Problema vasco durante la Segunda República española

Partido Nacionalista Vasco y Sabino Arana. Reivindicación autonómica. Estatuto Estella y de gestoras. Organizaciones obreras

  • Enviado por: Kakapraka
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El problema vasco en la Segunda Republica

El problema vasco desde 1876.

El país vasco fue desde 1876 un crisol de partidos e ideologías en las que ninguno de ellos tuvo un predominio claro sobre el resto. Había, como hoy en día, las divisiones de: españolista y vasquita; y, izquierda y derecha. Por ello encontrábamos las diferentes fuerzas, carlismo, nacionalismo, republicanismo, socialismo y muchas otras pequeñas. Todas estas tenían una posición frente a todos los problemas que afrontaban al país vasco, que venían a ser: Los fueros, la independencia y el problema obrero.

Dentro del carlismo, que mantenía su fuerza en las zonas agrícolas de todo el país vasco y Navarra, se defendía la vuelta a los fueros como una parte de la unidad española, se defendía también el catolicismo y las tradiciones, por ello se les denominaba “tradicionalistas”.

Desde el nacionalismo se abogaba, sin embargo, por una vuelta a los fueros como signo de la particularidad de la raza vasca. Sabino Arana, ideólogo y fundador del PNV, encontró en blanco de su ira a los maquetos y por ello su político contenía un fuerte carácter racista. Este buscó en un pasado ficticio la base de su política para la creación de un estado vasco, que sé formaría por la idiosincrasia de los vascos y su anterior independencia. Con el tiempo su postura se suavizó, pero nunca llegaron a entenderse con socialistas y republicanos, lo que trajo funestas consecuencias en la II República.

Su fuerza se encontraba en las zonas rurales de Vizcaya y Guipúzcoa.

El republicanismo tuvo su fuerza a intervalos durante el periodo del 1878 a 1930, centrándose en los inicios del siglo y en las postrimerías de la república. Adoptaron como símbolo los fueros para atraer a sus filas a nacionalistas, pero entendían estos como un nexo con España. Principalmente era una fuerza de izquierdas y por ello obtenían el poder en las grandes urbes y en centros fabriles. Se consideraban tan vascos como españoles.

El socialismo se enfrentaba al nacionalismo, situándose en los antípodas el uno del otro. No se interesaba por lo vasco en nada, y solo representaba los intereses de la clase obrera. Representaba a los trabajadores venidos del resto de España, y, por tanto, los defendía, teniendo fuerza por ello en los centros fabriles. En los últimos años adoptaron la idea del estatuto, como se observa al ver a Indalecio Prieto en el pacto de San Sebastián.

La alta burguesía apoyaba a los monárquicos debido a las ayudas recibidas para la industria. Esto ayudó a que el nacionalismo no llegara a ser un movimiento importante, ya que estos no se interesaban por una independencia o vuelta atrás de los fueros.

Tras la llegada de la república, se configuró un mapa electoral acorde con lo anterior descrito. Los republicanos y socialistas adquirieron fuerza en las zonas industriales y en las grandes urbes, el nacionalismo en la zona rural de Vizcaya y Guipúzcoa, y los tradicionalistas en Álava y Navarra.

El nuevo régimen promovía la formación de estatutos en las provincias históricas, pero la ausencia en el pacto de San Sebastián (1930) del nacionalismo vasco hacia que las autoridades republicanas desconfiaran del nacionalismo. Por ello la creación de dicho estatuto se topó con graves tensiones y dificultades provocadas por la lucha por el poder política y por ser el impulsor del estatuto.

El nacionalismo, antes de que se aprobara una constitución republicana en España, encargó a la Sociedad de Estudios Vascos un proyecto de estatuto que vio la luz el 31 de mayo de 1931. Este estudio sirvió de base para el resto de los proyectos que las diversas fuerzas realizaron. El estatuto declaraba que las cuatro provincias vascas constituían una entidad natural jurídica con personalidad propia, a lo que se le reconocía el derecho a constituirse como Estado Vasco; cada provincia se regiría automáticamente dentro de la unidad del País Vasco. El poder legislativo correspondería al Consejo General, con 20 miembros por provincia, y Juntas para asuntos de cada una. El poder ejecutivo recaía una Comisión Ejecutiva del Consejo General. Se dotaba dicho estado de amplias transferencias y mantenía el concierto económico.

El estatuto de Estella.

Los nacionalistas crearon un movimiento de alcaldes que estudiaría el anteproyecto y después realizaría uno propio que presentaría en el parlamento español. A la cita, programada para el 14 de junio, faltaron los alcaldes de la mayor parte de las grandes ciudades, controladas por republicanos o socialistas, por lo que José A. Aguirre, líder nacionalista, pronto sé vio solo en su proyecto. A todo esto se sumó la desconfianza de los lideres republicanos españoles por la ausencia nacionalista en el pacto de San Sebastián; el hecho de que el PNV era un partido fuertemente católico, dato este que confrontaba con el laicismo feroz de la II República y, además, se añadió la falta de reconocimiento por parte de las autoridades a la asamblea de alcaldes.

La confusión reinaba en el País Vasco debido a la aparición de numerosos proyectos de autonomía y a la dejadez del gobierno central que esperaba que entre los vascos se arreglaran para solucionar el conflicto.

En la mencionada reunión, los nacionalistas añadieron dos modificaciones al estatuto: una, elevando de dos a diez años la residencia mínima en la región para adquirir la nacionalidad vasca y otra reservando al Estado las relaciones con la Santa Sede. Esto hizo que dicho estatuto fuera inaceptable tanto para los socialistas vascos como para el gobierno de Madrid.

Aunque el estatuto fue aprobado por una gran mayoría de los municipios, no lo fue por los mas poblados, este era anticonstitucional y por lo tanto no fue aprobado por el presidente de la República.

El estatuto fracasa porque no contaba con el unánime apoyo de las fuerzas políticas vascas; porque sus patrocinadores incurrieron en obvios errores de procedimiento y porque los nacionalistas vascos no tuvieron representación en San Sebastián.

El estatuto de gestoras

Tras el fracaso del estatuto del PNV, Indalecio Prieto el 8 de diciembre de 1931 redactó un decreto por el que unificaba el modo de redactar los estatutos en el que disponía:

  • Asambleas en las 4 provincias para decidir si el estatuto seria conjunto o no

  • Si salía que si, una asamblea de las 4 provincias para ratificarlo.

  • Referéndum para ver si se aprobaba el estatuto

  • Aprobación en el parlamento.

  • También dispuso que el poder de realizar dicho estatuto recaía en las gestoras. El PNV aceptó este punto debido al fracaso de su proyecto, y, además, empezó a colaborar con las instituciones republicanas, haciendo un clima más favorable para él dialogo. Por ello se llego a un acuerdo para la comisión encargada del trabajo, que estaría formada por: 4 portavoces de gestoras, 3 de alcaldes, 3 del PSOE y, además, 3 por Vizcaya y Guipúzcoa y uno por Álava.

    El 21 de enero de 1932 las 4 provincias celebraron las asambleas de sus ayuntamientos, en la que se abogó por un estatuto común. La comisión se puso a trabajar para redactar un estatuto el 21 de marzo del mismo año en el que se acordaba: adoptar él termino “Euzkadi”, pero no así un estado, se suprimían las facultades con la Santa Sede y la defensa. Y se aumentaba el censo, eliminando las trabas a los obreros, haciéndolo más democrático, a la vez que aceptaba la Constitución Republicana.

    El clima político era favorable, como lo demuestra la pacifica realización del “Aberri eguna”, pero todo se truncaría tras la negativa Navarra al estatuto en la asamblea conjunta del 16 de junio de 1932.

    Este hecho marcaba como con el tiempo el PNV se acercaba más a los partidos republicanos y a su juego y se alejaba mas de sus antiguos aliados tradicionalistas. Esto se producía por la diferente concepción que tenían ambos partidos de los fueros, unos como unión con España y otros como elemento que marcaba la diferencia de los vascos con el resto de España.

    Pero por desgracia, el camino se torció, y el socialismo empezó a buscar un estatuto sin apoyo nacionalista, un estatuto aprobado solo por republicanos, para hacer que el País Vasco fuera republicano, y no nacionalista. El gobierno central dispuso unas medidas crispantes que crearon una fricción constante entre ambos bandos, y que harían perder al PNV su poco crédito democrático.

    Se decidió entregar el estatuto al parlamento tras pasar un referéndum que salió con un rotundo si en todo el País Vasco, salvo en Álava que solo obtenía un 48%.

    Tras las elecciones el parlamento el 11 de noviembre de 1933, el gobierno paso a ser de centro-derecha, y no se pudo comprobar si el estatuto habría sido o no aprobado por el anterior gobierno, como si lo hizo en Cataluña.

    En un principio la derecha apoya al nacionalismo para eliminar a la izquierda del mapa electoral, pero su estratagema pronto se descubrió, tras suspenderse la aprobación del estatuto por la falta de apoyos en Álava, que no era tal, pero desde la CEDA se aceptó para mantener el estado centralizado. Tras estos incidentes el estatuto murió, como ya anticiparían los socialistas, y no vería nuevos aires hasta un nuevo gobierno. Además, provocó que la escisión entre derecha española y vasca se fuera agrandando, y que estos solo pudieran unirse a la izquierda.

    El estatuto de las izquierdas

    Para el año 1936 se convocaron elecciones generales ante las que se formaron dos bandos; el frente popular, unión de las izquierdas y el bloque nacional en el que se apiñaba la derecha, pero no el nacionalismo vasco.

    Indalecio Prieto hábilmente enarboló la bandera del estatuto para su programa, quitando protagonismo al PNV y asegurándose un estatuto republicano. EL líder socialista basó su programa en 5 puntos.

  • El estatuto solo llegaría al País Vasco de manos del Frente popular.

  • El estatuto no triunfó antes por el clericalismo nacionalista y su escasa representación parlamentaria.

  • El estatuto seria una creación de todos los partidos, no solo de uno.

  • El estatuto se basaría en la constitución Republicana.

  • El estatuto traería problemas fiscales.

  • Después de proclamar su plan, el acercamiento al PNV fue produciéndose, de modo que el 16 de abril de 1936 la comisión empezó a trabajar en la redacción de un estatuto mas simplificado para que entrara antes en vigor. Salvo algún problema económico no hubo demoras para su aprobación, salvo el asesinato de Calvo Sotelo el 13 de julio de 1936, dirigente de ultraderecha, que hizo que el estatuto no se hubiera aprobado antes del inicio de la Guerra Civil. Este se aprobó, iniciada la guerra, el 1 de octubre de 1936 con unas cláusulas especificas sobre la guerra. Se formó un gobierno provisional formado por nacionalistas para ganarse su apoyo.

    Las organizaciones obreras en el País Vasco durante la Segunda República.

    El mapa sindical en el País Vasco estaba claramente politizado, por ello los sindicatos tenían fuerza dependiendo de que partido dominara esa región. El grado de afiliación era alto, sobre todo en Guipúzcoa y Vizcaya.

    En principio la UGT dominaba Vizcaya, STV dominaba Guipúzcoa y sindicatos católicos dominaban en Álava y Navarra; pero, asimismo, la UGT dominaba en zonas fuertemente industrializadas, STV en las zonas de las provincias del norte menos industrializadas, y los católicos en las zonas agrarias de Álava y Navarra.

    La UGT dominaba en la zona del Nervión y su industria siderometalúrgica, la industria armera de Eibar, en la ribera de Navarra y en localidades grandes. Seguía la tendencia “Prietista” y se basaba en la política local. Se calcula que su fuerza era mayoritaria pero nunca hegemónica.

    STV era un sindicato cercano al PNV que aumentó espectacularmente gracias al desgaste de la UGT durante los años republicanos y que se basaba en la acción asistencial, el mutualismo y el cooperativismo. Llego a tener un poder parecido al de la UGT gracia sin duda al apoyo de la clase media.

    Los sindicatos comunistas y anarquistas se enfrentaron de frente a las posiciones del gobierno, defendidas por la UGT, con una política de huelgas y motines que fracaso aun con una tasa de paro cercana al 30% (según datos)

    Con la llegada al poder de la derecha, tras las elecciones de noviembre del 33, la UGT inició una radicalización que fue acorde con el posicionamiento socialista. Las huelgas se multiplicaron y se iniciaron los conatos de uniones obreras entre comunistas y socialistas, se inició así el bienio radical. STV también radicalizó su postura acercándose a los sindicatos obreros, y apoyando con su pasividad la huelga de octubre del 34.

    Una tercera etapa sindical se marcaría desde últimos meses del 35 hasta que comienza la guerra. En este periodo el frente popular fue una realidad, y con ello la unión sindical. Se creó también el Partido Comunista de Euskadi (junio 1935) ayudó a la victoria obrera en las elecciones del 36 y marco la alianza socialista-comunista que defendería al País Vasco en los primeros trances de la Guerra Civil sobre todo en Vizcaya.

    Nacionalismo y revolución: octubre de 1934 en el País Vasco.

    La revolución de octubre se pensó sin duda alguna para que tuviera en el País Vasco un importante foco, puesto que su importancia era vital. A ella se llegó con un clima de crispación producido por la crisis de los ayuntamientos, la retirada de sus parlamentarios por parte del PNV, por el enfrentamiento con el gobernador civil y por la insistencia del apoyo nacionalista a la huelga.

    Los sucesos comenzaron el 5 de octubre, y a partir del 8 empezaron a remitir, salvo en la zona minera vizcaína y en Eibar. La mayoría de las muertes fue de huelguista, pero también hubo alguna baja en las fuerzas de seguridad y algunas personas muertas a manos de piquetes. En Vizcaya la zona minera permaneció a merced de estos; además, se ocuparon ambas márgenes de la ría para paralizar su funcionamiento. En Guipúzcoa los actos fueron más radicales en Eibar y Mondragón, donde se ocupó militarmente la zona y adquirió el control de las administraciones, proclamándose la republica socialista.

    Pero esta no triunfa debido a las medidas llevadas a cabo por el gobernador civil Ángel Velarde, que impuso el estado de guerra y antes de la revolución mantuvo un control sobre los focos revolucionarios.

    Los militantes nacionalista de Solidaridad de Obreros Vascos estaban vigilados durante la huelga, pero en Guipúzcoa no se atisbó una posible colaboración de estos. En Vizcaya, sin embargo, Velarde cerro numerosos locales del PNV y de SOV por su supuesta vinculación con la huelga, y, además, añadió datos a todo ello. Pero esto podría ser considerado como una venganza de este hacia el PNV, por ello finalmente fue destinado a Asturias.

    La huelga se notó sobre todo en Guipúzcoa y Vizcaya y fue prácticamente nula en Álava y Navarra.

    Las consecuencias de la revolución fueron el separatismo entre el PNV y la derecha, aunque no se realizara acto seguido, y la separación de la burguesía españolista y la burguesía vasca con sus apoyos a uno y otro bando. Esto hizo que la única alternativa que le quedara al nacionalismo vasco fuera las alianzas con la izquierda y la política del frente popular.

    La Guerra Civil.

    El 18 de julio y las Juntas de Defensa.

    El levantamiento del 18 de julio de 1936 dividió a las provincias vascas y navarras en dos, por un lado Guipúzcoa y Vizcaya y por otro Navarra y Álava en manos del frente popular y los rebeldes respectivamente.

    El alzamiento en Navarra y Álava se produjo con facilidad gracias al apoyo requeté. Posteriormente se mandaron tropas hacia las zonas republicanas y sé comenzó la limpieza de los partidos leales.

    En Vizcaya no hubo una sublevación, y pronto se creo una Junta de Defensa que comenzó sus trabajos sin problemas. En Guipúzcoa, sin embargo, el apoyo al gobierno no fue tan radical, y hubo tímidos intentos por parte de los militares que no tuvieron éxito. Además, se sumo la descoordinación entre las distintas juntas de defensa que no ayudaron en nada a la defensa de la zona.

    El PNV mantuvo una posición dudosa de apoyo a la República que se notó en la ausencia de nacionalistas en las partidas hacia el frente y en las diferentes milicias, y no fue hasta bien entrada la guerra cuando realmente empezó a adoptar una posición de rechazo a los rebeldes.

    La guerra propiamente dicha empezó en Guipúzcoa, los nacionales querían conquistar esta provincia por su fuerte valor estratégico y moral. La lucha empezó desde la frontero vasco Navarra y poco a poco avanzó hacia Irún, hasta que tras arduos combates cayó el 5 de septiembre de 1936, y tras ella San Sebastián, esta perdida bajo la moral del bando republicano que prácticamente dejó toda Guipúzcoa en manos nacionales. Con este panorama a finales de septiembre el frente ya estaba en la frontera vizcaína. Donde se estancó hasta después de la formación del Gobierno Vasco con el lehendakari Aguirre a su cabeza el 7 de octubre de 1936.

    El Gobierno Vasco

    Este hecho marco un antes y un después, a partir de esta fecha el gobierno vasco, y no las milicias, se encargaría de la defensa de Vizcaya. Además, con el ataque de los rebeldes a intereses nacionalistas se acabó rompiendo la brecha entre ambos bandos y forjó la idea de que el autonomismo solo seria posible en un marco republicano. Esto hizo que el PNV apoyara decididamente a la República tras la formación del gobierno.

    Este gobierno realizó a lo largo de sus ocho meses de mandato una gestión ejemplar. No hubo ningún altercado importante y ninguna crisis de gobierno, y mantuvo una economía y una situación envidiable para una situación de guerra. Su único problema fue el abastecimiento debido al embargo naval, lógico en una guerra, y que aun así se supo hacer frente.

    Las únicas lagunas serian la no adaptación de la industria vasca a la guerra y la falta de coordinación entre el Ejercito del Norte y el Ejercito Vasco.

    El bando republicano proyecto un ataque sobre Villareal que no triunfó por las desavenencias entre el general Francisco Llano y el lehendakari Aguirre sobre competencias militares en el Ejercito Vasco, visto como una parte mas del Ejercito del Norte o como un ejercito única y exclusivamente vasco.

    El ejercito rebelde planeó un ataque sobre Vizcaya que comenzó el 31 de marzo con el bombardeo de Durango, y al que se llegó con las defensas aéreas de la zona completamente nulas. Este hecho marcaría sin duda alguna el transcurso de la guerra en territorio vizcaíno, puesto que fue la aviación y la artillería los que marcarían el compás de la guerra, y los que decidirían hacia los rebeldes la guerra.

    El ejercito rebelde transformó el concepto de guerra, empezando a usar masivamente la artillería y la aviación para desgastar las defensas que luego la infantería acabarían por derrumbar. A su vez se produjo una internacionalización de la guerra, con la entrada (obviamente no reconocida por ninguno de ellos) de alemanes italianos y rusos en ambos ejércitos. También se produciría un aumento de la belicosidad de la contienda, lo que transformo a la Guerra Civil en una guerra moderna.

    Aunque en un principio se intentara tomar Vizcaya en 3 semanas, la dureza de los combates fue excepcional y se tardo 3 meses en hacerlo y su principal baluarte, el general Mola, no llegaría a verlo.

    El ataque comenzó por Álava y con el bombardeo civil de Durango, Costo romper el cerco que el Gobierno Vasco había creado, pero tras una hábil maniobra franquista toda la franja oriental Vizcaína cayo entre el 24 y el 30 de abril. Además, se impuso un castigo desmoralizante al bando nacionalista, como fue el funesto bombardeo de Guernica. El ejercito nacional se situó frente al cinturón de Hierro de Bilbao, que resulto ser una simple defensa fortificada e inacabada que no resultaría demasiado difícil de sobrepasar. Esto se produjo el 17 de junio y tras ella el abandono de toda la zona vasca.

    El ejercito vasco fue destinado a otros frentes para seguir combatiendo en la guerra, pero estos se rindieron en Santoña y se hicieron presos del ejercito nacional, reconociendo que una vez perdido su país no tenían por qué luchar. Así se cumplía las peores predicciones que hablaban de “traición” de los vascos a la republica.

    Las causas de la derrota

    La caída del frente en el País Vasco no solo es importante en ámbito local, sino que proporcionó a Franco importantes infraestructuras y prestigio. Esta caída se produjo en parte por la inferioridad vasca militarmente, sobre todo en el campo aéreo y de artillería y en el mar. Pero también hemos de añadir:

  • La fuerza de la derecha en Navarra y Álava, que proporciono numerosos hombres a los golpistas

  • La orografía especial de la zona, que hacia difícil la instalación de aeródromos y la defensa de la zona al encontrarse enclavada entre el mar, la frontera y la meseta.

  • El desplome de todas las instituciones militares tras el golpe del 18 de julio.

  • Además, se dio una coyuntura especialmente aciaga para Euskadi, cuando se le concedió la autonomía en una época que hacia falta unión y la falta de identificación por parte del pueblo vasco del sentimiento republicano.

    A todo esto se sumó la descoordinación entre las diferentes juntas y el hecho de que no hubiera un mando unificado no solo en el norte, sino en el resto de España. La falta de aviones que ya he mencionado, no por falta de envíos desde Madrid, sino por los problemas para que estos llegaran, hizo que las defensas aéreas republicanas fueran muy escasas. En Guipúzcoa podemos añadir también el hecho de que las milicias nacionalistas no entraron en combate.

    El fracaso del ataque a Villareal lo propicio la ausencia del factor sorpresa debido a la suerte rebelde, el mal tiempo y la descoordinación entre el Ejercito Vasco y el Ejercito del Norte y la falta del primero de iniciativa en la batalla. Esto hizo que de aquí en adelante él ejercito Vasco se dedicara en exclusiva a la defensa sin plantearse otro ataque más.

    En la caída del frente vizcaíno y por lo tanto del gobierno vasco es donde más se notó la superioridad del bando franquista y la poca ayuda recibida desde el gobierno central, debido a la dificultad que ello entrañaba, en materia militar.

    A ello se le añadió la poca estructura militar del Ejercito Vasco y la insuficiente industria de guerra del Gobierno Vasco. El resultado fue la pronta rendición del cinturón de Hierro de Bilbao. Dando así muestra de lo mal organizada que resulto la guerra en las provincias Vascas.

    Las elecciones fueron locales.

    Alcalá Zamora había introducido en la carta magna una enmienda en la que reservaba al gobierno central las competencias de política exterior.