Relato de un naufrago; Gabriel García Márquez

Literatura hispanoamericana contemporánea. Siglo XX. Novela autobiográfica. Resumen

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LA HISTORIA DE ESTA HISTORIA

En esa introducción, se explica un poco lo que será la historia, en el diario dónde se publicó y lo que duraron las publicaciones (14 capítulos y un especial dónde estaban todos los capítulos y algunas ilustraciones). Explica también lo que tuvo que hacer él (Gabriel García Márquez) para conseguir la historia completa y verdadera. Finalmente se cuenta que hay muchas ediciones de este libro o de esta novela, qué el mérito lo tiene el texto y no quién lo ha firmado y qué este libro es uno de los que son de quien lo sufre y no del que lo escribe.

CAPÍTULO 1

El 22 de febrero se anunció regresar hacia Colombia, todo y qué faltaban ocho meses, los cuales pasaríamos en Mobile; dónde repararon el A.R.C. Caldas.

Los días que tenían franquicia hacíamos juerga en una taberna nombrada “Joe
Palooka” e íbamos al cine con la novia; la mía se llamaba Mary Address y nos entendíamos en inglés y español.

Una noche fuimos a ver la película: El motín del Caine. Lo que más nos impresionó de ella fue la tempestad y no el barreminas. Al regresar a dormir un marino, (Diego Velásquez) estaba muy impresionado, igual que yo, me preguntó que sucedería si nos pasase algo igual. Yo tenía temores. La inquietud fue conmigo toda la semana. Pronto se anunció que el A.R.C. Caldas estaba listo para partir, todos traíamos regalos y hablábamos de nuestras familias con insistencia. Yo llevaba una radio. Yo seguía con mis preocupaciones y decidí que al volver a Cartagena abandonaría la Marina. A mi novia no le dije nada pero si lo hice con mi mejor amigo el marinero segundo Ramón Herrera, él también había tomado la misma decisión. Así que fuimos por última vez en Joe Palooka a tomar whisky, ya que la última semana nos pagaron tres veces.

El 24 de febrero zarpó el A.R.C. Caldas rumbo a Cartagena, todos hablábamos de nuestra familia y de los regalos que les traíamos.

Yo, estaba en mi puesto y cumpliendo la orden que se da a todo buque antes de salir de puerto. Al día siguiente estaríamos en el golfo de México, que es muy peligroso en la época del año en que estábamos. El viaje era tranquilo y me había acostumbrado a la navegación. Salíamos de puerto y se dio la orden: “Servicio personal, retirarse. Guardias de mar, a sus puestos.” , al oírlo, me fui al dormitorio. Tumbado en la litera, mi cabeza pensaba otra vez en los temores que tuve la misma noche que fuimos a ver la película.

CAPÍTULO 2

El 26 de febrero estábamos en el golfo. Pensé que mis temores ya eran inspirados, salí a cubierta. El A.R.C Caldas iba rumbo al Caribe, que estaba agitado. Al llegar al Caribe volví a notar mis temores. A las 6 de la mañana, el barco se movía mucho. Yo incluso, no me había mareado, pero le conté mis temores a Luís Rengifo. Él me aseguró que al A.R.C. Caldas no le pasaría nada. Yo me sentía seguro con las palabras de Luís Rengifo. Cada vez había más movimiento en la nave. Faltaban 24 horas para llegar en Cartagena, allí le escribiría a Mary dos veces a la semana.

La noche del 27 de febrero, el mar empezaba a moverse demasiado. Luís Rengifo tampoco estaba mareado. Tuve miedo al mar por primera vez; mientas estaba tumbado en mi litera dieron la orden de ir a babor ya que se tenía que equilibrar el barco. Ayudé a cabo Miguel Ortega para que se pusiera a la otra litera (estaba muy mal, mareado y agotado).Las olas cada vez eran más altas. Había muy movimiento en la nave y era imposible descanar.

A las 10:30 el buque empezó a escorar a inclinarse hacia estribor. Luís Rengifo estaba nervioso y una inmensa ola pasó sobre el buque. Pensé que pronto darían la orden de cortar la carga.. Pero no, dieron la orden de usar los salvavidas. Solo faltaban 2 horas para llegar. Otra ola más grande pasó sobre mi, de pronto me llegaba el agua al cuello y me di cuenta de que caí al agua.

CAPÍTULO 3

Pensé que estaba solo en el mar. Otra ola pasó encima del destructor y éte desapareció. El A.R.C. Caldas quizá se estaba hundiendo y a flote habían neveras, radios, estufas... Algunos de mis compañeros estaban cerca de mi, manteniéndose a flote. Vi dos balsas apareadas por dónde estaban mis compañeros. Una de las balsas desapareció y la otra, una ola la puso a mi lado. Al subir vi que 4 de mis compañeros querían alcanzar la balsa. Intenté remar para alcanzarlos y poder ayudarlos a subir en ella. Ramón Herrera desapareció de la superficie y Luís Rengifo iba hacia la balsa, vino otra ola y, Julio Armador y Eduardo Castillo también desaparecieron. Luis Rengifo estaba fatigado y desesperado; intenté remar hacia él pero no pude, así que mi compañero se hundió. El buque aún estaba en la superficie. Pensé que alguien me vendría a buscar pronto y que alguno de mis compañeros podía haber cogido otra balsa.

La catástrofe había pasado en tan solo 10 minutos. Calculé 2 o 3 horas para mi rescate. Me dolía la rodilla, tenía una herida profunda y pensé en todas las cosas que tenía allí (el reloj, un anillo...) para distraerme un poco.

CAPÍTULO 4

La balsa se empezó a mover, pero no sabía hacia dónde; pensé que lo más seguro era que iba rumbo hacia el interior de Caribe. Pensé que antes de 1 hora algún helicóptero me habría visto. Estaba a punto y con el plan de lo que haría al ver los aviones. A las 3 ya me desesperaba, mis compañeros estarían en Cartagena. Volví a calcular lo de los helicópteros, cómo muy tarde a las 4:30 ya estarían aquí.

Ya era de noche y nada, no había visto ningún avión. La balsa avanzaba lentamente. Eran las 7 y seguía pensando en los aviones. Tenía frío. A las 8 el aire era más frío que el agua. Localicé la Osa Menor y la miraba fijamente, así me sentía menos solo. Esa noche (la del 28 de febrero) era la primera y no tenía hambre ni sed, y pensé que resistiría hasta el día siguiente con la esperanza que vinieran a recatarme.

Empezó a amanecer, yo en la balsa esperaba ver algún avión. La balsa avanzaba sin parar. Pensé en el desayuno que daban en el destructor. El día avanzaba, eran las 11:30 de la mañana.

Pensé que a mis compañeros los habrían rescatado ya. Vi un punto negro, cada vez mejor... era un avión, venía hacia la balsa y yo le hacia señales con la camisa.

CAPÍTULO 5

Me equivoqué, el avión no venía hacia la balsa. Empezaba a tener sed. Vi otro avión que venía hacia la balsa, pero dio la vuelta y desapareció. Me resultaba difícil respirar, tenia sed y hambre. Sabía donde había tierra y, volví a ver un avión, éste muy de cerca. Me habían visto!

El mismo avión volvió a pasar a igual altura. Seguía agitando la camisa. El avión pasó por tercera vez, pero tampoco me distinguió entre el mar. Estuve esperando 1 hora. Sabía de dónde procedían los helicópteros.

Vi unos tiburones que rodeaban la balsa. Nadie me venía a rescatar. Los peces se acercaban también. A las 10 de la noche empecé a remar hacia la Osa Menor y a las 12 seguía haciéndolo.

Tenía mucha sed. Pensé en un compañero, Jaime Manjares; sólo eran imaginaciones.

CAPÍTULO 6

Ya era el tercer día después de la catástrofe y no sabía por dónde iba. Al mediodía ice 2 cosas: intenté saber si la balsa iba siempre en el mismo sentido y marqué una raya en la balsa por cada día que pasaba. Al cuarto día bebí un poco de agua del mar, que no me quitaba la sed pero me refrescaba. Recordé algunos consejos que nos daba el instructor en caso de naufragio.

Vi un barco que venía hacia mi. Remé para alcanzarlo. Sentí deseo de morir. Pensé que si seguía la dirección de la brisa llegaría en una isla de caníbales, dónde sería comido por estos. Mi herida volvió a hacerme daño. Pensé que me cómo última cosa me podría amarrar a la balsa.

Tenía un verdadero y desesperado hambre y era el quinto día en el mar. Pensé que podía coger un pez y comérmelo, pero apareció un tiburón y no lo hice. Vi 7 gaviotas que me indicaron que había tierra cerca, intenté coger una para comérmela.

CAPÍTULO 7

Cogí la gaviota y le torcí el cuello hasta decapitarla, la desplumé, pero al final no me la comí. Pensé que junto con el cinturón podía pescar algo. Esta noche salió la luna, era mi sexta noche en el mar. Sabía que la ruta por dónde estaba yo no era la de ningún barco.

Ya no esperaba nada era un muerto en una balsa. Seguro que a mi familia ya e habían contado que había desaparecido y me habían dado por muerto. No quería morir alimentando a los tiburones. Tenía la necesidad de masticar algo, mastiqué unas tarjetas que tenía, éstas muy húmedas.

Traté de morder l cinturón, los zapatos y la camisa. Dormí mucho profundamente. Pensé que las gaviotas estaban perdidas por el inmenso mar.

CAPÍTULO 8

Era el séptimo día y tenía mucha hambre. El mar estaba calmado. Intenté coger un pez, pero no pude.

Un pez grande saltó dentro de la balsa, yo me pensaba que era un tiburón. Estaba entre la vida y la muerte. Los tiburones se lanzaban en la balsa por el olor de sangre de el pez. El pez era verde y cómo de pequeño relacionaba el color con veneno tuve el presentimiento de que era malo.

Mastiqué el pez con asco. Me volví a sentir con fuerzas cómo el primer día. Limpié el pez con el agua, pero un tiburón lo vio y vino directamente hacia la balsa y además se comió la mitad de mi pez.

CAPÍTULO 9

Quería vengarme de los tiburones. El cielo amenazaba con lluvia. Tenía frío. Una enorme ola pasó y me hizo caer de la balsa, que pude alcanzar.

Tenía mucha suerte. Me agarré con el cinturón en la balsa por si otra ola me hacia volver a caer. La balsa se volvió a tumbar y yo me estaba ahogando pero pude salir de ésta.

Ya llevaba 8 días en el mar y en ningún de ellos llovió. El agua del mar e aliviaba las quemaduras. Tenía fuerzas para resistir, ya que no tenía hambre pero bebía con frecuencia agua del mar. Me acordé de Mary Address, mi novia. Estaba seguro que ésta noche vería las primeras luces en tierra firme.

CAPÍTULO 10

La noche era tranquila y la balsa avanzaba, ¿pero hacia dónde?. Ésta noche no vi luces. La gaviota seguía conmigo, no se iba. El noveno día fue con un gran sol, estaba muy cansado y desecho.

Recordé lo que hacía en el barreminas y ... sentía deseo de morir y mucho miedo.

Encontré una raíz y la mordí, sabia a sangre. Pensaba otra vez en mi familia, seguro que pensaban que estaba muerto. Ya no tenía esperanzas y me sentía bien porque sabia que me estaba muriendo.

CAPÍTULO 11

Pasé la noche más larga. Tuve otra alucinación: vi tierra.

Me sentía mal porque no había muerto. Pensé que no pasaría de aquella noche. Vi una cosa alargada y los reflejos de los cocoteros. Veía perfectamente que era real y no una imaginación, así que cogí los remos y empecé a remar para llegar a tierra.

Solté los remos y mi última esperanza era llegar a tierra, me lancé al agua y empecé a nadar. Nadé mucho. Era imposible volver hacia la balsa.

CAPÍTULO 12

Después de nadar 15 minutos empecé a ver la tierra, me sentía seguro. Estaba muy agotado y con ganas de llegar. Me encontraba muy mal y me dolía todo.

El silencio era lo primero que percibí, iba recuperándome poco a poco. Vi una mujer y le pedí ayuda.

Sentí los ladrillos de un perro, cada vez más de cerca; el perro era de un hombre que me ayudó. Estaba en Colombia.

CAPÍTULO 13

El hombre vino con la mujer que era la chica que yo había visto. Me llevaron a su casa, allí me dieron algo de beber. Nadie sabía nada de la catástrofe..

Yo les intentaba explicar, pero me decían que ya les explicaría después. Tenía que llegar el médico. Vino mucha gente a verme y tenía calor.

Me instalaron en una casa y todos me vinieron a ver. Una avioneta me llevó a Cartagena con mi familia.

CAPÍTULO 14

La gente me trataba cómo héroe por estar 10 días a la deriva y pasar hambre y sed. Los esfuerzosque hice fueron por salvarme y no por ser un héroe. Si la gente no se lo cree, ¿qué hice yo en el mar?