Razón y fé

Teología. Racionalismo. Religión. Cristianismo

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Encuentro entre la Razón y la fé.

Según la biblia, el anuncio cristiano tuvo que confrontarse desde el principio contra las corrientes filosóficas de la época. Los primeros cristianos, para hacerse comprender por los pagános, no podían hablas sólo de “Moisés y los profetas”, debían también apoyarse en el conocimiento natural de Dios y en la voz de la conciencia moral de cada hombre. Como este conocimiento natural había degenerado en idolatría en la religión pagana, se prefiere entonces relacionar las argumentaciones con el pensamiento filosófico, que desde siempre habían opuesto a los mitos y a los cultos misteriosos conceptos más respetuosos de la trascendencia divina.

El máximo esfuerzo de estos filósofos o pensadores fue tratar de purificar los conceptos mitológicos que tenían por concepción los hombres.

Como Se sabe, la mayoría de las civilizaciones de este tiempo eran politeístas, que incluso llegaban a adorar fenómenos de la naturaleza. Fue tarea de los padres de la filosofía tratar de encontrar un vínculo entre la razón (lo racional) y la religión. Dirigiendo la mirada hacia los principios universales, no se contentaron con los mitos antiguos, sino que quisieron dar fundamento racional a su creencia en la divinidad.

Así se fueron abandonando las tradiciones antiguas particulares, y se habría un proceso más conforme a las exigencias de la razón universal. El objetivo principal de esto era lograr una conciencia crítica de lo que se creía. El concepto de la divinidad fue el primero que se benefició de este camino. Las supersticiones fueron reconocidas como tales y la religión se purificó, al menos en parte, mediante el análisis racional. Sobre esta base los Padres de la Iglesia comenzaron un diálogo fecundo con los filósofos antiguos, abriendo el camino al anuncio y a la comprensión del Dios de Jesucristo.

Al referirse al acercamiento del cristianismo a la filosofía, es obligado recordar también la actitud de cautela que suscitaban otros elementos del mundo cultural pagano, como por ejemplo la gnosis. La filosofía podría confundirse fácilmente con un conocimiento de tipo superior, reservado a unos pocos perfectos. En este tipo de especulaciones esotéricas piensa sin duda san Pablo cuando pone en guardia a los Colosenses: «Mirad que nadie os esclavice mediante la vana falacia de una filosofía, fundada en tradiciones humanas, según los elementos del mundo y no según Cristo» (2, 8).

Con la aparición de las primeras universidades, la teología se confrontaba más directamente con otras formas de investigación y del saber científico. San Alberto Magno y santo Tomás, aun manteniendo un vínculo orgánico entre la teología y la filosofía, fueron los primeros que reconocieron la necesaria autonomía que la filosofía y las ciencias necesitan para dedicarse eficazmente a sus respectivos campos de investigación. Sin embargo, a partir de la baja Edad Media la legítima distinción entre los dos saberes se transformó progresivamente en una nefasta separación. Debido al excesivo espíritu racionalista de algunos pensadores, se radicalizaron las posturas, llegándose de hecho a una filosofía separada y absolutamente autónoma respecto a los contenidos de la fe. Entre las consecuencias de esta separación está el recelo cada vez mayor hacia la razón misma. Algunos comenzaron a profesar una desconfianza general, escéptica y agnóstica, bien para reservar mayor espacio a la fe, o bien para desacreditar cualquier referencia racional posible a la misma.

En resumen, lo que el pensamiento patrístico y medieval había concebido y realizado como unidad profunda, generadora de un conocimiento capaz de llegar a las formas más altas de la especulación, fue destruido de hecho por los sistemas que asumieron la posición de un conocimiento racional separado de la fe o alternativo a ella.

-Separación:

La filosofía moderna se ha ido alejando cada vez más de la Revelación Cristiana, hasta llegar a contraposiciones. En el siglo pasado algunos intentaron incluso transformar la fe y sus contenidos. Movimientos de humanismo ateo, elaborados filosóficamente, presentaron la fe como nociva y alienante para el desarrollo de la plena racionalidad. No tuvieron reparo en presentarse como nuevas religiones creando la base de proyectos que, en el plano político y social, desembocaron en sistemas totalitarios traumáticos para la humanidad.

En el ámbito de la investigación científica, ésta no se ha alejado de la referencia de visión cristiana en el mundo, sino que, ha olvidado toda relación con la visión metafísica y moral. Consecuencia de esto es que algunos científicos, carentes de toda referencia ética, tienen el peligro de no poner ya en el centro de su interés la persona y la globalidad de su vida. Más aún, algunos de ellos, conscientes de las potencialidades inherentes al progreso técnico, parece que ceden, no sólo a la lógica del mercado, sino también a la tentación de un poder *demiúrgico sobre la naturaleza y sobre el ser humano mismo.

*Demiurgo: según los gnósticos, alma universal, principio activo del mundo.