Relación entre Augusto y La Eneida

Literatura. Historia. Imperio romano. Literatura antigua clásica. Lírica y épica latina romana. Emperador Augusto. La Eneida de Virgilio

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Lenguas clásicas II: Latín

Trabajo Práctico: El imperio de Augusto y La Eneida

“La escritura y la revolución hacen causa común, dándose una a otra

su carga significante, y elaborando como arma un mito nuevo.”

Philippe Sollers


“El poder de la escritura existe solo cuando es escritura del poder”

Augusto Roa Bastos

Augusto, el grande

Tras la muerte del emperador romano Julio César en el año 44 a.C., se estableció un triunvirato para dirigir a las provincias romanas. Este triunvirato estaba compuesto por Octavio, sobrino nieto de Julio César y designado como heredero, y los generales Marco Antonio y Marco Emilio Lépido. Poco tiempo perduró el llamado “Segundo Triunvirato”, que terminó con el enfrentamiento de sus miembros, resultando vencedor Octavio, en la famosa batalla de Actium. En el 29 a.C., Octavio ya era el único dirigente de Roma. Al poco tiempo, le sería otorgado por el Senado el título honorífico de Augusto, el grande.

El nacimiento de La Eneida

Una vez establecido en el poder, Augusto dedicó su empeño a fortalecer las estructuras del imperio. Además de aplicar leyes y reformas sociales, una de las principales armas con las que contaba era la literatura: quería crear una gran epopeya nacional, una obra que “revelara” la grandeza a la que estaba destinado el imperio romano, y la ascendencia divina de sus líderes.

Con esta intención, sugirió al poeta Publio Virgilio Marón -quien tenía intención de dedicar un poema a enaltecer la figura de Augusto- que comenzara esta tarea. Así, pues, Virgilio inició un arduo trabajo que le llevaría once años, e incluso hubiese tardado más, si la muerte no se lo hubiese impedido. Por orden de Augusto, el poema fue editado en las condiciones en que se hallaba al momento de la muerte de su creador, pese a tener varios versos inconclusos. Así nació entonces la epopeya del pueblo romano: la Eneida.

Partiendo, entonces, de que el objetivo de la obra es glorificar el imperio romano y aureolar la figura de Augusto, a continuación intentaremos analizarla no en su valor estético, sino la influencia política, social y religiosa que tuvo sobre la población.

La importancia de la Eneida para el Imperio

Destino de grandeza

Durante su travesía, previa a la llegada al Lacio, Eneas desciende a los infiernos. Aquí se encuentra con Anquises, su padre, poco antes muerto, quien le vaticina los nombres de los que serán un día sus descendientes, y los trabajos que deberán superar hasta lograr fundar la ciudad destinada a ser la más importante del mundo.

“...ahora voy a decirte la gloria que aguarda en lo futuro a la prole de Dárdano, qué descendientes vamos a tener en Italia, almas ilustres, que perpetuarán nuestro nombre...”

“...sigue Rómulo, hijo de Marte, (...) has de saber, hijo mío, que bajo sus auspicios la soberbia Roma extenderá su imperio por todo el orbe” ¹

La inclusión de este relato, significa para el pueblo romano saberse predestinado por los dioses a dirigir el mundo, lo que no resulta poco. El saber este destino de grandeza que les ha tocado en suerte, crea la sensación de ser invencibles, pues los dioses así lo han querido, y por lo tanto, se ven en la obligación de conquistar al resto de los pueblos, corriendo el riesgo de la ira divina si así no lo hicieren. De este modo, los romanos dejaban de ser conquistadores codiciosos para ser instrumento de los designios del Destino, y todo rencor de los vencidos se tornaba injustificable. Además, dado que los romanos no separaban la historia y el mito, estos acontecimientos legitimaban al Imperio.

Augusto en la Eneida

A lo largo de la obra, solo se nombra dos veces a Augusto: la primera, como ya hemos visto, en el canto sexto, durante el descenso al infierno, y la segunda en el canto octavo, en la descripción del escudo que Vulcano forja para el troyano.

“César Augusto, del linaje de los dioses, que por segunda vez hará nacer los siglos de oro en el Lacio” ²

“En medio se veían dos escuadras de ferradas proas y la batalla de Accio; (...) De un lado se ve a César Augusto, de pie en la más alta popa, capitaneando a los Ítalos, con los padres de la patria, el pueblo, los penates y los grandes dioses” ³

En estos dos pasajes que aparece directamente nombrado, Augusto se presenta equiparado a los dioses, destinado a engrandecer a Roma.

Ahora bien, la figura de Octavio también aparece reflejada en la de su piadoso antecesor troyano. Podemos distinguir los rasgos de la personalidad del príncipe en los de Eneas:

  • Eneas se cuida muy bien de actuar de acuerdo a lo que los dioses le ordenan, incluso parece no tener decisión propia; el paralelo lo encontramos en la

¹ Virgilio, Eneida, Ed. Losada, Canto VI, Pág. 126.

² Op. c., Canto VI, Pág. 126-127.

³ Op. c., Canto VIII, Pág. 166.

religiosidad adoptada por Augusto.

  • Ambos se sacrifican en aras de la tarea que le ha impuesto el destino.

  • El carácter duro, inquebrantable.

El hecho de compartir estas características con el héroe troyano, brinda a Augusto una imagen superlativa ante sus conciudadanos. Si recordamos que antes de comenzar a escribir la Eneida, Virgilio pensaba exaltar la figurad del príncipe mediante un poema que relatara la victoria de este en Actium, con esta obra lo logra mucho mejor, ya que no es un simple elogio demagógico, sino que lo eleva hasta la altura del héroe. Otra ventaja de este segundo proyecto es que ya no solo glorifica al emperador, sino a Roma como ciudad, a su pueblo.

Ascendencia divina

La ascendencia que presenta la Eneida, relaciona directamente a Augusto con la familia Julia. La importancia de esta relación radica en que esta familia proviene de Iulo, hijo de Eneas, y por lo tanto se incluía a este héroe al prestigioso árbol genealógico de los romanos. Se incorporaba entonces a su linaje la sangre de otra diosa, Venus, la madre de Eneas -ya sabemos que contaban con Marte entre ellos, padre, aunque en circunstancias no muy claras, de Rómulo y Remo.

Este hecho es motivo de orgullo para los romanos, porque se entiende que todo el pueblo es, por ende, descendiente de los habitantes del Olimpo.

”ésos son tus romanos. Ése es César, ésa es toda la progenie de Iulo que ha de venir bajo la gran bóveda del cielo” ¹

La religión

En el plano religioso, el respeto que se les debe a los dioses aparece visiblemente destacado a través del cuidado de los Penates. Desde la huida de la ardiente Troya, donde Héctor encomienda el cuidado a Eneas hasta la conquista del Lacio, los Penates son custodiados y conservados con gran celo, ya que representan no solo a la extinguida Troya, sino también a sus dioses; es a través de los Penates que el espíritu de la ciudad de Príamo seguirá existiendo. En el grabado del escudo de Eneas, incluso se ve a Augusto triunfante junto a los Penates, y los mismos aparecen al momento de honrar a los dioses.

Se cuidan Eneas y sus compañeros, en forma permanente y rigurosa, de cumplir los tradicionales ritos en homenaje a los dioses. Así, se ve al caudillo rindiendo honras fúnebres a Polidoro, en el tercer canto, o en el canto undécimo los detalles del funeral de Palas, entre otros.

“ya ha recorrido un año el círculo cabal de los meses que lo componen, desde que depositamos en la tierra las reliquias y los huesos de mi divino padre (...) no dejare de cumplir estos votos anales, de solemnizar este día con las debidas pompas, de cubrir sus altares con las ofrendas gratas a los muertos.” ²

¹ Op. c., Canto VI, Pág. 126.

² Op. c., Canto V, Pág. 90.

El equilibrio entre las dos mitades

La promesa hecha por los dioses a Eneas de obtener él y sus descendientes el imperio del mundo, no es un invento de Virgilio. Este explicación ya aparecía en “La Ilíada” y Nevio también la había relatado. Tenía el valor, éste argumento, de vincular la Roma imperial con el pasado más lejano y prestigioso del mundo heleno. Este vínculo no era poca cosa, ya que servía para reconciliar las provincias occidentales y los antiguos mundos helenísticos. El imperio corría el riesgo de que el imperio se dividiese en estas dos mitades, separadas por diferencias de lenguas, civilización, religión, tradiciones políticas.

Demostrar que Roma estaba unida al mundo griego por una comunidad de origen y cultura, era fundamental para mantener el equilibrio del Imperio. Por eso la importancia de la insistencia de Virgilio en la obra sobre los lazos que unen a Eneas con príncipes griegos.

Conclusión

Como hemos visto, a través de estos puntos, Augusto encontró en “La Eneida” una gran ayuda para la reorganización del poder. La obra, apenas publicada, se empezó a leer en las escuelas, y fue divulgada en todos los círculos influyentes del imperio y entre los ciudadanos.

Ningún romano podía dejar de sentirse orgulloso y emocionado ante los sucesos relatados en la obra, y esto es un signo claro de que Virgilio había logrado el objetivo que el príncipe perseguía. Vale la pena marcar, finalmente, que si bien esto fue importante para el éxito del poema, su gran valor literario es el que ha hecho que perdure durante y siglos y haya sido el modelo épico durante mucho tiempo.

Bibliografía

  • Virgilio, “La Eneida”, Buenos Aires, Losada, 1997.

  • Grenier, Albert, “El genio romano en la religión, el pensamiento y el arte”. México, UTEHA.

  • Gudeman, Alfred, “Historia de la literatura latina”.

  • Grimal, Pierre, “El siglo de Augusto.

  • Montanelli, Indro, “Historia de Roma”. Barcelona, Plaza y Janes, 1993.

  • Tito Livio, “Ar urbe condite”.

  • Lida, María Rosa, “Introducción”, en: “La Eneida”, Buenos Aires, Losada, 1997.

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