Reforma Agraria

Agricultura en América Latina. Políticas agrícolas. Influencia de la globalización

  • Enviado por: Iani Ortega
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 10 páginas
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ÍNDICE


INTRODUCCION


EL PROBLEMA AGRARIO EN EL CONTEXTO DE LA GLOBALIZACION

I. Los cambios económicos a nivel mundial que están repercutiendo sobre la
agricultura.


II. Cuáles son las tendencias actuales de la agricultura en América Latina.


III. Las Políticas Agrícolas y el rol de la Agricultura.


CONCLUSION


INTRODUCCIÓN


La agricultura y la ganadería deben ser sectores económicos fundamentales en
una política económica progresista, que tienda a un equilibrio global y a
una ordenación del territorio, que haga posible el mantenimiento de núcleos
poblados en todo el territorio, evitando de esta manera el despoblamiento y
la existencia de desiertos demográficos.

Por otra parte, es necesario tener en cuenta el papel que juegan las
actividades agrarias en el mantenimiento del medio ambiente a través de la
conservación de la cubierta vegetal y las masas forestales.

Un tercer aspecto que se debe destacar en la importancia del sector agrario,
es el de ser un sector económico del que dependen una parte importante de la
población asentada en los núcleos rurales.








I. Cambios económicos a nivel mundial que están repercutiendo sobre la
agricultura

1) Hoy día los debates sobre la agricultura, uno de los sectores que suscitó
en el pasado numerosas medidas de regulación internacional, están dominados
por una perspectiva neo-liberal. Aún si la CEE señala la necesidad de
defender su espacio rural, si Japón resiste en nombre de su seguridad
alimentaria a abrir sus mercados, especialmente para el arroz, no se
presenta ninguna alternativa global frente a las supuestas virtudes de un
mercado puro y perfecto. En resumen el mercado está en el centro de todas
las soluciones, aún cuando se señala, a veces, la necesidad de ciertas
medidas compensatorias de acompañamiento que están poco definidas en favor
de los países, de las regiones y de las poblaciones que presentan
situaciones de fragilidad frente al mercado.
Sin embargo, esta jerarquía de prioridades puede y debe ser impugnada. Tanto
las negociaciones comerciales que se han llevado a efecto en el contexto del
Gatt como los programas de ajuste estructural impuestos por el FMI a
numerosos países en desarrollo, privilegian fundamentalmente los equilibrios
macro-económicos a corto plazo (equilibrio del presupuesto, del balance de
comercio exterior, de la inflación) y promoción de las exportaciones. Son
relegados por estas negociaciones o programas de ajuste estructural a un
plano muy secundario, cuando no francamente olvidados, otros objetivos que
conciernen de un modo fundamental la reformulación de las políticas
agrícolas como por ejemplo el acceso de todos a las necesidades
alimenticias, el mantenimiento de un tejido rural indispensable para la vida
de numerosas regiones, la protección del medio ambiente amenazado en todas
partes, etc. La apertura indiscriminada de las fronteras para importar y
tratar de exportar los productos agrícolas ha aumentado la competencia en
los mercados internacionales, pero también ha contribuido a hacer aún más
frágil y a destructurar las agriculturas campesinas en numerosos países de
todos los continentes.
Durante los años 1986-1994 se desarrollaron las negociaciones del Gatt
(Ronda Uruguay) transformado ahora en OIC (Organización Internacional del
Comercio). Por primera vez el intercambio de productos agrícolas se integró
como un objetivo de negociación entre los países signatarios del acuerdo.

2) Es durante este período que el problema del medio ambiente tomó también
un lugar destacado en la conciencia mundial. Esto ha conducido, a una mayor
preocupación a nivel nacional e internacional por estos problemas, pero ello
no se ha traducido todavía por su inserción central en las políticas
agrícolas o de desarrollo y de gestión de los territorios.



II. Tendencias de agricultura en América Latina

a) En los últimos 15 años (1979-94) el mercado internacional de productos
agrícolas se caracterizó por el paso desde una situación de escasez relativa
de productos agrícolas a nivel mundial hacia otra de sobreproducción y
sobreoferta relativa, con impacto negativo en los precios internacionales de
estos productos.
Además de precios internacionales poco estimulantes para los países en
desarrollo exportadores tradicionales de productos agrícolas, el
proteccionismo de los países desarrollados aumentó los precios internos de
tales productos para los consumidores.

b) Al mismo tiempo, algunos de los principales países desarrollados se
transformaban de importadores en exportadores. Por otro lado disminuyó la
participación de los productos agrícolas en el total mundial del comercio,
aumentaron mucho los intercambios de los mismos entre países desarrollados,
principalmente al interior de la CEE, y se estancó el volumen del comercio
agrícola entre países en desarrollo.

Además, la acumulación de excedentes agrícolas en los países desarrollados
contrastó con una situación alimentaría y nutricional sumamente precaria
para amplios segmentos de la población en los países en desarrollo.

c) En este contexto se generaron los fuertes condicionamientos externos
(crisis de la deuda), que debieron enfrentar los países latinoamericanos
para impulsar una estrategia de crecimiento, en la cual el aumento y la
diversificación de sus exportaciones constituyeron uno de sus principales
fundamentos, buscando incrementar el saldo comercial agrícola y sostener y
potenciar su crecimiento sectorial. Las dificultades para aumentar el saldo
comercial ocurrieron, de una parte, por el alto grado de proteccionismo de
las economías desarrolladas, y por otra, por el rápido y elevado grado de
apertura unilateral ejecutada por la mayoría de las economías de América
Latina.

d) A los aspectos anteriores, se agrega el hecho de que los mercados
internacionales de importantes productos agrícolas son a la vez oligopolios
y oligopsonios, porque están fuertemente influenciados por un limitado
número de empresas trasnacionales que actúan a través de las cadenas
agroalimentarias y, preferentemente, en las áreas de acopio, procesamiento,
comercialización, financiamiento, transporte y seguros. El control de esas
empresas se encuentra en los países desarrollados, así como también se
encuentra en ellos el de las principales empresas que se dedican a la
provisión de insumos, máquinas e implementos agrícolas, servicios,
investigación y tecnología agrícola.

e) Las razones mencionadas han conducido a una tendencia decreciente de la
participación de América Latina y El Caribe en el comercio mundial de
productos agrícolas. Esta participación que era del 20% al comienzo de los
años 1960, bajó en forma permanente, a 15% en 1970, 13,5% en 1980 y 10,7% en
1990. Esta pérdida de la importancia relativa de la región como exportadora
de productos agrícolas contrasta con el enorme esfuerzo interno realizado
por la mayoría de los países para aumentar y diversificar sus exportaciones.
La caída de los precios internacionales y el consecuente deterioro de los
términos de intercambio asociados a una demanda relativamente inelástica,
forzaron la búsqueda del mayor volumen posible de exportaciones y aún así,
disminuyó la participación regional en el valor total del comercio mundial
de esos productos.

f) Por otro lado la prioridad dada a los productos agrícolas para
exportación, generalmente producidos por el sector de agricultura más
modernizado representado por agricultores grandes y medianos, ha disminuido
la prioridad y apoyo a la producción de alimentos básicos de consumo masivo,
usualmente producidos por campesinos y algunos medianos productores. En la
región durante la década pasada, estimaciones sobre el grado de dependencia
externa de la oferta de alimentos indican que esta se incrementó en 14 de
los 26 países considerados y solamente 6 países experimentaron disminuciones
de su grado de dependencia.

g) La disminución, de la prioridad y apoyo a los productores de alimentos
básicos tuvo además repercusiones sociales en las áreas rurales y urbanas de
los países, porque contribuyó a bajar el nivel de vida de los campesinos y
fortalecer la tendencia de sus migraciones a las ciudades. Por esa razón, en
muchos países de la región, aumentó el proceso de migración desde el campo
hacia las ciudades, causando en las últimas los conocidos problemas del
aumento de las barriadas, callampas o villas miserias y las dificultades
crecientes para la oferta de servicios básicos y generación de empleos
productivos. El aumento de la marginalidad socioeconómica en las ciudades
representa un caldo de cultivo para incrementar la violencia urbana.

h) Una marcada tendencia en los intercambios mundiales, directamente
relacionada con la agricultura de los países latinoamericanos debido a la
alta protección de los países desarrollados, es la pérdida de importancia
relativa de las ventajas comparativas de productos basados en recursos
naturales y en mano de obra barata. Los dos factores de producción
mencionados son aquellos en que la región históricamente había tenido
ventajas. Por eso es necesario buscar otro tipo de ventajas competitivas.
Ellas se han buscado en las exportaciones de productos no tradicionales
(floricultura en Colombia, frutos frescos en Chile, soja y producción
avícola en Argentina y Brasil, hortalizas de contra-estación en Centro
América y México). En esta nueva estrategia, donde el motor han sido
exportaciones de alta elasticidad-ingreso pero de mercados pequeños, la
ventaja la tuvieron los pioneros, los que iniciaron estas actividades en
pleno período de crisis de la deuda externa, y por tanto, donde el alto
valor de la divisa generaba altas rentabilidades. Quienes les siguen, sin
embargo, deben entrar a competir con los pioneros ya establecidos y en
mercados en vías de saturación y por tanto de precios decrecientes.

Por otro lado estos cambios han sido más favorables para aquellos
productores con capital suficiente como para financiar sus modernizaciones,
capacidad empresarial para llevarla a cabo y buena inserción en los
circuitos de comercialización modernos. Por el contrario las grandes masas
de pequeños productores y campesinos pobres han sido en general marginadas
de estos nuevos procesos productivos. Entre 1976 y 1987 se estimó por
ejemplo que los sectores de agricultura campesina sólo lograron asegurar el
10% del crecimiento global exportado por el sector agrícola en Chile.
Por otro lado en el período 1990-1994 mientras las exportaciones
agropecuarias de la región crecieron a una tasa media anual de 3,6% las
importaciones lo hicieron a una tasa de 11,8%.

i) Otro aspecto importante en la relación entre la agricultura regional y el
proteccionismo son las posibles repercusiones en el medio ambiente. Siendo
incuestionable la importancia de las exportaciones de productos
agropecuarios para la región, ese esfuerzo tiene que ser sostenible a largo
plazo para que tenga validez, de lo contrario se trataría de una estrategia
sin futuro. En este contexto la protección, sustentación y fortalecimiento
de la base de recursos naturales asume una importancia fundamental.
La apertura comercial de los mercados internacionales y la creciente
integración a los mismos implica una mayor competencia que en nuestros
casos, está generando una presión adicional sobre el uso de los recursos
naturales.

j) El nuevo curso que tomó la economía latinoamericana desde mediados de los
años 1980 se caracterizó por un creciente proceso de apertura externa,
privatización, desregulación, económica, reducción de la presencia estatal,
disciplina fiscal, liberalización financiera e integración regional.

En este nuevo contexto las políticas agrícolas han quedado subordinadas a
las necesidades de las políticas macro-económicas y a menudo han sido
interpretadas como una práctica del programa global de desmontaje de
distorsiones surgidas en el pasado, no constituyendo políticas específicas
que se enmarcan en una nueva estrategia de desarrollo para el sector
agropecuario.

El resultado, ha sido un proceso de modernización en algunos rubros con
incorporación de nuevas tecnologías. Sin embargo, este proceso ha estado muy
focalizado hacia ciertos rubros nuevos de exportación o de mercado interno
dejando al resto estancado, especialmente a la agricultura campesina.

La pobreza rural subsiste y en muchos casos se ha agravado nutriendo la
fuerte migración rural-urbana que ha continuado siendo creciente. En estas
últimas, "ghettización" de la sociedad crece. Cada vez más los sectores
acaudalados viven aislados en barrios protegidos. El deterioro de los
sistemas públicos (educación, salud, otros) y la concentración de los
mejores recursos en los servicios privados van deteriorando, lenta pero
decididamente el tejido y la interrelación social. Se puede hablar de la
globalización de la pobreza como contrapartida de las otras globalizaciones.

La aplicación de los problemas de ajuste estructural no ha resuelto los
graves problemas que afectan a los países de la región, y a las tasas de
pobreza, destrucción de los recursos naturales y deterioro del entorno de
vida en las grandes urbes.

III. Las Políticas Agrícolas y el rol de la agricultura

a) Las políticas agrícolas expresan y organizan las relaciones que mantiene
la agricultura con el resto de la sociedad. Ellas constituyen compromisos
institucionalizados, es decir, son los productos de los conflictos y de las
relaciones entre los diversos grupos sociales: agricultores, consumidores
industriales, comerciantes y administración.
Pero ellas expresan también relaciones económicas. En efecto los
agricultores cumplen una función económica que no se limita a la producción
de alimentos: constituyen una fuente de ahorro, un mercado para la
industria, contribuyen el equilibrio de la balanza comercial. Es también en
relación con estas funciones que las políticas agrícolas deben ser
analizadas.

b) Las dos formas de relación entre la agricultura y la economía en la
post-guerra.
Dos grandes formas de relaciones agricultura/ economía dominan el período de
la post-guerra: relaciones de arrastre en los países de la OCDE, relaciones
de extracción en los países en desarrollo.
La intensificación y la modernización de los agricultores en los países de
la OCDE hicieron de sus agricultores y de toda la cadena agro-alimentaría,
sectores de arrastre para la industria: ellos consumen cada vez más equipos,
maquinarias, materiales e insumos y permiten desarrollar por ejemplo la
fabricación de tractores y la petroquímica. El crecimiento del consumo es
favorecido por la transferencia de poder de compra de los agricultores hacia
los consumidores: con el aumento y evolución del consumo, las industrias
agro-alimentarías participan de un movimiento de arrastre hacia el resto de
la economía.


Para garantizar las inversiones en la agricultura y su capacidad de
acumulación, se requieren varias condiciones:

a) Una transferencia masiva de recursos hacia la agricultura. Todos los
países desarrollados modernizaron sus agriculturas organizando la
transferencia de recursos que representaron a menudo 30%, 40% o más del
ingreso agrícola neto.

b) Una regulación de los mercados que permita, a la vez, compensar la
desigual confrontación entre millones de productores individuales y un poder
de compra fuertemente concentrado que podía, en caso contrario, apropiarse
en su provecho de todas las ganancias de productividad del sector agrícola,
y por otra parte garantizar la estabilidad del contorno económico de la
producción, y

c) De un crecimiento de los mercados en la medida del desarrollo de la
producción.
En sentido inverso de las políticas señaladas de los países de la OCDE, la
gran mayoría de los países en desarrollo adoptan en la post-guerra políticas
de extracción, es decir la imposición al sector agrícola. El problema de los
países en desarrollo era de encontrar entonces en el marco de estrategias de
substitución de importaciones, fuentes de financiamiento para la
industrialización. La agricultura desempeñaba en esto un papel primordial.
La imposición a la agricultura puede ser directa u obtenerla por la vía de
impuestos a las exportaciones de productos agrícolas. El café y el cacao
constituyen dos de los mejores ejemplos de productos de exportación puestos
al servicio de las estrategias de substitución de importaciones.
Esta división entre países desarrollados que arrastran su industria mediante
su agricultura y países en desarrollo que financian su industria imponiendo
tributos a su agricultura, no siempre es tan nítida.
Así varios países en desarrollo adoptaron, al menos parcialmente, políticas
de apoyo a sus agricultores en el marco de la Revolución Verde. Otros
siguieron un modelo intermedio adaptando al menos para ciertas producciones,
las normas técnicas y de gestión de los países desarrollados y movilizando
fondos públicos para apoyar ciertas producciones agrícolas (caso de la soja
en Brasil). Finalmente, otros favorecieron al crecimiento rápido de una
agricultura de exportación limitando al máximo las imposiciones tributarias.
Hacia nuevas relaciones agricultura-economía.
Hoy día, estas dos formas de relación agricultura-economía que dominaron la
post-guerra y las políticas que las impulsaron, están siendo cuestionadas en
el marco del GATT y de los programas de ajuste estructural.
Desde comienzos de los años 70 se observan límites que hipotecan la
viabilidad de estas políticas.
En los países de la OCDE las funciones de arrastre de la agricultura hacia
el sector industrial se encuentran con una doble limitación:
- el agotamiento del mercado interno ha conducido a hacer del crecimiento de
las exportaciones una condición indispensable de la continuidad de su
función.
- el agotamiento del modelo técnico que se traduce por una considerable
disminución de la compra de insumos y de inversiones en el sector agrícola,
es decir un cuestionamiento de la capacidad de la agricultura de arrastrar
al sector industrial, al mismo tiempo que hacen explosión los gastos de
apoyo a dicha agricultura.
En los países en desarrollo la tributación a la agricultura, al mismo tiempo
que los países desarrollados subvencionaban la suya, se tradujo por una
considerable marginalización en los mercados internacionales de sus
productos agrícolas junto con la aparición de déficit crecientes del balance
alimentario. Finalmente, las políticas impositivas se vieron confrontadas a
importantes bloqueos del crecimiento de la producción, cuando el agotamiento
del crecimiento extensivo hizo necesaria la modernización y la
intensificación de dichas agriculturas.
Además las formas de relación agricultura-economía se han visto confrontadas
desde comienzos los años 1970 a un problema de coherencia con respecto a los
nuevos modelos de desarrollo que están siendo adoptados. Los años 1970
significaron el fin de los modelos de desarrollo Keynesianos en los países
desarrollados y de las modalidades de substitución de importaciones en los
países en desarrollo y poco a poco se ha ido imponiendo el imperativo de la
competitividad y de la limitante externa.
Así los modelos de desarrollo y las políticas económicas de los países de la
OCDE y de los países en desarrollo tienden a unificarse en lo que puede
denominarse una estrategia de promoción de las exportaciones.
En el marco de este nuevo modelo, la contribución de la agricultura al
crecimiento de las exportaciones y al equilibrio de la balanza comercial se
transforma en su función primordial.
Para cumplir esta función los agricultores deben estar en condiciones de
enfrentar la inestabilidad y las incertidumbres de los mercados
internacionales. Esto afecta negativamente toda política de imposición al
sector agrícola.
d) Las nuevas funciones sociales de la agricultura
En forma paralela a la consolidación de segmentos de la agricultura
orientados hacia la exportación, se observa desde hace algunos años una
afirmación creciente de las funciones no económicas o no agrícolas de los
agricultores y de las agriculturas. Cultivadores del paisaje y del medio
ambiente, guardianes de la naturaleza, animadores del medio rural y del
desarrollo local, esas son las funciones sociales en vías de emergencia.
Los países más sensibles a estas funciones no económicas de la agricultura
son los más ricos y a la vez lo que tiene menos necesidad de la agricultura
para equilibrar sus balanzas comerciales (Suiza, Japón, Alemania).
En otros como Francia y los USA por ejemplo, es posible imaginar
agriculturas duales en el seno de las cuales cohabitarían agriculturas
competitivas y agriculturas con función social. Estas últimas implicarían
otros instrumentos de políticas agrícolas (control de la oferta, apoyo
directo al ingreso, condicionalidad de las ayudas en función de los modelos
técnicos adoptados y de los modelos de gestión de los territorios, etc.
e) El acceso a la alimentación
Políticas que buscan la satisfacción de las necesidades alimentarias han
movilizado a los estados desde comienzos de los años 1950. Ellas han tomado
formas diversas con una gama de medios y modalidades muy distintas. En los
decenios de 1960 y 1970 aparecieron así los conceptos de autosuficiencia
alimentaría y de seguridad alimentaría. Sin embargo, a pesar del
mejoramiento de la situación alimentaría de un cierto número de poblaciones,
particularmente en Asia, la inseguridad alimentaría permanente o coyuntural
sigue siendo, un problema de la mayor importancia (especialmente en África y
en América Latina).
En el transcurso de los años 1980 las orientaciones de las políticas
alimentarías, muy ligadas entonces a la aplicación de los programas de
ajuste estructural, han dado una dimensión mayor a la inseguridad
alimentaría en numerosos países, inclusive en los industrializados.
Hoy día la problemática del acceso a la alimentación se plantea más que en
términos de disponibilidades físicas en términos de ingresos aún si en
ciertas regiones, por razones de deuda externa o de austeridad financiera,
puede expresarse en términos de disponibilidades.
Las políticas de ajuste estructural se han traducido a menudo por la
disminución de la tasa de crecimiento de la economía, reducción de la
demanda global, de los gastos del Estado y del empleo. La deflación ha
favorecido una caída de los ingresos sin precedente en nuestros países para
grandes sectores de la población.
Una proporción creciente de las poblaciones en los países en desarrollo
tiene hoy dificultades para alimentarse: caída de los ingresos que puede ser
hasta un 50% o más inferiores a los que se tenían antes, supresión de los
subsidios al consumo, liberación de los precios internos, aumento del costo
de los alimentos importados a causa de las devaluaciones. El empobrecimiento
se ve agravado por una desigualdad creciente en la distribución de los
ingresos.
Todas las capas de la población no se ven afectadas de igual modo por las
disminuciones del poder de compra. Los pobres se empobrecen y ciertos grupos
vulnerables se ven cada vez más marginalizados en diversos países. A esto se
agregan grupos de nuevos pobres, directamente afectados por las medidas de
saneamiento financiero. En África, al sur del Sahara, el 25% de la población
total está considerada en situación de inseguridad alimentaría de manera
permanente o coyuntural (Banco Mundial). En muchos países las clases medias
han sido particularmente afectadas habiendo perdido situación económica con
respecto a lo que habían progresado anteriormente (Nigeria, Costa de Marfil,
Brasil, Argentina). El aumento de la proporción de la alimentación
comercializada en las áreas rurales coloca también a la población rural en
situación similar a la de la población urbana.
f) La Agricultura Campesina y el Empleo
Las políticas agrícolas conllevan consigo siempre un aspecto que concierne
al empleo agrícola:
En ciertos casos ellas favorecen el éxodo rural para facilitar la
modernización, aumentan el tamaño de las unidades de producción o extraen
del campo la mano de obra rural necesaria para el desarrollo del sector
industrial.
En otros casos por el contrario, ellos buscan privilegiar el mantenimiento
del empleo rural para evitar la desertificación económica de ciertas
regiones, combatir una cesantía creciente o evitar la sobrepoblación urbana.
A veces se transforman en políticas de seguridad interna, de prevención de
tensiones sociales y de crisis políticas.
Estas dos alternativas a priori contradictorias, a menudo son realizadas al
mismo tiempo, dado el hecho de que las políticas agrícolas son múltiples y
difícilmente conciliables.
La dinámica de la modernización agrícola ha expulsado una parte del
campesinado a los márgenes de los circuitos económicos. Ha favorecido la
aparición de empresarios productores de materias primas para la
comercialización, la industrialización y ha marginalizado a numerosos
campesinos que se han mantenido como han podido en las actividades de
producción a las que a menudo agregan actividades anexas (transformación,
comercialización de productos, servicios). Estas dinámicas divergentes
señalan los límites de las políticas agrícolas que se han mostrado incapaces
de transformar al conjunto de los campesinos en campesinos modernos.
Bajo la presión del mercado internacional y de la crisis de la demanda tanto
interna como externa, las políticas agrícolas han buscado sobre todo la
competitividad.
En los países del Norte esta inflexión de las políticas agrícolas ha
significado el reconocimiento del funcionamiento de una agricultura con dos
velocidades. La agricultura de los empresarios reconocida como la
agricultura productiva y competitiva y ayudada consecuentemente. En el otro
extremo la agricultura campesina que se ve cada vez más reducida al rol de
servicios, de conservación de los recursos naturales y de ordenamiento del
espacio rural, totalmente separada del estatuto del productor agrícola.
En los países del Sur la liberalización del sector agrícola ha acentuado el
dualismo clásico. A la agricultura empresarial empujada a exportar se opone
un campesinado volcado al autoconsumo que las políticas públicas no esperan
por falta de recursos financieros integrar al mercado. Esta última
constituye con todo un elemento importante de la economía nacional, desde
luego como considerable reserva de mano de obra.
g) La Agricultura y el Medio Ambiente
La explotación irracional y sin limites de los recursos naturales es
particularmente importante en los países en desarrollo. El crecimiento de la
producción se hace esencialmente de manera extensiva sin tener en cuenta el
agotamiento y la degradación de los recursos naturales que hasta hace
algunos años estaban integrados a un proceso de explotación y regeneración
equilibrados. Este desequilibrio se comprueba por presiones sobre los
bosques, los suelos y el agua.
En el caso de los bosques los países latinoamericanos y del Caribe
concentran los mayores índices de deforestación del mundo. Según cifras del
BID de los 10 países del mundo con mayores índices de deforestación 7 se
concentran en Latinoamérica y El Caribe, con casos tan preocupantes como el
de Jamaica con una pérdida anual de sus escasos bosques del 7,2%.
Según las cifras publicadas por el BID después de Jamaica y Haití, los
países con los mayor índice de deforestación anual en la región son Costa
Rica (2,9%), Paraguay (2,7%), Ecuador (1,8%), Guatemala (1,7%) y México
(1,3%).




CONCLUSION

La Campaña Global por la Reforma Agraria debe incentivar y apoyar en la
promoción de los movimientos nacionales y sus luchas por la Reforma Agraria
que están ya en marcha, y también podrá promover nuevos impulsos por
Reformas Agrarias, basadas en el derecho humano a la alimentación y el
derecho campesino a producir.

La Campaña Global debe brindar información y dar resonancia internacional a
las iniciativas por la Reforma Agraria al nivel nacional, y debe promover la
comunicación y coordinación internacional de las iniciativas por la Reforma
Agraria, en particular con respecto al trabajo de cabildeo y las acciones
internacionales de solidaridad.

La meta del trabajo internacional de cabildeo, es la de ganar el apoyo de un
público mayor para las iniciativas por la Reforma Agraria, con el objetivo
de poner estas posiciones en la agenda internacional de las políticas
agrarias, de derechos humanos y de la cooperación para el desarrollo.

En este contexto, la Campaña Global debe promover el diálogo con las
organizaciones intergubernamentales, incluyendo las instituciones
financieras internacionales, sobre las Reformas Agrarias basadas en los
derechos humanos, e invocar de esta manera la implementación de las
disposiciones de la Cumbre Mundial de Alimentación de Roma, en lo que se
refiere a la Reforma Agraria.
Una prioridad importante de la acción internacional es la de intervenir
conjuntamente en solidaridad contra las violaciones de derechos humanos, en
particular cuando grupos campesinos sufren violaciones del Derecho a
Alimentarse, como también contra la persecución de activistas de derechos
humanos que trabajan en la promoción de la Reforma Agraria.