Reinas consortes de España

Borbones. Casa Bonaparte. Dinastía de Saboya. Biografías. Papel de la reina. Atribuciones. Casa. Esposa, madre y viuda. Regencia. Matrimonio. Embarazo. Príncipes de Asturias. Infantes. Muerte. Testamento. Herencia

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LAS REINAS CONSORTES DE ESPAÑA,

LAS REINAS CONSORTES DE ESPAÑA

De MARIA LUISA DE SABOYA a SOFIA DE GRECIA

INDICE:

Capítulo Primero:

Introducción

Capitulo Segundo:

2.1.: La Biografía de las reinas consortes.

2.2.: La primera reina consorte no borbónica: María Julia Clary, esposa de José Bonaparte.

2.3.: María Victoria del Pozzo, esposa de Amadeo de Saboya.

2.4.: El rey consorte, Dº Francisco de Asísrey consorte de España y duque de Cádiz.

2.5.: Una reina no coronada y madre de rey: Doña María de las Mercedes de Borbón y Orleáns.

Capítulo Tercero:

El papel de la reina como parte de la institución.

3.1.: Definición de la reina según la ley.

3.2.: Atribuciones de la reina.

3.3.: La casa de la reina.

Capítulo Cuarto:

Papel de las reinas como esposas, madres y viudas

4.1.: La reina como consorte y madre.

4.2.: El papel de la reina como viuda.

4.3.: La reina como gobernadora por regencia.

Capitulo Quinto:

Matrimonio Real.

5.1.: El Matrimonio de la elite. Carácter económico y jurídico.

5.2: Ritos y Ceremonias Nupciales.

5.3: Fases del Matrimonio Real:

Capitulo Sexto:

El embarazo y parto de las reinas.

6.1.: Anuncio del embarazo.

6.2.: Los preparativos y el parto como acto privado.

6.3.: Bautismo de los príncipes e infantes de España.

6.3.1.: Relación de príncipes e infantes nacidos durante esta época.

Capitulo Séptimo:

La muerte de las reinas.

7.1.: Rito de la muerte y entierro de las reinas.

7.2.: El testamento:

7.2.1.: El símbolo del testamento de una reina como miembro de la

Institución.

7.2.2.: Tipos de testamento.

7.2.3.. Los herederos de la reina.

Conclusión.

Anexo I, II y III.

Bibliografía.

Capítulo Primero:

INTRODUCCION

En este trabajo de investigación vamos a estudiar no solo la figura de la reina sino también sus representaciones legales y simbólicas. Los aspectos más importantes para este trabajo son:

1º-Estudiar la figura de la reina como institución, para saber el papel que jugaron en la monar- quía.

2º-Equilibrar el papel de la reina como institución, esposa y madre.

3º-Analizar el protagonismo de las reinas en la corte y la vida cotidiana en el palacio.

En los diferentes capítulos vamos para abordar las cuestiones más importantes, como las apor- taciones de las reinas hasta el presente. Reconstrucción del rol institucional de la reina atraves de los códigos jurídicos y la legislación vigente en cada momento para así descubrir el papel que han contribuido las reinas.

Ampliaremos la visión sobre la tipología de las reinas desde las consortes a las gobernadoras, regentes y viudas. Asimismo, destacamos lo símbolos asociados a la reinas y al poder de estas.

Estudiaremos el papel de la Casa de la Reina así como alguno de los rituales más importantes del corte relacionado con las soberanas como es sus embarazos y sus partos.

Por último, estudiaremos los últimos momentos en la vida de las soberanas, el momento de su muerte así como el posterior desarrollo de los rituales de protocolo en sus exequias fúnebres. Para finalizar este trabajo de investigación estudiaremos le testamento de las reina por su figu- ra institucional así como sus herederos.

Capítulo Segundo:

2.1.: La Biografía de las reinas consortes.

  1. María Luisa Gabriela de Saboya (Turín13 de septiembre de 1688 – Madrid 14 de fe -brero de 1714).

Primera esposa de Felipe V de España, hija de Víctor Amadeo II de Saboya y de Mariana de Orleans. La ceremonia matrimonial tuvo lugar, por poderes, el 11 de septiembre de 1701 en Turín, representando al Rey de España el Príncipe de Savoya-Carignan.
María Luisa Gabriela de Saboya fue la primera italiana en ser Reina de España, lo que le valió grandes consideraciones del Papa, que la agració con la condecoración de la preciada R osa de Oro. Desde su llegada a España, contaba solo 13 años, supo poner en evidencia su fuerza de carácter.

Durante los años que fue Reina consorte fue un gran punto de apoyo para que su esposo reina ra como Rey de España y no como nieto de un soberano extranjero. En tal tarea contó con la ayuda de una consejera francesa, Mariana de la Tremouille, que buscaba consolidar a los jóve- nes Reyes en el trono de San Fernando. En tal dirección mostró su posición frente al embaja -dores franceses, que “era solamente embajador de Francia y no ministro español

Tuvo cuatro hijos de su matrimonio con el rey Felipe V, dos de los cuales reinaron en España:

Luis I (25 de agosto de 1707 – 31 de agosto de 1724), rey de España.

Felipe (2 de julio de 1709 – 8 de julio de 1709).

Felipe Pedro (7 de junio de 1712 – 29 de diciembre de 1719).

Fernando VI (23 de septiembre de 1713 – 10 de agosto de 1759), rey de España.


2.1.2. Isabel de Farnesio (Parma, 25 de octubre de 1692 - Aranjuez, 10 de julio de 1766).

Se casó en 1714 con el rey viudo de España, Felipe V, gracias a las buenas gestiones del obispo y cardenal italiano de Málaga, Julio Alberoni, al que ascendió a primer ministro a su llegada a la corte. Mujer de gran belleza, pese a las marcas que tenía en su cara, fruto de unas viruelas in -fantiles, poseía un cuerpo esbelto y atractivo, al tiempo que era acreedora de un fuerte cará-cter y una personalidad autoritaria que le otorgó una gran influencia en la corte de la época.

Fue apodada despectivamente "la parmesana". Julio Alberoni la describió así a su l legada a Madrid: "Se trata de una buena muchacha de veintidós años, feúcha, insignificante, que se atiborra de mantequilla y de queso parmesano y que jamás ha oído hablar de nada que no sea coser o bordar". De todas formas, en su reinado como esposa de Felipe V formó una importante colección de arte; cada cónyuge marcaba sus cuadros con un símbolo dinástico diferenciado (la flor de lis y un aspa). También fue esta pareja la responsable de la compra de la colección escultórica de Cristina de Suecia, que incluye el Grupo de San Ildefonso y las ocho "Musas" (Museo del Prado).

Nunca mostró afecto, sino desdén, por sus hijastros. Para ella, los descendientes del primer matrimonio del rey con María Luisa Gabriela de Saboya constituían un escollo más para lo- grar su principal objetivo: dotar a sus hijos Carlos (futuro Carlos III) y Felipe de un reino don- de gobernar.

Isabel tampoco se reveló como una madre amorosa con los seis hijos que tuvo, ya que consu-mió todo su tiempo y energías a las intrigas políticas para, precisamente, forjarles ese brillan- te porvenir que tanto ansiaba para ellos.

Su política estuvo orientada a recuperar para la monarquía española los territorios italianos perdidos por el tratado de Utrecht.

De su matrimonio con el rey Felipe V tuvo siete hijos:

  • Carlos III (1716 – 1788), rey de España.
  • Francisco (1717).
  • Mariana Victoria (1718 – 1781), reina de Portugal, esposa de José I.
  • Felipe (1720 – 1765), duque de Parma.
  • María Teresa (1726 – 1746), esposa de Luis, Delfín de Francia (hijo del rey Luis XV).
  • Luis Antonio (1727–1785), arzobispo de Toledo y cardenal, desde 1735 hasta 1754. Abandonó la vida eclesiástica.
  • María Antonia (1729 – 1785). Esposa de Víctor Amadeo III de Cerdeña.

2.1.3 Luisa Isabel de Orleans(Versalles, 9 de diciembre de 1709 – París, 16 de junio de 1742), Reina consorte de España, esposa de Luis I.

En 1722, con apenas doce años contrajo matrimonio con el Príncipe de Asturias, el futuro rey Luis I de España que contaba con quince años de edad. Desde su llegada a la Corte de los Bor- bones españoles, Luisa Isabel de Orleans protagonizó algunos incidentes, como pasearse sin ropa, eructar y ventosear en público, síntomas de inestabilidad mental. Luisa Isabel de Orle -ans se convirtió en Reina consorte al producirse la abdicación de su suegro, el rey Felipe V el 15 de enero de 1724. El carácter de Luisa Isabel fue el origen de desavenencias entre la pare- ja real y la Reina llegó en una ocasión a estar arrestada en sus habitaciones por su comporta-miento durante seis días.

Pocos meses después de su acceso al trono, Luis I contrajo la viruela y Luisa Isabel de Orleans cuidó y permaneció junto al monarca hasta su muerte, el 31 de agosto de 1724. Luisa Isabel de Orleans contrajo la viruela pero pudo r recuperarse al ser, en su caso, menos maligna. Los reyes Luis I y Luisa Isabel no tuvieron descendencia.

La reina, ya viuda, regresó a Francia por voluntad de la reina Isabel de Farnesio. Tras permane -cer en un convento durante dos años, residió el resto de su vida en el Palacio de Luxemburgo, situado en París. Fue enterrada en la capital francesa

2.1.4. Bárbara de Braganza(Lisboa, 4 de diciembre de 1711 - Madrid, 27 de agosto de 1758), hija de Juan V de Portugal y María Ana de Austria. Bárbara contrajo matrimonio en 1729 en la ciudad de Badajoz con el entonces príncipe de Asturias Don Fernando VI.

La joven Bárbara era una mujer culta, de agradable carácter, dominadora de seis idiomas y gran amante de la música. Don Fernando y doña Bárbara se enamoraron profundamente. En 1746 Fernando sube al trono y doña Bárbara ocupó un importante papel en la corte, especial-mente como mediadora entre el rey de Portugal y su esposo. Es conocida la protección que concedió al famoso cantante italiano más conocido por el nombre de «Farinelli» y por su afi -ción a la música, pues tuvo por maestro de clave a Domenico Scarlatti desde 1721 hasta su muerte y se sabe que tocó sus sonatas, que fueron en su publicación dedicadas a ella. Fue la promotora de la construcción del Convento de las Salesas Reales de Madrid. Tras su inagura- ción en 1757 se trasladó a Aranjuez, donde falleció tras una larga agonía el 27 de agosto de 1758, provocando el estado de locura en su marido.


2.1.5.María Amalia Cristina de Sajonia(Dresde, 24 de noviembre de 1724 - Madrid, 27 de septiembre de 1760) esposa de Carlos III. Tras su matrimonio con Carlos III se convierte en reina de Nápoles y se transladada a vivir allí.Gracias a su iniciativa se fundó en Nápoles la fábrica de porcelanas de Capodimonte, cuyas técnicas, materiales, moldes y maestros vinieron des de la fabrica que su padre tenía en Meissen. A su vez, estos mismos elementos pasaron a fundar las de porcelanas del Buenretiro, cuando los Reyes se trasladaron a Madrid. También siguió el mismo camino su iniciativa de introducir en la Corte napolitana el Belén Navideño, muy popular en el sur de Italia y que luego se impondría en España y en las colonias ame- ricanas hasta nuestros días.
La Reina María Amalia dio una larga descendencia a su marido. Descendencia que reina aun hoy en España y ostenta la jefatura de la Corona de Dos Sicilias. En Madrid se procede a la solemne entrada y a la jura del Rey. Durante su estancia en España sufrió difíciles relaciones con su suegra, la Reina Isabel de Farnesio.En 1759 falleció el rey Fernando VI de España, hermano de Carlos, sin descendencia y Amalia acompañó a su esposo a España para ocupar el trono. A la reina María Amalia se le debe la introducción en España de la costumbre navi -deña del belén o "nacimiento" de origen napolitano
Solo fue Reina de España durante un año, en septiembre de 1760, con los pulmones dema -siado débiles por el tabaco, murió la Reina de tuberculosis. Y dijo Carlos III: " En 22 años de matrimonio, éste es el primer disgusto serio que me da Amalia".
El Rey nunca volvió a casarse, pero cumplió todas las promesas que le había hecho a su es –posa.

2.1.6. María Luisa de Borbón-Parma(Parma, 9 de diciembre de 1751 – Roma, 2 de enero de 1819).María Luisa de Parma ejerció una gran influencia sobre su marido, débil de voluntad. De carácter caprichoso, la reina María Luisa llegó a participar en numerosos episodios por los que fue considerada, ya en su época, una mujer intrigante y, para muchos, depravada. Estuvo enfrentada con numerosos miembros de la Corte española del momento. Entre los numerosos amantes atribuidos a la reina María Luisa destaca Manuel Godoy, un antiguo miembro de la Guardia de Corps que alcanzó una influencia política muy notable porque gozó de una elevada capacidad para manipular a la reina María Luisa y al propio rey Carlos .
La firma del Tratado de Fontainebleau (1807), decisión de Manuel Godoy, provocó la entra- da del ejército francés en España. Se fue extendiendo el descontento entre la población y se organizó una conjura en la que tomó parte el príncipe de Asturias, Fernando, futuro Fernan -do VII. El 17 de marzo de 1808 tuvo lugar un levantamiento popular (Motín de Aranjuez) que logró la caída de Manuel Godoy. Napoleón aprovechó la situación para intervenir en España al forzar la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando y la renuncia de éste a sus derechos de sucesión. Napoleón les había obligado a acudir a Bayona. Este episodio es conocido como las Abdicaciones de Bayona y tuvo lugar el 5 de mayo de 1808. Vivió exiliada junto a su mari- do el rey Carlos hasta su fallecimiento. María Luisa y Carlos IV tuvieron catorce hijos.

2.1.7. María Antonia de Borbón, también conocida como María Antonia de Nápoles.(Nápo -les, 14 de diciembre de 1784 - Aranjuez, 21 de enero de 1806) esposa del príncipe Fernando (futuro Fernando VII).

María Antonia de Nápoles contrajo matrimonio con Fernando, Príncipe de Asturias el 10 de octubre de 1802. Alentó a su esposo a enfrentarse a Manuel Godoy y a la reina María Luisa con la que la Princesa mantuvo una mala relación personal. María Antonia de Nápoles tambi -én buscó apoyos para la causa del Príncipe Fernando en la Corte Española.

La Princesa falleció prematuramente en 1806, en el Palacio Real de Aranjuez a consecuencia de una tuberculosis. No tuvo hijos con el príncipe Fernando.

2.1.8. María Isabel de Portugal,(Lisboa, 19 de mayo de 1797 - Aranjuez, 26 de diciembre de 1818).Fue la segunda esposa de Fernando VII. El matrimonio entre el rey Fernando y su so -brina Isabel de Portugal, celebrado en 1816, se decidió con objetivo reforzar las relaciones en -tre España y Portugal. La reina Isabel destacó por su cultura y afición por el arte. De ella par- tió la iniciativa de reunir las obras de arte que habían atesorado los monarcas españoles y crear un museo real, el futuro Museo del Prado.

Apodada la reina “fea”,era buena como el pan, pero no poseía prestancia ni gracia alguna. Su marido nunca olvidó el pasquín anónimo colocado el día de su boda en la verja de palacio: «Fea, pobre y portuguesa.¡Chúpate esa!».

No tuvo descendencia con el rey ya que su primera hija falleció a los 4 meses y la reina murió durante la cesárea de su segundo embarazo.

2.1.9.María Josefa Amalia de Sajonia (Dresde, 7 de diciembre de 1803 – Aranjuez, 18 de mayo de 1829) Reina consorte de España, tercera esposa de Fernando VII.

Quedo huérfana de madre a los tres meses de nacida y fue internada por su padre en un con -vénto, en el que permaneció hasta el momento de su matrimonio en 1819.

La educación puritana que recibió en aquel convento hacía que esta Princesa desconociera por completo los principios de la reproducción humana. Enfrentada a tan cruda realidad, se negó por varios meses a cualquier contacto íntimo con su esposo. El Rey tuvo que intervenir ante el Papa en persona para que éste persuadiera a su esposa del carácter no pecaminoso del contacto íntimo entre esposos.
Durante los años en que fue Reina, su esposo vivió el trago amargo que fue para él la Constitu --ción de 1820 y la pérdida de casi todas las colonias españolas en América.

2.1.10. María Cristina de Borbón-Dos Sicilias (Palermo, 27 de abril de 1806 – Sainte-Adresse, Francia, 22 de agosto de 1878), madre de Isabel II de España y cuarta mujer del rey de España Fernando VII,

María Cristina quebró las aspiraciones al Trono del Infante Don Carlos al dar a luz a Isabel II. Su esposo falleció en 1833 convirtiéndose ella en Reina Regente y en la cabeza del Estado frente a la Guerra Carlista. Solo tres meses después de la muerte del Rey en 1833 y con veintisiete años de edad, se volvió a casar morganáticamente en 'secreto' con Agustín Fernando Muñoz y Sán -chez, Capitán de su Real Guardia de Corps. El matrimonio de la Reina viuda se puso en eviden -cia al poco tiempo por los numerosos embarazos de ésta que hacían decir a los corrillos de Madrid y a los Carlistas; coplillas como:
"María Cristina es una dama casada en privado pero embarazada en público" o "Clamaban los liberales que la reina no paría. ¡Y ha parido más muñecos que liberales había". A pesar de te -ner el apoyo de los liberales María Cristina trató de dirigir el país con las fórmulas moderadas y conservadoras contenidas en el estatuto Real. En 1836 tras el motín de la Granja se vio obli -gada a restablecer la Constitución de 1812.
En 1839 con la victoria de Espartero sobre los Carlistas, la rivalidad entre este ministro y la Rei -na Regente desemboca en abierta rivalidad, hasta el punto de tomar el la Regencia de la joven Reina Iabel IIªy partir la Reina al exilio.

En 1840 emigró a Francia con su segundo esposo tras el golpe de Estado del General Espartero y se ocuparon de intrigas que buscaban devolverle el poder a María Cristina en detrimento de Espartero. En Francia había comprado el Castillo de Malmaison. Se encontraba en Paris cuando le llegó la noticia del destronamiento de su hija.

2.1.11. María de las Mercedes de Orleans (Madrid, 24 de junio de 1860 – Madrid 26 de junio de 1878) reina consorte de España, esposa de Alfonso XII.

A pesar de la oposición de Isabel II a la boda, a causa del enfrentamiento que mantuvo con el Duque de Montpensier y de la preferencia del gobierno por un matrimonio con alguna prince-sa europea (una de las candidatas deseadas fue la princesa Beatriz del Reino Unido, hija de la reina Victoria), se impusieron los deseos del rey Alfonso y Mercedes, celebrándose su boda el 23 de enero de 1878. Sin embargo este matrimonio fue breve por la prematuramente muerte de la reina Mercedes a causa del tifus cinco meses después. Falleció en el Palacio Real de Ma -drid, acompañada en todo momento por su esposo el rey Alfonso.

2.1.12 María Cristina de Habsburgo-Lorena (Gross-Seelowitz, Moravia, 21 de julio de 1858 – †Madrid, 6 de febrero de 1929), segunda esposa de Alfonso XII.

Se caso con el rey Alfonso XII al mes de conocerse.. A los nueve, daba a luz una niña llamada María de las Mercedes, primera Infanta heredera hasta el nacimiento de su hermano. Este na -cimiento fue recibido con desconsuelo general. María Cristina no podía hacer más. Pronto que -dó embarazada de la que sería su segunda hija, Maria Teresa.

De pronto, la Reina se enteró de que el Rey se moría. Y comprobó que seguía su vida licencio -sa de siempre, y sufrió horrores. Tenía una hipervitalidad que delataba su enfermedad, pero María Cristina veía sólo vicio y desdén.

La muerte fue rápida y con ella entró Cristina en la Historia de España. Los ministros del Esta -do no estaban al tanto de la situación y se apresuraron a solicitarle la proclamación como Rei -na de su hija mayor. La Reina se opuso advirtiéndoles de su gravidez. La población española espe-raba el acontecimiento con gran ansiedad pues el futuro del país estaba en juego.

E l 17 de mayo, a menos de cinco meses de la muerte del Rey, la Reina dio a luz un varón, Al -fonso XIII. Por primera vez en la historia nacía un Rey de España. Su nacimiento fue recibido con veintiún cañonazos de salva y el clamor popular del agente apiñada en la Plaza del Palacio .

La Reina Mª Cristina se ocupó de la Regencia durante la minoría de edad de su hijo, que asumi -ó y juro la Constitución el 17 de mayo 1902.

Ejerció con gran aplomo y lucidez la Regencia del reinado de su hijo y es sin lugar a dudas uno de los personajes más importantes de la historia de nuestra Monarquía. En 1898, bajo un gabi- nete encabezado por Sagasta, tuvo lugar la Guerra Hispano-estadounidense y la consiguiente pérdida del resto de las posesiones coloniales españolas en América y en Asia tras la firma del Trata do de París a finales de ese año.

Murió en la madruga del 6 de febrero de 1929, cuando su hijo había salido a recibir en la estaci -on del Norte a los Reyes de Dinamarca en visita oficial en España.

2.1.13. Victoria-Eugenia de Battenberg ( 24 de octubre de 1887 - 15 de abril de 1969), nieta de la reina Victoria de Inglaterra, se casó con el rey Alfonso XIII de España.

El 7 de marzo de 1906 la Princesa se convirtió al catolicismo. Esta ceremonia la marcó a vida, con un muy desagradable recuerdo, por las formulas con las que debió hacer la abjuración de la que hasta ese día había sido su religión. Por demanda del pontificado se procedió a bautizar -la enseguida, pese a que ella hubiera recibido ese sacramento por el rito anglicano. La boda se celebró el 31 de mayo de 1906 en la iglesia de los Jerónimos de Madrid. Al salir de la cere -monia, cuando la comitiva se dirigía al palacio Real de Oriente, la carroza de los Reyes fue ata -cada por un ramo de flores bomba lanzado por un anarquista, del cual los soberanos se salvaron milagrosamente, pero que fue una tragedia al terminar con 28 muertos.

El matrimonio tuvo un total de siete hijos, cinco varones y dos mujeres. Con este matrimonio entro en la familia real española la hemofilia cosa de que el rey nunca la pudo perdonar.

La Reina se mantuvo siempre alejada de los asuntos políticos. Tomó en cambio parte en nu -merosas obras benéficas, como la fundación de la Cruz Roja española, Las Ligas contra el Cán-cer y la Tuberculosis.

Tras las elecciones del 12 de Abril de 1931, la Reina partió al exilio con el resto de la Familia Real. A partir de este momento los reyes de España se separan no volvieron a c onvivir nun- ca mas. La reina solo regresaría a España en ocasión del bautizo de su bisnieto D.Felipe.

La Reina murió en Suiza el 13 de mayo de 1969 a los 38 años exactos de su salida de España.

El matrimonio tuvo un total de siete hijos, cinco varones y dos mujeres:

  • Alfonso (Alfonso Pío Cristino Eduardo) (1907-1938), príncipe de Asturias nació hemofíli - co y renunció a sus derechos al trono en 1933 para contraer matrimonio con una plebe- ya, Edelmira Sampedro, Conde de Covadonga desde entonces. Cuando se divorció de su primera esposa, contrajo matrimonio con otra cubana, Marta Rocafort Altuzarra.
  • Jaime (Jaime Leopoldo Isabelino Enrique) (1908-1975), sordomudo como consecuencia de una operación en su infancia, renunció a sus derechos al trono en 1933, nombrado Duque de Segovia y más tarde Duque de Madrid, y que como legitimista, pretendiente al trono de Francia desde 1941 a 1975, fue conocido como Duque de Anjou.
  • Beatriz (Beatriz Isabel Federica Alfonsa Eugenia) (1909-2002)
  • Fernando, nacido muerto en 1910.
  • Cristina (María Cristina Teresa Alejandra) (1911-1996)
  • Juan (Juan Carlos Teresa Silvestre Alfonso) (1913-1993) conde de Barcelona, pretendiente al trono desde 1941 hasta 1977.
  • Gonzalo (Gonzalo Manuel María Bernardo) (1914-1934), nacido hemofílico.

2.1.14. Sofía de Grecia Princesa de Grecia y Dinamarca, nació en Atenas, Grecia, 2 de novi -embre de 1938.

Hija primogénita de Sus Majestades los Reyes de Grecia Pablo I y Federica. Pertenece a una de las casas reales más antiguas de Europa, emparentada con los zares de Rusia, los empe -radores germanos y la reina Victoria de Gran Bretaña.

Sofía residió durante su infancia en Egipto y Sudáfrica, obligada junto a su familia al exilio du- rante la Segunda Guerra Mundial. De regreso a Grecia en el año 1946, cursó estudios en pe - diatría, música y arqueología. El 14 de mayo de 1962 contrajo matrimonio con el entonces príncipe Juan Carlos de Borbón y Borbón, en Atenas en un principio siguiendo el ritual orto -doxo y luego mediante el rito católico. Fruto de esta unión fueron el nacimiento de su hi - jos: Elena el 20 de diciembre de 1963, Cristina el 13 de junio de 1965 y Felipe el 30 de enero de 1968.

Fiel y conservadora en lo que se refiere a su matrimonio y familia. Clara y directa, no duda en expresar sus ideas. Trabajadora incansable, le gusta realizar tareas humanitarias para los que más necesitan. Aparte de los actos oficiales, Sofía se dedica a actividades sociales y be - néficas. La reina es presidente ejecutiva de la Fundación Reina Sofía, y presidente honorari- o del Comité Real para la Educación y Cuidado de los Discapacitados, y de la Fundación de Ayuda a la Drogadicción. Con un especial interés participa personalmente en conferencias y seminarios sobre este tema.

Su ayuda a los menos privilegiados no se limita a resolver situaciones individuales, sino que se extiende también a temas de investigación y a la promoción de iniciativas y acuerdos de cooperación diseñados para evitarlas o paliar sus efectos. Es conocida su afición por la músi - ca. Es miembro honorario de la Academia de Bellas Artes de San Fernando y ostenta el doc -torado honorífico de la Universidad de Valladolid y, junto con el rey, el de la Universidad de Cambrigde.

2.2.: La primera reina consorte no borbónica: María Julia Clary, esposa de José Bonaparte.

Tras el motín de Aranjuez y la posterior detención de Godoy, Carlos IV se vio obliga- do a abdicar a favor de su hijo Fernando VII. Carlos IV se retracta de su abdicación y pide ayuda a Napoleón; por su parte, Fernando VII ante la resistencia de su padre a abandonar el trono, solicita también la ayuda de Napoleón Bonaparte. Napoleón cita a ambos monarcas y por separado en Bayona (Francia).

El resultado fue que El 5 de mayo Fernando abdicó a favor de sus padres y estos a favor de Napoleón.A cambio él y su hijo recibirían varios castillos en Francia y enormes rentas, con las que empezaron un “exilio dorado”. Napoleón decidió entonces entregar el reino a su hermano José Bonaparte . Este llego a España y reino con el nombre de Jose I que estaba casado con:

María Julia Clary, Marie Julie Clary (Marsella, 26 de diciembre de 1771 – Florencia, 7 de abril de 1845). Fue reina consorte de España. Era hija de un rico comerciante de sedas de Marsella (1725-1794) y de Rose Somis (1737-1815), además de hermana de Désirée Clary, reina de Suecia.

Julia Clary no estuvo nunca en España, durante el reinado de su marido permaneció en París defendiendo los intereses de su marido. En España fue apodada "la Reina Intrusa".

El matrimonio tuvo tres hijas:

Julia Josefina Bonaparte (1796).

Zenaida Leticia Julia Bonaparte (1801-1854), casada con Carlos Julio Bonaparte (1803-1857).

Charlotte Napoleón Bonaparte (1802-1839), casada con Napoleón Luis Bonaparte (1804-1831), rey de Holanda durante 1810.

2.3.: María Victoria del Pozzo, esposa de Amadeo de Saboya.

Tras la revolución de 1868 y la salida de la reina Isabel II de España, el nuevo gobierno convocó Cortes Constituyentes, que con una amplia mayoría monárquica, proclamaron la Constitución de 1869, que establecía como forma de gobierno una monarquía constitucional.

Fue elegido como rey D. Amadeo de Saboya hijo del rey de Italia, que lo reunía todo para el cargo: procedente de una antigua dinastía (enlazada con la española) progresista, católico y masón, con licencia secreta del Papa para compaginar religión y masonería. D. Amadeo I estaba casado con:

María Victoria Carlota Enriqueta del Pozzo de la Cisterna (París, 8 de agosto de 1847 – San Remo, 8 de noviembre de 1876). Fue una mujer de exquisita educación y dotada de una espléndida belleza. Intentó sin resultado agradar a sus nuevos súbditos españoles, mostrando un espíritu solidario y abierto que la condujo a protagonizar diversas obras sociales, como la creación de la primera guardería infantil que se abrió en nuestro país.

El matrimonio real se reunió en España en la primavera de 1871, justo cuando los rumores sobre las constantes infidelidades del frívolo Aosta provocaban la sorna en los mentideros de una villa y corte que no aceptaba la imposición de reyes extranjeros. Incluso las clases populares y la rancia nobleza hispana hicieron causa común contra los recién llegados, a los que llamaban despectivamente el Macarroni y la Cisterna.

A pesar de todo, los soberanos intentaron ofrecer una cara amable a esa sociedad que les rechazaba y procuraron dar muestras de cercanía y solidaridad, siendo sobrios y austeros en sus gastos en contraposición a la exagerada pompa que rodeaba a la institución monárquica. La propia María Victoria, quien había elegido su segundo nombre como homenaje a su insigne suegro, se prodigó en actos benéficos y llegó a inaugurar, gracias a su aportación económica, la primera guardería infantil que se abrió en España, dedicada a los niños de las lavanderas que trabajaban en las riberas del río Manzanares.

El reinado de Amadeo I apenas se prolongó dos años. En febrero de 1873 renunció a la corona, según dicen, muy triste por la incomprensión recibida, aunque alentado por su esposa, quien había tenido su tercer hijo Luis Amadeo en esa España que ahora debían abandonar. El matrimonio se instaló en la ciudad de San Remo, donde María Victoria, aquejada de una tuberculosis, falleció el 8 de noviembre de 1876, acaso su último pensamiento voló hacia el reino que no quiso reconocer su innegable dimensión humana.


Tuvo tres hijos con Amadeo:

  • Manuel Filiberto (1869-1913), 2º Duque de Aosta.
  • Víctor Manuel (1870-1946), Conde de Turín.
  • Luis Amadeo (1873-1933), Duque de los Abruzos.

2.4.: El rey consorte, Dº Francisco de Asís rey consorte de España y duque de Cádiz.

Francisco de Asís María Fernando de Borbón y Borbón-Dos Sicilias(Aranjuez, 13 de mayo de 1822 – Épinay-sur-Seine, 17 de abril de 1902), rey consorte de España (1846–1868) y Duque de Cádiz. Es el primer rey no propietario del trono de España en la dinastía borbónica. El matrimonio de D. Francisco de Asís y Borbón con su prima Isabel II reina de España se celebro en la Capilla del palacio Real recibiendo el título honorífico de rey y majestad, además del grado de Capitán General de los ejércitos.

Del matrimonio con su prima Isabel nacieron once hijos, pero sólo cuatro de ellos superaron la niñez: la Infanta Isabel de Borbón (1851–1931), el futuro rey Alfonso XII (1857–1885), la Infanta María de la Paz de Borbón (1862–1946) y la Infanta Eulalia de Borbón (1864–1958). Puede que la consanguinidad de los padres y abuelos influyera en dichas muertes prematuras, aunque la paternidad de estos hijos sea discutida.

El Gobierno de Francisco de Asís de Borbón e Isabel II, produjo alguna que otra desavenencia. A esto se suma las constantes intrigas palaciegas, planes, confabulaciones, complots y toda una serie de artimañas con la única finalidad de separar a los Reyes. Son conocidas las coplas y cuchufletas a costa de la supuesta homosexualidad del rey, algunas de las cuales, publicadas en libelos y gacetas de la época han llegado hasta nuestros días:

“Gran problema es el de la corte averiguar si el consorte Cuando acude al excusado Mea de pie o sentado”

Francisco de Asís pretende hacerse del gobierno; pero Isabel se lo impide; sin embargo el rey consorte exige la salida del amante  y favorito en turno de su esposa; le expresa al ministro Benavides: “Es forzoso que Serrano desaparezca […] ¡Serrano! ¿Sabes lo que es? Un Godoy fracasado. El otro, al menos, para obtener los favores de mi abuela, había sabido hacerse amar de Carlos IV”. Mientras la reina se divertía por su lado, Francisco conocería a su último compañero íntimo: Antonio Ramón Meneses con quien viviría y compartiría absolutamente todo.Se construye así el mito sobre la Reina ninfómanaque ridiculiza a la reina y la distancia más aún de su pueblo. A Serrano le seguirían numerosos amantes que se pelearían la paternidad de los hijos de Isabel II, sin embargo el rey consorte cobraba un millón de reales por pasarlos como suyos.

Epidemias, motines, favoritismos, conjuraciones, corrupción y guerras carlistas provocó la caída de los Borbones en 1868. En mayo de 1870 los reyes se separan; y Don Francisco se va a vivir con Antonio Meneses; quien en 1875 recibiría de Alfonso XII hijo de Isabel II la dignidad de duque de Baños con grandeza de España. El ex Rey de España Don Francisco de Asís de Borbón, vivió el resto de su vida en el destierro, donde fue testigo de la Primera República, del reinado y de la muerte de su hijo Alfonso XII en 1885, y del inicio del reinado de su nieto Alfonso XIII de España tras la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena.

El 17 de abril de 1902 fallecería don Francisco de Asís en su castillo francés de Epinay acompañado de Meneses.

2.5.: Una reina no coronada y madre de rey: Doña María de las Mercedes de Borbón y Orleáns.

Doña María de las Mercedes de Borbón-Dos Sicilias y Orleans(Madrid, 1910 – Lanzarote, 2000).

Fue bautizada en el Palacio Real, siendo sus padrinos la reina María Cristina y el príncipe Jenaro de Borbón Dos Sicilias. Fue la tercera de los cuatro hijos del segundo matrimonio de su padre, el infante don Carlos de Borbón Dos Sicilias. Su madre fue la princesa Luisa de Orleáns, hija de los condes de París. Su padre, en su primer matrimonio, con la infanta María de las Mercedes, hermana de Alfonso XIII, había tenido dos hijos, Alfonso e Isabel, que eran, por tanto, primos hermanos de don Juan de Borbón, su futuro esposo. Su reencuentro con don Juan de Borbón y Battenberg tuvo lugar en Roma, en 1935, a donde los dos habían acudido para asistir a la boda de la infanta Beatriz, hermana de don Juan, con el príncipe Alessandro de Torlonia. El 12 de octubre de 1935 contrajo matrimonio con don Juan de Borbón y Battenberg, príncipe de Asturias y heredero de Alfonso XIII por las renuncias de sus hermanos mayores a la sucesión dinástica, en la basílica de Los Ángeles en Roma. El matrimonio tuvo cuatro hijos: Pilar, Juan Carlos, Margarita y Alfonso, que moriría en accidente en 1956, en Estoril. Al finalizar la contienda se trasladaron a la localidad portuguesa de Estoril, donde don Juan y doña María de las Mercedes residieron hasta su traslado a Madrid, en 1976, ya reinstaurada la monarquía en España en la persona de su hijo Juan Carlos. Durante su exilio visitó varias veces España. En 1968 volvió, esta vez a Madrid, con motivo del bautizo de su nieta Elena, hija mayor del rey Juan Carlos y la reina doña Sofía. El 14 de mayo de 1977, don Juan renunció a sus derechos dinásticos en favor de su hijo, don Juan Carlos, conservando para él y para doña María de las Mercedes el título de condes de Barcelona. Regreso a España en 1985.









ANEXO I

RETRATOS DE LOS CONSORTES REALES

Casa de Borbón


Mª Luisa Saboya Isabel Farnesio Isabel Orleans

  Barbará Braganza Amalia Sajonia Mª Luisa de Parma

Mª de Nápoles Isabel de Portugal Mª de Sajonia

Mª Cristina Mª Mercedes Orleans Mª Cristina de Habsburgo

Victoria Eugenia Sofía de Grecia

Francisco De Asís Mª Mercedes de Orleans

Casa Bonaparte

Dinastía de Saboya

Mª Victoria del Pozzo

Capítulo Tercero:

El papel de la reina como parte de la institución.

3.1.: Definición de la reina según la ley.

La legislación regula sobre cuestiones de sucesión, funciones y cualidades del rey, no diciendo nada sobre la reina excepto los de su propio rol de género. Solamente se hace una cierta definición de reina en la segunda partida, en el capítulo que hace referencia en los títulos que hace referencia a los soberanos, ya que en esta época era de necesidad definir lo que era un rey y una reina, sus cualidades y sus tributos.

En estas partidas, en referencia a la reina solo hacen referencia a ella en cuando su cometido en su rol de sexo-genero y su relación con el rey. Se pone de manifiesto que la función de la reina es la de ser:” la esposa del rey y madre de sus hijos” y en consecuencia se dice que las cualidades que ha de tener la reina han de ser de buen linaje, buenas costumbres y riqueza. Se recogen en estas partidas que el rey honrara, amara y guardara a su mujer como base de su matrimonio.

Desde la publicación de las Siete Partidas se ha escrito muy poco sobre lo que es una reina, excepto en el tema de sucesión así como en el caso de regencia.

En la actualidad la definición de la reina según el real Diccionario de la lengua es: 1. f. Esposa del rey.

2. f. Mujer que ejerce la potestad real por derecho propio.

En la actual constitución de 1978 no se recoge ninguna definición explicita para la reina salvo la de ser la esposa del rey.

3.2.: Atribuciones de la reina.

Ser reina es un destino extraordinario para una mujer en cualquier época y también en la España de la edad moderna. Sólo hubo en la Monarquía española de ese periodo diecisiete mujeres que fueron reinas. Frente a millones de mujeres, eran un grupo muy reducido, pero alcanzaron gran poder e influencia. Con el factor añadido de que, a pesar de su excepcionalidad, constituyeron un punto de referencia para las demás mujeres. Reinas que lo eran por sí mismas, a las que se denominaba como «reinas propietarias», hubo sólo dos en la edad moderna, las dos al comienzo de dicha época, en el paso del siglo XV al siglo XVI, Isabel I (1451-1504) y su hija Juana I (1479-1555). Las demás fueron reinas consortes, quince en total.

Las atribuciones de las reinas consortes eran la de ser la esposa del rey, la madre de sus hijos y del futuro monarca.

Primero, trataremos la atribución de la reina propietaria: En la edad moderna la organización del poder y de la sociedad era por excelencia la monarquía. El gobierno de uno solo, que era fundamentalmente un varón, pero que en algunos casos podía ser también una mujer, como sucedía en España en los primeros siglos modernos, donde podían reinar las mujeres hasta la introducción de la ley Sálica a principios del siglo XVIII, después abolida en el siglo XIX. En cualquier caso, la figura femenina debía existir de manera asociada, pero ineludible: como reina consorte, la esposa del rey. Si la característica de la monarquía era la continuidad, la reina desempeñaba un papel esencial como madre del futuro rey.

Las reinas propietarias eran las reinas por excelencia. Eran reinas por derecho propio, su poder procedía de ellas mismas. Sin embargo, la figura de la reina siempre fue vista en la época moderna como un mal menor. Los valores de la sociedad patriarcal alcanzaban también al trono. Se prefería siempre al hombre por encima de la mujer, mucho más cuando se trataba de una posición de la más alta responsabilidad como era la realeza, encargada de gobernar y dirigir la sociedad. En las normas de sucesión se preferían los varones a las mujeres. Sólo cuando no existía un varón en la familia real para heredar el trono, los intereses dinásticos pasaban por encima del problema que suponía para la mentalidad de la época el que una mujer encarnara la Corona. En el paso de la edad media a la edad moderna existía sobre el tema una gran polémica. En los reinos españoles no existía unanimidad.Pero la reina, especialmente la reina propietaria, era una figura compleja y podía ser hasta contradictoria. Incluso aunque las reinas lograran ocupar el trono y hacerse con el poder que les correspondía legalmente, podían ejercerlo o no ejercerlo. En la España moderna se dieron los dos ejemplos extremos, Isabel y Juana. Isabel lo ejerció en plenitud y de manera ejemplar, con decisión, con energía; será el modelo de reina por excelencia en la historia de España. Juana apenas lo ejerció y su caso constituirá un modelo negativo. La hija ya hubiera tenido muy difícil resistir la comparación con la madre, grande en vida y mucho más después de muerta, pues se convirtió inmediatamente en un mito, fueran cuales fueran sus cualidades para reinar, tanto para encarnar la realeza como para ejercer el gobierno. Pero sus problemas mentales y la dura competencia que le hicieron los varones de su propia familia hicieron muy difícil su vida e imposible su reinado.Siglos después, la otra reina propietaria de la monarquía española, Isabel II, fue igualmente un modelo negativo, que contribuyó a dividir la nación y perdió el trono. Su reinado, comenzado cuando todavía era una niña, abrió grandes perspectivas y esperanzas de modernización social y política para la monarquía y para la nación, pues ella encarnaba la causa del liberalismo. Sin embargo, pronto se desvanecieron las esperanzas. El reinado de Isabel II transcurrió bajo el signo de la división y el enfrentamiento, primero las luchas entre liberales -isabelinos- y absolutistas -carlistas-, después entre liberales moderados y liberales progresistas, finalmente entre monárquicos y republicanos. Sin ser responsable de todo lo malo que sucedió en su tiempo, su conducta como reina no estuvo a la altura necesaria. No logró superar las divisiones y discordias, incluso en ocasiones contribuyó a ellas, y acabó perdiendo el trono en 1868.

En cuanto a las atribuciones de las reinas consortes era ante todo la de ser la esposa del rey siendo un apoyo para él y en pilar en su reinado, representándolo en los actos que este delegase en ella para que le representara, trabajar y apoyar a instituciones benéficas. Pero como primera atribución de la reina estaba la de ser madre de los hijos del rey ya que se puede considerar como la mayor atribución de la reina la de dar un descendiente a la sucesión de la corona.

A partir de la constitución de 1812, se empieza a escribir cual debe ser el papel del la reina o rey consorte:

“disponer en su artículo 184 que "En el caso de que llegue a reinar una hembra, su marido no tendrá autoridad ninguna respecto del Reino, ni parte alguna en el Gobierno". Casi en idénticos términos se pronunciaron las Constituciones, liberales o conservadoras, del siglo XIX. La de la Restauración, de 1876, por ejemplo, disponía que "Cuando reine una hembra, el Príncipe consorte no tendrá parte ninguna en el Gobierno del Reino"

En nuestra constitución se consagra en lo referente a la reina o rey consorte:

“Se consagra por la Constitución la prohibición del ejercicio de toda función constitucional al consorte o Reina consorte; funciones constitucionales que hay que entender referidas a la Corona, que son las que legítimamente corresponden a su ámbito de competencias.
- No cabe, por tanto, ni que la Reina consorte -o el consorte de la Reina- asuma tales funciones constitucionales por la vía de los hechos, ni que lo haga formalmente por encomienda o delegación del titular de la Corona, de la persona que ostentase la Jefatura Estado.
- Los actos que , realizasen el consorte de la Reina o la Reina consorte, al estar privados de toda legitimidad por la prohibición constitucional serían, nulos
- Ante la extrema parquedad del precepto constitucional, hay que entender que funciones constitucionales del Rey -y que, por tanto, escaparían de la órbita de actuación de los consortes- serían, en principio, las enumeradas en los artículos 62 y 63.
- En cuanto a las funciones representativas, es más que discutible que su desempeño esté vedado absolutamente por el artículo 58 a la Reina consorte o al consorte de la Reina. De hecho, la práctica ha demostrado que es en este ámbito donde la Reina consorte encuentra mayor libertad de actuación. La Reina asiste y desempeña su papel en numerosos actos oficiales, actividades sociales, culturales y benéficas, con lo que asume así una función representativa, bien que sea en el ámbito interno. Porque la más alta representación del Estado español en el ámbito internacional, a la que se refiere el artículo 56 de la Constitución, sí debe corresponder en exclusiva al Monarca.

Pero como no hay regla sin excepción, también contempla una el precepto que comentamos: la interdicción del ejercicio de funciones constitucionales es absoluta "salvo lo dispuesto para la Regencia"; tal excepción, aunque bienintencionada, si no es errónea, sí al menos, es inexacta. Porque no necesariamente el consorte o la Reina consorte asumirán las funciones de la Regencia para el caso de Rey menor o inhabilitado. La Regencia no corresponde, a tenor del artículo 59, al consorte del Rey o a la Reina consorte, sino al padre o madre del Rey menor -que puede no coincidir con aquéllos- y, para el caso de inhabilitación, al Príncipe heredero si fuese mayor de edad. La salvedad sólo tiene sentido, pues, en el caso de que el consorte -o la Reina consorte- fuese progenitor del Rey menor o figurase entre las personas llamadas por las Cortes Generales para ejercer la Regencia, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 59.3.

3.3.: La casa de la reina.

Hasta mediados del siglo XVIII existían las Casas del rey y de la Reina pero mediante decreto Carlos III las unifico creando una solamente que puedan prestar función y servidumbre a todos los miembros de la familia real.

La Casa de la Reina encuadraba a todos los cargos y oficios inherentes a las necesidades pública , privada y religiosa de la reina influyendo toda la gente necesaria en el menester de ofrecerle sus servicios tanto para lo personal, profesional y/o en sus ratos de entretenimiento. El análisis de las reinas, así como de otros aspectos de la vida en la Corte (como la etiqueta real), permite vislumbrar el papel que jugaron los grupos sociales que rodearon a las reinas, así como la interrelación entre éstas y sus criados y criadas. La profundización en el estudio del ceremonial y etiqueta en la Casa Real española, así como en los antecedentes, institucionalización y composición de la Casa de la Reina, revela la importancia que esta organización tiene en el ámbito de la monarquía moderna, y específicamente en el control de los roles políticos y simbólicos de las soberanas españolas.

Se constituían unas organizaciones regidas por unas normas muy concretas, las de la etiqueta real, en las que cada componente tenía unas normas y funciones muy específicas con una jerarquía muy marcada. Se puede decir que se constituían las Casas De la Reina ya que las princesas europeas se movían por toda Europa para contraer matrimonio y al rodearse de gente extraña y de costumbres diferentes, la reina se llevaba consigo al personal de su casa para hacérsele menos extraño esta nueva situación. También al Casa de la Reina se conformaba como una plataforma política de primer grado siendo utilizadas por las reinas en su propio beneficio.

En la época de los Habsburgo y después de los Borbones la casa de la reina estaba casi compuesta en su totalidad por miembros de la familia de la reina ya que como hemos dicho, la casa de la reina era una plataforma política de la cual se podía acceder muy fácil al rey y esta era la mejor manera de proteger y mantener los privilegios políticos de la reina.

El servicio femenino de la reina ejercían sus funciones por turnos y estaban compuestos de :

  • Camarera mayor.
  • Damas de compañía.
  • Las dueñas de honor.
  • La guarda mayor de damas.
  • Las dueñas de retrete.
  • Las lavanderas.
  • Mujer de servicio.

El personal masculino se encargaba del resto y estaba compuesto por:

  • Servicio de la capilla.
  • Mayordomo mayor.
  • El encargado de la salud de la reina y del resto de la servidumbre.
  • Servicio de comidas, bebidas y personal de cocina.
  • Cerero mayor.
  • Tapicero mayor encargado de los tapices.
  • Personal de caballerizas.
  • Escuderos, sillador y herreros.
  • Lacayos y criados de librea.
  • Personal de furriera (personal de limpieza, llaves de palacio).
  • Aposentador real y guardan de las damas.
  • Secretario y veedor.
  • El guardajoyas y el guardarropa.
  • El ujier de la cámara cuya misión era que solo pasara el personal autorizado para entrar a estas dependencias.

ORDENANZAS DE LA CASA DE LA REINA DOÑA ANA DE AUSTRIA, ESPOSA DE FELIPE II

En la cámara del estrado de la Reina podrán entrar a las horas convenientes, y estando la Reina en ella, el dicho Mayordomo mayor y Caballerizo mayor y los mayordomos de la Reina, y mis mayordomos , y los de mi Cámara, y el Ayo de los Príncipes, y los de su Cámara, con tanto que los susodichos ni ninguno de ellos no se pongan con dama, pero de esta Cámara adentro no ha de entrar ninguno, sino sólo el dicho Mayordomo mayor de la Reina cuando fuere necesario, y el Capellán que hubiere de decir misa cuando ella la quisiere oír en su oratorio y el mozo de Capilla y los guardadamas, y estos por la orden y a las horas que le señalare el dicho Mayordomo mayor y no otra ninguna, y en el oratorio no se ha de decir más misa de la que hubiere de oír la Reina cuando no quisiere subir a la tribuna , y la Camarera mayor dará orden a los Reposteros de camas de la hora a que se ha de hacer la de la Reina.

Cuando la Reina desde su aposento fuere a misa o a vísperas a la sala grande podrán ir con ella el dicho Mayordomo mayor y Caballerizo mayor, y los mayordomos y el Ayo de los Príncipes y cualquiera de mis mayordomos que se halle presente, y todos saldrán a la Capilla a oír los Divinos Oficios sin quedar ninguno en la sala excepto el dicho Mayordomo mayor que cuando yo oyere misa juntamente con la Reina podrá quedar de la parte de adentro de la sala , y cuando la Reina oyere misa sola en aquella Capilla podrá el dicho Mayordomo mayor quedar a la parte de afuera en su silla como es costumbre, y acabados los dichos oficios las dichas personas podrán volver con la Reina y no otra alguna; y si después que la Reina hubiere ido de su aposento a la sala a los dichos oficios viniere a su aposento alguno de sus Mayordomos no irá por el aposento de la Reina a la Capilla, sino que se vuelva a ella por los corredores; y cuando la Reina oyere los Divinos Oficios en la sala no han de salir allí con ella a oírlos las Dueñas de Retrete y Mozas de Cámara, pues tienen tribuna de donde los pueden oír.

Cuando la Reina quisiere bajar al cuarto de las Infantes por la escalera retirada bajará con ella el dicho Mayordomo mayor si estuviere allí, y no otro hombre alguno.

Cuando la Reina quisiere que los Príncipes dancen con las Damas en su cámara no entrará allí sino el dicho Mayordomo mayor de la Reina, y por su ausencia o impedimento el Mayordomo semanero y el Ayo de los Príncipes y no otro alguno.

Cuando los Príncipes fueren al aposento de la Reina, si la Reina estuviere en la Cámara del Estrado podrá entrar allí con ellos su Ayo, pero si la Reina estuviere más adentro a la puerta de la dicha Cámara del Estrado se quedarán todos los que fueren con los Príncipes porque en la dicha Cámara no ha de entrar ni estar ninguno no estando allí la Reina. Cuando la Reina Comiere o cenare retirada en la Cámara que está más afuera de la del Estrado podrán entrar a la comida los grandes y los oficiales de boca y el aposentador mayor y caballerizos de la Reina y mis Mayordomos y los de mi Cámara y los hijos mayores de grandes con licencia, con tanto que ni los unos ni los otros a las comidas y cenas no se pongan con las damas; y algunos días comiendo la Reina en la dicha Cámara podrá haber puerta y la bendición de la mesa en estas comidas podrá echar el Limosnero ayudándole el Capellán que hubiere dicho la misa para lo cual no ha de entrar otro alguno.

Cuando la Reina fuere a algún monasterio, iglesia o capilla, el dicho Mayordomo mayor, y en su ausencia el semanero, tendrán cuidado que se pongan cortinas, porque no es razón que estando la Reina fuera de las cortinas se ponga banco de grandes ni asiento a nadie.

Cuando la Reina quisiere enviar algún recado lo mandará al dicho Mayordomo mayor para que él le dé y ordene al que le hubiere de llevar.

Los Bureos tendrá el dicho Mayordomo mayor con intervención y asistencia de los otros Mayordomos y oficiales de la Reina que suelen hallarse en ellos, y en el dicho bureo han de jurar los Mayordomos y Caballerizos y Aposentador Mayor, y todos los más criados de la Casa, excepto los oficiales de la Caballeriza que habiéndoseles dado título de sus oficios les tomará juramento el Caballerizo mayor y los dichos títulos ha de señalar también el Mayordomo Mayor como los demás.

Cuando la Reina hubiere de ir fuera y se pusiere en acá, coche o litera o se apeare no llegará el Mayordomo mayor ni el Caballerizo mayor ni otro alguno a su persona a concertarla la ropa ni otra cosa, sino sola la Camarera mayor, y en su ausencia la Dueña de honor que le llevare la falda, y siendo necesario tomar las tablas, recibirlas a él Caballerizo mayor del oficial a cuyo cargo estuviere el portarlas y llamará al Mayordomo mayor y le dará la una parte de las tablas con el lugar que esta haría la cabeza del caballo para que teniéndolas así entrambos se ponga la reina en ellas, y por ausencia o impedimento del dicho Mayordomo mayor dará las tablas el dicho

Capítulo Cuarto:

Papel de las reinas como esposas, madres y viudas.

4.1.: La reina como consorte y madre.

La reina será ante todo, como la inmensa mayoría de las mujeres de la época moderna, esposa y madre. Pero la reina no será una esposa o una madre cualquiera, será esposa del rey y madre del futuro rey.

A través de los discursos funerarios de las reinas podemos descubrir las cualidades físicas como morales que se les exigían. La primera cualidad era que fueran de alta cuna y de sangre real. Otra cualidad que se las exigía era que fueran católicas ya que era impensable que un rey católico de España se casara con una princesa protestante.

También se les entendía como una cualidad, su hermosura física ya que se creía que esta hermosura iba ligada con su rectitud moral y su virtud, virtudes que las suponían una superioridad sobre sus súbditos.

Por otra parte, en la monarquía católica, una de las virtudes más preciadas de la reina era su devoción y piedad, inherentes a su honestidad. El amor al rey era el amor a Dios. En la agenda diaria de la reina siempre estaba la oración, el recogimiento, la confesión y la visita a iglesias y monasterios.

En la época moderna las mujeres se casaban generalmente muy jóvenes. En el caso de las familias reales todavía más, pues asegurar la sucesión era esencial y cuanto más joven fuera la esposa, más posibilidades existían de tener hijos, de tenerlos pronto y de tener muchos. Ser esposa amante y casta era deber primordial de una reina. De una reina se daba por supuesto una conducta intachable en temas sexuales, debía ser absolutamente fiel a su esposo el rey. Si esto era esencial en toda mujer cristiana, mucho más en el caso de una reina, por la importancia que tenía para la dinastía garantizar estrictamente que el rey sería el padre de sus hijos y también por razones de ejemplaridad moral. No hubo reproche alguno en ese sentido para las reinas de la España moderna, salvo para María Luisa de Parma, que fue acusada de infidelidad, atribuyéndole amores con el favorito Godoy. Los matrimonios reales no siempre eran acertados ni felices. Las reinas, como los reyes, debían casarse por razón de estado, no por amor. Sin embargo, en algunos casos los matrimonios acabaron por convertirse en matrimonios de amor.

Aunque debía cumplir con el papel de compañera fiel de su marido, en su calidad de esposa del rey su deber principal era dar continuidad a la Corona, dar un hijo a su esposo, un heredero al trono, cuestión esencial porque la continuidad era característica esencial de la Monarquía, de ahí que la fecundidad de las reinas fueran entendidas como una bendición.No bastaba con tener un hijo, el ideal era tener una familia numerosa, para asegurar la continuidad de la monarquía contra cualquier azar. La alta mortalidad infantil acosaba a todas las familias, también a las de la realeza. El resto de los hijos, especialmente las infantas, cumplían la importante misión de contribuir a extender y reforzar las redes dinásticas y diplomáticas, por lo que muchos de ellas acabaron ocupando tronos en otros países. Gracias a todos estos matrimonios de estado existían estrechos vínculos y que unían a las diferentes familias reales europeas, hasta crear un selecto y privilegiado núcleo dirigente, como una gran familia que reinaba en Europa y en gran parte del mundo.

La capacidad de engendrar a las reinas las aportaba un inmenso capital simbólico y su poder se aumentaba una vez que se quedaba embarazada. Asegurar la continuidad de la dinastía hacia que se perpetuara la memoria de la reina a través de sus hijos. Se intentaba averiguar, antes del matrimonio, si la futura reina era capaz de engendrar mirando la facilidad de engendrar de sus ascendentes, para no frustrar uno de los fines del matrimonio que es el de dar un heredero al rey. Cumplir ese deber primordial estaba por encima de cualquier otra consideración, incluso del riesgo de su salud y de su vida. Fueron varias las reinas que murieron como consecuencia de malos embarazos o malos partos, como sucedió con la emperatriz Isabel, Isabel de Valois y Margarita de Austria. Si la reina no conseguía tener un hijo se consideraba que había incumplido su principal deber y generalmente se la culpaba a ella, independientemente de la responsabilidad verdadera del problema, intentándose incluso llegara repudiarlas sin llegar a pensar que el problema podía estar en el rey como ocurrió con el último rey español de la casa de los Austrias.

4.2.: El papel de la reina como viuda.

Según se creía en la época de las primeras reinas borbónicas, la mujer moría en parte con la muerte del marido y más si era el rey.

Hasta el siglo XVIII, no se observa que las reinas sobrevivieran a los reyes ya que en los siglos anteriores era el rey el que sobrevivía las reinas y que estos volvían a contraer nuevas matrimonios, aunque estas segundas esposas murieran antes que ellos también.

La viudez era un drama para las reinas ya que, si al casarse con el rey se convertían en reinas al morirse estos dejaban de serlo o por lo menos de reinas consortes. Las reinas morían antes como símbolo e institución que como mujeres. Las reinas una vez viudas se quedaban en una situación compleja pero esta se volvía aun peor si no habían dado al rey un heredero como es el caso de Dª Luisa Isabel de Orleans,esposa de Luis I, que tras quedar viuda en 1724, después de un reinado cortísimo de ocho meses, vivió retirada en Madrid y en 1725, al fracasar el proyecto de boda de Luis XV con la infanta española María Ana Victoria, fue devuelta a Francia, donde vivió sola, enferma y empobrecida hasta su muerte en 1742.

Todas las reinas sentían gran preocupación y a veces auténtico temor a esa situación en que quedaban. Pasaban de ser el centro de todo a quedar más o menos marginadas y olvidadas.

La esterilidad significaba la muerte en vida como penitencia a su incapacidad de dar un heredero al trono. Bien distinto es el caso de las reinas que han sido madre de Príncipes de Asturias e Infantes ya que se las tenía un trato especial por este motivo y que a partir de la muerte del rey se dedicaban al cuidado y educación de los hijos de este conservando un estatus especial en la corte.

La reina viuda debía de retirarse de la corte, se esperaba de ellas un comportamiento honesto y recatado así como vivir en un conveniente retiro. La principal obligación de la reina viuda además de la de cuidar y educar a sus hijo era la de honrar la memoria del rey con acatamiento y veneración interior.

Se creía que el mejor estado de la reina viuda seria que ingresara en un convento o que se dedicara por completo obras de caridad, cuidado de enfermos, asistencia a los más necesitados así como el de ayudar a otras viudas pobres para compartir su dolor y sentimiento.

Se debían de rodear de servidumbre y corte por personas de intachable moral que la evitasen las malas conductas y los malos pensamientos. Debían dedicarse a visitar conventos e iglesias, a rezar, a realizar votos así como el de llevar luto en señal de duelo por la pérdida del rey.

4.3.: La reina como gobernadora por regencia.

Las reinas consortes tuvieron poco o mucho poder, pero siempre de manera delegada o indirecta, gracias a su esposo el rey o a través de él. El poder de las reinas consortes procedía del rey, en cuanto esposas o en cuanto madres, era un poder compartido o delegado. Cuando ejercían el poder lo podían hacer de una manera formal e institucional, las reinas gobernadoras o las reinas regentes, o bien de una manera informal, no institucionalizada, que podríamos denominar «influencia», pero una influencia que daba mucho poder.

En ausencia del rey, las mujeres se ocupaban del gobierno, pero sin salirse de sus atribuciones de género pues lo hacían desde su papel de mujeres o madres.Muy significativo es el papel de reina gobernadora, que desempeñaron varias reinas consortes durante las ausencias del reino de sus maridos los reyes. Primera cronológicamente y una de las principales fue la Emperatriz Isabel, que actuó en varias ocasiones como reina gobernadora durante los viajes de Carlos V. Por disposición del Emperador, gobernó con prudencia Castilla durante las ausencias de Carlos, que fueron largas. En el siglo XVIII, por disposición de Felipe V, desempeñó ese papel María Luisa Gabriela de Saboya, mientras el rey acudía al campo de batalla durante la guerra de Sucesión. También ejerció como reina gobernadora Isabel de Farnesio, por disposición testamentaria de Fernando VI y por poderes de su hijo Carlos III, durante el tiempo en que el nuevo rey viajaba desde Nápoles a Madrid en 1759, para ocupar el trono español.

En la era de las reinas borbónicas han existido dos reinas regentes:

-1ª Regencias de María Cristina (1833-1843):

Ante la minoría de edad de Isabel, María Cristina de Borbón asumió la Regenciaa la muerte de su marido Fernando VII en 1833. Pese a que la Regente no se identificaba con su ideario, los liberales se configuraron como la única fuerza capaz de mantenerla en el trono. Así, Maria Cristina llamó a Martínez de la Rosa, un liberal moderado, a formar un gobierno que hiciera frente a la insurrección carlista. Martínez de la Rosa emprendió una serie de reformas muy moderadas. Entre ellas destacó el Estatuto Real en 1834.

Se establecieron unas Cortes bicamerales formadas por la Cámara de Próceres, constituida por los Grandes de España y otros designados de forma vitalicia por el monarca, y la Cámara de Procuradores, elegida mediante un sufragio censitario muy restringido. Solo  los varones de más de treinta años que poseyeran una renta superior a doce mil reales anuales.
Estas Cámaras tenían funciones muy limitadas. El monarca mantenía importantes poderes: podía convocar y suspender Cortes cuando quisiera y cualquier ley, además de la aprobación de las Cámaras necesitaba el consentimiento del rey (derecho de veto)

La oposición de la Regente a la Ley de Ayuntamientos de 1840 (elección alcaldes y concejales) , unido a diversos problemas ligados a la vida privada María Cristina la forzaron a renunciar y a marchar fuera del país. En su ausencia se nombró a un nuevo Regente: el General Espartero (1841-1843).

Grabado de la reina regente junto a su hija Isabel, el día de su jura como regente


-2ª Regencias de María Cristina de Habsburgo (1885-1902):

Tras la repentina muerte del rey Alfonso XII, el día 30 de diciembre de 1885 la reina Mª Cristina jura la constitución como Regente de España. La reina es madre ya de dos infantas y está embarazada de su tercer hijo. El día 17 de mayo de 1886 la reina regente da a luz a un hijo póstumo del rey, Dº. Alfonso XIII proclamado Rey a su nacimiento hasta cuando cumplió 16 años que asumió los poderes. Hasta ese momento ejerció la regencia su madre.

A la muerte del rey Dº. Alfonso XII se firmo El Pacto de El Pardo, nombre periodístico de una reunión que ni fue pacto ni se celebró en El Pardo, sino que tuvo lugar en Madrid, en el magnífico edificio de la Presidencia del Gobierno, y en la que el General don Arsenio Martínez Campos, don Antonio Cánovas del Castillo y don Práxedes Mateo Sagasta, estos dos últimos líderes de los partidos conservador y liberal respectivamente, llegaron a la conveniencia de que ambos se alternasen en el Gobierno, lo cual procuró durante la regencia de la Reina viuda un periodo de calma interna y, con toda seguridad, la salvación de la institución monárquica en nuestro país, y consiguiendo ella trocar con su comportamiento la frialdad con que fue recibida por los españoles por un sincero respeto y afecto. Por el contrario, en esta etapa de nuestra historia se perdieron los escasos restos del Imperio. Estallaron insurrecciones en Cuba y las Filipinas; la confrontación con los Estados Unidos significó la pérdida de Puerto Rico y multitud de islas, entre ellas la de Guam, y se cedió a Alemania los archipiélagos de Palaos, las Carolinas y las Marianas. Todo este desastre produjo un estado de postración nacional y la desaparición de la otrora poderosa influencia española en el devenir del orbe. Sin una injerencia significativa en los asuntos de gobierno durante los 17 años que transcurrieron hasta la fecha en que su hijo juró la Constitución, María Cristina de Habsburgo-Lorena tuvo un comportamiento muy profesional y, diríamos, absolutamente aséptico en lo político, aunque siempre denotó preferencias por Sagasta. Dedicada a obras de beneficencia y observando un riguroso segundo plano como Reina madre, falleció en Madrid el 6 de febrero de 1929.

En una regencia por minoría de edad, la reina madre se convertía en la regente más aconsejable ya que se condición de madre es la que mejor defendería el trono de su hijo. Independientemente de que una reina ocupara los cargos de gobernadora o regente, la reina era siempre poderosa, en mayor o menor grado. El poder de la reina, propietaria o consorte, se transmitía por la sangre y el linaje, lo tenía la reina como reina o como hija de rey, esposa de rey o madre de rey. El poder estaba en la familia, en la dinastía. Pero no era sólo cuestión de sangre, sino también de ambiente. La reina no tendría sentido de manera aislada, de igual manera que no puede existir sino como eslabón de la dinastía, su entorno necesario era la sociedad cortesana. Y en la corte el poder estaba en el aire. Y en ese mundo donde el poder circulaba constantemente, la reina desempeñaba un papel trascendental, como fuente de poder si era la reina propietaria y como medianera entre el rey y todos los demás cortesanos y vasallos si se trataba de una reina consorte. La reina recibía, reflejaba, transmitía y distribuía ese poder, en forma de influencias, cargos, mercedes y gracias de todas clases. El poder corría por las venas de la reina y flotaba en el aire que respiraba.

Jura de la constitución como regente la reina María Cristina de Habsburgo

Capitulo quinto:

Matrimonio Real:

5.1.: El Matrimonio de la elite. Carácter económico y jurídico.

El matrimonio era principalmente un acto jurídico pero con unos componentes muy importantes por las aportaciones económicas que hacían las familias para la creación del nuevo hogar. Dichas aportaciones eran de carácter económico y material ( las arras y la dote) que fueron cambiando a lo largo del tiempo por los cambios sociales que se efectuaban. Los acuerdos prematrimoniales garantizaban que los cónyuges mantenían su estatus social al que tenían antes de casarse.

ARRAS: Las arras eran la aportación que el novio realizaba a la novia en el momento de casarse como muestra de compromiso y , que en caso de quedarse viuda pudiera subsistir. Normalmente era el diez por ciento del patrimonio del marido.

DOTE:Es la cantidad de dinero que la mujer aportaba al matrimonio para que el marido costease los gastos de esta. Esta cantidad de dinero era siempre de la mujer aunque la administrara el marido y en caso de divorcio ella la volvía a recuperar íntegramente.

En el matrimonio de las reinas e infantas de España, el régimen de matrimonio era el de la separación de bienes, quedando para ellas el dinero y bienes que aportaban al matrimonio. El rey tenía la obligación de pagar su sustento así como sus gatos personales, los de su casa y servicio personal.

En las capitulaciones matrimoniales siempre quedaba reflejado que en el caso de divorcio o viudez de la reina, esta se quedaría con la dote y arras aportadas al matrimonio asi como los regalos recibidos por su esposo. En el caso de viudez, se reflejaba ya antes del matrimonio la cuantía económica que esta recibiría.

5.2: Ritos y Ceremonias Nupciales.

Los aspectos económicos se compaginaban con las fases del matrimonio, era necesario la presencia de un cura y la publicación del matrimonio en tres misas en las parroquias de los contrayentes. Él matrimonio se podía dividir en tres fases:

5.2.1: Los esponsales: es el acto mediante el cual ambas partes se obligaban a contraer matrimonio mediante un compromiso reciproco. En este acto las familias sellaban el compromiso, fijaban la dote y las arras. Se podía realizar años antes del matrimonio e iba acompañado de celebraciones familiares y religiosas pero sin ningún carácter legal. El momento especial, era en el cual el novio entrega el anillo de compromiso a la novia, empezando aquí el noviazgo.

5.2.2: Los desposorios: es el acto anterior al del matrimonio canónico. En este acto la pareja rectificaba los acuerdos alcanzados por sus familias mediante contrato y en presencia de un notario.

Es en este acto en el que los novios dan la palabra de “si quiero” o “de consentimiento”. Este acto va acompañado del sacramento canónico. Este acto pasado los años y con la dispensa papal, dio fruto a los matrimonios por poderes siendo muy solicitado entre los reyes que se casaban con princesas extranjeras.

5.2.3: Las velaciones: era el sacramento canónico que seguía a los de los esponsales y los desposorios. Era una celebración eucarística en la que a los novios con un velo blanco en la misa nupcial. En los matrimonios por poderes esta era el momento en el que se conocían los novios

5.3: Fases del Matrimonio Real:

Las bodas de la realeza estaban compuestas por las tres partes anteriormente citadas. Las dos primeras siempre se efectuaban en el país de la princesa y para ello el rey escogía a un grupo de servidores para llevar a cabo las negociaciones y el posterior matrimonio por poderes.

Una vez obtenido el acuerdo, se celebraba una misa en la cual se leían las capitulaciones , se firmaban y en dicha misa se bendecía la unión. En este momento la princesa se convertía en reina y una vez la noticia llegaba a oídos del rey, este ordenaba que en ciudades y pueblos se diesen misas para celebrar la unión. Pero para que los desposorios fueran oficiales se debía dar el hecho de consumar el matrimonio, por lo cual el enviado del rey se tumbaba junto a la nueva reina en su cama y es en este momento cuando se dice que el matrimonio se ha consumado.

Una vez hecho esto comenzaba el viaje de la reina hacia su nuevo país. Iba acompañada por los enviados dl rey así como por su sequito que luego pasaría a formar parte de su casa. Los gatos hasta la frontera los pagaba la familia de la nueva reina. Una vez en la frontera se hacia el acto de entrega y desde ahí los reyes partían hacia la corte.

Una vez en la corte, se celebraba una misa con eucaristía para dar solemnidad al matrimonio, es una misa nupcial de ratificación del matrimonio. De ahí los reyes se dirigían al banquete que duraba varios días entre los que se incluían festejos asi como fiestas en todos las ciudades del reino.

También es importante la consumación del matrimonio entre los reyes, ya que con este acto casi público se pone final al rito del matrimonio.

Capitulo sexto:

El embarazo y parto de las reinas.

6.1.: Anuncio del embarazo.

La gestación era uno de los momentos más especiales de la monarquía, pues su buen desarrollo y término dependía la continuidad de la dinastía.

Cuando se tenía certeza del embarazo de la reina se hacía público pero antes el rey se lo comunicaba a los ministros y cortesanos.

El de mayor entusiasmo fue el primer embarazo de Mª Luisa de Saboya pues hacia cuarenta y siete él años que los ciudadanos españoles no tenían un comunicado de embarazo real. Se concedió un indulto general replicaron las campanas de todas las iglesias de Madrid y los cortesanos y súbditos se concertaron en las puertas de Palacio Real para aclamara los futuros padres. Los anuncios de embarazo se anunciaban a las tres faltas de la reina.

Los embarazos reales alcanzaban una gran repercusión tanto de júbilo como política, ya que significa la continuidad de la dinastía. En el momento del embarazo también importaba el sexo del bebe ya que era mejor acogida en nuestra monarquía el nacimiento de un varón y este sentimiento también se notaba en la gente del pueblo que tenían también esta preferencia ya que con un varón se sentían más protegidos.

El nacimiento de un varón era visto por los gobernadores extranjeros como el fin de posibles problemas sucesorios ya que daban estabilidad y paz, más aun con el nacimiento del primer heredero varón de la Dinastía Borbónica en España.

Cuando las reinas de España se quedaban embarazadas, estas acudían a la Virgen de Atocha para dar gracias a la virgen por este regalo divino de la fecundidad. Las salidas para acudir a la Virgen de Atocha eran utilizadas por la monarquía como acciones propagandistas para reforzar su poder delante de sus súbditos además de ser una ocasión especial para desplegar las ostentosas decoraciones reales así como una prueba de demostración de amor y lealtad hacia la monarquía.

Los rituales de acción de gracias se repetían en la Basílica de Atocha durante el embarazo de la reina. Además el rey encargaba misas y oraciones a lo largo de todo el reino, para dar gracias por el embarazo y que este llegue a buen término y en especial cuando llegaba el noveno mes.

6.2.: Los preparativos y el parto como acto privado.

Los preparativos del parto se efectuaban meses antes del alumbramiento del infante o infanta. Para el parto de la reina se asignaba una cantidad de dinero para que fuera destinado en la adquisición de la plata y de la ropa blanca. Dentro de la plata se incluían fuentes y jarras para el momento del parto así como los utensilios necesarios para la higiene y el servicio de mesa de la ama de cría. Dentro de la ropa blanca, destaca la ropa de la cama y cuna, almohadas, colchas, cortinas, edredones así como las cortinas para puertas, ventanas y división de espacios en las habitaciones para el parto y durante la crianza del infante. También se incluyen las mantillas para tapar al infante, así como el resto de sus ropa necesarias así como los típicos "dijes" que son los cuellos que se les ponían a los bebes.

Otros elementos utilizados durante el parto de la reina eran todo tipo reliquias de y amuletos para que el parto de la reina fuera fácil y no tuviera ningún tipo de complicación, estas reliquias llegabas desde cualquier punto del reino, remitidas por conventos e iglesias así como amuletos provenientes de la población. Entre las reliquias que acompañaban a la reina durante su parto cabe destacar "La Sagrada Cinta de Tortosa" que era enviaba al lugar donde estaba instalada la corte ya que según la tradición, esta cinta fue entregada de manos de la Virgen al prior de la iglesia para que protegiera a las reinas durante su parto.

En el momento del parto, se seguía un proceso fijado durante siglos, en el cual asistían ciertos ministros y miembros de la corte para que dieran fe de que el bebe era sin duda el hijo del rey sin ninguna duda y que no había habido ninguna oportunidad de cambiar al heredero por ningún impostor.

En una sala anterior a la cámara donde iba a dar a luz la reina, estaban una seria de personas de gran importancia política que eran invitados al parto de la reina.

Tras el nacimiento del infante o infanta, el rey comunicaba la noticia a los ministros de su gobiernos y resto de personalidades que esperaban en la sala contigua a la cámara de la reina, y una vez hecha esta comunicación se presentaba al infante o infanta en un bandeja de plata para que dieran fe de que había nacido.

El parto de la reina pasaba de un acto privado como es el de cualquier mujer a un acto público, ya que en este momento se daba continuidad a la dinastía y por este motivo los testigos daban fe de ello para que no pudiera dar ningún tipo de posibles problemas posteriores.

Se celebraba el nacimiento del nuevo miembro de la familia real con tres días de fiestas. Y transcurrida la cuarentena de la reina esta acudía a la Virgen de Atocha para dar gracias por el alumbramiento, entonando un Tedeum, que constituía a la vez un acto de purificación.

6.3.: Bautismo de los príncipes e infantes de España.

El ceremonial del bautismo de los príncipes e infantes borbónicos de España viene registrado desde la Dinastía de los Austias pero para ya que les daba legitimidad y era como unir las dos dinastías aunque luego ellos incluyeron diversas modificaciones en el ceremonial.Existía todo un ceremonial establecido para los bautizos regios. En realidad, durante mucho tiempo hubo dos bautizos. El acto sacramental de bautizar al recién nacido se realizaba enseguida del parto, porque la alta mortalidad infantil aconsejaba no arriesgarse a que el infante “muriese moro”( es decir, sin recibir el santo sacramento). Sin embargo, la fiesta del bautismo, con todo el boato de las ceremonias cortesanas, se celebraba tiempo después. A veces ese bautismo oficial se retrasaba mucho, como en el caso de la infanta Marianina, hija de Felipe V, que se celebró cuando la niña tenía casi cuatro años e iba a partir para la Corte de Francia, ya que estaba destinada a casarse con el heredero de Luis XIV. En Versalles, enternecidos ante una niña tan pequeña, la llamaron la reine poupée, la reina muñeca.

La ceremonia del bautizo se realizaba en la capilla del Palacio Real, en la cual en el centro de ella se instalaba una plataforma de madera en la cual se colocaba la pila bautismal que a partir de 1605 es la pila de Santo Domingo de Guzmán,, la pieza ha permanecido en la iglesia parroquial de la villa de Caleruega (Burgos), donde había sido bautizado Domingo de Guzmán. Tras el bautizo de Felipe IV, la pila de Santo Domingo nunca regresó a Caleruega, sino que fue trasladada al antiguo Monasterio de Santo Domingo el Real, construido en 1218 en la actual plaza de Santo Domingo, de Madrid, muy cerca del Palacio Real, y que fue fundado por el propio Santo.

Y allí permaneció más de 250 años hasta que en 1836 el Gobierno de Juan Álvarez Mendizábal aprobó la ley de Desamortización de bienes eclesiásticos y en 1870 el edificio fue demolido. Gran parte de los documentos, las reliquias y las obras de arte que durante más de seis siglos se fueron reuniendo en ese monasterio se dispersaron o desaparecieron.

La pila bautismal se conservó y pudo ser trasladada al nuevo monasterio, construido en la calle Claudio Coello, que se inauguró en 1882. De este lugar, la pila sólo ha salido para los bautizos reales, aunque en la Guerra Civil las religiosas tuvieron que guardarla bajo tierra para protegerla de las agresiones. Esta pila está reservada para el bautizo de los reyes de España.

El ceremonial fijaba para el bautizo una procesión en la que participaban los gentilhombres, cargos honoríficos de la Casa del Rey que desempeñaba la Grandeza de España. Cada gentilhombre llevaba una de las llamadas insignias del bautismo, los utensilios que empleaban los cardenales que administraban el sacramento: el mazapán, la vela, el capillo, el salero, la taza, el aguamanil y las toallas. El gorro que se le ponía al infante o príncipe bautizado así como las toallas que se usaban estaban bordados con hilos de plata y oro para demostrar la superioridad del niño que recibía el santo sacramento. Para que el ceremonial del bautismo saliera perfectamente y sin incidentes había una labor organizativa anterior que comenzaba cuando el rey fijaba la fecha del bautizo y se lo transmitía a su mayordomo mayor.

Este a su vez comunicaba a los diversos mayordomos para que transmitieran la fecha a los Grandes de España si habían sido elegidos por el rey para llevar las insignias y el orden que les correspondía en la ceremonia. Otro mayordomo se encargaría de recibir a la nobleza y miembros destacados del gobierno y representantes de otras monarquías en la puerta de la capilla del palacio y por último, otro mayordomo se encargaba de acompañarles a sus asientos así como prevenir que no hubiera ningún tipo de problema durante la ceremonia. La ceremonia del bautismo era oficiada por el nuncio papal o algún cardenal acompañado por otros prelados.

El papel de los reyes-padres tenían poco protagonismo en la ceremonia y mas el caso de la reina que no acudía a la ceremonia por estar aun en cuarentena.

Al igual que cualquier otro acontecimiento de la corte, la ceremonia del bautismo de las infantas, infantes y príncipes estaba regulada por las etiquetas que marca el lugar de cada uno de los individuos que han de actuar en el. Iniciaban el cortejo del bautismo los alcaldes de corte con sus varas, a continuación se situaban los pajes de rey. A estos les seguían los gentiles hombres de casa y boca que eran caballeros de la casa del rey que le acompañaban tanto dentro de la casa como en sus salidas. Junto a estos se colocaban los caballeros de misma clase social y liego les seguían los maceros con sus mazas y junto a estos se situaban los miembros de la casa de la reina. Les seguían los Grandes de España y detrás de el iba el ama que llevaba al infante que iba a ser bautizado, seguido por todos los embajadores acreditados en la corte o representantes de otras dinastías que acudían al acto. Después del bautizo, los oficiantes se unían al cortejo para abandonar la capilla.

Para que los ciudadanos acompañaran a los reyes en este feliz acontecimiento se organizaban fiestas populares, mojigangas, corridas de toros, músicas y danzas. Además, por mandato del rey, se hacían luminarias que era que los ciudadanos colocaran velas en las ventanas como señal de júbilo que se acompañaban con fiestas de mascaras durante la noches.

En los últimos bautizos reales a los que hemos asistido de los hijos de las infantas y de las hijas de los Príncipes de Asturias, hemos visto que el protocolo ha caído en desuso en excepto en dos cosas: primera, que se sigue utilizando la pila bautismal de Santo Domingo de Guzmán para el bautizo de las infantas y la palangana de plata de la capilla real para el bautizo de los hijos de las infantas y segunda, que se sigue usando agua del rio Jordán para acristianar a los hijos de infantas y príncipes. Se observa, que el escenario ha cambiado ya que no se realizaban los bautizos en la capilla del Palacio Real y se ha optado por realizarlos en las dependencias del Palacio de la Zarzuela, residencia de los Reyes de España.

6.3.1.: Relación de príncipes e infantes nacidos durante esta época.

RELACCION DE PRINCIPES DE ASTURIAS DE LA CASA BORBON

Príncipe de Asturias

Padre o antecesor

Desde

Hasta

El Infante Luis de Borbón

Felipe V

1709

1724 (accede al trono como Luis I)

El Infante Fernando de Borbón

Felipe V

1724

1746 (accede al trono como Fernando VI)

El Infante Carlos de Borbón

Carlos III

1760

1788 (accede al trono como Carlos IV)

El Infante Fernando de Borbón

Carlos IV

1789

1808 (accede al trono como Fernando VII)

La Infanta Isabel de Borbón

Fernando VII

1830
(1833)[]

1833 (accede al trono como Isabel II)

La Infanta Isabel de Borbón

Isabel II

1851
(primera vez)

1857 (desplazada por el nacimiento del siguiente)

El Infante Alfonso de Borbón

Isabel II

1857

1870 (accede al trono como Alfonso XII en 1875)

El Infante Manuel Filiberto de Saboya

Amadeo I

1871

1873 (abdicación de su padre, Amadeo I)

La Infanta Isabel de Borbón

Isabel II

1875
(segunda vez)

1880 (desplazada por el nacimiento de la siguiente)

La Infanta María de las Mercedes de Borbón

Alfonso XII

1881

1904 (fallecida)

El Infante Alfonso de Borbón-Dos Sicilias[3]

María de las Mercedes de Borbón

1904

1907 (desplazado por el nacimiento del siguiente)

El Infante Alfonso de Borbón

Alfonso XIII

1907

1931/1933 (deposición del monarca / renuncia dinástica)

El Infante Juan de Borbón[4]

Alfonso XIII

1933

1941 (accede a la Jefatura de la Casa Real)

El Infante Juan Carlos de Borbón[5]

Juan de Borbón

1941

1975[] (accede al trono como Juan Carlos I)

Felipe de Borbón

Juan Carlos I

RELACCION DE INFANTES DE LA CASA BORBON

INFANTE

Padre

Madre

Felipe(2/6/1709- 9/6/1709)

Felipe V

Mª Luisa de Saboya

Felipe Pedro (1712-1719)

Felipe V

Mª Luisa de Saboya

Francisco (1717).

Felipe V

Isabel de Farnesio

Mariana Victoria (1718 – 1781)

Felipe V

Isabel de Farnesio

María Teresa (1726 – 1746)

Felipe V

Isabel de Farnesio

Luis Antonio (1727–1785)

Felipe V

Isabel de Farnesio

María Antonia (1729 – 1785).

Felipe V

Isabel de Farnesio

María Isabel Antonia (1740-1742)

Carlos III.

Mª Amalia de Sajonia

María Josefa (*/†1742)

Carlos III.

Mª Amalia de Sajonia

María Isabel Ana (1743-1749)

Carlos III.

Mª Amalia de Sajonia

María Josefa Carmela (1744-1801)

Carlos III.

Mª Amalia de Sajonia

María Luisa (1745-1792)

Carlos III.

Mª Amalia de Sajonia

Felipe (1747-1777), excluido de la sucesión al padecer retraso mental

Carlos III

Mª Amalia de Sajonia

María Teresa (1749)

Carlos III

Mª Amalia de Sajonia

Fernando I (1751-1825)

Carlos III

Mª Amalia de Sajonia

Gabriel Antonio (1752-1788)

Carlos III

Mª Amalia de Sajonia

Ana María (1754-1755)

Carlos III

Mª Amalia de Sajonia

Antonio Pascual (1755-1817)

Carlos III

Mª Amalia de Sajonia

Francisco Javier (1757-1771)

Carlos III

Mª Amalia de Sajonia

Carlos Clemente(1771-1774)

Carlos IV

Mª Luisa de Parma

Carlota Joaquina (1775 - 1830)

Carlos IV

Mª Luisa de Parma

María Luisa (1777 -1782)

Carlos IV

Mª Luisa de Parma

María Amalia (1779 - 1798)

Carlos IV

Mª Luisa de Parma

Carlos Domingo (1780 - 1783)

Carlos IV

Mª Luisa de Parma

María Luisa (1782 -1824)

Carlos IV

Mª Luisa de Parma

Carlos Francisco ( 1783 - 1784)

Carlos IV

Mª Luisa de Parma

Felipe Francisco (1783 - 1784)

Carlos IV

Mª Luisa de Parma

Carlos María (1788 - 1855)

Carlos IV

Mª Luisa de Parma

María Isabel ( 1789 - 1848)

Carlos IV

Mª Luisa de Parma

María Teresa (1791 - 1794)

Carlos IV

Mª Luisa de Parma

Felipe María (1792 - 1794)

Carlos IV

Mª Luisa de Parma

Francisco Antonio 1794 - 1865)

Carlos IV

Mª Luisa de Parma

Luisa Fernanda de Borbón (1832–1897)

Fernando VII

Mª cristina de Borbón

Isabel (1851-1831)

Isabel II

Francisco de Asís

Mª de la Paz (1862-1946)

Isabel II

Francisco de Asís

Eulalia(1864-1958)

Isabel II

Francisco de Asís

Mª de las Mercedes(1880-1904)

Alfonso XII

Mª Cristina Habsburgo

Mª Teresa(1882-1912)

Alfonso XII

Mª Cristina Habsburgo

Alfonso(1907-1938)

Alfonso XIII

Victoria Eugenia

Jaime(1908-1975)

Alfonso XIII

Victoria Eugenia

Beatriz(1909-2002)

Alfonso XIII

Victoria Eugenia

Fernando (1910-1910)

Alfonso XIII

Victoria Eugenia

Cristina (1911-1996)

Alfonso XIII

Victoria Eugenia

Juan( 1913-1993)

Alfonso XIII

Victoria Eugenia

Gonzalo(1914-1934)

Alfonso XIII

Victoria Eugenia

Elena( 1963-vive)

Juan Carlos I

Sofía de Grecia

Cristina(1965-vive)

Juan Carlos I

Sofía de Grecia

Leonor(2005-vive)

P. Asturias D. Felipe

P. Asturias Dª. Letizia

Sofía (2007-vive)

P. Asturias D. Felipe

P. Asturias Dª. Letizia

Infante Dº Carlos de Borbón (1938-vive)*

Alfonso de Borbón

Alicia Borbón-Parma

*El Infante Dº Carlos de Borbón es primo carnal por ser su padre hermano de la madre del rey Juan Carlos, que por expreso deseo en 1994 nombro a su primo Dº Carlos como Infante de España

Capitulo Séptimo:

La muerte de las reinas.

7.1.: Rito de la muerte y entierro de las reinas.

Para los miembros de la realeza, tener una buena muerte era imprescindible pues su fallecimiento constituía un ejemplo para sus súbditos. Una buena muerte era la que se producía en su cama y aceptaban su final y dejar su futuro a la providencia después de haber intentado la medicina todo lo posible.

En las iglesias se realizaban rogativos por la curación de la salud de los miembros de la familia real, el santísimo se exponía en la habitación del infierno y se llevaban a palacio reliquias de los santos. Una vez que la medicina no podía hacer nada mas, era el momento de socorrer el alma del enfermo, administrándoles la santa unción, la confesión, la comunión así como la bendición y la indulgencia papal.

En el momento del fallecimiento de la reina, su cadáver se quedaba en su habitación durante un día mientras las campanas de Madrid replicaban a difunto. En ese momento, se procedía a leer el testamento de la reina y se ponía en marcha la maquinaria para las exequias de la reina para el entierro de la reina. Cuando la reina fallecía se mandaba una misiva al monasterio de El Escorial ,ya que es el Panteón Real, para que empezaran a darse misas por sus almas y se hicieran los preparativos como la colocación del túmulo en la iglesia, los tapices y adornos necesarios para el funeral. Además se notificaba el día que llegaría el cuerpo de la reina.

Al mismo tiempo se empezaba a preparar el cuerpo para su exposición en palacio y posterior traslado. Sé lavan, vestían y embalsamaban (costumbre que desapareció con el tercer rey borbónico).Eran la camarera mayor y las damas de compañía las que se encargaban de esta tarea así como de acompañar a la reina muerta. El cadáver de la reina era introducido en un ataúd de plomo y a su vez este en otro de madera. Una vez preparado el cuerpo se trasladaba a la sala elegida para su exposición. El cadáver se colocaba en una tarima, ricamente adornada, y alrededor de ella tres altares en los cuales las distintas órdenes religiosas y miembros del clero ofrecían oraciones por el alma de la reina .Una vez en la sala de exposiciones, el cadáver era entregados a los miembros de la guardia real para su custodia hasta el momento del entierro.

En la sala se distribuían los asistentes al velatorio de la reina, en el cual las mujeres debían ir con el rostro cubierto por dos velos negros en señal de luto y se abría el velatorio al público. Una vez cerrado ya el velatorio, se abrían las tapas del ataúd y por medio de un cristal situado a la altura de la cara de la reina, se verificaba que era ella y se procedía a soldar el ataúd de plomo y cerrar con llave el ataúd de madera. A partir de ese momento comenzaba el cortejo fúnebre para el transado de los restos al Escorial. Esta procesión comenzaba entre las seis y ocho de la tarde para concluir a la mañana. Esta comitiva era observada por las gentes a su paso y a la vez paraba en las poblaciones más importantes para que en la iglesia se ofreciera un responso por la reina muerta.

Una vez llegados al monasterio, en la puerta había una mesa para colocar el ataúd que era recibido por el padre prior y resto de los monjes. En este momento el prior lee una carta en la que se le da permiso para comenzar con los rituales para el entierro de la reina.

Se introduce el ataúd en la basílica, y custodiado el ataúd por la guardia real, se da comienzo los oficios religiosos. Una vez concluidos estos, los gentiles hombres cogen el cadáver de la reina y entre cantos de los monjes parte hacia el panteón de los reyes. Una vez allí, se vuelve a abrir el ataúd de madera para que atreves de la venta del ataúd de plomo se vuelva a confirmar que es el cuerpo de la reina. Una vez confirmado, se cierra el ataúd y se hace entrega de las llaves de este al prior. En este momento los monjes alzan el ataúd y lo introducen al “pudridero real”, lugar que permanecerá durante 20 años para que el cuerpo real se deshaga y una vez hecho esto sean metidos los restos de la reina en una caja de cinc y sean depositados en uno de los sarcófagos del panteón real.

Durante este tiempo, la familia real no se mostraba en público ya que no estaba bien visto que los miembros reales demostraran su dolor a sus súbditos. A partir de ese momento se entraba en días de luto, la nobleza, los Grandes de España y las instituciones vestían de luto así como el personal de palacio. Se suspendían los festejos, corridas y espectáculos públicos y se empezaban a dar misas de difuntos en todas las iglesias más importantes de España.

Desde la restauración de la monarquía en 1975, hemos vivido una vez el ritual de las exequias por una reina que fue tras el fallecimiento de Dª María de las Mercedes ocurrido en 2000, que aunque no siendo reina el rey Dº Juan Carlos quiso que sus padres recibieran estos honores. Dª María de las Mercedes falleció de muerte repentina el día dos de febrero del 2000.Una vez su cuerpo fue amortajado por el personal de su compañía fue introducido en la caja de plomo y esta a la vez en otro ataúd de madera como manda la tradición para los reyes de España. Envuelto el ataúd por la bandera de España fue trasladado en coche fúnebre hasta el aeropuerto que lo traslado a Madrid. Los restos de Dª María de las Mercedes fueron recibidos en el zaguán del palacio real por el grupo de honores de la Guardia Real, que trasladó a hombros el ataúd por la escalinata de embajadores y la galería hasta la capilla real. El cortejo iba encabezado por el jefe de la Casa del Rey, Fernando Almansa, y estaba integrado por su secretario general, Rafael Spottorno; el jefe del Cuarto Militar, teniente general Gonzalo Rodríguez de Austria, y el secretario de la madre del rey Juan Carlos, coronel Luis Fernández de Mesa, entre otros altos cargos del palacio de La Zarzuela. Una hora después, toda la familia real asistió en la capilla ardiente a un responso oficiado por el jefe de los servicios religiosos de la Casa del Rey, Serafín Sedano. Los Reyes y todos sus familiares se turnaron para velar durante el resto de la noche los restos de doña María de las Mercedes.El cuerpo de Dª María de las Mercedes fue velado por ocho miembros de la Guardia Real así como por miembros de la Diputación Permanente de los Grandes de España, del Consejo del Rey y de las Fuerzas Armadas.

Al día siguiente se abrió la capilla para que fuera despedida por la población y acto seguido se realizo un funeral Corpore In Sepulto al que asistieron los miembros de todas las instituciones de España, que habían sido invitadas por el Palacio de la Zarzuela. Después del funeral El ataúd, colocado posteriormente sobre un armón tirado por seis caballos, fue transportado hasta ese patio para rendirle honores de reina, al tiempo que las campanas de la vecina catedral de la Almudena doblaban sus campanas a muerte, se disparaban las veintiuna salvas de honor y se interpretaba el himno nacional.

La Familia Real, encabezada por el rey Juan Carlos, la reina Sofía, y las otras dos hijas de la condesa de Barcelona, la infanta Pilar y la infanta Margarita, siguieron a pie al cortejo fúnebre hasta llegar a la calle Bailén, donde el féretro fue depositado en un furgón para ser transportado hasta El Escorial.

En las inmediaciones del Palacio, cientos de personasse agolpaban en las calles para rendir su homenaje de despedida a María de las Mercedes de Borbón.

Una vez llegada la comitiva a la explanada del Real Monasterio de san Lorenzo de el Escorial, los Reyes, que habrán llegado minutos antes, se adelantarán para recibirlo.

A hombros de la Guardia Real, el ataúd fue conducido por el Patio de los Reyes hasta la entrada de la basílica, donde estaban formados los alabarderos y donde la comunidad agustina, que regenta el monasterio, se hace cargo de su custodia.

En el interior de la basílica se rezara un responso con la escolanía del monasterio. Finalizado este breve acto religioso, y ya sin la presencia de los Reyes, el jefe de la Casa del Rey, Fernando Almansa, hizo entrega oficial del ataúd con los restos de Doña María de las Mercedes y de las llaves de éste a la comunidad agustina.

Actuó como Notario Mayor del Reino la ministra de Justicia, Margarita Mariscal de Gante. Los restos de la Condesa de Barcelona se depositaron en la antesala del Panteón de Reyes del Real Monasterio, conocida como "el pudridero", donde habrán de pasar entre 20 y 25 años antes de su ubicación definitiva en la urna sepulcral destinada para ella en el panteón de reyes y madres de rey.

Tras la muerte de Dº María de las Mercedes se decretaron siete días de luto nacional. En el último día de luto nacional se realizo un funeral de estado en el Monasterio de San Lorenzo de el Escorial al que acudieron miembros de todas las casa reales, jefes de estado así como representantes de las instituciones, de la vida pública y cultural de España.

7.2.: El testamento:

7.2.1.: El símbolo del testamento de una reina como miembro de la

Institución

Tras la aceptación resignada de la cercanía a la muerte, las reinas procedían a hacer testamento. En él se recogían entre otras cosas, creer en la fe, arrepentirse de sus pecados, testificar que moría como miembro de la iglesia católica, pedir perdona los que ha ofendido y perdonar a los que la han ofendido que eran normas que debían constar en el testamento por obligación de la iglesia para poder tener una buena muerte. Además de recoger estos arrepentimientos el testamento servía para otorgar las disposiciones finales de sus bienes siempre dentro de la ley de aquella época. Desde la época del primer Borbón en España hasta la fecha de hoy, la forma y el contenido de los testamentos de las reinas han cambiado tanto por la evolución en el tiempo así como por los cambios sociales que se han experimentado por la evolución del pensamiento y mentalidad, así como la desaparición de la obligación de que la reina tenga que otorgar testamento con una serie de requisitos impuestos por la iglesia católica ya que durante el siglo XIX se fue experimentando una separación entre el poder real y la iglesia.

El testamento de la reina es el último acto como institución que es ella por ser la esposa del rey y con él se quiere ordenar las últimas voluntades que tiene sobre sus posesiones y la manera en la que quiere transmitirlas. Aunque el hacer testamento no estaba limitado a los miembros de la familia real en estos era una obligación hacerlo ya que suponía la última voluntad de una institución.

Los testamentos de la reina constituían documentos en los que se ratificaba su poder, pues perpetuaba mas allá de su muerte los mecanismos de merced y donación que habían activado durante sus vidas para ejercer el poder de sus casas y tejer una red de influencia entre los cortesanos.

7.2.2.: Tipos de testamento.

Existían varios tipos de testamento pero el más utilizado era el abierto, quiere decir que se dictaba de viva voz en presencia del escribano y los testigos. De este modo es el testamento otorgado por la reina viuda del rey Dº Luis I:

“Así fue hecho, dictado y designado por Su Majestad la Reina Católica a los notarios abajo firmantes, y releído por uno de ellos delante del resto y perseverado por la reina. En Paris, en el Palacio de Luxemburgo, en el cuarto de la reina, el año 1742, el día 27 de abril, sobre las once de la mañana y la reina lo firmo delante de los notarios”.

Menos habitual era el testamento entregado en un sobre cerrado y lacrado, que era firmado por los notarios y escribanos en la parte trasera del sobre y que se haría oficial cuando estos reconocieran sus firmas. A este tipo de testamentos pertenecen los de las reinas Isabel de Valois y Margarita de Austria.

En los testamentos también podía haber escrituras a estos que modificaban ciertas partes dejando vigentes el resto de las clausulas establecidas en ellos. Ante una repentina enfermedad que llevaría a una muerte inminente y ante la posibilidad de testar la reina podía otorgar poder a su marido para que testara en su nombre, este es el caso de la reina Mª Luisa de Saboya que hubo de otorgar poder a su marido Felipe V para que otorgara testamento en su nombre. En la escritura del poder, el rey solo tenía el poder de ejecutar los derechos de la reina no pudiendo cambiar los herederos, las voluntades ni añadir intenciones suyas.

Todos los testamentos constaban por lo general de cuatro partes y eran modelos que se seguían a lo largo de los tiempos. En la primera parte, era un preámbulo de su invocación como miembro de la iglesia católica y se reflejaba la lista de sus títulos. En la segunda parte se exponía que a la hora de otorgar testamento se encuentra en condiciones físicas y psíquicas para otorgarlo. Como ejemplo tenemos el testamento otorgado por la Reina Mª Luisa de Orleans otorgada en Madrid:

“En nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas, y un solo Dios verdadero, y de la Santísima Virgen, madre de nuestra y de los santísimos Santos de la Corte, Yo Doña María Luisa de Borbón Reina de las Españas por la Gracia de Dios nuestro Señor que ha servido de darme una enfermedad y creyendo como creo en todo lo que manda la Santa Madre Iglesia, otorgo este testamento como mi última voluntad en la forma que puedo”.

En los embarazos de las reinas era obligación la de otorgar testamento ya que en aquellas épocas los partos se podían complicar y hacer que la reina falleciese en el parto.

La tercera parte era la que hace referencia las disposiciones sobre el lugar de su enterramiento asi como el numero de misas que se debían dar por su alma, la disposiciones de cómo quería que fuera su funeral, las limosnas a dar. Una vez se establecía en el testamento el lugar de su enterramiento, venia la parte de los legados piadosos. Misas, sufragios por miles quedaban mandados dar en el testamento de la reina destinado para ello una parte muy importante de su legado económico. Así mismo se podían estipular los lugares para dar estas misas ya que muchas reinas extranjeras a parte de las iglesias de España ordenaban que se ofrecieran misas por el sufragio de su alma en sus países de origen. También se decía en esta parte el número de novenarios que se debían de dar.

En esta parte y para ganar el cielo se establecían: la cantidad de dinero para la dote para casar a pobre y/o huérfanas, la liberación de soldados a cambio del pago de una cantidad de dinero así como dotaciones económicas para hospitales pobre.

Estas dotaciones piadosas fueros desapareciendo a lo largo del tiempo a partir del siglo XVIII debido a la descritinazion así como a la falta de recursos económicos que conllevaron a que solo se dispusiera como clausura en el testamento el numero de misas que debían de darse por el sufragio de su alma.

7.2.3.. Los herederos de la reina.

Como cuarta parte de los testamentos encontramos la parte destinada a la consignación de los legados económicos, la declaración de deudas y la declaración de herederos y albaceas.

En el legado de las reinas solo existían las joyas, ropas de casa y de vestir así como alguna cantidad económica. Eran designados herederos de las reinas sus hijos y en caso de no haberlos su familia y marido. Mª Luisa de Orleans a falta de hijos declaro heredero a su marido el rey Carlos II. La reina Barbará de Braganza que sin tener hijos declaro heredero a su hermano en vez de su marido Fernando VI lo que hizo que se produjeran graves críticas sobre ella, alguna de ellas muy destructivas como la siguiente que era transmitida de boca en boca por todo el reino y que decía:

“Una reina portuguesa, a España deja mierda, y a Portugal doblones”:

En los testamentos de las reinas siempre se ordenaba que se pagasen los sueldos hasta el final del año a los miembros de su servicio de los cuales se sentía madre. Además pedía rentas vitalicias para estos y rogaba que su sucesora los acogiera en su servicio. Esta preocupación era mucho más fuerte cuando se trataba de su servicio venido del extranjero, cuando las reinas lo eran y traían consigo a la hora del matrimonio gente de su confianza como parte de su casa. En el testamento se pedía a sus herederos y a sus maridos que a estas personas extranjeras se les ayudara económicamente a para que pudieran volver a su país de origen. Además se establecía la dote económica que se debía dar como dote a todas sus doncellas casaderas así como a las hijas de sus empleados.

Las joyas y la mayor parte económica era repartida entre sus hijos aunque muchas veces, repartía alguna joya entre su familia directa, y en alguna ocasión especial entre algún miembro de su servicio.

ANEXO II

RETRATOS DE EXEQUIAS DE LAS REINAS CONSORTES

Funeral por el alma de la reina Mª Luisa de Braganza

Exequias fúnebres de la Reina Mª de las Mercedes de Orleans

Funeral por la Reina Mª Luisa de Borbón

Altar fúnebre en el funeral de la Reina Mª Isabel de Braganza

Altar Fúnebre en la Iglesia de San Francisco el Grande para el Funeral de la Reina Mª de Nápoles

Misa de despedida a la Reina Isabel II en la estación de Paris para iniciar camino a España

Sepelio de la Reina Victoria Eugenia en Lausana

Misa en El Escorial con motivo del traslado al panteón real de la Reina Victoria Eugenia

Misa en El Escorial con motivo del traslado al panteón real de la Reina Victoria Eugenia

Velatorio de Dª María de las Mercedes en la capilla del Palacio Real

Los Reyes de España velando el cadáver de Dª María de las Mercedes

Conclusión.

Con este trabajo de investigación, lo que he querido, además de señal la biografía de las reinas de la dinastía Borbón en España, es analizar y explicar sus funciones más importantes en el seno de la monarquía.

He pretendido desarrollar los roles de género en el seno de la monarquía intentando explicar la función de la reina en los puntos más importantes como figura institucional que es por ser la mujer del rey desde sus boda, sus funciones constitucionales, su papel como mujer reproductora de los descendientes de la dinastía hasta llegar al momento de su muerte y su obligación de testar, último acto institucional de la reina.

Ser reina no es fácil, aunque se tenga una vida fabulosa pero con unas estrictas normas y obligaciones, y bajo la atenta mirada del entorno que la rodea. La mayoría reinaron sin cuestionar esta función ya que habían sido educadas para serlo.

Según la mayoría de los documentos escritos que hay sobre ellas, la mayoría de las reinas vivieron a la sombra de los reyes, siendo solo un objeto secundario en la corte que solo aportaban su dote a la hora de contraer matrimonio y dar descendientes a la dinastía. Pero se puede ver la figura de la reina desde otra perspectiva y mirarla no solo como una mujer que sirve para parir sino verla como una mujer que se ha casado con el rey y juega un papel en la monarquía y en muchos casos en la política, eso sí, siempre a la sombra del monarca.

Ver a la reina con otra perspectiva nos podía responder a las siguientes preguntas: Quien era la reina? Qué función tenia? Que se esperaba del matrimonio del rey con una mujer mucho más joven que él? Era la reproducción el único papel que se daba a las reinas?.

Creo que el papel de la reina fue algo más que el simple hecho de tener hijos, y puedo obtener las siguientes conclusiones sobre la reina:

1ª En la legislación española la función de la reina está ligada con la relación con el rey adquiriendo esta condición por el matrimonio con el rey. Se ha querido mostrar que la reina no tenía ningún papel como política pero esto no es cierto ya que la reina asumía los poderes en el momento en el que el rey se encontraba fuera de España además de cuando asumió la regencia por minoría de edad del nuevo monarca.

2ª Las reinas eran un modelo de virtud, tras la sublimación de todas sus capacidades y actuaciones, siendo modelos a imitar por las futuras reinas y las mujeres del pueblo.

3ª Los matrimonios de las reinas eran uno de los papeles más importantes de su vida ya que significaba la unión de las dinastías de los reinos de Europa. En el matrimonio de princesas e infantas fueron usadas como moneda de cambio entre los distintos países para asegurar unas buenas relaciones entre ellos.

Además estos matrimonios entre dinastías hacían mantener una sangre más regia y para este fin no se dudo de solicitar al Vaticano burlas especiales que facilitaran el matrimonio entre miembros de una misma familia en grado cercano, jugando las reinas un papel muy importante en estas negociaciones.

Los miembros tenían conciencia de pertenecer a una clase superior, y a través del matrimonio intentaban manifestar la distancia social entre ellos y sus súbditos y salvaguardar los intereses de las dinastías.

4ª La reproducción de la reina se convierte en uno de los momentos claves de su matrimonio con el rey por dar continuidad a la dinastía, en una época de paternidad incierta, dentro del sistema patrilineal. Si una reina no se quedaba embarazada podía darse un cambio dinástico como ocurrió en España con la Casa de los Austrias.

5ª Las mujeres de las dinastías así como de alta elite por su condición de embarazo perpetuo, es decir que por su obligación con la continuidad de la dinastía se casaban muy jóvenes para tener el mayor número posible de hijos.

Aunque se casaban jóvenes por regla general tardaban bastante tiempo en quedarse embarazadas, tiempo en el cual se empleaba para moldearlas a su condición de reina. En los segundos, terceros y posteriores matrimonios del rey, estos ya no buscaban a sus futuras esposas en mujeres jóvenes sino que se decidían por mujeres maduras por el miedo a la muerte repentina del rey y que el heredero aun fuera joven, se necesitaba que la regente fuera lo suficientemente adulta para ejercerla. También se buscaba con el matrimonio con esposas mayores que su primera esposa que se quedasen embarazadas en un tiempo más inferior.

6ª La Casa de la Reina es destacable el ritual que rodeaba la vida diaria de la reina así como su protagonismo en las ceremonias junto a rey o ella sola. La Casa de la Reina ocupaba un papel secundario, hasta el momento en que desapareció siendo absorbida por la del rey, pero en las primeras Casas de la Reina eran complementarias con las Casas del Rey , como eran complementarias la figura del rey y la reina.

Las Casas de la Reina era una plataforma política, primero por la retribución a su servicio y controlando de esta forma su voluntad y en segundo por poder crear una red de influencias en la que apoyarse a nivel político y familiar.

En la Casa de la Reina, existían una serie de trabajos destinados a las mujeres y a los hombres. Estas primeras estaban relacionados con los trabajos más próximos a la reina como serian su cuidado personal, el de su vestuario…., quedando para los hombres los puestos de gobierno de su casa excepto como es el caso de la camarera mayor que ocupaba un puesto más alto que estos.

7ª Las reinas siempre han jugado un papel muy importante invirtiendo parte de sus vidas en obras benéficas, cuyo primer capital era parte de sus dotes. Estas obras benéficas se extendían principalmente en la gente más desfavorecida y más pobre, con preferencia de las mujeres que los hombres. Como ejemplo podemos poner el caso de la Reina Victoria Eugenia que dedico los días de su reinado a la institución de la cruz roja. Doña Sofía preside una fundación que lleva su nombre, para cuya creación ella puso el capital necesario para su constitución que entre sus muchas actividades de ayuda a los demás podemos destacar: la ayuda a las mujeres mediante la concesión de microcréditos para el desarrolle de actividades empresariales, la ayuda a los enfermos de alzhéimer, en la defensa de las actividades culturales de los diferentes pueblos como seña de identidad, en la investigación del cáncer y del sida así como en el mundo de la drogadicción.

8ª La muerte de la reina y los funerales por ella se realizaban de la misma manera y mismo ceremonial que el del rey. El tratamiento al cadáver era como si la reina estaba viva hasta el momento de su entierro en el Panteón Real del Monasterio de San Lorenzo siguiendo los ritos marcados por el protocolo proveniente de la Casa de los Austrias.

Otro aspecto interesante es el deber de testar de la reina, en el cual podemos ver claramente como se consideraban de una elite especial .En dichos testamentos se observa la relación de la monarquía con la iglesia, declarándose en el momento de testar miembros de ella y solicitando su socorro para tener una buena muerte. También queda de manifiesto en los testamentos el temor de la muerte de la reina durante los partos, ya que en la época de la mayoría de las reinas parián en maneras deplorables que podían acabar con su vida.

Finalmente y después de haber leído una gran cantidad de libros, artículos, biografías y cualquier otro material que he creído conveniente para poder realizar este trabajo, puedo decir que las ultimas reinas que han reinado, jugaron un papel muy importante siempre al lado del rey tanto como educadoras de los futuros reyes como en el papel de Reinas Regentes , actuando con una visión ante todo de España interponiendo en muchos casos sus interés particulares con su deber hacia España.

Uno de los papeles más destacables a mi entender ha sido el de Dª María de las Mercedes de Borbón y Orleans, madre de nuestro actual rey, que ha fue uno de los pilares más fuertes de la familia del rey durante su exilio apoyando a su marido en todo momento en su condición de pretendiente a la corona de España como por su condición de Jefe de la Casa Borbón de España. Pero su mayor aportación para mi, fue la influencia que ejerció para reconciliar a Dº Juan y Dº Juan Carlos tras las tensas relaciones existentes entre los dos después que el general Franco optara por Dº Juan Carlos como su sucesor pasando por encima de Dº Juan consiguiendo que esta reconciliación se produjera en 1997, aconsejando a Dº Juan que renunciara a los derechos dinásticos a favor de su hijo cosa que este realizo. Y la otra reina que ha tenido un papel especial, ha sido S.M. la Reina Dª Sofía de Grecia, tras su matrimonio con D. Juan Carlos se trasladaron a vivir a Madrid, al Palacio de la Zarzuela. En este lugar empezaron su nueva vida como matrimonio teniendo que superar todos los obstáculos que le ponían a los esposos los simpatizantes del General Franco. La entonces Princesa de España ( título obtenido desde la designación como heredero a la sucesión del general por D. Juan Carlos) se da cuenta de que cae bien al viejo general, sintonizando en los mismos valores familiares pero nunca políticos y es en ese momento cuando Dª Sofía decide jugarse el todo por el todo. Se hacía aconsejar por el general sobre la educación de sus hijos y envolverlo en un ambiente de alegría familiar, todo ello con un fin, que el general se decantara por D. Juan Carlos como su sucesor al régimen. Desde aquel momento y hasta la actualidad la Reina Dª Sofía de Grecia siempre a estado a la sombra de su marido, un paso por detrás de él, siendo su gran apoyo en los momentos difíciles, siendo su compañera de viaje y haciendo de consejera cuando el rey lo necesitaba, siempre ha sido un apoyo callado, pero fundamental, de don Juan Carlos en el desarrollo y en la consolidación de la monarquía y la democracia en España. No debemos destacar el papel que ha jugado como madre, queriendo transmitir a sus hijos sus valores, sabiendoencontrar mejor el equilibrio entre la ternura y la disciplina, intentándolos educar como gente de su época pero sabiendo el papel que la historia les ha tocado jugar. Doña Sofía de Grecia, entrará en la historia por sus virtudes tanto como reina consorte como en su papel de madre y abuela.

ANEXO III

ARBOL GENEALOGICO SOBRE LA DINASTIA BORBOCNICA EN ESPAÑA

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