Ramón Matías Mella

Política dominicana. Independentismo. Región cibaeña. Boyer. Las Matas de Farfán. Nacionalismo. Patricios. Biografía

  • Enviado por: Tammy
  • Idioma: castellano
  • País: República Dominicana República Dominicana
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Ramón Matías Mella

Nació en la casa marcada con el número 64 de la actual calle Sánchez de Santo Domingo. Para ese entonces, el 25 de febrero de 1816, era apenas un bohío de una calle polvorienta de aldea, que servía de hogar a una modesta familia de la pequeña clase media. El padre se nombraba Antonio Mella Álvarez y la madre Francisca Castillo. Temperamento inquieto, la intrepidez fue el sello distintivo de su carácter que en ocasiones ofrecía facetas de cierta volubilidad. 

Bastante temprano fue ganado Mella por las ideas independentistas que propagaba Duarte y con toda el alma se entregó a la lucha por materia­lizarlas.


Enrolado en el ejército adquiere conocimientos militares que luego serán de gran utilidad. Formando parte de los regimientos 31 y 32 es trasladado a Haití. Su regreso al país ocurre en momentos en que se profundizan las contradicciones haitianas que se disputan el poder y cuando maduran las condiciones para llevar a vías de hecho las ideas separatistas. 

Su primera gran tarea la cumple en este período al salir comisionado para la ciudad haitiana de Los Cayos (Les Cayes) a concertar una alianza entre los trinitarios y los reformistas haitianos que combaten a Boyer. El conocimiento del país y de sus hombres le ayudará mucho en su misión y regresará después de cumplir con éxito la tarea que se le había encomendado. 

Luego del triunfo de los reformistas Mella se entrega a una febril actividad tratando de lograr prosélitos para la causa de la independencia. Esa labor lo llevó a acercarse a los grupos conservadores para inclinarlos a luchar por la separación de Haití. Obtenido ese objetivo aparece Mella firmando la manifestación del 16 de Enero de 1844, llamada también Acta de Separación y que es el documento que al mismo tiempo que proclama la necesidad de separarse de Haití, consagra la unión de liberales y conserva­dores, es decir de independentistas y colonialistas, para expulsar del te­rritorio nacional a los haitianos y crear un nuevo estado. 

Unos días después se producirá su histórico trabucazo que iniciaría las guerras de independencia que se prolongarían hasta diciembre de 1855. En la guerra es donde Mella cobra verdadera estatura histórica y no tan sólo por los hechos de armas. A principios de marzo de 1844 organizó la región cibaeña para repeler los posibles ataques haitianos y luego partió para el sur para incorporarse a las filas de los combatientes.

Se le designó jefe de Operaciones con asiento en Las Matas de Farfán y allí tuvo que hacer prodigios de destreza militar, de valor y heroísmo para retardar al avance de las tropas haitianas en tanto se organizaba en Azua la defensa que debía parar en seco la ofensiva del enemigo. 

Es fama que Mella clavó la artillería negándose a retroceder hasta el último instante, disparando con sus propias manos el último cartucho. Once días logró contener al enemigo y salvar con ello su división, re­trocediendo luego hasta hacer firme en el Paso del Jura para asistir con sus hombres a la victoria del 19 de Marzo


Al ocurrir la retirada de los haitianos regresó al Cibao y el 4 de Julio proclamó a Duarte para la presidencia tratando con ello de salirle al paso a los manejos colonialistas que los conservadores venían desarrollando con todo descaro para poner al país bajo la férula colonial de Francia. A causa de esa actitud fue expatriado por Santana y no regresó al país hasta 1848 al amparo de la amnistía promulgada por el presidente Jiménez. 


En este momento ocurre una de esas acciones que ponen de manifiesto la naturaleza un poco cambiante de su carácter y que ha servido para que algunos con poca razón lo juzguen de traidor. A su regreso se incorporó a las luchas entre las facciones conservadoras colocándose al lado de Santana. Esas relaciones las mantuvo hasta 1860 cuando se hizo claro para él que Santana asesinaba la independencia del país en beneficio de la anexión a España. 

Sin embargo antes de producirse la ruptura de esas relaciones incurrió Mella en otra vacilación notable que pone en entredicho su nacionalismo. Esa vacilación ocurre hacia fines de 1853, cuando acepta llevar a cabo una misión que le encomendó Santana. En efecto debía llegar a Madrid y tratar de obtener el reconocimiento por parte de España de la Independencia nacional o el protectorado. Es de suponer que esta última parte de su misión no debió ser para él de su agrado por lo que cabe imaginarse que puso todo su esfuerzo con cumplir la primera parte de su encomienda, esto es el logro del reconocimiento de la existencia del estado dominicano como país libre e independiente. 


Su nacionalismo queda confirmado al colocarse al lado de los restauradores en 1861, combatiendo arduamente para expulsar a los españoles como antes lo había hecho contra los haitianos. Es famosa la trinchera del Duro que Mella constituyó en un ariete demoledor de la resistencia de las tropas hispanas. 


En las luchas armadas que sostuvieron los grupos colonialistas entre sí por hacerse del gobierno para materializar en su provecho la entrega de la soberanía a las potencias coloniales europeas, Mella tuvo también alguna participación, lo que deslustra un tanto su condición de febrerista. 

En resumen la vida pública de Mella presenta muchos más aspectos positivos que negativos y los primeros son de tal magnitud que merece que se le siga teniendo como uno de nuestros patricios. 

Mella murió en Santiago el 4 de junio de 1864 y antes de morir pidió que su cadáver fuera envuelto en la bandera nacional.