Productos transgénicos

Alimentos genéticamente modificados. Consumidores. Control supranacional. Guía Verde. Protocolo de Bioseguridad. Seguridad Alimentaria. Movimiento ecológico. Conflicto y orden social

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“LOS PRODUCTOS TRANSGENICOS Y LOS CONCEPTOS DEL ORDEN SOCIAL Y CONFLICTO SOCIAL”

ÍNDICE:

  • Introducción

  • Partes intervinientes en el conflicto

  • Características del conflicto

  • El control social

  • La evolución de los productos transgénicos de cara al futuro

  • Conclusión

  • Introducción

  • En el marco de la Prueba de Evaluación continua 2 de la Asignatura Fundamentos Sociales del Comportamiento Humano, se nos plantea un Debate sobre “La controversia creada en torno a los Alimentos Transgénicos” y todo ello girando en torno a los módulos 3 y 4, es decir, El Orden Social y El Conflicto Social. Esta controversia afecta a muchos e importantes sectores de la sociedad, consumidores, agricultores, empresas, Gobiernos, Instituciones supranacionales, etc. El decantamiento final, sea el que sea, traerá consecuencias para toda la humanidad de cara al futuro.

    Nuestra vida cotidiana se desarrolla sobre un telón de fondo que es el orden social. Dicho orden está defendido por las Instituciones, los agentes socializadores (ya sean de primer o segundo orden) o las medidas de control social, sin embargo tiene carácter dinámico ya que se encuentra influenciado por el conflicto social que intentará producir cambios en las pautas y establecer un nuevo orden. Como ya dijeron en su día los presocráticos “Lo único que permanece es el cambio”.

    La sociedad es dinámica y la permanente combinación entre conflicto y orden, permite un cierto equilibrio en la misma. El conflicto objeto de nuestro estudio se enmarca en ese devenir dinámico de conflicto/orden. Es decir, la investigación y la futura comercialización y consumo de los productos transgénicos, es entendida como una forma de tensión externa, que afecta hasta el entonces orden establecido, que en nuestro caso particular se traduce por el consumo de productos ecológicos.

    En este trabajo que presenta el Grupo 3, se condensan todas las aportaciones realizadas en el foro de debate, el cual a medida que se ha ido desarrollando se ha ido enriqueciendo, viendo como el devenir de las intervenciones producía más que certezas, dudas sobre la idea originaria. Y es que, una vez que se profundiza en los temas, todo es más relativo. Las ideas expuestas sin el ánimo de convencer al otro, o las ideas expuestas sin otro ánimo que el de ahondar en el conocimiento, lo que producen es más conocimiento y éste, como es más que sabido, nunca o casi nunca deja formulaciones absolutas. Es más algunos de los componentes partíamos de unas ideas prefijadas, formuladas desde la superficialidad que se han ido matizando en virtud de las aportaciones y formulaciones de los demás.

    Dentro de este marco universitario de debate “al desnudo”, sin otro objetivo que el de saber, se han expuesto opiniones diversas sobre los alimentos transgénicos, que en este trabajo se van a exponer sucinta y claramente.

    Vaya por delante a todos los que lean este documento, que estamos ante un “conflicto social”, que tiene muchas y diversas variantes. Es cierto que el conflicto o el orden afectan a todos los elementos de la sociedad, sin embargo, todo depende de la posición en la que estemos o vivamos para decantarnos por una posición u otra. ¿Para qué queremos alimentos transgénicos?, dependiendo de dónde vivamos y cómo vivamos responderemos a esa pregunta, así si somos europeos, nos preocupará la "calidad" de la comida, pero si vivimos en un país Africano, nos preocupará tener la mínima cantidad de comida necesaria para vivir.

    Dependiendo del país en el que vivamos el conflicto social será más o menos agudo. Si vivimos en el Norte, en donde se encuentran los países más ricos, el conflicto será de mayor calado, sin embargo si vivimos en el Sur, el conflicto desaparece. Esta idea que reflejamos en esta introducción guarda relación con la Teoría de la Acción Subjetiva de Schutz a la que haremos referencia en diferentes epígrafes de este documento.

    Para permitir al lector profundizar en el conflicto desencadenado por el desarrollo de los productos transgénicos, hemos creído conveniente dejar constancia de lo que nosotros entendemos por un producto transgénico así como nuestra idea de conflicto social:

    Producto Transgénico: “Entendemos por productos transgénicos aquellos productos en los que la biología molecular es capaz de aislar un gen de otro organismo (a menudo de otra especie muy distinta, pasando por alto las barreras naturales) e insertarlo en una variedad concreta, confiriendo al organismo receptor una serie de propiedades buscadas, a la vez que efectos indeseados”.

    Conflicto social: llamamos conflicto social a aquellas situaciones en las que los deseos entre al menos dos actores son incompatibles, y en las que ambos intentan anular las acciones de su rival.

    Lo llamamos conflicto y no competencia, porque no sólo hay posiciones incompatibles entre los dos principales integrantes del conflicto (multinacionales, y movimiento ecológico), sino que además los integrantes son conscientes de dicha incompatibilidad y cada cual desea ocupar una posición proporcionalmente inversa a la del otro (juegos de suma cero).

  • Partes intervinientes en el conflicto

  • En líneas generales la sociedad ve con recelo el uso de transgénicos. Los OMG son contemplados con una gran incertidumbre, dadas las repercusiones futuras e irreversibles que puedan tener, existiendo una opinión de fondo contraria a la asunción de riesgos inciertos. La sociedad es por tanto reticente al cambio y defiende el orden social con uñas y dientes, tal y como hubiera hecho el mejor de los funcionalistas

    Contemplada la controversia entorno al consumo, venta e investigación de productos transgénicos como conflicto social, podemos distinguir dos partes claramente identificadas; una compuesta por los agentes sociales favorables al cambio social, -el uso de transgénicos-, y otra compuesta por aquellos agentes sociales reacios a dicho cambio.

    A continuación trataremos de explicar la postura que defiende los diferentes actores implicados en el conflicto:

    Agentes adversos al uso de transgénicos:

    La religión:

    Si bien estamos experimentando un proceso gradual de secularización en el que las principales religiones monoteístas (cristianismo, islamismo, hinduismo) pierden peso específico como reguladoras del comportamiento, también es cierto que sobre todo en determinados segmentos de la población continúan teniendo mucha importancia.

    En general las religiones mayoritarias son totalmente reacias al uso de transgénicos y muy en especial a la propia investigación en el campo de la genética, pues es tocar un campo que bajo su punto de vista sólo corresponde a Dios. La religión cristiana contempla este tipo de investigaciones como una puerta abierta a la experimentación con células madre, a la que se opone frontalmente.

    El tercer sector o el movimiento social/ ecológico:

    Bajo esta denominación englobamos organizaciones o asociaciones, como las ONG, nuevos movimientos de protesta u otras agrupaciones. Estas organizaciones están conectadas directamente con la sociedad civil, y suelen actuar como importantes agentes de propuesta y cambio social aunque, en este caso particular defiendan el orden establecido. En el conflicto que nos ocupa, reclaman un control efectivo de los poderes públicos para minimizar el riesgo asociado a la experimentación con transgénicos.

    Entre las actuaciones que han puesto en marcha, cabe destacar la publicación de la Guía Verde y la Guía Roja sobre los transgénicos en donde se reflejan aquellos productos en cuya composición se encuentran ingredientes modificados genéticamente.

    Además estas organizaciones han creado páginas Web específicas y realizan seminarios para concienciar a la sociedad y sensibilizar/ “educar” a aquellos que no tienen una postura ya definida o carecen de información. Los principales peligros que auguran este tipo de organizaciones si la investigación con productos transgénicos sigue proliferando son:

    • Desarrollo de reacciones alérgicas

    • La pérdida de efectividad de los antibióticos

    • La desaparición de algunas especies animales y/o vegetales

    • Aumento del uso de pesticidas

    • Alteración de la biodiversidad

    Estos movimientos sociales no se oponen a la investigación en laboratorios, ya que como ellos explican no están en contra de la evolución científica, aspecto por el que no se oponen a la investigación con células madre (cuestión al que se oponía la Iglesia frontalmente como ya se reflejó en el epígrafe anterior). Sin embargo, son grandes defensoras del principio de prevención.

    Cabe mencionar igualmente que estas organizaciones defienden la libertad del consumidor y argumentan que hoy por hoy la misma es fácilmente cuestionable, ya que se consumen este tipo de alimentos sin saberlo.

    Agentes favorables al cambio:

    Las multinacionales:

    Son el motor esencial del cambio, en primer lugar porque son los únicos agentes económicos con capacidad para desarrollar la investigación en biotecnología.

    En la actualidad el peso de la investigación en la mayor parte de las disciplinas científicas recae sobre iniciativa privada. Esto plantea un grave problema a la hora de plantear las formas adecuadas de controlar la investigación y experimentación, dado que las multinacionales operan en todo el planeta y pueden valerse de aquellas legislaciones nacionales más cercanas a sus intereses para investigar y experimentar del modo que más les convenga.

    El hecho del inmenso poder en manos de las multinacionales, unido a que su fin último no es otro que la consecución de beneficios hacen que en el momento actual haya quien piense que el cambio social no llega en este caso por el consenso de las partes o por una toma de conciencia de la sociedad, sino por la imposibilidad de controlar de manera efectiva a las multinacionales. Este malestar que experimenta la sociedad hace que la gran parte de la misma no encuentre legítima la experimentación/ investigación con transgénicos.

    Aunque las multinacionales son la cara visible del cambio, en realidad el motor último sería la totalidad del sistema económico imperante, puesto que lo que se persigue con el uso de transgénicos no es otra cosa que un aumento de la eficiencia económica de los cultivos, los cuales serían más resistentes a las plagas, con mejores índices de crecimiento y con propiedades que harían posible su cultivo en zonas geográficas donde ahora no pueden ser cultivados.

    Destacaremos también que aunque la comunidad científica no presenta una tendencia clara, la misma es más favorable hacia una postura que favorezca la investigación en esta línea. Sirvan de ejemplo algunos postulados que defiende el Comité de Ética en la Investigación Científica y Técnica:

    • No existe riesgo cero.

    • Se desvinculan de los postulados de las multinacionales de la biotecnológía, que afirman que los OMG acabarán con el hambre en el mundo.

    • Aconsejan una aplicación racional del principio de precaución...

    • Recomiendan la coexistencia de OMG y alimentos convencionales para proteger la libertad de decisión del consumidor.

    • Instan a los poderes públicos a ejercer un control adecuado sobre estas materias.

    Por último mencionar que otros agentes que se ven implicados/afectados por este conflicto son los agricultores tradicionales, que cada vez cuentan con menos medios (van desapareciendo las ayudas) y cuyo beneficio se va reduciendo a pasos agigantados, los individuos que componen la sociedad ya que en sus manos está el futuro de los transgénicos (si los compran se mantendrán a flote) o los medios de comunicación que hacen extensible el conflicto y pueden apoyar la campaña a favor de un bando u otro.

  • Características del conflicto

  • Una vez realizada la introducción a la problemática y tras la identificación de las partes que intervienen en el conflicto, es conveniente realizar una reflexión sobre las características particulares del mismo:

    El conflicto que nos ocupa no es un conflicto entre roles (ya sea intrarrol o interrol) sino entre individuos y más concretamente entre grupos organizados (los actores del conflicto descansan sobre una estructura organizada como es el caso de las multinacionales o semiorganizada como es el caso de los movimientos sociales/ ecológicos o tercer sector ).

    En este caso además del componente psíquico existe una gran carga de circunstancias sociales. En líneas generales los movimientos sociales, en representación de la mayoría de la sociedad, presionan a las multinacionales y a los científicos para que no se experimente con los productos transgénicos, es decir las multinacionales reciben una presión exterior.

    Este conflicto, al igual que cualquier otro, busca la legitimación o justificación social, sin embargo la posición que cada individuo tome dependerá a su vez de componentes psíquicos, así los roles que definen al individuo, el estatus que ocupa, las experiencias vividas o sus propios conocimientos influirán directamente en su posicionamiento.

    Se trata de un conflicto manifiesto, ya que no es vago ni incierto (como sería el caso del conflicto latente).

    No se trata de un conflicto violento, ni creemos que llegue a serlo ya que en última instancia el conflicto quedará zanjado al recurrir a una instancia superior, en este caso el Estado.

    Se desarrolla en un contexto de interdependencia, en el que las acciones de unos no son complemento de las de los otros, sin embargo las acciones de unos sí influyen directamente sobre las acciones futuras de los otros. En dicho contexto se elimina totalmente el elemento cooperativo.

    Es un conflicto con disenso, ya que los actores no entienden la situación del mismo modo y además dificultan en la medida de sus posibilidades el avance del contrario. De este modo; unos creen que los OMG perjudican el medio ambiente y los otros no, unos creen que pueden producir enfermedades y los otros que son muy seguros, unos editan la guía verde y la guía roja sobre productos transgénicos y los otros se apoyan en la comunidad científica que afirma que son totalmente seguros…etc.

    En cuanto a la causa raíz del conflicto, apuntamos hacia el desacuerdo, ya que no creemos que el mismo se haya desencadenado debido a la escasez, (sería demasiado ingenuo pensar que las multinacionales han invertido miles de millones movidas por la escasez de alimentos en el mundo)., a la búsqueda del propio conflicto como único fin, o a una injusticia.

    Como los valores que se persiguen en este conflicto hacen referencia a la producción o al consumo, creemos que el mismo se trata de un conflicto de intereses, por lo tanto nos encontramos ante un conflicto racional o instrumental.

    Llegados a este punto hemos considerado conveniente aplicar algunas de las teorías de Simmel y Coser a nuestro caso práctico:

    Como en su día afirmó Simmel, podemos clasificar los grupos por el grado de presencia de conflicto en ellos”, en nuestro caso los actores del conflicto son antagonistas estridentes, es decir, desaparece cualquier posibilidad de cooperación ya que los objetivos como ya se explicó anteriormente son inversamente proporcionales (juego de suma cero).

    Tanto Simmel como Coser hablan del conflicto por el conflicto. Coser fue aún más lejos y realizó una doble clasificación; conflictos auténticos y conflictos inauténticos. Dado que en nuestro caso particular se persigue un fin (el control del mercado de los alimentos) que no es la búsqueda del conflicto por el conflicto, se trata de un conflicto auténtico.

    Se trata de un conflicto de causa impersonal, más concretamente estamos entrando en temas de controversia científica por lo que el mismo se puede volver más agudo que si se hubiera desencadenado por una causa emocional. La explicación a este fenómeno se encuentra en que el individuo que es defensor de estas causas impersonales enaltece la causa, creyéndose así poseedor de la justicia y la verdad. El individuo sufre aquí como dice Coser un proceso de pérdida de identidad.

    En cuanto al fin del conflicto todos estuvimos de acuerdo en que el mismo finalizaría en un compromiso. Sin embargo apuntamos a que el final, a no ser que haya una intervención directa del Estado, se encuentra muy lejos. Esto es debido a que los dos principales protagonistas (multinacionales y movimientos sociales) no están interesados o no necesitan que el conflicto acabe inmediatamente. En el caso de las multinacionales se juegan muchos millones de euros que habrían tirado a la basura si el proyecto no se aprobara y en el caso de los movimientos sociales si dejan de hacer presión los productos transgénicos coparán todo el mercado, dejando a un lado a los productos no modificados. El final del conflicto pasará por una solución pacífica al no tratarse de un conflicto emocional como se explicó anteriormente.

    Nos gustaría finalizar este apartado con algunas consideraciones sobre los conflictos de clases aplicados a nuestro caso concreto. Como ya se explicó en la introducción el conflicto, al igual que el orden, afecta a todos los individuos por igual con independencia de su raza, género, edad o clase social, sin embargo la pertenencia a determinada clase hará que el individuo se posicione frente al conflicto de un modo u otro en función de sus propios intereses. Nace así en cierto modo un conflicto de clases; los estratos más pobres de la sociedad no harán diferencia entre alimentos transgénicos o no, simplemente querrán comer, sin embargo las clases más ricas es posible que sólo consuman elementos biológicos dado que éstos están mejor considerados de cara a la sociedad, se consideran más seguros y son también más caros. Cabe mencionar que el consumo de productos no transgénicos por las clases altas de la sociedad cumple una doble función; por un lado la más obvia que es la alimentación y por otro lado la de pertenencia a un grupo (“todos los que se consideren de una determinada clase consumirán alimentos biológicos, será una característica del grupo, similar a la de llevar ropa de una determinada marca”).

    Es interesante mencionar igualmente el proceso de evolución de un conflicto establecido por Dahrendorf. Éste identificó tres fases:

      • Fase 1; Los grupos en sí, en donde los intereses son distintos pero aún se encuentran en forma latente y no han sido articulados.

      • Fase 2; Los grupos para sí, en donde los intereses latentes pasan a ser explícitos y el grupo se estructura de una forma organizada.

      • Fase 3; El conflicto, en donde se desencadena el conflicto entre los grupos organizados

    El caso concreto que venimos estudiando se encuentra en su fase 3, ya que los intereses son explícitos, los grupos ya están organizados y los actores hacen lo posible por impedir que sus contrarios alcancen los intereses perseguidos.

  • El control social

  • El conflicto social creado en torno a los OMG dura ya más de 20 años, prácticamente desde que se obtuviera la primera planta con genes introducidos procedentes de otros organismos.

    Como en otros conflictos sociales existe un control social. Dicho control implica factores que regulan el hecho generador de la controversia; “la producción de organismos modificados genéticamente”, un OMG nunca podrá darse espontáneamente en la naturaleza, sino a través de la manipulación del hombre mediante técnicas de ingeniería genética.

    Evidentemente se trata de una situación que debe ser controlada, dado los riesgos que conlleva. ¿Pero quién debe controlar esta práctica y como podemos saber que este control social, por otra parte absolutamente necesario, se hace con rigor e independencia, sin estar influenciado por intereses económicos de grupos de presión, como las multinacionales?

    Hoy por hoy, el único acuerdo internacional que regula los movimientos de transgénicos entre países es el Protocolo de Bioseguridad, firmado en enero de 2000, y que entró en vigor en septiembre de 2003. Éste significa el reconocimiento de la necesidad de controlar la ingeniería genética y evitar que los países acudan a regular este ámbito según sus legislaciones y creen un conflicto en las leyes de comercio internacional.

    A lo largo del año 2003, en el seno de la Unión Europea sobre autorización de alimentos y piensos se discutió algo muy importante, el etiquetado de los productos tránsgenicos.

    El etiquetado de los productos mantiene una gran vinculación con la trazabilidad de los mismos. Dada que la trazabilidad tiene mucha relación con el proceso del etiquetado, hemos creído conveniente dedicarle unas breves líneas.

    ¿Qué es la trazabilidad?; entendemos por trazabilidad la posibilidad de encontrar y seguir el rastro, a través de todas las etapas de producción, transformación y distribución de un alimento, un pienso, un animal destinado a la producción de alimentos o una sustancia destinada a ser incorporada en alimentos.

    En el año 2005 entrará en vigor la Ley Europea (Reglamento (CE) NO178/2002). Dicho reglamento obligará a los productores a aplicar la trazabilidad en todos los alimentos y sus ingredientes. Esta nueva ley prevé la creación de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. Esta autoridad actuará como órgano independiente de análisis científico.

    En cuanto a las etiquetas de los productos, las mismas se harán electrónicas o RFID, éstas serán capaces de transmitir por radiofrecuencia a distancia, información sobre la mercancía que llevan.

    Otra legislación complementaria que puede ayudar a ejercer medidas de control social es aquella vinculada a la seguridad alimentaria. Destaquemos aquí algunos de los principales hitos:

    • 1997- Aprobación del libro Verde que recoge los principios generales de la legislación alimentaria de la UE.

    • 2000- Libro Blanco: su objetivo principal era alcanzar el nivel más elevado posible de protección de la salud de los consumidores.

    Todos estos datos reflejan la importancia de un control supranacional de los OMG que regule el tránsito de estos tránsgenicos entre los países.

    Sin embargo, son los Estados los que regulan otros aspectos fundamentalmente como el asentamiento de cultivos en los territorios nacionales. En la propia Unión Europea, España es un caso peculiar, ya que se trata del único estado miembro de la Unión, que desde 1998 permite el cultivo comercial de tránsgenicos, con una superficie actual que alcanza las 32000 hectáreas, según cifras oficiales.

    Las organizaciones ecologistas como Greenpeace denuncian los efectos dañinos que provocan estos cultivos, ya que contaminan otros campos no transgénicos, generan pérdidas de producción y diversos impactos medioambientales.

    ¿Se podría considerar esta injerencia del Estado “nociva” para agricultores tradicionales y consumidores, y “beneficiosa” para las grandes multinacionales?

    Se puede considerar que el control social que el Estado ejerce sobre los transgénicos entra en conflicto con el espíritu que en principio aparentemente impregna el Protocolo Internacional de Bioseguridad.

    En el caso de España, existe la Comisión Nacional de Biotecnología, comisión interministerial que decide la política española sobre OMG. Está comisión se encarga de recoger los estudios y opiniones de comités éticos y científicos acerca de los tránsgenicos, aunque la opinión vertida por estos últimos no es vinculante para el Gobierno de la nación.

    Aunque pueda parecer que las organizaciones gubernamentales tienen una gran fuerza en el control social de esta materia, muchos datos hacen pensar que las grandes multinacionales tienen una gran influencia en las decisiones tomadas por las organizaciones gubernamentales en relación a la regulación de los OMG.

    Como ejemplo podemos observar el comportamiento de uno los principales países productores de OMG, EE.UU, que ha denunciado la moratoria de la Unión Europea sobre los productos transgénicos ante la Organización Mundial del Comercio. La presión de las principales multinacionales es evidente, forzando a los gobiernos a imponer criterios netamente mercantilistas y globalizadores para facilitar la libre circulación de sus tránsgenicos. Su control social está servido…

    El 75 % de la economía mundial está en manos de tan solo un centenar de grandes multinacionales, que tratan de imponer los trángenicos a los consumidores. Esta enorme presión de estas corporaciones trata de generar un control social sobre el proceso de globalización de los alimentos transgénicos.

    Para contrarrestar esta influencia es necesaria la labor rigurosa de los Estados, teniendo en cuenta factores tan importantes como la percepción social de las múltiples dudas que los OMG generan en el consumidor final. Se debería incluir en las comisiones que estudian estos cultivos al resto de agentes sociales que tienen algo que decir al respecto, comenzando por los consejos científicos, organizaciones agrarias que defiendan su derecho a tener cultivos tradicionales libres de transgénicos y organizaciones ecologistas. Se trata en definitiva de preservar la libertad de poder elegir, aún más cuando están en juego la preservación del medio ambiente en su estado natural y la propia salud del individuo.

    Para finalizar este apartado, sólo mencionar que a parte del Estado y las Instituciones Supranacionales, los agentes socializadores también ejercen en cierta forma sus medidas de control social o al menos de resistencia al cambio y mantenimiento del orden. De este modo si un individuo es educado por una familia que aboga por la agricultura tradicional, es influenciado por una religión que rechaza los trasngénicos o es influenciado por los medios de comunicación que hacen especial hincapié sobre su incierta seguridad, es más que probable que el individuo los rechace y ejerza presión contra la introducción de los mismos, con el simple hecho de no consumirlos.

  • La evolución de los productos transgénicos de cara al futuro

  • A la vista de la enorme importancia de lo que persiguen las partes intervinientes en este conflicto, no se puede pensar que vaya a llegarse a un consenso en un corto espacio de tiempo.

    Ambas partes saben que el conflicto es costoso y lo mantendrán mientras los beneficios que piensen obtener sean superiores a los costos ocasionados por mantener el conflicto. Una información completa y simétrica sobre los verdaderos costes y beneficios facilitaría el fin del mismo.

    Con respecto al futuro de los transgénicos, éste debe ser contemplado con toda la cautela ya que se trata de un campo nuevo del conocimiento científico en el que nada se puede dar por sentado. Aquí cobran especial importancia las medidas de control social explicadas en el apartado correspondiente. Cabe una especial mención la trazabilidad y las nuevas etiquetas/ códigos de barra que se desarrollarán, los cuales permitirán tener controlado el alimento durante todo el proceso de elaboración y distribución.

    El compromiso al que probablemente intuimos que lleguen las partes pasa por el incremento de las medidas de control social y el aumento de la información que se dará al consumidor, de tal modo que el mismo sepa en todo momento si está consumiendo un producto modificado genéticamente o no.

    Si como todo apunta, la humanidad se puede beneficiar de un aumento del bienestar dimanante de una mayor eficiencia de los cultivos, y esto no comporta riesgos para la salud, todo parece augurar un aumento del uso de transgénicos

  • Conclusión

  • Defendidos por unos y odiados por otros, pronto serán inevitables.

    La biotecnología consiste en la utilización de seres vivos o parte de ellos para modificar o mejorar animales o plantas o para desarrollar microorganismos. El hombre lleva miles de años utilizando estas prácticas para mejorar su alimentación, aunque los métodos actuales han cambiado radicalmente las formas y la eficacia.

    La actitud de los países europeos contrasta con la de Estados Unidos, donde los alimentos derivados de la biotecnología están más desarrollados y son aceptados por la población. El sector agrario de aquel país ha acogido con los brazos abiertos este tipo de cultivos por las ventajas que suponen.

    Lo cierto es que los cultivos transgénicos son difíciles de controlar. Las empresas que compran semillas genéticamente modificadas suelen mezclarlas con las tradicionales - no modificadas -, con lo que distinguir entre unas y otras es casi imposible. Las empresas alegan en su descargo que es muy difícil mantenerlas separadas por el elevado coste en infraestructuras y en transporte, que ello supondría. Por esta razón, los productos terminados generalmente contienen mezclas. La ambigüedad del etiquetado tampoco ayuda a saber cuál es el origen de los productos, con lo que el consumidor no sabe al final qué es realmente lo que está comprando.

    Uno de los más importantes riesgos medioambientales que acarrean los cultivos manipulados es que, una vez cultivadas las semillas, aparezcan híbridos entre esas plantas transgénicas y otras salvajes, pero de la misma familia, situadas en sus inmediaciones. No sería extraño que estas nuevas plantas incorporasen la propiedad artificial, como la resistencia a algunos herbicidas.

    Otro problema que plantean los grupos ecologistas ante las prácticas de la biotecnología es que los productos manipulados pueden estar contribuyendo al aumento de la resistencia a los antibióticos registrado desde hace unos años en todo el mundo.

    Mientras, entre la población surgen y crecen las dudas sobre la seguridad de los alimentos resultantes de la biotecnología, los científicos insisten en señalar que por el momento nadie ha podido demostrar que estos alimentos sean malos para la salud y que ninguna persona ha enfermado o desarrollado problemas por consumirlos.

    También apoyan sus tesis señalando que todos los alimentos comercializados en Estados Unidos, Australia y Europa han pasado estrictos controles sanitarios que avalan su seguridad.

    Además, las multinacionales que se dedican a la producción de variedades genéticamente modificadas señalan que sus productos suponen un importante aumento de las producciones y son considerablemente más respetuosos con el medio ambiente al posibilitar una reducción del número de tratamientos con productos químicos como herbicidas e insecticidas.

    Estos productos se destinan fundamentalmente a consumo animal, lo que supone una vía de acceso de los productos modificados a la cadena alimentaria humana por medio de la leche, los huevos o la carne de los animales que los consumen. Por lo tanto, este tipo de alimentos y sus derivados están mucho más extendidos de lo que se pueda imaginar.

    Actualmente, en todo el mundo se comercializan más de 50 variedades de plantas transgénicas. Las estimaciones señalan que entre 10.000 y 30.000 productos que se venden en los comercios europeos contienen soja transgénica: margarinas, cervezas, chocolates, repostería, alimentos infantiles, productos dietéticos, etc.

    En fin, una lista interminable y muy difícil de identificar por las vaguedades con que estos productos se identifican en las etiquetas de los alimentos. Pero los productos transgénicos no sólo suponen quebraderos de cabeza y confusión entre los consumidores. En la otra cara de la moneda están los agricultores que deciden comprar estos productos para mejorar la rentabilidad de sus cosechas.

    La historia de la agricultura nos enseña que las enfermedades de las plantas, las plagas de insectos y las malezas se volvieron más severas con el desarrollo del monocultivo, y que los cultivos manejados intensivamente y manipulados genéticamente pronto pierden su diversidad genética.

    Dado estos hechos, no hay razón para creer que la resistencia a los cultivos transgénicos no evolucionará entre los insectos, malezas y patógenos como ha sucedido con los pesticidas. No importa qué estrategias de manejo de resistencia se usen, las plagas se adaptarán y superarán las barreras agronómicas. Las enfermedades y las plagas siempre han sido amplificadas por los cambios hacia la agricultura homogénea.

    A pesar del hecho de que algunos científicos argumentan que la ingeniería genética no es diferente al mejoramiento convencional, los críticos de la biotecnología no lo ven tan claro.

    Pero los efectos ecológicos no están limitados a la resistencia de las plagas y creación de nuevas malezas o tipos de virus. Los cultivos transgénicos pueden producir toxinas medioambientales que se mueven a través de la cadena alimenticia y que también pueden terminar en el suelo y el agua afectando a invertebrados y probablemente impactando procesos ecológicos tales como el ciclo de nutrientes.

    Aunque es claro que la biotecnología puede ayudar a mejorar la agricultura, dada su actual orientación, la biotecnología promete más bien daños al medio ambiente, una mayor industrialización de la agricultura y una intrusión mas profunda de intereses privados en la investigación del sector público. Hasta ahora la dominación económica y política de las corporaciones multinacionales en la agenda de desarrollo agrícola ha tenido éxito a expensas de los intereses de los consumidores, campesinos, pequeñas fincas familiares, la vida silvestre y el medio ambiente.

    Es urgente para la sociedad civil tener una mayor participación en las decisiones tecnológicas para que el dominio que ejercen los intereses corporativos sobre la investigación científica sea balanceado por un control público más estricto.

    Ha llegado el momento de enfrentar efectivamente el reto y la realidad de la ingeniería genética. Como ha sido con los pesticidas, las compañías de biotecnología deben sentir el impacto de los movimientos ambientalistas, laborales y campesinos de modo que reorienten su trabajo para el beneficio de toda la sociedad y la naturaleza. El futuro de la investigación con base en la biotecnología estará determinado por relaciones de poder y no hay razón para que los agricultores y el público en general, si se le da suficiente poder, no puedan influir en la decisión de la biotecnología cumpla con las metas de sostenibilidad.

    Como argumentamos en el epígrafe anterior una vez que los productos transgénicos hayan superado esta fase de seguridad incierta y la comunidad científica apoye al 100% este tipo de cultivos, la demanda de los mismos se verá incrementada.

    Definición facilitada por Greenpeace.

    Organismo Modificado Genéticamente

    Ver apartado 1 Introducción

    Aplicación de la Teoría de la Acción Subjetiva de Schutz

    Véase el epígrafe a del punto 4 sobre el control social.

    Boudon 1981

    Conocidos como conflictos expresivos o inauténticos

    Georg Simmel (1858-1918)

    Lewis A. Coser 1913

    Ver apartado 1 Introducción, sobre el estudio del conflicto desde la óptica de un país rico versus la óptica de un país pobre

    Ver apartado 3 sobre características del conflicto