. Esta buena dirección se consigue aplicando a la razón un método.

3.- El método cartesiano

Como tal, el método es un camino para la razón, por el cual la misma discurre perfectamente, logrando la verdad, evidencia e independencia. Pero no sólo es el camino, sino que se conforma también como el lugar del que se ha de derivar el contenido “puro” de la propia razón, precisamente porque ésta ha de estar sujeta de manera rigurosa a los principios que la regulan desde el método. Este segundo aspecto, es el que le confiere a Descartes y al racionalismo, su carácter de modernidad. El método aplicado a la razón nos confiere la facultad de realizar dos acciones complementarias: por una parte, certificar la validez y verdad de nuestro conocimiento, verificarlo; por otra parte, aumentar gradualmente nuestro conocimiento.

El método surge del repaso que descartes realiza al conocimiento que ha recibido de sus maestros. Este repaso le lleva a constatar un conocimiento plural, disperso, falto de unidad y coherencia y poco fiable, por tanto. La validez viene dado, en la mayoría de las ocasiones, por argumentos nada racionales, como puede ser la autoridad de quien establece dicho conocimiento.

Si ninguno de los conocimientos que ha recibido es fiable, se encuentra de repente asentado en la mayor de las incertidumbres, que le lleva a la duda, una duda que se denominará metódica, porque la hace surgir el propio método.

El método tiene una primera función: evitar los errores de dispersión y pluralidad, de falta de unidad y coherencia del conocimiento escolástico. El método tiene como función presentarnos un conocimiento fiable y verdadero. Para ello, va a buscar cuáles de las ciencias tiene una mayor aproximación a la verdad, y encuentra a la lógica y la matemática, con su método han encontrado algunas razones evidentes de una manera intuitiva e inmediata, ha establecido la deducción como el proceso mediante el cual va uniendo las verdades simples. Los dos momentos, rigurosamente aplicados, culminan en el encuentro de una verdad intuitiva y única, de carácter exclusivamente racional.

Un método que aspire a ser riguroso, tiene que contar con los siguientes momentos:

a.- evidencia: una verdad que se da de manera inmediata a la mente.

b.- análisis: descomponer una verdad en los componentes más simples que la forman.

c.- síntesis: unificación de las verdades simples de nuevo en la verdad compleja.

d.- recuento o enumeración: repasar cuántas veces sea preciso para ver que hemos hallado la solución adecuada. En verdad esta enumeración surge de la propia fidelidad al método y a la verdad, pues sólo alguien que aspire a la verdad, a la certeza en su conocimiento, aplicará el método a rajatabla, repasando sus pasos de arriba abajo, de adelante a atrás, etc.…

El método nos dirige a una nueva manera de entender la certeza. En primer lugar, el método comienza por una evidencia, una verdad clara y distinta. Esta claridad y distinción se van a convertir en las dos características de la certeza. Es claro todo aquello que se presenta a nuestra razón de una forma transparente, nítida, evidente; es distinto, aquello que se presenta a la razón de una manera independiente, que no necesita de ninguna otra idea o razón para ser comprendida. A partir de este momento, todas las ideas que se presenten con estas dos características se consideraran ciertas, verdaderas.

Además, Descartes propondrá una clasificación de las ideas que le hombre posee: innatas, que son propiedad del alma; adventicias, que provienen de las percepciones sensibles; ficticias, provienen de la fantasía sobre los datos sensibles.

Las ideas innatas, que son las que se encuentran en el alma y reproducen fielmente la realidad y la captan en su realidad esencial. Poseen las características de claridad y distinción.

4.- La teoría de las sustancias: pensante, infinita y extensa (Hombre, Dios, Mundo)

La teoría de las sustancias nos habla de aquellas cosas que son reales y de las que se puede conseguir un conocimiento racional, verdadero, cierto.

4.1.- La sustancia pensante (Alma). Uno de los puntos de partida de Descartes era la duda metódica. Podíamos dudar de todos los conocimientos que nos habían aportado y que no hubieran sido filtrados a través del tribunal de la razón. De esta situación de duda generaliza, surge una primera verdad: que alguien que duda, un yo que duda y que, por lo tanto, debe de existir. “Pienso, luego existo”. El pensamiento, como hemos dicho ya, es algo más amplio que el simple hecho de opinar o clasificar.

Al analizar esta proposición, lo primero que se constata es que cumple con el criterio de certeza propuesto por Descartes: es una verdad clara y distinta; porque la evidencia de la misma salta a la vista y no necesitamos de ninguna otra idea para entenderla.

El pensamiento se entiende por parte de Descartes como la actividad de toma de conciencia por parte del yo en la su manera más amplia: sentir, amar, imaginar…

En la misma, el pensar y el existir se nos ofrecen de una manera simultánea, tengo conciencia de mi pensamiento e intuyo, al momento, mi existencia. Efectivamente, la existencia y el pensamiento se encuentran ligados de una manera indisoluble en el mismo plano de realidad por un vínculo indisoluble de intuición racional.

Si somos pensamiento y existencia, estableciendo una idea inevitable: que somos una sustancia pensante, una realidad a la cual le corresponde por existencia el pensamiento, que consiste básicamente en pensar.

4.2.- La sustancia infinita (Dios) Tras demostrar la esencialidad del pensamiento y tener un yo pensante, racional y metódico, Descartes ha de tratar de demostrar la existencia de otras realidades diferentes, so pena de quedarse anclado para siempre en el solipsismo. Hay que buscar un puente, un enlace entre el yo pensante y las cosas del exterior del pensamiento, una garantía del conocimiento de las mismas y del contenido del pensamiento.

¿Qué puede ser esa realidad que enlace el pensamiento y la realidad exterior y garantice a ambas? Vuelve al punto de partida, al acto de dudar. En el acto de dudar descubre Descartes una idea en estado puro, la idea de perfección. Esta idea surge cuando pensamos en la duda y en el conocimiento y se hace evidente que es más perfecto conocer que dudar.

¿De dónde proviene la idea de perfección? La respuesta es simple: de un ser sumamente perfecto. El hombre es un ser que duda, y, por tanto, es imposible que haya originado en sí mismo la idea de perfección; el mundo, así mismo, al proporcionar ideas adventicias que no tienen perfección. Sólo queda recurrir a un ser que sea perfecto y que dé la perfección a las cosas y al pensamiento. Esta demostración es una vuelta al argumento ontológico: si un ser es sumamente perfecto no le puede faltar una de las perfecciones, la existencia. Por lo tanto, el ser sumamente perfecto existe, y es Dios.

Este Dios es el que nos proporciona las ideas innatas, las ideas claras y distintas y que son el fundamento de nuestra verdad, en la medida en que nos mantengamos fieles a las mismas y respetemos las reglas del método.

Este Dios es un Dios veraz, y garantía de la verdad del conocimiento, del contenido de la razón y de las acciones de esta razón y de la razón misma, así como lo es de la realidad exterior a nuestros sentidos. No es el Dios medieval, que se representaba simbólicamente en sus propias obras ni tampoco el Dios Bíblico. Se conoce a este Dios como “Deux ex machina”.

Este Dios no es teleológico y no importa las razones por la cuales haya creado el mundo o al hombre, carece de significación. Sólo importa que este mundo se desarrolla conforme a unas leyes homogéneas, de carácter físico - matemático.

4.3.- La sustancia extensa (Mundo) Las cosas no son

en sí mismas ni debemos examinarlas en sí mismas sino en ciertas símbolos de ellas en el espacio. Dos de estos símbolos son, precisamente, la extensión y el movimiento. Extensión y movimiento, son dos ideas innatas (claras y distintas), que permiten a la razón unificar las percepciones que reciben del mundo exterior en forma de relaciones de espacio.

El mundo de los cuerpos es la sustancia extensa, que sólo puede ser conocida por la razón como una intuición, y, desde luego, únicamente como una entidad matemática. La materia no es nada más que extensión, porque el mundo sensible se compone exclusivamente de extensión y movimiento.

De esta identificación se desprenden dos importantes consecuencias: negación de que exista el vacío y rechazo de la finitud y la limitación del mundo material. El ser sensible no es real o material sino matemático o imposible, cuerpos que se mueven en una línea recta en un espacio infinito (cuerpos matemáticos en un espacio matemático)

Al interpretar la sustancia corpórea como un todo continuo (extensión) dotada de un movimiento constante (principio de inercia), se afirma básicamente que la realidad es mecanicista.

El mecanicismo establece que los fenómenos de la naturaleza son reversibles y constantes, y por ello expresables en un lenguaje matemático, o, dicho de otra manera, absolutos, inmutables y universales. Este mecanicismo no se reduce exclusivamente a los cuerpos físicos, sino que afecta también a los seres vivos. Todo es un mecanismo, la única diferencia entre los mecanismo hechos por Dios y los realizados por el hombre es el grado de perfección.