Relaciones Internacionales

Concepto. Integrantes. Quincy Wright. Morton Kaplan. Teoría del Juego. Origen de las Relaciones Internacionales. Evolución Histórica. Sistema Europeo de Estados en ls siglos XVIII y XIX. Sociedad de Naciones. Guerra Fria. Politica Exterior del Estado

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Relaciones Internacionales

Tema 1

1.1. El concepto de las Relaciones Internacionales

El contenido, el objeto y la estructura del concepto de las Relaciones Internacionales es muy difícil de precisar. En este sentido, existen varias escuelas de pensamiento que no se han puesto de acuerdo a la hora de definir el concepto de las Relaciones Internacionales.

Para definirlas a través de su objetivo se utilizan dos criterios:

En primer lugar se utiliza el criterio objetivo: depende de la naturaleza concreta de esas relaciones, lo que conduce inevitablemente a la anarquía. Es lo que Thomas Hobbes denominó Estado de la naturaleza. Es el estudio de la fuerza bruta entre Estados. Mientras la sociedad internacional es anárquica, la interna lo es hasta cierto punto, puesto que existen unas medidas de control ejercidas por los gobiernos que no se dan en la sociedad internacional. Sin embargo, existen ciertas reglas que rigen la sociedad internacional, por ejemplo, el instinto básico de conservación, de perpetuación por el que una comunidad se prolonga en el tiempo. La frase de Hobbes “El hombre es un lobo para el hombre” define perfectamente el devenir de las Relaciones Internacionales durante siglos.

En segundo lugar se utiliza el criterio subjetivo, que determina quiénes son los actores en esa anarquía que son las Relaciones Internacionales. Si las entendemos como la disciplina que estudia las relaciones entre estados, los sujetos son:

  • El Estado.

  • Las organizaciones internacionales.

  • Los Grupos de presión o de interés.

  • Los Grupos profesionales o corporativos

  • Los partidos políticos.

  • La Iglesia.

  • La opinión pública.

  • Los Estados son fundamentales. Toda comunidad política que se considera una nación y se segrega de otra de la que formaba parte, se constituye en Estado (derecho a autodeterminarse y autodeterminación). Se crea, entonces, un Estado con todas las prerrogativas y derechos.

    Las organizaciones internacionales se definen como un sistema de organización social dotado de características orgánicas especiales y técnicas. Los órganos internacionales se dividen en: 1) gubernamentales -dirigidas por el gobierno- y 2) no gubernamentales. Las organizaciones internacionales se consideran junto con los estados los sujetos primarios de las Relaciones Internacionales.

    A continuación se encuentran los grupos de presión o grupos de interés (sujetos transnacionales). Son multinacionales con un órgano central y una red de sucursales en otros países que forman un entramado económico, social y político. Son empresas con gran poder económico internacional o puede ser una sola persona la que dirige el grupo de presión, por ejemplo, el presidente de Microsoft, Bill Gates. Son sujetos de las Relaciones Internacionales porque tienen mucha repercusión en las mismas.

    Luego se encuentran los grupos profesionales o corporativos. Están formados por obreros, comerciantes, médicos, etcétera, que se agrupan internacionalmente para ejercer presión, por ejemplo, la Federación Industrial Mundial, la Cámara Internacional de Comercio, etcétera. Su objetivo es obtener libertades adherentes a sus profesiones.

    Son también sujetos de las Relaciones Internacionales los partidos políticos, ya que existe una internacionalización de todos ellos.

    Otro sujeto de las Relaciones Internacionales es la Iglesia. Las ramificaciones de la Iglesia institucionalizada desbordan las fronteras, es decir, son internacionales en sí mismas.

    Por último, otro sujeto es la opinión pública que actúa sobre los gobiernos.

    Las Relaciones Internacionales tiene por objeto el estudio de un sistema muy complejo de relaciones que se dan en la sociedad internacional entre los sujetos primarios y los secundarios, teniendo en cuenta los factores que constituyen esa sociedad y que influyen en ella y, además, en el comportamiento entre los sujetos. Estos factores influyen en los sujetos y éstos, a su vez, lo hacen en los factores.

    1.2 Delimitación respecto a otras disciplinas de las denominadas Ciencias Sociales

    Las Relaciones Internacionales se han sometido siempre a normas de derecho internacional (tratados, protocolos, convenios, etcétera), por lo que durante mucho tiempo formaron parte del Derecho Internacional. No obstante, y pese a que están relacionadas, así como con la Historia, es preciso distinguir a las Relaciones Internacionales de estas Ciencias Sociales.

    Por un lado, la Historia es imprescindible para explicar las Relaciones Internacionales pese a que tengan sujetos diferentes. Por otro lado, el Derecho Internacional no se puede explicar sin acudir a las Relaciones Internacionales para lo que es preciso conocer el funcionamiento de la sociedad. El Derecho Internacional es un conjunto de normas que intenta regular a la sociedad internacional. Para el profesor Arroyo, el Derecho es accesorio porque se modifica en función de las transformaciones de la sociedad en la que se aplica. Esas transformaciones sociales tienen un reflejo inmediato en el Derecho. Al mismo tiempo, todo el Derecho Internacional regula a la sociedad. Por lo tanto, las Relaciones Internacionales y el Derecho Internacional se complementan de forma indispensable.

    1.3. Fuentes esenciales y fuentes complementarias de las Relaciones Internacionales

    Existen una serie de fuentes de conocimiento que ayudan a conformar el objeto principal de las Relaciones Internacionales: la sociedad internacional. Estas fuentes de conocimiento aportan infinitos datos, cifras, conceptos, etcétera, que contribuyen a conformar ese objeto principal de las Relaciones Internacionales. Estas fuentes de conocimiento se pueden agrupar en dos niveles:

  • Fuentes esenciales o primarias: Ciencias Sociales, Ciencias Políticas e Historia.

  • Fuentes complementarias o secundarias: son infinitas. La sociedad está en permanente cambio, con infinitos sujetos y abarca a casi todas las actuaciones humanas.

  • La primera y fundamental fuente complementaria es la economía. Algunos la consideran la única fuente complementaria porque los factores económicos influyen de forma subyacente en la toma de decisiones de todos los actores de la sociedad internacional. Si se atiende cuidadosamente a la economía, se podrían explicar muchos de los hechos que ocurren en el mundo. Por lo tanto, la economía es casi una fuente primaria.

    Otras fuentes complementarias o secundarias son:

  • La Geografía: distribución geográfica de recursos, como medio físico donde el hombre se mueve.

  • Las disciplinas ecológicas: tratan de preservar el medio ambiente. Han creado una infinidad de organizaciones no gubernamentales (Greenpeace, por ejemplo), e influyen en la opinión pública internacional.

  • La Antropología Social: estudia los modelos de organización humana que proporcionan las claves del conocimiento profundo de grupos o de individuos humanos.

  • La Filosofía: ayuda a conocer la estructura cognitiva de las distintas culturas y su proyección exterior en las demás culturas.

  • Las Ciencias Físicas aplicadas como método en los análisis, sobre todo, cuantitativos.

  • Las Matemáticas por los mismos motivos que las Ciencias Físicas.

  • En definitiva, todas estas fuentes -primarias y secundarias- ayudan a conocer cómo funcionan las Relaciones Internacionales. Por esa razón es necesario conocer cada una de estas fuentes para explicar por qué existen las Relaciones Internacionales.

    Tema 2

    2.1. Autonomía del estudio de las Relaciones Internacionales: sus razones teóricas

    Una disciplina adquiere autonomía cuando una determinada comunidad científica adquiere conciencia de que desde otros campos no se da respuesta a determinadas cuestiones sobre esa teórica disciplina.

    Es difícil fijar el momento en el que las Relaciones Internacionales adquieren autonomía como disciplina. En este sentido, las primeras enseñanzas sobre Relaciones Internacionales se dieron a partir de la Primera Guerra Mundial en la Universidad de Princeton, en los Estados Unidos. Estas enseñanzas estaban impulsadas por el presidente Thomas W. Wilson (1856-1924) quien estaba obsesionado por saber el porqué de las guerras.

    Thomas Wilson era un idealista que creía en el entendimiento entre naciones y en la paz mundial, pese a que fue él quien introdujo a los Estados Unidos en la Gran Guerra de 1917 (el 2 de abril de 1917 Wilson pidió al Congreso norteamericano la intervención de su país en el conflicto armado europeo). Para el presidente Wilson, se podía vivir en paz siempre y cuando lo permitieran Alemania y el Imperio Austrohúngaro, enemigos de los aliados. Sin embargo, Wilson se equivocó en su concepción idealista de las Relaciones Internacionales al no distinguirlas de las Ciencias Políticas.

    El 8 de enero de 1918, Thomas Wilson pronunció en el Congreso de los Estados Unidos la Lista de los catorce puntos con el objetivo de obtener la paz en el conflicto europeo. Estos catorce puntos son: 1) el final de la diplomacia secreta; 2) la libertad de navegación y comercio; 3) la desaparición de las barreras económicas; 4) la reducción de los armamentos militares; 5) la reglamentación de las rivalidades coloniales; 6) la evacuación de Rusia; 7) la restitución de la soberanía en Bélgica; 8) la restitución de Alsacia y Lorena a Francia; 9) el reajuste de las fronteras de Italia; 10) la autonomía de los pueblos del Imperio Austrohúngaro; 11) la evacuación de Rumanía, Serbia y Montenegro; 12) la autonomía de los pueblos del Imperio Otomano; 13) la restitución de la soberanía a Polonia; y 14) la creación de una Liga de Naciones, claro antecedente de la Sociedad de Naciones.

    Todos estos puntos sirvieron para establecer el Tratado de Versalles de 1919, que significó el final de la Primera Guerra Mundial.

    En 1921, Thomas W. Wilson fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz “por su impulso a la Sociedad de Naciones y por la promoción de la paz después de la Primera Guerra Mundial mediante el Tratado de Versalles”, el cual, paradójicamente, algunos historiadores consideran la principal causa de la Segunda Guerra Mundial.

    El teórico judío-alemán Hans Morgenthau (1904-1980) afirmó en 1948 con un criterio más realista que el del presidente Wilson, que en las Relaciones Internacionales no se pueden ignorar las aportaciones de otras disciplinas. La Sociología, la Economía y las Ciencias Políticas, por ejemplo, son los núcleos sobre los que van a girar tanto la disciplina de las Relaciones Internaciones, como sus métodos de estudio. Si bien es cierto que las Relaciones Internacionales se pueden convertir en una disciplina con un contenido específico y una metodología propia -con lo que alcanza su autonomía-, también es cierto que abarcará aspectos de otras disciplinas como la Economía, la Sociología, el Derecho, etcétera.

    Junto con Edward Carr, Hans Morgenthau es uno de las autores más importantes de la Escuela Realista. Esta escuela postula que el Estado es el actor más importante en las Relaciones Internacionales, y que el principal objeto de estudio en esta materia es el Poder. Su libro Política entre las naciones (1948), que hacía énfasis en las relaciones de poder, fue una de las obras clave en el campo de las Relaciones Internacionales norteamericanas de posguerra, y contribuyó a desplazar a las tendencias idealistas -caso de Thomas Wilson- que predominaron hasta la Segunda Guerra Mundial.

    Morgenthau formuló los seis principios del Realismo Político en su obra Política entre las naciones: 1) La política, como la sociedad en general, está gobernada por leyes objetivas arraigadas en la naturaleza humana, que es invariable; por lo tanto, es posible desarrollar una teoría racional que refleje estas leyes objetivas; 2) el rasgo principal del Realismo Político es el concepto de interés, definido en términos de poder que infunde un orden racional al objeto de la política, y de ese modo hace posible la comprensión teórica de la política. El Realismo Político hace hincapié en lo racional, lo objetivo y lo no emocional; 3) El Realismo asume que el interés definido como poder es una categoría objetiva universalmente válida, pero no con una definición fijada de una vez y para siempre. El poder es el control del hombre sobre el hombre; 4) El Realismo Político es consciente del significado moral de la acción política. Es también consciente de la tensión entre el control moral y las exigencias de la acción política eficaz. Por lo tanto, el Realismo no es inmoral, sino que su objeto de estudio no es la moral; 5) El Realismo Político rehúsa a identificar las aspiraciones morales de una nación en particular con las leyes que gobiernan el universo. Es el concepto de interés definido en términos de poder lo que nos salva de los excesos morales y de la torpeza política; 6) El realista político sostiene la autonomía de la esfera política. Se pregunta: “¿cómo afectará esta política al poder de la nación?” El Realismo Político está basado en una concepción pluralista de la naturaleza humana. Un hombre puro y exclusivamente político no sería más que una bestia, pues carecería por completo de límites morales. Sin embargo, para desarrollar una teoría autónoma del comportamiento político, el hombre político debe abstraerse de los demás aspectos de la naturaleza humana.

    Morgenthau sostenía que la política internacional, al igual que toda la política en general, es una lucha por el poder, y que el poder político es una relación psicológica entre aquellos que lo ejercen y aquellos sobre los cuales es ejercido. Le confiere a aquellos que ejercen el poder un control sobre ciertas acciones de los que no lo tienen a través de la influencia de sus mentes. Dicha influencia puede ser ejercida a través de órdenes, amenazas, persuasión, etcétera.

    2.2. Las Relaciones Internacionales como objeto de una teoría específica y las diferentes perspectivas generales

    Durante la Primera Guerra Mundial y, sobre todo, tras terminarse el conflicto, las Relaciones Internacionales empiezan a diferenciarse como disciplina. A partir de 1918 y 1919, algunos teóricos intuyeron que existía algo que tenía un poco de Sociología, de Derecho, de Ciencias Políticas, etcétera.

    En el año 1916, por ejemplo, se publica en Londres una obra de varios autores cuyo título recogía este -“A introduction to the study of International Relations”-. Tres años más tarde, en 1919, se crea en los Estados Unidos la primera cátedra de Relaciones Internacionales en el Colegio Universitario de Gales gracias a la labor de los hermanos Davis con un contenido muy variado y carente de una visión global. Años después, y siempre en países anglosajones, surgieron nuevas cátedras sobre Relaciones Internacionales pero siempre careciendo de ese enfoque científico que necesita una disciplina para ser autónoma.

    2.2.1. Los comienzos: Nicholas Spykman

    Para poner orden a este caos, en 1933 la Fundación Carnegie para la Paz Mundial le encarga al profesor de la Universidad de Yale, Nicholas Spykman (1893-1943), crear los fundamentos teóricos y científicos de las Relaciones Internacionales. En este sentido, publicó, además, “Métodos de aproximación al estudio de la política internacional” en donde hace una distinción entre la realidad y el mundo de los valores.

    Spykman parte de que para poder tener conocimiento de algo, debemos prescindir de la realidad en su plenitud y estudiar tan sólo un sector de esa realidad. Según él, existen tres niveles de conocimiento o tres niveles de aproximarse al conocimiento:

  • Primer nivel. Investigación Histórica: cuál es la situación de una cosa en el tiempo;

  • Segunda nivel. Investigación Científica: cuál es el funcionamiento de una cosa; y

  • Tercer nivel. Dominio o área de la Ciencia Aplicada: cómo se puede influenciar en el comportamiento de esa cosa, de eso que se quiere conocer.

  • Nicholas Spykman concedió especial relevancia al segundo nivel puesto que la investigación científica permite que la teoría de las Relaciones Internacionales tenga que ajustarse a criterios científicos prescindiendo de cualquier escala de valores -religiosos, étnicos, etcétera-.

    Por otro lado, cabe decir que toda ciencia social tiene por objeto el conocimiento del comportamiento social, y como las Relaciones Internacionales son una ciencia social, es obvio que le interesen las relaciones y los comportamientos que se producen entre individuos de distintos estados. Ésta sería la síntesis del pensamiento de N. Spykman.

    La influencia de Nicholas Spykman ha sido enorme. Además, fue el primer teórico del Conductismo en las Relaciones Internacionales y el primer científico autónomo de esa rama de las Ciencias Sociales que llamamos Relaciones Internacionales.

    2.2.2. Los teóricos sistémicos: Quincy Wright y Morton Kaplan

    La teoría más importante de las Relaciones Internacionales es la Teoría del Sistema o Teoría Sistémica ya que ofrece un campo de experimentación amplísimo. La teoría del sistema trata de estudiar parámetros inamovibles, es decir, un marco fijo en cuyo interior existen campos concretos en continua evolución.

    En el año 1931, Quincy Wright (1890-1970) fue el primero en proponer un sistema sobre las Relaciones Internacionales. En 1955 publica “The study of International Relations” que se convertirá en el guión del método sistémico de las Relaciones Internacionales. En ese libro, Wright determinó el campo teórico de las Relaciones Internacionales mediante el lenguaje matemático, pues entiende que este lenguaje es el único que puede fijar los valores infinitos que actúan en las Relaciones Internacionales. Wright establecía unas coordenadas a, b, c… que podían ser economía, política, etcétera, que entrecruzadas en distintas épocas de la historia permitían obtener datos. Por lo tanto, Wright reduce el campo de las Relaciones Internacionales al mundo de las matemáticas porque permite obtener datos exactos.

    Quincy Wright es realmente el introductor de la Teoría Sistémica en las Relaciones Internacionales, pero el verdadero impulsor fue Morton Kaplan, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Chicago y autor de “Sistema y proceso en la política internacional” (1957).

    Según Morton Kaplan, una teoría debe reunir dos condiciones: 1) que las propuestas de esa teoría sean lógicas, es decir, que sean razonables; y 2) que las proposiciones de esa teoría puedan demostrarse. Cuando aplica esto a las Relaciones Internacionales, Kaplan se encuentra con dos problemas:

  • La demostración de las proposiciones es difícil, aunque no imposible.

  • La casi absoluta imposibilidad de aislar el sistema social internacional.

  • Partiendo de esta idea, Kaplan dice que un científico social no puede predecir lo que va a ocurrir, pero sí puede predecir tendencias, es decir, podrá describir los comportamientos del sistema social que está estudiando y predecir las consecuencias de forma global.

    En un sistema global, todos los subsistemas tienden al equilibrio, es decir, existe un parámetro de mayor prestigio (por ejemplo, los Estados Unidos hoy en día) y el resto tiende a equilibrarse. Un conflicto bélico, por ejemplo, tiende a desequilibrar el sistema que, inmediatamente, vuelve a reequilibrarse. Ese sistema es estable por fuera y dinámico por dentro. Además, sufre un proceso constante de acción-reacción y tiene una tendencia constante a perpetuarse. Esto explica los cambios políticos y la jerarquía implícita del sistema. El conjunto de subsistemas da lugar al gran sistema mundial. Cualquier fallo en el sistema provoca conflictos, por ejemplo, desequilibrios políticos, económicos, etcétera, que dan lugar al desequilibrio

    Kaplan elabora una teoría inicial de la política social que se basa en los que él llama sistemas de acción y le añade la Historia que sería el material de demostración. Por eso no hay un sistema internacional sino varios que explican los cambios de poder, el equilibrio de poder, el mundo bipolar, unilateral, el sistema jerárquico entre los estados, etcétera. La historia de cada sistema no demuestra la veracidad de cada uno de ellos.

    Posteriormente, la teoría de los sistemas de acción ha tenido representantes en los Estados Unidos, por ejemplo, el profesor Richard Rosecrance que lo convierte en un sistema de acción único en el que cada actor ocupa un lugar en la pirámide o una hilera de columnas. Un sistema unipolar se daría, por ejemplo, cuando el que ostenta el poder hegemónico no comparte ese poder y constituye él solo el sistema tal y como sucede hoy con los Estados Unidos. Por ejemplo, durante la guerra fría, ese sistema era bipolar ya que la hegemonía la compartían los Estados Unidos y la Unión Soviética.

    2.2.3. La teoría de la decisión y la denominada teoría del juego

    La teoría de la decisión comenzó a aplicarse en situaciones de crisis internacionales, por ejemplo, en la Guerra de Corea o en el conflicto de los misiles soviéticos en Cuba en 1962. La diferencia entre la teoría sistémica y la teoría de la decisión la encontramos en que los sistémicos puros quieren explicar de forma científica el marco global, mientras que la teoría de la decisión tan sólo estudian qué factores ayudan a los gobernantes a tomar decisiones, es decir, cómo se toman las decisiones de los gobernantes, principales sujetos de la política internacional.

    La teoría de la decisión explica los problemas de la política exterior desde el punto de vista de cada estado. En este sentido, el estado es el actor en una situación determinada provocada por una decisión. El estudio de los órganos y de sus actuaciones en esas situaciones concretas nos ofrece una idea sobre la política exterior de un estado, así que, de esta manera, se puede llegar a predecir los modos de actuar de un gobierno y, por tanto, de un estado.

    Ejemplo. En la conflicto de los misiles soviéticos en Cuba (1962), el presidente Kennedy adoptó la decisión de establecer un bloqueo a la isla caribeña y a la Unión Soviética porque creyó que era lo más acertado. Sin embargo, si Cuba y la Unión Soviética se hubiesen enfrentado al bloqueo, se podría haber producido la Tercera Guerra Mundial. Por lo tanto, pese a que el presidente Kennedy tomo una decisión “acertada”, nada impide que esas decisiones conlleven algunas riesgos.

    Las Relaciones Internacionales no deben decir cómo actuar, ni cuál debe ser la decisión correcta; sólo han de explicar cuál ha sido la decisión y cómo se ha tomado. Muchas decisiones de los gobiernos se toman por factores psicológicos o irracionales, es decir, no siguiendo unas reglas lógicas que son fruto de cada momento histórico. Por ejemplo, en nuestro contexto histórico la invasión de Irak fue fruto de una decisión irracional.

    Una variante de la teoría de la decisión es la teoría del juego del matemático húngaro John von Neumann (1903-1957) basada en los juegos de salón. Según Neumann, la guerra es como un juego de cartas en la que cada jugador quiere obtener el máximo para sí concediéndole a su oponente el mínimo; por lo tanto, ganar más concediendo menos.

    Actualmente, la teoría del juego en política internacional se aplica mediante técnicas de simulación por ordenador. Los científicos recurren a la simulación por ordenador para resolver problemas muy complejos que tienen una cantidad de variables y decisiones infinitas. Con el ordenador, a partir de la introducción de esas variables, se puede obtener la decisión más adecuada. En la práctica, lo hicieron los norteamericanos en el Pentágono tras la Segunda Guerra Mundial. Se le encargó a una multinacional el diseño de un juego de política internacional en el que pudiesen jugar distintos grupos de políticos nacionales. A éstos se les daba un supuesto teórico, adoptaban decisiones de acuerdo a esos supuestos y se modificaba la situación. El resto de participantes actuaban en consecuencia y tomaban también decisiones teniendo en cuenta las de su adversario y así sucesivamente.

    Con el avance de la informática, los resultados que se podían obtener eran espectaculares. A los militares les resultó apasionante porque podían introducir múltiples variables en el juego con lo que se multiplicaban los posibles resultados. Además, a partir de las decisiones que se tomasen se podían ver qué consecuencias podrían traer consigo, es decir, se podían prever los resultados.

    Lamentablemente, las limitaciones del juego son enormes. Por ejemplo, el sistema informático es capaz de recibir cientos de datos, pero se le escapa un dato muy importante: la psicología de los que introducen esos datos. De esta forma pueden aparecer resultados disparatados. Un ordenador no puede prever un golpe de estado porque psicológicamente no puede pensar como lo hacen los individuos; sólo están influidos por quien o quienes lo programan.

    2.2.4. La teoría de las telecomunicaciones

    Esta teoría proviene de las Ciencias Sociales e incluye a) el proceso íntegro de la información, b) el sistema de comunicación de masas y c) la creación de la opinión pública.

    La comunicación tiene importancia en las Relaciones Internacionales en dos planos bien distintos:

  • Análisis de los medios y de la comunicación, es decir, análisis del proceso de información -cómo actúan los medios, cómo le dan forma a la opinión pública, la importancia que tienen, etcétera-. Este análisis ya lo hicieron en los años veinte dos teóricos: a) Clark fue el primero en estudiar los sistemas de comunicación y su influencia en la política internacional; y b) Lasswell estudió las técnicas propagandísticas en la Primera Guerra Mundial -tanto las de los aliados como las de Alemania-.

  • Por otro lado, el primer teórico de la comunicación fue el alemán Karl Deutsch (1912-1992) quien consideraba que las Relaciones Internacionales estaban condicionadas por los canales de información, comunicación y mando, una idea que recoge en su libro “Los nervios del gobierno, modelos de comunicación y control político”.

  • La densidad de comunicación permite medir el grado de cohesión de una comunidad política. En este sentido, cuanto mayor sea la densidad de comunicación, más integrada estará una determinada comunidad política. Además, a través de la comunicación se puede conseguir movilizar a la población hacia opciones muy concretas.

    Por ejemplo, Karl Deutsch explica la Guerra de Cuba (1898) a través de la teoría de las telecomunicaciones. En este conflicto armado, los medios de comunicación y el gobierno norteamericanos se unieron con la intención de crear una opinión pública favorable a la intervención estadounidense en la Isla. Algo muy parecido sucedió con la guerra de Vietnam.

    Cuanta menos comunicación haya, menor poder tendrá un país. La comunicación incluye la cantidad pero no la calidad. Cuanta más cantidad de comunicación haya, más estable será un Estado, por ejemplo, la Unión Europea. El caso contrario se da, por ejemplo en el continente africano donde la escasa cantidad de comunicación que se produce en él determina irremediablemente la inestabilidad de África.

    2.2.6. La teoría de la interdependencia funcional

    Esta teoría define qué es la interdependencia y cómo funciona. Es la tesis más relevante y revolucionaria del último tercio del siglo XX. Sus autores empiezan a plantearla a partir de 1975, por lo tanto, relativamente reciente. Estos teóricos son Robert Keohane y Joseph Nye, quienes escribieron en 1977 la obra llamada “Poder e interdependencia. La política mundial en transición”. Ambos pertenecen a la escuela realista norteamericana que propugna que los estados se mueven por su interés nacional y por el poder político -factores reales por los que se mueve un Estado-.

    El Realismo fue formulado en el año 1948 y, por tanto, han aparecido desde entonces factores que no se conocían cuando apareció esta escuela, por ejemplo, el concepto de transnacionalidad que implica, por un lado, reconocer que existen otros elementos y sujetos aparte del Estado que poseen un papel relevante en los procesos internacionales o en las Relaciones Internacionales. Por otro lado, la transnacionalidad implica contactos, coaliciones e interacciones traspasando las fronteras del Estado que no están controlados por órganos centrales del Gobierno. En esos contactos se incluye la burocracia de los demás estados y los sujetos no gubernamentales como por ejemplo las ONG.

    Existen en la sociedad internacional muchos sujetos y factores interconectados que necesitan cooperar entre sí. Esta corriente interdependentista arranca interconexiones con la economía, el medio ambiente y cualquier actividad humana.

    La interdependencia no significa que el Estado pueda ser sustituido por otros sujetos, pero quedaría al lado de otros sujetos.

    2.2.7. El estructuralismo sistémico *

    El estructuralismo sistémico implica que las Relaciones Internacionales están siempre marcadas por una interdependencia fuertemente asimétrica. En este sentido, en las Relaciones Internacionales hay constantemente una compra-venta, es decir, alguien vende y otro compra, y una de esas dos partes es la que se lleva siempre el beneficio. Normalmente, quien vende no le da a quien produce el mismo valor que tiene el producto en el punto de venta, de ahí que se obtenga un beneficio.

    El estructuralismo sistémico se basa en el intercambio desigual que se produce en el terreno económico, social, cultural y político. En este sentido, para que un sistema funcione son necesarias las transacciones económicas.

    Dependencia es una situación en la que varios países tienen su economía condicionada por el desarrollo y la expansión de otros países, colocando a los países dependientes en una posición retrasada.

    El Estado siempre será considero un sujeto dominante, y su papel está condicionado porque la clase dominante lo usa en su propio beneficio. Además, existe una distancia estructural básica en el interés de los estados y entre los propios estados: centro y periferia. Eso explica la naturaleza de la política y la economía internacional que son interdependientes. Desde el interior del Estado se extiende hacia el exterior el subdesarrollo, el expansionismo y el imperialismo

    2.2.8. La sociología como fundamento teórico *

    La Sociología piensa que las Relaciones Internacionales son una rama más de los estudios sociales. Sin embargo, hay teóricos como Max Weber, fundador de la Sociología, que afirman que es imposible que lo social sea objeto de estudio porque es algo indeterminado. Entre las comunidades políticas ha existido siempre una red de relaciones internas y externas que son relaciones sociales. Estas relaciones sociales se desarrollan en un medio que se denomina sociedad internacional. Esas relaciones sociales se producen entre sujetos de la sociedad internacional y se pueden estudiar a través de los hechos sociales, es decir, toda actividad que un sujeto produce en relación con otro sujeto.

    Las Relaciones Internacionales se pueden producir entre comunidades políticas reducidas o entre todas las comunidades políticas de todos los Estados, es decir, en cada Estado se establecen relaciones.

    La Sociología en Francia fue estudiada por Raymond Aron quien entiende que sólo se pueden estudiar las Relaciones Internacionales desde el punto de vista de la Sociología. Sin embargo, si hacemos depender las Relaciones Internacionales de lo social, ¿entre quiénes se dan esas Relaciones Internacionales? Básicamente entre comunidades políticas. Sin embargo, la Sociología no estudia las comunidades políticas. Éstas son estudiadas por las Ciencias Políticas que determinan quiénes son los sujetos del hecho social. La comunidad política está inmersa también en un contexto histórico determinado del que se ocupa la Historia, y la Sociología se ocupará de las características sociales de esa comunidad política. Por lo tanto, hay que un análisis político, sociológico, histórico junto a un análisis jurídico y económico para poder hablar de las Relaciones Internacionales.

    Tema 3

    3.1. Las concepciones clásicas de las Relaciones Internacionales: introducción a su origen histórico. Hobbes y otros

    La concepción clásica de las Relaciones Internacionales es la más antigua y la más estudiada.

    En la Edad Media, en la sociedad medieval europea existía un orden relativo, es decir, un ordenamiento estamental en donde no existían clases sociales pero sí estamentos claramente diferenciados (militares, campesinos, clero, señor feudal). Todo este ordenamiento constituía una pirámide organizada que es el paradigma del orden. Pese a la diferencia de estatus, existía una cierta coherencia ideológica que se rompe cuando esa unidad ficticia, es decir, esa sociedad estamental desaparece tras la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) y la posterior paz alcanzada con los Tratados de Westfalia en 1648, momento en el que entra en juego otro sujeto político: el soberano, el cual se convierte en señor de su reino durante los siglos XIV y XV.

    En ese estado de caos surge el llamado estado naturaleza al que hace referencia el filósofo inglés Thomas Hobbes (1588-1679). Su visión del estado naturaleza anterior a la organización social es la guerra de todos contra todos. La vida en ese estado es solitaria, pobre, brutal y breve. Hobbes habla del derecho de naturaleza como la libertad de usar el poder que cada uno tiene para garantizar la auto conservación. Cuando el hombre se da cuenta de que no puede seguir viviendo en un estado de guerra civil continua, surge la ley de naturaleza que limita al hombre a no realizar ningún acto que atente contra su vida o la de otros. De esto deriva la segunda ley de naturaleza en la cual cada hombre renuncia o transfiere su derecho a un poder absoluto que le garantice el estado de paz. Así surge el contrato social en Hobbes.

    Thomas Hobbes recupera las ideas del filósofo italiano Nicolás Maquiavelo quien expuso en su obra más importante, “El príncipe(1532), la teoría de que el gobernante no debe regir sus actos por normas morales o procedentes del derecho natural, sino que debe reconocer como única guía el bien del Estado.

    Tras la firma de la paz de Westfalia, Thomas Hobbes escribe en 1651 “Leviatán”, obra que redacta a partir de las notas que le proporcionaba el embajador de Inglaterra sobre la situación política en la Europa del momento. “Leviatán” es un manual que habla sobre la naturaleza humana y sobre cómo se organiza la sociedad. Partiendo de la definición de hombre y de sus características, Hobbes explica en su libro la aparición del Derecho y de los distintos tipos de gobierno que son necesarios para la convivencia social. Considera al Estado como un acuerdo natural entre los poderosos o gobernantes -el rey- y los súbditos que beneficia a ambos. Es decir, existe un pacto social no escrito que permite instaurar un poder político que dispone del monopolio de la fuerza para conseguir la seguridad de todos sus súbditos y la suya propia.

    En el año 1690, el filósofo inglés John Locke (1632-1704), uno de los fundadores del pensamiento democrático, escribe su “Tratado sobre el gobierno civil” donde difunde, insiste y matiza las tesis de Thomas Hobbes. En realidad, es el primero en hablar con todas sus letras del estado natural o estado naturaleza en donde se encontraba la sociedad europea a finales del XVII, XVIII y principios del XIX.

    El filósofo alemán Immanuel Kant (1724-1804), por su parte, intentó crear el estado universal, una teoría que defiende en su obra “Filosofía del derecho y el estado”. El filósofo alemán ve en el imperativo categórico el sentido de la moral universal: las naciones viven en estado de guerra constante y esto sólo es superable si existe un acuerdo de buena voluntad entre ellas, es decir, para superar ese estado naturaleza hay que crear un pacto implícito entre las naciones.

    Sin embargo, para Friedrich Hegel (1770-1831) la guerra es algo necesario para alcanzar la armonía universal. Es lo que él llama el espíritu universal o espíritu del mundo que nace de la dialéctica entre los espíritus que están limitados por los diversos pueblos y que se encarna en el estado.

    Todas estas ideas de Hobbes, Locke, Kant y Hegel tratan sobre cómo funciona la sociedad pero parten de una concepción judío-cristiana -Antiguo Testamento- de la naturaleza humana: el hombre que cae en el pecado tiende a la destrucción. Por lo tanto, el hombre es destructivo por naturaleza y sólo el instinto de supervivencia le permite no ser destruido.

    En 1945, por primera vez la Sociedad de Naciones (1919-1946) logró que se superase el estado naturaleza, es decir, que se lograse superar la guerra de todos contra todos. De esta manera, todos los estados se ponen de acuerdo y se establece un pacto implícito que supone la paz, la superación del estado naturaleza y de la anarquía absoluta.

    3.2. Las principales concepciones y algunas de sus variantes: a) el realismo y el neorrealismo; b) el conductismo y la teoría cuantitativa; y c) el postconductismo

    3.2.1. El realismo

    Esta idea tan elemental cristalizó en una nueva concepción de las Relaciones Internacionales, el realismo, donde se reflexiona sobre unas Relaciones Internacionales apoyadas en el pensamiento filosófico de Maquiavelo o Hobbes.

    El primer trabajo del realismo se publicó en la década de los veinte, “La crisis de los veinte años (1919-1939)”, de E.H. Carr, una crítica realista a las posiciones idealistas del periodo de entreguerras. En este sentido, el realismo aparece como una corriente idealista que quería conseguir la paz y la superación de la guerra y que cristalizó, de alguna manera, en la idea de la Sociedad de Naciones.

    Edward Hallet Carr (1892-1982) sostiene que el realismo pone su acento en la aceptación de los hechos y en el análisis de las causas y las consecuencias de esos hechos. Según Carr, la función del pensamiento es estudiar una secuencia de acontecimientos que no se puede alterar. En este sentido, Carr habla en su obra “La crisis de los veinte años” de tres núcleos: a) la historia universal es una secuencia constante de causa y efecto; b) la teoría no crea la práctica, al contrario, la teoría la crea la práctica; y c) la política carece de funciones éticas ya que la ética está en función de la política.

    El principal heredero de E.H. Carr fue Hans Morgenthau -página 4-, fundador de la teoría anglosajona. En 1948, escribe “Política entre las naciones en la lucha por el poder y la paz” donde establece los seis principios del realismo político. Éstos serían los siguientes:

  • La política internacional se rige por leyes objetivas que tienen sus raíces en la naturaleza humana. La combinación de estas leyes con la creencia de que los sujetos que actúan en la política son racionales puede explicar las Relaciones Internacionales.

  • El núcleo del realismo político es el concepto de interés nacional, es decir, el elemento clave es que los estados se movilicen en función de su interés nacional que se define en términos de poder político en donde las concepciones éticas no tienen utilidad ninguna (la ética y la moralidad sobran). El poder es el control que se ejerce sobre las ideas y las acciones de los hombres, y se fundamenta en las relaciones de control mutuo entre los que ostentan el poder y el pueblo. Ese poder no se identifica con la violencia; en lugar de la violencia hay que pensar en otra cosa, por ejemplo, en la amenaza, un elemento clave en la política internacional que es suficiente para el mantenimiento de la estabilidad política. Cuando se usa la fuerza física, la violencia, ya se estaría sustituyendo la amenaza por el hecho.

  • ¿Cuál es la auténtica naturaleza del poder? Morgenthau dice que cambia, que se transforma en función del medio en el que ese poder se va a ejercer.

  • Morgenthau admite que la política puede tener un significado moral definido porque la política se adecua al interés. Por tanto, el poder es moral en función a su interés.

  • Todos los estados, al perseguir el interés nacional, creen que lo que hacen es justo. Por eso, las Relaciones Internacionales, en este sentido, serán más justas.

  • El político realista no puede ignorar que hay criterios diferentes al suyo. Lo que no hace es subordinarse voluntariamente a otros pensamientos que no sean políticos; puede coordinarse, pero nunca subordinarse.

  • 3.2.2. El neorrealismo

    El neorrealismo surge en los años setenta y sólo repite los mismos principios del realismo añadiéndole otros en los que Morgenthau no creyó nunca como, por ejemplo, el concepto de organización internacional.

    Los realistas no habían tenido en cuenta este concepto hasta la llegada de los neorrealistas, siendo entre ellos el más importante Kenneth Waltz (1924-…). En 1979 publica “Teoría de la política internacional” donde afirma que el sistema internacional es permanentemente anárquico pero estable y, además, se fija en el estudio de las causas de las guerras, en el estudio del equilibrio de poderes y en cómo es el desequilibrio de poderes el que provoca los conflictos bélicos. Su tesis es que la sociedad internacional está en equilibrio cuando no hay conflictos y en desequilibrio cuando sí los hay.

    Robert Gilpin, en “La guerra y las acciones de la política mundial” (1981) argumenta que los cambios en el sistema internacional se producen cuando crece la desconexión entre los que gobiernan el sistema y quienes realmente lo sostienen -mundo económico, político y social- . Gilpin añade que existen tres formas de controlar el sistema: a) hegemonía, por ejemplo, Estados Unidos en la actualidad; b) duopolio, Rusia y Estados Unidos; y c) equilibrio de poderes, constante histórica en la que no hay un equilibrio hegemónico, no dos poderes.

    3.2.3. El conductismo

    El conductismo está formado por teóricos de la conducta, del comportamiento cuyas tesis provienen de la Sociología. En este sentido, el conductismo es una escuela de pensamiento que reflexiona acerca de la conducta del hombre, es decir, se fija en su conducta, en sus reacciones, en su comportamiento, etcétera. Además, surge como una reacción al realismo. El conductismo trae consigo dos formas de ver la realidad:

  • Mediante un estudio comparativo estructural del comportamiento de las instituciones y sus estructuras.

  • Mediante un estudio cuantitativo de esas conductas.

  • Variante comparativa. El primer conductista norteamericano es Joel Singer, autor de “Odisea en busca de la paz” y “Relevancia de las Ciencias de la Conducta en las Relaciones Internacionales” (1961). Singer sostiene que no puede haber una teoría científica si no se fundamenta en la adquisición y ordenación de conocimientos. En este sentido, llama conocimientos a datos, cosas reales, cosas que existen que pueden ser comprobados. Por ejemplo, algunos de estos datos son los acontecimientos históricos ya que se pueden comprobar. Singer añade que hay que aportar datos científicos de todo tipo -dimensión de los estados, población, recursos, potencial económico y militar, demografía, etcétera-, y la suma de todos ellos da lugar a una categoría general que si se repite a lo largo del tiempo, se puede decir que esa categoría existe. Cuantas más categorías generales se puedan reunir, mejor se podrá explicar cualquier acontecimiento histórico.

    Variante cuantitativa. Joel Singer no es un cuantitativo puro, aunque hay cuantitativos absolutos, sobre todo, economistas que probaron reflexionar sobre las Relaciones Internacionales. Uno de ellos fue Herman Lox quien, en 1973, elaboró una escala de seis valores que permitía clasificar a los estados: 1) Producto Nacional Bruto (PNB); 2) Producto Nacional por Habitante; 3) población; 4) capacidad militar global; 5) capacidad nuclear; y 6) el prestigio, un valor enormemente subjetivo.

    El mérito de los conductistas puros es que basan sus estudios en cifras y datos muy útiles y porque les importa más la forma que el fondo de lo que están diciendo. Sin embargo, en las Relaciones Internacionales los conductistas cometen muchos errores porque cuantifican nada más que estados y organizaciones internacionales, lo que da lugar a resultados arbitrarios. También desdeñan muchos otros datos -el subdesarrollo, el racismo, las ideologías, etcétera-, simplemente, porque no encajan en sus métodos de estudio.

    3.2.4. El postconductismo

    Los postconductistas proclaman la búsqueda de fines en las Relaciones Internacionales. Consideran que falta el sentido finalistas. “Ustedes -refiriéndose a los conductistas puros- usan el conductismo con un sentido pragmático; sin embargo, las Relaciones Internacionales están para averiguar qué problemas han sucedido y plasmar cómo se puede hacer para que esos problemas no vuelvan a ocurrir. Por eso, lo que ahora interesa es saber cómo surgen los conflictos y cómo se pueden resolver o lograr que no se vuelvan a producir. En este sentido, un conductista puro sólo aporta datos concretos pero no explica por qué ocurren ciertas cosas y cómo se pueden solucionar.

    3.3. Concepciones propias del sistema europeo de Estados: a) la vertiente idealista; b) la influencia realista norteamericana; c) historia y sociedad

    3.3.1. La vertiente idealista

    No podemos hablar de una concepción teórica puramente europea, ya que no hay contradicción con los conceptos anglosajones -idealismo, realismo, conductismo, etcétera-. Sólo los principios son diferentes desde una óptica u otra. De hecho, hay conductistas europeos e idealistas americanos.

    El espíritu del idealismo consiste en mantener, a cualquier precio, el estado de paz. Las Relaciones Internacionales se ocupan, por tanto, de llevar a cabo procedimientos pacíficos y de encontrar vías para alcanzar la paz. Entre 1936 y 1939 tiene lugar el periodo de mayor esplendor de la corriente idealista que trataba de solucionar la anarquía imperante por medio del sistema de la seguridad colectiva: atacar a un estado es atacar a todos.

    En 1926, Dickinson propone una serie de mecanismos para hacer desaparecer esa situación de anarquía. Dickinson se basa así en cuatro puntos: 1) obligatoriedad de todo estado a someterse a soluciones pacíficas en los conflictos; 2) buscar una fórmula de distribución equitativa de las materias primas; c) supresión de las barreras europeas en Europa -sería un intento de Comunidad Europea en el primer tercio del siglo XX-; y d) el reconocimiento de los derechos de las minorías étnicas.

    Dentro del idealismo existen distintas ramas o tendencias. Por un lado, en Europa surgen los internacionalistas que tienen una fe absoluta en la moral y en el derecho. Según ellos, por medio de la moral y aplicando el Derecho, todo conflicto puede solucionarse. Cuando se crea el 28 de junio de 1919 la Sociedad de Naciones en Ginebra (Suiza), los internacionalistas la recibieron como un triunfo absoluto pues surgía con el objetivo de garantizar la paz y el orden entre naciones eliminando las guerras.

    En 1933, en plena crisis de la Sociedad de Naciones, el teórico inglés Angell afirmó que la vida económica de los estados había llegado a una interdependencia e internacionalidad tal que la guerra sería un auténtico desastre para la economía mundial. Su lema dice así: “debemos elegir entre anarquía armada o seguridad general”.

    La otra rama del idealismo es el federalismo, una corriente ideológica que surge cuando la Sociedad de Naciones empieza a flaquear, y que parte de una antigua idea de confederación de estados. Conflictos como la guerra del Chaco entre Uruguay y Paraguay (1932-1935), la invasión japonesa de Manchuria (1931) y la Guerra Civil española, demostraron que la Sociedad de Naciones no era suficiente para garantizar la seguridad colectiva. En este sentido, los federalistas son los precursores de lo que se llamó la construcción europea.

    Hubo políticos que defendieron esta federación europea como el único sistema capaz de acabar con las guerras. Uno de ellos fue Aristide Briand (1862-1932), uno de los precursores de la unidad europea, quien presentó en la Asamblea de la Sociedad de Naciones en 1930 un “Memorándum sobre la organización de un sistema de Unión Federal Europea” basada en la solidaridad, la prosperidad económica y la cooperación política y social. Sin embargo, el memorándum fue pasando de comisión en comisión durante nueve años sin llegar a nada. El memorándum de Briand, si se hubiera tenido en cuenta diez años antes, quizás hubiera retrasado la Segunda Guerra Mundial.

    Una tercera rama del idealismo es el humanismo que acusa al federalismo de utópico salvo en un punto: su pretensión de combatir los nacionalismos. Los humanistas, sintiendo la necesidad de hacer algo útil, redactan en 1941 una Declaración de Derechos Humanos. Este movimiento estuvo encabezado por Lord Sankey y H. G. Wells, autor de “La guerra de los mundos”. Esta Declaración de Derechos Humanos se considera el antecedente de la Carta de Filadelfia de 1944, que supuso la reformulación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), pero, sobre todo, es el antecedente inmediato de la Declaración de los Derechos Humanos proclamada el 10 de diciembre de 1948 adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Wells dice: “La protección de los derechos humanos puede ser el único arma posible contra la guerra”, de ahí que se llamen humanistas.

    La última rama del idealismo es el pacifismo formada por teóricos que propugna la paz a cualquier precio. El pacifismo traía consigo el no querer ver lo que estaba pasando en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, es decir, el movimiento expansionista de Alemania. En este sentido, no se puede ser pacifista cuando el mundo no lo es. Aunque las raíces intelectuales y religiosas de los pacifistas fueron muy profundas en toda Europa, su influencia quedó más en el plano político (socialismo utópico) que en el de las Relaciones Internacionales.

    3.3.2. La influencia realista norteamericana

    Como ya vimos en la concepción anglosajona del realismo, Hans Morgenthau es el precursor de esta concepción en 1948. El realismo norteamericano llega también a Europa, e incluso, tuvo un desarrollo muchísimo mayor pero con unas características propias.

    Uno de los realistas europeos fue el húngaro Karl Mannheim (1893-1947). En su obra “Ideología y utopía: una introducción de la sociología del conocimiento”, anuncia que es posible que los nuevos tiempos traigan consigo un pensamiento desprovisto de ideologías y utopías. En este sentido, Mannheim dice: “el elemento esencial del realismo es el poder político y el poder económico y, sobre todo, los estados libres de utopía”.

    3.3.3. Historia y sociedad

    Dentro del realismo europeo hay dos enfoques: 1) uno histórico y 2) otro sociológico. En cuanto al enfoque histórico, está basado en la aplicación de los métodos de la historia en las Relaciones Internacionales. El primero en hacerlo fue un gran filósofo británico de la historia, Arnold J. Toynbee (1889-1975), quien afirmaba que las Relaciones Internacionales no son relaciones entre estados, sino que son relaciones entre civilizaciones. Sin embargo, no especifica qué civilizaciones hay y cuáles son.

    El historiador francés Pierre Renouvin (1893-1974), especialista en relaciones diplomáticas, mantenía que lo que él llama fuerzas profundas de la historia es lo que condiciona las relaciones entre estados.

    Por otro lado, los historiadores franceses Jean Baptiste Duroselle y Claude Colliard estudiaron cómo se relacionan los estados en un momento histórico concreto. Duroselle y Colliard afirmaban que las Relaciones Internacionales no son sólo entre estados, sino también entre grupos no estatales. Duroselle dice: “la historia de las Relaciones Internacionales es la historia de los pueblos, no únicamente la de los estados”.

    El enfoque sociológico está representado por el francés Raymond Aron (1905-1983), sociólogo realista, catedrático de Ciencias Políticas y articulista. En el fondo es un sociólogo que dice que “lo esencial de las Relaciones Internacionales es lo que decía Morgenthau, pero sus efectos se producen gracias a las organizaciones internacionales”. En este sentido, Aron dice que “el poder de los estados está mitigado, precisamente, por su pertenencia a las organizaciones internacionales”.

    3.4. El marxismo como concepción del mundo y su influencia en las Relaciones Internacionales

    El marxismo tiene su propia teoría sobre las Relaciones Internacionales. Para Karl Marx (1818-1883) la sociedad internacional no es una suma de estados soberanos, sino que la competitividad es ejercida por las clases burguesas que son las que tienen el capital y las que conforman grupos de presión que usan a los gobernantes como sus gestores.

    Por otro lado, la voluntad última de la burguesía es la expansión del territorio y no la consolidación de fronteras nacionales, por eso la burguesía es tremendamente internacionalista.

    El sistema capitalista no puede superar la contradicción entre expansión o freno del capitalismo -rechazo a la propia expansión-. En este sentido, “cuando todo el mundo sea capitalista -dice Marx- surgirá la verdadera revolución porque los que no poseen nada se rebelarán contra los que lo poseen todo”. Por lo tanto, cuando el sistema capitalista haya controlado el mundo entero, surgirá la revolución desde la propia estructura interna, es decir, desde la propia burguesía.

    Por esta razón, Marx escribe en el siglo XIX sobre la expansión colonial de Francia e Inglaterra y piensa que la expansión es una etapa absolutamente necesaria en la historia. Retoma el pensamiento de Charles Darwin -selección natural- y dice que la etapa colonial es necesaria porque hay que acabar con toda sociedad arcaica, tarea que corresponderá a la burguesía. Marx dice, además, que el colonialismo es necesario para la expansión del capitalismo porque se podrán explotar nuevas materias primas, contratar mano de obra barata, fabricar cosas más baratas y, en definitiva, obtener beneficios. Marx dice: “las sociedades arcaicas van a ser destruidas por la burguesía y esto va a favorecer el triunfo de la revolución comunista”.

    Vladimir Lenin (1870-1924) intentará trasladar las ideas del marxismo a la Rusia pos revolucionaria de 1917 dando como resultado un fracaso sin precedentes: hambre, miles de muertos, crisis económica, etcétera. Tras la muerte de Lenin surgen dos niveles: 1) un primer nivel defendido por León Trotsky en el que todos los estados están en revolución permanente; y 2) un segundo nivel, opuesto a la idea de Trotsky, en donde destaca la figura de Stalin que dice: “primero hagamos el comunismo en nuestro país” -creación del socialismo en un solo país (Rusia)-

    Yosif Stalin (1879-1953) y sus ministros de asuntos exteriores siguieron una línea política exterior prudente que consiguió introducir poco a poco a la Unión Soviética en el campo de las Relaciones Internacionales. Stalin pensaba que Rusia había sido una de las ganadoras de la Segunda Guerra Mundial, de ahí que se plantease a) invadir Europa para expandir el comunismo y b) crear una frontera que mantuviese alejado al comunismo del capitalismo de Occidente, una frontera formada por Polonia, Checoslovaquia, Alemania Oriental, Hungría, etc.

    El pensamiento de Stalin perdió fuerza con el paso de los años y al final de su vida, suscitó la necesidad de un nuevo enfoque: la coexistencia pacífica de estados capitalistas y socialistas. Malenkov y Kruchev, en 1955 y 1956 respectivamente, publicaron sendas tesis sobre materia internacional en donde propugnaban, precisamente, la coexistencia con los demás países no comunistas.

    Tema 4

    4.1. Introducción a la evolución histórica de las Relaciones Internacionales y sus instituciones

    Las relaciones entre comunidades políticas han existido siempre, incluso, mucho antes de la era cristiana ya existían comunidades muy desarrolladas como fueron las de Babilonia, Asiria, Creta, etcétera, civilizaciones organizadas en comunidades políticas que se relacionaban entre sí, a veces mediante la guerra, mediante tratados, alianzas, relaciones diplomáticas, etcétera. En este sentido, los tratados más antiguos que se conocen son los de Hatti, rey de los hititas, y el de Ramsés II, que dato del año 4000 a.C. aproximadamente. Sin embargo, es discutible la existencia de una sociedad internacional, al menos de una manera consciente, en la Antigüedad Pre-Clásica.

    4.2. La Antigüedad Clásica: Grecia y Roma

    En la Grecia Clásica, la comunidad griega estaba formada por un conglomerado de tres razas (atenienses, corintios y espartanos) que dieron origen a instituciones tan conocidas como la ciudad-estado o la polis, ciudades de un tamaño relativo, amuralladas, con campo alrededor y miles de habitantes. Como su propio nombre indica, estas polis funcionaban como si fueran micro estados.

    El concepto de nacionalidad griega está ligado a la pertenencia a la ciudad. En este sentido, el habitante de la ciudad se consideraba ciudadano de un estado, y el que no pertenecía a esa ciudad se consideraba un bárbaro, un extranjero (de fuera). Por lo tanto, la comunidad griega acuña dos conceptos nuevos: 1) ser nacional: aquel que pertenece a la ciudad, es ciudadano y, por tanto, cuenta con una serie de derechos; y 2) extranjero o bárbaro: no pertenece a la ciudad y en dentro de ella es considerado como una cosa sin derechos.

    El mundo griego se presenta así como una sociedad interdependiente compuesta por ciudades-estado en las que existen tres instituciones que surgen por necesidad:

  • Anfictionías: tratados o alianzas entre dos o más ciudades-estado para unirse en determinadas situaciones, por ejemplo, para hacer frente a un enemigo. Por ejemplo, dos ciudades-estado se alían durante un espacio determinado de tiempo para hacer frente a un enemigo. Una alianza muy conocida fue la de Grecia y Esparta.

  • Arbitraje: su objetivo era solventar conflictos entre dos o más polis mediante el arbitraje de un tercero cuyo dictamen sería acatado por todas las partes en conflicto.

  • Proxenia: antecedente de la función consular. Consistía en el envío de representantes de una polis a otras ciudades-estado dotados de una serie de inmunidades y privilegios. Entre sus funciones se encontraba la de resolver conflictos entre individuos procedentes de su polis de origen, llevar a cabo tratados, alianzas, acuerdos mercantiles, etcétera.

  • En realidad desconocemos el funcionamiento exacto de estas instituciones. Los griegos son los primeros que distinguen entre un nacional y un extranjero y de ellos hemos heredado el paso del mito al logos y, sobre todo, una herencia cultural importantísima.

    Respecto a Roma, es completamente distinta. Por eso no podemos decir que exista una evolución de las instituciones clásicas griegas a las romanas. Además, Roma entiende de manera distinta las relaciones con otras comunidades políticas.

    Desde comienzos de la república con la fundación de la ciudad, Roma sólo piensa en conquistar territorios, en dominar el mundo sin tener en cuenta la existencia de otras comunidades políticas similares. Primero fueron los etruscos, los galos transalpinos, Grecia, el norte de África y los múltiples pueblos del Mediterráneo. Sus relaciones con estos pueblos fueron siempre de dominación y conquista. Roma se apoyará en el uso de la fuerza, en su importantísima arquitectura civil, en poderoso ejército y en su sistema jurídico que fue avanzadísimo a su tiempo. Son estos elementos los que permitieron a Roma su expansión incesante convirtiendo a las demás comunidades políticas en comunidades romanas logrando así la hegemonía tanto en mar como en tierra.

    El privilegio de ser ciudadano romano era impagable. Entre el siglo I y V d.C. ser ciudadano romano suponía estar a salvo y protegido de todo tipo de cosas como, por ejemplo, vejaciones, torturas o la esclavitud. El extranjero, por el contrario, no posee ningún derecho, lo que genera un sentimiento xenófobo en la sociedad romana.

    El apogeo del Imperio permitió la aparición de la pax romana (29 a.C-180 d.C.), un largo periodo de paz impuesto por el Imperio Romano a los pueblos por él sometidos, es decir, la desaparición de la guerra por el simple hecho de que no había con quien hacerla. El estado de paz se refería sólo al interior de las fronteras del Imperio, mientras que se siguió combatiendo a los pueblos de la periferia. De esta manera surge en Roma el concepto de frontera y lo que quedaba tras ella no era más que territorio bárbaro.

    Cuando comienzan las invasiones de los pueblos del norte -godos, ostrogodos, alanos…-, el Imperio Romano de Occidente termina convirtiéndose en un imperio de bárbaros, ya que Roma permitió que en sus legiones se alistasen otras etnias originando así tres tipos de individuos: a) romanos puros, b) bárbaros paganos y c) romanos y bárbaros cristianizados. Esto dio lugar a la romanización de los pueblos germánicos y al desplazamiento del centro de poder de Roma a Oriente (Bizancio) donde se instalan las instituciones romanas hasta mediados del siglo XV, cuando Constantinopla cayó bajo el poder otomano.

    A principios del siglo V, las tribus germánicas, empujadas hacia el Oeste por la presión delos pueblos hunos, procedentes de Asia, penetraron en el Imperio Romano. Las fronteras cedieron por falta de soldados que las defendiesen y el ejército no pudo impedir que Roma fuese saqueada por visigodos y vándalos. Cada uno de estos pueblos se instaló en una región del Imperio, donde fundaron reinos independientes. Uno de los más importantes fue el que derivaría con el tiempo en el Sacro Imperio Romano Germánico. El emperador de Roma ya no controlaba el Imperio, de tal manera que en el año 476, un jefe bárbaro destituyó al que fue el último emperador romano de Occidente. El senado envía las insignias a Constantinopla, capital del Imperio de Oriente, formalizándose así la desaparición del Imperio de Occidente. No obstante, el imperio romano supone el primer intento de unificación económica y política de Europa.

    4.3. La Alta y Baja Edad Media, Pontificado e Imperio y las instituciones más relevantes de este periodo histórico

    4.3.1. La Alta y Baja Edad Media

    La fractura del Imperio de Oriente y Occidente no marca el comienzo de la Edad Media, por lo tanto, la Edad Media no comienza inmediatamente después de la caída del Imperio Romano, sino que lo hace con la aparición del feudalismo y los reinos.

    Denominaremos Edad Media a un largo periodo que abarca una época de continuos cambios en el mundo europeo. Además, la Edad Media se denomina Medievo precisamente porque es posterior a la Edad Clásica y anterior a la Edad Moderna.

    A partir del siglo XV aparecen en Europa dos fenómenos aparentemente contradictorios: a) por un lado, una fuerte fragmentación política; y b) una unidad espiritual.

    La fragmentación es lo que da origen al Estado Moderno. El Imperio Romano pierde su unidad con la partición de Teodosio en el año 395 d.C., surge así la división entre Imperio Romano de Occidente e Imperio Romano de Oriente, el cual dura hasta el año 1453.

    Tras las ruinas de un Imperio fragmentado se instauran organizaciones políticas que pretenden recuperar el esplendor del Imperio Romano. En este sentido, en el año 800 Carlomagno es coronado emperador de Roma por el papa León III y vuelve a reconstruir el Imperio de Occidente. Sin embargo, tras su muerte, éste se vuelve a fragmentar en diferentes reinos. De esta manera se instaura en el poder político el concepto de propiedad, es decir, el rey es propietario del poder y puede hacer con él lo que desee.

    Los reinados se siguen multiplicando y el rey se rodea de señores que se convierten en señores feudales a los que el rey les concede un feudo (terreno) y los siervos que viven y trabajan en esa tierra a cambio de prestar favores al rey y comprometerse a servirle mediante el derecho de armas, es decir, en el caso de guerras, tendrán que luchar para proteger al rey.

    En el Medievo no existen las clases sociales. Lo que impera es una sociedad estamental fuertemente cerrada por lo que quien nace en un estamento muere dentro de ese estamento.

    El otro fenómeno al que hicimos referencia más arriba es la unidad espiritual. En este sentido, el conjunto de Europa es una unidad espiritual cristiana. El debilitamiento del poder político facilita la existencia de la autoridad religiosa, la autoridad de la Iglesia en la que el obispo goza de dos poderes: a) el poder sobre la tierra; y b) el poder sobre toda la espiritualidad.

    4.3.2. Pontificado e imperio

    Durante siglos, la religión controlará la vida cotidiana de la sociedad de la época y los monasterios aparecerán por toda Europa.

    Durante la Edad Media, la unidad de la Iglesia se superpone y absorbe al poder político y no cesa de defender su supremacía sobre los príncipes, e incluso, el emperador. En este sentido, la primera prueba de autoridad de la Iglesia se hizo visible en la coronación de Carlomagno como emperador romano por el papa León III en el año 800. La Iglesia impone la idea de que el poder viene de Dios, y si el papa es el representante de Dios en la tierra, es el papa quien tiene el poder y quien traspasa ese poder. Por lo tanto, en la coronación de Carlomagno es el papa quien transfiere su poder al nuevo emperador. Esto no hizo más que desatar una serie de conflictos entre el papa y los señores feudales, los reyes y el emperador.

    La lucha se desata abiertamente en el siglo XI con la guerra de las investiduras entre el papa Gregorio VII y el rey Enrique IV, reconstructor del Imperio de Occidente, del Sacro Imperio Romano Germánico. ¿Quién tiene derecho a investir a quién? A ningún emperador se le había ocurrido nunca antes investir a un pontífice y si un emperador era emperador, se debía a que había heredado el poder político de su padre. Por lo tanto, Enrique IV se enfrenta a Gregorio VII y se niega a ser coronado por éste. El papa lo excomulga y, de esa manera, libera a los súbditos del rey de su vínculo de vasallaje, es decir, se rompe el juramento de fidelidad de todo cristiano en el Sacro Imperio Romano Germánico. Antes de otorgarle su perdón, el papa Gregorio VII humilla al rey Enrique IV obligándole a ir caminando desde Múnich hasta Roma.

    Durante los siglos XII y XIII los pontífices disponen de los dos poderes: 1) el temporal y 2) el espiritual. Además, disponen de las coronas reales e imperiales a su antojo, considerando al emperador como un mero servidor de la Iglesia. En definitiva, el pontífice acaba imponiéndose y gobierna a los reyes y a los reinos con la continua amenaza de la excomunión, y siempre, con el beneplácito de la Iglesia.

    Los templarios, orden de monjes militares, consiguieron amasar una inmensa fortuna gracias a que se convirtieron en el primer banco del mundo. Felipe IV, necesitado de recursos económicos por la guerra que mantenía con Inglaterra, acaba con la orden templaria acusándola de herejía para de esa manera hacerse con la inmensa fortuna de los templarios. Felipe IV, además, se convirtió también en uno de los muchos reyes que se enfrentaron al papa.

    Nuevamente necesitado de recursos económicos a causa de la guerra, pretendió que la Iglesia francesa pagara un tributo. El papa Bonifacio VIII, ante esto, responde emitiendo una bula por la que prohibía el cobro de tasas al clero por parte de los poderes políticos sin el consentimiento papal. Esta actitud derivó en una serie de disputas entre Felipe IV y el papa Bonifacio VIII que derivó en la detención del papa a quien el rey francés trasladó a la ciudad de Avignon que se convertirá en nueva sede pontificia. Esto originó el primer gran Cisma de la Iglesia y, por lo tanto, la separación del poder temporal y el poder espiritual.

    4.3.3. Las instituciones más importantes de este momento histórico

    Las Relaciones Internacionales de la época están marcadas por las instituciones eclesiásticas. En una sociedad permanentemente en guerra, la Iglesia intenta ponerle freno mediante dos instituciones:

  • La paz de Dios, firmada en el Concilio de Letrán, es un primer intento de reglamentar la guerra obligando a respetar a las personas inocentes y a los bienes sagrados (cosechas, animales, etcétera).

  • La tregua de Dios data del Concilio de Clermont (1095) e implicaba una tregua en un lapsus de tiempo, es decir, bajo la amenaza de excomunión se limita la guerra. En este sentido, se prohibía la guerra de jueves a domingo, en Adviento, Cuaresma y Semana Santa y, además, se prohíbe el uso de la ballesta, el arma más peligrosa de la época.

  • Los reyes, aprovechando el incumplimiento de estas dos instituciones eclesiásticas, se hacían con los territorios de aquellos señores feudales que al ser excomulgados por infringir la paz de Dios y la tregua de Dios perdían sus derechos patrimoniales y políticos, o lo que es lo mismo, se rompía el juramento de fidelidad de sus súbditos.

    Pero más allá de la cristiandad, entre 1096 y 1276, se produce la guerra contra el infiel: las Cruzadas. Las Cruzadas son el acontecimiento más importante de la Edad Media de carácter internacional, pues suponían un flujo continuo de mercancías e ideas entre Oriente y Occidente sin precedentes. Por ejemplo, la ruta de la seda llega a partir de este momento y por primera vez a Occidente. Éste sería, en cierta medida, el lado positivo y donde radica la verdadera importancia de las Cruzadas, puesto que entre una y otra hubo largos periodos de paz en los que el flujo entre Oriente y Occidente fue continuo. Sin embargo, el lado negativo se traduce en la enorme destrucción que se produjo durante las Cruzadas y en los miles de muertos.

    4.4. Concentración del poder político y secularización

    A partir del siglo XIV y XV, el feudalismo empieza a atenuarse por la rápida aparición de factores que configurarán el estado moderno. En este sentido, el primer embrión del estado moderno es la creación de la burocracia al servicio de las monarquías europeas.

    Los reyes, a partir de la aparición de las estructuras burocráticas, empezaran a tener más autonomía respecto al emperador. Además, se elimina definitivamente el sistema feudal y los reyes se rodean de consejos formados por secretarios reales.

    Las ciudades del norte de Italia se dotan de una burocracia férreamente organizada. Italia estaba constituida en este momento por un conjunto de micro estados modernos que mantienen relaciones comerciales estrechas con Oriente (Venecia, Florencia, Milán, Génova, etcétera). Es en este preciso momento cuando surge la figura de Marco Polo (1254-1324) fue el primer occidental en recorrer la ruta de la seda abriendo así un nuevo tráfico comercial entre Oriente y Occidente.

    En cuanto al pontífice, se va convirtiendo lentamente en un ente político más ya que ha perdido gran parte del poder espiritual. Por lo tanto, se convierte en un soberano territorial más.

    Italia, tal y como hemos dicho antes, estaba dividida en poderosas ciudades-estado que van a propiciar el desarrollo económico, político y cultural con la llegada del Renacimiento. Así, el príncipe italiano se convierte en el príncipe renacentista, una figura que sabe de todo; que habla distintas lenguas; rodeado de pensadores, músicos, artistas, etcétera.

    El renacer cultural se une, además, a otro renacimiento que supuso el descubrimiento de América en 1492, un logro conjunto de las dos potencias navales de la época: España y Portugal. El papa Borgia, Alejandro VI, a través de una bula, arbitrará el reparto de las tierras americanas entre los dos países.

    Este momento coincide con la aparición de un estado moderno más centralizado, más burocratizado, que pone fin al sistema feudal y donde el rey se convierte en centro del gobierno. Durante el siglo XVI, por tanto, se produce la aparición del estado moderno con las siguientes manifestaciones:

    En primer lugar, se abandona el principio de sociedad estamental de la época feudal que no permitía la permeabilidad entre las distintas capas sociales. Al desaparecer la sociedad estamental, el siervo ya se puede mover dentro de los territorios del rey y, además, se puede mover entre las clases sociales, es decir, puede ascender de clase social. Además, no está obligado a trabajar la tierra de un señor, sino que puede optar por ejercer un oficio -herrero, carpintero, cantero, etcétera-.

    Por primera vez surge el sentimiento nacional (los cantones suizos frente a Austria, las provincias unidas que dieron lugar al Benelux con fuertes lazos culturales y sociales, etcétera) que se resiste al poder imperial centralizado.

    Con la reforma protestante de Martín Lutero (1483-1546) en 1517, Europa se divide en dos económica, política, cultural y, por supuesto, religiosamente. La cristiandad se divide en dos -católicos y protestantes- y comienza la guerra entre ellos, una mezcla de guerra civil e internacional. Tras no llegarse a un acuerdo entre católicos y protestantes, comienza la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), una guerra civil europea que culminó con la paz de Augsburgo (1955), también llamada paz de las religiones, por la que cada rey podía elegir libremente la religión oficial de su país.

    La independencia de los estados se agudiza, por lo que la primacía de lo político frente a lo religioso se convierte en la tónica dominante. Francisco I (1494-1547), rey de Francia y un rey muy adelantado a su época, firma con el imperio turco una alianza comercial: las capitulaciones, privilegios concedidas por Turquía a los franceses para que pudieran comerciar con ellos. Lo que se consigue es que las mercancías provenientes de Oriente pasaban por Turquía y de allí llegaban hasta Francia, quien las repartía por toda Europa.

    Por otro lado, después de la Guerra de los Treinta Años surge el llamado sistema de equilibrio al que tienden todas las monarquías europeas, sobre todo, las tres potencias que salen vencedoras de la guerra: Francia, Inglaterra y Suecia que se repartirán las zonas de influencia política.

    4.5. El fin del sistema imperial y los Tratados de Westfalia

    La Paz de Westfalia o Tratado de Westfalia es un conjunto de tratados relacionados entre sí que supusieron el fin de la Guerra de los Treinta Años reconociendo la independencia de Holanda.

    Entre todos los estados implicados en la guerra -Francia, España, Benelux (Provincias Unidas), Sacro Imperio Romano Germánico, Suecia y Dinamarca- hubo largas conversaciones diplomáticas y numerosos acuerdos parciales que tuvieron lugar simultáneamente con las campañas bélicas. De hecho, el curso de las negociaciones se veía alterado frecuentemente según el éxito o fracaso de las batallas.

    El Sacro Imperio Romano Germánico, Francia y Suecia eligieron Münster y Osnabrück, dos ciudades imperiales entre Francia y Suecia, para celebrar conversaciones de paz que comenzaron en 1643. En Münster se reunió el Sacro Imperio con Francia (católicos) y en Osnabrück con Suecia (protestantes). En 1645, España y el Benelux enviaron delegados a Münster.

    El acuerdo definitivo se firmó el 24 de octubre de 1648 en la Sala de la Paz del Ayuntamiento de Münster. La Paz de Westfalia supuso modificaciones en las bases del Derecho internacional, con cambios importantes encaminados a lograr un equilibrio europeo que impidiera a unos estados imponerse a otros.

    A partir de los Tratados de Westfalia: a) surge un nuevo derecho entre estados; b) una nueva forma de ejercer la diplomacia; y c) un nuevo concepto de soberanía de los estados. Todo ello marca el principio de un nuevo concepto de Europa cuyos elementos esenciales son: a) el reconocimiento del estado nacional (principio de las nacionalidades) y b) el principio del equilibrio de poderes entre los estados-nación.

    A mitad del siglo XVII surgen dos grandes potencias coloniales: Inglaterra y Francia en detrimento de España. Además, surge también Prusia que se independiza de Alemania y al este de Europa, Rusia.

    Francia, Inglaterra y Holanda poco a poco van a ir acabando con el poder marítimo de España y, además, van a ir despojándola de sus privilegios en América y en el Pacífico, ya que hasta ese momento España no permitía a ningún otro estado comerciar con el continente americano sin su autorización.

    Inglaterra sustituye a España en el control del comercio y dada su posición insular el dominio marítimo que llega a alcanzar, defiende la tesis del mar cerrado, es decir, todo el Atlántico pasa a ser inglés. Sin embargo, los países neutrales -como por ejemplo Holanda- defendían la tesis del mar abierto que es la que termina imponiéndose. Es en este momento cuando Rusia comienza a convertirse en una gran potencia al armar una enorme flota para aliarse con los países neutrales y así evitar que se cerrasen los puertos y se lograse la apertura del mar. Constituyeron así la liga de neutralidad armada.

    1648 es, pues, una fecha clave en la historia de las Relaciones Internacionales. Un mundo surge y surge otro: el mundo de los estados libres e individuales, basado en el equilibrio del poder y que perdurará hasta hoy. En este sentido, el año 1648 significa: a) soberanía del estado; b) se acaba con el imperio y el pontificado; c) surge el concepto de estado libre e independiente; y d) surge el sistema de equilibrio.

    Tema 5

    5.1. El sistema europeo de Estados en los siglos XVIII y XIX. El denominado principio de las nacionalidades. Las conferencias diplomáticas

    Tras la Paz de Westfalia en 1648, surgen dos elementos fundamentales en los que reposa la nueva sociedad internacional: 1) principio del equilibrio de poderes y 2) concepto de estado-nación, es decir, espíritu nacionalista enfrentado al imperialismo precedente.

    Surge, por tanto, la idea de un estado soberano independiente basado en el equilibrio de poderes donde lo verdaderamente importante es la monarquía. Del conjunto de estados soberanos resulta, en los siglos XVII y XVIII una sociedad internacional formada por estados soberanos iguales entre sí.

    Sin embargo, la revolución de las colonias americanas -tanto las españolas como las inglesas- y la posterior independencia de América (1776) muestra una nueva tendencia a finales del XVIII: todo estado tiene derecho a elegir su propia forma de gobierno, es decir, derecho a elegir, abolir o cambiar la forma de gobierno. En este sentido, las colonias norteamericanas se unen por primera vez para formar una entidad política distinta a la que hay en Inglaterra.

    Todo esto fue refrendado por la Revolución Francesa (1789). Los líderes de la revolución, el 19 de noviembre de 1792, proclaman el derecho del pueblo a emanciparse, siendo válido este derecho para cualquier pueblo, para cualquier tiempo y para cualquier lugar, ofreciendo, incluso, ayuda para la consecución de este derecho a cualquier nación que lo demandase.

    Sin embargo, la fórmula de la soberanía nacional que deriva de la Revolución no tuvo una implantación inmediata ya que, a finales de 1792, la Francia revolucionaria se convierte en un Imperio conquistados y retoma el derecho de conquista para extender su dominio de la mano de Napoleón Bonaparte (1769-1821). Ya en 1792, el nuevo Imperio francés invade Bélgica.

    Inglaterra ya había percibido que Francia iba a adoptar una forma dictatorial tras la Revolución, e Inglaterra acierta. En 1799, Napoleón Bonaparte es nombrado Primer Cónsul de la República; tres años después, en 1802, se convierte en Cónsul Vitalicio; y ya el 18 de mayo de 1804 fue proclamado Emperador de los franceses -coronado el 2 de diciembre-. En 1805 es proclamado Rey de Italia, ostentando ambos títulos hasta 1815. Napoleón Bonaparte encarna al hombre de guerra, es un extraordinario militar y un extraordinario político. Además, redacta la primera colección de leyes del mundo (Código Penal, Civil, etcétera) que llegarán a España e Italia. Durante el Imperio, el clero deja de tener peso en Francia y la burguesía y la nobleza adquieren un papel dominante.

    Contra el imperialismo francés y las ideas revolucionarias, el resto de reyes europeos, liderados por Inglaterra, reaccionarán en busca del reequilibrio de poder. Después de veinte años de guerra contra Francia, tras la batalla de Waterloo (Bélgica, 1815), da comienzo la restauración monárquica a través del Tratado de París (1814-1815) y la Conferencia de Viena (1814-1815).

    La Conferencia o Congreso de Viena fue un encuentro internacional celebrado en la ciudad austriaca de Viena, convocado con el objetivo de 1) restablecer las fronteras de Europa tras la derrota de Napoleón Bonaparte y 2) reorganizar la forma e ideología políticas del Antiguo Régimen. La reunión se llevó a cabo durante ocho meses, del 1 de octubre de 1814 al 9 de junio de 1815. Asisten un total de noventa representantes de príncipes soberanos, cincuenta y tres de príncipes sub soberanos además de una gran cantidad de delegados. Klemens von Metternich, quien presidió la Conferencia, y Charles Maurice de Talleyrand, que actuaba en representación de Luis XVIII, fueron las figuras más destacadas. El mando de la Conferencia lo tenía la Comisión Jurídica General integrada por los representantes de los cuatro vencedores de Napoleón: Rusia, Austria, Prusia e Inglaterra, a las que más tarde se unirán España, la propia Francia, Portugal y Suecia. Estos ocho estados firmarán en nombre y representación del resto de estados europeos el acta general y final del Congreso de Viena.

    Los tratados firmados en la Conferencia de Viena constituirán la obra cumbre de la diplomacia europea en pro del sistema de equilibrio político. Este equilibrio se garantizó a partir del llamado Directorio constituido por Rusia, Prusia y Austria, quienes firman el Tratado de la Santa Alianza el 26 de septiembre de 1815. El emperador Francisco I de Austria, el rey Federico Guillermo III de Prusia y el zar Alejando I de Rusia firmaron, a iniciativa de éste último, un tratado por el cual se unían en una Santa Alianza cuyo contenido era fundamentalmente religioso. Los tres monarcas declararon su firme resolución de utilizar como única regla de su gobierno los principios de la religión cristiana: justicia, amor y paz. Como consecuencia, los gobernantes declararon su mutua fraternidad por medio de la cual, se apoyarían entre sí y se abstendrían de guerrear. Este trato no fue bien recibido por el político y diplomático austriaco Metternich ni por los prusianos. Así que Metternich reemplazó este tratado por una alianza puramente política el 20 de noviembre de 1815 entre Austria, Prusia, Rusia e Inglaterra -también conocida como Cuádruple Alianza- con el fin de garantizar el mantenimiento del orden absolutista y reprimir cualquier intento de alterar la situación política de la Europa de la Restauración, contando, además, con la posibilidad de poder intervenir militarmente en cualquier país contra movimientos liberales y revolucionarios. Con la admisión de Francia en 1818, la Cuádruple Alianza se convirtió en la Quíntuple Alianza. Sin embargo, la aversión del gobierno británico a las políticas reaccionarias del resto de aliados supuso que la alianza cayese en la inoperancia a mediados de la década de 1820. La muerte del zar Alejandro I de Rusia en 1825 trajo consigo, además, la propia muerte de la Alianza. A pesar de todo, la Santa Alianza deja una herencia importante: el Sistema de Conferencias que preveía la celebración periódico de conferencias con el objetivo de mantener la paz y hacer respetar los intereses comunes de los signatarios.

    Las soluciones de la Conferencia de Viena sirvieron de muy poco. Eran soluciones anacrónicas e, incluso, utópicas. Se hizo caso omiso a las tesis revolucionarias y a las nuevas fuerzas políticas que iban surgiendo. La idea de estabilidad se abandona y así lo reflejan los movimientos revolucionarios en las distintas naciones. Sin embargo, gracias a la Conferencia permanece latente una paz duradera que permitió el desarrollo y progreso de todos los estados.

    Poco a poco, la estructura de la Santa Alianza fue sustituida por una nueva que caracterizó al siglo de la lucha contra la monarquía absoluta y al siglo del principio de las nacionalidades -siglo diplomático- (1815-1914). Este nuevo sistema se denominó Sistema de Consulta o Sistema de Conferencias Diplomáticas. El procedimiento de las Conferencias Diplomáticas exigía la consulta entre estados antes de llegar a la guerra.

    A partir de este momento el mundo sufre cambios importantes: económicos, comerciales, políticos, sociales, materiales, etcétera. Así que surge un nuevo mundo donde no encaja la monarquía absoluta. Este desarrollo es el germen de todos los nuevos principios, sobre todo, del principio de las nacionalidades que surge a raíz del importante avance económico.

    5.1.1. Las conferencias diplomáticas

    Las conferencias van a suponer el motor de la sociedad y de las relaciones internacionales, creando y extinguiendo estados. Así, por ejemplo, el imperio otomano -que duró seis siglos- es disuelto por el sistema de conferencias sin necesidad de invadir territorio turco.

    Por su parte, la Conferencia de París de 1856 dictaría la independencia de Serbia y Moldavia, y la Conferencia de Berlín de 1885 concedería la independencia a Rumanía, Montenegro y Bulgaria. Y todo esto lo hizo el sistema de conferencias. En este sentido, cada conferencia se reúne para fines concretos, y siempre pacíficos.

    La Conferencia de los Embajadores se reunió desde 1896 a 1913. Adoptó un papel de administradora de la sociedad internacional e hizo surgir de la nada estados como Albania o Creta -antiguo dominio turco-, y también hizo desaparecer otros.

    Sin embargo, el sistema de conferencias ignoraba los estallidos revolucionarios de corte nacionalista que estaban surgiendo en Europa y que iban a minar la unidad internacional. Uno de estos estallidos fue la revolución liberal de 1848 en Francia, que se extendió a Polonia, Rusia y Bélgica. Precisamente, este último era un estado inexistente que surge a raíz del sistema de conferencias en 1830 a quien se le otorgó la independencia a cambio de la obligación a aceptar un estatuto de neutralidad permanente.

    Por otro lado, Italia inició un proceso de reunificación que concluyó en 1881, y Alemania -que no existía todavía como nación- también entra en una etapa revolucionaria. La revolución alemana tuvo como consecuencia la reafirmación del nacionalismo bajo la dirección o el poder militar. Prusia, que unificaba a los pueblos alemanes del norte, consolidó su dominio mediante el expansionismo ocupando Bélgica, Holanda y Francia en 1870.

    El Congreso de Viena, celebrado en 1815, consagró el ordenamiento europeo. Sin embargo, no había tenido en cuenta la existencia de otros estados fuera de Europa. Por ejemplo, Norteamérica no fue invitada a la Conferencia pese a que ya tenía una consolidación plena.

    Organizados los estados americanos, iniciaron la lucha colonial contra España y Portugal. La guerra en Centroamérica y Sudamérica fue asumida por España sin que la Santa Alianza -página 31- ni ningún estado europeo interviniera. Surge en este momento la tesis del caudillo, una figura asociada al movimiento revolucionario. En este sentido, el caudillo de la revolución americana fue Simón Bolívar (1783-1830) quien se rodeó de criollos y no de indígenas. Por lo tanto, la revolución era una revolución criolla contra la corona española y no una revolución indígena, así que, en definitiva, era una lucha de españoles contra la corona española. Simón Bolívar había ideado la unión panamericana, es decir, la unificación de toda Sudamérica para contrapesar a los Estados Unidos. Sin embargo, Bolívar abandona esta idea para crear la Gran Colombia, una enorme nación que existió entre 1819 y 1831 y que englobaba los actuales territorios de Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá. A la muerte de Simón Bolívar en 1830, su idea del panamericanismo y la Gran Colombia desaparecen. Los Estados Unidos aprovecharon el vacío de poder interviniendo por la fuerza en todo el continente y desarrollando su idea del panamericanismo desde 1889. Así, Estados Unidos ocupa Texas, Nuevo México, California, Oregón -se la arrebata a los ingleses-, la Luisiana francesa y la Alaska rusa. Posteriormente, su expansión alcanzaría a Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Hawái, el canal de Panamá, la isla de Guam, etcétera.

    A comienzos del siglo XX, los Estados Unidos, junto a otros países europeos, participa en una expansión contra China con la que se enfrentó en la Guerra del Opio. También arbitra un conflicto entre Rusia y Japón en 1905, y en la Conferencia de Algeciras interviene para que Francia y España se repartan Marruecos desde una posición, aparentemente de igualdad pues no poseían territorios en la zona. Estados Unidos, poco a poco, va formando parte de la sociedad internacional lo que le lleva a participar en la Segunda Conferencia de la Haya de 1907 donde asisten diecisiete estados norteamericanos.

    5.2. La expansión colonial

    Entre 1815 y 1914 tiene lugar la expansión colonial europea en África y Asia. Tal y como ya había dicho Karl Marx, el colonialismo es necesario porque hay que acabar con toda sociedad arcaica, tarea que corresponderá a la burguesía. Marx dice, además, que el colonialismo es necesario para la expansión del capitalismo porque se podrán explotar nuevas materias primas, contratar mano de obra barata, fabricar cosas más baratas y, en definitiva, obtener beneficios. Marx dice: “las sociedades arcaicas van a ser destruidas por la burguesía y esto va a favorecer el triunfo de la revolución comunista” -página 20-.

    El colonialismo se desarrolla de manera paralela a la Revolución Industrial y, en cierta manera, no era más que una invasión militar por parte de las grandes potencias coloniales que comenzarán su expansión a partir de 1830. Por otro lado, además de la invasión militar, se buscarán nuevas formas de anexión colonial. Por ejemplo, Francia establece el sistema de colonización mediante protectorados en Túnez y Marruecos, una mezcla de vasallaje y colonialismo puro donde la colonia protegida deja en manos de su protector la política exterior, la hacienda pública, las finanzas y el control del ejército y la policía.

    A finales del siglo XIX, la expansión colonial está prácticamente completa y tan sólo existe en toda África un estado que conserva una cierta independencia precaria: Abisinia, actual Etiopía, a pesar de los intentos de Italia por colonizarla.

    Egipto, por ejemplo, era una provincia turca en estado de vasallaje. Sin embargo, en 1882, Inglaterra invade Egipto e inmediatamente Sudán.

    Al sur, la denominada África negra constituía un inmenso territorio formado por el estado libre del Congo que fue invadido por los belgas surgiendo así un nuevo estado en 1830. El Congo no fue más que un regalo al rey Leopoldo II de Bélgica que se convirtió en su finca particular, y fue en 1908 cuando el monarca la cedió al estado belga como colonia. De esta manera, Bélgica pasó a tener el mayor estado colonial del mundo que se extendía desde el sur de Egipto hasta Sudáfrica. Con el tiempo, el estado libre del Congo empezó a fragmentarse cayendo en manos de ingleses y franceses.

    Las rivalidades entre las distintas potencias europeas por la colonización africana eran enormes y, a pesar de las conferencias internacionales, se vuelven a producir nuevos enfrentamientos bélicos con la única finalidad de anexionarse nuevos estados africanos para poder explotar nuevas materias primas y obtener mano de obra barata. Estos enfrentamientos derivaron en la Conferencia de Berlín de 1885 en la que se instauraron tres principios fundamentales que se mantendrán vigentes durante mucho tiempo:

  • Primer principio: no se puede ocupar un territorio que ya está ocupado. Además, la toma de una colonia ha de hacerse efectiva, no sólo sobre el papel. En este sentido, para colonizar un territorio bastaba con ocupar su costa.

  • Segundo principio: libertad absoluta para navegar por los dos mayores ríos africanos, el río Congo y el río Níger.

  • Tercer principio: repartirse las llamadas zonas de influencia, es decir, repartirse equitativamente y de forma amistosa lo que queda África.

  • El colonialismo del continente africano consiguió, entre otras cosas, abolir la esclavitud que había sido condenada en el Congreso de Viena de 1815, en la Convención de Londres de 1841 y en la Conferencia anti esclava de Bruselas de 1890. Sin embargo, seguirán existiendo prácticas esclavistas por parte de los árabes en el Mar Rojo y Zanzíbar.

    Por otra parte, la expansión colonial de Asia fue totalmente diferente ya que era más difícil establecer colonias. Rusia, Inglaterra y, en menor media, Francia son los principales protagonistas de la colonización asiática.

    Siberia y Asia Central fueron el campo de expansión de Rusia durante el siglo XIX, convirtiéndose así en la potencia más grande del mundo -en extensión territorial-. Mientras que el sudeste de Asia se convirtió en un condominio franco-inglés. Inglaterra, por ejemplo, se aseguró el control de la India y se reparte Irán con Rusia en un tratado firmado en 1907. Además, la ocupación de Birmania y un cierto protectorado sobre Afganistán permitían a Inglaterra controlar los accesos a la India tanto por el este como por el noroeste de la Península hindú. En cuanto a Francia, ocupa Indochina donde establece tres protectorados: Camboya, Vietnam y Tamkin, con lo que se asegura el control de los principales puertos del Pacífico.

    Debido a la lejanía de estas colonias, la colonización era un tanto absurda. Además, los colonizadores se estaban encontrando con culturas muy antiguas, por lo que la culturización era tremendamente difícil y compleja. Por lo tanto, la colonización asiática sólo se puede entender desde un punto de vista tecnológico.

    Con respecto a China, tras las Guerras del Opio -también conocidas como guerras anglo-chinas- (1839-1842; 1856-1860), se vio obligada a abrir sus puertos, Hong-Kong entre ellos, y ríos a los extranjeros a finales del siglo XIX y principios del XX.

    En cuanto a Japón, en 1870 era un estado feudal similar a España en la Baja Edad Media. Sin embargo, con la llegada de los colonos, Japón se convertirá en 1905 en un imperio colonial y en una importantísima potencia industrial totalmente occidentalizada.

    Entre 1904 y 1905 se produce la guerra ruso-japonesa que se salda con la humillante derrota de la flota rusa en las costas japonesas -Port Arthur, 1905-. Además, con la clara intención de ocupar China, Japón establece un protectorado en Corea en 1905 e invade China e Indochina en 1910, convirtiéndose así en el gran imperio colonial japonés en torno a 1940.

    5.3. La era industrial

    La era industrial -avance y transformación económica- se va a producir de forma paralela a la expansión colonial. Así, el colonialismo se va a alimentar de los avances tecnológicos y, por su parte, la industria y el comercio van a llevar a la economía mundial a niveles desconocidos desde que se firmara la Paz de Westfalia -página 28-.

    Desde 1648 la economía europea había permanecido estática, basada en la agricultura y la artesanía. Hubo de esperar hasta el siglo XIX para que el desarrollo tecnológico trajera consigo la aparición de la máquina de vapor, un descubrimiento sin precedentes que va a cambiar el mundo. La máquina de vapor se aplicó a miles de campos y, más concretamente, a todo lo que se mueve: ferrocarril, navegación, etcétera. La unidad alemana, por ejemplo, se dice que fue fruto del ferrocarril. Asimismo, en Estados Unidos el ferrocarril era el medio de transporte intercontinental de este a oeste. El ferrocarril, además, permitió la expansión del colonialismo. Por ejemplo, permitió la aparición del transiberiano, una red ferroviaria que conectaba la Rusia europea con las provincias del lejano Oriente ruso, Mongolia y China; por tanto, una extensión de más de nueve mil kilómetros que unía Moscú con la costa del Pacífico de Rusia, y más precisamente, con Vladivostok -localizada en el mar de Japón, y cuyo significado en ruso es poder sobre Oriente-. Menos importancia tuvo el transafricano que unía las colonias francesas del norte de África con Ciudad del Cabo. El inmenso territorio de la India también contó con su línea ferroviaria construida por los ingleses e imprescindible para llevar a cabo la colonización.

    La expansión de la industria de la siderurgia y el acero necesitaba cada vez más materias primas, y esto va a provocar que el ferrocarril se convierta en el medio de transporte idóneo para llevar las materias primas desde las colonias europeas.

    Por otro lado, la máquina de vapor también revolucionaría el transporte marítimo. Así, en 1838, se llevo a cabo la primera travesía en barco de vapor desde Europa hasta Norteamérica. Gracias al vapor, ya no se dependía del viento, y ahora, gracias a una máquina, el hombre podía llegar por mar donde quisiera. Esto condujo a perfeccionar la tesis de la circulación libre por mar que garantizó la ausencia de tasas además de garantizar la seguridad y una mayor rapidez. Ya en 1829, Rusia y Turquía habían firmado el Tratado de Antinópolis que permitía la libre navegación por los estrechos que separan ambos países, lo que llevó a una intensificación del tráfico marítimo por el Mediterráneo.

    El desarrollo tecnológico permitió, además, las grandes obras de los canales: el de Suez (1888) y el de Panamá (1903), lo que trajo consigo la unión definitiva del mundo conocido, tanto por mar como por tierra.

    En cuanto a los ríos navegables, el setenta por ciento del tráfico en Europa se hace a través de los ríos franceses y centroeuropeos que estaban abiertos al tráfico comercial. Así, en el año 1815, un acuerdo firmado en el propio Congreso de Viena -página 31- permitió la libre circulación por el Rhin, el Elba, el Mosa y el Danubio.

    Así, los ríos, el tráfico marítimo y el ferrocarril abrieron la puerta a la globalización. Además, una de las primeras consecuencias de este progreso fue el desarrollo de la comunicación y, más concretamente, el desarrollo del correo por correspondencia. En este sentido, en el año 1837, Inglaterra se convirtió en el primer estado en poner en marcha un servicio de correo, primero en el propio país, luego colonial y, finalmente, a nivel mundial. En 1864 se crea la Unión Postal Universal, un sistema internacional de correo. Con la aparición del telégrafo surge la Unión Telegráfica Universal en 1865; y en 1906, con la aparición del telégrafo sin cables, la Unión Postal Radio Telegráfica Universal. En definitiva, la mejora de las comunicaciones permitió la aparición del servicio de correos, el telégrafo y, posteriormente, el radiotelégrafo.

    En definitiva, durante el siglo XIX el mundo vivió una expansión industrial sin precedentes y en un muy corto espacio de tiempo, apenas quince o veinte años en el que se enfrentan los estados surgidos por el Tratado de Westfalia -página 28-. Ante esta delicada situación y tratando de evitar cualquier tipo de enfrentamiento bélico, se crearon las instituciones internacionales u organizaciones técnicas que constituían el precedente de las futuras organizaciones internacionales. Estas organizaciones técnicas trataban de aprovechar al máximo el desarrollo tecnológico y, además, poner en común los conocimientos adquiridos por los distintos estados. Así, por ejemplo, en 1875 se establecería el sistema métrico; en 1883, se crearía la propiedad industrial; y en 1884, considerando que la propiedad intelectual era un valor sagrado que había que proteger, se creó la Unión Protectora de la Propiedad Literaria y Artística.

    5.4. La preponderancia del sistema de Conferencias y los intentos de regulación del conflicto bélico en los siglos XIX y primer tercio del XX

    El desarrollo industrial se lleva a cabo en un periodo relativamente pacífico en donde los principales conflictos que tienen lugar en el llamado siglo de la paz (1815-1914) están perfectamente localizados, identificados y, sobre todo, son de corta duración: a) Guerra de Secesión en Norteamérica (1864-1888), y b) Guerra de los Boers en Sudáfrica

    El sistema de conferencias se da cuenta de que no puede haber un desarrollo industrial si no hay una verdadera paz entre los estados, así que procura regular los conflictos bélicos durante ese periodo de relativa paz de una forma pacífica. Así pues, el conjunto de países europeos moverán sus esfuerzos en cuatro frentes:

  • Primer frente: mantener el uso del Sistema de Conferencias iniciado en Viena en 1815.

  • Segundo frente: usar medios pacíficos para resolver los conflictos bélicos entre países.

  • Tercer frente: regular o humanizar las guerras en tierra, y en el caso de que sean inevitables, establecer los procedimientos a seguir.

  • Cuarto frente: regular la guerra marítima.

  • 5.4.1. Primer frente: mantener el uso del Sistema de Conferencias iniciado en Viena en 1815.

    El Sistema de Conferencias se reanuda con dos conferencias de paz con un larguísimo proceso de creación: 1) la primera Conferencia de la Haya (1899) y 2) la segunda Conferencia de la Haya (1907).

    La primera Conferencia de la Haya de 1899 reúne a veintiséis estados que declaran de forma conjunta tres convenios y tres declaraciones adjuntas, una de ellas aprobada unánimemente: acuerdo de obligación de resolver las controversias pacíficamente. Esta primera Conferencia fue todo un éxito, por lo que las delegaciones manifestaron su deseo de proseguir con el Sistema de Conferencias.

    Estados Unidos propuso que la siguiente conferencia se celebrara en 1904; sin embargo, la guerra rusa-japonesa lo impidió y se tuvo que esperar hasta 1907. En la segunda Conferencia de la Haya (1907) se reunieron cuarenta y cuatro estados, se organizaron trece convenios y se extrajo una declaración reafirmando los acuerdos de la primera Conferencia celebrada en 1899.

    A pesar de todo, los resultados de esta segunda Conferencia fueron muy limitados ya que ninguno de los trece convenios fue ratificado. En este sentido, el hecho de que no se hayan obtenido buenos resultados cambió el clima de amistad internacional. No obstante, se colocaron en la opinión mundial dos ideas clave: 1) limitación de gastos militares; se recomendaba invertir en otra cosa más beneficiosa; y 2) freno a la carrera armamentística, puesto que el sobrante industrial se estaba invirtiendo en armamento.

    Este Sistema de Conferencias marca una etapa importante en el Derecho de las Relaciones Internacionales en la medida en que crea por primera vez un cuerpo jurídico que intenta regular los excesos de la guerra -la matanza de civiles inocentes, por ejemplo- procurando que los estados cumpliesen con un mínimo de autoprotección y de protección a los demás. De esta manera, se aplicarán dos tesis: 1) antes de iniciar la guerra, vamos a intentar evitarla acudiendo a procedimientos pacíficos; y 2) surge de nuevo el procedimiento del arbitraje que había desaparecido en la Edad Media.

    5.4.2. Segundo frente: usar medios pacíficos para resolver los conflictos bélicos entre países

    La idea del arbitraje no es nueva. Aparece en la Grecia Clásica, se usó en la Edad Media y a finales del siglo XVIII en forma de arbitraje moderno entre Inglaterra y los Estados Unidos mediante el cual se resolvieron los problemas surgidos entre estas dos potencias a raíz de la proclamación de independencia norteamericana.

    Durante gran parte del siglo XIX se olvida el procedimiento del arbitraje; sin embargo, a finales del mismo se recupera haciendo de él una obligación. Y es que a partir de 1872 se van a suceder diferentes conflictos que podrían haber derivado en una guerra total y que, por el contrario, se solucionaron por la vía pacífica. Por ejemplo, durante la Guerra de Secesión americana se torpedeó un barco neutral inglés que recogía algodón en uno de los puertos del Sur. Este hecho provocó un conflicto entre los Estados Unidos e Inglaterra que se resolvió mediante el procedimiento del arbitraje.

    El arbitraje consistía en plantear soluciones a los conflictos mediante múltiples propuestas que eran presentadas por jueces neutrales. Estas propuestas debían de ser aceptadas por las dos partes enfrentadas y, en caso de incumplimiento, se permitía la intervención militar en el estado que había incumplido la decisión del tribunal de arbitraje.

    La primera Conferencia de la Haya (1899) creó la Corte Permanente Arbitral constituida por una lista de noventa jueces neutrales que eran elegidos por las partes implicadas en un conflicto para solucionar sus problemas.

    A partir del arbitraje surgieron otros dos modos para la búsqueda de soluciones pacíficas en los conflictos: 1) la mediación y 2) la conciliación. En definitiva, la mediación en este tipo de conflictos implica que terceros estados o un grupo de estados -que han de ser neutrales- medien en enfrentamientos entre un primer y un segundo estado para que cesen las hostilidades. Y en cuanto a la conciliación, consiste en que un grupo de estados configure una Comisión de Conciliación a petición de las partes y, como su propio nombre indica, conciliar de forma pacífica a aquellos estados que están en conflicto.

    5.4.3. Tercer frente: regular o humanizar las guerras en tierra y, en el caso de que sean inevitables, establecer los procedimientos a seguir

    Todo conflicto armado tiende a la destrucción del enemigo, dejando heridos y prisioneros de guerra que vienen a suponer un insulto al género humano. Todo esto género que por primera vez se reflexionase acerca de las víctimas inocentes y los prisioneros en los conflictos bélicos. La visión de esta situación en la Batalla de Solferino entre Italia y Austria en 1859, en la que no hubo ninguna atención médica, condujo al suizo Henri Dumant (1828-1910) -testigo de la misma y de la agonía y sufrimiento de los heridos en el campo de batalla- a crear la Cruz Roja Internacional que se regularía por la Convención de Ginebra de 1864.

    La primera convención que limitaría el uso de algunas armas mortíferas en la guerra fue la celebrada en San Petersburgo en 1868. A partir de esta Convención se prohibió el uso de distintos tipos de proyectiles, de gases asfixiantes o letales y el lanzamiento de proyectiles en forma de globo, es decir, la prohibición de bombardeos aéreos. Sin embargo, no sólo no se hizo caso a estas prohibiciones sino que, además, hoy se siguen quebrantando -ejemplos de Vietnam o Irak-.

    A pesar de todo, el voluntarismo idealista continuó y esta Convención significó el antecedente de la Convención de Ginebra de 1929 en la que se firma un convenio que prohibía el uso de armas químicas y bacteriológicas. El acuerdo no fue firmado ni por Rusia ni por Irak; pero hoy sigue estando vigente.

    Sí fueron más efectivas las conclusiones de la segunda Convención de la Haya (1907) -página 37- en la que se adoptaron trece convenios. El contenido de los cinco primeros forma parte del Derecho consuetudinario aplicable a todos los estados, estén o no ratificados por los mismos, es decir, firmen o no firmen. En cierto modo, estamos hablando de los juicios por crímenes de guerra, como por ejemplo, los que se produjeron tras la Segunda Guerra Mundial. Hoy en día, el cuarto convenio -relativo al respeto de las leyes y costumbres de la guerra terrestre- y el quinto -derechos y deberes de los estados neutrales en tiempo de guerra- siguen estando vigentes.

    5.4.4. Cuarto frente: regular la guerra marítima

    La regulación de las guerras marítimas sigue un camino similar a la regulación de las guerras terrestres. El motivo de ello es porque durante el primer tercio del siglo XX el comercio marítimo era esencial para el mantenimiento de los estados, entre ellos, España, Portugal, Inglaterra y Holanda. Además, se plantea la necesidad de proteger a los estados neutrales de los ataques de los beligerantes mediante reglas reguladas, conocidas por todos y dentro de unos límites tolerables.

    Por este motivo, será la décimo tercera convención de la segunda Conferencia de la Haya (1907) la que entre a regular este sistema y prohíba la institución del corso -corsario o permiso de corso- que tanto daño causaba a los países neutrales. Durante esta época, los estados daban patentes de corso a los corsarios -de ahí su nombre-, lo que les permitía apoderarse de la mercancía de estados neutrales que viajaba en barcos con bandera enemiga, o bien, mercancías del enemigo que viajaban en barcos neutrales. Y todo esto no hacía más que provocar enormes pérdidas.

    Así pues, la décimo tercera convención de la segunda Conferencia de la Haya dio lugar a la regulación de las leyes y costumbres de la guerra marítima y, entre otras cosas, prohibió el derecho a la patente de corso y el bloqueo de puertos.

    A partir de 1914, con el estallido de la Primera Guerra Mundial, se cerraría para siempre el Sistema de Conferencias y concluiría así el llamado Siglo de la Paz (1815-1914).

    Tema 6

    6.1. La sociedad internacional después de la Primera Guerra Mundial y las tentativas de organizarla: la Sociedad de Naciones y sus crisis

    Al final de la Primera Guerra Mundial, en 1919, se celebra la Conferencia de Paz de Versalles o el Tratado de Versalles, con una estructura similar a la Conferencia de Viena de 1815. Durante más de seis meses, alrededor de cincuenta comisiones discuten sobre los problemas que han generado la guerra y, especialmente, sobre sus consecuencias, siendo los países vencedores los que hagan pagar duramente a Alemania la factura del conflicto.

    Entre 1919 y 1923 se firmaron un total de cinco tratados que consagraron una serie de cambios territoriales en Europa a costa de los vencidos. Así:

  • Desaparece el imperio austro-húngaro.

  • Alemania pierde sus colonias en África y casi todas sus competencias territoriales en el Este de Europa.

  • Surgieron una serie de nuevas naciones: Yugoslavia y los Estados Bálticos.

  • Polonia obtiene su independencia tras tres siglos de lucha.

  • Francia, con la ayuda de Inglaterra, presionó para que Alemania pagase la factura de la guerra: 40 millones de francos en oro debe pagar como indemnización.

  • La gran novedad de estos tratados es la creación de una organización política universal para la consecución de la paz internacional. Hablamos pues de la Sociedad de Naciones con sede en Ginebra.

    El Tratado de Versalles supuso el fin de una era y el comienzo de otra. Significó un deseo de venganza indiscriminada por parte de Inglaterra y Francia que sumen a Alemania en una crisis sin precedentes, donde se extiende la anarquía política, los movimientos nacionalistas y una crisis económica terrible.

    6.1.1. La Sociedad de Naciones y sus crisis

    La Sociedad de Naciones -tal y como hemos dicho antes- fue un organismo internacional creado por el Tratado de Versalles el 28 de junio de 1919, cuya sede se encuentra en Ginebra (Suiza), y entre cuyos objetivos primó el deseo de mantener una paz duradera.

    En su creación influyen tanto los horrores de la guerra como los llamados Catorce Puntos del presidente norteamericano Thomas Wilson -página 4-. Su estructura se esfuerza en organizar jurídica y racionalmente las Relaciones Internacionales. Asimismo, su composición es la siguiente:

  • Una Asamblea permanente en la que están representados todos los estados miembros. Dicha Asamblea se reunirá, al menos, una vez al año -cada mes de septiembre-.

  • Un Consejo de Estado permanente formado por cinco miembros, es decir, las cinco potencias vencedoras -Inglaterra, Francia, Italia, Japón y China-.

  • Un Consejo de once miembros no permanentes que son reelegidos cada cuatro años.

  • Una Secretaría permanente en La Haya (Holanda).

  • Un órgano permanente que funciona como Corte o Tribunal de Justicia Internacional. Se trataba de un órgano al margen de la Sociedad de Naciones; sin embargo, fue quien más problemas le solucionó a esta organización internacional.

  • La Sociedad de Naciones tiene como principal objetivo acabar con la fuerza como medio para solventar los conflictos internacionales. De hecho, en caso de conflicto, la Sociedad de Naciones obliga a hacer uso del procedimiento del arbitraje, y en caso de que alguno de los estados beligerantes incumpla las decisiones que se tomen tras el arbitraje, el Consejo impondrá las sanciones oportunas. Permitirá, por ejemplo, al resto de estados miembros acudir en ayuda del agredido.

    A pesar de todo, la Sociedad de Naciones nace con numerosos fallos, entre ellos, la ausencia de los Estados Unidos, lo que supone una paradoja ya que el principal impulsor de esta organización internacional fue el presidente norteamericano Thomas Wilson. El lugar de los Estados Unidos lo ocuparán los otros vencedores de la guerra: Inglaterra y Francia quienes, sedientos de venganza, van a ordenar Europa a su manera. Un segundo fallo de la Sociedad de Naciones y que contribuyó a su desaparición, fue que Alemania llegó a formar parte del Consejo Permanente. Por último, cabe señalar un fallo estructural en el artículo 10 del Pacto Fundacional de la Sociedad de Naciones que consagró el status quo político y territorial de Europa delimitando fronteras, repitiendo lo que ya estaba establecido en la Conferencia de Viena a pesar de que en el artículo 19 estaba prevista su revisión.

    Esos años de gloria de la posguerra traen consigo el espíritu pacifista que se tradujo, en el año 1925, en la firma de los Tratados de Locarno. Los también llamados Pacto o Acuerdos de Locarno hacen referencia a los siete pactos destinados a reforzar la paz en Europa después de la Primera Guerra Mundial. Fueron firmados por los representantes de Bélgica, Checoslovaquia, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia y Polonia en la ciudad suiza de Locarno el 16 de octubre de 1925. Dicho tratado garantizó las fronteras de los países firmantes y, además, devolvió a Alemania sus territorios limítrofes.

    Tres años después, en 1928, se firma el Pacto de París, uno de los instrumentos más idílicos y más fantásticos ideados por el ministro de asuntos exteriores francés, Aristide Briand, y el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Frank Billings Kellogg. Briand y Kellogg idearon un pacto que prohibiera la guerra como instrumento de política nacional. Ambos presentaron el tratado a otros países, entre los cuales, quince acabaron firmando el pacto: Alemania, los Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, Italia, Japón, Bélgica, Polonia, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Irlanda, la India -aún bajo mandato británico- y Checoslovaquia. Otros cincuenta y siete países se adhirieron más tarde. El Pacto de París está constituido de treinta y tres artículos muy cortos pero de una enorme importancia. En su primer artículo fijan el concepto de guerra fuera de la ley; según este principio, toda guerra es ilegal y está prohibido a cualquier estado firmante acudir a la guerra como desarrollo de su interés nacional. Por lo tanto, todo estado que acuda a la guerra como desarrollo de su interés nacional, irá contra la ley y será entonces cuando la Sociedad de Naciones pueda actuar contra el infractor.

    Ese mismo año (1928) se firma en Ginebra el denominado Acta General de Arbitraje que contempla el procedimiento de arbitraje, la conciliación y el derecho a acudir a los tribunales internacionales. Los artículos 8 y 9 versan sobre la regulación del uso de armas y la limitación de la cuantía del ejército y de las armas.

    Entre 1920 y 1924 se produjeron muchísimas comisiones para proponer una Conferencia General de Desarme. Sin embargo, este proyecto fue abandonado en 1933 ante el apogeo del Partido Nacional Socialista en Alemania y su abandono del Consejo permanente de la Sociedad de Naciones.

    Pese a los muchos fallos internos de la Sociedad de Naciones, logró resolver pacíficamente algunos conflictos como por ejemplo, el enfrentamiento entre Finlandia, Suecia y Rusia o la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay (1932-1935).

    En el año 1931 comienza la verdadera crisis de la Sociedad de Naciones. En primer lugar, no fue capaz de frenar la invasión japonesa de Manchuria, en el norte de China. Japón desoyó las advertencias de la Sociedad de Naciones e hizo caso omiso a las múltiples sanciones que se le impuso. Inmediatamente después, en 1934, Italia -que no había podido unirse a la expansión colonial del XIX- invade Abisinia (actual Etiopía). La Sociedad de Naciones declaró a Italia estado agresor y le impone una serie de sanciones que no sirvieron para nada. El germen de esta retrasada expansión colonial lo encontramos en el fascismo italiano que reclamaba un dominio colonial para Italia. Sin embargo, el colonialismo en el siglo XX estaba completamente desfasado. De hecho, cuando Italia lleva a cabo su expansión colonial, casi coincide con la descolonización. Italia pretendía llevar a cabo su expansión en el norte de África para controlar algunos de los principales puertos del Mediterráneo. Sin embargo, en 1937 la Sociedad de Naciones expulsa a Italia de la organización internacional sin haber consumado la conquista de Abisinia, Somalia y Libia.

    Por otro lado, con respecto a la Guerra Civil española (1936), la Sociedad de Naciones no podía intervenir en un conflicto interno, tan sólo podía hacerlo en conflictos internacionales. En un principio, Inglaterra propuso la firma de un pacto de no intervención al que se unieron Francia, Italia y Alemania. Pese a todo, Alemania e Italia terminaron incumpliendo dicho pacto al apoyar al bando fascista; mientras que el bando republicano encontró su apoyo en la Unión Soviética. Por lo tanto, como la guerra se terminó internacionalizando, la Sociedad de Naciones creó una comisión de intervención que también fracasó.

    El fracaso de la Sociedad de Naciones en España transmitió un sentimiento de frustración a toda la sociedad internacional, lo que contribuyó a la precipitación de la Segunda Guerra Mundial.

    6.2. La reordenación sistemática después de la Segunda Guerra Mundial: a) los tratados de paz; b) el enfrentamiento Este-Oeste y la doctrina de la coexistencia pacífica

    6.2.1. La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

    Alemania, haciendo caso omiso al Tratado de Versalles y al Pacto de Locarno -que había establecido las fronteras europeas-, expande sus fronteras y ocupa la orilla izquierda del Rhin. Además, se anexiona Austria mediante un plebiscito e invade Checoslovaquia con la excusa de atender a la población alemana afincada en la parte occidental del país. Chequia era mayoritariamente alemana y, basándose en la unidad del pueblo alemán, apoyó la expansión. También hay que recordar que Checoslovaquia era un estado nuevo que había surgido del Tratado de Versalles (1919).

    Pese a todo, el verdadero germen de la guerra fue la ocupación el 1 de septiembre de 1939 de la ciudad polaca de Gdansk (Danzig), en teoría, bajo la protección de la Sociedad de Naciones. Dos días más tarde, el 3 de septiembre de 1939, comenzaría oficialmente la Segunda Guerra Mundial. Alemania había advertido a la Sociedad de Naciones de las graves consecuencias si se le denegase la soberanía sobre Gdansk. Finalmente, la organización internacional cede ante la presión alemana y todos los estados miembros comenzaron a abandonarla.

    Por otro lado, también en 1939, Rusia invade Finlandia con la excusa de la presencia de tropas finesas en sus fronteras, lo que acarreó la expulsión de Rusia de la Sociedad de Naciones cuyo esqueleto perduró hasta 1946, año en el que desaparece definitivamente transfiriendo todo su patrimonio a la recién creada Organización de las Naciones Unidas (ONU).

    El 21 de diciembre de 1941, aviones japoneses atacan la bahía de Pearl Harbour, en donde acaban con la flota norteamericana en el Pacífico. Este hecho supuso el ingreso de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, una vez Alemania le declara la guerra.

    Cuatro años después, el 8 de mayo de 1945, se pone fin a la Segunda Guerra Mundial con la rendición de Alemania y, poco después, con la rendición de Japón.

    6.2.2. Los tratados de paz

    En 1947 -dos años después de terminarse el conflicto- se firman los tratados de paz tras la Segunda Guerra Mundial. Los firman los vencedores de la guerra -Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Rusia- y los países aliados de Alemania: Italia, Austria, Bulgaria, Rumanía y Hungría.

    Respecto a Japón, fueron los Estados Unidos los que llevaron el peso de la guerra y también el de la firma de la paz, cuyo tratado se firmó en 1951. Y en cuanto a Austria, se segrega de Alemania, se convierte así en estado independiente y vio recortadas sus fronteras.

    Los norteamericanos creyeron que un estado como Alemania no podría desaparecer para siempre del mapa europeo, de modo que el Comité de Control Inter Aliado dividió la dividió en cuatro zonas de ocupación: 1) una oriental que fue ocupada por la Unión Soviética; y 2) una occidental -dividida en tres partes- que fue ocupada por los Estados Unidos, Francia e Inglaterra.

    Polonia recupera su status anterior a la guerra y solicita que se restablezcan sus antiguas fronteras, una de ellas, en el este de Alemania (zona soviética). Finalmente, Polonia recibe la administración de los territorios alemanes de la Prusia Oriental situada al este de la línea imaginaria que, más o menos, trazan los ríos Oder y Leipzig.

    6.2.3. El enfrentamiento Este-Oeste y la doctrina de la coexistencia pacífica

    1948 es un año clave en el enfrentamiento entre los países occidentales y la Unión Soviética. Cuando los Estados Unidos, Francia e Inglaterra deciden llevar a cabo una reforma monetaria en Alemania, se encuentran con la negativa de la Unión Soviética que responde con el bloqueo de Berlín -situada en la zona oriental-. Inmediatamente, los Estados Unidos responden al bloque con un puente aéreo para abastecer vía aérea a los berlineses con productos de primera necesidad -alimentos, medicinas, agua, ropa, etcétera-. La Unión Soviética no se atreverá nunca a interrumpir el puente aéreo, por lo que termina resignándose ante la creación de un status especial en Berlín por el que las cuatro potencias comenzarán a estar presentes en la ciudad.

    Recién terminada la guerra, parece que otra puede comenzar. De hecho, existía un plan por parte de Inglaterra de invadir la Unión Soviética para erradicar el comunismo. Así pues, para evitar el peligro de un nuevo conflicto, los Estados Unidos, Francia e Inglaterra deciden poner fin a la ocupación alemana creando, en 1949, la República Federal Alemana enviando a sus representantes diplomáticos a Bonn, la nueva capital. La Unión Soviética les imita y crea también la República Democrática Alemana comenzando así la historia roja de Alemania.

    Durante veinte años las dos Alemanias se ignoran por completo. En 1961 se levanta el muro de Berlín, pues la ciudad había quedado dividida en dos partes: una perteneciente a la República Federal Alemana y otra, a la República Democrática Alemana.

    En 1969, el cambio se produce gracias al canciller de la República Federal Alemana Willy Brandt (1913-1992) quien inició los primeros contactos con la otra Alemania -República Democrática- con la que logra negociar una serie de tratados en los que se reconoce recíprocamente que los estados constituyen uno solo que engloba a toda Alemania. En esos tratados se reconocían, por ejemplo, las nuevas fronteras alemanas con Polonia. Así, en 1972 se firma el Tratado Fundamental con la República Democrática Alemana en la que se incluye, por ejemplo, el derecho de visitas.

    6.2.3.1. La Guerra Fría

    Esta historia de la Guerra Fría, como tal, empezó a usarse como un enfrentamiento entre comunistas y no comunistas. Asimismo, el auténtico origen del enfrentamiento entre la Unión Soviética y los países occidentales hay que buscarlo en la Revolución Rusa de 1917, una auténtica guerra civil que duró cuatro años. Los que no aceptaron el comunismo y fueron fieles al zar -tropas blancas- estaban apoyados por Francia e Inglaterra. Los bolcheviques, que eran la minoría, dieron un golpe de estado dentro de la propia guerra civil, dejando en la oposición a los mencheviques, que eran la mayoría, a los que terminaron exterminando literalmente. Finalmente, los bolcheviques, encabezados por Lenin, instauraron el régimen comunista en 1921. El rencor que sintieron los bolcheviques hacia Francia e Inglaterra duró, incluso, hasta 1990.

    En el periodo de entreguerras, el nombramiento de Yosif Stalin (1922-1953) como Secretario General del Partido Comunista posibilitó la consolidación de un estado dirigido por el Partido que dio origen a un país que se convertiría en la primera potencia mundial, tanto territorial como militar. Así, este alzamiento se aprovechó para dar rienda suelta al rencor que desde hacía tantos años se sentía hacia Francia e Inglaterra.

    La Segunda Guerra Mundial supuso una autoreorganización sistemática a nivel mundial -la primera que ocurre-. En este sentido, nos encontramos con dos esferas políticas enormes que se colocan en dos extremos totalmente opuestos -Política Bipolar-. La Unión Soviética era un estado enorme con una importante capacidad militar y nuclear al igual que los Estados Unidos. Por otro lado, hasta la Segunda Guerra Mundial, Norteamérica había estado completamente aislada desde el punto de vista político. Sin embargo, el estallido de la guerra no sólo la metió de lleno en la política internacional sino que, además, le permitió desarrollar su potencial industrial, una industria que cuatro años más tarde, en 1945, es la que genera más bienes de consumo en todo el mundo. Además, el ejército norteamericano se convierte en el más poderoso del mundo -junto con el de la Unión Soviética-; contaba con armas nucleares y, sobre todo, con algo de lo que carecía la URSS: capacidad financiera.

    La Unión Soviética, para evitar la invasión del capitalismo, crea un cinturón de seguridad formado por estados satélites en el Oeste ruso -estados afines a la ideología soviética-: Polonia, Checoslovaquia, Hungría, etcétera. Pero aún faltaban dos elementos para lograr el aislamiento absoluto: Grecia y, sobre todo, Turquía.

    Así pues, en 1947 la guerra fría fue un hecho que motivó la aparición de la Doctrina Truman que establecía que los Estados Unidos podían dar apoyo a “personas libres que están resistiendo los intentos de dominio por minorías armadas o por presiones exteriores”, siendo estas directrices de ferviente tendencia anticomunista dado el contexto en el que se hallaban.

    Los Estados Unidos se estaban dando cuenta de lo que estaba ocurriendo en Europa, es decir, de que toda Europa Occidental podía caer en manos de la Unión Soviética, de ahí que decidiesen frenar la expansión comunista en aquellos países que pudieran cerrar el cinturón de seguridad soviético, sobre todo, en Grecia y Turquía.

    Con respecto a Grecia -inmersa en plena guerra civil-, los ingleses habían notificado a la Casa Blanca que no podían continuar apoyando al gobierno griego contra las guerrillas comunistas ni podían ayudar económicamente a Turquía. La doctrina Truman se promulgó precisamente con el ánimo de proporcionar soporte a gobiernos que resistían frente al comunismo y los casos de Grecia y Turquía eran dos buenos ejemplos. El presidente Truman insistió en que si Grecia y Turquía no recibían la ayuda que necesitaban, podían caer inevitablemente en manos del comunismo.

    Por otro lado, los Estados Unidos se han de enfrentar, además, con una Europa totalmente devastada y con una economía completamente hundida tras la Segunda Guerra Mundial. Sólo los Estados Unidos podían poner de nuevo en marcha la economía europea, lo que se hará a través del Plan Marshall, ideados por el Secretario de Estado norteamericano George C. Marshall con el objetivo a paliar los efectos de la guerra. Así, en 1947 se elabora un Programa de Reconstrucción Europea (ERP) que proporciona materias primas, productos y capital en forma de créditos y donaciones. Además, en 1948, se crea en París la Organización Europea de Cooperación Económica para la distribución de los fondos de la ERP.

    La guerra fría es ya un hecho cuando la Unión Soviética ve la posibilidad de extender el comunismo a otros países por medio de métodos pacíficos, es decir, ganando elecciones democráticas libres en otros países, por ejemplo, en Francia o Italia que en aquel momento eran países muy pobres. En el caso de Italia, virtualmente se pudo dar el caso de que llegase a formar parte del cinturón de seguridad ya que el Partido Comunista italiano era muy fuerte. Algo similar ocurrió también en Francia. Por lo tanto, ahí estaba la solución, en que un partido comunista ganase las elecciones, lo que sería ideal para la expansión del comunismo y que toda Europa pasase a formar parte del cinturón de seguridad. La Unión Soviética era en estos momentos el referente de estado obrero, de ahí que desde 1947 hasta 1956 la idea del control soviético de Europa desde el Pacífico hasta el Atlántico pareciera viable.

    A pesar de todo, la Unión Soviética no estaba preparada aún desde el punto de vista financiero y tampoco en el campo militar no nuclear. De ahí que los Estados Unidos pasasen a enfrentarse a la URSS en el Pacífico, es decir, desde la periferia. Por lo tanto, buscan el enfrentamiento periférico.

    El enfrentamiento periférico de ambas potencias se inicia en Asia como campo de batalla, confrontando dos formas de entender la política y la economía. Es la Unión Soviética quien se encarga de abrir frentes muy vulnerables: primero China, luego Corea, ambos próximos a Japón; y más tarde, la península de Indochina, próxima a Australia y Nueva Zelanda.

    La República de China establecida en Nanjing en 1927, estaba liderada por el militar y estadista chino Chian Kai-Sheck (1887-1975). Tras la invasión japonesa de China (1937-1945), nacionalistas y comunistas chinos dejan de lado sus diferencias para formar un frente unido contra el invasor, el cual abandona definitivamente la República de China tras la Segunda Guerra Mundial. Tras acabar con la invasión japonesa comienza la Segunda Guerra Civil en China. Fue en este momento en el que las Fuerzas Revolucionarias Nacionales, lideradas por Chian Kai-Sheck y apoyadas por los Estados Unidos, retoman su lucha contra las fuerzas comunistas del llamado Ejército Popular de Liberación liderado por Mao-Tse-Tung (1893-1976) y apoyado por la Unión Soviética. En contra de todo pronóstico, las fuerzas comunistas conseguirán finalmente ganar esta guerra civil. Tras hacerse con la victoria, el nuevo gobierno comunista chino se instala en la China continental (Shanghái) mientras que los nacionalistas, con el apoyo norteamericano, lo hacen en Taiwán, única provincia China que nunca caería bajo el control comunista.

    El segundo enfrentamiento periférico tiene lugar en Corea, un protectorado japonés dividido en dos partes: 1) Corea del Norte, bajo la tutela de la Unión Soviética y la China comunista; y 2) Corea del Sur, apoyada por los Estados Unidos y sus aliados. El 25 de julio de 1950, las tropas norcoreanas atravesaron el paralelo 38 que dividía ambas Coreas con la clara intención de ocupar Seúl. Inmediatamente, los Estados Unidos piden la retirada de las tropas norcoreanas. Ante la negativa, los Estados Unidos pide a las Naciones Unidas la intervención militar contra Corea del Norte para expulsar a las tropas invasoras. Esta petición es aceptada y la ONU envía tropas internacionales bajo el control norteamericano. La intervención militar internacional no se conformó con expulsar a las tropas norcoreanas, así que, además, llevó a cabo la invasión de Corea del Norte. China, ante el temor de que las tropas de las Naciones Unidas llegasen a la capital norcoreana, decide intervenir en el conflicto. En cierta manera, se trataba de una invasión descarada de Corea por parte de China bajo el auspicio de la Unión Soviética, algo que aterró a los Estados Unidos ante la posibilidad de un inminente conflicto mundial. El interés de la Unión Soviética en China no era otra más que mantener un forcejeo de poder con los Estados Unidos. Finalmente, la guerra duró tres años (1950-1953) y concluyó con la firma de un armisticio pero no la paz, tras el cual Corea quedó dividida como antes de la guerra.

    El tercer enfrentamiento periférico se produjo en la península de Indochina. La guerra de Indochina hace referencia al conflicto librado entre Francia y los nacionalistas vietnamitas contra el Viet Minh -Liga para la Independencia de Vietnam- del político y revolucionario comunista vietnamita Ho Chi Minh (1890-1969) por la independencia de los cuatro países que formaban la Indochina francesa (Camboya, Laos, Vietnam del Norte y Vietnam del Sur) entre 1945 y 1954.

    El 7 de mayo de 1954, tras nueve años de lucha, las fuerzas francesas son derrotadas definitivamente. En el Congreso de Ginebra de ese mismo año, se decidió el abandono de la colonia por parte de Francia, la separación de Vietnam en dos estados soberanos y la celebración de un referéndum un año después donde los vietnamitas decidirían su reunificación o su separación definitiva. El 9 de octubre de 1954, los últimos soldados franceses arriaban la bandera tricolor de los edificios públicos de Hanoi, y son sustituidos por oficiales del Viet Minh que hacen su entrada en la capital con un desfile. De esa misma manera llegará Ho-Chi-Ming a la capital de la que sería hasta 1975 República Democrática de Vietnam, más conocida por Vietnam del Norte. Los dirigentes del sur optaron por dar un golpe de estado y no celebrar el referéndum. Por este motivo, Vietnam del Norte comenzó las infiltraciones de soldados en apoyo del Vietcong -Frente Nacional de Liberación de Vietnam- para anexionarse a Vietnam del Sur. Así comenzó la Segunda Guerra de Indochina, más conocida como Guerra de Vietnam.

    Estados Unidos consideraba a Indochina una zona vital para sus intereses por su cercanía con Australia e Indonesia y el consiguiente peligro de expansión del comunismo. Por esta razón, Norteamérica decidió apoyar al presidente de Vietnam del Sur, Ngo Dinh Diem (1901-1963) para acabar con el régimen comunista en Vietnam del Norte. Ngo Dinh Diem fue el primero en realizar un acercamiento a Estados Unidos, quienes siempre le miraron con recelo y desconfianza, pero al que decidieron apoyar con fondos, asesores y soldados en la Guerra de Vietnam. Sin embargo, en 1963, el presidente Ngo Dinh Diem es asesinado dejando tras de sí un vacío político absoluto.

    El asesinato de Diem hizo que los Estados Unidos interviniesen cada vez más en los asuntos internos del país, sobre todo, tras el asesinato de J.F. Kennedy (1963), momento en el que son enviadas las tropas norteamericanas a Vietnam donde permanecerán hasta 1973. En agosto de 1964, cuando dos destructores norteamericanos que navegaban en el Golfo de Tonkín informaron haber sido atacados por lanchas vietnamitas, el presidente Llyndon B. Johnson decidió actuar con todo el poder de que disponía. Comienza así oficialmente la Guerra de Vietnam.

    En 1973, tras la Guerra de Vietnam, se alcanza de nuevo la máxima estabilidad en la los Estados Unidos y la Unión Soviética se hacen cargo de la política internacional y, sin llegar nunca al enfrentamiento, dividen el mundo en dos partes.

    Una nueva ruptura del sistema se produce tras otro error de cálculo. En 1956, el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser (1918-1970) decidió nacionalizar el Canal de Suez como medida para financiar la construcción de una presa sobre el Nilo en Asuán, condición requerida por el Banco Mundial para conceder un crédito a Egipto. La medida fue recibida con indignación por Francia e Inglaterra quienes realizaron una desastrosa invasión al mismo tiempo que Israel tomaba la península del Sinaí. Los ataques obtuvieron el rechazo de los Estados Unidos y la Unión Soviética y culminaron con la completa retirada de las potencias europeas e Israel.

    Otro punto caliente de la guerra fría fue la crisis de los misiles cubanos en 1962. Cuba era en aquel momento un estado-vasallo de la Unión Soviética, y la URSS quería conocer hasta dónde llegaba la paciencia norteamericana colocando misiles nucleares en la Isla que se encontraba a unos 88 kilómetros de Florida. El presidente John F. Kennedy ordena inmediatamente un bloqueo total de Cuba -bloqueo marítimo y aéreo-. Sin embargo, un convoy de barcos rusos se aproximaba a Cuba, así que podían haber pasado dos cosas: 1) o se detenían los barcos, o 2) se hundían los barcos, algo que hubiera sido contestado de mala manera por la Unión Soviética. Los Estados Unidos solicitan a la URSS que respete el bloqueo y que ordenase a los barcos dar la vuelta y, además, solicita que se desmantelen los lanzamisiles de Cuba. En seis horas, el gobierno ruso acepta las peticiones norteamericanas dando por zanjado el asunto. De esta forma se puso fin a la crisis sin dar muestras de debilidad ni de derrota por ninguna de ambas potencias, y se volvió a evitar el conflicto directo. En este momento se creó el llamado teléfono rojo, línea directa entre la Casa Blanca y el Kremlin, con el fin de agilizar las conversaciones entre ambas potencias durante períodos de crisis.

    Otro momento de crisis fue la llamada Guerra de los Seis Días o Guerra de Junio de 1967, un conflicto bélico que enfrentó a Israel con una coalición árabe formada por Egipto, Jordania, Irak y Siria entre el 5 y el 10 de junio de 1967. Tras la exigencia egipcia a la ONU de que retirase de forma casi inmediata sus fuerzas de interposición en el Sinaí, el movimiento de fuerzas egipcias en la frontera y el bloqueo del estrecho de Tirán, Israel, temiendo un ataque inminente, lanzó un ataque preventivo contra la fuerza aérea egipcia argumentando legítima defensa preventiva. En seis días, el ejército egipcio es destruido. La Unión Soviética amenaza con intervenir si Israel cruza el Canal de Suez, mientras que los Estados Unidos, Francia e Inglaterra presionan para que Israel se retire. Al finalizar la guerra, Israel había conquistado la Península del Sinaí, la Franja de Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este (incluida la Ciudad Vieja) y los Altos del Golán.

    Éste hecho supuso el último resquebrajamiento de la estabilidad del sistema internacional que ha perdurado estable durante cincuenta años.

    6.3. El proceso descolonizador: a) Medio Oriente y Asia; b) África

    Acabada la Segunda Guerra Mundial comienza el proceso de la descolonización, por tanto, ha llegado el momento de poner fin al sistema colonial. En el artículo primero de la Carta Fundacional de las Naciones Unidas se recoge el principio de autodeterminación de los pueblos, lo que supuso el punto de partida de la independencia de las colonias que fue apoyada por los Estados Unidos y la Unión Soviética.

    En 1919 la Sociedad de Naciones se empieza a platear la necesidad de descolonizar un territorio tan grande (Asia, Medio Oriente y África), así para ello establece tres tipos de mandatos:

  • Colonias que podían hacer frente de forma rápida a su independencia, supervisadas por el estado mandatario (cuatro provincias turcas).

  • Colonias subdesarrolladas (estados administrados parcialmente por el mandatario).

  • Colonias sometidas totalmente a los mandatarios.

  • 6.3.1. Medio Oriente y Asia

    Con respecto al proceso descolonizador de Medio Oriente, éste se desarrolló de la siguiente manera. En primer lugar, Francia se retira del Líbano y Siria. En segundo lugar, Inglaterra se retiró de Palestina, un territorio inmenso que quedó dividido en dos estados: Cisjordania y Transjordania -hoy en día Jordania- que hasta entonces no existía. Acabada la Segunda Guerra Mundial, miles de israelitas se refugian en el antiguo mandato inglés. Una vez los judíos empiezan a asentarse, piden a Inglaterra qué hacer con los árabes que ocupaban esa zona. Inglaterra, cansada de la Segunda Guerra Mundial, únicamente les dice que tendrán que convivir, algo que todavía hoy no han podido hacer. De hecho, Inglaterra se marcha de su antigua colonia y deja a Palestina a su propia suerte.

    En cuanto a Asia, se producen los siguientes cambios. En primer lugar, en 1948 Inglaterra concede la independencia a la India donde Mahatma Gandhi (1869-1948) se proponía establecer un gobierno donde convivieran en igualdad hindúes y musulmanes. Sin embargo, los islamistas querían un territorio propio por lo que Inglaterra dividió su colonia en dos partes: la India y Pakistán -nuevo estado musulmán-. Además, Inglaterra aisló dos zonas de este último territorio: Pakistán Oriental y Occidental, de modo que la población musulmana pudiera convivir en la misma zona evitando así conflictos étnicos y religiosos. Pakistán Oriental -actual Bangladesh- se independizó en 1971 tras una guerra entre la India y Pakistán Occidental. Por último, Inglaterra concedió la independencia absoluta a Ceilán -actual Sri Lanka- y Birmania.

    El Imperio holandés, al igual que el resto de grandes potencias, también vio desaparecer sus colonias asiáticas en el Pacífico. En 1949 Holanda abandona el Pacífico creando un nuevo estado que llamó Estados Unidos de Indonesia -posterior República Unitaria de Indonesia- compuesto por Java, Borneo y muchas otras islas. Tras una guerra civil, Malasia obtiene su independencia y hace muy pocos años, también la obtuvo Timor Oriental.

    Por su parte, Francia ofreció a Laos, Camboya y la Indochina francesa un tratado especial de estados asociados por el que éstos quedaban vinculados a la República.

    6.3.2. África

    Con respecto al continente africano, existía en todo el continente un sentimiento anticolonialista muy fuerte, de ahí que cada vez fuera mayor la presión por parte de las colonias hacia sus gobiernos para que se les concediese la ansiada independencia. Así, de esta manera, surgió el Movimiento de los Países No Alineados que en la Conferencia de Bandung de 1955, y a propuesta de Nehru -primer ministro de la India desde su independencia en 1947- y Gamal Abdel Nasser, presionan a las Naciones Unidas para que se llevara a cabo la descolonización. La torpeza de los Estados Unidos, la debilidad de los países colonialistas además del peso de la Unión Soviética fueron factores importantes para acelerar el proceso descolonizador. Sin embargo, muchos de los estados africanos no estaban preparados para ser independientes, a lo que se unía un altísimo índice de pobreza y subdesarrollo. En África no había industria ninguna; tan sólo Egipto había experimentado un cierto desarrollo. Europa no había invertido ni un gramo en tecnología en el continente africano que sólo fue un territorio usado para extraer materias primas.

    Los primeros estados en obtener su independencia fueron los países africanos del norte (Nigeria, Túnez, Egipto, etcétera) que terminaron adquiriendo su estatuto de autonomía bajo el auspicio de la Commonwealth británica, lo que implicó una serie de ventajas: a) los diplomáticos de un estado no necesitan acreditación en otro estado miembro y gozarían de inmunidad; b) entre todos los estados miembros estaba prohibido litigar ante el Tribunal de la Haya; y c) derecho a una nacionalidad común hasta el punto de que llegan a existir tres tipos de nacionalidad -permiso de trabajo, permiso de residencia y para los estados más antiguos, nacionalidad plena-.

    El Congo belga era el estado africano de mayor extensión. Tras su descolonización se produjo una terrible guerra civil que duró ocho años, provocada por la gran cantidad de oro, petróleo y diamantes que poseía la provincia de Katanga. En este conflicto se vio obligada a intervenir la ONU, y tras ella, el país se dividió en dos: el Congo belga y Kinshasa.

    Argelia tuvo que pasar por una auténtica guerra colonial contra Francia para lograr su independencia. El territorio argelino era la colonia francesa más grande y más rica, productora de petróleo y gas, por lo que Francia no quería desprenderse de esa colonia. Este hecho propició la sublevación de grupos guerrilleros que reclamaban la independencia del país. Finalmente, después de años de guerra civil y miles de muertos, el general francés Charles de Gaulle (1890-1970), presidente de la Quinta República francesa, concede en 1962 la independencia a Argelia.

    En cuanto a España, existía un protectorado compartido con Francia de Marruecos que se había obtenido en la Conferencia de Algeciras de 1906. España tenía soberanía total sobre Ifni, el Sáhara, Tetuán, Ceuta, Melilla y Tánger. Las razones por las que España quería poseer colonias no eran económicas; eran razones estratégicas ya que se temía una nueva invasión árabe ya que Marruecos era la puerta de entrada a Europa para los árabes. Sin embargo, en 1906 España era una potencia de tercera o cuarta categoría, por lo que una invasión era impensable. Incluso, si ésta se hubiera producido, España se hubiera quedado sola. Por otro lado, también existían factores psicológicos ya que pocos años antes España había perdido sus últimas colonias -Cuba, Puerto Rico y Filipinas-. Además, había un segundo fin estratégico: proteger a las Islas Canarias de una posible colonización europea. Una última razón pudo ser la de contentar al ejército español inmerso en un clima de malestar por las múltiples derrotas cosechadas en aquellos años. Entre 1921 y 1925, se produjo la Guerra del Rif, también llamada Guerra de Marruecos o Guerra de África. Fue un enfrentamiento originado por la sublevación de las tribus rifeñas -naturales de una región montañosa del norte de Marruecos- contra la ocupación colonial española y francesa. Francia no participará en la guerra hasta el año 1924. Hasta entonces, las tropas españolas se enfrentarán solas a los sublevados y pese a ser mayores en número, son prácticamente masacradas a manos de las tribus rifeñas. Finalmente, en septiembre de 1925 el ejército español, con apoyo francés, realiza un desembargo en la bahía de Alhucemas que pone fin a la guerra.

    Portugal tuvo un imperio colonial mayor que el español y durante más tiempo: Angola, Mozambique, Guinea Ecuatorial, Cabo Verde, Azores, etcétera. Angola y Mozambique aún hoy soportan guerras civiles debido a que Portugal dilató mucho la descolonización. Tanto uno como otro eran países ricos en petróleo y diamantes, lo que animaba a Portugal a no desprenderse de sus colonias. En cierto modo, seguía el mismo proceder que Francia en Argelia.

    La última colonia africana en obtener su independencia fue Namibia que rápidamente quedó integrada en África del Sur, un territorio con el ochenta por ciento de población negra y el veinte por ciento de población blanca.

    El ciclo corto del colonialismo se cierra definitivamente en 1960; sin embargo, la explotación pura duró entre ciento diez y ciento veinte años más. A lo largo de cincuenta años todas las colonias africanas habían obtenido su independencia. A pesar de todo, la situación en la que quedan es generalmente peor que la que tenían antes. Las colonias tardarán muchísimo tiempo en ponerse al nivel de los estados del sur de Europa, entre otros motivos, porque existía otro tipo de colonialismo económico y cultural y una hipocresía absoluta de quienes hacían uso de las materias primas de estos países sin dar nada a cambio, o casi nada.

    6.4. El fenómeno coordinador: la multiplicación de las organizaciones internacionales

    El último fenómeno novedoso que tiene que ver con las relaciones internacionales es la reorganización internacional. En este sentido, el desarrollo que experimentaron las grandes potencias durante todo el siglo XIX permitió que muchos estados se compaginasen con otros vendiendo sus excedentes, y esto sólo podía funcionar mediante sistemas de organización internacional. Por lo tanto, los estados estaban obligados a unirse para conseguir unos fines que por sí solos no podrían obtener. En definitiva, las organizaciones internacionales surgen por razones económicas para conseguir fines que un estado por sí solo no podía lograr, y así, poder beneficiarse económicamente cada uno de esos estados.

    Los pasos para la creación de una organización internacional podrían ser, explicándolos de una manera sencilla, los siguientes:

  • Primero hay que determinar qué países van a formar parte de la organización internacional y, sobre todo, especificar qué principios van a regir dicha organización

  • Una vez hecho el primer paso, es necesario proponer una serie de normas que han de ser coherentes a esos principios.

  • El tercer paso sería, una vez se han propuesto las normas, redactar un reglamento.

  • Por último, y hecho el reglamento, habría que ver cómo se pone en marcha la organización y cómo se van a aprobar las decisiones que se tomen: por unanimidad, por las dos terceras partes, etcétera.

  • Finalmente, no queda más que ver qué resultados obtiene esa organización, si son positivos o, por el contrario, negativos.

  • Una posible definición de organización internacional sería aquella que hace referencia, como su propio nombre indica, a una organización intergubernamental creada por distintos estados con una intención determinada. En el mundo existen numerosos ejemplos de los cuales podemos explicar algunos.

    La Organización de Naciones Unidas (ONU) es la mayor organización internacional existente. Se define como una asociación de gobiernos global que facilita la cooperación en asuntos como el Derecho internacional, la paz y la seguridad internacional, el desarrollo económico y social, los asuntos humanitarios y los derechos humanos. La ONU fue fundada el 24 de octubre de 1945 en San Francisco (California) por cincuenta y un países al finalizar la Segunda Guerra Mundial, con la firma de la Carta de las Naciones Unidas. Desde su sede en Nueva York, los Estados miembros de las Naciones Unidas y otros organismos vinculados proporcionan consejo y deciden acerca de temas significativos y administrativos en reuniones periódicas celebradas durante el año. En el año 2007, la ONU posee ciento noventa y dos Estados miembros, prácticamente todos los países soberanos reconocidos internacionalmente. Hay excepciones como la Santa Sede, que tiene calidad de observador, y la República de China-Taiwán. La sede europea -y segunda sede mundial- de la ONU se sitúa en Ginebra, Suiza.

    La Organización de Estados Americanos (OEA) nace de la antigua Unión Panamericana en el Pacto de Bogotá. Tiene las mismas funciones que las Naciones Unidas, pero si esta última organización no funcionó, la OEA lo hizo menos.

    En 1945, en Próximo Oriente, surgió la Liga Árabe que, como su propio nombre indica, agrupa a los Estados árabes.

    En África hubo muchos intentos por consolidar una organización propia, intentos que al final se tradujeron en la Organización para la Unidad Africana (OUA) surgida en 1963. Sin embargo, si la OEA apenas tuvo eficacia política, la OUA tuvo muchísima menos.

    Aparte debemos distinguir los organismos internacionales especializados, es decir, organizaciones de carácter técnico con uno o dos fines y competencia casi universal. La más importante es la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que surge en 1919 y aún hoy sigue funcionando. Su principal función es la de controlar que la clase trabajadora de los países miembros trabajen en las mejores condiciones. La OIT tiene parangón en cuanto a eficacia con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que había derivado de la Organización Europea de Cooperación Económica (OECE), una organización destinada a gestionar el reparto de los fondos del Plan Marshall. Debido a su eficacia, comenzará a desarrollar su actividad bajo las siglas OCDE que aparece en 1950 para impulsar la cooperación y el desarrollo económico internacional. Otras organizaciones especializadas importantes son: 1) la UNESCO, organización vinculada a la Organización de las Naciones Unidas; 2) la Organización Mundial de la Salud (OMS); 3) la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO); 4) la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA); 5) el Fondo Monetario Internacional (FMI); 6) la Asociación Norteamericana de Libre Comercio (NAFTA); 7) el Mercado Común del Sur (MERCOSUR); o 8) el Pacto Andino.

    Por otro lado, en Europa se ha creado uno de los subsistemas más importantes de organizaciones internacionales. En este sentido, Europa fijó dos caminos: uno político, que no funcionó; y uno económico. Incluso, cabe hablar de un tercer camino de tipo militar. Así nació en 1948, fruto del Tratado de Bruselas, la Unión Europea Occidental (UOE) que no sólo fue una alianza militar, sino que también deseaba la unidad económica y, sobre todo, política. Inicialmente estuvo integrada por los estados europeos no comunistas como el Benelux, Francia e Inglaterra. Luego pidieron su ingreso Italia y Alemania, y más tarde, España y Portugal. Esta organización surgió con la intención de convertirse en un brazo armado europeo, pero esta intención no ha funcionado. La UOE dejó de funcionar entre los años 2001 y 2002 ya que la mayor parte de los mandos militares forman parte de la Alianza Atlántica (OTAN) por lo que no tiene sentido su permanencia. De todos modos, la UOE no se ha disuelto del todo puesto que a Francia no le ha interesado.

    En vista a que las Naciones Unidas no función, y sobre todo, desde el punto de vista de la unidad militar, surge en Europa la Alianza Atlántica (OTAN) creada en 1949 en un momento en el que se temía que la Unión Soviética pudiera invadir el continente europeo. La Alianza Atlántica reúne una serie de ventajas, entre ellas, que en caso de conflicto se reúnen todos los estados miembros -Europa, los Estados Unidos y Turquía- que han de decidir dos cosas: 1) si hay agresión o no, y 2) en el caso de que la haya, quién la ha realizado.

    Otra organización europea es el Consejo de Europa, surgido del Tratado de Londres en 1948. Fue un intento de crear una unidad de política europea fundamentada en ideas democráticas, pero se ha quedado en un intergubernamentalismo no integrado con un objetivo fundamental: la defensa y protección de los derechos humanos a través del Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales (1950).

    Por último, la organización europea más importante es la Unión Europea (UE) formada por veintisiete estados miembros. En conjunto representa el segundo o tercer Producto Interior Bruto del mundo, por detrás de los Estados Unidos, Japón y muy cerca de China. La cooperación europea ha provocado sin duda un aumento del nivel de vida de los miembros de la Unión. Franceses, italianos y alemanes son los propulsores de la Unión Europea. En este sentido, en 1950 se crea la Comunidad Europea del Carbón y Acero (CECA), que pretendía poner en común dos elementos esenciales en toda industria: el carbón y el acero. Tenía una serie de órganos comunes que estaban por encima de la voluntad de los estados miembros: Asamblea, Consejo de Ministros, Alta Autoridad, Secretaría Permanente y Tribunal de Justicia. La integraban Italia, Alemania, Bélgica, Luxemburgo, Francia e Inglaterra.

    En esta línea se creó el Comité Europeo de Defensa (CED), uno de los grandes desconocidos de las organizaciones europeas. Nació con la intención de suprimir la Unión Europea Occidental (UOE) para lo que necesitaba la ratificación de todos los estados miembros de la CECA. Sin embargo, Francia, que acababa de salir de la guerra de Indochina y no deseaba pertenecer a ninguna otra organización militar, se negó a formar parte del mismo.

    Como la CECA había tenido un funcionamiento favorable, siete años más tarde, en 1957 se crea la Comunidad Económica Europea (CEE) tras el Pacto de Roma. Asimismo, ese mismo año se creó también la Comunidad Económica Europea para la Energía Atómica (EURATOM) tras el Pacto de Bruselas. Se forma así un trío de organizaciones (CED, CEE y EURATOM) siendo lo más llamativo la fusión en 1964 de todos los órganos comunes a los que se une, además, una Asamblea o Parlamento Europeo. La CEE o Mercado Común, la organización más conocida, trajo consigo múltiples libertades económicas, entre ellas, la libre circulación de mercancías entre los estados miembros. En 1991, en el Tratado de Maastricht (Holanda) la CEE pasa a llamarse Unión Europea (UE) que englobaba tan sólo a tres estados miembros. En 1998 y en 2002 -Tratado de Ámsterdam y Tratado de Niza- se han ido añadiendo enmiendas para conseguir, entre otras cosas, la introducción una moneda única y la mejora del mercado común. La Unión Europea se organiza de la siguiente manera:

  • Cúspide: Consejo Europeo. Se reúne cada seis meses de manera rotatoria en uno de los estados miembros, y se encarga de fijar las directrices de la Unión.

  • Luego hay órganos similares: Comisión, Consejo de Ministros, Tribunal de Justicia y el Parlamento Europeo.

  • La Comisión no tiene potestad legislativa; en su lugar tiene la función de impulso, es decir, toda norma europea surge de la Comisión que es el órgano que propone leyes y las dirige al Consejo de Ministros. A su vez, el Consejo tiene que votar esas propuestas que se han de ratificar por unanimidad. Una vez que el Consejo recibe de la Comisión propuestas de leyes, puede hacer tres cosas:

  • Un reglamento, es decir, hacer una ley que pasa a ser obligatoria en todos los estados miembros.

  • Una directiva, es decir, el Consejo se dirige a todos los estados miembros para conseguir un fin concreto; por lo tanto, hace referencia a una norma del reglamento que dice lo que hay que hacer y lo que debe hacer cada estado miembro para conseguir un fin concreto.

  • Una decisión, es decir, el Consejo se dirige tan sólo a un estado miembro para conseguir un fin concreto, por lo tanto, el Consejo de Ministros se dirige al gobierno de ese estado miembro para decirle lo que hay que hace en situaciones concretas.

  • Todo este proceso queda vigilado por el Tribunal de Justicia Comunitario que actúa cuando un estado miembro no cumple la ley o cuando un órgano no funciona como tiene que funcionar. En cuanto al Parlamento Europeo, tiene el poder de aprobar el presupuesto y nombrar a un comisario -a dos como mucho-.

    Por último, cabe hacer referencia a una potestad de la Unión Europea que el principio subsidiario. Según este principio, la UE puede actuar como si fuera un estado, es decir, actúa como si tuviera competencias sobre una materia concreta -educación, sanidad, cultura, etcétera- al margen del gobierno de un estado. Por ejemplo, la Unión Europea puede considerar que el gobierno español debería haber transferido una determinada competencia a una Comunidad Autónoma. Sin embargo, al margen de que la UE lo crea necesario, el gobierno español no transfiere esa competencia. Como la Unión Europea mantiene que esa transferencia es completamente necesaria, actúa al margen del gobierno español y, acogiéndose al principio subsidiario, hace esa transferencia a esa Comunidad determinada.

    Tema 7

    7.1. La denominada guerra fría y sus acontecimientos principales: energía nuclear, los intentos de desarme y la conquista del espacio ultraterrestre

    Se denomina Guerra Fría al enfrentamiento político, ideológico, tecnológico y militar que tuvo lugar durante el siglo XX entre los bloques occidental-capitalista, liderado por los Estados Unidos; y el bloque oriental-comunista, liderado por la Unión Soviética. Estos dos bloques se caracterizarán por no enfrentarse nunca directamente, sino siempre uno de ellos directamente contra un aliado del otro o dos aliados de cada bloque entre sí. Los límites temporales del enfrentamiento se ubican entre 1945 y 1948 -fin de la Segunda Guerra Mundial y fin de la posguerra, respectivamente- hasta 1985 y 1991 -inicio de la Perestroika y disolución de la Unión Soviética-.

    La Unión Soviética y los Estados Unidos se enfrentaron en muchos puntos pero nunca de forma directa. Aún así, la rivalidad entre ellos hacía que existiera una amenaza en todo mundo, una amenaza de conflicto nuclear. La bomba atómica, cuyo núcleo está formado por plutonio o uranio enriquecido, era exclusiva de los dos bloques -los Estados Unidos y la Unión Soviética-. En el bloque occidental sólo tenían armas atómicas Norteamérica, Inglaterra -a quien se las vendía los Estados Unidos- y Francia. Actualmente, el arma nuclear no sólo no ha desaparecido, sino que hay más que nunca y en sitios -algunos- desconocidos.

    7.1.1. Energía nuclear

    El equilibrio entre los dos bloques se basaba en la idea de que la guerra no podía existir porque los dos juntos tenían tal cantidad de armamento nuclear que un conflicto entre ellos podía hacer desaparecer el planeta. Sin embargo, el peligro de utilización de la bomba atómica no ha desaparecido. Cuando existían los dos bloques, digamos que la situación estaba hasta cierto punto controlada; pero con la desintegración de la Unión Soviética las armas nucleares escaparon a su control y no se sabe ni cuántas hay ni quién las posee -si están controladas, si están obsoletas, si hay quienes tienen medios para fabricarlas, etcétera-. En este sentido, cualquiera puede hacer desaparecer un estado con un arma nuclear; incluso, tan sólo hace falta consultar Internet para encontrar instrucciones sobre cómo fabricar una bomba atómica. Se sabe, además, que Rusia, Ucrania, Francia, Inglaterra, la India, Pakistán, China, Corea del Norte e Irak -y algunos países que se desconocen- poseen enormes cantidades de armas nucleares. Todos lo hacen en secreto pero la bomba atómica es su arma de reserva.

    7.1.2. Los intentos de desarme

    Mediante diversos tratados se ha intentado regular el uso de la energía atómica. Por ejemplo, en 1963 se firmó un tratado entre la Unión Soviética, los Estados Unidos e Inglaterra que prohibía los experimentos nucleares en la atmósfera, y más tarde se amplió al espacio y a los fondos marinos. Por su parte, las Naciones Unidas elaboró en 1968 el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares al que se agregaron más de cien países. Se pretendía con este tratado que el club nuclear fuera controlado, es decir, saber quién poseía armas nucleares. Este tratado se caracterizó por su parcialidad, ya que permitía la posesión de armas nucleares a los países que ya las tenían y, en cambio, prohibía la fabricación a aquellos países que no tenían. Otro tratado interesante es el Tratado de Desnuclearización de los Fondos Marinos Oceánicos firmado en 1972 que, a diferencia de los otros tratados, sí tuvo un cierto éxito.

    En su momento, los Estados Unidos y la Unión Soviética consideraron que el uso de armas nucleares era inviable, es decir, eran inútiles y no tenían valor estratégico. En cuanto a armamento, y en términos comparativos, Estados Unidos poseía menos armas nucleares pero más armas convencionales; y la Unión Soviética tenía lo contrario, es decir, menos armas convencionales y más armas nucleares. Además, desde el punto de vista estratégico y para multiplicar la fuerza atómica, se fabricaron submarinos nucleares por parte de los dos bloques.

    Sumamente interesante es la firma de un tratado entre el presidente Richard Nixon y el líder soviético Leoniv Brezhnev. Tras arduas negociaciones, Brezhnev en nombre de la Unión Soviética y Nixon por los Estados Unidos, firmaron en Moscú los Acuerdos SALT (Strategic Arms Limitation Talks) en mayo de 1972. Este tratado ponía límite a la construcción de armamentos estratégicos y fijaba un número para los misiles intercontinentales y los lanzamisiles en submarinos que poseían la Unión Soviética y los Estados Unidos. También prohibía, bajo vigilancia mutua, el establecimiento de sistemas de defensa antimisiles. Brezhnev y el presidente Jimmy Carter firmaron en Viena unos nuevos acuerdos conocidos como Acuerdos Salt II que limitaba el número y el tipo de misiles nucleares intercontinentales para las dos potencias.

    A estos dos acuerdos le siguió el Tratado sobre Misiles Anti-Balísticos o Tratado ABM, un nuevo acuerdo entre los Estados Unidos y la Unión Soviética para limitar el número de misiles anti-balísticos usados para defender ciertos lugares de misiles con carga nuclear. El 26 de mayo de 1972, el presidente norteamericano Richard Nixon y el Secretario General del Comité Central del Partido Comunista, Leonid Brezhnev, firmaron este tratado que estuvo vigente durante treinta años -hasta 2002-. El 13 de junio de 2002, seis meses después de anunciarlo, Estados Unidos se retiró del acuerdo.

    7.1.3. La conquista del espacio ultraterrestre

    Un segundo acontecimiento clave tras los intentos de desarme fue la conquista del espacio ultraterrestre, también conocido como la carrera espacial, una competición informal entre Estados Unidos y la Unión Soviética que duró aproximadamente desde 1957 hasta 1975. Supuso el esfuerzo paralelo entre ambos países de explorar el espacio exterior con satélites artificiales, de enviar humanos al espacio y de posar a un ser humano en la Luna.

    La finalidad de la conquista del espacio era, fundamentalmente, estratégica y militar. Tanto la Unión Soviética como los Estados Unidos empezaron a lanzar al espacio el Sputnik, los Apolos y múltiples satélites, pero la obsesión era enviar al espacio satélites anti-balísticos para neutralizar, por ejemplo, los misiles que viajaban por el espacio antes de alcanzar su objetivo. Como consecuencia de este tipo de satélites, los norteamericanos inventaron los misiles Tomahawk, misiles que van a ras de tierra usados para burlar los escudos antimisiles. Entre sus ventajas, cabe destacar que no son detectables por los radares; sin embargo, cuentan con la desventaja de ser visibles y lentos. El misil Tomahawk, además, cuenta con un ordenador de a bordo que le permite alcanzar su objetivo con una enorme precisión.

    En la conquista del espacio sólo existía una eventualidad, un tratado de enero de 1967 que disponía que la Luna, satélite de la Tierra, no podía ser ni explotada ni ocupada por nadie.

    7.2. Desarrollo económico y subdesarrollo

    Como consecuencia de la descolonización, el enfrentamiento entre los dos bloques y el desarme armamentístico, las diferencias entre estados desarrollados y estados no desarrollados son enormes. Por eso, desde los años sesenta la ONU manifestó una gran preocupación por lograr el desarrollo económico y social de los países no desarrollados, los cuales han visto como sus economías se han tenido que adaptar a condiciones insoportables, por ejemplo, a causa de la famosa deuda externa, una deuda que se debe a una gestión pésima, al robo y la corrupción continuos y al gasto excesivo en el campo militar.

    Por una causa o por otra, la deuda exterior se ha convertido en un problema mundial ya que muchos estados que no tienen dinero para pagar se ven obligados a renegociar los pagos, de tal manera que cada año la deuda es mayor. Este hecho provoca que los prestamistas, sobre todo el Banco Mundial al que están afiliados ciento cincuenta países, se nieguen a prestar más dinero puesto que los estados a los que prestan no pueden hacer frente a sus deudas. Esto trae consigo que el sistema financiero de esos países deudores se declare en quiebra, tal y como pasó en Argentina y como casi pasa en Brasil. Si no hay más quiebras en el mundo es precisamente porque si las hubiera, el que se quedaría sin cobrar sería el país acreedor, y por eso es preferible que siga prestando dinero. Además, si por un casual se produjese la quiebra del sistema financiero de cinco o más países, se produciría un movimiento en cadena que traería consigo, en primer lugar, una quiebra monetaria a nivel mundial y, en segundo lugar, una tremenda inestabilidad política y sistemática también a nivel mundial.

    Un grupo de presión de la ONU se constituyó para obtener mejoras sobre el Derecho del mar. Surge así la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, uno de los tratados multilaterales más importantes de la historia desde la aprobación de la Carta de las Naciones Unidas, siendo calificada como la Constitución de los océanos. Fue aprobada, tras nueve años de trabajo, el 30 de abril de 1982 en Nueva York, y abierta a su firma por parte de los demás estados el 10 de diciembre de 1982 en Montego Bay (Jamaica). Entre otros temas, la Convención del Derecho del Mar engloba los límites de las zonas marítimas, zona económica exclusiva, plataforma continental y alta mar, derechos de navegación y estrechos para la navegación internacional, estados archipielágicos, paz y seguridad en los océanos y los mares, conservación y gestión de los recursos marinos vivos, protección y preservación del medio marino, investigación científica marina y procedimientos para la solución de controversias.

    A pesar de todo, el grupo de los setenta y siete estados no desarrollados votaron en contra del convenio porque la explotación de los fondos marinos no quedaba regulada. Esto provocó la creación de una agencia especial para el reparto de esos fondos, mientras que los beneficios serían distribuidos entre aquellos estados que no tuvieran acceso al mar. Sin embargo, los países que gastaban miles de millones en tecnología para explotar los fondos marinos se negaron a esta medida, así que, finalmente, se aprobó una propuesta que consistió en la creación de un fondo monetario común destinado a invertir en tecnología.

    7.3. El llamado sistema bipolar. El neutralismo

    La alineación en bloques o el también llamado sistema bipolar fue producto de la Guerra Fría. En este sentido, cualquier intento de salirse de uno de esos bloques o los movimientos entre los países que formaban uno y otro bloque eran castigados. Cada bloque era coherente en ideología y política, de ahí que el bloque occidental se asociase a los países occidentales-capitalistas, y el bloque oriental, a los países orientales afines al comunismo. Esto dio lugar a la denominada Teoría de la Soberanía Limitada de los países que pertenecían a uno u otro bloque. En 1968, por ejemplo, y en respuesta a un breve periodo de liberalización, los países del bloque oriental invadieron Checoslovaquia. Esto viene a significar que cada bloque era capaz de eliminar sus disidencias internas indirectamente o directamente mediante el uso de la fuerza. Por ejemplo, el bloque socialista reprimía toda disidencia interna con el uso de la fuerza directa a través de la actuación del ejército ruso (en Hungría en 1956, en las huelgas alemanas de 1950, en las polacas de 1960, etcétera).

    Entre el 1 y el 6 de septiembre de 1961 se celebró la Conferencia de Belgrado de los Países No Alineados. El denominado Movimiento de Países No Alineados (NOAL o MPNA) es una agrupación de estados que se formó durante la Guerra Fría. Su finalidad era la de conservar su posición neutral y no alinearse a ninguna de los dos bloques. Aunque haya caído el Muro de Berlín (1989) y la URSS se haya disuelto (1991), la organización continúa vigente. La Conferencia de Belgrado supuso la reafirmación de la doctrina del neutralismo a nivel internacional, sin embargo, el poder de los dos bloques era tan grande que la capacidad política, ideológica y militar de los estados no alineados era, en comparación, terriblemente baja. De ahí que simplemente se convirtieran en estados periféricos al sistema bipolar.

    7.4. Las reestructuraciones sistemáticas desde 1990: aproximación a un análisis estructural

    El año 1990 puso fin al sistema bipolar con el comienzo de la disolución de la Unión Soviética y el cambio político en su cinturón de seguridad. Lo que no se imaginaban los analistas políticos y económicos de la época es que el cambio sistemático se pudiera producir a esa velocidad.

    En 1985, la Unión Soviética se encuentra en la cúspide del poder mundial desde el punto de vista militar, tan sólo equiparable a los Estados Unidos y a todos los estados satélites fieles al gobierno soviético. Por lo tanto, algo tuvo que ocurrir para que todo esto se viniera a cabo. En este sentido, Mijaíl Gorbachov, Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética desde 1985 hasta 1989 y presidente ejecutivo de la Unión Soviética desde 1989 hasta 1991, ofreció un discurso en 1991 que se sostuvo en las siguientes premisas: 1) supresión de la ideología en las Relaciones Internacionales; 2) voluntad de integrarse en la economía mundial; y 3) “extinción total” de las armas nucleares. Gorbachov, frente a todo y frente a todos, y como gran visionario, estaba haciendo una revolución dentro de la propia revolución que supuso la Unión Soviética. En cierta medida, el líder soviético quería el cambio tranquilo, ir poco a poco dessovietizando la URSS. Sin embargo, nadie puede contar a la hora de actuar y tomar decisiones con la irracionalidad, y eso quedó reflejado en el cinturón de seguridad y en el lugar menos impensable: en Polonia.

    En 1980 se produjo una gran oleada de huelgas en casi todas las empresas polacas dirigidas por la central sindical Solidarnosc (Solidaridad). A finales de agosto de 1980, el Partido Unificado de los Obreros Polacos legalizó a Solidarnosc como sindicato independiente, el único existente en todo el cinturón de seguridad. El 13 de diciembre de 1981 se establece en toda Polonia el Estado de Sitio para reprimir las huelgas, aplastar a la oposición anticomunista e ilegalizar a Solidarnosc. En 1988, el gobierno polaco legalizó de nuevo a Solidarnosc y convocó elecciones al año siguiente, que ganaron ampliamente los sindicalistas y la oposición anticomunista. En diciembre de 1990 Lech Walesa fue elegido presidente de Polonia en las primeras elecciones multipartidistas y dos años después, en 1992, las últimas tropas soviéticas abandonaron Polonia.

    Tema 8

    8.1. El medio internacional y sus factores. Concepto de factor en la sociedad internacional

    El medio internacional actual engloba el conjunto de la sociedad internacional entendida como sujeto y a todos los factores, organismos e individuos que constituyen esa sociedad internacional, así como los medios que condicionan sus relaciones internas.

    En este sentido, los factores esenciales de los que dependen las Relaciones Internacionales son los siguientes:

  • Los recursos naturales.

  • Los recursos técnicos y la comunicación.

  • La diplomacia.

  • La estrategia militar.

  • La cultura y los sistemas de valores.

  • La tecnología.

  • La demografía.

  • La economía.

  • Las representaciones simbólicas -ideologías-.

  • Es posible que existan muchos más factores, pero lo cierto es que son éstos los que se sabe que existen.

    8.2. Los recursos naturales

    Los recursos naturales de la tierra están distribuidos de forma desigual en el mundo, y es esa desigualdad la que condiciona a la sociedad internacional.

    Podríamos pensar que cuanta mayor cantidad de recursos tiene un país y mayor facilidad tiene para su explotación, mayor será su poder político y económico. Sin embargo, esto que parece tan lógico no siempre es así. De hecho, mayor cantidad recursos no equivale siempre a mayor poder. La mayor parte de los recursos naturales son limitados y están distribuidos de manera desigual. Por lo tanto, la ecuación Más recursos = Más poder no puede tomarse al pie de la letra, pues hay países muy ricos en recursos naturales y, sin embargo, viven en unas absolutas condiciones de subdesarrollo, por ejemplo, gran parte del continente africano, algunos países sudamericanos, etcétera.

    La tecnología es fundamental para obtener recursos naturales. En este sentido, la tecnología ha avanzado tanto que puede convertir un desierto en una zona fértil, por ejemplo, tal y como ha ocurrido en Israel.

    Por otro lado, a lo largo de la historia ha habido países que fueron ricos en recursos naturales en un determinado momento, por ejemplo, cuando el carbón era una materia prima importante. Sin embargo, cuando el carbón dejó de emplearse de forma masiva, esos países ricos dejaron de serlo. Esto es precisamente lo contrario a lo que ocurrió en los países de Oriente Medio, ya que de ser países pobres pasaron a ser países ricos por la presencia de petróleo en esos territorios. Por lo tanto, la riqueza-pobreza de un país es un factor histórico y coyuntural que depende de la importancia en cada momento de determinadas materias primas.

    Existen países que cuentan con recursos naturales propios y los explotan trasladando su poder económico al plano internacional. Sin embargo, hay otros países que tienen un bajo nivel de desarrollo porque pese a que tienen gran cantidad de recursos naturales, no disponen de la tecnología suficiente para su explotación.

    Por otra parte, hay que decir que los recursos son limitados, una tesis utilizada mayoritariamente por los ecologistas. Dado que los recursos naturales son limitados, habría que limitar su explotación. De ahí que desde hace unos años se investigue la utilización de energías alternativas a muchos recursos, por ejemplo, alternativas al petróleo del que no quedan reservas para mucho tiempo.

    Por último, el poder político ha sido y es determinante en el agotamiento de estos recursos, lo que podría provocar enfrentamientos en el seno de la sociedad internacional, es decir, entre los países que tienen recursos naturales y los que no los tienen.

    8.3. Los recursos técnicos y la ruptura histórica del individuo

    La difusión de los recursos técnicos influye enormemente en el medio internacional. En este sentido, todo avance técnico en comunicación ha supuesto la ruptura del aislamiento del individuo. Se puede llegar a decir incluso que cuando el individuo comenzó a comunicarse y comunicó sus técnicas, comenzó la Historia. Y es ese intercambio de información lo que hace que se rompa el aislamiento de los individuos. En caso contrario, cuando no hay comunicación, el retraso cultural, tecnológico y científico es enorme, por ejemplo, lo que ocurre en algunos pueblos del País Vasco que están completamente aislados del mundo.

    Con la comunicación comienza la difusión de los avances técnicos, y las desigualdades vienen determinadas por pueblos que están más avanzados tecnológicamente que otros. Por lo tanto, la comunicación es siempre fundamental; de hecho, Roma nunca habría sido un imperio sin sus avanzadísimos sistemas de comunicación, y lo mismo ocurre con el imperio español que contaba con importantes vías de comunicación marítima.

    8.4. La diplomacia

    La diplomacia es un elemento exclusivo de la sociedad internacional y supone un factor importante en las Relaciones Internacionales.

    La figura del diplomático nace en Italia y su importancia se encuentra en su capacidad para tomar decisiones políticas, aunque lo hicieran en nombre del rey. Durante los siglos XV y XVI las comunicaciones eran muy lentas y el diplomático debía adoptar decisiones que no podían esperar a la respuesta del monarca al que representaba, ya que ésta podía demorarse días, meses, e incluso años en llegar. El valor de la diplomacia era, pues, enorme. Pero los avances de las comunicaciones cambiaron radicalmente las cosas. El telégrafo sin cables, el teléfono, el ferrocarril, la navegación a vapor, etcétera, adelantaron los procesos de comunicación enormemente.

    En la actualidad, las decisiones políticas se toman mediante una comunicación directa entre gobiernos, prescindiendo así de los canales diplomáticos. En consecuencia, los diplomáticos ya no han de tomar decisiones de carácter político ya que de ellas se encargan los políticos directamente. No obstante, es importante destacar la función protectora que desempeñan las embajadas diplomáticas respecto a los ciudadanos del país al que representan, e incluso a los de otros países, ya que tienen el poder de otorgar asilo político a quien lo solicite.

    8.5. La estrategia militar

    Las operaciones militares de la Segunda Guerra Mundial se han convertido en operaciones globales debido a los avances de la técnica, convirtiendo el esquema clásico ataque-respuesta, en ataque-respuesta inmediata. Es decir, se responde con rapidez a la agresión, a veces, incluso antes de recibir el ataque.

    La única organización militar que existe hoy es la ONU, cuyo fin sigue siendo la destrucción militar del enemigo -si es preciso, usando incluso armas nucleares- siempre y cuando la decisión sea adoptada por la Junta de Jefes del Estado Mayor, en la que permanentemente están representados los Estados Unidos.

    8.6. La cultura y los sistemas de valores

    Otro factor importante es el impacto que tiene el desarrollo de las técnicas de comunicación sobre la cultura. No olvidemos que muchos acontecimientos políticos responden a movimientos culturales.

    En las comunidades políticas siempre ha existido una comunicación interna de carácter vertical -entre los dirigentes y los dirigidos- o de carácter horizontal -entre los individuos de un mismo pueblo-.

    Antiguamente, la información recibida por el individuo es asimilada por éste aplicando sus propios códigos culturales. En este sentido, cada estado-nación asimilaba la información que le llegaba del exterior aplicando su propio concepto del mundo exterior -estereotipos-. Así la opinión pública se manifestaba de forma unánime respecto a las informaciones exteriores.

    En general, la técnica ha revolucionado el sistema de valores porque la información circula por radio, televisión, Internet, etcétera. En principio, resulta positivo que todo el mundo tenga acceso a la información, pero está claro que la programación con información exterior es muy selectiva y reviste todas las características de la propaganda. Así, a través de la información el estado intenta justificar sus acciones políticas y resaltar sus logros.

    Actualmente, la radio y la televisión están contribuyendo a la difusión de información de manera instantánea a cualquier parte del mundo. Además, al ser medios de comunicación que pueden ser controlados, facilitan la programación externa de cada estado o la propaganda de sus políticos.

    La UNESCO adopta en 1948 una resolución en defensa de la libre circulación de ideas a través de los medios y recomienda a los estados miembros que reconozcan el derecho que todos los países tienen a oír las emisiones radiofónicas de cualquier país. En aquel momento, por ejemplo, la Unión Soviética ejercía un control férreo sobre las emisiones de los Estados Unidos.

    En 1972, la Asamblea General de la UNESCO promueve un tratado que reconocía el derecho de todos los países a determinar el contenido de sus programas educativos transmitidos por satélite y destinados a sus ciudadanos.

    El llamado nuevo orden mundial de la información controlaba las informaciones externas de los países subdesarrollados, con fuertes restricciones a la hora de difundir noticias poco convenientes, lo que provocó el abandono de Inglaterra -que regresará más tarde- y los Estados Unidos. El problema residía en el control de la información, ya que no está en manos de las personas sino de la sociedad estatal, lo cual es intolerable para el derecho de la información. Sin embargo, beneficiaba a las sociedades culturalmente atrasadas que se veían inundadas por una avalancha de información proveniente de los países desarrollados.

    8.7. La transformación de los sistemas productivos de intercambio. La tecnología

    La tecnología tiene una importancia cada vez mayor en las transformaciones económicas de los estados y, además, influye muchísimo en las Relaciones Internacionales.

    El subdesarrollo tiene muchas causas pero, sin duda, la principal es la inferioridad tecnológica que no permite el avance de los sistemas productivos. La única solución para acortar distancias entre países desarrollados y no desarrollados es que los primeros les transfieran tecnología, algo que, evidentemente, nunca va a ocurrir porque en ella radica su superioridad.

    8.8. La demografía. Los movimientos migratorios y la importancia de los movimientos demográficos en las Relaciones Internacionales

    El factor demográfico influye en las Relaciones Internacionales debido a dos fenómenos: 1) los movimientos migratorios, y 2) el crecimiento poblacional.

    Los movimientos migratorios, es decir, los desplazamientos voluntarios o forzosos, son una de las causas de la alteración del equilibrio interno del estado y eso influye directamente en las Relaciones Internacionales. Ejemplos claros son los movimientos poblacionales hacia Siberia en la Unión Soviética tras la Segunda Guerra Mundial o la que está teniendo lugar ahora en el Sáhara con unos treinta millones de personas desplazadas.

    Al hablar de movimientos migratorios, podemos señalar distintos tipos. En primer lugar, podemos nombrar las migraciones voluntarias que han dado lugar a nuevas sociedades, es decir, hay ciertos estados que se han formado mediante aluviones de inmigrantes, por ejemplo, los Estados Unidos, Australia o Nueva Zelanda, países donde surgirá una mezcla intercultural muy fuerte que se conoce con el nombre de cultura del aluvión.

    Un segundo tipo de movimiento migratorio, aunque escaso, es el trasvase de intelectuales, también conocido como fuga de cerebros. Si se da entre estados de similar poder económico, pues no tiene mucha importancia. Pero si los especialistas y técnicos proceden de un país no desarrollado, lo más probable es que nunca regresen, un hecho que acentúa el subdesarrollo en sus países de origen.

    Por último, un tercer tipo es la emigración masiva de trabajadores no cualificados de los estados no desarrollados a los desarrollados. Es sobre todo emigración obrera que llega en la mayoría de los casos a países emergentes. Existen dos casos por los que hace falta esta mano de obra: 1) porque es mano de obra barata; y 2) porque es utilizada ante la escasez de mano de obra en determinados campos, por ejemplo, en la agricultura. Además de cobrar poco, muchas veces no logran integrarse en el país que los recibe. Pese a ello, seguramente vivirán mejor que en sus países de origen.

    El fenómeno migratorio tiene una íntima relación con el campo económico, político y demográfico. Actualmente, por ejemplo, se está desarrollando una cultura del aluvión, es decir, una emigración masiva. De hecho, algunas de las principales ciudades del mundo cuentan con auténticos guetos multiculturales donde conviven miles de inmigrantes.

    8.9. La economía. Los modelos económicos del capitalismo liberal de mercado y la denominada globalización. Los modelos marxistas y neomarxistas. Wallerstein

    8.9.1. La economía

    La economía es fuente de muchas cosas. En este sentido, nunca antes el concepto de riqueza se había convertido tanto en un factor colectivo esencial. Y esto se da por tres razones:

  • Porque implica un alto nivel económico y un alto nivel de vida que siempre han ido parejos. Además, hoy se reivindican como un derecho para todos.

  • Porque los medios de comunicación de masas han sido fundamentales para contribuir a ese aumento del nivel de vida.

  • Porque también hay un mayor acceso a la educación y a la política -antes limitada a los señores-. Por lo tanto, hay mayor conciencia política.

  • En cuanto a las masas desfavorecidas, las que tienen menos recursos, toman por primera vez conciencia de su estado de inferioridad respecto a los que tienen más recursos, algo que se lo debemos a Karl Marx. Bien es cierto que la burguesía siempre ha sabido que pertenecía a un status social determinado; sin embargo, en cuanto al resto, no toma conciencia de clase hasta el siglo XIX, es decir, hasta que Karl Marx habla por primera vez de la clase obrera.

    El crecimiento económico es una necesidad imperiosa en la sociedad contemporánea, es decir, una meta fundamental. En este sentido, la economía tiene que crecer indefinidamente, por eso siempre oímos hablar de crecimiento económico, incluso cuando la economía no crece -así, oímos hablar, por ejemplo, de crecimiento cero que hace referencia a que las cosas están más caras pero no crece la economía-.

    La economía se ha convertido en el parámetro esencial del poder del estado. Se tiende hacia la cooperación e integración económica, pero la unión no hace crecer más a los estados pobres porque carecen de influencia militar y política.

    La mayoría de las organizaciones internaciones tienen como principal objetivo el mayor desarrollo económico y no el desarrollo político. Y entre esas organizaciones está, por supuesto, la Unión Europea. La cooperación política no hace crecer a los estados más pobres, sin embargo, la cooperación económica sí lo consigue.

    8.9.2. Los modelos económicos del capitalismo liberal de mercado y la denominada globalización

    Partiendo del capitalismo liberal de mercado como sistema económico predominante, existen tres tipos de sistemas: 1) el Capitalismo; 2) el Comunismo-Socialismo; y 3) Países en desarrollo.

    El sistema imperante en el mundo es el sistema del capitalismo liberal o de libre mercado, que hace referencia a la cooperación de los países desarrollados y al crecimiento económico indefinido que viene determinado, entre otras cosas, por la distribución de productos. La mayoría de los países no son productores de materias primas, sino que las transforman, las distribuyen y las comercializan. Como ya sabemos que los recursos son limitados, estos países transformadores de la materia prima ven amenazado su crecimiento por el de los países productores de esas materias primas que necesitan, por ejemplo, el petróleo. Esto puede generar, y de hecho ya ha generado en muchos ocasiones, conflictos armados de alcance imprevisible.

    Por otro lado, hoy estamos siendo testigos del crecimiento económico de países que antes eran subdesarrollados: China, la India, Brasil, Méjico o Corea del Sur. China, por ejemplo, ya ha pasado a ser una economía emergente ya que lleva tres años de crecimiento ininterrumpido. En términos comparativos, el crecimiento económico de estos países ha sido superior al del resto, por ejemplo, al de los Estados Unidos y Europa (la que menos ha crecido). Estamos así ante un panorama inigualable.

    La globalización de la economía comienza, más o menos, en 1989 y tardará unos quince años en completarse. Un estudio reciente habla de que los países del E7 -siete principales economías emergentes-, es decir, Brasil, la India, la República de Corea, Méjico, la Federación de Rusia y Sudáfrica, en unos años superarán en un veinte por ciento a los países industrializados -G7-. El pregunta que nos debemos hacer es si este crecimiento es sostenible.

    El sistema económico socialista, en la práctica, ha quedado relegado a Corea del Norte. La teoría socialista hace referencia a la colectivización de los medios de producción, lo que dio lugar al monopolio estatal del comercio. El crecimiento económico de los países socialistas fue muy grande, pero no llegó nunca al nivel de los capitalistas. La riqueza interior bruta alcanzó su límite máximo en la década de los setenta y, a partir de 1980, el sistema se vino abajo. Fue algo imparable. Disminuyeron los bienes de consumo y, en consecuencia, se produjo un descontento generalizado -más en los países del Este que en la propia URSS- que condujo a dar por terminado el sistema comunista.

    En cuanto a los países en vías de desarrollo, son ex colonias que a duras penas lograron su independencia y que poseen importantes materias primas, como por ejemplo petróleo (Venezuela, Irak, Méjico, etcétera). En estos países se construyeron grandes obras de infraestructura pero en la actualidad, siguen dependiendo demasiado de la ayuda de los países desarrollados. Las materias primas tienen un precio que no es fijado por los países desarrollados, sino por las bolsas internacionales. Por ejemplo, cuando hay alteraciones a la baja del barril de petróleo (principal materia prima), los más perjudicados son siempre los países no desarrollados.

    Un cierto equilibrio norte-sur sería aconsejable, pero la mayor parte de la humanidad parece hoy condenada al subdesarrollo. No es un problema fácil de resolver ni con la mayor voluntad. De ello se desprende que el sistema económico mundial se desarrolla en unos parámetros que desbordan a las organizaciones políticas.

    En resumen, toda relación entre comunidades políticas en la sociedad internacional es una relación económica y nada más que eso; el resto de los factores tienen, en comparación, un peso menor.

    Existe una contradicción entre el mundo dominado por un sistema económico global y, a su vez, una serie de estados políticos en los que se divide el mundo. En este sentido, los que dictan las reglas económicas no son los economistas sino los políticos. Por eso, según algunas teorías, los estados son el verdadero elemento distorsionador y deberían desaparecer. Esto es cierto en parte. La economía mundial esta internacionalizada, pero no todas las decisiones económicas las adoptan los políticos pues, en ocasiones, son el reflejo de las que ya han tomado los grupos de poder económico. Así, los conflictos que existen entre los estados son consecuencia de los intentos por parte de los países capitalistas de hacerse con el poder y la riqueza económica internacional.

    8.9.3. Los modelos marxistas y neomarxistas

    En la Unión Soviética el socialismo representaba el estado obrero del mundo, por lo que el marxista soviético debía tener el control del socialismo frente a los países capitalistas. Sin embargo, los dos países enfrentados -Unión Soviética y Estados Unidos- coexistieron siempre a espaldas de los países no desarrollados repartiéndose riquezas y poder.

    Los neomarxistas acusan a los marxistas ortodoxos de economicistas, es decir, de no alejarse nunca de los sistemas clásicos provocando un proceso cansino de acumulación de capital exactamente igual que el capitalismo.

    Arghieri Emmanuel en El intercambio desigual (1969) y Samir Aminen en El desarrollo desigual, afirman en la década de los setenta que la sociedad mundial no es más que un gigantesco mercado en el que la política está al servicio de la economía, mientras que la ideología es un disimulo de la explotación pura. Concluían diciendo que el capitalismo se perjudicaba a sí mismo porque proletariza al mundo y que su fin llegará con una revolución proletaria mundial sin precedentes.

    8.9.4. Wallerstein

    Uno de los principales analistas del sistema económico mundial y de las Relaciones Internacionales es el sociólogo y científico social-histórico estadounidense Immanuel Wallerstein (Nueva York, 28 de septiembre de 1930), que en obras como Análisis del sistema mundial esquematiza el sistema capitalista de la siguiente manera.

  • Núcleo o área central: engloba la actividad económica avanzada (banca, construcción naval a gran escala, técnicas de extracción de metales).

  • Periferia: suministra los materiales para la expansión del núcleo. Para mantener el carácter hegemónico, el núcleo no le transfiere el desarrollo tecnológico para que no pueda competir con él. En la periferia siempre hay inestabilidad y se producen crisis.

  • Semiperiferia: está en una situación intermedia, y también suministra materias primas para que el núcleo pueda trabajar.

  • La función básica de cualquier estado del mundo es combinar el modelo económico capitalista para que la teoría de los tres elementos concéntricos funcione. De hecho, el estado sirve para crear, proteger y conservar el sistema capitalista. Por otro lado, no se puede concebir un sistema capitalista igualitario, de ahí que Wallerstein afirme que el sistema capitalista se compone siempre de unidades fuertes y unidades débiles. Por lo tanto, el sistema económico internacional es igual al sistema capitalista, un sistema global formado por unidades más fuertes y unidades más débiles.

    Wallerstein habla también de unidades de análisis que se elaboran de acuerdo al sistema histórico. En este sentido, hay tres subtipos históricos:

  • Los macro sistemas: se fundamentan en la reciprocidad de intercambios. Son muy poco extensos y duran muy poco tiempo. Surgen en momentos históricos en los que las unidades políticas están equilibradas unas con otras, por lo que el intercambio político, social y económico es fluido. Sin embargo, lo normal es que una de esas unidades políticas rompa el equilibrio e instaure una hegemonía política.

  • Los imperios mundiales: son grandes estructuras políticas que se alimentan de la explotación de impuestos directos sobre los ciudadanos que se envían de la periferia al núcleo, distribuyendo una parte de los mismos entre los funcionarios locales de la periferia para que continúen con el ciclo. El resto se destina a sufragar los gastos del propio sistema.

  • Las economías mundiales: son cadenas de producción y distribución desiguales con la única finalidad de extraer plusvalías de la Semiperiferia que luego se reenvían al núcleo. El núcleo es la verdadera economía mundial. Todas las economías mundiales son áreas geográficas más o menos limitadas que se dedican a la extracción de plusvalías.

  • A finales del siglo XIX surge el sistema capitalista como único sistema histórico que gestiona todas las relaciones económicas y sociales. El sistema capitalista equivale al sistema mundo que da lugar a una desigualdad o desequilibrio económico.

    8.10. Las representaciones simbólicas. El factor religioso y su interpretación. La religión y la política: acción e interacciones de estos elementos en las Relaciones Internacionales actuales

    8.10.1. Las representaciones simbólicas

    Es un factor interesante e importante de las sociedades internacionales. Debe responder a la siguiente pregunta ¿la interiorización de la realidad y la representación de los fenómenos que ocurren en el mundo real influyen en el comportamiento del individuo? Y, si existen una serie de fenómenos ¿es posible estudiar esos fenómenos que se producen en el mundo que nos rodea? La respuesta es rotunda: No. Es cierto que tenemos una idea sobre ciertas cosas -el cosmos, el microcosmos, etcétera- pero no podemos conocer la idea en sí. Por ejemplo, conocemos el concepto de la gravedad pero ¿qué es la gravedad aparte de una fórmula matemática? La pregunta, por tanto, sería ¿quién sabe qué?

    El ser humano podemos estudiarlo de tres formas distintas: 1) desde el punto de vista biológico; 2) desde el punto de vista social, de lo que se ocupan las Ciencias Humanas; y 3) desde el punto de vista psíquico -las artes, la religión-, campo de acción de la introspección.

    Hay leyes físicas, fisiológicas; un mundo de valores, imágenes, símbolos; y una red de significados, es decir, el conjunto de significados que nos hacemos de las cosas. Además, se puede hablar de sentimientos, emociones, visiones, sueños, etcétera, que no están sujetos a leyes científicas. Precisamente por eso la Ciencia no puede y no debe convertirse en la verdad absoluta, ya que no somos un conglomerado de neuronas unidas por análisis químicos. Actuamos en el mundo con una mente inconsciente y actuamos en función a nuestra mente consciente e inconsciente.

    Existen cuatro tipos de representación:

  • Las creencias: son representaciones simbólicas que afectan a un fenómeno de la realidad. Se puede creer, por ejemplo, en la amenaza que procede del exterior, o tener la esperanza de que algo que nos preocupa se solucione. Influyen muchísimo en la opinión pública y en los dirigentes políticos. Alcanza su máxima expresión cuando se une a otras representaciones simbólicas -mitos, ideologías…-.

  • El mito: es un conjunto de creencias organizadas en torno a un núcleo que atrae o nos retrae. Propone casi siempre una explicación somera o banal. Por ejemplo, sabemos o creemos saber lo que es el Tercer Mundo, pero no puede ser tratado por las ciencias. Por lo tanto, es una explicación mítica que alude al subdesarrollo. Otro mito es, por ejemplo, Europa, es decir, se habla de ella, de que somos europeos, etcétera. Pero ¿qué es Europa? ¿Sólo la Unión Europea o incluye también a la Europa asiática? Y si no la incluye ¿por qué? ¿Qué es lo europeo entonces? En definitiva, no se puede definir de una forma racional qué es lo europeo, por eso decimos que el mundo del mito es inconmensurable y fuera de la realidad, pero lo necesitamos porque nos hace sentir seguros pese a que haga referencia a cosas irracionales.

  • La ideología: es el conjunto de representaciones simbólicas que presentan tres características específicas:

  • Cada ideología explica una fenomenología distinta del mundo; explica la realidad desde su punto de vista excluyendo los del resto.

  • Da una explicación global y universal.

  • Auto justificación del creyente por idoneidad o por motivos simbólicos (bandera, escudo, himno, etcétera). Es decir, quien se adhiere a una ideología se justifica a sí mismo aunque no la sienta.

  • La utopía: es la representación simbólica de un mundo mejor por la fe en el ser humano o la aplicación de una ideología.

  • Estas representaciones simbólicas tienen cosas comunes entre sí y, a veces, se solapan. Por ejemplo, las creencias y los mitos, o las ideologías y la utopía.

    Las ideologías no pueden nunca evaluarse ni positiva ni negativamente porque dependen de los valores que el sujeto tenga de sí mismo, del mundo y de su sistema de valores.

    El nacionalismo, por ejemplo, es la noción más elemental de la ideología. Es una ideología sentimentalmente primaria que no tiene contenido racional. El nacionalismo apela al primitivismo del hombre, a la horda, al clan, a la tribu y, mucho después, al Estado.

    Los ideólogos son los teóricos que suministran pautas de comportamiento a los dirigentes políticos, siempre dentro de los límites de las ideologías. Su influencia es muy valiosa, puesto que las concepciones que se tengan del mundo están en todos nosotros, aunque sea de forma irracional. Todos sabemos cómo debe ser el mundo, cómo es y cómo nos gustaría que fuera. ¿Qué medios puedo utilizar para que la sociedad internacional sea como yo quiero? Para las ideologías, el fin justifica los medios. Si cien millones de personas creen lo mismo, es lícito hacer cualquier cosa para conseguir un fin.

    8.10.2. El factor religioso y su interpretación.

    La religión influye enormemente en las Relaciones Internacionales y participa, más o menos, de los mitos, de las utopías y, por supuesto, de las creencias. La religión ha sido determinante durante siglos en las Relaciones Internacionales y ha sido la causa de enfrentamiento en múltiples momentos de la Historia -Guerra de los Treinta Años, la Guerra Santa, las guerras de religión, etcétera-.

    Modernamente, lo religioso forma parte del yo individual de los creyentes y de una Iglesia. Los grupos de creyentes pueden influir en las decisiones de tipo político y la Iglesia influye en los cambios y en las transformaciones globales.

    Hay dos formas religiosas que entran en la categoría de sociedad política más que religiosa en sí:

  • Sionismo: se identifica con el Estado de Israel que es una representación simbólica del sionismo o del mítico y glorioso Israel de Salomón. Su afán expansionista condiciona a los israelitas y a todos los judíos del mundo. Su ideal es la patria judía y la progresiva inmigración a Palestina, que desde 1917 ha provocado tres guerras (1948, 1967 y 1973). El destino común de todos los judíos es la política exterior de Israel. Todo ello no puede entenderse sin la participación del sionismo, mezcla de mito, creencia y utopía.

  • Integrismo islámico: demuestra cómo una secta ortodoxa, al acceder al poder político de un estado, provoca grandes cambios en su sociedad. Los integristas actúan en cualquier sociedad en la que estén, tal y como lo harían en su país, lo que repercute en las Relaciones Internacionales. Los integristas dominan al Estado, lo que también influye en la sociedad internacional de forma directa. Además, el integrismo islámico coloca en el mismo plano a la política y a la religión -ambos están asociados- así que el Corán se convierte en un texto de obediencia política.

  • Tema 9

    9.1. El concepto de actor en las Relaciones Internacionales

    El sujeto o actor es el elemento esencial y el punto de partida de las Relaciones Internacionales. Entendemos por actor aquellos sujetos individuales o colectivos que producen o reciben las relaciones, es decir, un ente que actúa en la sociedad internacional ejecutando actos o recibiendo esos actos de manera voluntaria o involuntaria. Actúa o recibe hechos sociales en mayor cantidad y relevancia si son sujetos primarios, y en menor cantidad y relevancia si son sujetos secundarios.

    Por lo tanto, no todos los actores actúan con la misma intensidad. Dependiendo del grado de actuación tanto cuantitativa como cualitativa, podemos hablar de: a) sujetos primarios, y b) sujetos secundarios -unos hacen más y otros menos-. Los sujetos o actores primarios actúan constantemente en el mundo social produciendo relaciones de mayor relevancia tanto cualitativa como cuantitativamente. Mientras que los sujetos o actores secundarios actúan con menor intensidad e importancia.

    Sin embargo, la diferenciación es muy difícil ya que hay sujetos que con un solo acto producen consecuencias muy importantes, por ejemplo, el asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero del trono del Impero Austrohúngaro, y su esposa, Sofía Chotek, en Sarajevo el 28 de junio de 1914 a manos del joven estudiante nacionalista serbio Gavrilo Princip, fue el detonante de la Primera Guerra Mundial. Por otro lado, hay otros sujetos que a pesar de llevar a cabo muchos actos tienen una escasa influencia internacional.

    Es, por tanto, una diferenciación aleatoria que depende de la comodidad de evaluación. Por ejemplo, se supone que los agentes colectivos -estados y organizaciones internacionales- son actores primarios y el resto, actores secundarios. Sin embargo, no tiene porqué siempre ser así. Lo que sí es cierto es que las Relaciones Internacionales se producen de forma efectiva entre sujetos o actores que tienen capacidad para actuar internacionalmente, es decir, sujetos compuestos, no individuales (los Estados Unidos, las Naciones Unidas, la Unión Europea, etcétera). Una persona, en principio, no es un actor porque las relaciones entre individuos transnacionales no influyen en la sociedad internacional. Sin embargo, ya hemos visto excepciones como el ejemplo que hemos detallado en el párrafo anterior; otro buen ejemplo sería la figura de Osama Bin Laden, una sola persona cuyos actos han tenido una enorme relevancia desde el punto de vista cuantitativo y cualitativo en la sociedad internacional.

    9.2. Estado, Nación y pueblo: sus diferencias

    Hay una tendencia generalizada a identificar la palabra Estado con la de Nación, y sin embargo, no son lo mismo, es decir, no son sinónimos.

    El concepto de Nación hace referencia a una identificación común en torno a una entidad o unidad abstracta a la que se denomina Nación.

    El concepto de Estado hace referencia a una forma jurídica simple o compleja que puede englobar varias nacionalidades o varias identidades -por ejemplo, en el Estado español podemos encontrarnos, desde un punto de vista virtual, la Nación española y la Nación catalana, y ambas pertenecen al mismo estado-

    En los Estados Unidos, en Gran Bretaña y en Francia se habla de sentimiento nacional porque existe una identidad común y, al mismo tiempo, esa identidad coincide con la forma jurídica -Estado-, de modo que toda persona nacida en cualquier punto de esa Nación se considerará ciudadano de ese Estado. Por lo tanto, nos encontramos con un caso excepcional en el que se da una equivalencia entre los términos de Nación y Estado.

    El término Nación también se usa con normalidad, pero equivocadamente, en las organizaciones internacionales. Así, podemos oír hablar por ejemplo de las Naciones Unidas. Por otro lado, en la mayoría de los casos se identifica a un Estado con un grupo humano determinado. Así, por ejemplo, se denomina español a la persona nacionalizada en el Estado español.

    El concepto de Nación implica una pregunta ¿Qué se entiende por Nación? Esta pregunta da lugar a dos conceptos de Nación enfrentados:

  • Concepto objetivo: considera que la comunidad nacional está determinada por una serie de elementos raciales, religiosos, lingüísticos, etcétera. Este concepto fue formulado por el diplomático y filósofo francés Arthur Gobineau (1816-1882) y el primer ministro del Reino Unido Neville Chamberlain (1869-1940), y tuvo, además, una especial acogida en Alemania a partir de 1933 con la eclosión de la nacionalidad pangermánica -sentirse alemán, lo alemán, lo germano-.

  • Concepto subjetivo: en esta definición el eje central es la voluntad de vivir en común, es decir, coloca el elemento voluntarista en primer lugar -deseo común de constituir una Nación-. Tiene su origen en las tesis del estadista y profesor italiano Estanislao Mancini que define a la Nación como una sociedad virtual con un origen y leyes comunes que decide constituir una comunidad nacional. No es sólo una concepción voluntarista, sino también histórica o historicista.

  • Según el profesor Arroyo, el concepto objetivo parece más realista que el subjetivo. El concepto subjetivo se diferencia del objetivo en que es una idea preconcebida, es decir, ésta no se piensa sino que se es nacional y punto.

    El llamado sentimiento nacional expresa el deseo de vivir como nación a pesar de las diferencias de raza, lengua, religión, etcétera. Cuando se carece del deseo de integración y de pertenencia, se fragmenta esa identidad nacional -precisamente, lo que le recrimina el Partido Popular al Partido Socialista respecto al debate de Cataluña-.

    Íntimamente relacionado con el concepto de Nación se encuentra el Principio de las Nacionalidades que surge a mediados del siglo XIX y que se hace referencia al derecho de cada nación a constituirse como estado independiente y a elegir a sus dirigentes de gobierno, es decir, alude a la autodeterminación. Este principio, sin embargo, tiene un lado peligroso si se extiende a la política internacional imperialista, es decir, agregar a un estado otros con los que comparte una misma lengua. Por ejemplo, Alemania durante la Segunda Guerra Mundial amplió su territorio anexionando otros estados amparándose en el hecho de que éstos poseían la misma lengua. También supuso la desaparición del Imperio Austrohúngaro que dio lugar a diversos países en donde nunca hubo un sentimiento nacional -Checoslovaquia, Yugoslavia, etcétera-. De hecho, estos territorios están hoy fragmentados en distintos estados.

    En cuanto al concepto de pueblo, responde a una idea muy similar a la de Nación. Si nos referimos a los Derechos de los Pueblos, una aplicación del Principio de las Nacionalidades, hace referencia al derecho de los pueblos a disponer de sí mismos. Históricamente ya se hablaba del principio de autodeterminación de los pueblos en los Catorce Puntos del presidente estadounidense Thomas Wilson. Para él, la causa de la Primera Guerra Mundial era el maltrato a las minorías, y añadía que todo pueblo constituido en minoría tenía derecho a su estatuto y a ser protegido por organizaciones internacionales. La Carta Fundacional de las Naciones Unidas, en su artículo primero, segundo apartado, alude también al principio de autodeterminación y a la idea de pueblo.

    Hemos dicho antes que la idea de pueblo es muy similar a la de Nación, de ahí que podamos oír hablar, por ejemplo, del pueblo francés o la nación francesa. Sin embargo, la idea de pueblo es mucho más genérica, vaga e imprecisa que la idea de Nación. Desde un punto de vista histórico, un pueblo es un estado inferior a la nación pese a que se suelen utilizar uno y otro (por ejemplo, pueblos de España, naciones de España, pueblo-nación saharaui, etcétera).

    A pesar de todo, sentirse pueblo es la base de la Nación, es decir, el pueblo es el sustrato de la Nación. Pueden existir pueblos sin conciencia de nación, como por ejemplo los gitanos. Pero no podemos entender el concepto de Nación sin la idea de pueblo.

    No obstante, cuando anteponemos el sufijo Nación es porque se intenta dar un mayor rango político. En este sentido, no es lo mismo decir el pueblo vasco que la nación vasca. En este último caso, los que hablan son previsiblemente nacionalistas. No deja de ser un matiz curioso de la psicología del lenguaje.

    En definitiva, la idea de Nación alude a una identidad cultural, racial y lingüística; mientras que la idea de Pueblo hace referencia a un escalafón inferior que puede ser o no ser naciones.

    9.3. El concepto y los elementos del Estado

    El Estado es producto de una larguísima evolución cuyo germen lo encontramos cuando surgen las primeras comunidades políticas. Pero ¿qué conjunción de elementos dan lugar al concepto de Estado? La respuesta la encontramos en la Declaración de Montevideo de 1933 donde se establecieron los cuatro requisitos o elementos de un Estado: 1) territorio, 2) población, 3) gobierno, y 4) capacidad de relacionarse con otro u otros sujetos -elemento político-

    En primer lugar, el Estado es un ordenamiento jurídico creado por un gobierno que tiene la potestad de legislar en un territorio en el que los individuos quedan sujetos a ese ordenamiento para evitar la aniquilación propia.

    En segunda lugar, cabe señalar las primeras formas pre-estatales: la horda, la tribu y el clan, formas precursoras del Estado y primeras formas de convivencia.

    En tercer lugar nos encontraríamos con la burocracia, un elemento clave del estado moderno. El sistema burocrático está formado, entre otras cosas, por cuerpos de funcionarios que tienen una función diferente y determinada. Ya en la Edad Media el rey relegaba parte de sus funciones en personas de confianza. Por ejemplo, el rey deja de impartir justicia en exclusiva y delega esa función en un tribunal que tiene a partir de ese momento la función de juzgar y hacer cumplir las leyes. Surge así el Poder Judicial.

    En cuarto lugar, y tal y como hemos dicho al principio, el Estado es una súper estructura jurídica aplicada a un conjunto de individuos en un territorio determinado. En este sentido, la creación de una norma jurídica es la primera norma de esa estructura. De hecho, no hay ningún grupo en el mundo que no esté dotado de normas jurídicas -muchas o pocas, escritas o no escritas-.

    Al principio de este apartado, enumeramos los cuatro elementos que dan lugar a un estado. A partir de aquí detallaremos cada uno de ellos: 1) territorio, 2) población, 3) gobierno, y 4) soberanía.

    El territorio es el lugar físico o geográfico donde se aplica el ordenamiento jurídico del Estado. Y se denomina territorio, no porque sea sólo un lugar físico, sino porque ahí se aplica el ordenamiento jurídico, y es éste el que delimita las fronteras de ese territorio.

    La población hace referencia al conjunto de seres humanos que están sometidos al ordenamiento jurídico del territorio en el que habitan. Su vinculación con ese territorio responde al nombre de nacionalidad.

    El ordenamiento jurídico surge del gobierno de una comunidad política. Así pues, es el gobierno quien crea, modifica o extingue ese ordenamiento jurídico. La esencia del gobierno es el poder coactivo, es decir, el poder de imponer o no imponer las leyes del ordenamiento jurídico.

    Por último, la soberanía es la suma de competencias que tiene el gobierno, unas competencias aplicadas coactivamente al Estado en el que se aplica el ordenamiento jurídico.

    Estos cuatro elementos constituyen de forma convencional la idea de Estado: territorio, población, gobierno y soberanía.

    La organización del Estado es variada: federal, confederal, autonómico, etcétera. Sin embargo, lo que realmente importa es quién, cómo y sobre quién se ejecuta la norma jurídica.

    9.4. Igualdad teórica y desigualdad real de los Estados

    Todos los estados son jurídicamente iguales entre sí, algo que proviene de los días de la Revolución Francesa, es decir, de las ideas de la Ilustración: si los hombres son iguales entre sí, los estados, a semejanza de los hombres, también deben ser iguales jurídicamente hablando.

    Sin embargo, en la práctica los estados difieren entre sí por muchísimas razones:

    Por su antigüedad. Más de dos tercios de los estados miembros de las Naciones Unidas han surgido después de la creación de esta organización (1945). Cuanto más antiguo es el Estado, mayor estabilidad política aunque esto no siempre es así. Los golpes de estado, los conflictos, etcétera, son propios de nuevos estados donde prima la inestabilidad política.

    Por el sistema político: monarquías absolutas, monarquías parlamentarias, regímenes democráticos, presidencialistas, repúblicas, estados federalistas, dictaduras, etcétera.

    Por la extensión. Por un lado, estarían los macro-estados, por ejemplo, la antigua Unión Soviética ocupaba prácticamente un continente entero, al igual que hoy China, los Estados Unidos o Canadá. Y luego estarían los micro-estados como Andorra, Mónaco, Singapur, Qatar, algunas islas del Caribe, etcétera. La demografía suele ir unida a la extensión del Estado, sin embargo, hay micro-estados que comparativamente hablando pueden tener más población, por ejemplo, en los llamados paraísos fiscales.

    Por la riqueza tecnológica. La antigua Unión Soviética más los Estados Unidos más China más la India consumen más del setenta y cinco por ciento de la energía mundial china, Rusia, los países del Este, la India más Inglaterra producen el setenta por ciento de la riqueza tecnológica. Aquí, la diferencia la marca la estructura del Estado y su organización política.

    La mayoría de estos estados surgieron en los años sesenta, por el proceso de descolonización, y algunos de ellos, sobre todo en África, se convirtieron en estados fallidos, es decir, estados no desarrollados que tras su independencia se vieron obligados a poner su economía y su política en manos de otros estados. Generalmente, esos estados fallidos poseen una casta dirigente que a cambio de armas y dinero, principalmente, dan oro, petróleo, diamantes, etcétera.

    Desde el punto de vista jurídico, todos los estados son prácticamente iguales; sin embargo, desde el punto de vista práctico, son abiertamente desiguales. Eso influye negativamente en las relaciones que mantienen los estados entre sí y, por lo tanto, en las Relaciones Internacionales. Por ejemplo, para lograr la igualdad desde el punto de vista práctico, Rusia propuso que los estados de menos de un millón de habitantes dejasen de formar parte de las Naciones Unidas y pasasen a estar bajo un nuevo estatuto con la categoría de estados asociados. Sin embargo, esta propuesta se desestimó.

    Existen diferentes tipos de estado. En primer lugar estarían los estados que son protagonistas a escala mundial. Japón, por ejemplo, es un gigante económico que no puede intervenir a escala mundial porque carece de ejército. China, sin embargo, es ya en 2007 una potencia mundial por su poder militar y su peso económico. La Unión Europea, sin embargo, es muy limitada en el campo militar ya que carece de ejército al igual que Japón. Por lo tanto, la Unión Europea, pese a ser una gran potencia económica e ideológica, no tiene influencia a escala mundial puesto que militarmente debe acudir a los Estados Unidos. Es precisamente Norteamérica la gran potencia mundial por antonomasia, en declive, pero sigue siendo una gran potencia por su peso económico, financiero, tecnológico, demográfico y, por supuesto, militar. Lo que sí debemos tener en cuenta es que hay estados que tienen un enorme poder material pero carecen del deseo de ejercerlo, por ejemplo, los Estados Unidos en 1919. Ese año ya era la primera potencia mundial pero no tenía el deseo de ejercer su hegemonía como primera potencia. También puede ocurrir que el consenso político sea el que convierta a un estado en una potencia mundial, tal y como ocurrió con la Unión Soviética.

    En segundo lugar estarían los estados que aspiran a ser una potencia mundial pero su capacidad sólo les permite que sean potencias mundiales en un solo sector, por ejemplo, estados que tienen un atractivo económico y cultural. Éste sería el caso de Francia que sigue teniendo una enorme influencia en sus antiguas colonias. Otros ejemplos de estados que aspiran a ser potencia mundial serían Canadá y Japón, muy poderosas económicamente pero incapaces de ejercer una influencia a nivel mundial. Para que un estado pueda convertirse en potencia mundial, debe primar el deseo, la voluntad de ejercer su hegemonía por todos los medios. Es lo que ocurre con los Estados Unidos. Si quiere seguir manteniendo su papel hegemónico, debe primar la voluntad de seguir siéndolo.

    En tercer lugar estarían los estados que no pueden ser potencias mundiales pero sí potencias regionales, casos de Brasil, Egipto, Italia, Siria, Nigeria, Sudáfrica, Venezuela -por el petróleo-, el Zaire o Cuba. Y decimos Cuba porque es el emblema de la revolución mundial para la clase intelectual internacional; por ejemplo, la imagen del Che sigue estando en todas partes. Normalmente son estados que tienen una considerable extensión, demografía, recursos, etcétera; sin embargo, carecen de supremacía en otros aspectos.

    Por último, están los estados que desean preservar su independencia y sus fronteras, por ejemplo, el caso español. Son estados que desean preservar su hegemonía local. España, por ejemplo, tiene cierta importancia porque pertenece a la Unión Europea, si no, sería un cero a la izquierda.

    Tema 10

    10.1. Los elementos de la política exterior del Estado

    Todo gobierno actúa en nombre del Estado. En este sentido, las relaciones exteriores que lleva a cabo un gobierno dependerán de su color político. El Estado es ciego, sordo y mudo puesto que el Estado no existe. Como ya sabemos, sólo existe un territorio donde el gobierno ejerce sus competencias. Por lo tanto, el que ejerce la política de un país es el gobierno y no el Estado; precisamente por eso no podemos hablar de política de Estado, de la desintegración del Estado, de la unidad del Estado, etcétera.

    La distribución competencial dependerá de cada gobierno. En España, por ejemplo, esas competencias están recogidas en el artículo 97 de la Constitución española de 1978.

    10.2. Las instituciones: Jefe del Estado, Ministerio de Asuntos Exteriores y Parlamentos

    10.2.1. El Jefe del Estado

    El Jefe del Estado es la persona que representa a un país ante el resto del mundo. De esta forma, es quien participa, por sí mismo o mediante delegados, en reuniones internacionales, nombra y recibe a delegaciones diplomáticas, etcétera.

    En un sistema presidencial, como en Argentina o en los Estados Unidos, el jefe del Estado -el presidente- es también el jefe del gobierno, siendo la cabeza del Poder Ejecutivo del país.

    En un régimen parlamentario, en cambio, el jefe de gobierno -el primer ministro- es elegido por el Parlamento del que depende o por el jefe del Estado (sólo en el caso de una república). El jefe del Estado puede ser un presidente elegido por el Parlamento o un monarca hereditario. En este último caso, normalmente es un rey, pero también puede ser un príncipe, como el caso de Mónaco; un emperador, como en Japón; u ostentar otro título nobiliario.

    Las funciones del jefe del Estado varían de acuerdo a la forma de gobierno que establece la Constitución de cada país, es decir, tiene competencias diferentes según el ordenamiento jurídico de cada Estado.

    10.2.2. El Ministerio de Asuntos Exteriores

    El Ministerio de Asuntos Exteriores de cada gobierno es el responsable de mantener las relaciones con los países extranjeros. En cuanto a sus funciones, podemos señalar las siguientes: 1) con su proceder hacen responsable a todo el Estado, por lo tanto, un mal proceder del ministro de Exteriores no es más que un mal proceder del país al que representa; 2) tiene el deber de desarrollar una acción exterior coherente; y 3) debe coordinar la acción exterior del Ministerio.

    Muchas veces, los ministerios de Asuntos Exteriores no pueden asumir la totalidad de los asuntos exteriores por sí solos, de ahí que se creen mecanismo o aparatos del Estado para llevar a cabo esos asuntos, por ejemplo, embajadas, consulados, oficinas diplomáticas, etcétera. El jefe del Estado, a su vez, también puede desarrollar labores de asuntos exteriores, un caso que se da en España a través de Rey y el resto de miembros de la Casa Real, o a través del presidente del Gobierno.

    10.2.3. El sistema parlamentario

    El Parlamento es el órgano constitucional de un Estado con sistema parlamentario. Éste está compuesto por los representantes elegidos por el pueblo y tiene atribuida la misión principal de expresar la voluntad de éste elaborando y aprobando normas jurídicas de carácter general e interviniendo en la integración y funcionamiento de otras instituciones del Estado. Su misión es la misma que la del Congreso, pero éste último tiene más definida la separación de poderes legislativo y ejecutivo y es más propio del sistema presidencial.

    El Parlamento ejerce una serie de controles, por ejemplo, orienta la acción del gobierno mediante la aprobación o el rechazo de los presupuestos del Estado. Sin embargo, cuando un gobierno tiene la mayoría de escaños en el Parlamento, éste último estará influenciado por el partido gobernante, así que el gobierno apenas notará el control parlamentario.

    El Parlamento controla la acción del Gobierno mediante interpelaciones y preguntas que cualquiera de sus miembros puede plantear al Gobierno.

    Un tipo de control exterior al Parlamento es el que ejerce un partido a su propio partido, por ejemplo, a través de su portavoz que debería controlar lo que hace la entidad política a la que pertenece. Sin embargo, este control es absolutamente ficticio.

    Otra forma de control del Parlamento es el sistema de votaciones, ya que para aprobar una ley orgánica hacen falta los dos tercios de la cámara. Para el resto de leyes, tan sólo hace falta la mayoría simple.

    10.3. Algunos factores internos de la política exterior: partidos, grupos de presión y opinión pública

    Hay factores internos como los partidos políticos, los grupos de presión y la opinión pública que tienen su papel en la política exterior.

    10.3.1. Los partidos políticos

    Los partidos políticos conceden escasa importancia en sus programas a la política exterior porque consideran que a sus votantes apenas les importan estos asuntos -lo que les interesa a los votantes es lo que ocurre aquí-. Sin embargo, los programas electorales sí pueden tener repercusiones en asuntos internacionales, por ejemplo, en aquellos en los que se incluyen puntos que implican poner frenos a la inmigración, o en los que se cuestionan las relaciones con ciertos países, por ejemplo, el Partido Socialista con respecto al Gobierno de los Estados Unidos tras la invasión de Irak.

    En los sistemas bipartidistas o en los sistemas de coalición con respecto a la política exterior pueden darse dos situaciones:

  • Discontinuidad en la línea de política exterior. Suele ser frecuente ya que, generalmente, cada partido tiene una idea opuesta en política exterior. Una excepción se da en los Estados Unidos en donde apenas hay esa discontinuidad exterior.

  • Línea de actuación unívoca en política exterior.

  • 10.3.2. Los grupos de presión

    Al hablar de grupos de presión podemos establecer tres clases: 1) de interés, 2) ideológicos, y 3) de burocracia administrativa o administraciones públicas.

    Los grupos de presión de interés buscan defender o mejorar sus posiciones a través de una determinada forma de entender la política exterior, por ejemplo, los agricultores franceses que ejercen en su país una enorme presión en política exterior; los pescadores españoles; las grandes multinacionales, sobre todo, la industria química y farmacéutica; los trabajadores que piden un aumento salarial, ya que repercuten en la economía a corto y largo plazo, etcétera.

    Los grupos de presión ideológicos militan una causa desinteresada (desarme, la paz mundial, la anti globalización, etcétera). Presionan para que la política exterior se oriente de forma determinada.

    Los grupos de presión de burocracia administrativa o administraciones públicas están formados por burócratas, es decir, agentes ejecutivos de la política del gobierno. La burocratización del servicio exterior del Estado ha hecho que se desarrolle con lentitud la política exterior del gobierno (tardan en dar un trámite, no firman un papel, lo pierden, etcétera). Al mismo tiempo, la burocracia está mal dirigida por comisiones de expertos. Es decir, el propio gobierno que quiere que la burocracia funcione más rápidamente, crea un grupo de expertos que debe trasladar sus informes a los propios burócratas. Por lo tanto, lo único que consigue es ralentizar aún más la política del gobierno.

    El ejército también es un grupo de presión importante. El ejército, por ejemplo, impone una política que teóricamente podría estar dirigida a la mayor fabricación de armas, pero hay muchos ejemplos que nos enseñan que esto no siempre es así. Por ejemplo, en los Estados Unidos el militarismo norteamericano deriva más de los propios políticos que del ejército. Pero también se puede dar el caso contrario, por ejemplo, en la Guerra Fría son el gobierno estadounidense y el soviético los que dictan a sus jefes del ejército que han de ser moderados.

    10.3.3. La opinión pública

    La opinión pública influye en la política exterior y al revés. La opinión pública hace referencia a lo que opinan grandes masas de gente en momentos concretos. Los asuntos internacionales, en la mayoría de los casos, apenas forman parte de los programas electorales porque se cree que al ciudadano no le interesa lo que ocurre en el exterior. En momentos de crisis económica, por ejemplo, la política exterior deja de interesar por completo.

    Para que ejerza presión la opinión pública, ha de formar una fuerza autónoma ajena al gobierno. En este sentido, nos podemos encontrar con tres casos:

  • La opinión pública aprueba la política exterior del gobierno.

  • La opinión pública se muestra indiferente ante la política exterior del gobierno.

  • La opinión pública desaprueba la política exterior del gobierno.

  • Cuando ocurre esto último, el gobierno suele hacer uso de los medios de comunicación para silenciar a la opinión pública. Sin embargo, los medios también pueden por sí solos convencer a la opinión pública ya que ésta es siempre susceptible de ser manipulada. Para evitar esto, el remedio es educar a la mayoría en asuntos internacionales.

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    P

    Periferia

    SP

    Semiperiferia

    N

    Núcleo