Principios y parámetros

Modelo gramatical. Gramática generativa. Expresiones lingüísticas. Organización sintáctica

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El objetivo de este capítulo es presentar el modelo gramatical generativista denominado “Principios y Parámetros” ( a partir de ahora PP). Empezaremos caracterizándolo como una teoría sobre la estructura del lenguaje que parte de la base de que el objetivo de la investigación lingüística es construir una descripción y explicación del lenguaje en general y de las lenguas en particular que refleje su naturaleza esencial: es ser una facultad cognitiva. Esta propuesta supone que, aunque las lenguas pueden parecer muy distintas, las diferencias son menos numerosas que las semejanzas. La tarea, en definitiva, es determinar las propiedades que las lenguas tienen en común y los límites dentro de los cuales pueden diferir.

Son esos dos aspectos mencionados de la investigación lingüística los que se recogen bajo los términos principios y parámetros con los que se identifica el modelo de PP, aunque sea más conocido a través de otro nombre, el de “Rección y Ligamiento” (Government and Binding).

El modelo PP representa el último desarrollo más generalizado de la Gramática Generativa y se ubica, cronológicamente hablando, en la década que va de 1981 a 1991. La delimitación realizada se basa en dos trabajos emblemáticos en la pequeña historia de la nueva teoría generativista: Chomsky (1981) y Chomsky y Lasnik (1991). Aquél es considerado la primera propuesta explícita y sistemática del modelo, cuyos precedentes están en Chomsky y Lasnik (1977), y el segundo su versión más reciente.

Éste último trabajo es una prueba clara de que la teoría no ha permanecido estática durante ese lapso de tiempo, en el que se han sucedido algunos cambios importantes. El desarrollo de la investigación se manifiesta, por ejemplo, en la persistencia de algunas nociones que estaban presentes ya en los primeros trabajos de Chomsky, y que ahora se redefinen a la luz de nuevos supuestos más generales, tales como los “principios de economía”.

El hecho de que las modificaciones, debidas a las aportaciones de Chomsky y de otros muchos lingüistas, se hayan producido dentro de una misma orientación, como el resultado lógico de las exigencias teóricas y empíricas del modelo, permite su consideración unitaria como un único marco de trabajo. Para ilustrar lo que estamos diciendo sobre cómo se ha ido configurando el modelo de PP a lo largo de una década haremos una breve referencia al desarrollo de uno de sus elementos, la “teoría de la X con barra” (representada por X y X'; a partir de ahora nosotros emplearemos la última forma por comodidad tipográfica). Las ideas sugeridas por Stowell (1981) y Chomsky (1981), en relación con esta teoría, son utilizadas explícitamente con algunas ampliaciones en el análisis de Chomsky (1986 a,b) y desarrolladas con la aportación del punto de vista de Pollock (1989); el cual, a su vez, es adoptado por Chomsky (1991 c), con ciertas modificaciones, y extendido a otras categorías por otros gramáticos (Abney, 1987, Fukui, 1986, Hellan, 1986 y Speas, 1986).

De acuerdo con los límites temporales establecidos, quedará fuera de nuestra introducción el “programa minimista” (Chomsky, 1992 y 1994). Éste representa el último momento de elaboración de la teoría, que, aunque, según su creador, asume los supuestos de la aproximación de “Principios y Parámetros” más reciente (Chomsky y Lasnik, 1991), introduce unas propuestas técnicas bastante novedosas respecto a lo anterior, aunque de nuevo éstas pueden entenderse como una consecuencia lógica de aquélla. Por otro lado, el hacho de que este programa no haya alcanzado todavía el desarrollo teórico y la confirmación empírica suficientes aconseja que no lo incluyamos en este trabajo.

Señalábamos al comienzo de este punto que el modelo es más conocido bajo el nombre de “Rección y Ligamiento”, quizá por los títulos de los primeros trabajos de Chomsky donde se exponen las ideas básicas de esta aproximación (Lectures on Government and Binding (1981) y Some Concepts and Consequences of the theory of Government and Binding (1982)), y, sobre todo, por el eco que se hicieron de tal denominación los discípulos y, en general, los divulgadores de la teoría. Posteriormente la teoría ha ido evolucionando, modificándose o completándose en obras como knowledge of Language (1986 a), Barriers (1986 b) y Some notes on Economy of Knowledge of Language (1991 c), en las cuales se desarrollan y perfilan las ideas que culminarán en el trabajo antes mencionado de Chomsky y Lasnik (1991), en el que precisamente los autores rechazan la etiqueta de “Rección y Ligamiento” calificándola de equívoca e inadecuada. Las razones aducidas tienen que ver con la prominencia indebida que se da a dos nociones (rección y ligamiento) cuyo peso dentro del modelo no es en esencia diferente del de otras, y con el hecho de que ninguna de ellas es un exponente singular de la concepción que subyace a este modelo que pueda distinguirlo de otras aproximaciones al lenguaje.

A pesar de lo afirmado más arriba a propósito de la posibilidad de englobar bajo el mismo modelo los cambios experimentados a lo largo de los años. La gran cantidad de trabajos producidos y, sobre todo, los objetivos generales de este libro nos obligan a hacer algunas consideraciones en relación con el contenido y los fines concretos de esta presentación.

Intentaremos dar una visión del modelo lo más completa posible en sus aspectos fundamentales, a la vez que coherente y clara, que le permita al lector entender no sólo sus propuestas sino también su modo de operar. Ello significa que, como la mayoría de las introducciones existentes, nos centraremos en las fuentes bibliográficas que conforman la “versión estándar” del modelo, cuyos puntos de referencia son ciertamente las obras de Chomsky. No obstante, incluiremos las modificaciones generales o de detalle importantes introducidas en el campo por todos aquellos que enmarcan su investigación de manera explícita en dicha teoría, pero con ciertas adaptaciones exigidas por los objetivos que nos hemos propuesto en relación con el deseo de hacer accesible al lector no especializado una teoría y una metodología expuestas en trabajos no siempre de fácil lectura, aunque en modo alguno, claro está, pretendemos sustituir la lectura directa de los originales.

El objetivo planteado nos ha llevado a tomar ciertas decisiones. En primer lugar, puesto que no presentaremos el modelo atendiendo a su evolución histórica, ignoraremos aquellas propuestas que se opongan claramente entre sí en los diferentes momentos del desarrollo de la teoría; asimismo, omitiremos los cambios que o bien no cumplen ese primer requisito de reconocimiento del marco teórico de trabajo o que , aun cumpliéndolo, no resultan fácilmente asimilables a la versión estándar, porque no han gozado de una aceptación generalizada. Con todo, en algunos casos, remitiremos al lector a una bibliografía básica para estas cuestiones.

Una vez que hemos establecido las señas de identidad del modelo gramatical de PP y los objetivos de la presentación que de él vamos a hacer en este capítulo, a continuación ahondaremos en las nociones de principio y de parámetros, que, como hemos visto, justifican la concepción de la gramática sustentadora del modelo, cuyo alcance e implicaciones para la lingüística, tanto es su contexto interno como externo, abordaremos brevemente más adelante.

ððððð ðððρðð ðð ðρðððððððσ ð ððρððððρðσ

La gramática es, de acuerdo con el modelo PP, un conjunto restringido de principios generales, comunes a todas las lenguas, que lleva asociado un conjunto también restringido de parámetros responsables de la variación entre las lenguas. Unos y otros especifican qué estructuras lingüísticas son posibles y cuáles no, y a través de ellos se intenta dar cuenta de uno de los problemas esenciales de la investigación lingüística, el conocido como “el problema de Platón” (Chomsky, 1986 a): ¿cómo adquiere el hablante el conocimiento lingüístico sin instrucción y experiencia, es decir, sin apenas esfuerzo, en un espacio muy breve de tiempo y a partir de datos limitados y defectuosos? (véase 1.2.2)

ððσ σððððððððσ ðððρð ððσ ðððγððσððð σðσðððð δð ðρðððððððσð Dado que la gramática se configura como un sistema de principios que especifican la forma y la interpretación de las expresiones lingüísticas , podemos decir, de un modo muy sencillo, que los principios son condiciones de buena formación sobre dichas expresiones, que tienen validez universal (para todas las lenguas) y que el hablante conoce porque forman parte de la facultad humana de lenguaje; son, por tanto, una especie de operaciones mentales. Ello explica que el niño adquiera en un periodo muy corto de tiempo, sin instrucción y experiencia, algo tan complejo como es una lengua. No se trata, pues, de una abstracción motivada por razones puramente metodológicas, (es decir, un puro instrumento conceptual cuyo uso está justificado por su operatividad o utilidad en el manejo de los hechos lingüísticos), ni tampoco es una generalización descriptiva para caracterizar los fenómenos lingüísticos. Por el contrario, un principio constituye una hipótesis sobre los hechos lingüísticos (y sobre su desarrollo o adquisición), que pretende no sólo describirlos sino también explicarlos de una manera general y motivada independientemente (no ad hoc), y, como tal, está sujeto a la contrastación con la realidad.

Para precisar mejor la noción nos detendremos brevemente en las propiedades fundamentales que determinan la naturaleza del principio y que hemos apuntado antes de pasada.

Los principios son universales, es decir, reflejan propiedades generales, comunes a todas las lenguas; por ello, constituyen lo que se llama la Gramática universal. El hablante los conoce porque forman parte de la dotación genética de la facultad del lenguaje o de su herencia biológica o, lo que es lo mismo, son independientes de la experiencia; por ello, configuran la “gramática mental o cognitiva”.

Las razones que justifican el carácter innato, en el sentido de genéticamente determinado, del principio son dos: por un lado, no hay ninguna necesidad lógica para que las lenguas sean como son, y, por otro, no existe una forma plausible de explicar su adquisición por mecanismos de aprendizaje, dados el escaso o irrelevante papel desempeñado por la experiencia y la instrucción. Dicho de un modo más sencillo e ilustrativo, puesto que un hablante de español, por ejemplo, sabe interpretar la oración los niños levantaron la mano como una posesión inalienable con valor distributivo, esto es, el objeto o elemento levantado es una parte del cuerpo de cada uno de los niños, de manera que las manos levantadas serán tantas como niños existentes, sin necesidad de haber oído previamente tal secuencia o similares, son contar con datos directos, la explicación de estos fenómenos debe estar regida por principios generales que, de acuerdo con la teoría de la GU, son inherentemente imposibles de aprender; por lo cual tienen que formar parte de la mente humana. Una prueba clara del débil papel de la experiencia o la instrucción en el conocimiento lingüístico procede del hecho de que un hablante de español rechaza como objeto lingüístico que no está bien formado la secuencia La madre de Luis se adora a sí mismo (frente a la madre de Luis se adora a sí misma), aunque lo más probable sea que no la haya oído antes.

Quizá la forma más fácil de entender qué es un principio y qué queremos decir cuando afirmamos que las lenguas, asociaciones de sonidos y conceptos, están determinadas por un sistema restringido de principios universales, es a través de hechos lingüísticos concretos. Veamos un ejemplo sencillo (para no obstaculizar la tarea de comprensión) que ilustra un principio muy general (básico y específico a la vez), a través del cual es lector puede hacerse una idea de la noción, y de cómo ésta muestra el problema de Platón. Se trata del denominado principio de la dependencia de la estructura, de acuerdo con el cual el conocimiento de tiene un hablante de su lengua descansa en las relaciones estructurales o de organización jerárquica que entablan las unidades lingüísticas en la oración y no en su orden secuencial. Siguiendo el planteamiento de Chomsky fijémonos en:

  • Juan ganó el premio de poesía.

  • ¿Ganó Juan el premio de poesía?

  • A la vista de las secuencias anteriores, podríamos describir la formación de una pregunta total a partir de una declarativa a través de una regla que consistiría en colocar la segunda palabra en el orden lineal al comienzo de la oración. Sin embargo dicha instrucción, aunque puede servir para describir los hechos lingüísticos ejemplificados y otros semejantes, no es adecuada ni siquiera en una versión menos sencilla que opere, además de con un criterio secuencial, con el criterio gramatical de que la palabra antepuesta debe ser un verbo. Esto se puede probar muy fácilmente si manipulamos un poco los ejemplos y sustituimos Juan por hombre:

  • El hombre ganó el premio de poesía

  • *¿Hombre el ganó el premio de poesía?

  • O sustituir Juan por el hombre que acompaña a María:

  • El hombre que acompaña a María ganó el premio de poesía

  • *¿acompaña el hombre que a María ganó el premio de poesía?

  • El ejemplo anterior, aun en su limitación, pone de manifiesto de un modo muy claro que para formar preguntas es necesario saber no sólo la categoría sintáctica de las palabras (si es un verbo, o un nombre, un adverbio, etc.), sino también sus relaciones estructurales dentro de la oración, porque las palabras se agrupan formando constituyentes estructurales o internamente jerarquizados. Son estas relaciones gramaticales, y no el simple orden lineal de las categorías lo que determina la buena formación de una pregunta del tipo de la ejemplificada.

    A lo largo de este capítulo tendremos ocasión de confirmar con una mayor profusión de datos que el interés de los hechos analizados reside en su valor ilustrativo de propiedades generales de las lenguas, en cuanto al principio de la dependencia de la estructura no es específico del español, puesto que se aplica a otras lenguas (inglés, italiano, francés, etc.) ni de las construcciones interrogativas, sino que determina la buena formación y adecuada interpretación de muchas otras construcciones (pasivas, impersonales, reflexivas, etc.), lo que demuestra su motivación independiente, propiedad de la que nos ocuparemos enseguida. Dadas las observaciones anteriores y dado que no parece plausible que el conocimiento de tales hechos se haya alcanzado a partir de la instrucción y la experiencia con las expresiones mal formadas de los ejemplos recogidos, podemos considerarlo un principio del lenguaje o de la framática universal, de la que las lenguas son realizaciones concretas.

    “A nivel descriptivo, al lingüista se le presentan una serie de fenómenos y busca descubrir un sistema computacional que explique estos fenómenos y otros que (éste prediga). A nivel explicativo, es necesario mostrar cómo los fenómenos pueden ser derivados de principios invariables, una vez los parámetros estén establecidos” (Chomsky, 1988:59-60).

    El problema de Platón o la pobreza de los estímulos: El problema de la pobreza de los estímulos, probablemente el argumento más importante de la teoría lingüística moderna, se puede plantear en los términos que exponemos a continuación. De acuerdo con lo señalado más arriba, en la mente/cerebro disponemos de un sistema de conocimiento específico (la facultad lingüística) que da cuenta de nuestra capacidad de hablar y entender una lengua. Ahora bien, una pregunta crucial que debemos hacernos sobre este sistema es cómo surge y se desarrollo. Las posibles respuestas, en sus planteamientos más radicales, son dos: a)Es un conocimiento innato y b) Es un conocimiento adquirido en función de la experiencia.

    La cuestión central, en relación con el argumento en sí, es que, como ha señalado Otero, los estímulos que están al alcance del niño que adquiere una lengua son pobres en una dimensión tripartita. En primer lugar, los datos de los que dispone el niño (los estímulos) muestran graves deficiencias: presentan “lapsos, expresiones incompletas o no bien formadas, expresiones “simplificadas” de maneras muy diversas y más o menos arbitrarias”. En segundo lugar, los datos a los que ha estado expuesto el niño “son finitos (y además muy reducidos)” y, por último, quizá la deficiencia más notable, los propios datos “no existen”, o al menos, al estar llenos de “lagunas o huecos de experiencia”, no existen en una dimensión que sería necesaria si los estímulos fueran los responsables de la adquisición del lenguaje, esto es, si nos decidiéramos por la hipótesis contenida en b). Una prueba de esto último es que los niños carecen de evidencia negativa cuando abordan la tarea de aprender una lengua, pues no reciben información de los adultos sobre las oraciones que son agramaticales.

    No obstante, y a pesar de la pobreza de los estímulos en los tres sentido señalados, el niño alcanza inconscientemente el conocimiento lingüístico con una seguridad, rapidez y corrección sorprendentes. Este hecho nos lleva a pensar que la solución al problema de Platón hay que buscarla en la hipótesis a): el conocimiento lingüístico forma parte de la dotación genética de los seres humanos. En palabras del propio Chomsky: “la solución al problema de Platón ha de estar basada en la atribución de principios fijos de la facultad de lenguaje al organismo humano como parte de la herencia biológica. Estos principios reflejan la forma en que funciona la mente, dentro de la facultad de lenguaje” (Chomsky, 1988: 30-31).