Pueblos Prehispánicos chilenos

Análisis antropológico. Culturas de Arica. Alacalufes. Araucanos. Mapuches. Organización. Atacameños. Aymaras. Changos. Chonos. Diaguitas. Molles

  • Enviado por: Ariel Burgos
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 16 páginas

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Culturas de Arica

Conformada por las fases San Miguel y Gentilar. Estas corresponden a dos diferentes estilos de artes policromos, que se expresan en la decoración de textiles y la alfarería.

Su distribución alcanza además a los valles de Lucumba, Sama y Caplina, localizados en extremo sur del Perú, y hasta Taltal en Chile.

La gente que habitaba en la costa durante esta época, hacia sus habitaciones con esferas de totora, huesos de mamíferos marinos y postes de madera, localizando sus viviendas en forma dispersa a lo largo del litoral.

También es probable que estas casas fueran usadas por las personas del valle, quienes acudían a faenas de recolección y pesca en el mar.

Por el contrario, en el valle la mayoría de las viviendas formaban aldeas. Las casas se hicieron preferentemente con materiales vegetales y en sus cercanías había depósitos para almacenar víveres y otros recursos. En ellos se guardaba las reservas de las familias, mientras en las proximidades estaban los corrales y campos de cultivo.

En las tierras altas, las viviendas eran diferentes. Estaban construidas con piedras, eran más grandes y se asociaban a sistemas de terrazas de cultivos. En algunas de estas aldeas no solamente hubo elementos de las fases San Miguel y Gentilar. Sino también una cerámica roja con decoración negra, que predomina en la mayoría de los casos.

Se sabe que el señorío Pacaje de la cuenca del Titicaca, mantuvo colonia en algunos sectores de la costa. Sin embargo, la presencia de un espacio continuo de esta alfarería, asociada a enterramientos típicos de tierras santas, hace pensar que allí vivió gente altiplanica. Ello no es extraño, porque en la segunda región se da una situación análoga.

Durante las fases San Miguel y Gentila, se sigue fabricando una alfarería policroma, con mayor énfasis en los motivos geométricos.

En los textiles predominan los colores: rojo, amarillo, café y blanco. También se encuentran objetos de madera, como cucharas y keros. Estos últimos, cuando pertenecen a San Miguel llevan esculpidos un lagarto que traspasan el borde del vaso.

Mas tarde en las fases Gentilar, hay todavía mas policromía en la cerámica y se fabrican cerca de 40 distintas formas de vasijas.

Los Alacalufes.

Banda caonera que deambulaban por mares del extremo sur del país. Los alacalufes navegaban entre el golfo de penas hasta la península del Taitao, y Tierra del fuego. Debido a las actividades de pesca y recolección de mariscos, estos pueblos recorrían incesantemente los canales y senos; buscando los lugares que podrían ofrecerles algún resguardo y abundancia de alimentos.

A pesar del frío, el viento y la nieve, los canoeros apenas cubrían su espalda a la cintura con un trozo de cuero de lobo marino o pieles de guanacos y en ocasiones dormían a la interperie, sobre la nieve, apretados unos con otros a manera de ovillos.

Para la pesca usaban arpones de distintos tipos las mujeres portaban cestas se sumergían en las aguas y caminaban por los roquerios extrayendo mariscos y algas. Los chonos usaban arpones de madera y cuchillos de huesos de ballena.

Los Araucanos, el pueblo Mapuche.

Al entrar en contacto españoles y araucanos, estos últimos estaban asentados en la región comprendida entre el Biobío y el Cautín. Pero habían entrado en relaciones y tal vez cruzándose con la población chilena primitiva hasta el Itata por el norte y hasta Tolten por el sur.

El número de habitantes del pueblo Mapuche depende del sentido que se da al vocablo. Los cálculos de Ercilla y de los cronistas coinciden en que este pueblo podía reunir entre 40.000 y 60.000 guerreros, hacia 1558, cuando había perdido la tercera parte de sus pobladores; y si calculamos seis almas por cada guerrero, habría que fijar la población del estado de Arauco en una cifra vecina a 350.000 almas, o sea, en la tercera parte de la población total de Chile.

Sobre su descripción física podemos decir que su estatura era baja (1,61 a 1,63 metros para el hombre y 1,43 a 1,44 metros para la mujer); el tronco muy bien desarrollado, es de pecho alto y arqueado y más largo que el del blanco con relación con relación a su altura. Los senos de la mujer son cónicos, bastante apartados y se proyectan hacia afuera más que en la europea. La cabeza parece grande a causa de llevar el pelo en forma de melena hasta los hombros pero en verdad es pequeña, la cara es generalmente redonda, la boca es grande, los labios gruesos y el superior muy largo, el cutis es moreno y el pelo oscuro. El aspecto general del Araucano se singulariza entre todas las razas americanas por una impresión de robustez y de virilidad, que sirven de marco a la sicología más viril y a la de mayor energía vital entre las razas del continente americano.

Los mapuches se tornaron sedentarios en nuestro territorio y asimilaron en parte la civilización chincha-chilena, principalmente

Por el conducto de las mujeres que quitaron a los vecinos. Se hicieron agricultores y ganaderos y la base de su ganado la formaban la alpaca y la llama que heredaron de los chincha-chilenos. No alcanzaron aprender el trabajo de los metales, ni lograron asimilar la alfarería adelantada de la civilización chincha-chilena pero introdujeron en su lugar la vasija de madera.

Pero el hecho más trascendental de las relaciones entre el invasor mapuche y la antigua cultura chincha-chilena fue la perdida del idioma del pueblo vencedor y la adquisición de la lengua del vencido. Un problema es el aislamiento de la lengua mapuche o, mejor dicho, del chili dugu, en el grupo de las lenguas americanas. El mapuche como todas las lenguas americanas, es aglutinante; la simple yuxtaposición de elementos distintos en una misma palabra, modifica el valor gramatical y expresa matices de las ideas. Dentro del grupo de las lenguas americanas, se caracteriza por su notable estabilidad fonética y por su estructura sencilla y analizable. El mapuche (mapudungun) es un idioma armonioso, sonoro y uno de los más perfectos entre los idiomas americanos.

-Origen

Uno o dos siglos antes de la invasión incaica, este pueblo guerrero se incrustó, como una cuña, a la altura del Cautín, cortándola en dos porciones.

La forma como dividió la población autóctona, hace inverosímil la posibilidad de un arribo por el norte o por el sur. Por otro lado la persistencia de costumbres pampeanas y algunos nombres personales y geográficos y apellidos o nominaciones totémicas, como nahuel (tigre) y cheuque o huanque (avestruz) inducen a suponer que los araucanos residieron cierto tiempo en las pampas argentinas como cazadores nómades, vistiéndose de pieles o construyendo sus toldos con cueros de guanacos; y que atravesaron los Andes por los pasos bajos y desembocaron en el valle Cautín.

El pueblo se denominaba a sí mismo mapuche (gente de la tierra). Los españoles le dieron el nombre de araucanos inventado por Ercilla. No tiene entroncamiento inmediato con otra raza pampeana. Difiere demasiado de la que se ha denominado araucano-argentina. Latchman observa con razón que, si hay entre ellas entroncamiento, es menester situarlo en tiempos muy lejanos. La hipótesis de una travesía de las pampas desde regiones remotas no es inverosímil; pero no ha dejado otros rastros que los ya apuntados, los cuales, si justifican la probabilidad de la travesía, no proyectan ninguna luz sobre el punto de partida. Como dice Darapski “ningún pueblo se levanta para reclamar como hermano a los antepasados de los araucanos”.

Los mapuches, al cortar en dos porciones la civilización chilena preincaica no la destruyeron; se limitaron a empujar hacia el norte una parte de los pobladores a los cuales, como se ha dicho, dieron el nombre de picunches, y hacia el sur, el resto, que denominaron huillinches.

b) Organización

1.- Social y política.

La interferencia que, necesariamente, debía producirse como resultante de la sujeción del individuo, por un lado el tótem de origen materno y, por el otro, a la autoridad del padre, contrarío al desarrollo de las instituciones sociales y políticas; y mantuvo en estado de dispersión la enérgica individualidad del araucano. Los progresos realizados en este terreno, no corresponden ni a su gran energía vital ni a su excepcional inventiva guerrera. Todo induce a divisar en este contraste un fenómeno sociológico transitorio y no la manifestación la inferioridad mental del pueblo mapuche.

Las instituciones sociales y políticas empezaban en el LOV; o sea , la reunión de los parientes inmediatos, que habitan un grupo de rucas vecinas. En estas reuniones solo se consideraban los asuntos estrictamente familiares.

En una extensión de terreno llano, rodeada de árboles frondosos vecina ala catán o a la ruca del lonco o jefe del grupo totémico, se reunían los caciquillos. Los indios principales y todos los que le debían sujeción totémica; y en estas juntas se discutían los asuntos externos de su comunidad.

Pueblos Prehispánicos chilenos

Los Atacameños.

La región de atacama está marcada por el desierto. Este penetra hacia el interior hasta aproximadamente los 2.600 metros, interrumpido solo por el Loa, único río que logra cruzar esas tierras llegando hasta el mar. Un poco más al sur se encuentra el gran salar de Atacama, la puerta del desierto árido del mundo.

En este territorio convivían varios grupos. En la costa, los camanchacas o proanches (llamados más tarde changos) se dedicaban fundamentalmente a la pesca. Algunos documentos indican que los grupos de pescadores, ubicados en Cobija, cerro Moreno y otras pequeñas caletas, estaban subordinados de alguna manera a los dirigentes étnicos de Atacama.

Hacía el interior, a las orillas del río Loa y en los oasis ubicados al pie de la cordillera, habitaban grupos de agricultores y pastores que pertenecerían a otro grupo étnico, los Atacameños. Vivía también en estas tierras Lípes del altiplano y grupos originarios del de Tarapacá.

Las poblaciones de pescadores hablaban un idioma propio, muy áspero entendido solamente por ellos. Los atacameños en tanto hablaban una lengua propia que parece ser el cunza. Es posible que el nombre de “atacama” sea una denominación impuestas por otros grupos (probablemente los cuzqueños), por lo que hay investigadores que prefieren llamarlos “Likan Antai”.

El territorio de los atacameños habría estado dividido en dos partes: Atacama la alta (el sector del salar), y Atacama la baja (el sector del río Loa. Se desconoce aún la organización social concreta a que esta habría dado origen.

En sus actividades de subsistencias, los atacameños se movilizaban a grandes distancias, al igual que los aymaras, intentando lograr acceso a productos de tierras lejanas. Es así como sus caravanas habrían llegado hasta Lípez y Chichas (en la vertiente oriental de los Andes y el actual noroeste argentina), lugares en los cuales algunos de ellos se deben haber quedado por largas temporadas.

En la zona norte la cultura atacameña, de prolongado desarrollo. La ocupación incásica y particularmente el hecho de ser la ruta obligada entre el norte y el sur del país significó el aporte de nuevas expresiones culturales aborígenes.

En la cultura atacameña se distinguió el Complejo Cultural de San Pedro de Atacama que tuvo su centro en la localidad de ese nombre y que se proyectó regionalmente. Se ubicó en la hoya del río Loa, el único que lleva agua todo el verano.

La base de su economía fue la agricultura. Para el regadío de la escasa tierra fértil, los atacameños construyeron terrazas y practicaron la irrigación artificial, utilizando, además, el salitre sódico como fertilizante.

Por la limitación de su medio geográfico, sus habitantes ampliaron su economía a través del comercio. Llevaban a la costa lana de Alpaca y productos agrícolas como Maíz, Quinoa, Frejoles, y a cambio traían moluscos y pescados. Viajaron al altiplano en busca de coca, a través de senderos que más tarde formarían parte del legendario "Camino del Inca".

La evolución de este núcleo cultural comprendió distintos períodos, extendiéndose desde los primeros siglos de la era cristiana hasta después de la ocupación incásica e incluso parece haber estado presente a la llegada de los españoles en el siglo XVI.

I Fase
"San Pedro 1" (500 AC a 300 DC).

Caracterizada por una cerámica roja pulida, de formas globulares y de vasos cilíndricos, cántaros grandes y urnas con rostros estilizados, cerámicas grises. Durante esta fase la metalurgia y otras artesanías ya han alcanzado un notable desarrollo. Es posible encontrar vasijas foráneas, lo que denota contactos con otros pueblos.

II Fase
"San Pedro 2" (300 DC a 900 DC).

Caracterizada por un desarrollo de la cerámica negra pulida. Aparecen trabajos en metal madera y piedras semipreciosas. También se desarrolla la cestería decorada y trabajos en lana. Al parecer se desarrollan lazos con la cultura altiplánica del Tiahuanaco.

III Fase
"San Pedro 3" (900 DC a 1500 DC).

La cultura adopta sus tradiciones locales, productos de ello es la cerámica roja pintada y la construcción de los pukaras (fortalezas hechas de piedra con altos muros).

Hacia fines de la Fase Tardía (1450 DC).

El territorio atacameño se vio afectado por la expansión del Imperio Incaico, que incorporaron en la cerámica el modelo tricolor y, en la construcción, el adobe y los techos de dos aguas. Como testigos de esta larga y rica historia han quedado sitios y ruinas que conforman el patrimonio arqueológico de esta zona.

Los Aymaras.

En el valle de Camarones, algunos kilómetros al sur de Arica, se interrumpe la cadena de valles que atraviesan el desierto, uniendo las tierras altas del altiplano con la costa. Destacan entre ellos los valles de Lluta, Azapa y Codpa, que se caracterizan por poseer cursos de agua más o menos permanentes, presentando distintos microclimas en la gradiente altitudinal.

Así, un ocupante de esos territorios podía tener rebaños de llamas y alpacas pastando en el altiplano sobre los 4.000 metros; sembrar quinua en terrenos entre los 4.000 y 3.500metros; maíz, habas, papas y otras especies en tierras ubicadas entre los 2.500 y los 3.000 metros; algodón y ají en las tierras más bajas y, por último, tener acceso a los recursos marinos en la costa, todo ello sin salir de un mismo valle.

Esto originó que, desde muy temprano, los grupos aymaras que habitaban en el altiplano -mucho más escasos en recursos- empezaran a ocupar y a explotar estos espacios. Así, sabemos que en el siglo XVI, en Arica, había grupos de colonos (mitmaj) lupacas, carangas, y pacajes, todos ellos pertenecientes a grandes señoríos aymaras ( de la actual Bolivia).

Aún no está claro qué pasaba -en ese mismo momento- con los habitantes locales. Parecen haber habitado más bien la zona de la costa y el curso bajo de los valles. Tampoco sabemos cómo se relacionaban éstos con los grupos aymaras. Recientemente se ha sugerido que los aymaras se impusieron sobre la población local, dominándola. Lo cierto es que actualmente, los únicos habitantes indígenas de estos territorios son efectivamente aymaras.

Estos eran fundamentalmente ganaderos y agricultores. A la llegada de los españoles, sus rebaños de llamas y alpacas se contaban por miles de cabezas en el altiplano. Habían logrado desarrollar refinados sistemas de conservación de alimentos. Hacia esa altiplanicie convergían caravanas de llamas cargadas de pescado seco, algas, algodón, ají y otras especies, enviadas por los colonos residentes en los valles costeros.

Los grandes señoríos del altiplano estaban divididos en mitades (dualismo), cada una de ellas enviaba su propia gente a los valles de Arica. Como siempre, eran las unidades domésticas completas las que viajaban como colonos, con sus respectivos dirigentes étnicos o mallkus, reproduciendo en las tierras bajas su estructura social. Algunos documentos permiten postular que existía una compleja jerarquización, con distintos tipos de autoridades y grupos especializados productivamente (pescadores, agricultores, etc..

En Arica convivía gente procedente del altiplano, de Tacna e Ilo, de la costa sur peruana, y de Tarapacá. Al sur de la quebrada de Camarones y hasta el río Loa se extiende el territorio de Tarapacá. Aquí los valles ya no alcanzan a llegar a la costa, desapareciendo en la pampa de Tamarugal o en el desierto que, en esa zona, llega prácticamente hasta la precordillera de los Andes. La mayoría de los estudiosos suponen que los habitantes de estas quebradas hablaban aymara. No está claro, sin embargo, si se trataba de un grupo local autónomo o eran también parte de un señorío del altiplano, como los pacajes o carangas.

Es muy posible que el nombre de Tarapacá no sea propiamente el del grupo étnico lo poco que sabemos de ellos es que probablemente formaban una unidad que incluía, al menos, a las poblaciones asentadas en las quebradas de Tarapacá, Pica y Guatacondo. Es muy posible que en ese territorio hubiesen tenido que compartir el acceso a algunos recursos con otros grupos procedentes del altiplano, como los Lípes, o del río Loa, como los Atacamas.

Los Changos.

En la costa norte desde el Loa hasta el Aconcagua, prosperó un grupo de pescadores llamados Changos por los españoles. Eran anchos de espalda, con una estatura media que oscilaba alrededor de 1,60 metros en los hombres y 1,45 metros en las mujeres. Dormían en toldos de cuero de lobo, sostenidos por troncos de quiscos o costillas de ballenas y fabricaban embarcaciones con cuero de lobo marino inflados.

Para confeccionar una de estas embarcaciones se requerían los cueros de cuatro lobos marinos machos. Se le ponía en agua dulce para ablandarlos, luego los cortaban y cosían con intestinos de los propios animales, en forma de bolsones: en una punta se introducía un tubo de caña por el cual se soplaba para inflar el bolsón. Una vez lleno de aire se retiraba: el agujero se cosía, y las costuras eran cubiertas con mezclas de aceite y grasa de lobos de mar, quedando así selladas e impermeabilizadas.

Con dos de esos bolsones se hacía la balsa. Los extremos eran amarrados con sogas y en la parte central se colocaba un tablado, atado a ambos bolsones, donde se sentaba el navegante.

Con estas embarcaciones, frágiles de apariencia, los changos podían pasar días en el mar. Incluso navegar hacia el Sur. Algunos fueron vistos hasta en la desembocadura del río Maule, en épocas históricas tardías.

Los changos se desplazaban por las caletas del Norte, buscando mariscos en las rocas y aventurándose en el mar para pescar. Cazaban, incluso, lobos de mar valiéndose de arpones, también utilizaban para la pesca redes hechas con intestinos de lobos marinos o fibra de totora trenzada.

Su constante deambular por las costas del norte los llevó a nos sobrepasar en grupos la docena de familias, de lo cual se deduce que no sobrepasaron el nivel de bandas, teniendo como núcleo básico la familia.

No se sabe si realmente eran un grupo independiente o antiguas colonias de los pueblos del interior.

En la primera mitad del siglo XIX, el viajero francés Alcides D´Orbigny describió sus viviendas, que se construían con cuatro estacas de maderas cubiertas con pieles de lobo y algas marinas. En el interior las familias se acostaban sobre algas secas o cueros de camélidos.

En 1858, según cuenta el naturalista alemán Rodulf Armando Philippi, la población de changos ya no sobrepasaba las 500 personas, cifra en la cual posiblemente había tenido gran injerencia la repentina disminución de los lobos marinos, a mediados del siglo. Los indígenas habían cambiado sus formas tradicionales de vida. Así, los hombres trabajaban en la pesca o en las minas y en invierno cazaban guanacos. Las mujeres, por su parte, cuidaban rebaños de cabras, desplazándose en busca de agua y de pasto. Finalmente, fue este proceso de integración al país, el que a la postre haría desaparecer a las culturas de pescadores indígenas.

Los Chiquillanes.

Grupo étnico Sur-Andino que habitaba y circulaba en la banda occidental y oriental de la cordillera de los andes. Según uno de los mapas más antiguos del continente, se les ubica entre los 34° y 35° de latitud Sur (fuente mapa de América, Juan de la Cruz Cano y Olmedilla).

Entre los cronista existe acuerdo en describirlos como un grupo de cazadores-recolectores andinos de elemental desarrollo cultural y poca densidad de población; Alimentándose de raíces silvestres, de la caza del guanaco y especies menores, albergándose en toldos de cuero. Se cubren de piel para resistir el clima del medio ambiente, adornándose con pinturas faciales.

Los Chonos.

Banda caonera, deambulaban por los mares extremos de sur del país. Los chonos navegaban principalmente por el Golfo de Penas y la península de Taitao.

Debido a las actividades de pesca y recolección de mariscos, estos pueblos recorrían incesantemente los canales y senos; buscando los lugares que podrían ofrecerles algún resguardo y abundancia de alimentos.

A pesar del frío, el viento y la nieve, los canoeros apenas cubrían su espalda a la cintura con un trozo de cuero de lobo marino o pieles de guanacos y en ocasiones dormían a la intemperie, sobre la nieve, apretados unos con otros a manera de ovillos.

Para la pesca usaban arpones de distintos tipos las mujeres portaban cestas se sumergían en las aguas y caminaban por los roquerios extrayendo mariscos y algas. Los chonos usaban arpones de madera y cuchillos de huesos de ballena.

Los Cuncos.

Grupo indígena araucano meridional comprendido entre los huilliches. Originalmente pobló la región continental entre el río Bueno y el canal de Chacao. A fines del siglo XV, aproximadamente, se extendió hasta el archipiélago de Chiloé, desalojando a sus primitivos habitantes mas al sur y defendiéndose con los que allí permanecieron. El mestizaje de cuncos con aborígenes, los chonos, dio origen a los chilotes históricos. Los cuncos llevaron a la isla grande de Chiloé el cultivo de la papa, el maíz y la quínoa. Aprovechaban la piel de las llamas -de las que tenían pequeños rebaños- para hilar y tejer sus vestimentas. Navegaban entre las islas en canoas de tres tablas cocidas y pescaban atrapando peces en corrales de piedra o de ramas aprovechando la bajamar. En tierra usaban la estólica para cazar. Habitaban en casas de madera sin labrar, o bien, de grandes ramajes. Durante el siglo XVII empezó la declinación de cuncos y chilotes, quienes eran vendidos como esclavos en el continente.

Los Diaguitas.

Con este nombre se ha referido algunos estudiosos a las distintas poblaciones que ocupaban la región de los valles transversales, los de Copiapó al sur. El primero en darles este nombre fue el arqueólogo Ricardo Latcham, basándose en datos de fines del siglo XVI y XVII, que mencionaban a indio diaguitas en coquimbo, así como supuestas similitudes entre estos los diaguitas transandinos. Mucho se ha discutido acerca de si es o no correcto darles esta denominación. Por ahora, lo único que avala son referencias documentales de inicios de la colonia y datos toponímicos de la región de coquimbo.

No esta claro cuales de los grupos indígenas entre Copiapó y Limari eran realmente diaguitas. Según el cronista Bibar, en cada uno de estos valles se hablaban lenguas distintas. Pero pareciera haber compartido ciertos principios de organización social, como el sistema de jefaturas duales, común a todos ellos. Al parecer, la ocupación principal de los diaguitas fue la agricultura y la ganadería que complementaban con la caza, la recolección de frutos y la pesca. En la mayoría de los valles la escasez de lluvias los había hecho desarrollar sistemas de regadío artificial.

Uno de los problemas que dificulta su estudio, además de la poca documentación conocida hasta ahora, es el impacto de la presencia inca que a la llegada de los españoles, habría afectado fuertemente las formas de vida propias de esta población.

Los Huilliches.

Desde la segunda mitad del siglo XVIII, se mantuvieron leales a los españoles en los alzamientos de las fronteras.

Las zonas nucleares de la resistencia indígena experimentaron cambios para adaptarse a la nueva situación creada por sus peligrosos vecinos.

Los nuevos elementos humanos que incorporaban a su sociedad cautivos, desertores, mestizos, estuvieron sometidos a una fuerte presión social para su rápida asimilación (cambios de nombres, vestimenta indígena y aislamiento).

Aprendieron de los blancos a portar armas e instrumentos de hierro, elaborar adornos de plata, y confeccionar con este valioso metal, espuelas, frenos, estribos para los caballos de los caciques y hombres ricos.

Introdujeron las semillas europeas en sus tierras. Cultivaban especialmente trigo y cebada, a causa de la guerra de frontera del siglo XVII. Estos cereales maduraban mas temprano que el maíz. Podían recoger y ocultar sus cosechas antes que los españoles al emprender las malocas, las destruyesen.

Animales de origen europeo específicamente manadas de vacuno y cerdo, provocaron alteraciones en un medio escasamente poblado por gente de raza blanca.

Hay que interpretar la modificación del ambiente físico en amplias zonas de Chile y Argentina. Los rebaños en mayor o menor numero según la época que se considere, se extendían de la araucania, en su sentido mas lato hasta el norte de la patagonia argentina y la pampa.

Los indígenas de esta zona se convirtieron en pueblos jinetes, se comunicaron e influyeron mutuamente, con marcado predominio araucano en estos procesos de mezcla y aculturación.

El complejo del caballo afecto múltiples aspectos de su cultura, alimentación, vivienda, transporte, guerra, comercio, magia, ceremonias y ritos.

Los Molles.

Algunas centurias atrás las comunidades del desierto cultivaban el maíz, cuidaban ganado y mantenían contacto con poblaciones del desierto de Atacama. Fue entonces cuando comenzaron a abandonar su dependencia de la caza y recolección que predominaba en el periodo anterior.

Sus asentamientos se distribuían siguiendo los valles, los interfluvios y el litoral. Desde el río Copiapó hasta el río choapa, los numerosos sitios arqueológicos sugieren la presencia de grupos humanos de gran movilidad. Los rebaños debían ser trasladados desde los valles bajos hasta la cordillera para percibir de pastos estaciónales.

Los molles fueron también los primeros ceramistas en la historia de la región. Las sepulturas se reconocían en la superficie por un ruedo de piedras, y bajo estas señalizaciones se encontraban los restos del difunto junto a cerámica y otros tantos objetos.

Entre los artefactos extraídos de las excavaciones arqueológicas, llama la atención un adorno labial llamado tembetá. También aparecieron pipas de piedras en forma de “t” invertida, con lo cual los indígenas consumían algún tipo de droga. Este también fue un pueblo metalúrgico puesto que se han hallado instrumentos de cobre.

Por ejemplo, en el río Hurtado los indígenas eran sepultados con tierra fina y luego cubierto con distintas capas de piedra. La cerámica asociada se caracteriza por vasos altos decorados con diseños rojos en un fondo blanco, y jarros con dos golletes unidos por un asa puente. Ello contrasta poderosamente con la sepultura en “túmulos” y los toscos jarros globulares de base apuntada, descubiertos en el valle del río Copiapó.

Esta diversidad cultural también es observable en los estilos de arte rupestre que los arqueólogos asocian a esta fase prehistórica. En el cerro la silla, al norte de la región es común ver grabados sobre rocas que representaban figuras humanas.

Los Onas.

Constituían el pueblo más austral entre los cazadores, localizándose en la isla grande de tierra del fuego. Aparentemente formaban distintos tipos de cultura y en lo lingüístico, denominados Haush-Selk Nam; según sus creencias existía un creador que llamaban Temaukel y que identificaron con la naturaleza y el universo, creían en la inmortalidad del alma y dentro de la comunidad existía brujas y curanderos muy estimulados. Su organización social consistía en pequeñas bandas cazadoras-recolectoras, en que predominaba la monogamia.

Cazaban guanacos y zorros a demás de dedicarse a la pesca y recolección de vegetales: eventualmente mariscaban y cazaban aves.

Vivieron en toldos de base circular y flechas puntiagudas, de madera y cueros.

Aparentemente no conocieron la alfarería. Practicaban entierros funerarios envolviendo a los muertos en pieles. Fabricaron arcos y flechas, balsas de cuero y canasta de fibra vegeta, entre otros.

Los Pascuenses

En el momento del descubrimiento de la isla, la población pascuences se divide en una decena de clanes distintos, sobre los que gobierna un rey. El primero de ellos habría sido un cierto Hotu Matua, quien llega con su mujer y sus compañeros desde otro atolon polinesico, como refugiados de una guerra. En el año 1950, el navegante noruego Thor Heyerdahl aventuro que los primeros habitantes de esta tierra fueron descendientes de los peruanos (hombres llamados orejas largas") y que una segunda ola de inmigración llegó a la Polinesia justo antes del descubrimiento de la isla. Pero esta tesis no tiene mucho respaldo hoy en día, a pesar del éxito de la expedición de la Kon-Tiki en 1947, una balsa en la que realizó la travesía entre el Perú y la Polinesia, con el propósito de demostrar el origen amerindio de las poblaciones oceánicas. La única certeza, en lo que concierne a los pascuenses, parece ser su parentesco con los polinesios.

Una treintena de soberanos sucedieron a Hotu Matua hasta 1862. Un segundo rey, o jefe militar, es elegido también todos los años, después de una ceremonia consagrada al culto de un Hombre-Pájaro, y que tiene lugar cada primavera. Esta consiste en una competencia donde cada hombre debe encontrar, antes que los demás, el primer huevo que ponen los estermas, golondrinas de mar, sobre el islote vecino de Moto Nui. El vencedor (cada concursante es representado por su servidor) toma entonces el nombre de Tangata Manu y encarna sobre la tierra al dios Maké Maké, creador del Universo.

La sociedad pascuense era compuesta esencialmente de pescadores y agricultores. Muy jerarquizada en el pasado, fue Continuamente presa de luchas violentas y el canibalismo constituyó ahí una práctica corriente. Pero la gran redada de esclavos llevada a cabo en 1862 por los negreros peruanos diezmó prácticamente a toda la población. Hoy los pascuenses originarios han desaparecido casi totalmente. Isla de Pascua, con sus dos mil habitantes, es en la actualidad un departamento de Chile, que la anexó en 1888.

Transportar y levantar las estatuas

Durante mucho tiempo. los científicos se preguntaron como pudieron los pascuenses levantar estatuas tan imponentes. En 1955. Thor Heyerdabl obtiene una respuesta. En dieciocho días logra, con la ayuda de una docena de pascuenses, erigir una estatua de veintitrés toneladas. Provistos de tablones que usan de palanca, los obreros inclinan un costado de la estatua y colocan piedras debajo de ella. Después levantan otro poco la estatua y repiten la operación, hasta llevarla casi a la vertical contra las piedras amontonadas. Finalmente, terminan de enderezarla con cuerdas. Pero Heyerdahl no puede explicarse como fueron puestos los sombreros de las estatuas, que pesan varias toneladas.

El transporte de las estatuas, desde el lugar de construcción hasta donde fueron erigidas. suscitó también varios interrogantes. En 1955 se intentó un experimento: los colosos de pie dra fueron acostados boca abajo. sobre unos trineos tirados por cuerdas. Pero, sí el problema del transporte fue resuelto asi permanece la pregunta sobre los materiales necesarios para esta operación. La isla, descubierta en 1 722. tiene una vegetación pobre. Finalmente, en 1983, fueron descubiertas unas nueces de jubea, frutos de una palmera llamada palmera de Chile, que habían estado abandonadas hace siglos. La teoría del botánico inglés John Flenley. que afirma que en el pasado la isla estaba cubierta por un denso bosque. está comprobada. Los pascuenses disponían entonces de los materiales necesarios para la construcción de palancas y de tablones.

La función de los moai.

Es todavía un enigma y no es posible afirmar con certeza que se trate de monumentos erigidos en honor a los muertos o a los ídolos. Hay autores que estiman que estas estatuas habrían tenido como misión velar sobre la isla, pero el hecho de que estén giradas hacia las tierras y no hacia el mar vuelve esta hipótesis poco creíble.

El vestigio de un continente perdido? La teoría de los continentes tragados por el Pacífico, de moda desde el siglo XIX, incluye a la Isla de Pascua. Desarrollando la idea de Philippe Sclater, quien acuñó el término Lemuria en el año 1850, Elena Blatvasky, fundadora de la Sociedad teosófica (1875), sostiene que los moai fueron construidos por los herederos de la Lemuria, un mundo altamente civilizado equivalente al de la Atlántida, pero situado en el océano Indico. El coronel Churchward ve en estos gigantes de piedra pascuenses los

vestigios de la avanzada civilización de Mu, que se habría extendido desde el norte de Hawai hacia el sur. Una línea trazada desde la Isla de Pascua y las Fiji demarcaba su límite meridional. Una tesis invalidada por la geología y la zoología moderna. Para otros, la Isla de Pascua no pertenece ni a Mu ni a ningún otro continente engullido por el Pacifico, sino que habría sido una suerte de anticipo de la civilización atlante en el Pacifico.

Visitantes celestes

Los pascuenses actuales más o menos mestizados afirman que estas estatuas representan ancestros poderosos, iniciados y poseedores del maná, es decir, un poder mental particular. Esto indujo a algunos autores muy imaginativos a ver en ello la influencia de extraterrestres, altamente evolucionados, que habrían venido a iniciar a los autóctonos en el pasado. Para ellos, entonces, los moai serian una representación de los visitantes espaciales...

Los Pehuenches.

La palabra pehuenche, en idioma mapuche (mapudungu), significa gente del pehuén, y designa a grupos indígenas pre-cordilleranos que vivían de la recolección de los piñones, desde Chillan hasta Arauco, aproximadamente. De vida nómade, complementaban su dieta con la caza y recolección andina, en el Sur de Chile. Habitaban toldos de cuero. Incorporaron el caballo traído por los españoles convirtiéndose en hábiles jinetes y guerreros, le sirve también para transportar enseres y toldo, además de cumplir funciones comerciales entre ambos lados de la cordillera.

En la actualidad muchas familias indígenas sostienen un modo de vida similar a los pehuenches, basada en la recolección de piñones, el fruto del pehuén o araucaria.

Su contextura física era muscular y fuerte; la cara ancha cuadrada, con la mandíbula inferior dura y enérgica y los ojos hundidos.

Los Picunches.

Agricultura:

El cultivo de la tierra, especialmente el maíz, constituía la base de la alimentación en el valle del mapocho. Bilbar narra detalladamente las primitivas técnicas agrícolas utilizadas por los indígenas :

“ ... y con cada indio anda un muchacho con una talega de frísoles echando en los hoyos tres o cuatro granos. Cubriendo estos se cría sin arar ni cabar sino en los herbazales y montes y tierra delgada y guijarrales. Cada quince días o veinte los riegan y al coger dan de una fanega a mas de veinte y cinco ... El maíz cuando lo siembran en octubre, que es como abril en España, siémbrase en tierra enjuta algunos y otros en regada de cinco o seis días cavando la tierra con esas estacas, y otros echando el maíz en los hoyos que serán tres o cuatro granos. Cuando nace guárdanlo, que las aves no lo coman, y después que está nacido de dos o tres hojas está el campo y hierva seca, que hay mucha y muy alta. Echanle fuego y hácese ceniza y aunque mala, mas parte de las hojas del maíz. Luego lo riegan ; sale furioso y acude sesenta y ochenta fanegas ; da una fanega de cincuenta hasta ciento; desde mejor en monte ”

Góngora Marmolejo señala la abundancia de maizales en el valle de Cachapoal .

Vestidos

El cronista burgalés , destaca que en el valle de Aconcagua los indios usaban distintos tipos de vestimentas, de acuerdo a su posición económica :

“ Andan vestidos de lana y los pobres andan vestidos de unas mantas hechas de cáscaras de una hierva que tengo dicho, la cual hilan y tejen. El hábito de ellos es como el que habemos dicho”

Señala la atracción sexual que ejercían las mujeres del valle, por el modo de vestirse y el tocado de sus cabellos:

“ Ellas traen una manta que les cubre desde la cintura hasta abajo de las rodillas. Traen los pechos de fuera; son causa de que se estraguen los hombres en la condición. Traen otra tela que tendrá una vara que las cubre los hombros y las espaldas. Traen el cabello tendido; tienen mucho; y lo tienen por honra a tenerlo bueno y largo, y tienen por muy grande afrenta, trasquilarse los cabellos ”

Según Bibar , la vestimenta anticua de los indios en el valle de mapocho, eran dos mantas de lana , una les ceñia la cintura hasta las rodillas , y era sujetada por una faja del ancho “de una cincha de caballo”, y la otra , les cubría los hombros y se la prendía al pecho. Destaca que este vestido cayo en desuso algunos años después, y fue que llegaba del Perú, y a la usanza quechua.

Adornos:

El valle de mapocho estaba generalizado, entre las indias, el uso de pinturas en partes destacadas de sus cuerpos: “acostumbraban las indias a pintarse la barba como los moriscos; hacen tres rayas o media luna o la señal que se le antoja, y los pechos y las muñecas de los brazos”.

Numeración:

En su sistema de enumeración cuentan hasta diez y no es más su cuenta, que los demás cuentan por dieses. Es evidente, en esta cita, la influencia del sistema decimal incaico.

Vivienda dispersa:

Los picunches, como otros grupos araucanos, no residían en pueblos. Les gustaba “vivir cada uno en el sitio que mejor le parecía para tener su sementera y ganado. Y

Así no tenían mas comunicación unos con otros, ultra de la de cierto día señalado, en que se juntaban como a ferias, en un lugar diputado para ello...”

La guerra:

El capitán gallego describe la táctica de estos indios al trabar combate con los españoles: “pero como los indios eran en tan gran numero nunca dejaba de estar el campo cujado de ellos entrando siempre escuadrones de refresco”.

Sus adornos guerreros consistían en “... la mucha plumería que traían en sus cabezas de diversos colores, y las pinturas de sus rostros que estaban matizados con la variedad de labores que suelen en semejantes ocaciones...”.

Usaban gran diversidad de armas ofensivas: “... que traían en las manos como dardos arrojadizos, con tiraderas: porras de armas de metal con púas de extraños artificios; lanzas cortas; picas en abundacia; macanas fuertes; arcos grandísimos de flechas tan largas y útiles, y de tanta fortaleza que pasan el arzón de una silla jineta pasando la flecha de claro mas adelante”

Juego de azar

Los indios de la zona central eran aficionados a un juego de azar, del que Bibar narra detalladamente su estructura: “... en el suelo hacen una placita pequeña y por una parte de ella hacen una raya como una C al derecho y otra C en contra al revés, y en medio de estas dos C, digo en las cabezas está un hoyuelo pequeño, y por las dos C va por cada una de ellas diez hoyuelos más pequeños. Ponen por ellos piedras o maíces o palos de manera que difieren en el color los unos de los otros. Desde fuera de este circuito hincan una varita de tres palmos y la cabeza de ella cae en medio de este circuito de las C. Hacen una varita de mimbre una O atada allí que será tan grande como una ajorca”.

Los jugadores no podían ser más de dos por cada lado, utilizaban piedritas que corrían por casillas u “hoyuelos” de los adversarios, ocupándolas y desalojando el contrario, y “matando” la piedrita del contrario al caer encima, o perdiéndola si caía en la casilla o hoyuelo del medio. Para hacer correr las piedritas por los casilleros, en lugar de dados, utilizaban porotos blancos a los que pintaban una de sus caras de negro para darles un valor convencional y poder contar tantos. Tenían que pasarlo por la ajorca, al tiempo que se daban “con las manos en el pecho y en el muslo derecho”. El cronista concluye su narración, señalando que eran los indios tan apasionados en este juego que no solo apostaban lo que tenían sino que llegaban hasta jugarse sus mujeres e hijos.

Jefatura Dual

La organización política del valle de Aconcagua era dual, como ya se señalo. Uno de los señores, Tanjalongo, mandaba “de la mitad del valle a la mar y el otro cacique llamado Michimalongo, señoreaba la mitad del valle hasta la Sierra.

Elección del jefe militar

Según Mariño de lovera, Michimalongo fue elegido caudillo militar ante el negocio tan grave como era la entrada de los españoles. Relata el cronista que se congregaron en un lugar determinado para estos fines y allí estuvieron algunos días banqueteando y brindando con solemnes borracheras antes de proceder a la elección. Se señala en la crónica, que salió electo por ser un indio esforzado y respetado. No proporciona información si estaba representados en la asamblea los indígenas de los dos valles.

Pero se podría inferir, a través de los datos que su ejercito se constituyo en el valle de Aconcagua y marcho a toda prisa hacia el valle del mapocho, para impedir que los españoles se asentasen definitivamente en el territorio.

Esta información tiene interés desde un punto de vista comparativo, porque los mapuches también elegían, en asambleas, sus jefes para la guerra.

Los Poyas.

Nombre que se designa al grupo mas austral de cazadores -recolectores cordilleranos. De vida nómada, a veces suelen llegar a las orillas del pacifico, en lo que hoy es la XI región. Es una sociedad simple, organizada en bandas y familias nucleares y cuyo modo de vida dependen de la caza y recolección en el ámbito subandino meridional. Grupo étnico con escaso número de población, lo que explica que halla desaparecido rápidamente.

Los Puelches.

Comparten género de vida cazador y recolector como los pehuenches. Ocupan la región entre Valdivia y Osorno. Aprovechando los numerosos pasos cordilleranos, tienen estrecho vínculos con cazadores pampéanos y al parecer, el mismo origen cultural. La denominación étnica misma así lo sugiere. En idioma mapuche, puelche significa gente del Este.

Para cazar animales de mayor envergadura utilizan boleadoras y lazos, tecnologías de cazas tradicionales en el ámbito pampeano. Suelen recorrer grandes distancias en las pampas y en espacios andinos, aprovechando la movilidad que les da el manejo del caballo. Como armas ofensivas disponían de arcos y flechas, lanzas y hondas.

La estructura social y básica es la familia, agrupadas en bandas funcional a su vida nómade.

Escasa densidad de población: cada parcialidad o grupo no sobrepasa los 20 o 30 indígenas, completando su dieta de frutos silvestres con el consumo de carnes de guanaco.

Jerónimo de Pietas, cronista que describe muy bien su modo de vida dice: “...no tienen parte efectiva donde vivir porque mientras hay caza están en una parte, y en faltando mudan sus tolderías a otras y de esta suerte andan como gitanos”. Utilizan el arco y la flecha. También las boleadoras, para la caza y la guerra: “usan de unas bolas de piedra atadas con nervios que tirándolas traban un caballo o a un hombre que no se puede menear. Y de esta se aprovechan mucho los puelches para la caza de animales y con ellas los atan de pies y manos, luego llegan los cogen en lazos” (P. Diego de Rosales).

Confeccionaban sus vestidos de pieles de guanaco, los cuales eran curtidos, aderezados y cosidos con nervio de animal. Viven en comunidad, formando tolderías de pellejos de guanacos y de vacas. Practicaban el trueque para adquirir los productos agrícolas de la gente del valle. Con la colonización española, los puelches tienden a permanecer en la banda oriental de la cordillera de los Andes

Los Tehuelches.

Vivian en las estepas de coirón al norte del estrecho de Magallanes, fueron denominados patagones por los primeros europeos que atravesaron dicha region.

Llevaban un modo de vida semejante al de los onas aunque a la caza del guanaco agregaron la de la avestruz o ñandú capturando por medio de boleadoras arrojadas a sus patas.

Culturalmente pertenecen a la tradición pampeana argentina.