Profetas en el Cristianismo y Judaísmo

Religión. Isaías: obra. Ezequiel. Jeremías. Deuteronomio. Daniel. Manuscritos. Oseas. Amós. Malaquías. Oel. Jonás. Nahum. Habacuc. Sofonías. Ageo

  • Enviado por: Lucky G. Dani D., Raul P.,dani G. Y Carlos Nicolau
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 25 páginas

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LOS PROFETAS

LOS PROFETAS DENTRO DEL CRISTIANISMO Y EL JUDAISMO

La profecía tuvo un significado religioso sin precedentes en el judaísmo y en el cristianismo. Para el judaísmo, el profeta es un individuo elegido por Dios, a menudo en contra de su voluntad, con el fin de revelar las intenciones y los planes divinos a la humanidad. Como portador de la revelación, el profeta siente la omnipresente presencia de Dios y recibe la fuerza suficiente para comunicar a otros su Palabra, incluso aunque ello pueda acarrearle la persecución, el sufrimiento y la muerte. Los autores bíblicos de los libros proféticos se dividían en el Antiguo Testamento en cuatro grandes profetas: Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, y doce profetas menores, que escribieron los libros breves: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miquías, Nahúm, Habacuc.

EXPLICACIONES PROFÉTICAS

La profecía ha sido objeto de intenso debate entre los eruditos modernos, cuyas discusiones se han centrado en la cuestión de si los oráculos derivan o no de cierta fuerza externa al profeta. Unos interpretan la profecía como un fenómeno del inconsciente psicológico, que engloba alucinaciones, espejismos, conjeturas y a veces también falsedades. Otra teoría la relaciona igualmente con el inconsciente pero la rastrea hasta observarla en los más pequeños actos de Dios. Algunos historiadores de la religión consideran al profeta verdadero como alguien que, a semejanza del místico, es elevado a un estado psicológico supranormal por intervención divina.

GRANDES PROFETAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Isaías, el más largo de los libros proféticos del Antiguo Testamento. Isaías, considerado por la tradición como autor del libro que lleva su nombre, hijo de Amós, nació en el seno de una familia aristocrática de Jerusalén hacia el 760 a.C. Profetizó durante los reinados de Ajaz, rey de Judá, y de su hijo y sucesor Ezequías. Según la tradición, sufrió martirio en el 701 o el 690 a.C. La belleza de su estilo y la constante nobleza de su mensaje le convirtieron en uno de los autores bíblicos más reverenciados. Aunque la totalidad del libro se atribuye a Isaías, la mayoría de los especialistas considera hoy que se trata de una obra compuesta, que tal vez alcanzó la forma en que es conocida antes del 180 a.C.

Con frecuencia, los comentaristas dividen el Libro de Isaías en dos secciones, que tienen su origen en épocas diferentes y que se caracterizan por destacadas y distintas perspectivas teológicas y estilos literarios. Los primeros 39 capítulos datan sobre todo de la época del Isaías histórico; es decir, en un sentido amplio, la segunda mitad del siglo VIII a.C. Por lo tanto, el grueso de esta sección se atribuye al profeta histórico y se denomina Primer Isaías. La segunda sección del libro (capítulos 40 al 66) han sido atribuidas a diversos autores, y suele subdividirse en Segundo y Tercer Isaías.

SECCIONES DE SU OBRA

Primer Isaías

La primera sección (capítulos 1 al 39) es diversa en su carácter y forma. Por ejemplo, los primeros 12 capítulos contienen varias profecías de juicio, numerosas denuncias de abusos religiosos y sociales, algunos episodios biográficos (como el relato en primera persona del profeta acerca de su vocación en 6,1-13), una parábola (5,1-7) y un salmo de acción de gracias (12,1-6). La mayor parte de este material también es plural en su forma y estilo literarios. Además, las diversas subsecciones datan al parecer de periodos históricos diferenciados.

Las principales ideas teológicas se hallan concentradas en los 12 primeros capítulos. Según el profeta los sacrificios rituales para apaciguar a Dios son considerados aborrecibles si quienes los ofrendan tratan con injusticia al prójimo, en especial a los más pobres y desfavorecidos. Los tratados con otras naciones son vanos, porque es la mano de Dios la que rige todos los acontecimientos históricos y salva a quienes sólo creen en él. Y por último, que el pueblo de Israel será castigado por sus pecados, pero que una élite se salvará para morar en una era perfecta bajo los designios de un justo vástago de Jesé. Los comentaristas cristianos consideran que las profecías de los capítulos 7 al 12 son descripciones del Mesías y de la era mesiánica. En ocasiones, esta sección de Isaías es denominada "Libro de Emmanuel".

Los capítulos 13 al 23 son pronunciamientos, en especial contra las naciones extranjeras y los enemigos de los reinos de Israel y de Judá, la mayoría de los cuales datan de la época del Isaías histórico, aunque no por la fuerza de este motivo tienen en ella su origen. Las principales excepciones son los pasajes posteriores relativos a Babilonia (13,1-22; 21,1-10), que no sucumbió sino hasta el siglo VI a.C.

Los capítulos 24 al 27 contienen el material que suele encontrarse en escritos apocalípticos posteriores, un estilo literario que se refiere al fin del mundo. Los especialistas en la Biblia suelen titular esta subsección con el nombre de Apocalipsis de Isaías, para resaltar que la totalidad de los diversos poemas apocalípticos de salvación, los himnos procesionales y apocalípticos, las profecías escatológicas relativas al Día de Yahvé, o día del juicio y los pronunciamientos de maldición y salvación eterna, pertenecen quizá al periodo posterior pero cercano al exilio, iniciado con la reconstrucción de Jerusalén después del 538 a.C.

Los capítulos 28 al 33 datan del último periodo del magisterio de Isaías. Su principal preocupación muestra el intento de que Judá obtenga apoyos contra Assur mediante una alianza con Egipto (30,1-7; 31,1-3). El profeta advierte que todos los intentos serán en vano, porque el pueblo ha dejado de pretender la salvación divina y de creer en ella (28,14-22; 30,1-17). Esta subsección incluye asimismo denuncias contra Samaria y Assur, y varios pasajes de consolación (estos últimos prometiendo la felicidad futura en una tierra restaurada bajo el reinado de un monarca recto y amante de la paz). Es probable que la mayoría de los versículos de consolación date de una fecha más tardía, acaso posterior al exilio. El capítulo 33, que aquí parece fuera de contexto debido a su fuerte estilo y formato litúrgico, es considerado como otra adición posterior. Los capítulos 34 y 35 están constituidos por dos profecías en las que se recurre a temáticas escatológicas, y se estima que datan del periodo posterior al exilio. El relato en prosa (capítulos 36 al 39) del sitio de Jerusalén por Senaquerib, rey de Assur —similar a una descripción de los mismos acontecimientos en 2 Reyes 18,13-20; 19— tal vez resulte anterior al exilio.

Deuteroisaías

La segunda sección principal del Libro de Isaías (capítulos 40 al 66) puede dividirse a su vez en dos subsecciones. La primera (capítulos 40 al 55) se atribuye hoy a un autor anónimo que escribió en la época de la caída de Babilonia, en el 539 a.C. Suele denominarse "Libro de la consolación de Israel" "Deutero Isaías" o "Segundo Isaías". El autor (o autores) de la segunda subsección (capítulos 56 al 66) son llamados "Trito-Isaías" o "Tercer Isaías".

Segundo Isaías

Las temáticas principales de los capítulos 40 al 55 son las siguientes: (a) el dios de Israel "Dios de toda la tierra se llama" (54,5) y no existe otro sino él; (b) Israel, su siervo, será redimido del "crisol de la desgracia" (48,10) donde Dios lo dispuso "por un breve instante" (54,7) debido a su pasada ceguera y sordera para con su ley; (c) el instrumento divino para consumar la redención de Israel será el rey persa Ciro (44,28-45,4); (d) después que Dios castigue a los opresores de Israel (capítulo 7), Sión será restaurado y Dios trocará "el desierto en Edén y la estepa en paraíso de Yahvé" (51,3).

Desde las épocas bíblicas, cuatro versículos del Segundo Isaías han revestido especial importancia para los comentaristas cristianos y judíos. Se trata de los "Cantos del Siervo" (42,1-9; 49,1-6; 50,4-11; 52,13-53,12) que los cristianos han considerado por tradición profecías relativas a la misión y pasión de Jesucristo, pero que el acervo judío interpreta como una representación fidedigna del Israel posterior al exilio.

Tercer Isaías

Los capítulos 56 al 66 del Isaías posterior son considerados hoy, en general, una obra compuesta, en particular debido a las numerosas variaciones de tono, al carácter litúrgico de determinados versículos (56,1-57,21) y al aparente eco de temáticas precedentes. Según esta opinión, los diversos autores (que se habrán considerado así mismos discípulos del "Segundo Isaías") vivieron y escribieron en Jerusalén entre el final del exilio (después del 538 a.C.) y el ministerio del profeta judío Nehemías. Las líneas maestras de su obra se caracterizan por su mayor énfasis en las reglas ceremoniales y del rito, como la observancia de los ayunos rituales y el sábado. Además, en estos capítulos, las relaciones explícitas e implícitas entre Dios y la humanidad y Dios e Israel, así como los lazos existentes entre el sufrimiento y el pecado, se aplican de una forma más restrictiva al resto de Israel. Sin embargo, los capítulos 60 al 62 recuerdan el tono apasionado, idealista y espiritual de las secciones precedentes: Jesús recitó parte de Isaías 61 en la sinagoga de Nazaret, precipitando una escena de gran dramatismo (Lucas 4,16-30).

Ezequiel, importante libro profético del Antiguo Testamento, atribuido al profeta Ezequiel (profetizó entre 597-571 a.C.). Aunque es posible que el profeta haya sido responsable de la mayor parte del texto, la obra (en especial los capítulos 40 al 48) presentan claros indicios de una edición o compilación posteriores a cargo de sus discípulos.

Orígenes

La mayoría de los especialistas datan el Libro de Ezequiel en torno a la primera mitad del siglo VI a.C. El profeta fue uno de los cautivos deportados a Babilonia en el 597 a.C., 11 años antes de la caída de Jerusalén. Su papel como profeta y líder espiritual se remonta al 592 a.C.; sus conocimientos de los ritos del Templo indican que ejerció como sacerdote antes del exilio. Desde el 597 al 586 a.C., Ezequiel tuvo un papel de profeta iracundo, pero tras la caída de Jerusalén en manos de Nabucodonosor II de Babilonia, su mensaje se hizo consolador e inspirador. Con la restauración de Israel, Ezequiel se convirtió en legislador, codificador y diseñador de la forma y la estructura del rito hebreo. El Islam identifica a Ezequiel (Hizkil) con el profeta coránico Ohu-I-Kifl.

Contenido

En líneas generales el libro puede dividirse en cuatro partes. En la primera (capítulos 1 al 24) Ezequiel reprocha al pueblo su idolatría y sus otros pecados. Por cuanto la nación entera se ha apartado de Dios, profetiza que Judá caerá, Jerusalén será destruida y el pueblo condenado al exilio y el cautiverio: tal es el justo e inevitable sino de todos los que violen la alianza con Dios. En la segunda sección (capítulos 25 al 32) Ezequiel profetiza la destrucción de los pueblos extranjeros y de los enemigos de Judá. Aquí Dios se revela como omnipotente y universal: es el Dios de las naciones de todo el mundo, no sólo el Dios de Judá.

De esta forma, la segunda sección amplía un tema desarrollado por primera vez en el capítulo 1, con la visión del carro de Dios. En la tercera sección (capítulos 33 al 39) Ezequiel ofrece consuelo a los judíos, a la sazón en el exilio. Predice la restauración de Jerusalén y del Templo, y profetiza el regreso del espíritu, o la presencia, de Dios. La visión de Ezequiel de la vega "llena de huesos… completamente secos" (37,1-14), una de las más famosas del Antiguo Testamento, explica de forma muy gráfica cómo la presencia de Dios representa la diferencia fundamental entre los vivos y los muertos. En la última sección (capítulos 40 al 48) Ezequiel describe en todos sus detalles la futura patria teocrática de los judíos.

Influencia sobre el judaísmo

La naturaleza apocalíptica de determinados pasajes del libro (por ejemplo, la derrota final de Gog descrita en los capítulos 38 y 39, y la nueva Jerusalén descrita en los nueve capítulos finales), así como la repetida expresión "hijo de hombre", han tenido una enorme influencia sobre el cristianismo y sobre algunos libros del Nuevo Testamento (véase Escritos apocalípticos; Mesías; Apocalipsis). Además, varios temas importantes que contiene han influido de modo notable en el desarrollo del judaísmo. La concepción de Israel como nación sagrada y exclusiva se atribuye a Ezequiel. Fue también él quien inculcó una profunda creencia en la llegada del Mesías. Ezequiel fue el primero de los profetas hebreos importantes en considerar las consecuencias últimas de la retirada del espíritu de Dios del su pueblo elegido. Concibe el exilio y la destrucción del Templo como castigos inevitables a quienes desobedecen a Dios. Otra de sus concepciones centrales es la que presenta a Dios como soberano de la historia. Para enfatizar esta idea, utiliza con frecuencia la frase "y se sabrá que yo soy Yahvé" (o variantes de la misma) junto con una profecía desdichada contra Judá o un enemigo de Judá. La visión de la vega de huesos secos ilustra otro símbolo fundamental: que el espíritu de Dios es la fuerza animadora, creadora de la vida en el seno de la muerte.

Ezequiel presenta un estilo muy expresivo y de gran inventiva, siendo su libro una obra maestra del Antiguo Testamento. Con todo, la importancia principal del libro reside en el papel que tuvo en el desarrollo del judaísmo. Ezequiel se ocupó de explicar el fundamento religioso de la experiencia histórica de los judíos, es decir, de su exilio. Al hacerlo, ayudó a los exiliados a conservar su legado religioso, ofreciéndoles la esperanza de restaurar su nación y su Templo. También se señala que fue una de las influencias fundamentales en el desarrollo del Código Levítico, donde se recoge la norma legal y moral del judaísmo.

Jeremías, libro del Antiguo Testamento. En algunas de las versiones inglesas de la Biblia católica se denomina Profecía de Jeremías.

Biografía

Jeremías nació en torno al 650 a.C., emprendió su vida profética en el 627 a.C., y murió en algún momento indeterminado tras la conquista de Jerusalén por Babilonia, hacia el 586 a.C. Su obra rompe un silencio casi absoluto de los profetas en Israel, desde las de Isaías unos 70 años antes. Además, marca un nuevo hito en la tradición profética. Aunque en los inicios de su carrera gozó de la protección de poderosos amigos en la corte, quizá incluso colaborando en las actividades reformadoras del rey Josías de Judá, tras la muerte del rey en el 609 a.C., Jeremías cayó en desgracia ante los dirigentes religiosos y civiles de su pueblo. El aura reverencial que en el pasado caracterizó sus profecías desapareció. En varias ocasiones fue sometido a arresto en su propia casa, se le impidió hablar en público, fue lanzado a una cisterna que hizo las veces de calabozo y asimismo se le consideró traidor y derrotista en tiempo de guerra. Con la derrota final de Jerusalén, Jeremías fue llevado a Egipto contra sus deseos por los más intransigentes oponentes a la conquista babilonia. La tradición judía que sostiene que acaso fuera asesinado por esa misma gente no cae en el campo de lo improbable, aunque sin duda se basa más en habladurías y relatos populares que en hechos probados.

Origen del texto

Al igual que todos los libros proféticos de la Biblia, Jeremías es fruto de sucesivas ediciones y redacciones. Las profecías conocidas por boca del profeta fueron recordadas, y sólo años más tarde transcritas por sus discípulos. Por lo general, son breves y tienen forma de poemas. En estos libros, cuando aparecen la prosa y prolongados pasajes proféticos, suele tratarse de las consecuencias del trabajo de editores que, en la mayoría de los casos combinaron párrafos más pequeños en su versión original, llegando en ocasiones a reformarlos. El Libro de Jeremías posee una complicada historia de composición, parte de la cual puede discernirse con relativa facilidad a partir del propio texto, mientras que la elaboración de otras partes se basa sobre todo en conjeturas. En el capítulo 36 se discute el origen del libro. El rollo escrito por Baruc, discípulo de Jeremías, constituye la fuente principal, aunque no es factible reconstruir su contenido exacto a partir del texto que ha llegado a nuestros días, que también fue compilado gracias a otras fuentes. Con toda probabilidad esta situación se mantuvo durante un largo periodo de tiempo.

Los críticos modernos han distinguido tres tipos de materiales utilizados para la composición de Jeremías: (a) oráculos proféticos y relatos narrados en primera persona por el propio profeta; (b) relatos en tercera persona acerca de Jeremías, que aparecen en un estilo coherente que quizá sea el de Baruc; (c) las llamadas secciones deuteronómicas, que constan de profecías derivadas de Jeremías, aunque ampliadas y modificadas por otros escritores, conforme a la tradición acuñada en el Deuteronomio.

El Libro de Jeremías es una de las obras del Antiguo Testamento que difieren de forma palmaria según se presenten en la versión hebrea tradicional (el texto masorético) y la antigua traducción griega del original (la Septuaginta). La versión griega es más amplia que la hebrea y aparece en un orden diferente. Esto sugiere que el Libro de Jeremías fue tardío en lo que se refiere a alcanzar un status canónico fijo y concluyente en la Biblia hebrea. El material jeremíaco circuló con libertad y fue muy a menudo adaptado y aplicado a nuevas situaciones que afectaban a la comunidad judía.

Contenido

El Libro de Jeremías puede dividirse en tres partes muy diferenciadas. La primera (capítulos 1 al 25) consta en mayor parte de las profecías contra Judá y Jerusalén pronunciadas por el profeta durante el reinado de los reyes Josías, Yoyaquim, Joaquín y Sedecías. Casi todas ellas, son profecías expuestas en primera persona y es probable que deriven en gran parte del rollo de Baruc. En esta primera parte se incluye asimismo un relato de la vocación de Jeremías (1,4-19); una serie de confesiones introspectivas de Jeremías (11,18-12,6; 15,10-21; 17,14-18; 18,18-23; 20,7-18), que son párrafos de naturaleza privada que, es de suponer, el profeta no tenía previsto publicar; detalles biográficos como el sermón de Jeremías en el Templo (7,1-15), y sus actividades en apoyo a las reformas religiosas del rey Josías (11,1-17). Los dos últimos capítulos refieren dos visiones sobre la caída de Judá y la cautividad de Babilonia.

La segunda parte distintiva de Jeremías (capítulos 26 al 29 y 32 al 45) incluye un relato, compuesto casi por entero en prosa, de las actividades del profeta, de las pruebas a las que fue sometido y de las persecuciones que sufrió a partir del 608 a.C. hasta el final de sus días. El profeta aparece en esta parte en tercera persona, y es probable que la mayor parte de la narración sea obra de Baruc. Los acontecimientos históricos aparecen reflejados con precisión, aunque el orden original fuera modificado por escritores o editores posteriores. Los capítulos 26 y 45, por ejemplo, dan cuenta de los hechos que se produjeron bajo la monarquía de Yoyaquim, mientras que gran parte del material que nutre los capítulos 27 al 44 datan del reinado de Sedecías. Los capítulos 30 y 31, el así llamado Libro de la Consolación, son valoradas como profecías originales del propio Jeremías, y auguran la restauración de Israel y de Judá, su reunificación y una nueva alianza "con la casa de Israel (y con la casa de Judá" (31,31).

La tercera parte que caracteriza a Jeremías está conformada por una colección de pronunciamientos contra las naciones extranjeras (capítulos 46 al 51) y por un apéndice histórico (capítulo 52, que quizá fuera extraído de 2 Re. 24,18-25,30). Indica el número de judíos llevados al cautiverio, un dato de gran valor histórico que 2 Re. no registra.

Una serie de enseñanzas teológicas contenidas en Jeremías afectó de modo significativo a la evolución del judaísmo posterior al exilio. Entre las más importantes de éstas puede mencionarse la opinión de que el Dios de Israel y de Judá no tiene por qué adorarse tan sólo en los santuarios de Silo y Jerusalén, concepto que permitió a los judíos de la Diáspora conservar y perpetuar su religión. Otra aportación relevante es el énfasis puesto sobre el concepto de responsabilidad individual (31,30) que en última instancia hallaría su expresión adecuada en una nueva alianza entre Dios y su pueblo elegido (31,31-34).

Daniel, libro del Antiguo Testamento. Se atribuye al profeta Daniel, descrito en el texto como prisionero de los babilonios que fue deportado desde Jerusalén a Babilonia en torno al 606 a.C. Sin embargo, la fecha no coincide con la de ningún ataque histórico a Jerusalén. Por ésta y por otras razones, la mayoría de los especialistas coincide en que el libro fue obra de autor anónimo, que lo escribiría a mediados del siglo II a.C. Fue incluido en el canon hebreo de la Biblia en torno al año 90 d.C. y situado, quizá por su fecha de composición tardía, en los Hagiográficos o tercera sección del canon hebreo en lugar de hallarse en la sección segunda, Profetas. En las modernas versiones judía y protestante de la Biblia, el libro se divide en 12 capítulos. Las versiones de la Biblia aceptadas por los católicos añaden los siguientes apartados: Cántico de Azarías en el horno y Cántico de los tres jóvenes (a continuación de 3,23 en la versión estándar revisada); la historia de Susana y los dos ancianos (capítulo 13), y las historia de Bel y de "la gran serpiente que los babilonios veneraban" (capítulo 14). Mientras que católicos y ortodoxos incluyen estas secciones entre los deuterocanónicos, los judíos y protestantes las consideran apócrifas, al igual que Susana, Bel y el dragón y el Cántico de los tres jóvenes.

Los primeros seis capítulos de Daniel relatan otras tantas historias. En cinco el protagonista es Daniel y entre éstas las más conocidas son las que cuentan de la interpretación que él, como protagonista, realiza sobre las imágenes que aparecen en los sueños del rey de Babilonia (capítulo 4), la lectura por Daniel de unas inscripciones en la pared del palacio real durante un festín ofrecido por el rey babilonio Baltasar (capítulo 5), y la salvación de Daniel en el foso de los leones. La sexta historia relata cómo tres amigos de Daniel (Azarías, Misael y Ananías) salen ilesos del horno al que habían sido lanzados por negarse a adorar un ídolo (capítulo 3). Los últimos seis capítulos del libro narran las cuatro visiones apocalípticas de Daniel. Gran parte de las imágenes que pueblan estos capítulos tienen su origen remoto en la mitología mesopotámica y persa.

El Libro de Daniel, que en síntesis es el relato de un joven que se aferra a su fe a pesar de las tremendas presiones que recibe, quizá fue escrito para fortalecer y consolar a los judíos oprimidos por el rey seléucida Antíoco IV a mediados del siglo II a.C. Varios fragmentos del libro fueron hallados en los Manuscritos del Mar Muerto descubiertos en las cuevas cercanas a Qumrán en 1947.

Manuscritos del Mar Muerto, colección de manuscritos en hebreo y arameo, que fueron descubiertos a partir de 1947 en una serie de cuevas de Jordania, en el extremo noroccidental del Mar Muerto, en la región de Qirbet Qumran. Los manuscritos, escritos en su origen sobre cuero o papiro, suman más de 600 en distintos estados de conservación. Han sido atribuidos a los miembros de una congregación judía desconocida. Los manuscritos incluyen manuales de disciplina, libros de himnos, comentarios bíblicos y textos apocalípticos; dos de las copias más antiguas conocidas del Libro de Isaías casi intactas y fragmentos de todos los libros del Antiguo Testamento, a excepción del de Ester. Entre estos fragmentos se encuentra una fantástica paráfrasis del Libro del Génesis. Asimismo se descubrieron textos, en sus idiomas originales, de varios libros de los apócrifos, deuterocanónicos y pseudoepígrafos. Estos textos, ninguno de los cuales fue incluido en el canon hebreo de la Biblia, son Tobías, Eclesiástico, Jubileos, partes de Enoc y el Testamento de Leví, conocido hasta entonces sólo

en sus antiguas versiones griega, siríaca, latina y etíope.

PROFETAS MENORES

Oseas, título del Antiguo Testamento, el primero de los 12 libros proféticos conocidos como Profetas Menores, debido más que nada a su brevedad. Se le ha atribuido a Oseas (siglo VIII a.C.), el único de los profetas incluidos en las escrituras que vivió y profetizó en Israel o reino del norte. Sin embargo, varios especialistas consideran que determinados pasajes (por ejemplo, 1,10-1; 2,14-23), esperanzadores y conciliadores en comparación con el tono del resto del libro, son obra de editores posteriores, tal vez originarios de Judá.

Contenido

Oseas consta de 14 capítulos, que los estudiosos suelen dividir en dos secciones diferentes: los capítulos del 1 al 3, y los del 4 al 14. En los capítulos 1 al 3, el profeta compara la relación entre Dios e Israel con la de un hombre casado con una mujer infiel. Como la descripción de esta relación está personalizada —es decir, que el marido del libro es el propio Oseas y la mujer infiel su esposa Gómer—, muchos comentaristas han interpretado que el matrimonio es a la vez biográfico y parabólico. Otros comentaristas, al considerar la clara naturaleza simbólica de determinado material de los primeros tres capítulos —por ejemplo, el significado de los nombres de la hija, "Lo-Rujamá" ("No compadecida") y del hijo, "Lo-Ammí" ("No mi pueblo") de Oseas—, han considerado que esta sección es una parábola de principio a fin. Oseas presenta una visión de la alianza, o unión, entre Dios e Israel, otrora basada en la ley, como vínculo espiritual basado en el amor. La expresión de esta visión se subraya mediante términos reservados por lo general para la descripción del amor físico. Oseas (Dios) es el marido traicionado. La esposa (Israel) es una adúltera. Tanto ella como sus vástagos serán castigados, pero cada vez que ella peque, será redimida, e incluso volverá a ser comprada (capítulo 3) porque el amor que el marido le profesa siempre conseguirá aplacar su cólera.

Los demás capítulos conforman una serie de profecías breves relativas a la corrupción espiritual del pueblo, a la incompetencia moral de los reyes, los sacerdotes y los profetas, y al juicio y castigo que caerá sobre ellos como consecuencia de tal infidelidad y degeneración. El tono dominante de estos capítulos es el de un desastre inminente. Sólo en el último (14,4-8), las duras palabras del profeta se suavizan en una profecía de salvación para todos los realmente justos y temerosos de Dios.

Temas importantes

Oseas fue el primer profeta hebreo que recurrió al matrimonio humano como medio para expresar la relación espiritual entre Dios e Israel. Este tema aparece otra vez, de modo mucho más llamativo, por ejemplo en Ezequiel 16. Mucho más tarde jugó un papel relevante en el desarrollo de la teología cristiana. La temática del amor inamovible de Dios, dramatizada con grandeza en Oseas 11, donde Dios aparece retratado como en estado de agonía por culpa de su pueblo, reaparece en las lúgubres profecías del profeta Jeremías a Judá, cuando el reino del sur se enfrentaba al peligro de una invasión. La característica más singular de Oseas es, sin embargo, su deseo de "amor, no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos" (6,6).

Oseas es citado con frecuencia en el Nuevo Testamento, y en dos ocasiones por Cristo en persona: en Mt. 9,14, Cristo cita a Oseas (6,6); en Lc. 23,30, menciona a Oseas (10,8).

Amós, libro del Antiguo Testamento que se destaca por sus imágenes pastorales y su lenguaje poético. Ha sido atribuido al profeta Amós, un pastor, y es uno de los 12 libros conocidos como profetas menores.

Amós sostenía que Dios era el Dios de toda la gente, y no el mesías exclusivo de los judíos (1,3-15; 2,1-16). Dios exigía y esperaba más de los judíos por su alianza con él. Según Amós (2,6-3,2; 9,7), no tenían derecho a esperar favores especiales de Dios, sino que, por el contrario, eran responsables de demostrar un ejemplar acatamiento de su ley. En su libro Amós se muestra muy preocupado por la opresión de los ricos sobre los pobres así como por las prácticas religiosas inmorales. Hace hincapié en la responsabilidad personal de cada individuo ante Dios y profetiza que Israel será destruido si el pueblo no abandona sus costumbres corruptas.

Además, Amós condenó el formalismo ritualista que no fuera acompañado por una auténtica rectitud en todas las interrelaciones humanas y divinas, profetizando un "Día de Yahvé" (5,18-20) en que los judíos serían llamados a dar cuenta de sus pecados ante Dios. En los últimos versículos (9,9-15), Amós predice la eventual redención, paz y prosperidad del pueblo de Israel. Es posible que estos versículos hayan sido añadidos algún tiempo después.

Libro de Malaquias, último libro profético del Antiguo Testamento.

Autor

Una serie de antiguos comentaristas judíos atribuyeron la autoría del libro al sacerdote y reformador hebreo Esdras (siglo V a.C.), aunque los especialistas modernos lo dudan. Dudan también que la palabra hebrea Malají, utilizada como nombre en 1,1, sea un sustantivo propio. Significa (en sentido literal) 'mi mensajero', un apelativo que aparece en 3,1. Aunque Malaquías es el último libro del Antiguo Testamento en las versiones cristianas de la Biblia, y aparece como el último de los 12 libros proféticos breves (conocidos como Profetas Menores, en particular debido a su concisión) en la segunda parte del canon hebreo, quizá no sea el último en haber sido compuesto. Las pruebas internas apuntan a una fecha posterior al exilio, acaso en torno a la década del 460 al 450 a.C., o antes de la implantación de las reformas de Nehemías, un líder judío del siglo V a.C.

Contenido

El libro consta de un prólogo (1,1); de oráculos proféticos presentados en una singular forma didáctica (el método del autor consiste en formular preguntas y, a continuación, responderlas, en lugar de profetizar oráculos en la forma usual de los profetas); y de dos apéndices (4,4-6), que los especialistas creen que son adiciones editoriales.

La primera profecía (1,2-5) confirma el amor de Dios por su pueblo elegido Israel, y su eterna enemistad hacia Edom. En la segunda profecía (1,6-2,9), los sacerdotes y el pueblo son censurados por despreciar el nombre de Dios al sacrificar animales defectuosos, y se predice el castigo a los sacerdotes si insisten en ignorar sus obligaciones. La tercera profecía (2,10-16) se refiere al divorcio y a los matrimonios mixtos de judíos y gentiles; el divorcio es reprobable a los ojos de Dios, y a través de los matrimonios mixtos se introducen costumbres y creencias paganas, violando así la Alianza del Sinaí. La cuarta profecía (2,17-3,5) advierte que Dios vendrá, anunciado por su mensajero, y juzgará a los malvados que ya no le temen como al "Dios del juicio" (2,17). La quinta profecía (3,6-12) explica que las cosechas han fracasado porque el pueblo está robando a Dios al no ofrendar "el diezmo íntegro" (3,10) que exige la ley. Si ofrendan lo mandado, Dios retirará su maldición y enviará ricas cosechas. La última profecía (3,13-4,3) anuncia que la obediencia a Dios será recompensada cuando llegue el día del juicio.

Los dos apéndices instan al pueblo a recordar "la Ley de Moisés" (3,22) y predicen que será enviado el profeta Elías "antes que llegue el Día de Yahvé, grande y terrible" (3,23). Algunos eruditos creen que este último versículo fue añadido para identificar al mensajero de 3,1 con Elías. Desde tiempos de Jesucristo, se ha interpretado como la profecía del advenimiento de Juan el Bautista.

El libro de Malaquías ofrece valiosa información histórica acerca de la situación religiosa y social de Palestina tras el cautiverio de los judíos en Babilonia entre el 586 y el 538 a.C., y antes de la reorganización del pueblo judío bajo Nehemías. Para los cristianos tiene importancia teológica debido al valor que otorga a la figura del heraldo mesiánico.

oel, título del Antiguo Testamento, uno de los 12 libros proféticos conocidos como Profetas Menores, sobre todo debido a su brevedad. En las versiones hebreas del Antiguo Testamento, el libro se encuentra dividido en cuatro capítulos. El capítulo 3 de las versiones hebreas aparece como 2,28-32 en las versiones protestantes, en tanto el capítulo 4 se transforma en el capítulo 3.

Contenido

El libro puede dividirse en dos partes bien diferenciadas. En la primera (1-2:27) el profeta describe la devastación producida por una plaga de langostas. El pueblo es convocado a una ceremonia de ayuno "en la Casa de Yahvé, vuestro Dios" (1,14) e instado a orar allí por su salvación. El profeta, que interpreta la plaga como un augurio del inminente "Día de Yahvé" (1,15) o día del juicio, advierte al pueblo que llegado el momento sólo le salvará un arrepentimiento auténtico. Si se arrepienten, el Señor no sólo eliminará la plaga, sino que también restaurará la antigua fertilidad de la tierra y devolverá al pueblo su antigua abundancia. Y sabrán que Dios está "en medio de Israel" (2,27).

En la segunda parte (capítulos 3 y 4) profetiza una era de salvación, en la que Dios derramará su "Espíritu en toda carne" (3,1) y realizará "prodigios en el cielo y en la tierra" (3,3), congregando "a todas las naciones" (4,2) en "el Valle de la Decisión" (4,14). Entonces los enemigos de Judá quedarán hechos una desolación "por su violencia contra los hijos de Judá", aunque "Judá será habitada para siempre, y Jerusalén de edad en edad" (4,19-20).

Orígenes

La tradición atribuye el libro al profeta hebreo Joel, acerca del cual los especialistas bíblicos no conocen más que el nombre. Sin embargo, a partir de las referencias del texto, la mayoría de los estudiosos han llegado a la conclusión de que el libro data del periodo próximo y posterior al exilio (después del 538 a.C.). Los teólogos cristianos siempre han atribuido especial importancia a la segunda parte de Joel. San Pedro creía que el pasaje relativo al espíritu de Dios era una profecía acerca del Espíritu Santo, y lo citó (He. 2,16-21) el día de Pentecostés. Los especialistas ven en la segunda parte de Joel un precoz y bien logrado ejemplo del estilo apocalíptico (escritos relativos a los acontecimientos que desembocan en el fin del mundo).

Jonás, título del Antiguo Testamento, uno de los 12 libros proféticos conocidos como Profetas Menores, debido a su brevedad.

Contenido

El libro relata una serie de incidentes ocurridos en vida de un profeta hebreo del siglo VIII a.C. llamado Jonás. En el primer incidente, Dios ordena a Jonás: "vete a Nínive, la gran ciudad, y proclama contra ella que su maldad ha subido hasta mí" (1,2). Sin embargo, Jonás intenta huir por barco "lejos de Yahvé" (1,3; 1,10). Se levanta una tempestad y los atemorizados tripulantes lanzan a Jonás (a instancias de éste) por la borda, siendo el profeta tragado por "un gran pez" (2,1). En sucesivos episodios, Jonás reza dentro del vientre del pez (2,2-10), "que vomitó a Jonás en tierra" (2,11), y recibe de nuevo la orden de marchar "a Nínive… y proclama el mensaje que yo te diga" (3,2). Jonás predica (3,3-4), las gentes se arrepienten (3,5-9) y Dios, al ver sus obras, "se arrepintió…. del mal que había determinado hacerles, y no lo hizo" (3,10). En el capítulo final, Dios reprende a Jonás por disgustarse e irritarse (4,1) porque Dios tuvo lástima de "más de ciento veinte mil personas que no distinguen su derecha de su izquierda" (4,11).

Orígenes

Numerosos especialistas y comentaristas bíblicos de nuestros días consideran al libro una alegoría o parábola, ya que se han encontrado muy pocos indicios que lo legitimen como narración histórica. Por ejemplo, en ningún archivo conocido de la antigua Asiria se conserva documentación acerca de un arrepentimiento masivo como el que se describe en Jonás. Además, sobre la base de las pruebas internas, algunos especialistas sostienen hoy que el Libro de Jonás es obra de un autor anónimo posterior al exilio (es decir, después del 538 a.C.) y no fue escrito, como sostiene la tradición, por el profeta histórico Jonás. Entre estas pruebas se mencionan el estilo tardío del hebreo empleado por el autor y su aparente conocimiento de determinados libros bíblicos que datan de los periodos previos al exilio y así también los que le suceden. Otros especialistas siguen creyendo que puede datar de algún momento situado entre la época de Jonás y la destrucción de Nínive, es decir, entre mediados del siglo VIII y el 612 a.C.

Parábola o alegoría

También se ha discutido mucho acerca de la interpretación del libro como alegoría o parábola. El relato de Jonás y el pez que lo traga y lo regurgita al cabo del tiempo, suele ser considerado por los cristianos como un augurio de la sepultura y resurrección de Jesucristo. Por otro lado, en el Evangelio según San Mateo, el propio Jesús compara su sepulcro con el confinamiento de Jonás "en el vientre del cetáceo" (Mt. 12,39-41). Otros comentaristas ven en la historia de Jonás una parábola relativa a la negativa de los judíos de proclamar la palabra de Dios a los gentiles dispuestos a oírla, y su consiguiente sino histórico. Los judíos interpretan que el libro es un ejemplo de la misericordia universal de Dios.

Nahúm, libro del Antiguo Testamento atribuido al profeta hebreo Nahúm, del siglo VII a.C. Uno de los 12 libros proféticos conocidos como Profetas Menores, debido a su brevedad. Lo más probable es que fuera escrito entre el 663 a.C. y la caída de Nínive, la antigua capital asiria, en el 612 a.C.

La primera parte diferenciada de Nahúm (1,2-11) es un poema acróstico inconcluso. Se utiliza casi la mitad de las letras del alfabeto hebreo, comenzando cada línea del poema por una letra diferente. Este poema describe a Dios como celoso y encolerizado, presto para vengarse de sus adversarios. El resto del capítulo 1 consta de sentencias proféticas relativas a la salvación de Judá y de un oráculo de ruina dirigido contra Assur, opresora de Judá.

La segunda parte fundamental de Nahúm (capítulos 2 y 3) es una oda que describe el sitio y saqueo de Nínive, condenada por Dios a la destrucción.

Nahúm muestra considerables diferencias de libros como Isaías y Jeremías por su énfasis teológico, ya que en éstos la ira profética contra las naciones extranjeras está aunada a una preocupación predominante por el bienestar religioso (y político) de Israel. Sin embargo, Nahúm no se centra tan sólo en la suerte de Nínive. Dios es descrito de modo muy explícito como universal y omnipotente (1,3-6), y puede inferirse que es contrario a cualquier nación perversa. Por su obvio mérito literario, Nahúm está considerado entre los maestros de la antigua poesía hebrea.

Habacuc, libro del Antiguo Testamento. Se le atribuye al profeta Habacuc (c. 612-597 a.C.). Apenas se sabe nada de su vida y estas fechas se han fijado por las referencias que hace en su libro (Hab. 1,6) a la llegada de los caldeos, un hecho que tuvo lugar hacia el año 597 a.C.

El libro de Habacuc, formado por tres capítulos, es uno de los doce libros proféticos del Antiguo Testamento escritos por profetas conocidos como Profetas Menores, sobre todo porque todos los libros son breves. La mayoría de los investigadores coincide en atribuir los capítulos uno y dos a Habacuc, ya que el tercero se lo atribuyen a un autor quizá posterior y desconocido. Esta teoría está fundamentada en que no hay ninguna referencia a este capítulo en los Manuscritos del mar Muerto.

El primer libro (Hab. 1,2-5) puede leerse como un diálogo entre Habacuc y Dios. Habacuc lamenta, protesta y cuestiona el sufrimiento del justo y la prosperidad del malvado. Dios declara que está levantando una nación que será conquistadora y violenta. Sin embargo, revela que la derrota de esa nación llegará para "aquél cuya alma no sea justa" (Hab. 2,4). Dios concluye su revelación afirmando que "el justo vivirá su fe" (Hab. 2,4), pasaje clave en la posterior teología protestante y recogido en el Nuevo Testamento (Rom. 1,17, Gál. 3,11 y Heb. 10,38). La segunda sección consta de cinco denuncias (que comienzan con "¡Ay del que…") dirigidas contra un pueblo no especificado. Este pueblo o nación saquea a los demás, busca la riqueza causando el mal, construye aldeas y ciudades con la sangre de los vencidos, degrada los pueblos vecinos avergonzándolos y rinde culto a ídolos de madera y piedra. Los caldeos, mencionados anteriormente en el libro (Hab. 1,6), han sido a menudo identificados con esta nación opresora. La tercera sección (el capítulo 3), 'Oración de Habacuc', es un poema descriptivo de la manifestación triunfante de Dios, que es la alegría y la salvación de su "ungido" (Hab. 3,13).

La situación histórica reflejada en el libro de Habacuc no es fácil de determinar. Si la nación opresora eran los caldeos, las palabras de Habacuc pueden reflejar hechos ocurridos muchos años antes o poco después de la toma de Jerusalén por los caldeos en el año 597 a.C. Sin embargo, la oscuridad del texto abre la puerta a una gran variedad de interpretaciones. El mensaje religioso más importante que Habacuc quiere transmitir es que las malas acciones no pueden durar. Cada una de ellas tiene sus días contados en tanto la justicia siempre prevalece.

Sofonías, libro del Antiguo Testamento, uno de los 12 libros proféticos conocidos como Profetas Menores, debido a su brevedad.

Autor

La tradición lo ha atribuido como autor de la obra en su integridad al profeta hebreo Sofonías (siglo VII a.C.), aunque una serie de estudiosos modernos consideran que diversas secciones del libro (es visible sobre todo en los capítulos 2 y 3) son adiciones posteriores. Según el sobrescrito (1,1), la profecía fue revelada durante el reinado de Josías, rey de Judá. Condena las prácticas y creencias que Josías pretendió reformar en el 621, y se hace referencia a un peligro proveniente del norte, que quizá lo representaban los bárbaros escitas que amenazaron con dominar el Oriente Medio en torno al 625 a.C.

Contenido

La profecía consta de tres partes. En la primera (1,1-2,3) toda Judá es condenada a la destrucción por abandonar el amor de Dios adoptando la práctica de ritos religiosos extranjeros. A la sazón, en Jerusalén florecían ritos idólatras ajenos por completo al monoteísmo predicado por Moisés. Además, Judá era condenada por adoptar costumbres extranjeras y por su conducta violenta y falaz. Se predice la llegada inminente de un día del juicio, y se urge a Judá a arrepentirse para apaciguar la ira de Dios. En la segunda parte (2,4-15) se profetiza el juicio y la destrucción de las naciones enemigas. Filistea, Moab, Ammón, Etiopía y Assur quedarán "en desamparo", serán pasadas por la espada y dejadas "en desolación" por haber sido arrogantes y haber maltratado a Judá. En la tercera parte (capítulo 3), se condena en concreto a Jerusalén a la destrucción por rehusarse a modificar su corrupto estilo de vida. Las naciones gentiles se convertirán, y el resto de los fieles y justos de Judá se salvarán y volverán a obtener renombre entre los pueblos de la tierra (3,9-20).

La sección del libro que en la actualidad suele considerarse como una adición posterior es la correspondiente al 3,14-20, un pasaje en forma de salmo alabando a Dios por la futura gloriosa restauración del resto de Judá. La profecía de Sofonías acerca del terrible "día de Yahvé" (1,14-18) inspiró el conocido himno cristiano Dies Irae (en latín, 'Día de ira').

Ageo, uno de los 12 libros proféticos conocidos como Profetas Menores, debido a su brevedad. Nada se sabe acerca de la vida y la personalidad del profeta Ageo, a quien se atribuye la obra. Algunos especialistas han sugerido que el libro fue compuesto por un discípulo anónimo de Ageo. Esta opinión se basa sobre todo en la impersonalidad de las referencias a Ageo en tercera persona, y en las descripciones del mismo como "el profeta".

La profecía de Ageo fue pronunciada en el 520 a.C., un año de plagas, sequía e insatisfacción generalizada de los exiliados que acababan de retornar a Jerusalén procedentes de Babilonia. El profeta atribuye estos males a la dilación en la reconstrucción del Templo. Declara que Dios les está castigando por ocuparse en decorar sus propios hogares antes de terminar la casa del Señor e insta a Zorobabel, gobernador de Judá, y a Josué, sumo sacerdote, a convocar al pueblo para la realización de su tarea principal (capítulo 1). Las obras se reanudan un mes después, pero muy pronto es necesario volver a animar a la gente. Ageo les convoca por segunda vez profetizando que el espíritu de Dios estará junto a ellos, que Dios les traerá plata y oro "de todas las naciones" y que llenará el nuevo Templo con su gloria (2,1-9).

El libro concluye con dos profecías más pronunciadas cuando el año ya se halla muy avanzado. La primera (2,10-19) cuestiona a los sacerdotes en relación a los rituales puros e impuros en el Templo, condena a determinadas personas —posiblemente los samaritanos— por sus costumbres licenciosas. La segunda profecía (2,20-23) augura un día en que todas las naciones paganas serán destruidas.

El valor histórico de Ageo reside en la descripción del periodo inmediatamente posterior al exilio, narrada de forma sucinta respecto a los libros más largos de Esdras y Nehemías. En el Nuevo Testamento, Ageo y el breve Libro de Zacarías echan la única luz sobre este importante, aunque bastante desconocido periodo. La importancia religiosa de Ageo reside en el énfasis puesto en la reconstrucción del Templo en Jerusalén y en la reinstauración en él de los rituales adecuados, sin los cuales se hubiesen perdido antiguas creencias y prácticas del judaísmo.

Doctrina Catolica 2 2º Grupo Mixto LOS PROFETAS

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Profetas en el Cristianismo y Judaísmo