Profetas

Historia de las religiones. Biblia. Antiguo Testamento. Personajes bíblicos. Abraham. Isaac. Moises. Noé. Salomón

  • Enviado por: Sosó
  • Idioma: castellano
  • País: Perú Perú
  • 17 páginas
publicidad
publicidad

Trabajo de Religión

Grado: 1ero

Sección: “D”

Curso: Religión

San Borja, 25 de Noviembre del 2002

Introducción

  • Yo quería investigar acerca de Moisés, Abraham, Isaac, Noé y Salomón para saber mas sobre estos personajes, y no tener tan solo una idea única. Me gustaría aprender mas sobre ellos, y manejar una información variable sobre estos personajes

  • En el antiguo testamento observamos el tiempo en el que Jesús aún no llegaba a la Tierra por lo cual algunos de los personajes de los que voy a hablar solo creían en Dios, y su fe fue tanta que daban todo por Dios.

MOISÉS

Hace ya unos quinientos años que en Egipto mandaba un Faraón nuevo. Los israelitas eran ya tantos que el Faraón tuvo miedo de que llegaran a dominar Egipto, ya que eran un pueblo más numeroso y fuerte. Por eso, los esclavizó y los obligó a trabajar en los trabajos más agotadores. Además, para que no fueran en aumento, mandó a las parteras matar a todos los niños israelitas recién nacidos, pero éstas no lo hicieron y Dios las premió concediéndoles numerosa descendencia. Entonces, el Faraón dio a su pueblo la orden de echar al río todo niño que naciera.

Uno de esos niños fue Moisés, que se salvó porque su madre lo tuvo escondido durante tres meses y al no poder ocultarlo por más tiempo, lo dejó en una cestita flotando sobre el río Nilo. Por casualidad -o porque Dios lo quiso- la hija del Faraón, recogió a Moisés de las aguas del Nilo, creciendo los dos juntos como hermanos, si bien ella era de creencias totalmente egipcias y maltrataba a los esclavos, Moisés respetaba a todo el mundo, incluidos los esclavos.

Ya de joven, Moisés vio cómo sufría su pueblo y cómo pedían al Señor que les liberara. En cierta ocasión, Moisés vio cómo un egipcio golpeaba a un hebreo, a uno de sus hermanos. Creyendo que nadie le veía, mató al egipcio y lo escondió en la arena. El Faraón se entera y busca a Moisés para matarlo; pero él huye al país de Madián, donde se casa y tiene un hijo. Durante el largo periodo que Moisés pasó en el país de Madián, murió el Rey de Egipto.

Un día, mientras paseaba al rebaño de ovejas de su suegro, se le aparece Dios a Moisés en forma de zarza ardiendo y le ordena que saque a su pueblo de Egipto. Moisés le dice que el pueblo no creerá que se le ha aparecido, y entonces Dios le propone que muestre algunos milagros como convertir un cayado en serpiente, o su carne sana en leprosa, y si aún así no le creen, tomando agua del Río, convirtiéndose en sangre en el suelo. Moisés replica diciendo que no tiene facilidad de palabra, pero Dios contesta que la misión la ha de llevar a cabo junto a su hermano Aarón y que Él les enseñará lo que han de hacer.

Moisés toma a su mujer e hijo y, sobre un asno, vuelve a Egipto donde ha de encontrarse con Aarón. Una vez juntos, reunieron a todos los ancianos de los israelitas y el pueblo creyó, gracias a las palabras de Aarón inspiradas por Dios y las señales de Moisés.

Después se presentan ante el Faraón ordenándole que libere al pueblo judío, pero la respuesta del Faraón es negarse y multiplicar el trabajo del pueblo. Esto hace que Moisés no entienda para qué ha sido enviado si desde que ha hablado con el Faraón han empeorado las cosas.

Otra vez, Moisés y Aarón fueron con el Faraón e hicieron lo que Dios les había mandado: Aarón echó su cayado delante del Faraón y se convirtió en serpiente. El Faraón llamó a los sabios y hechiceros que hicieron lo mismo: convirtieron una vara en serpiente, pero el cayado de Aarón devoró sus varas. El Faraón es duro de corazón y los echa.

Después, Dios les ordena que vuelvan a intentarlo, esta vez alzando el cayado sobre las aguas del río y haciendo que éstas se conviertan en sangre. Los magos de Egipto hicieron lo mismo y otra vez, el Faraón se niega a escucharlos.

Otra vez, se dirigen Moisés y Aarón al Faraón y le dicen que si se niega a dejar partir al pueblo hebreo, Dios infestará de ranas todo el país. Aarón extendió su mano con el cayado sobre los canales, ríos y lagunas y subieron las ranas sobre la tierra de Egipto. Al ver esto, el Faraón les dice que si paran esta plaga, él dejará libre al pueblo hebreo, pero una vez muertas todas las ranas, el Faraón no cumplió su palabra y siguió sin escucharlos.

Moisés y Aarón son llevados de nuevo ante la presencia del Faraón, repitiéndose la misma historia. Moisés ordena que liberen al pueblo, el Faraón sigue sin escuchar, desatándose una nueva plaga. Aarón extiende su mano con el cayado sobre el polvo de la tierra y todo se llena de mosquitos. Ni los magos pudieron hacer nada para impedirlo.

En otro intento, Moisés le pide al Faraón que libere a su pueblo y al ver que éste no lo escucha, envía tábanos a que lo invadan todo. El Faraón asustado dice que si Moisés le pide a Dios que aleje los tábanos, él dejará libre al pueblo, pero una vez más, no lo cumple.

La siguiente plaga fue la de la muerte del ganado. Moisés advierte al Faraón de que la mano de Dios caerá sobre el ganado de Israel. Así lo cumple, muere todo el ganado de los egipcios y ni uno sólo de los israelitas.

Después, se van sucediendo más plagas a causa de la negativa del Faraón a dejar libre a su pueblo. Estas plagas son la de las úlceras, en que Moisés lanza hacia el cielo dos puñados de hollín de horno, que se convertirá en polvo fino y formará erupciones en hombres y ganados en todas las tierras de Egipto.

La siguiente plaga, la de la granizada, en la que Dios hace llover una gran granizada en Egipto. Esta vez parece que el Faraón está dispuesto a dejar libre al pueblo si Dios hace cesar el granizo, pero el Faraón vuelve a pecar.

La octava plaga fue la de las langostas. Moisés extendió su mano sobre la tierra de Egipto y ésta se cubrió de langostas, que se comieron los árboles y causaron grandes pérdidas. El Faraón tampoco cedió.

En la última plaga, Dios hizo que durante tres días el pueblo de Egipto estuviera cubierto de densas tinieblas, mientras que los israelitas tenían luz en sus moradas. El Faraón echa a Moisés diciéndole que como lo vuelva a ver lo matará.

Hicieron un último intento, y Dios dice que morirá en Egipto todo primogénito. Sucedió y hubo gran conmoción ya que no hubo casa donde no hubiera un muerto. Finalmente el pueblo egipcio no puede soportar las plagas y el Faraón consiente en liberarlo.

Los israelitas pidieron a los egipcios objetos de plata, de oro y vestidos. Dios hizo que el pueblo se ganara el favor de los egipcios, los cuales se los prestaron. Una vez que despojaron a los egipcios, los israelitas partieron.

Dios da a Moisés y Aarón normas sobre la Páscua, que todos los israelitas cumplieron. También ordenó a Moisés consagrarle a todo primogénito.

En el camino, Dios iba delante de ellos, de día en columna de nube para guiarlos, y de noche en columna de fuego para alumbrarlos.

Moisés había conducido al pueblo de Israel al Mar Rojo, y se encuentran con que el Faraón se ha arrepentido y viene con sus carruajes persiguiéndolos. El pueblo desesperado echa en cara a Moisés el que los haya llevado a esa encrucijada y de repente surge una enorme columna de fuego que los detiene, y a continuación, Moisés se introduce en las aguas del Mar Rojo y alza su cayado, recordando el mensaje divino de ser asistido y realizar sus proezas con el cayado. Moisés descarga la fuerza del cayado sobre las aguas, que al instante se levantan hacia el cielo, formando un terrorifico y estrecho pasillo formado por paredes de agua altísimas, por donde se mete todo el pueblo hebreo. Cuando los egipcios se hallan cerca a punto de alcanzarlos, Moisés levanta su cayado y las aguas empiezan a caer sobre los egipcios cerrando el paso y matando a todos los egipcios. Luego, todos cantaron un canto dando gracias al Señor.

Por fin eran libres de la esclavitud egipcia, pero aún les quedaban cuarenta años para llegar a la tierra prometida por Dios. Sufrieron muchas penalidades y Dios siempre les ayudó. En una ocasión protestaron porque no tenían agua; Moisés golpeó una roca con su bastón y brotó agua de la roca. Protestaron porque no tenían qué comer, y Dios les envió el maná -bolitas menudas y de sabor dulce-; y en cierta ocasión les mandó una bandada de codornices.

Se detuvieron al pie del Monte Sinaí y allí con letras de fuego que aparecen en el cielo entre tremendas explosiones, va viendo cada uno de los Diez Mandamientos y con sus propias manos, los va escribiendo sobre la pared de roca y después el fuego de Dios recorta las tablas que Moisés recoge y baja con ellas al campamento hebreo en el que, mientras tanto, han construido un becerro de oro y se han dedicado a realizar todo tipo de orgías y abusos. Moisés les dice que se acerquen a él los que quieran seguir a Dios y les arroja las tablas, pereciendo los hebreos en medio de truenos y relámpagos.

Y Dios repitió su promesa y Alianza con el pueblo: Si no adoraban a otros falsos dioses y cumplían sus mandamientos, Él, el Señor, sería su amigo y protector. El pueblo prometió cumplir esta Alianza; Aunque en muchísimas ocasiones no la cumplió.

Con el tiempo, llegaron a las puertas de Canaán. Antes de entrar en la tierra prometida, Moisés -por orden del Señor- envió unos cuantos hombres para que la exploraran y les contaran luego lo que habían visto.

Al cabo de cuarenta días regresaron los exploradores, trayendo un gran racimo de uvas, granadas e higos. Con esto demostraban que era una tierra riquísima, que daba abundantes y sabrosos frutos. Pero refirieron que los pueblos que la habitaban eran muy fuertes, mucho más fuertes que ellos, y que nunca podrían vencerlos.

Al oírlo, el pueblo empezó a llorar a gritos y a quejarse de Moisés y de su hermano Aarón diciendo que tenían que elegir un jefe y volver a Egipto antes que morir a manos de esos pueblos. Moisés y Aarón intentaron convencerlos de que Dios no los abandonaría; pero el pueblo, furioso, quiso matarlos a los dos.

Dios se enfadó y quiso acabar con ellos; pero Moisés le dijo para calmarlo que no se enfadara y acabara con su pueblo, porque, si lo hacía, todas las naciones se burlarían diciendo que “el Señor no ha podido cumplir su promesa de llevarnos a una nueva tierra y por eso ha hecho morir a su pueblo en el desierto”.

Dios los perdonó; pero los castigó a no ser ellos los que entraran en Canaán sino sus descendientes.

Muere Aarón y el pueblo llora durante tres días. Los israelitas empiezan a protestar contra Dios y Moisés diciendo que no entienden por qué los sacaron de Egipto para tener que pasar hambre y sed, y morir en el desierto.

El pueblo israelita había prometido en el Monte Sinaí cumplir la alianza con el Señor: Él los ayudaría si le adoraban sólo a Él. Con tantas quejas de los israelitas, Dios se disgustó mucho porque vio que no confiaban en Él.

El Señor mandó contra el pueblo serpientes que mordieron y mataron a muchos; Esto hace que los israelitas se den cuenta de que han pecado y piden a Moisés que le pida a Dios que aleje las serpientes.

Hizo Moisés lo que pedía el pueblo y Dios le dice a Moisés que haga una serpiente de bronce y la coloque en lo alto de un palo, los que la miren quedaran curados de la mordedura de serpiente.

Mensaje de su vida:

En este personaje he observado que siempre lleva la fe en Dios nunca lo decepciona y siempre cree en Él, ya que para creer ciertas cosas uno tiene que llevar la fe en el corazón como lo hizo Moisés

ABRAHAM

Abraham, patriarca bíblico y según el libro del Génesis (11,27; 25,10) padre de los hebreos, que parece vivió entre los años 2000 y 1500 a. C. es considerado por los musulmanes, quienes le llaman Ibrahím, como un antepasado de los árabes por medio de Ismael (uno de sus hijos). En otro tiempo se le consideró contemporáneo de Hammurabi, rey de Babilonia. Debido a que el relato bíblico de su vida se basa en tradiciones conservadas por transmisión oral más que en documentos históricos, no puede escribirse una biografía tal y como hoy la conocemos.

Llamado Abram originalmente, Abraham fue el hijo de Tare, un descendiente de Sem, y nació en la ciudad caldea de Ur, donde se casó con su hermanastra Saray, o Sara. Abandonaron Ur junto a su sobrino Lot y su familia, por inspiración divina y se dirigieron a Harán. Al recibir la promesa de que Dios haría de él una 'nación grande', Abram se trasladó a Canaán, donde vivió como un nómada. El hambre lo llevó a Egipto, pero fue expulsado por presentar a Saray, su mujer, como su hermana. Una vez de vuelta a Canaán, Abram y Lot se separaron tras las disputas surgidas entre ellos y sus pastores, quedándose Lot cerca de Sodoma y continuando Abram su vida errante. Más tarde rescató a Lot de la cautividad del rey Cordorlahomor de Elam y fue bendecido por el sacerdote Melquisedec, rey de Salem. Entonces, Dios prometió a Abram un hijo de su esposa Saray, le repitió sus primeras promesas y las confirmó con una alianza.

Cuando Abram renovó esta alianza, se estableció el rito de la circuncisión, su nombre se transformó en Abraham, y el de Saray en Sara. Dios, a través de unos ángeles, volvió a prometerle que tendría un hijo varón de Sara.

Cuando Dios le informó de que iba a destruir las ciudades de Sodoma y Gomorra a causa de la depravación de sus habitantes, Abraham le suplicó que no lo hiciera. Dios le prometió que salvaría las ciudades si pudiera encontrar sólo diez hombres justos. Al no encontrar ninguno Dios cumplió su amenaza.

Ismael, primer hijo de Abraham y de Agar, una esclava egipcia, nació cuando Abraham tenía 86 años. Los musulmanes árabes consideran a Ismael como su progenitor. Isaac, hijo de Abraham alumbrado por Sara cuando éste tenía 100 años, fue el primero de sus descendientes legítimos. Dios exigió que Abraham sacrificara a su hijo, como prueba de fe, aunque por la incondicional obediencia de Abraham, Dios le permitió salvarlo y lo recompensó con una renovación formal de su promesa.

Mensaje de su vida:
En este personaje se puede ver la fe misma en Dios, Abraham dio todo por Dios, incluso iba a dar a su único hijo, que por obra de Dios lo tenia, Dios le puso ciertos retos los cuales el paso con pura fe, la verdadera fe.

ISAAC

Isaac (en hebreo, `hará reír'), patriarca del Antiguo Testamento, hijo de Abraham, hermanastro de Ismael y padre de Jacob y Esaú. El nacimiento de Isaac fue prometido por Dios (Gén. 17, 19 y 21) a Abraham y a su esposa Sara, después de muchos años de matrimonio sin descendencia, como señal de que las bendiciones que Dios otorgó en un principio a Abraham tendrían su continuidad en Isaac, heredero de la Alianza. Los acontecimientos de la vida de Isaac son relatados en el libro del Génesis desde el capítulo 21 al 28.

El relato dominante en la narración, que constituye uno de los episodios más conocidos de la Biblia, es la del proyectado sacrificio de Isaac (Gén. 22). Según esta historia, Dios quiso probar la fe de Abraham ordenándole que sacrificara a su amado hijo. En último momento, tras quedar Dios convencido de la incondicional obediencia de ambos, padre e hijo, aceptó un carnero en lugar del joven. Se cree que este relato expresa el rechazo de los hebreos a los sacrificios humanos, practicados por las naciones vecinas. En la sinagoga actual, el carnero es recordado en el ritual de soplar el shofar, o cuerno de carnero, durante los días Solemnes del judaísmo: Rosh Ha-shaná y Yom Kipur.

El Nuevo Testamento alude a Isaac como precursor de Cristo y de la Iglesia (Gál. 3,16; 4,21-31); la obediencia de Isaac a su padre, hasta el punto de estar dispuesto a la inmolación, se asocia con la de Cristo (Heb. 11,17-19). Estos temas fueron desarrollados por varios de los autores patrísticos e Isaac aparece con frecuencia en el arte cristiano, en concreto, asociado a la eucaristía.

Los arqueólogos y demás científicos bíblicos han trazado similitudes entre la narración bíblica de Isaac y la historia de las tribus semitas. Se considera que Abraham constituye el tronco nómada del que surgieron las tribus hebreas e idumeas. Isaac representaría entonces a las tribus que se unieron para constituir la confederación hebrea y obedecer a Dios, Yahvé, una deidad tribal, en origen. Por su parte, Ismael representaría a las tribus de Idumea. Comparado con los otros dos grandes patriarcas bíblicos, su padre Abraham y su hijo Jacob, Isaac aparece como una figura menos importante. Sin embargo, los especialistas ven por una serie de detalles del relato bíblico, en Isaac, más elementos simbólicos importantes. La hipótesis es que la narración de su nacimiento es un intento deliberado, de los primeros escritores israelitas, de modificar la tradición de las tribus semitas a fin de promover la adhesión a la confederación hebrea, una alianza política y militar, al sugerir que dicha alianza estaba inspirada por una poderosa divinidad.

Mensaje de su vida:

Podemos ver que Isaac siguió los pasos de su padre Abraham en amar a Dios y formar Iglesia. Isaac al parecer desde pequeño tiene una fe incondicional en Dios ya que el también aceptaba que lo sacrifiquen si Dios lo mandaba así. Isaac fue el precursor de los pueblos actualmente judíos.

NOÉ

Noé, en el Antiguo Testamento, hijo de Lámek, descendiente de Adán en décima generación y, por sobrevivir con su familia al Diluvio es considerado padre de toda la humanidad. Noé fue salvado por su piedad cuando Dios, encolerizado por la corrupción reinante en el mundo, lo destruyó con un diluvio que duró 40 días y 40 noches. Ordenó a Noé que construyera un arca, una gran nave, y que subiera a ella con su esposa, sus tres hijos —Sem, Cam y Jafet—, sus nueras y una pareja de todo ser viviente existente sobre la tierra. El Islam considera a Noé  como uno de sus profetas. En un episodio posterior al Diluvio, se atribuye a Noé el descubrimiento de la elaboración del vino, por plantar una viña, una vez finalizado el diluvio de 40 días y 40 noches , y beber del vino hasta embriagarse.  Se dice que Noé vivió 950 años. En las culturas Babilonia, griega y otras aparecen héroes similares.

Mensaje de su vida:

Noé es otra prueba de fe en Dios. El fue elegido por Dios para sobrevivir al diluvio por 40 días y 40 noches con una pareja de animales de cada especie para que cuando el diluvio acabe estas especies puedan volver a procrearse.

SALOMÓN

Salomón, rey del antiguo Israel, segundo hijo de David —rey de Judá e Isray Betsabé; Último rey del Israel unificado. En la literatura judía y musulmana posterior Salomón aparece no sólo como el más sabio de los sabios, sino también como personaje capaz de dirigir los espíritus del mundo invisible. Aparece en un lugar destacado de la historia y de la literatura como constructor del Templo de Jerusalén. Salomón sucedió a su padre en el 961 a.C., a pesar de las pretensiones de Adonías, su medio hermano mayor. Estructuró Israel en 12 regiones administrativas y amplió sus dominios "desde el río Éufrates hasta el país de los filisteos, y hasta la frontera de Egipto”. Esclavizó a los cananeos que permanecieron en el país y estableció una alianza con Hiram, rey de Tiro. A cambio de alimentos, Hiram le proporcionó madera y las naves de los aliados emprendieron, unidas, diversas expediciones comerciales. El Templo, concluido en unos siete años, fue construido con gran esplendor gracias a la ayuda de Hiram y consagrado con gran magnificencia. Sin embargo, estas alianzas provocaron descontento, por cuanto habían llevado al establecimiento de cultos religiosos extranjeros en Jerusalén. La cualidad que caracterizó a Salomón fue la de administrador. Mantuvo unido su reino, en mayor medida intacto, mejoró sus fortificaciones y estableció alianzas no sólo con Tiro, sino también con otras naciones vecinas. Promovió el comercio, por caravanas y por mar, así como un rentable sector de minería del cobre. El trato frecuente con otras naciones permitió una marcada evolución intelectual, y puede suponerse que se desarrolló una auténtica actividad literaria. La tradición considera al propio Salomón como un autor de grandes aptitudes. Los escritos que se le han atribuido son los Proverbios, el Cantar de los Cantares, Eclesiastés, Sabiduría de Salomón y los posteriores Salmos de Salomón y Odas de Salomón. Sin embargo, los especialistas modernos han podido determinar que fueron escritos varios siglos después. Por cierto, lo más probable es que las Odas sean obra de un autor cristiano gnóstico. A pesar de su reputación como sabio, es casi seguro que las extravagancias de Salomón y la desconsideración que mostró hacia su pueblo fueran, hasta cierto punto, responsables de la división de su reino tras su muerte, cuando las tribus del norte se independizaron, al mando de Jeroboam, para constituir el reino de Israel, mientras que el resto de las tribus, las meridionales, pasaban a constituir el reino de Judá. Por otra parte, las condiciones externas contribuyeron a sus éxitos. Los grandes imperios estaban envueltos en luchas intestinas y el comercio y la industria de Israel.

Mensaje de vida:

Salomón fue un rey sabio y administrados, él junto con Hiram formaron un gobierno sin mucha violencia y guerras. Hiram ayudo a Salomón dándole madera para construir templos .

Conclusiones:

Me ha gustado aprender mas de estos personajes, me culturizó mas. Al ver con vivían estos personajes veo como Dios era mas querido por los jóvenes en ese tiempo. Ahora son las personas de edad las que mas se preocupan en Dios. También observé como eran fieles a Dios estos personajes que dieron todo por Él.

“El rico da al pobre lo que le sobra mientras que el pobre da al mas pobre todo lo que tiene”

Bibliografía:

  • Buscador Google Personajes del antiguo testamento

  • Buscador Encarta.es

  • Buscador Encuentra