Ramón Gómez de Serna

Literatura. Vida. Obra. Los sonámbulos. Medios seres. El rastro. Rebbeca

  • Enviado por: Jara
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 10 páginas
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Tema 5. Ramón Gómez de la Serna

  • Vida

  • Nace en Madrid en 1808, siendo el mayor de cinco hermanos. Su padre estaba muy “metido” en política, incluso uno de sus tíos llegó a ser ministro.

    Termina el Bachillerato en Frechilla (Palencia) y regresa entonces a Madrid con su familia, aunque pronto se dedicará a viajar por París. En una habitación de su casa monta un despacho con un sinfín de cosas y artilugios obtenidos en el Rastro, su máxima inspiración. Quizá el objeto más destacable de los que reuní allí fuese una muñeca de cera a tamaño natural, ya que llegará a sentir una obsesión por la necesidad de compañía femenina.

    Desde muy joven empieza a escribir en periódicos como el Adelanto de Segovia o La Región Extremeña (aunque su propia tia-abuela, Carolina Colorado, afincada en Lisboa, decía que sus artículos eran demasiado modernos). A los 16 años escribe su primera novela, Entrando en el fuego, un conjunto de cuentos.

    Estudió Derecho, y es curioso que una de las asignaturas que suspendiera fuese Literatura. El caso es que regaló un ejemplar de su primera novela a su profesor, quien pensaba que era realmente malo. Al terminar sus estudios, no ejerció como abogado, se dedicó a leer a autores sobre todo del s. XIX, españoles y foráneos, como Rousseau, Balzac o Azorín, incluso rechazó algunos trabajos que se le ofrecieron. No obstante, muchos críticos han pensado que no fueron los libros los que educaron a Gómez de la Serna, sino el Rastro madrileño.

    Hará algunos trabajos de izquierdas y será asiduo a las tertulias y lecturas del Ateneo, del que fue nombrado secretario en 1908. Su discurso acerca del “Concepto de la nueva literatura” provocará un importante revuelo y el conflicto y las habladurías permanecerán durante días. Ese mismo año publica Morbideces bajo el seudónimo de “Tristán”, tal y como marcaba la moda (Leopoldo Alas, “Clarín”, José Martínez Ruiz, “Azorín”), y además saca el primer número de su revista Prometeo.

    Mantuvo una aventura con la feminista Carmen de Burgos, “Colombine”, madre separada de una hija, Carolina. Colombine, nueve años mayor que él, era ya conocida como escritora, convirtiéndose en una madre, amante, amiga, lectora y crítica para Gómez de la Serna. En 1911 realizan juntos un viaje a Londres, visitando también otros lugares. Entre 1914 y 1917 publica El Rastro (1915), Greguerías (1914) y Senos (1917) y será colaborador en varias revistas.

    En 1922 muere su padre y con la herencia se hace con una casa en Estoril (Portugal). De vuelta a Madrid retoma la iniciativa de montar un despacho donde almacenar cosas curiosas, entre ellas, de nuevo, una muñeca de cera, ataviada con joyas y demás, que además cobrará importancia en Los medios seres.

    En 1931 viaja por primera vez a Sudamérica y allí conoce a Luisa Sofovich, la mujer que llenará por fin el vacío de Gómez de la Serna, como no pudo hacerlo no Colombine ni ninguna otra. Con el estallido de la Guerra Civil se ve obligado a marcharse a América, donde visitará toda Argentina, haciendo primero una fugaz visita a Buenos Aires.

    En 1948 publica Automoribundia, una autobiografía, y unos años después, en 1952, enferma de varias cosas (diabetes, arteriosclerosis,…). Contrae matrimonio con Luisita Sofovich en 1961, aunque seguirá viendo esporádicamente a Carmen de Burgos, y muere dos años después, en 1963, de manera repentina.

  • Obra

  • Además de ser muy amplia, pues siguió escribiendo hasta el momento de su muerte, ciertamente su obra parece no adaptarse a ninguna clasificación estableciéndose una total confusión de subgéneros en aquello que no es ni teatro ni poesía, lo que ha llevado en muchas ocasiones a afirmar la existencia de un género peculiar: el Ramonismo.

    Su dedicación abarca todos los niveles, no obstante, y, aunque resulta paradójico, siendo el introductor de las nuevas formas de la metáfora, será la poesía el género en el que menos destaque.

  • Teatro.

  • El suyo no fue precisamente un gran teatro. Muchos han sido los que han afirmado que le faltó paciencia, paciencia a la hora de crear los personajes, de describir las escenas, de crear guiones,… Además se ha destacado también su soberbia y escasa humildad para moverse entre la gente de los teatros (directores, dueños, actores,…).

    Existe en su producción teatral una cierta pretensión al lirismo, no obstante resulta poco comprensible. La fantasía está muy presente, pero el argumento es muy tenue, una suma de diálogos, y los personajes son sombras, fantasmas que se mueven por el escenario como si no tuvieran entidad propia. Quizá sea lo más destacable el diálogo, más que eso, los monólogos, chispeantes, que constituyen una suma de greguerías.

    En su teatro de la etapa juvenil puede apreciarse la influencia de Maeterlink. Se trata de obras muy simbólicas donde los personajes, caracterizados por el vestuario, no de modo profundo, tienen un papel que cumplir, al que están obligados.

    No obstante él mismo afirmaba su repulsa a sus obras de juventud, afirmando en el prólogo de sus Obras completas que estaban llenas de gritos y que no es bueno hacer sentir a los demás las preocupaciones de uno mismo.

    Sólo consiguió ver estrenada Los medios seres, y murió antes del estreno de Unánime. Por lo general, sus obras se publicaron más que llevarse al escenario, pues resultaba más fácil leerlas que verlas. Afirmará, por ejemplo, que Automoribundia es un teatro muerto, pues los personajes han muerto antes de nacer.

    Los sonámbulos (1911)

    Los sonámbulos es sin duda el precedente literario de “Seis personajes en busca de un autor”, de Pirandello, si bien se ha llegado a afirmar lo contrario, aún siendo la obra de Gómez de la Serna anterior a la del italiano. Es también uno de los antecedentes que inspirará el teatro de Buero Vallejo.

    Constituye la 2ª parte de su Trilogía Máxima, y se trata más bien de un ensayo dramático en un solo acto con un epílogo firmado por Tristán y referido a Ramón en tercera persona.

    El argumento es el que sigue: en un salón de actos barroco de Venecia, van apareciendo una serie de personajes sonámbulos que, sin darse cuenta, van contando sus propios sueños. Poco a poco van despertando y se disculpan ante los demás. Los personajes son:

    • Una vieja pintorreteada que sueña con subir al cielo y da gracia a Jesús por estar allí.

    • Un jugador que sueña con que pierde su dinero y no le admiten apostar las joyas de su mujer, pero sí sus cabellos (encuentra su antecedente en la poesía épica germánica, donde a las mujeres que vendían su cuerpo se le cortaban los cabellos).

    • Un extraviado que busca a su mujer.

    • Una virgen que se siente traspasada por un perfume.

    • Un prestamista gordo que sueña que se siente justificado por sus obras de caridad.

    • El justo, siempre en abstinencia pero que no ha dejado nunca de desear a otra mujer.

    Se trata pues de un repaso por las “culebras” (los pecados, inspirados por el demonio que, convertido en serpiente, tienta a Adán y Eva en el paraíso) del hombre.

    Los medios seres (1929)

    Es una comedia de transición. Su estreno en el teatro Alcázar de Madrid fue realmente multitudinario, aunque muy pocos se percataron de qué trataba la obra. El mote que le pusieron los críticos fue fácil: semi-Gómez semi-Serna.

    La inspiración la obtuvo de la Serna de un cuadro que adquirió en el Rastro. En él se veía representado un personaje femenino con medio rostro pintado como una calavera. Se trata pues de una metáfora del ser humano en todo su esplendor (la belleza de la mujer) y en toda su derrota (la muerte representada por la calavera) que Gómez de la Serna asimiló al hombre español en su gozo y ascesis a través de la puesta en escena de dos tipos de personajes: unos, los medios seres, vestidos y pintados la mitad derecha de negro y la mitad izquierda de blanco; y otros, los seres enteros, representados como normales.

    En cuanto al argumento, gira en torno a dos personajes, Pablo y Lucía, dos medios seres a quienes su amor ya no satisface, por lo que se ven abocados a dirigirse a otros medios seres para completarse, sobre todo Pablo, que lo conseguirá, en mayor o menor medida, con Margarita.

    La metáfora de la oposición intrínseca al hombre entre vida y muerte se ve en la obra trasladada a la propia existencia ramoniana. El argumento hace referencia, casi de manera explícita, a su propia vida, reflejándose la etapa en la que Ramón convive con Carmen de Burgos, a pesar de sentirse fascinado por su hija Carolina de Burgos, de 15 años. Tras el estreno de la obra, Carolina salió huyendo e intentó suicidarse.

  • Greguerías

  • Lo primero a tener en cuenta es que no se sabe cuántas greguerías llegó a escribir exactamente Gómez de la Serna, pero sin duda se pueden contar por cientos.

    En cuanto a su definición, cabe decir que la greguería se asemeja quizá a una modalidad de expresión aforística, coincidiendo con éstos (los aforismos) en la expresión de manera breve de un pensamiento o un conocimiento esencial. No obstante éstas serán mucho más impactantes, fijándose de la Serna en pequeñas cosas que va mezclando, como mundos que no tienen nada en común (“Vejez: me están saliendo en la frente cristales azules de hospital”). Si al principio las greguerías serán bastante largas y complejas, poco a poco se irá quedando con la “greguería limusina”, la esencia.

    Diría José Bergamín que “Ramón ha encontrado el secreto último, el último refugio de la razón en la incongruencia. Las fronteras reales (...) se distancian, se alargan, se separan, elásticas; y se rompen, soñando, contra el límite lógico del pensamiento”.

    No obstante la mejor forma de definir la greguería es examinar los medios de los que Gómez de la Serna se sirve para su creación, siendo el principal el empleo de la palabra polisémica.

  • Formación de la Greguería.

  • Metaplasmos.

      • Aliteración: le sirve para parodiar el lenguaje afectado (“La ñ dice adiós con su pañuelo a los niños y a los ñoños”) o como metáfora (“Sólo pega los sobres bien la saliva pegajosa del calumniador”).

      • Paronomasia: con ella consigue una impresión acústica llamativa mediante:

        • Una metáfora: “Las porteras son las parteras de la mañana”.

        • Un diálogo: “-¿Rioja clarete? -¡Clarinete!”.

        • Una repetición: “Quien no deja deudas deja deudos”.

        • Aproximándose al calambur (dos o más fragmentos de una palabra para formar una nueva): “¿Te dio el tedio? Pues no tienes remedio”.

      • Rima: utilizada en el mismo sentido que la paronomasia. En ocasiones se sirve de una pseudoetimología (“Caníbal -can, perro, y Aníbal- fue el que se comió a Aníbal”), y la rima asonante también parece sugeridora (“Todos los vicios son feos, pero el de contubernio está pidiendo el infierno”).

      • Creación de palabras:

    • Invención de términos:

      • Dotando a vocablos preexistentes de nuevo significado: “El apuntador es el eco antes de la palabra”.

      • Creando palabras de índole onomatopéyica: “En la noche acústica se oyen los lejanos trenes que pasan diciendo `que-te-cojo, que-te-cojo, que-te-cojo'”.

    • Modificación de términos:

      • Derivación: “La cebolleta es una cebolla señoritil y de cuello alto”.

      • Composición: “Al dormir tenía respiración de sorbe-grillos”.

      • Parasíntesis (composición+derivación): “El verdadero nombre del pedicuro es practipédico. ¡Nunca le toca una buena palabra!”.

      • Juegos de palabras (pseudoderivación): toma dos palabras que coinciden en parte de su nivel fónico e intenta su proximidad semántica en base a una supuesta derivación etimológica (“Bisabuelo parece querer decir una pareja de abuelos”).

      • Homofonía: Suele utilizar la repetición (“Tírate a la nada y nada”) y la dilogía, siendo el efecto mayor que en el caso anterior (“Es maravilloso cómo no se han quedado afónicas las sirenas de Londres”).

      • Metalogismos.

      • Ramón se divierte tanto deformando el léxico como deformando refranes, frases hechas y textos literarios para obtener expresiones greguerescas, es decir, maniobra el campo de las operaciones lógicas. Con ello se pretende conmocionar al lector, no permitir su distracción, haciéndole partícipe del texto al estar obligado continuamente a descodificar la estructura.

          • Refranes:

          • Sustitución de un elemento original por otro nuevo: “Nunca es tarde si la sopa es buena”.

          • Intercambio de lugar entre uno o más elementos: “En definitiva, ¿cómo está concebido ese axioma que nos lanzan al primer descuido?... ¿'No hay mal que por bien no venga' o `no hay bien que por mal no venga'?”.

          • Modificaciones diversas: “El tiempo no es oro: es purpurina”.

          • Frases hechas: sustituye algún miembro del texto original por uno nuevo, consiguiendo diversos efectos sarcásticos (“¿De cuerpo presente? No, de cuerpo pretérito pasado”), irónicos (“Dios quiso poner un cascabel al diablo, pero se le escapó”), intrascendentales (“Las estrellas viven con tanta holgura porque saben la cortesía suprema que es guardar las distancias”) o almibarados (“El hambre del hambriento no tiene h, porque el verdadero hambriento se la ha zampado”).

          • Alusiones literarias y modificaciones de frases célebres: en numerosas ocasiones son tomadas de la Biblia (“¡Levántate y lávate!”) aunque también se sirve de otras fuentes (“Las venas son los riachuelos que van a dar a la mar que es el morir”, “Consejo superfilosófico: Hágase una radiografía, y si sale es que existe”).

          • Hipérbole (“Llovía con tanta fuerza que burbujeaban los peces del asfalto”).

          • Ironía (“No importa que vuestro vaso sea pequeño, pues lo importante es que la botella esté llena”).

          • Paradoja (“La eternidad envidia a lo mortal”).

      • Metasememas.

          • Comparación: normalmente en la primera parte presenta el objeto o situación para, tras el nexo como, platear una compleja proposición con imágenes diversas (“La transfusión es como llenar la estilográfica”).

          • Metáfora: resulta aún más importante y complicada, con ella traslada “el sentido recto de las voces a otro figurado, en virtud de una comparación tácita”. En cualquier caso, Gómez de la Serna se sirve de la metáfora para potenciar las impresiones y aproximar su lenguaje en prosa al lenguaje poético. Hay varios tipos:

        • A es B: elemento simple A y elemento B mucho más complejo (“Las chispas son estornudos de Satanás”).

        • A: B: definición donde se descubre una imagen (“Soda: agua alegre”).

        • A = b1, b2, b3: puede que defina un elemento en varias greguerías (“El camello tiene cara de cordero jorobado”, “El camello tiene la nuez en la joroba”, “El camello está siempre apolillado”), o que sea en una sola (“La alcachofa es un alimento para ebanistas, carpinteros y tallistas”).

        • A no es B, es C: “Un elefante no es un animal, es una asociación”.

        • A quizá no es B, sino C: la fórmula se hace más compleja por mayor primitivismo (“La máscara amarilla iba llenando de huevo la noche. ¿O quizá? Las máscaras amarillas son los huevos fritos del carnaval”).

        • Omisión del segundo término: dota a la metáfora de mayor agilidad y brillantez (“El látigo [es una pluma que] traza en el aire la rúbrica del tirano”).

        • También puede desaparecer A: “[La pasta es] la oruga del dentrífico”.

          • Vivificación: las fronteras entre lo real y lo imaginario se alargan y hasta desaparecen en un proceso de nivelamiento, no confusión, de los seres:

        • De objeto a ser vivo: “El cepillo es un milpiés que se escapa siempre del sitio en que debería estar”.

        • De vegetal a animal: “Los lirios crecen en bandada y vuelan de valle en valle”.

        • De animal a ser humano: “La gallina está cansada de denunciar en la comisaría que le roban los huevos”.

        • De vegetal a objeto: “Los cipreses son como pendones quietos en una procesión”.

        • De objeto a ser humano: “La nata es la mejilla de la leche”.

        • De ser humano a objeto: “El panadero con su gran cesto en la cabeza fue el primer hombre con side-car”.

          • Sinestesia: “- ¿Oyes ese dolor? Dijo ella en el jardín”.

          • Imágenes visionarias: “¿Qué es la ilusión? Un suspiro de la fantasía”.

      • Clasificaciones.

      • Richard Jackson (1965): no tiene mucho sentido ya que las categorías no guardan relación.

          • Categorías tipográficas (basadas en puntos, letras, números, etc.).

          • Juegos de palabras.

          • El hombre en la greguería.

          • Otras fuentes de inspiración.

      • Luis López Molina:

          • discursivas,

          • asociativas,

          • verbales.

      • Por el diseño:

          • Orales: parecen estar escritas para ser oídas.

          • Gráficas: escritas para ser leídas:

        “Sobre la ñ revolotea la lombriz caligráfica”.

        “El lunar es el punto final del poema de la belleza”.

        “Tengo suprimido el paréntesis de qepd porque pone nerviosos a los muertos ”.

        “Los que fechan cualquier cosa con números romanos son unos MMMEMOS”.

      • Por la dimensión:

          • largas (primeras),

          • cortas: “Soda: agua con hipo”.

      • Por la época de elaboración:

          • Hasta 1947: creación, elaboración y maduración.

          • Hasta su muerte (1963).

      • Por el lugar de publicación:

          • revistas (primero),

          • libros.

      • Por la estructura (enunciativas, exclamativas, interrogativas):

          • Unimembres: “Soda: agua alegre”.

          • Plurimembres (dialogadas,...): “- No tengo más que dos. - No deberías tener ninguna”.

      • Por el nivel de creatividad:

          • Absolutamente originales.

          • Derivadas (de antecedentes literarios,...).

      • Por temas (según la clasificación del propio autor de las greguerías publicadas en Abc que serían después recopiladas en un libro):

          • Naturaleza.

          • El amor, la mujer.

          • La vida, el tiempo, la muerte.

          • El mundo, los objetos.

          • La literatura, el arte, el espectáculo.

          • El progreso, la ciudad, la casa.

          • El sueño, los espejos, las sombras, el hipo.

          • El hombre, el cuerpo, la adolescencia.

          • Las profesiones, la vida social.

      • Por vigencia:

          • Atemporales.

          • Susceptibles de caducidad:

        “Lo único que tenemos de porcelana son los ojos”.

        “En la tinta china está el luto del arte”.

        “Los que no quieren que se fume en el vagos no entienden que si la locomotora no fumase no se movería el tren”.

          • Adelantadas:

        “Si las gallinas pusiesen los huevos con fecha y lugar de origen, ¡cómo cambiaría el comercio de huevos!”.

        “A la síntesis a la que más quiere llegar el progreso es a la síntesis de los calzoncillos”.

        “El ventilador debía dar aire caliente en invierno”.

        “En lo que más avanza la sociedad es en la evolución de los envases”.

      • Novela

      • Su novela es realmente difícil de clasificar, ya que a menudo confunde el relato corto con el largo y éstos con la novela corta o larga, transformándose a veces los unos en los otros. Muestra un despreocupación absoluta por el género, que trabaja más que nada con la intuición. Por esta razón, muchas de sus novelas en realidad son relatos más extendidos, con lo cual, en ocasiones se queda corto en el argumento.

        Podemos dividir su obra en tres etapas, olvidándonos de incluir La viuda blanca y negra, anterior a la primera:

      • De 1922 a 1924 (probablemente la mejor):

          • La quinta de Palmyra

          • El novelista

          • De 1927 a 1931:

              • El caballero del hongo gris

              • La nardo

              • De 1932 a 1961:

                  • ¡Rebbeca!

                Los personajes apenas se desarrollan, se presentan como son desde la primera línea hasta la última, si acaso en El caballero del hongo gris los personajes van actuando, no obstante llegarán a un final ya esperado. No existe por tanto un trama propiamente dicha, son las novelas de “la nebulosa”, continuamente desarrollándose. A pesar de ello consigue atraer al lector con sus greguerías, a través de las cuales, y utilizando un lenguaje barroco, denota una interesante chispa.

                En todas sus novelas va dejando datos autobiográficos, exponiéndose constantemente al lector. En esta línea el amor es siempre tratado desde un punto de vista fisiológico y rara vez tiene un carácter espiritual.

                El Rastro (1917)

                Esta obra constituye la matriz de toda su producción. Se trata de una descripción pormenorizada de todo lo que hay en el Rastro de Madrid, un canto a todas esas cosas que han perdido su sitio original, abandonadas, a la espera de una mano que las resucite. Estas cosas permanecen en un reposo al ralentí y Gómez de la Serna es quien las dota de significado, de nueva vida, gracias a su exuberancia verbal, transformándose en un nuevo Adán. No hace más que cumplir su misión, la misión del hombre, que es poner nombre a las cosas.

                Se trata de una renovación de las cosas a través de figuras literarias, sobre todo de la metáfora, asimilándose al mismo tiempo a las corrientes artísticas de la época, como el cubismo, percibiendo nuevas facetas, nuevos ángulos, de los objetos.

                También se retratan personas, de todas las “calañas” y nacionalidades posibles.

                La viuda blanca y negra

                La protagonista, Cristina, es una mujer muy, muy blanca de piel, pero vestida siempre de riguroso luto, llamando la atención el contraste entre el negro y el blanco.

                Junto a ella sólo aparecen dos personajes más: Rodrigo, que va al entierro del marido de Cristina y se enamora de ella, no parará hasta llevársela a la cama, y el difunto, cuya sombra planea constantemente sobre la relación de los dos anteriores, siempre presente y ausente al mismo tiempo.

                Se trata pues de un triángulo amoroso construido de la forma siguiente:

                Cristina se queda viuda y le falta algo (sexo) que encuentra en Rodrigo. Ambos se entregarán a sus pasiones de modo desmedido. Se trata de la dicotomía universal entre Eros, el amor, y Tánatos, la muerte, representada por el difunto. Para evitar la monotonía, ya que la historia se podría haber desarrollado en un cuento, Gómez de la Serna describe muchas escenas de cama.

                Se aprecia en la obra a la perfección la tensión entre Ramón (Rodrigo) y Carmen de Burgos (Cristina), él joven y ella madura. Los personajes acabarán por hacer una escapada a París y a final es él, quien la buscaba, quien huye de ella (como en la vida del autor). Trata así la incapacidad de Ramón para mantener un amor entregado, serio: él es un joven egoísta que busca un amor sin compromisos, fácil, pero además no acepta el pasado, y al igual que la sombra del difunto marido planea sobre la relación de Cristina y Rodrigo, Ramón no puede soportar pensar en que Carmen esté separada.

                La quinta de Palmyra

                Esta novela fue publicada primero de forma fragmentada en la revista La pluma y relata su etapa portuguesa cuando, tras la muerte de su padre, se compró con la herencia una finca, “El ventanal”, en Estoril, sin embargo tuvo que pedir además un préstamo con unos altísimos intereses que no puedo pagar, con lo que se vio obligado a venderla dos años después. La finca estaba apartada, lo que le permitía escribir en silencio y soledad, pero por la noche podía acercarse a la ciudad, que no estaba muy lejos, a las tertulias, a entrar en contacto con sus oyentes que tanto necesitaba. “El ventanal” era sin duda una “alabanza de aldea” y “alabanza de corte”.

                En cuanto a la historia, gira en torno a una finca que Palmyra recibe en herencia. La casa se convertirá en un referente espacial, y con el tiempo irá adquiriendo protagonismo, ensombreciendo al personaje central, Palmyra. La finca es ciertamente un reflejo de la “saudade” (melancolía) del pueblo gallego-portugués, lo que de la Serna conoce de ese pueblo, pero representa también la opresión que el habitáculo ejerce sobre la persona.

                Palmyra es una auténtica “devoradora” de hombres, en la que Ramón se autorretrata. Hasta el capítulo 10 se van narrando sus amoríos con diversos tipos: Armando, un español que termina abandonándola y dejándola sola; Fausto, con el que se venga de Armando expulsándole de la casa; Samuel, un judío en busca de su herencia judaica, que no puede permanecer en un solo sitio; (tras una etapa de soledad) un pianista que no soporta la forma de la casa y se va; un marino y un milord.

                Tras esto Palmyra sufre un accidente que le provoca una crisis psicológica y se queda sola, empieza entonces a reflexionar sobre la casa que realmente tiene unas características muy peculiares, sobre todo destaca su gran femineidad, y puede que al fin y al cabo sea eso lo que ha hecho huir a los hombres. Piensa entonces que lo mejor sería compartir la casa con una mujer y llama entonces a su amiga Lucinda, que pasa a ocupar en la casa el papel que ocupaban los hombres, en todos los sentidos. Es realmente un retrato del autor que lo que más necesita y desea es una mujer.

                El novelista

                Es una autoconfesión donde Gómez de la Serna se encarna en el escritor Andrés Castilla, dedicado a la búsqueda de personajes por toda la ciudad.

                El caballero del hongo gris

                El tema tratado es el encarnar las apariencias. El protagonista, Leonardo, es un personaje donjuanesco que encarna todas las “virtudes” del hombre de principios del siglo XX: la codicia, la astucia, la velocidad. Se está levantando la sexualidad y la sensualidad, se juega con el dinero, un dinero que hay que conseguir de cualquier manera. Por eso se traslada Leonardo de Madrid a Barcelona, París, Lisboa, Londres, Génova, Marsella, Berna, Roma,... Es sin duda un hombre “muy actual”.

                Leonardo abandona su casa con el dinero y las joyas de su madre. En Barcelona empieza su vida de Don Juan y de estafador a gran escala, una especie de pícaro del s. XX, un nuevo personaje mezcla de los dos anteriores. Huyendo de Barcelona (tanto de la policía como de sí mismo, en una incesante búsqueda del yo) llega a París, donde se compra el mejor hongo del mundo y vestido de gris se convierte en un hombre de negocios (el hábito hace al monje). Sigue al pie de la letra una máxima que resume su visión del mundo y de los hombres: “El mundo se presenta para ser comido”.

                En Roma, donde se instala con todos los lujos, encuentra a la horma de su zapato (también con un hongo gris) y entre los dos surge un profundo odio. Leonardo arrebatará al otro el hongo con su látigo y es entonces retado a duelo. Aunque el protagonista cree que no tendrá ningún problema, no sabe que el otro caballero es más fino con la pistola y conseguirá derribarle. Cuando Leonardo cae muerto, es como si sólo cayese el traje y desde ese momento el otro jamás volverá a vestir el hongo gris.

                “La velocidad ha creado otra moral, se ve que toda idea antigua es lenta y no conviene entonces a los nuevos tiempos”.

                ¡Rebbeca!

                El personaje principal es Luis, que busca a través de una serie de relaciones amorosas a su mujer ideal: Rebeca, un personaje imaginario, que no consigue encontrar con ese nombre pero sí con ese aspecto, Leonor.

                Leonor es aquí un trasunto de la mujer que supuso para Ramón la culminación de su ideal, Luisa., mientras que la aparición en la obra de María refleja los episodios de Ramón con Carmen de Burgos, incluso después de casado. Gómez de la Serna se libra así de sus propios fantasmas en un acto de catarsis, encontrando a su mujer ideal y resucitando todas sus lacras y miserias.

                Novela: mayor desarrollo psicológico de los personajes. Relato: desarrollo psicológico (menor) de un solo personaje.

                Cuando Adán se siento sólo en el Paraíso, Dios le presenta a todos los animales y él les da nombre.

                Cuando era adolescente estaba enamorado de su prima Cristina, a la que no se declaró nunca.

                León: tienen un período de celo durante unas horas, pero están copulando constantemente; ardo: ardiente.

                Rodrigo

                Cristina

                Difunto

                Ramón

                Carmen