Programa terapéutico y educativo de drogadicción

Drogas. Toxicómano. Adicción. Abstinencia. Marginación. Reinserción social. Rehabilitación

  • Enviado por: Luna
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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Programa terapéutico-educativo.

Introducción:

“El problema no es la droga, sino la persona”

Sabemos que muchas personas no tienen sólo una adicción, sino un conjunto de adicciones. En efecto, algunas adicciones parecen ir juntas.

Tal como están comprobando cada vez más personas, ponerle fin a una adicción no “cura” automáticamente las demás.

Una clave para entender la conducta incontrolada está en que el problema no siempre radica en el elemento alterador del estado de ánimo en sí. Durante demasiado tiempo hemos culpado a las drogas mismas por la drogadicción. Quisimos creer que con solo librarnos de las drogas se resolvería el problema.

Tampoco podemos seguir pensando que la adicción es causada exclusivamente por el deseo de evitar la abstinencia. Se pensaba que lo único que tenía que hacer un adicto era dejar de usar la droga y completar su proceso de abstinencia, y que con eso habría superado la adicción.

Ahora sabemos que recuperarse de una adicción demanda mucho más que simplemente interrumpir la conducta habitual. Tiene relación con cambiar de estilo de vida y de actitud, más que con ninguna otra cosa. Nos referimos a qué visión tiene del mundo, cómo enfoca los problemas y en qué grado es capaz de satisfacer necesidades emocionales, sociales y espirituales. En otras palabras, cuando nos liberamos de una adicción será tan solo para caer en otra - o reincidir en ésa- a menos que comencemos a cambiar el modo en que vivimos.

Así es que todas las adicciones, por más distintas que parezcan a primera vista, tienen más puntos en común que diferencias entre sí: es todo una sola enfermedad.

¿Cuál es el denominador común en cada caso de adicción? Es nuestro “mal-estar” interior -nuestro desasosiego- lo que nos hace tan vulnerables a las adicciones, y no las sustancias o actividades mismas.

Hasta que no logremos crear un estilo de vida menos adictivo para nosotros mismos, seguiremos siendo vulnerables.

Parte de la circunstancia de tener un mal-estar adictivo significa que albergamos ciertas creencias contradictorias que promueven conflictos y luchas interiores, como creer al mismo tiempo que no somos bastante y que deberíamos ser perfectos. O creer que tendríamos que ser capaces de controlar todo, pero sentirnos totalmente impotentes para manejar nuestras vidas, tener un mal-estar adictivo también significa ser incapaz de tolerar la frustración y exigir una gratificación inmediata, carecer de capacidad necesaria para afrontar las crisis y procesos comunes de la vida y no contar con suficiente apoyo por parte de otros o de nosotros mismos.

Hay cinco factores que ponen a personas en alto riesgo de recurrir a una droga o actividad para cambiar de estado de ánimo, de obtener de ella un efecto placentero y de sentirse impelido a repetirlo una y otra vez:

  • Sistema de creencias adictivo.

  • Personalidad adictiva.

  • Inadecuada capacidad para afrontar las cosas.

  • Necesidades emocionales, sociales y espirituales insatisfechas.

  • Falta de espacios sociales.

El método educativo.

El proyecto se define como una acción educativa. En principio, aunque no exclusivamente, dirigida al campo de la marginación por drogadicción.

El sistema educativo no solo no quiere decir que no sean útiles las visiones y acciones sanitarias, asistenciales, investigadoras, etc., para acercarse a la marginación, sino que además las considera importantes y necesarias para lograr una solución lúcida y eficaz. Sin estos esfuerzos conjugados, la intervención “simplemente educativa” sería completamente inoperante.

El individuo en particular, y el colectivo humano en general, no puede ser entendido nunca reduciéndolo a través de una visión única y determinada. El hombre por muy aislado que esté, jamás deja de ser social; nunca, por inmerso que esté en la masa, deja de ser íntimo y muy personal; cuando sus pasiones más poderosas casi le ahogan en un mar de emociones, sigue teniendo intacta su libertad.

Pero junto con esto, podemos apreciar otra característica muy importante de la persona. El ser humano es no sólo complejo, sino abierto a lo que todavía no es, pero a lo que sus pulsiones materiales y espirituales le empujan.

Sin embargo, no podemos detenernos aquí. Todo lo que el hombre es, lo que fue y lo que pasará está vivido tan personalmente que cada uno lo experimenta como único, como centro, como historia íntima. Toda su complejidad, ese todo a la vez, está centrada en sí mismo.

Cada uno de nosotros es, pues, un ser complejo, abierto y centrado... y muchas cosas más. Por eso son necesarias cada vez más disciplinas y más supuestos para explicar y ayudar al pequeño gran hombre.

Partimos del convencimiento de que el hombre puede en cualquier momento iniciar un proceso de cambio y que tiene capacidad para conocerse y gobernar su propia vida. Es posible que la autonomía se haya reducido hasta casi el límite de la dependencia, pero es precisamente en ese estrecho margen y condicionada libertad donde el Proyecto quiere incidir, potenciando la autonomía para conocer las limitaciones y así ser realmente dueños de nuestro propio cambio. Eso es lo importante.

Otros dirán que los mecanismos socioculturales impiden un auténtico crecimiento personal, pero aquí también diremos que ayudar a conocer esos mecanismos y aprovechar su fuerza es una de las posibilidades de la libertad.

El Proyecto quiere ser un espacio de solidaridad donde esto se pueda ir fraguando. Es un movimiento, un centro de solidaridad que, inmerso en el propio proceso, contribuye a hacer real esa posibilidad.

Esto es lo que queremos decir con sistema educativo. Después, la metodología será variada: grupos, asambleas, terapias de familia, comunidades terapéuticas, sistemas de reinserción, trabajo histórico, de comportamiento o de sentimientos, etc. Todo servirá si es útil para conseguir esa autonomía.

Programa terapéutico y programa educativo.

Pensamos que es importante definir algunos conceptos que continuamente repetimos y que es importante que los encuadremos correctamente. Quizás nos hemos preguntado más de una vez qué quiere decir eso de que el Proyecto Vida es un programa terapéutico-educativo. Una buena definición de estos dos conceptos nos situará correctamente en nuestro papel como terapeutas o como educadores.

Podemos decir que a lo largo del programa, el residente está expuesto continuamente a experiencias educativas - aprender de la experiencia con el otro- y terapéuticas - lo que tiene que ver con la conflictividad psíquica de cada sujeto- que son difíciles de separar, y van interviniendo como un todo sobre el individuo en tratamiento para ir logrando los objetivos en relación a su demanda de cambio.

Una reflexión sobre los modelos terapéuticos.

Sabemos que las fuentes de donde bebe el proyecto son muy amplias y en el curso de formación repasaremos algunas escuelas de psicología, pedagogía o sociología, creo que puede ser interesante analizar e identificar los elementos comunes que trascienden a los distintos enfoques de tratamiento.

Hay que señalar también que la confianza en la eficacia del tratamiento terapéutico es un factor importante en el logro de resultados positivos a través de las diferentes modalidades terapéuticas. Sin embargo, las expectativas positivas solas, aunque necesarias, no son suficientes para producir las ganancias del tratamiento, las cuales se caracterizan por ser duraderas y persistentes en el contexto externo a éste. Esto puede sugerir que los resultados eficaces de la psicoterapia son el producto de una experiencia de aprendizaje y de la asimilación e integración en la vida del cliente de aprendizajes emocionales, conductuales y cognitivos significativos. Las experiencias de aprendizaje con éxito, frecuentemente incluyen la neutralización de miedos irracionales y la instigación de nuevos patrones de conducta, a través de la confrontación de pensamientos, sentimientos y acciones que previamente se habían experimentado como amenazantes y, por lo tanto, se habían evitado.

Los modelos de psicoterapia consisten en un conjunto de conceptos interrelacionados o representaciones de la realidad. Los modelos suministran un plan detallado para organizar y seleccionar información, que pueden ser útiles en la estructuración de la concepción que el terapeuta tiene sobre la naturaleza de una disfunción psicológica en particular y su tratamiento.

Los modelos de psicoterapia asocian los resultados terapéuticos positivos con ciertos procesos o principios del cambio conductual o de la personalidad. Además, presentan una explicación de los factores históricos y contemporáneos relacionados con los desórdenes psicológicos. El modelo del terapeuta proporciona un marco para delimitar y restringir el foco de la terapia, y también para guiar la naturaleza, ritmo y objetivos de las intervenciones psicoterapéuticas.

Terapeutas - Educadores - Operadores.

Cualquiera de estas denominaciones utiliza el Proyecto Hombre a la hora de denominar a las personas que integran el equipo de profesionales que trabajen en sus programas. Quizás cada una de ellas nos puede aportar algo distinto en lo que debe ser nuestra labor de acompañamiento a cada uno de los jóvenes toxicómanos que llegan a nuestro centro de acogida.

Para que un chaval salga de la droga sabemos que tiene que ser él el que tiene que pedir ayuda, aparte hay un montón de circunstancias que condicionarán su proceso de recuperación. Es importante que no olvidemos que esta petición de ayuda debe ser una constante en todo el proceso, que nosotros acompañamos e intentaremos poner a su alcance todos los medios necesarios para su crecimiento personal.

Todos compartimos una misma filosofía: la Autoayuda, y todos aportamos desde nuestros conocimientos y desde nuestra experiencia.

Hay que señalar también alguno de los objetivos y de las actitudes que debe tener un terapeuta en su tarea, y que son compartidos por la mayoría de los psicoterapeutas que trabajan en el amplio campo de la ayuda:

Objetivos y actitudes de los terapeutas:

1.- Los esfuerzos de los terapeutas por crear una atmósfera y una relación “terapéutica”. Generalmente se cree que la calidez, la empatía y el apoyo que brinda el terapeuta juegan un papel importante, si no crucial, en la psicoterapia.

2.- Los terapeutas cultivan una actitud objetiva hacia el cliente.

3.- Los terapeutas exploran los orígenes históricos y/o determinantes presentes de los problemas psicológicos.

4.-Los terapeutas suministran una estructura o dirección cognitiva que traduce las dificultades en términos comprensibles para el marco de referencia del cliente.

5.- Los terapeutas basados en modelos de terapia conciben estrategias para cambiar la dirección de los patrones de conducta desajustados, las creencias irracionales, las emociones disfóricas y las formas autoderrotistas de relacionarse con otros.

6.- Los terapeutas fomentan la transferencia de los insights y/o nuevas conductas adquiridas en la terapia hacia la vida diaria.

7.-Los terapeutas suministran un modelo de actitudes y funcionamiento saludable.

Asociación de familias.

La “introducción” era una forma residencial de acogida de alrededor de 10-15 días, en la que el futuro residente del programa podía pasar tranquilamente el síndrome de abstinencia, naturalmente sin ayuda de fármacos o de sustancias sustitutivas, ordenar su situación con la justicia y entonces ir a la C.T.

La C.T. era una comunidad estructurada de la forma tradicional, con una duración de alrededor de 12-24 meses.

La Reinserción era uno de los módulos nuevos añadido a la C.T. dadas las numerosas recaídas debidas al distanciamiento brusco del ambiente que ésta ofrece al residente.

La asociación de familias era un instrumento de soporte a los familiares, mediante el Grupo de Autoayuda, y al mismo tiempo un instrumento de sostén económico para el programa.

Estructura del programa.

A.- Acogida

Sus objetivos:

  • Alejamiento y ruptura de la droga.

  • Descubrimiento de la motivación necesaria para llevar a cabo un cambio personal

  • “El problema no es la droga, soy yo”.

B.- Comunidad terapéutica

Objetivos:

Desde la experiencia compartida de todos los residentes, cada uno toma conciencia de su realidad y potencia la expresión de sus verdaderas capacidades y necesidades.

El trabajo personal abarca tres planos:

  • La historia: mi pasado.

  • Comportamiento.

  • Afectividad: mis sentimientos.

El trabajo de infraestructura y mantenimiento de la propia comunidad es llevado a cabo por los mismos residentes.

C.- Comunidad terapéutica de reinserción

La espiritualidad: los valores.

Se continúa el proceso de crecimiento personal en un ambiente progresivo de menor protección y mayor contacto con el entorno circundante para llegar a una total autonomía de vida.

Se persigue la inserción laboral, social y cultural mediante la consolidación de un proyecto personal libremente construido.

D. La familia.

La familia es una pieza clave en la rehabilitación del drogodependiente. Desde el primer momento es necesario que la familia esté presente y se implique en la misma. Para realizar este trabajo, el programa se sirve de diversos instrumentos terapéuticos: grupos de apoyo y seguimiento, terapia familiar sistémica, grupos de reconocimiento, grupos de autoayuda.

Algunas ideas generales.

  • El Proyecto Vida es un programa terapéutico-educativo.

  • La droga detiene el proceso de crecimiento de una persona, por lo que buscamos que madure.

  • El programa va dirigido a toda la familia:

Es la familia la que “enferma” con la droga y por lo tanto necesita recuperarse.

  • Creemos que cualquier persona que cae en la droga puede recuperarse:

Todos pueden salir de la droga

No hay casos perdidos.

  • Creemos en la Libertad y Responsabilidad de la persona para decidir qué quiere hacer con su vida.

Terapia familiar y drogadicción.

Para la rehabilitación del toxicómano es fundamental no sólo trabajar con la persona dependiente, sino también con su familia.

Por rehabilitación entendemos un proceso de maduración personal y un cambio en el estilo de vida que lleve a la persona a alcanzar su plena autonomía.

RAZONES PARA IMPLICAR A LA FAMILIA EN EL ENFOQUE TERAPÉUTICO.

Podríamos hablar de tres razones o tres explicaciones desde distintos enfoques:

1.- Enfoque sociológico.

Es en la familia donde la persona experimenta las primeras normas sociales y las primeras reglas de juego de la comunicación donde adquiere sus primeras actitudes, interioriza unos valores y va elaborando su personalidad.

La mayoría de los estudios realizados nos indican que un número muy elevado de los toxicómanos en activo conviven con su familia de origen: Así Vaillant destaca en su estudio (1996) que un 72% de los toxicómanos conviven con sus padres a los 22 años y un 59% a los 30 años.

Estos datos nos hacen pensar que, a pesar de los alardes de independencia, una característica de los adictos es una fuerte dependencia familiar.

2.- Enfoque teórico-sistémico.

Una segunda explicación sería la que deriva de concebir la interacción humana y, por tanto, la familia y sus interacciones, como un sistema, y más concretamente, como n sistema abierto, ya que cumple las propiedades de los mismos, que serían:

· Totalidad: Los cambios favorables o desfavorables en el miembro de la familia, identificado como paciente, ejercen algún efecto sobre los demás, sobre todo en términos de salud psicológica, social e incluso física.

· No sumatividad: El análisis de una familia no es la suma de los análisis de sus miembros individuales. Hay características del sistema que trascienden las cualidades de los miembros individuales.

· Retroalimentación y homeostasis: El sistema actúa sobre las entradas al sistema familiar y las modifica. Algunas familias pueden soportar grandes reveses, otras parecen incapaces de manejar las crisis más insignificantes.

La homeostasis es la característica según la cual el sistema tiende a no cambiar.

Cualquier cambio en uno de los miembros del sistema producirá cambios y reajustes en el sistema familiar.

Desde el enfoque sistémico, sean cuales fueran las variables que afectan al inicio de la adicción, la familia es un factor crucial en la determinación de la permanencia o no de la adicción.

3.- Enfoque emocional.

Admitir la realidad de que una persona querida se droga y que tiene fuertes problemas derivados de ello es fuente de dolor, impotencia, confusión y culpabilización hacia sí mismo, hacia la propia familia o hacia la sociedad.

La familia necesita dar salida a esta carga de angustias y de pesares, transformarla en una energía positiva que ayude al toxicómano a rehabilitarse, participando con responsabilidad en compromisos y tareas concretas, en el “aquí y ahora” no quedándose anclado en los resentimientos del pasado.

Desde esta perspectiva en tendemos que, así como es difícil que un toxicómano salga por sí solo de este problema, también lo es que una familia por sí misma ayude a su hijo y se ayude a sí misma a salir de esta situación.

TIPOLOGÍA FAMILIAR

No se busca establecer una casuística entre el tipo de familia y la toxicomanía, sino simplemente analizar una serie de características e intentar agruparlas en unos tipos.

Toda familia, por lo general, es lo suficientemente dinámica y diversa como para ser casi imposible establecer clasificaciones rígidas que suelen ser engañosas. Pero teniendo esto en cuenta, el objetivo es agrupar las distintas familias según unas características relacionales y estructurales que las diferencien de alguna manera, de forma que, pedagógicamente, esta clasificación pueda servir para analizar cómo se presentan en el programa y qué dificultades y ventajas aparecen a la hora de realizar un proceso terapéutico.

1.- Familia sobreprotectora:

Uno de los progenitores lleva el control de la familia y el otro acepta ese control.

En otros casos, uno de ellos es una figura pasiva y gris que está en segundo término y delega totalmente en el otro.

En algunas familias los dos padres son sobreprotectores y comparten esta actitud y comportamiento respecto a los hijos. Estas actitudes de sobreprotección hacen que el hijo sea incapaz de lograr una autonomía personal, creándole sentimientos de inseguridad e inferioridad.

El problema de la droga es el foco de todos los problemas de la familia. La persona drogodependiente recibe sobreprotección y es tratado como inútil e incompetente. Estas familias encaran la droga como una fuerza todopoderosa que la persona adicta no puede resistir.

2.- Familia desestabilizada.

Uno de los progenitores, pero más frecuente la madre “sacrificada”, es la “víctima” que carga con todos los problemas familiares. El otro, despreocupado, periférico y extraño, está mucho tiempo fuera de casa, puede tener problemas con el juego o con el alcohol.

En otras ocasiones los dos son despreocupados con respecto a sus hijos.

La ausencia de los padres, real o afectiva, puede provocar carencias de cariño básicas en el hijo toxicómano que inciden en una falta de madurez personal.

El hijo drogadicto puede actuar, en ocasiones, como un síntoma, como conducta que mantiene el equilibrio en el sistema familiar, no permitiendo que salgan a la luz otros conflictos.

El hijo se encuentra en el medio del conflicto arropado por su madre.

La madre se siente feliz teniendo al hijo dependiente de ella, sin romper el condón umbilical. Al hijo le va bien esta situación, se siente cómodo hasta que se le plantea el conflicto. La ruptura del cordón no se hace sin altibajos ni conflictos.

3.- Familia rígida:

Padres muy rígidos y punitivos. Al menos uno de ellos es muy autoritario. El otro, si no lo es, admite esa situación y está siempre de acuerdo con su forma de actuar. Pretenden conseguir el control del hijo.

Puede ser una familia en la que hay falta de diálogo y comunicación, que motiva carencias afectivas, y falta de capacidad de los hijos para enfrentarse a los problemas, con la consiguiente baja autoestima que esto conlleva.

Las actitudes rígidas llevan consigo que los hijos no puedan descubrir sus propias capacidades. Esto puede llevar consigo, por parte del hijo, la búsqueda de otros pares con quienes identificarse y sentirse alguien significativo.

Estas familias presentan dificultades para retomar la comunicación dentro de la familia y para que el toxicómano se sienta integrado y encuentre un lugar de pertenencia.

Están sorprendidos y no acaban de aceptar que haya sucedido ese problema en una familia como la suya.

4.- Familia débil:

Los padres no asumen el rol de autoridad en la familia, bien porque sean mayores, bien porque estén muy cansados de toda esta situación o bien por sus propias características personales. Consienten todo lo que el hijo quiere porque son muy débiles ante él.

Suelen ser personas muy agradecidas, disponibles y colaboradoras, dóciles para aceptar las normas. Se sienten seguras y felices en el ambiente terapéutico y lo llegan a sobrevalorar. Son muy sumisas a la autoridad del programa, han encontrado la tabla de la salvación.

El hijo toma las decisiones que quiere y se suele mover por los impulsos o apetencias.

5.- Familia monoparental:

Uno de los dos progenitores es responsable dentro del sistema familiar. El otro progenitor no existe porque está ausente físicamente del núcleo familiar por separación o muerte. En otras ocasiones existe físicamente pero delega totalmente en su pareja todo tipo de responsabilidades familiares en relación a sus hijos.

6.- Familia funcional:

Los padres poseen una buena comunicación entre ellos y acuerdo en cuanto a la educación de los hijos. Los límites familiares están claramente establecidos y existen unas reglas de funcionamiento para todos.

7.- Familia provisional:

Son familias que generalmente no vivían con el toxicómano y que apenas mantenían con él ninguna relación. En ocasiones, incluso, puede hacer meses o años que no se comunican.

Acuden al programa de rehabilitación con el toxicómano porque éste les hace una petición temporal por necesidad y exigencia del tratamiento. Ayudarán al residente en su acompañamiento, pero dejando claro que no se van a implicar más en el programa y que cuando éste se acabe cada uno seguirá por su cuenta.

8.- Problemáticas individuales dentro de la tipología familiar:

Dentro de las distintas tipologías encontramos situaciones o problemáticas individuales importantes para reseñar, que por un lado, tienen su peso y su trascendencia propia de cara al toxicómano y, por otro, contribuyen, de manera importante, a configurar una determinada tipología.

PROBLEMÁTICA DE PAREJA.

Hay cada vez más parejas que acuden al programa en trámites de separación o simplemente soportando una mala situación.

PROBLEMAS PSICOLÓGICOS.

Familias con algún miembro, la mayoría la madre, con problemas depresivos.

PROBLEMAS DE ADICCIÓN:

Familias en las que uno de los progenitores, con más frecuencia el padre, pero cada vez más también la madre o incluso ambos, tienen problemas de adicción al alcohol.

TERAPIA FAMILIAR. CÓMO COLABORA EN EL PROCESO DE CAMBIO.

INSTRUMENTOS, TÉCNICAS Y TERAPIA DE GRUPO.

Primeros coloquios. Contrato terapéutico.

En los primeros contactos, durante los primeros coloquios con el toxicómano y su familia, el terapeuta ayudará a recobrar la esperanza y dar un soporte.

Dar un soporte para que la familia pase de ser “facilitadora” de la toxicomanía, en muchas ocasiones, a ser colaboradora, porque la familia llega muy “perdida”, sin saber qué hacer ni cómo actuar con el toxicómano.

Todo esto se realizará desde el comienzo estableciendo un contrato terapéutico entre las partes: toxicómano, familia y programa.

Las bases del contrato serán:

  • Apoyo y acompañamiento en el proceso del hijo.

  • Cambiar desde dejarse ayudar y ayudar (filosofía de la auto-ayuda)

Por parte del programa terapéutico el compromiso será crear unos espacios y ofrecer unos instrumentos terapéuticos para orientar, apoyar y verificar ese cambio.

Grupos familiares.

El programa deberá ofrecer a las familias unas pautas o unos medios para el autoanálisis familiar, es decir, para la toma de conciencia de su situación.

En el modelo de intervención familiar, al igual que en la intervención con el toxicómano, un instrumento clave es el grupo por varias razones:

  • Por su fuerza motivadora de sostén y empuje.

  • Por el valor de la comunicación de la propia experiencia que contrastada con la de otros puede deducir que es posible cambiar.

  • Porque una familia puede llegar a conocerse y a comprenderse a sí misma desde el espejo de otra familia más que desde diagnósticos, consejos, etc.

  • Porque se puede exigir desde el compromiso exigido ante los demás y esa exigencia será, a la vez, valoración de esfuerzo y del cambio alcanzado.

  • Porque se pueden comunicar las dificultades y ser escuchado sin admitir disculpas, etc.

LAS CONDICIONES DE LOS GRUPOS DE FAMILIA SERÁN, POR LO TANTO, LAS MISMAS QUE LAS DE AUTO-AYUDA:

  • Conciencia de necesidad.

  • Voluntad de ayuda.

  • Disponibilidad para compartir su propio malestar, las propias dificultades, para tener una mejor comprensión de sí misma y de sus propios recursos y verse desde la perspectiva de los otros.

  • Hablar de sí en el “aquí y ahora”.

  • Empatía para ser capaces de escuchar no sólo lo que dice, sino cómo lo siente, evitando los juicios de valor.

  • Identificación.

SENTIDO ACUMULATIVO EN LOS GRUPOS:

El trabajo en los grupos se realizará siempre con sentido acumulativo y de verificación, entendiendo por sentido acumulativo el que se vaya trabajando de lo más sencillo a lo más complejo y que en cada grupo se parta del trabajo realizado anteriormente, dando continuidad al mismo y teniendo en cuenta que todo trabajo realizado debe tomarse, evitando lagunas o abandono de compromisos sin haber sido cumplidos.

PAPEL DEL TERAPEUTA EN LOS GRUPOS DE FAMILIA:

Los grupos están coordinados por un terapeuta. Su papel será:

  • Garantizar la auto-ayuda, es decir, que todos ayuden a todos.

  • Garantizar el respeto de lo que se comunica y cómo se comunica.

  • Garantizar la escucha activa.

  • Ayudar a autoanalizarse.

  • Ayudar a pensar.

  • Dar pasos adelante (compromiso).

  • Retomar los compromisos adquiridos y verificar los cambios y la repercusión de los mismos a nivel personal y en la estructura familiar.

  • Evitar juicios de valor.

  • Evitar recomendaciones, consejos...

Seminarios.

Los seminarios serán reuniones donde se congregarán varios grupos de acompañantes con el objetivo de informar y aclarar sobre los objetivos del programa, tanto en relación a los residentes como a sus familias.

Grupos mixtos.

Los grupos mixtos son grupos formados por tres o cuatro familias. Estos grupos, en la medida de lo posible, estarán formados por familias que hayan comenzado el proceso al mismo tiempo.

OBJETIVOS:

  • Desdramatizar la propia realidad mediante el contraste con otras experiencias. Esto ayudará también a desmontar justificaciones para no enfrentarse al problema o no querer implicarse en él para que me lo resuelvan otros.

  • En muchos casos, es la primera ocasión en que todo el núcleo familiar acude a la acogida y, por tanto, en muchas ocasiones, es simbólicamente la entrada en todo el núcleo familiar en el programa, por lo que será importante volver a definir el contrato terapéutico realizado entre las tres partes.

  • Crear una dinámica de diálogo-comunicación desde lo concreto y no desde lo teórico.

  • Pasar de que el residente sea el centro de atención a que haya una verdadera interrelación e intercomunicación.

  • Conocer la dinámica de relación que se establece en cada familia y detectar si hay alguna problemática especial.

  • Posibilitar que se hagan peticiones de cambio claras entre los miembros de la familia y compromisos verificables a través de los distintos grupos.

Grupos unifamiliares.

En estos grupos deben estar presentes todos los miembros del núcleo familiar, generalmente padres e hijos.

A estos grupos se convoca a todo el sistema familiar a propuesta del programa o de la misma familia.

OBJETIVOS DEL GRUPO FAMILIAR:

Los objetivos en cada grupo estarán en función del momento concreto en que se encuentre el proceso terapéutico.

  • Información del programa terapéutico.

  • Observación y clarificación del funcionamiento de las dinámicas en el interior del sistema familiar.

  • Retomar y profundizar situaciones de conflicto que hayan aparecido en el grupo mixto o que existan dentro del grupo familiar y emerjan en cualquier momento del proceso.

  • Valoración del proceso realizado e información de la fase siguiente.

  • Análisis y clarificación de las experiencias pasadas y proyectos y pretensiones para el futuro.

Sería importante que, al comienzo de cada fase del programa, se hiciera una valoración a nivel de grupo unifamiliar para ver la repercusión de los cambios en la familia.

Grupos de familia. (Terapia paralela.)

Estos grupos están concebidos para que los familiares tengan un espacio y un tiempo para hacer un trabajo personal fuera del contexto familiar. Es una oferta individualizada para un trabajo de autoconocimiento, comunicación.

Son las propias familias, después de haber terminado el programa, los que convocan, organizan y coordinan estos grupos.

Estos grupos son cerrados, es decir, constituidos desde el comienzo hasta el final del programa por las mismas personas.

Historia familiar.

Se realiza la historia familiar de cada uno de los progenitores del residente.

Cada progenitor habla de la historia personal, tipo de familia e origen, educación recibida, pasando a la familia constituida.

Esto nos va a permitir ver los mensajes, criterios, valoraciones, etc. con los que se ha educado al hijo.

DIFICULTADES EN EL PROCESO DE CAMBIO SEGÚN LA TIPOLOGÍA FAMILIAR.

Este proceso, por supuesto, no se dará sin conflictos. Estas dificultades variarán y tendrán más incidencia en unos momentos u otros del proceso en función del tipo de familia, como vamos a analizar a continuación.

Familias sobreprotectoras.

En un principio, sobre todo durante la primera fase del Programa, estas familias, colaborarán perfectamente con el mismo en su misión de acompañar al residente pero pueden ser más permisivos con todo aquello que lleve consigo un gran esfuerzo para el residente, disculpando sus fallos o sus irresponsabilidades ante los terapeutas.

Por esto, en ocasiones, la baja tolerancia a la frustración que esa persona tiene y el excesivo proteccionismo de la familia, dificulta el que la persona continúe adelante en el Programa cuando éste le empieza a suponer renuncias, frustraciones y esfuerzo, siendo, en muchas ocasiones, la propia familia quien lo apoya en esa decisión para que el residente no lo pase mal.

Familia desestabilizada.

En la primera etapa del proceso, lo más habitual es que sea uno de los progenitores, generalmente la madre, quien asuma la responsabilidad, mientras el otro se inhibe.

Esta situación llevará consigo el que no se integre toda la familia en la rehabilitación y, a veces, no es capaz de integrarse ninguno.

La falta de integración en el proceso por parte de la familia, traerá fácilmente problemas en su última fase del proceso.

En estos momentos en los que el residente necesita que la familia sea un apoyo en su reasocialización, este tipo de familias difícilmente va a poder ofrecérselo.

Familia rígida:

Generalmente estas familias están sorprendidas y no acaban de aceptar que haya sucedido ese problema en una familia como la suya. Todo ello puede llevar consigo incoherencias en la colaboración con el Programa.

En otras ocasiones, por su educación y propia concepción de los problemas, difícilmente entienden que su hijo o familiar tenga que realizar un trabajo personal de maduración que lleve un tiempo largo. Esto hace que, la confianza y la colaboración con el Programa sean escasas y, si esto no cambia a lo largo del tiempo, es muy fácil que, al final, sea la propia familia la que, directamente, o a través de mensajes indirectos, empuje a la persona a que abandone el tratamiento.

Familia débil.

En este tipo de familias, en un primer momento, hay un excesivo miedo a que el hijo se canse o abandone el tratamiento porque le resulte muy duro, ya que está acostumbrado a hacer lo que quiere en casa, a ser mimado y a vivir sin límites en ella.

Más adelante, sobre todo en la fase de Reinserción, si la familia no ha cambiado, aparecerán fuertes resistencias para que el hijo acabe tomando responsabilidades y decisiones personales y autónomas, dejando siempre que los demás le “saquen las castañas del fuego” y tomen las decisiones por él como han hecho siempre.

Todo ello ocurrirá, sobre todo, porque la familia intente desde el principio, delegar todo el poder de la rehabilitación en el Programa. Hay una cesión explícita de la responsabilidad.

A veces nos encontramos con personas inseguras dentro de estas familias que suelen ser muy agradecidas, disponibles, colaboradoras y dóciles par aceptar normas y no presentan muchas dificultades en los primeros momentos del proceso terapéutico por ser éste más directivo, pero sí cuando debe existir una mayor autonomía tanto por parte de la familia como del residente.

Todo lo anterior puede llevar consigo que realicen bien el papel de acompañante durante una parte del Programa, pero cuando tenga que tomar sus propias decisiones puede volver a no saber qué hacer y dejarse llevar nuevamente por el miedo o las presiones externas de su familia.

Familia monoparental.

El individuo que realiza el programa generalmente acude con una sola persona que es quien se responsabiliza del acompañamiento.

El otro progenitor, si existe, o el resto de la familia, no quieren saber nada del programa.

Familia funcional:

Por lo general, este tipo de familias, que clasificamos como funcional van a ser buenas colaboradoras en el proceso de rehabilitación, participando en los grupos familiares, comprendiendo bien el sentido del trabajo personal que realizar por el residente y mostrándose dispuestas a analizar y modificar, de alguna manera, si es necesario, las relaciones familiares.

Problemáticas individuales:

Dentro de las problemáticas individuales, vamos a comentar también las dificultades que nos podemos encontrar a la hora de colaborar y participar en el proceso del residente.

PROBLEMAS DE ADICCIÓN:

Muchas veces el miembro de la familia con problemas de adicción al alcohol acude a los grupos después de haber consumido alcohol y sin estar sobrio por lo que se anula el posible valor terapéutico y de ayuda del grupo.

Aparte de todo lo anterior, es muy frecuente encontrar otro hermano toxicómano en la familia, por lo que a nuestro residente le será muy difícil mantenerse abstinente.

CONCLUSIONES.

- El proyecto entiende que la familia es un elemento muy importante dentro de la rehabilitación del toxicómano. Por tanto, la familia va a ser, en un primer momento, una de las principales fuentes de motivación y apoyo para la persona que quiere rehabilitarse.

- Una familia con un miembro toxicómano, generalmente, está inmersa en un círculo cerrado y vicioso del que es muy difícil salir por sí sola.

- El objeto del trabajo con las familias en el Proyecto será, por tanto, a dos niveles:

· Acompañar al toxicómano en su proceso.

· Ayudar a la familia.

- El primer cambio que debe realizar una familia para colaborar en la rehabilitación de un miembro toxicómano, es entender que el problema no es la droga como tal sustancia, ni el ambiente, sino la persona, y que el problema no es sólo de la persona toxicómana, ya que como sistema que forman, todos están inmersos en él.

- La tipología familiar de aquéllos que acuden al Proyecto es muy variada, con unas características tanto sociológicas como psicológicas muy diversas. Dependiendo de esta tipología, su forma de enfrentarse al problema va a ser muy diferente.

- El programa terapéutico colaborará a que la familia realice su proceso y alcance los objetivos, acompañándola y ofertando la participación en una serie de grupos, seminarios y coloquios individuales con el método de la auto-ayuda.

Este proceso con las familias deberá tener un sentido acumulativo y de verificación, de manera que haya continuidad y se verifiquen las tareas y los compromisos adquiridos.

Acogida: conceptos fundamentales.

La Acogida, originariamente, era una fórmula de recepción para los que llamaban a la puerta del Centro, con un estilo basado en los valores del voluntariado, con el que se ofrecía un ambiente libre de juicios, prejuicios y presiones sociales, donde el usuario recibía el soporte para orientarse hacia una elección de vida. Se ubicaba, naturalmente, en la metodología de las Comunidades Terapéuticas, dado que los fundamentos son prácticamente idénticos. Valores como solidaridad, el compartir y la gratuidad, engarzan tranquilamente con el concepto de autoayuda que el método de la Comunidad Terapéutica utiliza.

La demanda aumentó hasta tal punto que la lista de espera se estructuró gradualmente en el tiempo con un nuevo módulo operativo que, conservando el nombre de Acogida, pedía ya a los usuarios una serie de cambios a nivel comportamental que sirven después para facilitar el trabajo de la Comunidad Terapéutica. La estructura se compone así:

Coloquios Grupo Orientación Grupo Intermedio Grupo Precomunidad

El coloquio es un instrumento de Acogida, evaluación de la situación personal, de compartir y de sostén y termina con un primer contrato triangular de autoayuda entre el terapeuta, el cliente y los familiares.

El grupo de orientación intenta orientar al cliente al programa, lo pone en situación de interiorizar un proceso de cambio confeccionado a medida, comenzando por las pequeñas cosas con el objetivo final de ayudarle a dirigir la atención de la sustancia de la droga hacia sí mismo.

El grupo de intermedio intenta reforzar el resultado precedente y pone al residente en la situación de darse cuenta de que el verdadero problema está dentro de sí mismo y se manifiesta en la inedecuación para relacionarse con los otros y con las cosas, por lo que se perfila la necesidad de un cambio en el estilo de vida.

El grupo precomunidad intenta también reforzar al precedente, ofreciendo al residente la posibilidad de confrontarse con los otros hasta encontrar las motivaciones reales para afrontar el cambio necesario para superar la propia fragilidad y no recaer en la droga. En este punto está preparado para el paso a la Comunidad Terapéutica.

Los instrumentos son el coloquio individual y el grupo. El coloquio, a través de la empatía y la identificación, ayuda al cliente a reflejarse para conocerse mejor y encontrar un camino para su propio cambio. Deben plantearse metas cortas, nunca discursos. El grupo favorece el sentido de pertenencia y la energía necesaria para los pequeños cambios cotidianos.

Otros instrumentos son:

  • Los empeños, dentro y fuera del programa.

  • Actividades culturales y recreativas.

  • Los seminarios.

  • Experiencias educativas.

  • La estructura de la Acogida, más que un instrumento terapéutico, es un instrumento organizativo en función del número de residentes, es decir, con la mayor flexibilidad para adaptarla cotidianamente a las necesidades.

    La fase de acogida se desarrolla según los tiempos que reflejan el compromiso y la disponibilidad del joven; la maduración se realiza gradualmente.

    Acogida no consiste sólo en grupos de discusión y análisis de los sentimientos. De gran significado y utilidad es la organización de una sistemática recuperación escolar, cursos de cultura general, seminarios, educación para el tiempo libre...etc. El estímulo del interés moviliza capacidades y entusiasmos olvidados, y alcanza resultados significativos, entre ellos, una mejora del concepto de sí mismo.

    Así, desde el momento en que el joven se adhiere al programa, su jornada está llena y escalonada de momentos constructivos.

    Su familia, por otra parte, ahora tiene relación con el Programa y, en esta fase, tiene que frecuentar regularmente sesiones de terapia paralela.

    La función del terapeuta y del equipo es, principalmente, la de observar y garantizar que cada individuo tenga la oportunidad de conseguir su propio objetivo. Las únicas causas de expulsión son el consumo o la violencia.

    La otra función es la de estar junto al joven para ayudarle y sostenerle en su proceso de crecimiento, pero sin sustituirlo. El chico debe descubrir lo que le pasa y hacer lo que crea que debe. Nosotros sólo le ayudaremos.

    Está claro que la acogida, como las demás fases del programa, exige, por parte del equipo que presta su servicio, junto a una fuerte carga de humanidad, la preparación profesional que garantice la objetividad por encima de una implicación emotiva personal.

    Durante el programa terapéutico es intenso el contacto entre terapeutas y residentes, y es esencial que la actitud del profesional sea libre y serena y siempre pueda representar la figura guía que dé seguridad, y sea fiel y coherente con la honestidad que exige al residente.

    El contrato terapéutico.

    El primer contacto con el toxicómano se hace en acogida donde el joven llega, voluntariamente o empujado por la familia, a pedir ayuda. Trae consigo la carga dramática de sus problemas. Probablemente está escéptico y desconfiado. Está acostumbrado a “manipular” a sus interlocutores, a rechazar las responsabilidades, a asumir el papel de víctima; tiene miedo a un contacto auténtico consigo mismo y con los demás y se tapa detrás de una imagen defensiva que no deja aflorar a los sentimientos. Pero, detrás de esta fachada, está, de hecho, toda la inseguridad que procede de todos sus fracasos.

    El encuentro con la acogida es para el toxicómano un momento determinante. Se le ofrece la ocasión de recuperarse a sí mismo; es una posibilidad en que había dejado de creer, se le pide un compromiso, es una manifestación de confianza y esperanza que pensaba no merecía.

    Algunos de los que le acogen han recorrido el mismo camino: ahora son capaces de ofrecerles ayuda con generosidad, con lucidez y desinterés. Ellos son el testimonio vivo de que de la trampa de la droga se puede salir. El camino pasa a través del conocimiento de uno mismo y de las razones que le han empujado a buscar la “evasión” y la fuga.

    Reconocer su inmadurez como punto de partida para un camino de crecimiento, forma parte del compromiso que acogida propone al toxicómano, junto a normas de puntualidad, sinceridad y la abstención de las drogas y el alcohol.

    Su atadura con la droga tiene un aspecto físico que se hace sentir de manera obsesiva e irresistible cuando se agota el efecto de la dosis.

    Para superar la crisis de abstinencia, el joven tiene que haber madurado dentro de sí la motivación a “dejar”. Según la sustancia que le falta, su sufrimiento puede tener diferentes aspectos. En poco tiempo el joven consigue romper el mito de la droga y recuperar su dignidad en relación a la sustancia.

    Aceptando el “contrato” con acogida hay nuevas sensaciones que animan al joven implicado. Si la tarea de concienciarse del compromiso que está asumiendo le asusta y vuelve a renacer en él el instinto de la droga, puede hablar, llorar o manifestar su debilidad: es un momento importante que representa el abandono de la “imagen” y el primer comportamiento claro y auténtico.

    Pero, ¿qué es un contrato?, ¿cómo se establece en acogida?

    Un contrato es una meta objetiva de cambio positivo de conducta, y puede realizarse individualmente o con otra persona que ayudará a cumplirlo.

    Un contrato terapéutico puede definirse como un acuerdo de mutuo consentimiento entre el cliente y el terapeuta para lograr un objetivo claramente establecido.

    Aunque en nuestro contacto con un toxicómano nuestro objetivo sea “engancharlo”, crear las condiciones para que la persona se quede en el programa, no significa que nuestra postura sea asistencialista, sino la de ofrecer un marco que permita la puesta en marcha de una estrategia de cambio, lo que dentro de nuestro programa conocemos como intervención terapéutica.

    Por lo general, las familias adoptan una postura de fe hacia nosotros debido a la poca convicción de que su hijo pueda dejar las drogas. Por lo tanto, en los grupos y coloquios de familia, tendremos que tener como referencia el contrato terapéutico, base de posteriores intervenciones.

    El objetivo final ha de ser específico, observable y unívoco de modo que el terapeuta y el cliente, lo mismo que otras personas puedan saber cuándo ha sido logrado. Una vez alcanzada, se contratan otros objetivos y así sucesivamente.

    Un contrato es una meta observable y específica, y también el plan para lograr tal meta. Debe ser claro, conciso y directo. Los elementos de los que debe constar son:

  • Reconocimiento de que se tiene un problema de conducta.

  • La decisión de trabajar en ese problema específico.

  • Las probabilidades de alcanzar la meta deben ser altas y realizables.

  • El terapeuta para llevar adelante y poner en práctica el contrato terapéutico deberá tener presente que:

  • Las dificultades emocionales son solucionables.

  • Pedir abiertamente lo que se quiere.

  • Creer que la persona es indefensa.

  • Ayudar a que los demás se sientan impotentes a encontrar su propia fuerza.

  • Esto se podrá hacer de forma activa si el terapeuta desarrolla dos aspectos:

    • Capacidad de escucha.

    • Capacidad de empatía o posibilidad de situarse en el lugar del joven.

    Este contrato vendrá renovado en Comunidad Terapéutica y a la entrada de Comunidad de Reinserción.

    El coloquio en Acogida.

    Coloquio es una intervención terapéutica que conlleva un cambio de personalidad. Es el elemento fundamental.

    Finalidad del coloquio:

    • Posibilidad que tiene el terapeuta de saber cómo es la persona que tiene enfrente.

    • Que la persona tenga conciencia de sí misma..

    Elementos a la hora de hacer coloquio:

    • Importancia del ambiente externo.

    • En la escucha no puedo quedarme solo con las palabras, con lo que me transmite a nivel de sentimientos.

    • Una buena empatía existe cuando puedo vivir los sentimientos del otro como si fueran míos.

    Con el coloquio se pretende:

    • Identificar actitudes y conductas que pueden facilitar o interferir el establecimiento de una relación terapéutica positiva.

    • Identificar aspectos relevantes referentes a los valores de la ética y la objetividad emocional.

    • Transmitir las tres condiciones facilitativas de la relación: empatía, genuidad y autorrevelación positiva.

    Los grupos en Acogida.

    El grupo sirve de espejo al residente, permitiendo que el chico tenga un sentido de pertenencia.

    Los grupos los componen diez o doce personas con las mismas inquietudes donde el trabajo durante dos horas es llevado por un chico que está en reinserción, el cual les sirve como modelo y modera el confronto.

    Orientación.

    Es un grupo de información de cómo es el Programa, verificando el contrato de NO a la droga.

    Además del NO a la droga, se trabaja sobre diferentes aspectos como:

    • Llevar adelante su responsabilidad.

    • Cómo hablar sin emplear el argot de la calle.

    • Cambio de imagen.

    La principal meta del grupo es desviar la atención de la droga hacia sí mismo y a su comportamiento.

    Al llevar adelante dichas responsabilidades, respecto a él mismo, familia y grupo, pasa a Intermedio.

    Intermedio:

    Su finalidad es que el residente tome conciencia de una serie de problemas, de que el problema no es la droga sino él mismo, y que el problema no son los otros.

    El trabajo debe ir encaminado hacia crear conciencia de una buena panorámica de quién es como persona.

    Tiene gran importancia la integración, la forma de hacerlo en el grupo.

    Los problemas no son los demás sino él mismo.

    Precomunidad:

    Se comienza a tomar conciencia de que se debe cambiar de vida.

    El responsable debe dar confianza al residente y reforzar cada uno de los cambios positivos que vaya realizando.

    Sirve para hacer resurgir en el residente las motivaciones necesarias para afrontar los cambios.

    Debe encontrar dichas motivaciones; cuando esto ocurre está dispuesto a la entrada en Comunidad. Motivación al cambio.

    Los grupos de Autoayuda.

    Los grupos de Autoayuda, como forma moderna de instrumento en la relación de mutua ayuda, surgieron en los Estados Unidos al crearse la Asociación de Alcohólicos Anónimos y se extendieron por todo el mundo constituyendo en la actualidad el mayor movimiento de mutua ayuda.

    En la movilización total de los recursos de la persona hay que hacer especial hincapié en los recursos espirituales sin los cuales es imposible que ocurra cualquier cambio eficaz y duradero.

    El grupo de Autoayuda está formado por personas que reconocen y están convencidas de que tienen necesidad de ser ayudadas, porque no son capaces de lograr lo que necesitan solas. La condición esencial para formar parte del grupo es que la persona reconozca este estado de necesidad, de lo contrario es imposible ayudarla. Condición esencial: la honestidad.

    SER HONESTO, sobre todo con la propia vivencia y los propios sentimientos, que es donde reside el sufrimiento y es más fácil mentir, más que con los grandes pensamientos y los grandes sistemas.

    ESTAR DISPUESTO A HABLAR DE UNO MISMO, no de la pareja, de los hijos, de la suegra... y acabar convirtiéndolo en una mala terapia familiar. Hablar de uno mismo, aquí y ahora, no de la infancia ya que en este contexto no tiene sentido. Ningún componente del grupo está preparado para escuchar toda una historia personal y dar ayuda.

    DISPUESTO A ESCUCHAR. Para escuchar es necesario aprender a estar en silencio, silencio interior, es decir, comprender qué es lo que nos comunican.

    SER CAPACES DE IDENTIFICARNOS CON LOS OTROS. Si me identifico con una persona, con sus sentimientos, con su situación, me acerco mucho a la comprensión de su estado de ánimo, de sus dificultades.

    HAY QUE APRENDER A AMAR A LOS DEMÁS INTEGRANTES DEL GRUPO. Amar es muy distinto de complacer. No es lo mismo que amar, estar preocupado por complacer o por no desagradar a nadie. Amar quiere decir “querer” y “hacer” el bien a alguien, incluso a costa de disgustarlo y, por consiguiente, disgustarme.

    Después de todo esto, ya podemos decir qué es un grupo de Autoayuda: Es un grupo en el que a base de compartir, de empatía, de identificación, de confrontarse y mirarse en el espejo de los otros, la persona tiene la posibilidad de aprender a conocerse y de esta forma ser capaz de decidir cambios posibles y mejorar en su estado actual.

    Para que el grupo funciones, además de las disposiciones expuestas anteriormente, se deberán respetar algunas condiciones:

    • El número de componentes deberá se rezonable.

    • El tiempo de desarrollo será de dos horas y nunca superior.

    • Los componentes del grupo hablarán de sí mismos como personas.

    • Los componentes aprenderán a respetarse.

    • Cada uno asumirá su propia responsabilidad.

    • Ninguno abandonará el grupo si tiene dificultades.

    • La violencia no se utilizará, ni siquiera de broma.

    • Los miembros del grupo estarán sobrios.

    • Todo lo que aprendan en el grupo con referencia a otras personas deberá permanecer en secreto.

    La presencia de un responsable facilita el desarrollo del grupo. Éste es un miembro del mismo con una preparación específica y que ha participado anteriormente por lo que cuenta con la experiencia y el autoconocimiento necesario para estimular y animar este tipo de trabajo. No tiene la obligación de conducir al grupo a ninguna parte. Dejará que el grupo se desarrolle según las necesidades de sus miembros, sin interpretar el rol de “salvador”.

    Los grupos de Autoayuda sirven de apoyo a los padres cuyo hijo se droga.

    ¿Cómo comportarse para ayudar a un padre cuyo hijo se droga?

    ¿Qué significa ayudar a alguien a que se ayude a sí mismo?

    “Si quieres ayudar a que tu hijo deje de drogarse, mándalo fuera de casa”.

    Escuchando a los padres que frecuentan el programa, podemos oír esta frase que es transmitida a los recién llegados.

    Dejando de lado lo dramático de esta situación ¿es razonable que un padre deba comportarse de una cierta forma porque otros antes que él lo han hecho y parece que les ha funcionado?

    La relación de ayuda que se establece con el usuario está fundada sobre el concepto de autoayuda.

    Imitar es demasiado fácil.

    Autoayuda significa ayudar a alguien a que se ayude a sí mismo y no resolverle sus problemas o dar consejos para que los resuelva. Ninguno tiene el poder de resolver los problemas de los otros. La experiencia de cada ser humano es muy limitada, aunque pueda ser muy profunda. Las reacciones nunca pueden ser iguales.

    Preguntar y hacer lo que nos aconsejan acríticamente, sin afrontar un proceso, sirve para que cuando tengamos que evaluar podamos crearnos un espacio de irresponsabilidad y evitarnos las consecuencias no deseadas. Pero también elimina el mérito y la satisfacción cuando las cosas van bien. De esta forma nos convertimos en víctimas de las circunstancias, sin darnos cuenta, que somos nosotros mismos, los artífices de nuestra situación. ¡El destino no tiene nada que ver!

    Si queremos verdaderamente ayudar a alguien tenemos que:

    • Escuchar bien lo que se nos quiere comunicar.

    • Compartir la situación emotiva.

    • De ninguna forma hacer juicios.

    • Ofrecer, como en un espejo, una visión más clara de la situación que nos han descrito.

    • Ayudar a la persona a tomar conciencia de la dificultad y del por qué de esta dificultad.

    • Dejar que la persona decida libremente lo que de verdad es más apropiado a su situación, y, si es necesario, ayudarla en su decisión.

    Es aquí donde termina la parte más importante de nuestra ayuda; queda la solidaridad y el apoyo con el que seguimos el proceso, pero sin interferir en él.

    La propia realidad y la fuerza del hijo.

    ¿Se ayudará a este padre a entender cómo y por qué su hijo que parece tan fuerte puede autodestruirse y destruir a las personas que lo aman sin podérselo impedir? El padre descubrirá que es su propia debilidad la que da fuerzas al hijo, que su propio miedo le convierte en inseguro e incapaz de hacer lo que considera apropiado a la circunstancia.

    Este es el campo de cultivo de los juegos de la manipulación hijo-a. Ayudar al padre a realizar este análisis no elimina los miedos y la inseguridad, pero le da fuerzas y determinación para iniciar un cambio personal que, inevitablemente, terminará influyendo positivamente en la relación que tiene con el hijo-a.

    Trabajar con este estilo supone que la persona que ayuda posee un profundo respeto hacia la persona ayudada; trabaja verdaderamente por el bien de la otra persona y no para el propio bien o satisfacción.

    Supone, también, que quien ayuda es consciente de que no puede cambiar la vida de nadie sin quitarle al mismo tiempo la libertad, y sin libertad un ser humano deja de serlo. Respetar a un ser humano significa, antes que nada, respetar su libertad aunque esto signifique que se confunda; y quiere decir ser capaz de estar a su lado cuando tiene más necesidad de ayuda, es decir, después de confundirse.

    Del análisis y de la confrontación de los propios errores es de donde el ser humano puede lograr la conciencia necesaria para aprender, madurar y progresar hacia un mejor futuro.

    Comunidad terapéutica.

    Algunas definiciones.

    La comunidad terapéutica no surge para atender a los drogodependientes en un primer momento, pero tendrá un amplio desarrollo años después como recurso específico para ellos.

    Thomas Main, el primero que utilizó el término comunidad Terapéutica, define en 1946 el concepto de Comunidad Terapéutica: “debe ser una comunidad con el propósito inmediato de crear la máxima participación en la vida diaria de la institución. Su fin último es la socialización dl individuo neurótico en la subsociedad hospitalaria”.

    Otra más reciente que recoge las conclusiones del Encuentro 1991, dice:

    La comunidad terapéutica es:

    • un medio ambiente sin droga donde las personas con problemas de adicción viven juntas de una manera organizada y estructurada, proporcionando el cambio para vivir una vida sin drogas en la sociedad.

    • Representa una sociedad en miniatura en donde residentes y equipo representan diferentes roles y en donde hay normas claras