Rebelión en Nueva Granada; Luis Leante

Literatura española contemporánea. Novela juvenil de aventuras. Argumento

  • Enviado por: Daniel
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 4 páginas
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REBELIÓN

EN NUEVA GRANADA

Sinopsis:

El libro en cuestión, trata sobre la vida de Adriana Montenegro Huerga que es hija de Argimiro Montenegro Carnero, fiel servidor de la corte de Felipe IV, y de una señora apellidada Huerga, de la cual no se habla, pues en la casa de Adriana, el tema de la madre es tema prohibido, debido a que murió cuando paría a su hija. Adriana vive en Cádiz con su tía Purificación, hermana mayor de su padre, con sus criadas, debido a que su padre se encuentra colonizando en el Nuevo Reino de Granada.

Adriana, recibe una gran educación, debido a la alta clase social en la que se ha criado. Junto con su tía, Adriana acude diariamente a misa, y se codea con los jóvenes más apuestos de Cádiz. A la edad temprana de 14 años, una amiga de la tía, viene con su hijo Ezequiel Chacón, con grandes regalos para Adriana, debido a que la tía quiere casarla con este joven, que además de educado, es hijo del gran cirujano Isidoro Alfonso Chacón.

Al poco tiempo, se cierran las puertas de la ciudad, y se oyen cañonazos, porque los franceses están atacando la ciudad, por lo que la ciudad se entristece, y las mujeres vuelven a llevar ese velo que siempre les ha distinguido, que les cubre la cara. Pero en el punto más álgido de la tristeza que se vive en Cádiz, vuelven a sonar las campanas, porque han llegado barcos del Reino de Nueva Granada. Argimiro, y su alférez Álvaro, llegaron 4 días más tarde, debido a que tuvieron que irse para Sevilla para cerrar tratos. Durante la estancia de Argimiro y Álvaro en su casa de Cádiz, Álvaro y Adriana, se ven a escondidas y se enamoran. Entonces, Adriana se lo cuenta a Catalina SeSé, porque Adriana, en esos momentos era joven e ingenua, y no sabe que está enamorada, luego, cuando Adriana se lo cuenta a Catalina, ésta le dice que está enamorada de Álvaro. A los 15 días, Adriana le cuenta a su padre, que está enamorada de Álvaro, y que no quiere casarse con Ezequiel. Tras esto, el padre de Adriana, rompe el compromiso de boda con Ezequiel Chacón. Esto crea un revuelo por toda la ciudad, y no se habla de otra cosa, pero Argimiro guarda en secreto el amor de Álvaro con su hija, para no crear un revuelo mayor.

Tras un tiempo, Argimiro y Álvaro, se van de nuevo al reino de Nueva Granada, pero no dejan que Adriana viaje con ellos. Ésta se encuentra muy triste debido a que no le dejan viajar con la persona que ama. En el siguiente viaje que viene de las Indias, vino un alférez, que decía haber traído una nota en la que Argimiro le pedía que llevara a su hija Adriana a las indias para estar con él. El alférez Esteban Aguirre hizo todos los acuerdos necesarios para que Adriana, y la tía Purificación pudieran embarcar en uno de los navíos que iban a zarpar hacia las Indias. En el viaje hacia dichas tierras, todo parecía ir de maravilla, hasta que pasaron al mar del Caribe, en el que la mar empezó a enfurecer, y se separaron de las otras embarcaciones, y para más problemas, los piratas holandeses les estaban atacando por babor. Por culpa de dichos contratiempos, los pasajeros, tuvieron que tirar todos los ajuares que traían, los caballos, los alimentos, etc. Los tripulantes debieron de partir en botes, en los que no cabían todos los pasajeros, por lo que la mitad de los marineros tuvieron que ser sacrificados. Otro de los sufrimientos que tuvo que soportar la pequeña Adriana, fue la pérdida de su tía, debido al ahogamiento que sufrió al caer del barco, intentando entrar en el bote que les llevaría hasta las Indias, pero la que si consiguió entrar, fue la criada Matilde. Gracias a una flota que había venido en busca de los navíos que venían de Cádiz, el bote en el que se encontraba Adriana, el almirante y el alférez Esteban, se salvó del cautiverio en medio del mar.

Una vez avistada tierra firme, el alférez Aguirre llevó a Adriana y a Matilde al palacio del presidente, el cual les indicó que Argimiro y Álvaro, estaban desaparecidos desde hace casi diez meses, y que estaban raptados por los indios Chibchas. Como no tenían noticias de ellos no sabían si estaban bien o mal, pero les dijo que seguramente les encontrarían. Tras salir de palacio, el alférez Esteban, le encargó a su prima Ángela Mendoza, que cuidara muy bien de Adriana y de Matilde, y que no les faltara de nada. Casi cada día, venía a comer el alférez, y uno de esos días les dijo a Ángela y a Adriana, que seguramente zarpasen varios barcos, en busca de su padre y de Álvaro. Tras mucho meditar, Adriana le pidió a Ángela que hablara por favor con el alférez, pues le gustaría que le dejaran partir con dicha flota. Ángela habló con el alférez, y consiguió que las dos fueran en dichos botes, junto a Matilde. Tras muchas penurias, como la humedad que pegaba los ropajes, los mosquitos, los bichos, y demás rufianes, Adriana y Matilde se encontraron con Bibiana, que había perdido a su hijo cuando viajaban en La Santísima Trinidad, y le ayudaron a que huyera junto a todos sus compañeros. A la mañana siguiente, tras en enfurecimiento de el patas, hubo una pelea entre el alférez y éste, que terminó con la muerte de el patas. Una vez olvidado dicho tema, los soldados trajeron a un indio que habían encontrado, y todos empezaron a apedrearlo, pero el alférez impidió que prosiguieran, pues quería que les dijera donde se encontraba Nemqueteba, que era el gobernador de los indios. Al anochecer, Adriana salió a preguntarle al chibcha si sabía donde se encontraban su padre y su prometido. Éste, en vez de eso le pidió que abriera una cajita con forma de cuerno que le pendía de la cintura. La sorpresa de Adriana al abrirlo, fue que vio el colgante en forma de cruz, que le había regalado ella con anterioridad a la esclava negra Bibiana. Entonces el chibcha llamado Chibchacum, le dijo a Adriana, que eso se lo había regalado “Babana”, y que esta estaba al norte. Sin pensárselo dos veces, y olvidándose de su criada, Adriana saltó la verja del fuerte en el que habitaban, robando una espada, pólvora, mechas, y una pistola. Adriana empezó a caminar hacia donde ella creía que estaba el norte. Tras mucho caminar, se dio cuenta, de que en las partes en las que los árboles tenían musgo, era donde les daba el sol, y que por lo tanto ese era el norte, y que debía de seguir por allí. Al tiempo encontró una parte con menor vegetación, y en la que había un río, por lo que empezó a beber con agonía. Al poco tiempo, se encontró con unos indios, y esta sacó la espada, y ellos sacaron sus lanzas. De repente echó a correr, y consiguió huir, y cuando pensó que ya les había despistado, se los volvió a encontrar, y empezaron a salir chibchas y chibchas, y ella se asustó mucho, pero entonces reconoció a la esclava negra Bibiana, y esta le dijo que los indios no le harían nada, que son amigos. Tras esto, le dirigieron a la presencia de Álvaro, y cuando ésta lo vio, se desmayó. Cuando se despertó, Valeria, la mujer con la que se había casado su padre, la estaba cuidando, y se presentó un hombre canoso y barbudo, que era Nemqueteba, que ella reconoció tras su cara demacrada, como su padre. Él le dijo que todo aquello que le habían contado sobe que Nemqueteba se comía a los soldados españoles y que violaba a sus mujeres, era mentira, y le contó a la par, que él no le había ordenado al alférez Esteban Aguirre que fuera a por ella para traerla, sino que ella la iban a utilizar como trampa. Tras hablar con ellos, Adriana recapacitó y se dio cuenta de que su criada Matilde no estaba. Entonces, le dijo a su padre que fueran a buscarla, pero éste le dijo que era muy arriesgado y que no podían. Entonces Adriana salió sola en busca de su criada. Cuando llegó al fuerte, vio que ya no había tanta seguridad como había antes, y se atrevió a entrar en una de las chozas, encontrando a Matilde, y le dijo que se fueran, pero ya fue muy tarde porque con un certero golpe, le arrebataron de la pistola y la encarcelaron, junto a su criada. A los dos días, el alférez les hizo levantar, y empezaron ha caminar bosque arriba. Cuando llegaron al río del que ella había bebido con tanta agonía vieron dos champanes. En uno de ellos, al otro lado del río, estaba su padre, y en la otra orilla, donde se encontraban ellas, había otro champan, donde les dijeron que remaran para ir a la otra orilla. Eso era un intercambio entre los indios y los soldados españoles.

Adriana intentó tirarse al río para coger a su padre, que iba en otro bote, cuando vio que no paraban de dispararle, pero la criada se lo impidió. Cuando llegaron, vieron a su padre, sano y salvo. Después Argimiro les explicó que le habían puesto una peluca y la barba suya a un prisionero que habían capturado, por lo que los soldados habían disparado a uno de los suyos. Después de esto, los soldados españoles se fueron del fuerte, y las indias, junto a Valeria, fueron a coger lo que habían dejado allí los soldados antes de su marcha. Tras varios días de felicidad, llegaros los indios con unos prisioneros. Entre ellos estaba un fraile franciscano, que había estado escuchando a tía Purificación. En enero, el fraile, casó a Adriana y a Álvaro. Finalmente cuando estaban bajando en champanes Adriana empezó a sentir náuseas, y Valeria concluyó que Adriana estaba embarazada. La hija que tuvieron, se llamó Valeria.

Tras un tiempo, Adriana y Matilde se encontraron con Ángela Mendoza, pero no le dijeron nada a Álvaro, solo a Bibiana, que ahora trabajaba de criada para ellos.